#HojaDeRuta: “El colapso de la confianza”

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Si en el verano, en medio del fervor de una elección presidencial votó el 56% del padrón elegible en la elección ordinaria para la alcaldía de Monterrey ¿Qué porcentaje sería realista esperar que acuda a un proceso extraordinario que tendrá lugar un 23 de diciembre? Razones sobran para suponer que será considerablemente más bajo, pero todas tienen un hilo conductor: la desconfianza.

Zygmunt Bauman definió la crisis de la democracia como “el colapso de la confianza”, agregando que la gente ya no creía en el sistema porque este no cumple sus promesas. La grieta es profunda: ¿Cómo creer en un sistema que promete seguridad cuando se vive con miedo y no paran los asesinatos? ¿Cómo creer en un sistema que asegura que mejorará la calidad de vida, pero se trabaja más y el salario vale menos? ¿Cómo creer en representantes que prometen honestidad, y acaban desfalcando el dinero público?

La principal promesa rota del proceso electoral fallido del verano pasado, en el caso de la capital neoleonesa, es la misma que por años se ha vejado en México: la de respetar la voluntad popular. No sorprenda entonces que la decepción venga por partida doble: de aquellos que creen que su voto no fue respetado, y de quienes sienten que su trabajo como funcionarios de casilla no sirvió de nada.

Un dato adicional para dimensionar mejor la decepción: en México, el 50% de las personas que han participado en una actividad política, se han decepcionado del resultado, de acuerdo al Informe País para la Calidad de la Ciudadanía en México publicado por el INE en colaboración con el Colegio de México. La misma cantidad de ciudadanos dijo no creer en la democracia.

Lo anterior en un contexto de una ciudadanía esencialmente despolitizada y desmovilizada. De acuerdo al mismo estudio del INE, hay tres razones por las que la ciudadanía en nuestro país es débil: 1. La desconfianza que existe entre la ciudadanía, y de la ciudadanía hacia la autoridad; 2. La desvinculación en redes que vayan más allá de la familia, amistades o religión y 3. La decepción ante los resultados de la democracia.

Despolitizados, porque participamos poco y cuando lo hacemos, nos decepcionamos. Desmovilizados porque tenemos baja capacidad y espacios de organización política, por lo que la presión que puede ejercerse desde la ciudadanía hacia los poderes formales o fácticos es muy limitada, al estar usualmente dispersa. De pronto hay olas en coyunturas clave, pero igual que en la playa, alcanzan la cresta y rompen con rapidez.

Lo ocurrido y por ocurrir en la elección de Monterrey trasciende el resultado del 23 de diciembre: es ahondar la percepción de que la democracia no funciona, que no cumple sus promesas, que no se puede creer en ella. 

Ni hablar de la innecesaria participación de todos los candidatos minoritarios, pues aunque legalmente es una elección extraordinaria que repone el mismo proceso, su presencia resulta intrascendente. 

La elección será una segunda vuelta de facto, pero con menos participación y por tanto, mayor peso de las estructuras tradicionales. También representará un reto en términos de legitimidad, pues supongamos que participa un 30% del padrón. Aún obteniendo la mitad de los votos, quien resulte electo tendría el apoyo de apenas el 15% de las personas en posibilidad de sufragar.

El rescate de la confianza en los procesos democráticos no pasará entonces por lo que ocurra en un par de semanas, sino en reforzar la capacidad de politización, organización y movilización para empujar agendas concretas y ganar espacios. Si el sistema no cumple sus promesas, quizá sea en gran medida porque no tiene mucho apuro en cumplirlas.

En Nuevo León, la Justicia Electoral asesinó la Democracia

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Manuel Bartlett se ha de quedar estupefacto. Ahora ¡se puede tumbar una elección sin que se caiga el sistema! ¡Cuantos progresos hizo el sistema electoral en treinta años! 

Basta de un par de jueces corruptibles, y de unos cuantos millones de pesos para voltear las situaciones más comprometidas. La mecánica es muy simple: decretas que las elecciones fueron irregulares, y eliminas del conteo final todas las casillas contrarias a tu objetivo, hasta llegar a un resultado matemático satisfactorio, aún que sea con mil votos de diferencia. ¡Genial! Solamente faltaba imaginarlo, disponer de recursos suficientes para las exigencias de los jueces (escogidos a modo hace varios años, nunca sabes cuando te va servir este trique viejo que tenías guardado), y ya está realizado el truco. 

Con estas decisiones anunciadas (sin la menor vergüenza) el viernes 17 de agosto  a mediodía, se obtendrán varios resultados. Uno ya visible, zipizapes electorales bochornosos, dignos de cualquier república bananera (la expresión circula libremente desde el sábado pasado). 

