#HojaDeRuta: “Los costos de la democracia mexicana”

Un claro síntoma del estado de la democracia mexicana es que el primer tema que surge al respecto suele ser el dinero: el que se le da a los partidos, el que financia la organización de las elecciones, el que pasa por debajo del agua, el dinero negro que amenaza, el dinero que compra voluntades.

Que la democracia mexicana es onerosa, no hay quien lo niegue. De acuerdo a un estudio reciente de México Evalúa, el costo de las elecciones en México es dieciocho veces mayor al promedio de América Latina. Apenas hace algunos meses atestiguamos el oleaje de dinero en la elección de gobernador del Estado de México, donde el tope de campaña fue equivalente al 86% del tope de gasto de campaña establecido para las presidenciales de 2012. Cada candidato a la gubernatura pudo gastar hasta 4.7 millones de pesos al día.

Sin embargo (o a pesar de) tanto dinero, nos encontramos en una lamentable paradoja: tenemos elecciones carísimas que de todos modos acaban siendo cuestionadas. Esto lleva necesariamente a uno de los problemas raíz: el desencanto y decepción sobre la democracia que existe en México. Latinobarómetro, que mide desde hace poco más de 20 años las opiniones y actitudes en la región respecto a la democracia, en 2016 registró un promedio de 54% de apoyo a la democracia en la población de la región. México se encuentra por debajo del promedio, registrando 48%.

Una segunda variable es qué tan satisfecha se encuentra la gente con la democracia, cifra que ha venido a la baja: apenas el 34% de los latinoamericanos se sienten satisfechos con este sistema de gobierno. Nuestro país tiene una larga historia simulando la democracia, y una muy corta practicándola. ¿Por qué fuimos capaces de organizar y respetar la elección presidencial que dio paso a la alternancia en el 2000, y en las últimas dos hemos tenido avalanchas de irregularidades e impugnaciones?

Hay que echar mano del instrumento de la memoria pública: el IFE (hoy INE) se crea en 1990 tras la polémica caída del sistema en 1988. No solo se trataba de una reacción del oficialismo ante la cuestionada legitimidad del triunfo de Salinas de Gortari, sino de sacar la organización de las elecciones del aparato presidencial, pues hasta entonces dependían de la Secretaría de Gobernación. Después vendrán las reformas electorales de 1996-97 que darán al IFE el carácter ciudadano, expresado en la composición de su consejo, que logrará no solo conducir al país con éxito en la alternancia del 2000, sino poner al Instituto como una de las instituciones públicas que mayor confianza inspiraban en México. Pareciera que aquello es historia antigua, pero realmente ha pasado poco tiempo. Entre otros factores, el Instituto perdió credibilidad ante la clara partidización del Consejo General, que fue borrando la esencia ciudadana que le dio fortaleza en el crepúsculo del Siglo XX.

La indignación ciudadana ante un sistema electoral caro y poco confiable es más que entendible, sin embargo, habrá que tener cuidado en tomar la puerta falsa del financiamiento privado, pues se presta a diversos problemas, desde la presencia del dinero negro hasta el financiamiento de candidatos para empujar agendas particulares de grupos de interés. El dinero público tiene la principal característica de que puede y debe ser vigilado, por tanto el debate debería centrarse en cuánto y por qué es justo y adecuado financiar a los partidos y operación electoral, no en “privatizar” el proceso que, por definición, es el más público de todos: el elegir quienes nos gobiernan.

(P.D. Este espacio estará fuera del aire por algunos días a partir del 7 de septiembre, pero volverá pronto para atormentar a las buenas conciencias) 

Los partidos y sus designaciones; cuando la democracia no ayuda

En todo proceso electoral hay 2 fases de extrema importancia para obtener un resultado exitoso: la designación de los candidatos y la campaña electoral.

Son etapas cruciales que si no se manejan con extremo cuidado y calculo partidista pueden descarrilar hasta la mas optimista de las encuestas ; pueden incluso destruir el mejor escenario y predicción.

La democracia parece ser una exigencia social para hacer valer la voluntad popular, sin embargo, al interior de los partidos parece ser contraproducente democratizar el proceso de selección de los candidatos.  Cuando se hace de esta forma, tradicionalmente se realizan contiendas internas donde los pre candidatos miden sus fuerzas, bases y estructuras, casi siempre desgastándose todos en el proceso de obtener la candidatura.

¿Como hacer campaña sin atacar al oponente?, ¿Cómo no dañar al partido si cualquier acusación queda dentro de la organización politica?.

Hagamos memoria: El PRI en el año 2006  busco realizar un proceso interno donde se dividió el partido en diversas facciones y quien fuera designado candidato -Roberto Madrazo- fue atacado despues por un grupo dentro del PRI que formo el famoso TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo). Atrás se buscaban dejar las designaciones directas o el famoso ” dedazo”,  pero deteriora a todo el partido lanzar contiendas internas, en especial hacia el exterior.

