AMLO agradece a Salinas, Fox y Calderón, pero insiste en quitar pensiones

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Andrés Manuel López Obrador agradeció a los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox y Felipe Calderón por sus felicitaciones tras ganar la contienda electoral aunque reiteró les quitará las pensiones por la reducción al gasto público.

“Le agradezco mucho al ex presidente Vicente Fox por sus palabras, estamos en un tiempo de reconciliación y unidad nacional; les agradezco esas muestras de respeto hacia mi persona, lo mismo agradezco al ex presidente Calderón y al ex presidente Salinas“, dijo después de una reunión con empresarios este miércoles por la mañana.

Sin embargo, reiteró que existe un acuerdo para eliminar las pensiones de los ex presidentes pues su gobierno estará marcado por la austeridad y la reducción del gasto público.

Ante el cuestionamiento sobre el respaldo del líder petrolero Carlos Romero Deschamps, López Obrador respondió que  eso se verá en su momento pues insistió, va a haber una democracia sindical y no se permitirá la corrupción.

Este miércoles, Andrés Manuel López Obrador se reunió con representantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) donde aseguró que no habrá imposiciones a este sector sino libertad para mejorar la economía de México.

En esa misma reunión, acordó con los empresarios un plan de apoyo para que más de 2.6 millones de jóvenes puedan continuar con sus estudios e insertarse en el mundo laboral a través de prácticas.

#HojaDeRuta: “¿Habrá transición de Estado?”

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¿En qué momento acaba la contienda y comienza la República? A unos cuantos días que termine un proceso electoral al que le han sobrado ataques y le ha faltado sustancia, merece la pena plantearse la pregunta.

Una contienda electoral es parte esencial de una República democrática. Contar con representantes elegidos por la voluntad popular es una condición para su existencia.

Sin embargo, como recién lo explico el profesor Mauricio Merino en la sesión plenaria de Consejo Nuevo León, la democracia tiene dos dimensiones: la primera es contar con representantes elegidos libremente. La segunda, que el poder sea ejercido democráticamente. Dos elementos indivisibles: uno de elección, otro de acción.

Bajo esta lógica, nuestra pregunta de apertura parece contradictoria. En el papel, lo es. En la realidad, no tanto.

Para ilustrar el punto, hace algunas semanas Porfirio Muñoz Ledo compartió en su columna de El Universal un pasaje de la democracia francesa: “después de años de un gobierno de derecha y de una izquierda falsaria, Miterrand ganó las elecciones en 1981 en alianza con el partido comunista. A pesar del gran viraje ideológico que ello representaba, el presidente Giscard d’Estaing promovió una transición de Estado. Miterrand cuenta que días antes de su toma de posesión, recibió a un militar de alta graduación encargado de explicarle los secretos mejor guardados del ejército y el uso de los dispositivos nucleares. El mensaje fue: la soberanía popular decide, pero Francia prevalece”.

En la historia contemporánea de México hay un episodio particular que responde al espíritu de la prevalencia de la República: la noche del 2 de julio del año 2000. El reloj marcaba las 23:02 cuando el presidente Ernesto Zedillo se enlazó en cadena nacional para reconocer el triunfo de Vicente Fox. El imposible se materializaba: por primera vez en siete décadas, el PRI había perdido la presidencia de México.

Zedillo no solamente cortó de tajo con la posibilidad de una “caída del sistema” similar a la de 1988, sino que hizo votos por el éxito de la administración que Fox habría de encabezar a partir de diciembre de aquél año: “Durante el tiempo que resta de mi mandato, seguiré cuidando celosamente la buena marcha del país; he externado al licenciado Fox mi confianza en que su mandato habrá de iniciarse con un México unido, en orden, trabajando y con una base muy sólida para emprender las tareas del desarrollo nacional de los próximos seis años”.

