Los indecisos

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A 66 días de las elecciones presidenciales, las piezas del juego aún están por definirse, y la certeza de un claro ganador no está nada definida, si bien es cierto que las encuestas muestran un claro primer lugar, a manos de Andrés Manuel López Obrador, existe un gran sector poblacional que aún no determina su decisión por el candidato que elegirá. Y este sector no es cualquier cosa, estamos hablando de un porcentaje de indecisos que ronda entre el 25-30% de la población con capacidad de voto, es decir, uno de cada tres sufragios no tiene la certeza electoral de a quien serán emitidos. Pero por si esa proporción no lo es suficientemente clara, veámoslo con mayor exactitud.

Para las elecciones del próximo primero de julio, el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene registradas, en su Lista Nominal, a 89,434,997 personas con capacidad de voto. En promedio, para las elecciones presidenciales en México participa el 61.9% de la Lista Nominal, por lo que el número se reduce a 55,330,542 personas participando activamente en los comicios. 

Resultando al final en un total de 16,599,163 personas que votarán, pero aún no saben en quien depositar su confianza a través de su voto. Más personas que las que actualmente viven en el Estado de México, entidad federativa con mayor cantidad de habitantes, acorde al INEGI, en su última encuesta intercensal de 2015, donde se registraron a 16.2 millones de habitantes. 

O lo que es lo mismo, existe para estas elecciones presidenciales tantos indecisos como la cantidad de gente que vive en los siguientes estados juntos: Colima, Baja California Sur, Campeche, Nayarit, Tlaxcala, Aguascalientes, Quintana Roo, Zacatecas, Durango, Morelos, Querétaro y Yucatán. Sumando un total, entre todos los estados, de 16.96 millones de habitantes.

Así que podríamos decir que, de la cantidad de indecisos que tenemos para este año, existe la misma cantidad de ciudadanos viviendo en 12 estados juntos. Una cifra nada despreciable y que todos los candidatos presidenciales deberían considerar.

Sin embargo, a días de haber finalizado el primer debate presidencial, la certidumbre electoral no se clarifica con las presentaciones de los candidatos, cada vez parece más difícil precisar quién será el ganador de tanto voto indefinido e incierto, o las estrategias de cada contendiente por persuadir al electorado. La moneda aún está en el aire y todavía quedan dos meses de campaña, dos debates presidenciales más y una cantidad inmensurable de ataques y desprestigios entre los candidatos para lograr acaparar la mayor cantidad de indecisos, pero, sobre todo, colocarse como la principal preferencia electoral y, consecuentemente, ser el próximo presidente de México. 66 días se dicen fácil, pero en estas elecciones todo, absolutamente todo, puede ocurrir con tantas personas aún sin una decisión tomada.

#ElNidoDelGavilán: “Cianuro para todos”

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Los lugares comunes del análisis del debate han sido: “Ganó Anaya”, “hay que mochar manos”, “AMLO se vio lento”, “Meade no levanta”. La tonalidad del debate fue la esperada, ataques a Andrés Manuel y la esperada oratoria de Ricardo Anaya.

Sin embargo, hay que salirnos un poco y reflexionar sobre el trasfondo de las posturas y del contexto de los candidatos.

Lo de “mochar mano” me parece que es una de las mejores propuestas en términos de publicidad que se ha hecho en un debate en México. Es una propuesta lo suficientemente irracional, suicida, bárbara y contundente para un personaje que apela al costumbrismo, la irreverencia y el desparpajo. Obviamente, Jaime Rodríguez no piensa siquiera en la posibilidad de ejecutar dicha ley. El cumplió y se le recordará a nivel nacional por esa frase. Ganó la notoriedad que no había tenido.

Es un país donde hay regiones que tienen un grado de barbarie peor que Afganistán en pleno régimen talibán ese tipo de propuestas descabelladas hacen eco en algunos grupos. Ya en Acapulco dejaron a un decapitado con una referencia al Bronco. 

Mientras Meade y Anaya apelan a un público de clase media aspiracional con frases técnicas y programas bien estructurados. La nota la han hecho las ideas y el humor de AMLO y ahora la frase de Jaime.

