Espacio Wiki: “Devolver los Partidos a las Personas”

Max Weber decía que “la dirección de un Estado o de un Partido debe ser por personas que, en el sentido económico, viven para la política y no de la política”. Para Weber, los partidos políticos existirían solamente cuando una comunidad ha alcanzado un nivel organizativo o de socialización de alta complejidad. Dada esta condición, se origina un sistema que mantiene el orden social y permite a los partidos tener influencia en el mismo, participando en su conducción.

En México, los partidos políticos tienen su origen en los grupos masónicos que se disputaron el poder político desde los primeros años de vida independiente, hasta la época de la Reforma, en la que empiezan a tomar forma como clubes de debate.  Es con la expedición de la Ley Electoral de 1918 que se empiezan a tomar la forma que conocemos actualmente, hasta que en 1929 nace el Partido Nacional Revolucionario.

Durante los 88 años de existencia que tiene el actual sistema mexicano de partidos, hemos visto cómo la fuerza del ideal se ha ido comprometiendo cada vez más por la presencia de intereses de carácter privado, en su mayoría económicos, desplazando así a la búsqueda del mayor bien para todas y todos.

Fue la reforma político-electoral del año 1996, de cara a las elecciones federales del año siguiente, la que otorgó el financiamiento a los partidos bajo el esquema que actualmente nos rige. Es decir que desde hace veinte años, cada mexicana o mexicano con credencial de elector vigente, otorga a los partidos políticos la cantidad de $47.50 pesos por el simple hecho de aparecer en el padrón electoral, sin importar si acude a votar o no; sumando un monto total de 4 mil millones de pesos que son destinados al financiamiento de sus actividades.

Ante la severa crisis que vive nuestro país, derivada de diversos factores internos y externos en los terrenos de lo político, económico y social; y frente una clase política incapaz de poner un freno a sus excesos y que prefiere revirarnos un “¿Y Ustedes qué hubieran hecho?”, en Wikipolítica hemos decidido cambiar resignación por esperanza.

Pedro Kumamoto, diputado independiente en el Congreso de Jalisco, y miembro de esta red nacional llamada Wikipolítica, es quien ha llevado ante el Congreso de la Unión la iniciativa denominada #SinVotoNoHayDinero, la cual busca cambiar la fórmula con la que se calcula el dinero que se le otorga a los partidos políticos; pues actualmente se calcula con base al número de credenciales para votar existentes y no con el número de personas que votaron válidamente en las últimas elecciones, como sí sucede en varios países.

Lo que nosotras y nosotros planteamos, en voz de Kumamoto, es que ese monto se calcule con base en los votos emitidos válidamente en la elección, lo cual representa un ahorro de más de 2 mil 200 millones de pesos (tomando en cuenta la votación emitida en el año 2015).

Esto es importante, porque los partidos políticos hoy en día ni nos representan ni nos rinden cuentas. Necesitamos devolverles los partidos a las personas y reconstruir el vínculo entre partidos y ciudadanía. #SinVotoNoHayDinero permite a las personas evaluar el desempeño de los partidos y determinar su financiamiento a través del voto en un mecanismo de participación ciudadana directa, más allá de las elecciones como tal. Esto significaría que los partidos deben mejorar, pues el voto duro no basta para que sigan sosteniendo el financiamiento que poseen hoy en día.

Eliminar por completo el financiamiento público dejaría a la política y a la democracia en manos de sólo unas cuantas personas, provocando que los puestos públicos se llenen de Trumps, Macris o Piñeras que puedan comprar cada cargo público.

Aunque hoy el financiamiento público de los partidos político es exagerado y no responde a ninguna rendición de cuentas para la población, ni se maneja con transparencia ni equivale a la representatividad que tienen los partidos; sería muy riesgoso dejar nuestra democracia sin subsidio y en manos del capital.

Los partidos son un gran negocio que en épocas electorales buscan el voto suficiente para que sus candidatos sean elegidos. Es urgente cambiar esto y convertir a los partidos en herramientas de participación ciudadana, de fortalecimiento de la democracia y en espacios públicos y políticos para que las personas sean representadas.

El abstencionismo siempre será el argumento de quienes no apoyen nuestra iniciativa. El miedo al voto nulo o a la no participación electoral es un riesgo que deben de dejar de asumir las y los ciudadanos y que debe preocupar a los partidos.

Hoy por hoy, los partidos no hacen nada para que la gente no abstenga su voto porque ellos recibirán exactamente el mismo dinero votemos por quien votemos. Con #SinVotoNoHayDinero si no se esfuerzan y mejoran, los partidos sólo recibirán el dinero del 40% de las personas, es decir que el abstencionismo y el voto nulo les pegaría directamente en los bolsillos lo que significa que esta iniciativa es un incentivo para que los partidos se ganen los votos de la ciudadanía.

Llegó la hora de estar unidos y no soltarse. #SinVotoNoHayDinero será una realidad en la medida que nos movilicemos y demostremos al Congreso de la Unión que estamos juntos y que tenemos muy claro lo que queremos: si ellos buscan nuestro dinero, que se ganen nuestro voto.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

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Acerca del autor: José Antonio Hernández Griego es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es Presidente y fundador de Monterrey Ciudad Olímpica A.C. con la cual ha encabezado las candidaturas de la ciudad de Monterrey por los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2014, 2018 y 2023.

