#EspacioWiki: “Sobre la reforma electoral de la Wiki”

La política, palabra tan desgastada por las acciones de nuestras y nuestros servidores públicos, debe encontrar hoy formas de recuperar su sentido original, y así, regresar al espíritu que motivó su existencia, para dejar de lado aquella concepción que ha provocado aquel círculo vicioso de desesperanza popular y cinismo político. Por esto mismo,  si se quiere cambiar el sentido de la política, si se desea esperanzar nuevamente a la gente, para que esta incida en la deliberación de la cosa pública y detenga a la actual cleptocracia, debe entonces replantearse el sentido de varios pilares  que la sostienen.

En este sentido, y pensando en la imperiosa necesidad de reforzar aspectos como la inclusión, apertura, pluralidad, discusión, igualdad y legitimidad dentro de nuestro sistema, fue que, Wikipolítica Nuevo León, decidimos elaborar  una iniciativa de ley relativa al sistema electoral estatal.

Para que dichos aspectos sean llevados a la práctica, es imperativo generar figuras que reflejen el fondo de los mismos; por esto mismo, en la iniciativa de ley de la Wiki se han incorporado distintos mecanismos para llevar a la realidad el reforzamiento de los pilares que reivindicarán la política de nuestro país.

Una de las propuestas contenidas, en concordancia con los aspectos de apertura y discusión, es la propuesta de establecer como obligatorio, la celebración de debates públicos entre las diferentes candidaturas a diputaciones locales, por cada distrito electoral. Actualmente, la ley prevé la celebración de un solo debate para el cargo de diputación local, en el cual los partidos políticos pueden elegir como representante a cualquier candidato de cualquier distrito que ellos consideren; asimismo, del lado de las candidaturas independientes a diputación local, hoy, la ley contempla seleccionar a la candidatura que contenderá en el debate único, por medio de un sorteo; en virtud de la evidente ausencia de una confrontación y discusión de propuestas real, de una celebración notoriamente incompleta de un ejercicio, tan elemental para la democracia, como lo es el debate. Por ello, es que consideramos como vital el modificar nuestras leyes, para que cada distrito pueda presenciar un debate, celebrado en espacios públicos, entre aquellos y aquellas  que aspiran a representarles.

Por otra parte, un mecanismo que pretende robustecer el factor de la legitimidad, es la segunda vuelta electoral; por medio de ella, se plantea el requisito de contar la candidatura a la gubernatura, con un porcentaje frente a la segunda opción con mayor número de votos; o en su defecto, celebrar segundas votaciones entre las dos candidaturas más votadas.

Igualmente, entendiendo la relevancia de la inclusión, se ha formulado en la propuesta de ley, la creación de una diputación que represente a las y nuevoleoneses que residen en el extranjero. De esta forma, las y los neoloneses residentes en el extranjero podrán votar a una persona que vele por sus necesidades e intereses en el congreso local, asegurando así su derecho a ser representados.  

Por otro lado, se ha expuesto en la iniciativa de ley, como un factor para consolidar la inclusión, la igualdad  y reconocimiento del sexo femenino en la legislación, la realización del lenguaje incluyente; el cual, visibilice, incorpore y considere a las mujeres como personas sujetas a lo estipulado por las leyes, reconociendo así su existencia propia en el plano jurídico, y con ello garantizando los derechos más fundamentales, tal como siempre lo ha tenido el sexo masculino. No puede erigirse la igualdad y la inclusión en la política, ni pueden celebrarse iniciativas que aboguen por la paridad de género,  ni pueden combatirse las violencias machistas por las cuales actualmente adolece nuestra sociedad, si primero no se lucha por la incorporación de un lenguaje que brinde un  lugar a las mujeres en cada ordenamiento jurídico.

Finalmente, en congruencia con la pluralidad y la igualdad, principios sobre los cuales se materializa una democracia donde  a cada voz y a cada grupo le es dado un lugar en la deliberación, se ha planteado como propuesta la defensa y ampliación de la representación proporcional. No solo resulta congruente para una democracia plural, el defender el derecho de las minorías al acceso de un lugar en el poder legislativo, sino también congruente para con lo que estipula nuestra Carta Magna en relación al porcentaje de diputados por representación proporcional presentes en el Congreso.  Atendiendo lo anterior, se aprecia además, en  la iniciativa la ampliación de la representación proporcional a las candidaturas independientes; esto, siempre y cuando cumplan con diversos requisitos, como la suscripción de un programa en común entre aquellas personas, que buscan contender a una diputación local y que su candidatura no aspira al mismo distrito electoral.

