Atentado en Venezuela

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El atentado ocurrido hace unos días contra Nicolás Maduro, es otro síntoma de una nación convaleciente por las malas decisiones de gobierno y el resultado de políticas externas que han vulnerado su soberanía. Venezuela es el país con más reservas de petróleo probadas en el mundo y es uno de los principales productores de la OPEP. Su política externa, desde tiempos de Hugo Chávez, se ha caracterizado por tener fuertes encontronazos contra Estados Unidos y otras economías occidentales. El problema es que las consecuencias de las sanciones y estrategias de estos países para desestabilizar Venezuela, lejos de tumbar al gobierno, lo que han causado es un incremento brutal en la inflación, el desempleo y por ende en la desigualdad social, con miles de personas migrando a Brasil y Colombia en busca de más y mejores oportunidades.

Aún y con la cuestionada refundación de la república en tiempos de Hugo Chávez, Venezuela siguió y sigue siendo una democracia vulnerable, como las mayoría en América Latina pero democracia al fin. La oposición lejos de unirse para hacerle competencia al régimen ha batallado elección tras elección con divisionismo en sus propias filas tanto en partidos de derecha, socialdemócratas e izquierda radical. Muchos gobernadores de provincias venezolanas, incluido Capriles son de la oposición, el tema es que para las elecciones federales han llegado a boicotearlas entregándole la mayoría a Maduro, en lugar de competir y tener de nuevo su mayoría como la tuvieron un año antes.

Fuera de teorías de conspiración el atentado contra Maduro solamente lo beneficia a él, legitima su figura frente a los seguidores y beneficiados por su partido el PSUV. No defiendo a Maduro ni a la oposición, pero esta segunda tiene la labora monumental de unirse y participar democráticamente, los problemas de Venezuela deberían resolverse en Venezuela y no convertirse en una lucha de poder y mediática internacional en donde los únicos perdedores son los propios venezolanos. 

Venezuela y su rentabilidad electoral

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Hace no muchos años Venezuela era un país próspero, que mostraba resultados interesantes en cuanto al crecimiento económico, reduciendo la pobreza, acabando con el analfabetismo, creando universidades, ampliando los programas de vivienda y salud e invirtiendo como nunca antes en tecnología. Vaya, que a pesar de las críticas, se convirtió en un modelo que otros países sudamericanos esperaban emular, con sus propias particularidades.

Sin embargo, dos sucesos fueron determinantes para que todo eso cambiara, uno con impacto político, otro con impacto económico. En el primer caso, la muerte del presidente Hugo Chávez, permitió que la oposición resurgiera con dientes afilados frente a un liderazgo en principio débil de Nicolás Maduro. En el segundo caso, la caída del precio del petróleo entre 2013 y 2014, supuso una enorme pérdida de ingresos para sostener el modelo, ello, aunado a lo poco atractivo de invertir en el país era la receta para el caos social que ya estaba en marcha. 

Ahora, los medios nos presentan casi a diario situaciones extremas donde la realidad supera a la ficción. Enfrentamientos continuos entre ciudadanos y policías, enormes filas para conseguir alimento, mercados vacíos, precios estratosféricos, represión, desnutrición, y un largo etcétera.

Se ha convertido en el ejemplo del “desastre” y es utilizado en hispanoamérica durante los procesos electorales (o incluso propaganda perpetua) como un argumento fuerte contra todo movimiento o partido de izquierda que pretenda llegar al poder, aún que este no se acerque en lo económico o ideológico al proyecto de Chávez, ni al contexto ni características de Venezuela. 

Ejemplos sobran, en México, al candidato presidencial Andres Manuel López Obrador, vienen adjudicándole una amistad nunca comprobada con Hugo Chávez desde su primera candidatura en 2006, advirtiendo del peligro que representa el proyecto del tabasqueño. 

