#PulsoUrbano: “¿Ciclovías?”

En esta ciudad del norte del país eso es casi como invocar al “Diablo”. Hasta los que se supone que son técnicos -hasta “egresamos de Harvard” o qué han vivido en París- y que han pasado por las oficinas de Desarrollo Urbano están en contra. Pregunta o excusa que no sólo le escuchará al taquero -sin menospreciar a los taqueros que tienen una de las mejores profesiones del mundo-: “pero, ¿y el clima?”.

Me ha tocado escuchar todos los pretextos empezando por nuestros 45 grados al sol en verano, “Monterrey no es para andar en bici”, “no hay espacio” y otra serie más que mejor no escribo porque si vives aquí, ya te los sabes. Aunque tampoco es para menos ni hay que minimizarlos porque sí, técnicamente, es un reto eso del clima para cualquier proyecto de obra pública… Pero algunos se instalan en el problema como justificación y no como solución.

Ya alguna vez lo intentó el Municipio de San Pedro Garza García y sin éxito. Lamentablemente, la sociedad civil que avaló ese proyecto en sus inicios, así como organismos internacionales que dieron asesoría (gratuita o no) se “lavaron las manos” echándole a la administración pública de aquel entonces toda la responsabilidad. Que además, últimamente, es casi “metodología”. Claro, en México es común que “pierden” algunos en individual, pero ganamos todos en plural.

La proeza mal planeada y ejecutada en San Pedro -que tampoco vamos a eximir a quienes sí deben rendir cuentas de su responsabilidad legal- tuvo consecuencias desastrosas. Un veto que no sólo provocó que hasta organismos internacionales sepultaran de sus reportes los kilómetros de ciclovías de esa zona, sino un silencio absoluto cuando se toca el tema, ¿quién quiere fletarse en soledad un reto de tal magnitud para ofrecer a la ciudad otra forma de movilidad mucho más sustentable ante la cultura regiomontana que tiene por Dios a los autos? Seamos honestos. Nadie en sus 5 sentidos. Es más, no nos atrevamos a sacar el tema entre los que habitamos la Colonia Del Valle porque arde Troya en coraje nomás de recordar que fueron más de 10 millones de pesos sin resultados. Así y se tengan documentos valiosos como el BICIPLAN que generó el Gobierno del Estado de Nuevo León o la inclusión de esta movilidad urbana en algunos proyectos de las Alcaldías, a pesar de los golpeteos mediáticos que genera la sociedad civil que lo sustenta, hoy son pocos los convencidos de que ésta pueda ser una realidad práctica, factible y medible en resultados para la ciudad.

¿Estamos entonces ante una parálisis? No. Lo dudo, porque ante la Nueva Agenda Urbana generada por ONU-Hábitat, los cambios en la Reforma Urbana y otros que deben derivarse de ésta en las entidades del país así como la crisis ambiental y económica que está sacando hasta del transporte público a las personas más pobres, esto de la bicicleta y su infraestructura serán la opción para las ciudades del futuro. No la única, pero sí una de las que son clave.

Lo menos es el debate sobre dónde deben ir las ciclovías que se ha generado a partir de que el bien intencionado Humberto Torres, Secretario de Desarrollo Sustentable del Estado, haya comunicado que esta infraestructura puede ir sobre la banqueta… Se ha armado un ir y venir de opiniones que lo único que están logrando es frenar aún más las posibilidades.

Aunque nos quemen en “leña verde” considero que ante esta decisión histórica que pocos podrían atreverse a decidir, hoy no se trata de cuestionar si se puede o no la infraestructura ciclista. Es que tiene que ser y punto. No hay discusión.

Si es arriba de la banqueta (que, además, le aclaro que el concepto de banqueta está por desaparecer para cambiar por “calle completa” en un futuro que espero sea más cercano y una visión ampliada de cómo compartir y organizar el espacio público) o debajo de ella, tenemos que adaptarnos para hacer que suceda.

