Discurso de género en campaña: ¿apología de la mujer?

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Estas campañas han sido diferentes a todas sus antecesoras. Entre una serie de razones, para mí resalta una muy concreta: género. La paridad hoy ya no se puede quedar en discurso. Atrás quedaron las palabrerías vacías y las promesas de equidad. Hoy, por ley, se debe cumplir con cuotas y la ciudadanía debe de ver datos cuantificables, papelito habla.

La presión internacional, los reclamos de la sociedad civil, y los indicadores alarmantes de un pueblo con un sistema patriarcal, trajeron como consecuencia este cambio en la normatividad. Ya no hay manera de ignorar el tema. La cuestión de género y los derechos políticos de la mujer se trajeron a la mesa.

Sin embargo, ¿esto significa que hemos conseguido una democracia paritaria? Cuotas de género, mujeres en la vida pública, igualdad de escaños, candidatos y candidatas hablando sobre la importancia de la mujer y sus derechos. Claro, un paso importante y fundamental es que las mujeres estemos representadas políticamente, pero ¿qué pasa después? Podemos tener a mujeres en la política, sin una idea remota del tema de género. Ni se diga muchos de los candidatos.

Ricardo Anaya, con su tuit sobre su madre siendo la primera que se levanta y la última en acostarse, y tildándolo de igualdad. Andrés Manuel con el apoyo a las jefas de familia, las guarderías, y tiempos completos en escuela para que las madres puedan salir adelante. Meade y el discurso de las mujeres emprendedoras, y Jaime Rodríguez ni se diga.

Hablo de los presidenciables por su visibilidad, pero este discurso se encuentra en todos los niveles, cada vez que se menciona la necesidad de la mujer en la política para sanearla, para volverla más digna y limpia. “La mujer conoce lo que es el salario mínimo y lo que se necesita para tener una canasta básica, porque sabemos los precios, porque vamos al supermercado todos los días” Carolina Garza, candidata a diputada federal por el Distrito 1. 

Y no es que el tipo de propuestas que se están manejando no sean necesarias. Las guarderías, la equidad laboral y el empoderamiento de jefas de familia o el apoyo a emprendedoras, todo es muy importante. Sin embargo, sigue siendo insuficiente y conlleva una aproximación errónea e incompleta en el tema de género.

El discurso de género en las campañas se ha vuelto una especie de apología a la mujer. Se mencionan las capacidades adyacentes en el ser femenino. Se enlistan características de mujeres fuertes, y sobresalientes, aquellas valiosas por ser luchonas. Se ha moldeado una imagen de lo que representa ser una mujer, se ha elogiado. Y eso, queridos candidatos y candidatas, no es feminismo. En afán de complacer a la opinión pública y voltear a ver las exigencias de género, se ha tenido un discurso de exaltación, de divinización de la mujer.

Al hacer esto, se termina perpetuando la dicotomía de género. Se siguen englobando características propias de lo femenino, y exclusivas de lo masculino. Se sigue teniendo un discurso que habla de una mujer como esta ama de casa, que se atrevió a tomar otro trabajo. Valientes ellas porque, además de estar en la política, en el negocio, o en cualquier trabajo, llegan a su casa para su segundo turno. Luchonas y fregonas porque tienen tiempo para otras cosas además del cuidado de sus hijos. ¿Las tareas domésticas siguen siendo propias de las mujeres? Son sensibles, más humanas, preocupadas por el bien de todos. Se hace alusión a figura de la madre, aquella que tenemos tan clara en el imaginario colectivo. Pero en términos reales, ¿qué tiene que ver la madre de un candidato con la teoría feminista?

Hace falta ver sustento, teoría y diagnósticos en las propuestas. Exigimos una campaña en la que se suba el nivel de debate. Nos merecemos candidatas y candidatos preparados en este y otros temas críticos de la actualidad.

¿Qué es lo que nos espera?

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¿Qué es lo que nos espera? Sin duda alguna este periodo de campañas electorales dejará un gran sabor de boca, donde, se luchará constantemente por mantener una posición dentro de las “encuestas” que pueden o no, marcar una cierta tendencia en cuestión del voto.

Será un periodo intenso de trabajo, donde se buscará lograr hacer ese “match” con el ciudadano, demostrando que la clase política ha evolucionado, claramente esto dependiendo de cada uno de nuestros candidatos, que se partirán el lomo por alcanzar un solo objetivo propio y comunitario.

