Ficciones del feminismo moderno

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Eres cantante, compositora, joven, mujer. Tienes 25 años y quieres conocer el mundo. Viajas a Costa Rica, emocionada por las aventuras que podrás vivir. Eliges la fecha de manera estratégica, para poder regresar el 15 de agosto, ya que tienes un concierto programado en México, para cantar el primer álbum que acabas de publicar. Haces amigos, disfrutas el día, y en la noche decides caminar por la costa con tu nueva amiga de Gran Bretaña. Dos hombres llegan y las asaltan. Empiezan a forcejear con ustedes, a amenazarlas. Tu amiga se suelta, se va corriendo y logra escapar. Tú, no corres con la misma suerte. A ti te violan, te matan, y te dejan tirada en el mar. 

Esta es la historia de María Trinidad, la mexicana que el pasado 5 de agosto fue víctima de un feminicidio. Un acontecimiento que nos llena de tristeza, coraje e impotencia. Se podría pensar que, una historia como la de María exigiría hacer algo al respecto, que la sociedad empatizaría con las urgencias de la agenda de género. Idealmente, este triste suceso debió de haber sido especie de ultimátum. Un wake up call, para aquellos escépticos de la ideología feminista.

Sin embargo, no todas las reacciones fueron las esperadas. Se cuestionó la necesidad de viajar sola, surgió la interrogante: ¿por qué exponerse si ya saben cómo es el mundo?, depositando gran parte de la culpa en ella y en sus decisiones “imprudentes”. Y, unos días después, la opinión pública pareció olvidar el tema. Las redes sociales volvieron a sus temáticas habituales, y con ello, reaparecieron las comunes malinterpretaciones de lo que es la ideología feminista. 

Se volvió a tuitear y retuitear sobre el tema de género, desde una perspectiva que pareciera en realidad desconocer las bases teóricas del movimiento. Entre las más comunes, están: Las feministas son intolerantes, violentas, y se la pasan buscando qué criticar, son egoístas porque luchan por los derechos de un solo grupo“. Y, la que considero la peor, no por su gravedad, pero por la ironía de la frase:

No soy ni machista ni feminista. No creo en la superioridad de la mujer. Creo en la igualdad de género“.

Y fue esta oración la que me llevó a escribir esta columna. Hay un malentendido mayúsculo, para una población importante -al menos de los internautas-. El feminismo no es la contraparte del machismo, esta sería el hembrismo. El feminismo no lucha por la superioridad de la mujer, sino por la igualdad básica. Entonces, si crees en la equidad entre hombres y mujeres: igualdad de oportunidades, de calidad de vida, de goce de derechos… ¡Felicidades, eres feminista! O podrías serlo, si comienzas a ejercer este pensamiento. 

No estoy segura en qué momento se distorsionó el significado de la palabra. Creo que esta ficción en torno al concepto nace principalmente de nuestra incomodidad, de nuestra dificultad de hacer las cosas de manera diferente a como las hemos hecho por siglos. Esta tergiversación no es una casualidad. Lo hemos visto con otros temas: nos damos cuenta de que somos parte del problema, y entonces preferimos minimizarlo, ridiculizarlo, darle la vuelta. Porque nos señala y nos exige hacer las cosas diferente, y eso nos cuesta. 

Hombres y mujeres, hoy nos damos cuenta de que muchas de nuestras acciones cotidianas pueden tener poco -o bastante- de sexismo en ellas. Nos damos cuenta de que, aquel famoso patriarcado, es nada más y nada menos que el sistema en el que crecimos. Es lo que generaciones enteras han absorbido, y hoy se refleja en nosotros. Es con lo que millones de mujeres tuvieron que cargar, por un tiempo, silenciosamente.

 Entonces, resulta estas pequeñas acciones que hacemos por inercia, son producto de algo que es perjudicial para ambos sexos. Pero, de nuevo, nos cuesta. Preferimos quitarnos el peso de los hombros. Preferimos inventar el término de “feminazi” y burlarnos de alguien que está luchando por un principio básico: la equidad. Historias como la de María, deben de abrirnos los ojos. No hay espacio para dudas. Hoy existe consciencia sobre el tema, y nos va a seguir empujando, sacándonos de nuestra zona de confort. Pero esta es la única manera en la que podremos conseguir la equidad.

Discurso de género en campaña: ¿apología de la mujer?

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Estas campañas han sido diferentes a todas sus antecesoras. Entre una serie de razones, para mí resalta una muy concreta: género. La paridad hoy ya no se puede quedar en discurso. Atrás quedaron las palabrerías vacías y las promesas de equidad. Hoy, por ley, se debe cumplir con cuotas y la ciudadanía debe de ver datos cuantificables, papelito habla.

La presión internacional, los reclamos de la sociedad civil, y los indicadores alarmantes de un pueblo con un sistema patriarcal, trajeron como consecuencia este cambio en la normatividad. Ya no hay manera de ignorar el tema. La cuestión de género y los derechos políticos de la mujer se trajeron a la mesa.

Sin embargo, ¿esto significa que hemos conseguido una democracia paritaria? Cuotas de género, mujeres en la vida pública, igualdad de escaños, candidatos y candidatas hablando sobre la importancia de la mujer y sus derechos. Claro, un paso importante y fundamental es que las mujeres estemos representadas políticamente, pero ¿qué pasa después? Podemos tener a mujeres en la política, sin una idea remota del tema de género. Ni se diga muchos de los candidatos.

Ricardo Anaya, con su tuit sobre su madre siendo la primera que se levanta y la última en acostarse, y tildándolo de igualdad. Andrés Manuel con el apoyo a las jefas de familia, las guarderías, y tiempos completos en escuela para que las madres puedan salir adelante. Meade y el discurso de las mujeres emprendedoras, y Jaime Rodríguez ni se diga.

Hablo de los presidenciables por su visibilidad, pero este discurso se encuentra en todos los niveles, cada vez que se menciona la necesidad de la mujer en la política para sanearla, para volverla más digna y limpia. “La mujer conoce lo que es el salario mínimo y lo que se necesita para tener una canasta básica, porque sabemos los precios, porque vamos al supermercado todos los días” Carolina Garza, candidata a diputada federal por el Distrito 1. 

Y no es que el tipo de propuestas que se están manejando no sean necesarias. Las guarderías, la equidad laboral y el empoderamiento de jefas de familia o el apoyo a emprendedoras, todo es muy importante. Sin embargo, sigue siendo insuficiente y conlleva una aproximación errónea e incompleta en el tema de género.

