Para ti, mujer

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Escribo esta carta para ti, mujer.

Tú que has desvalorizado, criticado y juzgado a otra mujer por la forma en que vive su vida. Tú que defiendes en tus palabras los derechos que nuestra sociedad nos ha negado, pero con tus acciones propicias su inexistencia. Te escribo a ti, que priorizas aspectos tan superfluos como lo son los accesorios, las marcas, la moda, el maquillaje, el largo de tus pestañas, el color de pelo, qué tan delgada te ves y repruebas a otras mujeres que no cumplen con estos estereotipos. Que hablas de las mujeres que tienen aspectos que consideras masculinos, ves mal a la chica que tiene más amigos hombres que mujeres,  a la que se viste de manera “provocativa” o demasiado “santurrona”. Tú que criticas cuando se muestran demasiado fuertes en aspectos físicos o de carácter porque no es propio de una niña “bien”. Tú que eres madre y crías a tus hijas e hijos de forma distinta, dándole a tus hijas las tareas del hogar y limitando sus salidas sociales por el simple y sencillo hecho de que son mujeres. Tú que castigas con desprecio social a toda mujer que quiere vivir su sexualidad, porque el hacerlo las cataloga como fáciles y les resta valor ante la sociedad. Tú que le quitas mérito al éxito que una mujer tiene, porque aseguras que si logró llegar hasta ahí, solo puede ser porque se acostó con alguien.

Pero también te escribo a ti, mujer, la que ha estado del otro lado de esta historia y ha aguantado todas estas situaciones en silencio. Tú has tolerado sumergida en sumisión y autodesprecio el que se te castigue por querer vivir una vida sin barreras de género. Todas estas reprimendas con las que has cargado, no son justas. Tú no estás mal por querer experimentar en tu vida, no estás mal por querer emprender nuevos proyectos, porque tus gustos no se ajusten a lo que está de moda, por no tener las medidas “ideales”, por querer viajar o trabajar en lugar de quedarte en casa, no estás mal por no querer casarte o tener hijos. Tú eres libre de hacer lo que tú quieras con tu vida, así que manténte firme, manténte única y lucha siempre por lo que quieres y crees. No bases tu felicidad en la aprobación de otros, sean hombres o mujeres, tú solo necesitas estar satisfecha contigo misma. Sigue tomando riesgos, juega, construye, destruye y transforma tu vida como tú quieras y nunca te detengas ante el argumento de que eres mujer.

Tú, mujer que está leyendo esto, no propicies con tus acciones una cultura que limite tus derechos. No desvalorices a otra mujer y tampoco te muestres sumisa por querer encajar en un ideal inalcanzable. Tú vales mucho más que eso. Puedes ser delicada y fuerte, inteligente y bonita, mesurada y aventurera. Enfócate en tí y en tu crecimiento personal. Quítate esas barreras que se te han impuesto y deja de ver la vida de los demás. No te conviertas en eso que tanto criticas, sé congruente con tus acciones y tu forma de pensar. Respeta a otros y respétate a ti, porque no vales más ni menos por tus acciones, no eres más ni menos por tus creencias o valores y definitivamente no aumenta ni disminuye tu valor o capacidad por ser mujer. Tú como persona vales exactamente lo mismo que los demás, entonces no critiques, no juzgues, no te cohibas o cambies por el pensar de alguien más. Dejemos de lado los prejuicios y respetemos a los y las demás, porque solo así quitaremos una barrera tan absurda como lo es el género. No bases tus pensamientos en cuestiones de ignorancia y desinformación, tú vive tu vida como quieras, pero no obligues a los y las demás a vivirla así.

Los estigmas sociales comienzan y permanecen en la medida en que los permitamos. Basta de producirlos y tolerarlos.

#ContraPortada: “¡Sigan Protestando!”

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Mientras estoy escribiendo esto más de dos mujeres están siendo asesinadas en México, en el primer cuatrimestre del 2019, murieron 1,199 víctimas de la violencia machista según cifras del propio Secretariado Ejecutivo.

Las mujeres han tomado la valentía desgarradora de salir a marchar, a gritar y a protestar con el único fin de supervivencia; sin embargo los diarios principales del país [en los cuales me desenvuelvo todos los días] han decidido girar sus ojos a los murales, a los monumentos y a las paredes en donde han expresado su sentir.

Los titulares se han desgarrado las vestiduras hablando del “vandalismo” detrás de la protesta, señalando a ellas como las “violentas” y restándole valor a su grito con el ridículo argumento de “no son las formas”, ¿cuáles entonces son las formas para que no las maten?

Han pedido que no las acosen y fueron ignoradas, han denunciado ante las autoridades y la impunidad reinó. Han bailado para mostrar su inconformidad y fueron el blanco de las burlas, protestaron de manera pacífica y nadie las tomó en serio. Han hecho absolutamente de todo y es así, solo así, bajo la protesta fuerte y frontal que las han tomado realmente en cuenta, si ésta es la única manera de ser escuchadas yo me sumo a protestar.