El otro que supongo que veremos en esta semana: la renuncia colectiva y masiva de todos los integrantes de la Comisión Estatal Electoral cuya razón de  ser desapareció. Para qué mantener a costos de cientos de millones de pesos un órgano que puede ser favorablemente sustituido por dos individuos que a pesar del alto valor de los sobornos que requieren, le salen bastante más económico al estado que siete individuos con alto sueldo, numerosos sobresueldos, abundantes prestaciones y ética bastante floja, para no decir que suelta. Además, los sobornos, los pagan los partidos políticos, no el erario público. (Aún si sabemos que los recursos de los partidos políticos salen del erario gracias a empresas fantasmas y universidades condescendientes). (Este resultado, eminentemente deseable, está en veremos, ya que lo que debería ocurrir por dignidad, no ocurrirá, justamente porque la dignidad es un concepto desconocido en estas instancias). 

El otro resultado que observaremos dentro de tres años es que nos podremos ahorrar el costo de la elecciones. Por un lado quién querrá ir a votar sabiendo que existen altas probabilidades que su voto sea descartado por dos individuos al que les habrán regalado el título de “juez”. Por otro lado, el nuevo estado omnipotente muy sabio, considerará que se recortarán muchos gastos al suprimir el INE y los múltiples CEE por unos cuantos jueces bien aleccionados. 

RIP la democracia, RIP la voluntad popular. Los jueces saben mejor. Que desaparezca la democracia, que aparezca la justicia popular y electoral. Ya era tiempo. Pobre México. Pobre Nuevo León. Pobre PRI, pobre PAN. Serán responsables de los tiempos descompuestos que se avecinan. Y los jueces también. Pero a los jueces, los pusieron el PRI y el PAN. A nombre de una falsa democracia.  

Nos falló la democracia

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Francisco Labastida alguna vez expresó: “La gente esperaba demasiado de la democracia pero en realidad ésta sólo logra que se elija a quien la gente desea pero no desparece la pobreza, la corrupción ni la impunidad”. 

Su explicación, además de reduccionista, resulta deprimentemente reveladora de nuestro entendimiento de la democracia como un simple sistema de sufragios. 

Por supuesto que aplaudo que después de décadas de simulación electoral, hoy exista alternancia en los tres niveles de gobierno y en los puestos legislativos, sin embargo, hemos pagado un precio muy alto: las campañas electorales. 

Lamentablemente nos hemos acostumbrado a que la cercanía de las elecciones se relacione con autoridades más estrictas o hasta con agentes de tránsito mucho más rigurosos o bien, con repavimentaciones innecesarias, construcciones de monumentos o ayudas simbólicas a los más necesitados. Eso sin olvidar los desvíos de fondos públicos para financiar spots, eslóganes y anuncios irritantes o hasta el asqueroso robo de ayudas humanitarias destinadas a damnificados por desastres naturales que terminaron convertidas en dádivas intercambiables por votos. 

Sólo bajo simplificación de la democracia a la elección de gobernantes y obtención de votos se puede entender que un partido ultraconservador (PES) se alíe con un partido de izquierda (MORENA) a la vez que el principal partido de derecha (PAN) se una a la antes principal fuerza liberal del país (PRD). No es pluralismo ideológico sino la homogenización más absurda de la ambición por el poder.

Por esos mismos motivos nos proponen gente de la televisión, futbolistas, strippers y comediantes como candidatos porque nos subestiman tanto que simplifican el proceso de convencernos a utilizar la simpatía que alguien ya tiene ganada en otros rubros en lugar de empezar de cero; motivos les habremos dado.

Porque jamás nos han tomado en serio y nos siguen tratando de imbéciles. Por eso proponen aberraciones legales y humanas como cortarle la mano a los delincuentes, flagelar en plazas públicas a los corruptos o traer al Papa desde el Vaticano para que nos purifique, en lugar de ofrecer soluciones viables para depurar el sistema de administración de justicia o reducir nuestros vergonzosos índices de impunidad.  

Bajo el disfraz de enérgicos, proponen reducir nuestros derechos fundamentales al paso en que pretenden que olvidemos que son precisamente las autoridades las que con sus omisiones, deficiencias y corrupción, colaboraron en transformar la vida en muchos rincones de nuestro país en una auténtica porquería.

Que con su desvergüenza, voracidad e indiferencia, provocaron que hoy, tenerle miedo a la policía o a los militares no sea una postura paranoica sino incluso prudente al grado en que en varias zonas del país la gente, antes de acudir a ellos, ha preferido tomar las armas o linchar directa y sádicamente a los criminales.

