Decomisan submarino que transportaba 404 kilos de cocaína a costas mexicanas

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Autoridades colombianas decomisaron un submarino, el noveno de este año, que transportaba 404 kilos de cocaína que supuestamente son e las disidencias de las FARC en alianza con otros narcotraficantes, informaron este domingo fuentes oficiales.

El submarino, cuya fabricación tiene un costo de unos 500 mil dólares y que puede transportar hasta ocho toneladas de cocaína, fue ubicado en el río Micay, zona limítrofe entre los departamentos del Cauca y Valle del Cauca, informó en un comunicado el Ministerio de Defensa.

Por otro lado, la nota agregó que la información de inteligencia militar permitió que Unidades de la Armada de Colombia y del Ejército ubicar el semisumergible que se encontraba en su fase final de construcción y al cual ya le habían cargado el alijo de cocaína. En la operación no se reportaron detenidos.

“Hoy con esta operación conjunta se demuestra un gran resultado. El comando contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales (Conat) hace historia y hará historia este año en la lucha contra el narcotrñafico”, dijo Diego Molano, ministro de Defensa.

Fue el pasado 26 de febrero, cuando el presidente de Colombia, Iván Duque, activó en el Fuerte Militar de Tolemaida el Conat, creado con el propósito de doblegar las estructuras del narcotráfico y de las amenazas transnacionales ligadas a la exploración ilegal de minerales, al tráfico de especies y de personas.

Esta unidad del Ejército está compuesta por siete mil hombres y la comanda el general Juan Carlos Correa Consuegra.

El cargamento encontrada en la embarcación tenía como destino las costas de México desde donde se distribuirá a varios lugares del país.

Pone EU a Cuba en lista de países que patrocinan el terrorismo

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A pocos días del término de gobierno del presidente Donald Trump, el gobierno de los Estados Unidos anunció que volverá a incluir a Cuba dentro de la lista de países patrocinadores del terrorismo. El gobierno cubano ha calificado tal medida como “oportunismo político”.

“Con esta medida, volveremos a responsabilizar al gobierno de Cuba y enviaremos un mensaje claro: el régimen de Castro debe poner fin a su apoyo al terrorismo internacional y la subversión de la justicia estadounidense”, expresó Mike Pompeo, secretario de Estado estadounidense.

El gobierno norteamericano considera que Cuba ha interferido “malignamente” en la situación de Venezuela, apoyado a la guerrilla colombiana ELN y a las FARC. Además de dar refugio a fugitivos estadounidenses como: Joanne Chesimard, Ishmael LaBeet y Charles Lee Hill.

En 2015, el ex presidente Barack Obama había retirado a la isla de aquella lista; librándola así de sanciones económicas y otros impedimentos que esta conlleva.

Con información de: “El economista”. 

El Estado que no responde y la sociedad que no ve

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Juan Manuel Montaño, 15 años. Jair Andrés Cortez, 14 años. Jean Paul Perlaza, 15 años. Leyder Cárdenas, 15 años. Álvaro José Caicedo, 14 años; sus cuerpos, llenos de golpes, con rayones en los brazos, heridas de arma blanca en el cuello y tiros de gracia en la cabeza, fueron encontrados en un cañaduzal a las 6:34 p.m. del martes 11 de agosto, en el sur de Cali. Cuatro días después, nueve jóvenes son asesinados a tiros en Nariño, al sur del país. 

Ser colombiano significa estar acostumbrado a oír este tipo de noticias, y si bien estos crímenes lograron sacudir a todo el país, lo cierto es que sólo son la punta de un iceberg que ha venido creciendo estos últimos años y que ha logrado solidificarse a causa de la crisis derivada del coronavirus. Departamentos como Cauca y Nariño se han convertido en algunas de las zonas más golpeadas por grupos paramilitares y disidencias de las FARC, los cuales se disputan las rutas de narcotráfico e incluso han logrado imponer normas estrictas a la población. Al mismo tiempo, estos departamentos cuentan con los niveles más altos en cuanto a presencia del ejército colombiano se refiere, lo cual nos hace preguntarnos; ¿dónde estaba el ejército y la policía cuando mataron a los cinco de Cali y los nueve de Nariño?, ¿dónde están las autoridades cuando los grupos paramilitares se han hecho con el control de las poblaciones del Cauca y Nariño? La firma de los acuerdos en 2016 prometía no sólo ponerle fin al conflicto armado más largo de la historia, sino también mejorar la vida de todos los colombianos, y, sin embargo, según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en Colombia, el año 2019 volvió a presentar la cifra más alta de masacres desde 2014.

