#ElNidoDelGavilán: “Bolsonaro visto desde adentro”

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El próximo 28 de octubre, los brasileños votarán la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Como mencioné en semanas pasadas, la competencia estaba y sigue estando entre dos candidatos, Jair Bolsonaro y Fernando Haddad. 

Bolsonaro, representante del conservadurismo y la derecha contra Haddad, ex alcalde de Sao Paulo, pero que figura como un testaferro de la figura de Lula que sigue en la cárcel.

Para la primera vuelta donde convergieron 13 candidatos de diferentes partidos y posturas, Bolsonaro logró llevarse el 46% frente a un 29% de Haddad, lo cual es un hecho histórico para la derecha brasileña y golpe de autoridad frente al rechazo generalizado al partido en el poder.

A nivel internacional han salido diversos videos, entrevistas, memes y comentarios acerca de que Bolsonaro está muy cerca de convertirse en presidente y del “riesgo” que presenta su elección. 

Sin embargo, poco se ha dicho en la prensa hispana que Ronaldinho, Rivaldo y Cafú, 3 pilares del futbol brasileño campeón del mundo lo apoyan.

Para esta editorial conté con el apoyo de 12 amigos brasileños de una comunidad en línea en donde participo. Son 11 hombres y una mujer entre 32 y 67 años de diversas regiones del país. Por medio de un cuestionario me hicieron saber sus opiniones sobre las elecciones y sobre el fenómeno del “O Capitao” Bolsonaro en la sociedad brasileña. 

Las preguntas fueron: 1 – Bolsonaro ganó la primera vuelta. ¿Qué esperas como resultado para la segunda vuelta? ¿Otro triunfo?; 2 – ¿La votación de Bolsonaro es por región, por clase social, por grupo étnico, por género?;  3- ¿Existe un perfil de un elector típico?; 4- De 1 a 10, ¿qué tan buena es su visión de Bolsonaro?; 5- De estas dos posiciones, ¿qué crees que fue decisivo para ese 48%? ¿Anti-Lula o apoyo a Bolsonaro?; 6- Fortalezas de Bolsonaro; 7- Debilidades de Bolsonaro y 8- ¿Es un peligro para Brasil o una solución?

En general, los 12 entrevistados favorecen a Bolsonaro por diversas razones. Lo ven como ganador el día 28 de octubre y tienen cierta esperanza en él. Por mencionar ejemplo, Fernando en Paraná sostiene que ganará con un 55%.

En la pregunta 2, la mayoría no cree que el voto Bolsonarista es por región, pero bien mencionan un hecho. Bolsonaro perdió en el noreste. André en Río piensa que esas regiones mantuvieron su voto por Haddad del partido PT por los programas sociales donde se vieron favorecidos. Edgar en Río piensa que el voto a Bolsonaro representa un “voto de desesperación”. 

En la pregunta 3, los 12 coinciden en que un “votante típico” por Bolsonaro no existe. Los medios internacionales como La Nación de Argentina y algunos sitios brasileños han documentado que los jóvenes, las clases medias y fundamentalmente hombres apoyan a Bolsonaro. Sin embargo, medios brasileños como IBOPE presentaron resultados de encuestas donde las mujeres y los afrodescendientes apoyaron fuertemente a este candidato. Es interesante, sin embargo, ver que IBOPE presenta que los encuestados de ingreso bajo y de educación universitaria estaban con Haddad.

José en Río resume su postura en “El perfil es de quien no está satisfecho con status-quo”

En la pregunta 4, el promedio se mantuvo en 7, lo cual nos dice que la imagen de Bolsonaro para ellos es buena, lo cual manda el mensaje de esperanza de cambio. André resume el sentimiento en una frase “Él va a revolucionar Brasil. Si no lo consigue, nadie más lo conseguirá”.

