Médicos pasantes amenazan con paro nacional el 1 de agosto

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Se programó para el 1 de agosto un paro nacional y una marcha en la cual médicos pasantes exigirán a la Secretaría de Salud (con el titular siendo Jorge Alcocer Varela) que no se recorte el presupuesto de las becas dadas a médicos pasantes que planean hacer su servicio social en comunidades rurales.

 

La Asamblea Mexicana de Médicos Pasantes en Servicio Social (AMMPSS) aprovechó su plataforma de Facebook para publicar su pliego petitorio que consiste de diez puntos, de los cuales resalta que se garantice que durante un año puedan gozar de seguridad, y que recibirán su beca en tiempo y forma. Adicionalmente a esto se exige aumentar el presupuesto de universidades para que éstas puedan invertir en la formación de recursos humanos.

 

Se declaró que este paro sera de tiempo indefinido, y que durará hasta que las demandas de estos jóvenes sean cumplidas y/o resueltas. Sin embargo, habrá excepciones si hay casos urgentes y se le seguirá dando atención a sus pacientes con enfermedades crónicas.

 

(Con información de El Universal)

Asegura Felipe Calderón que AMLO ahuyenta la inversión

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El ex presidente Felipe Calderón aseguró que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador “ahuyenta a los inversionistas”, con decisiones negativas.

En sus redes sociales, el ex mandatario acusó que la situación económica del país sigue a la baja, con la reducción del pronóstico del crecimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI).

“La mayor parte de las razones que explican esta baja se debe a decisiones del gobierno que está impactando negativamente la inversión. en pocas palabras, el gobierno ahuyenta a los inversionistas”, escribió en Facebook el ex panista.

“Al caer la inversión, cae la producción y el empleo, es decir se reduce el crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto). Si el crecimiento no es al menos equivalente al crecimiento de la población, el ingreso ‘per capita’ (el ingreso en promedio de los mexicanos) se disminuye, lo cual es un factor determinante para la pérdida de bienestar”, agregó Calderón.

El ex mandatario llamó al gobierno de AMLO a “rectificar para dar certidumbre”.

#FactCheck: FaceApp no roba tus datos

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Muy probablemente ya fuiste parte de la nueva tendencia en redes sociales llamada FaceApp, una aplicación que nos permite ver dónde tendremos nuestras arrugas en algunos años. Así mismo, ya comenzaron diversos medios a decir que dicha aplicación roba tus datos personales, accede a todas las fotos que tengas en tu celular, o inclusive que se las venden al gobierno ruso.

Si bien cualquier aplicación de celular ligada a las redes sociales tiene acceso a la información que ya compartiste en estas redes, esto no signifique que la roben. El acuerdo de privacidad de FaceApp, el cuál se ha mantenido igual desde enero del 2017, establece que los datos que se guardan son sólo tanto las fotos creadas dentro de la aplicación como metadata, cookies e información del dispositivo con el que hiciste la foto.

Si ya te sientes un poco inseguro o asustado por el acceso que tiene la aplicación, cabe mencionar que son las mismas cosas a las que Facebook, Instagram o Twitter tienen acceso en cuanto haces una cuenta y lees (esperamos) los términos de privacidad. Por ello, y como fue con tu consentimiento, no es un robo ni es nada nuevo en el mundo de las redes. En resumen, no es noticia.

Tampoco significa que se vayan a quedar ahí siempre, recientemente Facebook abrió la posibilidad a que vieras qué aplicaciones o páginas en la plataforma tenían tus datos, para que pudieras borrarlos si no te sentías cómodo.

Con información de Verificado MX.

La delgada línea de pixeles no. 4

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Es un sábado por la mañana, y tengo una cita con un proveedor. La cita la hizo alguien más, entonces es la primera vez que lo voy a conocer. Entablamos plática sobre el proyecto, y minutos después me pasa su contacto. Comienzo escribiendo su primer nombre; inmediatamente mi celular me sugiere el apellido que corresponde. Me sobresalto por un momento. 

Y luego excavo entre mis recuerdos: me pasaron el nombre del proveedor anteriormente, por WhatsApp, y la aplicación que utilizo para el teclado de mi celular tiene permiso de recoger mis mails y conversaciones, para mejorar así su capacidad de predecir lo que voy a escribir. En el momento en el que se me sugirió esto, que en teoría era opcional, me sonó como algo lógico. La aplicación hace énfasis en ahorrarte tiempo con sus predicciones, y esa era la mejor manera de hacerlo. Es hasta ese momento, cuando predijo el nombre del contratista, con quien hablaba por primera vez y cuyo contacto estaba grabando apenas en mi celular, que me di cuenta de la rienda suelta que le di a la aplicación. Lo peor, claro, es que le he dado ese mismo acceso, o similares, a un montón de otras aplicaciones y aparatos y sitios web. 