¿Pero quién ganará? Ganará aquel sea capaz de entender al electorado, de comprender que la ciudadanía votará por emoción y no por razón, quien comprenda la situación social y logre hacer clic en el imaginario colectivo de cada uno de los ciudadanos, por ello, hemos de entender nuestra finalidad, ¿ganar la elección o ganar la campaña?

Estas campañas electorales abrirán una vertiente interesante en la historia de México, pues representa un parteaguas generacional en la forma de hacer política, en donde, algunos políticos han evolucionado ha lo que Antonio Sola califica como “políticos anfibios”, que son aquellos que han logrado entender la política tradicional y la política moderna, con un enfoque social y evolutivo desde la perspectiva del Marketing político; otro es aquel que se denomina “políticos branas” quien es aquel, que entiende que la política ha cambiado, que nuestro factor principal es el ciudadano y que se enfrenta a un terreno áspero y duro provocado por políticos tradicionalistas que siguen arraigados a ideas obsoletas convirtiéndose así, en un lastre para el Sistema Político y Social.

Estos próximos meses estarán llenos de un sinfín de spots de campaña, recorridos, hashtags, encuestas y estrategias de marketing ligado directamente a las perspectivas sociales, por ello, los candidatos aparte de su adaptación al entorno, deberán identificar un innumerable de segmentos para su población meta, que, sin duda estará dividida a nivel federal, pero, aquel que llegue reconstruirá una narrativa verbal, social y organizacional.

Nos enfrentamos a un periodo electoral tenso, con un gran pragmatismo social, que ha demostrado que ha derrotado a la Quimera que lo ha tenido sumiso durante décadas, ese ciudadano que buscará emitir su voto con pasión por algún candidato o candidata que le “llene el ojo” por sus propuestas, físico, ideología o empatía con su finalidad, creando así ese Match político que llevará a lograr a ganar la elección y no solo una campaña; comprendiendo así que esto es un proceso evolutivo, quien no se adapte, evolucione o se moldeé, se extingue.

La campaña del Diablo

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Cuentan que un político mexicano murió y, cuando llegó a las puertas del cielo, se encontró en la entrada a San Pedro, este le pregunto su nombre y… ¡oh sorpresa! no estaba en la lista, al Santo se le hizo muy raro, comenzó a pensar y hasta consultó con Dios (cosa que no hacía regularmente), cuando Dios escuchó a Pedro le dice: “dale una oportunidad para que él decida en dónde quiere quedarse”. En ese momento San Pedro le comenta lo que Dios planteó, dijo: “Mira hijo no estás en ninguna lista, ni en la del cielo ni en la del infierno, esto nunca pasa así que te daremos la oportunidad de que tu decidas; a partir de este momento pasarás 24 horas en el cielo y 24 en el infierno y al final tendrás que tomar una decisión ¿entendido?” Así es, respondió el político, y te comento que quiero iniciar en el cielo.

San Pedro le dio entrada, le regaló un arpa con la que comenzó a volar entre todas las nubes, tocaba y cantaba muy alegre, todo lo que veía era armonía y paz, pasaron las 24 horas y San Pedro lo mandó llamar, le dijo: “tu tiempo aquí termina”. Lo acompañó hasta un elevador y presiono un botón, sin decir nada más, las puertas se cerraron, y repentinamente se abrieron; lo reciben el mismísimo diablo (muy bien vestido por cierto) y dos mujeres muy elegantes le dicen: “Señor Político es un gusto que nos acompañe, durante su estancia, usted podrá tomar cualquier bebida, bailar con cualquier mujer, jugar golf, apostar y caminar libremente por donde usted desee” -¡esto es el paraíso!- exclamó el político; comenzó a disfrutar todas las atracciones, se encontró con viejos amigos, tomaron juntos y se divirtieron a lo grande. “Se terminó el tiempo” -le dijo el diablo. El político tuvo que subir al elevador, no había mucho que pensar, su decisión estaba tomada se quedaría en el infierno.

Cuando llegó al cielo San Pedro le preguntó, ¿En dónde te quedarás por el resto de la eternidad? Sin pensarlo dijo: “sabes algo Pedro, esto del cielo es muy agradable, hay mucha paz, pero la verdad en el infierno me sentí parte, me encontré con muchos de mis amigos políticos de la tierra y prefiero quedarme ahí para siempre” San Pedro dijo: “hijo que tengas buen viaje”.

