Gobierno de Trump indagará nexos Clinton-Rusia

Monterrey(24 de julio 2017).- Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cuestiono a los comités del Congreso y al Fiscal General, Jeff Sessions, el porque no investigan loa lazos que aseguran que hay entre Hillary Clinton y El Gobierno de Rusia.

Tras publicar en su cuenta de Twitter que se defenderá de la investigación que están haciendo varios comités del congreso, esto para averiguar si la campaña del multimillonario en alianza con el Gobierno de Rusia influyeron en el resultado de os comicios y dañar a Hillary Clinton.

Trump aprovechó también para arremeter en contra de Jeff Sessions, ya que en la semana pasada lo criticó durante una entrevista para The New York Times por su decisión de deslindarse de las investigaciones en el Departamento de Justicia con la trama rusa.

“¿Por que los comités y los investigadores, y por supuesto nuestro acosado Fiscal General, no están investigando los deshonestos crímenes de Hillary y sus relaciones con Rusia?”, publicó Trump en su cuenta de twitter.

Trump considera que la investigación Rusa es solo una excusa de los demócratas para justificar su inesperada derrota en las elecciones de noviembre, cuando los republicanos se hicieron con la Casa Blanca, consiguiendo así mantenerse con el Control del Congreso.

 

 

Trump y Putin tuvieron una segunda reunión en el G-20 que no fue informada.

Después de un reunión de dos horas y media en la cumbre del G-20 a principios de Julio con su homologo ruso Vladimir Putin, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tuvo una conversación informal con éste durante una hora el mismo día.

La segunda cita surgió de forma aparentemente casual. Durante el convite nocturno, Trump tenía como compañeros de mesa al primer ministro japonés, Shinzo Abe, y a la esposa del presidente argentino. Transcurrida una hora, les dejó y, según The Washington Post,  se fue a sentar junto a Putin. Entre ambos sólo permaneció el intérprete del líder ruso.

De acuerdo con su versión, Trump dejo su asiento al otro lado de la mesa para ocupar una silla junto a Putin. Este encuentro subraya el modo en que Trump estuvo ansioso durante toda la cumbre ansioso por forjar una amistad con Putin.

Al momento la única versión de la reunión en los dos mandatarios es la proporcionada por el funcionario estadounidense, inclusive  los periodistas que acompañaron a la comitiva de la Casa Blanca no fueron informados.

Esta segunda reunión fue confirmada por un alto funcionario de la Administración de Trump, fue repostada por primera vez por Ian Bremmer, presidente del Grupo Euroasia con sede en Nueva York, en una entrevista por televisión.

Bremmer aseguró que la reunión duro cerca de una hora.

Las críticas ante esta opacidad no se han hecho esperar. Para muchos, confirma que entre Trump y Putin se ha establecido un nexo excepcional que el presidente quiere conservar a toda costa. En las últimas semanas, ha mantenido la misma actitud pese a que ha trascendido que su propio hijo mayor se reunió en plena campaña con supuestos emisarios del Kremlin para recibir información tóxica contra Clinton. Ahora, el descubrimiento de esta segunda reunión ahonda las sospechas.

#MartesDeGrilla: La Post-Verdad. Época electoral.

Los políticos salen a prometer todo con tal de asegurar el tan ansiado voto del ciudadano. Nos prometen la luna y las estrellas para endulzarnos el oído, aunque parte de nosotros ya no crea en sus promesas. Hemos pasado de ser una sociedad que se creía las mentiras de los políticos, a una que les permite mentir aun sabiendo que lo que nos dicen no es verdad.

El economista lo llamó como la “post-verdad”, es decir, que hacen afirmaciones que tienen forma y se sienten como verdad, pero no tienen fondo. En los años recientes dicha “post-verdad” ha sido utilizada cada vez con mayor frecuencia.

Los impulsores del Brexit llamaban a salir del tratado porque existía una amenaza “real” de invasión turca en la Unión Europea (tras la inminente entrada de Turquía). Mentían también con la supuesta cifra que le costaba al Reino Unido permanecer en la UE de casi 500 millones de euros a la semana (Afirmación que ellos mismos después desmintieron).

Donald Trump ha sido otro de los que utilizó la “post-verdad” a su favor. En su campaña afirmaba que Obama no era estadounidense y que también era el creador del Estado Islámico. Decía que Hillary es la mujer más corrupta del mundo, y además una asesina, a quien perseguiría y arrestaría una vez entrando en el poder. También decía que acabaría con ISIS en quince minutos y mentía al decir que construiría un muro completamente financiado por México.

Y aquí no nos quedamos tan atrás. Andrés Manuel promete acabar con la corrupción en el primer segundo en que tome protesta como presidente constitucional, y lo hará fácilmente porque únicamente basta con su ejemplo para que ya no haya más corrupción en el país. También dice que cree en las instituciones, pero no en las existentes. Ah, y admite que aceptara el resultado de la elección presidencial, sea cual sea. Vaya usted a creerle.

