El Talón de Aquiles: EL RETROCESO DEL PROGRESO

El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 3 de octubre, 50.21% de los votantes en un referéndum, seis millones y medio de colombianos, se opusieron a un acuerdo de paz. El 8 de noviembre, Hillary Clinton obtuvo más de dos millones y medio de sufragios que Donald Trump (voto popular), quien sin embargo ganó los votos electorales.

Presentar un texto argumentando que en este 2016 triunfaron el temor y la ignorancia es insuficiente, pues opinólogos y futurólogos ya se me adelantaron. Procedo entonces a desarrollar dos factores que dan profundidad a esa tesis: la incapacidad ciudadana a alimentar un régimen que requiere de participación de calidad, y una desconexión indulgente de las fuerzas políticas que deberían defender las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del Siglo XX, explican por qué estamos como estamos.

La democracia representativa: víctima del capitalismo (casi) salvaje

Soy el producto de un mundo socialdemócrata que la revolución neoconservadora de los años 1980 destruyó. Se me enseñó que cada derecho conlleva una responsabilidad, que es adeudo del ciudadano informarse y contribuir al debate, y que el interés colectivo pasa por encima del individual. No me considero “socialista”, mucho menos “comunista”, pero sin duda soy “izquierdista”.

 




Se me convenció que el principal rol del Estado es la moderación política: al redistribuir la riqueza y fortalecer la clase media, el Estado evita las derivas extremistas tanto de izquierda (revolución bolchevique) como de derecha (nazismo), que se alimentan de pobreza e ignorancia. La democracia solo funciona en donde la clase media, urbana, y educada, es fuerte. La educación es antídoto a la manipulación y demagogia.

Una de las primeras víctimas del neoliberalismo fue la educación. La obsesión por controlar el déficit fiscal y la nefasta idea que el sector privado siempre es mejor que el público, evaporaron presupuestos, debilitaron servicios, y alentaron privatizaciones.

La educación privada nunca ha sido reconocida por inculcar valores de solidaridad social; y la pública, aunque quisiera, no tuvo condiciones. Se crearon así brechas entre los que pudieron pagar una educación de calidad, y los que no.

Los resultados están a la vista: a los ciudadanos de hoy no les interesa lo público, ya sea porque no le dan importancia (creen que no la tiene), o debido al exceso de trabajo – la pauperización del mercado laboral también es una realidad – que no permite una participación política activa de calidad.

A este escenario agréguesele la explosión en importancia de internet, de las redes sociales, y la consolidación de una cultura en donde el límite entre espectáculo y realidad se borraron. Hoy, no se sabe qué información es real e irreal. Los “trolls” desinforman, distorsionan, y divulgan falsedades adrede a quienes no saben, y no quieren aprender a distinguir, como decía la canción, “entre besos y raíces”. Hoy, la política es espectáculo, el ciudadano espectador, y el votante consumidor.

Las marchas de salvación de la patria y de dignidad nacional organizadas por el uribismo contra un acuerdo de paz en Colombia, son ejemplo de ello. De nada sirvió defender uno de los acuerdos de paz más ambiciosos y sofisticados que se hayan firmado, que contaba con el apoyo unánime de la comunidad internacional.

Pudo más la desinformación. También eso explica el éxito de las campañas de los líderes aislacionistas del Reino Unido y de Trump, cuya sorpresa ante sus propias victorias apenas superó las evidentes muestras de la falta de preparación para las mismas. La cohesión social del consenso keynesianismo fue rota hace tiempo. Hoy, las consecuencias son evidentes.

Brechas y condescendencias

Claro, el neoliberalismo no es culpable de todo. La izquierda también lo es. Primero, dejamos de ser izquierda. Nos derechizamos. Nuestro supuesto proyecto inclusivo no lo fue tanto: siempre excluimos a religiosos y otros grupos que no dudamos en llamar “fundamentalistas”.

Si el Partido Demócrata hubiera defendido al proletariado blanco rural arruinado por la deslocalización empresarial fruto de la globalización, hubiera probablemente mantenido su apoyo. Pero la izquierda de Clinton, antiaborto y pro-gay (alienándose así el voto religioso y conservador) se convirtió además en la primera línea de defensa del libre comercio, con lo cual perdió el voto de los trabajadores. Segundo, existe en la izquierda una tendencia a la condescendencia.

Muchos nos vemos como una especie de vanguardia liberadora cuya misión es guiar a los alienados hacia el “progreso”. La educación, ese instrumento que extirpó nuestra ignorancia, nos da esa responsabilidad social, que constituye nuestra mejor muestra de consciencia y solidaridad.

Ser de izquierda es un privilegio de burgueses, y muchos de los votos “racistas, xenofóbicos, y sexistas” que vimos en 2016 son reacción a ese complejo de superioridad. ¿Cómo apoyar el aislacionismo en un mundo globalizado? ¿Cómo no entender que la paz es mejor que la guerra? Al ser parte de la “izquierda caviar”, nos hemos desconectado de las inquietudes del ciudadano común. Nos cuesta imaginar que haya gente que no piense como nosotros.

