#HojaDeRuta: “Una epidemia de violencia”

Comparte este artículo:

Como chispa sobre la yesca, la furia se propaga: ¿cómo es posible que aquí, en la ciudad desarrollada y orgullosa, sea asesinada sin piedad una niña de ocho años? Hierve la sangre, pero como el agua para café, la ebullición cesa cuando se apaga la llama. El vapor se disipa, el coraje deja de burbujear. Todo volverá a la normalidad cuando el calor se haya ido.

Pero ¿qué es la normalidad hoy? Durante los días negros de 2010-2011, cuando ningún abanico bastaba para domar el calor, dormíamos a ventanas abiertas para robarle al aire nocturno un poco de alivio. A lo lejos, cuando menos un par de veces por semana, se escuchaban los estruendos. A los truenos que anunciaban las lluvias de mayo hubo que sumar los que anunciaban las lluvias de plomo.

En este país son asesinadas siete mujeres diarias. Siete. Entre la rutina del despertador, trabajo, cena y serie de Netflix, cayeron más muertas. “Se me fue rapidísimo la semana”, decimos a veces. En ese tiempo, se nos fueron 49 mexicanas cuya vida fue extinguida por el hecho de ser mujeres.

2017 registró 29 mil asesinatos en el país. Más que cualquier otro año en la historia reciente. Tratando de anclarnos a la sensatez, resulta adecuado decir que México vive una epidemia de violencia. Consideré con cuidado la palabra y sus dos significados oficiales: 1. Enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas. 2. Mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada. La definición encaja.

Al enorme riesgo que implica normalizar la violencia, habría que aunar otro: la justificación para ejercer aún más violencia. Si el hombre es el lobo del hombre (y evidentemente, de la mujer), entonces la respuesta está en la ferocidad: el más brutal habrá de ganar la partida. Así se ha justificado pisotear los derechos humanos “en nombre” de la seguridad. Así se escuchan y leen voces que entienden la justicia como un acto de venganza: “Hay que lincharlo”, “es un animal”, “deberíamos matarlo”, “no merece vivir”, “que lo torturen primero”.

¿Y muerto el perro se acabó la rabia? Por más cuerpos que cubren al país, la rabia no hace más que crecer.

Una sociedad pobre, desigual e injusta que genera desesperados y psicópatas, resuelve que la mejor manera de lidiar con el criminal es la vejación, y ultimadamente, su aniquilación, sin cuestionar las circunstancias que le orillaron a la criminalidad, a la alteración patológica de su conducta social.

¿En qué momento nos hemos detenido a pensar no solo qué hacer con la violencia, sino qué ha hecho la violencia con nosotros? ¿Quiénes somos después de niñas y niños asesinados, otros niños disparando a sus compañeros de clase, mujeres quemadas y apuñaladas, estudiantes acribillados, cuerpos colgados de puentes, cuerpos que ardieron vivos? No somos los mismos, no podríamos serlo.

Martin Luther King decía que “la violencia como vía para lograr justicia racial es tanto impráctica como inmoral. No soy ajeno al hecho de que la violencia a menudo produce resultados momentáneos. Frecuentemente, naciones han ganado su independencia en batalla. Pero a pesar de victorias temporales, la violencia nunca trae consigo paz permanente”.

Vista desde el aire, la violencia se puede disfrazarse de orden e involuntario arte abstracto. Jorge Taboada, arquitecto mexicano, comenzó a retratar fraccionamientos de interés social en sobrevuelos. Las imágenes revelaban una simetría impactante, de pronto parecen una composición digna de Escher o Mondrian. Dibujan una estética casi surreal, una belleza involuntaria.

Pero a ras del suelo la realidad estruja: pequeñísimas casas de 30 metros cuadrados donde se aprietan familias enteras. Caldos de cultivo para más violencia: hacinamiento, calor, lejanía. Una de estas cápsulas fue cateada ayer en búsqueda del presunto asesino de Ana Lizbeth. Era mujer, era niña, era pobre. Todas las piedras del mundo sobre su espalda. 

