Celebra Trump la renuncia de Evo Morales

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El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró la renuncia de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia y comentó que representaba un momento importante para la democracia del occidente.

“La renuncia de ayer del Presidente boliviano Evo Morales es un momento significativo para la democracia en el Hemisferio Occidental.

“Estos acontecimientos envían una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerá”, indicó Trump en un comunicado.

El domingo, Evo Morales renunció a su cargo para apaciguar la crisis política ocasionada por las acusaciones de fraude que sufrió tras ser reelecto.

Su renuncia se realizó horas después de que llamara a nuevas elecciones, debido a que un informe difundido en la madrugada del domingo por la Organización de los Estados Americanos (OEA) señaló que había encontrado “irregularidades” en los actos electorales de octubre.

 

Con información de Grupo Reforma. 

Gobernar con mayorías

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Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia con un distintivo peculiar que  las anteriores administraciones no tuvieron: legitimidad. Los famosos 30 millones de votos y la alta incidencia en la participación electoral, llevaron a un lugar privilegiado a esta administración federal; un amplio margen de votos generan comodidad en el arte de gobernar, ya que cuentan con el dicho margen, le permite a la llamada “Cuarta Transformación” mover el tablero de juego del escenario político. El  poder tiene una naturaleza expansiva, y en ese sentido, la 4T  se encuentra en un proceso de instaurar un nuevo régimen afines a su  ideología y pilares por los cuales llegaron al poder mediante el voto popular. En ese sentido, la victoria de este movimiento de regeneración tiene una responsabilidad fundamental de dejar atrás las prácticas autoritarias y antidemocráticas del pasado. La expectativa es muy alta, no solo por lo propuesto en campaña, sino por  el cambio que conlleva una transición política de este calado, y de ser supuestamente el primer gobierno de izquierda o índole social en  el México del siglo XXI. Como hemos podido observar con lo sucedido en Venezuela, Chile, Ecuador, Perú, Argentina y demás países, en America Latina se observa una urgente necesidad de un estado social que pueda subsanar las nuevas necesidades sociales; y por ello el gobierno de López Obrador tiene aun mayor relevancia al ser foco  de atención a nivel regional. 

La Dra. María Amparo Casar y el Dr. Ignacio Marván en el libro “Gobernar sin mayoría, plantean si un gobierno puede funcionar con gobiernos divididos, y encontraron que no existe un riesgo  de parálisis de gobierno; funciona en otros lugares como Estados Unidos; y genera una alta actividad legislativa y sanos contrapesos. Como podemos observar, a diferencia de lo plasmado por los autores mencionados, la 4T posee una mayoría que permite cualquier flujo legislativo y generar reformas a fines a su estilo de gobierno, sin embargo y en sentido opuesto, una de sus conclusiones es que al tener un gobierno dividido, “se generan serios problemas desde el punto de vista de logros y acuerdos”. Por ello, la nueva administración federal está a en un paso a instaurar nuevas formas democráticas de gobierno o un totalitarismo como aquellos tiempo del partido  oficial. 

En la popular obra “Como mueren las democracias” de los autores de Levitsky y Ziblatt proponen una nueva responsabilidad a los partidos políticos para mantener a una democracia sana: contención. ¿a qué se refieren con esto?, de manera, para dichos académicos, en cualquier democracia pueden surgir lideres cuyas  posturas e ideas pueden ser contrarias al bienestar de un país y de una forma republicana, demócrata y con respeto al estado de derecho, y   debido a esta fragilidad inherente a esta forma de gobierno, por lo cual los partidos políticos deben postular y mantener como lideres a aquellas personas que vayan en armonía con estas ideas, por si las organizaciones políticas no mantiene una contención contra este tipo de liderazgos, el escenario puede provocar un autoritarismo. También, cuando un partido se encuentra liderando al país, debe hacer todo lo institucionalmente posible para favorecer una democracia liberal. Andrés Manuel tiene una responsabilidad preocupante y también alentadora. Tiene una oportunidad única de ir alcanzar la “tierra prometida” o de regresar al pasado. 

