¿Seguiremos esperando?

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Es complicado tomar el estandarte de una batalla, aún más cuando las personas que están a tu alrededor no te permiten hacerlo, ¿o no?

Soy una mujer que, desde hace relativamente poco, se siente identificada y comprometida con la causa feminista, más aún en temas de seguridad y equidad; sin embargo, no tendía a emitir opiniones públicas sobre este tema. Lo que si hacía era demostrar mi postura a quienes me rodean con pequeñas acciones pues soy fiel creyente de que un hecho vale más que mil palabras. En resumen, actuaba desde mi trinchera.

El cambio de horario transformó mi comportamiento. A los pocos días tuve que ir al centro de Monterrey, después de mi trabajo, a comprar un material para manualidades; llegué a las 6:30, el sol ya se había ocultado. Al bajar del carro me sentí indefensa, insegura.

Nunca había experimentado la sensación de tener miedo por ser mujer, de verdad estaba asustada de que algo pudiera pasarme estando sola. Incluso consideré regresar a casa y esperar al fin de semana para ir con luz de sol, pero me quedé, con temor realicé mis actividades y continué mi camino.

Ese día despertó algo en mí. Sí, las acciones valen más que las palabras, pero la unión de voces es la que le da poder y visibilidad al movimiento que busca mi seguridad.

Las manifestantes chilenas lo entendieron perfectamente cuando entonaron el cántico “Un violador en mi camino”.  Y ellas hablaron por todas: por las mexicanas, las peruanas, las colombianas, las españolas, las francesas, las alemanas, las turcas, las indias, por las mujeres del mundo que no pueden salir a la calle sin preguntarse si volverán a casa.

Tenemos miedo. ¿Por qué? Porque los gobiernos no pueden garantizar nuestra seguridad, porque los violadores y feminicidas no son atrapados y enjuiciados, porque, aún con todas las evidencias sobre la mesa, los intereses económicos de un hombre son más poderosos que la integridad y la vida de una mujer, porque nos han hecho sentir débiles y sin oportunidades.

Hacemos manifestaciones organizadas, pacíficas, con bailes y cantos y ¿qué sucede? Nadie nos escucha. Pero que no se pinta una pared porque los medios, además de los funcionarios públicos y miembros de la comunidad, voltean para tacharnos de irreverentes, histéricas y berrinchudas.

Hoy las mujeres tenemos un “himno” que le está dando la vuelta al mundo, pero, ¿qué ha sucedido en México? Nuestros compatriotas han hecho de esta pieza una burla que se baila en los antros y fiestas, o que, en Monterrey, Fuerza Civil utiliza para castigar y denigrar a los detenidos. A todos los que hacen un uso diferente de este cántico, ¿acaso no consideran que defender la vida de las mujeres es una causa correcta?

Estamos cansadas y queremos un cambio positivo. No buscamos privilegios, ni estar por encima de nadie. Lo único que queremos es lo que por ley nos corresponde, que el gobierno haga su trabajo.

Mujer: levántate, grita, pelea por lo que deseas. No tienes que marchar para ser parte del movimiento, basta con que compartas con los demás las causas de tus reclamos y busques la manera de cambiar algo, lo que esté a tu alcance.

Hombre: sé solidario. No te burles de nosotras, ni de lo que hacemos, ni de lo que queremos. Intenta ponerte en nuestros zapatos por lo menos una vez y legitimiza nuestro llamado con tus compañeros. 

Esta es una pelea urgente, de todos: así como ayer fueron Abril, Daniela, Emily, Alicia, Laura o Claudia, entre miles de mujeres más, mañana puedo ser yo, tú, nuestra madre, hermana o novia. ¿Seguiremos esperando?

Hagamos Ruido Hoy, Buscando La Paz Mañana

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Las mujeres de América Latina se levantan a cantar en protesta por la constante violación a sus derechos a lo largo de la historia. En México, se han manifestado en los últimos meses por todos los casos que siguen impunes de feminicidios, violaciones y discriminación, por mencionar algunos de esta interminable lista. En estas protestas se ha marchado, se han pintado paredes y se ha cantado para poder demostrar el hartazgo y enojo de las mujeres ante la indiferencia del gobierno y la sociedad .

En los periódicos sobresalen titulares que critican “los modos” utilizados por todas las manifestantes. Critican la diamantina, las paredes rayadas, hacen burla del baile y canción que representa a todas las mujeres que sufrieron de una  violación. Todo esto bajo comentarios de gente diciendo que hay otras formas de pedir que se les respeten sus derechos y que todo esto más que una marcha de empoderamiento o grito de auxilio es un simple berrinche para llamar la atención. Pero mi duda aquí es, ¿sabrán acaso todos ellos la definición de la palabra berrinche? El  “berrinche” parte de un sentido de inmadurez y una rabia desmedida para pedir que las cosas se hagan como la persona quiere. Aquí no se está pidiendo ningún trato especial o beneficios para las mujeres, se está pidiendo que el gobierno haga su trabajo. ¿Cómo podríamos minimizar esta marcha describiéndolo como un “berrinche”? A mi punto de vista, es un insulto. 