También se ha desempeñado como asesor durante la LXXII Y LXXIII Legislatura Local. Participó como Diputado Juvenil en el 2do. Parlamento de la Juventud organizado por el H. Congreso del Estado en 2008, y ha trabajado como activista en los temas de juventud, deporte, cultura de la legalidad, rescate de espacios, entre otros. 

En 2012 participó como Precandidato a Diputado Local, y en 2015 fue Precandidato a Diputado Federal. Ha coordinado diversas áreas en campañas políticas a la Presidencia de la República, Gubernatura, Alcaldía y Diputación Federal. En 2015 renunció a su militancia en un partido político, y desde entonces hace labor desde las organizaciones de la sociedad civil de forma independiente.

Ha impartido cátedra en la Universidad José Martí de Latinoamérica y tiene estudios en Gestión Urbana, Cultura de la Legalidad, y fomento de Organizaciones No Gubernamentales.

También se ha desempeñado como Conferencista, Articulista, Observador Legislativo y ha realizado diversas publicaciones sobre Política y Deporte Olímpico en algunos medios de comunicación.

En la actualidad se encuentra consolidando la plataforma de participación y confluencia ciudadana denominada “Ganemos Monterrey” y es miembro fundador de Wikipolítica Nuevo León.

 

Hoja de Ruta: “La democracia muere en la oscuridad”




La democracia muere en la oscuridad” es el eslogan que recién estrenó el Washington Post y que ahora aparece debajo de su nombre en sus ediciones digital e impresa. Esto vino a mi atención hace unos días por un artículo publicado en Vanity Fair titulado “El oscuro nuevo lema del Washington Post es pura genialidad de branding”.

James Warren, periodista autor del mencionado artículo, argumenta que la frase podría verse como una prédica arrogante para la autoestima de la industria en un momento de incertidumbre, ataques y desinformación, salvo por un pequeño detalle: funciona. “Pudiera ser una pincelada maestra cuando se trata de branding. Una frase directa y breve que captura el propósito”.

Obviamente se trata de la democracia… pone la vara muy alta para el periódico, especialmente en un mundo cada vez más lleno de engaños y comentarios que se hacen pasar por “reporteo”. Lo interesante es que la frase no solo busca vender, o mejor dicho, busca vender de la mejor forma posible: haciendo clara y atractiva su promesa central, que en este caso es la búsqueda de la verdad. Aunque es preciso darle un apellido para que cobre sentido: la verdad pública, aquella que todos tenemos derecho a conocer y que debemos conocer como un deber cívico.

Echar luz sobre la verdad es la esencia misma del periodismo, pero una verdad que debe tener propósitos claros: acotar al poder, denunciar su abuso y formar criterio en el público. Cuando eso sucede el periodismo contribuye no solo a salvaguardar la democracia, sino a llenarla de contenido.

La contundente frase “La democracia muere en la oscuridad” no solo resalta la razón del ser del oficio, sino que recuerda un principio fundamental: las libertades políticas, los derechos humanos, la democracia misma nunca son regalados, y una vez que se tienen, deben fortalecerse y nunca darse por sentados. Con mayor razón en un país como el nuestro donde las cosas existen a medias o por pedazos, donde a veces la simulación impera y en entre las sombras de la trastienda sigue reinando la mezquindad.




Hoy, que el azote de los populismos nacionalistas de la derecha avanzan en distintas partes del globo; hoy que Steve Bannon, el principal asesor de Trump considera que los medios “deberían mantener la boca cerrada” y son “el partido de oposición”; hoy que en Nuevo León se recomienda fumigar a los periodistas (medida reservada para plagas y pestes); hoy que la desinformación impera y tiene mayor credibilidad el vecino o el compañero de trabajo que un vocero oficial, la verdad pública es uno de los mayores remedios contra el avance del autoritarismo.

En estos tiempos de nubarrones, habrá que mantener muy cerca del pecho las palabras de Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad
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Independientes: La nueva moda

En recientes años el sistema político dedocrático y alineado que imperaba en México durante el siglo XX se tornó impráctico o mejor dicho pasado de moda. Las modificaciones a la ley electoral 2012 y lo acontecido por el gobierno estatal de Nuevo León en las elecciones de 2015 fueron el parteaguas y mecha alentadora hacia la independización partidista. Para el resto de la masa política con aspiraciones de continuar en la contienda electoral vieron esto como una alternativa para seguir viviendo del erario público.




Dejando un mensaje un tanto esperanzador, y es que si el partido no ampara una continuación en la administración pública, la vía más fácil y rápida de preservación política es la independencia partidista. De deslealtad están llenas las filas de candidaturas independientes, limerentes a obtener el poder bajo la ideología de renovación y regeneración. Creyéndose exentos de los errores de sus antiguos partidos y capaces de ser el verdadero cambio anti sistémico.

Desertores en su mayoría, provenientes de alguno de los principales partidos políticos que predominan el poder en el actual sistema y que actuaron como limitantes con la subsistencia de su liderazgo, ya sea excluyéndolos de contiendas internas o candidaturas de elección popular.

La historia comienza en el 2013 con Raúl de Luna Tovar en el municipio de General Enrique Estrada, Zacatecas, convirtiéndose el primer candidato independiente en obtener una alcaldía en la historia del país, ex panista, que vio sesgada su carrera al negársele su participación.