La frágil democracia mexicana

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Nos encontramos en un punto de inflexión histórico, hasta hace algunos años las democracias se encontraban en un claro aumento a nivel global, pero la falta de resultados económicos y sociales llevó a que muchas votaran por alternativas de organización política, o simplemente se fueran por líderes carismáticos y autoritarios. 

Para entender qué es una democracia hay que irnos a la base de su creación. Primeramente tenemos que entender que el gobierno, así como la economía, los derechos humanos, el comercio internacional, son constructos sociales. Estas son estructuras e ideas que los humanos inventamos para identificarnos, relacionarnos y vivir en sociedad. No hay ninguna otra especie en este mundo que tenga bancos, ética, congresos, bonos, etc. 

El principal constructo social que promueve la cohesión social, política y económica de un grupo de personas es el Estado, algo que se entiende como esa idea de lo que es México en su gobierno, con su moneda, con su diversidad social, leyes, etc. El Estado está basado en el monopolio de la fuerza, la ética social, el Estado de Derecho, la soberanía del pueblo o la misma razón.

El Estado para funcionar requiere de un gobierno, que son las instituciones que administran la división político-administrativa de un país. O sea son las secretarías, organismos, institutos que administran nuestro México. Los gobiernos a su vez cuentan con ideologías políticas y económicas que utilizan para cumplir sus objetivos. Es por esto que existen los socialistas, capitalistas, progresistas, etc. que a su vez actúan mediante políticas públicas y leyes que reflejan esos ideales. 

Las ideologías se deben ver en un eje económico, que es quién administra los factores de producción (tierra, trabajo y capital) si individuos o el gobierno, y un eje político, que se basa en la capacidad de autorregulación humana y la necesidad de intervención del gobierno en la cohesión social. Hay centenas de tipos de gobierno que combinan sus ideologías, China es un gobierno autoritario con un amplio control de los derechos políticos y sociales, pero con una economía fuertemente capitalista. Alemania tiene una ideología de amplio reconocimiento de derechos políticos y sociales así como una economía mixta entre capitalista para el sector empresarial e industrial y socialista para el sector de salud, transporte, educación, entre otros. No es correcto pintar a China como comunista ni a Alemania como capitalista, el trasfondo es mucho mayor.

Lo que vivimos en México es que el PRI controlaba la totalidad del Estado Mexicano, dependiendo del presidente se marcaba la línea ideológica. Desde gobiernos prácticamente autoritarios y conservadores con Díaz Ordaz, el socialismo de Lázaro Cárdenas, hasta el neoliberalismo de Salinas y Zedillo.

Es por esto que hemos construido un México donde lo importante ha sido la forma y no el fondo. En papel tenemos una protección muy amplia de derechos, herramientas de defensa como el amparo y el reconocimiento de minorías, todo gracias a la mezcla ideológica de nuestro gobierno. Pero ese México sólo existe en papel y para quienes tienen dinero para contratar los abogados adecuados. Para el resto existe otro México, uno que no tiene ideología y todo se basa en el poder político y económico, uno en el que el PRI aún mantiene el poder, y uno en el que el pluralismo partidista ha llevado al borde del descontrol.

Apenas en estos últimos 20 años hemos probado lo que realmente significa ser una democracia. Ya hay una diversidad de partidos en el poder, el problema es la falta de instituciones democráticas fuertes que ayuden a madurar paralelamente a los votantes y a los partidos con el gobierno. Es por esto que contamos con gobiernos estatales que rechazan abiertamente el Estado de Derecho con la Ley Bonilla, la defensa a los derechos políticos con la Ley Garrote, la administración fiscal responsable con la deuda de Coahuila y la protección a sus minorías en el Congreso de NL. Ellos hablan a través del poder y no de valores democráticos como la honestidad, solidaridad, responsabilidad, pluralismo, libertad, justicia social, tolerancia, igualdad, respeto, bien común y la legalidad.