Que estando en el poder, han actuado más como nuestros enemigos que como nuestros protectores. Que instalan cámaras en las calles para multarnos sin previo aviso o video grabar toda nuestra actividad buscando cuidarnos de nosotros mismos pero no se colocan cámaras a ellos mismos ni en sus oficinas y tampoco se toman en serio las obligaciones de transparencia. 

Todo se reduce a intentar endulzarnos el oído con artera verborrea y transmitirnos la imagen de simpáticos y/o firmes redentores nacionales, los que nos salvaran de los mismos infiernos que ellos construyeron. 

Sigo creyendo en la democracia y que, aunque no lo parezca, nuestra época no es la peor, es más, me atrevo a decir que ni siquiera es comparable con las décadas de la guerra sucia o el “orgulloso nepotismo” de López Portillo, por mencionar algunos ejemplos. 

La conquista de las candidaturas independientes, si bien ha sido aprovechada por personajes como el payaso lagrimita, sigue siendo una puerta abierta para que personas capaces comiencen a exigir seriedad en el manejo del país y frenen la burla que ha resultado nuestra democracia, esa que tanto nos costó. 

Las organizaciones ciudadanas y la presión para la aplicación de sanciones a los gobernantes, legisladores, jueces o magistrados corruptos, representan una sólida esperanza para por fin materializar la transparencia. 

Si y sólo si los ciudadanos capaces se involucran, viviremos en una verdadera democracia y dejarán de vernos como simples votos potenciales y como una bola de idiotas con crayones dentro de las casillas electorales. 

Porque esa democracia sí nos ofrece más soluciones que la que describe Francisco.

#HojaDeRuta: “¿Habrá transición de Estado?”

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¿En qué momento acaba la contienda y comienza la República? A unos cuantos días que termine un proceso electoral al que le han sobrado ataques y le ha faltado sustancia, merece la pena plantearse la pregunta.

Una contienda electoral es parte esencial de una República democrática. Contar con representantes elegidos por la voluntad popular es una condición para su existencia.

Sin embargo, como recién lo explico el profesor Mauricio Merino en la sesión plenaria de Consejo Nuevo León, la democracia tiene dos dimensiones: la primera es contar con representantes elegidos libremente. La segunda, que el poder sea ejercido democráticamente. Dos elementos indivisibles: uno de elección, otro de acción.

Bajo esta lógica, nuestra pregunta de apertura parece contradictoria. En el papel, lo es. En la realidad, no tanto.

Para ilustrar el punto, hace algunas semanas Porfirio Muñoz Ledo compartió en su columna de El Universal un pasaje de la democracia francesa: “después de años de un gobierno de derecha y de una izquierda falsaria, Miterrand ganó las elecciones en 1981 en alianza con el partido comunista. A pesar del gran viraje ideológico que ello representaba, el presidente Giscard d’Estaing promovió una transición de Estado. Miterrand cuenta que días antes de su toma de posesión, recibió a un militar de alta graduación encargado de explicarle los secretos mejor guardados del ejército y el uso de los dispositivos nucleares. El mensaje fue: la soberanía popular decide, pero Francia prevalece”.

En la historia contemporánea de México hay un episodio particular que responde al espíritu de la prevalencia de la República: la noche del 2 de julio del año 2000. El reloj marcaba las 23:02 cuando el presidente Ernesto Zedillo se enlazó en cadena nacional para reconocer el triunfo de Vicente Fox. El imposible se materializaba: por primera vez en siete décadas, el PRI había perdido la presidencia de México.

Zedillo no solamente cortó de tajo con la posibilidad de una “caída del sistema” similar a la de 1988, sino que hizo votos por el éxito de la administración que Fox habría de encabezar a partir de diciembre de aquél año: “Durante el tiempo que resta de mi mandato, seguiré cuidando celosamente la buena marcha del país; he externado al licenciado Fox mi confianza en que su mandato habrá de iniciarse con un México unido, en orden, trabajando y con una base muy sólida para emprender las tareas del desarrollo nacional de los próximos seis años”.

Afirmó también: “Hoy, hemos podido comprobar que la nuestra es ya una democracia madura, con instituciones sólidas y confiables, y especialmente con una ciudadanía de gran conciencia y responsabilidad cívica”. Los adjetivos, aunque frágiles, parecían ir en la dirección correcta: por primera vez se daba la alternancia en la historia moderna, se había conseguido de forma pacífica y con una autoridad electoral de esencia ciudadana a cargo del proceso.

Bien podría argumentarse que la intentona de fraude hubiese podido resultar en un estallido social y eso habría orillado a la decisión. Conjeturas aparte, el hecho es que se el triunfo de Fox se reconoció. Por cierto, la diferencia fue de 6 puntos entre el panista y Francisco Labastida, abanderado del PRI.