La “post-verdad” es esa donde la gente escucha y asimila, pero no cree. Esa donde existe una oculta permisividad que aprueba, pero no concede. Una aceptación sumisa de que todo es parte del espectáculo de las campañas políticas.

Así las cosas. Si no nos vemos, pues nos escribimos.

Dimes y Diretes: “Pugnas en el PAN”

Las pugnas dentro de los partidos políticos no son nuevas. Todos los partidos tienen grupos internos que se pelean por los huesos, digo puestos. Pero es raro ver que un partido saque a la luz estos problemas y desacuerdos internos.




Este fue el caso el día de ayer con el Partido Acción Nacional (PAN). El ex presidente Felipe Calderón, tal vez después de echarse unos buenos tragos, se puso a darle retweet a mensajes en contra de Ricardo Anaya, actual dirigente nacional del partido albiazul.

Desde hace varios meses se viene hablando sobre esta pugna interna en el partido. Margarita Zavala ve a Anaya como una seria amenaza para sus aspiraciones presidenciales en el 2018. Además, la historia que salió la semana pasada de un supuesto pacto entre Enrique “Henry Monster” Peña Nieto y Ricardo Anaya, pone en una posición débil a la ex primera dama.

Por otro lado, la derrota de Hillary Clinton en las elecciones de Estados Unidos, fue un golpe duro para la pre, pre, pre, campaña de Zavala, algo que ha tenido en jaque al equipo de Margarita, pues ven que se les están yendo las posibilidades de ser candidata o ganar en el 2018.




Los ataques del ex presidente Calderón, fueron por donde le han tratado de llegar desde hace meses a Anaya, su “promoción personal”. En uno, Calderón llama indirectamente a que los panistas renueven su registro con el fin de evitar que Anaya siga manipulando al partido para beneficio personal.

En otro, Calderón cuestiona, igual indirectamente, que Anaya siga haciéndose promoción personal en los spots del PAN.

Que esta pugna interna salga a la luz debe de preocupar a los panistas rumbo al 2018. Mostrar desunión e incluso desunir al partido internamente nunca les ha beneficiado, no olvidemos que fue así como perdieron la elección en Nuevo León.

Desde mi punto de vista la mejor opción del PAN es irse por Anaya, Margarita tiene muchos puntos débiles donde sus adversarios le estarán pegando. Una de las más contundentes es la guerra contra el narcotráfico de su esposo, y la otra su falta de experiencia en como administradora pública.

Panistas, pongan su casa en orden, sino en el 2018 se los cargará AMLO.

¡Ahí Se Leen!

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El Talón de Aquiles: EL RETROCESO DEL PROGRESO

El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 3 de octubre, 50.21% de los votantes en un referéndum, seis millones y medio de colombianos, se opusieron a un acuerdo de paz. El 8 de noviembre, Hillary Clinton obtuvo más de dos millones y medio de sufragios que Donald Trump (voto popular), quien sin embargo ganó los votos electorales.

Presentar un texto argumentando que en este 2016 triunfaron el temor y la ignorancia es insuficiente, pues opinólogos y futurólogos ya se me adelantaron. Procedo entonces a desarrollar dos factores que dan profundidad a esa tesis: la incapacidad ciudadana a alimentar un régimen que requiere de participación de calidad, y una desconexión indulgente de las fuerzas políticas que deberían defender las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del Siglo XX, explican por qué estamos como estamos.

La democracia representativa: víctima del capitalismo (casi) salvaje

Soy el producto de un mundo socialdemócrata que la revolución neoconservadora de los años 1980 destruyó. Se me enseñó que cada derecho conlleva una responsabilidad, que es adeudo del ciudadano informarse y contribuir al debate, y que el interés colectivo pasa por encima del individual. No me considero “socialista”, mucho menos “comunista”, pero sin duda soy “izquierdista”.

 




Se me convenció que el principal rol del Estado es la moderación política: al redistribuir la riqueza y fortalecer la clase media, el Estado evita las derivas extremistas tanto de izquierda (revolución bolchevique) como de derecha (nazismo), que se alimentan de pobreza e ignorancia. La democracia solo funciona en donde la clase media, urbana, y educada, es fuerte. La educación es antídoto a la manipulación y demagogia.

Una de las primeras víctimas del neoliberalismo fue la educación. La obsesión por controlar el déficit fiscal y la nefasta idea que el sector privado siempre es mejor que el público, evaporaron presupuestos, debilitaron servicios, y alentaron privatizaciones.

La educación privada nunca ha sido reconocida por inculcar valores de solidaridad social; y la pública, aunque quisiera, no tuvo condiciones. Se crearon así brechas entre los que pudieron pagar una educación de calidad, y los que no.

Los resultados están a la vista: a los ciudadanos de hoy no les interesa lo público, ya sea porque no le dan importancia (creen que no la tiene), o debido al exceso de trabajo – la pauperización del mercado laboral también es una realidad – que no permite una participación política activa de calidad.

