Qué tonto y absurdo el Día de la Mujer

El 8 de marzo revisaba mi Facebook, el cual estaba inundado de publicaciones en torno al Día Internacional de la Mujer. Me encontré con un video publicado por el diario El País, en el cual presentaban frases machistas, las frases tan cotidianas y tan parte de un lenguaje sexista, que no me sorprendieron como los comentarios publicados por otros usuarios.

Me di a la tarea de leer muchos comentarios, quizá más de los que debía, pero callé y no les contesté.  Hoy me tomaré la libertad de responder a algunos de ellos en este espacio; esto es para Juan, Nicolás, Milton y Eli  pero también a muchas otras personas que quizá piensan igual que ellos. Te comparto sus comentarios y lo que me hubiera gustado responderles.




Juan Henares: “La norma es no hablar de los problemas del hombre porque no está de moda”.

Juan, no te negaré que hablar de feminismo, del empoderamiento de la mujer y el #girlpower está de moda. Emma Watson habla de esto, Beyonce lo canta y Lena Dunham actúa y produce una serie protagonizada por mujeres.

Los organismos internacionales y los gobiernos han optado por la institucionalización del feminismo y del género. Es común escuchar sobre la transversalización y la perspectiva de género, aunque no precisamente ha sido llevada a la práctica.

Juan, el movimiento feminista tiene años existiendo e intentando incluir el tema en la agenda internacional, la norma ha sido no hablar de nuestros problemas porque no eran considerados importantes, ahora que son un poco más visibles ya te han cansado.

Imagina lo cansado que ha sido vivir años de opresión sin acceso a los mismos derechos que los hombres y todo justificado en una simple diferencia sexual. ¡Eso sí que es pesado!

Pd. Existe un Día Internacional del Hombre (19 de Noviembre), pero no te preocupes fuera del 8 de marzo tienes otros 364 días para concentrar tu atención en los asuntos de los hombres.

Nicolas Blazicevic: “El feminismo es una creación del imperio para disolver la familia, desestabilizar poblaciones… pero como todo lo malo tiene un final, ya se está terminando, con los nuevos mandatarios mundiales no creo haya lugar para este nefasto movimiento”.

No Nico, el feminismo no quiere destruir nada, lo que sí destruye familias es la violencia machista y las feministas luchamos contra ella. El feminismo tampoco quiere desestabilizar poblaciones, sino construir espacios y diálogos que generen reflexiones antipatriacarles que permitan la liberación de mujeres y hombres de los sistemas de opresión (clasismo, racismo y género).

Pd. El fin del feminismo no está cerca, de hecho este Día internacional de la mujer pasará a la historia por el reclamo de mujeres en más de 50 países a través del paro y movilización de mujeres.

Milton Cesar, “Las mujeres quieren banca en diputados, puestos políticos, en directorios de empresas etc etc…Pero nunca se les ve motivadas en pedir vacantes femeninas para ser albañil, para ser recolectora de residuos, para trabajar de mineras…Eso es igualdad?”

Milton gracias por decirnos que queremos y que no nos motiva como mujeres, sobre todo porque sólo hay un tipo de mujer. Te explico, por increíble que parezca hoy en día hay 155 países (Banco Mundial,2015) que restringen el trabajo que las mujeres pueden desempeñar; por ejemplo en algunos lugares no pueden trabajar después de que obscurezca, ni operar maquinaria pesada o conducir un tractor agrícola.

Desafortunadamente muchos de los trabajos que están restringidos a las mujeres están en industrias o sectores que son muy bien pagados; esto significa que las mujeres ocupan con mayor regularidad empleos de menor estatus y paga a comparación de los hombres.

Como resultado, estas mujeres tienen acceso a un ingreso menos significativo que el de los hombres, lo cual afecta la economía de las familias sustentadas por mujeres y sus oportunidades de progreso profesional. Creo que esto tampoco es igualdad y te pregunto ahora yo a ti ¿Quisieras ser mujer y que tu trabajo sea peor remunerado por el simple hecho de ser mujer? Yo creo que no.

