De acuerdo al WSJ, TikTok rastreó datos de usuarios de Android con táctica que pudo violar políticas de Google

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De acuerdo a un reportaje del Wall Street Journal, la red social TikTok eludió una protección de privacidad en el sistema operativo Android de Google para recopilar identificadores de millones de dispositivos móviles.

Estos datos permiten que la aplicación rastree a los usuarios en línea sin permitir que puedan elegir “no participar” en el proceso, según un análisis de dicho medio.

La táctica se ocultó a través de una inusual capa adicional de cifrado, según expertos en seguridad de teléfonos móviles, y parece haber violado políticas de Google que limitan la forma en que las aplicaciones rastrean a las personas.

Las pruebas del WSJ mostraron que TikTok terminó con esta práctica en noviembre,

Cabe recordar que el 6 de agosto el Senado de Estados Unidos aprobó el 6 de agosto una iniciativa a con la que prohíbe que empleados federales descarguen o utilicen la aplicación TikTok en dispositivos del Gobierno.

Esta prohibición aplicó para empleados y funcionarios de la administración de Estados Unidos; miembros y empleados del Congreso y funcionarios y empleados de corporaciones gubernamentales.

La decisión se da después de que el presidente Trump afirmara que TikTok tendrá que cerrar operaciones en Estados Unidos antes del 15 de septiembre, a menos que haya un acuerdo para venderlo la red social a Microsoft u otra empresa estadounidense.

El mandatario estadounidense firmó el 6 de agosto un par de órdenes ejecutivas que prohíben a los residentes de Estados Unidos hacer negocios con TikTok, WeChat, citando el riesgo de seguridad nacional de dejar expuestos los datos personales de los estadounidenses.

Un día antes, el secretario de Estado, Mike Pompeo, instó a las empresas estadounidenses a eliminar las aplicaciones chinas de sus tiendas. La medida amenaza con multas a cualquier residente o empresa de Estados Unidos que participe en transacciones con TikTok, WeChat o sus propietarios después de que la orden entre en vigencia.

TikTok planeaba presentar una demanda federal para impugnar la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que prohíbe el servicio de intercambio de videos en Estados Unidos, al señalar que es inconstitucional.

La demanda se presentaría este martes en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Sur de California, donde se encuentran las operaciones estadounidenses de TikTok, señaló NPR, citando a una persona familiarizada con el asunto a quien no identificó.

(Con información de El Financiero/Bloomberg)

Trump pública decreto que prohíbe transacciones con TikTok dentro de 45 días

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva con la que prohíbe el comercio de firmas estadounidenses con ByteDance Ltd, empresa propietaria de la aplicación china de videos TikTok, la cual entrará en vigor en 45 días.

Bajo esta orden, la aplicación no aparecería en las tiendas de aplicaciones de Apple o Google en Estados Unidos, a menos de que sea vendida a una compañía estadounidense.

El pasado lunes, Trump dijo a reporteros en la Casa Blanca que TikTok sería forzada a cerrar sus operaciones en Estados Unidos si no se ha vendido a alguna compañía estadounidense antes del 15 de septiembre. Antes, Microsoft había dijo que estaba en pláticas para adquirirla.

“La recopilación de datos de la aplicación amenaza con permitir que el Partido Comunista de China acceda a la información personal y de propiedad de los estadounidenses, lo que podría permitir que China rastree la ubicación de empleados y contratistas federales, cree expedientes de información personal para chantajear y realice espionaje corporativo”, se lee en la orden.

La firma de la orden ejecutiva llega el mismo día en que el Senado estadounidense aprobó una regulación para prohibir la aplicación en los celulares de los funcionarios federales en el país.

Cabe recordar que Trump había amenazado con prohibir la aplicación china de videos musicales del mercado estadounidense por motivos de seguridad nacional, a menos que una empresa estadounidense la compre antes del 15 de septiembre.