A lo largo de la historia, las mujeres han ido ante autoridades para denunciar violaciones, agresiones y discriminación, pero tenemos casos como el de Janeth Beltrán Domínguez. Ella denunció 15 veces a su pareja por violencia doméstica y las autoridades no movieron ni un dedo. Este caso como muchos otros este año, terminó en un feminicidio más. Se ha protestado en silencio y de forma organizada, pero ¿qué es lo que la sociedad mexicana hace? Un remix de esta canción y la bailan en tono de burla. Es verdaderamente decepcionante ver cómo se utiliza una situación de sufrimiento y dolor transformándolo en 3 minutos en un chiste. Esto solo reafirma y refleja que verdaderamente sí vivimos en una sociedad machista, que discrimina y desvaloriza a la mujer.

Este movimiento le compete tanto a hombres como a mujeres, ya que se está pidiendo que en la práctica se haga lo que está escrito en papel. En nuestra constitución se nos conceden los derechos por igual, sin embargo un gobierno deficiente que no ve más que por su propio bienestar, deja de lado un sector significativo de la sociedad. Se debe tener empatía, solidaridad, responsabilidad pero sobre todo integridad para ver y saber que el género no debe ser ningún diferenciador para el trato social, económico o en el acceso a la justicia.

América Latina se levanta y grita fuertemente este dolor y maltrato que se ha cargado por generaciones. No todas las manifestaciones en silencio persiguen una causa justa pero definitivamente protestar con ruido no significa que se está peleando algo injusto.

La Ciudad violenta

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La Ciudad no es un cúmulo de edificios y carreteras como quizá existe en el imaginario de algunos.

David Harvey, autor de “Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana” explica que “si la ciudad, en todo caso, es el mundo que el hombre ha creado, es también el mundo en el que está condenado a vivir. Así, de manera indirecta y sin una conciencia clara de la naturaleza de su tarea, al hacer la ciudad, el hombre se ha rehecho a sí mismo”.

En esta noción de que el lugar donde vivimos es una franca expresión de quiénes habitamos es alarmante lo que sucedió ayer en el clásico del fútbol regiomontano.

Lejos de cuestionar a la afición que siempre luce en ambos equipos apasionada, habría que cuestionarnos qué tanto estos conatos no son más bien una muestra de lo que está también pasando en la Ciudad: una urbe fuera de control que permite y hasta justifica a sus violentos.

Tomemos en cuenta que ya de hecho vivimos en un país en donde cada día se incrementan cifras oficiales o en percepciones de la gente de delitos que impactan negativamente en nuestra comunidad: robos, asesinatos, violaciones, etc.

De lo de ayer se pueden decir cosas como si es el alcohol, el fútbol, la estupidez, la inacción de la administración del estadio y la policia entre otras cosas, pero en profundidad lo que me pregunto es si no realmente estamos viendo a una sociedad en una ciudad violenta y ahí entonces, todavía es más grande el reto porque no se reduce a quienes van a un estadio a lo que se supone deberían de ir: a ver un simple partido de fútbol, que ayer se convirtió en la muestra de la violencia en la urbe.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Nuevo León en un semáforo en rojo

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Aquellos años de angustia, temor e intranquilidad que hasta hace poco pensábamos ya estaban en el pasado, se sienten más presentes que nunca. Esto debido a un considerable repunte en la actividad delictiva en la entidad, desde delitos del fuero común, hasta los de alto impacto, como ejecuciones en las zonas que ya son lamentablemente tradicionales para estos hechos.

En cifras de la propia Procuraduría del Estado, en el Área Metropolitana de Monterrey, se reporta un aumento histórico de acuerdo al semáforo del delito que tiene prácticamente en rojo todas las mediciones posibles en esta escala. Homicidio, robo a casa, robo de auto, violación, violencia familiar y lesiones tienen al Gobierno Independiente y a los Municipales con una gran lucha por venir.

No es coincidencia que el repunte de la inseguridad sea reflejo de la poca prevención, organización y estrategia que el Gobierno del Estado ha dejado de lado, ya que de los 10 rubros a evaluar, en 6 tenemos picos históricos de criminalidad. Creo que al Gobernador Jaime Rodríguez Calderón al fin le cayó el veinte al darse cuenta que las redes sociales no pueden reemplazar a una buena estrategia y coordinación de seguridad.

Con este problema en crecimiento y el reflejo en los últimos acontecimientos, el Estado se presentó al Congreso para entregar una nueva estrategia de seguridad, días después de los rumores de la salida del Secretario de Seguridad, Cuauhtémoc Antúnez. Ya que entre que si se iba o no se iba, a Nuevo León le urgía el orden que no se ha podido imponer ni con los delincuentes en prisión, ni con los que aun están en las calles.

En dicha nueva estrategia o “reestructuración de la ley” mejor dicho,  en esta reforma a la Ley Orgánica del Estado, el sistema penitenciario pasaría a ser cargo de Manuel González, Secretario General de Gobierno, funcionando ahora como una comisaria, en teoría para dedicar esfuerzos y recursos específicamente a esos casos.




