En tiempos de coronavirus

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Cómo nos ha cambiado la vida en tan sólo una semana… Hace 14 días sabíamos que existía un nuevo virus que amenazaba la vida de las personas en China, en Europa y en algunas otras partes del mundo, sin embargo era totalmente ajeno a nosotros. El primer caso llegó al país; aún considerábamos que era sólo una persona, que todo estaría bien y seguimos saliendo a la calle a trabajar, a la escuela, a ver a nuestros amigos y familiares. 

Poco nos duraría el pensar que esto era algo lejano y que no nos contagiaríamos. Comenzaron las compras de pánico, se acabaron los antibacteriales, los limpiadores, el alcohol, el papel de baño, las latas. ¿Y el que no alcanzó a comprar por falta de dinero o tiempo? Pues a ver cómo le hace, yo ya aseguré lo mío. 

En Nuevo León, el Gobernador Jaime Rodríguez empezaba a solicitar cuarentena voluntaria y el Alcalde de San Pedro, Miguel Treviño, aislamiento obligatorio. Por el contrario, el Presidente Andrés Manuel López Obrador le decía a la gente que no se preocupara, que saliera a las calles. 

Se cancelaron clases, eventos masivos, reuniones de gobierno; a varias personas les dieron la oportunidad de realizar home-office, a otras les dijeron que debían seguir asistiendo a sus lugares de trabajo, y a las menos afortunadas las despidieron pues, si la economía disminuía, las empresas no serían capaces de pagar los sueldos.

Las familias se reencontraron en sus casas. 30 minutos juntos a la hora de la cena se convirtieron en 24 horas de convivencia, algunas con resultados exitosos, otras considerando comenzar a jugar Big Brother para eliminar miembros del hogar. 

Los padres han tenido que adaptar sus rutinas para atender de tiempo completo a sus hijos, sobre todo a los más pequeños, creando para ellos actividades entretenidas que los ayuden a pasar el rato. Los maestros han tenido que adaptar el contenido de sus clases para poder ofrecerlas en línea, y no sólo los que trabajan en las universidades, sino también los que se ganan la vida enseñando baile, pintura, música, fotografía, o cualquier otra afición que se venga a la mente. 

Los alumnos también han tenido que cambiar sus rutinas adecuando espacios para poder tomar sus materias, pudiendo despertar más tarde de lo normal, arreglándose menos sin el miedo a sentirse juzgados pues, al final, todos están detrás de una pantalla. 

¿Y la vida social? Difícil tener una en este momento. Los restaurantes entregan a domicilio o para llevar; los centros sociales, cines, bares y parques públicos están cerrados; las celebraciones religiosas, sin importar la creencia que se profese, se han cancelado; y el espacio más seguro para encontrarte con otra persona es a metro y medio de ella para disminuir la posibilidad de contagio.

Muchos se preguntan si esto terminará pronto, si después del receso de Semana Santa podremos volver a nuestra vida normal… la respuesta no está clara, tal vez no sea así. Lo que es seguro es que si queremos que esto dure el menor tiempo posible debemos acatar al pie de la letra las indicaciones, no del gobierno, sino de organismos internaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Es difícil, es cierto, lo es para todos; pero más difícil sería si no tuviéramos las herramientas electrónicas que se han desarrollado a lo largo del tiempo. La mejor manera de estar unidos con nuestros seres queridos hoy es permanecer separados. 

México: Jóvenes sin Presidente

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En los últimos días hemos sido bombardeados de información, alguna falsa, otra alarmando a la población y otra también desairando todavía el problema y gravedad de la pandemia del COVID-19, la interconexión a través de redes sociales nos hace saber lo que pasa en todo el mundo en cuestión de minutos, por eso, ante los antecedentes en países como China, Italia o España resultaba totalmente increíble escuchar las declaraciones del Presidente de México donde invitaba a la ciudadanía a abrazarse, utilizar estampitas religiosas para protegerse del virus, y peor aun, donde un día antes de declararse la fase dos de la pandemia en México el presidente invitaba a salir de sus casas a la población. Todas estas declaraciones evidentemente generan desconfianza, incertidumbre y temor sobre la seriedad y profesionalismo con la que el Gobierno Federal actuará ante esta contingencia.