Por su parte, el secretario de Estado, Mike Pompeo, instó esta semana a las empresas estadounidenses a prohibir las aplicaciones chinas en sus tiendas de aplicaciones, lo que indica que los esfuerzos de Estados Unidos para eliminar la tecnología china de las computadoras y teléfonos inteligentes estadounidenses se extenderán mucho más allá del caso de TikTok.

Una legislación bipartidista que requeriría más transparencia a las auditorías de las empresas chinas avanza en el Congreso.

El proyecto de ley daría a las empresas tres años para cumplir con los estándares de auditoría de Estados Unidos antes de que se excluyan de las bolsas estadounidenses.

¿Green card para TikTok?

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Vetar TikTok en Estados Unidos, la aplicación que en el primer trimestre de este atípico año fue la más exitosa con más de 315 millones de descargas, es una decisión que no se toma todos los días. El presidente, que se juega la reelección en escasos tres meses (y que los encuestadores cada vez lo dejan de poner como favorito), toma una jugada muy arriesgada y vuelve a imponer su poder político para buscar su propio interés personal.

El mercado de Internet ha sido de tradicional dominio estadounidense, pero siempre ha existido una rivalidad con otros servicios que, casualmente, son de origen chino. La carrera por las tecnologías se disputa entre estos dos países y el veto a TikTok no sería extraño si se toma en cuenta el caso de Huawei.

Compañías estadounidenses son las prácticamente conforman el statu quo del mundo del Internet: Alphabet Inc. (Google y YouTube) Facebook Inc. (Facebook, Instagram, WhatsApp), Amazon, Twitter, Netflix; la manera en que interactuamos, lo que compramos y lo que vemos está controlado por empresas que se sujetan a la ley de Estados Unidos. Y de repente, aparece ByteDance con TIkTok desde China y roba un espacio importante a los gigantes norteamericanos, argumentando que se pone en peligro la seguridad nacional, pues la información obtenida quedaría en manos del gobierno chino y ello supone un riesgo.

Es verdad que los tiktokers no se han portado muy bien con Trump. El penoso episodio vivido en Oklahoma no dejó para nada contento a los republicanos, y mucho menos que después tuvieran que cancelar mítines en New Hampshire por miedo a que se repitiera. Además, el público base de esta aplicación siguen siendo los jóvenes, nicho tradicional de los demócratas, pero donde también hay un grupo importante de simpatizantes de la alt-right que los estrategas están sabiendo identificar.

Al más puro estilo clásico, Trump tiene una guerra en dos frentes. Por un lado, el de mantener el monopolio en Internet e impedir que China se suba como competidor a la tecnología, y por el otro, la contienda electoral. En la primera de ellas tiene total injerencia y no por nada Microsoft es quien lanzó una oferta a ByteDance. De aceptarse, TikTok cambiaría de nacionalidad y podría estar sujeta a la regulación de EEUU, por tanto, a los intereses de Trump. 

Aunque las negociaciones entre ByteDance y Microsoft continúan para que TikTok ya tenga su green card, por lo pronto ayer se lanzó la primer ofensiva con Instagram Reels o “el TikTok de Instagram”. El mensaje es claro para los chinos: si no te nos unes y nos dejas usarte como queramos, entonces ya tienes un gigante contra quién competir. Por lo pronto, el plazo de 45 días está corriendo y seguramente buscarán extenderlo al máximo antes de tomar cualquier decisión.

¿Habrá quien piense que esto aquí no pasa? ¿O será pura casualidad que en redes ya siempre nos salen ciertas personalidades que aspiran a la gubernatura de Nuevo León, por ejemplo? Cuando bajas una aplicación y no te cuesta ni un peso utilizarla, por si aún no lo sabías, el producto eres tú.

#Kleroterion: “Los sabios de las Redes”

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Un fenómeno se repite cada vez más en redes sociales. Repentinamente aparecen por todos lados personas que saben de todo y denostan sin contemplaciones el esfuerzo o trabajo de quien sea. No importa si la persona a quien critican ha invertido décadas capacitándose o tomando experiencia en alguna disciplina. Para los sabios de las redes eso no tienen ningún valor y a su juicio experto los demás siempre hacen las cosas mal y ellos tienen la solución para todo.