El discurso de género en las campañas se ha vuelto una especie de apología a la mujer. Se mencionan las capacidades adyacentes en el ser femenino. Se enlistan características de mujeres fuertes, y sobresalientes, aquellas valiosas por ser luchonas. Se ha moldeado una imagen de lo que representa ser una mujer, se ha elogiado. Y eso, queridos candidatos y candidatas, no es feminismo. En afán de complacer a la opinión pública y voltear a ver las exigencias de género, se ha tenido un discurso de exaltación, de divinización de la mujer.

Al hacer esto, se termina perpetuando la dicotomía de género. Se siguen englobando características propias de lo femenino, y exclusivas de lo masculino. Se sigue teniendo un discurso que habla de una mujer como esta ama de casa, que se atrevió a tomar otro trabajo. Valientes ellas porque, además de estar en la política, en el negocio, o en cualquier trabajo, llegan a su casa para su segundo turno. Luchonas y fregonas porque tienen tiempo para otras cosas además del cuidado de sus hijos. ¿Las tareas domésticas siguen siendo propias de las mujeres? Son sensibles, más humanas, preocupadas por el bien de todos. Se hace alusión a figura de la madre, aquella que tenemos tan clara en el imaginario colectivo. Pero en términos reales, ¿qué tiene que ver la madre de un candidato con la teoría feminista?

Hace falta ver sustento, teoría y diagnósticos en las propuestas. Exigimos una campaña en la que se suba el nivel de debate. Nos merecemos candidatas y candidatos preparados en este y otros temas críticos de la actualidad.

Las mujeres, los hombres y el acoso

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Siempre hay que estar dispuestos a escuchar opiniones y debemos estar abiertos a que nuestras ideas sean cambiadas por las ideas que otras personas tienen sobre prácticamente cualquier tema.

En los últimos días, debido a los recientes reportes y denuncias que han hecho algunas mujeres que figuran en el mundo del espectáculo y la televisión sobre diversos casos de acoso sexual, hostigamiento e intimidación que han sufrido en sus ambientes de trabajo, he visto un sinfín de reacciones que la gente tiene sobre este tema. Me llaman la atención algunas de las reacciones y es por eso que escribo, para dar mi punto de vista sobre las dos posturas más comunes que pude distinguir.

La primera gira en torno a la idea de que “¿por qué las mujeres tardaron tanto en denunciar a sus agresores y no lo hicieron inmediatamente después de que ocurrió?”. Creo que el hecho de que, gracias a que hay movimientos como #YaEstuvo y #SiMeMatan y @MachosEnRehab en redes sociales, que generan corrientes de comportamiento y pensamiento, y que han hecho que más mujeres levanten la mano en busca de justicia, debe ser aplaudido y no cuestionado; los hechos atroces de los cuales mucha gente ha sido víctima crean importantes daños físicos y psicológicos, que sin ser experto en la materia, puedo decir que es difícil anteponerse a ellos. Lo cual debe crear conciencia en la gente desde dos perspectivas: la de la víctima y la de quienes, hasta el momento, no hayamos sido víctimas de estos casos.

La de la víctima ha venido de menos a más en los últimos años y sobre todo en los últimos meses; hay que fomentar por todos los medios que estén a nuestro alcance el empoderamiento de la figura de la mujer para que cada vez más se atrevan a reprobar y denunciar ésta y cualquier clase de situaciones que denigren su calidad de vida por el hecho de ser mujeres.

Por otro lado la figura de la gente que, afortunadamente, no hemos sido víctimas la opinión está bastante dividida; unos son empáticos con lo sucedido y otros no lo son así. Ante esto debe imperar una cultura de comprensión, respeto y solidaridad; pues no creo que sea congruente opinar un tema del cual no hemos sido parte, y sobre todo, cuando se tratan cuestiones tan delicadas, entender que cada persona puede reaccionar de manera distinta, cada cabeza es un mundo y es perfectamente válido tener comportamientos y reacciones discrepantes ante situaciones extremas, como lo son estos ataques. En su mayoría las víctimas temen por sus empleos, por su reputación e incluso por sus vidas y es por esto que no se acercan a reclamar justicia, esto sin contar la desconfianza que existe hacia los criterios que asumen los órganos jurisdiccionales y el estado en general, pero eso es materia de otra conversación.

A los que no hemos sido víctimas. Nos corresponde abordar esta situación con una menta abierta, dispuesta y consciente de que los tiempos han cambiado y van a seguir cambiando gracias a lo que nosotros hagamos de aquí en adelante y no a lo que hemos venido haciendo desde siempre.

La segunda va relacionada con el tema, pero no en lo específico, sino en el trasfondo de una ideología que venimos arrastrando y que con el crecimiento que el movimiento feminista ha tenido en los últimos años, ha venido a crear inquietud en la población masculina. Vi hace unos días que uno de mis contactos tuiteó algo como: “Desde mi punto de vista está igualmente mal ser feminista que ser machista”. En lo personal este pensamiento me hizo reflexionar durante mucho tiempo, principalmente porque anteriormente compartía la misma idea, hasta que una excompañera de trabajo, que es una enorme y joven impulsora de los derechos de las mujeres, me hizo darme cuenta de la realidad y logró que cambiara mi parecer.

En efecto, en un estado social, en el cual hombres y mujeres pudiéramos desempeñarnos en igualdad de oportunidades, la ideología anteriormente mencionada seria acertada, pero en razón de que ambos géneros no son medidos con la misma vara, ese pensamiento no está bien fundado. El movimiento feminista, busca empoderar a un sector de la población que muchas veces se ve mermado por discriminación y costumbres que vienen arraigadas desde los orígenes de la humanidad, no buscan restar a un sector masculino, sino que debido a que existe una diferencia tan marcada entre el trato que reciben ambos géneros, se busca dar mayor atención, relevancia y esfuerzos a un sector que más lo necesita, como lo debe ser ante cualquier sector vulnerable de la población.

Sería equivalente quejarse porque una asociación de beneficencia brinda apoyos alimenticios a los que no tienen que comer y ésta no da la de la misma forma a los que tienen a manos llenas.

Se trata de poner las cosas en igualdad de condiciones y darle un impulso a un sector de la población que históricamente ha sido puesto en desventaja.