Afirmó también: “Hoy, hemos podido comprobar que la nuestra es ya una democracia madura, con instituciones sólidas y confiables, y especialmente con una ciudadanía de gran conciencia y responsabilidad cívica”. Los adjetivos, aunque frágiles, parecían ir en la dirección correcta: por primera vez se daba la alternancia en la historia moderna, se había conseguido de forma pacífica y con una autoridad electoral de esencia ciudadana a cargo del proceso.

Bien podría argumentarse que la intentona de fraude hubiese podido resultar en un estallido social y eso habría orillado a la decisión. Conjeturas aparte, el hecho es que se el triunfo de Fox se reconoció. Por cierto, la diferencia fue de 6 puntos entre el panista y Francisco Labastida, abanderado del PRI.

Aquella democracia madura y de instituciones sólidas que Zedillo anunciaba durante su mensaje a la nación, habría de sufrir un colapso apenas una elección después durante la siguiente elección presidencial. En aquél enlodado proceso ni siquiera hubo los elementos para definir un ganador, como lo ha documentado José Antonio Crespo en el libro “2006: Hablan las actas”.

Hoy que la tendencia coloca a López Obrador con una ventaja inusitada en las elecciones post-alternancia y que podría incluso ser el primero de esta etapa en alcanzar un gobierno de mayoría, el intento de democracia mexicana tendrá un enorme reto en la actitud que muestren tanto la presidencia de Peña Nieto como las campañas y partidos de Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Aunque las condiciones de fragilidad y disfuncionalidad institucional requieren transformaciones de largo aliento, una actitud de Estado durante la noche del 1 de julio, así como en los meses de transición, abonaría a la idea de que México prevalezca más allá de fuerzas y coyunturas. 

AMLO: el presidente de las mayorías

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Si las elecciones fueran hoy, el tabasqueño llegaría al poder con un apoyo nunca antes visto en la historia de la democracia mexicana

Andrés Manuel López Obrador será el presidente de México por los próximos 6 años. Él y su equipo cercano lo saben, así como lo saben los candidatos rivales Ricardo Anaya y José Antonio Meade; los grandes empresarios del país que en los últimos días han sacado comunicados invitando a sus empleados a reflexionar su voto y evitar votar por opciones populistas. También lo sabe el presidente Peña, analistas y periodistas, válgame, hasta el ciudadano que tiene cero interés en las campañas. 

Es por ello que las campañas en los últimos días se apagaron, ahora la gente ya está pensando más en el mundial que viene, que en saber qué hicieron o dónde estuvieron los candidatos presidenciales. Solo una tragedia de proporciones bíblicas evitaría que AMLO sea electo el 1 de julio. 

La cuestión no es saber si López Obrador ganará o no la presidencia, sino con qué porcentaje de votos lo hará. Las últimas dos encuestas (El Norte y Parametría) lo ubican en una intención de voto del 52% al 54%. Para darnos una idea numérica, si del total del listado nominal (90 millones), vota un 60% (cifra que muy probablemente sea superior), estaremos hablando de que cerca de treinta millones lo elegirían presidente. 

Si queremos dimensionar lo significante que sería el resultado, ese porcentaje de votos no lo ha obtenido ninguno de los presidentes electos en los últimos 30 años. Carlos Salinas obtuvo un 50.36% (9.6 millones); Ernesto Zedillo un 48.69% (17.1 millones); Vicente Fox un 42.52% (15.9 millones); Felipe Calderón un 35.89% (15 millones) y Enrique Peña Nieto un 38.15% (18.7 millones). El último presidente electo con un porcentaje mayor a la intención que tiene el tabasqueño, fue Miguel de la Madrid en 1982 con el 84.4% del respaldo, en unas campañas electorales que servían como trámite para que el candidato del PRI accediera al poder. 

Casas encuestadoras como Consulta Mitofsky, estiman que Morena y sus aliados tengan con certeza una mayoría simple e incluso si las campañas siguen con este rumbo, lograrán una mayoría absoluta, algo que ningún presidente ha podido conseguir desde Ernesto Zedillo en el periodo 1994-1997. 