No importa que su experiencia se limite a publicar contenido en redes sociales y su conocimiento provenga de lo que encuentran en google o, si bien nos va, de lo que leyeron en wikipedia. Estos personajes opinan sin descaro de lo que sea. Desde economía, salud, energía hasta de fútbol o incluso, si el tren del mame del momento es ese, hasta de física.

Por supuesto que todo mundo tenemos derecho a un opinión, pero vale la pena reflexionar si esa opinión tiene el mismo valor que la de los expertos a quienes estos sabios de sofá, sin contemplación, señalan de mentirosos, ignorantes, criminales, pen$&#* o hasta vendidos. 

Vale la pena reflexionar si una búsqueda en google vale lo mismo que un doctorado. Si 500 mil seguidores en una red social son equiparables a 10, 20 0 30 años de experiencia ejerciendo cualquier profesión u oficio. Vale la pena reflexionar si lo que dice un “influencer” sobre cualquier cosa tiene el mismo valor que tiene la opinión de un experto reconocido en un campo específico.

Que cualquier se atreva a opinar de cualquier cosa no es el problema, lo lamentable, lo alarmante es que le creemos a cualquiera que habla sobre cualquier cosa y despreciamos, en base a lo que estos sabios de las redes dicen, a las personas que invirtieron años de su vida ganando experiencia para ejercer, COMO EXPERTOS, una profesión u oficio. 

Y así un día escuchamos al que denosta a un médico y recomienda, contra su opinión, que no te tomes tal medicina. Al que nos dice qué debe hacer el país con el petróleo o al que tiene la solución para acabar con la pobreza o con el coronavirus. Repito, los alarmante no es que quien sea tenga su opinión, lo alarmante es que la gente le crea a cualquiera, esa es la plaga que como sociedad nos está llevando al precipicio. 

Tal vez tengamos que empezar a pensar en un solución, así como twitter ya lo hizo con Trump al ponerle una etiqueta de “potencialmente engañosos” a su comentarios, o como google hace al etiquetar como tal a un anuncio. Se me ocurre una etiqueta para utilizar cada que se identifique a alguien opinando sobre algo de lo cual no tiene conocimiento experto:

Opinión de un amateur. ¡PELIGRO!

Twitter ofrece a sus empleados “home office” para siempre

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La empresa Twitter propuso este martes a sus empleadas y empleados quedarse a trabajar desde casa “para siempre” si así lo desean, convirtiéndose en la primera gran compañía tecnológica en tomar este paso como respuesta a la pandemia del COVID-19.

“Si nuestros e empleados tienen un rol y una situación que le permite trabajar desde casa y quieren continuar haciéndolo para siempre, lo haremos realidad”, se lee en un comunicado de Twitter publicado en su página web.

La compañía, con sede en San Francisco, Estados Unidos, y que tiene 35 oficinas en todo el mundo, incluyendo Nueva York, Londres y París, aseguró que los trabajadores que sí quieran regresar a los lugares físicos de trabajo lo podrán hacer probablemente a partir de septiembre.

“Nuestras oficinas serán cálidas y acogedoras para ustedes, con algunas precauciones adicionales, cuando consideremos que es seguro regresar”, se lee en el comunicado firmado por el presidente de la compañía Jack Dorsey.

El anuncio de Twitter se da días después de que Alphabet Inc., la matriz de Google, comunicara a sus empleados que podrán regresar a sus oficinas de una manera “escalonada” a partir de junio, con la opción para algunos trabajadores de quedarse en casa hasta final de 2020.

Facebook, por su parte, señaló que “la mayoría” de sus empleados deberán trabajar desde sus domicilios hasta que este año termine.

Apenas el 35% ha respetado el “Quédate en casa” en México, revela Google

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De acuerdo a información revelada por Google, México se encuentra entre los países que menos respetaron la recomendación de “quédate en casa”, esto pese a la pandemia del COVID-19 y se situó con una baja en la movilidad de personas en espacios públicos de apenas el 35.4% en promedio, en comparación con países como Argentina y Colombia que la redujeron en 86% o de Brasil, que logró una reducción de 71%.