La democracia la construimos todos mediante instituciones fuertes, el INE, la CNDH, el CONEVAL, la CRE, la CNH, BANXICO, el IFETEL, la COFECE, la FGR, todas son de reciente creación. Si queremos que México siga siendo una democracia es necesario defenderlas. En una democracia no cabe el gobierno de uno, un presidente es humano y jamás será la respuesta. En cambio, las instituciones que son democráticas no están sesgadas, no discriminan y sobretodo promueven la justicia y equidad social. Pero es necesario seguir separando a estas instituciones del poder político para que lo regulen, por el bien común. 

El partido del presidente turco Erdogan pierde Estambul… otra vez

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El oficialismo turco liderado por Recep Tayyip Erdogan recibió un duro golpe electoral el domingo, al perder nuevamente las elecciones por la alcaldía de Estambul. En palabras del mismo presidente, “quién gane en Estambul, gana Turquía.”

El candidato opositor y ahora alcalde electo, Ekrem Imamoglu, ya había vencido al candidato oficialista Benali Yildirim en marzo. No obstante, debido a la cercanía efímera de 0.2% entre ambos contrincantes, las elecciones fueron impugnadas y anuladas, con acusaciones del partido Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) de “irregularidades incontables.” El proceso causó controversia en Turquía debido a la falta de evidencia tangible, la influencia del gobierno en el tribunal electoral, al igual que la cercanía de Yildirim con el presidente Erdogan.

La ciudad reaccionó ante la sentencia con manifestaciones a favor de Imamoglu y reclamos contra el nepotismo. El gobierno de Erdogan, por otra parte, presionó por retratar al candidato como “un enemigo del pueblo”, como aliado terrorista del Partido de los Trabajadores de Kurdistan (PKK), al igual que como un “agente” para los EE.UU.

La anulación del voto provocó también un alza en la participación ciudadana, al igual que en el voto de castigo. Anteriormente, la diferencia entre ambos candidatos fue de 13,000 votos; esta vez, Imamoglu aumentó su ventaja hasta llegar a casi 800,000 votos de diferencia.

Parte del descontento popular fueron los actos de corrupción dentro del oficialismo. De hecho, 17 días antes de que se declarara inválido el resultado, Imamoglu había comenzado a trabajar en la alcaldía y reveló que millones de liras habían sido presupuestadas para residencias de servidores públicos y una flotilla de autos exclusiva para el alcalde.

La importancia electoral de Estambul no sólo se refleja en el hecho que sea la capital económica y epicentro empresarial de Turquía, sino también porque ahora 5 de las 6 ciudades más pobladas del país están regidas por la oposición. Al mismo tiempo, pone en duda si Erdogan, que ha permanecido más de 15 años en el poder y se ha tornado más autoritario, seguirá siendo imbatible en las próximas elecciones presidenciales de 2023.

(Fuentes: The New York Times y Al Jazeera)

El T-MEC sigue siendo un dolor de cabeza para México

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– Desde Estados Unidos aumentan las presiones para que México cumpla con las condiciones plasmadas en el tratado comercial

– Se espera que esta semana se discutan y aprueben las leyes secundarias de la reforma laboral 

Si alguien creía que con la firma del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, se daría por cerrado el capítulo tan escabroso del T-MEC, estaba equivocado. 

En los últimos días han recrudecido las declaraciones desde el vecino país del norte, para amenazar a México que EEUU no votará el T-MEC hasta que nuestro país cambie sus leyes laborales. 

Nancy Pelosi, la Presidenta de la Cámara de Representantes y una de las políticas más influyentes en Estados Unidos, ha señalado que tienen que ver que México apruebe la legislación, pero también que tenga los factores establecidos que garantizarán su implementación y demostrarán algunos compromisos con sinceridad, porque es un gran problema cómo se trata a los trabajadores en el país. 