Así pues, debemos ajustarnos, cambiar el chip, como lo mencioné al inicio de este artículo, y darnos cuenta de que una sociedad incluyente, que da la mano en lugar de dar la espalda, en la que las mujeres, al igual que los hombres podamos sentirnos seguros, respetados, comprendidos y escuchados, es justamente lo que necesitamos para acercar a nuestra comunidad y a nuestro país al verdadero progreso social.

#NoFueTuCulpa

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En un clima de luto, el día de ayer acudimos a tomar las calles de Nuevo León para alzar nuestras voces de indignación ante un caso más de feminicidio en nuestro país: el caso de Mara Castilla.

Con los gritos de: “Ninguna agresión sin respuesta, la calle y la noche también son nuestras” “ni una menos, vivas nos queremos” y “Mara hermana, tu muerte será vengada”, mujeres y hombres nos unimos haciendo uso de uno de los mecanismos sociales de defensa de los derechos humanos más comunes: la protesta.

“Las mujeres estamos hartas de vivir con miedo, inseguras del machismo, de la institucionalización de la impunidad”, así leía el cartel que convocaba a una de las marchas que se llevaron a cabo a lo largo del país.

Tomamos las calles para hacer eco de nuestras voces y hacer exigibles nuestros derechos.

Porque no sólo ha sido Mara, son las más de 50 mujeres asesinadas por razones de género en nuestra entidad, es aquella terrible estadística que lanza The Geneva Declaration (2015) estimando que alrededor del mundo suceden 60 mil feminicidios por año, y es la región latinoamericana aquella con las mayores tasas.

Y son aquellas voces silenciadas, víctimas de la violencia machista a las que ya no podemos hacer oídos sordos. La visibilización de los casos es importante para dar a conocer el peso de la problemática, algunos casos han sido más mediáticos que otros (las razones son cuestionables) pero todos igual de importantes, todos igual de dolorosos.

“Queremos que nos dejen de tratar como ciudadanas de segunda clase” comentaba una de las activistas al finalizar la marcha en el centro de Monterrey, Nuevo León.

Necesitamos que las alertas de género se conviertan en mecanismos eficaces y logren trascender su parte discursiva, jueces y fiscales que laboren con perspectiva de género, ciudadanía bien informada que no re victimice a las víctimas, programas y políticas con enfoque de derechos humanos con mayores tintes de prevención y de atención a la capacitación y educación en materia de nuevas masculinidades.

Por último, hablar de estos temas no es moda, las cifras demuestran un escenario adverso para nosotras. Aún hay mucho por hacer: “disculpe las molestias: nos están matando”.

No quieren rosas

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Es que sí da coraje, oigan.

Cada 8 de marzo muchas mujeres y muchos hombres vemos con una mezcla de coraje e impotencia cómo se desvirtúa el Día Internacional de las Mujeres.

Sé que muchas personas lo hacen desde la comodidad de la ignorancia y sin un gramo de malicia, y felicitan a diestra y siniestra a las mujeres: ese día les dan rosas y chocolates y no faltan los padres, tíos o abuelos que comparten mensajes de lo “chulas, hermosas y bellas que son las mujeres”, esos que dicen que son “bellas como las rosas, la cosa más bella que inventó el hombre”, y sobran las mamás, tías y abuelas que comparten mensajes de este día “para celebrar que la mujer es madre y esposa y ese no es trabajo fácil”. Vaya, sabemos que muchas y muchos no lo hacen en mala onda, pero no por eso deja de ser algo que debe de cambiar.




Lo último que muere es la esperanza, y tenemos que seguir hablando de este día, de su importancia, de lo que se conmemora, de lo que nos tiene luchando, de lo que se ha logrado y de lo que falta por lograr. Nunca sabes quién te va a leer, nunca sabes quién te va a escuchar, nunca sabes quién va a aprender algo nuevo… Por eso hay que seguir hablando, con todos los que se pueda, con todos los que se dejen.

Emma Watson tiene senos, y el mundo parece no estar de acuerdo en cómo los usa. Emma ha hecho con su voz lo mejor que se puede hacer cuando se tiene una: prestarla para algo más grande. Y es más común escucharla hablando de los derechos de las mujeres, de educación, del medio ambiente o del derecho a decidir, que hablando de ella. Es feminista y es fantástica. Y ser feminista y fantástica es una forma muy efectiva para hacerse de enemigos.

A los más conservadores no les cae nada bien. Me imagino que les aterra ver a una persona con una influencia abrumadora en niñas y jóvenes (y en un vasto colectivo de hombres que la admiran), hablar acertadamente de los derechos de las mujeres, del aborto, del feminismo… Pero a Emma se le ocurrió hacer una sesión de fotos para una revista enseñando una buena parte de sus senos y hombres y mujeres comenzaron a atacarla, a preguntarse a dónde se fue su feminismo.

Su feminismo sigue exactamente donde siempre ha estado.

Y el 8 de marzo es un buen día para decirle y recordarles a hombres y mujeres, que las mujeres son dueñas absolutas de su cuerpo. Un día como ese es el día perfecto para informarse, educarse y sumarse a la lucha por acabar con las estructuras de poder y las normas sociales que restringen, limitan, reducen o pretenden dictar lo que las mujeres pueden o deben ser o hacer.

Se puede decir que todos crecimos en familias machistas, no vivimos en una generación en la que pueda decirse a la ligera que nuestra familia no lo es o lo fue; eso sería, muy seguramente, una tremenda falsedad. Así que todos tenemos una lucha que librar, cuestionarnos a nosotros mismos y cuestionar a otros, educarnos a nosotros mismos y educar a otros. Con perseverancia y algo de suerte las cosas van a cambiar. Y empezar a cambiarlas en nuestras familias es de lo más efectivo que podríamos hacer.

Ellas se merecen un mundo mejor, todos nos merecemos un mundo mejor. Porque en el mundo de hoy, 1 de 3 mujeres sufrirá un acto de violencia física o sexual durante su vida (ONU, OMS) y en México, el 47% de las mujeres ha sufrido ya algún tipo de violencia (ENDIREH, INEGI 2011).




Queremos pensar que el problema no es tan grande, que no somos un país de África o del Medio Oriente, pero la violencia contra las mujeres desde hace mucho ha encontrado tierra fértil en nuestro estado. Los datos más confiables (del Sistema Nacional de Seguridad Pública) indican que en Chihuahua en el 2012 y 2013 se cometieron más de 1,627 violaciones sexuales; ahora toma un momento y vuelve a hacer números reflexionando que por cada caso denunciado hay uno más que no se denuncia por las consecuencias de estigma y culpabilidad que las autoridades y la sociedad imponen sobre las víctimas. “La violaron por andar con sus falditas“, “es que una tiene que darse a respetar”, expresiones como esas, muy a menudo hechas por mujeres, pegan en el alma.

