Epidemia feminicida

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“Una epidemia se produce cuando una enfermedad contagiosa se propaga rápidamente en una población determinada, afectando simultáneamente a un gran número de personas durante un periodo de tiempo concreto.” De no atenderse rápida y adecuadamente, las consecuencias de una epidemia pueden ser fatales, y México se enfrenta hoy a una de sus peores epidemias. 

La epidemia que dejó un saldo (oficial) de 861 víctimas el año pasado, está alarmantemente lejos de encontrar una cura. Las víctimas van desde los 8 años (o menos), y tienen una única característica en común: son mujeres.  

Entonces, ¿qué pasa cuando la epidemia va más allá de un virus que se puede prevenir con una vacuna, y que se puede combatir con cuarentena y antibióticos? ¿Qué pasa cuando la epidemia no es un virus, sino son hombres? Hombres que trabajan con nosotras, que van en el metro, que se ofrecen a abrirnos la puerta, que son nuestros vecinos, o que conducen nuestro taxi ¿Cómo sabemos quién está infectado, y cómo nos protegemos de una amenaza invisible, pero latente y letal? 

El día de ayer, en respuesta a las denuncias de los intentos de secuestros en el metro, y del incremento de violencia contra las mujeres, se relanzó en Ciudad de México el Código Violeta.  Esta estrategia de “combate a la violencia contra la mujer” consiste en entregar dispositivos con botones de pánico a las mujeres (clever). Una vez que el dispositivo se acciona, emite una alarma silenciosa que envía una señal con la ubicación exacta de la víctima directamente al C5. 

Aunque celebro una estrategia que va más allá de unos simples silbatos, me surgen un par de dudas sobre ésta. De entrada, hay que mencionar que, hasta el momento, se ha dicho que se entregarán los dispositivos a aquellas mujeres que ya han sido identificadas en situación de riesgo de acuerdo con las denuncias que ha recibido la procuraduría capitalina. Hasta el momento, tienen una lista de 128 mujeres que recibirán el dispositivo.  

Bajo este supuesto, el gobierno prioriza a aquellas mujeres posiblemente en situación de violencia familiar, donde el abuso es frecuente, y considera que éstas son más susceptibles de ser víctimas que una mujer que nunca ha presentado una denuncia.

Así pues ¿qué pasa con todas las demás mujeres – fuera de estas 128 privilegiadas – que nunca hemos presentado una denuncia y no estemos catalogadas por el gobierno como mujeres en situación de riesgo? ¿Es que el código asume que si yo nunca he presentado una denuncia, y no me he encontrado nunca en una situación de riesgo, el día que por fin decida subirme al metro en la noche, soy automáticamente inmune a un posible ataque, aun a pesar de que físicamente cumplo con las características del perfil de mujeres susceptibles al secuestro (jóvenes veinteañeras, de tez clara, delgadas, posiblemente estudiantes) o es que el gobierno no se ha dado cuenta de la magnitud del problema y de lo insuficiente que resulta el código violeta?

El problema con el código violeta – más allá de que no hay dispositivos suficientes que protejan a todas las niñas y mujeres del país – es que es una estrategia aislada y reactiva. Lo que me lleva a mi segunda duda. ¿Por qué no, en lugar de entregar botones de pánico a las mujeres – y culparlas más adelante por no haber usado el dispositivo lo suficientemente rápido – se diseñan programas y políticas públicas integrales capaces de brindar soluciones de fondo? ¿Por qué no, en lugar de entregarle botones de pánico a las mujeres que ya se identificaron en situación de riesgo y que ya denunciaron a un hombre, se enlista a los individuos que las han violentado y se les imparten terapias psicológicas y talleres de género y readaptación social? 

Así como el código violeta, existen un sinfín de políticas y programas reactivos – como el Protocolo Alba – que jamás serán suficientes ni capaces de resolver la epidemia, hasta que estos esfuerzos se acompañen del debido fortalecimiento de las instituciones de procuración de justicia, y de políticas integrales que, en vez de transferir la responsabilidad del cuidado de la mujer a ella misma, transfieran la responsabilidad de las agresiones a los verdaderos culpables: los agresores, y comiencen a resquebrajar la ideología machista que alimenta cada una de las diversas formas de violencia contra la mujer, porque el feminicidio es solo la punta del iceberg. 

México se encuentra hoy frente a una epidemia feminicida, y aunque los síntomas y las consecuencias son claras, la cura no lo es tanto. 

