Es un honor para mí que la derecha me ataque: Nicolás Maduro

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El presidente de VenezuelaNicolás Maduro, dijo en un video publicado en redes sociales que es un honor para él que la derecha lo ataque.

“Es un honor para mí que la derecha me ataque”, respecto a las manifestaciones en su contra durante la toma de protesta del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

“La derecha dice sus cosas, la derecha malinche esta, traidora, de toda América Latina, que diga lo que sea”, dijo el mandatario a través de un video publicado en la cuenta de Twitter oficial de la prensa presidencial de Venezuela. En el video, también agradeció la solidaridad del pueblo mexicano para con su país.

“He venido a México, he tenido la satisfacción de ver en los ojos del pueblo el amor, la solidaridad. Lo he sentido en la calle, al llegar de manera inmediata el pueblo nos entregó su amor, porque entre pueblos nos identificamos, desde el amor, desde la lucha”, señaló.

Aunque se tenía previsto que el presidente venezolano acudiera al evento de toma de protesta que se realizó en la Cámara de Diputados, se reunió con el nuevo mandatario mexicano hasta que terminó el evento, tras realizar diversas maniobras para mantenerse alejado de los medios y las manifestaciones.

“La gente sabe quiénes somos nosotros, quienes son los bolivarianos, los chavistas, y saben quién soy yo”, dijo.

Manifestantes piden a AMLO respeto a ley e instituciones

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La manifestación contra la cancelación de la construcción del NAIM en Texcoco concluyó en el Zócalo con la exigencia al próximo Presidente, Andrés Manuel López Obrador, de que respete los procedimientos legales, las instituciones y que no encubra sus decisiones personales con consultas al pueblo.

“Queremos un México de leyes, de respeto a las instituciones y no más consultas patito”, dijo en entrevista Laura Herrejón, ex candidata del PRI a diputada, una de las organizadoras de la protesta.

Herrejón calificó de muy exitosa la marcha que salió del Monumento a la Independencia y cuya participación cifró en 7 mil personas.

En el transcurso hubo algunas discusiones con personas que estaban a un lado de la Alameda, quienes se burlaron de los manifestantes diciéndoles “fifís”, un calificativo que López Obrador utiliza contra quienes lo cuestionan.

“¡Los fifís marchando, también se están bronceando!” , les gritaron.

Los participantes mostraron pancartas contra la decisión de cancelar las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco y construirlo en Santa Lucía, luego de una consulta con menos del 1 por ciento de la población, organizada y aplicada por Morena.

“Voto por voto, casilla por casilla, lo queremos en Texcoco, no en Santa Lucía“, se leía en una manta.

Los manifestantes exigieron que el Presidente electo respete los procedimientos legales y los estudios de ingeniería que avalan la obra que ya lleva más de dos años, frente a la propuesta de Santa Lucía, la cual aún no cuenta con estudios de viabilidad.

“No permitiremos más consultas amañadas donde López Obrador y su partido sean quienes dicten la línea, impriman las boletas, pongan las casillas y cuenten los votos, no vamos a permitir una legalidad a modo”, dijo Alejandra Morán, una actriz que iba con un grupo con playeras negras y la leyenda “Nosotros somos más”.

En la marcha participaron personas con playeras y chalecos del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, responsable de la obra en Texcoco, y personajes como la ex senadora panista Mariana Gómez del Campo y el empresario Gustavo Jiménez Pons, el primero que ofreció comprar el avión presidencial, aunque dijo que no le han contestado a su propuesta.

La protesta también incluyó el rechazo a la visita del Presidente venezolano, Nicolás Maduro, para la toma de protesta de López Obrador.

La movilización terminó sin discursos y con un grupo de ciudadanos que acordaron volver a marchar el 2 de diciembre, al día siguiente de la asunción de López Obrador.

Los inconformes se retiraron de la Plaza de la Constitución después de entonar el Himno Nacional.

Venezolanos piden a AMLO cancelar visita de Maduro

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Venezolanos que viven en México entregaron una solicitud al presidente electo Andrés Manuel López Obrador, en el que piden que se cancele la visita del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien fue invitado a la toma de protesta del futuro mandatario el 1 de diciembre.

