SISTEMA ESTATAL ANTICORRUPCIÓN

Los fracasos del gobierno de Enrique Peña Nieto han logrado hacer consenso nacional sobre la urgencia de erradicar la corrupción y de eliminar la impunidad que es su principal soporte. Tan es así que antes de tomar posesión, él mismo anunciaba un Sistema Nacional Anticorrupción, para desactivar sus antecedentes de gobernador corrupto.

Tardó más de tres años, necesitó los escándalos de la casa blanca de la Gaviota y de la de Malinalco de Luis Videgaray, la amenaza de escándalo internacional del tren rápido a Querétaro, para finalmente darle luz verde al PAN para presentar una propuesta.

¿Era lo más adecuado pedirle al PAN, cómplice de múltiples asaltos a la moral y al erario federal, ser el portavoz del combate a la corrupción? Probablemente no. Por esto salió un Sistema Nacional Anticorrupción descolorido, sin dientes y que no asusta a ningún político medianamente capacitado en asuntos de corrupción.

Los estados deben por mandato constitucional, elaborar un Sistema Estatal Anticorrupción, “equivalente” al Nacional. Pero en Nuevo León, después de los atracos de la familia Medina y de sus amigos de los cuales varios están todavía en posición de saquear las finanzas públicas, después de un cobijagate que reveló la falta de compromiso del nuevo gobierno contra la corrupción, la Sociedad Civil se levantó en armas legales y decidió acompañar de muy cerca la elaboración del Sistema Estatal Anticorrupción.

Esto dio nacimiento a la Coalición Anticorrupción, agrupación de ONG’s, de diferentes asociaciones enfocadas al combate a la corrupción y de un buen número de individuos comprometidos a contribuir a título personal en la elaboración de un Sistema Estatal Anticorrupción bastante más sólido que la copia pálida que nació en San Lázaro.




6 meses de trabajo constante, con innumerables reuniones, con mucha paciencia, con algo de creatividad y mucha comprensión mutua, permitieron demostrar que la democracia participativa es posible cuando existe fe, particularmente buena fe, suficiente confianza, dedicación y profesionalismo de los dos lados.

Las reformas constitucionales que permitirán el nacimiento del Sistema Estatal Anticorrupción que aprobaron las Comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Asuntos Legislativos el día de martes en el HCNL, incluyen muchos elementos que la harán la base para diseñar el mejor Sistema Estatal Anticorrupción del país.




Falta todavía concretar la tarea con una labor titanesca de corrección y adaptación de siete leyes, que van desde la creación de la Ley del Sistema Estatal Anticorrupción, hasta las reformas al Código Penal, a la Ley de Fiscalización y la del Servicio Público y a otras tantas.

¿Se podrá realmente combatir la corrupción desde la Ley y la erradicación de la impunidad? La apuesta es muy alta. El compromiso ciudadano irrenunciable. En juego, se encuentra el deseo de restablecer una sociedad que tenga fe en si misma, en la cual el político haga política para contribuir al bien común y no para su provecho personal.

En juego, se encuentra el deseo de cambiar un sistema político fallido, pero sin violencia, en base a la Ley y a la Justicia.

¿Será posible? Sí, si todos colaboramos con nuestro granito de arena y mostramos que la Sociedad dispone de la voluntad y de los argumentos suficientes para construir un país mejor para todos.
______________________________

– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Marchas en Venezuela: ¿Ejemplo de lucha para México?

A raíz de la cada vez más clara situación de censura hacia la oposición del gobierno de Nicolás Maduro, así como de la abierta negación del ejecutivo en cuanto a hacer válido el revocatorio convocado por la asamblea, el pueblo venezolano ha decidido hacerse valer como tal. A partir de esto es que, han comenzado las movilizaciones ciudadanas a lo largo de diversas ciudades del país sudamericano.

No queda duda de lo imprescindible que resulta, en estos momentos, el hecho de crear unidad entre la sociedad venezolana, con el fin de levantar la voz; esto, para recordarle a su presidente que este se encuentra sujeto al imperio de la ley, el cual implica un respeto total a las facultades que puede llevar a cabo la sociedad civil por medio de la democracia participativa que este mismo juró, en su momento, defender.

Por otra parte, si bien es digno de admirar la movilización popular como respuesta a la falta de apego del estado de derecho por parte del gobierno de facto, resulta indispensable recalcar que, una buena parte de la oposición de los partidos políticos tiene en duda su credibilidad.