Es en cierta forma lamentable tener un nivel de propuestas tan débil y un electorado tan decepcionado de todo y todos que la clase política vive ridiculizando constantemente. 

Dadas estas condiciones de falta de credibilidad, inseguridad, ausencia de estado de derecho y escándalos de corrupción, el electorado se radicaliza y candidatos pueden apelar a la irracionalidad para ganar.

En Monterrey, Patricio Zambrano, con una plataforma ausente y de simple oposición obtuvo un 20% en la elección pasada a la alcaldía.

Si El Bronco capitaliza el momentum actual, puede subir un 3-5% que obviamente no lo hará ganar, pero si entraría a ese bloque de la población descontenta y profundamente desinteresada en el proceso electoral.

Cuestionaban diversos analistas a nivel nacional el que este tipo de propuestas suban preferencias de voto, sin embargo, es bastante corto de miras asumir que el electorado nacional es homogéneo, de clase media con estudios por encima de educación superior y citadina sin entender el contexto cultural de cada región, así como el capital cultural con el que cuenta cada ciudadano. 

Lo dicho, dicho está.

#Kleroterion: “Nuevo León el Epicentro de los Cambios Políticos”

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El 4 de octubre de 2015, un poco menos de 3 años, Nuevo León vivió un escenario democrático inédito, en donde un candidato independiente ganó de manera apabullante una elección para gobernador del Estado.

El ingeniero Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”, fue por mucho el candidato ganador para el Gobierno de Nuevo León, a parte de ser el primero en abrir brecha para posteriores postulaciones independientes en diversos cargos públicos para un sinfín de personas a nivel nacional.

Me parece importante decir que “el Bronco”, es una persona que salió de la pobreza y es muestra del esfuerzo constante, con un historial como Secretario Estatal de la Confederación Nacional Campesina, Diputado Federal, Diputado Local y el último antes de ser Gobernador, alcalde de García, ha demostrado que la persistencia es la herramienta principal para lograr cualquier objetivo.

Por otro lado, en el tema de las elecciones presidenciales,  en estos días salió una encuesta del periódico Reforma que pone una diferencia que pareciera insuperable a favor del candidato por la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, lo que es muy importante señalar es  que increíblemente Nuevo León es el epicentro de este movimiento.

Estamos totalmente conscientes los nuevoleoneses que Andrés Manuel le va a  deber todo a nuestro estado, aunque muchos creerán que debiera ser a la CDMX, Chiapas o Oaxaca. Entonces, ¿por qué esta situación y qué relación tiene Nuevo León y el Bronco?, a continuación lo explico:

El único candidato que hoy está en la boleta y que en algún momento pudo o pudiera restarle votos a AMLO, es Jaime Rodríguez Calderón y que, sin duda alguna, rivalizaba con el sector electoral que más sigue a AMLO en el país, ya que  Jaime es un ejemplo real de pertenecer y salir de la pobreza con base al esfuerzo.

Desde el primer día de su gobierno vimos a los partidos políticos, en específico al  PRI y el PAN, atacar al gobierno independiente, estoy consciente que también este gobierno ha tenido graves fallas, pero sin lugar a dudas el PRI y el PAN de Nuevo León,  le hicieron un gran trabajo a Andrés Manuel, descalificando y descarrilando una de las candidaturas presidenciales que contendía con él, fue notorio cómo Jaime pasó de 14 o 12 puntos para la presidencia a nivel nacional, al resultado que vemos hoy.

Me parece que el candidato de la coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya, así como el candidato por la coalición “Todos por México”, José Antonio Meade, deberían felicitar al panismo y priismo local, por haber dinamitado al único que hubiera podido, al menos, mover el tablero electoral.

Por otro lado, la inclusión de Tatiana Clouthier y de Alfonso Romo para sumarse  en el equipo de AMLO, particularmente de Tatiana, ha venido a refrescar la participación política de Nuevo León en las elecciones, se ha convertido después de Andrés Manuel, en un actor relevante en la campaña, con personalidad propia, decisiones y por supuesto experiencia, por lo que sin dudas es un acierto más para el Estado.