En el actual proceso electoral de Colombia también acusan frecuentemente a Gustavo Petro del Movimiento Progresistas y Sergio Fajardo, independiente, de tener cercanía con el régimen de Nicolás Maduro. En Ecuador, al actual presidente Lenin Moreno, de Alianza País, lo acusaban de chavista bolivariano. Lo mismo a Pepe Mujica y Tabaré Vásquez, ambos mandatarios uruguayos, aunque los doce años del Frente Amplio han demostrado resultados positivos de una izquierda diferente a la venezolana. También en España, al partido Podemos, encabezado por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, lo han tratado de ligar constantemente al país sudamericano para desacreditarlo.

En Chile, me tocó vivir las elecciones presidenciales de diciembre del año pasado y el famoso ‘Chilezuela’ fue una losa muy pesada para el candidato oficial Alejandro Guillier de la Nueva Mayoría, lo que llevó a Sebastián Piñera a ganar la presidencia por segunda ocasión. 

Así pues, en una especie de soft power invertido, mientras Venezuela no se reponga de la crisis en la que se ha sumergido, su trágico ejemplo seguirá teniendo impacto internacional, utilizándose como advertencia del apocalipsis y evitando que las opciones de izquierda o centroizquierda lleguen al poder. 

El verdadero peligro para México

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Mucho se pregona el peligro que representaría para el país un eventual triunfo de López Obrador. Algunos analistas y comentócratas se desgarran las vestiduras soltando a bocajarro comparativos de riesgo entre México y países que han caído en desgracia como Venezuela.

Pero el verdadero peligro no es un eventual triunfo de López Obrador. El verdadero peligro es que en estas elecciones se imponga el uso del aparato federal, ya sea a través de la compra y coacción del voto con los programas sociales y el enorme presupuesto público, o a través del uso y abuso de las instituciones para ir en contra de los rivales políticos.

No busco defender a alguien como Ricardo Anaya. Quien ha demostrado ser capaz de traicionar a sus compañeros de partido para ascender al poder, muy probablemente sea una persona capaz de hacer los actos por los que se le pretende imputar.

Lo que sí es un exceso y un verdadero peligro para la incipiente democracia mexicana, es que con el afán de ganar espacios en una elección donde claramente la gente tiene un rechazo hacia ti y lo que representas, el PRI-gobierno es capaz de llegar a los extremos de cazar a un opositor político.

Así es, como lo escuchó, cazar a un opositor político, ¿le parece conocido? Bueno, eso precisamente ha hecho Nicolás Maduro en Venezuela con sus opositores, entre los que se encuentran el célebre Leopoldo López, arrestado en 2014 por instigación pública y asociación para delinquir.

La vehemencia torpe con la que las instituciones federales son utilizadas por un revanchismo político, no hacen otra cosa que poner en peligro lo que hemos ganado en los últimos años. Porque si bien la democracia en México dista de ser perfecta, sí ha tenido avances que vemos en riesgo por el empecinamiento de un grupo que ya no encuentra otra fórmula para mantener el poder.

Aquí en México se persiguen opositores, aquí la violencia está desbordada, aquí la situación económica cada vez es más precaria, aquí se utiliza el presupuesto federal para comprar voluntades en época electoral. ¿Qué más nos falta entonces para convertirnos en países como Venezuela?   

#ElTalónDeAquiles: “Se abre el telón: Alvarado, entre lo “Macron” y lo “Trudeau”… ¿O todo lo contrario?”

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Para las elecciones de 2018, tres son las opciones de izquierda en Costa Rica. La primera, insignificante, está liderada por Rolando Araya, exlíder del Partido Liberación Nacional (PLN), quien es candidato a diputado por el “Partido Todos”. La segunda es moderadamente minoritaria: el “Frente Amplio” (FA), que postula a Edgardo Araya, es una de las cuatro fracciones legislativas más numerosas en el parlamento actual. Y la tercera, ni siquiera es una opción de izquierda, o al menos no lo es en teoría. Concierne al Partido Acción Ciudadana (PAC), el oficial. En esta tercera (y última) entrega de “El Talón de Aquiles” dedicado al proceso electoral costarricense, argumento que el voto racional y sensato debe ir a Carlos Alvarado, candidato del PAC. Explico mi raciocinio a continuación.