La pregunta 5 habla de este juego entre pragmatismo y convicción. No es lo mismo apoyar a Bolsonaro directamente que apoyar a quien sea con tal de que no sea Lula o el PT. 11 de ellos afirmaron ser anti-Lula o anti-PT debido a los escándalos de corrupción y de malos manejos. Solo 1 afirmó ser Bolsonarista por convicción. Lucas de Río define su postura “El PT hizo contratos para robar”. 

Las preguntas 6 y 7 van conectadas en función de la visión de Bolsonaro como el político-candidato. Para la pregunta 6 sobre las fortalezas, las respuestas manejaron las siguientes palabras: No defiende ladrones, es militar, no es corrupto, respeto a los valores, moral, saber hablar de frente, defiende a la familia, patriota. Lucas V en Río sostuvo “Bolsonaro tiene honestidad y coherencia”. Asimismo, Daniel en Brasilia afirma que el candidato “Habla de lo que la mayoría del pueblo quiere escuchar”.

En cuanto a sus debilidades, pregunta 7, contestaron: Exceso de honestidad, que puede ser bravucón y que se ha rodeado de gente que le puede representar un obstáculo después. 

Antonio en Sao Paulo ve mucha seguridad en él, pero puede ser arrogante. Tony en Río sostiene que esa actitud intempestiva le puede jugar en contra a la hora de negociar. Ester lo ve como anti corrupto, pero en una inocencia frente a políticos más experimentados. 

Finalmente, en la pregunta 8, la gran mayoría ve en él una solución para el país ante la debacle económica y la crisis de seguridad pública. Jonathan en Paraná y Daniel creen que puede ser las dos, un arma de doble filo, sin embargo, guardan esperanza en el cambio.

Ester en Río cree que cualquier otra opción que no sea el PT es una solución, André va más allá y afirma “Es nuestra última solución”. Alan en Río con una alegoría manda un contundente mensaje “Él es la quimioterapia para el cáncer de la corrupción”.

Por supuesto, quedan muchas preguntas pendientes, pero al menos en este pequeño grupo, la opción de la derecha representa una salida a los malos manejos de la izquierda en el poder y la expresión de una necesidad de cambio. Asimismo, estas respuestas muestran el sentir real del otro lado de la película que en muchos medios no aparece o se caricaturiza.

La transformación que puede traer Bolsonaro a Brasil seguramente impactará América Latina en muchos aspectos. De momento, los brasileños como André, Lucas, Fernando, Jonathan, Daniel, José, Ester, Tony, Edgar, Lucas V, Antonio y Alan quieren salir del bache en que se encuentran, veremos si resulta la apuesta.

Lo dicho, dicho está. Obrigado!

Información de caso Odebrecht pedida por México está bloqueada en Brasil porque PGR no firma acuerdo

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El Ministerio Público de Brasil dijo que la PGR no quiere firmar un acuerdo que le permitiría recibir información sobre el caso de sobornos de la empresa Odebrecht, uno de los mayores escándalos de corrupción en América Latina.

La autoridad brasileña dijo en un escrito a la agencia AP que los países interesados en tener acceso al expediente deben suscribir el acuerdo y respetar reglas como “la prohibición de uso de dicha información en contra de los colaboradores“.

México, agregaron, no ha explicado las razones de su negativa a firmar, y tampoco ha corregido unos documentos que “no cumplían con los parámetros o criterios legales para ser procesados”.

AP señaló que pidió a PGR una postura, pero no hubo una respuesta inmediata.

PGR da a conocer que Brasil no ha dado información de Odebrecht

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La Procuraduría General de la República (PGR), dio a conocer que gobierno de Brasil no ha dado información sobre el caso de supuestos sobornos de la empresa Odebrecht al ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin.

Felipe Muñoz Vázquez, subprocurador de Delitos Federales, dijo a medios que aunque ha habido gestiones con autoridades brasileñas, éstas no han aportado pruebas a la investigación que esta abierta en contra de Lozoya, por enriquecimiento ilícito y cohecho.

“Brasil no nos ha proporcionado la información hasta ahora”, dijo en conferencia de prensa el subprocurador.