Aquella democracia madura y de instituciones sólidas que Zedillo anunciaba durante su mensaje a la nación, habría de sufrir un colapso apenas una elección después durante la siguiente elección presidencial. En aquél enlodado proceso ni siquiera hubo los elementos para definir un ganador, como lo ha documentado José Antonio Crespo en el libro “2006: Hablan las actas”.

Hoy que la tendencia coloca a López Obrador con una ventaja inusitada en las elecciones post-alternancia y que podría incluso ser el primero de esta etapa en alcanzar un gobierno de mayoría, el intento de democracia mexicana tendrá un enorme reto en la actitud que muestren tanto la presidencia de Peña Nieto como las campañas y partidos de Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Aunque las condiciones de fragilidad y disfuncionalidad institucional requieren transformaciones de largo aliento, una actitud de Estado durante la noche del 1 de julio, así como en los meses de transición, abonaría a la idea de que México prevalezca más allá de fuerzas y coyunturas. 

#HojaDeRuta: “Los costos de la democracia mexicana”

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Un claro síntoma del estado de la democracia mexicana es que el primer tema que surge al respecto suele ser el dinero: el que se le da a los partidos, el que financia la organización de las elecciones, el que pasa por debajo del agua, el dinero negro que amenaza, el dinero que compra voluntades.

Que la democracia mexicana es onerosa, no hay quien lo niegue. De acuerdo a un estudio reciente de México Evalúa, el costo de las elecciones en México es dieciocho veces mayor al promedio de América Latina. Apenas hace algunos meses atestiguamos el oleaje de dinero en la elección de gobernador del Estado de México, donde el tope de campaña fue equivalente al 86% del tope de gasto de campaña establecido para las presidenciales de 2012. Cada candidato a la gubernatura pudo gastar hasta 4.7 millones de pesos al día.

Sin embargo (o a pesar de) tanto dinero, nos encontramos en una lamentable paradoja: tenemos elecciones carísimas que de todos modos acaban siendo cuestionadas. Esto lleva necesariamente a uno de los problemas raíz: el desencanto y decepción sobre la democracia que existe en México. Latinobarómetro, que mide desde hace poco más de 20 años las opiniones y actitudes en la región respecto a la democracia, en 2016 registró un promedio de 54% de apoyo a la democracia en la población de la región. México se encuentra por debajo del promedio, registrando 48%.

Una segunda variable es qué tan satisfecha se encuentra la gente con la democracia, cifra que ha venido a la baja: apenas el 34% de los latinoamericanos se sienten satisfechos con este sistema de gobierno. Nuestro país tiene una larga historia simulando la democracia, y una muy corta practicándola. ¿Por qué fuimos capaces de organizar y respetar la elección presidencial que dio paso a la alternancia en el 2000, y en las últimas dos hemos tenido avalanchas de irregularidades e impugnaciones?

Hay que echar mano del instrumento de la memoria pública: el IFE (hoy INE) se crea en 1990 tras la polémica caída del sistema en 1988. No solo se trataba de una reacción del oficialismo ante la cuestionada legitimidad del triunfo de Salinas de Gortari, sino de sacar la organización de las elecciones del aparato presidencial, pues hasta entonces dependían de la Secretaría de Gobernación. Después vendrán las reformas electorales de 1996-97 que darán al IFE el carácter ciudadano, expresado en la composición de su consejo, que logrará no solo conducir al país con éxito en la alternancia del 2000, sino poner al Instituto como una de las instituciones públicas que mayor confianza inspiraban en México. Pareciera que aquello es historia antigua, pero realmente ha pasado poco tiempo. Entre otros factores, el Instituto perdió credibilidad ante la clara partidización del Consejo General, que fue borrando la esencia ciudadana que le dio fortaleza en el crepúsculo del Siglo XX.

La indignación ciudadana ante un sistema electoral caro y poco confiable es más que entendible, sin embargo, habrá que tener cuidado en tomar la puerta falsa del financiamiento privado, pues se presta a diversos problemas, desde la presencia del dinero negro hasta el financiamiento de candidatos para empujar agendas particulares de grupos de interés. El dinero público tiene la principal característica de que puede y debe ser vigilado, por tanto el debate debería centrarse en cuánto y por qué es justo y adecuado financiar a los partidos y operación electoral, no en “privatizar” el proceso que, por definición, es el más público de todos: el elegir quienes nos gobiernan.

(P.D. Este espacio estará fuera del aire por algunos días a partir del 7 de septiembre, pero volverá pronto para atormentar a las buenas conciencias) 

Los partidos y sus designaciones; cuando la democracia no ayuda

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En todo proceso electoral hay 2 fases de extrema importancia para obtener un resultado exitoso: la designación de los candidatos y la campaña electoral.