Los estudios de movilidad social del Centro Espinosa Yglesias son contundentes: en este país, si naciste pobre, lo más probable es que así te mueras. El abominable crimen de Ana Lizbeth no puede quedar impune, pero ella no será la última niña a la que se le apaga la vida si esta epidemia continúa, si no se atacan las causas que la generan, desde una economía que funciona para un puñado de privilegiados y no para las mayorías, hasta las violencias machistas que destruyen.

Sartre escribió que la violencia, sin importar la forma en que se manifieste, es un fracaso. Hasta ahora, en este país y en esta ciudad, el fracaso ha sido rotundo.

Impugnaciones y Procesos de Transición

Comparte este artículo:

Como en cualquier democracia moderna las impugnaciones y demás recursos legales son parte fundamental de un proceso electoral, pero en ocasiones estos podrían repercutir en los procesos de transición. Estas elecciones de 2018 no fueron la excepción, la reñida competencia política en muchos estados ocasionó resultados muy parejos que dieron pie a una serie de impugnaciones y peticiones de nulidad, entre otros. También siguieron habiendo casos , lamentablemente, de irregularidades mayores en procesos sobre todo en municipios rurales. 

En esta ocasión las impugnaciones a nivel federal disminuyeron considerablemente en comparación con la elección presidencial del 2012, al bajar de más de 200 recursos presentados contra la elección presidencial a menos de 10. En el resto de los procesos electorales se recibieron 505 impugnaciones, 348 de diputados y 134 de senadores. En la Ciudad de México hubieron 187 impugnaciones, 27 de ellas por el tema de los diputados de representación proporcional, mientras que en Nuevo León el Tribunal Estatal Electoral acumula 227 denuncias, 100 de las cuales son de Monterrey, en su mayoría presentadas por ciudadanos.

La obligación de la autoridad electoral es actuar conforme al derecho, todos los partidos y ciudadanos tienen el derecho a presentar los recursos que la ley les permita, pero también deben considerar cuando la diferencia es amplia o si el ambiente social no es el indicado, que tan viable o conveniente es el hacer la impugnación. Muchas veces la gente se molesta cuando ve que gana un candidato en tribunales pero también es cierto que repetir una elección no es cualquier cosa, además de los costos económicos también implica un costo social al someter a la ciudadanía de cierto estado/ municipio a otra campaña y otra jornada electoral que históricamente presentan menores votaciones en promedio que votaciones emparejadas a procesos electorales o estatales regulares.

Los procesos de transición no deben parar, habla bien de la madurez de los estados y municipios que han iniciado estos procesos de entrega-recepción a otros partidos aún y que se podrían cambiar las cosas, también hace falta ver si hay consecuencias por candidatos que rebasaron su tope de campaña, el tema es que en algunos países e inclusive en casos de ciudades mexicanas hay ejemplos históricos de cómo aunque la diferencia entre el 1er y 2do lugar es mínima no se pierde el clima de estabilidad social, los partidos y candidatos tienen una responsabilidad de asumir su derrota si así fue o de impugnar en tiempo y forma si creen que realmente fue injusto pero la propia autoridad electoral tuvo y tiene una responsabilidad mayor en realizar las jornadas con las menos irregularidades posibles y respetar el espíritu de las leyes, que no dejen de servir a la voluntad popular. 

Los BRICS y el deporte como soft power

Comparte este artículo:

Nacido por allá del 2009 como un bloque económico contrahegemónico, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tuvieron un auge importante durante los primeros años de esta década, siendo sus integrantes países emergentes, con un mercado del 40% de la población, solidez política interna e incluso llegando a crear su propio banco de desarrollo como respuesta al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. 

A pesar de que en los últimos años la desaceleración de China, la crisis política en Brasil, la participación de Rusia en la coyuntura siria, entre otros sucesos, han hecho que el bloque como tal haya perdido fuerza en la arena internacional, el deporte ha ayudado a estos países a mantener y consolidar su presencia en el consciente público y sobre todo en la chequera de los turistas e inversionistas, como organizadores de competencias internacionales.

Basta recordar que China organizó los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, Sudáfrica la Copa del Mundo en 2010, Brasil la Copa del Mundo en 2014, Rusia los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014, Brasil los Juegos Olímpicos de Río en 2016, Rusia recién termina la Copa del Mundo 2018 y China organizará los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022.