Decimos que queremos privacidad, ¿pero realmente la queremos? ¿es posible siquiera tenerla? ¿Qué es exactamente la privacidad en época de Instagram y Facebook y Google Maps? Google Maps me envía notificaciones cuando llego a un restaurante o tienda y me pide que la califique o que responda preguntas sobre ella. Facebook me sugiere amigos que corresponden a contactos que existen en mi celular, a pesar de que nunca le he dado acceso directo a mis contactos (probablemente alguno de esos amigos sugeridos sí le ha dado acceso a Facebook a los suyos). 

El único remedio parecía ser mantenernos fuera de estas redes sociales, pero el simple hecho de tener un celular funcional probablemente ya nos robó parte de la privacidad, y si nuestros amigos están en esas redes muy probablemente como quiera existe un perfil de nosotros, bosquejado a partir de nuestros conocidos.

La privacidad de nuestra información la dejamos atrás hace mucho, y difícilmente hay vuelta atrás. Pero hay algo más siniestro en juego: la privacidad sobre nuestras decisiones.

El fin último de obtener nuestra información para los leviatanes del internet, no es conocer nuestro nombre, donde vivimos y a que le damos me gusta en Instagram; el fin último es utilizar esa información para predecir las decisiones que vamos a tomar, y poder, hasta cierto punto, orillarnos a escoger las que más le convengan a quien haya comprado nuestra información. A Facebook no le sirve de nada saber que le di me gusta a una página de tenis Adidas. Esa información es valiosa sólo cuando venden espacio en los sitios web que visito a revendedores o la misma Adidas, esperando a que haga clic y que les compre unos tenis nuevos.

Mientras más años pasen y más años estemos inmersos en el internet, y compremos y busquemos y opinemos en el internet, nuestros perfiles se volverán más complejos, los anuncios más sofisticados, y la manipulación a la que nos sometan más sutil.

¿Hay algo que podamos hacer? 

No estoy seguro. Fuera de volvernos ermitaños digitales -que como quiera no evitaría el problema del todo a menos que todos nuestros conocidos también lo fueran- quizá no hay más que mantenernos atentos, conscientes, y siempre contemplar por qué tomamos las decisiones que tomamos, desde seguir una página de Instagram hasta hacer una compra importante en línea. Renunciamos a nuestra privacidad, al menos a parte ella; hay que mantener -hasta donde sea posible- el control sobre nuestras decisiones.

La delgada línea de pixeles #3

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A veces me envían, como a todos, cadenas de escritos larguísimos sobre tal o cual tema controversial.  Los artículos de vez en cuando no son tan largos, pero se sienten porque en realidad casi siempre son un tapiz parchado de un montón de fuentes diferentes. Me llegan y a veces los leo completos, a veces sólo un pedazo, a veces prefiero ignorarlos. He leído los suficientes como para saber el tipo de contenido que la mayoría tienen. Mucha información anecdótica, representaciones incompletas de datos estadísticos, apelación a una serie de aparentes figuras de autoridad (doctores, ingenieros, expertos de todo tipo) que usualmente o son difíciles de encontrar, o tienen opiniones con fundamentos nebulosos. Lo mismo con los reportes a los que hacen referencia. Las vacunas causan autismo, la Coca-Cola causa Alzheimer, todo es una conspiración de la que sólo puedes salvarte si escuchas a quienes gritan desde la periferia.

A menudo, nos cuesta admitir que no sabemos algo. Aún más difícil es admitir que no todo tiene explicación. Entonces, aun cuando admitimos que no sabemos, buscamos una explicación, venga de donde venga. Es absolutamente humano, saciar la curiosidad del Por Qué. El asunto es que muchos de estos artículos y cadenas y blogs -definitivamente no todos- expresan opiniones que no tienen fundamentos sólidos, que seguido van en contra del consenso científico, y que además pueden generar peligro y asperezas. Enfermedades que se habían extinguido pueden regresar, gente puede salir herida al recibir el peso de la culpa de algo que no cometieron; en los casos menos dañinos quienes pregonan las opiniones se vuelven millonarios ofreciéndose como la cura del problema en turno.