En el PAN tambien se vivió un proceso interno que dejo como ganador al ahora ex presidente Felipe Calderón, quien obtuvo el triunfo en el Tribunal Electoral con una ventaja de tan solo 0.56% de los votos contabilizados. A pesar de haber ganado, no podemos ignorar el hecho de que la presidencia la tenia el PAN y como candidato oficialista debió de haber tenido un mejor desempeño, posiblemente frenado por no ser el candidato del presidente, que era Santiago Creel y fue desplazado en un proceso interno.

Algunos aprenden de los errores y otros no, como el PAN, quienes estan enfrascados en un  proceso interno que no tiene un buen augurio, pues mientras Moreno Valle se fortalece, Margarita Zavala amenaza con la vía independiente, escenario que inevitablemente causara una fractura en el PAN.

El PRI rápidamente aprendió de su error en 2006 y enmendó su pecado en 2012 y parece ser que tambien en 2018, buscando generar un candidato por consenso y designación.

MORENA, aunque tiene candidato, se esta emproblemando, pues realizo una encuesta bastante sospechosa de la cual no se revelaron los resultados y se procesó en la oficina personal del presidente de MORENA, Andrés Manuel Lopez Obrador. Se manejo que la “secrecia” era con fines democráticos, pero Ricardo Monreal, quien habia encabezado la mayoria de las encuestas, sorpresivamente resulto derrotado por una Claudia Sheinbaum un poco mas limpia de escándalos pero huele a dedazo.

Jugar a la democracia y acabar con una designación camuflada puede resultar muy peligroso para MORENA, en especia porque si Monreal decide participar por el PAN-PRD puede arrebatarle la capital a su -todavia-líder.

La lección es clara: el antidemocratico “dedazo” rinde mas frutos electorales que la democracia interna, no lo digo yo, lo dice la historia reciente y no muy reciente.

#HojaDeRuta: “¿Dónde está la persuasión?”

Enrique Dussel suele decir que los sistemas democráticos parten de un principio de realismo político: en países con 120 millones de personas o ciudades de 5 millones de habitantes, es irreal creer que todas las personas pueden estar todo el tiempo en todos los asuntos. De ahí que el mecanismo de la democracia representativa sea racional, pues no hay que olvidar que en una República, la soberanía reside en el pueblo, y por tanto éste elige a sus gobernantes. Así, cada proceso electoral no es solo nuestro sagrado derecho democrático, sino que debiera ser un momento de persuasión basada en ideas que siempre tendrán como lugar común la promesa de construir un mejor futuro colectivo, nadie hace campaña predicando el apocalipsis.

Es lugar común entre la clase política y asesores en materia electoral considerar que las elecciones se tratan más de emoción y sentimiento que de ideas y razonamiento. Esta aseveración tiene algo de cierta en el sentido de que se construyen narrativas que pretenden ser inspiradoras (o destructoras, cuando viene la guerra sucia) y no suelen debatirse los temas a profundidad en todos los públicos. A esto hay que sumar el fenómeno de espectacularización de la política, cuyo epicentro ha sido EEUU y ha influido en cómo se entienden las elecciones en las democracias contemporáneas. Imagen sobre sustancia, escándalo sobre propuesta, grito sobre reflexión. No es casualidad que una estrella de Reality TV sea el actual presidente de ese país.

Sin embargo, un fenómeno particular preocupa: la política del coraje y la bravuconería. Apelar al coraje es peligroso, pues hay una delgada línea entre el enojo y despertar sentimientos de odio, que, hay que decirlo, tienen raíces históricas que aguardaron largo tiempo bajo tierra el momento de volver a brotar en contextos como el norteamericano, el británico y el francés.

En el caso mexicano el tema racial no es la raíz del coraje (aunque se ejerce un silencioso y lacerante racismo, pero será tema de otra entrega), sino la indignación ante la rampante corrupción de la clase política, que acumula casos terribles a todos los niveles. Esto en principio pareciese positivo, sin embargo, cuando no hay más sentimiento que el enojo, el espacio para la reflexión se reduce al mínimo. Entramos entonces en una suerte de política del hígado, donde pareciera que el más bravucón (rayando en lo violento) es quien se lleva la atención y las palmas del gran público.

Esto lo había advertido ya hace algunos meses con lucidez Jesús Silva-Herzog Márquez, quien llamaba a tener precaución ante este fenómeno, pues el miedo y el enojo llevan a tomar decisiones de las que podemos arrepentirnos, o peor, conducen a permitir decisiones y excesos que en otras circunstancias hubiese sido inadmisibles.