Son etapas cruciales que si no se manejan con extremo cuidado y calculo partidista pueden descarrilar hasta la mas optimista de las encuestas ; pueden incluso destruir el mejor escenario y predicción.

La democracia parece ser una exigencia social para hacer valer la voluntad popular, sin embargo, al interior de los partidos parece ser contraproducente democratizar el proceso de selección de los candidatos.  Cuando se hace de esta forma, tradicionalmente se realizan contiendas internas donde los pre candidatos miden sus fuerzas, bases y estructuras, casi siempre desgastándose todos en el proceso de obtener la candidatura.

¿Como hacer campaña sin atacar al oponente?, ¿Cómo no dañar al partido si cualquier acusación queda dentro de la organización politica?.

Hagamos memoria: El PRI en el año 2006  busco realizar un proceso interno donde se dividió el partido en diversas facciones y quien fuera designado candidato -Roberto Madrazo- fue atacado despues por un grupo dentro del PRI que formo el famoso TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo). Atrás se buscaban dejar las designaciones directas o el famoso ” dedazo”,  pero deteriora a todo el partido lanzar contiendas internas, en especial hacia el exterior.

En el PAN tambien se vivió un proceso interno que dejo como ganador al ahora ex presidente Felipe Calderón, quien obtuvo el triunfo en el Tribunal Electoral con una ventaja de tan solo 0.56% de los votos contabilizados. A pesar de haber ganado, no podemos ignorar el hecho de que la presidencia la tenia el PAN y como candidato oficialista debió de haber tenido un mejor desempeño, posiblemente frenado por no ser el candidato del presidente, que era Santiago Creel y fue desplazado en un proceso interno.

Algunos aprenden de los errores y otros no, como el PAN, quienes estan enfrascados en un  proceso interno que no tiene un buen augurio, pues mientras Moreno Valle se fortalece, Margarita Zavala amenaza con la vía independiente, escenario que inevitablemente causara una fractura en el PAN.

El PRI rápidamente aprendió de su error en 2006 y enmendó su pecado en 2012 y parece ser que tambien en 2018, buscando generar un candidato por consenso y designación.

MORENA, aunque tiene candidato, se esta emproblemando, pues realizo una encuesta bastante sospechosa de la cual no se revelaron los resultados y se procesó en la oficina personal del presidente de MORENA, Andrés Manuel Lopez Obrador. Se manejo que la “secrecia” era con fines democráticos, pero Ricardo Monreal, quien habia encabezado la mayoria de las encuestas, sorpresivamente resulto derrotado por una Claudia Sheinbaum un poco mas limpia de escándalos pero huele a dedazo.

Jugar a la democracia y acabar con una designación camuflada puede resultar muy peligroso para MORENA, en especia porque si Monreal decide participar por el PAN-PRD puede arrebatarle la capital a su -todavia-líder.

La lección es clara: el antidemocratico “dedazo” rinde mas frutos electorales que la democracia interna, no lo digo yo, lo dice la historia reciente y no muy reciente.

#HojaDeRuta: “¿Dónde está la persuasión?”

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Enrique Dussel suele decir que los sistemas democráticos parten de un principio de realismo político: en países con 120 millones de personas o ciudades de 5 millones de habitantes, es irreal creer que todas las personas pueden estar todo el tiempo en todos los asuntos. De ahí que el mecanismo de la democracia representativa sea racional, pues no hay que olvidar que en una República, la soberanía reside en el pueblo, y por tanto éste elige a sus gobernantes. Así, cada proceso electoral no es solo nuestro sagrado derecho democrático, sino que debiera ser un momento de persuasión basada en ideas que siempre tendrán como lugar común la promesa de construir un mejor futuro colectivo, nadie hace campaña predicando el apocalipsis.

Es lugar común entre la clase política y asesores en materia electoral considerar que las elecciones se tratan más de emoción y sentimiento que de ideas y razonamiento. Esta aseveración tiene algo de cierta en el sentido de que se construyen narrativas que pretenden ser inspiradoras (o destructoras, cuando viene la guerra sucia) y no suelen debatirse los temas a profundidad en todos los públicos. A esto hay que sumar el fenómeno de espectacularización de la política, cuyo epicentro ha sido EEUU y ha influido en cómo se entienden las elecciones en las democracias contemporáneas. Imagen sobre sustancia, escándalo sobre propuesta, grito sobre reflexión. No es casualidad que una estrella de Reality TV sea el actual presidente de ese país.