Esto, debido a los nexos que se han encontrado de algunos líderes de oposición con organismos políticos pertenecientes a los Estados Unidos. Si bien no debe dejarse pasar por alto la posibilidad de una influencia de EUA (como ha ocurrido a lo largo de la historia, con el golpe de estado hacia el gobierno de Allende, por ejemplo) en lo concerniente a situación actual, tampoco se debe descalificar la organización ciudadana por culpa de unos líderes de oposición un tanto dudosos.

Ahora bien, al presenciar este acontecimiento surge la duda siguiente: Si Venezuela pudo levantarse ante la censura, ante la escasez y la falta de cumplimiento del gobierno hacia con las leyes ¿por qué no habría de poder, igualmente, el pueblo Mexicano?

Si prácticamente nuestro país está viviendo condiciones casi idénticas a lo que sucede en dicho país: con nuestros servidores públicos que saquean al erario, con las reformas que solo empobrecen y desahucian a los más necesitados, con cerca del diez por ciento de nuestra gente viviendo en pobreza extrema, yo me pregunto ¿cuándo habremos de tomar el ejemplo de Venezuela, y unirnos y alzarnos como pueblo y fuente que brinda legitimidad a las instituciones del estado?




Considero, que ya hemos aguantado demasiado cinismo, demasiada represión y censura hacia la libertad de expresarse (no olvidemos que México es el país de Latinoamérica donde más peligra la vida de los periodistas), demasiadas cicatrices como para seguir caminando ciegamente, mientras el gobierno, que supuestamente tiene como fin el bien común, continua llenando sus bolsillos y, continúa considerándonos como un voto para mantenerlos en el poder.

Es urgente despertar y levantar ese espíritu de lucha del cual nos dieron cátedra nuestros antepasados, a través de la revolución, y de la lucha por la independencia.

Es ahora o nunca, el momento en que la ciudadanía haga valer su poder, y finalmente, reivindique su posición mediante la lucha no violenta para lograr la creación de un gobierno verdadero; en otras palabras, la creación de un gobierno que sirva a su pueblo, no solo a sus representantes y a unos cuantos grupos de poder.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

De la democracia electoral a la democracia participativa

Desde que se nos ha inculcado sobre el significado de la democracia, se ha tendido a poner todo el peso de la misma en el sufragio universal. Si bien esto ha llegado a contribuir en el sentido de comprometer a la ciudadanía a ejercer su derecho de votar por sus representantes, tanto del poder ejecutivo como legislativo, a la vez ha acortado el sentido democrático a esto mismo: al simple hecho de votar cada tres años, cuando la democracia significa muchísimo más que eso.

Esto, aunado a la hegemonía que actualmente poseen los partidos políticos sobre los procesos electorales y legislativos (los cuales deberían contar con una mayor injerencia de la sociedad civil), pone en evidencia el hecho siguiente: hoy, no contamos con la democracia representativa que estipula la constitución; desde el momento en donde el pueblo mexicano, queda a merced de unos funcionarios públicos que solo ocupan de este cada cierto tiempo, para legitimarse como agrupaciones políticas (reunir el porcentaje mínimo de votos para seguir existiendo como tales), la representación queda supeditada por una evidente democracia electoral.

Dicho en otras palabras, de cumplir con lo dictado por la carta magna, referente a la representación del pueblo, se anteponen los intereses particulares de los partidos políticos, los cuales únicamente alientan a la participación de la sociedad al momento de haber procesos electorales.

Ahora bien, ¿qué puede hacerse para enfrentar tal situación? ¿Cómo se debe consolidar una auténtica democracia, en donde intervenga la mayoría, más allá del voto?

Considero que, además de luchar por eliminar los privilegios de las agrupaciones políticas, así como de los funcionarios públicos, es necesaria la creación de una democracia que supere la representación; para ello, es imperdible la conformación de una democracia de carácter participativo. Pero ¿Qué habría de entenderse por “participativa”? Pues bien, entiéndase dicho término como aquella facultad del pueblo para tener una injerencia directa, en la elección de su propio destino.