Los triunfos populistas de 2016 no nos gustan porque no se amoldan a la idea de progreso que nosotros, izquierdistas, hemos construido. Es casi patético constatar los fallidos esfuerzos del Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para explicar, con complejos tecnicismos, sin duda correctos pero también aburridos, el acuerdo de paz, mientras Uribe ejecutaba una retórica simple, sin duda simplista aunque apasionada, que tergiversó lo acordado y le dio la victoria.

Y cuando el elector nos dijo que éramos nosotros los que no habíamos entendido su grado de frustración, los frustrados fuimos nosotros ante mayorías que se atrevieron a no compartir nuestra opinión portadora de valores progresistas dignas del siglo XXI.

Los resultados en el Reino Unido, en Colombia, y en Estados Unidos no son antidemocráticos porque son el fruto de lógicas democráticas, pero ponen en entredicho la construcción del ideal democrático de centro-izquierda, basado en el respeto, la tolerancia, y el reconocimiento de la diversidad, y en la defensa de minorías.

 




Las mujeres, que rara vez han sido minoría, también cuentan en esa visión, que ahora vemos en peligro en un mundo en donde las mayorías progresistas brillan por su inexistencia. En Estados Unidos, un tercio de los ciudadanos es incapaz de nombrar uno de los tres poderes de gobierno.

¿Cómo darle poder a tantos ignorantes? Filósofos como Platón y John Stuart Mill ya han propuesto ideas para limitar los efectos políticos perniciosos de la inopia popular. Es aquí, precisamente aquí, en donde se abre la puerta al autoritarismo de izquierda, tan peligroso como el de derecha.

Conclusión: tengo miedo

Queda todavía mucho por analizar. Se debe aceptar que esta racha victoriosa populista de derecha no se alimenta solo del temor e ignorancia: una buena proporción de la clase media, individuos con ingresos anuales de USD 100,000 o más, votaron por Trump, así como lo hicieron 42% de las mujeres y 29% de los latinos (más de los que votaron por Romney). Además, 43% de sus votantes tienen título universitario.

El retroceso del progreso ha causado una profunda división social: los treinta millones de personas votaron en el Brexit (la tasa de participación casi alcanza 72%), dividieron al Reino Unido entre Inglaterra y Gales (favorables a salir de la Unión Europea) y Escocia e Irlanda del norte (a favor de la permanencia).

Colombia, como Estados Unidos, es un país dividido, como lo muestra el proceso que actualmente se desarrolla para aprobar una nueva versión del acuerdo de paz (que sigue generando oposición). Tercero, las mayorías silenciosas pesan fuerte. El abstencionismo debe ser estudiado con mayor detalle.

 




En 2016, los intolerantes afirmaron su voz, por tanto tiempo irrespetada y ridiculizada. Basta de hablar de integración, de paz, de cambio climático, de musulmanes, y de comunidades sexualmente diversas: es hora de ocuparse de la gente “normal” con problemas reales. A partir de 2016, el fenómeno es mundial.

En Francia, los analistas monitorean con atención el apoyo a Marine Le Pen y al Frente Nacional. En Costa Rica, gárrulos oportunistas como Otto Guevara se atreven a reivindicar el discurso incendiario de Trump. Ya se propuso estudiar la abolición del beneficio de la nacionalidad costarricense a los hijos de nicaragüenses nacidos en Costa Rica. Veamos si se le ocurre construir un muro entre Costa Rica y Nicaragua.

El retroceso del progreso se alimentó por una derecha neoliberal que cercenó el consenso keynesiano, pero también por una “izquierda champagne” que en un inicio se quiso oponer, pero que terminó pactando con el capitalismo de la post-Guerra fría.

Ayer fueron los que vemos como “fundamentalistas reaccionarios” los que temieron la llegada a la Casa Blanca, de lo que vieron como un presidente negro, musulmán, que ni siquiera había nacido en Estados Unidos. Hoy, somos nosotros, izquierda y centro-izquierda, los que tememos la llegada a esa misma Casa Blanca de lo que vemos como un populista ignorante, irresponsable, e imprevisible. ¿Ignorancia versus prepotencia?

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), diciembre de 2016

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Hillary no perdió por mujer

El pasado 8 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Contra todo pronóstico, Donald Trump consiguió la victoria al asegurar los 270 votos electorales.

Pero muchos todavía no entendemos qué fue lo que pasó. Cómo es que Hillary Clinton —claramente superior en elocuencia y propuestas durante la contienda— fue opacada por un hombre que ofendió a diestra y siniestra para llegar a la cima.

Clinton contaba con un apoyo sin precedentes por parte de los medios de comunicación; publicaciones como The New York Times y The Washington Post se declararon abiertamente a su favor, así como un sinnúmero de celebridades. Aún más relevante fue el contar con el respaldo de su ex adversario, Bernie Sanders, y de varios políticos republicanos que le dieron la espalda a Trump. Con todo esto de su lado, volvemos a la misma pregunta: ¿qué ¡”#$% pasó?

 




Uno de los argumentos es que Estados Unidos no está listo para tener a una mujer como presidenta (aunque recordemos que Hillary sí ganó el voto popular). Siguiendo esta lógica, al haber una elección entre un hombre y una mujer, el electorado se inclinará por el hombre, aunque la mujer tenga años de experiencia, y el hombre sea un novato, demagogo, misógino y racista. Este argumento resuena con muchas mujeres que, independientemente de sus profesiones, han visto ascender a puestos más altos a hombres con menos preparación.

