Luis y el #Gasolinazo

Vaya arranque del 2017.

Luis is back, back again; decía un medio electrónico. Está de vuelta la mano que mece la cuna, el mandamás, la voz de la maldad que le habla en la oreja el presidente, el misterioso e inseparable de Enrique Peña Nieto.




Renunciado hace algunos meses, reaparece Luis, quizás uno de los mayores culpables del deterioro económico en México. Bienvenido de nuevo, aunque no tengas experiencia en la diplomacia Henry te otorgó la cancillería, que a fin de cuentas no creo que se necesite alguien experimentado y mucho menos en estos días previos a la toma de protesta de Trump. (Sarcasmo)

Videgaray destrona a su paso a Claudia Ruiz Massieu, una de las pocas personas que a juicio personal fuera buena en su desempeño dentro del gabinete federal.

Mientras tanto, en Nuevo León la cosa está que arde. La semana pasada se llevó a cabo la marcha “pacifica” que dejo varios puntos en claro:

    • Nuevo León no aguanta más.
    • La gasolina es un tema inflamable.
    • La Fuerza Civil se vio sobrepasada en número. Tengo grabado en la mente el rostro de un policía que lleno de miedo y con poco equipo, estaba en primera fila defendiendo a la ciudadanía. Aplauso para ellos.
    • ¡Ese no es Nuevo León! Ni los vándalos, ni los saqueos, ni el que rompe los vitrales del palacio de gobierno (que algunos databan de 1908) nos representan. A nosotros nos representa el trabajo honrado y la propuesta. No los palos y machetes.
    • La notable desorganización de quienes se proclamaron “organizadores” de la marcha. Hace falta un líder que logre encausar correctamente el malestar ciudadano.
    • ¡Que efectivo es el Estado para castigar a los vándalos que estuvieron involucrados en los saqueos y daños al Palacio de Gobierno! ¡Bravo! ¡Por fin!

Ahora sí no hay excusa, igual de efectivos los queremos ver con los suyos. Excelente que los procesen así de rápido, lo único que les pedimos es que sean igual de justicieros con los políticos que aprovechan su puesto para llenarse los bolsillos.

Sr. Gobierno, entienda que no es solo el gasolinazo. Es todo junto. Nacional, Estatal y Municipal. Es la corrupción, la tenencia, el alza en los impuestos, la inseguridad, la impunidad, la opacidad, es su incompetencia para gobernar. Es la indignación y la impotencia.

Solidaridad, como decía uno de los slogans de Carlos Salinas de Gortari. Solidaridad, si… ¡pero con el pueblo! No con los suyos.




Ah, y feliz año nuevo.

Si no nos vemos, pues nos escribimos.

Marchas, Vandalismo y Saqueos, ¿quiénes los responsables?

1. Aplaudo que la ciudadanía despierte, que muchos miles de personas decidan manifestar su inconformidad y demuestren su descontento. (lo único bueno de ayer).

2. Según mencionan, la gran mayoría de la sociedad se manifestó PACIFICAMENTE, al menos de inicio, acudieron por el descontento y hartazgo provocado por años de mal gobierno.

3. La gente NO ACUDÍA PARA APOYAR A UN GRUPO O GRUPOS DE ORGANIZACIONES CIVILES, entonces, ¿por qué carajos poner un templete y darles la palabra solamente a unos cuantos? ¿Quién carajos eligió a Gilberto Lozano y a Fufito como voceros de la ciudadanía? ¿Quién pagó por esa tarima, audio y luces?

4. PERDÓN, pero las protestas de hace una semana organizadas por las mismas personas fueron una previa de lo que hoy se vivió, repartieron tomates, quemaron una piñata dentro del palacio Estatal, rompieron vidrios de oficinas y protestaron parados sobre escritorios, NO PUEDEN extrañarse de los actos ocurridos el día de ayer.

5. Continuamente han utilizado la palabra REVOLUCIÓN, vamos a tomar el Estado, vamos a derrocar al gobierno, vamos tumbar al sistema… Si lo anterior no es provocar y calentar más a la ciudadanía no sé qué es.