Eli Eli “Que tonto y absurdo video…solo más quejas e inconformismo feminista”.

Eli lo tonto y lo absurdo es que después de años de lucha feminista tengamos que seguir luchando contra los roles tradicionales asignados a las mujeres, que seamos el sexo que tiene menor acceso a la educación y más obstáculos en el desarrollo profesional, el sexo que sufre más los efectos de los desastres naturales y los conflictos armados y sobre todo el sexo que tiene más probabilidades de ser víctima de violencia física, sexual y/o psicológica (aunque también simbólica, patrimonial y económica).

Qué absurdo que nos sintamos inseguras al caminar por las calles, temerosos al viajar solas o incomodas por vestir una falda y todo porque el acoso sexual y callejero son una realidad.

Centrar la atención en las mujeres y hablar de feminismo sigue incomodando. No falta quien no entienda “de qué tanto se quejan las mujeres si ya votan, ya trabajan y hasta tienen un día de la mujer”. Se considera al feminismo se considera radical, exagerado y anticuado porque después de todo “las mujeres ya son iguales”.




Después de todo el feminismo nunca ha partido de un lugar cómodo, la feminista María Galindo nos recuerda que parte de la impugnación, la subversión y el cuestionamiento del sistema. Ser feminista no es ni ha sido fácil, pues es más que pronunciarte a favor de la igualdad de género, es dudar, reflexionar y desaprender la vida como la has vivido y eso es incómodo. ______________________________

– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.

Cuando las palabras matan

“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”
Antoine de Saint Exupéry

Desde hace algún tiempo he querido abordar un tema: el cómo nos clasificamos constantemente y optamos por separarnos. Creo que existe una tendencia por dejarnos llevar por los estereotipos y prejuicios, y dejamos de lado lo humano de las personas.

Considero que no tomamos en cuenta el daño que nos hacemos como sociedad cuando decidimos dividirnos en vez de unirnos. He podido observar constantemente el rechazo hacia lo diferente y el miedo a cambiar los patrones arcaicos de superioridad que se han sido impuestos durante décadas.

No solamente me refiero a los casos más extremos de discriminación por el color, sexo, género, preferencias sexuales, religión, entre otras; sino a la discriminación simple e invisible, la que no se nota, o más bien no le prestamos atención porque la consideramos normal. Una vez leí que, en nuestra vida diaria estamos acostumbrados a discriminar y la mayoría de las veces no lo hacemos conscientemente.

Siempre he creído que el lenguaje mata, la forma en que nos referimos a las personas, es la primera piedra para construir el muro de la marginación, la “ingenuidad e ignorancia” al usar ciertas palabras para catalogar a los grupos sociales, termina por excluirlos. En ocasiones no nos percatamos que la manera de referimos a alguien la puede llegar a colocar en una plano de vulnerabilidad, del cual es difícil salir. Utilizar estereotipos, conlleva a atascar a las personas en un nido de palabras y referencias que tienen una carga histórica muy fuerte, y considero necesario comenzar a superar.

¿Y sí supiéramos el daño que causamos cuando decidimos alejar a una persona por considerarla diferente a nosotros? ¿Alguna vez nos ponemos a pensar en las oportunidades de las cuales las privamos? La discriminación ha sido el asesino silencioso que ha estado presente en todo momento de la historia, rechazando y empujando a un sinfín de personas a vivir en un mundo sin oportunidades.

Vivimos en un mundo marcado por la diferencia, y si queremos buscar la equidad, entonces tenemos que empezar a aceptar la diversidad. Abrir nuestro corazón a la humanidad, dejar de juzgar los detalles que no nos hacen ser más personas que otras. Mi ropa, piel, gustos, ideologías, no me hacen más o menos que alguien más; debemos construir un mundo libre de estereotipos, donde nuestros gustos o con las cosas que nos identificamos no se interpongan en nuestro camino para lograr lo que queremos. Empezar a escuchar otras ideas, y cuestionar las nuestras, atender a la pluralidad de pensamientos, expandir y compartir nuestro mundo para poder comprender y ser parte de otros.