Por eso considero que AMLO será el presidente de las mayorías. Para el primero de julio habrá ganado con una mayoría superior al 50% de los votos, junto a una mayoría simple o una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Senadores. Ostentará el mayor bono democrático, incluso superior al de Vicente Fox y el cambio en el 2000. Esto porque lo que se estará votando ahorita no es meramente para cambiar de partido en el gobierno, para sacar al PRI de los pinos. No, lo que se votará este primero de julio va a ser un cambio en el régimen político mexicano. 

Para bien o para mal, Andrés Manuel López Obrador llegará a Palacio Nacional con la consigna y la gran responsabilidad de responderle y darle resultados a un pueblo que ya está cansado de la inseguridad, del no crecimiento económico, de la desigualdad y la pobreza, y sobre todo de la corrupción que tanto cuesta y que tanto detiene. 

Sí, AMLO tendrá un bono político muy amplio pero a la vez muy riesgoso, porque si los resultados no llegan y pronto, es probable que su presidencia no pase el corte de caja de la primera consulta para la revocación de su mandato.  

#HojaDeRuta: “¿Un Presidente de mayoría?”

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La democracia tiene como una de sus principales funciones la construcción de mayorías. Se construyen mayorías al momento de elegir representantes populares, para tomar decisiones legislativas y para dictar sentencias en el tribunal constitucional.

La recién publicada encuesta de Grupo Reforma da a Andrés Manuel López Obrador una intención de voto de 52%, lo cual significa una holgada ventaja de 26 puntos de su más cercano perseguidor, Ricardo Anaya, cuyos números han permanecido básicamente estancados desde el inicio de la campaña. 

Ante esta posibilidad, merece la pena recordar un dato: desde 1994 ningún presidente ha alcanzado o superado el 50% de la intención de voto. En aquél año, Ernesto Zedillo se proclamó vencedor precisamente con esa cifra. Seis años antes, tras un proceso plagado de irregularidades, Carlos Salinas de Gortari alcanzó la presidencia también con 50% de los sufragios.

Es comúnmente aceptado que las elecciones en México empezaron a ser “reales” a raíz de la reforma política del 95-96 y el subsecuente proceso electoral del 97, donde por primera vez el PRI perdió la mayoría en la cámara de diputados, mientras que la izquierda ganaba la primera elección a la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas.

De llegarse a dar un triunfo de AMLO por más de 50%, estaríamos ante el mayor margen de victoria en un cuarto de siglo, y también podría decirse, desde que las elecciones presidenciales con todos sus bemoles son competitivas. Por si esto fuera poco, dado el tamaño actual del padrón, sería el presidente con más votos en toda la historia del país.

Lo importante de la cifra radica en uno de los pilares del sistema democrático: la legitimidad y el capital político que esta conlleva. El histórico triunfo de Vicente Fox en el alba del milenio vino acompañado de lo que en aquél momento se llamó el “bono democrático”, que significó un capital político inusitado al ser el primer presidente de alternancia en siete décadas y representar la posibilidad de consolidar la transición democrática en México. Un capital que, sobra decir, fue desperdiciado.

Merece la pena puntualizar que cuando hablamos de transición democrática, hablamos el paso de un sistema autoritario a uno democrático por la vía pacífica e institucional. Ese proceso en México ha vivido algunos avances y múltiples retrocesos, pero definitivamente permanece inacabado.

Tras casi dos décadas de la alternancia, un triunfo de López Obrador con tal holgura podría abrir un escenario que permitiera retomar el proceso de transición. Esto implicaría un llamado a la reconciliación, tanto política como social, así como el desmantelamiento de instituciones y prácticas autoritarias heredadas del viejo sistema, que siguen vivas como hongos que estrangulan la raíz del árbol.

Idealmente, desde mi óptica, retomar la transición también implicaría una reforma del estado profunda, contemplando la posibilidad de un nuevo constituyente. Este último elemento no está en la agenda de AMLO, incluso ha declarado que no hace falta hacer mayores cambios constitucionales para aplicar su proyecto de gobierno.