De acuerdo al académico y geopolítico Joseph Nye, el soft power es una herramienta que utilizan los gobiernos con el fin de coaccionar de manera sutil a otros para lograr sus propósitos o posicionarse en el tablero internacional como un actor clave para la toma de decisiones. Una de las mejores maneras de ponerlo en práctica es mediante el deporte, entendido tanto el impacto que genera ganar una competición (ya sea un campeonato o medallas olímpicas) o la organización de un mega evento.

La ventana que ofrecen estas competiciones, ha servido para impresionar al mundo con la infraestructura que desarrollan, la logística precisa para la organización, mostrar la cultura, las ciudades y los paisajes nacionales, así como para proyectarse como un país fuerte, sólido económicamente, con una sociedad integrada, insertada en las dinámicas internacionales, el pujante desarrollo a futuro y finalmente como el foco de atención por cerca de más o menos un mes.

En conjunto, y mencionado con anterioridad, estos elementos elevan a los países organizadores como ejes del consciente público. Gracias a ello, se abre una serie de oportunidades valiosas para su posicionamiento a futuro que dependerá del gobierno en turno y los sucesores consolidar.

AMLO y el posible retorno del presidencialismo mexicano

Comparte este artículo:

La victoria de López Obrador del pasado 1 de julio puede representar un retorno al presidencialismo de mediados del siglo pasado. Con una mayoría absoluta en el Congreso, mayoría en diecinueve congresos locales y jefe supremo de un potencial partido hegemónico, el devenir nacional puede quedar a merced de la voluntad del virtual presidente. Si a ello, le sumamos el respaldo social manifestado en la euforia electoral y el apoyo “condicional” de la clase empresarial, después de haber sido acérrimos críticos a lo largo de su campaña, los contrapesos parecen diluirse del juego político. 

Según Arnaldo Córdova, en su magnifica obra La formación del poder político en México, fue en el mandato de Lázaro Cárdenas que se logró afianzar el fenómeno político y social llamado presidencialismo. La Revolución mexicana permitió la institucionalización del poder político a partir de una serie de medidas tomadas por el nuevo grupo en el poder: la profesionalización del ejército, el reconocimiento de los conflictos sociales mediados por el Ejecutivo, la cooptación o eliminación de las fuerzas disidentes y una amplia legitimación como consecuencia de la inclusión de las masas en la nueva estructura del poder. 

El proceso de la formación del poder político comienza desde la promulgación de la Constitución de 1917. En ella, se establecieron los preceptos legales para la eliminación del caudillismo -fenómeno característico de la época porfiriana, en el cual Díaz era el caudillo mayor- y el ascenso del presidencialismo. La del 17′ era una constitución que dotaba al Poder Ejecutivo de grandes facultades, especialmente las expresadas en los artículos 27º y 123º- la concepción originaria de la propiedad y las relaciones obrero-patronales, respectivamente. 

De esa manera, el Ejecutivo obtiene dos atribuciones que le permiten sobreponerse por arriba de cualquier fuerza social, nacional e internacional: la capacidad de expropiar los recursos en manos de empresas trasnacionales y la de ser árbitro entre conflictos sociales.

Para Fernando Castañeda, “el único poder que puede darle sentido, es un poder igualmente inconmensurable cuyo único fundamento es su autoridad misma: el arbitrio”.

Bajo la estructura de poder, edificada en los gobiernos posrevolucionarios, el sistema político mexicano promueve la concentración del poder en manos del Ejecutivo. Diego Valadés en una conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales argumentó que es incorrecto decir que el Presidente de México es la cabeza del Poder Ejecutivo; por el contrario, el Presidente es el Poder Ejecutivo. El artículo 80º establece que “se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo….”.

Las reformas electorales en la segunda mitad del siglo pasado, el incipiente sistema de partidos bajo el juego político del PRI, PAN y PRD, la alternancia presidencial, la adquisición de facultades por parte de estados y municipios y el nuevo protagonismo del Poder Judicial, sobre todo de la SCJN, fueron elementos que representaban un proceso de descentralización del poder. Asimismo, las propuestas de una Fiscalía Anticorrupción autónoma y un gobierno de coalición (distinto a una coalición electoral) promovían el fortalecimiento de las instituciones.