A este escenario agréguesele la explosión en importancia de internet, de las redes sociales, y la consolidación de una cultura en donde el límite entre espectáculo y realidad se borraron. Hoy, no se sabe qué información es real e irreal. Los “trolls” desinforman, distorsionan, y divulgan falsedades adrede a quienes no saben, y no quieren aprender a distinguir, como decía la canción, “entre besos y raíces”. Hoy, la política es espectáculo, el ciudadano espectador, y el votante consumidor.

Las marchas de salvación de la patria y de dignidad nacional organizadas por el uribismo contra un acuerdo de paz en Colombia, son ejemplo de ello. De nada sirvió defender uno de los acuerdos de paz más ambiciosos y sofisticados que se hayan firmado, que contaba con el apoyo unánime de la comunidad internacional.

Pudo más la desinformación. También eso explica el éxito de las campañas de los líderes aislacionistas del Reino Unido y de Trump, cuya sorpresa ante sus propias victorias apenas superó las evidentes muestras de la falta de preparación para las mismas. La cohesión social del consenso keynesianismo fue rota hace tiempo. Hoy, las consecuencias son evidentes.

Brechas y condescendencias

Claro, el neoliberalismo no es culpable de todo. La izquierda también lo es. Primero, dejamos de ser izquierda. Nos derechizamos. Nuestro supuesto proyecto inclusivo no lo fue tanto: siempre excluimos a religiosos y otros grupos que no dudamos en llamar “fundamentalistas”.

Si el Partido Demócrata hubiera defendido al proletariado blanco rural arruinado por la deslocalización empresarial fruto de la globalización, hubiera probablemente mantenido su apoyo. Pero la izquierda de Clinton, antiaborto y pro-gay (alienándose así el voto religioso y conservador) se convirtió además en la primera línea de defensa del libre comercio, con lo cual perdió el voto de los trabajadores. Segundo, existe en la izquierda una tendencia a la condescendencia.

Muchos nos vemos como una especie de vanguardia liberadora cuya misión es guiar a los alienados hacia el “progreso”. La educación, ese instrumento que extirpó nuestra ignorancia, nos da esa responsabilidad social, que constituye nuestra mejor muestra de consciencia y solidaridad.

Ser de izquierda es un privilegio de burgueses, y muchos de los votos “racistas, xenofóbicos, y sexistas” que vimos en 2016 son reacción a ese complejo de superioridad. ¿Cómo apoyar el aislacionismo en un mundo globalizado? ¿Cómo no entender que la paz es mejor que la guerra? Al ser parte de la “izquierda caviar”, nos hemos desconectado de las inquietudes del ciudadano común. Nos cuesta imaginar que haya gente que no piense como nosotros.

Los triunfos populistas de 2016 no nos gustan porque no se amoldan a la idea de progreso que nosotros, izquierdistas, hemos construido. Es casi patético constatar los fallidos esfuerzos del Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para explicar, con complejos tecnicismos, sin duda correctos pero también aburridos, el acuerdo de paz, mientras Uribe ejecutaba una retórica simple, sin duda simplista aunque apasionada, que tergiversó lo acordado y le dio la victoria.

Y cuando el elector nos dijo que éramos nosotros los que no habíamos entendido su grado de frustración, los frustrados fuimos nosotros ante mayorías que se atrevieron a no compartir nuestra opinión portadora de valores progresistas dignas del siglo XXI.

Los resultados en el Reino Unido, en Colombia, y en Estados Unidos no son antidemocráticos porque son el fruto de lógicas democráticas, pero ponen en entredicho la construcción del ideal democrático de centro-izquierda, basado en el respeto, la tolerancia, y el reconocimiento de la diversidad, y en la defensa de minorías.

 




Las mujeres, que rara vez han sido minoría, también cuentan en esa visión, que ahora vemos en peligro en un mundo en donde las mayorías progresistas brillan por su inexistencia. En Estados Unidos, un tercio de los ciudadanos es incapaz de nombrar uno de los tres poderes de gobierno.

¿Cómo darle poder a tantos ignorantes? Filósofos como Platón y John Stuart Mill ya han propuesto ideas para limitar los efectos políticos perniciosos de la inopia popular. Es aquí, precisamente aquí, en donde se abre la puerta al autoritarismo de izquierda, tan peligroso como el de derecha.

Conclusión: tengo miedo

Queda todavía mucho por analizar. Se debe aceptar que esta racha victoriosa populista de derecha no se alimenta solo del temor e ignorancia: una buena proporción de la clase media, individuos con ingresos anuales de USD 100,000 o más, votaron por Trump, así como lo hicieron 42% de las mujeres y 29% de los latinos (más de los que votaron por Romney). Además, 43% de sus votantes tienen título universitario.

El retroceso del progreso ha causado una profunda división social: los treinta millones de personas votaron en el Brexit (la tasa de participación casi alcanza 72%), dividieron al Reino Unido entre Inglaterra y Gales (favorables a salir de la Unión Europea) y Escocia e Irlanda del norte (a favor de la permanencia).

Colombia, como Estados Unidos, es un país dividido, como lo muestra el proceso que actualmente se desarrolla para aprobar una nueva versión del acuerdo de paz (que sigue generando oposición). Tercero, las mayorías silenciosas pesan fuerte. El abstencionismo debe ser estudiado con mayor detalle.

