IVA a Millennials y Militarización en México

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¿Por que el IVA a Netflix si fue tendencia en twitter para los millennials y la militarización de México no? Eso es el resultado de dos México distintos. 

Durante estos días vimos de todo: jóvenes rechazando el 16% de valor agregado “por afectar su economía” y por otro lado, quien abrazaba la idea “si somos privilegiados, debemos pagar” pero aquellos que protestaban por impuestos, no lo hacen con la militarización en México. 

El problema de ambas situaciones no es si el IVA disminuye la pobreza o que el Gobierno inventa impuestos y es incapaz de brindar seguridad, el problema es que nuestra generación solo abraza las causas que están arriba del iceberg y no las profundas siendo igual que omiso que el gobierno. Tal vez porque no prenden en redes, tal vez porque no son mediáticas en nuestra generación o porque ya nos acostumbramos a ellas.

Prueba de ello, es el alcance mediático en redes de ambas políticas públicas mencionadas: Mientras el IVA representa un impuesto indirecto, que nunca se etiqueta para programas sociales y que su objetivo solo es aumentar las recaudaciones fiscales, en contra sensus, la militarización del País es el resultado de una política de Estado en materia de seguridad fallida, donde en lugar de apostar a combatir las causas que provocan la violencia, se despliega a los efectivos del ejército por “carecer de Instituciones” y solo ser reaccionarios ante la ola de violencia. Prueba de ello es Magdalena de Kino, Sonora ayer.

¿Entonces tenemos un Gobierno que nos aumentan la recaudación de impuestos mientras pero no es capaz de brindar un ambiente seguro e incentivar y ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes y tener una movilidad social real y no protestamos por ello?

Mientras la encuesta sobre disponibilidad y uso de tecnologías de la información y comunicación en los hogares menciona que solo el 65.8% de los mexicanos tenemos acceso a internet, lo seguro es que mientras caímos en la cortina de humo del IVA, no nos dimos cuenta que el 100% de los mexicanos vivimos en una inseguridad constante en medio de una ingobernabilidad de las instituciones con un gobierno oportunista de la miseria. 

Esto nos explica porque tenemos un Presidente sordo a los millennials: El gobierno actual no nos representa ni busca hacerlo. Tiene una base mayoritaria que busca mantener y no hay juventud que sea firme opositora real. No hablo de marchas o anarquismo, hablo que ni siquiera nosotros estamos conectados entre nosotros y tampoco tenemos la representación en los espacios de gobierno.

Ejemplo de lo anterior, es un gobierno que desaparece institutos de emprendimiento, recorta apoyos sociales como guarderías infantiles para madres solteras y institutos de la juventud atados de manos que no sale de redes sociales.

Aunque irónicamente este articulo no saldrá de Twitter, Instagram o Facebook, nosotros somos privilegiados y eso, debería hacernos entender que tenemos una mayor responsabilidad social. Obligación que va más allá que estar detrás del escritorio.

Nuestra generación debe ir más allá, ir por las causas profundas que lastiman a nuestras generación. Buscar la participación social real. Buscar crear más mesas de diálogos con coincidencias entre los colectivos que diferencias. Crear iniciativas de ley y actividades de impacto al Sistema Político. Organizaciones de la sociedad civil que coaccionen a más organizaciones y grupos homogéneos partidistas que incentiven la vida política del país, pero fuera de Twitter. 

Mientras no busquemos incentivar el diálogo y la crítica en TODOS los jóvenes mexicanos, no solo en Twitter, seremos una generación más que madure y nos olvidemos de las causa que aún existen en México. Mientras no exijamos al gobierno nos represente realmente, todos los días en México seguirán existiendo pobres, asesinatos y feminicidios por un odio que no sabemos identificar. pobre jovenes, asesinatos de jóvenes y feminicidios de mujeres jóvenes.

Es nuestro tiempo millennials. A los centennials les tocará después. 

#ElTalónDeAquiles: “Cambia, todo cambia”

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En el debate sobre los puntos de partida y llegada de las décadas, sigo la matemática, según la cual el conteo inicia en uno y termina en cero. También me ajusto al calendario gregoriano, que cuenta las décadas de la misma forma.  Así, a pesar de algunos precoces que insisten en celebrar el inicio de los nuevos años veinte, debo insistir sobre el hecho que seguimos en la segunda década del siglo XXI, lo cual no nos impide echar un vistazo a los últimos nueve años de historia, a manera de una preparación antecedente a la celebración.