Durante esos mismos años, en nuestro estado se documentaron 3,892 casos de homicidios a mujeres, y sólo 611 fueron investigados bajo los protocolos de un feminicidio, y apenas el 4% de los casos investigados llegó a una condena -que bien pudo ser absolutoria (OCNF, INMUJERES 2014). Durante los años 2013 y 2014, seis mujeres eran asesinadas en Chihuahua diariamente.

Esa es la violencia que nos las arrebata, la que las desaparece, la que las mata.

Pero hay muchos tipos de violencia y aquella que se construye en la inequidad, no es menos grave.
A nivel mundial, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de estar desempleadas, la tasa de desempleo de los hombres es de 5.5% y de 6.2% para las mujeres (ILO 2016), lo ridículo es que sean más propensas al desempleo cuando a nivel mundial hay más mujeres que hombres que se gradúan de estudios de educación superior.

Y para las que trabajan la cosa está igual de mal (“ya párale Loui, puras malas noticias”), porque la brecha salarial entre hombres y mujeres a nivel mundial continúa en un promedio del 23% (ILO 2016). Es decir que las mujeres ganan el 77% de lo que gana un hombre en el mismo puesto sólo por el hecho de ser mujer. Los estudios indican que, si las tendencias actuales se mantienen, nos tomará 70 años corregir y eliminar esta brecha de salarios… Y eso es inaceptable.




Este año puedes hacer el compromiso de hacer pequeñas grandes acciones para sumarte a esta lucha, no sólo el 8 de marzo, sino para siempre. Sólo son algunas y me las robé del sitio: internationalwomensday.com

– Cuestiona paneles o grupos formados por puros hombres
– Haz notar cuando se está usando lenguaje excluyente
– Desafía los estereotipos
– Alza la voz cuando se excluye a las mujeres
– Monitorea la brecha salarial entre hombres y mujeres
– Educa a los jóvenes sobre relaciones positivas
– Confronta a aquellos que justifican a violadores y culpan a las víctimas
– Dona a grupos luchando contra la violencia sexual
– Siempre denuncia actos de violencia
– Apoya campañas para prevenir la violencia
– Reconoce y corrige cuando hay situaciones de control o coerción

Es agotador. No nos queda más que admirar a aquellas y aquellos que dedican 20,000 horas de su día a esta batalla. Todas esas personas que trabajan por los derechos de las mujeres no sólo el 8 de marzo, sino cada día de su vida. Pero todas y todos podemos hacer pequeñas cosas que hagan de esta lucha una que se puede ganar.

No quieren rosas, ni chocolates. Quieren respeto, libertad, igualdad, derecho a decidir, maternidad saludable, empleo digno, paga equitativa, seguridad… Y como Emma, que entiendas, que entendamos que son dueñas de su cuerpo y pueden enseñar o no los senos, cuando les dé la gana.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

#8M: ¿Para Qué?

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I.PAN Y ROSAS

A mediados del siglo XIX, se vivía una época donde las mujeres se incorporaban a la producción, cada vez más. Entre roles y estereotipos, se abrieron paso al mundo laboral, dominado por los hombres.

Hace 160 años, el día 8 de marzo de 1857, 40 mil obreras huelguistas marcharon por las calles de la ciudad de Nueva York, hacia el parque Washington Square. Entre insultos y chiflidos, costureras de la compañía Lower East Side marcharon, protestando por las terribles condiciones de trabajo en las que las tenían sus patrones: salarios minúsculos, prestaciones nulas y jornadas de más de 12 horas.

Las costureras de Lower East Side no iban a permitir que las pisotearan sólo por ser mujeres, ya que los hombres la tenían mucho mejor que ellas (los salarios de ellas eran entre un 60% y un 70% menor al de ellos[1]).




Al llegar a Washington Square, llamaron la atención de las costureras que se encontraban en la fábrica Cotton Textile, quienes, al igual que las de Lower East Side, eran abusadas laboralmente. Alrededor de 120 a 150 costureras de esta fábrica (no hay certeza sobre este dato numérico), quisieron declararse también en huelga y unirse a la marcha de sus compañeras. Al percatarse de la incitación en sus obreras, el dueño de Cotton Textile ordenó que cerraran las puertas de la fábrica, imposibilitándolas de asistir a la marcha y obligándolas a seguir produciendo.[2]

A la fecha, no se sabe a ciencia cierta si lo que siguió fue por orden del dueño de Cotton Textile, pero hubo un incendio provocado en la fábrica que acabó con la vida de las costureras. Su delito, querer exigir igualdad. Su consecuencia, la pérdida de la vida de una de las formas más atroces: las quemaron vivas.[3]

Éste fue el primer antecedente del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que después se nombraría también como Día Internacional de la Mujer, nada más, por la Organización de las Naciones Unidas en 1975.

Pero no fue ni la primera ni la última vez en que las mujeres trabajadoras se organizaron para luchar por sus derechos. 51 años después, también en marzo, 15 mil costureras se movilizaron en la misma ciudad bajo la consigna “¡Pan y rosas!”, para exigir mejor paga, una jornada más humana y prestaciones sociales, así como el fin del trabajo infantil y el derecho al sufragio.[4]

La lucha de las mujeres nació de las obreras. Éstos son algunos antecedentes (por supuesto que no los primeros) del movimiento feminista.

II.MUCHAS GRACIAS, PERO…

Hace seis días se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Era de esperarse que el 8 de marzo iba a estar plagado de videos, columnas, artículos y mensajes de Whatsapp machistas, así como de valientes intentos de feministas por contestar a ese incansable intento del patriarcado por conquistar nuestros espacios.

Después del breve recuento histórico, queda claro por qué las feministas decimos que el Día de la Mujer es un día que se conmemora y no se celebra. Pero, ¿por qué pedimos que no nos feliciten?

Se agradece el gesto, pero muchas veces las personas desconocen la raíz de su felicitación. Que se nos festeje el hecho de “ser mujer” tiene varios problemas de fondo.