Aunque seguramente el que Hillary sea mujer fue un factor determinante para muchos de los votantes, no podemos ignorar otro elemento importantísimo que entró en juego: el ser un político de siempre.

 




Gran parte del descontento tuvo que ver con la forma en que se financiaron las campañas. Hillary fue criticada por recibir dinero de las grandes corporaciones y bancos —una práctica bastante común, pero que pone en riesgo la imparcialidad de futuras decisiones—, mientras que Sanders demostró que esto era innecesario, llegando hasta donde lo hizo a través de donaciones ciudadanas. Independientemente de sus ideas, Trump financió su propia campaña presidencial.

Sanders lo expresó de manera muy asertiva en una de sus publicaciones de Facebook, diciendo que Trump aprovechó la ira de una clase media fastidiada por la economía, la política y los medios del sistema. Ese hartazgo generalizado fue muy claro cuando los partidarios de Sanders se rehusaron a apoyar la campaña de Clinton, y optaron por abstenerse o apoyar a Gary Johnson o Jill Stein.

Lo que pasó fue una verdadera tragedia: ganó la estridencia, el espectáculo, el insulto, la víscera… Pero el error no es de quienes se abstuvieron, o votaron por un tercer partido: el error es del partido demócrata —no por haberle apostado a una mujer como candidata— sino por haberle apostado a una política de siempre. El fraccionamiento del voto ha dejado muy claro que sus métodos deben cambiar. Por ahora queda trabajar para salvaguardar los avances de los últimos 8 años, y pensar mejor su estrategia hacia el 2020.

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Mujeres en alto por Clinton, Trump en declive

hillary1En el transcurso de estas dos semanas se han dado a conocer diferentes demandas en donde se acusa al candidato republicano de acoso sexual, lo que ha servido para la candidata contraria para aumentar sus oportunidades de ganar la contienda. Estrategas republicanos aseguran que Clinton ya cuenta con los 270 votos del Colegio Electoral, los necesarios para llegar a la Casa Blanca.

 

El próximo miércoles se celebrará el último debate en donde los candidatos se enfrentarán y este será el definitivo para las elecciones de Estados Unidos. En definitiva, la candidatura de Trump está en sus peores momentos, cada vez más el prestigio del empresario se va por los suelos.

A pesar de que desde un principio su candidatura no fue la mejor vista, contaba con una gran cantidad de apoyo, tanto de la ciudadanía estadounidense como de su propio partido, pero en este último mes eso ha ido picada con las últimas acusaciones que han surgido hacia Trump sobre su abuso con la mujer. Muchas ciudadanas han mostrado su disgusto hacía este personaje, cambiando su voto para su contrincante.



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Hillary Clinton se está viendo favorecida con el voto femenino, según las últimas encuestas realizadas. Actualmente la candidata muestra 11 puntos de ventajas entre los posibles votantes presentando un incremento de 5 puntos en comparación con los 6 presentados en las encuestas del mes pasado. El incremento de posibles votantes se presentó después del segundo debate, pero antes de las acusaciones sexuales sobre Trump. El 67 por ciento de los votantes creen más capaz a la demócrata de solucionar problemas referentes a la mujer, otro 17 por ciento sigue creyendo en Trump y el 16 por ciento sobrante se abstiene de opiniones.

 




Muchos reporteros consideran “gozosa” la dirección que están tomando las candidaturas, ya que después de todos los ataques de Trump no solo a los latinoamericanos, sino también a afroamericanos y a mujeres, sea una mujer afroamericana la que se esté encargando de asegurar su derrota.

 

Así es, estamos hablando de Michelle Obama. La primera dama fue muy clara con su discurso dado el 13 de octubre en New Hampshire, donde se colocaba a lado de Clinton, asegurando que ella era la mejor opción para Estados Unidos, y que si Trump triunfaba seria dañino no solo para el gobierno que dejó su esposo, sino que además dañaría su dignidad como mujer y la de todas las mujeres del país.

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Los jóvenes y la izquierda

¿Qué significa hoy en día ser de izquierda en México? ¿Significa seguir a López Obrador en su desprecio hacia las instituciones? ¿Justificar la vandalización de la propiedad privada por parte de los normalistas de Ayotzinapa? ¿Apoyar a la CNTE en sus bloqueos? Las posibles respuestas y la mera formulación de estas preguntas me dejan insatisfecho.

La concepción actual de la izquierda entre la población me parece errónea, y en gran medida el malentendido se debe a que no tenemos verdaderos representantes de ella.

Octavio Paz en alguna ocasión fue más lejos al afirmar que: “En México no hay una izquierda ni una derecha en el sentido ideológico. Llamamos de derecha a quienes sólo ven por sus intereses, y de izquierda a los que les gritan, queriendo estar en el poder”.




La “izquierda” como vemos, es un concepto difuso. Por ello en la actualidad hay quienes abogan por una actualización de los polos Izquierda – Derecha, a Liberal – Conservador (sin embargo, no son traducciones del todo).

En un intento por clarificar el concepto “izquierda” y su relación con los jóvenes (motivo de posterior análisis), opinan dos figuras un tanto atípicas en el contexto político de Monterrey (típicamente de derecha/conservador): la diputada local de Movimiento Ciudadano, Concepción Landa, y el diputado federal del PRD Waldo Fernández.