La primera opción de izquierda, que ni siquiera presenta candidato a la presidencia, es el grupo minoritario “Partido Todos”, cuya ideología, el “socialismo cuántico”, es confusa. Según su líder, Rolando Araya, de lo se trata es de buscar alejarse del materialismo y del mecanicismo imperantes, para llevar a una nueva ética social caracterizada por la paz, la felicidad, el amor, y la solidaridad. Que alguien me explique cómo aplica esto a la praxis. La segunda opción es el Frente Amplio (FA), heredero de la izquierda radical costarricense y que, como muchos partidos de izquierda, emplean una retórica confrontativa que incomoda a muchos ticos, acostumbrados al “pura vida” de la “Suiza centroamericana”. Además, su desatinada definición de geopolítica – el FA se puso a defender lo indefendible (a Nicolás Maduro y al Sandinismo del siglo XXI) – muestra pobreza de criterio. Nadie, ni siquiera los que nos reivindicamos de la izquierda democrática, entendemos por qué es mejor defender países en vías de subdesarrollo, que rescatar las peculiaridades del radicalismo de izquierda costarricense y adaptarlo al siglo XXI, para formular así contribuciones innovadoras a los debates de la izquierda contemporánea.

Esto nos deja con el PAC, el cual, aunque fue originalmente ideado como partido de centro, ocupa hoy el lugar que el PLN dejó en 1986. Cierto es que su fundador, Ottón Solís, es un tecnócrata neoliberal dispuesto a degollar al Estado en su cruzada contra la corrupción, pero también lo es que el partido fue complementado en 2013 por intelectuales que le confirieron una agenda más progresiva. Por ello, el PAC está a la izquierda de los partidos tradicionales (incluido del PLN), de varios partidos minoritarios, y a la derecha del FA. Por su herencia centrista, Alvarado recuerda en algo a Macron (candidato de centro en Francia), aunque su liberalismo social lo acerca a Justin Trudeau, quien representa el centro-izquierda canadiense. Bueno, eso es guardando las distancias, y para bien o para mal, pues a Macron y Trudeau tampoco les ha ido tan bien.

Por su charlatanería, Otto Guevara, Juan D. Castro (el Trump-Tico), y Rodolfo Hernández, deberían quedar reprobados. Por su definición camaleónica de la política, Álvarez Desanti (PLN) es nocivo para la salud. Quedan entonces Piza (Partido Unidad Socialcristiana, PUSC) y Alvarado: el primero, a pesar de una campaña política infinitamente insípida y superficial, representa un conservadurismo tradicional, mientras que el segundo, a pesar de representar al partido en el gobierno, encarna una opción progresista sofisticada. Pero Alvarado, además, materializaría la llegada al poder de una nueva generación, que está lista para irrumpir en política, y que lo tiene todo para hacerlo mejor que la que nos ha gobernado en los últimos 30 años.

La izquierda costarricense ha sido prolífica, pero como en otros países, la derecha la ha satanizado. En América Latina, lo que no huele a Fidel es igual a Chávez. Soy hijo de la Costa Rica que invierte en educación porque sabe que su gente es lo que importa. Soy el heredero de un país progresista, generoso, inspirador, que fue, y sigue siendo, ejemplo en América Latina. ¿Cuál candidato defiende este legado? Nuestro cálculo puede fallar, pero no nuestra racionalidad. El elector racional debe salir a votar con confianza y tranquilo, pues opciones sensatas hay, y para ello debe hacerlo por quien crea, tiene mayor potencial para rescatar lo mejor de nosotros mismos. Creo que Alvarado, y el PLAC, representa esa opción, pero también creo que, paradójicamente, en su hartazgo ante la incapacidad política real o percibida del actual gobierno, el votante difícilmente considerará votar por la continuidad. Ojalá me equivoque.

Fernando A. Chinchilla

Cholula (México), enero de 2018

Tras advertencia de AMLO, Fox asegura que depende su pensión para vivir y que no se la pueden quitar.

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El ex Presidente Vicente Fox Quesada aseguró este viernes que a él nadie le va a quitar la pensión vitalicia que recibe por poco más de 200 mil pesos al mes, porque, aseguró, de eso vive.