Por último, cabe mencionar que los ciudadanos de Nuevo León ya no votan por las marcas tradicionales, ya no es tan sencillo caer en el canto de las sirenas y no están dispuestos a votar por cualquier electorado.

Hoy el norte del país se está consolidando como una fuerza importante para López Obrador y pareciera que lo que sigue ya no es saber si va ganar o no, más bien si tendrá el control total del Congreso.

Después de ver el resultado del primer debate en Palacio Nacional, a mi parecer fue notorio que Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez, superaron a los demás candidatos, sin embargo López Obrador, se llevó la simpatía de la población, por lo que tal vez esto pueda ayudarle en el mal desempeño de su participación,  tal pareciera que todos los candidatos solo lo atacaban a él, pero nunca se dieron cuenta que la realidad fue que lo fortalecerían y por su parte ni Meade y Margarita aprovecharon esta importante oportunidad.

Es posible que  si no se mueven las encuestas antes del próximo debate, empecemos a ver cómo integrantes de otros partidos comenzarán a levantar la mano y a sumarse al proyecto de AMLO, sin lugar a dudas nos encaminaremos a lo que parece, será, el  triunfo inminente de Andrés Manuel López Obrador, pero sin olvidar algo fundamental, que esta presidencia tendría “olor a cabrito y machaca”, gracias a la acción y omisión de personajes políticos de NL.

 

Apuntes del primer debate presidencial

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¿Quién ganó? Ricardo Anaya

¿Quién perdió? José Antonio Meade

¿Qué pasó con AMLO? Salió tablas

¿Y los independientes? Mejor suerte para la próxima

Y se llegó el primero de los tres debates de la campaña presidencial. La noche del domingo pudimos apreciar un ejercicio que pocas veces se ve en México: un verdadero intercambio de ideas. Bien por el INE que dejó a un lado el típico formato acartonado y dio paso a una dinámica más entretenida donde los moderadores pudieron hacer preguntas a las candidaturas y los candidatos y la candidata, tuvieron la oportunidad de contrastarse.

Sin duda, Ricardo Anaya es el ganador del debate. No debería sorprender, su capacidad de oratoria quedó demostrada la noche de las elecciones estatales de 2016, cuando tundió y exhibió a un político con amplia experiencia como Manlio Fabio Beltrones. El candidato del Frente se vio preparado, con exactitud de tiempos y con dos o tres ganchos al hígado de sus contendientes. Quizá su único aspecto negativo es que por momentos se veía como el niño aplicado del salón que le cae mal a todos porque cree saber todas las respuestas.

El gran perdedor se llama José Antonio Meade. El candidato del PRI tenía la gran oportunidad de repuntar algo su perdida campaña, pero no lo logró. Sus tecnicismos y frases rebuscadas aplicaban bien para una clase de doctorado, pero poco permeaban en un debate nacional. Meade se mostró como un buen maestro, pero sin duda un mal candidato. Tuvo destellos, cuando supo confrontar a Andrés Manuel y tiró el dardo de la recogedora, o cuando comparó a Ricardo Anaya con Roberto Borge. Pero fuera de eso, la loza de cargar con un partido y un presidente desprestigiado, le impidieron a Meade poder resaltar. Parece que el barco de la presidencia ya zarpó y él se quedó sin subirse.

López Obrador salió tablas porque jugó a la segura. Como el puntero de las encuestas y con una ventaja de doble dígito, salió a repetir su narrativa de campaña. Mostró poca preparación con los tiempos y las temáticas. Dejó ir la oportunidad de dar cátedra de los temas que probablemente domine más, como lo son la corrupción e impunidad. Probablemente su mayor triunfo haya sido que lo rasparon pero no lo suficiente para que su ventaja decaiga. Veremos cuál será su estrategia con miras a los siguientes debates.

Margarita Zavala imprecisa, trabada, con entusiasmo pero sin carisma. Sin duda fue de lo más gris en el debate y no tanto por su falta de elocuencia o de dinamismo, sino porque no fue tomada en cuenta por nadie. Veremos qué tanto mueve sus tendencias, pero la realidad es que no fue su mejor noche.

