#ElTalónDeAquiles: “Los Siete Pecados Capitales de Enrique Peña Nieto”

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El cambio generacional es importante porque supone innovación. El refrescante (aunque limitado) “Pacto por México”, un acuerdo inter-partidario suscrito en diciembre de 2012, que permitió reformas estructurales en educación, telecomunicaciones, y energía, encarna el potencial de Enrique Peña Nieto (EPN) para renovar la política de su país, e ilustra también su fracaso. Pocos son los avances en los ejes de acción definidos en esa iniciativa: el fortalecimiento del Estado, la ampliación de derechos económicos y sociales (democratización político-económica), y la participación ciudadana en el diseño, ejecución, y evaluación de políticas públicas. El primer pecado capital de EPN, un error usual en la política mundial contemporánea, es haber defraudado las esperanzas de cambio de sus votantes. 

En efecto, como líder partidario, su figura acongoja. Su candidatura al frente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) es símbolo de una modernización fracasada. Siempre se podrá argüir que difícil es que una persona transforme sola estructuras internas que empezaron a ser erigidas noventa años atrás. Pero el sexenio 2012-18 es una suma de oportunidades perdidas para cambiar la avejentada y anacrónica cultura priista. “Casa Blanca”, el escándalo por la compra de propiedades por parte de la pareja presidencial, y que simboliza la inmortalidad de las arcaicas formas de hacer política, encarna el segundo pecado capital de EPN. Además de resucitar y perennizar un tema inscrito en el ADN del PRI corporatista -la corrupción- el caso recordó la prepotencia del PRI neoliberal. Nada malo hubo, según EPN: si el gobernante ofreció excusas… es por empañar “la credibilidad de la institución presidencial”. ¡Pues gracias!

La errática política exterior es su tercer pecado capital. Claro, desde que decidió mirar al norte, el México neoliberal de los años 1990s decidió dejar de ser uno de los países más ricos de América Latina para convertirse en el socio (requete) pobre de Norteamérica (reduciendo además a lo económico su mirada multidimensional internacional). Se acabaron las alianzas con los países andinos, la política autónoma hacia el Caribe y el rol de poder subregional en Centroamérica. Por supuesto, EPN no tiene vela en ese entierro, pero sí en cuanto a su fracaso en privilegiar, como lo prometió, el multilateralismo para disminuir la dependencia de Estados Unidos. A decir verdad, todos los presidentes de México desde Carlos Salinas son culpables de lo mismo. Lo que convierte hoy en capital este pecado, es el marco de la ascensión del presidente Trump. La repugnancia nacional y la vergüenza ajena ante el servilismo mexicano en el marco de la cuestión migratoria y de la renegociación comercial norteamericana, fue evidente. La popularidad de EPN nunca se levantará de los deslices diplomáticos cometidos entre 2016 y 2018. 

A nivel económico, un crecimiento anualizado de alrededor de 2% del Producto Interno Bruto (PIB) y el mantenimiento de la “estabilidad”, son a menudo mostrados como signos de éxito. Cierto es que el crecimiento del PIB mexicano a partir de 2014 es mayor que el de Latinoamérica, que el desempleo urbano abierto 2014-16 bajó en poco más de un punto porcentual, y que el salario medio real, aumentó. Pero los datos formales en un país en donde lo informal representa al menos 25% de la actividad económica son, en el mejor de los casos, parciales. Además, no solo México seguía siendo en 2017 uno de los países más desiguales de la región, sino que el número de pobres permaneció invariable durante el sexenio 2012-18 (43,6% de la población en 2016). Malgastar el potencial económico existente en México para implantar reformas progresistas tendientes a disminuir las desigualdades, es el cuarto pecado capital de EPN. Que alguien me explique por qué es un “éxito económico” dejar un país tan pobre como se le encontró.