Enrique Krauze apunta a que el caudillismo del siglo decimonónico ha retornado en forma de populismo en los últimos años. En mi opinión el populismo político no es el problema, así como Cárdenas, AMLO puede incluir a las masas en la estructura del poder y efectuar una política dirigida a las urgencias sociales; algunas reformas sociales son necesarias en la coyuntura nacional. 

Empero, lo que sí es preocupante, en primer lugar, es el retroceso de las instituciones y el ascenso de las figuras políticas; para él la corrupción no será eliminada a partir de las instituciones, sino de su mera persona: si el presidente es honesto, la corrupción se desvanecerá. 

En segundo lugar, la anulación del pluralismo político y la erradicación de contrapesos -la élite política se está reconfigurando y todos quieren una parte del pastel-, ni siquiera por parte de la clase empresarial, es igualmente preocupante. 

El presidencialismo de la época de Cárdenas fue degenerado hacia un autoritarismo que tuvo su punto más álgido con Díaz Ordaz. Sin embargo, actualmente la sociedad civil es más fuerte y más participativa, y existen múltiples medios de comunicación independientes. Por ello, se debe exigir a AMLO lo prometido y generar un contrapeso a su amplio poder: la participación política no acabó el 2 de julio.

#ElTalónDeAquiles: “Cosmopolitismo rosa”

Comparte este artículo:

En 1998 participé por primera vez a una marcha del orgullo gay. Montreal era ya desde entonces una ciudad abierta e inclusiva: todos, negros, blancos, quebequenses y extranjeros, hombres y mujeres, se reunieron en la calle Saint Denis, para ver el desfile, el cual desdembocaba en el “Village”, el gueto gay de la ciudad. La asistencia familiar me impresionó. Nada de voyerismos ni de lecciones de puritanismo: padre, madre, e hijos se unieron a una fiesta inclusiva para celebrar la diversidad. 

Dieciocho años después, la marcha del orgullo de CDMX me produjo el mismo sentimiento, y me hizo comprendrer por qué la capital mexicana tiene un lugar merecido en el orbe cosmopolita. 

En 2013, cuando asistí por la primera vez a la marcha en Monterrey, me sentí como si hubiese entrado en la maquina del tiempo. En las tierras norteñas mexicanas, el elemento carnavalezco todavía no había aflorado, pues el irrespeto de derechos empujaba a la comunidad LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, “queer” o en cuestionamiento) a privilegiar el aspecto reivindicatico de la actividad. Recuérdese que los ancestros estadounidenses iniciaron las marchas para exigir el respeto de derechos básicos a nuestra comunidad, luego de la violenta redada en el bar de Stonewall, en New York (1969). 

La comunidad LGBTQ+ norteña mexicana seguía entonces luchando en 2013, como lo hacen tantas otras hoy, por su derecho a ser visibles sin ser agredida. Convivir sin juzgar no es aceptar o tolerar. Yo fui y marché, con dignidad, pues eso era lo que se necesitaba.

Hoy, de regreso en Montreal, entré en otra una máquina del tiempo, que me proyectó hacia el futuro. A veces parece que los gays aquí lo tienen todo: acceso al matrimonio y a la adopción. La muestra pública de afecto es correspondida, como debe ser, con indiferencia. Incluso el VIH se convirtió en una enfermedad generacional, pues muchos utilizan la “PrEP” (Profilaxia pre-exposición), una pastilla costeada en parte por el sistema de salud público quebequense, para prevenir la infección. 

Y así, el Village perdió su razón de ser. 

El milenial LGBTIQ+, no entiende por qué hay que vivir en un gueto para expresarse libremente, porque hoy lo puede hacer en cualquier lado. Tampoco concibe que haya que limitarse a los bares de un sector para divertirse, porque hoy se puede ser abiertamente diverso en un bar heterosexual. Mientras tanto, el Village se cubrió con las canas de los que treinta años atrás osaron imaginar y reivindicar el mundo en el que vivimos hoy. Al pulular en las calles peatonales, consumir en las terrazas y divertirse en sus balcones, esa generación se convirtió en un anacronismo provocado por su propio éxito. La próxima lucha será por albergues adaptados a las necesidades de los ancianos diversos. No es broma: la soledad gay es un tema poco estudiado y de complejas consecuencias.