Pero el caso más sobresaliente se lo lleva Nuevo León, posicionando al primer gobernador apartidista, en una de las victorias más contundentes de la historia del estado, ex priista que aprovechó una ola de situaciones y errores de su antiguo partido que favorecieron su éxito.

Muchos pensaron que la tendencia se limitaría a cuestiones locales y casos aislados, pero lo acontecido con el nuevoleonense Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, propició una reforma en la ley electoral en 2015 cuya intención central fue la de obstaculizar y detener el frenesí independiente que acechaba las elecciones estatales de 2016.




Sin embargo, esta regulación, llamada Ley Anti-Bronco, se quedó corta y la capacidad para limitar el auge de los independientes a lo largo y ancho del país no cumplió su objetivo. Al parecer el apogeo independiente alcanzará hacerse presente en las elecciones del 2018.

Y en algunas encuestan los colocan entre los primeros lugares de preferencia ciudadana, variando según el candidato, pero el peso opositor que representan los independientes mantiene su valor electoral. Ampliando el abanico de opciones en la boletas electorales incidiendo directamente en las prebendas de los partidos, siendo la dilución del voto el principal daño.

La libre competencia y el contrapeso de una oposición fuerte son elementos esenciales en el camino a la construcción de la democracia en México, pero no se puede constituir un país más democrático con una oposición formada a partir de caprichos y obsesiones por el poder.

La idealización de las candidaturas independientes y sus supuestos líderes mesiánicos se alejan de la verdadera necesidad democrática de la ciudadanía y los constantes cambios anti-sistémicos, que se han extendido por todo el mundo, alimentan el hartazgo de una sociedad cada vez más alejada de las urnas.

En mi opinión, el respaldo que reciben las candidaturas independientes es más una forma de protesta social hacía los partidos que un apoyo incondicional al candidato y que ha incrementado por la ineficiente administración federal en turno, sin embargo, muchos errores han acarreado todos los partidos: casos de corrupción, despilfarros económicos y deudas desorbitantes, aumento de la pobreza y obras públicas en mal estado, haciendo que las candidaturas independientes sean más una consecuencia que una solución al mal gobierno pero manteniendo las mismas malas mañas de las filas que integraban.

Esta moda independista no distingue de colores partidistas y es que desde 2013 la cantidad de políticos que escaparon de las filas de un partido aumenta exponencialmente, al parecer cada vez más son los iluminados, por una divinidad democrática, que los hace reflexionar y decidir desistir de su partido para ser la solución a los problemas de México.

Pero este camino a la democratización mexicana será difícil y largo con un reto sin precedentes, pero el primer paso será superar este periodo de transición donde los independientes provengan de los partidos usada como una válvula de escape y seguir en las contiendas electorales al del uno más civil y moralmente comprometido con la ciudadanía, al candidato naciente de la necesidad misma de la comunidad y aquel que anteponga los intereses que beneficien a México y no los de su persona.




Aún estamos lejos de llegar a este punto y más aún de tener el primer presidente de la republica de origen independiente, sin embargo, este proceso alienta a la ciudadanía a ser más participe de la vida política del país y de formar parte de las soluciones para mejorar la situación que lleva años aquejándonos, el 2018 seguirá siendo de algún partido predominante y los independientes como mencione absorberán una proporción de votos de dichos partidos, pero si la tendencia continua con el aumento del frenesí independiente y la ciudadanía lo hace suyo, en 2024 está podría ser otra historia y México se consolidaría como un país más democrático.

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Sin protesta no hay democracia

La protesta social pacífica es un derecho constitucional y sobre todo, un mecanismo de desahogo para la ciudadanía ante los agravios y malos resultados de los gobiernos que sirve para exigir reivindicaciones sociales.




Estamos a favor de la protesta social siempre y cuando esta sea legal y pacífica. No obstante, los actos vandálicos, agresiones a los trabajadores de los medios, y daños al patrimonio público y privado, (ocasionados por unos cuentos) ocurridos el 5 de enero de este año intentaron opacar la significativa movilización de miles de nuevoleonenses que se concentraron en la macroplaza. Por ello, el gobierno central afirmó adelantar una investigación judicial para dar con los responsables de actos vandálicos.

El día 25 de febrero, Nuevo León se enteró de que estaban giradas órdenes de aprehensión contra dos activistas que participaron en la protesta del pasado 5 de enero, se les acusa de incitación a la violencia y daños al patrimonio público y privado.

Cabe recordar que los hechos derivaron en el marco de una serie de errores que iniciaron con la ausencia y luego con la inacción de la policía, la ausencia de observadores de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, entre otros.

Lo anterior llama la atención por tratarse de una magna investigación que dio con los presuntos responsables tan solo 22 días después de los hechos (documentos mostrados por los afectados muestran que las órdenes judiciales fueron fechadas el 27 de enero).

Desconocemos si se ha garantizado el debido proceso a los ciudadanos involucrados en estos incidentes, la autoridad tiene la obligación de hacerlo y ellos el derecho de reclamarlo.

