#ElTalónDeAquiles: “Alan”

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“Alan”. Así de simple. Ese fue el nombre con el cual Alan Gabriel Ludwig García Pérez, mejor conocido como Alan García, se presentó en las elecciones peruanas de 2006, las cuales terminaron con una victoria que le permitió asumir, por segunda vez (la primera fue de 1985 a 1990), la Presidencia de la República 2006-11. Hoy, Alan se ha convertido en el segundo Jefe de Estado peruano en suicidarse (luego de Gustavo Jiménez, en 1933). 

La primera vez que escuché el nombre “Alan García” fue a mediados de la década 1980, cuando este discípulo de Víctor Raúl Haya de la Torre llevó al poder por primera vez a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), un partido de centroizquierda fundado en 1924. García había sido diputado constituyente (1978-79) y diputado (1980-85), pero su figura obtuvo alcance latinoamericano cuando su discurso joven, radical, y antiimperialista, le dio, a sus 36 años, la Presidencia de la República. 

Al inicio de su gobierno, los salarios crecieron, las tasas de interés se redujeron, y el tipo de cambio, así como la inflación, se mantuvieron bajo control. Pero la bonanza económica terminó. Las emisiones inorgánicas de moneda, su rebeldía al Fondo Monetario Internacional (FMI), y el hecho de limitar el pago de la deuda externa al 10% de los ingresos obtenidos por las exportaciones, hicieron estallar la crisis económica. En 1989, la hiperinflación llegó al 2775%. Además, en esa época se recrudeció el conflicto armado interno. No solo creció la violencia de grupos armados como Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), sino que también lo hicieron las violaciones a los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas. Con un legado como ese, era imposible pensar en una segunda oportunidad. 

Y por eso, el segundo Alan, el que asumió en 2006, me sorprendió. Si algo se demostró en esa ocasión es que en América Latina los cadáveres políticos no existen. Bien por Alan. Pero también es cierto que su segundo gobierno se definió por el mismo neoliberalismo implantado a partir de 1990. Los tratados de libre comercio y la política de austeridad fiscal propulsados por este dinosaurio político sepultaron al joven izquierdista de retórica explosiva. Y así, el único denominador común de sus dos gobiernos fue las denuncias de corrupción. En 1991 el parlamento debatió la posibilidad de encausarlo por eventual enriquecimiento ilícito. Y en 2013 se creó una comisión para investigar presuntas irregularidades acontecidas durante su segundo gobierno. Si no fuera porque en 2001 la Corte Suprema declaró prescritos los delitos presuntamente cometidos durante su primer mandato, no hubiera podido resucitar.   

La última vez que escuché mencionar a Alan fue el 17 de abril de 2019, cuando me enteré de su suicidio. A punto de ser arrestado por asuntos relacionados al caso Odebrecht, una empresa constructora brasileña que habría incurrido en actividades ilícitas (cohecho, colusión, y tráfico de influencias) para obtener licitaciones de obra pública, Alan decidió dispararse. Claro, García no es el único político latinoamericano salpicado por el escándalo. Tan solo en Perú, el expresidente Alejandro Toledo (2001-06) se encuentra prófugo, Ollanta Humala (2011-16) estuvo nueve meses en prisión preventiva, y Pedro Pablo Kuczynski (2016-18) purga una pena de 36 meses de detención domiciliaria por supuesto lavado de activos. Si Alan hubiese sido aprendido, y sin tomar en cuenta a Alberto Fujimori (Jefe de Estado 1990-2000 quien fue sentenciado en 2009 a 25 años de presión por delitos de represión) habría sido posible afirmar que todos los presidentes de Perú de los últimos veinte años han tenido problemas legales debido a la corrupción. 

Pero hoy el orador decidió unirse, por razones muy diferentes, a una lista de Jefes de Estado latinoamericanos que han terminado trágicamente sus días, entre ellos Getulio Vargas (Brasil, 1954) y Salvador Allende (Chile, 1973). Alan, quien siempre supo utilizar el poder de las palabras, se quedó mudo. Y esta vez, no resucitará. 

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), 2 de mayo de 2019

#ElTalónDeAquiles: “La soledad”

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En enero de 2018, Inglaterra nombró su primera ministra contra la soledad. Se reconoció así, tal vez por vez primera, la importancia de este tema en los tiempos modernos. Cifras indican que, en los países occidentales desarrollados, una de cada tres personas se siente habitual o frecuentemente, sola. En 2019, 28 % de los hogares canadienses están ocupados por una sola persona, una situación que nada tiene de excepcional. En España, por ejemplo, no solo el porcentaje es similar – 25,2% en 2016 – sino que además en 2017 una de cada diez personas dijo sentirse sola “con mucha frecuencia”. En Europa, en promedio 32,2% de la población está en dicha situación. Inglaterra no es el único país en reconocer el problema. Dinamarca creó un programa nacional para concientizar al público sobre las consecuencias de la soledad crónica. Se trata de un problema de salud pública que algunos no dudan en catalogar, no sin generar polémica, de epidemia. 

Claro, vivir solo no implica sufrir de soledad. Muchos escogen sanamente dicho estado, pues el mismo puede ser sinónimo de libertad e independencia. Además, un sentimiento transitorio u ocasional de soledad puede ser benéfico. La primera vez que viví solo tenía 23 años. Esa experiencia fue, en mi caso, como en la mayoría, muy formadora: gracias a ella me erigí como alguien autosuficiente, responsable, capaz de organizar mi vida eficazmente según mis intereses personales. Sin embargo, hay estudios que muestran que cuando es crónica, la soledad puede causar estrés, ansiedad, depresión, cardiopatías, cáncer, diabetes, suicidio, e incluso puede reducir la esperanza de vida de forma equivalente a fumar 15 cigarrillos diarios. En mi caso, la soledad actual no es necesariamente el producto de una decisión, sino el resultante, tal vez aleatorio, de una acumulación de hechos de vida. 