¿Están exagerando? ¿De verdad lo creen? Bueno sería ideal que refresquemos la memoria:

– En agosto pasado hubo 88 feminicidios en México.

– 254 mujeres fueron víctimas de homicidios dolosos y 252 de homicidios culposos.

– 349 denuncias por violación sexual.

– 24, 561 denuncias de violencia por parte de sus parejas.

– 67, 396 denuncias por violencia familiar.

– 548 denuncias por abuso sexual.

– 750 mil abortos clandestinos porque no las dejan decidir sobre su propio cuerpo.

Sigan protestando, hasta que las autoridades no tengan de otra que sentarse a escucharlas y generar acciones reales no simuladas como hasta ahora. Sigan protestando, hasta que la sociedad entienda que si no lo hacen las van a seguir matando y se sumen a levantar la voz, sigan protestando porque su lucha, más temprano que tarde, tendrá el final que merecen.

Sigan protestando, que esto apenas empieza.

¿A favor o en contra? ¿Acaso eso importa?

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La ley debe estar de acuerdo con la dinámica social, nunca al revés. Siempre que se hable del aborto habrá posturas a favor y otras en contra. Pero creo que es más importante enfocarnos en lo que verdaderamente le compete al Estado: lo jurídico. En 2007 en Ciudad de México se discutió por la Suprema Corte de Justicia y se probó la constitucionalidad de la despenalización del aborto. Por lo que, desde ese año, ciudad de México era la única entidad del país que permitía el acceso a este derecho humano.  Era el único lugar en el que se permitía que se practicara el aborto de manera segura por médicos calificados. Viendo esto, realmente es muy fácil que cualquier mujer con las posibilidades económicas suficientes pudiera viajar y practicarse uno. Con un simple viaje, podías tener acceso a un derecho que castiga con cárcel a las mujeres en el resto del país. Pero ¿qué pasa si no eras parte de esa población tan reducida y privilegiada? A mi entender, se está dejando desprotegida a una porción considerable de mujeres que al no poder ir a ciudad de México por cuestiones económicas o por el miedo de ser juzgadas recurren a los abortos clandestinos. 

Esta semana en Oaxaca, se aprobó la practica del aborto a todas las mujeres.  Esto implica un gran avance en la protección de la salud y libre desarrollo de la mujer. “Mueren por aborto sólo las mujeres pobres, que no pueden pagar servicios privados de salud o viajar a la Ciudad de México. Pero el concepto es incorrecto, porque ellas no ‘mueren’: son juzgadas, sentenciadas a muerte y asesinadas por un sistema que considera peligroso que las mujeres decidan sobre su cuerpo y sus opciones de vida”. Así puntualizó Elisa Zepeda Lagunas, diputada de Morena.

Lo que realmente le debe importar al Estado es la necesidad de la población que atiende. Me atrevo a poner la palabra necesidad, ya que es una situación que, le guste a quien le guste, ha existido, existe y seguirá existiendo. Aquí no se discute desde la moralidad o sentido religioso propio de cada persona. Se discute el cómo en sólo dos entidades de nuestro país no se limita a la mujer en sus derechos humanos de acceso a la salud y libre desarrollo. Un estudio realizado por Guttmache Institute, reveló que tan solo en el 2009 en México se registraron 159,000 casos de mujeres que requirieron de atención médica por complicaciones derivadas de abortos clandestinos.  En ese mismo estudio se estimó que existen alrededor de 1,026,000 abortos inducidos en México cada año. Los números no mienten, a las mexicanas en casi todo el país se les priva de su derecho humano. Derecho que como ya se vio en 2007 y esta semana en Oaxaca no es contrario a nuestra constitución. 

En un México ideal, desde mi perspectiva, esto debería suceder: Una mujer quiere abortar, entonces ella se acerca a un centro de salud en donde gente profesional y experta en el tema le presenta una gama de opciones y programas que el Estado le ofrece, como apoyo en caso de que decida no abortar. De este modo, te aseguras que la persona que se realizará este procedimiento, este verdaderamente informada sobre sus opciones y se sienta respaldada y protegida por el Estado en su decisión. Suponiendo que aún con esta información ella verdaderamente quiere realizarse esta interrupción al embarazo, entonces, se le deben de proveer de todas las condiciones médicas adecuadas para hacer el procedimiento de manera segura para ella. Además, agregaría que se implementarán de manera paralela, verdaderos programas escolares de educación sexual, ya sus implicaciones de esta que únicamente a saber que es un método anticonceptivo. 

Todos son libres de expresarse y opinar sobre temas de interés público, pero ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que, porque a unos cuantos no les parece, se violente la libertad de otros? Démosle esa libertad de decisión a la persona que aplica para el supuesto, no a terceros. Esta semana se hizo un gran avance en cuestiones de derechos humanos en Oaxaca, por favor sigamos trabajando para que su cumplimiento no se limite a 2 lugares en nuestro país.