La solicitud del Presidente López Obrador para que se el escuche a él como la única fuente de información verídica, donde él nos diría cuándo se debe iniciar la cuarentena; nos recordó sus declaraciones en Tamaulipas donde invitaba al narcotráfico, delincuentes y a toda la población a “portarnos bien” para disminuir la violencia e inseguridad (estrategia que claramente no ha funcionado). Pareciera que el presidente está en la idea de que el 100% de los mexicanos tenemos que escucharlo y asumir sus posturas y declaraciones como las únicas correctas, las que están bien, y quien le solicite cuentas o explicaciones: es un opositor, conservador, neoliberal, como si se tratara de una campaña presidencial aún y no de gobernar un gran país con miles de problemas por resolver. El programa matutino de “La Mañanera” porque pareciera eso, un programa de televisión, maneja la agenda e información a conveniencia de la presidencia, sin embargo, es una mecánica que no le habla a la gran mayoría de la población: la juventud, pero afortunadamente hoy en día la información no puede ser manipulada u ocultada con facilidad.

La realidad es que México es un país de jóvenes pero gobernado por personas que en promedio tienen 71.3 años de edad y esto hace que no se comprenda las necesidades, problemáticas y soluciones que se requieren en el país y en el mundo, muestra de ello es la intención de construir una refinería en pleno 2020, la cancelación del aeropuerto o la construcción del tren maya, obras que parecieran mas un capricho del presidente que acciones para el desarrollo del país. Como analogía una amiga comentaba: “Es como si quisieras poner a tu abuelito a dirigir un negocio que acabas de abrir; no lo pondrías al frente porque la realidad de hoy es muy distinta a la que vivió, pero sin duda escucharás sus consejos”. Andrés Manuel López Obrador piensa que está gobernando un país muy distinto al que realmente es; no entiende ni observa lo que pasa en el mundo.

Al ser México un país de jóvenes debemos pasar a tomar un papel protagónico en el centro de la toma de decisiones que marcarán el avance del país. Las nuevas generaciones hemos observado desde la banca distintos cambios en la vida publica y política donde observamos claramente, por ejemplo, a Peña Nieto y su administración corrompiendo las instituciones con el objetivo de tener beneficios económicos, y hoy observamos a López Obrador y su administración corrompiendo las cifras, datos e información, pero ¿con que objetivo?

COVID-19, ajeno a nadie, temido por todos

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¿Qué se siente estar en el país con más muertes de COVID-19? 

Cuando en mi Universidad discutimos en un “Pizza and Politics” sobre el impacto económico, político y social del coronavirus en Asia, hablamos del mismo como algo ajeno a nosotros, y aunque no éramos indiferentes al respecto, pensábamos que en Europa no teníamos nada que temer. Semanas después, los medios nacionales nos percatan de los primeros casos del coronavirus al norte de Italia. En pocos días, las medidas sanitarias comenzaron a efectuarse al norte del país, como la clausura de escuelas y la cancelación de trenes dentro de la república italiana. El gobierno promovía las medidas sanitarias no obstante, los casos aumentaban de manera acelerada. Mis amigos alarmados se comenzaron a regresar a sus respectivos países y yo relajada pensaba “¿Pero por qué se van? es sólo en el norte”

Con alrededor de 12,000 casos confirmados, el 11 de marzo de 2020 el Primer Ministro italiano, Giuseppe Conte ordena el cierre de todos los negocios a excepción de supermercados y farmacias. Incluso para salir a los sitios autorizados las personas deben portar su “autocertificazzione” declarando así que están conscientes de que pueden ser multados en caso de que no se dirijan al súper o farmacia. A pesar de los esfuerzos, Attilio Fontana, gobernador de Lombardía (motor económico del país cuya capital es Milán) declaró “nos acercamos al agotamiento de los recursos que tenemos”. De un día para otro, Italia estaba vacía. El sol sale y se esconde, pero las calles de Roma están solas. Lo que por la noche eran risas, música y baile, hoy es silencio total. 

Para ser sincera, admiro las medidas drásticas tomadas por el Primer Ministro, pues China y Corea del Sur han demostrado que la única forma de hacerle frente a la pandemia, es el aislamiento total. Los altos números de contagios registrados en Italia son resultado de su eficaz servicio de salud gratuito a toda la población, pues cualquier persona con síntomas puede acceder a una prueba del virus, lo que en otros países no sucede.

Varios argumentan que Italia tomó medidas demasiado tarde pues tenía al menos 9,000 infectados. A comparación de China en donde se ordenó la clausura total el 23 de enero con alrededor de 40,000 infectados, Italia lo hizo a tiempo. Sin embargo, a comparación de Corea del Sur, en donde se efectuó al registrar 600 casos, Italia se retrasó.  