Jaime Rodríguez en el plan que ya le conocemos, arrebatado, hablador, confrontador, con puntadas del nivel de “mocharle la mano a los funcionarios corruptos”. Así el nivel de su candidatura. Hablaba de sus cartas para ser presidente tomando en cuenta sus logros en Nuevo León, pero si uno revisa los números, la situación en el estado es hoy peor que la de hace 3 años cuando ganó la gubernatura. Pero bueno, su forma de hablar le trajo algunos reflectores y sin duda el apoyo de uno que otro despistado. 

Así las cosas en el primer debate. Considero que los números no cambiarán tanto, pero sin duda servirá para consolidar las tendencias: un AMLO sólido en el primer lugar, un Anaya que se planta en el segundo; un Meade que cada vez se ve más perdido y unos independientes que luchan pero no figuran.

¿Debate o ataque?

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En tiempo electoral, es imposible no enterarse de lo que sucede. Las redes sociales, emisoras de radio y televisión, los periódicos y la publicidad en cada esquina nos recuerdan constantemente la proximidad de las elecciones presidenciales del 2018. El domingo 22 de abril se sostuvo el primer debate de los presidenciables, pero ¿realmente se le puede llamar debate?

Pienso que la nueva dinámica del Instituto Nacional Electoral estuvo bien planteada; hubo más interacción entre los candidatos y los moderadores fueron puntuales con los tiempos designados. En teoría, el debate es para que los candidatos puedan contrastar sus ideas y propuestas y también puedan transmitir estas propuestas a la ciudadanía. Ciertamente hubo confrontación, pero en cuanto a estrategias de apoyo a grupos vulnerables, combate a la corrupción, violencia e impunidad dejaron mucho que desear. 

Jaime Rodríguez “El Bronco” empezó victimizándose, culpando al sistema y al gobierno federal por los problemas de Nuevo León. También dijo que el problema son los partidos políticos y que un presidente independiente es el primer paso para combatir la corrupción.

Andrés Manuel López Obrador enfocó su discurso en torno a la pobreza, y menciona que va a realizar sus propuestas con ayuda de consultas y foros en los que hasta el Papa Francisco va a participar.

José Antonio Meade estuvo un tanto ausente, pudo haber tenido una presencia más fuerte. Se limitó a contestar mínimamente, fue de los candidatos que tuvo propuestas precisas como un código penal único y agencias especializadas de investigación.

Ricardo Anaya fundamentó sus argumentos con evidencias estadísticas y documentales, que para muchos lo convirtió en el ganador del debate. Propuso duplicar y profesionalizar la policía, invertir en inteligencia para ‘desmantelar y no descabezar’ los grupos del narcotráfico.

Margarita Zavala también propuso fortalecer la policía e invertir en tecnología, pero fuera de eso su discurso se basó en combatir la violencia con valores y en apoyar a las mujeres en todos los ámbitos.

Dejando de lado las pocas propuestas planteadas, el debate se convirtió en un espectáculo con todo y alfombra roja. Los ataques entre candidatos prevalecieron sobre la idea principal del debate: informar a los ciudadanos de los ideales y planes políticos que los aspirantes tienen en mente al llegar a la Silla presidencial. Quedaron muchas preguntas al aire que se pudieron haber respondido con un simple sí o no, y temas inconclusos o perdidos porque los candidatos seguían atacándose entre sí. Muchos de los “argumentos” parecían sacados directos de sus spots televisivos y en general hubo evasión al detallar las propuestas.

Pienso que se perdió la esencia del debate y espero que el próximo 20 de mayo se puedan tomar medidas para que los presidenciables realmente contesten lo que se les pide sin rodeos.

Fin de la impunidad, o atole con el dedo

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Fuero; un original intento por asegurar el equilibrio de poderes e impedir persecuciones y abusos políticos a la oposición, que resultó en el envilecimiento de la figura para solapar los actos ilícitos de altos funcionarios públicos. 