 




En 2016, los intolerantes afirmaron su voz, por tanto tiempo irrespetada y ridiculizada. Basta de hablar de integración, de paz, de cambio climático, de musulmanes, y de comunidades sexualmente diversas: es hora de ocuparse de la gente “normal” con problemas reales. A partir de 2016, el fenómeno es mundial.

En Francia, los analistas monitorean con atención el apoyo a Marine Le Pen y al Frente Nacional. En Costa Rica, gárrulos oportunistas como Otto Guevara se atreven a reivindicar el discurso incendiario de Trump. Ya se propuso estudiar la abolición del beneficio de la nacionalidad costarricense a los hijos de nicaragüenses nacidos en Costa Rica. Veamos si se le ocurre construir un muro entre Costa Rica y Nicaragua.

El retroceso del progreso se alimentó por una derecha neoliberal que cercenó el consenso keynesiano, pero también por una “izquierda champagne” que en un inicio se quiso oponer, pero que terminó pactando con el capitalismo de la post-Guerra fría.

Ayer fueron los que vemos como “fundamentalistas reaccionarios” los que temieron la llegada a la Casa Blanca, de lo que vieron como un presidente negro, musulmán, que ni siquiera había nacido en Estados Unidos. Hoy, somos nosotros, izquierda y centro-izquierda, los que tememos la llegada a esa misma Casa Blanca de lo que vemos como un populista ignorante, irresponsable, e imprevisible. ¿Ignorancia versus prepotencia?

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), diciembre de 2016

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Falsedad Rumbo al 2018

En los días posteriores a las elecciones en los Estados Unidos y la sorprendente victoria de Donald J. Trump. Los estadounidenses comenzaron a apuntar dedos de quien había sido el culpable de la llegada de un personaje misógino, racista y xenófobo a la Casa Blanca.

En el campo de la candidata demócrata, Hillary Clinton, se le echo la culpa a la FBI, misma que dos semanas antes reabrió las investigaciones en el caso de los correos electrónicos perdidos.

 




Los ciudadanos estadounidenses optaron por otra ruta, culpar a Google y Facebook por permitir la difusión de noticias falsas en sus redes. La respuesta de los dos gigantes del internet, fue que ahora en adelante van a combatir las páginas que sean descubiertas difundiendo información falsa en sus redes, sin especificar como lo harían.

Aunque consideró que hubo otros factores que llevaron a la sorpresiva derrota de Clinton, el tema de la difusión de noticias falsas en las redes sociales y su influencia en el resultado de la elección es algo que llama mi atención.

De hecho, el tema de desinformación en redes sociales y la velocidad con la que se difunde, lleva meses en mi radar. Esto debido a lo que veo día con día en grupos de Facebook y hasta páginas que hacen llamarse “serias”.

Lo sorprendente del caso, es que las notas falsas se mueven con regularidad en grupos que son a fines de MORENA. Los titulares son amarillistas: “Hijo de Peña Nieto sale del closet”, “Video inédito de la Gaviota teniendo relaciones”, “Expulsan a niña que corrijo a Nuño”, y “Asesinan a joven que interrumpió a Mancera”. Una vez que uno entra a la página, se pide que le des “Me Gusta” a la fanpage en Facebook para poder ver el artículo.

El problema es que, como los titulares son llamativos, la gente comparte sin verificar la fuente, sin saber qué es lo que dice el artículo y claro sin verificar si la información ha sido replicada por algún medio serio. Todo esto, lleva a que la desinformación siga fluyendo por las redes sociales y la nota falsa, por alguna razón se vuelve verdadera, algo que nos debe de preocupar.

Así como esta información falsa influyó en los comicios electorales de Estados Unidos, es muy probable que México se enfrente al mismo problema. Increíblemente los seguidores del partido que se queja de los bots, la desinformación de los medios y lo tendenciosos que son estos, comenten los mismos errores.

Según información que ha llegado a este medio, MORENA opera alrededor de 51 páginas en Facebook que se encargan de difundir información falsa a más de 6 millones de personas.

También cuentan con 10 mil bots en Facebook que tienen el mismo objetivo, difundir notas falsas de “medios” como: Nacion 21, Bomba 24, Efecto 24, Noti 21, Cuando 24, entre muchas otras más. Otro objetivo que tienen estos 10 mil bots, es estar reventando conversaciones en la sección de comentarios y defender a capa y espada a Andrés Manuel López Obrador.

 




López Obrador, niega que él tenga un parecido a Donald Trump, ha dicho que quienes lo comparan con el Presidente electo de Estados Unidos están manejados por Carlos Salinas de Gortari, su obsesión.

Lo irónico es que probablemente el candidato al 2018 llegue a la Presidencia utilizando las mismas herramientas, que el candidato republicano, uso para llegar la Casa Blanca en el 2017. Es justo y necesario que Google, Facebook y Twitter actúen contra sitios que tienen el objetivo de desinformar y manipular la opinión pública con falsedades.