Estudio: https://www.guttmacher.org/es/report/embarazo-no-planeado-y-aborto-inducido-en-mexico-causas-y-consecuencias.

Hablarlo no basta

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Las palabras no son suficientes, hacen falta acciones. En un país que en el gobierno sobresale la corrupción, impunidad y vamos a decirlo, la cultura “machista”, ¿qué oportunidad tendría una persona de conseguir justicia? En los últimos meses han predominado en redes sociales y otros medios, noticias sobre el incremento de feminicidios, violaciones, marchas de indignación ante la situación, de criticas sobre las marchas, prejuicios lanzados hacia las víctimas, de como los partidos políticos y diversos funcionarios implementarán “estrategias”, y lo pongo entre comillas, ya que he leído tantas veces esta palabra, de una manera tan vaga en los argumentos que dan de cómo van a solucionar el problema y un sin número de  casos que siguen sin resolver. 

Ante tal escenario, ¿qué confianza se le puede dar al gobierno y sus instituciones? Connie Janeth Beltrán Domínguez deposito 15 veces su confianza en quien se supone estaba para protegerla. Quince oportunidades que tuvo la autoridad para evitar lo que termino siendo un feminicidio más. Las víctimas de cualquier tipo de agresión no siempre denuncian, ya que tienen miedo a llamar la atención y que su atacante vuelva a agredirlos, ahí podría haber la excusa de que nunca se conoció del caso, pero que formalmente vayan 15 veces a denunciar violencia familiar y no se haga nada es una burla a la sociedad.  

Muchos funcionario y partidos políticos han propuesto formas de solucionar el problema, unos dicen que se debería incrementar el financiamiento a programas de atención a la mujer, otros que deberían implementarse formas más practicas para denunciar, pero siendo sincera desde mi perspectiva dudo mucho que por dinero o por falta de denuncias no se atienda este problema. 

Siempre hay un modo de hacer las cosas, si no hay dinero se puede cambiar la dinámica de acción trabajando mejor los recursos para no necesitar más, pero con la parte de hacer más fácil el denunciar la agresión deja mucho que desear, ya que las denuncias, aun que pudieran ser pocas, si las hay, lo que no hay son acciones por parte de la autoridad para darles seguimiento, entregar resultados y garantizar el bienestar del ciudadano. Esta es una cuestión de confianza, confianza que deposita la víctima de que su caso no será uno más y que realmente estará protegida por el Estado, de igual forma la que se le entrega a la autoridad de que hago no menos que su trabajo. Porque cuando la gente vea que si se implementan medidas, y se les da importancia a estos casos, esa misma seguridad crecerá y generará que más personas alcen la voz y cuenten su testimonio. Así las es que número de denuncias se incrementa, no lo hacen con una aplicación para denunciar, ni con un botón mágico que diga que se sufre de violencia familiar, ya que, aunque si hacen más fácil el decir que esta pasando algo, esos gritos de ayuda serán al vacío si la autoridad decide ignorarlos. 

Todos los acontecimientos que vimos estas últimas semanas, con marchas feministas en distintos estados, son precisamente para que personas como Connie no tengan que ir 15 veces a ser ignoradas, si no que tengan la certeza de que están respaldadas por el gobierno. No basta con hablar de este tema, como lo han hecho muchos políticos y partidos por cuestiones estratégicas, no basta con que se vayan a hacer protestas, se publiquen notas o se haga un debate en redes sociales por ser algo de moda, si no que todo este ruido, tan desesperado por ser atendido, lleve a la sociedad a la acción, porque en este país las palabras no son suficientes.

Beatriz Gutiérrez Müller se opone a pintas a monumentos históricos

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Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador, rechazó que tenga que dañarse un inmueble histórico para protestar.

Lo anterior, en relación a las pintas que a su paso dejó la marcha feminista convocada el pasado viernes 16 de agosto en contra de la violencia de género que va en escalada en el país.

“Yo no pienso que haya derecho de una protesta a dañar un inmueble histórico, por más razón que tenga quien proteste”, declaró la historiadora y presidenta del Consejo Honorario de Memoria Histórica y Cultural de México, la noche de este lunes al ser consultada al respecto por los representantes de los medios de comunicación, al término de la inauguración de la muestra “Memoria de milagros. Exvotos mexicanos”.

“Puede ser el caso de más injusticia en la historia del mundo, pero ese edificio o esa puerta es patrimonio es de todos, entonces es una agresión a todos, independientemente de la justicia o validez que tenga la protesta, que sea en el momento que sea, en el siglo que sea”, añadió la escritora, quien consideró que los mexicanos “no tienen conciencia, en muchos casos, del valor de lo que están rayando”.