Por otro lado, el funcionario de la PGR fue cuestionado sobre el fallo del INAI, de hacer pública la carpeta de investigación, a lo que Muñoz Vázquez respondió que están valorando la resolución y que pronto darán cumplimiento a una versión pública.

De cuchillos y mesías: Bolsonaro el puntero

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Las y los brasileños están llamados a votar el día 7 de octubre del presente. De momento, el panorama electoral está en crisis dado que los dos candidatos punteros de las encuestas están en circunstancias adversas, Lula, en la cárcel y Jair Bolsonaro, en un hospital. 

El atentado a Bolsonaro, de acuerdo a las últimas encuestas, está fortaleciendo al candidato de la ultraderecha de cara a la primera vuelta. El exmilitar Jair Bolsonaro, de ser un candidato minoritario se está volviendo popular entre la gente. 

Por otro lado, el candidato del “establishment” Geraldo Alckmin se mantiene relegado en un tercer lugar, casi fuera de las posibilidades de meterse a la segunda vuelta electoral.

A todo esto, Lula sigue en la cárcel y aunque se sigue intentando en los juzgados buscar su liberación, la realidad sigue adversa y el Partido de los Trabajadores muy posiblemente tendrá que elegir a otro candidato. Lo cual es una gran desventaja pues será un candidato estilo Delfina Gómez en el Estado de México, una candidata que depende de la luz e imagen de Andrés Manuel, en este caso, de Lula.

Sujetos como Bolsonaro que pueden parecer deleznables para algunos sectores liberales de la población, es en estos momentos cuando capitalizan apoyo para sí a costa de sectores menos acomodados de la población.

Los comentarios de Jair Bolsonaro en materia de género, interrupción legal del embarazo, tortura, dictadura, etc son polémicos, y se pensaría que es impensable un candidato así con apoyo popular; sin embargo, los sectores conservadores de toda clase social apoyan en cierto modo dichas ideas, lo cual es un signo de atavismos aun presente en la sociedad brasileña.

Sea verdad o no el atentado, Brasil se perfila para decidir entre un “Juanito” designado por Lula desde la cárcel y Jair Messias Bolsonaro que en el nombre lleva el eslogan de la ultraderecha pseudo-religiosa brasileña.

Lo dicho, dicho está.

Atentado en Venezuela

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El atentado ocurrido hace unos días contra Nicolás Maduro, es otro síntoma de una nación convaleciente por las malas decisiones de gobierno y el resultado de políticas externas que han vulnerado su soberanía. Venezuela es el país con más reservas de petróleo probadas en el mundo y es uno de los principales productores de la OPEP. Su política externa, desde tiempos de Hugo Chávez, se ha caracterizado por tener fuertes encontronazos contra Estados Unidos y otras economías occidentales. El problema es que las consecuencias de las sanciones y estrategias de estos países para desestabilizar Venezuela, lejos de tumbar al gobierno, lo que han causado es un incremento brutal en la inflación, el desempleo y por ende en la desigualdad social, con miles de personas migrando a Brasil y Colombia en busca de más y mejores oportunidades.

Aún y con la cuestionada refundación de la república en tiempos de Hugo Chávez, Venezuela siguió y sigue siendo una democracia vulnerable, como las mayoría en América Latina pero democracia al fin. La oposición lejos de unirse para hacerle competencia al régimen ha batallado elección tras elección con divisionismo en sus propias filas tanto en partidos de derecha, socialdemócratas e izquierda radical. Muchos gobernadores de provincias venezolanas, incluido Capriles son de la oposición, el tema es que para las elecciones federales han llegado a boicotearlas entregándole la mayoría a Maduro, en lugar de competir y tener de nuevo su mayoría como la tuvieron un año antes.