La declaración del panista se da a días de que el líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, anunciara que de ganar las elecciones en 2018, retirará la pensión vitalicia a los ex mandatarios.

Además, el ex mandatario sostuvo que el populismo de López Obrador al del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su antecesor, Hugo Chávez, y que en 10 años podría destrozar una nación como paso en Venezuela.

El ex Presidente de México, quien en el 2000 interrumpió el mandato histórico del Partido Revolucionario Institucional (PRI), visitó Guanajuato capital para presentar una ponencia ante jóvenes, como parte de las actividades de la Semana de la Juventud, que organiza el gobierno municipal.

Ahí, Fox habló sobre las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México y Estados Unidos y resaltó que de no llegar a un acuerdo pondría en jaque a México, “nos va como en feria por un buen rato”.

Sin embargo, aseguró que México ha llevado bien los acuerdos para lograr un TLC mejor del que se tiene hoy, pero con la primicia de que beneficie a ambas partes, no que solo un país lleve la ventaja.

Dijo que una negociación equivocada como la que pretende el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, muchas cosas se ven amenazadas, por eso México ha decido aliarse con Canadá y empresas que están en desacuerdo con Trump para sacar un buen acuerdo.

El Populismo Destruye y no Regenera

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La violencia no cesa y la democracia se encuentra secuestrada. Ese es el vivir del día a día en Venezuela, una entidad rica por su gente, su cultura y sus costumbres, sin embargo, se cayeron en excesos, ¿Cuáles excesos? Esos causantes al populismo visceral que golpeó a Latinoamérica y donde lideres “mesiánicos” predicaron con el dogma del odio transversal a la realidad democrática.

El populismo no llegó por alguna casualidad a nuestro entorno, este, se fue educando y ensayando generación tras generación, donde, particularmente se había mantenido un asistencialismo burdo y electoral; logrando así secuestrar la democracia misma.

Pero, ¿Qué es el populismo? En términos concisos es la realización de propuestas atractivas para el pueblo, sin embargo, cuentan con un tinte manipulador y demagógico, siendo este su principal problema.

Estos vicios políticos insípidos se convierten en un riesgo para la democracia  misma, tanto que los líderes populistas logran modificar o adaptar las leyes y constituciones a su beneficio, logrando así apropiarse de la libertad que como derecho es inalienable para cualquier ciudadano.

Lastimosamente en Latinoamérica mantenemos una idiosincrasia de incesante búsqueda por un Mesías, que rápidamente y con menos pesar logre solucionar los problemas del país, creyendo que las masas no se equivocan y otorgándole hasta cierto punto un poder divino.

Creemos que estamos mal por el sistema político que tenemos y no por la clase de ciudadanía que somos.

No cabe duda que el populismo es un riesgo, tanto aquel populista que se considera progresista y aquel que es un poco conservador, aquí no existe derecha o izquierda, ambos arrancan la dignidad, la legalidad, el coraje y la solvencia de las instituciones.

El populismo político significa un riesgo para cualquier forma de gobierno, dado que destruye la integridad propia del Sistema y su pluralidad, además se corre el riesgo de caer en un posible autoritarismo, tal y como ha pasado en otras naciones; Venezuela es un ejemplo claro.

México no debe caer en este tipos de vicios, en el 2018 se tiene una tarea muy importante. La política debe cambiar pero no por un redentor populista.

Delcy Rodríguez es elegida presidenta de la Asamblea Constituyente.

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Delcy Rodríguez, la beligerante ex canciller de Venezuela, fue elegida este viernes presidenta de la Asamblea Constituyente. Como ministra de Relaciones Exteriores, un cargo que ocupó hasta el 21 de junio pasado y que dejó para ser candidata, defendió con firmeza la iniciativa del Gobierno ante las numerosas críticas de la comunidad internacional

La ex canciller pertenece al grupo chavista más vinculado a los negocios. En público mantiene un discurso más radical, pero en privado su postura es más suave. De hecho, Rodríguez y su hermano están más abiertos a las negociaciones y así se ha mostrado, por ejemplo, en las conversaciones para excarcelar a Leopoldo López y concederle arresto domiciliario (una medida que fue revertida esta semana) en las que ambos participaron.