¡Aunque no lo creas! Diputada de Morena plantea toque de queda por feminicidios

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La diputada local de Morena en Veracruz, Ana Miriam Ferráez, propuso que las mujeres veracruzanas se queden en sus casas a partir de las 22:00 horas, esto con el fin de evitar más feminicidios.

“Esta es mi propuesta. Yo solamente procuro que esta situación evite más violencia e invito a que lo consideremos como una opción viable, a que las mujeres a partir de las 10 de la noche estén en casita con sus hijos, si puede ser antes, mucho mejor”, dijo en un desayuno público.

Ferráez argumentó que lo que propone es que las mujeres tengan afinidad para saber cuidarse entre ellas mismas.

“Es una cuestión de conciencia, es una cuestión de afinidad. Para evitar más violencia, cuidar a las mujeres, porque he exhortado que tenemos entre las mujeres que cuidarnos, y estar todas protegidas, tomar medidas, ser más conscientes de que estamos en riesgo y que salir a la calle es delicado, un toque de queda para que las mujeres no salgan después de la noche”, dijo la también secretaria de la Comisión para la Igualdad de Género.

La legisladora local aseguró que no se han reducido las estadísticas de este delito, a pesar que existe una Alerta de Violencia de Género desde el 2017.

“Dejar de salir nocturnamente que es cuando más aparecen las personas que las roban, que las lastiman”.

El Riesgo de ser Mujer: Desaparecidas y asesinadas

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Asesinadas

Cifras oficiales indican que mientras en 2015 se iniciaron 295 carpetas de investigación entre enero y septiembre, este año sumaron 607 en el mismo periodo.

Este año comenzó con las cifras más oscuras en violencia contra las mujeres. En los cuatro primeros meses de 2018, se registraron 226 feminicidios, un aumento del 15% en relación con el mismo periodo del año pasado, y 116% más en comparación con hace tres años.

Es decir, este 2018 las procuradurías y fiscalías estatales abrieron 105.7 por ciento más indagatorias de feminicidio que en el 2017.

El número de carpetas ha mantenido un crecimiento sostenido, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Tomando en cuenta los primeros nueve meses de cada año, de 2015 a 2016 aumentó 49.4 por ciento; de 2016 a 2017 creció 24 por ciento, y de 2017 a 2018 subió 10.9 por ciento.

Durante 2018, la cifra ha llegado a su nivel más alto: asesinan a más de dos mujeres al día. El mes más violento de los últimos tres años fue abril pasado, con 75 mujeres victimadas.

Cifras oficiales:

– Los estados que este año tienen un mayor número de casos son Estado de México, con 70; Nuevo León, con 58; Veracruz, con 51; Guerrero, con 43, y Chihuahua, con 41.

– Por número de carpetas, les siguen Sinaloa, con 33; Ciudad de México, con 32; Jalisco, Oaxaca y Tabasco, con 22 cada uno, así como Puebla, San Luis Potosí y Sonora, con 19 cada uno.

– En tasa de casos por cada 100 mil mujeres, encabezan la lista Guerrero, con 2.30; Nuevo León, con 2.18; Zacatecas, con 2.17; Sinaloa, con 2.13, y Chihuahua, con 2.11.

Desaparecidas

En el periodo de enero de 2008 a octubre de 2017, el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) reportaba 8 mil 495 mujeres desaparecidas en todo el país. En el año 2016 se registró poco menos del 20% de estas, mientras que hasta octubre del 2017 la cifra es mayor a la correspondiente al mismo periodo del año anterior, por lo que se prevé que el número de desaparecidas durante 2017 sea mayor al año previo. De estos casos, en el 10 por ciento se desconoce el municipio donde sucedió la desaparición.

Las entidades en donde se han registrado mayor número de desapariciones de mujeres son el Estado de México con 2 mil 024, Tamaulipas con mil 245, Puebla con 855, Nuevo León con 657 y Sinaloa con 365.

Ana Lorena Delgado, integrante de la Fundación para la Justicia y el Estado de Democrático de Derecho indicó, que en lo últimos doce años se reportaron oficialmente al menos 5 mil 452 menores desaparecidos de los cuales 3 mil 217 son niñas. 

Insistir en que ser mujer en México es exponer tu vida todos los días en todos los espacios, que partiendo de ello se tiene que replantear todo el rol de la mujer en todos los escenarios (laboral, hogar, escolar, académico, político, etc…). 