Fuera de teorías de conspiración el atentado contra Maduro solamente lo beneficia a él, legitima su figura frente a los seguidores y beneficiados por su partido el PSUV. No defiendo a Maduro ni a la oposición, pero esta segunda tiene la labora monumental de unirse y participar democráticamente, los problemas de Venezuela deberían resolverse en Venezuela y no convertirse en una lucha de poder y mediática internacional en donde los únicos perdedores son los propios venezolanos. 

Los BRICS y el deporte como soft power

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Nacido por allá del 2009 como un bloque económico contrahegemónico, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tuvieron un auge importante durante los primeros años de esta década, siendo sus integrantes países emergentes, con un mercado del 40% de la población, solidez política interna e incluso llegando a crear su propio banco de desarrollo como respuesta al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. 

A pesar de que en los últimos años la desaceleración de China, la crisis política en Brasil, la participación de Rusia en la coyuntura siria, entre otros sucesos, han hecho que el bloque como tal haya perdido fuerza en la arena internacional, el deporte ha ayudado a estos países a mantener y consolidar su presencia en el consciente público y sobre todo en la chequera de los turistas e inversionistas, como organizadores de competencias internacionales.

Basta recordar que China organizó los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, Sudáfrica la Copa del Mundo en 2010, Brasil la Copa del Mundo en 2014, Rusia los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014, Brasil los Juegos Olímpicos de Río en 2016, Rusia recién termina la Copa del Mundo 2018 y China organizará los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022.

De acuerdo al académico y geopolítico Joseph Nye, el soft power es una herramienta que utilizan los gobiernos con el fin de coaccionar de manera sutil a otros para lograr sus propósitos o posicionarse en el tablero internacional como un actor clave para la toma de decisiones. Una de las mejores maneras de ponerlo en práctica es mediante el deporte, entendido tanto el impacto que genera ganar una competición (ya sea un campeonato o medallas olímpicas) o la organización de un mega evento.

La ventana que ofrecen estas competiciones, ha servido para impresionar al mundo con la infraestructura que desarrollan, la logística precisa para la organización, mostrar la cultura, las ciudades y los paisajes nacionales, así como para proyectarse como un país fuerte, sólido económicamente, con una sociedad integrada, insertada en las dinámicas internacionales, el pujante desarrollo a futuro y finalmente como el foco de atención por cerca de más o menos un mes.

En conjunto, y mencionado con anterioridad, estos elementos elevan a los países organizadores como ejes del consciente público. Gracias a ello, se abre una serie de oportunidades valiosas para su posicionamiento a futuro que dependerá del gobierno en turno y los sucesores consolidar.

#ElNidoDelGavilán: “La crisis del futbol latinoamericano: Dinero mata carita”

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Leyendo diversas revistas y periódicos tras la eliminación de Brasil, subrayo un texto de El País (https://elpais.com/deportes/2018/07/07/mundial_futbol/1530986311_539657.html) sobre el triste performance del futbol sudamericano en la Copa del Mundo hablando de que la pugna entre Sudamérica y Europa es más nostálgica que real.

En las últimas décadas con el advenimiento de la globalización y las nuevas tecnologías de comunicación, el futbol se ha visto afectado.

Desde Argentina hasta Senegal, desde Canadá a Malasia, los entrenamientos, las bases de datos de jugadores, los sistemas tácticos y formaciones llegaron. El know-how se diversificó.

Esto último tiene gran relevancia al ver en los últimos torneos a equipos “chicos” o que pertenecen a la “periferia” del futbol mundial haciendo buenos papeles y sacando resultados poco esperados.

Sin embargo, hay otro factor atrás de esta diversificación y globalización: el dinero.

El dinero ha hecho que los “grandes clubes” de Europa se mantengan en el monte Olimpo del futbol. Ha hecho que el Chelsea y el Manchester City, equipos que en 50 años ganaron poco o nada, hoy sean referentes del futbol mundial.

En México, está pasando con los equipos de Monterrey y el Santos Laguna de Torreón frente a la hegemonía histórica de los equipos del centro del país.