La bravuconería y la pirotecnia le dan sabor al caldo electoral, pero también conducen a nublar el juicio y acabar dando un balazo en el pie de la democracia. (PD. Este espacio estará fuera del aire por algunos días a partir del 7 de septiembre, pero pronto regresará para atormentar a las buenas conciencias).

Seres dignos de un gobierno indigno

“Ningún hombre, dijo Locke, nace para gobernar o ser gobernado”

-Justicia para erizos, R.D.

La desilusión ciudadana ha mostrado la decadencia de la democracia. Los últimos acontecimientos políticos-sociales han ido desencadenando una serie de pensamientos, criticas y cuestionamientos, respecto a la funcionalidad del sistema político democrático, y no únicamente en el plano nacional, sino también internacional.

Con el supuesto declive actual de la democracia surgen también una serie de consecuencias, entre las que se encuentran, la abstención ciudadana, la desconfianza en las instituciones gubernamentales, así como en los políticos que nos representan. Si partimos de los últimos resultados, el fracaso del plebiscito en Colombia, el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, así como los incidentes que existieron en las pasadas elecciones en cuatro estados de México (Estado de México, Coahuila, Nayarit, y Veracruz) las cuales volvieron a demostrar el débil sistema electoral con el que contamos, nos han hecho cuestionarnos si se volvió a premiar la impunidad, y peor aún si continua operando la arbitrariedad del Estado.

Ahora bien, ¿qué es lo que verdaderamente ha erosionado la democracia? Acertadamente Winston Churchill manifestó: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. Es así, que también  reconozco que es el único en el cual se nos ha garantizado el poder de elegir soberanamente a nuestros representantes.  Ronald Dworkin decía que la democracia existe siempre y cuando “el gobierno sea del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, es decir, el pueblo debe autogobernarse. ¿Qué pasa cuando el gobierno no funciona para el pueblo?.

Si partimos del anterior pensamiento, Dworkin establecía que los gobiernos democráticos reconocen y salvaguardan la dignidad de sus ciudadanos; por lo tanto, la dignidad se entiende como el papel principal que tiene toda persona en la toma de sus decisiones colectivas respecto de quien ejerce el control, así  como la expresión imperante de los derechos humanos. En la realidad actual somos seres dignos gobernados por un sistema indigno, concatenado entre  las injusticias y la desigualdad.

Si se entiende que el reconocimiento de la dignidad humana va relacionada con el funcionamiento de un verdadero gobierno democrático, entonces, ¿qué pasa cuando ese gobierno “democrático” no funciona? ¿Se sigue considerándose democrático?; Ahora, la culpa de quién es: ¿el sistema? o ¿el pueblo? ¿Los gobiernos garantizan la dignidad de toda persona? Aun no entiendo cómo podemos sentenciar que la democracia no funciona, si vivimos en un Estado el cual aún no reconoce la dignidad de toda persona, y además la atropella constantemente con múltiples violaciones a derechos humanos, por lo tanto, no vivimos en un país plenamente democrático; lo interesante sería analizar si efectivamente existen países planamente democráticos.

Si se relaciona la erosión de la democracia con el abstencionismo, el cual se le conoce como el arma silenciosa, entonces, creo que debemos de preguntarnos ¿por qué la ciudadanía se abstiene de votar? Un ejemplo es Colombia, en donde se registro la abstención electoral más alta de la historia, con un porcentaje de 63 por ciento. ¿Por qué surgió lo anterior? En el caso del plebiscito por la paz, se consideró que el Estado tuvo una pérdida de interés en el dolor de las víctimas y su debida reparación, y prefirió mostrarse como un Estado “fuerte” ante la comunidad internacional, por ende, la ciudadanía se abstuvo de salir a votar. Otra vez, el Estado no respondió. Cómo ejerces tu derecho al voto si tu Estado no responde.

La “decadencia” de la democracia, se le puede atribuir a un sinfín de factores, no se pueden limitar únicamente a la poca participación ciudadana o la desconfianza de las instituciones. Sin embargo, aún no es tiempo de desilusionarnos del único sistema político que nos ha dado libertad de elección.

Para mí la democracia es una de las luchas más importantes que se han ganado históricamente, a pesar de sus múltiples fallas y sus resultados en ocasiones no nos favorezcan, aún seguimos teniendo el poder de decisión sobre nuestros representantes. La democracia nos da el poder de equivocanos, pero también de remediarlo.

#EspacioWiki: “Sobre la reforma electoral de la Wiki”

La política, palabra tan desgastada por las acciones de nuestras y nuestros servidores públicos, debe encontrar hoy formas de recuperar su sentido original, y así, regresar al espíritu que motivó su existencia, para dejar de lado aquella concepción que ha provocado aquel círculo vicioso de desesperanza popular y cinismo político. Por esto mismo,  si se quiere cambiar el sentido de la política, si se desea esperanzar nuevamente a la gente, para que esta incida en la deliberación de la cosa pública y detenga a la actual cleptocracia, debe entonces replantearse el sentido de varios pilares  que la sostienen.