Se cerraron las puertas del elevador, el político se frotaba las manos esperando el momento de su llegada, cuando finalmente se detuvo el elevador se abrieron las puertas y lo que vio fue algo completamente diferente; había un desierto, mucho sol, la gente sufriendo, los más fuertes abusaban de los más débiles, el político desesperado buscó al diablo y cuando lo encontró le preguntó: ¿qué pasó? ¿Dónde está la fiesta que había visto antes? ¿Las mujeres dónde están? Sonriendo el diablo contestó: “amigo ayer estábamos en campaña, hoy, ya que decidiste por nosotros, esta es la realidad”…

Estamos por entrar a un proceso electoral único en la historia de México, este 2018 se llevarán a cabo las elecciones más grandes de nuestro país. En las elecciones presidenciales será la primera vez que aparezcan candidatos independientes en la boleta, ante ello, nuestro verdadero sentido crítico y racional tiene que predominar, como mexicanos tenemos que ver que los “políticos” que lleguen a cargos de elección popular sean las mejores personas, que no nos vendan espejos y sobretodo, que nos muestren el “cómo” de cada una de sus propuestas.

México va a cambiar, no tengo duda. Pero cambiará más pronto si elegimos a las mejores personas capaces de transformar la realidad con hechos. Valoremos nuestro poder ciudadano y lo más importante involucrémonos en este proceso electoral, ya llegó el momento. México nos necesita.  Se vale debatir

Nuestra Generación

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Somos parte de una generación distinta, nuestra generación, la de más de 30 millones de jóvenes que nacimos y crecimos rodeados por tecnología, conectados con personas de otras partes de la república y del mundo gracias al internet. Nuestra generación forma parte de este México joven donde la edad promedio es de 27 años y donde actualmente representamos el bono demográfico más grande que tendrá nuestro país (al menos que decidamos tener 5 o 10 hijos por pareja como nuestros abuelos) en jóvenes ingresando al mercado laboral.

Es en esta encrucijada histórica para lo que representa ser joven en nuestro país también coincide con momento muy importante donde vivimos tiempos políticos complicados, donde el hartazgo de la ciudadanía hacia los partidos políticos y la política en general alcanza niveles por encima del 80% según distintas encuestas. Vivimos en un país donde es cosa de todos los días ver desfilando a funcionarios inhabilitados, perseguidos o encarcelados por la ley local o extranjera. Donde el linchamiento social hacia los políticos y hacía lo público en general ha denigrado el significado de la política convirtiéndolo en un sinónimo de rufianismo, abuso y oportunismo. Muy lejos hemos quedado de aquel ideal original donde se concibe a la política como un medio para servir a los demás. Nuestro propio lenguaje nos confunde, no pueden llamarse funcionarios públicos aquellos que no “funcionan” para desempeñar sus funciones en pro de la sociedad.

Lejos de querer criticar y atacar como a todo mundo le encanta hacer hoy en día decidí escribir este artículo para reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos indistintamente de nuestra trinchera, séase como estudiantes, políticos, empresarios, academia, etc. Soy un convencido que nuestra generación sí se interesa en la política, en los asuntos públicos, prueba de ello son las múltiples expresiones estudiantiles y de redes sociales que han proliferado en nuestro país en los últimos años; pero también creo que vale la pena pensar sobre los motivos y objetivos que debemos buscar perseguir con estos movimientos.

Como generación debemos evitar caer en el querer por ser. El simple hecho de ser jóvenes no nos debería de dar acceso a ningún privilegio sobre los demás, tenemos que demostrar con capacidad que podemos ganarnos las cosas y no solo esperar a que nos caigan como limosna o premio de consolación. Tenemos que evitar caer en la premiación solo por ser joven, donde se incentiva a que unos pocos no quieran permitir que nuevos se involucren por miedo a la competencia o miedo a exhibir su falta de talento, cayendo en un círculo vicioso donde se inhibe de raíz la participación juvenil.