El pasado 16 de agosto, grupos de feministas que habían marchado y se habían manifestado frente a la Procuraduría General de Justicia concluyeron su reclamo con pintas en la columna del Ángel de la Independencia, mismas que varias especialistas en conservación y restauración del patrimonio cultural han pedido no remover hasta que se garantice la seguridad de las mujeres.

“O sea, tu puedes protestar por lo que tu quieras, pero no rayes el patrimonio, porque esa puerta, ese edificio, esa columna, esa ventana, es de todos. Es patrimonio nacional”, continuó la historiadora, quien se refirió a México como “el país de las pintas” y aclaró que habla por todas “las pintas” que han existido en él.

Gutiérrez Müller estuvo acompañada en el evento por Alejandra Frausto, titular de la Secretaría de Cultura, y el General de División Claudio Vincelli, comandante de División de Unidades Especializadas Carabinieri. 

La exhibición que inauguraron se encuentra en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (Moneda 13, Centro Histórico), está conformada por 594 retablos que habían sido sustraídos de manera ilegal del país y que fueron repatriados de Italia el pasado 06 de marzo. 

(Fuente: El Mañanero Diario)

¿Indignados por la indignación?

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Las redes sociales se convierten nuevamente en la arena de la discusión pública del país, en ese lugar donde se indignan con los indignados, ya sea por su forma de indignarse o por no indignarse lo suficiente. En esa ocasión, el debate nacional está centrado en la violencia que vive la mujer en México; el génesis de esta ola de exigencias se produce después de diversas denuncias contra la policía de la Ciudad de México, ya que de acuerdo con diversos colectivos feministas, el 10 de julio una mujer de 27 años fue violada por agentes de dicha institución de seguridad en el Centro Histórico de la Capital del país, también una adolescente de 17 años que fue agredida el pasado 3 de agosto y el 8 del mismo mes un policía abusó de una menor en el Museo Archivo de la Fotografía. Ello desembocó el odio nacional, lo que provocó la protesta, la indignación, la rabia, el enojo justificado y el grito necesitado de seguridad. A principios del siglo XX, Simone de Beauvoir escribió que “el problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres”, y no podía estar tan vigente. Ellas salieron a las calles de dibujar la verdad; salieron al tenor de las 114 menores de edad asesinadas en México. Gritaron y corearon al tono de las 1,119 mujeres que perdieron la vida a manos de la violencia machista, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad y Protección Ciudadana. Salieron en honor a las que ya no están, y por las que quieren que estén, que no se lleven. Salieron, porque en los últimos 4 años, el feminicidio aumentó en un 97%. Gritaron y consignaron porque en nuestro país, el simple hecho de ser mujer, es mortífero. Salieron por la impunidad que las acalla, que las ata, que las victimiza una y otra vez. Salieron para denunciar que no tienen miedo, y decir ya basta. Salieron porque Rubí no pudo, porque el 7 de septiembre del 2012, Fernanda Rubí no llegó a casa en Orizaba, Veracruz, y como dolosamente mencionó la autoridad “se la llevaron por bonita”. 

En todo el país, tuvieron que salir no por gusto sino por necesidad; tuvieron que marchar y exigir porque las autoridades no lo harán por ellas. Y lamentablemente, el debate se ha centrado no en la violencia generalizada y sistemática que viven las mujeres en México, sino en la manera en que se hicieron escuchar. La forma en la que se llevaron a cabo las protestas para exigir respeto y combate a la violencia contra la mujer, se generaron por el silencio, la complicidad, la indiferencia, la impunidad, y la cotidianidad en la dolosamente viven. En este país, asesinan, torturan, violan, discriminan, y desprestigian a la mujer por el simple hecho de ser mujer. ¿Nos parece violenta su forma de protestar? Es consecuencia de la realidad en la que viven día con día. No comparto ciertas formas, pero los extremos de los fuimos testigos tampoco representan todo el movimiento, pero en ningún sentido lo condeno. ¿Por qué? Porque es mucho más condenable el contexto de violencia que vive la mujer. Yo escribo y vivo desde el horrible privilegio de ser hombre en México, pero hablo desde la necesidad de reformar a nuestra sociedad y sobre todo, a mí mismo. Ojalá y estemos viviendo un nuevo capítulo en nuestra vida pública, pero debemos entender que educar es lo más importante y lo que durará a largo plazo. La empatía y el dialogo serán fundamentales en los próximos días y debates. ¡Se va a caer! ¡Sí se va caer! pero también tenemos que construir algo nuevo.

¡Ni una más!

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Estos últimos días los titulares de los medios de comunicación y redes sociales se han llenado de encabezados de “Justicia por”, “Impunidad en el caso de”, “¿Donde está?”, “Desaparecida desde hace N días”.