En este sentido, y pensando en la imperiosa necesidad de reforzar aspectos como la inclusión, apertura, pluralidad, discusión, igualdad y legitimidad dentro de nuestro sistema, fue que, Wikipolítica Nuevo León, decidimos elaborar  una iniciativa de ley relativa al sistema electoral estatal.

Para que dichos aspectos sean llevados a la práctica, es imperativo generar figuras que reflejen el fondo de los mismos; por esto mismo, en la iniciativa de ley de la Wiki se han incorporado distintos mecanismos para llevar a la realidad el reforzamiento de los pilares que reivindicarán la política de nuestro país.

Una de las propuestas contenidas, en concordancia con los aspectos de apertura y discusión, es la propuesta de establecer como obligatorio, la celebración de debates públicos entre las diferentes candidaturas a diputaciones locales, por cada distrito electoral. Actualmente, la ley prevé la celebración de un solo debate para el cargo de diputación local, en el cual los partidos políticos pueden elegir como representante a cualquier candidato de cualquier distrito que ellos consideren; asimismo, del lado de las candidaturas independientes a diputación local, hoy, la ley contempla seleccionar a la candidatura que contenderá en el debate único, por medio de un sorteo; en virtud de la evidente ausencia de una confrontación y discusión de propuestas real, de una celebración notoriamente incompleta de un ejercicio, tan elemental para la democracia, como lo es el debate. Por ello, es que consideramos como vital el modificar nuestras leyes, para que cada distrito pueda presenciar un debate, celebrado en espacios públicos, entre aquellos y aquellas  que aspiran a representarles.

Por otra parte, un mecanismo que pretende robustecer el factor de la legitimidad, es la segunda vuelta electoral; por medio de ella, se plantea el requisito de contar la candidatura a la gubernatura, con un porcentaje frente a la segunda opción con mayor número de votos; o en su defecto, celebrar segundas votaciones entre las dos candidaturas más votadas.

Igualmente, entendiendo la relevancia de la inclusión, se ha formulado en la propuesta de ley, la creación de una diputación que represente a las y nuevoleoneses que residen en el extranjero. De esta forma, las y los neoloneses residentes en el extranjero podrán votar a una persona que vele por sus necesidades e intereses en el congreso local, asegurando así su derecho a ser representados.  

Por otro lado, se ha expuesto en la iniciativa de ley, como un factor para consolidar la inclusión, la igualdad  y reconocimiento del sexo femenino en la legislación, la realización del lenguaje incluyente; el cual, visibilice, incorpore y considere a las mujeres como personas sujetas a lo estipulado por las leyes, reconociendo así su existencia propia en el plano jurídico, y con ello garantizando los derechos más fundamentales, tal como siempre lo ha tenido el sexo masculino. No puede erigirse la igualdad y la inclusión en la política, ni pueden celebrarse iniciativas que aboguen por la paridad de género,  ni pueden combatirse las violencias machistas por las cuales actualmente adolece nuestra sociedad, si primero no se lucha por la incorporación de un lenguaje que brinde un  lugar a las mujeres en cada ordenamiento jurídico.

Finalmente, en congruencia con la pluralidad y la igualdad, principios sobre los cuales se materializa una democracia donde  a cada voz y a cada grupo le es dado un lugar en la deliberación, se ha planteado como propuesta la defensa y ampliación de la representación proporcional. No solo resulta congruente para una democracia plural, el defender el derecho de las minorías al acceso de un lugar en el poder legislativo, sino también congruente para con lo que estipula nuestra Carta Magna en relación al porcentaje de diputados por representación proporcional presentes en el Congreso.  Atendiendo lo anterior, se aprecia además, en  la iniciativa la ampliación de la representación proporcional a las candidaturas independientes; esto, siempre y cuando cumplan con diversos requisitos, como la suscripción de un programa en común entre aquellas personas, que buscan contender a una diputación local y que su candidatura no aspira al mismo distrito electoral.

Al redactar esta serie de propuestas en la iniciativa, de exponerlas y de justificarlas frente a los diversos colectivos y frente a las diputadas y diputados en la mesa de trabajo celebrada en el congreso hace unos días, comprendemos el reto que constituye reformular la política desde las bases, y la constante lucha que implica el buscar lograr tal objetivo, la cual, no será  en definitiva, algo que se consiga en la brevedad.                                                                                                                                                        Sin embargo, hoy seguimos sin soltarnos, y nos encontramos construyendo el camino hacia la consolidación de una política que escuche nuestras voces; y que deje de ser, de una vez por todas, el arte de servirse a sí mismo, para dar paso a ser el arte de escuchar, servir y obedecer al pueblo.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

#Espaciowiki: Asaltar las Instituciones




Un fantasma recorre Nuevo León: el fantasma de Wikipolítica.