Primeramente, reproduce la idea de que sólo hay un tipo de mujer, lo cual es excluyente para las demás. Ésto es un problema análogo al que generó el Frente Na(z)ional por la Familia, que “defiende” (¿de quién?) un único tipo de familia, excluyendo a las que no encajan en ese modelo tradicional (y eso que las familias no tradicionales son, en conjunto, mayoría en México; pero ese es otro tema[5]).

Generalmente, cuando pensamos en “mujer” pensamos en el arquetipo de la mujer tradicional[6], con estereotipos y roles de género. Por ello, lo mejor es hablar de “las mujeres”. Así, en plural.

En segundo lugar, la felicitación por ser madres, esposas, hermanas, hijas y novias continúa perpetuando la idea de las mujeres únicamente en función de su relación con hombres y no como seres independientes y autónomos.

Este problema es preocupante, ya que se ha incursionado incluso en el pensamiento de los hombres progres que se autodenominan feministas, pero que no lo son:  “yo soy feminista, porque tengo madre/esposa/hija.”

¿Por qué son incorrectas este tipo de consignas? Porque reproducen la idea de que nosotras sólo merecemos respeto e igualdad de derechos porque funcionamos a un hombre. Ésto no tiene nada de feminista. No deben de luchar por los derechos de las mujeres y respetarnos porque somos sus hermanas o novias, hay que hacerlo porque también somos seres humanos.

Lo que me lleva al tercer punto: hay que luchar, no celebrar. Felicitarnos el 8 de marzo invisibiliza una fecha que conmemora un hecho político, volviéndola algo vacío. Un hombre feminista[7] no invisibiliza nuestro movimiento, sino que, en la medida de lo posible, cede sus espacios a éste, habla con los demás hombres sobre sus privilegios y llama la atención cuando uno de sus amigos dice algún comentario misógino. Un hombre feminista no felicita a las mujeres en “su día”, sino que se une al movimiento por la igualdad de derechos de todas las personas.

 

III. FEMINISMO(S): AYER Y HOY

A todo ésto, cabe preguntarse: ¿qué es el feminismo? En una definición básica y general del concepto, el feminismo es un movimiento heterogéneo que busca alcanzar la igualdad de género. Es heterogéneo porque hay muchos feminismos, muchas formas de analizar la opresión y luchar por la igualdad. Por ello es que, generalmente, hablamos de feminismos, en plural.

Pero todos los feminismos tienen (por lo menos) dos puntos en común: 1. existe un sistema patriarcal que ha vulnerabilizado y oprimido a las mujeres; y 2. tenemos que hacer algo para erradicar esa situación. Cabe citarse: “una de las pocas cosas en las que todos los feminismos coinciden es que se trata siempre de una teoría crítica. Una teoría que trata de pensar desde los márgenes, de buscar alternativas, de transformar una realidad social que nos enoja e indigna.”[8] Es a estos principios comunes a los que nos referimos cuando hablamos de feminismo, en singular.

El 8 de marzo abundó la doble moral de ciertos hombres: felicitaron a las mujeres, pero criticaron el feminismo (sin conocerlo, obvio). Muchas instituciones y medios de comunicación compartieron videos dándole difusión al movimiento feminista y conmemorando el Día de la Mujer.

Los trolls no tardaron en aparecer. Repetían una y otra vez las mismas críticas: “las feministas de hoy son un chiste, no como las verdaderas feministas de antes”, “el feminismo ya no es necesario”, “las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres, o más”, etcétera.

Quiero desmentir estas tres típicas frases que dicen ciertos hombres para desacreditar el movimiento – y que únicamente prueban su desconocimiento en el tema.

¿A qué se refieren los trolls con “las feministas de antes”? Generalmente, la mayoría se refiere a las feministas de la Primera Ola (en la versión americana de la historia oficialista del feminismo, misma que es la equivalente a la Segunda Ola en la versión europea)[9], es decir, a las sufragistas.




Las personas que dicen este tipo de cosas, piensan que las únicas pugnas válidas de las mujeres son las de los derechos civiles y políticos. Piensan que las mujeres que hoy pugnamos por la erradicación de la cultura de la violación[10] y por un feminismo más incluyente (interseccional[11]), peleamos contra algo que no existe y que ya no es necesario. Ésto resulta irreflexivo, pues que haya igualdad formal (a nivel constitucional) no significa que haya igualdad sustantiva.

Además, como todo movimiento ideológico y social, el feminismo ha evolucionado. Lo que comenzó como feminismo blanco, hoy ya no es aceptable entre las feministas por ser racista y trans-exclusivo. A base de prueba y error, las feministas hemos construido nuestro movimiento – por lo que, obviamente, (casi) nada se parecen el feminismo blanco y el feminismo interseccional, por ejemplo. Ésto no es un problema, sino todo lo contrario.

Ahora bien, la lucha desde y para las mujeres sigue teniendo vigor. Hoy, en México:

  • El 65% del trabajo total de las mujeres, se integra por labores no remuneradas en el hogar;[12]
  • La brecha salarial de género tardará por lo menos otros 156 años en cerrarse;[13]
  • 81 de cada 100 víctimas de violencia sexual son mujeres;[14]
  • Sólo se consigna al 1% de los agresores sexuales (siendo que el 90.5% son hombres);[15]
  • El 93% de las mujeres víctimas de violencia de pareja no recibió ayuda médica o psicológica alguna;[16]
  • 1.4 millones de mujeres sufren acoso sexual en el trabajo (ésto, sin contar la cifra negra de 99.7%);[17]
  • Sólo 11 mujeres han sido Ministras en toda la historia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación;[18]
  • Sólo 7 mujeres han sido Gobernadoras de entidades federativas – y una de ellas fue solamente por interinato;[19]
  • Hemos tenido 0 mujeres como Presidente de la República; y
  • Hay 7.2 feminicidios al día.[20]

Los datos no mienten: la violencia contra las mujeres no es cosa del siglo pasado, como los anti-feministas se empeñan en desinformar. La violencia de género, en sus múltiples facetas, se da aquí y ahora.

Nos queda mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad de género; aunque, incluso si ya la hubiéramos alcanzado, valdría la pena seguir luchando: hay que seguir luchando para no retroceder.

Hace aproximadamente un mes, el Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, despenalizó la violencia doméstica en su país (siempre que el agresor no reincida en un periodo de un año y no ocasione lesiones mayores a la víctima).

