“Esto no es un capricho, es una necesidad”

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Para todos los Mexicanos:

Escribo esta carta para ti, tú que te rodeas y formas parte del problema.

Son más que sabidos en todo el país los terribles acontecimientos que le sucedieron a Ingrid y a Fátima. Ingrid con tan solo 25 años de edad fue asesinada y mutilada a manos de su pareja. Como muchas otras mujeres, ella había denunciado violencia familiar pero, igual que todos los demás casos que terminaron como el de Ingrid, nadie hizo nada. Luego tenemos a Fátima, una niña que tenía 7 años de edad. Ella fue a su escuela y en la salida una mujer la recogió y la llevó a lo que sería un feminicidio más.

Se compartieron fotos, se hicieron manifestaciones, se cuestionó a las autoridades e inclusive al presidente. ¿Qué obtuvimos como resultado? Que en la rueda de prensa que se le hace cada mañana al presidente Andrés Manuel López Obrador que el reportero Carlos Domínguez minimizara y despreciara la problemática con un “ya se habló suficiente del tema”. Carlos Domínguez, yo no soy autoridad periodística para cuestionar tu trayectoria en Nación 14, pero como ciudadana y como mujer sí te puedo decir, ¿realmente ya se habló suficiente de este tema? Porque, de ser así, cómo explicamos los 976 feminicidios en 2019, las 718,019 denuncias de las mujeres que se atrevieron a hablar sobre la violencia familiar que viven a diario o que 1 de cada 10 feminicidios en México cobre vidas infantiles. Lamento mucho la falta de empatía que tiene por la triste situación que México vive como sociedad. Pero sería injusto decir que Carlos Domínguez es la única persona apática ante tal situación. El problema es de todos los mexicanos y las mexicanas. Todos de forma directa o indirecta formamos parte del problema, ya basta.

Cada que juzgamos a una mujer o la desvalorizamos, formamos parte del problema. Cada que compartimos fotos que la humillen, que la difamamos o creamos chismes sobre alguna decisión que tomó, formamos parte del problema. Cada que vemos violencia física, verbal, psicológica y no hacemos nada porque no es nuestro asunto, formamos parte del problema. Esto más que ser una cuestión de hombres o mujeres, es sobre humanidad. Tú como persona y como ciudadano o ciudadana tienes la responsabilidad de no quedarte callado, aunque esto no te afecte directamente a ti, tienes la responsabilidad de hablar. Tú como mexicano o como mexicana tienes la obligación de darle más a tu país. Porque a México lo conformamos todos y todas. Que se esté violentando, ultrajando y asesinando de distintas maneras a las mujeres es decepcionante. Basta de tanto amarillismo y morbo que se crea con cada lamentable y doloroso feminicidio.

Tú, mexicano y mexicana, te hablo a ti. Hemos decepcionado a nuestro país y a las futuras generaciones que estarán en dónde estás tú. Ellos y tú merecen más. Sigamos marchando, sigamos quejándonos y exigiendo a las autoridades respuestas, por que este no es un capricho, no es una sugerencia, es una necesidad. Si para frenarnos dirás: “hay maneras, ¿Por qué pintar paredes y monumentos?”, o harás burla a los himnos de protesta, te invito a que pongas en una balanza qué es más importante, ¿La vida de una persona (por no decir miles que han muerto) o una pared? Te contestaré que los monumentos históricos son una representación directa de la sociedad y cómo se fue moldeando a través de su historia, así que, que se pinten con los nombres de las personas que han muerto en esta masacre nacional te hará ver de una forma constante y pública la gravedad de este problema. Te responderé también que en cuanto formas, se han intentado de todas, se han hecho incontables denuncias formales que no han sido más que archivadas, se ha ido a los medios, a sociedades civiles, se han juntado firmas y se han hecho marchas pacíficas, pero nadie ha hecho nada. Si pintando una pared, si cantando de forma ordenada, si usando un distintivo y organizándonos en distintos estados del país es como llamamos la atención para que por lo menos se hable del problema a nivel nacional e internacional, entonces creo que se debe seguir haciendo.