La inseguridad ciudadana es sin duda una mancha indeleble de este sexenio, el cual inició con el loable objetivo de privilegiar la prevención sobre la confrontación. Se buscó así dejar de combatir al crimen organizado para esforzarse en disminuir la violencia colectiva que tanto aquejaba a la ciudadanía. Sin embargo, la realidad superó la ficción. Los 31,174 asesinatos cometidos en 2017 (la tasa fue de 25 homicidios por cada 100,000 habitantes) hacen de ese año el más mortífero de la historia del país. Peor aún, la tendencia en la violencia generada por los choques entre las autoridades policiales y militares, y los carteles de la droga, sigue siendo hoy, a la alza. El quinto pecado capital de EPN es cuantificable: los homicidios ascendieron en marzo de 2018 a 104,583, superando así los 102,859 registrados durante el sexenio de Felipe Calderón, durante el cual se desarrolló la infame “Guerra contra el Narcotráfico”.

Con la torpe gestión de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, su sexto pecado capital, EPN hizo exactamente lo contrario a lo firmado en el “Pacto por México”. En vez de reforzar el Estado, extirpó todo amago innovador. En vez de promover la democracia, repitió una hipótesis cuya veracidad fue categóricamente desmentida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): no es cierto que policías corruptos hayan entregado los estudiantes a grupos criminales, quienes los habrían incinerado en un basurero. Esta mentira perpetúa el manto de impunidad que protege a los culpables. En vez de suscitar la participación ciudadana en la formulación de políticas públicas, Ayotzinapa muestra la importancia que EPN dio a la transparencia, la imputabilidad política, y la vigencia del Estado de Derecho: ninguna.

El séptimo pecado capital de EPN, que lo sintetiza todo, es el haberse constituido en el reproductor de los vicios del pasado en vez de convertirse en el arquitecto de las aspiraciones de futuro. En una encuesta publicada en agosto de 2018, el 66,8% de la población desaprobó su gestión, mientras que tan solo 21,2% la aprobó. ¿Qué esperar dados los antecedentes aquí expuestos? México llega al desenlace de un interminable sexenio que la mayoría desea olvidar. Que la guerra contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se detenga. Es tiempo de suspirar y respirar, aunque sea por unos cuantos minutos. 

Fernando A. Chinchilla

Nuakchot (Mauritania), noviembre de 2018

Salinas de Gortari es responsable del asesinato de Colosio: Felix Salgado

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El senador de Morena, Felix Salgado Macedonio, acusó al ex presidente Carlos Salinas de Gortari de ser el actor intelectual del asesinato del ex candidato a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio.

“¿Quién es el autor intelectual de estos crímenes? Carlos Salinas de Gortari. Él es el autor intelectual de estos crímenes, lo afirmo y lo confirmo y sin embargo goza de absoluta impunidad. A raíz de ahí en este país cada quien puede mandar a matar a quien quiera. No pasa nada”, dijo el Senador morenita en referencia al asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, entonces secretario general del PRI y que fue asesinado seis meses después de Colosio.

El legislador presentó un punto de acuerdo donde se le exhorta al Presidente Enrique Peña Nieto, para que gire instrucciones a la Procuraduría General de la República (PGR), con el objetivo de que se retire el carácter de clasificado al expediente de la investigación sobre el asesinato.

Luis Donaldo Colosio, fue asesinado el 23 de marzo de 1994 en Tijuana Baja California, cuando se encontraba en un mitin de su campaña rumbo a la Presidencia de México.

Se busca oposición

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Con la derrota del 1 de julio a cuestas, PRI y PAN entraron en un coma inducido del que no han despertado.

Se cumplen 2 meses de la elección presidencial y la victoria aplastante de López Obrador. Mientras los reflectores están completamente en las acciones y decisiones que tanto el Presidente Electo como su futuro gabinete están realizando, los otrora grandes partidos en México siguen en la incredulidad y no han comenzado su renovación. 

El PRI dañado gravemente ha optado por regresarle el control a Carlos Salinas de Gortari en la figura de Claudia Ruiz Massieu. La nueva presidenta del PRI no ha perdido tiempo y en un ejercicio de autocrítica retórica insta a sus militantes a que participen en el diagnóstico de la derrota. Incluso ha dedicado ciertas líneas a atacar a los que llevaron a la debacle del partido, pero sin ponerles nombre y apellido. 

Por otro lado, la designación de Miguel Ángel Osorio Chong y de René Juárez como coordinadores, sí muestra que el PRI ya no estará a disposición de Peña Nieto y el círculo Videgaray, pero tampoco significan el cambio profundo que ese partido verdaderamente necesita. Porque pensar que el problema está en las siglas y no en sus dirigentes, es el error en el que está cayendo el priismo para cambiar sin cambiar. 