“De acuerdo con la información de los últimos 15 años (…) los asesinatos de mujeres derivan de un patrón cultural y menos de los cambios de la violencia social por el crimen organizado”, señaló el Instituto nacional de estadística y geografía (INEGI) en una carpeta informativa sobre la violencia contra las mujeres en el 2016.

En nuestro país parecería que está claro que el problema no es que las mujeres intenten llevar una vida normal, vestir con la ropa que quieran, viajar por el mundo, tomarse las fotos que deseen, sino que existe un problema de violencia e impunidad real y profundo, y si no vamos sobre las causas desgraciadamente las seguirán matando…

Urge una estrategia de seguridad clara y objetiva que pueda brindar de seguridad a las mujeres en nuestro país, pero urge más entender que el problema va más allá de una mera agenda de seguridad, y que ámbito cultural y educativo juegan un papel fundamental para empezar a dejar de justificar y empezar a actuar.

#HojaDeRuta: “Una epidemia de violencia”

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Como chispa sobre la yesca, la furia se propaga: ¿cómo es posible que aquí, en la ciudad desarrollada y orgullosa, sea asesinada sin piedad una niña de ocho años? Hierve la sangre, pero como el agua para café, la ebullición cesa cuando se apaga la llama. El vapor se disipa, el coraje deja de burbujear. Todo volverá a la normalidad cuando el calor se haya ido.

Pero ¿qué es la normalidad hoy? Durante los días negros de 2010-2011, cuando ningún abanico bastaba para domar el calor, dormíamos a ventanas abiertas para robarle al aire nocturno un poco de alivio. A lo lejos, cuando menos un par de veces por semana, se escuchaban los estruendos. A los truenos que anunciaban las lluvias de mayo hubo que sumar los que anunciaban las lluvias de plomo.

En este país son asesinadas siete mujeres diarias. Siete. Entre la rutina del despertador, trabajo, cena y serie de Netflix, cayeron más muertas. “Se me fue rapidísimo la semana”, decimos a veces. En ese tiempo, se nos fueron 49 mexicanas cuya vida fue extinguida por el hecho de ser mujeres.

2017 registró 29 mil asesinatos en el país. Más que cualquier otro año en la historia reciente. Tratando de anclarnos a la sensatez, resulta adecuado decir que México vive una epidemia de violencia. Consideré con cuidado la palabra y sus dos significados oficiales: 1. Enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas. 2. Mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada. La definición encaja.

Al enorme riesgo que implica normalizar la violencia, habría que aunar otro: la justificación para ejercer aún más violencia. Si el hombre es el lobo del hombre (y evidentemente, de la mujer), entonces la respuesta está en la ferocidad: el más brutal habrá de ganar la partida. Así se ha justificado pisotear los derechos humanos “en nombre” de la seguridad. Así se escuchan y leen voces que entienden la justicia como un acto de venganza: “Hay que lincharlo”, “es un animal”, “deberíamos matarlo”, “no merece vivir”, “que lo torturen primero”.

¿Y muerto el perro se acabó la rabia? Por más cuerpos que cubren al país, la rabia no hace más que crecer.

Una sociedad pobre, desigual e injusta que genera desesperados y psicópatas, resuelve que la mejor manera de lidiar con el criminal es la vejación, y ultimadamente, su aniquilación, sin cuestionar las circunstancias que le orillaron a la criminalidad, a la alteración patológica de su conducta social.

¿En qué momento nos hemos detenido a pensar no solo qué hacer con la violencia, sino qué ha hecho la violencia con nosotros? ¿Quiénes somos después de niñas y niños asesinados, otros niños disparando a sus compañeros de clase, mujeres quemadas y apuñaladas, estudiantes acribillados, cuerpos colgados de puentes, cuerpos que ardieron vivos? No somos los mismos, no podríamos serlo.

Martin Luther King decía que “la violencia como vía para lograr justicia racial es tanto impráctica como inmoral. No soy ajeno al hecho de que la violencia a menudo produce resultados momentáneos. Frecuentemente, naciones han ganado su independencia en batalla. Pero a pesar de victorias temporales, la violencia nunca trae consigo paz permanente”.