Para usted, ¿qué significa ser de izquierda?

Concepción Landa (CL): Para mí significa ser progresista, ver por el bien público y común, antes que los intereses individuales. Ser responsable con los que menos tienen, brindar un desarrollo humano y cultural con oportunidades para todos, asumir el compromiso de legar un mundo mejor para las generaciones futuras y el cuidado del medio ambiente

¿Hay un partido político que actualmente represente a los jóvenes?
CL: No, creo que los jóvenes se sienten más identificados con los ciudadanos sin afiliación partidista.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda están tan fragmentados en México?
CL: Porque no piensan en que hay que unir esfuerzos y que nadie tiene la verdad absoluta. Hay una arrogancia ideológica enorme.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda no tienen peso en Monterrey?
CL: Por el gran individualismo que existe en donde las acciones colaborativas y colectivas son de “comunistas” o “populistas”. Además de un esquema de verticalidad.




¿Para usted qué significa ser de izquierda?
Waldo Fernández (WF): Ser de izquierda, es respetar los derechos y libertades de todos. Ser tolerantes, ser incluyentes, respetar la pluralidad.
Soy un hombre que cree que todos nacemos libres y con igualdad de oportunidades, defender el derecho de todos a alcanzar sus metas sin hacer distingos, eso es para mí ser de izquierda.

¿Hay un partido político que actualmente represente a los jóvenes?

WF: Todos los partidos tienen espacios dedicados a los jóvenes, depende de ellos militar o participar activamente. Todos los partidos políticos actualmente han incorporado criterios de elegibilidad de jóvenes y han adoptado discursos y políticas encaminadas a este sector.
Lo importante es que los jóvenes participen sino en un partido político, en una asociación civil, en sus escuelas o como ciudadanos a construir un mejor país.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda están tan fragmentados en México?

WF: Porque existen diferentes ideologías dentro de la izquierda. No sólo en el país sino en el mundo; algunas son más progresistas y otras más radicales.
Ante la pluralidad política, social y cultural que cohabita en el país, es común la dispersión de posicionamientos y con ellos la simpatía del electorado.

¿Por qué los partidos políticos de izquierda no tienen peso en Monterrey?

WF: En Monterrey tenemos una cultura y una idiosincrasia diferente al resto del país, aquí la cultura del esfuerzo que generalmente es identificada con el centro-derecha es muy bien vista y las políticas que implementa la izquierda no siempre son del agrado de la ciudadanía. El ciudadano tiene una idea equivocada de lo que es ser de izquierda. La izquierda también busca el progreso económico y social.

Podemos observar un elemento común en ambas definiciones de “izquierda”: el respeto a las libertades individuales implícito en la tolerancia y la pluralidad. Se añaden también como distintivos el combate a la pobreza y el cuidado del medio ambiente.

Me interesa ahora hacer un vínculo entre los expuesto sobre la “izquierda”, y los jóvenes porque los jóvenes somos mayoría, no sólo demográficamente sino también socialmente, es decir, tenemos cada vez mayor peso en la sociedad, en gran medida, gracias a que somos quienes mejor dominamos las nuevas tecnologías, lo que tiene 2 implicaciones directas:

1) Estar mejor informados.
2) Tener más vías de expresión.

Aunque entre los jóvenes hay diversas corrientes ideológicas, se tiende cada vez más al liberalismo (entiéndase por liberalismo el desarrollo y protección de las libertades individuales) y creo que es tiempo de aclarar y asumir lo que significa dicha postura ideológica para así encausarla hacia una auténtica representación política. Lo considero particularmente importante para evitar un mayor atraso social.




Esta tendencia al liberalismo por parte de los jóvenes no es exclusiva de México, se presentó antes con Joshua Wong (19 años) en Hong Kong, fundando el Demosistō (partido de centro izquierda pro-democrático), con Pablo Iglesias (38 años) en España fundando Podemos (izquerda), con Alexis Tsipras (42 años) en Grecia y su partido Syriza (coalición de partidos de izquierda e izquierda radical), Justin Trudeau (44 años) en Canadá con el Partido Liberal y Bernie Sanders en los Estados Unidos con su búsqueda de transformar al Partido Demócrata, todos estos casos teniendo en común un mensaje y agenda liberal dirigida a los jóvenes.

Para el caso de México, no creo que la solución sea crear un partido político, ya hay más que suficientes, lo que hace falta es depurarlos para que se conviertan en auténticos mecanismos de representación.

Para ello, será necesario que primero los jóvenes conozcan en qué consisten los posicionamientos de izquierda/liberales y escojan si deciden asumirlos como propios, la representación política vendrá por añadidura.

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No, Hillary no ganó

El pasado 26 de septiembre se llevó a cabo el primer debate presidencial entre el candidato republicano, Donald Trump, y la candidata demócrata, Hillary Clinton. Durante este primer encuentro se abordaron diversos temas, y pudimos oír un poco sobre sus respectivas posturas en economía, seguridad cibernética, defensa nacional, el uso innecesario de violencia por parte de la policía, entre otros.

