¡Venezuela dice SÍ SÍ y SÍ!

Miles de venezolanos acudieron el domingo al llamado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en una consulta popular que buscaba el rechazo del pueblo a la llamada Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que intenta llevar a cabo el presidente estrella, Nicolás Maduro. Dentro de la consulta, se respondían tres preguntas: el rechazo de la constituyente, el cumplimiento de la Fuerza Armada a la Constitución actual y la aprobación de un gobierno de unidad nacional.

Pero, ¿de qué se trata la ANC? Dentro del marco general, se trata de un nuevo Congreso integrado por 500 diputados (de 200 a 250 son elegidos “por la clase obrera”, mientras que el resto se dividirían por un sistema territorial con voto directo y secreto) cuyas funciones será redactar una nueva Carta Magna que reemplazaría a la elaborada por el difunto Hugo Chávez en el año 1999. Cabe recalcar que este método no es nada nuevo para Venezuela; con la llegada de Chávez en el 99 se convocó a una votación (que por supuesto ganó) para redactar una nueva Constitución.

Hasta las 11:00 de la noche del domingo con el 95% de los votos contados, se recababa un aproximado de 7.186.170 votos, de los cuales 6.492.381 fueron dentro del territorio nacional y 693.789 en diversos países del mundo donde la comunidad venezolana es bastante considerable. En México, fueron 33 las ciudades que se prestaron para la consulta popular.

Muchos pensarán que se trata de una cifra mínima en comparación con el descontento que parece tener dentro y fuera del país el mandato Nicolás Maduro, pero hay que tomar en cuenta que en una votación normal organizada con meses de anticipación por el Consejo Nacional Electoral (CNE) se cuenta con más de 14.000 centros de votación en todo el país; mientras que para esta consulta que tomó solo 2 semanas de planeación habrían 2.300 puntos, es decir 7 veces menos mesas de votación.

Es evidente que la violencia no se mantuvo alejada: colectivos armados dispararon contra una sede de consulta en el oeste de Caracas, asesinando a una mujer de 61 años e hiriendo a 4 personas más. La Fiscalía General condenó los hechos y recalcó que se hará una “investigación objetiva” al respecto.

La consulta albergó la necesidad de que observadores internacionales supervisaran los centros de votación e incluso hasta el conteo final de votos; diversas organizaciones internacionales llegaron al país para el acto, pero adicional se recibieron a 5 expresidentes latinoamericanos: Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez de Costa Rica, Andrés Pastrana de Colombia, Jorge Quiroga de Bolivia y Vicente Fox de México. Cabe recalcar que, a la entrada de los exmandatarios al país, se les cobró una “multa” de 1 millón de bolívares a cada uno por llevar “equipo electrónico que no se permitía dentro de las normas aduanales de Venezuela”. Asimismo, el expresidente Fox se vio obligado a salir del país el domingo en la tarde por ser declarado como persona non-grata por el gobierno venezolano por referirse a Maduro como un “dictador”.

Es importante resaltar que toda esta crisis institucional se lleva a cabo bajo un marco de más de 100 días de protesta, desde que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) eliminara de facto las competencia de la Asamblea Nacional (de mayoría opositora); a pesar de que la medida fue retirada por el propio Maduro, las calles siguen llenas de gente descontenta no solo con la perpetuación del presidente estrella en el poder, sino también por la gran inflación, la increíble escasez y la creciente inseguridad que acecha día a día a los venezolanos. Hasta el momento, se cuentan más de 100 muertos en los días de protesta, la mayoría asesinados por armas de fuego, bombas lacrimógenas y objetos contundentes provenientes de las propias Fuerzas Armadas.

Lo cierto es que Venezuela entra en una etapa más de incertidumbre, quedando en expectativa cuál será la respuesta del gobierno ante los resultados, si la ANC se llevará a cabo el 30 de julio como estaba programada y si por primera vez en los 4 años que tiene Maduro en el poder, la opinión del pueblo venezolano será escuchada.

“Vicente Fox es una persona no grata y perversa”; aseguró el gobierno de Nicolás Maduro

Monterrey (17 de julio de 2017).- Declaran a Vicente Fox expresidente de México como “persona non grata” en Venezuela.

Después de llamar “dicatador” al mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su presentación como observador de un plebiscito de la oposición el pasado domingo en Caracas.