En los últimos tres días Italia ha registrado el mayor número de muertes por coronavirus en un día. Lo que nos ha hecho a todos cuestionarnos, ¿Realmente funciona el aislamiento total? ¿Porque si llevamos más de una semana en cuarentena los números de muertos no bajan?

Primero que nada, según University of Massachusetts Amherstel, el periodo de incubación del virus antes de presentar síntomas es de 11.5 días, lo que quiere decir que los resultados de la cuarentena serán vistos en la semana del 23 de marzo. Pues todos los casos confirmados hasta el 20 de este mes, en teoría, fueron contagios anteriores a la cuarentena.

Pero ¿Por qué Italia supera el número de muertes de China? Según el Instituto Nacional de Estadísticas italiano (Istat), en Italia existen casi 14 millones de personas mayores de 65 años, lo que representa alrededor del 22% de la población. La edad media, en tanto, es de 45,7 años. Por otro lado, en China solo el 14% de la población tiene más de 65 años. Otra importante diferencia es el tipo de régimen de ambos países, Italia es gobernada por un gobierno democrático, lo que significa que las libertades son respetadas. Por otro lado, en China, un gobierno autoritario puede realizar un “lock down” más efectivo, los civiles obedecen al gobierno pues temen del mismo. No simpatizo con gobiernos autoritarios, pero si considero que una cuarentena puede ser menos efectiva en países occidentales donde al no cumplir con la contingencia el único temor sea el ser multados. 

Como estudiante en un país ajeno agradezco que mis familiares y amigos me escriban para saber cómo estoy y no me canso de decir “estoy a salvo” porque realmente así me siento. Estoy en un país que le importa la salud de su gente antes que la economía de los peces grandes, un país que no tuvo miedo. Sin embargo, lo que me preocupan son las siguientes semanas.

Al menos para Italia, confió que en las próximas dos semanas veremos el resultado positivo de una medidas drástica de contingencia. Pero, ¿Qué será de Estados Unidos donde hoy en día se superan los 20,000 casos y aún no se ha ordenado la clausura total de los locales? ¿Que será de México y su deficiente sistema de salud? Según la OCDE, Italia invierte 3428 dólares estadounidenses per cápita en su sistema de salud y México sólo 1 138 dólares, reitero, ¿que será de México?

 Sugiero seguir las recomendaciones del Imperial College, quienes mencionan que los países con menores casos de COVID-19 han; primero, realizado en la medida de lo posible el mayor número de test, bajo la idea de “no se puede enfrentar al enemigo sin antes conocerlo” es decir, no se pueden implementar medidas, sin antes conocer los números. Segundo, aislar la población mayor de la joven, pues estos son los más vulnerables.

En conclusión, el tiempo, el sistema de salud y el cumplimiento de las medidas de contingencia por parte de los ciudadanos es clave para combatir el COVID-19. América, el COVID-19 no es algo ajeno a nosotros, no pensemos que no tenemos nada que temer, si no lo entendemos pronto, las consecuencias serán más graves.

AMLO y el Ejercito

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México enfrenta un peligro mayor que el Covid-19: el presidente López Obrador. Ya salió a relucir su plan estratégico: no hay necesidad de expropiar para nacionalizar, basta entregarle al Ejercito la ejecución de sus ocurrencias. Aeropuerto, hospitales, control del huachicoleo, nómbrenlo. 

Siguiendo el modelo cubano, y sin que intervengan los diputados (¿adónde están los diputadillos que intentan facilitar su reelección pero no se pronuncian sobre las decisiones del presidente?) AMLO está silenciosamente entregando el país al Ejercito, entidad en la cual, hasta ahora, todavía confía. (Todavía no se sabe quien es su Pinochet). 

El CCE se está dando cuenta tarde del engaño al cual lo sometió el presidente, y Carlos Salazar y sus colegas de las cámaras empresariales, tienen todo el derecho de alzar la voz y mostrarse enojados, ya que los manipularon cómo niños en edad de juguetes. 

Manipulado en Mexicali, dónde con seguridad “la consulta popular” más arreglada que elección priista, rechazará la inversión de la Constellation Brands, a pesar de los permisos oficiales, a pesar de un avance de más de 60% de su proyecto, y agregándose al insulto del NAIM, acabará por borrar a México de la lista de proyectos de las compañías transnacionales del mundo. AMLO provocará la ruptura con los inversionistas internacionales, uno tras otro, y le echará la culpa al Coronavirus. 