Al redactar esta serie de propuestas en la iniciativa, de exponerlas y de justificarlas frente a los diversos colectivos y frente a las diputadas y diputados en la mesa de trabajo celebrada en el congreso hace unos días, comprendemos el reto que constituye reformular la política desde las bases, y la constante lucha que implica el buscar lograr tal objetivo, la cual, no será  en definitiva, algo que se consiga en la brevedad.                                                                                                                                                        Sin embargo, hoy seguimos sin soltarnos, y nos encontramos construyendo el camino hacia la consolidación de una política que escuche nuestras voces; y que deje de ser, de una vez por todas, el arte de servirse a sí mismo, para dar paso a ser el arte de escuchar, servir y obedecer al pueblo.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Misoginia e impunidad a la orden del día: Caso del #JuezPorky

En México, no es ninguna novedad como, a pesar de los “grandes esfuerzos” de los que tanto se habla, relativos a la promoción de un sistema de justicia acusatorio fehaciente pintado como una de las grandes reformas que se han llevado a cabo, la impunidad y las leyes injustas continúan imperando en nuestro país.

Asimismo, cabe destacar cómo las acciones gubernamentales destinadas a enfrentar las violencias machistas, han sido insuficientes y ejercidas de una forma tardía. Dichas situaciones, impunidad y violencia hacia la mujer, han sido “encaradas” de una manera considerablemente escueta, y en el fondo, carentes de un verdadero compromiso para con la sociedad; tal como lo refleja un sistema de justicia que promete muchas cosas, pero que lamentablemente salta la tarea más importante de todas: empoderar al pueblo.




Sucede algo similar, en el caso de los mecanismos que pretenden reconocerles (y posibilitar, pues el reconocimiento en papel no es nada sin la práctica de dicho reconocimiento) a las mujeres que habitan en el territorio mexicano aquella dignidad inherente, y aquella igualdad frente al hombre: se establecen aspectos como la paridad de género, se emiten alertas de género y  nuevas figuras penales (como el acoso sexual en el estado de Nuevo León); pero no se lucha auténticamente contra una serie de prácticas sociales, políticas y culturales que fungen como la verdadera raíz de la violencia y la desigualdad contra la mujer.

Ahora bien, como habitantes de un estado cuya justicia es solo una palabra que parece no trascender al mundo real, una parte de nosotros ha aguantado una cantidad interminable de abusos: apreciar a ex gobernadores, como los Duartes, como Medina, como Borge en plena libertad; atestiguar el incipiente aumento de feminicidios, el disparo de los casos de acoso que viven diariamente las mujeres en las calles y en el transporte público.

Un sinfín de casos que nos revelan como la violencia y la inexistencia de la justicia (pues como diría Flores Magón, “La justicia con trabas no es justicia”) se han apoderado de nuestra sociedad. No obstante, llega un momento en que dicha tolerancia del pueblo se quebranta, ante casos, tan cínicos, tan inimaginables, que convierten en intolerable (por parte de una mayoría, pues personas luchando contra estos males y nunca tolerando los mismos siempre ha habido) el status quo.

Tal es el caso del reciente fallo emitido por el  juez Anuar González Hemadi, el cual ha concedido un amparo a Diego Cruz, mejor conocido como uno de los “porkys”, que junto a otros llevó a cabo lo que en Nuevo León se entendería como el delito equiparable a violación contra Daphne Fernández, mujer menor de edad.

Bajo el argumento de no haber “fines lascivos en la conducta”, el juzgador González Hemadi ha estipulado que el delito de pederastia imputado a Diego Cruz, no se encuentra comprobado; que el hecho de tocar los senos de la víctima, que meter la mano debajo de la ropa interior de la persona y que insertar sus dedos en los genitales de Daphne Fernández no constituyen un motivo suficiente para acreditar que había fines lascivos.

Más que no comprender, considero que cualquier persona con un poco de conciencia estará de acuerdo en que dicha resolución constituye una escupida para toda la sociedad, para nuestras madres, compañeras, amigas, hermanas; esta sentencia es la afirmación de la impunidad imperante en nuestro país, de la inmensa necesidad de, no fortalecer, sino de recuperar las instituciones, para así hacerlas del pueblo y para el pueblo.




Así mismo para refrendar la importancia del movimiento feminista y las luchas que este conlleva, para que no vuelva a haber ninguna otra víctima como Daphne, para que no estén en la administración de justicia personas como este juez; y por supuesto, para no hacer que esta situación termine en un lamento solamente, sino que exigir junto a las compañeras que abanderan la lucha del feminismo, así como junto a aquellos que abanderan la lucha por un gobierno popular, la revocación de la sentencia dictada por el juez, la impartición de una justicia real (pronta y expedita) hacia el caso de Daphne y de todas aquellas personas que han sufrido por este tipo de cinismo y de aplicación de la más pura injusticia, como la del juez “porky”.