Pero el caso más grave no sucede en el PRI. Los panistas, quienes serán la segunda fuerza en el Congreso de la Unión además de tener gubernaturas importantes, se mantienen fisurados, divididos, sin un proceso de cicatrización que impida a sus cuadros abandonar el partido. 

La autodesignación de Damián Zepeda como Coordinador en el Senado, aunada a la de Juan Carlos Romero Hicks con los Diputados Federales, fue la gota que derramó el vaso y desató enérgicas críticas de los panistas, por la inconsciencia y desfachatez con la que el Anayismo, principal culpable de la derrota, ha decidido apropiarse de todos los puestos clave haciendo a un lado a los demás grupos. 

El PAN no tiene un futuro alentador, ya que a la salida de cuadros como Margarita Zavala, Francisco Búrquez, Ernesto Cordero, se le estarán acompañando otros más en el futuro cercano, ya sea para pasar al retiro o para ser parte de otras fuerzas políticas e incluso fundar su propio partido. 

Tal parece que tanto el PRI como el PAN no entienden que no entienden, ya que sus acciones más que mostrar un sentido de responsabilidad y renovación, demuestran a unas cúpulas aferradas al poder y a los privilegios. En definitiva, se busca oposición.

AMLO agradece a Salinas, Fox y Calderón, pero insiste en quitar pensiones

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Andrés Manuel López Obrador agradeció a los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox y Felipe Calderón por sus felicitaciones tras ganar la contienda electoral aunque reiteró les quitará las pensiones por la reducción al gasto público.

“Le agradezco mucho al ex presidente Vicente Fox por sus palabras, estamos en un tiempo de reconciliación y unidad nacional; les agradezco esas muestras de respeto hacia mi persona, lo mismo agradezco al ex presidente Calderón y al ex presidente Salinas“, dijo después de una reunión con empresarios este miércoles por la mañana.

Sin embargo, reiteró que existe un acuerdo para eliminar las pensiones de los ex presidentes pues su gobierno estará marcado por la austeridad y la reducción del gasto público.

Ante el cuestionamiento sobre el respaldo del líder petrolero Carlos Romero Deschamps, López Obrador respondió que  eso se verá en su momento pues insistió, va a haber una democracia sindical y no se permitirá la corrupción.

Este miércoles, Andrés Manuel López Obrador se reunió con representantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) donde aseguró que no habrá imposiciones a este sector sino libertad para mejorar la economía de México.

En esa misma reunión, acordó con los empresarios un plan de apoyo para que más de 2.6 millones de jóvenes puedan continuar con sus estudios e insertarse en el mundo laboral a través de prácticas.

AMLO manda mensaje a Salinas y Cevallos

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El candidato a la Presidencia de México por la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, envío un mensaje al ex Presidente Carlos Salinas de Gortari y al panista y ex candidato a la Presidencia, Diego Fernández de Cevallos, en el cual les pidió serenidad, esto durante su cierre de campaña en Querétaro.

“No quiero terminar sin mandar un mensaje a Carlos Salinas de Gortari y a Diego Fernández de Cevallos con todo respeto. Tengo información de que están muy activos tratando de unir al PRI y PAN, sobre todo arriba, en la cúpula, para enfrentarnos y están alentando la guerra sucia, azuzando. Yo les digo que se serenen, que se tranquilicen, nosotros no le vamos a hacer daño a nadie, nosotros lo que queremos es que las cosas mejoren en beneficio de todos los mexicanos”, dijo López Obrador.

Poro otro lado, aseguró que el no tiene enemigos y que tampoco busca tenerlos.

“Les recuerdo que no es muy mi9 fuerte la venganza, nosotros no queremos venganza, nosotros buscamos,os que haya justicia y siempre van a tener extendida mi mano franca y sincera. Nadie va a ser perseguido, nadie se va a tener que ir del País, no vamos a desterrar a ningún mexicano”, aseguro el morenista.

En su discurso de cierre, el político tabasqueño, aseguró que su contrincante, Ricardo Anaya, esta desesperado y que por eso tiene como promesa de campaña, triplicar la pensión a los adultos mayores.