El feminicidio siempre ha existido, sin embargo ya no solo es una problemática, si no un grito de desesperación. 66 de cada 100 mexicanas ha sufrido algún tipo de violencia, conforme pasan los años esta cifra ha incrementado. En esta ocasión, el pueblo mexicano se ha unido en una sola voz para hacer un llamado de justicia. Este grito de justicia ha provocado que muchas historias salgan a la luz, mismas  que habían permanecido en alguna carpeta perdida en un archivero.

Hoy los tiempos han cambiado, hoy, una mujer tiene más voz y fuerza que ayer, tanto que su grito ha cruzado continentes. Hoy la mujer grita más fuerte, porque hoy quiere justicia en nombre de todas las que han sido víctimas. Hoy marchamos para que mañana podamos salir tranquilas.

Hoy México está cansado de guardar silencio, hoy México está de luto y busca justicia en nombre de las familias que fueron victimas de un feminicidio. Hoy nuestro México llora y clama justicia en una misma voz.. ¡Ni una Más!

De la marcha feminista y el contexto

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Las redes sociales, que cada vez me parecen más disociales, son un hervidero de opiniones, y cómo no, si esa barrita de texto de Facebook o Twitter, seduce a cualquiera. Emitir una opinión, y hacerlo de manera masiva o pública cada vez es más fácil. Y los eventos alrededor de las marchas feministas de la semana pasada fueron una tormenta perfecta para leer una serie de escupitajos disfrazados de opiniones. Sin embargo, por alguna razón, aún le tengo un poco de fe en la humanidad y considero que estas opiniones sin sustento, con sesgos, misóginas vienen de la ignorancia, de las costumbres mexicanas, y no de una mala intención. Veo dos grandes rubros de quejas: ¿por qué los feminicidios y no los homicidios en general?, y ¿por qué la reacción “violenta” de las manifestantes?.

La tipificación de los asesinatos es importante. Voy a poner unos ejemplos para contextualizar: se puede ver la tasa de mortalidad de una población, pero si no distingue entre asesinados o muertes por enfermedad, es complicado sacar una conclusión. Más allá: si no se distingue el tipo de muerte por enfermedad, ese número no nos sirve de nada porque no se tiene la información suficiente para distinguir si la muerte fue por gripa o por cáncer. Tipificar ayuda para entender, en primer lugar, qué es lo que está enfermando y matando a tu población. Por ejemplo, si vemos que en México, la enfermedad que más mata es la diabetes, podemos inferir y partir que hay un problema de alimentación (su consumo y cultura alrededor de ella). En cambio, si viéramos que la primera causa fuera la diarrea, por poner un ejemplo, entenderíamos que habría un problema con el agua contaminada. Al tener esa información se puede formar un plan de acción, unas maniobras para reducir, atacar y resanar lo que causan estas muertes. En el caso real de México1, encontramos que las enfermedades del corazón, así como la diabetes son las principales causas de muerte, por lo que se han visto los intentos del chécate, mídete, muévete, y más vale prevenimss. El hecho que haya dedicación a reducir la muerte por diabetes no quiere decir que haya un desinterés por el resto.

Partiendo de este ejemplo, podemos entender la necesidad de tipificar a su vez los tipos de homicidios que suceden en México. De no hacerlo, ¿cómo podríamos atacar el problema? Una opción es condenar todo tipo de violencia. Y es loable, ideal, perfecta si me lo permiten. La violencia es intrínsecamente negativa y querer vivir una vida libre de ella es la panacea. Pero también es impráctico, e irreal y por lo pronto inalcanzable. Los datos del INEGI2 muestran una realidad: el crecimiento de la violencia en México ha sido casi constante desde el 2007. Así también se puede observar que se mantiene un porcentaje constante entre los homicidios de hombres y mujeres. Más o menos corresponde al 89% de hombres contra el 11% de mujeres.

Esto por cuenta propia es una desgracia y en mi opinión personal eso ha generado una deshumanización y desocialización tremenda en la cultura mexicana, donde la vida humana cada vez tiene menos valor, sobre todo si ésta es de un bando contrario.

Pero para adentrarnos al tema de la clasificación, dentro de este rubro infame de asesinatos se desprenden categorías, y estas categorías devienen de su motivación, contexto, o forma. Existe la tipificación de homicidio por riña, por medio físico, químico o mecánico, por negligencia, y cada uno de ellos tiene sus sanciones. Para poner en contexto los datos del INEGI que mencioné, en el 2017 según Semáforo Delictivo3, de los 32 mil homicidios que hubo en México, 75% fueron relacionados al crimen organizado. Según la misma institución, en el 2016, este tipo representaba el 55% de los homicidios. Entre datos nos veamos… puede haber variaciones y es difícil establecer parámetros exactos, pero nos sirve para entender la gravedad de un problema. 