Es cierto también que el consenso científico no siempre está en lo correcto; de hecho, está en constante evolución. Hay mecanismos internos que, aunque lentos, van corrigiendo los errores del pasado y van mejorando nuestro entendimiento del mundo, en base al método científico y a la revisión ardua de investigaciones. Un consenso sólo existe tras muchos años de estudios que coinciden lo suficiente en sus conclusiones.  Cuando un estudio muestra resultados muy diferentes, no tiene el mismo peso que todos los que han tenido resultados consistentes y forman el consenso. Éste puede cambiar conforme se realicen nuevas investigaciones, pero sólo con el tiempo y la acumulación de información fidedigna.

Hay varias maneras de comprobar la información que recibimos, si bien ninguna es perfecta. No es tan sencillo como sólo hacer una búsqueda en Google, se necesita un par de pasos más. Verificar las fuentes, el nombre de las personas que hicieron el artículo y los estudios, la fecha de publicación y la institución que los respalda. Cuando lo que se comparte no se trata de un estudio científico, aplican pasos muy similares: buscar las noticias en varias fuentes diferentes, verificando que todas sean lo más confiables posibles, investigar sobre los protagonistas de las noticias y los autores de los artículos, los antecedentes y consecuencias del hecho en cuestión.

Una conversación de Whatsapp, un post en Facebook, un artículo en un blog, no pueden ser el principio y el fin de nuestras fuentes de información. No podemos compartir sin estar informados, porque así, demasiado a menudo, lo que compartimos es desinformación.

Te invito a que investigues las fuentes de lo que compartes, a que propagues información acertada y opiniones fundamentadas: #ComparteInformado.

Concluye legalmente novela de Peña y “la Gaviota”

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El ex presidente Enrique Peña Nieto informó en sus redes sociales, que este jueves concluyó legalmente su matrimonio con la actriz Angélica Rivera, mejor conocida como “la Gaviota”.

En su cuenta de Facebook, el ex mandatario agradecido a Rivera los años de dedicación a su familia.

Asimismo, le deseo éxito en los próximos proyectos que emprenda.

“Quiero agradecer a Angélica por haber sido mi compañera, esposa y amiga a lo largo de más de diez años, y por haber entregado su amor, tiempo y dedicación a nuestra familia. Hoy ha concluido legalmente nuestro matrimonio, deseo que le vaya bien siempre y que tenga éxito en todo lo que emprenda. Angélica, muchas gracias por todo”, publicó el mandatario.

#HojaDeRuta: “¿Qué discute el presidente?”

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Por más que avanza la tecnología, la esencia permanece: es el discurso lo que da forma y sentido a lo político. Es así como se explica que una de las publicaciones con más reacciones en las redes del presidente López Obrador fue la aparecida el pasado 20 de abril, poco después de las 10:20 de la mañana:

“Callaron como momias cuando saqueaban y pisoteaban los derechos humanos y ahora gritan como pregoneros que es inconstitucional hacer justicia y desterrar la corrupción. No cabe duda de que la única doctrina de los conservadores es la hipocresía. Y perdón, pero son como sepulcros blanqueados.”

El breve párrafo generó 113 mil reacciones y 20 mil comentarios, además de haber sido compartido 20 mil veces en Facebook. AMLO es un experto polemista y un maestro del discurso público, pero eso ya se sabía. Lo interesante es el porqué de las polémicas actuales.

El presidente ha mantenido deliberadamente la retórica de la contraposición: -liberales vs. conservadores; prensa fifí vs. verdad oficial; mentirosos vs. honestos. Cierto, el conflicto es parte de la esencia de lo político, y cierto también que la tensión entre posturas liberales y conservadoras existe hasta nuestros días.

Sin embargo, el Presidente parece empeñado en atizar ciertas tensiones (por ejemplo, con la “prensa fifí”, en la que identifica a Reforma como el principal actor), mientras ignora por completo otras (su negativa constante a cuestionar, o siquiera opinar cada que Donald Trump asesta un dardo contra México o los intereses mexicanos).

¿Realmente está siendo atacado por la prensa? No más de lo que era como líder social o candidato, y ciertamente no menos de lo que se esperaría que se cuestione al titular del ejecutivo ¿Tiene sentido tener gestos como pedir a un medio que revele sus fuentes? Ninguno, y era obvio que sería interpretado como un ataque a la libertad de prensa ¿Está el presidente efectivamente atentando contra la libertad de prensa? No parece. Sería difícil encontrar otro ejemplo a nivel global de un reportero subiendo al estrado de una conferencia de prensa con un titular del ejecutivo a cuestionar datos sobre homicidios dolosos, como lo hizo hace unos días Jorge Ramos.