Donde además plantea una nueva estrategia en el sentido operativo por parte del Estado, claro, todo esto si los diputados aprueban esta propuesta, donde uno de los puntos que más llama la atención es la nueva figura de “guardias” o “vigilantes” quienes estarán dentro de las colonias o zonas conflictivas con un modelo parecido a la policía de proximidad, muy bueno en el papel, aunque de pasar, esperemos como resulta en la práctica. ¿Cómo?, pues no que el Gobernador había dicho en semanas recientes que no contaba con los recursos ni los elementos para ayudar a los municipios en materia de seguridad, suena contradictorio, aunque es una realidad y aunque los municipios si cuentan con partidas especificas para mejorar su seguridad

En el municipio de Monterrey, específicamente en las zonas a cargo de la Fuerza Civil, se nota una clara desorganización con delitos a la alza, por lo cual el Alcade de la Ciudad de Monterrey, ha solicitado en reiteradas ocasiones, sea el propio municipio de Monterrey quien asuma el cargo del patrullaje, operación y ejecución de la seguridad en donde la estatal aún se encuentra.

Entonces ¿en que sí y en que no debe el Gobierno del Estado intervenir en temas de seguridad pública? Porque a como se desarrolla esta historia, nadie tiene la menor idea en el palacio de cantera.

Fuera de Monterrey, la situación de seguridad publica también crece, en municipios como Apodaca, el semáforo del delito con 10 indicadores, en la tierra de la fuerza laboral del estado, se muestran en rojo y en picos históricos, lo cual le da una tarea enorme al Alcalde Oscar Cantú.

Le siguen muy de cerca Escobedo con 9 en rojo, García con 8 (el más seguro según Rodríguez Calderón), Cadereyta con 7, Santa Catarina y Guadalupe con 6 y San Pedro con sus hechos delictivos recientes con 5.




En contraste, los municipios que tienen más delitos en verde, es decir, que reportaron una disminución del 25 por ciento o más en el número de casos, son San Nicolás, Santiago, Monterrey sorpresivamente, y San Pedro también sorpresivamente.

La tarea y el reto son grandes, como así de grande es la palabra a la que a la raza le ha faltado el Bronco, es necesario arreglar los altos índices de inseguridad, y también es necesario que alguien le diga lo que tanto parloteaba en sus spots: “Acabare con la inseguridad como lo hice en García (El municipio más seguro según el)…les caeremos hechos madre”, y así también esperamos resultados de su nueva estrategia y reformas en seguridad, a nosotros también hechos madre somos presas de la inseguridad.

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Misoginia e impunidad a la orden del día: Caso del #JuezPorky

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En México, no es ninguna novedad como, a pesar de los “grandes esfuerzos” de los que tanto se habla, relativos a la promoción de un sistema de justicia acusatorio fehaciente pintado como una de las grandes reformas que se han llevado a cabo, la impunidad y las leyes injustas continúan imperando en nuestro país.

Asimismo, cabe destacar cómo las acciones gubernamentales destinadas a enfrentar las violencias machistas, han sido insuficientes y ejercidas de una forma tardía. Dichas situaciones, impunidad y violencia hacia la mujer, han sido “encaradas” de una manera considerablemente escueta, y en el fondo, carentes de un verdadero compromiso para con la sociedad; tal como lo refleja un sistema de justicia que promete muchas cosas, pero que lamentablemente salta la tarea más importante de todas: empoderar al pueblo.




Sucede algo similar, en el caso de los mecanismos que pretenden reconocerles (y posibilitar, pues el reconocimiento en papel no es nada sin la práctica de dicho reconocimiento) a las mujeres que habitan en el territorio mexicano aquella dignidad inherente, y aquella igualdad frente al hombre: se establecen aspectos como la paridad de género, se emiten alertas de género y  nuevas figuras penales (como el acoso sexual en el estado de Nuevo León); pero no se lucha auténticamente contra una serie de prácticas sociales, políticas y culturales que fungen como la verdadera raíz de la violencia y la desigualdad contra la mujer.

Ahora bien, como habitantes de un estado cuya justicia es solo una palabra que parece no trascender al mundo real, una parte de nosotros ha aguantado una cantidad interminable de abusos: apreciar a ex gobernadores, como los Duartes, como Medina, como Borge en plena libertad; atestiguar el incipiente aumento de feminicidios, el disparo de los casos de acoso que viven diariamente las mujeres en las calles y en el transporte público.

Un sinfín de casos que nos revelan como la violencia y la inexistencia de la justicia (pues como diría Flores Magón, “La justicia con trabas no es justicia”) se han apoderado de nuestra sociedad. No obstante, llega un momento en que dicha tolerancia del pueblo se quebranta, ante casos, tan cínicos, tan inimaginables, que convierten en intolerable (por parte de una mayoría, pues personas luchando contra estos males y nunca tolerando los mismos siempre ha habido) el status quo.