Aunque hace algunos meses se veía lejano, hoy se asoma la posibilidad de que una eventual presidencia de López Obrador pudiese contar con mayoría en alguna de las cámaras (Reforma registra 42% de intención de voto para Morena en la Cámara Baja), fenómeno que también se ha vuelto extraño, pues los últimos presidentes han tenido que gobernar con congresos divididos.

Con un mes de campaña por correr, la tendencia se antoja irreversible, pues su comportamiento ha sido constante cuando menos desde fines del año pasado. 

De confirmarse una victoria por encima del 50%, AMLO y su equipo deberán proceder a un cálculo tan fino como veloz para procurar una transición tersa entre julio y diciembre, pero sobre todo, para definir los movimientos de sus primeros dos semestres, sin duda determinantes, porque será ahí donde utilice la reserva de capital político de la histórica victoria, y al mismo tiempo, donde la ola de la expectativa romperá para enfrentarse a las dificultades de gobernar.

Las circunstancias dibujan el sendero hacia la primera presidencia de mayoría del siglo XXI. Las condiciones favorables para la gobernabilidad podrían conducir hacia la consolidación de la transición democrática, etapa histórica que trascendería al proyecto político particular y podría contribuir sustancialmente a la maduración de la endeble democracia mexicana. 

Anaya revisara pensiones de ex Presidentes

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El candidato a la Presidencia de México de la coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya, dijo hoy en su conferencia de la mañana que ya ordeno al equipo técnico de su campaña verificar si los ex Presidentes de la República reciben una pensión de 5 millones de peso, como lo asegura su contrincante Andrés Manuel López Obrador.

“Yo estoy francamente sorprendido con este dato de que a los ex Presidentes se les estén entregando 5 millones de pesos mensuales. He pedido ya a nuestro equipo técnico que pueda verificar verificar esta información”, afirmó el panista.

Anaya también dijo que una vez verificada la información, dará una postura sobre el tema, pero que de ser real el no estaría de acuerdo que se este dando ese dinero.

“Una vez que tengamos la información verificada vamos a fijar nuestra posición. Me parecería difícil de creer que estén recibiendo esas cantidades de dinero. De ser el caso, pues por supuesto que yo no estaría de acuerdo”.

El tema de las pensiones a los ex presidentes tomo vuelo durante el fin de semana, cuando el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, aseguró que la única pensión que tendría el ex presidente Vicente Fox, sería el programa para adultos mayores “65 y más”.

Hasta el momento José Antonio Meade es el único de los cuatro candidatos presidenciales que ha expresado estar a favor de mantenerlas.

Meade promete que en su Presidencia las pensiones a expresidentes se mantendrán

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El candidato a la Presidencia de México de la coalición “Todos por México”, José Antonio Meade, aseguró este domingo que si el gana la elección del 1 de julio, las pensiones a los expresidentes se mantendrán.

Argumentando que se trata de respetar el Estado de derecho, dijo que es necesario que se sigan entregando, contra diciendo de esta manera la propuesta de Andrés Manuel López Obrador de quitarlas.

“Respeto al Estado de derecho, dignificar a quien en su gestión entregó al país vida y certeza, a mí me parece que en términos generales tenemos que cuidar ese Estado de derecho y tenemos que cuidas a estas instituciones”, dijo el candidato del PRI.

El ex Presidente, Vicente Fox, también salió a la defensa de las pensiones este fin de semanas, esto después de que el candidato de Morena asegurara que el ex mandatario se vería solamente beneficiado por el programa para adultos mayores “65 y más”.

La mafia del poder esta dividida; Salinas y Diego apoyan a Anaya: AMLO

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El candidato de MorenaPTPESAndrés Manuel López Obrador, aseguró que está “dividida” la “mafia del poder” y por ello se están amenazando mutuamente con meterse a la cárcel.

En este “pleito entre la misma mafia”, llamó a “evitar que se vean como enemigos a destruir”.