Tenemos que hacer política distinta, como jóvenes, dejar atrás ese viejo esquema de vestirnos y actuar como el político grande, no ser Babysaurus imitando a los mayores. Con la misma fórmula no vamos a llegar a resultados diferentes. Veo con entusiasmo que hay muchos jóvenes nuevos y con causas involucrándose en la política, eso nos debe dar esperanza y no solo eso, sino que para todos aquellos que militamos en algún partido también representa un reto para buscar promover el cambio e incluir a aquellos que tanta falta nos hacen y que si no los tomamos alguien más lo hará y capitalizará a su causa. El mensaje de nuestra generación es claro, o marchan con nosotros o marcharemos sin ustedes.

Representar a la ciudadanía como se merece

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Todos los días nos enfrentamos a problemáticas que parecieran comunes, parte de nuestra vida y muy difíciles de resolver, estamos acostumbrados a ver que nada pasa y que nada mejora. Estamos viviendo una etapa de descomposición del viejo régimen político, en donde prevalece la corrupción y la impunidad que afecta todos los días nuestra calidad de vida.

El sistema político actual ha permitido que los políticos de siempre puedan llegar a un cargo de elección popular sin representar a la gente. Los viejos políticos están acostumbrados a vivir del erario público, del dinero de nuestros impuestos, y a no dar resultados. Los viejos políticos están acostumbrados y obligados a representar los intereses de sus partidos y sus jefes políticos, y no a la gente, por eso debemos quitarlos.

Luego de ver como los políticos de siempre han utilizado a la política y los cargos de elección popular para beneficiarse y no representar a la gente, es muy entendible la falta de confianza de la ciudadanía hacia la política en general, puesto que hay muchos ejemplos de políticos corruptos que han dejado un pésimo legado, que visitan a la gente solo para pedir el voto y con promesas que nunca cumplen. “Se sientan en la silla” y se olvidan de la gente.

A pesar de este escenario desalentador, quienes formamos parte de una nueva generación de ciudadanos libres en la política, no podemos quedarnos de brazos cruzados sin actuar para participar en la transformación que nuestro estado necesita. Necesitamos gente nueva, con ideas nuevas para representar un verdadero cambio e impulsar mejores condiciones de vida para todos. Necesitamos representar a la gente como se merece: con sinceridad, responsabilidad y tomando en cuenta sus problemáticas para resolverlas.

#HojaDeRuta: “El bodrio”

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“O ya no entiendo lo que está pasando, o ya pasó lo que estaba entendiendo” – Carlos Monsiváis.

Es tal la francachela que se trae la clase política que resulta difícil digerirla, ya no digamos explicarla. La mezcolanza de perfiles y colores es tal que si la política nacional fuera un óleo, sería autoría de Jackson Pollock.

Llama la atención que tal cantidad de movimientos y cambios de estandarte no obedezca a nuevas corrientes ideológicas, grandes agendas o rupturas de raíz programática. Todo lo contrario, cual documental de National Geographic o BBC Earth, asistimos al espectáculo que brinda el instinto más primal de todos: la supervivencia.

¿No me quiere melón? Me voy con sandía ¿Sandía se cansó de mí? Me hago fruta independiente. Si no fuera porque vivimos sus estragos a flor de piel, de pronto parecería que sistema político vive y opera desde una realidad alterna a la del resto de los tripulantes del navío mexicano.

Las fuerzas políticas tienen como prioridad máxima la supervivencia, sí, pero no a secas. Lo que se busca es el mantenimiento del control y privilegios por largo tiempo amasados. Es lógico que todo poder establecido busque perpetuarse, pero se supone que en las repúblicas democráticas esto se hace asumiendo que la soberanía popular es la fuente del poder público y que el juego se da con base en leyes y reglas definidas e instituciones funcionales.

El curioso caso mexicano, como lo ha explicado Lorenzo Meyer, amalgama dos conceptos que son por naturaleza contradictorios: vivimos en una democracia autoritaria. Existen leyes, pero reina la impunidad. Existen instituciones, pero obedecen más a los poderes establecidos que al interés público. Existen elecciones, pero carecen de confianza.

Este escenario lleva a una doctrina política -si es que así pudiera llamársele- a imperar sobre el resto: el pragmatismo. O por el contrario, pudiera ser que el pragmatismo al que asistimos significa precisamente el fin de las doctrinas: como lo importante es sobrevivir, sale sobrando cómo se logre.