En 2011, sentíamos todavía la resaca de la crisis económica mundial (2008). Tal vez lo peor de los apuros del Euro había ya pasado, pero las secuelas en la arquitectura europea apenas se gestaban (la novela del Brexit era todavía inimaginable). El precio del barril de petróleo superaba los USD 112: era la época de oro de las nomenklaturas de petro-Estados como el angolano y el venezolano, que pudieron continuar endeudándose para alimentar sus redes corporatistas de distribución de rentas. Hoy, el precio del crudo está en USD 67. A pesar de su reciente aumento, producto, entre otros, del nerviosismo generado por el asesinato del general iraní Qassem Soleimani, es difícil imaginar una tendencia sostenible al alza de los combustibles fósiles en medio de una crisis climática como la actual.

A inicios de la década, Snapchat y Google+ son creados, Facebook y Twitter entran en la bolsa de valores, y Facebook compra Instagram. WhatsApp surge y la transmisión por streaming se extiende. Sin la masificación de internet, la generalización de banda ancha y la popularización de los teléfonos inteligentes, el crecimiento en importancia de las redes sociales habría sido imposible. Cierto es que la primavera árabe generó ilusión ante el rol que estas tecnologías podría jugar en la apertura de nuevas rutas de progreso. El desplome de los regímenes autoritarios en Tunes, Egipto, y Libia nutrieron el optimismo. Pero la democratización electrónica instauró un nuevo reino, el de los opinólogos e influencers, que dio paso a las fake news, uno de los peligros más importantes de nuestra época. Hoy, cualquiera puede decir lo que sea, y su opinión vale lo mismo que la de un experto. No existen árbitros en este juego y nadie sabe quien miente, si es que verdad existe.

Un intento de rebelión en Siria nos hizo imaginar la democracia, pero la aventura terminó en un complejo conflicto armado que perdura hoy en día. La muerte de Osama ben Laden permitió tal vez cerrar el trauma abierto una década atrás con el atentado de las Torres Gemelas en New York (2001), pero el Estado Islámico se expandió. La vuelta al poder de los socialistas franceses, la elección de Dilma Rousseff, de Luis Guillermo Solís, y la reciente llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, fueron hechos esperanzadores, como también lo fueron la reelección de Barack Obama, de Michelle Bachelet, y de Juan Manuel Santos (a quien Colombia le debe la paz que continúa disfrutando). Pero a la vuelta de la esquina esperaba Jair Bolsonaro, al tiempo que irresponsables y demagógicos líderes pentecostales, como Fabricio Alvarado, surgieron por toda América Latina, convirtiéndose en verdaderas amenazas al modernismo como filosofía política. ¿Y qué decir del primer Papa nacido en el continente americano, jesuita además? Francisco inició su pontificado como una auténtica estrella de rock.

Después de 19 meses de guerra comercial, Washington parece dejar de lado su proteccionismo y se apresta a firmar un acuerdo comercial con Pekin. El Papa rebelde ya no electrifica fans; su cotidianeidad es marcada por la gestión burocrática de múltiples escándalos sexuales que no terminan de deslegitimar la institución que representa. Muchos esperamos el milagro que nos salvará de la segunda presidencia de Trump. Y aunque las Greta Thunberg de este mundo han surgido gracias a las redes sociales, hoy son más las preguntas en materia de desinformación social y de deformación política que estas herramientas generan, que las ilusiones que alimentan. Cambia… ¿todo cambia? Tenemos todavía este año para hacer el balance de lo bueno y malo, y para ver qué nos deja esta segunda década del siglo XXI. ¡Feliz 2020!

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), 15 de enero de 2019

Aclaran que Morales solo consumió agua y café

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El restaurante Brick aclaró que el expresidente de Bolivia, Evo Morales sólo consumió agua y café durante el tiempo que paso en las instalaciones para la atención de algunos medios de comunicación.

En su cuenta de Instagram, el establecimiento indicó que el exmandatario boliviano no consumió ningún alimento, sino que sólo se dispuso de agua y café para sus invitados.

El comunicado se da después de que varios medios de comunicación consignaron la visita de Morales como parte de su almuerzo. El sucedo generó polémica en redes sociales debido a alto precio del negocio, pues cada plato cuesta un promedio de entre 500 y mil pesos.