Habiendo tomado en cuenta esto, el porcentaje y ratio entre homicidios de hombre y mujeres toma una naturaleza distinta. Ya que entendemos que las muertes por el crimen organizado tienen una causa, una motivación y un contexto específico que en efecto nos daña a todos, pero se pueden separar, por ejemplo, de pleitos entre iguales, ciudadanos de pie. Aquí es donde entra la tipificación del feminicidio: dentro los asesinatos que se mencionan en el crimen organizado hay mujeres muertas que no son consideradas como feminicidios, porque la tipificación en México de ese crimen4 a nivel federal establece que para que un homicidio sea un feminicidio tiene que tener como característica: violencia sexual, mutilación o lesiones infamantes o degradantes, antecedentes de violencia de género familiar o laboral con relación al que cometió el crimen, haya relación sentimental entre el asesino y la afectada, entre otras tantas.

Las cifras que vuelan sobre el feminicidio en México, son sólo los asesinatos que cumplen estas (y unas cuantas más) circunstancias. La recolección de estos datos en particular es compleja, por lo que me basaré primero en la información recabada por el SESNSP, los cuáles cuentan la cantidad de carpetas de investigación (averiguaciones previas) abiertas por cada tipo de homicidio: durante el 2018  se calculan 742 feminicidios5. Usualmente estos aumentan al conforme avanza el tiempo. Sin embargo, la O.N.U. Mujeres6, en su propia investigación utilizando fuentes como la misma INEGI, CONAPO, SSA, entre otras, calculan que en el 2017 realmente hubo 3,314 casos de defunciones de mujeres con presunción de homicidio. Aquí es donde entra uno de los debates más importantes: la SESNSP se basa en la legislación de cada estado para su acumulación de datos. Esto quiere decir que hay estados que aseguran tener 35 homicidios a mujeres y que ninguno de ellos entra en la tipificación de feminicidio7. Del total de homicidios a mujeres, sólo el 21% ha sido catalogado por como feminicidio. Esto pareciera venir de fallas legales y legislativas, más que de falta de evidencia. 

Habiendo desglosado los datos se puede inferir que con todo y que la violencia en México esté desatada, podemos ver que cada rubro tiene su causa y efecto. En este caso, las dos grandes distinciones serían: el crimen organizado asesina despiadadamente porque es parte del “contrato”, del horrendo “mercado” en el que se participa “voluntariamente” (soy de los que sostiene que sí existe una coerción sistémica para participar en el crimen organizado, una sociedad que oprime a las clases bajas, que les limita el progreso económico de manera legal, pero que a la vez los incentiva y seduce con la idea de que la riqueza económica es el mayor objetivo, venerar al dólar por sobre todas las cosas, pero ese es otro tema). Y el feminicidio que sucede sólo porque la víctima nació mujer, no más.

Quisiera dejar en claro en este punto que no estamos hablando siquiera de la lucha por la equidad de género, igualdad salarial, ni siquiera hemos tocado el tema de la violencia sexual las cuales suman más de 22 mil carpetas abiertas de investigación en el 20188, el acoso en el trabajo, ni nada por el estilo. Estamos hablando por el derecho de no ser asesinados, con el cual, el estado mexicano, nos ha fallado de manera abismal. 

Ya que entendemos la interpretación de los datos, vamos a la parte valorativa. ¿las manifestaciones son malas o buenas, funcionan o no funcionan, incitan a más violencia o no? Primero que nada hay que entender que no existimos en un vacío. Que somos un cúmulo de experiencias, eventos, normas, historia y cultura, que discurren de siglos atrás. Podemos poner como frontera ficticia a Las Muertas de Juárez, las cuáles, desde el 93 han puesto en la mira la idea de la epidemia de feminicidios en México. Desde entonces la respuesta por parte de todos los niveles del gobierno (y ya se puede decir: de todas las ideologías políticas en el poder), no han querido, sabido o podido amedrentar el asesinato sistemático de las mujeres. Los movimientos de activismo pacífico alrededor de estas asesinadas, han sido encontrados con más violencia, por poner sólo un ejemplo: Marisela Escobedo, que era una activista que fue ultimada con un tiro en la cabeza en medio de una manifestación pacífica. Lo único que pedía era justicia para su hija que también había sido asesinada. El progreso por la vía legal para sanar esta herida aún sangrante ha sido por demás testudino.