Balance de cuentas, Fin del Sexenio

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En menos de un mes, millones de mexicanos saldremos a votar a las urnas, a elegir a nuestro futuro Presidente por los próximos 6 años, una de las reglas del presidencialismo mexicano no escritas es: a los 6 años dejará el poder y te retirarás del servicio público.

Hay un candidato que piensa que todo esta mal, que se requiere destruir todo y empezar todo desde cero, que la corrupción galopante es la culpable de todos los males, ciertamente es algo que molesta a todos y más en un país donde el costo de uno de los bienes inelásticos en la economía se compone en 40% de impuestos, me refiero,  a la gasolina.

Es prudente mencionar que el gobierno que está por terminar el próximo 1 de diciembre, se atrevió en conjunto con la oposición a sacar reformas como la energética, educativa, electoral, competencia económica y telecomunicaciones (estas desde el punto de vista propio como las más importantes en los bolsillos de los mexicanos y las “más populares”), desde luego está la reforma hacendaria que nos dejó enojados por el alza en el ISR a las personas que mas ingresos tienen, el IEPS que en opinión propia a alimentos de alto contenido calórico (viene a ser meramente recaudatorio y sin probabilidad de acreditarlo como lo es el caso del IVA).

La reforma energética adopta un modelo de libre competencia en dos empresas productivas del Estado (CFE y PEMEX) que tienen graves problemas en sus finanzas y el tema de las pensiones, que se debió manejar desde tiempos de Salinas de Gortari bajo esquemas de libre mercado e inversión por parte de la IP, mediante estrategia compartida donde el riesgo y ganancias fueran para todos los participantes (incluyendo al Gobierno) y permitir la entrada de capitales en toda la cadena productiva del sector desde exploración hasta venta al público.

La reforma política electoral que tiene a bien incluir a los ciudadanos en las elecciones con la figura de las candidaturas independientes, sin duda algo que la Administración pública tenía como pendiente desde el 2006, con el caso de Jorge Castañeda, que hoy en el caso de Nuevo León una entidad federativa competitiva tiene ya un gobernador independiente.

La de competencia económica introduce organismos (COFECE y Tribunales de Competencia Económica) que por primera vez investiga y castiga de manera efectiva a los agentes económicos preponderantes por prácticas que afectan al consumo de las familias y empresas. 

En materia educativa el garantizar la calidad de la educación y la evaluación de los docentes por un organismo constitucionalmente autónomo (INEE) e instaura una educación de calidad para los niños y jóvenes mexicanos, se le tiene que seguir que apostando e invirtiendo en este rubro pero que sea a gasto de inversión como las TIC e instalaciones de calidad no a “sueldos de aviadores”. 

La de telecomunicaciones que regula y abre el mercado de sectores ante monopólios como son el  triple-play (telefonía, televisión de paga e internet) para que haya mayor cantidad de oferentes y los pequeños productores se beneficien de la infraestructura de los grandes como es el caso de la tarifa de interconexión, eliminando la larga distancia y el cobro por minuto en paquetes de telefonía celular pasando a esquemas de llamadas ilimitadas nacionales e incluso a Estados Unidos y Canadá.

Sin duda alguna en la opinión de un servidor estos cambios son perfectibles, sin embargo no se pueden instituciones o leyes y empezar desde cero, un buen gobierno se caracteriza por responder a intereses del ciudadano, entiendo el enojo ciudadano por los casos de moches y escándalos de corrupción pero creo que el próximo 1 de julio tendremos que salir a votar con la cabeza y no con el estómago, ya que retomando una frase que escuché hace poco tiempo y la dejó a su criterio: “La libertad es algo que solamente valoramos cuando la perdemos y que siempre se puede estar peor cuando se toman decisiones que no son a conciencia”. Lo peor que se puede hacer ese domingo es no salir a votar (abstenerse) o anular el voto.

AMLO: el presidente de las mayorías

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Si las elecciones fueran hoy, el tabasqueño llegaría al poder con un apoyo nunca antes visto en la historia de la democracia mexicana

Andrés Manuel López Obrador será el presidente de México por los próximos 6 años. Él y su equipo cercano lo saben, así como lo saben los candidatos rivales Ricardo Anaya y José Antonio Meade; los grandes empresarios del país que en los últimos días han sacado comunicados invitando a sus empleados a reflexionar su voto y evitar votar por opciones populistas. También lo sabe el presidente Peña, analistas y periodistas, válgame, hasta el ciudadano que tiene cero interés en las campañas. 