Hace aproximadamente dos meses, Donald Trump, un (presunto) acosador serial, tomó protesta como Presidente de los Estados Unidos de América. Hace dos días, en Guatemala, murieron quemadas 39 niñas – y contando – en un albergue para víctimas de violencia doméstica, cuando protestaban por las agresiones sexuales en dicho lugar.  Estos acontecimientos son prueba de que cuando creemos que hemos conquistado una causa, es cuando más debemos de combatir para mantenerla. Por ello, nunca será absurdo hablar de feminismo.




Es por todo lo anterior que, en fechas como el 8 de marzo, las mujeres intentamos visibilizar las violencias diarias de la que somos víctimas.

El Día Internacional de la Mujer existe para conmemorar las luchas feministas – como la de las costureras de la fábrica Cotton Textile –, no para celebrar. El 8 de marzo es un día para recordar que aún no hemos alcanzado la igualdad y para inspirarnos a seguir peleando por ella.

 

 

[1] González, Elena. Historia del 8 de marzo: Día Internacional de la Mujer. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/blog-egonzalez-8m>.

[2] Ulloa Ziáurriz, Teresa. 8 de marzo: Un Día de Lucha por los Derechos de las Mujeres. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/8m-cimac>.

[3] Centro de Documentación del Inmujeres. Antecedentes del 8 de marzo de 1857. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/cedoc-inmujeres-08031857>.

[4] Ulloa Ziáurriz, Teresa. Op. cit.

[5] Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Boletín de prensa 038/2016: Pronunciamiento del Conapred sobre el matrimonio igualitario. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/conapred-0382016>.

[6] Guil Bozal, Ana. El papel de los arquetipos en los actuales estereotipos sobre la mujer. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/arquet-mujeres>.

[7] Soy una feminista que piensa que los hombres sí pueden ser feministas, pero reconozco que hay algunos feminismos que consideran que no pueden serlo, sino que únicamente pueden ser aliados. Esta última también es una postura válida. Para mí, un hombre feminista es un hombre que reflexiona sobre sus privilegios y busca renunciar a ellos, dándoles su espacio a las mujeres, reconociendo su movimiento y abogando por sus derechos. Sobre este tema, recomiendo leer este artículo: Utt, Jamie; McCrayer, Jenika. Can Men Be Feminists? And 9 Other FAQs We Often Get from Men. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/feminist-men>. Si les interesa un contenido más detallado, recomiendo leer Men and Feminism: Seal Studies, libro de Shira Tarrant.

[8] Flores Garrido, Natalia. Feminismos, en plural. Disponible en línea: <http://distintaslatitudes.net/feminismos-en-plural>.

[9] Para conocer más de la historia oficialista (europea) del feminismo, recomiendo leer el libro Feminismo para principiantes, de Nuria Varela.

[10] Aquí desarrollo un poco más este tema: <http://tinyurl.com/blog-msv-cdv>.

[11] Recomiendo leer este artículo: Uwujaren, Jarune; Utt, Jamie. Why Our Feminism Must Be Intersectional (And 3 Ways to Practice It). Disponible en línea: <http://tinyurl.com/intersecc-fem>.

[12] Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Mujer, 2016. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/est-8m-2016inegi>.

[13] Foro Económico Mundial. Informe Global de la Brecha Salarial de Género, 2016. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/genderpaygap-wef>.

[14] Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Primer Diagnóstico sobre la Atención de la Violencia Sexual en México, 2015. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/ceav2015-violenciasexual>.

[15] Ibídem.

[16] López Barajas, María de la Paz. Violencia contra las mujeres en México: tendencias actuales. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/VCM-mex-tendencias>.

[17] Ramírez, Gabriela. Reportaje especial: Víctimas de hostigamiento sexual a la deriva. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/acosolaboral-997>.

[18] Martínez Rivas, Julio. La historia de las mujeres en la Suprema Corte. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/mujeres-scjn>.

[19] Milenio Digital. Las gobernadoras que ha tenido México. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/gobernadoras-milenio>.

[20] ONU Mujeres. La violencia feminicida en méxico, aproximaciones y tendencias 1985-2014. Disponible en línea: <http://tinyurl.com/onumujeres-2014>.

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Feminismo: Un beneficio para la mujer

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Si de algo me he dado cuenta últimamente, es que la sociedad hoy en día no entiende el significado de feminismo, entonces he decidido hoy explicarlo.

Para comenzar, el feminismo NO es un antonimo del machismo. Este malentendido se ha desarrollado debido a que las personas no saben que es el feminismo y lo confunden con la misandria o el hembrismo

Ahora bien, se tienen que entender los diferentes significados de estas palabras para saber bien de que se está hablando con cada término. La misandria es el odio de la mujer al hombre y el hembrismo es la analogía del machismo. El feminismo NO se conecta de ninguna forma con cualquiera de los términos anteriormente mencionados, este es la lucha por la equidad entre ambos géneros, tanto en el ámbito privado como en el público.

El feminismo no es que una mujer pueda tener pelo en las axilas y que un hombre pueda llorar. El feminismo es el movimiento para que las mujeres tengan los mismos beneficios que los hombres.

Por beneficios me refiero a: el sueldo que reciben, la cantidad de opciones de trabajo, las opciones para subir de puesto en un trabajo, el hecho de que no se les cuestione la razón por la cual trabajan y no están en casa con sus hijos, no ser hostigados con el rol de tener un hijo, poder caminar en la noche sin preocupaciones y no tener miedo de tomar unas copas de más en un lugar público. Entonces sí, el feminismo busca beneficiar a la mujer pero no más que a un hombre, sino darles las mismas oportunidades que tienen ante la sociedad.

Entonces, si después de saber la diferencia de términos que existen y aún no te consideras a ti mismo como feminista, lamento decirte que estas negándole a una persona su derecho humano de igualdad.




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Hoy seguimos luchando contra las felicitaciones

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El 8 de marzo se conmemoró el Día internacional de la mujer. Pareciera que la situación en la que el sistema nos obliga a vivir como mujeres es bastante conocida, o eso pensé hasta el miércoles que me topé con las tradicionales felicitaciones por ser “mi día”, lo más sorprendente es que éstas fueron por parte de personas o instituciones que considero deben tener conocimiento de la causa por la que se conmemora.

Hoy seguimos luchando porque nuestros derechos sean tomados en cuenta, hoy seguimos luchando por desvincularnos del concepto “grupo en situación de vulnerabilidad” como se puede denominar por las instituciones de Derechos Humanos.