Vista desde el aire, la violencia se puede disfrazarse de orden e involuntario arte abstracto. Jorge Taboada, arquitecto mexicano, comenzó a retratar fraccionamientos de interés social en sobrevuelos. Las imágenes revelaban una simetría impactante, de pronto parecen una composición digna de Escher o Mondrian. Dibujan una estética casi surreal, una belleza involuntaria.

Pero a ras del suelo la realidad estruja: pequeñísimas casas de 30 metros cuadrados donde se aprietan familias enteras. Caldos de cultivo para más violencia: hacinamiento, calor, lejanía. Una de estas cápsulas fue cateada ayer en búsqueda del presunto asesino de Ana Lizbeth. Era mujer, era niña, era pobre. Todas las piedras del mundo sobre su espalda. 

Los estudios de movilidad social del Centro Espinosa Yglesias son contundentes: en este país, si naciste pobre, lo más probable es que así te mueras. El abominable crimen de Ana Lizbeth no puede quedar impune, pero ella no será la última niña a la que se le apaga la vida si esta epidemia continúa, si no se atacan las causas que la generan, desde una economía que funciona para un puñado de privilegiados y no para las mayorías, hasta las violencias machistas que destruyen.

Sartre escribió que la violencia, sin importar la forma en que se manifieste, es un fracaso. Hasta ahora, en este país y en esta ciudad, el fracaso ha sido rotundo.

Expresan mujeres sus preocupaciones a Felipe de Jesús Cantú

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Seguridad, mayor participación de ellas en la política y programas de sensibilización hacia sectores vulnerables y de prevención del delito, es lo que las mujeres regias consideran que le hace falta a Monterrey.
Y así se lo expresaron a Felipe de Jesús Cantú durante la segunda emisión del programa #FelipeContigo, realizado en el PAN municipal.
El candidato a la Alcaldía regia platicó con poco más de 70 mujeres, quienes expusieron su visión de la Ciudad, sus problemas y posibles soluciones.
El tema que abrió el diálogo fue la inseguridad y la ausencia de la Administración del Alcalde con licencia, Adrián de la Garza.
Las participantes, entre las que hubo amas de casa, profesionistas y jóvenes, coincidieron en que extrañan al Monterrey de antaño en donde los niños salían a jugar a las calles y plazas.
Señalaron que actualmente prevalece un clima de desconfianza y un abandono del Gobierno municipal.
También destacaron la pérdida de valores y la falta de programas de convivencia familiar y reinserción social.
Ademas, indicaron que hace falta transformar la vida política de las mujeres y maximizar su participación ciudadana.
Cantú aseguró que de ganar la alcaldía se preocupará por generar espacios para valor sus capacidades, ofrecer más oportunidades de empleo, lanzar una campaña de respeto, brindar seguridad y firmar convenios con universidades para el otorgamiento de becas.
Por lo anterior, el panista destacó que es importante escuchar a la ciudadanía de manera directa para saber lo que necesitan.
“Algunos creen que son sabelotodo y dicen que al ser gobernante puedes aislarte y desde ahí tomar las mejores decisiones para la Ciudad”, dijo Felipe.
“Eso es mentira, lo que es verdad es que la sociedad te inculca, te comparte lo que quiere, lo que aspira, y eso fue lo que generamos con las mujeres.
“Nos dijeron que necesitan oportunidades de la mujer en la política, que necesitamos programas sociales que ayuden a la integración social, nos informaron algunos de los problemas que sienten que hay en la sociedad, algunos de los defectos que le ven a la Ciudad y, por supuesto, la sensación de construir Ciudad”.
El aspirante indicó que este tipo de actividades lo compromete aún más a trabajar por el bien común de los regios.
“Las ideas no nada más son para guardarlas, hay que tomarlas y convertirlas en acciones del Gobierno”
“Monterrey necesita crecer en todos los sentidos, en calidad, en cordialidad, necesitamos alcanzar la paz y para alcanzar la paz hay muchos pasos previos.

Zavala propone un Sistema Nacional de Policías

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Margarita Zavala propuso crear un Sistema Nacional de Policías, basado en un control de confianza, que coordine y fortalezca a todos los cuerpos policiacos del país, tanto a nivel federal como nivel estatal y municipal.

Además, dijo, se debe quitarle a la Secretaría de Gobernación el control de la Policía Federal para crear, en su lugar, una Secretaría de Seguridad Ciudadana.