Ahora bien: ¿Qué hace que un sentimiento de soledad sea positivo o negativo? Al respecto, varias son las explicaciones que se pueden avanzar. Es posible afirmar que el debilitamiento de los vínculos colectivos de cohesión social (sindicatos, asociaciones civiles, comunales, etc.), un fenómeno que afecta más a los países desarrollados que a los del sur global, explica una individualización extrema que exacerba la precariedad social. Se puede también argüir que las redes sociales, en vez de crear comunidades, profundizan divisiones. Hoy, se puede tener cientos o miles de “amigos”, y ser simultáneamente incapaz de sintonizarse con alguien. Tampoco es raro ver jóvenes pasar fines de semana solos, inmersos en las redes sociales, o invirtiendo horas eternas en aplicaciones de encuentros fortuitos. El porcentaje de adolescentes estadounidenses que dice sentirse solo pasó de 26% en 2011 a 39% en 2017. En fin, hay grupos con mayor riesgo de sufrir aislamiento. Pensionados que pierden su pareja y cuyos hijos viven lejos, pueden experimentar mayor dificultad a lidiar con la soledad. En términos generales, los migrantes, las personas de la tercera edad, la comunidad LGBTQ, y las personas con algún tipo de discapacidad, entre otros, son grupos más vulnerables. 

Hace mucho tiempo decidí que la soledad no me impediría vivir una vida plena. Estoy seguro de que ser feliz es una decisión. Decidí entonces viajar adonde quisiera, cuando quisiera, ir al cine o al restaurante, pues concluí que la soledad no es excusa para alimentar la ignorancia. Pero, después de todo ese esfuerzo, cierto es que la plenitud parece más fácil alcanzar cuando se comparte. Poco importa la calidad de las amistades o la solidez de los lazos familiares, la soledad puede golpear un sábado por la noche, cuando no hay plan social, cuando se regresa de viaje sin que haya bienvenida, cuando la enfermedad no es compensada por atenciones especiales, cuando la bancarrota es posible si se pierde el empleo, o cuando se entra y se sale del hospital sin que nadie lo sepa. Y por ello es que hoy, doctores recetan horas de voluntariado, cursos de yoga, asistir a exposiciones, y otros, a aquellos que sufren de soledad. En un mundo de extremo individualismo en donde la esperanza de vida no deja de aumentar, es momento de comenzar a derribar muros para conversar sobre temas universales que nos pueden afectar a todos. Porque parece que se envejece como se vive, y si se vive solo, es probable que se envejezca solo.

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), abril de 2019

#ElTalónDeAquiles: “Delirios de poder”

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El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Esta ilustre frase de Lord Acton es oportuna para abordar el grado de extravagancia al que puede llegar el dirigente adicto al poder. Olvídese a Maduro y su parodia revolucionaria. Quedará Venezuela por siempre en la penumbra, víctima de un ficticio complot. El país con las mayores reservas petroleras del mundo ni siquiera es capaz de generar con fiabilidad la electricidad que consume. Ignoremos también a Ortega, quien después de doce años en el poder, está dispuesto a retornar Nicaragua a la época de Somoza en una espiral de represión que no tiene fin. 

América Latina no es la única región en donde la fantasía a veces supera la realidad. El presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika nos regaló recientemente una joya que entrará en los anales del sinsentido político. El hombre de 82 años, electo por primera vez en 1999, en silla de ruedas desde 2013 (accidente cardiovascular), y quien no se expresa en público desde ese entonces, hizo saber en febrero que se presentaría por quita vez a las elecciones, cuya primera vuelta está prevista para el 18 de abril de 2019. Cualquier parecido con Joaquín Balaguer, quien obtuvo un quinto mandato al ganar las elecciones de República Dominicana en 1994, a sus 88 años, completamente ciego, es mera coincidencia.

Adelantándose a las críticas, Bouteflika prometió invitar a las fuerzas políticas, económicas, y sociales del país a una conferencia nacional. El presidente argelino puede ser el arquitecto de la paz que goza el país luego del fin de la cruenta guerra civil (1991-2002), pero el desempleo es alto, el poder de los militares importante, y las percepciones de corrupción, altas. Argelia ocupa el lugar 105 (sobre 180) en la edición 2018 del ranking de Transparencia Internacional. 

Pero el desconcierto se convirtió en enojo, y velozmente en revuelta, cuando el político viajó a Suiza para exámenes médicos. Fue entonces evidente que no es apto para gobernar. Inició así un ciclo de manifestaciones que no tiene fin. 

Ante la creciente oposición, el dirigente prometió que dejaría el poder en un año. O sea, su principal promesa de campaña fue… la de dejar del poder si es electo, por medio de la organización de elecciones anticipadas. Esto permitiría una transición ordenada y convocar un referéndum para aprobar una nueva constitución. De poco sirvieron las advertencias sobre el peligro de caos, ni el haber adelantado las vacaciones para evitar así el agrupamiento de estudiantes, una de las principales fuerzas movilizadoras. 

Para el domingo 9 de marzo, cuando Bouteflika regresó a Argelia, las manifestaciones se multiplicaban en la capital, Alger, así como en Annaba, Béhaïa, Oran, Tizi-Ouzou. Se produjo entonces otro regateo: prometió cambios significativos, empezando por la designación de un nuevo Primer Ministro encargado de dirigir un gobierno de transición. Comunicó también su intención de no solicitar un quinto mandato, pero postergó la elección de abril. Los manifestantes celebraron este triunfo en un inicio, pero la reivindicación de evitar un quinto mandato se convirtió pronto en la exigencia de impedir la prolongación del cuarto.