Las potencias latinoamericanas no pudieron con Venezuela en ese cónclave. La OEA sufrió un nuevo revés en su intento de condenar de manera unánime la actuación del régimen de Maduro. La declaración promovida por México y auspiciada por los principales Gobiernos de la región necesitaba 23 votos a favor para ser aprobada, pero solo contó con 20 aprobaciones, 5 votos en contra y 5 abstenciones. La entonces canciller, que asistió a la Asamblea en Cancún, pese a que había asegurado que nunca mas regresaría a la OEA, celebró el resultado.

El discurso de la flamante presidenta de la Constituyente fue similar al de su etapa de canciller: rechazó la “interferencia extranjera” y fustigó a Estados Unidos, que impuso sanciones a Maduro y otros 13 funcionarios, acusados de quebrantar la democracia, corrupción o violación de derechos humanos.

 

Maduro llama “cobarde” a Peña Nieto; Videgaray le responde por Twitter

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, explotó en contra de su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, a lo cual le dijo que “se comporta como un empleado abusado de Donald Trump”.

“Da vergüenza Peña Nieto, da vergüenza que te dejes tratar así, como un empleado maltratado”, dijo el presidente venezolano en una transmisión en vivo desde Caracas.

Durante la transmisión Maduro expresó su descontento contra México y la injerencia que se ha planteado a nivel internacional en contra de la Constituyente venezolana, por lo cual este dijo que “si yo fuera presidente de México, movería al pueblo mexicano y tumbaría los muros que separan a Estados Unidos y no permitiría la construcción del muro fronterizo, como lo haría Zapata, Villa, Cárdenas y no este cobarde que es presidente de México y es violado por Donald Trump”.

Ante este suceso el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, expresó en su cuenta de twitter su descontento, donde dijo: “presidente Maduro, cobarde es quien usa el poder del estado para desmantelar la democracia y arremeter contra su propio pueblo”.

Al término de la transmisión, Maduro termino con la siguiente línea: “Veremos caer al imperio gringo y veremos caer uno por uno a los Gobiernos neoliberales de derecha que hoy agreden a Venezuela y la amenazan. (…) Se irán de la historia todos y aquí estará la revolución bolivariana de pie”.

Venezuela: La última gran dictadura de América

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Después de la muerte de los ex mandatarios militares Hugo Chávez (2013) y Fidel Castro (2016) gobernantes de Venezuela y Cuba, respectivamente, se creó una ligera idea internacional de que las dictaduras en América Latina llegarían a su fin, los últimos dos dictadores que habían perdurado en el inicio del siglo XXI finalizaban sus gestiones de la única forma en como habían planeado terminarla, a través de su muerte. Grandes revolucionarios que lucharon por la libración y democratización de sus países pero que sucumbieron ante el poder y la demagogia llevando su administración a gobiernos dictatoriales que han durado muchos años trayendo consigo crisis sociales, económicas y geopolíticas, por lo que los hizo los patitos negros de la región latinoamericana.

Juntos se consolidaron bajo una misma ideología, llamada el socialismo del siglo XXI, de idiosincrasia antiimperialista y populista pero disfrazada de una democracia autónoma y libre, nada más alejado de la realidad. A lo largo de los años vimos cómo estos líderes “democráticos” manipularon las leyes a sus conveniencias, participaron en elecciones fraudulentas y totalmente arregladas, provocaron crisis económicas al interior de sus países, rompieron relaciones comerciales con el resto del mundo e hicieron a un lado los derechos humanos de sus conciudadanos haciéndolos pasar hambre, escases y vivir en condiciones atroces.

Pero la historia dictatorial de la región no se extinguió a la par del fallecimiento de estos dos revolucionarios, al llegar la conclusión de sus mandatos, cual sistema monárquico, designaron a su sucesor, al siguiente en la fila, aquel súbdito fiel y apegado a su ideal que continuaría con el trabajo que ellos habían comenzado, permitiendo la continuidad del régimen. Nicolás Maduro en Venezuela y Raúl Castro en Cuba, la dictadura cambiaba de rostro, pero las condiciones a las que se encontraban sometidos los venezolanos y los cubanos continuarían su curso.