El dinero ha sacado al futbol del barrio y lo ha vuelto industrial, ha forzado a los países latinoamericanos a vender lo más pronto posible, a tener ligas más débiles y a un total y completo acaparamiento del talento mundial en la Europa occidental.

Esta industrialización del futbol donde los chicos salen de academias y no del barrio no es nuevo. Pero si se nota en la dinámica de generación de jugadores en la actualidad. Los jugadores entran a estas academias desde muy chicos y el scouteo de talento ha pasado a un segundo nivel.

Historias como las de Cuauhtémoc Blanco descubierto en un torneo de barrios en Tepito ha sido superadas por historias de como llevaron a determinado jugador a la Masía del Barcelona a los 10 años.

Los debuts en lo profesional más allá de los 25 años y las selecciones con límite de edad con jugadores amateurs es cosa del pasado en el futbol moderno.

Si un joven para los 18 años no entró a un club profesional, su carrera como futbolista está perdida. En términos industriales, si el producto no está en la cadena de distribución desde el primer cliente interno, el cliente final jamás sabrá de su existencia en el anaquel de la tienda.

Bélgica y Estados Unidos son dos ejemplos de selecciones de nivel medio históricamente que se avocaron a trabajar este desarrollo de jugadores desde muy chicos con una diversidad étnica impresionante entre jugadores y entrenadores para tratar de ponerse al día en el mundo.

Bélgica llegó a semifinales de una Copa del Mundo y se quedó a nada de la gran final. En el caso de los Estados Unidos, su selección llegó a cuartos de final con esa generación dorada en 2002 aunque cayeron al abismo en este ciclo mundialista increíblemente.

Esta semifinal del mundial pasó a ser un grupo de la Eurocopa con 2 históricos como Francia e Inglaterra y dos miembros de la clase media europea del futbol como Bélgica y Croacia. 

Los europeos nos han dejado en claro que la brecha es amplia y algo más triste es que las selecciones de la Concacaf, empezando por México, aun estamos en un nivel inferior a lo mejor de Sudamérica. 

El nuevo Cuauhtémoc Blanco o Landon Donovan no saldrá del barrio pateando botes, saldrá de academias capitalistas de producción serial de jugadores de futbol. La esperanza de la región quizás sigue estando en Brasil en sus favelas, en Argentina, en sus villas del conurbano bonaerense. No es suficiente.

Lo dicho, dicho está.

#ElNidoDelGavilán: “¿Cómo va el mundial? Los buenos, los malos y las sorpresas”

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Con la primera fase casi terminada se ha visto el nivel de futbol que merece una Copa del Mundo. Sin duda, la sorpresa del mundial ha sido el triunfo de México. Pero, la crisis actual de Argentina, la eliminación temprana de Perú y los apuros de Colombia también son resultados inesperados. 

De acuerdo con el rendimiento esperado y lo que se exige de cada equipo, voy a dividir el rendimiento de los equipos en buenos, malos y sorpresas. 

En el caso de los buenos, la anfitriona Rusia ha demostrado que puede pelear en los octavos de final contra España. España y Portugal, nos ofrecieron uno de los mejores juegos de la Copa con una demostración de futbol de primer nivel y sin duda son equipos que prometen dar mucho más en la Copa, a pesar de los tremendos apuros que pasaron para clasificar en el último juego. Uruguay, Francia, Inglaterra y Bélgica han dado muestra del nivel que tienen, pero con la suficiencia para apuntalar en lo que sigue.

En los malos que han quedado a deber están sin duda: Argentina y los equipos africanos. La albiceleste necesitó combinaciones y un triunfo bastante trabado para seguir en el torneo. Sin embargo, pese a ello, no dudo en que recuperarán su nivel. Lo de los equipos africanos es lamentable, apenas Senegal tiene opciones serias de clasificar. 