Hacemos un llamado para que así como se actúa de forma expedita para unos casos, se actúe para otros. Es preciso recordar que para la resolución del Cobijagate, el Ejecutivo de Nuevo León tardó 216 días y por si fuera poco, se desconoce el resolutivo final de este acto de daño al erario, debido a que fue reservado por la Contraloría.




Asimismo, esperamos que las investigaciones y/o sanciones que se deriven del caso de Nepotismo en la Procuraduría Estatal, procedan de manera pronta y oportuna.

Rotundo NO a la criminalización de la protesta social pacifica,

Sin protesta no hay democracia.

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SE CONSTITUYE NODO DE WIKIPOLÍTICA NUEVO LEÓN

La plataforma nacional Wikipolítica ha llegado a Nuevo León con la constitución del grupo denominado “nodo en incubación”, que buscará generar un espacio para todas las personas en el que puedan participar y construir proyectos de participación e incidencia en el ámbito público.

Wikipolítica es un esfuerzo de muchas personas por devolver a sí mismas el protagonismo de la política, privilegiando las ideas y el discurso como fundamentos de la democracia real que queremos para México.

El término Wiki, se utiliza hoy en día como sufijo de plataformas o conceptos que buscan transmitir una idea de horizontalidad y apertura. Esto tiene su origen en la palabra hawaiana WikiWiki que significa informal, sin protocolos, pero también alude a la idea de veloz y sin trabas.




Esta plataforma tiene presencia nacional a través de nodos formales en la Ciudad de México, Jalisco y Baja California Sur, así como nodos en incubación en Chihuahua, Puebla, Quintana Roo, Yucatán y San Luis Potosí. El rostro más conocido de Wikipolítica es Pedro Kumamoto, quien logró la hazaña de ganar la Diputación del Distrito 10 de Jalisco, con cabecera en Zapopan, a través de una candidatura independiente.

En Wikipolítica, todos los nodos tratan de insertarse en este proceso para transformarlo y construir una vía alterna, en la que lo institucional y lo cívico convivan siguiendo los siguientes principios:

  •  Democracia real: todas las acciones, ideas, propuestas, problemas y liderazgos de la organización se deliberan y se deciden colectivamente.
  •  Respeto a los Derechos Humanos: todas las ideas y acciones de Wikipolítica van en línea con el respeto a la Carta Internacional de Derechos Humanos.
  • Construcción colectiva: todas las acciones y propuestas de Wikipolítica pasan por un proceso en el que todos los miembros de la organización pueden criticar, aportar y discutir.
  • Localismo: nos enfocamos en el desarrollo de proyectos y la discusión de ideas basadas principalmente en los territorios locales, y planteamos rutas de acción desde la vía institucional y la no institucional.




Wikipolítica es un esfuerzo joven en muchos sentidos, que tiene la oportunidad de florecer de la mano de quienes, desde sus propias redes quieran modificar la infraestructura de cómo participamos, de cómo generamos conocimiento y de cómo conquistamos mayor libertad política.

Wikipolítica es la libertad de poder hacer política en red, para atacar en conjunto los problemas de la vida en común. Ahora en Nuevo León, Wikipolítica buscará generar agenda pública a través de dinámicas y proyectos desde la ciudadanía para generar soluciones a problemas que vivimos cotidianamente en nuestro estado.

En el nodo en incubación de Wikipolítica Nuevo León participan liderazgos de distintas organizaciones de la sociedad civil como Ganemos Monterrey, Alianza Cívica Nuevo León, Evolución Mexicana, Praxis Santa Catarina, San Nicolás en Común, Orgullo Juvenil, entre otras.

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El Talón de Aquiles: EL RETROCESO DEL PROGRESO

El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 3 de octubre, 50.21% de los votantes en un referéndum, seis millones y medio de colombianos, se opusieron a un acuerdo de paz. El 8 de noviembre, Hillary Clinton obtuvo más de dos millones y medio de sufragios que Donald Trump (voto popular), quien sin embargo ganó los votos electorales.

Presentar un texto argumentando que en este 2016 triunfaron el temor y la ignorancia es insuficiente, pues opinólogos y futurólogos ya se me adelantaron. Procedo entonces a desarrollar dos factores que dan profundidad a esa tesis: la incapacidad ciudadana a alimentar un régimen que requiere de participación de calidad, y una desconexión indulgente de las fuerzas políticas que deberían defender las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del Siglo XX, explican por qué estamos como estamos.

La democracia representativa: víctima del capitalismo (casi) salvaje

Soy el producto de un mundo socialdemócrata que la revolución neoconservadora de los años 1980 destruyó. Se me enseñó que cada derecho conlleva una responsabilidad, que es adeudo del ciudadano informarse y contribuir al debate, y que el interés colectivo pasa por encima del individual. No me considero “socialista”, mucho menos “comunista”, pero sin duda soy “izquierdista”.

 




Se me convenció que el principal rol del Estado es la moderación política: al redistribuir la riqueza y fortalecer la clase media, el Estado evita las derivas extremistas tanto de izquierda (revolución bolchevique) como de derecha (nazismo), que se alimentan de pobreza e ignorancia. La democracia solo funciona en donde la clase media, urbana, y educada, es fuerte. La educación es antídoto a la manipulación y demagogia.

Una de las primeras víctimas del neoliberalismo fue la educación. La obsesión por controlar el déficit fiscal y la nefasta idea que el sector privado siempre es mejor que el público, evaporaron presupuestos, debilitaron servicios, y alentaron privatizaciones.