“El señor Vicente Fox, ha sido declarado persona no grata en nuestra República”, mencionó el canciller de Venezuela, Samuel Moncada, durante un programa de televisión.

Moncada dijo que la orden fue dada por Nicolas Maduro, con esto se le niega la entrada a Vicente Fox al país Venezolano.

Tras finalizar su trabajo en aquel país Vicente Vox salio de Venezuela acompañado de los ex-presidentes Andres Pastrana de Colombia, Jorge Quiroga de Bolivia, Laura Chinchilla y Miguel Angel Rodríguez de Costa Rica.

“Ahora le toca al pueblo de Venezuela dirigir a este gran país, recuperar la economía, recuperar los empleos, recuperar los alimentos y las medicinas. México está con ustedes”, dijo Vicente Fox durante su visita en Venezuela.

El canciller de Venezuela califico a los observadores como “sicarios políticos”, “payasos” y que “se venden al mejor postor para ir a distintos lugares a decir lo que les pidan”.

Los aseguradores académicos designados por la oposición dieron el anuncio de que al menos 7.18 millones de venezolano votaron en la consulta popular.

 

 

 

#ElTalónDeAquiles: Hasta luego Venezuela

Se cumplen varias semanas de movilizaciones contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro. En marzo, catorce países de las Américas solicitaron a Caracas liberar sus presos políticos, permitir la creación de un canal humanitario para luchar contra la escasez, respetar la autonomía del Parlamento, y establecer un calendario electoral. Al 15 de mayo, más de 30 muertos y de quinientos heridos eran el saldo provisorio de este nuevo ciclo de conflicto social.

La situación venezolana viene degradándose desde hace tiempo, en una inexorable pero certera descomposición de la llamada revolución bolivariana. La trama es la misma: el proceso revolucionario bolivariano se enfrenta a una guerra económica, a un golpe continuado y fascista al poder para imponer por la fuerza una contrarrevolución de derecha. O, dicho al revés, la oposición democrática continúa resistiendo el avance de la cubanización de Venezuela dirigido por una trasnochada revolución que es todo menos progresista. Polarización. Hoy, en Venezuela, las instituciones, en vez de distribuir el poder, lo concentran, y por ello su control se convierte en el mayor baluarte de este juego de ajedrez en donde no existe posible ganador.

La crisis empeoró a fines de marzo de 2017, cuando el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en manos del oficialismo, intentó adjudicarse las funciones del Legislativo, en manos de la oposición. Se comprueba así, según la oposición, el reino de una dictadura comunista disfrazada en el país. Además de solicitar que se reanudara el calendario electoral que preveía elecciones de gobernadores en 2016, se exigió entonces elecciones presidenciales anticipadas (las próximas están previstas para 2018). La oposición está envalentonada: siete de cada diez venezolanos no apoyan el gobierno de Maduro.

El Palacio de Miraflores (Casa Presidencial) reaccionó de tres formas. Primero, decretó medidas paliativas, como el aumento del salario mínimo mensual de 150,000 a 200,000 bolívares. Se trata de una medida cosmética, pues es Venezuela el país con la inflación más elevada del mundo (el FMI estima que para el 2017, será de 720%). Segundo, planteó la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, lo cual sorprende pues admite que la Carta Magna bolivariana de 1999 debe ser sustituida. Para la oposición, que sólo parece concebir la derrota como desenlace, esta “Asamblea Nacional Prostituyente” no es un chance para revertir el declive, sino un paso en la consolidación del golpe de Estado oficialista iniciado con la suspensión a la elección de gobernadores y el intento de anulación de poderes al poder legislativo. En fin, en medio de fuegos pirotécnicos diplomáticos dignos del chavismo en su apogeo, Venezuela anunció su separación de la Organización de Estados Americanos (OEA). Para Caracas, el ente practica, por medio de su defensa al régimen democrático, una inaceptable injerencia en asuntos soberanos internos.

Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, EE.UU. Honduras, Jamaica, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, y Uruguay, solicitaron al Consejo Permanente de la OEA, desde el 26 de abril, una reunión de cancilleres de las Américas para evaluar la situación. En medio de varios esfuerzos y de mucha decepción, el ente no ha logrado concretizar la reunión (al 15 de mayo, se esperaba que la misma tuviera lugar el último día del mes). Claro, la salida de Venezuela de la organización está lejos de ser un hecho, no solo porque Maduro no puede tomar esa decisión, al menos no en el marco constitucional actual, sino también porque en los 24 meses que tarda el proceso, mucho puede suceder, incluyendo el colapso del gobierno.