6. Convocaron a la ciudadanía, tomaron la palabra y no supieron qué hacer con ella, no hubo liderazgos. Pretendieron posicionarse y apropiarse de una causa y un sentir general.

7. Efectivamente acudieron reventadores profesionales, sin embargo quienes tomaron “el liderazgo” al ver las cosas difíciles decidieron (ahora sí) bajarse de la tarima y emprender una “protesta” hacia constitución, dejando el problema en su máximo nivel y aprovechando para retirarse del lugar.

8. Me llena de coraje el ver los daños ocasionados al Palacio de Gobierno, a la historia de Nuevo León, es sumamente triste que se pierda la cabeza de esta forma, actos de vandalismo que NO VAN A CAMBIAR ABSOLUTAMENTE NADA DE LO APROBADO POR LOS DIPUTADOS.

9. Al final también policías de Fuerza Civil resultaron heridos, heridos por la propia ciudadanía a quienes cuidan y por quienes lo crean o no arriesgan su vida.

CON MANIFESTACIONES VIOLENTAS TODOS PERDEMOS.
Tenemos muy pocos buenos representantes de la sociedad civil que de verdad nos hagan sentir representados.

Es importante, URGENTE, que nos caiga el veinte de que tenemos que involucrarnos de forma activa PERO RESPONSABLE en la vida pública, quitarnos el “chip” de que NO ES BUENO METERSE EN LA POLÍTICA POR QUE ES UN MUGRERO, si no lo hacemos, así seguirá por muchas generaciones. Ojalá que de verdad amigos y amigas quienes están leyendo esto se animen y levanten la mano para comenzar a trabajar y tratar de salvar y componer a nuestro país, trabajando con al menos dos principios básicos LA HONRADEZ Y EL AMOR POR NUESTRO PAÍS. (No es un decir, quienes de verdad quieran escríbanme y con todo el gusto del mundo los apoyo en lo que se pueda y requiera.)

¡Te quiero México!

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“Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El Talón de Aquiles: EL RETROCESO DEL PROGRESO

El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 3 de octubre, 50.21% de los votantes en un referéndum, seis millones y medio de colombianos, se opusieron a un acuerdo de paz. El 8 de noviembre, Hillary Clinton obtuvo más de dos millones y medio de sufragios que Donald Trump (voto popular), quien sin embargo ganó los votos electorales.

Presentar un texto argumentando que en este 2016 triunfaron el temor y la ignorancia es insuficiente, pues opinólogos y futurólogos ya se me adelantaron. Procedo entonces a desarrollar dos factores que dan profundidad a esa tesis: la incapacidad ciudadana a alimentar un régimen que requiere de participación de calidad, y una desconexión indulgente de las fuerzas políticas que deberían defender las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del Siglo XX, explican por qué estamos como estamos.

La democracia representativa: víctima del capitalismo (casi) salvaje

Soy el producto de un mundo socialdemócrata que la revolución neoconservadora de los años 1980 destruyó. Se me enseñó que cada derecho conlleva una responsabilidad, que es adeudo del ciudadano informarse y contribuir al debate, y que el interés colectivo pasa por encima del individual. No me considero “socialista”, mucho menos “comunista”, pero sin duda soy “izquierdista”.

 




Se me convenció que el principal rol del Estado es la moderación política: al redistribuir la riqueza y fortalecer la clase media, el Estado evita las derivas extremistas tanto de izquierda (revolución bolchevique) como de derecha (nazismo), que se alimentan de pobreza e ignorancia. La democracia solo funciona en donde la clase media, urbana, y educada, es fuerte. La educación es antídoto a la manipulación y demagogia.

Una de las primeras víctimas del neoliberalismo fue la educación. La obsesión por controlar el déficit fiscal y la nefasta idea que el sector privado siempre es mejor que el público, evaporaron presupuestos, debilitaron servicios, y alentaron privatizaciones.

La educación privada nunca ha sido reconocida por inculcar valores de solidaridad social; y la pública, aunque quisiera, no tuvo condiciones. Se crearon así brechas entre los que pudieron pagar una educación de calidad, y los que no.