Lo cierto es que en Colombia no hay paz, y me atrevería a decir que nunca la hubo. Y no estoy diciendo que las negociaciones no hayan servido de nada, o que este en desacuerdo con el proceso, todo lo contrario, siempre fui partidaria de este, pero lo cierto es que es muy difícil hablar de paz en un país donde noticias como esta se han vuelto temas de conversación diaria, hasta llegar al punto de causar indignación (temporal), más no sorpresa. El gobierno colombiano le ha fallado al pueblo en implementar los acuerdos de paz, y no apunto sólo al Ejecutivo, si no a las autoridades de cada departamento y ciudad en donde la violencia no ha hecho sino crecer en los últimos años, azotando más que nada a las comunidades afro e indígenas, en donde se amanece todos los días con una noticia como la de Llano Verde. 

Seamos honestos, lo más probable es que ni a usted ni a mi nos haya tocado vivir el conflicto armado y la violencia de manera directa, o al menos no tan directa como en Llano Verde o en muchas otras comunidades del país. Nosotros no tuvimos que huir de nuestras casas por la amenaza de grupos paramilitares o al margen de la ley, a nosotros nunca nos pusieron una pistola en la cabeza para que sembráramos coca o cualquier otro cultivo ilícito; nosotros nos indignamos leyendo este tipo de noticias en los periódicos o viéndolas en los noticieros, pero no las hemos vivido en carne propia, y, sin embargo, somos quienes tomamos las decisiones por aquellos que sí las han vivido, y las siguen viviendo todos los días.

Lo que tenemos aquí, en primera instancia, es un problema en las instituciones del país; dejemos de hablar de una manzana podrida, cuando todos sabemos que el campo esta contaminado. ¿Cómo es posible que la principal teoría del asesinato de los cinco de Llano Verde sea que fue la policía quién cometió el asesinato? El otro problema, y no menos grave que el de instituciones, es nuestra indiferencia ante la violencia y la muerte de jóvenes, de líderes sociales, de mujeres, de colombianos. Así como nos duele una orden de detención preventiva de un expresidente, así como salimos en caravanas a mostrar nuestro desacuerdo con la decisión de la Corte Suprema de Justicia contra una persona que tiene todas los recursos a su merced para defenderse, salgamos pues, a mostrarnos inconformes por aquellos que no pueden tener un proceso justo, que ni pueden alzar la voz, o peor, que la alzan y son ignorados, o silenciados a la fuerza. 

Y si, tal vez a nuestros padres sí les tocó vivir mucho más de frente el conflicto, y tal vez nos hemos sentido inseguros en nuestras propias ciudades, y tal vez sentimos miedo cuando vamos en un carro y pasa una moto al lado, o cuando salimos en la noche, eso no lo niego, aquí no se trata de menospreciar las tragedias de nadie, si no de protestar por todas, de verlas a todas por igual, porque todas nos deberían doler por igual. Dueles, Colombia. Dueles por tus muertos, por tus instituciones podridas, por tu justicia ciega y autoridades sin autoridad. Pero dueles más por tu indiferencia.

#ElTalónDeAquiles: “El precio de la paz”

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El anuncio, en agosto de 2019, de “regreso a la guerra” de “Iván Márquez” (Luciano Marín Arango), “Jesús Santrich” (Seuxis Pausias Hernández Solarte) y de “El Paisa” (Hernán Darío Velásquez Saldarriaga), exlíderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), es una piedra más en el camino de un proceso de paz que no deja de sortear obstáculos. Pero no es sorpresa. Estas deserciones se inscriben en el repetitivo libreto histórico de la violencia colectiva en Colombia.

Desde su llegada al poder, el presidente Duque (2018-22), para muchos un títere del expresidente Uribe (2002-10), uno de los más ilustres enemigos del proceso de paz, negó la existencia histórica de un conflicto sociopolítico en su país. Pocas cosas molestan más a cualquier oposición armada, colombiana o no, que la negación de su existencia. Todavía en agosto de 2019, declaraba Duque a medios internacionales que lo que ha habido en Colombia es “terrorismo contra el Estado”. Y a pesar de que Emilio Archila, Consejero Presidencial para la Estabilización y Reincorporación, señala que la implementación del acuerdo avanza, también es cierto que más de 500 líderes de movimientos sociales y 150 exguerrilleros han sido asesinados desde 2016, año de la firma de los acuerdos de paz. 