Y aprovechándose de este, está entregando diez hospitales al mismo ejercito, transfiriéndole paulatinamente el manejo de la pandemia  y restándole importancia a un sector salud que ha ido debilitando desde la cancelación del Seguro Popular y la creación de un INSABI hipotético y todavía informe. 

El Mesías tiene proyecto apoyado en el Foro de Sao Paulo, y va caminando, aprovechando todas las oportunidades, aún sean las que resultan de miles de muertos potenciales. El es, ya, el único jefe de estado en el mundo que sigue convocando mítines, hasta para discutir el futuro de la carretera Tuxtepec – Oaxaca, mientras sus colegas en el resto del mundo alistan medidas para salvar vidas. 

A él, le interesa más su proyecto y su avance que las vidas del pueblo bueno y sabio que lo llevó al poder.   

El virus de la desigualdad

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A principios de los 70s, Eduardo Galeano escribió en su obra Las Venas abiertas de America Latina que el desarrollo desarrolla la desigualdad y que es un viaje con más náufragos que navegantes. El intelectual uruguayo argumentaba que desde los orígenes latinoamericanos, ha existido una fuerte y arraigada desigualdad económica y fáctica. El conocido comúnmente como Coronavirus o COVID-19 por su nombre científico, viene a quitar nuevamente y de manera abrupta la venda en los ojos de todos sobre esa mortal desigualdad. Este virus que se esparce de manera rápida por nuestro territorio, viene a recordarnos que la desigualdad puede matar de muchas maneras, y una emergencia de salud pública es una de ellas. 

El escenario de posible propagación, forzó a empresas y gobierno a instar a todos a quedarnos en nuestros respectivos hogares, el paro de actividades económicas y la disminución de cualquier asunto no esencial. Sin embargo, esta medida puede sonar razonable en un país con ingresos justos, con una economía incluyente sin pobres y sin informalidad o para aquellos privilegiados que pueden hacer uso de las nuevas tecnologías para continuar sus labores. Sin embargo, esto es una realidad para sólo un pequeño grupo de la sociedad mexicana; porque vivimos en un plugar donde el 10%  más rico concentra el 64.4% de todo la riqueza del país (Esquivel 2015, pág. 16), porque vivimos en un país donde el 60% de la población laboral se encuentra en el empleo informal. Porque como país nos desarrollamos, pero como escribió Galeano, también  desarrollamos una desigualdad que sigue viva, que continúa creciendo, que late y late fuerte en  un  momento de suma vulnerabilidad.

Aquellos que no pueden encerrarse, no lo hacen por gusto sino por necesidad, porque el país no creció para ellos; el país no procura un sistema de salud para ellos; el país no procura un ingreso justo y las mismas oportunidades y una educación de calidad y servicios básicos. Porque aquellos que no sufrirán por el contagio del Coronavirus, sí sufrirán por el contagio del virus de la desigualdad. Esto no es nuevo, pero debido a su estructural origen, como sociedad lo hemos normalizado, porque México del periodo de 2008 a 2015, los ingresos de la clase media se redujeron en un 2% (OCDE, 2016). Esta desigualdad también tiene un componente de género, ya que las mujeres en México perciben 60% menos que los hombres  y esta brecha tardará 257 años en cerrarse (FEM, 2019).  Este problema es grave, no sólo por las implicaciones económicas y de crecimiento que esto conlleva, sino porque vemos que es una doble vulnerabilidad, ya que en esa situación de una disminución de consumo y contingencia,  las personas del sector informal y que vivan en situación de pobreza, serán las más afectadas, a pesar de que por cada 100 pesos generados en el país, 23 pesos provienen el sector informal (INEGI, 2019), lo cual nos deja ver la magnitud de esta afectación. Con esto no incentivo medidas contrarias a las señaladas por las autoridades, sin embargo, debemos dejar de normalizar la desigualdad y ver  las múltiples formas en cómo esta puede matar a millones de mexicanos. 