Tal es el caso del reciente fallo emitido por el  juez Anuar González Hemadi, el cual ha concedido un amparo a Diego Cruz, mejor conocido como uno de los “porkys”, que junto a otros llevó a cabo lo que en Nuevo León se entendería como el delito equiparable a violación contra Daphne Fernández, mujer menor de edad.

Bajo el argumento de no haber “fines lascivos en la conducta”, el juzgador González Hemadi ha estipulado que el delito de pederastia imputado a Diego Cruz, no se encuentra comprobado; que el hecho de tocar los senos de la víctima, que meter la mano debajo de la ropa interior de la persona y que insertar sus dedos en los genitales de Daphne Fernández no constituyen un motivo suficiente para acreditar que había fines lascivos.

Más que no comprender, considero que cualquier persona con un poco de conciencia estará de acuerdo en que dicha resolución constituye una escupida para toda la sociedad, para nuestras madres, compañeras, amigas, hermanas; esta sentencia es la afirmación de la impunidad imperante en nuestro país, de la inmensa necesidad de, no fortalecer, sino de recuperar las instituciones, para así hacerlas del pueblo y para el pueblo.




Así mismo para refrendar la importancia del movimiento feminista y las luchas que este conlleva, para que no vuelva a haber ninguna otra víctima como Daphne, para que no estén en la administración de justicia personas como este juez; y por supuesto, para no hacer que esta situación termine en un lamento solamente, sino que exigir junto a las compañeras que abanderan la lucha del feminismo, así como junto a aquellos que abanderan la lucha por un gobierno popular, la revocación de la sentencia dictada por el juez, la impartición de una justicia real (pronta y expedita) hacia el caso de Daphne y de todas aquellas personas que han sufrido por este tipo de cinismo y de aplicación de la más pura injusticia, como la del juez “porky”.

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No quieren rosas

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Es que sí da coraje, oigan.

Cada 8 de marzo muchas mujeres y muchos hombres vemos con una mezcla de coraje e impotencia cómo se desvirtúa el Día Internacional de las Mujeres.

Sé que muchas personas lo hacen desde la comodidad de la ignorancia y sin un gramo de malicia, y felicitan a diestra y siniestra a las mujeres: ese día les dan rosas y chocolates y no faltan los padres, tíos o abuelos que comparten mensajes de lo “chulas, hermosas y bellas que son las mujeres”, esos que dicen que son “bellas como las rosas, la cosa más bella que inventó el hombre”, y sobran las mamás, tías y abuelas que comparten mensajes de este día “para celebrar que la mujer es madre y esposa y ese no es trabajo fácil”. Vaya, sabemos que muchas y muchos no lo hacen en mala onda, pero no por eso deja de ser algo que debe de cambiar.




Lo último que muere es la esperanza, y tenemos que seguir hablando de este día, de su importancia, de lo que se conmemora, de lo que nos tiene luchando, de lo que se ha logrado y de lo que falta por lograr. Nunca sabes quién te va a leer, nunca sabes quién te va a escuchar, nunca sabes quién va a aprender algo nuevo… Por eso hay que seguir hablando, con todos los que se pueda, con todos los que se dejen.

Emma Watson tiene senos, y el mundo parece no estar de acuerdo en cómo los usa. Emma ha hecho con su voz lo mejor que se puede hacer cuando se tiene una: prestarla para algo más grande. Y es más común escucharla hablando de los derechos de las mujeres, de educación, del medio ambiente o del derecho a decidir, que hablando de ella. Es feminista y es fantástica. Y ser feminista y fantástica es una forma muy efectiva para hacerse de enemigos.

A los más conservadores no les cae nada bien. Me imagino que les aterra ver a una persona con una influencia abrumadora en niñas y jóvenes (y en un vasto colectivo de hombres que la admiran), hablar acertadamente de los derechos de las mujeres, del aborto, del feminismo… Pero a Emma se le ocurrió hacer una sesión de fotos para una revista enseñando una buena parte de sus senos y hombres y mujeres comenzaron a atacarla, a preguntarse a dónde se fue su feminismo.

Su feminismo sigue exactamente donde siempre ha estado.

Y el 8 de marzo es un buen día para decirle y recordarles a hombres y mujeres, que las mujeres son dueñas absolutas de su cuerpo. Un día como ese es el día perfecto para informarse, educarse y sumarse a la lucha por acabar con las estructuras de poder y las normas sociales que restringen, limitan, reducen o pretenden dictar lo que las mujeres pueden o deben ser o hacer.

Se puede decir que todos crecimos en familias machistas, no vivimos en una generación en la que pueda decirse a la ligera que nuestra familia no lo es o lo fue; eso sería, muy seguramente, una tremenda falsedad. Así que todos tenemos una lucha que librar, cuestionarnos a nosotros mismos y cuestionar a otros, educarnos a nosotros mismos y educar a otros. Con perseverancia y algo de suerte las cosas van a cambiar. Y empezar a cambiarlas en nuestras familias es de lo más efectivo que podríamos hacer.