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No te hace independiente renunciar a tu partido

En la política, como ya se sabe, es costumbre presenciar toda una serie de artilugios que los funcionarios utilizan para no perder o recuperar su credibilidad o bien, conservar su poder; sean por medio de falsas acusaciones hacia los adversarios, de apoyos hacia iniciativas de ley que buscan romper con la forma tradicional de hacer política (como el caso de Margarita Zavala colgándose del estandarte de Kumamoto de “sin voto no hay dinero”), o de “candidaturas independientes”, la clase política busca, y encuentra, el triunfo de la empresa ya estipulada.




Ahora bien, resaltando la última estratagema, las candidaturas independientes si bien representan el triunfo (a pesar de los requisitos que lo complican) de la lucha por el derecho a ser votado, no se escapan de ser utilizadas para fines contrarios al bienestar del pueblo y a la lucha por un país mejor; tal es el caso de diversas situaciones que hemos presenciado en nuestra entidad federativa.

Tras el auge por las candidaturas independientes que resultó del triunfo de Jaime Rodríguez Calderón, no se hicieron esperar los intentos por proyectar, más que un movimiento, una imagen de político sin partido; fue así como los nuevoleoneses pudimos atestiguar una serie de actos desesperados y carentes de congruencia.

Dicho conjunto de acciones comenzó con la diputada Karina Marlen Barrón Perales, y el diputado Marco Antonio Martínez Díaz los cuales, tras haber contendido y ganado la diputación local, fungiendo como candidatos por el Partido Acción Nacional, optan por renunciar a su militancia; tras la renuncia, se abre una nueva bancada bajo el seudónimo de “Bancada independiente”; es ahí donde inicia el show y los baños de pueblo a que ya estamos acostumbrados a ver.

Igualmente, un tiempo después la bancada “independiente” consiguió un nuevo adepto: Jorge Alan Blanco Durán, diputado cuya candidatura por la diputación fue por medio del partido Movimiento Ciudadano.




Al igual que los diputados albiazules, el funcionario Blanco no esperó para sumarse al estandarte de no tener partido (una vez ya habiendo ganado la candidatura por la agrupación política, claro), y eligió el camino de renunciar a su militancia política, fungiendo como el tercer funcionario de la bancada independiente.

Finalmente, hace poco se ha repetido la estratagema, esta vez por parte de un diputado integrante del partido con mayor antigüedad del país: Eugenio Montiel Amoroso.

Al igual que los pioneros que inauguraron dicha práctica, Montiel procedió a ejecutar la misma estrategia: citar diferencias irreconciliables entre él y su bancada, y proceder a su renuncia.

Al ver esta serie acciones, que no parecen más que un circo como cualquier otro en esta tragicomedia que es la política mexicana, yo me pregunto ¿qué tanta desesperación y que tanta hambre de poder se debe tener, como para aplicar estrategias tan carentes de inteligencia? ¿Cómo va a ser independiente aquel que ganó representando a un partido, y posterior a la victoria renuncia a la militancia, y se corona como si desde campaña hubiera contendido sin el respaldo de agrupación política alguna?

Del lado del que lo queramos ver, eso no es ser independiente, eso es ser oportunista y cómplice de lo rancia que está nuestra política; asimismo, esa no es una bancada Independiente, es una bancada mixta en todo caso, pues alberga todo una mescolanza de colores de personas que se les ocurrió dejar su militancia después de haber ganado las elecciones con respaldo de tales colores.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre, y ese cuarteto definitivamente no es “independiente”.

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Sin la acción directa de los jóvenes, no habrá cambio de gobierno

Nuestra gente se encuentra hastiada del gobierno actual y de las políticas que se han implementado en los últimos años, tendientes a debilitar cada vez más el estado social, y procurar el bienestar de unos cuantos en detrimento de la mayoría de la población.

Sucesos como la casa blanca de EPN, el avión presidencial, la estrategia de llevar a Trump (aun candidato republicano en ese momento) a dialogar con el ejecutivo por parte de Luis Videgaray, la caída y regreso del mismo, los Duartes, así como el gasolinazo, son los que han hecho entender a una buena parte de los mexicanos que, no se puede tolerar ni un día más este gobierno que tiene el cinismo y el hambre de poder por estandarte.

Actualmente, miles salen a las calles a manifestarse, ya no solo en contra del aumento desmesurado de los hidrocarburos, sino en contra de aquellos funcionarios públicos que han estado gobernando tan solo para ellos mismos.