En Ecatepec, municipio mexiquense con el mayor número de mujeres asesinadas, la candidata independiente a la Presidencia de la República aseveró que combatirá de frente a la delincuencia y buscará erradicar los feminicidios

En un encuentro con un grupo de ciudadanos y miembros de organizaciones sociales, detalló que el Sistema Nacional de Policías, que es distinto al Mando Único, se basa en crear un sistema de carrera policial, adiestrar policías, enseñar valores y respeto a derechos humanos, así como otorgar tecnología y capacitación a los agentes policiacos de todo el territorio nacional.

A su vez, en temas como los feminicidios y la violencia contra la mujer, se sensibilizará a los policías y a los agentes de ministerio público con la finalidad de facilitar las denuncias.

Distinto al Mando Único, una cosa es el Sistema y otro caso el Mando Único que finalmente no es la clave, la clave es que este Sistema Nacional tenga un control de confianza..

Zavala también se comprometió a fijar el combate a los feminicidios como una prioridad nacional.

Reunida con un grupo de alrededor 50 vecinos y representantes de organizaciones sociales, la candidata independiente a la Presidencia de la República aseguró que, en su eventual gobierno, la violencia de género será combatida con las tres “P”: prioridad, presupuesto y prevención.

La ex panista agregó que también se aplicará un criterio de la Corte donde se establece que el asesinato de una mujer debe ser indagado desde un principio como un feminicidio, además de que se creará una base de datos que contenga el número total de mujeres agredidas.

En el evento, distintos ciudadanos manifestaron a Zavala su preocupación sobre la inseguridad y la violencia de género que predomina en todo el territorio nacional.

Eufracio Reyes, escritor, regaló un libro a la candidata presidencial y recitó un poema en el cual condenó la situación de inseguridad e Ecatepec.

Minimiza Manuel González feminicidios en Nuevo León

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Manuel González, gobernador interino, declaró que los feminicidios en Nuevo León no son un problema grave, sin embargo, de acuerdo con estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Nuevo León en el 2017 presentó un total de 43 casos, quedando por atras de Sinaloa con 82 y Veracruz con 79.

“Es un tema en el que se debe implementar más acciones para proteger a las mujeres, pero esto no es grave dentro de la incidencia delictiva”, declaró.

Ante la minimización del tema, González recalcó que la cifra señalada se debe a que con anterioridad los Feminicidios no se encontraban tipificados.

Cabe destacar que según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) de la Secretaría de Gobernación, Nuevo León ocupa el sexto lugar a nivel nacional en cuanto a incidencias delictivas.

En la entidad en lo que va del 2018 se han registrado 5 casos denunciados, por lo que aún y a pesar de la “alerta de género” que se ha implementado, este problema social sigue a la alza.

 

#NoFueTuCulpa

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En un clima de luto, el día de ayer acudimos a tomar las calles de Nuevo León para alzar nuestras voces de indignación ante un caso más de feminicidio en nuestro país: el caso de Mara Castilla.

Con los gritos de: “Ninguna agresión sin respuesta, la calle y la noche también son nuestras” “ni una menos, vivas nos queremos” y “Mara hermana, tu muerte será vengada”, mujeres y hombres nos unimos haciendo uso de uno de los mecanismos sociales de defensa de los derechos humanos más comunes: la protesta.

“Las mujeres estamos hartas de vivir con miedo, inseguras del machismo, de la institucionalización de la impunidad”, así leía el cartel que convocaba a una de las marchas que se llevaron a cabo a lo largo del país.

Tomamos las calles para hacer eco de nuestras voces y hacer exigibles nuestros derechos.

Porque no sólo ha sido Mara, son las más de 50 mujeres asesinadas por razones de género en nuestra entidad, es aquella terrible estadística que lanza The Geneva Declaration (2015) estimando que alrededor del mundo suceden 60 mil feminicidios por año, y es la región latinoamericana aquella con las mayores tasas.

Y son aquellas voces silenciadas, víctimas de la violencia machista a las que ya no podemos hacer oídos sordos. La visibilización de los casos es importante para dar a conocer el peso de la problemática, algunos casos han sido más mediáticos que otros (las razones son cuestionables) pero todos igual de importantes, todos igual de dolorosos.

“Queremos que nos dejen de tratar como ciudadanas de segunda clase” comentaba una de las activistas al finalizar la marcha en el centro de Monterrey, Nuevo León.