Es interesante como desde la unión americana nos instan a mejorar las condiciones sindicales, cuando son uno de los países que menos las cumple. 

Dejando de lado el sentimentalismo patriótico, lo que Estados Unidos exige no es algo negativo para el trabajador mexicano. Democracia sindical es un precepto que debe imperar y que lamentablemente se da muy poco en los sindicatos de los trabajadores en el país. 

Sin embargo, tampoco podemos dejar de lado que lo que realmente se está imponiendo desde norteamérica, es una agenda electoral. Ni los demócratas quieren un triunfo de Trump, ni el mandatario americano quiere un triunfo de los demócratas.

Así es que, incluso con la aprobación de las reformas secundarias, estamos con un riesgo mayúsculo de no tener una ratificación por parte del Congreso Estadounidense, sobre todo si los tiempos apremian y llega la época electoral en el vecino país.

Hay que estar atentos, porque puede venir lo peor. 

#HojaDeRuta: “El colapso de la confianza”

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Si en el verano, en medio del fervor de una elección presidencial votó el 56% del padrón elegible en la elección ordinaria para la alcaldía de Monterrey ¿Qué porcentaje sería realista esperar que acuda a un proceso extraordinario que tendrá lugar un 23 de diciembre? Razones sobran para suponer que será considerablemente más bajo, pero todas tienen un hilo conductor: la desconfianza.

Zygmunt Bauman definió la crisis de la democracia como “el colapso de la confianza”, agregando que la gente ya no creía en el sistema porque este no cumple sus promesas. La grieta es profunda: ¿Cómo creer en un sistema que promete seguridad cuando se vive con miedo y no paran los asesinatos? ¿Cómo creer en un sistema que asegura que mejorará la calidad de vida, pero se trabaja más y el salario vale menos? ¿Cómo creer en representantes que prometen honestidad, y acaban desfalcando el dinero público?

La principal promesa rota del proceso electoral fallido del verano pasado, en el caso de la capital neoleonesa, es la misma que por años se ha vejado en México: la de respetar la voluntad popular. No sorprenda entonces que la decepción venga por partida doble: de aquellos que creen que su voto no fue respetado, y de quienes sienten que su trabajo como funcionarios de casilla no sirvió de nada.

Un dato adicional para dimensionar mejor la decepción: en México, el 50% de las personas que han participado en una actividad política, se han decepcionado del resultado, de acuerdo al Informe País para la Calidad de la Ciudadanía en México publicado por el INE en colaboración con el Colegio de México. La misma cantidad de ciudadanos dijo no creer en la democracia.

Lo anterior en un contexto de una ciudadanía esencialmente despolitizada y desmovilizada. De acuerdo al mismo estudio del INE, hay tres razones por las que la ciudadanía en nuestro país es débil: 1. La desconfianza que existe entre la ciudadanía, y de la ciudadanía hacia la autoridad; 2. La desvinculación en redes que vayan más allá de la familia, amistades o religión y 3. La decepción ante los resultados de la democracia.

Despolitizados, porque participamos poco y cuando lo hacemos, nos decepcionamos. Desmovilizados porque tenemos baja capacidad y espacios de organización política, por lo que la presión que puede ejercerse desde la ciudadanía hacia los poderes formales o fácticos es muy limitada, al estar usualmente dispersa. De pronto hay olas en coyunturas clave, pero igual que en la playa, alcanzan la cresta y rompen con rapidez.

Lo ocurrido y por ocurrir en la elección de Monterrey trasciende el resultado del 23 de diciembre: es ahondar la percepción de que la democracia no funciona, que no cumple sus promesas, que no se puede creer en ella. 

Ni hablar de la innecesaria participación de todos los candidatos minoritarios, pues aunque legalmente es una elección extraordinaria que repone el mismo proceso, su presencia resulta intrascendente. 