Si acaso, el episodio con Ramos dejó mal parados a los propios periodistas mexicanos, que quizá no han cuestionado ni presionado con suficiencia al presidente ante decisiones poco justificadas o posturas polémicas.

La polémica publicación de las “momias”, por la naturaleza de su retórica, hace pensar que el presidente mantiene su estilo de siempre: él decide el discurso, él genera el fraseo. No hay visos de que esto sea producto de una estrategia de comunicación, de un grupo profesional dedicado a definir el mensaje. La comunicación del presidente es el presidente.

Esto se vuelve aún más evidente ante una oposición sumamente debilitada (justificadamente, al ser producto de constantes decepciones, escándalos y malos resultados), que no ha podido articular un discurso creíble y se limita a reaccionar a las posturas del presidente y su partido.

Aunque su administración no ha llegado siquiera a su primer semestre, parece existir la sensación de que ha pasado más tiempo. Es cierto que López Obrador tiene un bono político tremendo: aplastó por 30 puntos a su más cercano perseguidor, consiguiendo la primera mayoría real en la era de la alternancia. Todas las encuestas serias ponen sus niveles de aceptación alrededor del 80%. Pero nada es para siempre.

Tres elecciones presidenciales en fila dan idea suficiente de cuál es la base de respaldo del presidente: 35% en 2006; 32% en 2012 y 53% en 2018. Esto indica que la base natural de AMLO oscilaría entre el 30 y 35% del electorado, es decir, más de una tercera parte de los sufragios que le dieron la presidencia vinieron de switchers: votantes que le vieron como la alternativa y/o decidieron en castigo a PAN y PRI. Lo anterior implica que esa porción del electorado podría volver a cambiar de aires si no se encuentra conforme con el desempeño del presidente.

Más que la contraposición entre liberales y conservadores, o de prensa fifí contra prensa libre, es probable que el presidente enfrente sus principales costos políticos por la naturaleza de sus posturas y la lógica de sus posiciones: nombramientos polémicos en la Suprema Corte y la Comisión Reguladora de Energía; polemizar con los conservadores en lugar de concentrarse en la empatía ante la matanza de Minatitlán; hacer de un medio en particular el enemigo de la administración, por dar algunos ejemplos.

Ni la base de votantes ni la aceptación del presidente están garantizadas, y es bien sabido que, inevitablemente, el ejercicio del poder desgasta. Conforme pasen los meses, es probable que la ciudadanía comience a poner menos atención a las confrontaciones, y más a los resultados (o la falta de ellos).

#HojaDeRuta: “Entre redes y realidades”

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“Las redes”: esas nuevas deidades etéreas de la opinión pública. Ante cada nueva polémica, desde espacios informativos y de opinión suele preguntarse: ¿qué dicen las redes? Como si fueran oráculos dando sus designios. 

Se les menciona con toda naturalidad, como si no fueran una masa amorfa, un mar cambiante donde lo mismo pueden encontrarse ideas valiosas que rabia pura, grandes piezas periodísticas que noticias falsas.

Cierto, mediante softwares especializados ya se pueden medir tendencias y “sentimientos”, tomando variables como los temas más repetidos o las palabras más mencionadas. Por ejemplo, la agencia digital Etnoscopía realizó un mapeo de identificación ideológica en México, tomando datos de Facebook Insights y encuestas digitales. Este mapa de tendencias ideológicas considera 5 categorías: extrema izquierda, izquierda, centro, derecha y extrema derecha. 

Algunos resultados parecen lógicos, por ejemplo, la zona del bajío es la más identificada con la derecha, mientras que entidades como Guerrero y Oaxaca lo hacen por la izquierda. Sin embargo, sorprende que entidades como Coahuila y Nuevo León se clasifiquen como centro, lo que sugeriría una disposición a tomar posturas progresistas en ciertos temas.

De acuerdo a la Asociación de Internet MX, en su último estudio de hábitos de los usuarios, el año pasado el 67% de los mexicanos mayores de 6 años eran usuarios de Internet. Si bien esta cifra no deja de subir año con año, es preciso reconocer que una tercera parte de la población aún no está en la red. Este mismo estudio señala que la principal actividad de los usuarios mexicanos es acceder a redes sociales, siendo Facebook la de mayor penetración, cubriendo prácticamente la totalidad de los usuarios (98%).