Sobre la amenaza de cárcel que se lanzan priistas y panistas, bromeó: “Si fuese así, no alcanzan las cárceles porque son muchos los que tendrían que ir al tambo, son muy corruptos”.

A su adversario Ricardo Anaya le pidió que expliqué por qué se peleó con Peña Nieto y ahora lo quiere “meter a la cárcel”, además de que le pidió revelar cuántas veces se reunió con él “en lo oscurito”.

Aunque afirmó que está “casi 20 puntos arriba (en las encuestas)” de los otros competidores, no descartó un “fraude” porque en “la historia de México siempre ha habido” y recordó el caso de la elección de gobernador en Edomex, además de cómo el ex presidente Vicente Fox “operó para robarse la presidencia”, en referencia a cuando ganó Felipe Calderón.

Respecto a su advertencia de que “el que suelte el tigre que lo amarre”, comentó que “los que están acostumbrados a hacer fraude ya tomaron nota”.

En cuanto a José Antonio Meade consideró que le cargan toda la culpa, por ejemplo del gasolinazo, cuando también Anaya y el PAN tienen responsabilidad en esas decisiones.

¿Quedaría Anaya fuera de la Presidencial? Una posibilidad…

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Hoy el columnista de “El Universal”, Salvador García Soto, asegura que ya hay platicas entre las dirigencias de los partidos que conforman la coalición “Por México al Frente”, sobre un posible escenario donde tengan que bajar a su candidato, Ricardo Anaya, por las acusaciones de supuesto lavado de dinero en su contra.

De acuerdo con García Soto a las dirigencias del Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), les preocupa que Anaya se inculpado directamente por la Procuraduría General de la República (PGR) por el delito antes mencionado, por lo que ya preparan un plan B.

Entre las opciones de los tres partidos, esta el ex secretario de Gobernación durante la administración de Vicente Fox, Santiago Creel Miranda, puesto que cumple con todos los requisitos legales para contender y la simpatía de varios sectores de la política nacional y aún más importante el apoyo de gobernadores panistas.

Aunque primeramente consideraron subir a Miguel Ángel Mancera, en caso de la eventualidad, esto no sería ya posible, dado que aún ocupa el cargo de Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y debió de haberse separado del cargo seis meses antes de la elección.

#ElNidoDelGavilán: “Pasta de Conchos: La vida vale más que el carbón”

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A las dos de la mañana del 19 de febrero de 2006, una explosión en la mina carbonera número 8 de Pasta de Conchos en Nueva Rosita, Coahuila cobró la vida de 65 trabajadores, de los cuales 63 cuerpos siguen sin ser recuperados.

En un tiempo donde las mineras extranjeras son objeto de crítica, en muchos casos, alentada por la xenofobia, este accidente aconteció en una mina de Grupo México de Germán Larrea, una empresa que se ha encargado de sacar el carbón de Coahuila arriesgando la vida de los mineros y apoyada por el corrupto gobierno estatal.

De acuerdo con la Fundación Heinrich Boll México, de los 3,103 mineros que han perecido en explosiones y otros siniestros en las minas de carbón de Coahuila registrados desde 1900, únicamente permanecen sin recuperarse los restos de los trabajadores de las minas operadas por Grupo México en las que ya no era rentable para la empresa continuar extrayendo carbón.

El carbón no solo es contaminante y uno de los principales contribuyentes al cambio climático, deja profundas huellas en el lugar de extracción y Coahuila no es la excepción.

Las asociaciones civiles tienen que seguir presionando al gobierno estatal, federal y a las mineras asesinas que como Grupo México trabajan bajo condiciones riesgosas. Así como impulsar la economía del Estado y reducir la dependencia al mineral, buscando fuentes alternativas de desarrollo.

Asimismo, el Sindicato Minero sigue brillando por su ausencia, el líder Napoleón Gómez Urrutia huyó justo después del accidente, dejando una estela de impunidad.