“Es una ofensa a los derechos humanos. La presencia de Nicolás Maduro es terrible, es un personaje nefasto para la humanidad, él atenta diariamente contra la existencia de seres humanos2, dijo Farida Acevedo de la organización “Venezuela Somos Todos”.

Por otro lado, la activista informó que la carta está suscrita por las organizaciones Fundación Humano y Libre, Asociación de Venezolanos en México y Venezuela Somos Todos, mismas que representan a alrededor de 34 mil venezolanos que viven en México.

La misiva fue entregada en la oficina de transición de López Obrador en la Colonia Roma de la CDMX. Acevedo fue acompañada por Francisco D’Angelo, de la Asociación de Venezolanos en México, quien aseguró que si Maduro pisa suelo mexicano, habría protestas en su contra.

“Seguramente va a haber protestas en contra de la presencia de este personaje nefasto”.

Cortés exige cancelar invitación de Maduro a toma de protesta de AMLO

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En México no es bienvenido Nicolás Maduro, pero sí los venezolanos, expresó Marko Cortés, candidato a la dirigencia nacional del Partido Acción Nacional (PAN) durante su visita a Querétaro.

El político exigió a Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, a cancelar la invitación que se le hizo al presidente de Venezuela a la toma de protesta del próximo 1 de diciembre.

Lo anterior, dijo el panista, luego de que en el último informe de la comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se diera a conocer que en Venezuela hay violación de derechos humanos y de uso de violencia como control de sus habitantes.

“En Acción Nacional le pedimos al próximo gobierno y al próximo presidente que no inviten al presidente Nicolás Maduro por estas sanciones que la misma ONU por violaciones reiteradas a los Derechos Humanos“, destacó.

Cortés Mendoza aseguró que el PAN ve con preocupación esta invitación, pues enfatizó que en el país no son bienvenidos quienes no garantizan libertades, pero sí los venezolanos que buscan refugio político y trabajo para mejorar su calidad de vida.

#ElTalónDeAquiles: “Ortega”

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Lo que pasa en Nicaragua es imperdonable. Por seis meses, la crisis en ese país ha nutrido las noticias internacionales. Lo que inició como protesta contra de las reformas al Instituto Nicaraguense de Seguridad Social (INSS) – se proponía aumentar las contribuciones de patronos, empleados, y pensionados al seguro social para evitar su quiebra (la cual, según previsiones del Fondo Monetario Internacional, acontecerá en 2019) – se convirtió en una lucha por la justicia y la democracia. Hoy, la precariedad de Ortega proviene dos factores.

Primero, su estilo, autoritario, cansó. Si bien en un inicio las protestas fueron entre la coalición opositora, el Frente Amplio por la Democracia (FAD) y la Juventud Sandinista, los primeros muertos y el despliegue del ejército caldearon los ánimos. Pronto, los campesinos llamaron a la huelga y solicitaron la renuncia del polémico presidente. Luego, con la aparición de paramilitares y el uso intensivo de antimotines, los manifestantes pidieron el cese de la violencia, la liberación de detenidos (se denuncian torturas) y el cese de la censura (cuatro canales de televisión fueron sacados del aire temporalmente). En mayo, patronos y sindicatos, adversarios al principio, hacían frente común para condenar “las masacre”, la censura, y la represión. Buses, camiones, y camionetas se unieron al movimiento. La cantidad de muertos, la mayoría por la represión del Estado, se calcula hoy en alrededor de 400; el número de heridos ronda los 2500. 

Segundo, los apoyos a Ortega se disiparon. A nivel internacional, ya desde antes de la crisis, su gobierno no era bien visto, sobre todo entre aquellos países con los que ha mantenido contenciosos por razones diversas. Ningún Castro está hoy al frente de Cuba, Rafael Correa vive en Bélgica, y la Venezuela de Maduro es un desastre. Además, ordenar la salida de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), no ayudó a mostrar la buena voluntad. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha seguido investigando hechos de violencia (su presencia fue exigida por los universitarios como parte del diálogo) y se ha referido en múltiples ocasiones al tema.