No es capricho. No es opcional. No es tampoco hacer la Ciudad para los activistas. Es que tenemos que hacer que suceda y para eso habrá que ceder. Porque en los detalles, los manuales no funcionan ni las fórmulas salidas de una fotografía de Ámsterdam. Tenemos que concretar un proyecto de ciclovías viable para la ciudad… Que sí se puede que sea arriba de la banqueta. Incluso, hay ciudades que lo han hecho así y no se “acaba el mundo”. Como técnica de la materia sabemos que eso es posible y que es la deuda pendiente. Sin embargo, la pregunta es más profunda que sólo poner opciones dicotómicas de dónde “debe” ir… Tiene que ver con el compromiso y la responsabilidad pública de dejar atrás el miedo, las amargas experiencias y comenzar de nuevo a replantearnos la infraestructura ciclista que dicho sea de paso no se reduce única y exclusivamente a ciclovías.

#PulsoUrbano: “No hay ríos secos…”

El Río Santa Catarina que divide en dos a la urbe regiomontana tiene exceso de atención. Esto, considerando que no es no es el único Río y que lleva años en el abandono, incluso antes del huracán Alex y después, obviamente, aunque se supone que personas van y vienen con la intención de rehabilitarlo.

¿Re-a-qué? Lo que leyó. En Monterrey, como en otras ciudades de América Latina, los ríos no son tema hasta que “afectan” el modus vivendi de habitantes que se acostumbraron a modelos de ciudad que le dieron la espalda a sus rios.

Y, por supuesto, ante cada imprevisto natural, al menos éste desde 2010, sigue en ese abandono sistemático de no tomar en cuenta el elemento de la vida que contiene un río: el agua.

De hecho, de ser un “canal” de canchas privadas de futbol (también leyó bien: canchas privadas de futbol), sin la intervención de nadie, ha tomado su cause como lo que es: un río. Qué estrictamente “es una corriente natural de agua que fluye con continuidad”, según Wikipedia.

Por tanto, hoy tenemos cientos de documentos visuales y gráficos que son sólo una pequeña muestra de lo que vive en ese río que para nada está seco: aves, árboles, peces, plantas, etc.

Es usual que, incluso, en tomas áreas podamos ver la conjunción de agua y “verde” que se presenta.

Sin embargo, vaya usted a saber si por necesidades (o necedades) políticas quieran desempolvar este tema que quisiéramos que más que moverle, mejor aprovecháramos el contorno del cause natural para otros temas pendientes en su contorno hasta el momento intocable más que por las vialidades, como la movilidad urbana sustentable, por ejemplo.

Pero bueno, tal parece que está “de moda”, pocos saben qué le acomoda de esa moda y ahora todos van a limpiarlo. No sé si se den cuenta de que limpiarlo no sirve de demasiado si la gente sigue tirándole basura indiscriminadamente y los tomadores de decisión de todos los niveles de gobierno o lo ven como un sobrante de la Ciudad o como un botín de votos o de a ver quién obtiene más likes de Facebook

Lo cierto es que para comprometerse con el río y todo lo que eso implica tendríamos que hacer algo más que limpiar o llevar a consulta con un “sí” o “no” tan simple y somero.

Comenzar a darle a todos los ríos (no sólo a este) la atención que necesitan para verlos como pieza clave del entramado urbano y diseño de la Ciudad como de la vida social y económica, por supuesto, ecológica, que representa.

Esta mañana conversando con dos mexicanos deportados de Estados Unidos me enteré que al Río Santa Catarina también lo usan para dormir y bañarse… Vaya, el río está cumpliendo con su función civilizatoria por excelencia: Hacer la Ciudad a partir de necesidades y demandas.

Sí, los ríos son algo mucho más complejo que sólo infraestructura o pensar que están “secos” o creer en la estupidez que se “regeneran” con canchas que salen de planos “bonitos”. Algo está en juego y no es el río, sino el agua y con ésta la civilización.