Por medio de diversas consignas, el pueblo deja claro a la cleptocracia en el poder, que se ha unido en una sola voz para hacer valerse como ente del cual dimana la soberanía, y así iniciar un proceso de renovación política.

No obstante, cabría preguntarse, de forma bastante válida ¿cómo se pretende cambiar el sistema que rigió durante décadas nuestro país? ¿Cómo mantener la unidad popular después de lograr los objetivos inmediatos, como el dar reversa al “gasolina”?




Si bien no es fácil resolver las cuestiones planteadas, sería imprescindible apreciar lo siguiente como uno de los pilares para la reconstrucción de la política: el rol de la población joven dentro del proceso de reivindicación y reconstrucción de la política.

Y es que, debemos ser realistas: sin una participación activa y directa de parte de los jóvenes, la consolidación de un gobierno que merecemos no llegará a materializarse.

Si bien es cierto que, en las revoluciones (y más aún, en las de carácter no violento, como la que se moldea poco a poco en nuestro país), es necesaria la sabiduría de los más grandes, de aquellos que han experimentado con anterioridad luchas de liberación, resulta aún más importante contar con la disposición de la energía de los más jóvenes; los cuales tendrán en sus manos la responsabilidad de devolver el rumbo a un país que estuvo secuestrado por la clase política durante un largo tiempo.




Y ojo, que al mencionarse como factor vital la participación de los jóvenes, esto debe entenderse como lo que hoy en día se está presenciando: como el hecho de participar y organizarse de formas que trascienden el voto; pues no hay mayor mal que concebir la democracia y la voluntad popular, como un simple voto depositado en una urna cada tres años.

Al contrario, la democracia y el ejercicio de la soberanía, implica un ejercicio diario materializado en acciones y en organización por parte de quien es el protagonista en lo que respecta al futuro de la nación: el pueblo.

Cuando nos quede claro este enorme poder, y a su vez deber, que poseemos como pueblo, y nos quede claro a la juventud, el hecho de que somos un elemento imprescindible para concebir la revolución del país y la consolidación de un gobierno y democracia popular, habrá llegado el día en que veremos un nuevo amanecer. Habrá llegado el día de un verano que sustituya a este invierno que ha durado décadas.

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Les quedó grande el término “defensores de la familia”: Carta abierta al Frente Nacional x la Familia

Ya han pasado siete meses desde que el ejecutivo Enrique Peña Nieto, presentó ante el Congreso de la Unión su iniciativa de ley con el fin de reformar la Carta Magna; a través de dicha reforma se pretendía reconocer legalmente las uniones entre personas del mismo sexo (en otras palabras, reconocer el matrimonio igualitario), y con ello brindar los mismos derechos y obligaciones que poseen los mexicanos que viven es dicho estado civil.

Como se era de esperarse, las protestas por parte de los sectores más conservadores no se hicieron esperar, e instantáneamente surgió una agrupación bajo el estandarte de la “defensa de la familia”. Con la denominación de Frente Nacional por la Familia, los integrantes de dicho frente realizaron diversas acciones para frenar la iniciativa del presidente, con ayuda de diversos lemas como “no te metas con mis hijos”, “en defensa de la familia natural”, entre otros.

Ahora bien, luego de las marchas realizadas por todo el país, luego de la generación del pánico moral como herramienta para conseguir adeptos, el pasado noviembre la iniciativa de ley propuesta por EPN finalmente fue rechazada en la comisión de derechos humanos del poder legislativo. Más que la desilusión de la comunidad LGBT, más que la euforia del sector fundamentalista al alcanzar su objetivo, queda por preguntarse a uno mismo como espectador ¿Dónde están los defensores de la familia? ¿Dónde quedaron aquellos activistas que se daban golpes de pecho y juraban proteger tal institución?

Pues bien, lo que comentaban varios activistas LGBT parece haber sido cierto: los defensores por la familia no eran más que aquello que denunciaban: un lobby; un grupo de cabildeo el cual, al cumplir su objetivo desaparecerían tan rápido como surgieron. ¿Era de esperarse lo anterior? Para los que no formaban parte, definitivamente ¿Se debería de olvidar este lobby por parte de la población? Considero, que más que olvidarse, se debería hablar directamente, tanto a los que militaban directamente, como a los que simpatizaban con ellos y su eslogan de protectores de la familia. Esto, por medio de una carta abierta, donde (vaya la redundancia) se diga abiertamente, a los dirigentes nacionales y locales, así como a los militantes: ustedes no son defensores de la familia, sino que al contrario, les queda grande ese nombre.

¿Por qué no lo son? Primero, porque alguien que defiende la familia, no solo se preocupa por las familias “naturales”, sino que vela por cada familia de nuestra nación, incluyendo las homoparentales.