La educación privada nunca ha sido reconocida por inculcar valores de solidaridad social; y la pública, aunque quisiera, no tuvo condiciones. Se crearon así brechas entre los que pudieron pagar una educación de calidad, y los que no.

Los resultados están a la vista: a los ciudadanos de hoy no les interesa lo público, ya sea porque no le dan importancia (creen que no la tiene), o debido al exceso de trabajo – la pauperización del mercado laboral también es una realidad – que no permite una participación política activa de calidad.

A este escenario agréguesele la explosión en importancia de internet, de las redes sociales, y la consolidación de una cultura en donde el límite entre espectáculo y realidad se borraron. Hoy, no se sabe qué información es real e irreal. Los “trolls” desinforman, distorsionan, y divulgan falsedades adrede a quienes no saben, y no quieren aprender a distinguir, como decía la canción, “entre besos y raíces”. Hoy, la política es espectáculo, el ciudadano espectador, y el votante consumidor.

Las marchas de salvación de la patria y de dignidad nacional organizadas por el uribismo contra un acuerdo de paz en Colombia, son ejemplo de ello. De nada sirvió defender uno de los acuerdos de paz más ambiciosos y sofisticados que se hayan firmado, que contaba con el apoyo unánime de la comunidad internacional.

Pudo más la desinformación. También eso explica el éxito de las campañas de los líderes aislacionistas del Reino Unido y de Trump, cuya sorpresa ante sus propias victorias apenas superó las evidentes muestras de la falta de preparación para las mismas. La cohesión social del consenso keynesianismo fue rota hace tiempo. Hoy, las consecuencias son evidentes.

Brechas y condescendencias

Claro, el neoliberalismo no es culpable de todo. La izquierda también lo es. Primero, dejamos de ser izquierda. Nos derechizamos. Nuestro supuesto proyecto inclusivo no lo fue tanto: siempre excluimos a religiosos y otros grupos que no dudamos en llamar “fundamentalistas”.

Si el Partido Demócrata hubiera defendido al proletariado blanco rural arruinado por la deslocalización empresarial fruto de la globalización, hubiera probablemente mantenido su apoyo. Pero la izquierda de Clinton, antiaborto y pro-gay (alienándose así el voto religioso y conservador) se convirtió además en la primera línea de defensa del libre comercio, con lo cual perdió el voto de los trabajadores. Segundo, existe en la izquierda una tendencia a la condescendencia.

Muchos nos vemos como una especie de vanguardia liberadora cuya misión es guiar a los alienados hacia el “progreso”. La educación, ese instrumento que extirpó nuestra ignorancia, nos da esa responsabilidad social, que constituye nuestra mejor muestra de consciencia y solidaridad.

Ser de izquierda es un privilegio de burgueses, y muchos de los votos “racistas, xenofóbicos, y sexistas” que vimos en 2016 son reacción a ese complejo de superioridad. ¿Cómo apoyar el aislacionismo en un mundo globalizado? ¿Cómo no entender que la paz es mejor que la guerra? Al ser parte de la “izquierda caviar”, nos hemos desconectado de las inquietudes del ciudadano común. Nos cuesta imaginar que haya gente que no piense como nosotros.

Los triunfos populistas de 2016 no nos gustan porque no se amoldan a la idea de progreso que nosotros, izquierdistas, hemos construido. Es casi patético constatar los fallidos esfuerzos del Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para explicar, con complejos tecnicismos, sin duda correctos pero también aburridos, el acuerdo de paz, mientras Uribe ejecutaba una retórica simple, sin duda simplista aunque apasionada, que tergiversó lo acordado y le dio la victoria.

Y cuando el elector nos dijo que éramos nosotros los que no habíamos entendido su grado de frustración, los frustrados fuimos nosotros ante mayorías que se atrevieron a no compartir nuestra opinión portadora de valores progresistas dignas del siglo XXI.

Los resultados en el Reino Unido, en Colombia, y en Estados Unidos no son antidemocráticos porque son el fruto de lógicas democráticas, pero ponen en entredicho la construcción del ideal democrático de centro-izquierda, basado en el respeto, la tolerancia, y el reconocimiento de la diversidad, y en la defensa de minorías.

 




Las mujeres, que rara vez han sido minoría, también cuentan en esa visión, que ahora vemos en peligro en un mundo en donde las mayorías progresistas brillan por su inexistencia. En Estados Unidos, un tercio de los ciudadanos es incapaz de nombrar uno de los tres poderes de gobierno.

¿Cómo darle poder a tantos ignorantes? Filósofos como Platón y John Stuart Mill ya han propuesto ideas para limitar los efectos políticos perniciosos de la inopia popular. Es aquí, precisamente aquí, en donde se abre la puerta al autoritarismo de izquierda, tan peligroso como el de derecha.

Conclusión: tengo miedo

Queda todavía mucho por analizar. Se debe aceptar que esta racha victoriosa populista de derecha no se alimenta solo del temor e ignorancia: una buena proporción de la clase media, individuos con ingresos anuales de USD 100,000 o más, votaron por Trump, así como lo hicieron 42% de las mujeres y 29% de los latinos (más de los que votaron por Romney). Además, 43% de sus votantes tienen título universitario.