Personajes como Maduro, Ortega, y Bouteflika sufren delirios de poder. En el caso del presidente argelino, su paupérrimo estado de salud podría haberlo expuesto a la manipulación de su entorno, quien escribiría sus comunicados y decidiría sus acciones. No es esta una excusa para prolongar un gobierno que, a todas luces, perdió su legitimidad social, pero es el racionamiento detrás de una solicitud presentada en Suiza por la ONG Abogados sin Fronteras, que insta a ponerlo, como adulto mayor que es, bajo protección. 

Las manifestaciones en Argelia son inéditas en la historia del país y muestran que la democracia sigue siendo una reivindicación progresista ante autoritarismos que se encuentran a la deriva debido a los delirios de poder de dirigentes que viven en mundos desconectados de las necesidades y aspiraciones de sus naciones. En definitiva, el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Fernando A. Chinchilla

Kinshasa (República Democrática de Congo), marzo de 2019

#ElTalónDeAquiles: “Maduro inmaduro”

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Afirma el conocido animador de televisión peruano, Jaime Bayly, que Nicolás Maduro, lejos de ser un dictador de verdad, de los que da miedo, es un payaso: sus excursiones lingüísticas Shakespearianas, los pajarillos que lo sobrevuelan, y los “Back from the future”, son algunos ejemplos de sus excentricidades. Hoy, el régimen da sus últimos aleteos en un triste aislamiento. La situación va más allá de la tradicional oposición de derecha, la cual sigue denunciando la intención de cubanizar Venezuela (como si Cuba hubiera vivido la hiperinflación y Fidel Castro hubiese sido el hazmerreir de amigos y enemigos). No. En Venezuela, la realidad superó al peor de los temores. 

El aislamiento de Caracas es triste porque incluye, de manera clara y evidente, críticas de izquierda, que ven impotentes cómo las oportunidades de cambio y de justicia se fueron por la cloaca discursiva. Es decir, a los opositores tradicionales del chavismo, como lo son la derecha colombiana (hoy en la presidencia, de la mano de Iván Duque), y opositores menos tradicionales (como el recientemente electo Jair Bolsonaro, en Brasil), se les une líderes de centro-izquierda, como Alvarado (Costa Rica) y Trudeau (Canadá). Además, el heteróclito Grupo de Lima, compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, y Santa Lucía, intenta desde 2017, a pesar de Caracas, encontrar una salida pacífica a la crisis. En fin, democracias europeas como Francia y España decidieron recientemente no seguir siendo indiferentes ante la parodia revolucionaria. El gobierno de Maduro sigue siendo reconocido por Bolivia, China, Cuba, Turquía, y otros tantos, pero ya no es reconocido por muchos otros.

Los demócratas progresistas nunca perdonaremos a la nomenclatura petro-chavista el haber fracasado en su intento por cambiar el destino de su país. Habrían podido desmontar el corporatismo creado por el Pacto de Punto Fijo, invertir en el futuro creando un sistema educativo competitivo, y poner la renta petrolera al servicio de la diversificación económica. Pero no. En vez de lanzar la revolución más radical que siempre ha requerido América Latina, la democracia, sustituyeron a los viejos receptores de las dádivas petroleras por nuevos actores. Ya no son los ricachones de los partidos políticos tradicionales los que se aprovechan del sistema, sino los nuevos líderes, prontamente corrompidos, del Partido Socialista Venezolano. Y en vez de educar y desarrollar, se fortaleció el clientelismo, fomentando así la dependencia económica de las clases sociales menos favorecidas a un sistema que no da herramientas para sobrevivir. Entonces, en vez de hacer germinar la democracia, se transformó el autoritarismo: se pasó de un corporatismo de centro-derecha a un confuso gobierno despojado de toda agenda izquierdista. Por su obstinada resistencia al cambio, el grupo fiel a Maduro es hoy más reaccionario que progresista. 

La última vez que escribí sobre Venezuela señalaba que la situación seguía degradándose en una certera descomposición de la revolución bolivariana. En mayo de 2017, se cumplían varias semanas de movilización social que había producido decenas de muertos. El gobierno argumentaba que la principal amenaza era la contrarrevolución (golpista) de derecha. Desde ese entonces, poco cambió pero todo empeoró: Maduro fue reelecto en un proceso electoral muy cuestionado a nivel nacional e internacional. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se autoproclamó presidente legítimo del país. Mientras tanto, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) pronostica que la economía venezolana se contraerá el 10 % en 2019 mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una astronómica hiperinflación de 10,000,000%.

Maduro es inmaduro. Se aferra al poder y asegura que no hay crisis humanitaria en su país. Cree que todavía puede gobernar. Es posible que el dirigente bolivariano no tenga la sofisticación de líderes autoritarios como Vladimir Putin, y sí, es posible que sea un payaso. Pero sus excentricidades ya no hacen gracia y su testarudez es peligrosa, no solo para Venezuela, sino para toda la región latinoamericana. La invitación es clara: salir del poder ahora que todavía puede hacerlo. 

Fernando A. Chinchilla

Winnipeg (Canadá), febrero de 2019

#ElTalónDeAquiles: “Los éxodos de la vergüenza”

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El 18 de enero de 2019, 1000 nuevos hondureños y salvadoreños fueron recibidos en México, en su travesía hacia los Estados Unidos. La cantidad de migrantes ya colapsó albergues y la inseguridad ha cobrado la vida a varios jóvenes. Por la gravedad de esta crisis humanitaria, cuyo epicentro es el Triángulo del Norte centroamericano, inicio el año esbozando las trayectorias históricas recientes de Honduras, El Salvador, y Guatemala. 