El lenguaje es el primer paso para transformarnos como sociedad. Yo sé y soy consciente de las críticas que se la realizan al lenguaje inclusivo: “no se entiende”, “no se lee bien”, “los y las no garantizan igualdad”, y efectivamente no garantiza la igualdad, sin embargo es un importante paso para empezar a materializarla.

Los estereotipos, el sexismo, la imposición y los prejuicios nos han matado como sociedad, comencemos a dejar de juzgar por lo que ven nuestros ojos, es un hecho que nos han fallado, y nos siguen fallando cada vez que decidimos que una persona vale menos que otra por como se ve a simple vista. Optemos por conocer, entender que existen otras realidades, dejar de vivir en nuestra burbuja de confort podrá hacernos avanzar pasos gigantescos. Iniciemos con un lenguaje inclusivo, un lenguaje donde no exista más separación. Dejemos de dividirnos, y comencemos a unirnos. Entender que el simple hecho por el cual nos debemos respeto es porque somos personas.

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Sangrando invisibilidad, normalidad e impunidad

La semana pasada se registró uno de los hechos más indignantes e inhumanos en Brasil, la violación colectiva de una menor de 16 años a manos de 33 hombres. Este hecho logró movilizar a una parte de la sociedad brasileña ya que, la manera en que se dio a la luz la noticia fue a través de un video que se divulgó por las redes sociales. Este acontecimiento por sí solo es indignante, sin embargo lo que desata es aún más indignante; la cultura de la violación.

El término nace en 1970 con la segunda ola del feminismo, diversos académicos la definen como una serie de creencias que provocan o fomentan la violencia de los hombres contra las mujeres, provocando la normalización de éstas acciones. De acuerdo a Chris O’Sullivan, el sexismo es una pieza fundamental en la cultura de la violación, ya que, los actos de sexismo se emplean comúnmente para validar y racionalizar las prácticas misóginas. Por ejemplo, los chistes sexistas pueden fomentar un desprecio del bienestar de la mujer, o una víctima de violación podría ser culpada, alegando que lo “estaba buscando” por la forma en que se vestía o actuaba. ¿Es posible que el término se haya empleado desde 1970 y siga siendo vigente? Nos convertimos en el ejemplo perfecto a implementar en las investigaciones de éstos académicos.

…los chistes sexistas pueden fomentar un desprecio del bienestar de la mujer, o una víctima de violación podría ser culpada, alegando que lo “estaba buscando” por la forma en que se vestía o actuaba. ¿Es posible que el término se haya empleado desde 1970 y siga siendo vigente? Nos convertimos en el ejemplo perfecto a implementar en las investigaciones de éstos académicos.

Vivimos en sociedades donde la violación es permitida y normalizada. En México, Brasil y el resto de América Latina se responsabiliza a la propia víctima sobre la violación. En Brasil tan sólo el 35% de los casos de violencia sexual son notificados a las autoridades, muchas refieren el sentimiento de culpa y vergüenza como los motivos primordiales para no denunciar. Es de sorprenderse el porcentaje y es que, una de las preguntas que se hizo en el interrogatorio a la joven fue “¿acostumbras practicar sexo en grupo?”. ¿Por qué esa pregunta era necesaria? ¿Importa acaso cuál o cómo lleva su vida sexual? Fue violencia sexual y nada lo justifica.

Las cifras en México no son menos alarmantes y es que de acuerdo al INEGI, sólo 1 de cada 3 mujeres comenta con sus familiares la experiencia; menos de 2 de cada 10 busca apoyo en alguna institución pública y el 8% acude a las procuradurías estatales de justicia. De este porcentaje, 3 de cada 4 interpone una denuncia. Éstas cifras solo comprueban lo arraigado que está la cultura de la violación además de la impunidad que existe únicamente en México o Brasil, sino en América Latina.