Segundo, la persona que se autonombra defensor de la familia, no concibe como problema principal una iniciativa donde se reconozca legalmente la unión de dos personas, sino que aprecia las distintas problemáticas que, hoy en día, perjudican a las familias mexicanas más que cualquier propuesta en torno al matrimonio igualitario. La pobreza, la violencia, la falta de educación de calidad, el abuso infantil, todos estos problemas, afectan realmente a las familias de México; la violencia y la pobreza extrema quitan muchísimas vidas; el abuso infantil realmente destruye la estructura familiar y condena a los niños a una vida de traumas; ni se diga de la falta de educación la cual condena a un gran número de personas a un trabajo poco remunerado y a una vida llena de dificultades. ¿Dónde está el supuesto frente luchando y plantándole cara a todos estos problemas? ¿Dónde ha quedado ese fervor? Porque parece que se ha disperso en el momento de ver materializada la eliminación de la iniciativa del ejecutivo.

Podrán haber diversas posturas, todas respetables, y entre ellas está la mía: aquel que no está dispuesto a encarar todos los problemas que afectan a las familias del país, y en lugar de ello, se retira fugazmente al apreciar que se cumplió un objetivo, no merece llamarse defensor de la familia. En todo caso son defensores de los valores tradicionales, pero jamás de la familia, no con esa tibieza.

Ha pasado un mes desde que desechada la iniciativa en torno al matrimonio igualitario, y varios siguen a la espera de ver a los “defensores de la familia”, iniciar la batalla contra los demás problemas que afectan a la institución que estuvo antes del surgimiento del estado. Creo que se quedarán esperando, pues el autonombrado frente, no habrá sido más que un lobby que buscaba desechar una iniciativa, nada más.

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Padre Solalinde: La cara progresista en la política de la Iglesia Católica

A lo largo de la historia, no ha existido estructura con mayor número de adeptos, así como mayor influencia en los asuntos políticos de México, como lo es la iglesia católica. Si bien los esfuerzos emprendidos por personajes como el presidente Benito Juárez contribuyeron a establecer un distanciamiento entre los asuntos del clero y del estado, así como el nacimiento de un auténtico estado laico, es indudable el peso que dicha institución continua ejerciendo en los aparatos estatales.




Sea por medio de figuras de autoridad que establecen una postura rígida frente a los asuntos que competen al poder legislativo (como lo que se presenció no hace mucho con las declaraciones del Cardenal Norberto Rivera en relación a la iniciativa presidencial sobre el matrimonio igualitario); así como a través de grupos fachada defensores de posturas conservadoras (véase Frente Nacional x la Familia o ConParticipación), una considerable parte de la iglesia ha mostrado una defensa por visiones tradicionalistas, contrarias al progresismo predicado en décadas previas bajo la óptica de la teología de la liberación.

No obstante, si bien resulta verdadero lo anteriormente dicho, es cierto que también existe un sector eclesiástico con una concepción más apegada a un progresismo y a una ruptura con el tradicionalismo predicado por variadas congregaciones. Entre los miembros de tal sector, se puede mencionar al Padre Alejandro Solalinde.

Ministro de culto, activista, defensor de los derechos humanos y defensor de los migrantes, Solalinde representa lo contrario al fundamentalismo actual: a una figura religiosa, que si bien se involucra en los asuntos políticos, lo hace bajo el estandarte de la lucha por recuperar la dignidad del prójimo; más allá de contribuir a mantener la influencia eclesial en los asuntos públicos, Solalinde contribuye más como ciudadano que como representante religioso deseoso de mantener su poder en los poderes de la unión.

Fungiendo como un ejemplo de solidaridad y valor en momentos de gran impacto, como la exigencia de que no quedaran impunes los crímenes cometidos en Ayotzinapa y las acciones de políticos como Javier Duarte, Alejandro nos hace recordar aquella teología de la liberación que orientaba hacia un progresismo en la visión del catolicismo.

Igualmente, es la sinceridad, el coraje y la calidez humana lo que distingue a dicho sacerdote de otros personajes relativos a la creencia predominante de nuestro país, los cuales se valen de su estatus para influir en las decisiones que dirigen el rumbo de la nación.

Tal ejemplo es lo que habría de hacer replantear a la iglesia sobre su postura sobre los asuntos públicos, y hacerlos ver lo fundamental que resulta un cambio en sus formas, el cual debería observarse en contemplar a una Iglesia Católica que ya no se entrometa más, de forma directa, en las decisiones de nuestros legisladores, sino que, como lo ejemplifica Solalinde con su acción diaria, actúen de forma directa en los problemas que aquejan a la población.