Los resultados están a la vista: a los ciudadanos de hoy no les interesa lo público, ya sea porque no le dan importancia (creen que no la tiene), o debido al exceso de trabajo – la pauperización del mercado laboral también es una realidad – que no permite una participación política activa de calidad.

A este escenario agréguesele la explosión en importancia de internet, de las redes sociales, y la consolidación de una cultura en donde el límite entre espectáculo y realidad se borraron. Hoy, no se sabe qué información es real e irreal. Los “trolls” desinforman, distorsionan, y divulgan falsedades adrede a quienes no saben, y no quieren aprender a distinguir, como decía la canción, “entre besos y raíces”. Hoy, la política es espectáculo, el ciudadano espectador, y el votante consumidor.

Las marchas de salvación de la patria y de dignidad nacional organizadas por el uribismo contra un acuerdo de paz en Colombia, son ejemplo de ello. De nada sirvió defender uno de los acuerdos de paz más ambiciosos y sofisticados que se hayan firmado, que contaba con el apoyo unánime de la comunidad internacional.

Pudo más la desinformación. También eso explica el éxito de las campañas de los líderes aislacionistas del Reino Unido y de Trump, cuya sorpresa ante sus propias victorias apenas superó las evidentes muestras de la falta de preparación para las mismas. La cohesión social del consenso keynesianismo fue rota hace tiempo. Hoy, las consecuencias son evidentes.

Brechas y condescendencias

Claro, el neoliberalismo no es culpable de todo. La izquierda también lo es. Primero, dejamos de ser izquierda. Nos derechizamos. Nuestro supuesto proyecto inclusivo no lo fue tanto: siempre excluimos a religiosos y otros grupos que no dudamos en llamar “fundamentalistas”.

Si el Partido Demócrata hubiera defendido al proletariado blanco rural arruinado por la deslocalización empresarial fruto de la globalización, hubiera probablemente mantenido su apoyo. Pero la izquierda de Clinton, antiaborto y pro-gay (alienándose así el voto religioso y conservador) se convirtió además en la primera línea de defensa del libre comercio, con lo cual perdió el voto de los trabajadores. Segundo, existe en la izquierda una tendencia a la condescendencia.

Muchos nos vemos como una especie de vanguardia liberadora cuya misión es guiar a los alienados hacia el “progreso”. La educación, ese instrumento que extirpó nuestra ignorancia, nos da esa responsabilidad social, que constituye nuestra mejor muestra de consciencia y solidaridad.

Ser de izquierda es un privilegio de burgueses, y muchos de los votos “racistas, xenofóbicos, y sexistas” que vimos en 2016 son reacción a ese complejo de superioridad. ¿Cómo apoyar el aislacionismo en un mundo globalizado? ¿Cómo no entender que la paz es mejor que la guerra? Al ser parte de la “izquierda caviar”, nos hemos desconectado de las inquietudes del ciudadano común. Nos cuesta imaginar que haya gente que no piense como nosotros.

Los triunfos populistas de 2016 no nos gustan porque no se amoldan a la idea de progreso que nosotros, izquierdistas, hemos construido. Es casi patético constatar los fallidos esfuerzos del Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para explicar, con complejos tecnicismos, sin duda correctos pero también aburridos, el acuerdo de paz, mientras Uribe ejecutaba una retórica simple, sin duda simplista aunque apasionada, que tergiversó lo acordado y le dio la victoria.

Y cuando el elector nos dijo que éramos nosotros los que no habíamos entendido su grado de frustración, los frustrados fuimos nosotros ante mayorías que se atrevieron a no compartir nuestra opinión portadora de valores progresistas dignas del siglo XXI.

Los resultados en el Reino Unido, en Colombia, y en Estados Unidos no son antidemocráticos porque son el fruto de lógicas democráticas, pero ponen en entredicho la construcción del ideal democrático de centro-izquierda, basado en el respeto, la tolerancia, y el reconocimiento de la diversidad, y en la defensa de minorías.