¿Por qué tomó tanta atención mediática el caso de la adolescente brasileña? No sólo por la brutalidad e impunidad que quedaron en evidencia, sino porque provocó que se visibilizara esta cultura. Brasil de acuerdo al “Informe Anual de Seguridad Pública de Brasil” en el 2014 registró 47.000 violaciones cada año, una cada 11 minutos. El 15% de las violaciones en el país son colectivas, hasta en un 40% de los casos se involucran drogas para someter a la victima y para hacerlo más alarmante, el 71% de los casos las víctimas tienen menos de 18 años.

Vivimos en sociedades donde la violación es permitida y normalizada. En México, Brasil y el resto de América Latina se responsabiliza a la propia víctima sobre la violación. En Brasil tan sólo el 35% de los casos de violencia sexual son notificados a las autoridades, muchas refieren el sentimiento de culpa y vergüenza como los motivos primordiales para no denunciar.

En México de acuerdo a el Comité de Violencia Sexual de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) entre 2010 y 2015 registró 3 millones de casos de violencia sexual, 600 mil casos por año. El estudio demuestra que el 90% de las víctimas de violencia sexual son mujeres, 4 de cada 10 víctimas son menores de 15 años, 9 de cada 10 agresiones son cometidas por hombres y el 60% de las agresiones suceden en el hogar de las víctimas.

Esta violencia se caracteriza por su invisibilidad, normalidad y su impunidad. Pero como sociedad, ¿nos identificamos con estas características?, ¿Por qué seguimos permitiendo actos sexistas, misóginos y de violencia?, ¿Nos merecemos eso?, ¿Hasta cuándo vamos a detener tanta violencia? Visibilicemos nuestros privilegios, hagamos anormal la cultura de violación y busquemos que se castigue cualquier acto de violencia. Dejemos de minimizarla. Porque sigo buscando un México en el que las calles, las noches, las fiestas, las esquinas obscuras y los vestidos cortos me pertenezcan sin miedo. Donde ser “sola” sea sinónimo de seguridad.

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Sobre las presentadoras del clima

Estamos tan acostumbrados al sexismo en la televisión nacional, que hasta parece inútil quejarse, pero más inútil es mirar en silencio esta explotación descarada y formar parte del ciclo vicioso. El día de hoy, quiero enfocarme en las presentadoras del clima de Monterrey y es que los argumentos que dieron las televisoras el pasado 21 de enero para el reportaje de Elena Reina en El País son un insulto a nuestra inteligencia (1).

Entre los argumentos ridículos (de los cuales está lleno el video adjunto) se encuentra el de la presentadora de Televisa Monterrey, Gabriela Lozoya. Ella declara que si ve a alguien feo en la televisión le cambia al canal porque “¿qué necesidad de estar viendo a alguien feo en la tele?” A ver, a ver, a ver… yo, como televidente, decido sintonizar el pronóstico del tiempo para saber si necesito salir de mi casa con suéter o paraguas, pero –según la lógica de esta mujer— alguien “feo” me ofendería tanto, que preferiría quedarme con la duda y cambiarle o apagarle. ¿¡Qué!?

Con la línea de pensamiento de Lozoya, supongo que la señorita no ha volteado a ver a su colega, Mauro Morales. Ese hombre no parece precisamente uno de los hermanos Hemsworth.

Esto deja bien claro lo que todos ya sabemos: el conocimiento pasa a segundo plano y lo atractivo se exige como parte del currículum solo a las mujeres. Una exigencia dictada por parámetros subjetivos —muchas veces inalcanzables y hasta racistas— que hace que el puesto venga con fecha de caducidad. Lozoya tiene la esperanza de seguir trabajando ahí en 10 años, aunque sabe que mantener el físico requerido será difícil. Una preocupación que Morales no comparte.

Morales afirma que si la mujer que presenta la sección es guapa, se traduce en un mayor impacto para el producto de los anunciantes. Pero que sea rentable no lo hace moralmente correcto y hasta va en contra de los mismos lineamientos establecidos por la empresa. De acuerdo con el código de ética de Televisa, “las personas merecen el mismo trato independientemente de su género (…) [y] el personal no deberá llevar a cabo prácticas discriminatorias de ningún tipo” (2)

Yanet García, también de Televisa Monterrey, comenta que las presentadoras se convierten en una aspiración para otras mujeres. ¿De verdad hay que aspirar a tan poco? ¿A conformarte con que se te valore durante los pocos años que la industria te considera atractiva? ¡Qué bueno que son jóvenes, hacen ejercicio y comen saludable! Pero eso no es suficiente para volverse figuras a las que aspirar. Las mujeres admirables no tienen miedo de levantar la voz y exigir que se les trate con igualdad en su campo de trabajo.