Sin embargo, un fenómeno particular preocupa: la política del coraje y la bravuconería. Apelar al coraje es peligroso, pues hay una delgada línea entre el enojo y despertar sentimientos de odio, que, hay que decirlo, tienen raíces históricas que aguardaron largo tiempo bajo tierra el momento de volver a brotar en contextos como el norteamericano, el británico y el francés.

En el caso mexicano el tema racial no es la raíz del coraje (aunque se ejerce un silencioso y lacerante racismo, pero será tema de otra entrega), sino la indignación ante la rampante corrupción de la clase política, que acumula casos terribles a todos los niveles. Esto en principio pareciese positivo, sin embargo, cuando no hay más sentimiento que el enojo, el espacio para la reflexión se reduce al mínimo. Entramos entonces en una suerte de política del hígado, donde pareciera que el más bravucón (rayando en lo violento) es quien se lleva la atención y las palmas del gran público.

Esto lo había advertido ya hace algunos meses con lucidez Jesús Silva-Herzog Márquez, quien llamaba a tener precaución ante este fenómeno, pues el miedo y el enojo llevan a tomar decisiones de las que podemos arrepentirnos, o peor, conducen a permitir decisiones y excesos que en otras circunstancias hubiese sido inadmisibles.

La bravuconería y la pirotecnia le dan sabor al caldo electoral, pero también conducen a nublar el juicio y acabar dando un balazo en el pie de la democracia. (PD. Este espacio estará fuera del aire por algunos días a partir del 7 de septiembre, pero pronto regresará para atormentar a las buenas conciencias).

Seres dignos de un gobierno indigno

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“Ningún hombre, dijo Locke, nace para gobernar o ser gobernado”

-Justicia para erizos, R.D.

La desilusión ciudadana ha mostrado la decadencia de la democracia. Los últimos acontecimientos políticos-sociales han ido desencadenando una serie de pensamientos, criticas y cuestionamientos, respecto a la funcionalidad del sistema político democrático, y no únicamente en el plano nacional, sino también internacional.

Con el supuesto declive actual de la democracia surgen también una serie de consecuencias, entre las que se encuentran, la abstención ciudadana, la desconfianza en las instituciones gubernamentales, así como en los políticos que nos representan. Si partimos de los últimos resultados, el fracaso del plebiscito en Colombia, el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, así como los incidentes que existieron en las pasadas elecciones en cuatro estados de México (Estado de México, Coahuila, Nayarit, y Veracruz) las cuales volvieron a demostrar el débil sistema electoral con el que contamos, nos han hecho cuestionarnos si se volvió a premiar la impunidad, y peor aún si continua operando la arbitrariedad del Estado.

Ahora bien, ¿qué es lo que verdaderamente ha erosionado la democracia? Acertadamente Winston Churchill manifestó: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. Es así, que también  reconozco que es el único en el cual se nos ha garantizado el poder de elegir soberanamente a nuestros representantes.  Ronald Dworkin decía que la democracia existe siempre y cuando “el gobierno sea del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, es decir, el pueblo debe autogobernarse. ¿Qué pasa cuando el gobierno no funciona para el pueblo?.

Si partimos del anterior pensamiento, Dworkin establecía que los gobiernos democráticos reconocen y salvaguardan la dignidad de sus ciudadanos; por lo tanto, la dignidad se entiende como el papel principal que tiene toda persona en la toma de sus decisiones colectivas respecto de quien ejerce el control, así  como la expresión imperante de los derechos humanos. En la realidad actual somos seres dignos gobernados por un sistema indigno, concatenado entre  las injusticias y la desigualdad.

Si se entiende que el reconocimiento de la dignidad humana va relacionada con el funcionamiento de un verdadero gobierno democrático, entonces, ¿qué pasa cuando ese gobierno “democrático” no funciona? ¿Se sigue considerándose democrático?; Ahora, la culpa de quién es: ¿el sistema? o ¿el pueblo? ¿Los gobiernos garantizan la dignidad de toda persona? Aun no entiendo cómo podemos sentenciar que la democracia no funciona, si vivimos en un Estado el cual aún no reconoce la dignidad de toda persona, y además la atropella constantemente con múltiples violaciones a derechos humanos, por lo tanto, no vivimos en un país plenamente democrático; lo interesante sería analizar si efectivamente existen países planamente democráticos.

Si se relaciona la erosión de la democracia con el abstencionismo, el cual se le conoce como el arma silenciosa, entonces, creo que debemos de preguntarnos ¿por qué la ciudadanía se abstiene de votar? Un ejemplo es Colombia, en donde se registro la abstención electoral más alta de la historia, con un porcentaje de 63 por ciento. ¿Por qué surgió lo anterior? En el caso del plebiscito por la paz, se consideró que el Estado tuvo una pérdida de interés en el dolor de las víctimas y su debida reparación, y prefirió mostrarse como un Estado “fuerte” ante la comunidad internacional, por ende, la ciudadanía se abstuvo de salir a votar. Otra vez, el Estado no respondió. Cómo ejerces tu derecho al voto si tu Estado no responde.