Es hora de ver, no solo un cumplimiento verdadero del concepto de la separación iglesia-estado, sino que también de apreciar el surgimiento de una iglesia que verdaderamente se preocupa por el bienestar de su prójimo, y en lugar de contribuir a la realización de marchas que buscan limitar los derechos de un determinado grupo, busquen la forma de ayudar a los desprotegidos y luchen por garantizar el cumplimiento de un piso mínimo de dignidad que supuestamente nos garantiza nuestra Carta Magna.

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Jaime Rodríguez: la gubernatura es un deber y un honor, no un trampolín político

Hoy, a más de un año transcurrido desde las votaciones llevadas a cabo en nuestra entidad federativa, resulta innegable la necesidad de detenerse y cuestionar diversas situaciones. Una de ellas gira en torno a la figura de Jaime Rodríguez, actual ejecutivo de Nuevo León, específicamente en cuanto a las acciones futuras que pretende llevar en marcha.

 




No solo diversos medios, sino que él mismo ha planteado en más de una ocasión, la posibilidad de contender como candidato a la presidencia a la república en el 2018; yo me pregunto ¿con qué cara se atreve a plantear como posibilidad lo anterior, cuando ni siquiera llevaría la mitad de su mandato?
Considero una imprudencia y una contradicción hacia aquel discurso que el mismo, Rodríguez Calderón, empleaba para resaltar que su mandato sería (en palabras suyas) “una nueva independencia”, el hecho que desee sumarse al descaro de otros servidores públicos, al utilizar como un simple “trampolín político” el cargo por el que fue votado.

Esto, aunado a los fracasos referentes a la eliminación de la tenencia, así como de la derrota total ante el caso Medina, da por hecho que nos encontramos, muy probablemente, ante otro demagogo más.

Y es que, de no ser cierto esto, y de encontrarnos frente a un servidor público en toda la extensión de la palabra, de tener como ejecutivo a un auténtico ciudadano, no estaríamos presenciando este cinismo y esta falta de respeto a la ciudadanía y a todos los que votaron por el actual gobernador; cinismo traducido en la concepción de un cargo tan importante, y que debería de llenar de un sentimiento de compromiso y honor a todo aquel que lo ostentara, convertido en un vil trampolín para contender por otro cargo.

Ya vivió nuestro estado un cinismo similar con el “chapulineo” de Ivonne Álvarez, y bien parece que estamos por vivir otro; esta vez, en la persona que le bajaba “el cielo y las estrellas” a los nuevoleoneses.

Una verdadera decepción, el simple hecho de mencionar, por parte del ejecutivo estatal, la posibilidad de fungir como aspirante a la presidencia, cuando la entidad federativa que tiene el deber de servir, se ahoga en deuda pública, en inseguridad y en desencanto.

No hay peor forma de faltarles al respeto a los votantes, que utilizar como catapulta el cargo por el que se le eligió. Personalmente, a pesar de que Jaime Rodríguez cumpliera con sus promesas de campaña al pie de la letra, no le da el derecho de abandonar el cargo por el que se le votó, pues el pueblo, del cual emana y permanece la soberanía, es la voz primera y última; y fue este mismo, quien lo eligió para ser Gobernador por seis años, no por tres años y un intento de ser presidente.

 




Finalmente, de materializar “El Bronco”, el deseo descarado de contender por el cargo de ejecutivo federal, algo si voy a exigir: que de ser derrotado en las elecciones, no vuelva más a ostentar cargo público alguno; ya que, el haber contendido para utilizar el cargo como coyuntura para competir por otro puesto, sin haber servido siquiera la mitad de su mandato, solo denota que su motivo principal, fue siempre el hambre de poder, y no el bienestar de la sociedad.

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Llueve sobre mojado: Elecciones a dirección de FACDYC

Hoy es un día triste para la vida democrática de la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL; ante los diversos intentos por parte de estudiantes para lograr un proceso más transparente, más participativo y orientado hacia el desarrollo de una cultura cívica, la respuesta institucional es invariablemente, una negativa a fomentar lo mencionado.

Sea con la propuesta de crear la figura de observador electoral (presente en la legislación electoral local y federal), o bien con la iniciativa a crear un debate entre candidatos a dirección con el fin de informar al alumnado (caso que fue aprobado, pero ignorado por tres de los cuatro candidatos, los cuales no se presentaron), un número de estudiantes utilizan todo recurso disponible a su alcance con tal de lograr una democracia real.