Pero eso es cosmopolitismo rosa. Porque durante mis años en Monterrey, nunca asistí a una de las tradicionales carnes asadas sin que alguien hiciera al menos una broma sobre “putos” (epíteto peyorativo mexicano para referirse a los homosexuales). Y cuando asistí a una marcha de la diversidad en mi ciudad de origen (San José de Costa Rica), no faltó quien me explicara por qué dos personas del mismo sexo no se pueden amar. Triste ironía: quienes osaron recertarme dicha explicación bíblica eran personas discapacitadas.

Este agosto, veinte años después de mi bautismo, iré a marchar, de nuevo en Montreal, para celebrar la diversidad. Lo haré recordando que los derechos de la comunidad LGBTIQ+ siguen siendo pisoteados en muchos países, y lo haré sin olvidar que hoy puedo celebrar porque otros ganaron batallas reivindicativas en el pasado. El privilegio de celebrar debería estar ligado a la obligación de no esquivar la solidaridad internacional tan necesaria para nuestros pares en otras latitudes. Porque por ser gay, todavía muere gente en este mundo.

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), julio de 2018

La Cumbre de Helsinki y la inesperada tibieza de Trump

Comparte este artículo:

Desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones del 2016, sus decisiones y acciones han suscitado bastante polémica. En su política exterior, esto no es una excepción. Se ha rodeado de distintos escándalos y posturas que rompen con la línea política que normalmente llevaban los EEUU. La pasada reunión con Vladimir Putin en Helsinki, es un claro ejemplo de cómo Trump sigue estando lleno de sorpresas.

Y es que, esta cumbre tenía expectativas muy altas y era de suma importancia para ambos países. Para Rusia, después de una Copa del Mundo exitosa, con la que se logró mejorar la opinión pública de occidente sobre el país anfitrión, este encuentro representaba un acercamiento y una posible alianza, tal vez algo desesperada, buscando beneficios económicos. Para Estados Unidos, el espacio codiciado desde hace tiempo para hacer frente y cuestionar de manera crítica las acciones de su cuasi-adversario.

Aunque la Copa del Mundo haya brindado una imagen cálida, festiva y amigable del país, esto no permite olvidarse del régimen autoritario y de las faltas a derechos humanos cometidas en el gobierno de Putin. Y, el Presidente de Estados Unidos debería de tener bastante claro esto.

Si bien, era esperado que el evento fuera un diálogo pacífico y constructivo, en el que se podría mejorar la deteriorada relación bilateral, pocos esperaban la tibieza que reflejó Donald Trump. La agenda para la reunión incluía temas como la anexión de Crimea, la situación en Siria, el desarme nuclear, y la injerencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales de EEUU. 

Trump se expuso tibio, sin mostrarse crítico, sin cuestionar a Putin y su régimen, sin acusarlo de las acciones anti-democráticas en otros países. No se mencionó Crimea (más que por el mismo Putin, justificando a Rusia); sobre Siria se resolvió trabajar en conjunto para limitar la presencia iraní y “garantizar la seguridad de Israel”; y, en cuanto a la injerencia en las elecciones de 2016, Trump afirmó que confía en la contundente negativa brindada con Putin, al mencionar que Rusia no tendría ningún motivo para realizar tal acusación. 

Especialmente esto último es lo que desconcertó a muchos, incluso de los suyos. Con estas declaraciones, invalida las investigaciones hechas por las agencias de investigación de su propio país, y desalienta la esperanza que muchos tenían de comenzar a ver reconfiguraciones del actual orden mundial. 

Aunque estamos acostumbrados a ver a Trump rodeado de polémica y opiniones encontradas, en esta ocasión su postura causó indignación incluso entre sus seguidores y los mismos Republicanos. Ya distintos líderes de gran importancia en el partido como John McCain, Bob Corker y Paul Ryan han externado su decepción sobre lo declarado en la conferencia de prensa, incluso considerando que el evento marca uno de los puntos más bajos en la historia presidencial del país. 