Contemplado bajo el artículo 111 constitucional, el fuero ha avalado la inmunidad procesal de diputados, senadores, ministros de la Suprema Corte, magistrados de la Sala Superior del Tribunal de Justicia, y diversos funcionarios públicos. A lo largo del tiempo, el fuero se ha convertido en el aliado predilecto de funcionarios públicos inmiscuidos en un sinfín de actos indebidos, alejándose cada vez más de su propósito original. 

Así, todos tienen que ver con ella. Esa figura constitucional controvertida y repudiada por la sociedad en su conjunto, al ser la máxima manifestación del privilegio de la clase política. Un privilegio que va en contra del más básico y fundamental principio de igualdad jurídica. En el momento que un funcionario asume su cargo, pareciera que pierde no su condición de ciudadano, pues deja de ser igual ante la ley y es elevado a un peldaño en donde no puede ser juzgado a menos que se de autorización expresa de ello. 

Aunque no nos hemos distanciado por completo de esa época de privilegios políticos, el jueves de la semana pasada dimos un grandísimo primer paso. La aprobación unánime de la eliminación del fuero constitucional en la Cámara de Diputados es sin duda alguna un evento histórico. No obstante, habrá quien diga (y en efecto se dijo) que eliminar el fuero en México, es como escupir para arriba. Y sí, hablar de la eliminación del fuero en nuestro contexto actual, es un arma de doble filo. No hay que pasar por alto que las instituciones de nuestro país responden a intereses políticos, no ciudadanos; que la impartición de justicia es selectiva, no imparcial; y que la impunidad es la regla, no la excepción.

Para los mexicanos, la eliminación del fuero puede sentirse como una victoria social; la terminación de un privilegio político que finalmente pone a los funcionarios en el mismo nivel que el resto de los ciudadanos, uno que les permite ser juzgados igual que al resto de nosotros. Sin embargo, la eliminación del fuero no es equivalente a la eliminación de la impunidad. Esta iniciativa tiene que ser parte de una serie de medidas que fortalezcan la procuración de justicia y la eliminación de la corrupción, empezando por garantizar la autonomía de la Fiscalía, así como la designación del Fiscal Anticorrupción, de lo contrario, la eliminación del fuero habrá sido una medida más para darnos atole con el dedo.

#ContraPortada: “La Pejefobia”

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Andrés Manuel López Obrador encabeza todas las encuestas desde todos los medios posibles, nadie puede negar que es el político más conocido en México y el preferido para ganar las elecciones presidenciales del 2018.

Existe una “Pejefobia” irracional basada más en supuestos que en hechos; dispuesta a polarizar cada una de sus declaraciones y a atacarlo bajo el ingenuo concepto de que convertirá a México en Venezuela como Chávez o en Cuba como Fidel Castro, vaya tontería.

La pejefobia radica en:

  1. Tildarlo de loco: Durante muchos años a AMLO se le ha acusado de estar “loco”, de proponer ideas imposibles y de tomar una postura extremista. Mientras nuestros presidentes iniciaron una guerra contra el narco, tuvieron los escándalos más grandes de corrupción como las casas blancas y cientos de miles de muertos bajo sus mandatos. ¿Quiénes son los locos?
  1. AMLO convertirá a México en Venezuela: En reiteradas ocasiones se relaciona al líder de MORENA con el difunto Chávez y con el régimen de Venezuela; también los creadores de esta relación se han pronunciado diciendo que no es más que una estrategia publicitaria para desacreditarlo. Lo cierto es que los contextos políticos y sociales de ambos países con radicalmente opuestos y que la figura del Senado en México jamás le permitiría a AMLO llegar a ser ni cerca el dictador que sí fue Chávez.
  1. Es un peligro para México: Esta ha sido quizá le enfermedad más efectiva que alimenta la pejefobia. La han llenado de frases como ‘si votas por Obrador perderás tu empleo’, que ‘se nacionalizará absolutamente todo en México’, que ‘se limitará el acceso a la salud’ y que ‘el caos de inseguridad en México será incontrolable’. La realidad es que los números lo respaldan, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal su papel fue tildado de destacado, tan es así que la fundación City Mayors le entregó el reconocimiento al segundo mejor alcale del mundo por su trabajo en la Ciudad de México. ¿Nos quedamos con frases o con hechos?