En junio de 2009, el presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue depuesto en un golpe de Estado por quienes afirmaban que el líder buscaba reformar la constitución para perpetuarse en el poder, siguiendo así el camino de sus compinches, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales. La Organización de los Estados Americanos suspendió al país del sistema interamericano. El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Venezuela anunciaron sanciones, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) suspendieron la ayuda financiera, y los embajadores de la Unión Europea se retiraron. Pero de poco sirvieron los esfuerzos. El golpe derechista siguió su marcha: se decretó un estado de sitio y se juramentó a Roberto Micheletti como presidente de Honduras; posteriormente se realizaron elecciones que dieron como presidente electo a Porfirio Lobo. 

En El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) lograba, de forma simultánea, un histórico triunfo electoral que puso fin a décadas de dominio de la derecha, representada en por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Si, en la opinión de algunos, el gobierno de Mauricio Funes (2009-14), fue demasiado moderado, la elección de Salvador Sánchez Cerén (2014-19), un exguerrillero cuyo nombre de guerra fue comandante Leonel González, presagiaba un genuino viraje de izquierda. Pero el supuesto  causo poco impactó en la vida de los salvadoreños, muchos de los cuales debieron seguir pagando peajes a las Maras para no ser asesinados. La inseguridad siguió siendo el talón de Aquiles del país. 

En Guatemala, el triunfo electoral de Álvaro Colom (2008-12) abrió también un efímero periodo de esperanza progresista. Me ahorro los detalles, pero me permito recordar tres hechos. Primero, el General derechista Otto Pérez Molina (2012-15), su sucesor, renunció en septiembre 2015, luego de ser acusado por el Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) de cohecho pasivo y asociación ilícita en un caso de defraudación aduanera. Segundo, en febrero de 2018, Colom fue detenido por corrupción, en un caso que también fue revelado por la CICIG. En fin, el 7 de enero de 2019 el presidente Jimmy Morales (2016-…), un outsider sin ideología, intentó anular unilateralmente el acuerdo entre Guatemala y la Organización de Naciones Unidas (ONU) que da sustento a la CICIG, el cual lo investiga por irregularidades en su campaña electoral. 

Los constantes éxodos de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos son el resultado de la exclusión social, de las faltas de oportunidades, y de una crisis de seguridad sin precedentes que azota a los países del Triángulo Norte. Pero, además, recuérdese: el panorama migratorio centroamericano es aun más complejo, pues también incluye desplazamientos poblacionales hacia el sur. En los últimos meses del 2018, 21,000 estudiantes, activistas, políticos, empresarios, profesionales, profesores universitarios, y exmilitares nicaragüenses pidieron refugio en Costa Rica, debido a la deriva autoritaria del gobierno Ortega. Es decir, en 2019, los heterogéneos flujos migratorios dentro de, y desde Centroamérica, que incluyen a jóvenes, no tan jóvenes, hombres, mujeres, homosexuales y heterosexuales, educados y menos educados, tienen como único denominador común la miseria, de la cual intentan todos huir, y la cual se mezcla con, o es producto de, la violencia intrafamiliar y comunitaria, el crimen organizado, y la violencia perpetrada por el Estado. 

Se trata entonces de éxodos de la vergüenza, no de “caravanas” que romantizan lo inaceptable, porque desnudan el rotundo y patético fracaso de las clases políticas centroamericanas, sin importar su ideología de centro, de derecha, o de izquierda, a mejorar el bienestar de sus ciudadanos. 

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), 30 de enero de 2018

#ElTalónDeAquiles: “Rom-Pom-Pom-Pom 2018”

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La moda navideña este año en Canadá es regalar una compensación de carbono para disminuir la huella ecológica individual, familiar, o empresarial. El concepto es simple: todos emitimos gases de efecto invernadero. Afortunadamente, hoy existen programas para compensar total o parcialmente esas emisiones, sobre todo sembrando árboles. Compre su tarjeta de regalo y el dinero irá a la reforestación, con lo cual disminuye la “huella ecológica” del agasajado. 

Como estas consideraciones parecen ganar importancia en el mundo contemporáneo, para este Rom-pom-pom-pom 2018 me di a la tarea de calcular qué tan contaminante es el trineo de Santa Claus. El resultado es preocupante, si bien las premisas del análisis son discutibles. Supongamos primero que San Nicolás viaja de este a oeste. Debido a husos horarios y a la rotación planetaria, su Nochebuena es de 31 horas: 111,600 segundos. Es el tiempo que tiene Santa para visitar a los 378 millones de niños elegibles a su programa de regalos. Esta cifra, claro está, es inexacta, pues no excluye a los infantes que se portaron mal. El cálculo, sin embargo,  elimina al 85 % de niños alrededor del mundo que no son cristianos (budistas, hindúes, judíos, y musulmanes). Lo siento: Santa no es un paradigma de liberalismo multicultural.