Inmediatamente después del encuentro, los análisis que buscaban definir al ganador no se hicieron esperar. Los comentaristas de ABC afirmaron que, aunque Trump estuvo a la cabeza durante los primeros 20 minutos, el resto del debate había sido de Clinton. El noticiero The Young Turks llegó a una conclusión similar [1], así como el periodista Jaime Bayly [2]. Por otro lado, Trump presumió su victoria haciendo alusión a varias encuestas ilegítimas de Internet [3].

Durante el debate, Trump no proporcionó soluciones reales a la mayoría de los problemas que se plantearon, por ejemplo: cuando se habló sobre racismo, se limitó a describir lo terrible que es esta situación una y otra vez; y cuando se habló sobre el Estado Islámico, dijo tener un “plan secreto”. Además, contra toda evidencia, negó varias de sus polémicas declaraciones previas, y se dedicó principalmente a interrumpir y descalificar a su contrincante.

Las propuestas y la elocuencia de Clinton fueron contundentes y superiores, pero la verdadera victoria debe reflejarse en un incremento en las encuestas de popularidad generales. Promediando los resultados de varias encuestas, el Huffington Post señala que, un día antes del debate, Clinton lideraba con un 47.3%, mientras que Trump seguía con un 42.5%; al 3 de octubre, la encuesta le daba a Clinton un 47.2%, y a Trump un 41.2% [4]. Cuando se ve desde esta perspectiva, el desempeño de Clinton en el debate no fue suficiente.




La falta de un cambio importante en las tendencias nos lleva a una conclusión deprimente: poco importan las estupideces que salgan de la boca de Trump, porque ante los ojos de quienes lo apoyan, no puede perder. No nos ceguemos ante lo obvio, la popularidad de Trump depende precisamente de ese tipo de actitudes que nos resultan tan reprobables.

Sus partidarios no esperan un argumento inteligente, sino insultos que diviertan y una voz que valide posturas políticamente incorrectas. Partiendo de ahí, para Clinton –quien es percibida como la representación de los políticos de siempre– sería casi imposible disuadir a quien ya se ha decidido por Trump. La buena noticia es que esta misma lógica funciona también en la otra dirección.

El verdadero reto es ganarse los votos de quienes no están seguros, quienes pretenden abstenerse, y quienes se inclinan por el Partido Libertario o el Partido Verde. Estos factores son tan relevantes, que hasta Obama ha declarado que el voto nulo, o un voto para Gary Johnson o Jill Stein, terminarían beneficiando a Donald Trump [5]. Este argumento también había sido expresado previamente por el senador Bernie Sanders [6].




Por ahora nada es seguro, debemos esperar a ver cómo se desenvuelven los candidatos en los debates del 9 y 19 de octubre. Seguramente Trump y Clinton tendrán oportunidad de expresar sus posturas y opiniones sobre otros temas relevantes, y de sacar otros trapitos sucios que inspiren más apoyo.

Pero antes de definir al ganador con base en los mejores y más lógicos argumentos, recordemos que muchos de los votantes no se fijan en eso. Sigamos monitoreando las tendencias en las encuestas de popularidad, y preparémonos para la posibilidad de que este año Halloween caiga en noviembre.

[1] The Young Turks, “Presidential Debate | Who Won?” YouTube. 26 de septiembre del 2016. https://www.youtube.com/watch?v=8OUrNzJI2WI.

[2] Latin Signal, “Jaime Bayly Show 09.26.16” YouTube. 27 de septiembre del 2016. https://www.youtube.com/watch?v=KK1FnFc73wc.

[3] Jessica Taylor, “No, Donald Trump Didn’t Win Post-Debate Polls.” NPR. 28 de septiembre del 2016. http://www.npr.org/2016/09/28/495805190/no-donald-trump-didnt-win-post-debate-polls.

[4] “2016 General Election: Trump vs. Clinton.” The Huffington Post. 29 de septiembre del 2016. http://elections.huffingtonpost.com/pollster/2016-general-election-trump-vs-clinton.

[5] Sam Levine, “A Vote For A Third Party Is A Vote For Trump, Obama Says.” The Huffington Post. 28 de septiembre del 2016. http://www.huffingtonpost.com/entry/obama-third-parties_us_57ebce9be4b0c2407cdaa0a7.

[6] Chris Sanchez, “Bernie Sanders: Don’t vote for a third-party presidential candidate in this election.” Business Insider. 17 de septiembre del 2016. http://www.businessinsider.com/bernie-sanders-dont-vote-third-party-gary-johnson-jill-stein-2016-9.

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Aciertos y desaciertos de Clinton y Trump

El primer debate entre la candidata demócrata, Hillary Clinton, y el candidato republicano, Donald Trump, dejó entre ver algunas de las fortalezas y debilidades que ambos personajes tienen.

Mientras que Trump sigue demostrando un nulo conocimiento de cómo se maneja la política exterior en su país y mantiene un discurso lleno de contradicciones; Clinton no logra despegarse de la imagen del típico político, que hoy en día ha perdido bastante credibilidad en diversos segmentos de la sociedad estadounidense. Estos puntos negativos de ambos candidatos fueron los que estuvieron sobresaliendo a lo largo de la discusión.