Lo cierto es que, a pesar de sus desaciertos y declaraciones desafortunadas, el líder de la izquierda en México goza de un equipo destacado que lo acompañan en su gabinete, de una coordinadora nacional que ha sobresalido por su habilidad e inteligencia y de nuevas regiones que en años anteriores jamás lo apoyarían pero que hoy están decidiendo inclinarse a su proyecto de nación. Acabemos con la Pejefobia y mejor tengámosle fobia a la corrupción, cinismo e inseguridad en la que nos han dejado los últimos presidentes.

#HojaDeRuta: “Del miedo a la furia”

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“La emoción más antigua y fuerte de la humanidad es el miedo. Y el más antiguo y fuerte tipo de miedo es el miedo a lo desconocido” -H.P. Lovecraft

La velocidad de la información, el peso del presente y la desconexión del pasado público parecen conjugarse para hacernos olvidar que México es un intento de democracia. Un intento que, además, tiene relativamente poco tiempo de serlo.

Tras el estruendo de la revolución mexicana, y un periodo de inestabilidad, el sistema político moderno se fundó con base en el principio de aceptar el autoritarismo a cambio de garantizar la estabilidad, siempre bajo un manto de democracia simulada.

Algo muy extraño sucedió: una suerte de autogamia donde el propio sistema dio a luz al partido que habría de garantizar su permanencia. Carne de mi carne, vida de mi vida. Una simbiosis política que logró mantener el poder por casi siete décadas.

Tan único fue el caso mexicano que mereció una categoría propia en el análisis de Giovani Sartori: la del partido hegemónico, es decir, aquél sistema político donde había diversos partidos, pero solo uno tenía el control, y por tanto, la posibilidad real de ganar elecciones y gobernar.

En el 2000 quizá había más miedo en México a la posibilidad del cambio político que al famoso Y2K o error del milenio que supuestamente provocaría una falla masiva en todo lo eléctrico y digital, enviándonos de golpe a la edad de piedra.

Sin embargo, la alternancia ocurrió, y con ella, la decepción. Aquél México que inició el siglo XXI con la esperanza de volverse una democracia verdadera, alcanzar la justicia y avanzar hacia el desarrollo, enfrenta menos de dos décadas después un desaliento prácticamente en todos los frentes: las garras de la pobreza aprisionan a la mitad de la población; la corrupción goza de cabal salud (México ocupa el lugar 135 de 180 países medidos en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional); la desigualdad crece mientras el salario pierde poder adquisitivo (el peor de América Latina, de acuerdo a la OIT) y, por si fuera poco, una crisis de violencia que ha dejado cientos de miles de muertes y quebranto social.

En entrevista reciente para el diario El País, la historiadora Soledad Loaeza resumió lo que parece ser el espíritu de los tiempos que corren en el país: “En México tenemos más rabia que susto”, y abunda: “Sin instituciones no hay gobierno que funcione, ni de izquierda ni de derecha. Estamos muy fragmentados y en esa fragmentación no hay posibilidad de entenderse”.

El momentum internacional ha probado la confiabilidad de la vieja herramienta del miedo: el Brexit en Reino Unido; Trump en Estados Unidos; LePen en Francia (que afortunadamente no ganó). Sin embargo, en el caso mexicano el miedo viene jugando un rol central desde hace más de una década. La campaña de “El peligro para México” implementada en 2006 fue exitosa en términos de comunicación política, pero sembró odio y discordia, elementos que nunca son sanos para la democracia.

Pero el tiempo pasó, y no perdona. Ante el correr de los calendarios, la mayoría de las ideas, obras y cosas o se desvanecen o se consolidan. Se olvidan o se vuelven clásicos. La emoción del miedo parece estar siendo sustituida por otra igual o más potente: la rabia. Una rabia generada por la diaria crueldad de una realidad que no mejora.

Hoy el miedo a lo desconocido parece verse superado por las ganas de castigo a las opciones tradicionales y la voluntad de tomar una ruta inexplorada. En la más reciente encuesta de Grupo Reforma hay hallazgos que sorprenden además de la ventaja de más de veinte puntos que registra AMLO, en particular, se pregunta qué candidato es un peligro para México, y en este rubro, el principal “peligro” identificado es el candidato del PRI.