A nivel interno, Ortega tampoco pisa terreno firme. Por un lado, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que gobierna es un trozo del existente en las décadas 1970 y 1980. Muchos de sus excompañeros, que por cierto lo acusan de aventar al FSLN hacia el populismo, están en la oposición (Movimiento Renovador Sandinista, MRS). Por el otro, en un marco en donde el gobierno aceptó la entrada de la CIDH al tiempo que siguió desplegando los antimotines, la Iglesia suspendió el diálogo, con lo que se generó mayor frustración, y más protestas. Ortega, quien desde la campaña de 2006 comenzó a hacer constantes referencias a Dios, y que había logrado mantener relaciones cordiales con la Iglesia, recibió un ultimátum de la Conferencia episcopal. Cansada de intentar inútilmente de propiciar el diálogo, le exigió que generara las condiciones necesarias para el éxito del mismo. 

Las reformas al seguro social fueron revocadas menos de una semana después de la detonación inicial. Pero ya era demasiado tarde. La olla de presión explotó porque lo que Ortega ha hecho a Nicaragua, es imperdonable. Olvidemos que este privilegiado líder tuvo tres oportunidades para cambiar su país. Perdonémosle sus dos primeros intentos: el inicial, porque la Junta de Reconstrucción Nacional (1979-85) fue un grupo heterogéneo que dificultó la adopción de una agenda común. Y el segundo, como presidente democráticamente electo (1985-90), porque enfrentó una contrarrevolución financiada por la administración de Ronald Reagan. Aún en tales circunstancias, el legado de Ortega es inaceptable.

Además de querer perpetuarse en el poder, a este líder de oposición a la dictadura de Anastasio Somoza se le ha acusado de querer adueñarse de los bienes del FSLN, de acumular fortuna, e incluso de haber abusado sexualmente de su hijastra, Zoila América Narváez. También se le califica de nepotista, al haber propuesto como candidata a la vicepresidencia en su última reelección a su esposa, la poeta y exguerrillera, Rosario Murillo. También se le achaca el haber perdido la brújula ideológica. El Ortega del siglo XXI es corporatista: no solo gobierna a la derecha, con el apoyo de empresarios y de los sectores más conservadores de la Iglesia católica, sino que además cuenta con el apoyo tácito de sindicatos (que se acostumbraron a su tajada del pastel). Es también este Ortega el que negoció con el expresidente Arnoldo Aleman (1997-2002), un exomosista considerado uno de los políticos más corruptos del mundo, condiciones más favorables para la aplicación de su pena, a cambio de apoyo político.

¿Alguien mencionó “pensamiento progresista”? Porque si algo brilla por su ausencia en este país desde hace décadas, es esa noción. El presidente Ortega debe irse antes de terminar como Somoza, el dictador que, en su juventud, ayudó a derrocar. Y debe hacerlo rápido, porque la verdad, la dignidad ya se le acabó. 

Para información sobre la situación en Nicaragua, consulta:

Fernando A. Chinchilla 

Nouakchott (Mauritania), 23 de septiembre de 2018

Venezuela y su rentabilidad electoral

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Hace no muchos años Venezuela era un país próspero, que mostraba resultados interesantes en cuanto al crecimiento económico, reduciendo la pobreza, acabando con el analfabetismo, creando universidades, ampliando los programas de vivienda y salud e invirtiendo como nunca antes en tecnología. Vaya, que a pesar de las críticas, se convirtió en un modelo que otros países sudamericanos esperaban emular, con sus propias particularidades.

Sin embargo, dos sucesos fueron determinantes para que todo eso cambiara, uno con impacto político, otro con impacto económico. En el primer caso, la muerte del presidente Hugo Chávez, permitió que la oposición resurgiera con dientes afilados frente a un liderazgo en principio débil de Nicolás Maduro. En el segundo caso, la caída del precio del petróleo entre 2013 y 2014, supuso una enorme pérdida de ingresos para sostener el modelo, ello, aunado a lo poco atractivo de invertir en el país era la receta para el caos social que ya estaba en marcha. 

Ahora, los medios nos presentan casi a diario situaciones extremas donde la realidad supera a la ficción. Enfrentamientos continuos entre ciudadanos y policías, enormes filas para conseguir alimento, mercados vacíos, precios estratosféricos, represión, desnutrición, y un largo etcétera.