La elección será una segunda vuelta de facto, pero con menos participación y por tanto, mayor peso de las estructuras tradicionales. También representará un reto en términos de legitimidad, pues supongamos que participa un 30% del padrón. Aún obteniendo la mitad de los votos, quien resulte electo tendría el apoyo de apenas el 15% de las personas en posibilidad de sufragar.

El rescate de la confianza en los procesos democráticos no pasará entonces por lo que ocurra en un par de semanas, sino en reforzar la capacidad de politización, organización y movilización para empujar agendas concretas y ganar espacios. Si el sistema no cumple sus promesas, quizá sea en gran medida porque no tiene mucho apuro en cumplirlas.

En Nuevo León, la Justicia Electoral asesinó la Democracia

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Manuel Bartlett se ha de quedar estupefacto. Ahora ¡se puede tumbar una elección sin que se caiga el sistema! ¡Cuantos progresos hizo el sistema electoral en treinta años! 

Basta de un par de jueces corruptibles, y de unos cuantos millones de pesos para voltear las situaciones más comprometidas. La mecánica es muy simple: decretas que las elecciones fueron irregulares, y eliminas del conteo final todas las casillas contrarias a tu objetivo, hasta llegar a un resultado matemático satisfactorio, aún que sea con mil votos de diferencia. ¡Genial! Solamente faltaba imaginarlo, disponer de recursos suficientes para las exigencias de los jueces (escogidos a modo hace varios años, nunca sabes cuando te va servir este trique viejo que tenías guardado), y ya está realizado el truco. 

Con estas decisiones anunciadas (sin la menor vergüenza) el viernes 17 de agosto  a mediodía, se obtendrán varios resultados. Uno ya visible, zipizapes electorales bochornosos, dignos de cualquier república bananera (la expresión circula libremente desde el sábado pasado). 

El otro que supongo que veremos en esta semana: la renuncia colectiva y masiva de todos los integrantes de la Comisión Estatal Electoral cuya razón de  ser desapareció. Para qué mantener a costos de cientos de millones de pesos un órgano que puede ser favorablemente sustituido por dos individuos que a pesar del alto valor de los sobornos que requieren, le salen bastante más económico al estado que siete individuos con alto sueldo, numerosos sobresueldos, abundantes prestaciones y ética bastante floja, para no decir que suelta. Además, los sobornos, los pagan los partidos políticos, no el erario público. (Aún si sabemos que los recursos de los partidos políticos salen del erario gracias a empresas fantasmas y universidades condescendientes). (Este resultado, eminentemente deseable, está en veremos, ya que lo que debería ocurrir por dignidad, no ocurrirá, justamente porque la dignidad es un concepto desconocido en estas instancias). 

El otro resultado que observaremos dentro de tres años es que nos podremos ahorrar el costo de la elecciones. Por un lado quién querrá ir a votar sabiendo que existen altas probabilidades que su voto sea descartado por dos individuos al que les habrán regalado el título de “juez”. Por otro lado, el nuevo estado omnipotente muy sabio, considerará que se recortarán muchos gastos al suprimir el INE y los múltiples CEE por unos cuantos jueces bien aleccionados. 

RIP la democracia, RIP la voluntad popular. Los jueces saben mejor. Que desaparezca la democracia, que aparezca la justicia popular y electoral. Ya era tiempo. Pobre México. Pobre Nuevo León. Pobre PRI, pobre PAN. Serán responsables de los tiempos descompuestos que se avecinan. Y los jueces también. Pero a los jueces, los pusieron el PRI y el PAN. A nombre de una falsa democracia.  

Nos falló la democracia

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Francisco Labastida alguna vez expresó: “La gente esperaba demasiado de la democracia pero en realidad ésta sólo logra que se elija a quien la gente desea pero no desparece la pobreza, la corrupción ni la impunidad”. 

Su explicación, además de reduccionista, resulta deprimentemente reveladora de nuestro entendimiento de la democracia como un simple sistema de sufragios. 