Ellas se merecen un mundo mejor, todos nos merecemos un mundo mejor. Porque en el mundo de hoy, 1 de 3 mujeres sufrirá un acto de violencia física o sexual durante su vida (ONU, OMS) y en México, el 47% de las mujeres ha sufrido ya algún tipo de violencia (ENDIREH, INEGI 2011).




Queremos pensar que el problema no es tan grande, que no somos un país de África o del Medio Oriente, pero la violencia contra las mujeres desde hace mucho ha encontrado tierra fértil en nuestro estado. Los datos más confiables (del Sistema Nacional de Seguridad Pública) indican que en Chihuahua en el 2012 y 2013 se cometieron más de 1,627 violaciones sexuales; ahora toma un momento y vuelve a hacer números reflexionando que por cada caso denunciado hay uno más que no se denuncia por las consecuencias de estigma y culpabilidad que las autoridades y la sociedad imponen sobre las víctimas. “La violaron por andar con sus falditas“, “es que una tiene que darse a respetar”, expresiones como esas, muy a menudo hechas por mujeres, pegan en el alma.

Durante esos mismos años, en nuestro estado se documentaron 3,892 casos de homicidios a mujeres, y sólo 611 fueron investigados bajo los protocolos de un feminicidio, y apenas el 4% de los casos investigados llegó a una condena -que bien pudo ser absolutoria (OCNF, INMUJERES 2014). Durante los años 2013 y 2014, seis mujeres eran asesinadas en Chihuahua diariamente.

Esa es la violencia que nos las arrebata, la que las desaparece, la que las mata.

Pero hay muchos tipos de violencia y aquella que se construye en la inequidad, no es menos grave.
A nivel mundial, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de estar desempleadas, la tasa de desempleo de los hombres es de 5.5% y de 6.2% para las mujeres (ILO 2016), lo ridículo es que sean más propensas al desempleo cuando a nivel mundial hay más mujeres que hombres que se gradúan de estudios de educación superior.

Y para las que trabajan la cosa está igual de mal (“ya párale Loui, puras malas noticias”), porque la brecha salarial entre hombres y mujeres a nivel mundial continúa en un promedio del 23% (ILO 2016). Es decir que las mujeres ganan el 77% de lo que gana un hombre en el mismo puesto sólo por el hecho de ser mujer. Los estudios indican que, si las tendencias actuales se mantienen, nos tomará 70 años corregir y eliminar esta brecha de salarios… Y eso es inaceptable.




Este año puedes hacer el compromiso de hacer pequeñas grandes acciones para sumarte a esta lucha, no sólo el 8 de marzo, sino para siempre. Sólo son algunas y me las robé del sitio: internationalwomensday.com

– Cuestiona paneles o grupos formados por puros hombres
– Haz notar cuando se está usando lenguaje excluyente
– Desafía los estereotipos
– Alza la voz cuando se excluye a las mujeres
– Monitorea la brecha salarial entre hombres y mujeres
– Educa a los jóvenes sobre relaciones positivas
– Confronta a aquellos que justifican a violadores y culpan a las víctimas
– Dona a grupos luchando contra la violencia sexual
– Siempre denuncia actos de violencia
– Apoya campañas para prevenir la violencia
– Reconoce y corrige cuando hay situaciones de control o coerción

Es agotador. No nos queda más que admirar a aquellas y aquellos que dedican 20,000 horas de su día a esta batalla. Todas esas personas que trabajan por los derechos de las mujeres no sólo el 8 de marzo, sino cada día de su vida. Pero todas y todos podemos hacer pequeñas cosas que hagan de esta lucha una que se puede ganar.

No quieren rosas, ni chocolates. Quieren respeto, libertad, igualdad, derecho a decidir, maternidad saludable, empleo digno, paga equitativa, seguridad… Y como Emma, que entiendas, que entendamos que son dueñas de su cuerpo y pueden enseñar o no los senos, cuando les dé la gana.

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Víctima de la justicia y el machismo

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Citlali es una niña huichola que vive en el poblado de Miguel Alemán en Hermosillo, Sonora. Tiene 14 años, 14 semanas de embarazo y un cuerpo que no es más su cuerpo. Ella no sólo experimentó una violación a su integridad física, moral y psicológica, tuvo además una violación a sus derechos.

En un país donde el 61% de los ciudadanos que son víctimas de algún delito no lo denuncian, debido a que no confían en las autoridades y consideran que denunciar no sirve de nada [1], Citlali denunció. Acudió a la comisaría de su pueblo donde confirmaron el hecho, se clasificó como una violación agravada.

Ella esperaba que con esto pudiera obtener un poco de paz, ante un hecho que no tiene remedio ni consuelo alguno, la justicia y el respeto de sus derechos de parte de la autoridad era lo único que le quedaba.

Al poco tiempo Citlali se dio cuenta que está embarazada y asistió al Hospital Infantil de Sonora para realizarse una interrupción legal de su embarazo [2] , una vez más perdió el poder de decidir sobre su cuerpo, pues le negaron este derecho. Esto debido a que el juez que atendió su caso decidió reclasificar el delito como estupro, entonces Citlali no fue más víctima sino parte consciente del delito de abuso sexual que denunció.