Desde el comienzo del debate, el candidato republicano mantuvo un discurso en contra de la clase política al culparlos de haber negociado tratados de libre comercio, como el NAFTA o actualmente el TPP, que según Trump, solamente han dañado a la economía estadounidense y afectado principalmente a la clase trabajadora. Es evidente con esta declaración que su objetivo continúa siendo el segmento de la población que es económicamente más vulnerable. A su vez, al culpar este tipo de acuerdos como los responsables de los males económicos, trata de caracterizar a los enemigos a vencer, que en este caso son México y China. Esto solamente demuestra la necesidad de crear enemigos artificiales que fomenten un cierto temor y su vez unión entre la población, algo ya muy típico en la política estadounidense.

En el caso de Hillary Clinton, se pudo observar cómo su discurso iba totalmente dirigido a la clase media de Estados Unidos y a los jóvenes que han tenido el privilegio de gozar de una educación. A diferencia de su contrincante, ella considera que los males económicos están dentro del país al tener un sistema de recaudación de impuestos donde los más beneficiados pueden evadirlos fácilmente. Este mismo argumento lo utilizó en contra de Trump, al culparlo de generar su riqueza por medio de la evasión fiscal.

Por otra parte, la candidata demócrata logró proyectar de manera satisfactoria su experiencia política y congruencia en su discurso, algo que su contendiente carece. Además, de haber manejado correctamente el tema controversial de los correos electrónicos durante su periodo como Secretaria de Estado, aceptando total responsabilidad.

No obstante, Clinton tiene un gran reto por hacer: crear empatía con una parte de los votantes que hasta ahora Trump ha acaparado. Este segmento de la población no necesariamente busca un candidato con una gran carrera política puesto que estos últimos han sido incapaces de atender problemas, como el racismo, la falta de oportunidades, la inseguridad, etc. Es aquí donde el candidato republicano ha tenido éxito proyectándose como un outsider en la política y manteniendo su imagen como empresario “exitoso”.

Con este primer debate, se pudo ver cómo ambos candidatos se han mantenido con el mismo discurso que han llevado durante toda su campaña. Hillary Clinton, sigue sacándole ventaja a su gran trayectoria política y aprovechando las incongruencias de su oponente. Mientras que Donald Trump busca sacarle provecho a la constante polémica que genera y a los sentimientos irracionales de los votantes, como el miedo y el enojo.

Por lo tanto, es muy probable que las encuestas electorales sigan manteniéndose sin grandes cambios, lo que no quiere decir que ya haya un ganador definido.

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Visitas a México y su impacto en la campaña electoral

La semana pasada el candidato Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, hizo una visita privada a la Ciudad de México. Si bien, la visita fue presentada como una visita privada de un candidato –a la presidencia- a un mandatario de un país, la importancia que se le dio a esta visita fue mayor que a una visita privada con algún otro personaje, tomando en cuenta detalles protocolarios como el recibimiento a Trump por parte de políticos mexicanos.

El Presidente de México ha recibido, por medio de las redes sociales, mucha crítica por parte de la ciudadanía, debido a la –según ellos- errónea decisión de dicho mandatario. En respuesta a ello, el Presidente ha mencionado repetidas veces que la invitación para venir a México fue enviada a ambos candidatos estadounidenses (Donald Trump y Hillary Clinton).

Según un artículo del New York Times, Hillary Clinton ha dicho que tendría que “posponer” la visita a México, y que no le sería posible visitar México antes de las elecciones en Estados Unidos. Esto debido a que la candidata demócrata tendría que enfocarse más a la contienda por la presidencia.

Pero, ¿quién gana y quién pierde con el parcial rechazo de la candidata demócrata a una visita a México antes de las elecciones presidenciales?

Por un lado, tenemos un resultado negativo para Enrique Peña Nieto, una falla para el plan de dialogar con ambos candidatos. Después de tan desastroso encuentro que tuvo EPN con Trump, para el Presidente mexicano sería benéfico si pudiese persuadir a la candidata de venir a México.

Esto se debe a que una visita de Clinton podría ser un medio para que EPN mostrara –de manera sutil e implícita para guardar la neutralidad de su gobierno con las elecciones de otro país- su apoyo a la campaña de dicha candidata. Dicho apoyo sería una manera de limpiar –un poco- la imagen del presidente con los mexicanos en México, e incluso los que viven en Estados Unidos.

Por el lado de Clinton, una visita a México también sería benéfica para su campaña. Esto sería porque en su visita la candidata podría reafirmar su apoyo a los mexicanos en general, y esto podría reafirmar también los votos por parte de dicha población en Estados Unidos.

Por tanto, la visita de la candidata a México sería un gran apoyo para ambos, EPN y su misma campaña.
La decisión fue ya enviada, Clinton no vendrá –al menos por ahora- a México, y tanto EPN como Clinton tendrán que lidiar con las consecuencias de dicha decisión.

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Una elección presidencial diferente a las demás




Durante la semana pasada se llevó a cabo la Convención del partido demócrata en Filadelfia, Estados Unidos. Durante dicho evento Hillary Clinton fue oficialmente nominada para ser la candidata del Partido Demócrata para las próximas elecciones presidenciales. Incluso su ex rival de las elecciones primarias, Bernie Sanders, apoyó a Clinton invitando a sus seguidores a votar por “la mejor elección”, la cual sería Clinton según este.