Sin embargo, nada de eso es novedad. Al contrario: ese siempre ha sido el precio de la paz en Colombia. Es el precio que tuvo que pagar la Unión Patriótica (izquierda) de 1984 a 2002, cuando más de 4000 líderes civiles, incluyendo dos candidatos presidenciales, alcaldes, concejales, y otros, fueron asesinados. Es el precio para el M-19 (centroizquierda), entre otras guerrillas “pequeñas”, que decidieron desmovilizarse en el periodo 1990-92, y que vieron cómo sus líderes cayeron muertos. Es también la dinámica de la reproducción de la violencia en Colombia, como sucedió con el surgimiento de “bandas emergentes” o “criminales” (BACRIM) luego de la desaparición de las ultraderechistas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 2003. 

Para Márquez, negociador de las FARC en el proceso que condujo al acuerdo de 2016, somos testigos de la traición por parte de un Estado oligárquico, excluyente, y corrupto, incapaz de impedir los asesinatos políticos de sus ciudadanos. Para los enemigos del proceso, esta es la antesala de posibles alianzas de los disidentes con oscuros personajes como “Jhon 40”, quien se dice, desde 2012, intenta controlar las minas de oro y de coltán en el Amazonas colombiano, y que estaría traficando cocaína, armas, y lavando dinero. Realidades complejas admiten todo tipo interpretaciones, pero para efectos de este análisis, recuérdese que la teoría en resolución de conflictos identifica “saboteadores” de procesos de paz, es decir actores que deciden salirse de una pacificación, o no participar en ella, por diversas razones, entre ellas la incredulidad, el miedo a morir, o, en efecto, a perder las ganancias económicas provenientes del uso de la violencia. 

El máximo líder de las otras FARC, las Fuerzas Alternativas Revolucionaras del Común (nombre escogido por los exguerrilleros desmovilizados al momento de reintegrar la vida civil) “Timochenko” (Rodrigo Londoño), reafirma el “profundo compromiso” con la paz de la mayoría de los exguerrilleros, tesis confirmada por figuras como el expresidente Santos (2010-18) y Miguel Cevallos, Alto Comisionado para la Paz. Hoy, 84% de los 13,049 exguerrilleros registrados en la Oficina del Alto Comisionado para la paz reciben una “asignación mensual” equivalente al 90% del salario mínimo vigente, y aunque solo 18% está ligado a alguno de los 389 proyectos productivos aprobados por las agencias de reintegración, 98% de ellos sueña con tener su propio emprendimiento. Según Gallup, a pesar de que 67% de los colombianos cree que la implementación de los acuerdos es deficiente, el diálogo sigue siendo la mejor opción para el 64%. 

El estudio de los escenarios de postconflictos implica, como punto de partida, evitar meter en el mismo saco ideología, actividades criminales, e intereses económicos. Esto es cierto en cualquier parte del mundo, y lo es también en Colombia. Siendo las FARC un grupo fraccionado, es posible que diversos raciocinios expliquen la salida de unos y otros. El arte del analista está entonces en identificar la lógica detrás del acto de sabotaje, para elaborar políticas que no solo neutralicen el impacto de las deserciones, sino que eliminen sus causas. Se trata de ir más allá de “blindar” un proceso, y de trabajar para quebrar las lógicas estructurales e históricas de reproducción de la violencia, que hacen que el uso de las armas siga siendo una opción válida hoy. De lo contrario, más que testigos de intereses criminales o de traiciones estatales, presenciaremos como se repite, una y otra vez, la historia de desarme y rearme en Colombia. 

Fernando A. Chinchilla 

Luanda (Angola), 15 de septiembre de 2019

El Talón de Aquiles: EL RETROCESO DEL PROGRESO

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El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 3 de octubre, 50.21% de los votantes en un referéndum, seis millones y medio de colombianos, se opusieron a un acuerdo de paz. El 8 de noviembre, Hillary Clinton obtuvo más de dos millones y medio de sufragios que Donald Trump (voto popular), quien sin embargo ganó los votos electorales.

Presentar un texto argumentando que en este 2016 triunfaron el temor y la ignorancia es insuficiente, pues opinólogos y futurólogos ya se me adelantaron. Procedo entonces a desarrollar dos factores que dan profundidad a esa tesis: la incapacidad ciudadana a alimentar un régimen que requiere de participación de calidad, y una desconexión indulgente de las fuerzas políticas que deberían defender las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del Siglo XX, explican por qué estamos como estamos.