¿Esto implica que lo que se dice en las redes es un reflejo real del pulso social? No necesariamente. Para empezar, porque no todos están ahí, y segundo, porque de los que están, no todos tienen el mismo nivel de politización ni activismo digital. El New York Times, dentro de la sección The Upshot realizó un análisis que refuerza este punto, titulado: “El electorado demócrata en Twitter no es el electorado demócrata real”.

Los datos marcan un contraste notable. Por ejemplo, el 39% de los demócratas en redes sociales se identifican como activistas progresistas, pero en el electorado abierto, esta cantidad baja a 22%, es decir, sí existe una porción importante de simpatizantes que están empujando la agenda del partido a la izquierda, pero en términos reales es una menor proporción de lo que las redes y la percepción mediática sugieren.

Un dato complementario es aquellos demócratas que se identifican como personas moderadas: en redes son apenas el 13%, pero en la vida real esta cifra casi se duplica, para llegar a 24%. Es decir, al menos 1 de cada 4 votantes demócratas se considera a sí mismo como una persona moderada políticamente.

El análisis sugiere que si bien el movimiento hacia la izquierda que el partido ha experimentado es real, pero que el ánimo y fervor que existe en las redes sociales no coincide con el electorado demócrata en la vida real. Esto debiera generar una reflexión interesante en nuestro contexto: ¿qué tan real es la polarización entre fifís y chairos? ¿Qué tanto del electorado en realidad es moderado? ¿Qué proporción realmente está desinteresada de la política y no se expresa (por tanto, no registra) en redes sociales? 

En general, la lección es la cautela y el análisis frío de la información, pues la realidad política y comunicacional se transforma, pero esto no implica cambios radicales o totales en el electorado como un todo, que si bien puede irse transformando, no necesariamente lo hace en la medida y tono que las redes parecen reflejar.

La delgada línea de pixeles

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La primera entrega de cualquier columna habría de responder a la pregunta básica: ¿Para qué? ¿Cuál es su razón de existir? ¿Qué va a aportar a la conversación? Porque en principio, aunque las columnas a veces pequen de monologar, forman parte inevitablemente de una conversación y representan una opinión. La advertencia, en algún lugar de la página: las opiniones expresadas en esta columna no son responsabilidad de este medio informativo. En lugar de valerse de un estilo periodístico sobrio y mesurado, la columna bombardea de voces únicas y ruidosas a quienes la leen -y al leerla pasan a formar parte de La Conversación. En mayúsculas porque es La Única Conversación Real, La Única Conversación Que Vale La Pena, La Única Conversación En La Que Se Discute Entre Gente Seria Y Pensante.

Era -y es- absolutamente necesario que La Conversación terminara o mutara, que el elitismo de todo tipo y la Torre de Babel se derrumbaran, pero ahora sigue contemplar la nueva conversación. Ésta llegó, y sigue llegando, con la democratización (parcial) de la información, con las redes sociales, con las pláticas del water cooler que se convirtieron en temas virales y todo lo demás que conllevó a la accesibilidad universal de los blogs y los posts. La auténtica discusión pública se hizo aparentemente posible para todos, emulando al ágora en su edición posmoderna y millenial. Si el punto de las columnas era formar parte de La Conversación, comentar sobre el estado del país y el mundo, generar discusión a través de opiniones informadas, ¿cuál es su papel hoy? ¿aún vale la pena hacer una columna? ¿No sería casi igual de provechoso en su aporte tomar screenshots de conversaciones en Twitter entre personas públicas y entes semi-anónimos? ¿No se habrá perdido o al menos “ennichado” a la columna tradicional a un rincón, a una cámara de ecos que se irán volviendo cada vez más pequeños ante el avance del enjambre del online?

Tal vez esa es la frontera que queda, si es que tiene sentido llamarle frontera: la delgada línea de pixeles entre la opinión informada y el culto a la opinión basada en las emociones, entre el argumento construido -aparentemente- sobre bases sólidas, y los comentarios impulsivos y los ataque ad hominem, y entre la prerrogativa de lo viral y la rapidez de publicación y la comprobación de información y el cuidado minucioso de los detalles. En fin, entre una columna en un medio establecido, con sus filtros y estándares y una publicación de Facebook de un perfil público. Creo que es cada vez más claro que la forma de hacer las cosas, de compartir información y de formar opiniones está cambiando. 

Quizá la razón de ser de esta columna tendrá que ver con eso, explorar cómo las ideas en el apogeo de las redes sociales pasan de media docena de cuentas de Twitter a un movimiento de repercusiones internacionales, como bolas de nieve, de guijarros a bolas gigantes que persiguen al Indiana Jones en turno, a menudo claramente con la razón esgrimida en mano, y el enojo en la otra.