El quedarse en casa para combatir al Coronavirus está demostrando ser también un tema de clases, un tema de pocos contra uno de muchos, porque hablar de porcentajes es hablar de millones de mexicanos que no pueden darse ese lujo de parar porque viven día a día, porque la sociedad los ha olvidado, los ha normalizado. Vimos en un México donde 3 de cada 4 personas que hablan una lengua indígena o pertenecer a un pueblo originario, son pobres; ¿ellos como combatirán el COVID-19? ¿si el 38%  de la población indígena vive en pobreza extrema, como podrán quedarse en sus casas sin poder tener su día a día para sobrevivir y no para vivir? Como dicen vecinos del asentamiento La Guadalupana en Mérida, Yucatán: “aquí no hay compras de pánico, ni siquiera tenemos dinero”. Estos días deben de servir para que como sociedad, y en especial, para que los involucrados en la toma de decisiones públicas, reflexionen sobre cómo la desigualdad mata; cómo la desigualdad es un factor de riesgo importante en diversos escenarios como el actual. La ausencia de justicia (hasta la justicia económica) es la gran deuda de este país.

El confinamiento desde Barcelona

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El 28 de enero se detectó el primer caso de coronavirus en Barcelona. Se trataba de alguien que fue con síntomas al Hospital Clínic, que está a unos 15 minutos caminando desde mi trabajo. Todo mundo lo minimizamos y bromeábamos al respecto.

La gente se quejaba de las personas que salían con tapabocas y provocaban la histeria colectiva. En el Mercadona (principal cadena de supermercados) se empezaban a hacer las primeras compras de pánico. En redes, muchos videos y fotos de gente con carritos llenos. Todos los comentarios iban en dos líneas: o riéndose de lo que veían, o pidiendo que por favor sólo se comprara lo necesario.

Yo voy al súper los sábados por la mañana. Este último sábado coincidió con que fue el día después de la declaración de la alerta nacional. Había mucha gente haciendo fila, desesperada y peleándose por las cosas. Efectivamente, ya no había papel de baño. Ya no había pasta, casi no había arroz y las panaderías estaban a reventar. Los cajeros no se daban abasto y nos pedían, con poco éxito, que mantuviéramos la distancia los unos de los otros.

Al momento de redactar este texto, se registran más de 13 mil casos en todo el país y un total 623 fallecimientos (según datos del periódico La Vanguardia a 18 marzo). La basta mayoría de los casos se registra en la Comunidad de Madrid y, en segundo lugar, en donde vivo: Catalunya. Eso sí, la diferencia es muy grande: mientras que allá hay más de 5600 casos confirmados y casi 400 muertos, acá hay menos de 2000 infectados y 41 muertes (según los datos de El País a 18 marzo)

Las calles están prácticamente vacías y todos los restaurantes y bares están cerrados. Sigue habiendo servicios básicos: hay autobuses, hay metro y los supermercados están abiertos, pero con restricción de aforo. Algunas personas aprovechan para sacar a pasear a sus perros. Yo sólo salgo a tirar la basura y a comprar algo cuando me hace falta. Me levanto todos los días en la mañana y hago home office, porque soy de los que tienen la oportunidad y los medios para hacerlo.

La última vez que fui a la oficina fue como de película. En el camino se veían muchos agentes de los mossos (policía catalana) y algunos de la Policía Nacional. Éramos muy poca gente en la calle y preferíamos ir lo más separados posible. Si alguien estornudaba o tosía, rápido volteábamos para tratar de ver quién había sido. “Somos la Policía Nacional. Por favor, regresen a sus casas. Es por su salud. Muchas gracias”, me tocó escuchar desde el altavoz de una patrulla. Afortunadamente no nos multaron.

La situación de alerta es crítica y es real. Afortunadamente, el ánimo no decae. Hoy desde la sala de mi casa pude escuchar a unos vecinos alegrándonos la mañana con un poco de música. Todas las noches en punto de las 8:00pm se oyen los aplausos, las palabras de ánimo y de agradecimiento para todo el personal de salud y de seguridad que sigue en la calle. En ese momento cuando los vecinos sacamos la cabeza por la ventana y nos vemos desde nuestras casas, de verdad se respira mucha alegría. Se siente mucho entusiasmo y hay un espíritu de solidaridad en el ambiente.

En México la cosa apenas comienza. Cuento mi experiencia para que mis familiares y amigos se cuiden. Pidan a las autoridades que tomen las medidas necesarias para frenar el esparcimiento del virus y, sobre todo, respetémoslas. Que la historia no se repita. Por favor, #QuedateEnCasa

#ElNidoDelGavilán: “López-Gatell to the rescue”

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En unas semanas de emergencia mundial donde la pandemia del COVID-19 ataca por todo el mundo, nuestro país ha tenido en la Secretaría de Salud como el único portavoz oficial en la materia.