Estamos en esa “situación” porque el sistema nos obliga a vivir permanentemente ahí, nos reprime y nos mata. Hoy seguimos luchando contra la normalización de actitudes machistas. Estas actitudes también nos matan.

Felicitarnos es una muestra más de como el patriarcado ha logrado apoderarse e invisibilizar una fecha tan relevante para nosotras y convertirla en algo comercial, sin trascendencia y vacío. Hoy aparte de luchar contra la discriminación, la igualdad de oportunidades laborales y de sueldos, luchamos por que no nos maten. Luchamos por una vida libre y digna. Luchamos por salir de la situación en la que el sistema nos metió.




Hoy sigo luchando porque no tenemos ningún lugar seguro para nosotras, porque en México mueren 6 mujeres cada día de las cuales el 44% fueron asesinadas por su cónyuge o esposo. Entre 2012 y 2015, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalaron tener conocimiento de 10 mil 203 homicidios de mujeres en todo el país.

Hoy lucho porque la violencia machista que existe en mi país como en muchos latinoamericanos es perpetuada por el sistema en el que vivimos, porque nuestras instituciones se niegan a reconocer la violencia que sufrimos, porque el machismo logro permearnos. Las felicitaciones por el día son una muestra más sobre porque debemos seguir en la lucha.

Hoy estoy luchando porque ser mujer te vuelve vulnerable. Hoy lucho porque quiero vivir libre y segura, sin miedos ni ataduras a un sistema que no me dejo escoger. Un sistema que me obliga a luchar para salir de la situación en la que me pusieron.




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Qué tonto y absurdo el Día de la Mujer

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El 8 de marzo revisaba mi Facebook, el cual estaba inundado de publicaciones en torno al Día Internacional de la Mujer. Me encontré con un video publicado por el diario El País, en el cual presentaban frases machistas, las frases tan cotidianas y tan parte de un lenguaje sexista, que no me sorprendieron como los comentarios publicados por otros usuarios.

Me di a la tarea de leer muchos comentarios, quizá más de los que debía, pero callé y no les contesté.  Hoy me tomaré la libertad de responder a algunos de ellos en este espacio; esto es para Juan, Nicolás, Milton y Eli  pero también a muchas otras personas que quizá piensan igual que ellos. Te comparto sus comentarios y lo que me hubiera gustado responderles.




Juan Henares: “La norma es no hablar de los problemas del hombre porque no está de moda”.

Juan, no te negaré que hablar de feminismo, del empoderamiento de la mujer y el #girlpower está de moda. Emma Watson habla de esto, Beyonce lo canta y Lena Dunham actúa y produce una serie protagonizada por mujeres.

Los organismos internacionales y los gobiernos han optado por la institucionalización del feminismo y del género. Es común escuchar sobre la transversalización y la perspectiva de género, aunque no precisamente ha sido llevada a la práctica.

Juan, el movimiento feminista tiene años existiendo e intentando incluir el tema en la agenda internacional, la norma ha sido no hablar de nuestros problemas porque no eran considerados importantes, ahora que son un poco más visibles ya te han cansado.

Imagina lo cansado que ha sido vivir años de opresión sin acceso a los mismos derechos que los hombres y todo justificado en una simple diferencia sexual. ¡Eso sí que es pesado!

Pd. Existe un Día Internacional del Hombre (19 de Noviembre), pero no te preocupes fuera del 8 de marzo tienes otros 364 días para concentrar tu atención en los asuntos de los hombres.

Nicolas Blazicevic: “El feminismo es una creación del imperio para disolver la familia, desestabilizar poblaciones… pero como todo lo malo tiene un final, ya se está terminando, con los nuevos mandatarios mundiales no creo haya lugar para este nefasto movimiento”.

No Nico, el feminismo no quiere destruir nada, lo que sí destruye familias es la violencia machista y las feministas luchamos contra ella. El feminismo tampoco quiere desestabilizar poblaciones, sino construir espacios y diálogos que generen reflexiones antipatriacarles que permitan la liberación de mujeres y hombres de los sistemas de opresión (clasismo, racismo y género).

Pd. El fin del feminismo no está cerca, de hecho este Día internacional de la mujer pasará a la historia por el reclamo de mujeres en más de 50 países a través del paro y movilización de mujeres.

Milton Cesar, “Las mujeres quieren banca en diputados, puestos políticos, en directorios de empresas etc etc…Pero nunca se les ve motivadas en pedir vacantes femeninas para ser albañil, para ser recolectora de residuos, para trabajar de mineras…Eso es igualdad?”

Milton gracias por decirnos que queremos y que no nos motiva como mujeres, sobre todo porque sólo hay un tipo de mujer. Te explico, por increíble que parezca hoy en día hay 155 países (Banco Mundial,2015) que restringen el trabajo que las mujeres pueden desempeñar; por ejemplo en algunos lugares no pueden trabajar después de que obscurezca, ni operar maquinaria pesada o conducir un tractor agrícola.

Desafortunadamente muchos de los trabajos que están restringidos a las mujeres están en industrias o sectores que son muy bien pagados; esto significa que las mujeres ocupan con mayor regularidad empleos de menor estatus y paga a comparación de los hombres.

Como resultado, estas mujeres tienen acceso a un ingreso menos significativo que el de los hombres, lo cual afecta la economía de las familias sustentadas por mujeres y sus oportunidades de progreso profesional. Creo que esto tampoco es igualdad y te pregunto ahora yo a ti ¿Quisieras ser mujer y que tu trabajo sea peor remunerado por el simple hecho de ser mujer? Yo creo que no.

Eli Eli “Que tonto y absurdo video…solo más quejas e inconformismo feminista”.

Eli lo tonto y lo absurdo es que después de años de lucha feminista tengamos que seguir luchando contra los roles tradicionales asignados a las mujeres, que seamos el sexo que tiene menor acceso a la educación y más obstáculos en el desarrollo profesional, el sexo que sufre más los efectos de los desastres naturales y los conflictos armados y sobre todo el sexo que tiene más probabilidades de ser víctima de violencia física, sexual y/o psicológica (aunque también simbólica, patrimonial y económica).

Qué absurdo que nos sintamos inseguras al caminar por las calles, temerosos al viajar solas o incomodas por vestir una falda y todo porque el acoso sexual y callejero son una realidad.