La “decadencia” de la democracia, se le puede atribuir a un sinfín de factores, no se pueden limitar únicamente a la poca participación ciudadana o la desconfianza de las instituciones. Sin embargo, aún no es tiempo de desilusionarnos del único sistema político que nos ha dado libertad de elección.

Para mí la democracia es una de las luchas más importantes que se han ganado históricamente, a pesar de sus múltiples fallas y sus resultados en ocasiones no nos favorezcan, aún seguimos teniendo el poder de decisión sobre nuestros representantes. La democracia nos da el poder de equivocanos, pero también de remediarlo.

#EspacioWiki: “Sobre la reforma electoral de la Wiki”

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La política, palabra tan desgastada por las acciones de nuestras y nuestros servidores públicos, debe encontrar hoy formas de recuperar su sentido original, y así, regresar al espíritu que motivó su existencia, para dejar de lado aquella concepción que ha provocado aquel círculo vicioso de desesperanza popular y cinismo político. Por esto mismo,  si se quiere cambiar el sentido de la política, si se desea esperanzar nuevamente a la gente, para que esta incida en la deliberación de la cosa pública y detenga a la actual cleptocracia, debe entonces replantearse el sentido de varios pilares  que la sostienen.

En este sentido, y pensando en la imperiosa necesidad de reforzar aspectos como la inclusión, apertura, pluralidad, discusión, igualdad y legitimidad dentro de nuestro sistema, fue que, Wikipolítica Nuevo León, decidimos elaborar  una iniciativa de ley relativa al sistema electoral estatal.

Para que dichos aspectos sean llevados a la práctica, es imperativo generar figuras que reflejen el fondo de los mismos; por esto mismo, en la iniciativa de ley de la Wiki se han incorporado distintos mecanismos para llevar a la realidad el reforzamiento de los pilares que reivindicarán la política de nuestro país.

Una de las propuestas contenidas, en concordancia con los aspectos de apertura y discusión, es la propuesta de establecer como obligatorio, la celebración de debates públicos entre las diferentes candidaturas a diputaciones locales, por cada distrito electoral. Actualmente, la ley prevé la celebración de un solo debate para el cargo de diputación local, en el cual los partidos políticos pueden elegir como representante a cualquier candidato de cualquier distrito que ellos consideren; asimismo, del lado de las candidaturas independientes a diputación local, hoy, la ley contempla seleccionar a la candidatura que contenderá en el debate único, por medio de un sorteo; en virtud de la evidente ausencia de una confrontación y discusión de propuestas real, de una celebración notoriamente incompleta de un ejercicio, tan elemental para la democracia, como lo es el debate. Por ello, es que consideramos como vital el modificar nuestras leyes, para que cada distrito pueda presenciar un debate, celebrado en espacios públicos, entre aquellos y aquellas  que aspiran a representarles.

Por otra parte, un mecanismo que pretende robustecer el factor de la legitimidad, es la segunda vuelta electoral; por medio de ella, se plantea el requisito de contar la candidatura a la gubernatura, con un porcentaje frente a la segunda opción con mayor número de votos; o en su defecto, celebrar segundas votaciones entre las dos candidaturas más votadas.

Igualmente, entendiendo la relevancia de la inclusión, se ha formulado en la propuesta de ley, la creación de una diputación que represente a las y nuevoleoneses que residen en el extranjero. De esta forma, las y los neoloneses residentes en el extranjero podrán votar a una persona que vele por sus necesidades e intereses en el congreso local, asegurando así su derecho a ser representados.  

Por otro lado, se ha expuesto en la iniciativa de ley, como un factor para consolidar la inclusión, la igualdad  y reconocimiento del sexo femenino en la legislación, la realización del lenguaje incluyente; el cual, visibilice, incorpore y considere a las mujeres como personas sujetas a lo estipulado por las leyes, reconociendo así su existencia propia en el plano jurídico, y con ello garantizando los derechos más fundamentales, tal como siempre lo ha tenido el sexo masculino. No puede erigirse la igualdad y la inclusión en la política, ni pueden celebrarse iniciativas que aboguen por la paridad de género,  ni pueden combatirse las violencias machistas por las cuales actualmente adolece nuestra sociedad, si primero no se lucha por la incorporación de un lenguaje que brinde un  lugar a las mujeres en cada ordenamiento jurídico.