Dos signos preocupantes, creo, sin embargo, deben ser resaltados. Primero, la OEA sigue siendo fiel a su persistente incapacidad a constituirse en foro político interregional. Aplicar el artículo 19 de la Carta Democrática Interamericana de nada ayudaría a Venezuela e impondría una auto-exclusión del organismo del escenario nacional (como le sucedió con el caso hondureño en 2009). Segundo, si bien lo sé, hay que evitar ser marioneta de intereses privados (sobre todo en marcos tan polarizados como el venezolano), y soy el primero en argumentar que el primer creador del chavismo fue la miope y egoísta élite venezolana del Pacto de Punto Fijo, que vendió un proyecto de “democracia representativa” que con costos fue tal, se debe tener la lucidez de aceptar que la situación hoy no está bien en ese país: por poco no hay división de poderes, la economía es hoy más dependiente que nunca del petróleo, y el respeto de los derechos de las minorías no parece estar garantizado. ¿Hasta luego Venezuela? Esperemos que no.

Fernando A. Chinchilla

Lima (Perú) y Cholula (México), mayo de 2017

El Talón de Aquiles: EL RETROCESO DEL PROGRESO

El 23 de junio de 2016, el 52% de los británicos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 3 de octubre, 50.21% de los votantes en un referéndum, seis millones y medio de colombianos, se opusieron a un acuerdo de paz. El 8 de noviembre, Hillary Clinton obtuvo más de dos millones y medio de sufragios que Donald Trump (voto popular), quien sin embargo ganó los votos electorales.

Presentar un texto argumentando que en este 2016 triunfaron el temor y la ignorancia es insuficiente, pues opinólogos y futurólogos ya se me adelantaron. Procedo entonces a desarrollar dos factores que dan profundidad a esa tesis: la incapacidad ciudadana a alimentar un régimen que requiere de participación de calidad, y una desconexión indulgente de las fuerzas políticas que deberían defender las conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del Siglo XX, explican por qué estamos como estamos.

La democracia representativa: víctima del capitalismo (casi) salvaje

Soy el producto de un mundo socialdemócrata que la revolución neoconservadora de los años 1980 destruyó. Se me enseñó que cada derecho conlleva una responsabilidad, que es adeudo del ciudadano informarse y contribuir al debate, y que el interés colectivo pasa por encima del individual. No me considero “socialista”, mucho menos “comunista”, pero sin duda soy “izquierdista”.

 




Se me convenció que el principal rol del Estado es la moderación política: al redistribuir la riqueza y fortalecer la clase media, el Estado evita las derivas extremistas tanto de izquierda (revolución bolchevique) como de derecha (nazismo), que se alimentan de pobreza e ignorancia. La democracia solo funciona en donde la clase media, urbana, y educada, es fuerte. La educación es antídoto a la manipulación y demagogia.

Una de las primeras víctimas del neoliberalismo fue la educación. La obsesión por controlar el déficit fiscal y la nefasta idea que el sector privado siempre es mejor que el público, evaporaron presupuestos, debilitaron servicios, y alentaron privatizaciones.

La educación privada nunca ha sido reconocida por inculcar valores de solidaridad social; y la pública, aunque quisiera, no tuvo condiciones. Se crearon así brechas entre los que pudieron pagar una educación de calidad, y los que no.

Los resultados están a la vista: a los ciudadanos de hoy no les interesa lo público, ya sea porque no le dan importancia (creen que no la tiene), o debido al exceso de trabajo – la pauperización del mercado laboral también es una realidad – que no permite una participación política activa de calidad.

A este escenario agréguesele la explosión en importancia de internet, de las redes sociales, y la consolidación de una cultura en donde el límite entre espectáculo y realidad se borraron. Hoy, no se sabe qué información es real e irreal. Los “trolls” desinforman, distorsionan, y divulgan falsedades adrede a quienes no saben, y no quieren aprender a distinguir, como decía la canción, “entre besos y raíces”. Hoy, la política es espectáculo, el ciudadano espectador, y el votante consumidor.

Las marchas de salvación de la patria y de dignidad nacional organizadas por el uribismo contra un acuerdo de paz en Colombia, son ejemplo de ello. De nada sirvió defender uno de los acuerdos de paz más ambiciosos y sofisticados que se hayan firmado, que contaba con el apoyo unánime de la comunidad internacional.