Aunque la tendencia electoral está dibujada con claridad, un país que ha transitado del miedo a la rabia en medio de la precariedad institucional, corrupción desatada y crisis de violencia se encontrará en un momento delicado política y socialmente. De consolidarse la tendencia, la rabia de una población que, en lo general está ausente de lo público, tendrá que volverse una energía de reconciliación, reencuentro, recomposición. El miedo y la rabia movilizan, pero no construyen. Ahí estará el reto del futuro inmediato.

NAICM: Un cómic para AMLO

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Imagina que después de tantos años, por fin logras asistir a la universidad al conseguir una beca académica, una de transporte y otra para comprar tus útiles escolares. Parece que todo marcha bien y ahora podrás salir de la situación económica en la que creciste en donde tus padres o tutores no pudieron darte una buena calidad de vida ni estudios universitarios. De pronto, llega un nuevo rector a tu universidad y decide que ya no tendrás tu beca porque dice que no la necesitas, además de que la obtuviste por medios sospechosos. ¿Qué pasaría contigo? ¿A dónde ser irían todos tus esfuerzos? Pues eso mismo le pasaría a México si AMLO llegará a la presidencia y tomará la decisión de cancelar los trabajos del NAICM.

La continuidad del NAICM es un tema que no debería discutirse si se cancela o no por parte de los candidatos a la presidencia en México, pero sí debería de estar en su agenda para fortalecerlo con inversiones y auditorías que ayuden a evitar prácticas de corrupción. AMLO y quienes lo quieren pausar, tuvieron en su momento el derecho como ciudadanos y servidores públicos de interponer toda acción legal para garantizar mayor transparencia de la que hoy se tiene para el proyecto.

El NACIM es para México, el proyecto más grande que ha tenido en su historia y está permitiendo desde ya, la creación de más de 50 mil empleos y grandes oportunidades de crecimiento técnico-profesional para las personas y empresas mexicanas que están participando en el proyecto. Cancelarlo, además de eliminar los beneficios que ya está ofreciendo a los mexicanos, sería sepultar los más de 450 mil puestos de trabajos que existirán una vez que entre en operación, perder los más de 120 mil millones de pesos de inversión y sobre costos generados por multas debido a la cancelación de contratos.

Cancelar el NACIM, no solo representaría perder lo que ya se invirtió. Cancelar el NACIM significaría para México seguir rezagando la eficiencia operativa y financiera de las aerolíneas que operan en el país por retrasos de vuelos, sumándole las perdidas que ya tienen millones de mexicanos y extranjeros que entran y salen del país debido a estas deficiencias. México ocupa hoy en día el lugar número 55 de infraestructura aeroportuaria y 57 de competitividad en el mundo, debido a que el actual AICM cuenta solo con dos pistas en operación no simultánea que reducen la calidad del servicio.

AMLO menciona que él no puede ser tolerante con la corrupción y que él considera que la construcción del aeropuerto es corrupción, y estoy de acuerdo con lo de no ser tolerante, pero si alguien que pretende ser presidente hace acusaciones debido a percepciones, ideologías o discrepancias con otros políticos, ¿qué podemos esperar de su gestión presidencial? Tal parece ser que AMLO está más empeñado en darle la contra a los gobiernos actuales y anteriores, que en ver por el crecimiento del país y sus ciudadanos. No defiendo a EPN, ni a Fox ni a Calderón, pero este es un proyecto que sobre pasa ideologías políticas y que es una necesidad real para el país.

Es cierto que el NACIM ha presentado irregularidades, pero también es cierto que es el proyecto con mayor transparencia que México ha tenido en su historia, incluso, es más transparente que cualquier proyecto que se haya gestado durante los gobiernos de AMLO. Recordemos que el NACIM de concluirse, será el primer aeropuerto del mundo en obtener la Certificación LEED Nivel Platino versión 4, que es la certificación para construcciones sustentables de mayor reconocimiento a nivel internacional, ya que te obliga a cumplir primero con todas las normativas locales, y después, a cumplir con los códigos de construcción y calidad más exigentes del mundo, además de llevar un proceso de auditoría bastante minucioso.