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Hillary no perdió por mujer

El pasado 8 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Contra todo pronóstico, Donald Trump consiguió la victoria al asegurar los 270 votos electorales.

Pero muchos todavía no entendemos qué fue lo que pasó. Cómo es que Hillary Clinton —claramente superior en elocuencia y propuestas durante la contienda— fue opacada por un hombre que ofendió a diestra y siniestra para llegar a la cima.

Clinton contaba con un apoyo sin precedentes por parte de los medios de comunicación; publicaciones como The New York Times y The Washington Post se declararon abiertamente a su favor, así como un sinnúmero de celebridades. Aún más relevante fue el contar con el respaldo de su ex adversario, Bernie Sanders, y de varios políticos republicanos que le dieron la espalda a Trump. Con todo esto de su lado, volvemos a la misma pregunta: ¿qué ¡”#$% pasó?

 




Uno de los argumentos es que Estados Unidos no está listo para tener a una mujer como presidenta (aunque recordemos que Hillary sí ganó el voto popular). Siguiendo esta lógica, al haber una elección entre un hombre y una mujer, el electorado se inclinará por el hombre, aunque la mujer tenga años de experiencia, y el hombre sea un novato, demagogo, misógino y racista. Este argumento resuena con muchas mujeres que, independientemente de sus profesiones, han visto ascender a puestos más altos a hombres con menos preparación.

Aunque seguramente el que Hillary sea mujer fue un factor determinante para muchos de los votantes, no podemos ignorar otro elemento importantísimo que entró en juego: el ser un político de siempre.

 




Gran parte del descontento tuvo que ver con la forma en que se financiaron las campañas. Hillary fue criticada por recibir dinero de las grandes corporaciones y bancos —una práctica bastante común, pero que pone en riesgo la imparcialidad de futuras decisiones—, mientras que Sanders demostró que esto era innecesario, llegando hasta donde lo hizo a través de donaciones ciudadanas. Independientemente de sus ideas, Trump financió su propia campaña presidencial.

Sanders lo expresó de manera muy asertiva en una de sus publicaciones de Facebook, diciendo que Trump aprovechó la ira de una clase media fastidiada por la economía, la política y los medios del sistema. Ese hartazgo generalizado fue muy claro cuando los partidarios de Sanders se rehusaron a apoyar la campaña de Clinton, y optaron por abstenerse o apoyar a Gary Johnson o Jill Stein.

Lo que pasó fue una verdadera tragedia: ganó la estridencia, el espectáculo, el insulto, la víscera… Pero el error no es de quienes se abstuvieron, o votaron por un tercer partido: el error es del partido demócrata —no por haberle apostado a una mujer como candidata— sino por haberle apostado a una política de siempre. El fraccionamiento del voto ha dejado muy claro que sus métodos deben cambiar. Por ahora queda trabajar para salvaguardar los avances de los últimos 8 años, y pensar mejor su estrategia hacia el 2020.

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Los Siete Pecados Capitales: Hillary Rodham Clinton

Me encantaría afirmar que la especie humana sobrevivió. Pero tal vez estemos al borde del abismo. En realidad, no lo sabemos. Hillary Rodham Clinton no ha alcanzado la cifra mágica de 270 votos electorales necesarios para ganar. Este es el final de una de las más largas, virulentas, mezquinas, y desagradables campañas electorales en la historia contemporánea de ese país. Para el observador extranjero, el resultado es confuso e incomprensible. Para iniciar con los análisis, propongo por el momento identificar los siete pecados capitales de Clinton durante la campaña electoral.

1.Una tecnócrata mentirosa. Clinton es una persona lejana, fría, que no es percibida como alguien natural, afable. Las caricaturas la retratan con una sonrisa de Guasón, incapaz de apartarse de su script y de improvisar. Además, se le reclama que solo dice lo que la audiencia quiere oír. Resulta ahora, por ejemplo, que Clinton no estaba a favor del libre comercio, cuando todos saben que, durante años, los Clinton favorecieron la apertura económica. Hubiera sido mejor explicar cómo el libre comercio “ayuda” a mejorar la calidad y cantidad de los trabajos, y definir las políticas correctivas a aplicar para anular los efectos negativos del liberalismo económico. A inicios de octubre, 54% de los electores tenían una mala imagen de ella, apenas cuatro puntos por debajo del 58% que rechazaba a Trump. Observadores internacionales vimos en esta elección un voto entre el bien y el mal, entre el sol y la luna, entre el infierno y el paraíso. Nos equivocamos. A juzgar por los resultados electorales, muchos de los votantes vieron una elección entre un cuarto creciente y un cuarto menguante. Y aquí, un análisis de la cobertura mediática es fundamental, pues en general Clinton siempre había disfrutado de márgenes de simpatía más altos.