Quizá la columna vaya cambiando con el tiempo.

No estoy seguro de haber resuelto el Por Qué del todo, pero eso será parte de cada reflexión semanal. Mi promesa solemne al lector y compañero de conversación, es que mi preocupación máxima siempre será la autocrítica y la búsqueda de algo cercano a la verdad, que nos elude tanto en estos días. Y el único compromiso que me interesa de ustedes es que participen, lean, discutan, contesten, critiquen.

Hasta la próxima.

De la Fórmula Uno y el apoyo federal

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Las redes sociales son un cúmulo de desinformación. Sin embargo, me cuesta trabajo, habiendo cursado la carrera de periodismo, pensar que es culpa de Mark Zuckerberg o del tío raro de tu familia que comparte memes asumiendo automáticamente su veracidad. El ser humano tiende al sesgo confirmatorio: buscar información que ratifique su modo de ver el mundo. Por poner un ejemplo inerme: si eres de la CDMX y creciste con la idea de que las quesadillas no deben de llevar queso, vas a creer, compartir y repetir la falsa información que la palabra quesadilla tiene su origen del náhuatl “quetzaditzin”. 

La victoria de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 2018 ha traído consigo una serie de fenómenos interesantes. Uno de los que he percibido es el súbito interés por la vida pública de México. Por parte de la gente se pasó de un «pinches políticos siempre son lo mismo» y «el cambio está en uno, no importa quién gobierne», a un fatalismo apocalíptico o un optimismo desaforado. Y por parte de los medios masivos nos encontramos que, al perder gran parte de su ingreso por la disminución de los recursos públicos (aparte de rellenar sus webs de publicidad, te estoy viendo MILENIO), han apostado a un bombardeo incesante de cada detalle de lo que ocurra en la vida pública, sobre todo enfocado en los diferentes niveles de Morena. Donde antes se pregonaba una integridad periodística, ahora son pocos los medios que se toman el tiempo de investigar la veracidad de la noticia, o peor aún, si aquello vale la pena ser noticia. 

No quiero, ni pretendo ser la brújula que decida lo qué es válido publicar o no; además, entiendo y aliento los intereses que puedan mover la balanza de los medios. He seguido las noticias, a mi pesar, diariamente desde hace más de 15 años. Uno de mis primeros y más permanentes recuerdos es ver a mi padre leyendo El Dictamen y el Notiver, y de presenciar eternas y soporíferas discusiones políticas que tenía con mi abuelo. No me considero aún un experto en el análisis político, pero asumo que tengo cierta sapiencia para poder distinguir, analizar y profundizar la información, pese a mis propias inclinaciones y sesgos filosóficos. 

Para mucha gente este consumo de medios es nuevo y como todo lo que parece sencillo, no lo es. Esto ha pululado las redes sociales de desinformación, que comienza desde compartir noticias evidentemente falsas, asumir conclusiones de editorialistas sesgados, hasta creer que el número de retweets o de veces compartidas en Facebook, de alguna manera hace que un análisis mediocre, o falso, pase por verídico. Hay personajes, como Chumel Torres que, al tener un número significativo de seguidores, genera información que a su vez es compartida, repetida y asumida como verdad o trascendente por millones de mexicanos. Esto obvio, sin dejar en claro que su opinión es sólo eso, y que todo viene desde sus propios sesgos e intereses económicos. 

Uno de los recientes casos, y el que me llevó a comenzar a desmenuzar este tipo de desinformación es el de la cancelación de la Fórmula Uno en la Ciudad de México, ya que a través de Facebook y twitter se ha visto repetido en diferentes formas, muchos argumentos criticando la anulación de este evento, que a primera instancia podrían parecer válidos, pero que no toleran el escrutinio.

Cancelación del evento: se ha comentado que el Presidente decidió cancelar el evento, lo cual es falso. La Fórmula Uno en México fue traída por la empresa CIE (Corporación Interamericana de Entretenimiento), la más grande en ese rubro del país. La empresa y la F1, en el 2014, firmaron un contrato por 413 millones de dólares, para así traer a México el evento por cinco años. De esa cantidad, 213 millones de dólares fueron pagados por el gobierno federal, a través del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) (1).  Para renovar y asegurar la fecha del evento, y así mantenerlo en el país, se tenía que renovar el contrato con la F1 antes del 28 de febrero del 2019, y esta vez, el gobierno federal tenía que pagar 45 millones de dólares anuales, o 225 millones de dólares. (2)

El presidente, desde el 19 de febrero declaró que el gobierno federal no aportaría el dinero para dicho evento (2). Al pasar la fecha pautada para la renovación del contrato, la F1 en México no queda cancelada. Lo que sí sucede, anunciado el primero de marzo del año en curso, es que los organizadores pierden el derecho preferencial para conservar la fecha para el evento del 2020. (3) 

En resumen: el evento de noviembre del 2019 no está cancelado, pero sí se canceló el apoyo gubernamental para la renovación de los siguientes años. Según CIE, y el gobierno de la CDMX están buscando financiamiento alterno para dicho evento (4)(5). Los fondos previamente utilizados para este evento pasaron a la construcción del Tren Maya (1). 