Cuando el genial Groucho Marx se presentaba decía: “Estos son mis principios, y si no le gustan…pues tengo otros”. Solo así puede entenderse que conservadores lleguen sin mayor reparo a un partido (en el papel) socialdemócrata que supuestamente enarbola las ideas que principio repudian. Solo así puede explicarse que militantes de toda una vida brinquen con soltura a la independencia. Solo así puede concebirse una alianza entre izquierdas y derecha sin un atisbo programático, sin mayor debate de por medio.

Tampoco descubrimos el hilo negro. En la ciencia política se habla desde hace tiempo de la teoría del gremio: en sus horas bajas, la clase política tiene más en común entre sí que con la ciudadanía a la que supuestamente representa.

Contaba Elena Poniatowska que cada que el Monsi terminaba un libro, le decía jugando que le iba a mandar su “bodrio”, a ver qué le parecía. Un bodrio, además de significar una cosa mal hecha, desordenada o de mal gusto, es “un caldo con algunas sobras de sopa, mendrugos, verduras y legumbres que de ordinario se daba a los pobres en las porterías de algunos conventos…un guiso mal aderezado”. Eso explicaría el por qué varios de los recientes sucesos de la vida nacional provocan malestar estomacal.

gilberto@altiusconsultores.com

Juventud y política

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Luego de una etapa de un evidente desgaste de la clase política en Nuevo León, mucho es el protagonismo que pudiéramos esperar de la juventud en el ámbito político, pero al plantear esta idea con las palabras incorrectas pudiera resultar no ser tan atractivo para quienes nunca han tenido un primer acercamiento en este campo. La gran mayoría de las formaciones políticas tradicionales ofrecen modelos de participación donde no se toma en cuenta la participación y opinión de la juventud, y sus acciones se basan en lo que “algunos” creen que quieren las y los jóvenes.

Una política de simulación, en donde no importa verdaderamente lo que piensa la juventud, ha sido una principal barrera que desanima y aleja a este segmento de la población de la política y los asuntos públicos.

Quienes han manejado la política de juventud en el estado no han sido capaces de crear modelos que propicien la compatibilidad entre juventud y política, por las formalidades que rodean a este ámbito, y que crean la percepción de que es algo inalcanzable o ajeno a ellos, lo que no motiva un verdadero interés ni propicia el entendimiento de que es a los jóvenes a quienes más les compete hacerse cargo del rumbo político del país.

Pudieran ser diversos factores los que nos mantengan al margen, tales como el no sentirse suficientemente preparados, la falta de educación, la apatía, la percepción social de desesperanza, los pocos cambios sustanciales en la forma de hacer política, los mismos perfiles de gobernantes, etcétera. Todo esto ha logrado que cayéramos donde hoy nos encontramos, en un sistema político donde los “representantes populares” no representan al ciudadano.

Quienes dirigen los partidos políticos siguen subestimando la capacidad de la juventud para enfrentar los grandes retos de nuestra sociedad. Las organizaciones juveniles de las formaciones políticas tenemos que encontrar la manera de hacer accesible la participación política de la juventud y esto es promoviendo la “ciudadanización” de la política, haciendo que los ciudadanos libres, las y los jóvenes libres participen en política para mejorar nuestra sociedad.

En el caso de Nuevo León, desde el año 2003 se creó el Instituto Estatal de la Juventud, órgano que garantiza acceso a los programas y políticas públicas de juventud, o al menos para eso fue creado, pues en los más de 13 años que tiene de existir, nunca ha servido para garantizar la participación y representación de la juventud en los asuntos que afectan nuestra vida cotidiana. Y, por el contrario, este instituto lejos de servir a la juventud del estado, sirve para proyección política de quienes han pasado por ahí, olvidándose del propósito para el cual fue creado. Todo esto ha contribuido a que la juventud del estado se encuentre en una situación de falta de oportunidades y representación para salir adelante. Se necesita incentivar a que la sociedad participe y esté informada para supervisar las acciones de quienes gobiernan.

El primer paso para iniciar un verdadero cambio, es vencer la apatía y falta de interés de la juventud, por lo que en Jóvenes en Movimiento nos hemos dado a la tarea de organizarnos de una forma democrática, donde podemos asegurarnos que todos quienes integran esta organización puedan ser escuchad@s y tomad@s en cuenta, para lo que hemos creado el órgano interno denominado “Junta General de Jóvenes en Movimiento”, donde se garantiza el acceso a la información de los asuntos internos de la organización, así como su participación al interior, la Junta General está integrada por tod@s l@s jóvenes que son parte de la organización. De esta forma Jóvenes en Movimiento contribuye al proceso de cambio en la política en nuestro estado.