 Como mencioné, no es que se esperara una actitud belicista del encuentro. La relación bilateral entre Rusia y Estados Unidos definitivamente tenían que tomar otro rumbo en el que se incluyera cooperación y trabajo conjunto. Pero nadie esperaba esto. Fue una oportunidad totalmente desperdiciada para confrontar con un mensaje claro a un régimen autoritario y culpable numerosas faltas a los derechos humanos, bajo el mando de un líder autoritario, ante el que, el pasado martes 16 de julio, se cedió mucho terreno.

AMLOPOLIS: ¿un plan real o romántico?

Comparte este artículo:

Ya pasaron las elecciones y en México tenemos nuevo presidente; ahora es momento de concentrarse en lo más importante: los planes de gobierno y los perfiles de los equipos que liderarán cada una de las secretarías federales. En ese sentido, hoy quiero compartirles sobre uno de los temas que -en lo personal- más me ocupan; el desarrollo urbano y todo lo que implica en ello.

El 18 de junio, siendo aún candidato, López Obrador anuncio AMLOPOLIS, un compendio sobre las políticas de desarrollo territorial que se implementará a través de la Secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (SEDATU), misma que encabezará Román Guillermo Meyer Falcón, urbanista y arquitecto con amplia experiencia en proyectos enfocados en el recate público de colonias populares, movilidad, investigación social de políticas públicas y salud pública, además de practicar la cátedra universitaria en instituciones reconocidos del país.

Meyer, a través de AMLOPOLIS, plantea trabajar bajo sietes ejes de acción: desarrollo regional, política metropolitana, desarrollo urbano, suelo, vivienda, movilidad y política. Estos ejes pretenden, según el documento, recuperar y mejorar el entorno en el que vivimos en nuestro país al dotar de infraestructura de calidad, espacios públicos, equipamiento, seguridad jurídica y vivienda asequible. Además, en el plan se menciona que se impulsará el cuidado del medio ambiente, el suelo con vocación agraria y una perspectiva de prevención de riesgos asociados a desastres, delito, apertura en la información pública y la transparencia en la destinación de recursos. 

Este plan, que menciona estar centrado en las personas, las comunidades y el ejercicio de nuestros derechos, muestra una visión de cómo debería de funcionar la SEDATU con objetivos claros y concretos de lo que se pretende lograr, y aunque menciona acciones generales de cómo se piensa lograr, es evidente que carece de estrategias específicas para que se puedan realizar. Si bien, aún es un plan general aún, debemos invitar a los expertos en el tema para que se integren y validen lo que existe dentro de AMLOPOLIS, pues no podemos olvidar que es un documento creado por el mismo Meyer y su equipo de trabajo.

¿Por qué la preocupación? El plan menciona que se resolverán los problemas bajo los siguientes “cómo”: “Actuar de forma integral para resolver las necesidades de la vivienda…”; “Garantizar el derecho a una vivienda adecuada…”; “Explorar la constitución de un Banco de Suelo…”; “Desarrollar modelos alternativos de provisión…”; “Equilibrar el gasto público..”; entre otros verbos generales, qué, desde mi experiencia, forman y han formado parte de una infinidad de candidatos en materia de urbanismo.

No dudo de la capacidad de Román, pero los problemas urbanos no se resuelven desde lo “romántico”, y menos cuando la dinámica social mexicana es tan compleja debido a los problemas adyacentes que existen y que impiden que el desarrollo territorial se de como lo han dictaminado los planes de desarrollo urbano de las diferentes ciudades que han sido creados por otros expertos y que si se cumplieran al pié de la letra, nuestras ciudades y zonas rurales vivieran una realidad distinta; basta con leerlos y darse cuenta de lo que marca la ley y de lo que sucede.

Demos -una vez más. un voto de confianza a este fabuloso plan de desarrollo que presenta ahora una nueva administración, pero también tengamos en cuenta que AMLOPOLIS requiere una participación más activa de urbanistas, arquitectos, sociólogos y demás expertos en materia de urbanismo que participemos y vigilemos las formas en que planean cumplir estos objetivos.