 




Las mujeres, que rara vez han sido minoría, también cuentan en esa visión, que ahora vemos en peligro en un mundo en donde las mayorías progresistas brillan por su inexistencia. En Estados Unidos, un tercio de los ciudadanos es incapaz de nombrar uno de los tres poderes de gobierno.

¿Cómo darle poder a tantos ignorantes? Filósofos como Platón y John Stuart Mill ya han propuesto ideas para limitar los efectos políticos perniciosos de la inopia popular. Es aquí, precisamente aquí, en donde se abre la puerta al autoritarismo de izquierda, tan peligroso como el de derecha.

Conclusión: tengo miedo

Queda todavía mucho por analizar. Se debe aceptar que esta racha victoriosa populista de derecha no se alimenta solo del temor e ignorancia: una buena proporción de la clase media, individuos con ingresos anuales de USD 100,000 o más, votaron por Trump, así como lo hicieron 42% de las mujeres y 29% de los latinos (más de los que votaron por Romney). Además, 43% de sus votantes tienen título universitario.

El retroceso del progreso ha causado una profunda división social: los treinta millones de personas votaron en el Brexit (la tasa de participación casi alcanza 72%), dividieron al Reino Unido entre Inglaterra y Gales (favorables a salir de la Unión Europea) y Escocia e Irlanda del norte (a favor de la permanencia).

Colombia, como Estados Unidos, es un país dividido, como lo muestra el proceso que actualmente se desarrolla para aprobar una nueva versión del acuerdo de paz (que sigue generando oposición). Tercero, las mayorías silenciosas pesan fuerte. El abstencionismo debe ser estudiado con mayor detalle.

 




En 2016, los intolerantes afirmaron su voz, por tanto tiempo irrespetada y ridiculizada. Basta de hablar de integración, de paz, de cambio climático, de musulmanes, y de comunidades sexualmente diversas: es hora de ocuparse de la gente “normal” con problemas reales. A partir de 2016, el fenómeno es mundial.

En Francia, los analistas monitorean con atención el apoyo a Marine Le Pen y al Frente Nacional. En Costa Rica, gárrulos oportunistas como Otto Guevara se atreven a reivindicar el discurso incendiario de Trump. Ya se propuso estudiar la abolición del beneficio de la nacionalidad costarricense a los hijos de nicaragüenses nacidos en Costa Rica. Veamos si se le ocurre construir un muro entre Costa Rica y Nicaragua.

El retroceso del progreso se alimentó por una derecha neoliberal que cercenó el consenso keynesiano, pero también por una “izquierda champagne” que en un inicio se quiso oponer, pero que terminó pactando con el capitalismo de la post-Guerra fría.

Ayer fueron los que vemos como “fundamentalistas reaccionarios” los que temieron la llegada a la Casa Blanca, de lo que vieron como un presidente negro, musulmán, que ni siquiera había nacido en Estados Unidos. Hoy, somos nosotros, izquierda y centro-izquierda, los que tememos la llegada a esa misma Casa Blanca de lo que vemos como un populista ignorante, irresponsable, e imprevisible. ¿Ignorancia versus prepotencia?

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), diciembre de 2016

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Marchas en Venezuela: ¿Ejemplo de lucha para México?

A raíz de la cada vez más clara situación de censura hacia la oposición del gobierno de Nicolás Maduro, así como de la abierta negación del ejecutivo en cuanto a hacer válido el revocatorio convocado por la asamblea, el pueblo venezolano ha decidido hacerse valer como tal. A partir de esto es que, han comenzado las movilizaciones ciudadanas a lo largo de diversas ciudades del país sudamericano.

No queda duda de lo imprescindible que resulta, en estos momentos, el hecho de crear unidad entre la sociedad venezolana, con el fin de levantar la voz; esto, para recordarle a su presidente que este se encuentra sujeto al imperio de la ley, el cual implica un respeto total a las facultades que puede llevar a cabo la sociedad civil por medio de la democracia participativa que este mismo juró, en su momento, defender.

Por otra parte, si bien es digno de admirar la movilización popular como respuesta a la falta de apego del estado de derecho por parte del gobierno de facto, resulta indispensable recalcar que, una buena parte de la oposición de los partidos políticos tiene en duda su credibilidad.