2.“Crooked” Hillary. Durante su tiempo como Secretaria de Estado, Clinton utilizó un servidor privado de email para comunicaciones oficiales, lo que impidió a la administración estadounidense cumplir con el imperativo legal de constituir un archivo oficial integral. En otras circunstancias, este habría un inexcusable y penoso caso de negligencia, pues esta práctica, sin duda poco transparente, no es inhabitual en Washington. Recordemos que de 2003 a 2008, la Administración Bush usó un servidor privado, administrado por el Comité Nacional Republicano. Cuando se le pidió devolver los emails, Clinton solicitó a sus abogados revisar cada uno de ellos y entregar solo los ligados al Departamento de Estado. Los otros fueron borrados. Tampoco hay aquí una actitud inédita: la administración Bush “habría perdido” 22 millones de emails, sobre todo de la oficina del vicepresidente Cheney, que cubriría temas tan sensibles como la decisión de invadir Irak. Pero, con la imagen de deshonestidad de Clinton, y en plena campaña electoral, estas acciones dieron la impresión de una voluntad de ocultar, y ampliaron dudas que nunca podrían ser aclaradas, precisamente porque la más interesada, Hillary, ordenó borrar las pruebas. ¿Será que tenía ella más que perder que ganar siendo transparente? ¿Por qué, ante el reciente anuncio del FBI de reabrir el caso, no hizo una conferencia de prensa para abordar el tema? ¿Por qué no entregó la computadora original al FBI para determinar si había sido pirateada?

3.La cuestión económica. Las estadísticas muestran crecimiento económico y descenso del desempleo, pero el estadounidense promedio no siente esas mejoras. Además, los empleos existentes son de menor calidad. Indicar que el declive del sector industrial estadounidense es culpa de China y de los Tratados de Libre Comercio es simplista y muestra el populismo de Trump, pero es eficaz en términos electorales. El ser humano es de memoria corta. Al estadounidense se le olvidó que la última administración republicana dejó el país con la peor crisis desde la Gran Depresión de los años 1930. Y aunque las estadísticas muestran que bajo las riendas demócratas la economía se comporta mejor, el electorado estadounidense percibe que los republicanos ofrecen un mejor manejo a este nivel. El carisma de Trump en lo económico es notorio: su imagen de empresario exitoso (aunque su historial muestre lo contrario), y su promesa de liderazgo fuerte para implementar decisiones “simples”, redituó. Clinton habría tal vez podido hacer un mejor trabajo para recordar el largo pero exitoso camino de la recuperación económica durante la Administración Obama.

4.Una campaña negativa. Dos elementos de análisis son importantes aquí. Primero, mientras que Obama fue el candidato del cambio esperanzador, Clinton se dedicó a caricaturizar a Trump como alguien sin el temperamento, la experiencia, y la capacidad de liderazgo. Claro, la campaña de Trump, centrada en la identidad (prohibición de entrada de musulmanes, construcción de un muro con México) no dejó margen de maniobra. El mensaje de Trump fue eficaz con votantes. Además, la postura multicultural de Hillary evidenció lo que muchos ven como una “débil” política exterior y migratoria de Obama. El esfuerzo demócrata tuvo entonces que dirigirse a atacar no el mensaje, sino el mensajero. Segundo, la elección de Obama, en un país tan injusto con los afro-descendientes, revigoró el movimiento “nativista”, basado en ese Tea Party que tanto detesta a Obama (71% de sus miembros creen que está destruyendo el país). Hasta hace poco, el estadounidense se definía no en términos religiosos, étnicos, o de lenguaje, sino de libertad. Esto cambió. Trump, que ganó puntos ante este segmento de la población cuando solicitó a Obama probar su nacionalidad, alimentó una teoría de la conspiración que incluye a las grandes corporaciones, los medios de comunicación, los Obama, y por supuesto, los Clinton. Solo 61% de los votantes de Trump cree que Obama nació en EE.UU., y 54% cree que es musulmán (es cristiano, aunque eso no debería importar). David Duke (Ku Klux Klan) ha afirmado que no votar por Trump era una traición a la patria. Tal vez es injusto achacarle a Clinton culpa en esta campaña negativa, pero sin duda, su fracaso electoral es un voto de censura a Obama (que paradójicamente obtiene buenos niveles de aprobación al final de su administración).

5.Una candidata del Establishment. Clinton fue de izquierda para seducir a los votantes de Sanders, de centro cuando habló de economía, y de derecha para atraer a Wall Street. Se sabe desde los años 1990 que los Clinton representan el ala derecha de su partido, lo cual ya de por sí no agrada a los más progresistas. Pero el inesperado endoso a Hillary de medios de comunicación de derecha como The Dallas Morining News y The Arizona Republic, así como de una interminable lista de líderes republicanos, la convirtieron en la candidata del “establecimiento”, lo cual ayudó a Trump a presentase, precisamente, como el outsider que lucha contra esa clase política inoperante y corrupta. A la postre, esto le dio la victoria a Trump, pues le permitió encarnarse como el líder de la revuelta contra los políticos tradicionales. Presentarse como la candidata de experiencia, como la luchadora incansable, alguien respetado por la clase política, habría sido eficaz, si no fuera porque el votante está harto. Clinton era el pararrayos natural de esta frustración – desde que fue Senadora se transformó en insider (de hecho, Obama usó esa carta en la precampaña de 2008), pero en esta ocasión injustificadamente se convirtió en el chivo expiatorio del político que hizo explotar la deuda, que bloqueó el congreso, que hizo polémica estéril, y que ha convertido a Washington en una burbuja desconectada. Trump ganó contra los demócratas, los medios de comunicación (que esquizofrénicamente apoyaron a Clinton, pero que la acosaron con los emails), e incluso contra los republicanos.