La democracia representativa: víctima del capitalismo (casi) salvaje

Soy el producto de un mundo socialdemócrata que la revolución neoconservadora de los años 1980 destruyó. Se me enseñó que cada derecho conlleva una responsabilidad, que es adeudo del ciudadano informarse y contribuir al debate, y que el interés colectivo pasa por encima del individual. No me considero “socialista”, mucho menos “comunista”, pero sin duda soy “izquierdista”.

 




Se me convenció que el principal rol del Estado es la moderación política: al redistribuir la riqueza y fortalecer la clase media, el Estado evita las derivas extremistas tanto de izquierda (revolución bolchevique) como de derecha (nazismo), que se alimentan de pobreza e ignorancia. La democracia solo funciona en donde la clase media, urbana, y educada, es fuerte. La educación es antídoto a la manipulación y demagogia.

Una de las primeras víctimas del neoliberalismo fue la educación. La obsesión por controlar el déficit fiscal y la nefasta idea que el sector privado siempre es mejor que el público, evaporaron presupuestos, debilitaron servicios, y alentaron privatizaciones.

La educación privada nunca ha sido reconocida por inculcar valores de solidaridad social; y la pública, aunque quisiera, no tuvo condiciones. Se crearon así brechas entre los que pudieron pagar una educación de calidad, y los que no.

Los resultados están a la vista: a los ciudadanos de hoy no les interesa lo público, ya sea porque no le dan importancia (creen que no la tiene), o debido al exceso de trabajo – la pauperización del mercado laboral también es una realidad – que no permite una participación política activa de calidad.

A este escenario agréguesele la explosión en importancia de internet, de las redes sociales, y la consolidación de una cultura en donde el límite entre espectáculo y realidad se borraron. Hoy, no se sabe qué información es real e irreal. Los “trolls” desinforman, distorsionan, y divulgan falsedades adrede a quienes no saben, y no quieren aprender a distinguir, como decía la canción, “entre besos y raíces”. Hoy, la política es espectáculo, el ciudadano espectador, y el votante consumidor.

Las marchas de salvación de la patria y de dignidad nacional organizadas por el uribismo contra un acuerdo de paz en Colombia, son ejemplo de ello. De nada sirvió defender uno de los acuerdos de paz más ambiciosos y sofisticados que se hayan firmado, que contaba con el apoyo unánime de la comunidad internacional.

Pudo más la desinformación. También eso explica el éxito de las campañas de los líderes aislacionistas del Reino Unido y de Trump, cuya sorpresa ante sus propias victorias apenas superó las evidentes muestras de la falta de preparación para las mismas. La cohesión social del consenso keynesianismo fue rota hace tiempo. Hoy, las consecuencias son evidentes.

Brechas y condescendencias

Claro, el neoliberalismo no es culpable de todo. La izquierda también lo es. Primero, dejamos de ser izquierda. Nos derechizamos. Nuestro supuesto proyecto inclusivo no lo fue tanto: siempre excluimos a religiosos y otros grupos que no dudamos en llamar “fundamentalistas”.

Si el Partido Demócrata hubiera defendido al proletariado blanco rural arruinado por la deslocalización empresarial fruto de la globalización, hubiera probablemente mantenido su apoyo. Pero la izquierda de Clinton, antiaborto y pro-gay (alienándose así el voto religioso y conservador) se convirtió además en la primera línea de defensa del libre comercio, con lo cual perdió el voto de los trabajadores. Segundo, existe en la izquierda una tendencia a la condescendencia.

Muchos nos vemos como una especie de vanguardia liberadora cuya misión es guiar a los alienados hacia el “progreso”. La educación, ese instrumento que extirpó nuestra ignorancia, nos da esa responsabilidad social, que constituye nuestra mejor muestra de consciencia y solidaridad.

Ser de izquierda es un privilegio de burgueses, y muchos de los votos “racistas, xenofóbicos, y sexistas” que vimos en 2016 son reacción a ese complejo de superioridad. ¿Cómo apoyar el aislacionismo en un mundo globalizado? ¿Cómo no entender que la paz es mejor que la guerra? Al ser parte de la “izquierda caviar”, nos hemos desconectado de las inquietudes del ciudadano común. Nos cuesta imaginar que haya gente que no piense como nosotros.