Esto, debido a los nexos que se han encontrado de algunos líderes de oposición con organismos políticos pertenecientes a los Estados Unidos. Si bien no debe dejarse pasar por alto la posibilidad de una influencia de EUA (como ha ocurrido a lo largo de la historia, con el golpe de estado hacia el gobierno de Allende, por ejemplo) en lo concerniente a situación actual, tampoco se debe descalificar la organización ciudadana por culpa de unos líderes de oposición un tanto dudosos.

Ahora bien, al presenciar este acontecimiento surge la duda siguiente: Si Venezuela pudo levantarse ante la censura, ante la escasez y la falta de cumplimiento del gobierno hacia con las leyes ¿por qué no habría de poder, igualmente, el pueblo Mexicano?

Si prácticamente nuestro país está viviendo condiciones casi idénticas a lo que sucede en dicho país: con nuestros servidores públicos que saquean al erario, con las reformas que solo empobrecen y desahucian a los más necesitados, con cerca del diez por ciento de nuestra gente viviendo en pobreza extrema, yo me pregunto ¿cuándo habremos de tomar el ejemplo de Venezuela, y unirnos y alzarnos como pueblo y fuente que brinda legitimidad a las instituciones del estado?




Considero, que ya hemos aguantado demasiado cinismo, demasiada represión y censura hacia la libertad de expresarse (no olvidemos que México es el país de Latinoamérica donde más peligra la vida de los periodistas), demasiadas cicatrices como para seguir caminando ciegamente, mientras el gobierno, que supuestamente tiene como fin el bien común, continua llenando sus bolsillos y, continúa considerándonos como un voto para mantenerlos en el poder.

Es urgente despertar y levantar ese espíritu de lucha del cual nos dieron cátedra nuestros antepasados, a través de la revolución, y de la lucha por la independencia.

Es ahora o nunca, el momento en que la ciudadanía haga valer su poder, y finalmente, reivindique su posición mediante la lucha no violenta para lograr la creación de un gobierno verdadero; en otras palabras, la creación de un gobierno que sirva a su pueblo, no solo a sus representantes y a unos cuantos grupos de poder.

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Los jóvenes y la izquierda

¿Qué significa hoy en día ser de izquierda en México? ¿Significa seguir a López Obrador en su desprecio hacia las instituciones? ¿Justificar la vandalización de la propiedad privada por parte de los normalistas de Ayotzinapa? ¿Apoyar a la CNTE en sus bloqueos? Las posibles respuestas y la mera formulación de estas preguntas me dejan insatisfecho.

La concepción actual de la izquierda entre la población me parece errónea, y en gran medida el malentendido se debe a que no tenemos verdaderos representantes de ella.

Octavio Paz en alguna ocasión fue más lejos al afirmar que: “En México no hay una izquierda ni una derecha en el sentido ideológico. Llamamos de derecha a quienes sólo ven por sus intereses, y de izquierda a los que les gritan, queriendo estar en el poder”.




La “izquierda” como vemos, es un concepto difuso. Por ello en la actualidad hay quienes abogan por una actualización de los polos Izquierda – Derecha, a Liberal – Conservador (sin embargo, no son traducciones del todo).

En un intento por clarificar el concepto “izquierda” y su relación con los jóvenes (motivo de posterior análisis), opinan dos figuras un tanto atípicas en el contexto político de Monterrey (típicamente de derecha/conservador): la diputada local de Movimiento Ciudadano, Concepción Landa, y el diputado federal del PRD Waldo Fernández.

Para usted, ¿qué significa ser de izquierda?

Concepción Landa (CL): Para mí significa ser progresista, ver por el bien público y común, antes que los intereses individuales. Ser responsable con los que menos tienen, brindar un desarrollo humano y cultural con oportunidades para todos, asumir el compromiso de legar un mundo mejor para las generaciones futuras y el cuidado del medio ambiente

¿Hay un partido político que actualmente represente a los jóvenes?
CL: No, creo que los jóvenes se sienten más identificados con los ciudadanos sin afiliación partidista.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda están tan fragmentados en México?
CL: Porque no piensan en que hay que unir esfuerzos y que nadie tiene la verdad absoluta. Hay una arrogancia ideológica enorme.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda no tienen peso en Monterrey?
CL: Por el gran individualismo que existe en donde las acciones colaborativas y colectivas son de “comunistas” o “populistas”. Además de un esquema de verticalidad.