Sea en nuestro caso, con la recientemente aprobada Ley de Participación Ciudadana, se podrán varios pasos para llegar a dicha meta; con ayuda de las herramientas establecidas en este cuerpo normativo, como la revocación de mandato, el presupuesto participativo o las juntas vecinales, se contribuirá a la organización social y con ello, a la consolidación de un auténtico poder del pueblo.

Queda claro que para cumplirse la realización de este ideal, se necesitará mucho esfuerzo, y probablemente, mucho esfuerzo por parte de cada uno de nosotros. No obstante, si auténticamente queremos, de una vez por todas, construir el México que soñamos, debemos tomar las riendas por nosotros mismos, y no permitir que los grupos de siempre se apoderen de este para sus propios fines.

Es hora de crear días mejores, donde se tengan los servicios públicos necesarios, donde se tenga un gobierno que merecemos, y donde cada mexicano pueda vivir dignamente sin tener que mendigarles nada a los partidos políticos que, él mismo financia por medio de los impuestos.

Es ahora o nunca, el momento para cambiar nuestro gobierno para nuestra gente del presente, del futuro, y en conmemoración para aquellos de días pasados que precisamente entregó su vida en favor de un mañana mejor.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

La importancia del seguimiento legislativo




Hoy en día, se puede apreciar un hartazgo general hacia las instituciones debido a la corrupción, ineficiencia y falta de opacidad de las mismas; a raíz de este hartazgo, surgen grupos ciudadanos que buscan plantar cara y cambiar la situación actual en la que el país se encuentra inmerso.

Entre las consignas que son llevadas por la bandera del cambio, podemos recalcar la defensa del medio ambiente, la búsqueda de la incorporación de herramientas para la realización de una democracia participativa, y finalmente, el seguimiento legislativo.

Este último ha sido de gran relevancia últimamente en Nuevo León, estado donde se han creado organizaciones ciudadanas como Observemos al Congreso y Curul 43. Estas mismas tienen un objetivo en común: difundir lo más posible las labores realizadas por el congreso local, y de esta forma, llevar a la realidad el carácter público que deben tener las actividades llevadas a cabo por nuestros diputados.

Ahora bien, indudablemente más de uno vendría a preguntarse ¿por qué esto resulta relevante? ¿En que beneficia a la ciudadanía la existencia de tales colectivos? Para responder dichas preguntas, convendría explicar primero lo que significa vivir en una democracia representativa; a pesar del evidente hartazgo social, parte de la población aún no aprecia lo que significa vivir en una democracia del carácter antes mencionado, y no en la que las mismas autoridades nos han hecho pensar: en una democracia electoral.




La primera implica un compromiso continuo en llevar el poder del pueblo y las decisiones que estos deliberen, desde el voto hasta el último día de funciones del servidor público electo por medio del sufragio, mientras que la segunda nos remite únicamente a llamar democracia, el hecho de votar cada 3 años por un político que ejecutara su voluntad sin tomar como determinante la voz de la sociedad.

De esta forma, la democracia representativa que designa nuestra constitución como la forma de gobierno, comprende algo más que depositar una papeleta en una urna, para elegir quien hará su voluntad por tres o seis años. La democracia representativa se entiende como el hecho de trascender el ejercicio democrático diariamente, y esto significa una subordinación de los servidores públicos electos a la voluntad de la mayoría, así como una obligación de estos mismos por hacer públicas sus actividades y dar a conocer toda información concerniente al quehacer parlamentario mediante la mayor transparencia y accesibilidad posible.

Desafortunadamente, a consecuencia de la desinformación sobre la naturaleza de dicho modelo democrático, no existe el ejercicio adecuado por parte de la ciudadanía por dar a conocer a su representante legislativo la voluntad dela mayoría de su sector, y mucho menos existe un deber de gran parte de los funcionarios públicos en lo referente a invitar a la sociedad civil al hecho de apreciar las actividades diarias, así como difundir de manera sencilla lo realizado.

Debido a esto, organizaciones como las antes mencionadas (Curul 43 y Observemos al Congreso) son un puente que nos hará ver hacia que donde debemos concentrar nuestras fuerzas por cambiar al país, lo cual puede ser logrado, mediante un riguroso ejercicio de seguimiento de los servidores públicos y sus actividades.

Hoy, más que nunca, debemos defender, no solo que el poder dimane del pueblo, sino que este mismo permanezca en el pueblo, y no nos sea robado por parte de los políticos corruptos.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”