Tenemos mucho por hacer para garantizar mejores condiciones para que la juventud tenga acceso a mayores oportunidades de salir adelante y prepararnos para enfrentar los grandes retos que tenemos como sociedad. Jóvenes en Movimiento aspira a ser una organización que se convierta en factor de cambio para mejorar nuestro entorno, queremos coincidir con l@s miles de jóvenes que anhelamos un cambio para mejorar nuestro estado, abriendo espacios para acercar a la juventud y política.

#HojaDeRuta: “Comprar libros es un oscuro placer”

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Aunque dispositivos como el Kindle podría contener entera la biblioteca de Alejandría, carecen de encanto. ¿Son los aparatos más útiles, lógicos, sencillos? Por supuesto, pero también son mucho menos inspiradores. Por eso uno se emociona cuando un pequeño panel de acrílico anuncia que esa mesa del costado tiene 50% de descuento en libros del INAH y el Fondo de Cultura Económica.

Me encontré libros donde menos esperaba: en una vieja prisión potosina construida en tiempos porfiristas, donde hasta el encierro y el castigo tenían ecos franceses. Cavando entre las pilas de títulos, me encuentro con el último título del maestro Monsiváis, y en su contraportada, una frase de William Blake que guió su vida: “espera solo veneno del agua estancada”. En ella, el poeta encontró con minimalista belleza la forma de resumir la esencia del progresismo: el movimiento. Progresar es moverse y hacerlo hacia adelante. El conservadurismo es quietud, y muchas veces, retroceso. Ahí radica uno de los principales motores de la vida pública. Somos un país que casi no lee, y también somos un país que casi no participa en la política, esa niebla tenebrosa a la que no queremos acercarnos.

De acuerdo al Módulo de Lectura (Molec) del INEGI, de cada 100 mexicanos, solo 45 leyeron al menos un libro en el último año. De acuerdo al mismo Instituto, el año pasado en México se leyeron 3.8 libros al año, promedio por debajo de otras naciones latinoamericanas como Chile, que promedia 5.4, y Argentina, que alcanza 4.6. El Molec también revela la obvia correlación que existe entre escolaridad y lectura, pero llama la atención su agudeza: sólo 25% de quienes no tienen enseñanza básica leen libros o algún otro tipo de material (periódicos, revistas, portales de Internet), mientras que el 70% de quienes cuentan con educación superior mantiene un hábito de lectura, por mínimo que sea. Ah, y en promedio, las mujeres leen más que los hombres, lo que no debe extrañar, pues tienen también mejor rendimiento académico (a pesar de vivir en medio de la peste machista).

Leer por sí mismo tiene un valor inconmensurable, pero no es solo la acción lo que importa, sino la comprensión. Más del 20% de la ciudadanía mexicana reconoce entender poco o solo la mitad de lo que lee, lo cual nos habla de la necesidad de formar pensamiento crítico. Letras y números son el herramental más poderoso de la humanidad, pero se requiere la formación que permita desarrollar el potencial de las personas, para que entonces pueda estallar su creatividad.

Lea, que mucho le conviene, ¿Y qué es leer? robémosle otra vez al poeta para intentar describirlo: “Ver el mundo en un grano de arena, y ver el cielo en una flor silvestre, sostener el infinito en la palma de tus manos, y la eternidad en una hora” – William Blake.

El héroe de los desprotegidos

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“Sucedió que una mañana, después de ayudar a unos peones de la hacienda a reconstruir el techo de una casa, regresé de improviso con mi ama. Ah, que escena tan cabrona la de ver a mi madre muerta de miedo, dando explicaciones a Don Agustín de por qué no podía llevarse a mi hermana, él por supuesto exigía el derecho a desvirgarla, con el permiso de su madre o a la fuerza o por la mala. Como venía de fueras corrí a la parte trasera de nuestra casa tan pobre, donde colgaba junto a las palas, el fusil, nomás porque mi mamacita no podía ver las armas en el mismo lugar donde dormía. Sin pensarlo, corté cartucho y entré como alma que lleva el diablo a apuntarle a Don Agustín en el meritito pie. Al momento se desplomó con la mano sobre la hebilla del cinturón; Martina se quedó salpicada de sangre, petrificada y sin poder emitir una palabra” Según el libro de Pedro Ángel Palou, No me dejen morir así, de esa manera empezó la vida de fugitivo de José Doroteo Arango Arámbula mejor conocido como Pancho Villa.