El retroceso del progreso ha causado una profunda división social: los treinta millones de personas votaron en el Brexit (la tasa de participación casi alcanza 72%), dividieron al Reino Unido entre Inglaterra y Gales (favorables a salir de la Unión Europea) y Escocia e Irlanda del norte (a favor de la permanencia).

Colombia, como Estados Unidos, es un país dividido, como lo muestra el proceso que actualmente se desarrolla para aprobar una nueva versión del acuerdo de paz (que sigue generando oposición). Tercero, las mayorías silenciosas pesan fuerte. El abstencionismo debe ser estudiado con mayor detalle.

 




En 2016, los intolerantes afirmaron su voz, por tanto tiempo irrespetada y ridiculizada. Basta de hablar de integración, de paz, de cambio climático, de musulmanes, y de comunidades sexualmente diversas: es hora de ocuparse de la gente “normal” con problemas reales. A partir de 2016, el fenómeno es mundial.

En Francia, los analistas monitorean con atención el apoyo a Marine Le Pen y al Frente Nacional. En Costa Rica, gárrulos oportunistas como Otto Guevara se atreven a reivindicar el discurso incendiario de Trump. Ya se propuso estudiar la abolición del beneficio de la nacionalidad costarricense a los hijos de nicaragüenses nacidos en Costa Rica. Veamos si se le ocurre construir un muro entre Costa Rica y Nicaragua.

El retroceso del progreso se alimentó por una derecha neoliberal que cercenó el consenso keynesiano, pero también por una “izquierda champagne” que en un inicio se quiso oponer, pero que terminó pactando con el capitalismo de la post-Guerra fría.

Ayer fueron los que vemos como “fundamentalistas reaccionarios” los que temieron la llegada a la Casa Blanca, de lo que vieron como un presidente negro, musulmán, que ni siquiera había nacido en Estados Unidos. Hoy, somos nosotros, izquierda y centro-izquierda, los que tememos la llegada a esa misma Casa Blanca de lo que vemos como un populista ignorante, irresponsable, e imprevisible. ¿Ignorancia versus prepotencia?

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), diciembre de 2016

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Llueve sobre mojado: Elecciones a dirección de FACDYC

Hoy es un día triste para la vida democrática de la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL; ante los diversos intentos por parte de estudiantes para lograr un proceso más transparente, más participativo y orientado hacia el desarrollo de una cultura cívica, la respuesta institucional es invariablemente, una negativa a fomentar lo mencionado.

Sea con la propuesta de crear la figura de observador electoral (presente en la legislación electoral local y federal), o bien con la iniciativa a crear un debate entre candidatos a dirección con el fin de informar al alumnado (caso que fue aprobado, pero ignorado por tres de los cuatro candidatos, los cuales no se presentaron), un número de estudiantes utilizan todo recurso disponible a su alcance con tal de lograr una democracia real.

Y es que, tristemente, en la institución de la que han surgido importantes figuras públicas, se ha engendrado un ambiente similar al de las elecciones locales y federales a las que estamos acostumbrados; una propaganda excesiva de los candidatos (que solo sirve para producir contaminación visual), una falta de atención por parte de los candidatos hacia la construcción de diálogos distintos al molde tradicional (debate, por ejemplo), así como un evidente incumplimiento de la mesa directiva en cuanto a mantenerse imparciales en periodo de elecciones (pues apoyaron abiertamente a un candidato a dirección), muestran los mismos vicios (o incluso peores) que hoy someten a nuestra democracia.

Resulta triste la concepción de estos escenarios, en una facultad en la que se enseña derecho, en la que ante todo, debe imperar la justicia y los valores democráticos, los cuales hoy se puede ver, han quedado mancillados por la politiquería y la falta de respeto a los mismos votantes y a la voluntad de la mayoría (en el caso del apoyo incondicional y evidente de la mesa directiva hacia la candidata, María Antonia de la O Cavazos).

 




Ahora bien, al observar los distintos ejes que han sido rechazados, tanto por tres de los cuatro los candidatos (en el caso del debate), como por las instituciones, entendiéndose por estas la mesa directiva y la Honorable Comisión de Vigilancia Electoral, es necesario preguntarse: ¿Qué es lo que falta a los sujetos e instituciones que se han mostrado, con sus acciones, en contra de una progresividad democrática?

Lo primero que habría de mencionar, es la concepción de una cultura democrática, y lo que esta implica. Al comprender y comprometerse a llevar verdaderamente el estandarte de la democracia por parte de las instituciones, y de los aspirantes a cargos de representación (dirección de la facultad, en este caso), los ejercicios de debate, junto a otros de similar naturaleza, deberían ser alentados, y no al contrario.

Asimismo, al comprender la importancia de alentar la cultura democrática junto a los valores que esta conlleva, la voluntad por parte de las instituciones de mantenerse imparciales habría de llevarlos a que, en lugar de inclinarse hacia un individuo en particular, fomenten el voto y la participación estudiantil.

 




Igualmente, a través de dicha voluntad de mantener un ambiente realmente democrático en las votaciones, los grupos que se constituyen al momento de convocarse elecciones, en este caso la Comisión de Vigilancia Electoral, habrían de legislar a favor de la iniciativa del estudiantado, para crear figuras como la de Observador Electoral, y no incurrir en excusas de no poseer facultades para ello (Cuando en realidad el Reglamento Universitario no les da facultad alguna).