Si el trineo de Santa emite 0,545 kilos de CO2 por segundo, como alegan algunos sitios internet de calidad cuestionable, su huella ecológica en Nochebuena es de 60,82 toneladas. Comparemos: la huella carbono de un catarí (Qatar es el país que más produjo de estos gases de 1990 a 2013), fue de 40,37 toneladas en 2013; un estadounidense produjo ese año 16,5; un francés, 5,75, un mexicano, 3,91, y un bangladesí, 0,38. Se requería así de 3,68 gringos emanando gases a lo largo de 2013 para igualar la orgía de vapores lanzada por el Sr. Claus. O, si se prefiere, un mexicano tarda 15,5 años produciendo los gases que el trineo volador lanza en tan solo 31 horas. Demasiadas flatulencias para mi conciencia ecológica. Ni siquiera me atrevo a calcular el impacto de la producción de regalos, que transcurre a lo largo del año, o la huella ambiental de cada uno de los renos y duendes. 

De lo que sí tengo cifras, aunque parciales y dispersas, es del impacto ecológico de la navidad. Considere los siguientes aspectos: (a) el desenfreno a todo nivel – alimentario, energético, etc. – es lo contrario del consumo responsable. Solo en Francia, se dieron aproximadamente 113,4 millones de regalos en la navidad de 2011. A esto se le suma el papel de regalo (su consumo es exagerado durante este época), el transporte, no solo de los productos (muchos de los cuales son elaborados en China), sino de las personas que van a comprarlos en auto a centros comerciales y quedan atrapadas en embotellamientos, los regalos regresados (2 toneladas por año, solo en EE.UU., se convierten en basura), y otros; (b) en Francia, 60 % de los regalos son de plástico, y 30 % son juegos electrónicos, cuyos componentes no solo pueden ser perjudiciales para la salud de los niños, sino que tienen una huella ecológica alta; (c) cantidades importantes de comida se compran y terminan en la basura, al tiempo que se abusa todavía más de recursos naturales limitados (p.ej. langostinos) en estos tiempos. Las emisiones de carbono per cápita en navidad representan el tercio de la producción total anual de cada inglés. ¡Feliz navidad!

La COP-24 que viene de terminar en Katowice (Polonia), es una pequeña victoria en el largo combate a los cambios climáticos: casi 200 países acordaron reglas de aplicación del Acuerdo de París (2015), con lo cual se establece un sistema de rendición de cuentas. Pero los científicos ya alertaron que si la meta es mermar la amplitud del cambio climático, tendremos que hacer cambios sin precedentes a nuestro estilo de vida. La discusión entre el árbol de navidad natural o artificial ya no es pertinente (de todos modos se sabe que el primero es más ecológico que el segundo, sobre todo si no se corta ni se quema). De lo que se trata, es de renunciar al automóvil, disminuir el desplazamiento aéreo de forma drástica, adoptar el vegetarianismo, y tener la menor cantidad posible de hijos. Ya no se trata de Estados o gobiernos, sino de un compromiso individual y ciudadano a nivel planetario. En ese sentido, iniciar con un modesto regalo de compensación de carbono, es un tímido paso en la buena dirección. ¿Sabés cual es tu impacto ambiental? Calcúlalo. 

Fernando A. Chinchilla 

San José (Costa Rica), 17 de diciembre de 2018

#ElTalónDeAquiles: “Los Siete Pecados Capitales de Enrique Peña Nieto”

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El cambio generacional es importante porque supone innovación. El refrescante (aunque limitado) “Pacto por México”, un acuerdo inter-partidario suscrito en diciembre de 2012, que permitió reformas estructurales en educación, telecomunicaciones, y energía, encarna el potencial de Enrique Peña Nieto (EPN) para renovar la política de su país, e ilustra también su fracaso. Pocos son los avances en los ejes de acción definidos en esa iniciativa: el fortalecimiento del Estado, la ampliación de derechos económicos y sociales (democratización político-económica), y la participación ciudadana en el diseño, ejecución, y evaluación de políticas públicas. El primer pecado capital de EPN, un error usual en la política mundial contemporánea, es haber defraudado las esperanzas de cambio de sus votantes. 

En efecto, como líder partidario, su figura acongoja. Su candidatura al frente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) es símbolo de una modernización fracasada. Siempre se podrá argüir que difícil es que una persona transforme sola estructuras internas que empezaron a ser erigidas noventa años atrás. Pero el sexenio 2012-18 es una suma de oportunidades perdidas para cambiar la avejentada y anacrónica cultura priista. “Casa Blanca”, el escándalo por la compra de propiedades por parte de la pareja presidencial, y que simboliza la inmortalidad de las arcaicas formas de hacer política, encarna el segundo pecado capital de EPN. Además de resucitar y perennizar un tema inscrito en el ADN del PRI corporatista -la corrupción- el caso recordó la prepotencia del PRI neoliberal. Nada malo hubo, según EPN: si el gobernante ofreció excusas… es por empañar “la credibilidad de la institución presidencial”. ¡Pues gracias!

La errática política exterior es su tercer pecado capital. Claro, desde que decidió mirar al norte, el México neoliberal de los años 1990s decidió dejar de ser uno de los países más ricos de América Latina para convertirse en el socio (requete) pobre de Norteamérica (reduciendo además a lo económico su mirada multidimensional internacional). Se acabaron las alianzas con los países andinos, la política autónoma hacia el Caribe y el rol de poder subregional en Centroamérica. Por supuesto, EPN no tiene vela en ese entierro, pero sí en cuanto a su fracaso en privilegiar, como lo prometió, el multilateralismo para disminuir la dependencia de Estados Unidos. A decir verdad, todos los presidentes de México desde Carlos Salinas son culpables de lo mismo. Lo que convierte hoy en capital este pecado, es el marco de la ascensión del presidente Trump. La repugnancia nacional y la vergüenza ajena ante el servilismo mexicano en el marco de la cuestión migratoria y de la renegociación comercial norteamericana, fue evidente. La popularidad de EPN nunca se levantará de los deslices diplomáticos cometidos entre 2016 y 2018. 

