Se buscan ciudadanas y ciudadanos inteligentes para cierre de siglo

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¿A dónde nos llevarán las siguientes generaciones? Me he topado y me han mandado artículos que coinciden en que las niñas y niños del siglo 21 tendrán que aprender a reinventarse cada día.

Uno de los autores de estos artículos, Yuval Harari, historiador y autor de los libros “bestseller” Sapiens y Homo Deus, reflexiona sobre lo que necesitamos aprender para que nuestros hijos y nosotros mismos estemos preparados para enfrentar un mundo constantemente cambiante y lleno de incertidumbres. 

Si tenemos un hijo recién nacido o de 10 años, en el año 2050 tendrán entre 30 y 40 años, edad suficientemente madura para estar en el mercado laboral y formar parte de la población que estará decidiendo el rumbo de nuestro país. Si estos mismos adultos tienen buena salud y como se espera cada vez seamos mas longevos, podrían incluso llegar a “cerrar” el siglo 21 y vivir en el siglo 22.

He tenido la suerte y privilegio de estudiar en universidades nacionales y extranjeras; y tengo que aceptar que gran parte del método de estudio era la “atragantada” de montones de información, tomando como base que en su momento era algo cercano a la clave para el éxito. 

Fuimos la generación de “la información es poder”. Así lo aprendimos y así lo enseñaron. Y sí, “la información es poder… siempre y cuando sea certera, verídica y relevante”.

Hoy la realidad es completamente distinta y la habilidad que hemos tenido que desarrollar es la de saber distinguir y discernir información, en un mundo donde el 70% de nuestra “productividad” está en redes sociales como Facebook, Twitter, Snapchat, Youtube o Instagram (mas las que vengan) y con ello de la mano las famosas fake news. 

Sigo sin conocer a alguien que pueda predecir con certeza el futuro, pero podemos estar seguros de que desde hoy, “la Generación Y”, “los Millenials” y las generaciones que vienen ya no tienen que sacar un diccionario ni necesitan memorizar las tablas matemáticas (macheteadas o cantadas); todo está a la mano o tienen la ayuda de Google, Siri o Alexa.

En México, durante los últimos años teníamos municipios o comunidades sin radio o televisión, completamente aisladas de la información y lo que pasaba en el mundo, pero ahora, cualquier niñ@ con un teléfono inteligente y conocimiento básico puede saber e informarse del tema o situación que quiera. Esperemos estar en condiciones de desarrollarles la capacidad de utilizar y explotar la información para el beneficio de sus familias y nuestra comunidad. Todos tenemos tarea.

Campañas Políticas y Fake News

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Para nadie es secreto que la forma en la que las personas intercambiamos información de manera eficiente y rápida por medio de redes sociales ha venido a cambiar la forma en la que se hace campañas políticas en nuestro país. A nivel mundial el fenómeno de las denominadas fake news ha venido tomando un auge importante motivado por el cada vez mayor uso y diversificación que hay en redes sociales y lo barato (en términos de alcance) que es hacer publicidad en estas aplicaciones, en México es muchísimo más caro pagar una entrevista de TV local que tenga un alcance incierto de 300,000 personas que pagar una pauta en algún video que tenga un alcance probado de 300,000 personas que inclusive se pueden segmentar por zona, interés y otras categorías.

Las fake news fueron todo un tema el año pasado, ya que comenzaron a  surgir evidencias que un año antes en 2016 este tipo de guerra sucia fue utilizado ampliamente para desprestigiar y dañar la imagen de Hillary Clinton con ataques que al parecer provenían del extranjero. En México no somos la excepción, vemos con mayor frecuencia como proliferan en nuestras redes sociales sitios falsos de noticias, circulan encuestas de dudosa procedencia que confunden más al elector que las tradicionales las cuales también en muchas ocasiones son de dudosos resultados. 

Al aceptar utilizar una red social como Facebook, Twitter, Snapchat o Instagram estamos aceptando ceder mucha de nuestra información personal y la forma en la que interactuamos en nuestras redes, alimentando bases de datos con nuestros gustos y preferencias en todos los sentidos que bien utilizados pueden ser una buena herramienta para dirigir la publicidad, pero también algunos programas se prestaron para utilizar esa información o por medio de filtraciones obtenerla y dañar un proceso electoral. Hace poco Mark Zuckerbrerg, dueño y fundador de Facebook fue llamado a declarar por el escandalo de las filtraciones masivas de información que se dieron a conocer a inicios de año. 

Aún hace falta legislar al respecto pero es difícil considerando que entramos en un debate sobre si se está afectando o no el derecho de expresión de las personas y su derecho a la intimidad. Las fake news se potencializan con el abuso de redes, chismes y noticias falsas han existido siempre, inclusive en periódicos de renombre donde se llegan a pagar notas pero aún así no tenían el impacto que tienen hoy en día estas notas en redes. Es importante que estemos conscientes de lo que se avecina y ya comenzó, no contribuyamos a la bola compartiendo cosas sin corroborar la fuente o el verdadero motivo de la noticia, son solo dos meses, pero vale la pena aguantarse. 