La 4T en su personalismo, adjudica todo en una sola persona, el Presidente. Sin embargo, como una de pocas excepciones donde el Presidente deja a otros que sean protagonistas, ha permitido en la figura de un subsecretario, Hugo López-Gatell, la voz principal del Gobierno Federal en la materia.

Las intervenciones del subsecretario, ya sea en la mañanera de AMLO como en las conferencias extraordinarias a las 7 de la tarde, han sido de lo más lúcido y claro que ha tenido la 4T en lo que lleva de mandato.

Ha sido cuestionado, interrogado y con gran habilidad discursiva ha salido avante. Sin embargo, como era esperable, algunos medios han buscado tergiversar comentarios o verlo como contradictorio. Otros más sacaron a colación lo de “fuerza moral” para criticar al subsecretario, en un desliz que cometió cuando explicaba que AMLO tiene la misma posibilidad de contagiar que cualquier otra persona.

Lo cierto es que la 4T se ha visto tibia en el tema, primeramente, por un Secretario de Salud casi inexistente con muy pocas apariciones y con una coordinación difusa entre los gobiernos estatales y el gobierno federal. De tal modo que en Nuevo León y Tamaulipas se han tomado medidas extremas que no suceden en otros estados.

Aun así, de acuerdo a los expertos que se han presentado en las diversas conferencias, México aún no está en la fase 2 del COVID-19 y ha realizado lo consecuente. No podemos tomar las medidas extremas como otros países porque no hemos llegado a sus niveles de pandemia. Lo ha explicado con detalles y ejemplos insistiendo en que la sensatez y la técnica deben primar, ante todo.

El martes, por ejemplo, pidió la atención de la prensa y el público a los aspectos técnicos del informe y a no distraerse con interpretaciones de otra naturaleza. Es decir, evitar la politiquería entorno al tema.

Si bien, López-Gatell está haciendo gala de sus conocimientos y habilidades para sortear esta tormenta, es importante que el Presidente y allegados no le estorben en las medidas a tomar. Esto incluye los eventos masivos del Presidente y del Gobierno en general. 

En general, el subsecretario, puntualmente, ha llamado a guardar la calma y sobretodo, evitar promotores de Fake News como Samuel García y finalmente, nutrirse de los informes diarios de la Secretaría de Salud presentados tanto en la mañana como en la tarde en los portales del Gobierno de México y la propia Secretaría.

Depende de Nosotros

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Hace dos semanas, en mi primera columna para Altavoz MX, decidí escribir sobre el brote del Nuevo Coronavirus (COVID-19). En esa columna expresé que la tasa de mortalidad del virus es mucho menor en comparación a otras enfermedades a las que el mundo se ha enfrentado. También comenté que no era necesario cambiar nuestros ritmos de vida, había que ser precavidos y tener una buena higiene. En ese momento la contingencia no estaba en el nivel en el que está ahora. Lo que escribí hace dos semanas refleja la situación que como sociedad vivíamos en ese momento, sin embargo, creo que debo modificar mi postura acorde a la situación que vivimos hoy, y lo que nos espera. Me encantaría poder escribir sobre otros temas, pero esta pandemia es algo que todas y todos debemos atender inmediatamente y con un fuerte sentido de responsabilidad.

Tan sólo en este mes hemos visto como han sido canceladas todas las ligas deportivas importantes, las fronteras de Canadá y varios países de Europa y restricciones aéreas alrededor del mundo. Aquí en México, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, anunció la suspensión de clases en todos los niveles educativos a partir del 20 de marzo. Sin embargo, varias instituciones académicas han decidido adelantar el periodo de suspensión al martes 17. Todas estas medidas son esencialmente de prevención, para evitar el contagio del virus y así sea posible erradicarlo. Los expertos señalan que el distanciamiento social es una de las mejores armas que tenemos como sociedad para enfrentar al virus.

Mexicanos, todos sabemos, sin importar nuestra ideología política, que el Gobierno Federal no está actuando como debería. El presidente de la Organización Mundial de la Salud, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ya advirtió que hay gobiernos que no se están tomando el tema con la debida importancia. Hay gobiernos estatales en el país que están actuando rápida y responsablemente, a pesar de la lenta respuesta del Gobierno de México. Nosotros no queremos que sea muy tarde. A pesar de lo que hagan nuestras autoridades, los mexicanos, uno por uno, debemos tomar las medidas necesarias para el bienestar de la ciudadanía. En estos tiempos en los que nuestro Presidente no se comporta como un líder, tenemos que asumir ese liderazgo todos, en conjunto.