6.Ser Mujer. La sociedad valora poco a las mujeres duras y emprendedoras. Se ha subrayado el doble estándar por el que se juzga a Clinton, más severo que el aplicable a los varones. El hombre que muestra su natural ambición es auténtico. Una mujer ambiciosa es extraña, y si lo muestra, puede dar la sensación que no es sincera. Hillary rechazó durante años usar maquillaje, y tampoco adoptó el apellido de su marido. Se indica que este “feminismo exacerbado” le costó en 1980 a Bill Clinton su reelección como Gobernador de Arkansas. Y algunos sitúan en este periodo el origen de la estrategia de Hillary para sobresalir en política: cada vez que es señalada, cambia el atuendo y su maquillaje para ofrecer al electorado una nueva versión de “Hillary”, menos amenazante, y la cual diga lo menos posible sobre su verdadera persona. Tal vez es cierto que Hillary tenía mucho que esconder, por ejemplo, la seguridad y capacidad de liderazgo de una mujer que lleva décadas incomodando a más de uno. De marzo de 2015 a septiembre de 2016 circularon en los EE.UU. 560,397 artículos sobre los emails de Clinton; no se investigó los de Bush. Clinton no habría sido la primera presidenta con problemas de salud – John F. Kennedy es conocido por sus múltiples condiciones – pero una neumonía mal cuidada alimentó los medios de comunicación durante días. Yo estaría harto que me pregunten sobre el color de los que zapatos voy a usar en mi debate, el estilo de mis pantalones, o sobre la última vez que cambié mi peinado.

7.Ser Hillary Clinton. Los Clinton irrumpieron en 1992 el paisaje político con un mensaje fresco, poniendo un fin abrupto a la sacrosanta revolución neoconservadora de Ronald Reagan, y rompiendo el mito de la invencibilidad republicana. En ese entonces, Hillary ya era “Hillary”, es decir, era claro que la primera dama no permanecería en casa horneando galletas y organizando recepciones. Es en esta época en donde sus protectores comenzaron a sobreprotegerla y sus enemigos a sobre-atacarla. Clinton puede parecer hoy una política conservadora, pero en su juventud fue revolucionaria. El absolutismo ideológico republicano, el odio a los Clinton, y la inseguridad masculina, son elementos de análisis importantes. El machismo y la misoginia no deben ser subestimados en esta elección. Los republicanos nunca perdonaron a los Clinton por esa usurpación del poder en 1992, como lo demuestran los casi obsesivos intentos de destitución de 1998 (escándalo de Lewinsky) y la forma como Al Gore, heredero del clintonismo, perdió en 2000. A decir verdad, no tenía por qué ser diferente en esta ocasión.

Es triste constatar cómo el votante estadounidense, ante su hartazgo, toleró el racismo, la irresponsabilidad y ligereza, y una incoherente política económica reaccionaria. Ni siquiera el carácter impredecible de Trump fue importante. Pero hay una constante que debe ser subrayada aquí: así como Obama ganó su primera elección criticando a Washington y ofreciendo la renovación política, hoy es claro que el hartazgo ciudadano con los políticos tradicionales ha llegado a tal punto, que cualquiera, incluyendo Trump, puede ser electo. Como cualquier país, se demuestra que los EE.UU. son vulnerables a los populismos insensatos. Hoy queda claro que no se trata de un país excepcional.

Fernando A. Chinchilla
Ciudad de México, noviembre de 2016

Washington y la hipocresía

Ayer, aconteció la elección más importante del mundo. El resultado todos ya lo conocemos y más allá de quien ganó, lo importante es ver la enorme hipocresía de la sociedad mexicana y su clase política.

La hipocresía radica en la manera en que se ha abordado el tema. La clase política y la prensa encontraron en Donald Trump al enemigo perfecto. Clinton de ser cuestionada por todos lados, pasó a ser una heroína y pro-mexicana que hasta Vicente Fernandez salió a apoyarla en una acción sin precedentes.

Recuerdo ver al hombre gris de Moreno Valle hablando de lo orgulloso que él está de los migrantes poblanos que en Nueva Jersey constituyen un grupo importante. Es triste ver como se asume el tema porque el problema migratorio es algo que no se puede ver de una manera defensiva y reaccionaria.

En otras palabras, el tema migratorio es un problema tan nuestro que no hemos podido resolver. Culpar a Trump y ponerlo como villano es una salida fácil cuando nuestros políticos y gobiernos tienen décadas favoreciendo la improductividad y no haciendo nada por esos mexicanos que se van.