Por otro lado, los usuarios de redes sociales cuestionaron que la actual manutención del expresidente corra enteramente por cuenta al erario público, debido a que el gobierno de AMLO le ofreció asilo político por el golpe de Estado en su contra y, de acuerdo con el canciller Marcelo Ebrard, Evo llegó a México “sin cartera”.

#FactCheck: FaceApp no roba tus datos

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Muy probablemente ya fuiste parte de la nueva tendencia en redes sociales llamada FaceApp, una aplicación que nos permite ver dónde tendremos nuestras arrugas en algunos años. Así mismo, ya comenzaron diversos medios a decir que dicha aplicación roba tus datos personales, accede a todas las fotos que tengas en tu celular, o inclusive que se las venden al gobierno ruso.

Si bien cualquier aplicación de celular ligada a las redes sociales tiene acceso a la información que ya compartiste en estas redes, esto no signifique que la roben. El acuerdo de privacidad de FaceApp, el cuál se ha mantenido igual desde enero del 2017, establece que los datos que se guardan son sólo tanto las fotos creadas dentro de la aplicación como metadata, cookies e información del dispositivo con el que hiciste la foto.

Si ya te sientes un poco inseguro o asustado por el acceso que tiene la aplicación, cabe mencionar que son las mismas cosas a las que Facebook, Instagram o Twitter tienen acceso en cuanto haces una cuenta y lees (esperamos) los términos de privacidad. Por ello, y como fue con tu consentimiento, no es un robo ni es nada nuevo en el mundo de las redes. En resumen, no es noticia.

Tampoco significa que se vayan a quedar ahí siempre, recientemente Facebook abrió la posibilidad a que vieras qué aplicaciones o páginas en la plataforma tenían tus datos, para que pudieras borrarlos si no te sentías cómodo.

Con información de Verificado MX.

La delgada línea de pixeles no. 4

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Es un sábado por la mañana, y tengo una cita con un proveedor. La cita la hizo alguien más, entonces es la primera vez que lo voy a conocer. Entablamos plática sobre el proyecto, y minutos después me pasa su contacto. Comienzo escribiendo su primer nombre; inmediatamente mi celular me sugiere el apellido que corresponde. Me sobresalto por un momento. 

Y luego excavo entre mis recuerdos: me pasaron el nombre del proveedor anteriormente, por WhatsApp, y la aplicación que utilizo para el teclado de mi celular tiene permiso de recoger mis mails y conversaciones, para mejorar así su capacidad de predecir lo que voy a escribir. En el momento en el que se me sugirió esto, que en teoría era opcional, me sonó como algo lógico. La aplicación hace énfasis en ahorrarte tiempo con sus predicciones, y esa era la mejor manera de hacerlo. Es hasta ese momento, cuando predijo el nombre del contratista, con quien hablaba por primera vez y cuyo contacto estaba grabando apenas en mi celular, que me di cuenta de la rienda suelta que le di a la aplicación. Lo peor, claro, es que le he dado ese mismo acceso, o similares, a un montón de otras aplicaciones y aparatos y sitios web. 

Decimos que queremos privacidad, ¿pero realmente la queremos? ¿es posible siquiera tenerla? ¿Qué es exactamente la privacidad en época de Instagram y Facebook y Google Maps? Google Maps me envía notificaciones cuando llego a un restaurante o tienda y me pide que la califique o que responda preguntas sobre ella. Facebook me sugiere amigos que corresponden a contactos que existen en mi celular, a pesar de que nunca le he dado acceso directo a mis contactos (probablemente alguno de esos amigos sugeridos sí le ha dado acceso a Facebook a los suyos). 

El único remedio parecía ser mantenernos fuera de estas redes sociales, pero el simple hecho de tener un celular funcional probablemente ya nos robó parte de la privacidad, y si nuestros amigos están en esas redes muy probablemente como quiera existe un perfil de nosotros, bosquejado a partir de nuestros conocidos.

La privacidad de nuestra información la dejamos atrás hace mucho, y difícilmente hay vuelta atrás. Pero hay algo más siniestro en juego: la privacidad sobre nuestras decisiones.

El fin último de obtener nuestra información para los leviatanes del internet, no es conocer nuestro nombre, donde vivimos y a que le damos me gusta en Instagram; el fin último es utilizar esa información para predecir las decisiones que vamos a tomar, y poder, hasta cierto punto, orillarnos a escoger las que más le convengan a quien haya comprado nuestra información. A Facebook no le sirve de nada saber que le di me gusta a una página de tenis Adidas. Esa información es valiosa sólo cuando venden espacio en los sitios web que visito a revendedores o la misma Adidas, esperando a que haga clic y que les compre unos tenis nuevos.