Con un compromiso real por incentivar unas elecciones democráticas, transparentes e incentivadoras de la participación más allá del voto, es que la Facultad de Derecho y Criminología podría dar a las elecciones locales y federales, un verdadero ejemplo de apego a lo que es justo y ético, y no del circo y la parcialidad que hoy da.

Lamentablemente, hoy es un día triste para aquellos alumnos que deseaban una democracia real. Esperamos que las próximas elecciones pueda darse un escenario diferente, donde imperen los valores y no la falta de voluntad, la cartera de los candidatos y la parcialidad total de los órganos de representación estudiantil.

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Votó el Enojo

Una vez más fuimos testigos de que las urnas fueron visitadas por votantes disgustados con la clase política tradicional y deseosos de ver un cambio radical en el status quo del gobierno. Sucedió con El Bronco, el Brexit y ahora con Donald Trump por nombrar sólo tres ejemplos. En lo personal creo que dos grandes temas se desprenden de estos hechos.

El primero es que la democracia quizá no funciona, siendo un sistema fallido que permite que gente sin conocimientos y movilizados por el sentimiento y no por la razón lleven al poder hasta al más incompetente.

 




Segundo, que la gente en todo el mundo está harta de sus gobernantes, que en algunos casos representan la corrupción del poder y el dinero y el abuso de funciones, en todos los niveles y en diferentes alcances.

Atribuyamos la culpa a los millenials, a los rebeldes, a los insurrectos. No importa, los ciudadanos están exigiendo un cambio a los gobernantes y su manera de gobernar. Tal vez es que el sistema de gobernanza debe renovarse y escuchar más de cerca las necesidades de un electorado cada vez más involucrado en las decisiones del sector público y sobre todo cada vez más críticos, con conocimiento o desde la ignorancia, de los resultados de dichas decisiones.

Sin importar si es Nuevo León, la Unión Europea o el país más poderoso del mundo, los gobernados mandan un mensaje que diverge del tradicionalismo y el conservadurismo, al cual sería necio no hacer caso. Como en los negocios, no importa qué tan bueno es el producto sino qué tanto lo compra la gente, de esta forma, más allá de estar de acuerdo con los votantes o de darles la razón, la clase política debe hacer caso a lo que la gente demanda.

También es prudente resaltar que comúnmente el ciudadano pide a sus gobernantes la probidad y virtud que él mismo no tiene. Como ciudadanos exigimos que los funcionarios públicos sean cuasi perfectos cuando nosotros mismos somos partícipes de la corrupción al dar mordida a un policía; del abuso cuando construimos una casa sin uso de suelo; de evasión cuando hacemos lo imposible por no pagar nuestros impuestos; y un sin número de casos más donde somos muy buenos para exigir pero malos para cumplir con nuestras obligaciones.

Toda proporción guardada y bajo el contexto adecuado, pero todos somos partes de la decadencia o avance de nuestro entorno.

Lo he mencionado antes y lo reafirmo ahora, la clase política debe reinventarse, los servidores públicos debemos prestar mayor atención a la coyuntura actual y transformar la forma de ejercer el gobierno de un municipio, de un estado y sobre todo de un país.

El futuro del orden mundial dependerá de la capacidad de entrelazamiento de gobierno, sector privado y ciudadanos; de la cercanía de las necesidades de la gente y de las posibilidades de los gobiernos; y de la participación del empresario en la infraestructura pública.

 




Todo esto tomando como premisa que el crecimiento y desarrollo económicos son la directriz del estado de derecho y la principal variable del bienestar social. Sin embargo, tal vez lo anterior puede ser logrado con un sistema electoral distinto a la democracia. Como ejemplo, a pesar de que muchos resultarán ofendidos, el crecimiento económico de México en la época de Porfirio Díaz fue inaudita.

La modernización social y de infraestructura lograda en su mandato hizo que nuestro país se transformará de una nación rural a una con ciudades industriales con servicios públicos y trabajo para todos.

La democracia permite que un gobernante llegue al poder con tan sólo 30% de los votos del electorado, tal y como sucedió en 2012 con el triunfo de Enrique Peña Nieto, cuya aprobación es cada vez menor. Si bien en 2015 las elecciones de Nuevo León dieron el triunfo a Jaime Rodríguez con 50% de los votos, a un año de su paralizada gobernanza la gente se empieza a dar cuenta, afortunadamente, de la inmensa incompetencia de su administración.

Ahora con Donald Trump como Presidente, no sólo Estados Unidos, sino el mundo entero está a la espera de sus acciones y de los efectos que su victoria traerá. El futuro inmediato de la economía y política mundiales depende, para bien y para mal, de lo que suceda en el país americano. ¿Le damos al President Trump el beneficio de la duda?

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TIEMPOS DE REFLEXIÓN SOBRE LA DEMOCRACIA

La salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido vía referéndum popular, el rechazo del acuerdo de paz con las FARC propuesto al pueblo colombiano mediante plebiscito, y ahora la elección popular del candidato por el Partido Republicano, Donald J. Trump, como Presidente de los Estados Unidos de América. ¿Difícil año para la democracia en el mundo?