Casi a todos, alguna vez nos vistieron con sombrero, botas negras, pistola de juguete y carrilleras en el pecho, representando lo que ha sido una de las narrativas políticas más grandes, duraderas, interesantes y universales del siglo XX.

El héroe de los desprotegidos, el hombre que encabezó la mayor fuerza revolucionaria en América Latina, Pancho Villa representó el sueño de la lucha contra el más fuerte, del que se levanta en armas contra el invasor y contra el rico en defensa de sus hermanos más pobres.

Hoy, a poco más de 94 años de su muerte (20 de Julio del 1923), ya no encontramos a hombres o mujeres con convicciones tan arraigadas capaces de cambiar el rumbo de una nación, o si los hay, poco se sabe de ellos.

Durante los años que el General Villa estuvo al frente, se escuchaban historias y leyendas de sus hazañas; los pueblos estaban ansiosos de pelear al lado del “Centauro del Norte” hombre que luchaba por la libertad de los mexicanos, fue protagonista en una revolución que dejó un ordenamiento público y sentó las bases de lo que hoy es la democracia en nuestro país.

Hoy en día, nuestra sociedad necesita hombres y mujeres capaces de sentir empatía y buscar el bienestar común, tenemos que dejar a un lado el individualismo que tanto daño nos ha hecho, hay que reconocernos como parte de una sociedad y entender que no somos los únicos en la tierra, hay que dimensionar el impacto de nuestras acciones u omisiones.

Cada vez es más frecuente escuchar que la clase política toma decisiones por su beneficio propio, sin pensar en la ciudadanía que los eligió, quizá, ya llegó el momento en que las convicciones, los valores y las fortalezas de las buenas personas lleguen a los puestos de decisión pública.

No queremos a un nuevo Pancho Villa sino a muchos; a personas convencidas de transformar su entorno, cada quién, desde su trinchera. No es levantarnos en armas para buscar la paz sino vivir la paz para guardar las armas.

En la navidad de 1913, la revista Leslie´s, una de las más populares de la época en Estados Unidos, dedicó su portada al “audaz líder” Pancho Villa, en ese entonces se imprimieron 400,000 ejemplares promoviendo al feroz mexicano.

Quizá, ya es momento que los ojos del mundo volteen a ver a México por las hazañas que podemos lograr.

Somos más los buenos, pero quizá, no hemos hecho tanto ruido.

Se vale debatir.

#EspacioWiki: Ocupar la Ciudad. Habitar la Política.

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En los inicios de la democracia Griega se creó el espacio público por excelencia: el ágora. Lugar no sólo de encuentro o comercio, sino punto neurálgico de las polis donde se daba a lugar el ambiente político y filosófico. En este lugar, físico y étereo al mismo tiempo, se intercambiaban ideas y se generaban los movimientos políticos en favor o en contra de tal o cual medida. Ahí es donde los exponentes más talentosos o las políticas públicas más exitosas se ponían a prueba.

“Las grandes figuras del pensamiento griego, que trasladaron desde aquellos espacios sus ideas al conjunto de la población. Allí, el dominio del discurso y la comunicación era una necesidad para poder participar en la actividad política y social griega”, menciona Llorenç Gost en su tesis doctoral Espacio público, comunicación y democracia en la antigua Grecia. Cabe recordar que los actores políticos en esos momentos corresponden a hombres libres y de cierto estatus social y que hoy, en cambio, hay una pluralidad mucho más abierta de voces, que viene dada por el reconocimiento de los derechos humanos y de la participación política desde la mayoría de edad, sin discriminar clase social ni sexo o género.

Esto al menos en el papel. La realidad es mucho más difícil de discernir, ya que cada día son violentados nuestros derechos a la participación ciudadana por la cúpula de los partidos y las instituciones que nos dicen representar y gobernar. Que los políticos se queden en sus congresos y sus palacios de gobierno, con miedo a perder sus privilegios mientras nosotros hacemos política de verdad. Ya #SinVotoNoHayDinero hará los suyo más temprano que tarde, pero ese es otro tema.