Los triunfos populistas de 2016 no nos gustan porque no se amoldan a la idea de progreso que nosotros, izquierdistas, hemos construido. Es casi patético constatar los fallidos esfuerzos del Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para explicar, con complejos tecnicismos, sin duda correctos pero también aburridos, el acuerdo de paz, mientras Uribe ejecutaba una retórica simple, sin duda simplista aunque apasionada, que tergiversó lo acordado y le dio la victoria.

Y cuando el elector nos dijo que éramos nosotros los que no habíamos entendido su grado de frustración, los frustrados fuimos nosotros ante mayorías que se atrevieron a no compartir nuestra opinión portadora de valores progresistas dignas del siglo XXI.

Los resultados en el Reino Unido, en Colombia, y en Estados Unidos no son antidemocráticos porque son el fruto de lógicas democráticas, pero ponen en entredicho la construcción del ideal democrático de centro-izquierda, basado en el respeto, la tolerancia, y el reconocimiento de la diversidad, y en la defensa de minorías.

 




Las mujeres, que rara vez han sido minoría, también cuentan en esa visión, que ahora vemos en peligro en un mundo en donde las mayorías progresistas brillan por su inexistencia. En Estados Unidos, un tercio de los ciudadanos es incapaz de nombrar uno de los tres poderes de gobierno.

¿Cómo darle poder a tantos ignorantes? Filósofos como Platón y John Stuart Mill ya han propuesto ideas para limitar los efectos políticos perniciosos de la inopia popular. Es aquí, precisamente aquí, en donde se abre la puerta al autoritarismo de izquierda, tan peligroso como el de derecha.

Conclusión: tengo miedo

Queda todavía mucho por analizar. Se debe aceptar que esta racha victoriosa populista de derecha no se alimenta solo del temor e ignorancia: una buena proporción de la clase media, individuos con ingresos anuales de USD 100,000 o más, votaron por Trump, así como lo hicieron 42% de las mujeres y 29% de los latinos (más de los que votaron por Romney). Además, 43% de sus votantes tienen título universitario.

El retroceso del progreso ha causado una profunda división social: los treinta millones de personas votaron en el Brexit (la tasa de participación casi alcanza 72%), dividieron al Reino Unido entre Inglaterra y Gales (favorables a salir de la Unión Europea) y Escocia e Irlanda del norte (a favor de la permanencia).

Colombia, como Estados Unidos, es un país dividido, como lo muestra el proceso que actualmente se desarrolla para aprobar una nueva versión del acuerdo de paz (que sigue generando oposición). Tercero, las mayorías silenciosas pesan fuerte. El abstencionismo debe ser estudiado con mayor detalle.

 




En 2016, los intolerantes afirmaron su voz, por tanto tiempo irrespetada y ridiculizada. Basta de hablar de integración, de paz, de cambio climático, de musulmanes, y de comunidades sexualmente diversas: es hora de ocuparse de la gente “normal” con problemas reales. A partir de 2016, el fenómeno es mundial.

En Francia, los analistas monitorean con atención el apoyo a Marine Le Pen y al Frente Nacional. En Costa Rica, gárrulos oportunistas como Otto Guevara se atreven a reivindicar el discurso incendiario de Trump. Ya se propuso estudiar la abolición del beneficio de la nacionalidad costarricense a los hijos de nicaragüenses nacidos en Costa Rica. Veamos si se le ocurre construir un muro entre Costa Rica y Nicaragua.

El retroceso del progreso se alimentó por una derecha neoliberal que cercenó el consenso keynesiano, pero también por una “izquierda champagne” que en un inicio se quiso oponer, pero que terminó pactando con el capitalismo de la post-Guerra fría.

Ayer fueron los que vemos como “fundamentalistas reaccionarios” los que temieron la llegada a la Casa Blanca, de lo que vieron como un presidente negro, musulmán, que ni siquiera había nacido en Estados Unidos. Hoy, somos nosotros, izquierda y centro-izquierda, los que tememos la llegada a esa misma Casa Blanca de lo que vemos como un populista ignorante, irresponsable, e imprevisible. ¿Ignorancia versus prepotencia?

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), diciembre de 2016

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TIEMPOS DE REFLEXIÓN SOBRE LA DEMOCRACIA

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La salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido vía referéndum popular, el rechazo del acuerdo de paz con las FARC propuesto al pueblo colombiano mediante plebiscito, y ahora la elección popular del candidato por el Partido Republicano, Donald J. Trump, como Presidente de los Estados Unidos de América. ¿Difícil año para la democracia en el mundo?