Por supuesto que aplaudo que después de décadas de simulación electoral, hoy exista alternancia en los tres niveles de gobierno y en los puestos legislativos, sin embargo, hemos pagado un precio muy alto: las campañas electorales. 

Lamentablemente nos hemos acostumbrado a que la cercanía de las elecciones se relacione con autoridades más estrictas o hasta con agentes de tránsito mucho más rigurosos o bien, con repavimentaciones innecesarias, construcciones de monumentos o ayudas simbólicas a los más necesitados. Eso sin olvidar los desvíos de fondos públicos para financiar spots, eslóganes y anuncios irritantes o hasta el asqueroso robo de ayudas humanitarias destinadas a damnificados por desastres naturales que terminaron convertidas en dádivas intercambiables por votos. 

Sólo bajo simplificación de la democracia a la elección de gobernantes y obtención de votos se puede entender que un partido ultraconservador (PES) se alíe con un partido de izquierda (MORENA) a la vez que el principal partido de derecha (PAN) se una a la antes principal fuerza liberal del país (PRD). No es pluralismo ideológico sino la homogenización más absurda de la ambición por el poder.

Por esos mismos motivos nos proponen gente de la televisión, futbolistas, strippers y comediantes como candidatos porque nos subestiman tanto que simplifican el proceso de convencernos a utilizar la simpatía que alguien ya tiene ganada en otros rubros en lugar de empezar de cero; motivos les habremos dado.

Porque jamás nos han tomado en serio y nos siguen tratando de imbéciles. Por eso proponen aberraciones legales y humanas como cortarle la mano a los delincuentes, flagelar en plazas públicas a los corruptos o traer al Papa desde el Vaticano para que nos purifique, en lugar de ofrecer soluciones viables para depurar el sistema de administración de justicia o reducir nuestros vergonzosos índices de impunidad.  

Bajo el disfraz de enérgicos, proponen reducir nuestros derechos fundamentales al paso en que pretenden que olvidemos que son precisamente las autoridades las que con sus omisiones, deficiencias y corrupción, colaboraron en transformar la vida en muchos rincones de nuestro país en una auténtica porquería.

Que con su desvergüenza, voracidad e indiferencia, provocaron que hoy, tenerle miedo a la policía o a los militares no sea una postura paranoica sino incluso prudente al grado en que en varias zonas del país la gente, antes de acudir a ellos, ha preferido tomar las armas o linchar directa y sádicamente a los criminales.

Que estando en el poder, han actuado más como nuestros enemigos que como nuestros protectores. Que instalan cámaras en las calles para multarnos sin previo aviso o video grabar toda nuestra actividad buscando cuidarnos de nosotros mismos pero no se colocan cámaras a ellos mismos ni en sus oficinas y tampoco se toman en serio las obligaciones de transparencia. 

Todo se reduce a intentar endulzarnos el oído con artera verborrea y transmitirnos la imagen de simpáticos y/o firmes redentores nacionales, los que nos salvaran de los mismos infiernos que ellos construyeron. 

Sigo creyendo en la democracia y que, aunque no lo parezca, nuestra época no es la peor, es más, me atrevo a decir que ni siquiera es comparable con las décadas de la guerra sucia o el “orgulloso nepotismo” de López Portillo, por mencionar algunos ejemplos. 

La conquista de las candidaturas independientes, si bien ha sido aprovechada por personajes como el payaso lagrimita, sigue siendo una puerta abierta para que personas capaces comiencen a exigir seriedad en el manejo del país y frenen la burla que ha resultado nuestra democracia, esa que tanto nos costó. 

Las organizaciones ciudadanas y la presión para la aplicación de sanciones a los gobernantes, legisladores, jueces o magistrados corruptos, representan una sólida esperanza para por fin materializar la transparencia. 

Si y sólo si los ciudadanos capaces se involucran, viviremos en una verdadera democracia y dejarán de vernos como simples votos potenciales y como una bola de idiotas con crayones dentro de las casillas electorales. 