Uno de los más notables oradores de la noche fue el actual Presidente de los Estados Unidos Barack Obama. Su discurso se enfocaba principalmente en legitimar a Hillary Clinton como la candidata mejor preparada, así como enlistar las razones por las cuales él pensaba eso.

Por otro lado, después de que Trump hiciera –más- comentarios controversiales sobre Rusia, Crimea y de familias de musulmanes, recientemente el Presidente Barack Obama ha vuelto a hablar sobre las próximas elecciones. Pero esta vez hablando de una manera más drástica; aclamando que Donald Trump era “unfit” (no apto, o incapaz) para ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

Por otro lado, también hay personas que han criticado el pasado de Hillary Clinton; el ataque en Bengasi, sus emails perdidos, y el hecho de que su esposo sea un expresidente, han sido algunas de las críticas que la candidata presidencial ha recibido.

Esto podría parecer una elección normal de Estados Unidos, e inclusive una elección presidencial común en cualquier país con Democracia presidencial en el mundo, una simple guerra entre candidatos. La guerra entre los candidatos contendiendo: una guerra sucia entre ellos, sus familias y vida íntima siendo atacada, y sus pasadas decisiones siendo criticadas por su oponente.




Si bien la guerra entre estos dos actuales candidatos podría tener ciertas similitudes entre guerras de elecciones pasadas, hay factores importantes que hacen a esta elección ser la excepción. Las ideas y problemas que están en juego en esta elección han sido expuestas de una manera muy diferente a cómo se habrían expuesto en años pasados.

Donald Trump llamando violadores y asesinos a todos los inmigrantes mexicanos –y latinos-, tomando parte en conflictos internacionales con Rusia en relación a Crimea y Ucrania, descalificando a minorías como las de los chinos y musulmanes, intenciones de negar la admisión a refugiados de países “terroristas” (calificados así por el mismo Trump), son sólo algunos de los asuntos que han sido tratados y nombrados por Trump de una manera atroz y sin miedo alguno a las repercusiones que sus paabras podrían causar.

Ver a un candidato que habla sobre estos temas, y los presenta con tanta soberbia, orgullo y odio es una cosa, pero ver a un presidente de un país tan importante como lo es Estados Unidos ya es una situación totalmente diferente.

Lamentablemente esta es una de esas elecciones en las cuales lo importante no es votar por el “candidato ideal”, sino votar por el candidato menos destructivo y menos malo. Ambos candidatos ya han sido nombrados por sus respectivos partidos como los candidatos oficiales a la presidencia, esto ya está hecho.

El quejarse porque ningún candidato llena las expectativas que los votantes quisieran ya no es lo primordial, pero no permitir que el candidato más destructivo llegue a ser presidente sí.

Más que una actitud mediocre y pesimista creo que es una de eficiencia y de inteligencia para que lo mejor –o sea, lo menos malo- pase en los Estados Unidos. Sólo queda ver qué reacción y decisión tomarán los votantes estadounidenses en las próximas elecciones.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Lo siento Mr. Trump, esto no se acaba hasta que se acaba

Durante las últimas semanas, muchos me han preguntado sobre las elecciones en Estados Unidos. Por el Partido Demócrata, Hillary Clinton y Bernie Sanders, mientras que de los Republicanos están Donald Trump y Ted Cruz, como los nombres más mencionados en medios, círculos de electores y entre los mexicanos preocupados de que gane el magnate estadounidense. Aunque todavía están en las elecciones primarias por Estado, la decisión de quién será el candidato de cada partido se toma en la Convención de Delegados que se estará llevando a cabo el 18 de julio en Cleveland (Ohio) para los republicanos y una semana más tarde para los demócratas en Philadelphia (Pensilvania).

Entre los analistas políticos de Estados Unidos ha surgido la posibilidad de una Convención Abierta para el Partido Republicano, esto pasa cuando dos candidatos tienen un número de delegados muy cerrados (entre 100 y 150 de diferencia) y que no están de acuerdo en apoyarse mutuamente. Los tres elementos clave en una convención abierta es que 1) tienen dos candidatos a la cabeza de las elecciones, 2) campos irreconciliables y 3) una nominación eventualmente comprometida.

Es decir, al configurarse estos tres elementos existe la posibilidad que Donald Trump o Ted Cruz queden fuera de la nominación republicana y salgan nuevos liderazgos electorales. Las diferencias entre Trump y Cruz, los resultados de algunas encuestas de los posibles candidatos de ambos partidos, así como las constantes declaraciones en medios, pueden hacer que los dos candidatos republicanos sean bajados de la contienda y apostar por un mejor jugador para la carrera electoral.

Algo que digo (y confirmo) es que “no hay que subestimar al electorado” a veces nos pueden sorprender y posiblemente esta vez no sea la excepción. Lo siento Mr. Trump, esto no se acaba hasta que se acaba.

Hay quienes todavía dicen que ésta posibilidad le abre la puerta a John Kasich; aunque sigue en la contienda, allá en un tercer lugar, ciertamente nunca ha mostrado un esfuerzo en ganar la nominación interna. Aunque no tiene el dinero de Cruz o la exposición mediática de Trump, no se ve que pueda tener auge en otras elecciones primarias como en Ohio, estado que gobierna.