Los abogados de Citlali han confirmado que han habido muchas irregularidades en el caso y errores por parte del Ministerio Público. Estas fallas e irregularidades son inaceptables, la supervivencia y el futuro de Citlali están en juego.




Un embarazo a temprana edad representa un riesgo para la salud y puede llevar a la deserción escolar [3], perdiendose de la herramienta que le daría las oportunidades para desarrollarse íntegramente.

El caso de Citlali no es aislado, refleja muchos de los problemas que aquejan a las mujeres mexicanas: la violencia de género, los embarazos prematuros y la mortalidad materna. Además, pone de manifiesto la discriminación que sufren las mujeres y el supuesto acceso a la justicia en casos de violencia. Niñas como Citlali, mujeres indígenas y en situación de pobreza presentan mayores dificultades para ejercer sus derechos [4].

Las mujeres víctimas de violencia no tienen un acceso fácil, oportuno y efectivo a recursos judiciales que las ayuden a sancionar y reparar los actos de los que fueron víctimas. Aunque formalmente, la Constitución y leyes promueven una vida libre de violencia, la igualdad está reconocida – meramente en el papel –pero no asegurada en la realidad.

En nuestro país la violencia contra las mujeres parece ser entendida como un asunto privado y no prioritario en la agenda política.

Nuestro gobierno carece de una visión de género que impulse efectivamente políticas integrales que ayuden para prevenir, sancionar y reparar la violencia de género; la reclasificación del delito y la descalificación de Citlali como víctima de violación lo confirman.

Citlali no decidió ser víctima de violencia, ni víctima de la justicia, pero sí decidió alzar su voz y denunciar ante el sistema de justicia y de salud que le falló. Citlali tampoco decidió ser mujer en un país, donde el machismo y la violencia de género son el pan de cada día y la justicia el lujo de unos cuantos, pero ésta es su realidad. Citlali vive en un país donde su sexo es opresión, su origen étnico discriminación y su edad vulnerabilidad.

[1] Página 49: http://www.ine.mx/archivos2/s/DECEYEC/EducacionCivica/Informe
_pais_calidad_ciudadania_IFE_FINAL.pdf

[2] En todo México se permite el aborto, incluso después de las primeras 12 semanas de gestación,
cuando el embarazo es producto de una violación.

[3] De acuerdo a la OCDE 9 de cada 10 niñas que son madres dejan de asistir a la escuela en México.

[4] Página 38: http://www.ine.mx/archivos2/s/DECEYEC/EducacionCivica/Informe_
pais_calidad_ciudadania_IFE_FINAL.pdf

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CULTURA DE LA VIOLACIÓN

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Ha conmocionado al mundo el caso reciente de una menor que fue víctima de una violación colectiva en Brasil, presuntamente a manos de 12 hombres mayores de edad.

“¿Qué traías puesto?”, “¿qué hacías allí de noche?” y “¿estabas borracha?”: son preguntas que suelen hacerse a las víctimas de violencia sexual y son una expresión de la cultura de la violación.

Este es un término que surgió en los años 70 en Estados Unidos gracias a las feministas de la segunda ola que tomaron esta como una de sus luchas principales.

Se trata de un sistema compuesto por actitudes, conductas y estructuras que normalizan el delito de violación: justificándolo, culpando a la víctima y no sancionando al agresor.

No tomarse en serio las acusaciones de violación e inflar los números de denuncias falsas son actitudes propias de esta cultura, la cual se alimenta de la tolerancia social al delito.

No tomarse en serio las acusaciones de violación e inflar los números de denuncias falsas son actitudes propias de esta cultura, la cual se alimenta de la tolerancia social al delito.

El Primer Diagnóstico sobre la Atención de la Violencia Sexual en México, publicado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) en marzo pasado, muestra las cifras de los casos de violencia sexual que se han dado entre 2010 y 2015.

Este diagnóstico expone que se han dado 3 millones de casos de violencia sexual en ese periodo, incluyendo el 94 por ciento de cifra negra que calculó la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública en 2014, lo que equivale a 600 mil casos por año y a mil 644 casos por día.

Además, se demuestra que en México el 81 por ciento de las víctimas son mujeres y el 90.5 por ciento de los agresores son hombres.

Está el caso de Enrique Capitaine, hombre mayor de edad acusado de pederastia por presuntamente violar a una menor, junto con otros tres, hace más de un año en Veracruz. Fue detenido hace tres semanas.

De 2011 a lo que va de 2016, se han dado en Nuevo León 26 mil 911 incidentes por violación, de acuerdo a los datos del Semáforo Delictivo e incluyendo la cifra negra estimada de 91 por ciento. Esto equivale a 5 mil 78 casos por año y a 14 casos por día.

Estas cifras no son de una tarea de matemáticas: representan a personas reales. A finales de mayo, El Norte dio a conocer el caso de una mujer que sufrió en Monterrey un intento de violación por parte de un presunto taxista y que, al intentar defenderse, fue acuchillada.