Quiero reiterar que sí, el COVID-19 sigue con una tasa de mortalidad muy baja, y sí, hay muchas más personas que se han recuperado de las que han fallecido. Sin embargo es necesario actuar cuanto antes para que la tasa de contagio disminuya. No nos podemos dar el lujo de esperar a que la pandemia haga colapsar nuestra economía y nuestro sistema de salud. 

Les quiero exhortar a que se informen de fuentes oficiales, hagan caso a las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud, y lean a los epidemiólogos expertos en el tema. La desinformación, los rumores, el pánico y el pesimismo únicamente agravan la situación. Si está dentro de tus posibilidades, no salgas de casa. Es muy probable que nunca te infectes de COVID-19, pero es momento de pensar en el bien común, y ser socialmente responsables. Aislarnos de la sociedad por unos cuántos días ayudará a romper la cadena de contagio y propagación, y así las autoridades sanitarias tendrán más posibilidades de sacarnos de esta crisis. 

No hay que ser alarmistas, ni aportar al pánico masivo que poco a poco se va apoderando de las personas. Depende de nosotros que el Nuevo Coronavirus pronto quede en el pasado, y no deje daños graves en nuestra nación y en el resto del mundo. 

Recuerda también que en estas crisis las cosas pueden cambiar completamente en cuestión de días, por lo que hay que permanecer abiertos a recomendaciones de expertos. Yo sólo te puedo aconsejar que mantengas una excelente higiene, evites lugares concurridos y no caigas en pánico. Y si no lo quieres hacer por ti mismo, hazlo por los que te rodean.

Para terminar, les dejo una buena noticia: en Wuhan, la ciudad donde se desató el virus, la tasa de contagio ha disminuido enormemente. La semana pasada registraron menos de 20 contagios. El presidente de China, Xi Jinping, visitó la zona cero de la pandemia y ha asegurado que vendrán tiempos mejores. Actualmente en ese país, se están recuperando más personas de las que están siendo infectadas.

Mantengamos la esperanza, que seguro salimos de esta. 

A quién exigir: COVID-19

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Desde principio de enero a la fecha, en México y el mundo ha sido materia de análisis, medidas de seguridad y sanitarias, decisiones políticas, económicas y sociales, noticias, columnas, pláticas de café, etc., el coronavirus (en adelante COVID-19) proveniente de Wuhan, China.

Esto, pues la facilidad con la que se ha propagado el virus, testimonios de países como Italia, las muertes registradas y la declaración de pandemia realizada por la Organización Mundial de la Salud, han despertado consternación y preocupación en gran parte de la población.

Y, aunque el porcentaje de mortalidad del COVID-19 es relativamente bajo, los ciudadanos tienen razón al estar preocupados respecto del avance que va teniendo la enfermedad, pues al tratarse de un tema de salud no hay duda de que este resulta de orden público.

En México, el avance del COVID-19 actualmente se encuentra en la fase 1 (importación de casos) y aunque el representante de la Organización Mundial de la Salud en el país Cristian Morales Fuhrimann ha señalado que hemos sido el primer país en poner a punto la técnica de detección del coronavirus; lo cierto es que tal y como ha sido reconocido por el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud Dr. Hugo López-Gatell probablemente en 15 días entremos a la fase 2 (transmisión comunitaria) y posteriormente a la fase 3 (etapa epidemiológica).

Derivado de lo anterior, ante el inevitable escenario de transmisión comunitaria y posteriormente epidemia, considero de suma relevancia dos cuestiones.

La primera, la creación del Instituto de Salud para el Bienestar (en adelante INSABI) y el desafío que enfrenta ante el avance del COVID-19.

El INSABI, fue creado por el decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley General de Salud y de la Ley de los Institutos Nacionales de Salud publicado en el Diario Oficial de la Federación el 29 de noviembre de 2019 y su objetivo es que las personas que no cuenten con seguridad social tengan derecho a recibir de forma gratuita la prestación de servicios públicos de salud, medicamentos y demás insumos al momento de requerir la atención.