Nosotros, mientras tanto, nos ocuparemos en tocar los puntos importantes de la vida pública. No se trata de bajar la política de esas ¨altas esferas¨, sino regresarla donde siempre perteneció y donde siempre debe de estar: con cada uno de los habitantes de la ciudad. Recuperar ese lugar físico que son los espacios públicos y alimentarlos de ese espacio etéreo de ideas, diálogo y acción: nuestra ágora.

Eso es lo que se busca en Wikipolitica. No más sesiones a puerta cerrada (y sin quórum) sino reuniones en espacios abiertos. No más decisiones unilaterales sino consenso comunitario. Lo público sobre lo privado. Activación y participación en lugar de planes y proyectos impuestos. Ejercer los derechos y obligaciones. Ser un grupo que dé voz a las necesidades de todxs.

Sin embargo, como menciona Josep Maria Montaner en su libro Arquitectura y Política, “el análisis de las diversas experiencias de participación demuestra que estas no pueden forzarse, ni inventarse, sino que deben de surgir de los propios vecinos y movimientos sociales, de lugares y problemas reales”. Los problemas y el hartazgo ya lo tenemos, existe y es tangible, lo que falta es “ocupar” la oportunidad.

No basta con el liderazgo social de colchón, de firmas en páginas de internet, de “ladys y lords” en youtube o twitter. Hay muros que nos impiden hacer acciones concretas para mejorar nuestro entorno y ya hemos demostrado de “los muros sí caen”. Si algo nos han enseñado las revoluciones del siglo XXI, desde Occupy Wall Street hasta el Movimiento de los Indignados en Venezuela, es que hace falta ensuciarse las manos. Señorxs, ahora hay mucho lodo. No dejemos que haya más.

Por ello hay que ocupar la ciudad. Ocupar físicamente realizando actividades políticas, de entretenimiento, recreación o simplemente viviendo la ciudad. La de verdad, la que viene con la interacción social y la expresión de pluralidades acorde a la democracia. Ocupación como trabajo y vocación, ocuparse siendo un habitante político activo, de los temas comunes que deben de ser solucionados. Justo en la calle, justo en la arena pública. Ocupar como un acto de guerra, de resistencia a las prácticas paternalistas y autoritarias. La ocupación del espacio que es de todos, para la manifestación social, política y cultural activa, en el lugar más visible donde nos pueden y nos van a escuchar.

Los espacios físicos existen. Plazas, parques y foros que son oasis en nuestra ciudad de asfalto y concreto que muchas de las veces se encuentran deteriorados. La inversión pública los considera lugares residuales en la trama urbana cuando son los corazones latientes de la colonias y municipios.

Los espacios etéreos también existen y cobran importancia desde hace algunos años, desde las modestas juntas de vecinos que se involucran para la activación de sus espacios de colonia, hasta las manifestaciones violentas como las que explotaron en enero de este año en la Explanada de los Héroes.

En Wikipolítica ofrecemos otra opción, una mucho más constructiva e inteligente. Esto no es una simple arenga ocasional sino, más bien, es una invitación cordial. Ven con nosotros a transformar plazas, parques y kioscos en el ágora de la ciudad. Discutiremos los temas que nos interesan como ciudadanos y la forma de tomar acción pública. Las reuniones para este Espacio Wiki son periódicas y se llevan a cabo en diferentes espacios públicos del área metropolitana.

Para nuestra siguiente edición estaremos en el Teatro Hundido de la Alameda en el Centro de Monterrey este Domingo 21 de mayo a las 10:30 de la mañana. Tenemos mucho que contarte y proyectos en lo que te podrás involucrar para incidir en el panorama político del estado y del país.

Y para ser honestos también nos toca invitar a otro evento que trata el tema de habitar la ciudad e incidir para hacerla un vehículo hacia la igualdad. El IV Congreso Peatonal – Ciudadanía Trabajando se llevará a cabo del 19 al 21 de mayo en diferentes puntos. Ahí también andaremos junto a los chicos de La Banqueta Se Respeta y grandes expositores sobre el tema.

Las calles son nuestro terreno, los parques y plazas nuestro ágora. Es hora de ocupar la ciudad y habitar la política.