Se repite la frase de que la violencia genera más violencia como excusa para diluir la protesta social. Esta idea es limitada, cuando menos, porque debería verse al revés: qué violencia generó la violencia que se desató la semana pasada, y respondo: el constante abuso hacia las mujeres, asesinatos y desamparo. ¿Hasta cuando tenían que aguantarse? La vía legal no les ha traído ninguna resolución hasta ahora porque las muertes y violaciones siguen incrementándose. También hay que entender los matices. En Los Miserables hay un personaje que se llama Javert, que es un policía que cree (por haber nacido en la cárcel, entre otras razones) que la ley es absoluta. Se podría decir que es un legalista total: cree que robar una hogaza de pan para salvar a un niño del hambre es igual de grave que matar a un hombre. Esta visión era ya algo anticuada para el siglo XIX en la que se publicó la novela, por lo que ese personaje funciona como el villano de la trama, ya que persigue al protagonista Valjean por toda su vida, por sólo una hogaza de pan. Al final se suicida al no poder concebir que un ladrón como Valjean, pueda ser en verdad una persona de palabra, buena y honorable. Esta visión de equiparar la violencia de la epidemia de feminicidios con la violencia de las manifestaciones (violencia hacia objetos inanimados, un par de brillantinazos; el periodista golpeado que lo fue por un hombre), es tener una visión carente de matices. Entiendo perfectamente el punto en que en un país como el nuestro, sumido en la violencia, nadie debería querer incentivar más violencia. Pero hay que entender que, como mencioné más arriba, esta no es la primera marcha y manifestación feminista que pretende hacerse escuchar y que no lo ha logrado porque, francamente, México es un país profundamente machista.

El derecho de manifestarse contra el gobierno es la base de la libertad de expresión (y no, amigos, que te borren de Facebook por compartir memes misóginos no atenta contra tu libertad de expresión. Sólo eres una persona triste). Tomar las calles es la forma más básica, elemental y democrática que hay para manifestar un problema social. La vía pública es un lienzo del que el pueblo puede gozar cuando el estado no lo está escuchando. Históricamente, la lucha por los derechos civiles de las poblaciones oprimidas o minorías, han involucrado manifestaciones, que se han tornado violentas en muchos de los casos porque existe un violador previo: la institución, gobierno o mayoría que ha evitado o coartado los derechos civiles de las personas. También existen ejemplos actuales: las protestas de los ciudadanos de Hong Kong contra el gobierno opresor chino, las protestas LGBT contra el gobierno represor de Putin en Rusia; las protestas en contra de la dictadura de Maduro en Venezuela, que tiene al pueblo muriéndose de hambre. Bajo esta premisa no se pretende dar a entender que se debe buscar un ojo por ojo, si no entender que las manifestaciones vienen de un lugar de desamparo, de dolor, de violencia perenne recibida, y que de ninguna manera la respuesta de estas clases oprimidas ha sido directamente proporcional a la recibida. Por lo que equiparar los actos vandálicos con las razones, causas y motivos de la marcha, es destruir el clamor de las mujeres. Es exhibir que en nuestro escalafón moral, la violencia hacia un objeto inerte es tan importante como la violencia hacia una mujer. 

1:https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2018/EstSociodemo/DEFUNCIONES2017.pdf

2: https://www.inegi.org.mx/sistemas/olap/proyectos/bd/continuas/mortalidad/defuncioneshom.asp?s=est

3:https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/comete-el-crimen-organizado-75-de-homicidios-en-mexico-en-2017

4:https://web.archive.org/web/20160421230907/http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV_171215.pdf

5:https://drive.google.com/file/d/15E9SyCAYgAhFJm01HiV8WyN5LHe-qxHW/view

6:https://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20mexico/documentos/publicaciones/2019/infografa%20violencia%20onu%20mujeres%20espaol_web.pdf?la=es&vs=5828

7:https://www.animalpolitico.com/el-blog-de-causa-en-comun/brechas-en-la-medicion-de-feminicidios-en-mexico/

8:https://www.milenio.com/policia/denuncias-delitos-sexuales-aumentaron-20-2019-mexico

Movimiento feminista: explosión iracunda de un hartazgo

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No existe revolución que se haya dado sin levantamientos violentos, a través de mecanismos institucionales determinados apriorísticamente por el régimen contra el que se quiere luchar. Buscar transformar prácticas arraigadas en el mismo sistema cultural que se extiende a otras esferas es negar el concepto y el fenómeno de revolución.

Las estructuras se tambalean y caen ante el estrepitoso acontecer violento. Estas caídas no surgen por la empatía de los opresores, no son el resultado consensuado entre éstos y los oprimidos. La supresión de la subordinación no es expresión de los procesos institucionales; por el contario, en muchas ocasiones esas mismas instituciones obstaculizan el proceso de transformación, reduciéndolo a discursos políticos vacíos que sólo buscan apagar el movimiento. 

La modernidad surge como proceso social e histórico en contra de los movimientos disruptivos del siglo XVIII y XIX. Después de la Revolución francesa y los movimientos sociales de 1830 y 1848, los lideres de la modernidad buscaron encauzar las disputas sociales para evitar las confrontaciones violentas. Ante ese objetivo surge la sociología, como ciencia social capaz de desmenuzar las causas de las irrupciones violentas del siglo decimonónico. 

Por otro lado, la modernidad estableció las instituciones democrático-liberales que buscarían, bajo una ideología burguesa, reivindicar las libertades civiles y políticas, así como generar los cauces institucionales para dirimir las exigencias sociales. 

Empero, como muestra la historia del siglo XX, los mecanismos institucionales fueron insuficientes para atender dichas exigencias, con lo cual no hubo otra vía más que los movimientos armados y violentos.  