Y finalmente en las sorpresas, Suiza y Dinamarca han sorprendido gratamente. Suiza con ese gran empate ante Brasil y el triunfo ante Serbia demostró que es uno de los “caballos negros” de la Copa. Dinamarca venció a un Perú que venía como favorito y buen futbol y le sacó un empate a Francia. Un futbol rocoso y de fuerza, pero con buena marca ya está instalada en los octavos y no será rival fácil. 

No doy pronósticos, pero hay que prestar particular atención al grupo de México, al de Brasil y Bélgica, que están muy cerrados y con muy buen futbol hasta el momento.

Lo dicho, dicho está.

México y 13 países de Latinoamérica desconocen reelección de Maduro

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Los países integrantes del Grupo de Lima desconocieron el proceso electoral desarrollado en Venezuela, por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente.

Así, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, acordaron reducir el nivel de sus relaciones diplomáticas con dicho país.

Para ello, llamarán a consultas a los embajadores en Caracas y convocarán a los embajadores de Venezuela para expresar su protesta.

Los 14 países reiteraron su preocupación por la profundización de la crisis política, económica, social y humanitaria que ha deteriorado la vida en la nación venezolana.

Lo cual, dijeron, “se ve reflejada en la migración masiva de venezolanos que llegan a nuestros países en difíciles condiciones y en la perdida de la instituciones democráticas, el Estado de derecho y la falta de garantías y libertades políticas de los ciudadanos”.

En ese sentido, el Grupo de Lima decidió presentar en el marco del 48 periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) una nueva resolución sobre la situación en Venezuela.

Asimismo, consideraran la posibilidad de realizar contribuciones financieras a los organismos internacionales competentes para fortalecer las capacidades institucionales de los países en la región, especialmente los países vecinos, para atender el flujo migratorio de venezolanos.

Además de coordinar acciones para que los organismos financieros internacionales y regionales procuren no otorgar préstamos al Gobierno de Venezuela, por la naturaleza inconstitucional de adquirir deuda sin el aval de su Asamblea Nacional.

Así como intensificar y ampliar el intercambio de información de inteligencia financiera, a través de los mecanismos existentes, sobre las actividades de individuos y empresas venezolanas que pudieran vincularse a actos de corrupción, lavado de dinero u otras conductas ilícitas.

#ElTalónDeAquiles: “Parteaguas electorales”

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Durante años, se han analizado las olas de cambio político que dibujaron y redibujaron América Latina. Al populismo de primera parte del siglo XX, el de Perón (Argentina) y Vargas (Brasil), siguieron líderes autoritaros: Pinochet (Chile), Stroessner (Paraguay), y Videla (Argentina), entre otros. La década 1980, sin embargo, trajo cambios. Por un lado, una ola de democratización barrió la región. Por el otro, la izquierda radical, sobre todo la centroamericana, se organizó en frentes guerrilleros. Ambos bandos prometieron justicia y bienestar, pero ambos quedaron debiendo. En el primer caso, el neoliberalismo, que nos habrá tal vez sacado de la crisis económica, disipó los beneficios que eventualmente podían resultar del nuevo marco democrático. De hecho, la centro-izquierda de Duarte (El Salvador), Alwyin, Frei, y Lagos (Chile), terminó siendo también victima del neoliberalismo, confundiénsose con la centro-derecha de Menem (Argentina), Arias, Calderón, Figueres, Rodríguez, Pacheco, y Chinchilla (Costa Rica), y Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, y Peña-Nieto. En el segundo caso, mucha de la izquierda radical impulsó luego el llamado “socialismo del siglo XXI”, que llevó al poder a Chavez (Venezuela), Morales (Bolivia), Correa (Ecuador), los Kishner (Argentina), Lula (Brasil), Lugo (Paraguay) y Zelaya (Honduras), pero cuyos resultados en materia de calidad de vida de las poblaciones, siguen siendo, con la plausible excepción de Brasil y de Ecuador, debatibles.