#HojaDeRuta: “Remendar la confianza”

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La falsedad está al acecho. Confundir, engañar y sembrar discordia son tácticas de guerra tan viejas como el mundo. Sun-Tzu dedica en su milenario tratado una sección al uso de espías y la importancia vital de la presciencia (información anticipada) para resultar victorioso. 

La información es poder, siempre lo ha sido ¿y la desinformación? Una forma de restar poder, de desestabilizar a un sistema o afectar a un enemigo. Si el bolígrafo es más poderoso que la espada, aquél que escribe mentiras convincentes es como una daga con la punta envenenada.

Para consumar el engaño, muchas veces no basta con la mentira a secas: se requiere teatralidad. Tal como el buen histrión nos convence y conmueve a pesar de que sabemos que representa una ficción, la información falsa intenta parecerse a la realidad. Al igual que muchas representaciones artísticas, intenta apelar a nuestros sentidos y emociones.

Ahí radicó el genio de la intromisión rusa en la elección estadounidense de 2016: encontraron y curaron el contenido que despertaba pasiones y rabia, para entonces mostrarlo quirúrgicamente a la audiencia deseada mediante perfiles falsos que encarnaban sentimientos reales.

Hoy, afortunadamente, el fenómeno de las noticias falsas (Fake News ya es un concepto del imaginario político contemporáneo) se reconoce como un grave problema público. Sin embargo, poco se reflexiona acerca del porqué de la proliferación de la información falsa, y más importantemente, de la credulidad que puede llegar a tener.

En una reciente entrevista publicada en el diario El País, Noam Chomsky ofrece una explicación: “La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie ¿por qué habrías de confiar en los hechos? Si nadie hace nada por mí, por qué habría de creer en nadie”.

El diagnóstico coincide con el de Zygmunt Bauman: “Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza… la gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas.”

Recientemente, la encuesta “Así Vamos” realizada por Cómo Vamos Nuevo León y la Facultad de Economía de la UANL, arrojó un dato coincidente: la principal razón por la que la población no confía en sus gobernantes es porque estos no cumplen sus promesas de campaña.

En la línea del pensamiento de Bauman, lo que antes era sólido y firme, se derrite hasta volverse líquido. La confianza en instituciones y vocerías que antes significaban certidumbre se difumina: lo mismo gobiernos, empresas, medios de comunicación e incluso asociaciones de la sociedad civil, como puede constatarse en el Barómetro de la Confianza de Edelman 2017.

Decir que ya no se cree en nada ni nadie sería caer en el reduccionismo. Quizá sea mejor partir la reflexión desde un punto distinto: ya no se cree en lo que tradicionalmente se creía, pero eso no significa que no deseemos creer en algo o alguien ¿por qué proliferan entonces las noticias falsas? ¿Cómo explicar el advenimiento de los llamados  influencers que lo mismo recomiendan un par de zapatos que un destino turístico con impresionante impacto?

Apenas en febrero pasado se dio un ejemplo escalofriante del poder de esta “influencia”: Kylie Jenner, modelo y estrella de Reality TV, declaró su disgusto con las actualizaciones a la aplicación Snapchat a través de un tuit: “Entonceees ¿alguien más dejó de abrir Snapchat? O solo soy yo… ugh, esto es tan triste”. Menos de 20 palabras disparadas a sus casi 25 millones de seguidores tuvieron un efecto devastador: las acciones de Snap Inc. bajaron más de 6% en unas horas, significando una pérdida de $1.5 billones de dólares para la compañía.

El Barómetro de la confianza de Edelman antes mencionado, también señala que una de las pocas vocerías con credibilidad es la de “alguien como yo” ¿Qué significa eso? Cualquier cosa: el amigo de la preparatoria que no he visto en años; la prima que vive en otra ciudad y hace mucho no veo; el vecino con el que nunca hablo pero tengo en redes. Si todo lo “oficial” me miente, entonces las personas comunes son el último resquicio de verdad, pareciera ser la lógica.

No hay reto mayor para personajes políticos, medios de comunicación, empresas y organismos civiles que comenzar a reconstruir la confianza. Hoy el sentimiento generalizado es de perdida: deslealtad, traición, quebrantamiento de la fe debida.

Pero nadie quiere vivir en el engaño. La decepción nunca es lo deseable. Hoy que las Fake News se han problematizado se abre una ventana de reconciliación del periodismo profesional con las audiencias. Ya se dio un gran primer paso en este sentido con la iniciativa verificado.mx donde participan más de 60 medios, universidades y organizaciones de la sociedad civil para desenmascarar las noticias falsas que estén surgiendo durante el proceso electoral.

La desconfianza aleja. En la soledad que encubre el engañoso espejo de las redes sociales, resulta vital para las aspiraciones de nuestra maltrecha e inacabada democracia encontrar vías para remendar la confianza en los hechos, que son fundamento de la sanidad en el debate público.