La derrama económica: una de las críticas más aireadas que se repiten en las redes sociales, es la pérdida de la derrama económica que habrá, al menos, en la Ciudad de México. La idea, a primera instancia, parece lógica y correcta, aunque se arrojen unas cifras estratosféricas. La aritmética suena sencilla: gobierno invierte en un evento, la derrama económica aumenta y, por consiguiente, la recaudación de impuestos y el ingreso del mexicano también crece. Sin embargo, existen estudios especializados en la economía deportiva (6) basados en las ciudades cedes del Super Bowl, en los que economistas aseguran que los ingresos para las ciudades esta sobreestimado y que, en verdad, lo único que sucede es que se redistribuye la derrama y el gasto en la ciudad en diferentes meses. (7)

Tomando en cuenta estas investigaciones, busqué las cifras de los indicadores de turismo de la CDMX, enero-diciembre del 2008 al 2018 (8). Y para evitar cualquier posible filiación partidista, comparé la emisión del 2017, cuando aún estaba en turno el gobierno de Miguel Ángel Mancera. (9)

Aquí podemos encontrar que el crecimiento en la derrama económica de los turistas hospedados en hoteles en la CDMX, se ha mantenido con un crecimiento marginal. En la década fue de alrededor del 13%, lo cual indica un crecimiento anual promedio del 1.3%. Siendo aún más específico, del 2015 (el primer año de la F1) con respecto al 2014 hubo un decrecimiento de alrededor del 9%. Para el 2018 esta cantidad se habría recuperado, llegando a las cifras del 2014. Este mismo efecto se observa en el gasto promedio por turista.

En la gráfica de la creación de empleos, podemos observar un crecimiento en los últimos diez años de alrededor del 27%. Lo que significa un crecimiento del 2.7% promedio en cada año. Y si vemos el crecimiento de 3% del 2014 al 2018 el promedio se mantiene muy a la par al crecimiento laboral del resto del país. (9)

En los últimos años ha habido cambios en el tipo de turismo que llega a la ciudad, el más reciente: el hospedaje de hoteles de cinco estrellas superó a los de una estrella. Sin embargo, en el 2012 fue la primera disminución y comenzó una tendencia a la baja el hospedaje en los hoteles de una sola estrella, y el alza de los de cinco estrellas, tres años antes de la Fórmula Uno. Así también en el 2012 hubo un incremento significativo en el hospedaje en los hoteles de cuatro estrellas, rebasando a los de una y dos en cantidad de huéspedes, sin embargo, en el 2017 fueron superados, una vez más, por los de dos estrellas. Los hoteles de tres estrellas se mantienen en relativa estabilidad desde el 2015, siendo estos los que más huéspedes reciben en la ciudad.

En resumen, se puede apreciar que el turismo de la Ciudad de México ha tenido un crecimiento estable. Sin embargo, no se pueden observar efectos significativos desde la implementación de la F1 en la ciudad. Esto no quiere decir que no los tenga, ya que se podría argumentar que el crecimiento marginal de estos últimos cuatro años analizados es en relación directa a los eventos de Fórmula Uno, sin embargo, no he encontrado datos que lo vinculen.

Pérdida de ranking: Se repite el argumento que la pérdida del turismo extranjero por la falta de la F1 bajaría a México del ranking de los países más visitados del mundo. Del 2015 al 2017(10) México creció un 12% en captación de turistas, pasando del lugar 10 al seis en el ranking de la Organización Mundial de Turismo. Sin embargo, existen datos muy variados dentro de la misma Secretaría de Turismo mexicana (SECTUR) acerca de la reciente aceleración (11) o desaceleración (12) del turismo en México. Según datos de la INEGI en la Encuesta de Turismo de Internación (encuesta que excluye la zona fronteriza) (13), México recibió 31 millones 683 mil visitantes durante el 2018, y durante el 2017, 30 millones 163 mil.  Para comparar mes con mes vemos que, en enero 2018 y enero 2019, hubo un crecimiento del 3.73% en visitantes según la INEGI. Por el tema de la Fórmula Uno, hice un comparativo entre los meses de octubre y noviembre del 2017 y los del 2018, y se vio una disminución turística ligera del 0.9%. 