Este tipo de decisiones, que no han sido ni populares ni bien recibidas por los sectores intelectuales de las poblaciones respectivas de sus países (y diría yo, no solo en sus países, sino en el resto del mundo), han traído severos cuestionamientos a esta forma de gobierno, cuyos orígenes se remontan a la antigua Atenas.

Pareciera ser que después de más 2,500 años de historia y progreso, aún no ha terminado de comprenderse la naturaleza y características inherentes al sistema político más utilizado del mundo.

Es por todos conocido que la democracia parte de una premisa fundamental: La igualdad, misma que en los últimos 100 años ha alcanzado tal importancia que además de ser un concepto ineludible al hablar de cualquier tipo de justicia, incluso se ha reconocido como un derecho humano, inherente a la propia dignidad de las personas.

 




Errónea resultaría la apreciación de esta sola parte del rompecabezas, pues existe otra característica, mucho menos popular y muchas veces difícil de digerir (como en estos casos), que le es inherente al sistema griego: La solidaridad.

La democracia obliga a quienes no fueron mayoría al momento de manifestar su voluntad en una decisión (por ejemplo, una elección popular) a someterse y sujetarse a lo decidido por quienes conformaron la mayoría, sin importar si la decisión cumple con los estándares mínimos aceptables de racionalidad, moralidad e inteligencia.

 




Podrán pensar muchos en que lo anterior le da la razón a los críticos de esta forma de gobierno, pero se equivocan. La solidaridad democrática, antes de constituir una falla, representa una fortaleza porque nos obliga a todos los integrantes de una sociedad a crecer juntos en conciencia, sensibilidad y educación. Impide que un sector de la población más consciente que el resto se aisle del resto de la sociedad y avance por sí solo, pues lo obliga a compartir su progreso intelectual.

Los líderes políticos del Reino Unido, el Presidente de Colombia y el Presidente de Estados Unidos, todos le fallaron a su sociedad. Les faltó trabajar en la educación de la gente, les faltó trabajar en su sensibilización, y les faltó mucha inteligencia a ellos mismos por no anticipar estos resultados.

La democracia sigue siendo la mejor forma de gobierno en el mundo, y el día de ayer, por tercera vez este año, nos mandó un fuerte mensaje a todos. ¿Ya iremos a responder, o hasta cuándo?

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La crítica, la confrontación de ideas y la democracia

“En una democracia es necesario que la gente aprenda a soportar que ofendan sus sentimientos”

-Bertrand Russell

A raíz de los recientes posicionamientos en contra de las pretendidas reformas al artículo cuarto respecto al matrimonio igualitario, se ha observado una postura, por parte de diversos colectivos, la cual establece que “debe respetarse su manifestación de ideas”, al momento de criticarse esta misma. De esta forma, ante tal situación resulta inevitable recordar algo que, no se ha llevado a cabo desde hace tiempo en nuestro país: la crítica y la confrontación de ideas.

Y es que un sano ejercicio de la libertad de expresión, el cual va de la mano con una democracia real, implica una discusión de ideas, implica además una confrontación por parte de las mismas; por esto mismo, resulta propiamente pobre el terminar, ante una opinión distinta a la que se sostiene, el recurrir al “respeto”, para terminar con dicha discrepancia.

Es necesario recalcar que, respetar las posiciones contrarias en torno a un tema determinado (cualesquiera que sea), no quiere decir que uno deba quedarse callado, sino que el respeto debe referirse más, hacia una valoración de la dignidad de la persona que emite su postura; de esta manera, habría de entenderse el respeto a los posicionamientos opuestos como el no coartar el derecho del otro, ni menoscabar su persona.

Mientras esto prevalezca, no se tendría problema en llevar una discusión, con el fin de desarrollar y enriquecer al intelecto humano, pues más ganamos cada uno de nosotros con una confrontación de ideas distintas, a con un pensamiento uniforme.




Por lo tanto, si queremos conseguir un sentido progresivo de la libertad de expresión, así como de la democracia, es necesaria la creación de más espacios para los debates de cualquier tipo de ideas (religiosas, políticas, sociales), con el fin de generar un intercambio de concepciones sobre distintos tópicos, así como la creación de proyectos ligados al llegar a un punto medio de parte de los participantes en dichas intervenciones.

Igualmente, ante dicha propuesta se implica un avance en el sentido de la tolerancia, entendiéndose esta, como una valoración la cual no impida el ejercicio de la libertad de expresión, ni impida el ver al ser humano como lo que realmente es: un ser que merece un trato digno, sin importar su etnia, ideas, orientación sexual o religión.

Asimismo, el progreso en la libertad de expresión, implica algo que no ha llegado a ver en su totalidad el país: una crítica autentica, hacia el gobierno en turno. Esto, se entendería como el tener todos los medios disponibles (televisivos, de radio, etc) para poder establecer una crítica (también, por qué no, una sátira) real hacia los poderes de la unión, sin temor a ser censurado.




Finalmente, al considerar esta libertad de expresarse, de criticar y de confrontar, se podrán ver materializados los frutos de este derecho, lo cual se traduce a la concepción de una democracia más sana, más congruente, en la que no solo se respete la libertad para explayarse del otro, sino que se consagre el ciudadano a aquella máxima (equivocadamente atribuida a Voltaire) de la autora Evelyn Beatrice Hall: “No estaré de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.

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