Es por ello que las campañas en los últimos días se apagaron, ahora la gente ya está pensando más en el mundial que viene, que en saber qué hicieron o dónde estuvieron los candidatos presidenciales. Solo una tragedia de proporciones bíblicas evitaría que AMLO sea electo el 1 de julio. 

La cuestión no es saber si López Obrador ganará o no la presidencia, sino con qué porcentaje de votos lo hará. Las últimas dos encuestas (El Norte y Parametría) lo ubican en una intención de voto del 52% al 54%. Para darnos una idea numérica, si del total del listado nominal (90 millones), vota un 60% (cifra que muy probablemente sea superior), estaremos hablando de que cerca de treinta millones lo elegirían presidente. 

Si queremos dimensionar lo significante que sería el resultado, ese porcentaje de votos no lo ha obtenido ninguno de los presidentes electos en los últimos 30 años. Carlos Salinas obtuvo un 50.36% (9.6 millones); Ernesto Zedillo un 48.69% (17.1 millones); Vicente Fox un 42.52% (15.9 millones); Felipe Calderón un 35.89% (15 millones) y Enrique Peña Nieto un 38.15% (18.7 millones). El último presidente electo con un porcentaje mayor a la intención que tiene el tabasqueño, fue Miguel de la Madrid en 1982 con el 84.4% del respaldo, en unas campañas electorales que servían como trámite para que el candidato del PRI accediera al poder. 

Casas encuestadoras como Consulta Mitofsky, estiman que Morena y sus aliados tengan con certeza una mayoría simple e incluso si las campañas siguen con este rumbo, lograrán una mayoría absoluta, algo que ningún presidente ha podido conseguir desde Ernesto Zedillo en el periodo 1994-1997. 

Por eso considero que AMLO será el presidente de las mayorías. Para el primero de julio habrá ganado con una mayoría superior al 50% de los votos, junto a una mayoría simple o una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Senadores. Ostentará el mayor bono democrático, incluso superior al de Vicente Fox y el cambio en el 2000. Esto porque lo que se estará votando ahorita no es meramente para cambiar de partido en el gobierno, para sacar al PRI de los pinos. No, lo que se votará este primero de julio va a ser un cambio en el régimen político mexicano. 

Para bien o para mal, Andrés Manuel López Obrador llegará a Palacio Nacional con la consigna y la gran responsabilidad de responderle y darle resultados a un pueblo que ya está cansado de la inseguridad, del no crecimiento económico, de la desigualdad y la pobreza, y sobre todo de la corrupción que tanto cuesta y que tanto detiene. 

Sí, AMLO tendrá un bono político muy amplio pero a la vez muy riesgoso, porque si los resultados no llegan y pronto, es probable que su presidencia no pase el corte de caja de la primera consulta para la revocación de su mandato.  

#HojaDeRuta: “¿Un Presidente de mayoría?”

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La democracia tiene como una de sus principales funciones la construcción de mayorías. Se construyen mayorías al momento de elegir representantes populares, para tomar decisiones legislativas y para dictar sentencias en el tribunal constitucional.

La recién publicada encuesta de Grupo Reforma da a Andrés Manuel López Obrador una intención de voto de 52%, lo cual significa una holgada ventaja de 26 puntos de su más cercano perseguidor, Ricardo Anaya, cuyos números han permanecido básicamente estancados desde el inicio de la campaña. 

Ante esta posibilidad, merece la pena recordar un dato: desde 1994 ningún presidente ha alcanzado o superado el 50% de la intención de voto. En aquél año, Ernesto Zedillo se proclamó vencedor precisamente con esa cifra. Seis años antes, tras un proceso plagado de irregularidades, Carlos Salinas de Gortari alcanzó la presidencia también con 50% de los sufragios.

Es comúnmente aceptado que las elecciones en México empezaron a ser “reales” a raíz de la reforma política del 95-96 y el subsecuente proceso electoral del 97, donde por primera vez el PRI perdió la mayoría en la cámara de diputados, mientras que la izquierda ganaba la primera elección a la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas.