Finalmente, en congruencia con la pluralidad y la igualdad, principios sobre los cuales se materializa una democracia donde  a cada voz y a cada grupo le es dado un lugar en la deliberación, se ha planteado como propuesta la defensa y ampliación de la representación proporcional. No solo resulta congruente para una democracia plural, el defender el derecho de las minorías al acceso de un lugar en el poder legislativo, sino también congruente para con lo que estipula nuestra Carta Magna en relación al porcentaje de diputados por representación proporcional presentes en el Congreso.  Atendiendo lo anterior, se aprecia además, en  la iniciativa la ampliación de la representación proporcional a las candidaturas independientes; esto, siempre y cuando cumplan con diversos requisitos, como la suscripción de un programa en común entre aquellas personas, que buscan contender a una diputación local y que su candidatura no aspira al mismo distrito electoral.

Al redactar esta serie de propuestas en la iniciativa, de exponerlas y de justificarlas frente a los diversos colectivos y frente a las diputadas y diputados en la mesa de trabajo celebrada en el congreso hace unos días, comprendemos el reto que constituye reformular la política desde las bases, y la constante lucha que implica el buscar lograr tal objetivo, la cual, no será  en definitiva, algo que se consiga en la brevedad.                                                                                                                                                        Sin embargo, hoy seguimos sin soltarnos, y nos encontramos construyendo el camino hacia la consolidación de una política que escuche nuestras voces; y que deje de ser, de una vez por todas, el arte de servirse a sí mismo, para dar paso a ser el arte de escuchar, servir y obedecer al pueblo.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

#Espaciowiki: Asaltar las Instituciones

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Un fantasma recorre Nuevo León: el fantasma de Wikipolítica.

Contra este fantasma se  unirán todos lo que no quieren hacer política de manera diferente, los que no les gusta hacer política entre todos, aquellos que creen que hacer política es cosa de esos señores elegantes que se pasean por el Congreso, Ayuntamientos e Instituciones del Estado con sus trajes  caros y sus camionetas  blindadas.

A todo  ellos  no les  va a gustar este fantasma, porque creen que la política solo se puede hacer con poder y con  dinero, con estructuras clientelares, compra de votos o pactando con los  grandes  Intereses financieros y empresariales.

Porque a esta “calaña” no le da miedo el  partido político de oposición, ni  al candidato Independiente, a lo que en realidad le tiene miedo, es al fantasma de la gente común organizada, de la gente común haciendo política.

Los de la “calaña” nos hacen creer que solo ellos pueden , que no nos involucremos porque “es un marranero”, que no nos acerquemos porque “comoquiera todo seguirá igual”, nos engañan con su  puertas giratorias donde  simulan un cambio, con sus candidatos  “Independientes” reciclados  para que todo siga  igual y el poder político se quede entre los mismos, y así es como nos roban el sentido común, la democracia  y las Instituciones.

Así es como se  fomenta la corrupción , esa forma de  Gobierno donde mandan los que no se presentan a las elecciones: transportistas, contratistas, constructores, que compran la voluntad popular.

Todo este  engaño se resume en lo que acontecido en las elecciones del 2015, donde se reflejó la máxima expresión democrática y de descontento en la historia el Estado, pero esto solo se ha traducido en  mayores recortes sociales a costa del pago de la deuda ilegal (no lo digo yo, lo dice el mismo Gobierno del Estado de Nuevo León), perpetrada por estos personajes que están ocupando estos espacios políticos que se abrieron y que no les corresponden.

Pero, ¿porque la calaña y no nosotros está tomando estas decisiones tan trascendentales?; La respuesta es muy sencilla, si tu no haces política otros vendrán a hacer política por ti.

Bajo esta coyuntura y ante el declive del aparato Gubernamental,  la falta de credibilidad de todos los actores  políticos y el nulo apoyo a una mayoría social, solo nos queda organizarnos e incidir en la política local para no seguir teniendo un papel testimonial  y así poder ocupar espacios políticos que se abren, que, como dijo  Gramsci: “Nos podemos dar cuenta  cuando una crisis política  se está  gestando, es por que lo viejo no termina de irse y lo nuevo no termina de llegar, y es cuando aparecen los peores  monstruos  a ocupar esos espacios que se abren”.

Depende de nosotros que esos lugares  sea ocupados por gente decente que permita feminizar la política, hacer visible lo invisible para una mayoría social,  y convertir  este protagonismo individualista  en el protagonismo de la gente.

En Wikipolítica soñamos, pero a diferencia de ellos, nosotros nos tomamos muy enserio nuestros sueños, porque venimos a ocupar la ciudad  y habitar el gobierno, venimos  a disputar la Democracia y asaltar las Instituciones.

Porque el cielo no se toma por consenso, el cielo se toma por asalto.




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