¿Para usted qué significa ser de izquierda?
Waldo Fernández (WF): Ser de izquierda, es respetar los derechos y libertades de todos. Ser tolerantes, ser incluyentes, respetar la pluralidad.
Soy un hombre que cree que todos nacemos libres y con igualdad de oportunidades, defender el derecho de todos a alcanzar sus metas sin hacer distingos, eso es para mí ser de izquierda.

¿Hay un partido político que actualmente represente a los jóvenes?

WF: Todos los partidos tienen espacios dedicados a los jóvenes, depende de ellos militar o participar activamente. Todos los partidos políticos actualmente han incorporado criterios de elegibilidad de jóvenes y han adoptado discursos y políticas encaminadas a este sector.
Lo importante es que los jóvenes participen sino en un partido político, en una asociación civil, en sus escuelas o como ciudadanos a construir un mejor país.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda están tan fragmentados en México?

WF: Porque existen diferentes ideologías dentro de la izquierda. No sólo en el país sino en el mundo; algunas son más progresistas y otras más radicales.
Ante la pluralidad política, social y cultural que cohabita en el país, es común la dispersión de posicionamientos y con ellos la simpatía del electorado.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda no tienen peso en Monterrey?

WF: En Monterrey tenemos una cultura y una idiosincrasia diferente al resto del país, aquí la cultura del esfuerzo que generalmente es identificada con el centro-derecha es muy bien vista y las políticas que implementa la izquierda no siempre son del agrado de la ciudadanía. El ciudadano tiene una idea equivocada de lo que es ser de izquierda. La izquierda también busca el progreso económico y social.

Podemos observar un elemento común en ambas definiciones de “izquierda”: el respeto a las libertades individuales implícito en la tolerancia y la pluralidad. Se añaden también como distintivos el combate a la pobreza y el cuidado del medio ambiente.

Me interesa ahora hacer un vínculo entre los expuesto sobre la “izquierda”, y los jóvenes porque los jóvenes somos mayoría, no sólo demográficamente sino también socialmente, es decir, tenemos cada vez mayor peso en la sociedad, en gran medida, gracias a que somos quienes mejor dominamos las nuevas tecnologías, lo que tiene 2 implicaciones directas:

1) Estar mejor informados.
2) Tener más vías de expresión.

Aunque entre los jóvenes hay diversas corrientes ideológicas, se tiende cada vez más al liberalismo (entiéndase por liberalismo el desarrollo y protección de las libertades individuales) y creo que es tiempo de aclarar y asumir lo que significa dicha postura ideológica para así encausarla hacia una auténtica representación política. Lo considero particularmente importante para evitar un mayor atraso social.




Esta tendencia al liberalismo por parte de los jóvenes no es exclusiva de México, se presentó antes con Joshua Wong (19 años) en Hong Kong, fundando el Demosistō (partido de centro izquierda pro-democrático), con Pablo Iglesias (38 años) en España fundando Podemos (izquerda), con Alexis Tsipras (42 años) en Grecia y su partido Syriza (coalición de partidos de izquierda e izquierda radical), Justin Trudeau (44 años) en Canadá con el Partido Liberal y Bernie Sanders en los Estados Unidos con su búsqueda de transformar al Partido Demócrata, todos estos casos teniendo en común un mensaje y agenda liberal dirigida a los jóvenes.

Para el caso de México, no creo que la solución sea crear un partido político, ya hay más que suficientes, lo que hace falta es depurarlos para que se conviertan en auténticos mecanismos de representación.

Para ello, será necesario que primero los jóvenes conozcan en qué consisten los posicionamientos de izquierda/liberales y escojan si deciden asumirlos como propios, la representación política vendrá por añadidura.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”