Y es que, tristemente, en la institución de la que han surgido importantes figuras públicas, se ha engendrado un ambiente similar al de las elecciones locales y federales a las que estamos acostumbrados; una propaganda excesiva de los candidatos (que solo sirve para producir contaminación visual), una falta de atención por parte de los candidatos hacia la construcción de diálogos distintos al molde tradicional (debate, por ejemplo), así como un evidente incumplimiento de la mesa directiva en cuanto a mantenerse imparciales en periodo de elecciones (pues apoyaron abiertamente a un candidato a dirección), muestran los mismos vicios (o incluso peores) que hoy someten a nuestra democracia.

Resulta triste la concepción de estos escenarios, en una facultad en la que se enseña derecho, en la que ante todo, debe imperar la justicia y los valores democráticos, los cuales hoy se puede ver, han quedado mancillados por la politiquería y la falta de respeto a los mismos votantes y a la voluntad de la mayoría (en el caso del apoyo incondicional y evidente de la mesa directiva hacia la candidata, María Antonia de la O Cavazos).

 




Ahora bien, al observar los distintos ejes que han sido rechazados, tanto por tres de los cuatro los candidatos (en el caso del debate), como por las instituciones, entendiéndose por estas la mesa directiva y la Honorable Comisión de Vigilancia Electoral, es necesario preguntarse: ¿Qué es lo que falta a los sujetos e instituciones que se han mostrado, con sus acciones, en contra de una progresividad democrática?

Lo primero que habría de mencionar, es la concepción de una cultura democrática, y lo que esta implica. Al comprender y comprometerse a llevar verdaderamente el estandarte de la democracia por parte de las instituciones, y de los aspirantes a cargos de representación (dirección de la facultad, en este caso), los ejercicios de debate, junto a otros de similar naturaleza, deberían ser alentados, y no al contrario.

Asimismo, al comprender la importancia de alentar la cultura democrática junto a los valores que esta conlleva, la voluntad por parte de las instituciones de mantenerse imparciales habría de llevarlos a que, en lugar de inclinarse hacia un individuo en particular, fomenten el voto y la participación estudiantil.

 




Igualmente, a través de dicha voluntad de mantener un ambiente realmente democrático en las votaciones, los grupos que se constituyen al momento de convocarse elecciones, en este caso la Comisión de Vigilancia Electoral, habrían de legislar a favor de la iniciativa del estudiantado, para crear figuras como la de Observador Electoral, y no incurrir en excusas de no poseer facultades para ello (Cuando en realidad el Reglamento Universitario no les da facultad alguna).

Con un compromiso real por incentivar unas elecciones democráticas, transparentes e incentivadoras de la participación más allá del voto, es que la Facultad de Derecho y Criminología podría dar a las elecciones locales y federales, un verdadero ejemplo de apego a lo que es justo y ético, y no del circo y la parcialidad que hoy da.

Lamentablemente, hoy es un día triste para aquellos alumnos que deseaban una democracia real. Esperamos que las próximas elecciones pueda darse un escenario diferente, donde imperen los valores y no la falta de voluntad, la cartera de los candidatos y la parcialidad total de los órganos de representación estudiantil.

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Trump ganó, ¿ahora qué sigue?

Ganó. Aquel excéntrico, misógino, egomaníaco, xenófobo e impredecible hombre de negocios que al inicio concebíamos como la más imposible opción para ocupar la candidatura republicana a la presidencia, es hoy el ejecutivo de los Estados Unidos.

Subestimado por sus contrincantes precandidatos del partido político con el símbolo del elefante, favorecido por los sentimientos racistas que sobreviven en nuestros días e igualmente tomando ventaja del descontento de diversos jóvenes que veían a Bernie Sanders como su candidato ideal, Trump explotó (consciente o inconscientemente) estos factores.

Con esta victoria, no solo se ve cercano un retroceso en lo referente a la lucha social por la igualdad de las minorías étnicas que integran EUA, sino también un posible desmantelamiento de la seguridad social lograda por el presidente anterior.

Ahora bien, pasando a uno de los temas más preocupantes, cabe preguntarse ¿qué será de México, ahora que el hombre que prácticamente nos culpaba de todos los males y que juraba construir un muro pagado por la nación mexicana, es ahora “el hombre más poderoso”?

 




Pues bien, considero que dadas las circunstancias, nuestra zona de confort se ha terminado, y por lo mismo, tenemos dos opciones: o nos emancipamos (de una vez por todas) de los Estados Unidos y comenzamos a ver nuevos horizontes junto a otros países (como nuestra gente de Latinoamérica), o bien, doblamos rodilla y dejamos que el cuasi fascista que ya habita en la Casa Blanca, imponga sus lineamientos respecto a la inmigración y al TLCAN , y nos deje en un mayor desahucio del que hoy se encuentra gran parte del país.