Este tipo de decisiones, que no han sido ni populares ni bien recibidas por los sectores intelectuales de las poblaciones respectivas de sus países (y diría yo, no solo en sus países, sino en el resto del mundo), han traído severos cuestionamientos a esta forma de gobierno, cuyos orígenes se remontan a la antigua Atenas.

Pareciera ser que después de más 2,500 años de historia y progreso, aún no ha terminado de comprenderse la naturaleza y características inherentes al sistema político más utilizado del mundo.

Es por todos conocido que la democracia parte de una premisa fundamental: La igualdad, misma que en los últimos 100 años ha alcanzado tal importancia que además de ser un concepto ineludible al hablar de cualquier tipo de justicia, incluso se ha reconocido como un derecho humano, inherente a la propia dignidad de las personas.

 




Errónea resultaría la apreciación de esta sola parte del rompecabezas, pues existe otra característica, mucho menos popular y muchas veces difícil de digerir (como en estos casos), que le es inherente al sistema griego: La solidaridad.

La democracia obliga a quienes no fueron mayoría al momento de manifestar su voluntad en una decisión (por ejemplo, una elección popular) a someterse y sujetarse a lo decidido por quienes conformaron la mayoría, sin importar si la decisión cumple con los estándares mínimos aceptables de racionalidad, moralidad e inteligencia.

 




Podrán pensar muchos en que lo anterior le da la razón a los críticos de esta forma de gobierno, pero se equivocan. La solidaridad democrática, antes de constituir una falla, representa una fortaleza porque nos obliga a todos los integrantes de una sociedad a crecer juntos en conciencia, sensibilidad y educación. Impide que un sector de la población más consciente que el resto se aisle del resto de la sociedad y avance por sí solo, pues lo obliga a compartir su progreso intelectual.

Los líderes políticos del Reino Unido, el Presidente de Colombia y el Presidente de Estados Unidos, todos le fallaron a su sociedad. Les faltó trabajar en la educación de la gente, les faltó trabajar en su sensibilización, y les faltó mucha inteligencia a ellos mismos por no anticipar estos resultados.

La democracia sigue siendo la mejor forma de gobierno en el mundo, y el día de ayer, por tercera vez este año, nos mandó un fuerte mensaje a todos. ¿Ya iremos a responder, o hasta cuándo?

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La paradoja populista de la democracia

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En los últimos días escuchamos todos hablar del referéndum en Colombia, escuchamos una iniciativa en la Ciudad de México sobre el presupuesto participativo y vemos como se habla de políticas inclusivas con la ciudadanía.

El tema que traigo a colación debido a una charla en donde estuve presente hace días con un académico del ramo de las políticas públicas. Él hacía hincapié en los riesgos que presenta consultar temas a la ciudadanía en general y esto sin un afán de coartar libertades ni exigencias pero sí puntualizando temas en particular.

El tema de Colombia es muy interesante, análisis sobran y sobrarán y de hecho se están haciendo papers de eso actualmente. Sin embargo, una pregunta que ronda en el aire es: ¿Era necesario consultar a la ciudadanía la paz con las FARC? Y más allá de la respuesta de usted pudiera tener, yo le pongo otra pregunta, ¿Estaba facultado el Presidente y el Congreso para pasar la iniciativa sin consultar?, ¿Las FARC buscan el apoyo popular?, ¿Quién buscaba legitimar a quién?

Usted tendrá la mejor opinión respecto al tema y no pienso ponerme a juzgar el resultado de la consulta sino la forma. Lo mismo pasa con otras iniciativas como aquella que propuso Andrés Manuel pidiendo que el tema del matrimonio igualitario se consulte.

El problema no es consultar, es más, es sumamente importante que la gente participe activamente en el proceso democrático del país. La cuestión ahora es que los riesgos de democratizar todo y cada uno de los temas coyunturales del país radican en resultados inesperados, equivocados para el país y que borra de un plumazo el sistema de poderes.




Imagínese usted que el Banco de México pusiera a votación las tasas de interés o que el Infonavit consultara el monto de los créditos. Sería absurdo. De la misma manera el reto no está solamente en consultar a la gente sino en que la gente sepa del tema.

Las mayorías se equivocan y se equivocan por la baja preparación. Hay que evitar que siga existiendo el analfabetismo y la deserción escolar para tener mejores ciudadanos que piensen y voten de una manera más racional, al menos, informada.