La clave de su perpetuidad  de estas dictaduras se centró en dos acciones principales, elecciones ficticias, es decir, fraudes electorales y elecciones arregladas donde se fomenta la participación ciudadana, pero los resultados obtenidos sean según lo planificado y la segunda, la alteración de las constituciones políticas y manipulando la legislación a su antojo para la creación de leyes que conforman hoy todo un sistema institucional de violación de las libertades y derechos fundamentales en esos países.

Esta última es la que ha puesto en marcha el gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela comenzó el proceso para cambiar su sistema legislativo, para cambiar aquella constitución bolivariana que el mismo H. Chávez instauró en 1999 como símbolo de la nueva República de Venezuela. El alumno superó al maestro. Y tras 18 años de chavismo, Maduro comienza una nueva etapa, una nueva constitución y una nueva forma de pasar a la historia alejándose de la sombra de su antecesor.

El madurismo se alza como la nueva dictadura de Latinoamérica, producto directo de todo aquello por lo que Chávez alguna vez lucho décadas atrás. Comienza la dictadura de Maduro con un borrón y cuenta. Y empoderándolo más que a cualquier otro dictador en la historia de Venezuela. Veremos cuáles serán las consecuencias de tales decisiones y el destino que le depara a los venezolanos que son los que más sentirán las secuelas de esta dictadura que se levanta.

Estados Unidos impone sanciones económicas directas a Nicolás Maduro.

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Estados Unidos ha declarado una guerra diplomática a Venezuela. El Departamento del Tesoro impuso este lunes sanciones al presidente venezolano, Nicolás Maduro, al que acusa de socavar la democracia al día siguiente de la votación de una Asamblea Nacional Constituyente.

Washington avisó el domingo, tras el polémico voto, que tomaría “medidas fuertes y expeditivas” contra Caracas. EE UU ha impuesto en los últimos años sanciones individuales a altos cargos venezolanos, pero hasta ahora se había resistido a golpear a la máxima autoridad del país.

La penalización supone la congelación de activos de Maduro bajo jurisdicción estadounidense y la prohibición de que ciudadanos o entidades estadounidenses puedan hacer transacciones con él. El Tesoro evitó revelar si Maduro tiene activos en EE UU. Pero, al margen de que los tenga o no, la penalización limita el acceso del ex vicepresidente de Hugo Chávez a los sistemas bancarios internacionales.

El Tesoro enmarca las sanciones en una orden ejecutiva que le permite castigar a altos funcionarios actuales y pasados de Venezuela por el deterioro democrático en el país caribeño. Maduro es el cuarto jefe de Estado sancionado por EE UU. Se suma a la lista negra que integran el presidente de Zimbawe, Robert Mugabe; Siria, Bachar el Asad; y Corea del Norte, Kim Jong-un.

Washington impuso la semana pasada nuevas sanciones a 13 altos cargos venezolanos y reveló que ascienden a “cientos de millones de dólares” los activos congelados al entorno del vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, a quien sancionó en febrero por sus vínculos con el narcotráfico.

El Gobierno de Donald Trump avanzó, además, que, en caso de celebrarse la votación de la Constituyente, podría imponer por primera vez penalizaciones sectoriales a Caracas, como en el comercio petrolero. Pero eso por ahora sigue sin ocurrir.

El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, explicó este lunes que se siguen revisando “todas las opciones” y advirtió de que cualquier persona que integre la Constituyente puede ser objeto de represalias estadounidenses. Pero pareció alejar la posibilidad de sanciones petroleras al asegurar que el “objetivo es no hacer nada que afecte a la gente de Venezuela“.

Pese a los ataques cruzados, ambos países mantienen un estrecho comercio petrolero. Estados Unidos es el primer destino de las exportaciones petroleras de Venezuela, que es el tercer suministrador para EE UU. El petróleo es el único sustento de la paupérrima economía venezolana.