El estudio del gigante tecnológico recoge reportes de 131 países respecto a las medidas drásticas de confinamiento por la pandemia de coronavirus.

En México, los datos arrojan 45% menos afluencia en lugares de ocio; 46% a sitios de recreo; 47% a estaciones; 19% a mercados y 20% a los puestos de trabajo.

En promedio, los mexicanos redujeron 35.4% sus movimientos en espacios públicos y solamente aumentó un 11% la estadía en los hogares, según el estudio.

Google atribuye “borrón” de Santa Lucía a falla técnica. 

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Google negó el haber bloqueado la imágen satelital de la Base Aérea de Santa Lucía. 

La compañía señaló esta tarde que se trata de un error técnico de sus plataformas Google Earth y Google Maps.

Nuestro mapa base está construido a partir de cientos de fuentes autorizadas, incluidos datos de mapeo público y comercial, imágenes de todos los niveles (satélite, aéreo y de calle), así como contribuciones de los usuarios. Trabajamos constantemente para mantener nuestros mapas actualizados”. 

Sin embargo, recientemente, recibimos nuevas imágenes aéreas de varias regiones de México que no se desplegaron correctamente en Google Earth y Google Maps. Estamos abocados para que, en los próximos días, dichas regiones reflejen una actualización de su cartografía”, comunicó Google.

Además agregó que imágenes como la de la Base Aérea de Santa Lucía se pueden visualizar sin problemas través de la versión de Google Maps de dispositivos móviles (iOS / Android) y la versión 2D de Google Maps en desktop.

 

 

(Con información del Norte) 

La delgada línea de pixeles no. 4

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Es un sábado por la mañana, y tengo una cita con un proveedor. La cita la hizo alguien más, entonces es la primera vez que lo voy a conocer. Entablamos plática sobre el proyecto, y minutos después me pasa su contacto. Comienzo escribiendo su primer nombre; inmediatamente mi celular me sugiere el apellido que corresponde. Me sobresalto por un momento. 

Y luego excavo entre mis recuerdos: me pasaron el nombre del proveedor anteriormente, por WhatsApp, y la aplicación que utilizo para el teclado de mi celular tiene permiso de recoger mis mails y conversaciones, para mejorar así su capacidad de predecir lo que voy a escribir. En el momento en el que se me sugirió esto, que en teoría era opcional, me sonó como algo lógico. La aplicación hace énfasis en ahorrarte tiempo con sus predicciones, y esa era la mejor manera de hacerlo. Es hasta ese momento, cuando predijo el nombre del contratista, con quien hablaba por primera vez y cuyo contacto estaba grabando apenas en mi celular, que me di cuenta de la rienda suelta que le di a la aplicación. Lo peor, claro, es que le he dado ese mismo acceso, o similares, a un montón de otras aplicaciones y aparatos y sitios web. 

Decimos que queremos privacidad, ¿pero realmente la queremos? ¿es posible siquiera tenerla? ¿Qué es exactamente la privacidad en época de Instagram y Facebook y Google Maps? Google Maps me envía notificaciones cuando llego a un restaurante o tienda y me pide que la califique o que responda preguntas sobre ella. Facebook me sugiere amigos que corresponden a contactos que existen en mi celular, a pesar de que nunca le he dado acceso directo a mis contactos (probablemente alguno de esos amigos sugeridos sí le ha dado acceso a Facebook a los suyos). 

El único remedio parecía ser mantenernos fuera de estas redes sociales, pero el simple hecho de tener un celular funcional probablemente ya nos robó parte de la privacidad, y si nuestros amigos están en esas redes muy probablemente como quiera existe un perfil de nosotros, bosquejado a partir de nuestros conocidos.

La privacidad de nuestra información la dejamos atrás hace mucho, y difícilmente hay vuelta atrás. Pero hay algo más siniestro en juego: la privacidad sobre nuestras decisiones.