Necesitamos que las alertas de género se conviertan en mecanismos eficaces y logren trascender su parte discursiva, jueces y fiscales que laboren con perspectiva de género, ciudadanía bien informada que no re victimice a las víctimas, programas y políticas con enfoque de derechos humanos con mayores tintes de prevención y de atención a la capacitación y educación en materia de nuevas masculinidades.

Por último, hablar de estos temas no es moda, las cifras demuestran un escenario adverso para nosotras. Aún hay mucho por hacer: “disculpe las molestias: nos están matando”.

Protestan por asesinato de Mara Castilla

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Al rededor de 500 personas en Nuevo León, en su mayoría mujeres, se unieron a las marchas que se realizaron a nivel nacional, tras el asesinato de la joven de 19 años Mara Castilla en el estado de Puebla.

Al grito “Ni una menos”, el contingente comenzó su protesta frente a la Catedral Metropolitana de Monterrey en la calle Zaragoza. La marcha acabo en la Explanada de los Héroes frente al Palacio de Gobierno, lugar en el que las manifestantes aprovecharon la estructura que el Estado instaló para el Grito de Independencia, para hacer algunos pronunciamientos y tocar la campana “de la libertad femenina”.

A la marcha asistieron activistas como Leticia Hidalgo de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, y Irma Alma Ochoa, directora de Artemisas por la Equidad.

La marcha se da después del asesinato de la joven Mara Castilla en Puebla, misma que desapareció el pasado 8 de septiembre al salir de un antro. Hasta el momento hay registrados 52 feminicidios en Nuevo León, según cifras de organismos ciudadanos.

 

Van 44 feminismos en la entidad, afirma ONG.

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Ni la alerta de violencia de género declarada a fines del año pasado, ni el hecho de que el asesinato de mujeres ya pueda ser procesado por sí solo como un delito independiente, han frenado los asesinatos contra ellas.

Tras la alerta declarada el 18 de noviembre del 2016, que debería obligar a las autoridades a intensificar las acciones para erradicar este tipo de asesinatos, han ocurrido 44 casos: de ellos, hubo 8 feminicidios a partir de la fecha de emisión de la alerta y hasta el 31 de diciembre de ese año. Y además, van 36 casos adicionales en este  2017.

“Desafortunadamente no se puede negar que la violencia sigue reinando en el estado de Nuevo León y desafortunadamente hemos visto que cuatro adolescentes han sido asesinadas”, cuestionó Irma Alma Ochoa, presidenta de Arthemisas por la Equidad, una organización no gubernamental que trabaja en favor de la erradicación de la violencia.

Es decir, la alerta no ha logrado bajar la violencia contra las mujeres y, si no se trabaja en prevención, se corre el riesgo de que en el 2017 se rebase la cifra de feminicidios reportados en el  2016, que fue de al menos 84 casos.

El gobierno estatal se comprometió a crear una fiscalía especializada para investigar los feminicidios, promesa que sigue en el aire, porque aunque ya hay una fiscal nombrada, la agencia especializada en asesinatos contra mujeres todavía no está instalada, y, por cuestión de la burocracia, para eso faltaría aproximadamente un mes más.

“Lo que esperamos mínimamente es ser escuchadas en nuestras peticiones, no tener que judicializar nuestras solicitudes como sucedió en el 2012, que Arthemisas tuvo que recurrir al amparo de la justicia federal para poder declarar esta alerta de género”, sostuvo Ochoa.

“Recordemos que todo esto se maneja a través de los recursos y mientras no bajen los recursos algunas de las actividades de las y los funcionarios quedan truncas en el proyecto de trabajo”, sostuvo.

La poca cultura del respeto al prójimo, la falta de valores y la violencia arraigada en la entidad, factores aunados a la tardaza y apatía oficial en generar políticas públicas, han disparado el fenómeno de asesinatos contra las mujeres.

En tanto, en el Congreso Local, en reiteradas ocasiones las diputadas y diputados han exigido a la autoridad estatal aplicarse en el tema porque no tendría que haber ni una sola muerte violenta contra ellas.

A los pocos meses de iniciada la nueva administración, Yamilette Orduña fue nombrada nueva titular del Instituto Estatal de las Mujeres, organismo para coadyuvar en la elaboración de políticas públicas para prevenir la violencia de género, pero la funcionaria llegó a ese cargo sin experiencia y totalmente desvinculada del tema.

De hecho, su nombramiento se interpretó como un premio tras haber sido derrotada como candidata a la alcaldía regia por un partido político que apoyó en las elecciones al ahora gobernador.