Porque esa democracia sí nos ofrece más soluciones que la que describe Francisco.

#HojaDeRuta: “¿Habrá transición de Estado?”

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¿En qué momento acaba la contienda y comienza la República? A unos cuantos días que termine un proceso electoral al que le han sobrado ataques y le ha faltado sustancia, merece la pena plantearse la pregunta.

Una contienda electoral es parte esencial de una República democrática. Contar con representantes elegidos por la voluntad popular es una condición para su existencia.

Sin embargo, como recién lo explico el profesor Mauricio Merino en la sesión plenaria de Consejo Nuevo León, la democracia tiene dos dimensiones: la primera es contar con representantes elegidos libremente. La segunda, que el poder sea ejercido democráticamente. Dos elementos indivisibles: uno de elección, otro de acción.

Bajo esta lógica, nuestra pregunta de apertura parece contradictoria. En el papel, lo es. En la realidad, no tanto.

Para ilustrar el punto, hace algunas semanas Porfirio Muñoz Ledo compartió en su columna de El Universal un pasaje de la democracia francesa: “después de años de un gobierno de derecha y de una izquierda falsaria, Miterrand ganó las elecciones en 1981 en alianza con el partido comunista. A pesar del gran viraje ideológico que ello representaba, el presidente Giscard d’Estaing promovió una transición de Estado. Miterrand cuenta que días antes de su toma de posesión, recibió a un militar de alta graduación encargado de explicarle los secretos mejor guardados del ejército y el uso de los dispositivos nucleares. El mensaje fue: la soberanía popular decide, pero Francia prevalece”.

En la historia contemporánea de México hay un episodio particular que responde al espíritu de la prevalencia de la República: la noche del 2 de julio del año 2000. El reloj marcaba las 23:02 cuando el presidente Ernesto Zedillo se enlazó en cadena nacional para reconocer el triunfo de Vicente Fox. El imposible se materializaba: por primera vez en siete décadas, el PRI había perdido la presidencia de México.

Zedillo no solamente cortó de tajo con la posibilidad de una “caída del sistema” similar a la de 1988, sino que hizo votos por el éxito de la administración que Fox habría de encabezar a partir de diciembre de aquél año: “Durante el tiempo que resta de mi mandato, seguiré cuidando celosamente la buena marcha del país; he externado al licenciado Fox mi confianza en que su mandato habrá de iniciarse con un México unido, en orden, trabajando y con una base muy sólida para emprender las tareas del desarrollo nacional de los próximos seis años”.

Afirmó también: “Hoy, hemos podido comprobar que la nuestra es ya una democracia madura, con instituciones sólidas y confiables, y especialmente con una ciudadanía de gran conciencia y responsabilidad cívica”. Los adjetivos, aunque frágiles, parecían ir en la dirección correcta: por primera vez se daba la alternancia en la historia moderna, se había conseguido de forma pacífica y con una autoridad electoral de esencia ciudadana a cargo del proceso.

Bien podría argumentarse que la intentona de fraude hubiese podido resultar en un estallido social y eso habría orillado a la decisión. Conjeturas aparte, el hecho es que se el triunfo de Fox se reconoció. Por cierto, la diferencia fue de 6 puntos entre el panista y Francisco Labastida, abanderado del PRI.

Aquella democracia madura y de instituciones sólidas que Zedillo anunciaba durante su mensaje a la nación, habría de sufrir un colapso apenas una elección después durante la siguiente elección presidencial. En aquél enlodado proceso ni siquiera hubo los elementos para definir un ganador, como lo ha documentado José Antonio Crespo en el libro “2006: Hablan las actas”.