Mientras más años pasen y más años estemos inmersos en el internet, y compremos y busquemos y opinemos en el internet, nuestros perfiles se volverán más complejos, los anuncios más sofisticados, y la manipulación a la que nos sometan más sutil.

¿Hay algo que podamos hacer? 

No estoy seguro. Fuera de volvernos ermitaños digitales -que como quiera no evitaría el problema del todo a menos que todos nuestros conocidos también lo fueran- quizá no hay más que mantenernos atentos, conscientes, y siempre contemplar por qué tomamos las decisiones que tomamos, desde seguir una página de Instagram hasta hacer una compra importante en línea. Renunciamos a nuestra privacidad, al menos a parte ella; hay que mantener -hasta donde sea posible- el control sobre nuestras decisiones.

La delgada línea de pixeles

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La primera entrega de cualquier columna habría de responder a la pregunta básica: ¿Para qué? ¿Cuál es su razón de existir? ¿Qué va a aportar a la conversación? Porque en principio, aunque las columnas a veces pequen de monologar, forman parte inevitablemente de una conversación y representan una opinión. La advertencia, en algún lugar de la página: las opiniones expresadas en esta columna no son responsabilidad de este medio informativo. En lugar de valerse de un estilo periodístico sobrio y mesurado, la columna bombardea de voces únicas y ruidosas a quienes la leen -y al leerla pasan a formar parte de La Conversación. En mayúsculas porque es La Única Conversación Real, La Única Conversación Que Vale La Pena, La Única Conversación En La Que Se Discute Entre Gente Seria Y Pensante.

Era -y es- absolutamente necesario que La Conversación terminara o mutara, que el elitismo de todo tipo y la Torre de Babel se derrumbaran, pero ahora sigue contemplar la nueva conversación. Ésta llegó, y sigue llegando, con la democratización (parcial) de la información, con las redes sociales, con las pláticas del water cooler que se convirtieron en temas virales y todo lo demás que conllevó a la accesibilidad universal de los blogs y los posts. La auténtica discusión pública se hizo aparentemente posible para todos, emulando al ágora en su edición posmoderna y millenial. Si el punto de las columnas era formar parte de La Conversación, comentar sobre el estado del país y el mundo, generar discusión a través de opiniones informadas, ¿cuál es su papel hoy? ¿aún vale la pena hacer una columna? ¿No sería casi igual de provechoso en su aporte tomar screenshots de conversaciones en Twitter entre personas públicas y entes semi-anónimos? ¿No se habrá perdido o al menos “ennichado” a la columna tradicional a un rincón, a una cámara de ecos que se irán volviendo cada vez más pequeños ante el avance del enjambre del online?

Tal vez esa es la frontera que queda, si es que tiene sentido llamarle frontera: la delgada línea de pixeles entre la opinión informada y el culto a la opinión basada en las emociones, entre el argumento construido -aparentemente- sobre bases sólidas, y los comentarios impulsivos y los ataque ad hominem, y entre la prerrogativa de lo viral y la rapidez de publicación y la comprobación de información y el cuidado minucioso de los detalles. En fin, entre una columna en un medio establecido, con sus filtros y estándares y una publicación de Facebook de un perfil público. Creo que es cada vez más claro que la forma de hacer las cosas, de compartir información y de formar opiniones está cambiando. 

Quizá la razón de ser de esta columna tendrá que ver con eso, explorar cómo las ideas en el apogeo de las redes sociales pasan de media docena de cuentas de Twitter a un movimiento de repercusiones internacionales, como bolas de nieve, de guijarros a bolas gigantes que persiguen al Indiana Jones en turno, a menudo claramente con la razón esgrimida en mano, y el enojo en la otra.

Quizá la columna vaya cambiando con el tiempo.

No estoy seguro de haber resuelto el Por Qué del todo, pero eso será parte de cada reflexión semanal. Mi promesa solemne al lector y compañero de conversación, es que mi preocupación máxima siempre será la autocrítica y la búsqueda de algo cercano a la verdad, que nos elude tanto en estos días. Y el único compromiso que me interesa de ustedes es que participen, lean, discutan, contesten, critiquen.

Hasta la próxima.