Te escribo a ti, tú que tratas de resolver el problema, tú que has visto cualquier situación relacionada, tú que incentivas de forma directa o indirecta estas circunstancias. Merecemos más, todos. No porque no te afecte directamente un problema significa que debes ser apático a él. Deja de hablar, deja de usarlo como morbo o el chisme del día. Actúa, desde tu propio círculo social, identifica el machismo, la violencia, los abusos y actúa, haz algo. ¿Cuántas más deben morir o sufrir para que hagas algo?

#ElNidoDelGavilán: “Al Señor Presidente”

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En la música y en el teatro es muy notorio cuando los tiempos traen cambios. El público deja de consumir determinado contenido y los artistas tienen que renovarse para seguir vigentes. El olvido es el destino para los que no lo hicieron.

Así pasa en la política y eso le pasa a Andrés Manuel en este 2020. El siglo XXI trae nuevos retos y complejidades que vivimos día con día. Entre tantos temas, incluido el recrudecimiento de la violencia vinculada al crimen organizado, está la reivindicación de las cuestiones de género.

Andrés Manuel es un luchador social nato, viene desde los movimientos populares de Tabasco. Sin embargo, viene de una época donde los debates incluían a Stalin, al PRI y al movimiento ferrocarrilero o de electricistas. Movimientos de hombres, por hombres y para hombres.

Andrés Manuel fue creciendo en fama y en poder. Llegaron los 2000s y el “proyecto de nación” se fue configurando. Desde una narrativa contestaría en 2006 a una centro-izquierda en 2018.

Sin embargo, aunque el triunfo fue aplastante en 2018, las alianzas de AMLO lo han vuelto tibio en numerosos temas, especialmente de corte progresista. Se niega a hablar del matrimonio igualitario, de los feminicidios, del aborto, de la migración, etc.

Es cierto que el Gobierno no es sólo él y que tanto en su staff como en su partido existen personas con la capacidad y voluntad para impulsar agendas de todo tipo, a final de cuentas, la 4T es un movimiento heterogéneo en su composición.

Andrés Manuel, así como un cantante viejo, tiene que aprender nuevas canciones y adaptarse al mercado. No puede repetir el decálogo irrisorio de hace días para hacer frente a las demandas de los grupos feministas. Es mejor no hablar, que decir algo incorrecto. Como bien dice, Zepeda Patterson, Andrés Manuel ve a los feminicidios como parte de la espiral del terror que fue la narcoguerra desde 2006. Sin embargo, el fenómeno va más allá de eso, por ejemplo, lo que pasaba en Ciudad Juárez. Son crímenes de odio, crímenes de una sociedad donde la mujer tiene un lugar inferior.

No se necesitan Constituciones Morales, ni sólo buenas intenciones -que creo él tiene-. Los terribles casos de Ingrid y de la niña Fátima son reflejo de instituciones débiles, de una ruptura en el tejido social, de desatenciones del DIF y los sistemas de seguridad social y de una burocrática impartición de justicia.

La propia Claudia Sheinbaum ha reconocido las negligencias en diversas instituciones en estos casos.

AMLO tiene que asesorarse y hacerse acompañar por un equipo que lo instruya debidamente en temas de género, de derechos humanos y demás temas que desconoce. En su afán personalista, sus respuestas han sido con falta de tacto y sin medir el alcance. No puede salir a pedir que no se rayen paredes o no se publique algo en prensa de un tema.

Guste o no, la violencia de género es un tema que nos atañe a todas y todos y que nos tiene sumidos en una crisis nacional. Las marchas tienen que seguir, las compañeras tienen que seguir en movilización constante y el gobierno tiene que seguir bajo asedio, aunque “les caliente”, aunque los saquen de contexto, la oposición sea mezquina y se tengan que defender. Esto es así, es el costo de hacer una mejor sociedad.

Lo dicho, dicho está.

Construir un socialismo democrático

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La construcción de un socialismo democrático es una tarea necesaria que pretende lograr un mayor bienestar para todos, una mejor repartición de la riqueza, atenuando la desigualdad que caracteriza nuestra sociedad y construir un camino transitable hacía las grandes promesas del siglo XXI. 