Hoy que la tendencia coloca a López Obrador con una ventaja inusitada en las elecciones post-alternancia y que podría incluso ser el primero de esta etapa en alcanzar un gobierno de mayoría, el intento de democracia mexicana tendrá un enorme reto en la actitud que muestren tanto la presidencia de Peña Nieto como las campañas y partidos de Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Aunque las condiciones de fragilidad y disfuncionalidad institucional requieren transformaciones de largo aliento, una actitud de Estado durante la noche del 1 de julio, así como en los meses de transición, abonaría a la idea de que México prevalezca más allá de fuerzas y coyunturas. 

#HojaDeRuta: “Los costos de la democracia mexicana”

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Un claro síntoma del estado de la democracia mexicana es que el primer tema que surge al respecto suele ser el dinero: el que se le da a los partidos, el que financia la organización de las elecciones, el que pasa por debajo del agua, el dinero negro que amenaza, el dinero que compra voluntades.

Que la democracia mexicana es onerosa, no hay quien lo niegue. De acuerdo a un estudio reciente de México Evalúa, el costo de las elecciones en México es dieciocho veces mayor al promedio de América Latina. Apenas hace algunos meses atestiguamos el oleaje de dinero en la elección de gobernador del Estado de México, donde el tope de campaña fue equivalente al 86% del tope de gasto de campaña establecido para las presidenciales de 2012. Cada candidato a la gubernatura pudo gastar hasta 4.7 millones de pesos al día.

Sin embargo (o a pesar de) tanto dinero, nos encontramos en una lamentable paradoja: tenemos elecciones carísimas que de todos modos acaban siendo cuestionadas. Esto lleva necesariamente a uno de los problemas raíz: el desencanto y decepción sobre la democracia que existe en México. Latinobarómetro, que mide desde hace poco más de 20 años las opiniones y actitudes en la región respecto a la democracia, en 2016 registró un promedio de 54% de apoyo a la democracia en la población de la región. México se encuentra por debajo del promedio, registrando 48%.

Una segunda variable es qué tan satisfecha se encuentra la gente con la democracia, cifra que ha venido a la baja: apenas el 34% de los latinoamericanos se sienten satisfechos con este sistema de gobierno. Nuestro país tiene una larga historia simulando la democracia, y una muy corta practicándola. ¿Por qué fuimos capaces de organizar y respetar la elección presidencial que dio paso a la alternancia en el 2000, y en las últimas dos hemos tenido avalanchas de irregularidades e impugnaciones?

Hay que echar mano del instrumento de la memoria pública: el IFE (hoy INE) se crea en 1990 tras la polémica caída del sistema en 1988. No solo se trataba de una reacción del oficialismo ante la cuestionada legitimidad del triunfo de Salinas de Gortari, sino de sacar la organización de las elecciones del aparato presidencial, pues hasta entonces dependían de la Secretaría de Gobernación. Después vendrán las reformas electorales de 1996-97 que darán al IFE el carácter ciudadano, expresado en la composición de su consejo, que logrará no solo conducir al país con éxito en la alternancia del 2000, sino poner al Instituto como una de las instituciones públicas que mayor confianza inspiraban en México. Pareciera que aquello es historia antigua, pero realmente ha pasado poco tiempo. Entre otros factores, el Instituto perdió credibilidad ante la clara partidización del Consejo General, que fue borrando la esencia ciudadana que le dio fortaleza en el crepúsculo del Siglo XX.

La indignación ciudadana ante un sistema electoral caro y poco confiable es más que entendible, sin embargo, habrá que tener cuidado en tomar la puerta falsa del financiamiento privado, pues se presta a diversos problemas, desde la presencia del dinero negro hasta el financiamiento de candidatos para empujar agendas particulares de grupos de interés. El dinero público tiene la principal característica de que puede y debe ser vigilado, por tanto el debate debería centrarse en cuánto y por qué es justo y adecuado financiar a los partidos y operación electoral, no en “privatizar” el proceso que, por definición, es el más público de todos: el elegir quienes nos gobiernan.

(P.D. Este espacio estará fuera del aire por algunos días a partir del 7 de septiembre, pero volverá pronto para atormentar a las buenas conciencias)