No hay duda del paso que significa optar por la primera opción, la cual desde mi punto de vista, representa un coraje similar al que tuvieron las personas que lucharon la revolución; representa esa actitud temeraria que todos los mexicanos guardamos en nuestro interior, que si bien, la hemos olvidado en algunas ocasiones, esta siempre prevalecerá para hacernos plantar cara a las situaciones más adversas.

 




Sé que, por otra parte, los negocios y el comercio son parte fundamental para el desarrollo económico del país, sin embargo ¿quién dijo que EUA es la única nación con la cual se puede comerciar? Hay que abrir los ojos: hay muchísimos más países con los cuales se pueden entablar relaciones comerciales, solo es cuestión de tener la iniciativa suficiente, tanto del gobierno como de la sociedad, para comenzar con dicho cambio. Ya no nos puede ser posible continuar en la posición que estuvimos durante tantos años, pues de continuar en ella y con el ahora electo presidente, terminaríamos por perder la soberanía de manera total.

Finalmente, pienso que donde impere la iniciativa, el coraje, el razonamiento y el amor hacia la nación, no debería de haber una probabilidad grande de caer, a diferencia de quedarnos en el posicionamiento, que nos da por sentada, la caída del país.

Por lo tanto, no veamos este escenario como una derrota, sino como la más grande oportunidad que hemos tenido: la de emanciparnos, y reclamar de una vez por todas nuestra herencia como pueblo latinoamericano que somos, junto a nuestros demás países vecinos que integran una de las regiones con mayor riqueza del mundo.

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Marchas en Venezuela: ¿Ejemplo de lucha para México?

A raíz de la cada vez más clara situación de censura hacia la oposición del gobierno de Nicolás Maduro, así como de la abierta negación del ejecutivo en cuanto a hacer válido el revocatorio convocado por la asamblea, el pueblo venezolano ha decidido hacerse valer como tal. A partir de esto es que, han comenzado las movilizaciones ciudadanas a lo largo de diversas ciudades del país sudamericano.

No queda duda de lo imprescindible que resulta, en estos momentos, el hecho de crear unidad entre la sociedad venezolana, con el fin de levantar la voz; esto, para recordarle a su presidente que este se encuentra sujeto al imperio de la ley, el cual implica un respeto total a las facultades que puede llevar a cabo la sociedad civil por medio de la democracia participativa que este mismo juró, en su momento, defender.

Por otra parte, si bien es digno de admirar la movilización popular como respuesta a la falta de apego del estado de derecho por parte del gobierno de facto, resulta indispensable recalcar que, una buena parte de la oposición de los partidos políticos tiene en duda su credibilidad.




Esto, debido a los nexos que se han encontrado de algunos líderes de oposición con organismos políticos pertenecientes a los Estados Unidos. Si bien no debe dejarse pasar por alto la posibilidad de una influencia de EUA (como ha ocurrido a lo largo de la historia, con el golpe de estado hacia el gobierno de Allende, por ejemplo) en lo concerniente a situación actual, tampoco se debe descalificar la organización ciudadana por culpa de unos líderes de oposición un tanto dudosos.

Ahora bien, al presenciar este acontecimiento surge la duda siguiente: Si Venezuela pudo levantarse ante la censura, ante la escasez y la falta de cumplimiento del gobierno hacia con las leyes ¿por qué no habría de poder, igualmente, el pueblo Mexicano?

Si prácticamente nuestro país está viviendo condiciones casi idénticas a lo que sucede en dicho país: con nuestros servidores públicos que saquean al erario, con las reformas que solo empobrecen y desahucian a los más necesitados, con cerca del diez por ciento de nuestra gente viviendo en pobreza extrema, yo me pregunto ¿cuándo habremos de tomar el ejemplo de Venezuela, y unirnos y alzarnos como pueblo y fuente que brinda legitimidad a las instituciones del estado?




Considero, que ya hemos aguantado demasiado cinismo, demasiada represión y censura hacia la libertad de expresarse (no olvidemos que México es el país de Latinoamérica donde más peligra la vida de los periodistas), demasiadas cicatrices como para seguir caminando ciegamente, mientras el gobierno, que supuestamente tiene como fin el bien común, continua llenando sus bolsillos y, continúa considerándonos como un voto para mantenerlos en el poder.

Es urgente despertar y levantar ese espíritu de lucha del cual nos dieron cátedra nuestros antepasados, a través de la revolución, y de la lucha por la independencia.

Es ahora o nunca, el momento en que la ciudadanía haga valer su poder, y finalmente, reivindique su posición mediante la lucha no violenta para lograr la creación de un gobierno verdadero; en otras palabras, la creación de un gobierno que sirva a su pueblo, no solo a sus representantes y a unos cuantos grupos de poder.

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