El fin último de obtener nuestra información para los leviatanes del internet, no es conocer nuestro nombre, donde vivimos y a que le damos me gusta en Instagram; el fin último es utilizar esa información para predecir las decisiones que vamos a tomar, y poder, hasta cierto punto, orillarnos a escoger las que más le convengan a quien haya comprado nuestra información. A Facebook no le sirve de nada saber que le di me gusta a una página de tenis Adidas. Esa información es valiosa sólo cuando venden espacio en los sitios web que visito a revendedores o la misma Adidas, esperando a que haga clic y que les compre unos tenis nuevos.

Mientras más años pasen y más años estemos inmersos en el internet, y compremos y busquemos y opinemos en el internet, nuestros perfiles se volverán más complejos, los anuncios más sofisticados, y la manipulación a la que nos sometan más sutil.

¿Hay algo que podamos hacer? 

No estoy seguro. Fuera de volvernos ermitaños digitales -que como quiera no evitaría el problema del todo a menos que todos nuestros conocidos también lo fueran- quizá no hay más que mantenernos atentos, conscientes, y siempre contemplar por qué tomamos las decisiones que tomamos, desde seguir una página de Instagram hasta hacer una compra importante en línea. Renunciamos a nuestra privacidad, al menos a parte ella; hay que mantener -hasta donde sea posible- el control sobre nuestras decisiones.

#ElNidoDelGavilán: “Fifí: ser o no ser”

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De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española el término “fifí” refiere a una “persona presumida y que se ocupa de seguir las modas“.

Este concepto del lopezobradorismo se ha vuelto cotidiano en cada una de las conferencias mañaneras del Presidente. De acuerdo al Google Trends, en noviembre tuvo su mayor repunte en búsquedas de Google.

Pero, ¿a qué se refiere? ¿Quiénes son estos de quienes tanto se refiere?

En la lógica política de Andrés Manuel, ellos representan el -mal- y enemigos del pueblo. Los fifís son ese grupo conservador de clase alta, abiertamente de derecha política y que -en sus palabras- aplaudieron el asesinato de Madero.

En la narrativa, este grupo controla los periódicos vinculados al PRI y al PAN, tiene una línea editorial de defender al neoliberalismo, son reacios opositores al progresismo y principalmente están vinculados a la oligarquía económica, religiosa y política. Ha puesto como ejemplo de miembros de este grupo a personajes como Lucas Alamán, a los conservadores que trajeron a Maximiliano, a los Polkos, a los Científicos de Porfirio Díaz y más recientemente a Carlos Salinas.

En una retórica de izquierda, son la burguesía que explota a los trabajadores y los explota para financiar sus guerras y negocios.

Los fifís en palabras -más millenials- serían los whitexicans de derecha que buscan perpetuar las desigualdades, el clasismo y las relaciones de poder en la sociedad actual.

Es importante resaltar que Andrés Manuel es cauto en algunos puntos de la narrativa debido a que selectivamente protege a empresarios vinculados a su persona y ataca a los fifís de manera abstracta para evitar decir nombres. También hay que subrayar que la élite no es homogénea y que no necesariamente están organizados en su totalidad por lo que el ataque es a veces disperso.

Algunos críticos llaman a esto una polarización del discurso y una manera de generar conflictos. Sin embargo, lo cierto es que la polarización es parte de la democracia y que las élites no les gusta ser tocadas en sus intereses.

A pesar de esto, el gobierno de AMLO en lo que lleva, rara vez ha tocado intereses de los -fifís-. Es más un combate ideológico en medios, una batalla de símbolos.

Finalmente, es triste ver a algunos clasemedieros adoptando el término de “yo soy fifí”, cuando claramente no les aplica, pero lo toman para solidificar su clasismo y desprecio a -los otros-. 

Es debatible si el Presidente tiene que seguir usando esos adjetivos, lo cierto es que su gobierno tiene que trabajar en reducir la brecha de desigualdad y pobreza en el país con o sin fifís.

Lo dicho, dicho está.