No necesitamos que el país esté lleno de doctores en economía o expertos en política internacional; sin embargo, es importante tener un país informado y preparado donde los rezagos educativos sean mínimos y se puedan discutir cosas de una mejor manera.

 



El Congreso, el Presidente, los Gobernadores, la Suprema Corte ya tienen funciones por cumplir, no pueden caer en el populismo de consultar por consultar para parecer “legítimos”. Legítimos serán los resultados cuando existan métricas adecuadas en su accionar.

He ahí un problema histórico de la izquierda mexicana, el populismo ramplón, las iniciativas busca-votos, la retórica de la descalificación, la terquedad, el caudillismo, el mesianismo y últimamente el creer que un solo diputado arregla congreso o que un gobernador puede hacer lo que le venga en gana solo con decirlo.

Una ciudadanía mejor informada es garantía al menos de un debate más responsable. Las mayorías deben ser conducidas propiamente, sino caeremos en lo que Aristóteles llamó oclocracia, el caos de la “chusma”.

Lo dicho, dicho está.

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Estados Unidos: Encuestas KKK

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El Ku Klux Klan es una organización que nació después de la Guerra Civil de los Estados Unidos, misma que tuvo como razón principal la abolición de la esclavitud en todo el país, algo con lo que no estuvieron de acuerdo los Estados Confederados.

 




Todos hemos visto imágenes de los miembros del KKK, la gente usa togas color blanco y se tapan las caras con capuchas del mismo color. El objetivo de taparse las caras es que no los identifiquen como miembros de la organización y así poder hacer sus actos racistas – que en su tiempo eran desde actos terroristas y hasta linchamientos – para después continuar con sus vidas con total normalidad y sin ser perseguidos o juzgados por la sociedad.

¿Son las encuestas en Estados Unidos un reflejo del KKK? El caso de que las encuestas se equivoquen ha sido un tema importante durante el año. El primer caso se dio en Reino Unido, donde todas las encuestas, incluso las de salida, marcaban que el famoso #Brexit no iba a suceder y que RU se mantendría en la Unión Europea. Al final del día sucedió todo lo contrario, el #Brexit sucedió y los británicos están en camino a ser la primera nación de darse de baja de la UE.

Mientras tanto en Colombia, todas las encuestas marcaban que los colombianos iban a aceptar los Tratados de Paz con las FARC. Era tan seguro que se iban a aceptar que incluso el Presidente Santos anunció los acuerdos con bombo y platillo e invitando a mandatarios de todo el mundo, días antes del plebiscito. El resultado fue desalentador, los colombianos rechazaron la paz con las FARC y ahora el Gobierno Colombiano tendrá que ver otras opciones para cristalizar los acuerdos con el grupo guerrillero.

 




Aunque la mayoría de las encuestas en Estados Unidos le dan la ventaja a Hillary Clinton, sobre Donald Trump, algo me hace sentir que no nos están contando la historia completa. Algo me hace sentir que hay gente, que al igual que los miembros del KKK, le da pena decir que votará por una figura racista, misógina y deplorable como Donald Trump.

Es decir que ver un serio revés en los resultados el 8 de noviembre no es nada descabellado y el riesgo de una victoria de Trump no se puede descartar por completo, digan lo que digan las encuestas de algunos medios con mayor prestigio en Estados Unidos.

Para ser honesto, ¿cuántos aquí dirían que piensan votar por Trump?
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Mírame y no me toques

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“Es la sensación que sentimos de que, como Consejo Ciudadano, podemos hacer muy poco” comentó Graciella Fulvi al anunciar ante los medios la renuncia de al menos 6 de los 7 contralores ciudadanos (Rogelio Sada, Malaquías Aguirre, Lourdes López, Graciella Fulvi, Sandra Garza y Paula Villalpando).

La renuncia se deriva, entre algunas cosas, por el famoso #cobijagate y la poca respuesta que el gobierno habría tenido contra la falta administrativa. El órgano fue creado con el objetivo de sumar esfuerzos, al supuestamente vigilar y corregir, junto con la administración estatal, los esfuerzos en la lucha diaria contra la corrupción.

Este comentario contrasta con lo dicho por Nora Elia Cantú, contralora general del gobierno independiente, cuando el pasado 02 de marzo comentó en la toma de protesta de este mismo consejo que “el aparato burocrático es grande y su participación va a ser muy valiosa”.