Pudo más la desinformación. También eso explica el éxito de las campañas de los líderes aislacionistas del Reino Unido y de Trump, cuya sorpresa ante sus propias victorias apenas superó las evidentes muestras de la falta de preparación para las mismas. La cohesión social del consenso keynesianismo fue rota hace tiempo. Hoy, las consecuencias son evidentes.

Brechas y condescendencias

Claro, el neoliberalismo no es culpable de todo. La izquierda también lo es. Primero, dejamos de ser izquierda. Nos derechizamos. Nuestro supuesto proyecto inclusivo no lo fue tanto: siempre excluimos a religiosos y otros grupos que no dudamos en llamar “fundamentalistas”.

Si el Partido Demócrata hubiera defendido al proletariado blanco rural arruinado por la deslocalización empresarial fruto de la globalización, hubiera probablemente mantenido su apoyo. Pero la izquierda de Clinton, antiaborto y pro-gay (alienándose así el voto religioso y conservador) se convirtió además en la primera línea de defensa del libre comercio, con lo cual perdió el voto de los trabajadores. Segundo, existe en la izquierda una tendencia a la condescendencia.

Muchos nos vemos como una especie de vanguardia liberadora cuya misión es guiar a los alienados hacia el “progreso”. La educación, ese instrumento que extirpó nuestra ignorancia, nos da esa responsabilidad social, que constituye nuestra mejor muestra de consciencia y solidaridad.

Ser de izquierda es un privilegio de burgueses, y muchos de los votos “racistas, xenofóbicos, y sexistas” que vimos en 2016 son reacción a ese complejo de superioridad. ¿Cómo apoyar el aislacionismo en un mundo globalizado? ¿Cómo no entender que la paz es mejor que la guerra? Al ser parte de la “izquierda caviar”, nos hemos desconectado de las inquietudes del ciudadano común. Nos cuesta imaginar que haya gente que no piense como nosotros.

Los triunfos populistas de 2016 no nos gustan porque no se amoldan a la idea de progreso que nosotros, izquierdistas, hemos construido. Es casi patético constatar los fallidos esfuerzos del Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para explicar, con complejos tecnicismos, sin duda correctos pero también aburridos, el acuerdo de paz, mientras Uribe ejecutaba una retórica simple, sin duda simplista aunque apasionada, que tergiversó lo acordado y le dio la victoria.

Y cuando el elector nos dijo que éramos nosotros los que no habíamos entendido su grado de frustración, los frustrados fuimos nosotros ante mayorías que se atrevieron a no compartir nuestra opinión portadora de valores progresistas dignas del siglo XXI.

Los resultados en el Reino Unido, en Colombia, y en Estados Unidos no son antidemocráticos porque son el fruto de lógicas democráticas, pero ponen en entredicho la construcción del ideal democrático de centro-izquierda, basado en el respeto, la tolerancia, y el reconocimiento de la diversidad, y en la defensa de minorías.

 




Las mujeres, que rara vez han sido minoría, también cuentan en esa visión, que ahora vemos en peligro en un mundo en donde las mayorías progresistas brillan por su inexistencia. En Estados Unidos, un tercio de los ciudadanos es incapaz de nombrar uno de los tres poderes de gobierno.

¿Cómo darle poder a tantos ignorantes? Filósofos como Platón y John Stuart Mill ya han propuesto ideas para limitar los efectos políticos perniciosos de la inopia popular. Es aquí, precisamente aquí, en donde se abre la puerta al autoritarismo de izquierda, tan peligroso como el de derecha.

Conclusión: tengo miedo

Queda todavía mucho por analizar. Se debe aceptar que esta racha victoriosa populista de derecha no se alimenta solo del temor e ignorancia: una buena proporción de la clase media, individuos con ingresos anuales de USD 100,000 o más, votaron por Trump, así como lo hicieron 42% de las mujeres y 29% de los latinos (más de los que votaron por Romney). Además, 43% de sus votantes tienen título universitario.

El retroceso del progreso ha causado una profunda división social: los treinta millones de personas votaron en el Brexit (la tasa de participación casi alcanza 72%), dividieron al Reino Unido entre Inglaterra y Gales (favorables a salir de la Unión Europea) y Escocia e Irlanda del norte (a favor de la permanencia).