Contra este fantasma se  unirán todos lo que no quieren hacer política de manera diferente, los que no les gusta hacer política entre todos, aquellos que creen que hacer política es cosa de esos señores elegantes que se pasean por el Congreso, Ayuntamientos e Instituciones del Estado con sus trajes  caros y sus camionetas  blindadas.

A todo  ellos  no les  va a gustar este fantasma, porque creen que la política solo se puede hacer con poder y con  dinero, con estructuras clientelares, compra de votos o pactando con los  grandes  Intereses financieros y empresariales.

Porque a esta “calaña” no le da miedo el  partido político de oposición, ni  al candidato Independiente, a lo que en realidad le tiene miedo, es al fantasma de la gente común organizada, de la gente común haciendo política.

Los de la “calaña” nos hacen creer que solo ellos pueden , que no nos involucremos porque “es un marranero”, que no nos acerquemos porque “comoquiera todo seguirá igual”, nos engañan con su  puertas giratorias donde  simulan un cambio, con sus candidatos  “Independientes” reciclados  para que todo siga  igual y el poder político se quede entre los mismos, y así es como nos roban el sentido común, la democracia  y las Instituciones.

Así es como se  fomenta la corrupción , esa forma de  Gobierno donde mandan los que no se presentan a las elecciones: transportistas, contratistas, constructores, que compran la voluntad popular.

Todo este  engaño se resume en lo que acontecido en las elecciones del 2015, donde se reflejó la máxima expresión democrática y de descontento en la historia el Estado, pero esto solo se ha traducido en  mayores recortes sociales a costa del pago de la deuda ilegal (no lo digo yo, lo dice el mismo Gobierno del Estado de Nuevo León), perpetrada por estos personajes que están ocupando estos espacios políticos que se abrieron y que no les corresponden.

Pero, ¿porque la calaña y no nosotros está tomando estas decisiones tan trascendentales?; La respuesta es muy sencilla, si tu no haces política otros vendrán a hacer política por ti.

Bajo esta coyuntura y ante el declive del aparato Gubernamental,  la falta de credibilidad de todos los actores  políticos y el nulo apoyo a una mayoría social, solo nos queda organizarnos e incidir en la política local para no seguir teniendo un papel testimonial  y así poder ocupar espacios políticos que se abren, que, como dijo  Gramsci: “Nos podemos dar cuenta  cuando una crisis política  se está  gestando, es por que lo viejo no termina de irse y lo nuevo no termina de llegar, y es cuando aparecen los peores  monstruos  a ocupar esos espacios que se abren”.

Depende de nosotros que esos lugares  sea ocupados por gente decente que permita feminizar la política, hacer visible lo invisible para una mayoría social,  y convertir  este protagonismo individualista  en el protagonismo de la gente.

En Wikipolítica soñamos, pero a diferencia de ellos, nosotros nos tomamos muy enserio nuestros sueños, porque venimos a ocupar la ciudad  y habitar el gobierno, venimos  a disputar la Democracia y asaltar las Instituciones.

Porque el cielo no se toma por consenso, el cielo se toma por asalto.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

#HojadeRuta: La república de la sospecha




En corredores y a calle abierta; en las bocinas de los teléfonos y cada letra digital e impresa; entre las mesas y el tintinear de tazas, están los murmullos. “Renunció porque según quería dedicarse a x, pero realmente quiere y”; “se le ve demacrado, dicen que está enfermo y por eso mintieron del motivo de su operación”; “ya sabían dónde estaba. Lo agarraron ahorita porque vienen elecciones y porque ya negoció que no toquen a los suyos”.

Corría septiembre de 2004 cuando el entonces titular de la SEGOB, Santiago Creel, hizo su contribución más duradera a la política nacional al invitar a “dejar atrás la cultura del sospechosismo”. Aunque la academia se ha resistido a abrir los brazos del diccionario al peculiar término, la realidad es que a las y los mexicanos nos hizo perfecto sentido su existencia.

Si la cultura se define como el conjunto de modos de vida y costumbres, por supuesto que en este país existe tal cosa como la cultura del sospechosismo. Quizá sea un sinónimo informal de “desconfianza”, pero que conlleva una carga política muy particular: la idea de que en lo público no puede creerse.

Las traiciones políticas son tan viejas como las dagas que los senadores le clavaron a Julio César, pero en México la cosa va más allá: en un país donde el 70% de la gente dice que no se puede confiar en los demás, la desconfianza se ha vuelto parte del sistema. Y ese es un problema grave.