Estudiar el cambio en el mapa político latinoamericano que acontece en 2018 amputado de este marco histórico es incapacitante pues sin él, es imposible identificar las diferencias entre las elecciones en donde hay procesos de inercia, de aquellas con potencial de convertirse en parteaguas. Por ejemplo, fuimos testigos en abril de la asención al poder de Miguel Díaz Canel en Cuba. Es refrescante ver, por primera vez desde 1959, a un no-Castro al frente de la isla. Pero más allá del simbolismo, el nuevo presidente ha multiplicado sus declaraciones a favor del sistema de partido único. Además, Raúl Castro sigue siendo jefe del Partido Comunista. También en abril, en Paraguay, el Partido Colorado, bajo el liderazgo de Mario Abdo (hijo del exsecretario privado de Stroessner), triunfó sobre la alianza de centroizquierda GANAR (Gran Alianza Nacional Renovada) de Efraín Alegre. Abdo se declaró contra el matrimonio homosexual y el aborto. Hoy, en Brasil, Lula está en la cárcel, y Jair Bolsonaro, un exmilitar, homofóbico, favorable a la tortura, puede ganar. ¿Y qué decir de las elecciones en Venezuela? En este caso, quien vaticine el triunfo opositor, demuestra las virtudes y excesos de la imaginación. 

Ahora, otros procesos electorales, que también acontecen actualmente en la región, sí tienen potencial de inyectar nuevas formas de hacer política. En Costa Rica, el oficialismo consolidó una ruptura casi milagrosa con el bipartidismo tradicional. Con una minoría parlamentaria y un sistema multipartidista que no termina de consolidarse, el nuevo presidente debió formar un gabinete multipartidista llamado a generar gobernabilidad. El cambio es vulnerable, pero prometedor. En Colombia, de los resultados de la elección de mayo depende el futuro del proceso de paz, el cual está a medias en la tarea de acabar con un conflicto armado que duró más de medio siglo, y que a duras penas avanza con el Ejército de Liberacion Nacional (ELN). Le toca a Gustavo Petro, exmilitante del M-19 y líder de la coalición “Colombia Humana”, la misión de derrotar a Ivan Duque, candidato uribista, quien dirige la alianza “Gran consulta por Colombia”, y que defiende esa forma de ver y de hacer la política que eternizó el conflicto en ese país por décadas. El legado de Juan Manuel Santos es frágil. En fin, México está poniendo término al gobierno de Enrique Peña Nieto. Si el candidato de la “Coalición Juntos haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), logra llegar a Los Pinos, existe potencial, por lo menos más que si llega Anaya (PAN) o Maede (PRI), de que suceda algo diferente a lo que ha sido la historia de ese país desde 1982. De lo contrario, para bien o para mal, será más de lo mismo. 

Hoy, América Latina se debate entre regresar al pasado o aventurarse en el siglo XXI. No hay más olas: la región se parte en trayectorias diversas. El regreso al pasado, o la defensa de lo existente, es propuesto en algunos países con fuerza, sin complejos. Y en aquellos casos en donde progreso hay, el mismo es endeble, no solo porque la derecha es experta en recordar las catástrofes de la izquierda radical y en matizar los éxitos de la izquierda democrática, sino también porque a pocos les gusta salirse de su zona de confort. Y sin embargo, la aspiración por justicia social, el desencanto con élites políticas poco creativas, a menudo corruptas, e insensiblemente tecnocráticas, nutren un voto que penaliza más de lo mismo ante un pasado en el cual todos quedaron debiendo. 

La lucha ya no es hoy ni entre izquierda y derecha, ni entre populismo y tecnocracia, sino entre conservadurismo y progresismo. Conservador es quien objeta el cambio, sea este de izquierda o de derecha; progresista es quien cree que el cambio tiene el potencial de ser positivo, sobre todo cuando las recetas probadas y reprobadas del pasado, han dado suficientes muestras de no satisfacer las expectativas sociales. Y entonces yo me pregunto: ¿Si insatisfacción hay, cómo esperar resultados diferentes eligiendo siempre a los mismos?

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), mayo de 2018