Colombia, como Estados Unidos, es un país dividido, como lo muestra el proceso que actualmente se desarrolla para aprobar una nueva versión del acuerdo de paz (que sigue generando oposición). Tercero, las mayorías silenciosas pesan fuerte. El abstencionismo debe ser estudiado con mayor detalle.

 




En 2016, los intolerantes afirmaron su voz, por tanto tiempo irrespetada y ridiculizada. Basta de hablar de integración, de paz, de cambio climático, de musulmanes, y de comunidades sexualmente diversas: es hora de ocuparse de la gente “normal” con problemas reales. A partir de 2016, el fenómeno es mundial.

En Francia, los analistas monitorean con atención el apoyo a Marine Le Pen y al Frente Nacional. En Costa Rica, gárrulos oportunistas como Otto Guevara se atreven a reivindicar el discurso incendiario de Trump. Ya se propuso estudiar la abolición del beneficio de la nacionalidad costarricense a los hijos de nicaragüenses nacidos en Costa Rica. Veamos si se le ocurre construir un muro entre Costa Rica y Nicaragua.

El retroceso del progreso se alimentó por una derecha neoliberal que cercenó el consenso keynesiano, pero también por una “izquierda champagne” que en un inicio se quiso oponer, pero que terminó pactando con el capitalismo de la post-Guerra fría.

Ayer fueron los que vemos como “fundamentalistas reaccionarios” los que temieron la llegada a la Casa Blanca, de lo que vieron como un presidente negro, musulmán, que ni siquiera había nacido en Estados Unidos. Hoy, somos nosotros, izquierda y centro-izquierda, los que tememos la llegada a esa misma Casa Blanca de lo que vemos como un populista ignorante, irresponsable, e imprevisible. ¿Ignorancia versus prepotencia?

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), diciembre de 2016

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El Talón de Aquiles: “El Cuento de Tía Coyote”

Durante la próxima semana, informó el Canciller costarricense, Manuel González, el primer grupo de cubanos varados en los albergues instalados por el Gobierno de Costa Rica en su frontera con Nicaragua, un grupo de 135 familias con niños (son 7,802 cubanos los que están en espera), continuarán su viaje a Estados Unidos. El plan acordado el 28 de diciembre en Guatemala por ese país, Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras, México, Panamá, y la Organización Mundial para las Migraciones (OIM), abre la puerta para que salgan hacia El Salvador, vía aérea, estos viajeros. De ahí, abordarán autobuses hacia Guatemala, y luego a México, país que anunció que les dará un documento temporal. Parece así resolverse una crisis migratoria que estalló el 15 de noviembre de 2015, cuando Nicaragua decidió negar la entrada a su territorio a los 1,791 cubanos que se reportaban en ese momento en Costa Rica. ¿Por qué estalló la crisis migratoria? ¿Se resolvió realmente el problema?

¿Por qué estalló la crisis migratoria? ¿Se resolvió realmente el problema?

La investigación. La historia no inicia el 15 de noviembre sino en enero de 2015, cuando autoridades ticas detienen a cinco ciudadanos cubanos. Al informárseles que se iniciaría el proceso para eventualmente otorgarles el refugio, uno de ellos indicó que no sería necesario, pues iban de paso hacia los Estados Unidos. Se conoció además que llegaban a Ecuador, atravesaban Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala, y México, antes de llegar a Estados Unidos. La Ley de Ajuste Cubano, que rige en ese país desde 1966, otorga a los isleños beneficios una vez que tocan suelo estadounidense. Ante temores (infundados) de cambio de esta ley (debido al acercamiento entre Washington y la Habana), y dado el peligro de naufragio y/o de captura por parte de autoridades estadounidenses o cubanas, la ruta por Ecuador se popularizó. El ingreso de cubanos a Costa Rica por Panamá aumentó de 132% entre 2014 y 2015. Y a pesar del peligro —el tramo entre Colombia y Panamá es de los más peligrosos— entre octubre de 2014 y octubre de 2015 entraron 23,213 cubanos a Estados Unidos por México. Solo 8,101 lo hicieron por Miami.

A pesar del peligro —el tramo entre Colombia y Panamá es de los más peligrosos— entre octubre de 2014 y octubre de 2015 entraron 23,213 cubanos a Estados Unidos por México. Solo 8,101 lo hicieron por Miami.