¿Valiosa? Al parecer lo habrá sido para efectos de opinión pública porque ellos solo están para “ver, no revisar” según dijo Jaime Rodríguez. Mírame y no me toques diría Joan Manuel Serrat. Pero desgraciadamente es cierto lo dicho por el Bronco. La ley lo respalda. Legalmente no tienen ningún poder para actuar e incidir, y es aquí donde entra lo irreverente de la situación. Tener a gente de tanto prestigio y talento, solo para aparentar participación, pero vetando su injerencia, es no solo absurdo sino un desperdicio de tiempo para cualquiera.

Pero no quiero enfrascarme en hecho mencionado, sino en la reflexión de la efectividad de los modelos de participación ciudadana, los cuales deben dejar de ser simples observadores y convertirse en una especie de juez que puede y debe incidir en el día a día de la administración gubernamental.

Hoy se habla de los contralores ciudadanos, de revocación de mandato, de consultas ciudadanas, de democracia participativa, pero si estas herramientas no van acompañadas de un poder factico para transformar, de poco nos servirán para mejorar al país. La bandera ciudadana no debe de ser de dientes para afuera, sino la columna vertebral de cualquier gobierno.

Y es que, si la política se la dejamos a los de siempre, se hará política para los de siempre.




POSDATA: Alarmante los resultados del referendo en Colombia del domingo pasado. Los ciudadanos salieron a las calles a votar y rechazar, por mínima diferencia, los acuerdos de paz con las guerrillas de las FARC. La democracia en manos de la desinformación puede ser muy dañina. Más amor por favor.

Si no nos vemos, pues nos escribimos.

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En Colombia el NO se encuentra sobre el SÍ

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El día de ayer 02 de octubre, se realizó un referéndum en Colombia para desmantelar a la Farc (Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia) con la intención de dar paz a la guerrilla que ha tenido una duración de 52 de años en el cual durante este tiempo se han declarado 200 mil muertes, 45 mil desaparecidos y millones de desplazados (gente que, por el conflicto dentro de su país, fue obligado a abandonarlo y vivir fuera de este).

La Farc es un grupo de ideología comunista, marxista-leninista; la cual busca acabar con las desigualdades sociales, políticas y económicas de su país. Estaba en contra de la participación militar de los Estados Unidos Americanos en el mismo. Además de, estar involucrada en actividades consideradas ilegales dentro del país.

paz    Imagen de sinembargo.mx

En el 2012 se estableció una Mesa de Dialogo apoyada por Cuba, Noruega, Venezuela y Chile; donde se quería llegar a un acuerdo, en el cual se encontraba estipulado: una mejor distribución de tierras, el combate a las drogas y la sustitución de cultivos ilícitos, la participación política de organizaciones populares y la compensación de las víctimas, entre otras cosas.

 




A finales del 2012 empezaron las conversaciones de paz, pero no fue hasta el año 2016 en donde la Farc y el Gobierno colombiano, firmaron el último de los seis puntos de una agenda de negociaciones iniciadas el 4 de septiembre del 2012.

En el referéndum llevado acabo el día de ayer, los ciudadanos tenían que responder “sí” o “no” a la pregunta “Aceptar el acuerdo de paz entre el Gobierno y la Farc”.

El primero en depositar su papeleta dentro de la urna en la Plaza Bolívar (Bogotá) fue el Presidente Santos, quien se atrevió a dar unas palabras a los medios que ahí se encontraban “Acabo de depositar mi voto en este plebiscito, en esta votación histórica que espero cambie la historia de este país para bien. Terminar una guerra de 52 años, el camino de la paz. La paz nos llevara a un mejor futuro” estas fueron las palabras del presidente Santos a los periodistas.

urnas
Las campañas de ambos mandos (“si” y “no”) eran muy fuertes, en ambas se citaba a todos los ciudadanos a que votaran, incluso en algunos lugares se habilitó transporte público, además de encontrase vigente la Ley Seca.

A pesar de todo esto el 63% de la población no acudió, y de aquellos tantos que acudieron el 50.20% votaron “no” y el otro 49.79% voto “si”, siendo más que obvio el ganador de esta votación.

 

 




Los que votaron “si” estaban a favor de reinstalar la Farc como un Partido Político, la verificación y dejación de armas. Que habría amnistía, pero que también se buscaría juzgar a los responsables, tanto de la guerrilla como de los demás actores.

¿Las razones? Las tendrán cada uno de los votantes que acudieron y escogieron su partido. ¿Las consecuencias? El tiempo las dirá.

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