Por último, según datos de Stubhub(14)  en el gran Prix del 2018, de la asistencia total de 337,043 personas (en los tres días del evento), el 29% fueron de procedencia extranjera, por lo que nos daría un total de un poco menos de 98 mil extranjeros asistiendo este año. Un crecimiento de cerca del 8% con respecto al año anterior. Durante el 2018 la CDMX recibió 13 millones 982 mil 209 turistas hospedados en hoteles, de los cuales 3 millones 163 mil 907 fueron extranjeros (8). En caso que la pérdida de los asistentes a la F1 fuera irreparable, implicaría una disminución del 3.09%.

En resumen: La pérdida de turistas internacionales que aporta la F1 a la CDMX es significativo, aunque, nada parece indicar que no se reacomodaría y distribuiría en otros meses del año. Así también, durante el primer mes del año, según la INEGI no hay rastro de una pérdida de ingreso turístico. Aunque existen nuevos reportes que los datos de la INEGI deben ser tomados con ciertas reservas (15).

Mi interés por compartir mi recopilación informativa no es la de aplaudir una decisión del gobierno en turno. Tengo mis propios sesgos y mis propias ideas políticas con las que intento luchar casi a diario. Hago esto porque este es el periodismo que me gustaría que existiera en México, uno que encuentre datos y profundice. Espero, también, que esto se haga en las decisiones gubernamentales, aunque todo pareciese indicar lo contrario.  Considero que la información verídica y que expone sus preferencias partisanas o intereses económicos generará una población con mayor criterio electoral, y con una mejor capacidad de discernir de entre la bilis que genera la política y el (a veces poco) raciocinio que impera en esos rubros. El cinismo que la política genera, de cualquier lado de la balanza, no aporta sustancia a la discusión, ni a la resolución de problemas. Asumir que las cosas estarán mal por siempre, o peor aún, que mejorarán por arte de magia, o por algún caudillo héroe de pelo cano, es el verdadero peligro para cualquier democracia. Este es el inicio de una serie que espero que no tenga fin, en la cual abordaré de la manera más seria posible, las diferentes noticias falsas y malas interpretaciones de hechos que invaden mis redes sociales.

Fuentes:

1: https://www.excelsior.com.mx/adrenalina/mexico-pierde-fecha-preferencial-en-formula-uno/1299397

2: https://www.forbes.com.mx/la-condicion-de-amlo-para-que-la-formula-1-regrese-a-mexico-en-2020/

3: https://twitter.com/F1Latino_/status/1101651549841969152/photo/1?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1101651549841969152&ref_url=https%3A%2F%2Fvanguardia.com.mx%2Farticulo%2Fmexico-pierde-su-derecho-de-conservar-fecha-para-grand-prix-de-f1

4: https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/cdmx/sheinbaum-busca-alternativas-de-financiamiento-para-mantener-la-f1-en-mexico

5: https://www.razon.com.mx/mexico/jefa-de-gobierno-de-la-ciudad-de-mexico-claudia-sheinbaum-posibilidad-formula-1-f1-realizacion-cdmx-financiamiento-evento-400-millones-de-pesos-gobierno-busca-eventos-alternos-gran-premio-de-mexico/

6: https://www.nytimes.com/2018/01/29/sports/football/super-bowl-lii-minnesota.html

7: https://www.youtube.com/watch?v=74V2duDb4Lo

8: https://www.turismo.cdmx.gob.mx/storage/app/media/Estadisticas/Estadisticas%202018/Enero%20a%20diciembre%202008%20-%202018.pdf

9: https://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-mexico-como-vamos/2018/01/23/datos-laborales-imss-2017/

10: http://www.siimt.com/es/basico/Ranking_Mundial

11: https://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/11/11/aumento-6-8-turismo-extranjero-en-mexico-en-2018-9582.html

12: https://expansion.mx/nacional/2019/02/11/mexico-recibe-menos-turistas-extranjeros-en-2018-que-en-2017

13: https://www.inegi.org.mx/programas/eti/2018/default.html#Tabulados

14: https://lideresmexicanos.com/noticias/la-f1-atrae-mas-extranjeros-este-ano/

15: https://www.jornada.com.mx/2019/03/13/economia/022n1eco