Se ha convertido en el ejemplo del “desastre” y es utilizado en hispanoamérica durante los procesos electorales (o incluso propaganda perpetua) como un argumento fuerte contra todo movimiento o partido de izquierda que pretenda llegar al poder, aún que este no se acerque en lo económico o ideológico al proyecto de Chávez, ni al contexto ni características de Venezuela. 

Ejemplos sobran, en México, al candidato presidencial Andres Manuel López Obrador, vienen adjudicándole una amistad nunca comprobada con Hugo Chávez desde su primera candidatura en 2006, advirtiendo del peligro que representa el proyecto del tabasqueño. 

En el actual proceso electoral de Colombia también acusan frecuentemente a Gustavo Petro del Movimiento Progresistas y Sergio Fajardo, independiente, de tener cercanía con el régimen de Nicolás Maduro. En Ecuador, al actual presidente Lenin Moreno, de Alianza País, lo acusaban de chavista bolivariano. Lo mismo a Pepe Mujica y Tabaré Vásquez, ambos mandatarios uruguayos, aunque los doce años del Frente Amplio han demostrado resultados positivos de una izquierda diferente a la venezolana. También en España, al partido Podemos, encabezado por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, lo han tratado de ligar constantemente al país sudamericano para desacreditarlo.

En Chile, me tocó vivir las elecciones presidenciales de diciembre del año pasado y el famoso ‘Chilezuela’ fue una losa muy pesada para el candidato oficial Alejandro Guillier de la Nueva Mayoría, lo que llevó a Sebastián Piñera a ganar la presidencia por segunda ocasión. 

Así pues, en una especie de soft power invertido, mientras Venezuela no se reponga de la crisis en la que se ha sumergido, su trágico ejemplo seguirá teniendo impacto internacional, utilizándose como advertencia del apocalipsis y evitando que las opciones de izquierda o centroizquierda lleguen al poder. 

El verdadero peligro para México

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Mucho se pregona el peligro que representaría para el país un eventual triunfo de López Obrador. Algunos analistas y comentócratas se desgarran las vestiduras soltando a bocajarro comparativos de riesgo entre México y países que han caído en desgracia como Venezuela.

Pero el verdadero peligro no es un eventual triunfo de López Obrador. El verdadero peligro es que en estas elecciones se imponga el uso del aparato federal, ya sea a través de la compra y coacción del voto con los programas sociales y el enorme presupuesto público, o a través del uso y abuso de las instituciones para ir en contra de los rivales políticos.

No busco defender a alguien como Ricardo Anaya. Quien ha demostrado ser capaz de traicionar a sus compañeros de partido para ascender al poder, muy probablemente sea una persona capaz de hacer los actos por los que se le pretende imputar.

Lo que sí es un exceso y un verdadero peligro para la incipiente democracia mexicana, es que con el afán de ganar espacios en una elección donde claramente la gente tiene un rechazo hacia ti y lo que representas, el PRI-gobierno es capaz de llegar a los extremos de cazar a un opositor político.

Así es, como lo escuchó, cazar a un opositor político, ¿le parece conocido? Bueno, eso precisamente ha hecho Nicolás Maduro en Venezuela con sus opositores, entre los que se encuentran el célebre Leopoldo López, arrestado en 2014 por instigación pública y asociación para delinquir.

La vehemencia torpe con la que las instituciones federales son utilizadas por un revanchismo político, no hacen otra cosa que poner en peligro lo que hemos ganado en los últimos años. Porque si bien la democracia en México dista de ser perfecta, sí ha tenido avances que vemos en riesgo por el empecinamiento de un grupo que ya no encuentra otra fórmula para mantener el poder.

Aquí en México se persiguen opositores, aquí la violencia está desbordada, aquí la situación económica cada vez es más precaria, aquí se utiliza el presupuesto federal para comprar voluntades en época electoral. ¿Qué más nos falta entonces para convertirnos en países como Venezuela?   

#ElTalónDeAquiles: “Se abre el telón: Alvarado, entre lo “Macron” y lo “Trudeau”… ¿O todo lo contrario?”