En su editorial del día domingo en El Norte, Luis Rubio lamenta que el presidente “…tiene una serie de ideas muy claras y muy fijas respecto al futuro que pretende construir y que son incompatibles  con el siglo 21″. ¿Significa esto que el camino escogido por AMLO no permitirá alcanzar este mayor bienestar ni la repartición de la riqueza que son los pilares de un socialismo democrático, ni tampoco transitar hacía la integración de México al siglo XXI? Según Luis Rubio, el presidente pretende “reconstruir un pasado idílico” lo que considera imposible en el contexto actual. 

Parece tener razón el editorialista. El modelo social del presidente está basado en distribuir sobrevivencia, cuando debería estar basado en generar para no tener que distribuir y asegurar que todos generan lo suficiente para crear su propio bienestar. Es clara la limitación del modelo presidencial, ya que se puede distribuir solamente lo que se ha generado sin peligro de agotar lo distribuible. 

El mismo Luis Rubio exhibió las trampas escondidas en el manejo de las finanzas nacionales, aparentemente sanas y advirtió de los peligros de agotar lo distribuible. ¿Qué harán los magos de la cuarta transformación cuando caigan en cuenta que su incapacidad en generar la confianza necesaria para empujar las inversiones indispensables ya no permitirá conservar las apariencias saludables de las finanzas? 

La tentación será de reconsiderar el binomio “socialismo democrático” y en su afán para perseguir su ilusión socialista, se olvidarán de la parte democrática del binomio que les estorbará para tomar las decisiones necesarias para lograr este socialismo que ya será un socialismo de estado, con todas las consecuencias que ya conocimos en los tiempos de la docena trágica hace más de 40 años y que muchos ejemplos en numerosos países del continente han demostrado ampliamente. 

Para quienes creen que el socialismo de estado resultará fatal para México, la única opción es defender la parte democrática que el régimen intentará sacrificar para lograr sus metas de “bienestar”. La última llamada será 2021, y hasta ahora, no parece que los actores políticos se estén preparando de la mejor manera posible. Todavía es tiempo para una reacción indispensable. 

Ya lo juzgó la sociedad

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Como es público, después de una persecución que duró poco más de un año, en la ciudad de Málaga, España, el 12 de febrero del actual fue detenido Emilio Lozoya Austin, quien fue Director general de PEMEX durante el periodo 2012 a 2016.

Detención, que fue celebrada por algunos Servidores Públicos como por ejemplo Irma Eréndira Sandoval (Secretaria de la Función Pública), varios medios de comunicación, ciertos columnistas y parte de la sociedad que le atribuye responsabilidad y no dudan sobre su “lógica” culpabilidad.

Lo anterior, por la publicidad y el contexto que las autoridades y “comunicadores” han realizado sobre las acusaciones que se le han imputado a Emilio Lozoya Austin.

Sin embargo, independientemente de su probable responsabilidad, lo anterior podría involucrar una indeseada violación a un derecho fundamental, a saber, la presunción de inocencia.

Esto, pues el principio de trato esencialmente consiste en que todo inculpado de un delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su culpabilidad.

No obstante, debe decirse que la naturaleza y alcance de la presunción de inocencia no es limitativo al desarrollo del procedimiento, sino que esta regla también debe ser aplicada de manera extraprocesal.

Me explico, la presunción de inocencia implica también el derecho fundamental a recibir la consideración y el trato de no partícipe en hechos de carácter delictivo y en consecuencia, que no se apliquen consecuencias anudadas a hechos de esta naturaleza. En pocas palabras, la Constitución no permite condenas anticipadas.

Lo anterior, pues tal y como en reiteradas ocasiones lo ha señalado la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dada la trascendencia de una acusación en materia penal, la Constitución otorga al imputado una serie de derechos fundamentales a fin de garantizar que se efectúe un juicio justo en su contra, sin embargo, de nada sirven estos derechos cuando las autoridades encargadas de investigar el delito realizan diversas acciones que tienen como finalidad exponer públicamente a alguien como responsable del hecho delictivo, pues frente a estas acciones, se corre el enorme riesgo de condenar al denunciado antes de tiempo, ya que el centro de gravedad que corresponde al proceso como tal, se desplaza a la acusación pública realizada por la autoridad.