Activistas como el Obispo de Saltillo, Raúl Vera, repudiado por el clero conservador de Monterrey y afín a los “Millonarios de Cristo”, dedicó en estos días parte de su homilía al tema, siendo él mismo uno de los principales instigadores al gobierno estatal para que se investiguen los hechos.

A hoy, ningún funcionario ni de Grupo México, ni de la mina, ni de la secretaría del Trabajo de Coahuila, ni nadie en lo grande y ancho del estado ha sido encarcelado por los hechos de Pasta de Conchos.

Se muestra como se ha visto en Michoacán, especialmente, que los mineros son mercancía barata, usados, ultrajados y sometidos a los intereses de gobiernos locales corruptos, de narcotraficantes y líderes mineros maiceados bajo un desdén de la sociedad mexicana que le va y le viene lo que pase con estos hombres y sus familias. Y más en un estado de Coahuila donde pasó de todo, aunque mañana caiga una bomba atómica en Saltillo, no pasará absolutamente nada.

Lo dicho, dicho está.

#AlebrijesPolíticos: “El juego de los dardos políticos”

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Cada que viene una elección los candidatos y candidatas nos dicen que son algo diferente. Nos venden que mientras el otro robo, ellos no lo van a hacer, si el otro no cumplió, ellos si lo harán y si el otro fue un pésimo gobernante, ellos serán mejores. Por otro lado, nosotros los electores, nos dejamos enamorar, y creemos que si el rojo no funcionó, posiblemente el azul si, pero si el azul falla, esta el amarillo y así en adelante. Desde hace años, estamos jugando a los dardos políticos, que es básicamente, “si con este no di en el blanco, de seguro con el que viene si le doy”.

Vamos a remontarnos a las elecciones del 2000. Vicente Fox era el candidato del PAN, era el de la oposición, era el que se vendía con su lema de “ya, ya, ya”, como una mejor opción que el candidato del PRI, partido que hasta ese momento lleva 70 años en el poder. ¿Le dimos al blanco con Fox? No, nos dimos cuenta, ya muy tarde, que el candidato fue más de lo mismo, quizás algunas cosas cambiaron para bien, pero otras empeoraron.

En Nuevo León la historia es algo parecida. Como no nos funciono ni el rojo, ni el azul, en el 2015 optamos por el morado. ¿A resultado algo diferente el morado? En realidad no, a dos años de haber sido electo, hay promesas de campaña incumplidas. A los 5 meses de estar en el poder tuvo su primer escándalo, el famoso “cobijagate”, la autocrítica es nula, y cuando se le cuestiona, reacciona al puro estilo del PRI de los sesentas, setentas u ochentas. En pocas palabras es mejor descalificar, que aceptar y corregir errores.

Desde mi punto de vista, en el 2018 nos enfrentamos al mismo a nivel nacional. Tenemos al candidato del color vino, que nos endulza el oido garantizándonos que con el las cosas serán diferentes. El problema es que se no dice como, y cuando responde se va por ligerezas y ocurrencias.

Tal parece que el problema no son los candidatos, sino nosotros que tenemos en la mano los dardos, debemos aprender a jugar. Es decir, si vamos a tirar el vino para darle en el blanco, entonces vamos por ese, pero después de acabe el proceso electoral (el juego), debemos de seguir exigiendo, presionando y cuestionando, sino seguiremos tirando dardos, sin darle al blanco.

#DeRelleno

Esta semana mi buen amigo y columnista PepeChuy Galindo, en su espacio #ElNidoDelGavilán, escribió sobre la supuesta intervención rusa en las elecciones de este año de México, tema que aborde en este espacio la semana pasada.

Más allá del “chicarroneo” que argumenta PepeChuy que hay en las redes sociales en torno al tema. Puedo comentar que la intervención se ha tomado con una ligereza que preocupa. Las redes sociales, son la prueba de una posible intervención, además son la parte vulnerable. Solo basta ver que el INE, ya busca juntarse con Facebook y Google. Repito, no es chicharroneo, es una realidad y se debe de tomar en serio.