Se determinó además que, desde su salida, las reglas del juego eran claras: sabían los cubanos a quien contactar en cada país, donde comprar el chip telefónico para hacerlo, y cuanto debían pagar (entre USD 7,000 y USD 15,000 en total). En Costa Rica, debían contactar a quien aquí denominaremos La Tía, una coyote encargada de recogerlos en Paso Canoas (frontera con Panamá) y trasladarlos a Peñas Blancas (frontera con Nicaragua). El 10 de noviembre, La Tía y once de sus secuaces son detenidos en un operativo de la Fiscalía Adjunta contra la Trata y el Tráfico Ilícito de Migrantes, la Policía Profesional de Migración, la Unidad de Intervención Policial (UIP), y la Unidad Especial de Apoyo (UEA) de la Fuerza Pública y del Servicio de Vigilancia Aérea. A partir de ese momento, cubanos en Panamá trataron de contactarla, sin encontrar respuesta. Decidieron aventurarse, y el 13 de noviembre de 2015, cuando se empezaron a acumular, San José debió darles, por razones humanitarias, una visa temporal de siete días. Sin embargo, el 15 de noviembre, Nicaragua cerró su frontera. Para el 20 de diciembre, cuando el Gobierno decidió suspender la entrega de visas, el número de cubanos amontonados en su frontera norte llegaba casi a los 8,000.

En Costa Rica, debían contactar a quien aquí denominaremos La Tía, una coyote encargada de recogerlos en Paso Canoas (frontera con Panamá) y trasladarlos a Peñas Blancas (frontera con Nicaragua).

La crisis humanitaria y política. La tensión entre Managua y San José, alta por desavenencias fronterizas ventiladas recientemente en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), escaló: el Ejército de Nicaragua devolvió a 800 cubanos que intentaron entrar “por la fuerza” al país. Managua alegó violación de su territorio e indicó que la causa de la crisis era la irresponsabilidad tica, que deliberadamente le lanzó miles de ciudadanos a su territorio. Para Daniel Ortega, permitir la travesía era exponer a los cubanos a graves peligros, situaciones inseguras, indignas, desordenadas, e ilegales. Costa Rica y Panamá instalaron entonces albergues para crear condiciones sanitarias mínimas y algo de seguridad.

El 24 de noviembre, los ministros de Relaciones Exteriores de Centroamérica, Cuba, Ecuador y México se reunieron, sin llegar a un acuerdo. Cada país anunciaría las medidas para resolver la crisis, pero Guatemala se negó a permitir el paso de los cubanos (no habían suficientes garantías que no se quedarían ahí) y Belice adujo carecer de los recursos para garantizar el orden y la seguridad. Luis Guillermo Solís ordenó entonces suspender la participación de Costa Rica en la mesa política del Sistema de Integración Centroamericano (SICA), como protesta por la falta de solidaridad regional. La crisis humanitaria se convertía así en una crisis política.

El 28 de diciembre, sin embargo, en Ciudad de Guatemala, se llega por fin a un acuerdo: El Salvador aceptó recibir a los cubanos, Guatemala accedió a integrarse al corredor humanitario, y México reiteró su disposición a dejarlos pasar.

El 28 de diciembre, sin embargo, en Ciudad de Guatemala, se llega por fin a un acuerdo: El Salvador aceptó recibir a los cubanos, Guatemala accedió a integrarse al corredor humanitario, y México reiteró su disposición a dejarlos pasar. No se conocen los detalles de la negociación, pero un mes antes, Quito había anunciado que impondría de nuevo la visa a los cubanos. ¿Constituye este un final feliz para este cuento de Tía Coyote?

Conclusión. Aunque la investigación que capturó a La Tía se realizó en conjunto con la Fiscalía colombiana y la Embajada de estadounidense en Costa Rica, lo que esta crisis destapó fue una flagrante falta de cooperación regional para resolver un problema que evidentemente es transnacional. Los coyotes de los otros países no fueron capturados. Y aunque el flujo de cubanos se contrae, Costa Rica determinó que el lucrativo negocio también incluye a personas provenientes de países África y Asia. De hecho, el 30 de diciembre, tan solo dos días después del acuerdo regional, 51 extranjeros indocumentados fueron capturados en la costa pacífica costarricense: 26 nepalíes, 9 bangladeshíes, 9 somalíes, 4 eritreos, 2 Iraquíes, y un pakistaní. ¿Parece este ser un final feliz?

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”