De llegarse a dar un triunfo de AMLO por más de 50%, estaríamos ante el mayor margen de victoria en un cuarto de siglo, y también podría decirse, desde que las elecciones presidenciales con todos sus bemoles son competitivas. Por si esto fuera poco, dado el tamaño actual del padrón, sería el presidente con más votos en toda la historia del país.

Lo importante de la cifra radica en uno de los pilares del sistema democrático: la legitimidad y el capital político que esta conlleva. El histórico triunfo de Vicente Fox en el alba del milenio vino acompañado de lo que en aquél momento se llamó el “bono democrático”, que significó un capital político inusitado al ser el primer presidente de alternancia en siete décadas y representar la posibilidad de consolidar la transición democrática en México. Un capital que, sobra decir, fue desperdiciado.

Merece la pena puntualizar que cuando hablamos de transición democrática, hablamos el paso de un sistema autoritario a uno democrático por la vía pacífica e institucional. Ese proceso en México ha vivido algunos avances y múltiples retrocesos, pero definitivamente permanece inacabado.

Tras casi dos décadas de la alternancia, un triunfo de López Obrador con tal holgura podría abrir un escenario que permitiera retomar el proceso de transición. Esto implicaría un llamado a la reconciliación, tanto política como social, así como el desmantelamiento de instituciones y prácticas autoritarias heredadas del viejo sistema, que siguen vivas como hongos que estrangulan la raíz del árbol.

Idealmente, desde mi óptica, retomar la transición también implicaría una reforma del estado profunda, contemplando la posibilidad de un nuevo constituyente. Este último elemento no está en la agenda de AMLO, incluso ha declarado que no hace falta hacer mayores cambios constitucionales para aplicar su proyecto de gobierno.

Aunque hace algunos meses se veía lejano, hoy se asoma la posibilidad de que una eventual presidencia de López Obrador pudiese contar con mayoría en alguna de las cámaras (Reforma registra 42% de intención de voto para Morena en la Cámara Baja), fenómeno que también se ha vuelto extraño, pues los últimos presidentes han tenido que gobernar con congresos divididos.

Con un mes de campaña por correr, la tendencia se antoja irreversible, pues su comportamiento ha sido constante cuando menos desde fines del año pasado. 

De confirmarse una victoria por encima del 50%, AMLO y su equipo deberán proceder a un cálculo tan fino como veloz para procurar una transición tersa entre julio y diciembre, pero sobre todo, para definir los movimientos de sus primeros dos semestres, sin duda determinantes, porque será ahí donde utilice la reserva de capital político de la histórica victoria, y al mismo tiempo, donde la ola de la expectativa romperá para enfrentarse a las dificultades de gobernar.

Las circunstancias dibujan el sendero hacia la primera presidencia de mayoría del siglo XXI. Las condiciones favorables para la gobernabilidad podrían conducir hacia la consolidación de la transición democrática, etapa histórica que trascendería al proyecto político particular y podría contribuir sustancialmente a la maduración de la endeble democracia mexicana. 

No habrá pleito con empresarios, dice AMLO

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Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de la República por la coalición Juntos Haremos Historia advirtió que las cámaras empresariales continuarán publicando desplegados en su contra.

En un mitin en Nuevo León, el aspirante explicó que tiene información de que empresarios se reunieron hace unos días en Valle de Bravo, Estado de México, y que dieron la orden para que firmen una publicación que saldrá posiblemente publicada mañana.

En el evento, en el que estuvo arropado por Alfonso Romo, presidente del Consejo del Grupo Plenus, y Esteban Moctezuma, presidente ejecutivo de Fundación Azteca; el tabasqueño aclaró que tiene una buena relación con empresarios, más no con aquellos que han hecho riqueza mal habida.

“Ahora, el grupo que se cree dueño de México están reuniéndose para ponernos en contra de los empresarios de México. Se reunieron hace unos días, en Valle de Bravo, los de mero arriba, asociados, casi todos, con Carlos Salinas de Gortari, y dieron la orden para que organizaciones empresariales firmen un desplegado que va a salir posiblemente mañana en contra de nosotros”, dijo el candidato.