A nivel económico, un crecimiento anualizado de alrededor de 2% del Producto Interno Bruto (PIB) y el mantenimiento de la “estabilidad”, son a menudo mostrados como signos de éxito. Cierto es que el crecimiento del PIB mexicano a partir de 2014 es mayor que el de Latinoamérica, que el desempleo urbano abierto 2014-16 bajó en poco más de un punto porcentual, y que el salario medio real, aumentó. Pero los datos formales en un país en donde lo informal representa al menos 25% de la actividad económica son, en el mejor de los casos, parciales. Además, no solo México seguía siendo en 2017 uno de los países más desiguales de la región, sino que el número de pobres permaneció invariable durante el sexenio 2012-18 (43,6% de la población en 2016). Malgastar el potencial económico existente en México para implantar reformas progresistas tendientes a disminuir las desigualdades, es el cuarto pecado capital de EPN. Que alguien me explique por qué es un “éxito económico” dejar un país tan pobre como se le encontró.

La inseguridad ciudadana es sin duda una mancha indeleble de este sexenio, el cual inició con el loable objetivo de privilegiar la prevención sobre la confrontación. Se buscó así dejar de combatir al crimen organizado para esforzarse en disminuir la violencia colectiva que tanto aquejaba a la ciudadanía. Sin embargo, la realidad superó la ficción. Los 31,174 asesinatos cometidos en 2017 (la tasa fue de 25 homicidios por cada 100,000 habitantes) hacen de ese año el más mortífero de la historia del país. Peor aún, la tendencia en la violencia generada por los choques entre las autoridades policiales y militares, y los carteles de la droga, sigue siendo hoy, a la alza. El quinto pecado capital de EPN es cuantificable: los homicidios ascendieron en marzo de 2018 a 104,583, superando así los 102,859 registrados durante el sexenio de Felipe Calderón, durante el cual se desarrolló la infame “Guerra contra el Narcotráfico”.

Con la torpe gestión de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, su sexto pecado capital, EPN hizo exactamente lo contrario a lo firmado en el “Pacto por México”. En vez de reforzar el Estado, extirpó todo amago innovador. En vez de promover la democracia, repitió una hipótesis cuya veracidad fue categóricamente desmentida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): no es cierto que policías corruptos hayan entregado los estudiantes a grupos criminales, quienes los habrían incinerado en un basurero. Esta mentira perpetúa el manto de impunidad que protege a los culpables. En vez de suscitar la participación ciudadana en la formulación de políticas públicas, Ayotzinapa muestra la importancia que EPN dio a la transparencia, la imputabilidad política, y la vigencia del Estado de Derecho: ninguna.

El séptimo pecado capital de EPN, que lo sintetiza todo, es el haberse constituido en el reproductor de los vicios del pasado en vez de convertirse en el arquitecto de las aspiraciones de futuro. En una encuesta publicada en agosto de 2018, el 66,8% de la población desaprobó su gestión, mientras que tan solo 21,2% la aprobó. ¿Qué esperar dados los antecedentes aquí expuestos? México llega al desenlace de un interminable sexenio que la mayoría desea olvidar. Que la guerra contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se detenga. Es tiempo de suspirar y respirar, aunque sea por unos cuantos minutos. 

Fernando A. Chinchilla

Nuakchot (Mauritania), noviembre de 2018

#ElTalónDeAquiles: “Del 420 al 1017: ¿Apocalipsis epicúreo anárquico?”

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La expresión 420 es conocida en el slang urbano como un referente a la marihuana. Desconozco el por qué, pero lo cierto es que cada 20 de abril, los adeptos celebran el día del cannabis. Reconstruir esa historia puede ser interesante, pero en esta columna focalizo en lo que bautizaré como el “1017”. En efecto, el 17 de octubre de 2018 es el día de la legalización la mota en Canadá. Por semanas, la prensa ha abordado el tema desde las más diversas aristas. Según estadísticas gubernamentales, este mercado involucró en 2017 a 4,9 millones de consumidores que habrían gastado cerca de CAD 5,7 billones. ¿Cómo y por qué se ha dado este paso?

¿Cómo? Canadá nos da el ejemplo de cómo una liberalización debe ser acompañada de reglamentación. Hoy, se sigue prohibiendo en el país la posesión de más de 30 gramos de hierba. De hecho, el producto fue sometido a las mismas reglas que rigen la industria del tabaco: se prohibe, por ejemplo, exhibir el producto, hacer publicidad, y fumar en las cercanías de edificios públicos. Varios municipios prohibieron el consumo en otros espacios públicos (vías, parques, etc.), y algunos condominios adoptaron reglamentos para impedir su consumo en áreas comunes, balcones, e incluso en las moradas. Las empresas también definieron códigos que castigan a los empleados que se presenten a trabajar bajo los efectos de la grifa. Existen todavía áreas grises, pero lo cierto es que la legalización de la mota es la historia de la transición de un libre mercado ilegal a un mercado legal regulado.

En ese marco, la distribución del producto es central. Cierto es que se permitió la venta privada, pero también, y sobre todo, debe recalcarse que se crearon entidades estatales para distribuir el producto. En Québec, la Sociedad quebequense del cannabis (SQDC) ofrece en sus sucursales, o en su página internet, como también lo hacen Cannabis NB (New Brunswick) y la Comisión Provincial de Juegos de Hazard, de Alcool et de Cannabis (AGLC) de Alberta, desde el puchito común (pre-arroyado), hasta aceite, cápsulas, atomizadores, y otros productos derivados. El sistema se integra a un régimen de licencias para la producción y abastecimiento legal. La capitalización bursátil de los cuatro mayores productores de cannabis, Canopy Growth, Aurora Cannabis, Tilray, y Aphria, sobrepasó hace poco los CAD 45 billones. 