#HojaDeRuta: “Volver a creer en el periodismo”

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Qué cosa tan frágil es la confianza hoy en día. Lo ha sido siempre, pero ante el asedio de la desinformación y la falta de criterio para discernir incluso lo que se creían verdades sólidas, la situación es particularmente delicada.

Cada año, la agenda estadounidense Edelman publica el “Barómetro de la Confianza”, donde mide este factor en lo que llama las “instituciones principales”: gobiernos, empresas, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil.

Para la medición de 2019 se realizaron más de 30,000 encuestas en 27 países, incluido México. A continuación comentaré algunos de los hallazgos que encuentro de mayor relevancia para reflexionar sobre la confianza (o la falta de ella) y las implicaciones que tiene para el debate y comunicación públicos.

En primera instancia -y quizá lo más destacable, en mi opinión- es que la ciudadanía a nivel global está mostrando una tendencia a consumir más noticias, es decir, tiene mayor interés por informarse. 

El reporte divide a los encuestados en tres categorías respecto al consumo de noticias: los desenganchados, que consumen noticias menos de una vez por semana; los consumidores, que lo hacen una vez o más por semana y finalmente los amplificadores, que son las personas que consumen noticias más de una vez por semana y las publican varias veces al mes en sus redes sociales.

Los consumidores se incrementaron 8% respecto al año pasado, pero lo que más sorprende es que los amplificadores mostraron un notable crecimiento de 14%, es decir, muchas más personas se están involucrando con las noticias y publicándolas en sus redes, denotando mayor interés en la agenda pública y en abrir conversaciones.

A lo anterior se suma un factor más: el principal crecimiento en la categoría de amplificadores se dio en las mujeres, que en población abierta aumentaron en 13% y en el público informado un 23% respecto a la medición publicada en 2018.

Respecto a las fuentes confiables de información, dos empatan en el primer lugar: en el promedio global el 65% de las personas encuestadas confían en los medios tradicionales y en motores de búsqueda como Google. Los medios digitales registran un 55% de confianza, mientras que los medios institucionales (páginas web oficiales, por ejemplo) tienen un 49%. El último lugar de confianza como fuente informativa son las redes sociales, con 43%.

Resulta una buena noticia que los medios tradicionales van recuperando algo de confianza del público, sin embargo, a nivel global siguen siendo la institución más desprestigiada. Pero esto cambia en el caso mexicano.

En nuestro país, el gobierno es la institución en la que menos se confía, con apenas 34%, incluso registrando un aumento de seis puntos en esta edición. De ahí le siguen los medios con 53%. Las empresas son quienes encabezan el listado de confianza a nivel nacional, consiguiendo un 71%. Cabe destacar que México es uno de los cinco países donde más se confía en las empresas.

El instrumento cuenta con más información de relevancia, por ejemplo, que el 73% de los encuestados le preocupa el uso de las noticias falsas como un arma, y un 76% quisiera ver a los líderes empresariales involucrarse más en problemáticas sociales como el cuidado del medio ambiente, la paga igualitaria entre hombres y mujeres y el combate al acoso sexual.

A mi juicio, una de las principales conclusiones que pueden desprenderse del estudio es que la crisis de las noticias falsas y la incertidumbre generada por ellas en las redes sociales, están generando un mayor interés del público de consumir noticias de los medios tradicionales o de buscar información de manera personal a través de motores de búsqueda, probablemente realizando una comparación de fuentes.

Lo anterior significa una buena nueva, pues marca una tendencia por regresar a la certidumbre y por recuperar la idea de la recolección, manejo y publicación profesional de la información, validada por periodistas profesionales y casas de prestigio. Se abre entonces una oportunidad de oro para el periodismo, que implicará retos que van desde la ética en el ejercicio hasta la adaptación a nuevos modelos de negocio. 

Recuperar la confianza del público será complejo, pero es posible. Una prensa sana y profesional en su ejercicio es aliento puro para la democracia, en particular, en contextos como el nuestro donde el autoritarismo echó por largo tiempo raíces. Contribuyamos para que así sea.