#PulsoUrbano: “Mitos urbanos (Parte III)”

Hablemos de hábitos. En las columnas anteriores nos concentramos en algunos mitos de la planeación urbana, el mercado e infraestructura. Pero, ¿qué pasaría si viviéramos en la Ciudad de nuestros sueños y resulta que un día “por obra y gracia” tenemos la mejor infraestructura, planeación urbana y un mercado activo hacia la construcción de ciudades de escala humana? Imaginemos…

Difícilmente esa ciudad podría ser sostenida en el tiempo si no cambiamos nuestros hábitos urbanos. Eso no quiere decir que todo el cambio esté en uno, pero sí que necesitamos hacernos corresponsables desde nuestros ámbitos privados como la familia, la escuela o las empresas para generar otras costumbres, dinámicas y cultura social que lo permita.

Hay hábitos muy sencillos que podemos hacer y que si impactan en mover el mercado porque somos consumidores en el sistema capitalista en que vivimos; y sí tienen una resonancia significativa en las exigencias hacia el Estado, que con sus políticos, funcionarios e instituciones respectivas son los legalmente responsables del diseño e implementación de proyectos públicos como regulación y vigilancia de proyectos privados. Claro, esto porque somos también habitantes con derechos.

Sin embargo, es un mito que pensemos que la responsabilidad de hacer la Ciudad recae única y exclusivamente sobre los “dueños” de ese mercado o los responsables en el Estado.

La obligación moral que sí depende del individuo tendría que hacernos actuar en la vida cotidiana para promover los cambios en hábitos más importantes que representan la transformación urbana del futuro.

“La gente no camina”, pues camine más porque de hecho aunque se tenga auto en casa, todos caminamos.

“La gente tira basura”. No sólo no la tire, aprenda a autoeducarse en su consumo, reciclaje, reuso y separación de residuos.

“La gente da moches para sus trámites en las oficinas de desarrollo urbano”. Intente no alimentar a la burocracia que vive de ese monstruo llamado corrupción.

Porque si enuncio más ejemplos nos daremos cuenta que no se trata de “la gente”, sino de nosotros. De lo mucho o poco que podemos contribuir para hacer una ciudad en donde está garantizada la calidad de vida colectiva tanto como la dignidad humana.

Es un mito que lo que se hace en lo privado no genere una consecuencia en lo público, porque el entramado urbano territorial es el hogar público llamado Ciudad.

#PulsoUrbano: “Mitos urbanos (Parte II)”

“Es culpa de la planeación urbana, “No tenemos planeación”, “hay intereses malvados”.

La planeación urbana existe. No es un fantasma que opere sin instituciones, presupuestos o reglas. Lamentablemente, ha salido de las Secretarías de Desarrollo Urbano en gran medida. Sin embargo, en el país y cada estado existen desde organismos hasta oficinas dedicadas a la elaboración de planes.

No es reciente. Tendrá aproximadamente 30 años que comenzó a ser indispensable contar con la técnica. Esto en medida de que comenzamos a crecer territorial y poblacionalmente. Demanda de infraestructura como servicios para esas comunidades en la periferia crearon tales posibilidades.

No obstante, como casi todo en México. Algunos de esos planes estuvieron supeditados a decisiones políticas que no consideraban los cambios de futuro. Eso aunado a la corrupción, la impunidad y también la falta de visión técnica que estuviera preparada no para tales cambios, sino para crearlos. Tan sólo hagamos la pregunta: ¿cuántos planeadores urbanos hay en la Zona Metropolitana de cualquier ciudad de México?, ¿cuántos organismos públicos dedicados a la planeación urbana? Esa fue una cuestión que nos hicimos expertos de todo el mundo, créame que la respuesta es igual de frustrante en la India, en Inglaterra, en Canadá que aquí. Vaya, es un tema generalizado sólo que en algunas partes estas ausencias son más visiblemente nocivas que otras.

El rezago nos ha alcanzado, no hay duda, con ello el conflicto, el caos, la selva de asfalto. Lo que vivimos con realidad urbana no es más que un reflejo de la coexistencia misma de eso, más los intereses. Intereses que no sobra decir que tenemos todos. Absolutamente cada habitante tiene un interés.