Ya en otras ocasiones hemos mencionado que el maestro Zygmunt Bauman definió la actual crisis global de la democracia como “el colapso de la confianza”. Desde luego que si existe tal nivel de suspicacia entre nosotros es porque no éramos ariscos, nos volvieron. Años de tradición oral, decepción ante la impunidad y amargas experiencias en carne propia, nos han curtido a ser recelosos. Pero aquí viene lo interesante: la desconfianza debería llevar al cuestionamiento, la reflexión y finalmente, al sentido crítico.

Sucede que el efecto es contrario: hoy, de acuerdo al barómetro de confianza de Edelman, que mide a 28 países (incluido México) confiamos más en “una persona como usted” que en oficiales de gobierno, directores de empresas y representantes de organizaciones civiles. Y ahí tenemos una dificultad seria: si nos creemos lo que dice mi amigo(a) de la primaria que no veo hace 20 años pero que me encontré en Facebook y le doy share a su noticia que relata como el líder norcoreano Kim Jong-un detonó 30 bombas nucleares y se ha declarado nuevo emperador del universo.

La duda, decía Borges, es uno de los nombres de la inteligencia. Y lo es, siempre y cuando esa duda no se quede en mero sospechosismo, pues dudar de todo pero creerse a pies juntillas las oleadas de “fake news” nos pone en el peor de lo mundos: el de los que no saben que no saben, y eso, paradójicamente, no lo sospechan.




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#EspacioWiki: Volver a creer

La crisis política global que se manifestó en 2016 y que continúa causando estragos ha devuelto las palabras a la arena política. Las estadísticas y demás “datos duros” se muestran incapaces de frenar los discursos incendiarios que la mayor parte de los analistas ha catalogado llanamente como populistas.

Esta clasificación ramplona es peligrosa porque erradica del campo político la labor de construir esperanza. Ignora que el que quizá el incentivo más importante para trabajar por lo público y organizarse es la existencia de un sueño compartido.




No es que se defienda el populismo, tragarse historias de buenos contra malos cercenan a la sociedad y la inmovilizan porque terminan por atacar un principio democrático esencial: la pluralidad. El reto entonces bajo el desencanto imperante es, en primera instancia, volver a alertar a la sociedad para que se vuelque a participar, pero hacerlo no movida por la venganza o el revanchismo, sino por la convicción de que es necesario ver hacia el futuro.

La entrada de las candidaturas independientes trajo consigo una posibilidad de futuro, pero su integración a la ecuación electoral vino acompañado de un discurso al que hay que aproximarse con cautela y es el de partidos vs pueblo.

El problema con esta simplificación del momento que estamos viviendo en nuestra democracia es que pareciera que con sacar a los partidos de la jugada se resuelven todos los problemas públicos, se erradica la corrupción, se vuelve a creer en la política. Es en ese sentido que lo que representó la victoria de Kumamoto en Jalisco, y lo que sigue representando Wikipolítica, es más valioso: es una invitación a la unidad en tiempos de rabia.

El malestar en la democracia es sistémico y resolverlo exige que los ciudadanos rompamos el muro divisorio que tanto políticos y ciudadanos hemos construido entre nosotros. Los primeros para proteger sus intereses personales, los segundos por asco y desilusión hacia las acciones de los primeros.

Por eso es importante ver con detenimiento la campaña de Kumamoto y el discurso que han erigido los nodos de Wikipolítica en la promoción de #SinVotoNoHayDinero.

No se buscó quitarle el poder a los políticos, sino devolver espacios a la ciudadanía que siempre debieron ser de ellos; no se pretende a través de la propuesta de ley castigar a los partidos políticos quitándoles dinero, sino brindar mecanismos para que la desilusión pueda canalizarse a través de la democracia para así volverla más efectiva, más cercana a las personas y más alejadas de los vicios que hoy la lastiman.

Volver a pensar la política desde las personas tiene que ver forzosamente con atrevernos a reconocernos como ciudadanía y organizarnos para crear las nuevas instituciones con las que reemplazaremos las que hoy se encuentran podridas y endebles.

El colapso de un modelo de gobernanza que se basa en los unos–que sólo pagan impuestos– y los otros –que los gastan como se les viene en gana– está agotado. Llegó el momento de hacer una política del “nosotros”, de ofrecer una visión de lo público en la que quepamos todos y, más aún, nadie se quede sin participar.

Nuevamente estamos encarrilándonos frente a unas elecciones presidenciales y la particularidad histórica de éstas no puede limitarse a la aparición de un posible candidato independiente. El reto es más grande y el llamado histórico es más fuerte: debemos recuperar la esperanza y tomarla con nuestras manos, debemos atrevernos a pensar la política como algo que nos pertenece a todos y que por lo mismo no puede seguir siendo responsabilidad de “alguien”, sino de todos y cada uno de nosotros.