Después, Morales nos condena a un futuro de lo mismo, diciendo que el sexismo es parte de la cultura de México y que no se puede “ir en contra de la corriente.”

¡Qué bueno que este señor no vivió en la época en que la esclavitud era legal! No hubiera movido un dedo, después de todo –aunque inmoral— la práctica era bastante rentable. Sus declaraciones también empequeñecen el potencial formativo que tiene la televisión para promover un cambio de cultura en su audiencia.

La cereza del pastel se la lleva Abimael Salas, meteorólogo de Multimedios, quien sin vergüenza alguna, dice que “las mujeres tienen un toque especial para presentar el pronóstico del tiempo”. Obviamente, el señor hace alusión a un par de atributos que nada tienen que ver con talento e inteligencia, características que, sabemos, están presentes en ambos sexos.

Es lamentable que noticieros que se dicen serios contraten mujeres siguiendo las pautas de Hooters, obstaculizando las posibilidades de muchas otras con currículos fuertes. Mientras esto pasa, Morales y Salas saben perfectamente que nadie les está midiendo la cintura, que si suben o bajan de peso a nadie le interesa y que lo que importa es lo que saben. Su físico no es un impedimento para que salgan a cuadro.

Si esto no es suficiente para que se contrate a meteorólogas bajo los mismos lineamientos que a sus colegas hombres y que se les trate con respeto, entonces que las televisoras dejen de ser negligentes con el 50% de su audiencia, que escondan a sus meteorólogos detrás de cámaras y contraten presentadores que se parezcan más a mi fantasía personal: abdomen marcado, brazos enormes y una camisa a medio abrir (puntos extra si se parecen a Joe Manganiello) ¿No suena ridículo? Exacto… y así es como suenan ustedes.

Hoy en día, muchos vemos a la televisión local con la misma mórbida curiosidad que despierta un aparatoso accidente en la calle y ese tipo de atención no dura más que segundos. Un porcentaje cada vez mayor de espectadores ya exige contenido diferente y opta por plataformas en línea (3).

Pero el cambio también debe venir desde adentro, las cosas no van a cambiar mientras las mujeres se sigan sometiendo a estos tratos sin protestar. Yanet, ¿de verdad quieres convertirte en una aspiración? Aquí está tu oportunidad. Mientras tanto, yo voy a estar aquí, revisando el clima en la app de mi celular.

(1) Elena Reina, “Las ‘muñequitas’ del clima,” 21 de enero del 2016, El País, http://internacional.elpais.com/internacional/2016/01/20/mexico/1453260912_983797.html.

(2) Televisa, Código de Ética de Grupo Televisa. S.A.B. y subsidiarias, Junio 2012,
http://i2.esmas.com/documents/2014/08/28/3281/codigo-de-tica.pdf, p. 16.

(3) Jenaro Villamil, “Televisa se tambalea,” 30 de enero del 2016, Proceso, http://www.proceso.com.mx/428230/televisa-se-tambalea.

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Dime el once inicial…

Tigres estamos en la final. El futbol es el deporte más popular hoy en día en el mundo, tiene la característica de unir masas. No importa raza, clase social, religión e ideología lo único que te distingue son tus colores: tu equipo. Aunque el futbol es un deporte comercial y universal, debería quedar por sentado que es incluyente. No es así; el futbol también discrimina en género. La sociedad en general es de los grupos más duros, incluso al momento de hablar de deporte existe la creencia de que el futbol es solamente para y de hombres.

Lo único que busco al contestar esto es la validación y aceptación de la persona que me lo preguntó, que por supuesto termina cayendo en el sexismo y en los estereotipos que dicen que las mujeres no saben ni juegan futbol.