Si esto no es cultura de la violación, yo no sé qué lo es. Si de verdad no está normalizada la violación, ¿por qué hay tanta impunidad y la cifra negra es tan alta?

Como dice la activista Jaclyn Friedman, la verdad es que se aborrece la idea del violador (el estereotipo del monstruo que abusa de las niñas), pero no se desprecia a los violadores reales: al tío, al amigo, a la pareja… En México, en el 59.8 por ciento de los casos la víctima conoce a su violador, de acuerdo al diagnóstico mencionado.

La violación es silenciada por las propias víctimas por vergüenza, debido a que vivimos en una sociedad machista que cosifica a las mujeres y revictimiza a las sobrevivientes. Esta vergüenza es la principal aliada de los violadores.

La violación es silenciada por las propias víctimas por vergüenza, debido a que vivimos en una sociedad machista que cosifica a las mujeres y revictimiza a las sobrevivientes. Esta vergüenza es la principal aliada de los violadores.

Las mujeres tenemos derecho a tomar, a usar faldas cortas y a ir a fiestas. Y los hombres no tienen derecho a violarnos. Sin embargo, la víctima es a quien la sociedad suele culpar de la agresión.

Allí tenemos el caso de Brock Turner, estudiante de Stanford condenado por violar a una mujer que visitaba el campus: la víctima fue culpada por haber consumido alcohol y el violador sólo obtuvo seis meses de prisión (con posibilidad de libertad condicional).

Es muy cómodo negar la existencia de la cultura de la violación, porque la sociedad prefiere pensar que esto no sucede: si se denuncia, la víctima miente o exagera. Es más fácil voltear al otro lado, pero la realidad es que en México sólo se consigna al 1 por ciento de los agresores, según el diagnóstico de la CEAV.

Ignorar la realidad implica permitir que los violadores sigan violando y que las víctimas sigan sufriendo en silencio.

La cultura de la violación existe: es real y es un gravísimo problema que debemos combatir.

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mariasantosv.blogspot.mx

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La violación: Delito sin castigo

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El caso de Brock Turner nos muestra el panorama en el cuál nos encontramos y como el abuso sexual es un grave delito en nuestra sociedad tomado a la ligera. Para entender mejor este caso, se mencionaran los puntos más importantes de este

Turner es un estudiante y atleta en Stanford con 20 años de edad, el cual fue acusado de haber violado a una estudiante en el campus, esta joven se encontraba inconsciente debido al alcohol. El problema de este caso fue que Brock solamente fue sentenciado 6 meses de prisión.

El papa de Turner dijo que su hijo no merecía estar tanto tiempo en prisión ya que lo considera “Un alto precio por 20 minutos de acción”. Sí, fueron 20 minutos de acción para su hijo pero también fueron 20 minutos de sufrimiento para esta joven. ¿Por qué solamente la victima tiene que pagar el alto precio de vivir con esta experiencia?

El papa de Turner dijo que su hijo no merecía estar tanto tiempo en prisión ya que lo considera “Un alto precio por 20 minutos de acción”. Sí, fueron 20 minutos de acción para su hijo pero también fueron 20 minutos de sufrimiento para esta joven.

Por otro lado Aaron Persk, el juez, al hablar de su decisión sobre el caso, mencionó que “Una sentencia de cárcel tendría un impacto severo en él”. Con esto, me pregunto ¿por qué no considera que esta situación tuvo un impacto severo en la estudiante que sufrió una violación de parte de Brock y que este merece de igual forma un castigo de impacto severo?

Actualmente 3 de cada 10 mujeres denuncian haber sido víctimas de una violación. Creo que es evidente la razón por la cual no se denuncian… No existen represalias, sino justificaciones. Las violaciones son causadas por los violadores, no por la ropa o el estado de una mujer. Usar vestidos y tomar no es un delito, violar lo es.

Brock es solamente un ejemplo de los muchos jóvenes que no han tenido las consecuencias necesarias por las acciones que cometieron, no solo porque no se les castiga como debería, sino porque la mayoría no son denunciados. Esto nos da a entender la razón por la cual 7 de cada 10 mujeres deciden no denunciar al hombre que las violó ya que estas se encuentran conscientes de que serán expuestas públicamente a los juicios de la sociedad y que el violador no recibirá un castigo acorde al delito.

Actualmente 3 de cada 10 mujeres denuncian haber sido víctimas de una violación. Creo que es evidente la razón por la cual no se denuncian… No existen represalias, sino justificaciones. Las violaciones son causadas por los violadores, no por la ropa o el estado de una mujer.

Creemos que estos abusos sexuales se encuentran lejos de nuestro círculo de amigos pero estamos incorrectos, se encuentran cerca pero no se hacen públicos debido a que existen más consecuencias y juicios para la victima que para el violador.