“Que se serenen los de la mafia del poder, no va a pasar nada, lo único que va a suceder es que los vamos a hacer a un lado sin testerearlos mucho, los vamos a tratar con sutileza, nada más que se va a acabar el bandidaje oficial, se va a acabar la robadera en México“.

El conflicto entre empresarios y Andrés Manuel López Obrador inició el pasado 2 de mayo cuando el candidato afirmó que se habían reunido con el aspirante de la coalición Por México Al Frente, Ricardo Anaya, para realizar un frente contra el morenista.

Expectativas 2018

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El ejercicio al cual se prestaron tres ex presidentes para describir “Las Expectativas 2018”, a invitación de Grupo Reforma, resultó probablemente más útil para quienes las escribieron que para quienes leímos las disertaciones presidenciales. En estos textos, se lavaron la memoria de todos sus olvidos y de todos sus errores en la conducción del país.

Carlos Salinas de Gortari prefirió plantear el escenario y no proponer soluciones. Reveladores de las frustraciones que le dejó su sexenio, resultan sus cuestionamientos sobre neoliberalismo, “una ciudadanía desarticulada y a la merced de los abusos del mercado” versus “el populismo (que) arrasa las iniciativas ciudadanas con sus métodos de control social vertical, aplicando una especie de socialismo de Estado”. Cuestiona las políticas aplicadas durante su mandato y profesadas por un sistema político priista invariable: “¿Continuarán las políticas sociales que solo promueven la dependencia en la ayuda oficial “focalizada”? ¿Alentarán más clientelismo para someterlos a los profetas de las soluciones sin esfuerzo?”

Todavía más patéticas se presentan las recomendaciones de un Vicente Fox quien exhala en un suspiro todo lo que no supo o no quiso hacer durante su sexenio: “Poner fin a la corrupción y a la impunidad”. ¿Algo hizo para detener al Fobaproa, expresión de todas las corrupciones acumuladas de políticos y empresarios reunidos? ¿Se atrevió a enfrentar el Pemexgate que exhibió todas las suciedades de un sistema electoral pervertido? Recomienda también: “Acabar con la violencia”, la cual sitúa después de su ejercicio del poder y en su tercera recomendación, deja entrever la frustración que sembró su gobierno: “Cambiar el régimen político”; la tarea que todos esperaban de su “gobierno del cambio” y que no supo o no quiso llevar a cabo. Ahora la pone de tarea para el futuro presidente. ¡18 años tarde! ¿Tendrá autoridad moral para proponer eso? Sugiere también nuevos procesos, ojalá tenga las herramientas para empujarlos: “garantizar el acceso masivo al crédito”, “impulsar una educación práctica”, “promover una mayor democracia y libertad de expresión”. Esperamos que en su “think tank” de Guanajuato utilice los abundantes recursos a su alcance para sustentar estos proyectos. Le aportaría al país lo que por tanta confusión y por una Martha tan estorbosa, no realizo durante su sexenio.

Felipe Calderón escribe cómo el alumno reprobado en su examen final pero que, ahora sí, tiene las respuestas correctas que no supo expresar en la tarea que la benevolencia del IFE de 2006 le encargó a nombre de la Nación. Está muy seguro de lo que hay que hacer. ¿Porqué no lo hizo en su tiempo? ¿Incapacidad para saber escuchar, distracciones personales, falta de una verdadera calidad moral para ejercer la política? Él tendrá la respuesta. Descubrió la lámpara mágica: “La falta de Estado de Derecho se refleja en problemas graves: inseguridad, corrupción, desigualdad. A su construcción debe destinarse la mayor cantidad de recursos y la mayo atención de la o el Presidente”. ¿Se dio cuenta después de haber sido presidente, o se le olvidó durante los seis años que tuvo para hacer este discurso realidad? ¿Realmente cree merecer una segunda oportunidad a través de Margarita? Hasta donde entiendo, la reelección no está disponible todavía para la presidencia de la República.

Comentarios realistas para denunciar políticos hipócritas que creen que pueden seguir engañando. Que estos comentarios negativos no impidan unos deseos verdaderos de Paz, Salud y Alegría, para cada uno de los lectores y los miembros de su familia.