Se buscan ciudadanas y ciudadanos inteligentes para cierre de siglo

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¿A dónde nos llevarán las siguientes generaciones? Me he topado y me han mandado artículos que coinciden en que las niñas y niños del siglo 21 tendrán que aprender a reinventarse cada día.

Uno de los autores de estos artículos, Yuval Harari, historiador y autor de los libros “bestseller” Sapiens y Homo Deus, reflexiona sobre lo que necesitamos aprender para que nuestros hijos y nosotros mismos estemos preparados para enfrentar un mundo constantemente cambiante y lleno de incertidumbres. 

Si tenemos un hijo recién nacido o de 10 años, en el año 2050 tendrán entre 30 y 40 años, edad suficientemente madura para estar en el mercado laboral y formar parte de la población que estará decidiendo el rumbo de nuestro país. Si estos mismos adultos tienen buena salud y como se espera cada vez seamos mas longevos, podrían incluso llegar a “cerrar” el siglo 21 y vivir en el siglo 22.

He tenido la suerte y privilegio de estudiar en universidades nacionales y extranjeras; y tengo que aceptar que gran parte del método de estudio era la “atragantada” de montones de información, tomando como base que en su momento era algo cercano a la clave para el éxito. 

Fuimos la generación de “la información es poder”. Así lo aprendimos y así lo enseñaron. Y sí, “la información es poder… siempre y cuando sea certera, verídica y relevante”.

Hoy la realidad es completamente distinta y la habilidad que hemos tenido que desarrollar es la de saber distinguir y discernir información, en un mundo donde el 70% de nuestra “productividad” está en redes sociales como Facebook, Twitter, Snapchat, Youtube o Instagram (mas las que vengan) y con ello de la mano las famosas fake news. 

Sigo sin conocer a alguien que pueda predecir con certeza el futuro, pero podemos estar seguros de que desde hoy, “la Generación Y”, “los Millenials” y las generaciones que vienen ya no tienen que sacar un diccionario ni necesitan memorizar las tablas matemáticas (macheteadas o cantadas); todo está a la mano o tienen la ayuda de Google, Siri o Alexa.

En México, durante los últimos años teníamos municipios o comunidades sin radio o televisión, completamente aisladas de la información y lo que pasaba en el mundo, pero ahora, cualquier niñ@ con un teléfono inteligente y conocimiento básico puede saber e informarse del tema o situación que quiera. Esperemos estar en condiciones de desarrollarles la capacidad de utilizar y explotar la información para el beneficio de sus familias y nuestra comunidad. Todos tenemos tarea.

Campañas Políticas y Fake News

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Para nadie es secreto que la forma en la que las personas intercambiamos información de manera eficiente y rápida por medio de redes sociales ha venido a cambiar la forma en la que se hace campañas políticas en nuestro país. A nivel mundial el fenómeno de las denominadas fake news ha venido tomando un auge importante motivado por el cada vez mayor uso y diversificación que hay en redes sociales y lo barato (en términos de alcance) que es hacer publicidad en estas aplicaciones, en México es muchísimo más caro pagar una entrevista de TV local que tenga un alcance incierto de 300,000 personas que pagar una pauta en algún video que tenga un alcance probado de 300,000 personas que inclusive se pueden segmentar por zona, interés y otras categorías.

Las fake news fueron todo un tema el año pasado, ya que comenzaron a  surgir evidencias que un año antes en 2016 este tipo de guerra sucia fue utilizado ampliamente para desprestigiar y dañar la imagen de Hillary Clinton con ataques que al parecer provenían del extranjero. En México no somos la excepción, vemos con mayor frecuencia como proliferan en nuestras redes sociales sitios falsos de noticias, circulan encuestas de dudosa procedencia que confunden más al elector que las tradicionales las cuales también en muchas ocasiones son de dudosos resultados. 

Al aceptar utilizar una red social como Facebook, Twitter, Snapchat o Instagram estamos aceptando ceder mucha de nuestra información personal y la forma en la que interactuamos en nuestras redes, alimentando bases de datos con nuestros gustos y preferencias en todos los sentidos que bien utilizados pueden ser una buena herramienta para dirigir la publicidad, pero también algunos programas se prestaron para utilizar esa información o por medio de filtraciones obtenerla y dañar un proceso electoral. Hace poco Mark Zuckerbrerg, dueño y fundador de Facebook fue llamado a declarar por el escandalo de las filtraciones masivas de información que se dieron a conocer a inicios de año. 