Sin embargo, ha resaltado un nombre en particular entre las filas republicanas: Paul Ryan. ¿Lo habían escuchado? Les platico un poco de este personaje que puede agarrar vuelo en la próxima convención republicana. Paul Ryan es un abogado y político que en 2012 fue compañero de fórmula presidencial (como Vicepresidente) con Mitt Romney y actualmente es el Presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

Apenas el pasado 2 de febrero de este año, se reunió con Barack Obama para evaluar las oportunidades durante su último año en la Presidencia y trabajar en colaboración entre el Ejecutivo y el Congreso, a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas. Ryan ha declarado en varias ocasiones que no está de acuerdo con el liderazgo de Obama, la forma en que dirige el país y lo ha llamado el “presidente más polarizado”.

…ha resaltado un nombre en particular entre las filas republicanas: Paul Ryan. ¿Lo habían escuchado? … es un abogado y político que en 2012 fue compañero de fórmula presidencial (como Vicepresidente) con Mitt Romney y actualmente es el Presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

Por todas estas declaraciones, Paul Ryan es considerado un político activo dentro del Partido Republicano y que tiene la posibilidad de unir liderazgos hacia el interior, algo que Trump y Cruz no han logrado y que al contrario han generado una ruptura durante los últimos meses.

Pocas veces ha mencionado a los candidatos punteros en su discurso, pero asegura que “La política puede ser una batalla de ideas, no de insultos”. Ustedes concluyan a quien se refiere. La última vez que se dio una Convención Abierta en el Partido Republicano, fue en 1920 cuando los dos candidatos a la cabeza no decidieron apoyarse mutuamente; los delegados después de diez rondas eligieron al candidato que iba en un distante cuarto lugar y que finalmente logró una victoria contundente en noviembre de ese año y llegó a la Casa Blanca.

Por lo tanto, el Partido Republicano y sus delegados tienen que elegir con la cabeza fría y no visceralmente, para encontrar a un candidato que pueda darle batalla electoral a Hillary Clinton o Bernie Sanders, ambos con sus grupos bien definidos; y que al mismo tiempo, sea un candidato con las ideologías e imagen del partido conservador.

Algo que digo (y confirmo) es que “no hay que subestimar al electorado” a veces nos pueden sorprender y posiblemente esta vez no sea la excepción. Lo siento Mr. Trump, esto no se acaba hasta que se acaba.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Hillary Clinton, descafeinada y sin azúcar…

La Secretaria Clinton, precandidata a la presidencia de los Estados Unidos, se perfila como la elegida para ser la candidata del Partido Demócrata en las elecciones venideras. Favorita de la prensa, la señora Clinton representa el ala moderada de los Demócratas, sin embargo, es una candidata que no ofrece mucho a los norteamericanos.

Ese odio generalizado hacia los políticos tradicionales que tanto ha capitalizado Donald Trump es algo en lo que tiene que trabajar el equipo de Clinton porque ella encaja perfectamente en lo que la gente no quiere.

Ese apoyo de los poderosos, de los lobbys, de los grandes capitales que tienen más voz y voto que el ciudadano promedio, es su principal debilidad actualmente.

Hillary Clinton representa ese político de siempre, con las ideas de siempre y que no vislumbra ningún cambio trascendental, un perfil descafeinado y sin chispa. El gran lobby de la prensa la favorece por la influencia política de su marido y por los grandes millonarios que financian su campaña. Ese apoyo de los poderosos, de los lobbys, de los grandes capitales que tienen más voz y voto que el ciudadano promedio, es su principal debilidad actualmente.

El tema fundamental de su campaña es que ofrece poco o nada, propuestas que sólo garantizan el status quo de las políticas de Obama y una parálisis legislativa por el rechazo público, cínico y declarado de la facción republicana en el Congreso hacia la señora Clinton.

Si bien es cierto, un político no debe dar gusto a todas las facciones, y es parte de la democracia el que existan diferentes maneras de ver las cosas. La terquedad de los ultra conservadores republicanos que han llegado al cinismo al cuestionar el acta de nacimiento de Barack Obama o al negar la existencia del cambio climático, es un duro obstáculo político, el cual —por más que Clinton tenga tacto político— los republicanos no cederán por el simple hecho de que sea ella.

Hillary Clinton representa ese político de siempre, con las ideas de siempre y que no vislumbra ningún cambio trascendental, un perfil descafeinado y sin chispa.

Clinton, que nadie duda de su inteligencia, también carga a cuestas las decisiones buenas, malas y hasta los escándalos sexuales del marido. Sin embargo, tiene en su historial varios comentarios pocos progresistas en el tema de la migración como aquel de que los niños centroamericanos debían ser deportados inmediatamente.

¿Usted quiere saber por qué Bernie Sanders ha tenido tanto éxito como su rival interno para la candidatura? Porque ofrece cambios radicales, que viables o no, el ciudadano común quiere escuchar.

Si la elección estuviera entre Trump (porque va a ganar Trump…) vs Sanders, estoy seguro de que Sanders ganaría, si fuera entre Trump y Clinton, no apostaría.

Algunos comentan que es mejor tener a Clinton que a Trump o Sanders, y que Estados Unidos no está para cambios radicales que no funcionarían y por lo tanto es mejor una política más relajada y progresiva que no genere sobresaltos alrededor del mundo… ¿Será?

Lo dicho, dicho está.

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