Los intereses de hecho no son malos ni buenos. Sólo son intereses. Pero se convierten en perjudiciales cuando sólo pensamos de la puerta de nuestra casa para adentro sin tomar en cuenta puntos de acuerdo común.

Eso no va a ser posible en su totalidad hasta que resolvamos también otra de las acefalías en las ciudades: la democracia.

La democracia tiene que ver con la Planeación urbana en la medida en que dejemos de entender que esos planes sólo surgen de la “nunca brillante idea” de un sólo actor (llámese Alcalde, Gobernador, empresario, etc). Tenemos que movernos y transitar un duro camino hacia la Planeación colaborativa que permita ese diálogo, la retroalimentación y la cooperación.

Cooperación que no está asegurada sólo con opinar sino que es la sumatoria de esfuerzos públicos, privados y de la sociedad civil que se conjugan no para determinar los planes, eso nos toca a los técnicos, sino para ejercer el derecho a la participación como la vigilancia y la continuidad en la ejecución de los mismos.

En algunas entidades del país, en el caso de México, todavía no se tiene claridad al respecto. En qué se puede, cómo, para qué… Estamos haciendo el camino y estamos aprendiendo a cómo lograr no permanecer inmóviles aún cuando la situación sociopolítica de nuestro país es tensa en este momento

De acuerdo con Joan Clós, Director de ONU-Hábitat esas son las variables que hacen que la planeación urbana sea ahora un reto colectivo que debe rebasar los límites de la técnica.

Quizá por eso los planeadores del futuro nos sentimos en una batalla solitaria y contracorriente. Porque entre esos planes arcaicos, intereses que no todos están en las mesas de debate y algunos en ese sentido del “nadie gana más que yo” nos estamos perdiendo de hacer más ejercicios ricos en diversidad, pluralidad y visiones distintas.

No es trabajo del gobierno. No es trabajo de hecho de una sola persona porque justo lo que pretendemos en la Planeación colaborativa es que esos intereses estén todos representados y decidan qué vamos a hacer realidad o no.

Entonces las preguntas se vuelven complejas, ¿cómo cambiar si los intereses -incluyendo los de los más “progres”, “educados” y con “dinero” cuando no existe en el imaginario si quiera la búsqueda del bien común?

Por eso estamos como estamos.

No es la Planeación, son los intereses que todos los tenemos. Y que en esta ciudad como en otras deberíamos preguntarnos qué clase de intereses tenemos porque con los que hoy están, incluyendo los de los habitantes, pocos quieren transformar a esa urbe que tanto nos duele y aqueja.

Intereses que corresponden a personas con alto nivel de conciencia nos permitiría seguir “picando piedra” en la muerte de la planeación urbana tradicional a una nueva sostenida en procesos colaborativos. Porque no, no es un fantasma. Ni tiene la culpa. Ni hay intereses malvados si el resto de los intereses hacen contrapesos. Eso, es repensar colectivamente la Ciudad en función de solucionar la realidad caótica y no de seguir teniendo fábricas de planes.

#PulsoUrbano: Mitos Urbanos (Parte 1)

No está a discusión el rezago urbano. Monterrey no sólo es la Ciudad más contaminada de América Latina, sino también en la que pocos jóvenes quieren vivir. Otras metrópolis como Guadalajara o Querétaro están por encima en los nuevos indicadores de desarrollo humano, social, económico. En tiempos de competitividad y expectativas de calidad de vida, esto significa mucho: estamos parados sobre una urbe prácticamente en declive. Sí, leyó bien y no pretendo ser aguafiestas: declive.

¿Cómo transformar esta realidad? Por eso quiero hacer la primera entrega de esta serie de columnas en donde vamos a romper a pedacitos mitos urbanos que nos han llevado a esa situación y que debemos deshacernos de ellos urgentemente para cambiar las realidades.