#ContraPortada: “Los Asesinos del PRI”

Comparte este artículo:

El 1 de Julio del 2018 será una fecha de pesadilla para todos los que conforman el Partido Revolucionario Institucional, el capítulo más negro en la historia de este instituto político se consumó con la rotunda derrota de su candidato a la presidencia José Antonio Meade y la llegada de Andrés Manuel López Obrador a su cita con el destino.

Los priistas perdieron en todos lados, incluso en Atlacomulco, su bastión más grande del país y cuna del presidente Enrique Peña Nieto. Lo perdieron todo, en el Congreso Federal se convirtieron en tercera fuerza, solo ganaron 15 de 300 distritos.

¿Y en el Senado? Solo ganaron 1 escaño por mayoría, leíste bien, solo un escaño para el PRI que ganó en Yucatán.

Se acabaron 80 años de priismo en Chilpancingo, tierra del dirigente nacional René Juárez. En Hidalgo la casa de Osorio Chong. A eso hay que sumarle las derrotas en Monterrey, Matamoros, Saltillo, Ciudad Victoria y Mazatlán. El PRI fue ultimado a miles de balazos en las urnas.

Es incontable, una derrota que pisa la osadía. El castigo a un gobierno que no pudo -o no quiso- entender a millones de mexicanos que vivieron un verdadero viacrucis en su último sexenio.

Los asesinos son visibles en el día como en la noche, tienen nombre y apellido. 10 gobernadores cínicos y despiadados: dos Duarte, Borge, dos Moreira, Medina y Yarrington para arrancar la lista.

El sexenio de mayor sangre en la historia de México, 90 homicidios en promedio al día, maldita sea, 90 hermanos asesinados al día. Un presidente que gobernó junto a la corrupción, convivió con ella y tuvo un romance extenso durante el sexenio: Casa Blanca y Odebrecht son los clavos principales de la tumba.

El coraje de los mexicanos reflejado en la desaparición de 43 de los nuestros, cuatro años y ni una sola respuesta.

El PRI ha sido herido de muerte, la factura que cobra la democracia no tiene retorno ni evasivas. El PRI está en la lona y han sido los mexicanos los que, a conciencia, le han propinado un severo coma. 

El dinosaurio se levanta, se reinventa y recobra síntomas de vida. Pero por un tiempo, ese dinosaurio no es bienvenido, no en un México que ya no aguanta un soplo más de silencios prolongados y de eternas preguntas sin la mínima intención de encontrar respuestas.

Guerra Comercial EUA vs. China

Comparte este artículo:

El martes la administración de Estados Unidos encabezada por Donald Trump impuso aranceles punitivos del 25% a exportaciones de China con un valor de 200,000 millones de dólares, tras recibir represalias de Beijing que a su vez fueron respuesta a aranceles del 10% que impuso EUA el viernes con un valor de 34,000 millones de dólares. Las alzas mutuas amenazan con destruir el comercio entre ambos países y generar inestabilidad en el comercio mundial por la relevancia que tiene el comercio entre la primera y segunda potencia en el mundo. 

Para darnos una idea de la magnitud del regreso al proteccionismo por parte de EUA, en 1990 los aranceles representaban el 30% del valor total de las importaciones de ese país mientras que en 2016 no llegaba ni al 2% siendo el nivel más bajo desde 1776. Actualmente el déficit comercial entre EUA y China ronda los 335 mil millones de dólares, lo que representa un máximo histórico pero no necesariamente es algo malo para la economía norteamericana ya que parte importante de ese número son insumos que importa EUA para producir productos norteamericanos para la exportación y que generan miles de empleos anualmente a menores costos. Según The Trade Partnership estos aranceles afectarán de entrada 400,000 empleos estadounidenses. 

Menos competitividad y perder ventaja en precios son amenazas latentes, que podrían enfrentar ambos países si continúan imponiéndose aranceles de forma irresponsable. Aunque si bien todos los países deben proteger la apertura de ciertos sectores de la economía por proteger su seguridad nacional o por estrategia tampoco es cierto que querer regresar a las políticas del pasado hará que Estados Unidos sea “great again” como antes. Sigue siendo un gran país en muchos sentidos, la diferencia es que la competencia y el auge económico de nuevas potencias económicas sobre todo en Asia merma su poderío económico histórico global. 