Aún hace falta legislar al respecto pero es difícil considerando que entramos en un debate sobre si se está afectando o no el derecho de expresión de las personas y su derecho a la intimidad. Las fake news se potencializan con el abuso de redes, chismes y noticias falsas han existido siempre, inclusive en periódicos de renombre donde se llegan a pagar notas pero aún así no tenían el impacto que tienen hoy en día estas notas en redes. Es importante que estemos conscientes de lo que se avecina y ya comenzó, no contribuyamos a la bola compartiendo cosas sin corroborar la fuente o el verdadero motivo de la noticia, son solo dos meses, pero vale la pena aguantarse. 

Facebook anuncia mayor control previo a elecciones

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Facebook dio a conocer cambios importantes en la forma de administrar anuncios y páginas en esta red social e Instagram, a fin de aumentar la transparencia y prevenir futuras interferencias electorales.

Mientras que en su blog indicó que sólo anunciantes con autorización, la cual se obtendrá después de confirmar su identidad y ubicación, podrán publicar “anuncios políticos, ya sean electorales o basados en temas”.

Además, esos anuncios serán claramente identificados mediante una etiqueta de “Anuncio político” en la esquina superior izquierda y junto a la misma, se mostrará la información “Pagada por”.

Facebook informó que también están invirtiendo en inteligencia artificial y agregando miles de personas más para ayudar a encontrar anunciantes que deberían haber pasado por el proceso de autorizaciones, pero que no lo hicieron.

Refirió que en Canadá han estado probando una nueva función que permite a las personas ver los anuncios publicados por una página, incluso, si no están en su Sección de Noticias.

Señaló que esto se aplica a todas las páginas de anunciantes en Facebook, no sólo a las páginas que publican anuncios políticos; además, planean lanzar esta función de “ver anuncios” globalmente, en junio, así como un archivo público de anuncios políticos con capacidad de búsqueda.

También dio a conocer que las personas que administren páginas con un gran número de seguidores deberán ser verificadas, y quienes no cumplan con los requisitos ya no podrán publicar.

“Esto hará que sea mucho más difícil que alguien administre una página usando una cuenta falsa, lo que está estrictamente prohibido de acuerdo a nuestras políticas”, destacó.

Facebook reconoció que se tardó en detectar la interferencia extranjera en las elecciones estadunidenses del 2016, sin embargo, dijo que las actualizaciones de hoy están diseñadas para evitar futuros abusos y para ayudar a las personas a asegurarse de tener la información que necesitan para evaluar los anuncios políticos y temáticos, así como también el contenido de las páginas.

#ContraPortada: “Elecciones 2018: La Gran Oportunidad de los Jóvenes”

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En México los jóvenes representamos poco más de un tercio de la población total, somos el 41% de la población nominal con posibilidades de votar y, además, 14 millones de nosotros votarán por primera vez en las elecciones del2018.

La cuestión es clara y contundente: tenemos el poder suficiente para quitar y poner a la persona que pretenda ser el siguiente presidente de México. La fuerza es clara y al parecer lo estamos comprendiendo, las oportunidades para nosotros no han sido muchas ni las más dignas y la representación política que tenemos es apenas un porcentaje mínimo en el país. ¿Cómo los jóvenes que representamos el 41% de los votantes tenemos tan poca representación entre alcaldes, diputados y senadores? La respuesta no ha sido aclarada jamás.

Por si fuera poco, dominamos la era digital que está comprendida con 60 millones de usuarios en Facebook, 8 millones en Twitter y 6 más en Instagram. Sí, nuestra arena es ahora un factor clave para ganar elecciones.

Quieren ganar nuestro voto y no tienen a jóvenes en sus gabinetes, ¿nos creen tan tontos? A nosotros no nos hablen de oportunidades si no están dispuestos a incluirnos en sus equipos de trabajo, en la transformación que prometen hacer en México y en sus proyectos de nación. Hace mucho que las palabras bonitas dejaron de bastarnos, queremos acciones y las queremos ahora.

Es nuestro momento, pero no a nivel individual, no actuando solos y cada uno por separado. Es nuestro momento de exigir, juntos, lo que nos toca. Es momento de crear nuestras propias oportunidades y hacerlo con capacidad. Es la hora de los jóvenes, que de eso no nos quede la menor duda.

Actuemos como generación, todos unidos, ahí radica nuestra fuerza.