“A ver si es cierto, dime el once inicial”. Esa es una de las típicas frases que escuchas al ser mujer y decir que te gusta el futbol. Inmediatamente respondo el once inicial de memoria, incluso me atrevo a ironizar: “¿Quieres el once que sería con los lesionados o el ideal?”. Claro, porque lo único que busco al contestar esto es la validación y aceptación de la persona que me lo preguntó, que por supuesto termina cayendo en el sexismo y en los estereotipos que dicen que las mujeres no saben ni juegan futbol.

Incluso hay quienes se atreven a preguntar si el gusto por el futbol es para llamar la atención del sexo opuesto. Esta pregunta es la que más violencia de género demuestra, ya que no insinúan solamente que yo como mujer no puedo tener gusto y pasión genuino por un deporte de “hombres”, sino que los hombres no son lo suficientemente inteligentes para poder conversar de otra cosa. Claro, me encanta el futbol y quiero hablarlo, pero eso no define mi interés por la conversación de una persona.

Hemos naturalizado frases como “corre como niña”, “no seas nena”, entre muchas más, dándoles una connotación negativa.

Estas barreras, que pueden parecer “naturales o normales” para la sociedad, son las mismas que nos aquejan todos los días y no nos damos cuenta. Hemos naturalizado frases como “corre como niña”, “no seas nena”, entre muchas más, dándoles una connotación negativa. ¿Por qué? ¿Por qué existe tanto miedo a permitir intercambiar o eliminar esos roles que se han construido por nosotros?

Se han hecho oficiales las ligas de futbol femenil, esto podría significar un avance. Pero es bastante engañoso. En el reciente mundial femenil disputado en Canadá, jugadoras interpusieron una demanda para la FIFA por hacerlas jugar en pasto artificial, algo nunca antes visto en un mundial de futbol varonil, ya que a ellos debido a las lesiones que puede provocar el pasto sintético los hacen jugar en pasto normal. La FIFA no actúo sobre la petición de las jugadoras. Este no es el único ni el más fuerte problema que enfrentan las jugadoras.

Si consideramos que una de las recomendaciones que hizo el ex presidente de la FIFA Joseph Blatter fue “usar ropa más pequeña para que más gente las vea”, lo peor para las jugadoras no fue eso, sino el sexismo presente en la sociedad.

Si consideramos que una de las recomendaciones que hizo el ex presidente de la FIFA Joseph Blatter fue “usar ropa más pequeña para que más gente las vea”, lo peor para las jugadoras no fue eso, sino el sexismo presente en la sociedad: tener que demostrar que son mujeres para poder jugar. De nuevo, como si al ser mujer no existiera la posibilidad de que te guste y sepas jugarlo. Estas jugadoras se sometieron a humillantes pruebas que la FIFA realizó, ya que si un equipo tiene “motivos” para pensar que la jugadora no es mujer, se puede iniciar una investigación completa y la que se niegue a esto es sancionada. ¿A qué me refiero con “motivos”? A que las jugadoras no tengan un volumen “considerable” de busto para ser mujer, su complexión sea más robusta de lo “normal”, entre otras.

¿Existen trabas para los hombres? Sí, pero las trabas que tienen ellos no son las de género. En cambio, las mujeres tienen que sufrir las mismas que ellos y agregar las de género.

Es lo que tienen que sufrir las jugadoras de futbol para poder llegar a realizar lo que les apasiona. ¿Existen trabas para los hombres? Sí, pero las trabas que tienen ellos no son las de género. En cambio, las mujeres tienen que sufrir las mismas que ellos y agregar las de género. Es necesario que se empiece a cambiar la casilla en la que metemos a las mujeres y los hombres. Nuestro sexo no define qué nos gusta y que no. Muchas jugadoras se someten a esta humillación para abrir las puertas a las que vamos abajo empujando, para demostrar al sistema que, a pesar de las barreras que puedan existir, seguimos luchando con ganas de realizarnos.

La U, la U, la U.

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