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Para las elecciones de 2018, tres son las opciones de izquierda en Costa Rica. La primera, insignificante, está liderada por Rolando Araya, exlíder del Partido Liberación Nacional (PLN), quien es candidato a diputado por el “Partido Todos”. La segunda es moderadamente minoritaria: el “Frente Amplio” (FA), que postula a Edgardo Araya, es una de las cuatro fracciones legislativas más numerosas en el parlamento actual. Y la tercera, ni siquiera es una opción de izquierda, o al menos no lo es en teoría. Concierne al Partido Acción Ciudadana (PAC), el oficial. En esta tercera (y última) entrega de “El Talón de Aquiles” dedicado al proceso electoral costarricense, argumento que el voto racional y sensato debe ir a Carlos Alvarado, candidato del PAC. Explico mi raciocinio a continuación.

La primera opción de izquierda, que ni siquiera presenta candidato a la presidencia, es el grupo minoritario “Partido Todos”, cuya ideología, el “socialismo cuántico”, es confusa. Según su líder, Rolando Araya, de lo se trata es de buscar alejarse del materialismo y del mecanicismo imperantes, para llevar a una nueva ética social caracterizada por la paz, la felicidad, el amor, y la solidaridad. Que alguien me explique cómo aplica esto a la praxis. La segunda opción es el Frente Amplio (FA), heredero de la izquierda radical costarricense y que, como muchos partidos de izquierda, emplean una retórica confrontativa que incomoda a muchos ticos, acostumbrados al “pura vida” de la “Suiza centroamericana”. Además, su desatinada definición de geopolítica – el FA se puso a defender lo indefendible (a Nicolás Maduro y al Sandinismo del siglo XXI) – muestra pobreza de criterio. Nadie, ni siquiera los que nos reivindicamos de la izquierda democrática, entendemos por qué es mejor defender países en vías de subdesarrollo, que rescatar las peculiaridades del radicalismo de izquierda costarricense y adaptarlo al siglo XXI, para formular así contribuciones innovadoras a los debates de la izquierda contemporánea.

Esto nos deja con el PAC, el cual, aunque fue originalmente ideado como partido de centro, ocupa hoy el lugar que el PLN dejó en 1986. Cierto es que su fundador, Ottón Solís, es un tecnócrata neoliberal dispuesto a degollar al Estado en su cruzada contra la corrupción, pero también lo es que el partido fue complementado en 2013 por intelectuales que le confirieron una agenda más progresiva. Por ello, el PAC está a la izquierda de los partidos tradicionales (incluido del PLN), de varios partidos minoritarios, y a la derecha del FA. Por su herencia centrista, Alvarado recuerda en algo a Macron (candidato de centro en Francia), aunque su liberalismo social lo acerca a Justin Trudeau, quien representa el centro-izquierda canadiense. Bueno, eso es guardando las distancias, y para bien o para mal, pues a Macron y Trudeau tampoco les ha ido tan bien.

Por su charlatanería, Otto Guevara, Juan D. Castro (el Trump-Tico), y Rodolfo Hernández, deberían quedar reprobados. Por su definición camaleónica de la política, Álvarez Desanti (PLN) es nocivo para la salud. Quedan entonces Piza (Partido Unidad Socialcristiana, PUSC) y Alvarado: el primero, a pesar de una campaña política infinitamente insípida y superficial, representa un conservadurismo tradicional, mientras que el segundo, a pesar de representar al partido en el gobierno, encarna una opción progresista sofisticada. Pero Alvarado, además, materializaría la llegada al poder de una nueva generación, que está lista para irrumpir en política, y que lo tiene todo para hacerlo mejor que la que nos ha gobernado en los últimos 30 años.

La izquierda costarricense ha sido prolífica, pero como en otros países, la derecha la ha satanizado. En América Latina, lo que no huele a Fidel es igual a Chávez. Soy hijo de la Costa Rica que invierte en educación porque sabe que su gente es lo que importa. Soy el heredero de un país progresista, generoso, inspirador, que fue, y sigue siendo, ejemplo en América Latina. ¿Cuál candidato defiende este legado? Nuestro cálculo puede fallar, pero no nuestra racionalidad. El elector racional debe salir a votar con confianza y tranquilo, pues opciones sensatas hay, y para ello debe hacerlo por quien crea, tiene mayor potencial para rescatar lo mejor de nosotros mismos. Creo que Alvarado, y el PLAC, representa esa opción, pero también creo que, paradójicamente, en su hartazgo ante la incapacidad política real o percibida del actual gobierno, el votante difícilmente considerará votar por la continuidad. Ojalá me equivoque.