 




La sociedad civil justifica y aplaude a los mojados como héroes, cuando son víctimas de un país fallido. Cuando veo a Moreno Valle aplaudirle a los poblanos que se fueron me da a entender que no va a hacer nada para que regresen y encuentren empleo en su tierra natal.

Ni Clinton ni Trump van a salvar a México y una Reforma Migratoria sería un gran resultado, pero no una solución. Mientras México siga siendo una avenida ancha donde cualquier entra, cruza y hace lo que quiere no vamos a tener una buena reputación ante el gobierno de Washington.

La retórica de Trump será racista y tendrá muchísimos defectos pero escuchar senadores y diputados rasgándose las vestiduras cuando el desaguisado y el desmadre que tenemos es en gran parte culpa de ellos mismos.

Es inmoral justificar y apoyar la inmigración ilegal y eso es lo que nuestros políticos publicitan. Todo mojado se va por una necesidad terrible, lo que se fueron por gusto son otros. Se dice que Trump regresaría a todos los ilegales… pero la pregunta es ¿por qué se fueron? La respuesta está en nuestras instituciones mediocres, 0 seguridad económica, personal, social, política y jurídica.

 




No podemos esperar que todo se resuelva en Washington… pero nuestra sociedad se va a la fácil y es mejor reventar a Trump o Clinton… En Los Pinos está la figura de la decadencia nacional. Más presión al gobierno y menos prensa a Trump, así veremos quien le hace más daño a los mexicanos…

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

LOS JUEGOS DEL HAMBRE EN ESTADOS UNIDOS

Hoy se define una de las contiendas más feroces y frontales en las elecciones de Estados Unidos, quizá también la que más pareja se ha mantenido en la percepción del voto. ¿La razón? Ninguno ha logrado construir un proyecto que satisfaga las exigencias de los poco más de 58 millones de indecisos.

Como analista, me resulta necesario realizar un estudio objetivo sobre el posible resultado que se concrete al final del día, pero como nunca antes, me es imposible nombrar a un ganador ante el punto porcentual que ubica- sin gran claridad- a Donald Trump en la delantera. Les comparto los 3 “distritos” que deberán conquistar para ganar la elección:

1. Las minorías

Las minorías han definido el rumbo de los debates y spots en los que han participado ambos candidatos. Por un lado, Trump decidió iniciar su discurso rumbo a la presidencia atacando a la minoría con mayor representación en Estados Unidos: los latinos.

Por el otro, Hillary ha navegado entre mesura y apoyo intenso al mismo sector de la población. Lo interesante es que California (55), Texas (38), Florida (29) y Nueva York (29) son los Estados con mayor presencia de minorías dando un total de 151 electores y a su vez los que más aportan a la contienda, de ahí que la relevancia de éste sector sea por demás trascendental. Además, Illinois, el Estado con gran presencia de latinos, aporta otros 20 electores.

2.Los indecisos

El poco más de 18% de indecisos en Estados Unidos, con una representación poblacional de más de 58 millones de estadounidenses, juega un rol clave en la carga de la balanza. Para ello tengo dos vertientes que conforman este sector de electores:

 




A) Los indecisos tenderían a inclinarse por las ideas nacionalistas de Trump, pero no estarían dispuestos a expresarlas antes de la votación, razón por la que éste porcentaje se inclinaría en favor del magnate neoyorquino.

B) El porcentaje se inclinará por las personas que decidan salir a votar, es decir, la balanza será en favor de uno u otro dependiendo de qué sectores salgan a votar. Si salen a votar los latinos ganará Hillary Clinton, si salen a votar zonas rurales se inclinará en favor de Trump.

3.Factor Obama

A pesar de la indiscutible popularidad de Barack Obama y a la fascinación que causa su esposa Michelle cada que aparece en público, la realidad es que los Obama dejan la Casa Blanca con un nivel de aprobación muy por debajo de las expectativas creadas alrededor de su reelección.

Sin embargo, han sido utilizados constantemente en los mensajes que Hillary Clinton emite en su campaña. ¿El motivo principal? Barack Obama obtuvo la reelección ganando los Estados que mayor cantidad de electores tenían en el país.

Al decidir no deslindarse del factor Obama, Hillary se arriesga a que el presidente más popular del mundo tenga un voto decisivo en las elecciones de hoy, habrá que esperar para saber si fue un arma con la que mató o con la que fue sepultada.

Sin duda alguna estamos presenciando un choque de titanes, por un lado, la posibilidad de tener a la primera presidenta en la historia de la nación más poderosa del mundo y por el otro, a un showman que fue capaz de transitar del loco que se llenaba la boca de disparates, al candidato con serias posibilidades de ganar y construir una nueva posición global para Estados Unidos.

 




 

¿A quién deberíamos preferir en México? A ninguno y al que sea. Aún no tenemos- y no sé si algún día sucederá- la influencia suficiente para definir las elecciones del país vecino, lo que sí tenemos es la obligación total de asumir el trabajo que nos toca para hacer de México un país que año tras año dependa cada vez menos de Estados Unidos y cada vez más de sí mismo.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”