La creación del INSABI, hoy impacta positivamente en la vida de todos aquellos mexicanos que no contaban con seguridad social, pues ante la situación que enfrenta el país en relación al COVID-19, estas personas tendrán la posibilidad de atenderse en hospitales ante un eventual contagio que requiera atención especializada.

Sin embargo, no puede pasarse por alto que si bien el INSABI otorga la posibilidad para que las personas sin seguridad social tengan acceso a tratamiento médico, la realidad es que hoy el Instituto enfrenta un reto que verdaderamente pondrá a prueba su funcionamiento y que podrá terminar con las dudas de los incrédulos o bien condenarlo de ineficaz.

La segunda, la decisión de los gobiernos estatales de Nuevo León, Tamaulipas, Aguascalientes, Baja California Sur, Chihuahua, Guanajuato y Jalisco, de coordinarse y no adherirse al INSABI.

Esto, pues la decisión en defensa de su “soberanía”, que considero más bien se trato de una decisión tomada para que los Estados pudieran manejar y administrar los recursos asignados para la prestación gratuita de servicios de salud, medicamentos y demás insumos asociados para las personas sin seguridad social, en términos de los artículos 77 Bis 16 y 77 Bis 16 A de la Ley General de Salud, podría poner en riesgo a sus respectivos ciudadanos.

Lo anterior, pues las referidas entidades federativas tendrán que hacerse cargo a través de sus Secretarías de Salud de la atención especializada que requiera una persona infectada por el COVID-19 que no cuente con seguridad social.

Situación que en un futuro cercano podría patentizar lo atinada de su decisión, o bien, simplemente tacharla como un acto irresponsable, al haber evidenciado incapacidad y priorizado el manejo de recursos a costa de la salud.

Por último, es importante que como ciudadanos sepamos a quién exigir respuestas.

El coronavirus y los partidos políticos

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Mientras el presidente de México está dando muestras de la peor irresponsabilidad social que pueda dar un presidente, propagando su mesianismo hasta los pueblos más remotos, seguro que México y su cuarta transformación saldrán inmunes de la pandemia que está poniendo de rodillas a las democracias occidentales, mientras el contagio sigue propagándose (principalmente con los viajeros procediendo de Europa, contagio de ricos), mientras el saldo mortal ya abrió un registro de pronóstico desconocido, mientras la Ciudad de México bajo la batuta ilustrada de la protegida de AMLO organiza un macro evento irresponsable y provocador, mientras circulan en las redes sociales cientos de memes para valorar la escasez supuesta del papel higiénico y los efectos secundarios de las cuarentenas, mientras sucede todo esto, México y su gobierno carecen de herramientas para enfrentar los estragos de una epidemia que demostró en muchos países  lo dañino que puede ser.

De Europa afluyen ejemplos de medidas de aislamiento social, no de vacaciones anticipadas, acompañadas de reglas de aplicación que incluyen multas económicas, aquí, el presidente tranquiliza el pueblo bueno y sabio con besos y abrazos, en lugar de invitarle a protegerse. De Brasil llega una propuesta para tomar en cuenta de inmediato: que los partidos políticos transfieran sin más consideraciones la integralidad de sus prebendas económicas que reciben del INE y de las Comisiones Electorales Estatales para reforzar el sistema de salud del país y que no pueda haber disculpas de falta de recursos para justificar penurias y ausencias de apoyos.

Es tiempo de solidaridad. Los partidos políticos tienen la obligación de ofrecer recursos para ayudar a solucionar el problema de salud del país. Por una vez, en lugar de enriquecer una burocracia partidista inútil y en lugar de fomentar una corrupción que ha puesto el país en manos de los irresponsables de la cuarta transformación, podrían transferir sus recursos para una causa útil y que ayude a salvar y rescatar la integridad del país. Estamos seguros que todos los partidos aceptarán con entusiasmo esta propuesta y que PRI, PAN, Morena, MC, PT y todos los inventos y creación de los avorazados de un sistema político insensato  tendrán a bien aportar para hacer olvidar lo inútil que son y para contribuir a solucionar un problema que el país no tiene capacidad de enfrentar, menos con las bravuconadas y estupideces de su presidente y de la gobernadora de la CDMX.

Si con su seudo rifa-extorsión del avión presidencial, el presidente pretende exprimir 4 mil millones de pesos al pueblo bueno y sabio, los partidos pueden fácilmente entregar una cantidad equivalente. Sería una verdadera contribución a la salud de un país que se han esforzado en empobrecer desde hace más de 20 años.