Sólo en la suma de esfuerzos, sólo desde lo cotidiano, sólo pensando que el verdadero poder radica en las personas y en su capacidad para encontrarse y actuar en consecuencia hallaremos una salida. Únicamente unidos y sin soltarnos de un sueño común seremos capaces de volver a creer en el futuro.

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Espacio Wiki: “Devolver los Partidos a las Personas”

Max Weber decía que “la dirección de un Estado o de un Partido debe ser por personas que, en el sentido económico, viven para la política y no de la política”. Para Weber, los partidos políticos existirían solamente cuando una comunidad ha alcanzado un nivel organizativo o de socialización de alta complejidad. Dada esta condición, se origina un sistema que mantiene el orden social y permite a los partidos tener influencia en el mismo, participando en su conducción.

En México, los partidos políticos tienen su origen en los grupos masónicos que se disputaron el poder político desde los primeros años de vida independiente, hasta la época de la Reforma, en la que empiezan a tomar forma como clubes de debate.  Es con la expedición de la Ley Electoral de 1918 que se empiezan a tomar la forma que conocemos actualmente, hasta que en 1929 nace el Partido Nacional Revolucionario.

Durante los 88 años de existencia que tiene el actual sistema mexicano de partidos, hemos visto cómo la fuerza del ideal se ha ido comprometiendo cada vez más por la presencia de intereses de carácter privado, en su mayoría económicos, desplazando así a la búsqueda del mayor bien para todas y todos.

Fue la reforma político-electoral del año 1996, de cara a las elecciones federales del año siguiente, la que otorgó el financiamiento a los partidos bajo el esquema que actualmente nos rige. Es decir que desde hace veinte años, cada mexicana o mexicano con credencial de elector vigente, otorga a los partidos políticos la cantidad de $47.50 pesos por el simple hecho de aparecer en el padrón electoral, sin importar si acude a votar o no; sumando un monto total de 4 mil millones de pesos que son destinados al financiamiento de sus actividades.

Ante la severa crisis que vive nuestro país, derivada de diversos factores internos y externos en los terrenos de lo político, económico y social; y frente una clase política incapaz de poner un freno a sus excesos y que prefiere revirarnos un “¿Y Ustedes qué hubieran hecho?”, en Wikipolítica hemos decidido cambiar resignación por esperanza.

Pedro Kumamoto, diputado independiente en el Congreso de Jalisco, y miembro de esta red nacional llamada Wikipolítica, es quien ha llevado ante el Congreso de la Unión la iniciativa denominada #SinVotoNoHayDinero, la cual busca cambiar la fórmula con la que se calcula el dinero que se le otorga a los partidos políticos; pues actualmente se calcula con base al número de credenciales para votar existentes y no con el número de personas que votaron válidamente en las últimas elecciones, como sí sucede en varios países.

Lo que nosotras y nosotros planteamos, en voz de Kumamoto, es que ese monto se calcule con base en los votos emitidos válidamente en la elección, lo cual representa un ahorro de más de 2 mil 200 millones de pesos (tomando en cuenta la votación emitida en el año 2015).

Esto es importante, porque los partidos políticos hoy en día ni nos representan ni nos rinden cuentas. Necesitamos devolverles los partidos a las personas y reconstruir el vínculo entre partidos y ciudadanía. #SinVotoNoHayDinero permite a las personas evaluar el desempeño de los partidos y determinar su financiamiento a través del voto en un mecanismo de participación ciudadana directa, más allá de las elecciones como tal. Esto significaría que los partidos deben mejorar, pues el voto duro no basta para que sigan sosteniendo el financiamiento que poseen hoy en día.

Eliminar por completo el financiamiento público dejaría a la política y a la democracia en manos de sólo unas cuantas personas, provocando que los puestos públicos se llenen de Trumps, Macris o Piñeras que puedan comprar cada cargo público.

Aunque hoy el financiamiento público de los partidos político es exagerado y no responde a ninguna rendición de cuentas para la población, ni se maneja con transparencia ni equivale a la representatividad que tienen los partidos; sería muy riesgoso dejar nuestra democracia sin subsidio y en manos del capital.

Los partidos son un gran negocio que en épocas electorales buscan el voto suficiente para que sus candidatos sean elegidos. Es urgente cambiar esto y convertir a los partidos en herramientas de participación ciudadana, de fortalecimiento de la democracia y en espacios públicos y políticos para que las personas sean representadas.

El abstencionismo siempre será el argumento de quienes no apoyen nuestra iniciativa. El miedo al voto nulo o a la no participación electoral es un riesgo que deben de dejar de asumir las y los ciudadanos y que debe preocupar a los partidos.