¿Por qué? Desde un punto de vista sociológico, es posible argumentar que la legalización de la marihuana tan solo es una adecuación a las costumbres societales. El consumo de la mota siempre ha sido tolerado en Canadá, pues en el imaginario colectivo no se ve este producto como las drogas sintéticas, más fuertes, adictivas, y peligrosas. También es posible invocar razones de política pública, sobre todo en materia económica, de salud, y de seguridad. Hoy, el consumidor puede procurarse en Ontario el producto de forma segura, cuya calidad está garantizada por el Estado, el cual recibe ingresos por imprimir ese sello de calidad. Los beneficios son claros. En esa provincia, el Estado vendió alrededor de CAD 750,000 el primer día de legalización. En Quebec, de forma indirecta, hasta 46,000 dealers podrían legalizarse, convirtiéndose así en comerciantes a derecho y, por ende, en contribuyentes fiscales. De forma directa, la SQDC busca tomar el 30 % del mercado durante su primer año de operación, debilitando así al crimen organizado. 

Desde el 1017-2018, múltiples son las acciones policiales para enmarcar el uso legal de la marihuana. Por ejemplo, un residente de Terranova fue multado por poseer más de los 30 gramos permitidos, un automovilista en Ontario deberá pagar CAD 215 por la bolsa que transportaba en su carro, y un residente de Winnipeg recibió una contravención de CAD 672 por fumar en su vehículo. Entrar a Canadá con marihuana sigue siendo ilegal. La legalización del cannabis está lejos de convertirse en el apocalipsis epicúreo anárquico que algunos vaticinaron. Eso sí, ya no hay perritos que olfateen el monte en los pasos fronterizos: el 1017 marca el fin de la carrera canadiense para 13 equipos caninos de la Policía Montada, especializados en el olfateo de drogas ilícitas. Ello por cuanto no se puede pedir a un perro que deje de detectar la marihuana a la que fue entrenado a olfatear.

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canada), 30 de octubre de 2018

#ElTalónDeAquiles: “Ortega”

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Lo que pasa en Nicaragua es imperdonable. Por seis meses, la crisis en ese país ha nutrido las noticias internacionales. Lo que inició como protesta contra de las reformas al Instituto Nicaraguense de Seguridad Social (INSS) – se proponía aumentar las contribuciones de patronos, empleados, y pensionados al seguro social para evitar su quiebra (la cual, según previsiones del Fondo Monetario Internacional, acontecerá en 2019) – se convirtió en una lucha por la justicia y la democracia. Hoy, la precariedad de Ortega proviene dos factores.

Primero, su estilo, autoritario, cansó. Si bien en un inicio las protestas fueron entre la coalición opositora, el Frente Amplio por la Democracia (FAD) y la Juventud Sandinista, los primeros muertos y el despliegue del ejército caldearon los ánimos. Pronto, los campesinos llamaron a la huelga y solicitaron la renuncia del polémico presidente. Luego, con la aparición de paramilitares y el uso intensivo de antimotines, los manifestantes pidieron el cese de la violencia, la liberación de detenidos (se denuncian torturas) y el cese de la censura (cuatro canales de televisión fueron sacados del aire temporalmente). En mayo, patronos y sindicatos, adversarios al principio, hacían frente común para condenar “las masacre”, la censura, y la represión. Buses, camiones, y camionetas se unieron al movimiento. La cantidad de muertos, la mayoría por la represión del Estado, se calcula hoy en alrededor de 400; el número de heridos ronda los 2500. 

Segundo, los apoyos a Ortega se disiparon. A nivel internacional, ya desde antes de la crisis, su gobierno no era bien visto, sobre todo entre aquellos países con los que ha mantenido contenciosos por razones diversas. Ningún Castro está hoy al frente de Cuba, Rafael Correa vive en Bélgica, y la Venezuela de Maduro es un desastre. Además, ordenar la salida de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), no ayudó a mostrar la buena voluntad. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha seguido investigando hechos de violencia (su presencia fue exigida por los universitarios como parte del diálogo) y se ha referido en múltiples ocasiones al tema.

A nivel interno, Ortega tampoco pisa terreno firme. Por un lado, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que gobierna es un trozo del existente en las décadas 1970 y 1980. Muchos de sus excompañeros, que por cierto lo acusan de aventar al FSLN hacia el populismo, están en la oposición (Movimiento Renovador Sandinista, MRS). Por el otro, en un marco en donde el gobierno aceptó la entrada de la CIDH al tiempo que siguió desplegando los antimotines, la Iglesia suspendió el diálogo, con lo que se generó mayor frustración, y más protestas. Ortega, quien desde la campaña de 2006 comenzó a hacer constantes referencias a Dios, y que había logrado mantener relaciones cordiales con la Iglesia, recibió un ultimátum de la Conferencia episcopal. Cansada de intentar inútilmente de propiciar el diálogo, le exigió que generara las condiciones necesarias para el éxito del mismo. 

Las reformas al seguro social fueron revocadas menos de una semana después de la detonación inicial. Pero ya era demasiado tarde. La olla de presión explotó porque lo que Ortega ha hecho a Nicaragua, es imperdonable. Olvidemos que este privilegiado líder tuvo tres oportunidades para cambiar su país. Perdonémosle sus dos primeros intentos: el inicial, porque la Junta de Reconstrucción Nacional (1979-85) fue un grupo heterogéneo que dificultó la adopción de una agenda común. Y el segundo, como presidente democráticamente electo (1985-90), porque enfrentó una contrarrevolución financiada por la administración de Ronald Reagan. Aún en tales circunstancias, el legado de Ortega es inaceptable.