Empecemos:

“El Río Santa Catarina está seco”

Ese río como el Arroyo Talaberna, el Arroyo Seco, el Río la Silla, el Río Pesquería, como otros han sido invisibilizados por la mayoría de la población que incluso añora a las canchas de futbol sobre su cauce que se llevó el huracán Alex, pero que poco se ha cuestionado sobre la sustentabilidad y como en otras ciudades el aprovechamiento para el desarrollo económico, cultural, de movilidad urbana y convivencia, entre otros.

Hemos vivido a espaldas del elemento de la vida: el agua. De hecho, en estos días existen denuncias públicas sobre causas hasta ahora desconocidas pero que están causando la muerte de la fauna del Río la Silla, ¿cuál es el mito a destruir? Que en esta ciudad no hay agua, que los ríos están secos y que si lo “están” sólo sirven para hacer canchas. No, no lo están y no es así.

Ya que estamos encarrerados, seguramente, más de uno saltó con la frase “como en otras ciudades”… Porque aquí no es Seul, Corea ni Buenos Aires, Argentina menos Nueva York, Estados Unidos.

Mito número dos: “aquí no es París“.

Por supuesto que no es París. Tener los pies parados sobre las realidades lastimosas de esta urbe permite comprender el tamaño del reto colectivo que tenemos enfrente. Las referencias internacionales sólo son referencias. Ni más ni menos.

Lamentablemente, algunos en el ánimo de copiar todo han obtenido resultados desastrosos que se alejan incluso lo que aseguran los manuales que según esto se generan.

Eso quizá ha causado la percepción de que aquí, por ejemplo, no puede haber infraestructura para el ciclismo urbano  porque “la ciclovía de San Pedro no funcionó”. Claro con inadecuadas implementaciones del manual de Ámsterdam, Holanda, no hay ideas de futuro ni presupuesto público o privado que alcancen…

Pero eso no significa que no podamos aspirar a una mejor calidad vida. Ahora mismo París no es un “lecho de rosas”. De hecho, aunque probablemente pensemos que existen menos problemas que en cualquier ciudad de América Latina, basta con leer noticias de esa ciudad para darnos cuenta que los problemas urbanos son compartidos en mayor o menor medida.

Y que lejos de sacar el complejo mexicano de “allá sí, aquí no y confórmate” deberíamos intentarlo, al menos.

¿Intentarlo cuando hay intereses económicos o políticos que atentan contra esa calidad de vida, sustentabilidad y desarrollo?

En próxima entrega destruiremos otros dos mitos.

La Ciudad violenta

La Ciudad no es un cúmulo de edificios y carreteras como quizá existe en el imaginario de algunos.

David Harvey, autor de “Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana” explica que “si la ciudad, en todo caso, es el mundo que el hombre ha creado, es también el mundo en el que está condenado a vivir. Así, de manera indirecta y sin una conciencia clara de la naturaleza de su tarea, al hacer la ciudad, el hombre se ha rehecho a sí mismo”.

En esta noción de que el lugar donde vivimos es una franca expresión de quiénes habitamos es alarmante lo que sucedió ayer en el clásico del fútbol regiomontano.

Lejos de cuestionar a la afición que siempre luce en ambos equipos apasionada, habría que cuestionarnos qué tanto estos conatos no son más bien una muestra de lo que está también pasando en la Ciudad: una urbe fuera de control que permite y hasta justifica a sus violentos.

Tomemos en cuenta que ya de hecho vivimos en un país en donde cada día se incrementan cifras oficiales o en percepciones de la gente de delitos que impactan negativamente en nuestra comunidad: robos, asesinatos, violaciones, etc.

De lo de ayer se pueden decir cosas como si es el alcohol, el fútbol, la estupidez, la inacción de la administración del estadio y la policia entre otras cosas, pero en profundidad lo que me pregunto es si no realmente estamos viendo a una sociedad en una ciudad violenta y ahí entonces, todavía es más grande el reto porque no se reduce a quienes van a un estadio a lo que se supone deberían de ir: a ver un simple partido de fútbol, que ayer se convirtió en la muestra de la violencia en la urbe.

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