Tenemos que dejar de culpar a la mujer de ponerse en ese tipo de situaciones y comenzar a culpar al hombre que decidió aprovecharse de estas. El hecho de que tengamos que enseñarle a las mujeres a no ser violadas en lugar de enseñarle a los hombres a no violar me hace darme cuenta que tan mal nos encontramos como sociedad. Actualmente ya deberíamos de vivir en una época en la cual se castigue al violador y no a la víctima.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Sangrando invisibilidad, normalidad e impunidad

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La semana pasada se registró uno de los hechos más indignantes e inhumanos en Brasil, la violación colectiva de una menor de 16 años a manos de 33 hombres. Este hecho logró movilizar a una parte de la sociedad brasileña ya que, la manera en que se dio a la luz la noticia fue a través de un video que se divulgó por las redes sociales. Este acontecimiento por sí solo es indignante, sin embargo lo que desata es aún más indignante; la cultura de la violación.

El término nace en 1970 con la segunda ola del feminismo, diversos académicos la definen como una serie de creencias que provocan o fomentan la violencia de los hombres contra las mujeres, provocando la normalización de éstas acciones. De acuerdo a Chris O’Sullivan, el sexismo es una pieza fundamental en la cultura de la violación, ya que, los actos de sexismo se emplean comúnmente para validar y racionalizar las prácticas misóginas. Por ejemplo, los chistes sexistas pueden fomentar un desprecio del bienestar de la mujer, o una víctima de violación podría ser culpada, alegando que lo “estaba buscando” por la forma en que se vestía o actuaba. ¿Es posible que el término se haya empleado desde 1970 y siga siendo vigente? Nos convertimos en el ejemplo perfecto a implementar en las investigaciones de éstos académicos.

…los chistes sexistas pueden fomentar un desprecio del bienestar de la mujer, o una víctima de violación podría ser culpada, alegando que lo “estaba buscando” por la forma en que se vestía o actuaba. ¿Es posible que el término se haya empleado desde 1970 y siga siendo vigente? Nos convertimos en el ejemplo perfecto a implementar en las investigaciones de éstos académicos.

Vivimos en sociedades donde la violación es permitida y normalizada. En México, Brasil y el resto de América Latina se responsabiliza a la propia víctima sobre la violación. En Brasil tan sólo el 35% de los casos de violencia sexual son notificados a las autoridades, muchas refieren el sentimiento de culpa y vergüenza como los motivos primordiales para no denunciar. Es de sorprenderse el porcentaje y es que, una de las preguntas que se hizo en el interrogatorio a la joven fue “¿acostumbras practicar sexo en grupo?”. ¿Por qué esa pregunta era necesaria? ¿Importa acaso cuál o cómo lleva su vida sexual? Fue violencia sexual y nada lo justifica.

Las cifras en México no son menos alarmantes y es que de acuerdo al INEGI, sólo 1 de cada 3 mujeres comenta con sus familiares la experiencia; menos de 2 de cada 10 busca apoyo en alguna institución pública y el 8% acude a las procuradurías estatales de justicia. De este porcentaje, 3 de cada 4 interpone una denuncia. Éstas cifras solo comprueban lo arraigado que está la cultura de la violación además de la impunidad que existe únicamente en México o Brasil, sino en América Latina.

¿Por qué tomó tanta atención mediática el caso de la adolescente brasileña? No sólo por la brutalidad e impunidad que quedaron en evidencia, sino porque provocó que se visibilizara esta cultura. Brasil de acuerdo al “Informe Anual de Seguridad Pública de Brasil” en el 2014 registró 47.000 violaciones cada año, una cada 11 minutos. El 15% de las violaciones en el país son colectivas, hasta en un 40% de los casos se involucran drogas para someter a la victima y para hacerlo más alarmante, el 71% de los casos las víctimas tienen menos de 18 años.

Vivimos en sociedades donde la violación es permitida y normalizada. En México, Brasil y el resto de América Latina se responsabiliza a la propia víctima sobre la violación. En Brasil tan sólo el 35% de los casos de violencia sexual son notificados a las autoridades, muchas refieren el sentimiento de culpa y vergüenza como los motivos primordiales para no denunciar.

En México de acuerdo a el Comité de Violencia Sexual de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) entre 2010 y 2015 registró 3 millones de casos de violencia sexual, 600 mil casos por año. El estudio demuestra que el 90% de las víctimas de violencia sexual son mujeres, 4 de cada 10 víctimas son menores de 15 años, 9 de cada 10 agresiones son cometidas por hombres y el 60% de las agresiones suceden en el hogar de las víctimas.

Esta violencia se caracteriza por su invisibilidad, normalidad y su impunidad. Pero como sociedad, ¿nos identificamos con estas características?, ¿Por qué seguimos permitiendo actos sexistas, misóginos y de violencia?, ¿Nos merecemos eso?, ¿Hasta cuándo vamos a detener tanta violencia? Visibilicemos nuestros privilegios, hagamos anormal la cultura de violación y busquemos que se castigue cualquier acto de violencia. Dejemos de minimizarla. Porque sigo buscando un México en el que las calles, las noches, las fiestas, las esquinas obscuras y los vestidos cortos me pertenezcan sin miedo. Donde ser “sola” sea sinónimo de seguridad.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”