Además de querer perpetuarse en el poder, a este líder de oposición a la dictadura de Anastasio Somoza se le ha acusado de querer adueñarse de los bienes del FSLN, de acumular fortuna, e incluso de haber abusado sexualmente de su hijastra, Zoila América Narváez. También se le califica de nepotista, al haber propuesto como candidata a la vicepresidencia en su última reelección a su esposa, la poeta y exguerrillera, Rosario Murillo. También se le achaca el haber perdido la brújula ideológica. El Ortega del siglo XXI es corporatista: no solo gobierna a la derecha, con el apoyo de empresarios y de los sectores más conservadores de la Iglesia católica, sino que además cuenta con el apoyo tácito de sindicatos (que se acostumbraron a su tajada del pastel). Es también este Ortega el que negoció con el expresidente Arnoldo Aleman (1997-2002), un exomosista considerado uno de los políticos más corruptos del mundo, condiciones más favorables para la aplicación de su pena, a cambio de apoyo político.

¿Alguien mencionó “pensamiento progresista”? Porque si algo brilla por su ausencia en este país desde hace décadas, es esa noción. El presidente Ortega debe irse antes de terminar como Somoza, el dictador que, en su juventud, ayudó a derrocar. Y debe hacerlo rápido, porque la verdad, la dignidad ya se le acabó. 

Para información sobre la situación en Nicaragua, consulta:

Fernando A. Chinchilla 

Nouakchott (Mauritania), 23 de septiembre de 2018

#ElTalónDeAquiles: “El fin de la era de plástico”

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Hace al menos quince años inició el fin de la era de plástico. La revuelta comenzó en los supermercados de Canadá, Estados Unidos, y Europa, cuando la gente empezó a rechazar el uso de bolsas de plástico, que tardan siglos en biodegradarse, para llevar sus compras a casa. Años después, inició la lucha contra – llamálos como mejor te convenga – los absorbentes, bombillas, calimetes, cañitas, carrizos, pajitas, pajillas, pitillos, o popotes. Luego aparecieron las máquinas para fabricar agua mineral casera. Hoy, el agua natural empaquetada en cartón (como la leche o el jugo de naranja) se popularizariza.

El fin de la era del plástico llegó al punto de no retorno. En definitiva, la economía verde está aquí para quedarse. Los reportajes televisivos sobre la inmensa isla de plástico que flota en alta mar se multiplican. Durante mi escala en el aeropuerto Mohamed V, vi por vez primera uno de los aviones asociados al esfuerzo para limpiar ese mar de desechos. También aflora la conciencia sobre la importancia de los micro-plásticos, esos residuos no biodegradables que entran en la cadena alimenticia de los peces, y por lo tanto, en la nuestra. 

Pero, como siempre, es en los países menos desarrollados en donde el mayor esfuerzo queda por hacer. Tomaré un ejemplo para ilustrar mi angustia. Durante mi semana en N’Djamena, organicé un taller en el cual participaron 30 personas. Todos los días (y el evento duró tres), cada persona recibió una botella matutina de agua, y otra vespertina. En realidad no fue mucho, pero aun así, se repartieron 180 unidades. 

El agua de tubería de la ciudad, como es el caso en muchos otros lugares del mundo, no es potable. Por lo tanto, a parte de las seis botellas de 350 ml que consumí durante el taller, tomé las dos botellas que el hotel puso a mi disposición todos mis días de estancia (10 unidades). Y como esos 750 ml no bastaron para hidratarme diariamente, compré al menos cuatro botellas, de 1.5 L, más. Así, tan solo en materia de agua, mi huella ecológica de plástico de la semana que recién termina fue de 50 botellas (un aumento de alrededor de 1700 % de mi producción individual semanal de este tipo de basura). 

Supongamos ahora un consumo individual similar de cada uno de los participantes al evento: 1500 botellas. Olvidemos el consumo de otros refrescos, envases de jabón (por ejemplo para limpiar la vajilla), botellas de salsas, aceite, etc. Todo ese plástico, sin excepción, durará una eternidad en desaparecer y producirá micro-plásticos no degradables. Ahora multipliquemos esa cantidad por varios billones de personas, y luego hagámoslo de nuevo por 365 días para obtener un estimado del consumo anual. Prefiero no hacer el cálculo. ¿Entendés ahora por qué es un capricho usar una pajilla durante diez minutos para ingerir un refresco? ¿Queda claro por qué es inexusable olvidar tu bolsita de tela para tu diario? ¿No es ser malagradecido el menospreciar el privilegio, porque eso es lo que es, de vivir en un lugar en donde el agua de tubería es potable? 

Es en mi recamara de hotel, entre mis botellas de plástico que de seguro terminarán en cualquier lugar menos en un centro de reciclaje (porque en África reciclar como en Europa es un lejano sueño), que vi al siempre anacrónico Donald Trump eliminar medidas de protección ambiental creadas por su predecesor. Pero también vi un reportaje sobre una empresa europea que descubrió cómo fabricar plástico biodegradable a partir de leche de vaca: el plástico del futuro. Y entonces, como eterno optimista que soy, y a pesar de ser la siempre privilegiada Europa la que desarrollará las primeras sociedades autosustentables de nuestra era (mientras el sur, falto de infraestructuras, se seguirá ahogando en mares y montanas de plástico), que pensé: algo de esperanza todavía hay para el futuro de nuestra especie. 

Fernando A. Chinchilla 

N’Djamena (Tchad), agosto de 2018