Centrar la atención en las mujeres y hablar de feminismo sigue incomodando. No falta quien no entienda “de qué tanto se quejan las mujeres si ya votan, ya trabajan y hasta tienen un día de la mujer”. Se considera al feminismo se considera radical, exagerado y anticuado porque después de todo “las mujeres ya son iguales”.




Después de todo el feminismo nunca ha partido de un lugar cómodo, la feminista María Galindo nos recuerda que parte de la impugnación, la subversión y el cuestionamiento del sistema. Ser feminista no es ni ha sido fácil, pues es más que pronunciarte a favor de la igualdad de género, es dudar, reflexionar y desaprender la vida como la has vivido y eso es incómodo. ______________________________

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¿Qué nos dejó el 8 de marzo?

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En el Día Internacional de la Mujer, se conmemora la lucha por la cual hemos transitado las mujeres para el reconocimiento de nuestros derechos. Es un día que te invita a reflexionar, debatir y denunciar los problema actuales a los que nos enfrentamos diariamente. Justamente, mí 8 de marzo lo conmemore de esa forma: reflexionado.

Les comparto mis reflexiones entorno al Día Internacional de la Mujer:

En primer lugar, la frase: “feliz día de la mujer”. ¿Por qué me debería sentir feliz?. Me pregunté, insistentemente. De verdad, todavía no comprendo por qué debo sentirme feliz, es pleno 2017 y aún tenemos que marchar/luchar/exigir derechos. Otra frase, que me retumbó fue: “feliz día  a ti mujer, por ser esposa, madre, hija, hermana.” En serio, ¿siempre tenemos que ser objeto de alguien más?. Al parecer, por el contenido de esos mensajes, las mujeres siempre “funcionamos” para otra persona.

En segundo lugar, es evidente la desinformación que existe respecto a las verdaderas razones por las cuales se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. De nuevo, la sociedad invisibiliza la causas reales y la disfraza de romanticismo barato.

El Día Internacional de la Mujer nació por diversos acontecimientos históricos. Por un lado, la huelga de trabajadoras 1857 en Nueva York; el trágico incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist en 1911, en donde murieron más de 140 mujeres; la defensa y exigencia constante de mejores condiciones laborales.  Por el otro, la movilización de las sufragistas por los derechos político-electorales.[1]




El 8 de marzo se instauró como un día para conmemorar la lucha feminista. Recordamos a todas las mujeres que han defendido y luchado por los derechos que en la actualidad nosotras gozamos. Es un día, dedicado a generar espacios para la manifestación de nuestras ideas. ¿Qué derechos nos faltan revindicar?. Repensar cuáles son los problemas que nos aquejan hoy en día (obstáculos reales).

De lo anterior, parte mi tercera reflexión: ¿Cuáles son las pugnas que tenemos que continuar? Es cierto, en el ámbito jurídico hemos ganando terreno, en la ley se goza de igualdad ante el hombre, pero ¿poder ejercitar nuestros derechos en verdaderas condiciones de igualdad?.

La desigualdad de género no esta plasmada en el texto jurídico, la desigualdad de género esta plasmada en la realidad social. Los problemas de género no se encuentran en la ley, se encuentran impregnados en las construcciones sociales, en los papeles que nos obligan a desarrollar <<por ser mujeres>>. Nuestros derechos reconocidos constitucional e internacionalmente, en la práctica son inaccesible y poco efectivos. Seguimos condicionadas por nuestro género.

Creo innecesario poner cifras, 45% mujeres actualmente sufren o han sufrido violencia (desde niñas); 5 mujeres mueren a diario (sólo por ser mujeres); en Nuevo León se activó la alerta contra la violencia de género; también persisten cuestiones en el ámbito laboral, en donde las mujeres seguimos ganando menos; o el no reconocido trabajo de cuidado que nos “tocó” realizar.

La violencia y desigualdad de género persisten, las brechas sociales persisten. No me cansare de decirlo. La lucha continua y no únicamente por el reconocimiento de nuestros derechos, sino también por el libre acceso de ellos. Hasta que no exista desigualdad en todos sus ámbitos y expresiones.

Mi última reflexión, es la que más me ha pesado en todo el día. El miedo de algunos hombres por el empoderamiento de las mujeres (reconozco a los que se unen a la lucha). Es increíble, escuchar a hombres “sedientos de supuesta igualdad” inconformados por el Día Internacional de la Mujer.

Estas son algunas de sus frases que me tocaron presenciar: “quieren igualdad, tener un día especial, no es ser iguales”;por qué no existe un Día Internacional del Hombre” (sí existe); “las mujeres ya están igual que los hombres, no necesitan más derechos”; “al rato la balanza se va a invertir las mujeres van a querer tener el poder”. Los mismos argumentos infundados que año tras año nos toca escuchar.




La última frase fue la que me causó más impacto. Los hombres tiene miedo de perder su poder. Las aportaciones de muchos, consistentes en críticas destructivas y mal informadas, pareciera como si estuvieran intimidados por el feminismo. Pienso, que mucha de esa crítica solamente detona un desconocimiento total de lo qué realmente es el feminismo.

Afecta gravemente  al movimiento que muchas personas no están abiertas al debate, y su argumentación sobre las condiciones actuales de las mujeres, esta basada únicamente en su contexto (obviamente privilegiado). Considero, que debemos de trabajar en conjunto para la construcción sólida de ideas igualitarias.

Debemos reflexionar sobre nuestras construcciones sociales, la prácticas comunes que realizamos y las razones por las cuáles las implementamos. Reflexionar sobre la violencia en todos sus contextos y formas. Nuestro parámetro de medición no puede ser nuestra propia realidad, no es suficiente. Tenemos que empezar abrir el diálogo, creando espacios donde todas las personas quepamos.

Para finalizar, me gustaría cerrar con una frase de Chimamanda Ngozi Adichie:

“Algunas personas preguntan: ¿Por qué la palabra feminista? ¿Por qué no sólo dices que crees en los derechos humanos, o algo así? Porque sería deshonesto. El feminismo es, por supuesto, parte de los derechos humanos en general, pero elegir la vaga expresión derechos humanos sería negar que existe un problema de género específico. Sería una forma de pretender que no fueron las mujeres la que, durante siglos, han sido excluidas. Seria como negar que el problema de género tiene como blanco a la mujeres”

[1] Les recomiendo leer la columna “Felicitar a las mujeres en su “su día” de Regina Larrea Maccise. Considero que su contenido sigue vigente. Disponible en: http://redaccion.nexos.com.mx/?p=4676

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