Sin duda, hoy en día, se debe buscar transformar aspectos de la convivencia social a partir de mecanismos jurídicos y políticos; sin embargo, si este tipo de modalidades fracasan, los agentes sociales que sufren la opresión buscarán nuevas formas de cambio.

Eso es lo que ocurrió el viernes en México. Ante el hartazgo y la ira del incremento de feminicidios y de violaciones, el colectivo de mujeres que se manifestó no encontró otra forma de expresarse que la violencia. 

Las voces reaccionarias y conservadores no se abstuvieron de opinar. Desde consignas como “ese movimiento no me representa” o “hay formas de manifestarse” hasta argumentos sinsentido de algunos renombrados periodistas, se señaló que la violencia deslegitimó la marcha y ocasionó que se perdiera una gran oportunidad para promover apoyo entre la sociedad. 

La marcha logró lo que en su sentido colectivo buscaba, que las mujeres fueran escuchadas, que se hiciera palpable el hartazgo y el miedo transformado en ira. Más allá de las opiniones acerca de las formas de manifestarse -normativizar las protestas según esquemas preestablecidos de supuesta convivencia social que esté en sintonía con patrones de civilidad-, este tema quedó rebasado por la realidad misma. 

No debemos de preguntarnos si esas son formas correctas de expresarse, busquemos el porqué de dichas expresiones. ¿Qué nivel de impotencia e indefensión debe sentir una mujer en este país para poder expresarse de esa manera? ¿No es acaso esta desesperación la que cataliza esas reacciones explosivas?

El movimiento feminista ha logrado el primer paso: imponer en el discurso actual el peligro de ser mujer. Cotidianamente se escuchan casos de violaciones, maltratos y asesinatos a mujeres por parte de los hombres; sin embargo, el movimiento ha ido más lejos -algo que no se ha hecho en el caso del crimen organizado-, ha expresado su hartazgo y buscado articular discursos entre un gran número de la población de mujeres.

Las mujeres han sabido utilizar las redes sociales para articular un movimiento, para buscar mecanismos de protección entre ellas frente a los casos de machismo. Y, con ello, han podido reestructurar la forma de pensar frente a los actos misóginos, han generado una ruptura en el consciente colectivo que ha promovido la desconstrucción de los actos y prácticas que anteriormente se consideraban aislados de los casos de violencia y maltrato a la mujer.

En los últimos años, gracias a las redes masivas de interconectividad y a la exposición recurrente a discursos anti-machistas, las mujeres han logrado un iniciar un cambio en la psique social. Las transformaciones sociales son paulatinas, en tanto revolucionan las pautas y prácticas sociales en las cuales discurre la acción de los agentes. Las mujeres han comenzado a poner los pilares de dicha transformación en nuestro país. 

“Fue violación, no abuso”: El Tribunal Supremo español aumenta la condena a la Manada

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El Tribunal Supremo de España determinó, por unanimidad, que el controvertido caso de La Manada no fue un simple abuso sexual, sino una violación en grupo. La sentencia causó sensación en España; el caso había sido el más controvertido en años.

José Angel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Ángel Boza, Antonio Manuel Guerrero y Jesús Escudero, los cinco amigos que atacaron a una joven en la fiesta de San Fermín de 2016, recibirán 15 años de prisión cada uno, en vez de los 9 que anunciaba la sentencia anterior. Fueron detenidos este mismo viernes y ya no tendrán espacio para apelar la sentencia. Asimismo, se aplicaron dos agravantes a la pena: trato vejatorio y actuación conjunta.

El caso comenzó con la acusación de una joven de 18 años anónima que denunció un abuso por parte de un grupo de hombres durante la fiesta de San Fermín, en Pamplona. Ésta afirmó que había sido violentada, que los transeúntes no detuvieron el acto o hasta lo grabaron por celular sin hacer nada y que al final, sufrió el robo de su propio teléfono. El caso se apodó “La Manada” por el nombre del grupo de WhatsApp donde los perpetradores compartieron los videos del suceso.

No obstante, la primera sentencia por la Audiencia Provincial de Navarra hace un año argumentó que no veía  “indicios de violencia o intimidación” debido a la falta de resistencia por la denunciante, por lo que se les imputó solamente el delito de abuso sexual, mas no violación ni agresión sexual a pesar de haber sido penetrada múltiples veces. Al mismo tiempo, se les dio libertad bajo fianza de 6,000 euros. Este resultado levantó manifestaciones a lo largo de España por parte de colectivos feministas al igual que las críticas de varias personalidades españolas e internacionales. Por ejemplo, la actriz estadounidense Jessica Chastain criticó la decisión por Twitter:

Posterior al anuncio, se apeló el caso hasta llegar al Supremo, cuya decisión fue aplaudida por líderes de partidos políticos, celebridades y líderes de opinión.

(Fuentes: El País y El Mundo)