Fernando A. Chinchilla

Cholula (México), enero de 2018

Tras advertencia de AMLO, Fox asegura que depende su pensión para vivir y que no se la pueden quitar.

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El ex Presidente Vicente Fox Quesada aseguró este viernes que a él nadie le va a quitar la pensión vitalicia que recibe por poco más de 200 mil pesos al mes, porque, aseguró, de eso vive.

La declaración del panista se da a días de que el líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, anunciara que de ganar las elecciones en 2018, retirará la pensión vitalicia a los ex mandatarios.

Además, el ex mandatario sostuvo que el populismo de López Obrador al del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su antecesor, Hugo Chávez, y que en 10 años podría destrozar una nación como paso en Venezuela.

El ex Presidente de México, quien en el 2000 interrumpió el mandato histórico del Partido Revolucionario Institucional (PRI), visitó Guanajuato capital para presentar una ponencia ante jóvenes, como parte de las actividades de la Semana de la Juventud, que organiza el gobierno municipal.

Ahí, Fox habló sobre las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México y Estados Unidos y resaltó que de no llegar a un acuerdo pondría en jaque a México, “nos va como en feria por un buen rato”.

Sin embargo, aseguró que México ha llevado bien los acuerdos para lograr un TLC mejor del que se tiene hoy, pero con la primicia de que beneficie a ambas partes, no que solo un país lleve la ventaja.

Dijo que una negociación equivocada como la que pretende el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, muchas cosas se ven amenazadas, por eso México ha decido aliarse con Canadá y empresas que están en desacuerdo con Trump para sacar un buen acuerdo.

El Populismo Destruye y no Regenera

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La violencia no cesa y la democracia se encuentra secuestrada. Ese es el vivir del día a día en Venezuela, una entidad rica por su gente, su cultura y sus costumbres, sin embargo, se cayeron en excesos, ¿Cuáles excesos? Esos causantes al populismo visceral que golpeó a Latinoamérica y donde lideres “mesiánicos” predicaron con el dogma del odio transversal a la realidad democrática.

El populismo no llegó por alguna casualidad a nuestro entorno, este, se fue educando y ensayando generación tras generación, donde, particularmente se había mantenido un asistencialismo burdo y electoral; logrando así secuestrar la democracia misma.

Pero, ¿Qué es el populismo? En términos concisos es la realización de propuestas atractivas para el pueblo, sin embargo, cuentan con un tinte manipulador y demagógico, siendo este su principal problema.

Estos vicios políticos insípidos se convierten en un riesgo para la democracia  misma, tanto que los líderes populistas logran modificar o adaptar las leyes y constituciones a su beneficio, logrando así apropiarse de la libertad que como derecho es inalienable para cualquier ciudadano.

Lastimosamente en Latinoamérica mantenemos una idiosincrasia de incesante búsqueda por un Mesías, que rápidamente y con menos pesar logre solucionar los problemas del país, creyendo que las masas no se equivocan y otorgándole hasta cierto punto un poder divino.

Creemos que estamos mal por el sistema político que tenemos y no por la clase de ciudadanía que somos.

No cabe duda que el populismo es un riesgo, tanto aquel populista que se considera progresista y aquel que es un poco conservador, aquí no existe derecha o izquierda, ambos arrancan la dignidad, la legalidad, el coraje y la solvencia de las instituciones.

El populismo político significa un riesgo para cualquier forma de gobierno, dado que destruye la integridad propia del Sistema y su pluralidad, además se corre el riesgo de caer en un posible autoritarismo, tal y como ha pasado en otras naciones; Venezuela es un ejemplo claro.

México no debe caer en este tipos de vicios, en el 2018 se tiene una tarea muy importante. La política debe cambiar pero no por un redentor populista.