Panorama post-elecciones: ¿Qué sigue para los partidos?

Comparte este artículo:

Ya nos dimos cuenta de que las dinámicas y los equilibrios de poder cambiaron drásticamente con los resultados de estas elecciones. Sin embargo, ¿qué implica esta recomposición? Hoy, vemos a los partidos tradicionales, aquellos con mayor antigüedad y presencia en la política mexicana, golpeados, desfigurados y algunos hasta moribundos.

Esto no solo repercute en un cambio en la arquitectura política que había prevalecido, sino que demanda la reestructuración interna de cada actor. El mensaje del electorado fue claro. Todos los partidos, con la excepción de Morena, se vieron afectados. Con esto, ahora les toca voltearse a ver al espejo, y ver cómo, si es que pueden, le harán para sobrevivir.  

Para Acción Nacional, un partido que desde su nacimiento se consolida como oposición, la derrota electoral no es algo nuevo. Sin embargo, el fracaso que vive hoy no es solo el 22.5% que obtuvo en la carrera a la presidencia. El PAN vive un momento crítico y que requiere de un laborioso proceso de reconstrucción. La candidatura de Ricardo Anaya, independientemente de los resultados, ocasionó fracturas internas que tal vez se hubieran reparado solo ante un glorioso triunfo presidencial.

Sin embargo, creo que no se consideró de manera completa el escenario del fracaso y sus riesgos. Ricardo Anaya apostó por un todo o nada. Todo, esperando que ante el triunfo en la presidencia sus compañeros pudieran olvidar sus acciones para llegar a ser candidato. O nada, al perder las elecciones y darse cuenta de las diferencias irreconciliables que ocasionó. Ahora, encontramos a los panistas, además de divididos, enojados. Ya 32 miembros -entre los que se encuentran diputados, gobernadores y otros militantes- exigen de manera formal su renuncia, junto con la de Damián Zepeda (actual presidente del PAN). 

Por ahora, al menos Anaya confirmó que no vuelve a la presidencia del partido, que ocupaba antes de entrar en la contienda. Reincorporarse en la vida política no será un reto solo para Anaya, sino para el partido completo. Les toca reconfigurarse, abrirse al diálogo e intentar conciliar a las distintas voces y grupos que lo conforman. Si lo logra, tiene la oportunidad de consolidarse como un buen partido de oposición. Por la propia naturaleza ideológica, el PAN resulta un excelente contrapeso para el preponderante Morena. Esto sería clave para tener una democracia plural y de contrapesos. 

Por otro lado, el PRI resulta el más herido, con una derrota incluso más grande que la de 2006, y ahora no solo en la presidencia. Su presencia en senadurías, diputaciones -locales y federales-, ayuntamientos, y gubernaturas se vio reducida tremendamente. En su particular caso, no hay mucho que decir. Como ya mencioné, el mensaje es claro, y tiene como principal destinatario al Revolucionario Institucional. El hartazgo quedó claro, se demostró que hay consecuencias y que la ciudadanía responde. Vieron la realidad y el peso del voto de castigo. Es por eso que hoy, el PRI tiene dos opciones: renovarse o morir.

El PRD, por otro lado, un suceso casi triste. Con las elecciones demostró la dependencia en la figura de Andrés Manuel, y la debilidad institucional que lo conforma. El apogeo que tuvo como oposición al régimen, con la Ciudad de México como bastión y una presencia fuerte en 2006 y 2012, que incluso parecía asustar al PAN para destronarlo de segunda fuerza política. Hoy, todo queda atrás con la salida de Andrés Manuel y la creación de Morena. Su alineación con el PAN y MC no resultó la más efectiva, y probablemente sus días están contados.

Finalmente, a todos les queda incorporar nuevas prácticas en su manera de operar. Ya han surgido nuevas agrupaciones y movimientos como Wikipolítica, que muestran una cara fresca y renovada de la política. Si los partidos no logran entender esto y no renuevan sus prácticas, deben de saber que su forma actual pronto será rechazada totalmente por la ciudadanía.