Insisto, el NAICM es un tema que no debería de discutirse si se cancela o no ahora que está en proceso de construcción, y la propuesta de AMLO para el aeropuerto en Santa Lucía es igual a la forma en la que presentó “lo que piensa”: un cómic.

Responsabilidad Médica

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En días pasados un amigo médico modificó su foto de perfil, decidió agregar la leyenda: “yo no estudié para matar, yo estudié para ayudar”. Pregunté al respecto y conforme avanzó la charla mis inquietudes me llevaron a un mundo legal que supongo es prácticamente desconocido para la mayoría de los profesionales de la salud.

Dicho mensaje fue parte de la reacción solidaria que tuvo la comunidad médica ante la detención de un colega por presunto homicidio doloso de quien fuera su paciente. Si bien la resolución de este conflicto será competencia de las distintas partes involucradas, utilizo este espacio para hacer notar mi hallazgo: la falta de certeza jurídica con la que cuentan para su ejercicio profesional los prestadores de servicios de salud (y lo escribo así para incluir a profesionistas de disciplinas afines que pudieran resultar con implicaciones similares, psicología y nutrición, por ejemplo).

Hoy por hoy, nuestro código penal federal incluye una figura de responsabilidad profesional. Esta contempla a la Ley General de Salud y al abandono médico; sin embargo, su alcance resulta limitado, o incluso insuficiente, al no reflejar la naturaleza de lo que implica la prestación de un servicio de salud. De hecho, basta decir que no existe siquiera tipificación alguna para el concepto de negligencia médica. No obstante, me enfocaré en dos puntos que considero relevantes dado el detonante.

Primero, no exhibe que en salud la vinculación es de medios y no de resultados; la obligación es prestar los cuidados requeridos con la mejor calidad posible, pero no así la recuperación del usuario. Segundo, no considera la propia inevitabilidad del riesgo en este tipo de ejercicio profesional. De manera individual y colectiva cada que vez que optamos por recibir servicios en salud aceptamos dicho riesgo, el cual, hoy en día y en contraste con otros, carece de un marco normativo. Por ejemplo, todos asumimos un riesgo al utilizar el parque automotor (y su letalidad la conocemos bien), y ante eso, el Estado se ha ocupado de limitarlo de diversas maneras: reglamentos de vialidad y tránsito, semáforos, patrullas, oficiales, etc.

Ahora, de manera comparable y en pleno reconocimiento de la existencia de la mala práctica en salud, dicha falta de certeza jurídica también genera incertidumbre para los usuarios de estos servicios. A expensas de las motivaciones particulares, queda a discreción del presunto afectado si opta por un proceso penal (que atañe exclusivamente a la persona acusada), por uno civil (por quien puede responder alguna otra entidad en términos de daños y perjuicios) o por uno administrativo (correspondiente a la institución pública que respalda al profesional de la salud). Aunado a ello, incentivos como el financiero pudieran definir el camino a seguir. Mientras que de inicio un proceso penal no representa ningún costo para el demandante, uno civil sí lo hace (peritos, abogados, etc.). Asimismo, la gran diversidad de instituciones ante las cuales se puede acudir por una inconformidad (más de diez y que incluye comisiones de arbitraje médico, de derechos humanos, procuradurías, etc.) son también indicio de la falta de claridad y simplicidad a las que dan pie las condiciones actuales.

Así, y sin dejar al margen la responsabilidad moral que se espera y motiva el trabajo de todo prestador de servicios en salud, y que con justa razón el gremio médico exige se considere, me sumo a la causa de mi amigo y demás profesionales de la salud. No obstante, lo hago con un fin ulterior, que se genere el marco legal correspondiente para que se dé certeza jurídica a los procesos de resolución de conflictos originados en la prestación de servicios en salud. Recordemos, pues, que sin importar la trinchera, eventualmente todos hemos sido, somos o seremos usuarios de un servicio de salud.