Hoy por hoy, los partidos no hacen nada para que la gente no abstenga su voto porque ellos recibirán exactamente el mismo dinero votemos por quien votemos. Con #SinVotoNoHayDinero si no se esfuerzan y mejoran, los partidos sólo recibirán el dinero del 40% de las personas, es decir que el abstencionismo y el voto nulo les pegaría directamente en los bolsillos lo que significa que esta iniciativa es un incentivo para que los partidos se ganen los votos de la ciudadanía.

Llegó la hora de estar unidos y no soltarse. #SinVotoNoHayDinero será una realidad en la medida que nos movilicemos y demostremos al Congreso de la Unión que estamos juntos y que tenemos muy claro lo que queremos: si ellos buscan nuestro dinero, que se ganen nuestro voto.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

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Acerca del autor: José Antonio Hernández Griego es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es Presidente y fundador de Monterrey Ciudad Olímpica A.C. con la cual ha encabezado las candidaturas de la ciudad de Monterrey por los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2014, 2018 y 2023.

También se ha desempeñado como asesor durante la LXXII Y LXXIII Legislatura Local. Participó como Diputado Juvenil en el 2do. Parlamento de la Juventud organizado por el H. Congreso del Estado en 2008, y ha trabajado como activista en los temas de juventud, deporte, cultura de la legalidad, rescate de espacios, entre otros. 

En 2012 participó como Precandidato a Diputado Local, y en 2015 fue Precandidato a Diputado Federal. Ha coordinado diversas áreas en campañas políticas a la Presidencia de la República, Gubernatura, Alcaldía y Diputación Federal. En 2015 renunció a su militancia en un partido político, y desde entonces hace labor desde las organizaciones de la sociedad civil de forma independiente.

Ha impartido cátedra en la Universidad José Martí de Latinoamérica y tiene estudios en Gestión Urbana, Cultura de la Legalidad, y fomento de Organizaciones No Gubernamentales.

También se ha desempeñado como Conferencista, Articulista, Observador Legislativo y ha realizado diversas publicaciones sobre Política y Deporte Olímpico en algunos medios de comunicación.

En la actualidad se encuentra consolidando la plataforma de participación y confluencia ciudadana denominada “Ganemos Monterrey” y es miembro fundador de Wikipolítica Nuevo León.

 

Hoja de Ruta: “La democracia muere en la oscuridad”




La democracia muere en la oscuridad” es el eslogan que recién estrenó el Washington Post y que ahora aparece debajo de su nombre en sus ediciones digital e impresa. Esto vino a mi atención hace unos días por un artículo publicado en Vanity Fair titulado “El oscuro nuevo lema del Washington Post es pura genialidad de branding”.

James Warren, periodista autor del mencionado artículo, argumenta que la frase podría verse como una prédica arrogante para la autoestima de la industria en un momento de incertidumbre, ataques y desinformación, salvo por un pequeño detalle: funciona. “Pudiera ser una pincelada maestra cuando se trata de branding. Una frase directa y breve que captura el propósito”.

Obviamente se trata de la democracia… pone la vara muy alta para el periódico, especialmente en un mundo cada vez más lleno de engaños y comentarios que se hacen pasar por “reporteo”. Lo interesante es que la frase no solo busca vender, o mejor dicho, busca vender de la mejor forma posible: haciendo clara y atractiva su promesa central, que en este caso es la búsqueda de la verdad. Aunque es preciso darle un apellido para que cobre sentido: la verdad pública, aquella que todos tenemos derecho a conocer y que debemos conocer como un deber cívico.

Echar luz sobre la verdad es la esencia misma del periodismo, pero una verdad que debe tener propósitos claros: acotar al poder, denunciar su abuso y formar criterio en el público. Cuando eso sucede el periodismo contribuye no solo a salvaguardar la democracia, sino a llenarla de contenido.

La contundente frase “La democracia muere en la oscuridad” no solo resalta la razón del ser del oficio, sino que recuerda un principio fundamental: las libertades políticas, los derechos humanos, la democracia misma nunca son regalados, y una vez que se tienen, deben fortalecerse y nunca darse por sentados. Con mayor razón en un país como el nuestro donde las cosas existen a medias o por pedazos, donde a veces la simulación impera y en entre las sombras de la trastienda sigue reinando la mezquindad.




Hoy, que el azote de los populismos nacionalistas de la derecha avanzan en distintas partes del globo; hoy que Steve Bannon, el principal asesor de Trump considera que los medios “deberían mantener la boca cerrada” y son “el partido de oposición”; hoy que en Nuevo León se recomienda fumigar a los periodistas (medida reservada para plagas y pestes); hoy que la desinformación impera y tiene mayor credibilidad el vecino o el compañero de trabajo que un vocero oficial, la verdad pública es uno de los mayores remedios contra el avance del autoritarismo.

En estos tiempos de nubarrones, habrá que mantener muy cerca del pecho las palabras de Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad
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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”