En esa tesitura, es que en el caso de Emilio Lozoya Austin puede existir una violación a su derecho fundamental de presunción de inocencia, pues se insiste, los señalamientos públicos influyeron tanto en la sociedad que pocos dudan sobre su culpabilidad.

Ante este escenario, lo cierto es que el verdadero juicio fue celebrado antes de la aparición de un juzgador e incluso antes de su extradición, pues hoy la realidad es que a Lozoya Austin y a su familia ya los juzgó la sociedad.

Finalmente, todo linchamiento mediático que no tiene más que la perversa intención de difamar resulta contraproducente a la sociedad mexicana.

La economía del fútbol: una plática con Stephen Szymanski

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Si es que creímos en el algún punto de nuestra existencia que “the beautiful game” nos iba a salvar, no podemos estar más equivocados. Hoy concebimos al deporte más popular del mundo como algo que en la realidad no lo es y nunca lo será: como ese “cura-males” que te da esperanzas respecto a las actitudes sociales que empíricamente trascienden al deporte. Con motivo de este día de los enamorados, dedico este texto a uno de los grandes amores de muchos/as de nosotros/as, el fútbol. A demás, en estos tiempos de malestar en nuestro país, se amerita un poco de distracción y despejar nuestra mente.

Hace un par de meses tuve la oportunidad de entrevistar a uno de los personajes más interesantes en el mundo del fútbol, que a pesar de no contar con los reflectores merecidos, ha logrado combinar dos conceptos que a simple vista no parecerían tener relación; no obstante, son dos de los determinantes de cómo es que gira el mundo en el presente: La Economía y el Fútbol.

Cabe destacar que para mí, como buen apasionado de este maravilloso espectáculo y próximo economista, encontrar a un profesional de las ciencias sociales con este conocimiento y curiosidad resultó en una excelente oportunidad de poder charlar de estas dos grandes pasiones, por lo que en los siguiente renglones me tomo la libertad de compartirles mi charla con él, así como unas sucintas reflexiones sobre la misma.

El profesor Stephen Szymansky nació en Nigeria, de padre polaco y madre inglesa; creció y pasó un importante lapso de su vida en la ciudad de Londres, donde permaneció a excepción de sus días en la Universidad de Oxford, donde estudió filosofía, política, economía y después se volvió profesor.

Posteriormente obtuvo su doctorado en economía por la Universidad de Londres en la “London Business School“. Y posteriormente se mudó al Colegio Imperial de Londres para continuar su etapa de profesor… Después de un largo etcétera, en el 2011 se convirtió en Profesor de Administración Deportiva en la Universidad de Michigan.

Sin más, traduzco en estas líneas mi plática con el profesor. Con cursivas estarán escritas sus respuestas:

1.- Profesor, después de todo este tiempo radicando en Estados Unidos, la pregunta es obligada, ¿se dice soccer o fútbol?

Es una gran pregunta, de hecho es tan buena pregunta que escribí un libro sobre eso junto con un colega.

A ver, la primera cosa que hay que decir es que no importa, ¿a quién le importa?… Bueno de hecho sí, a mucha gente. La razón por la que me interesé en esto es que cuando yo era joven en Inglaterra, era aceptable llamarle soccer, era común. De hecho la palabra soccer viene de Inglaterra, no de USA.

Este es un excelente ejemplo de una “palabra en exilio” una palabra que solías usar pero ahora la consideras como una aberración. Y eso ocurre porque en USA tienen su propio “fútbol” y pues, lógicamente, quieren distinguirlo. Es más sobre cultura y rivalidad entre naciones. Es un antiamericanismo. Uno bastante estúpido.

2.- Profesor, ¿por qué, a nosotros como mexicanos o latinos, nos interesa más el fútbol o los deportes que la política o la economía?

Verás, creo que eso no es exclusivo de los latinos, sino de todo el mundo. Los deportes son lo más importante. Y creo que la razón es que es un tipo de entretenimiento, es decir, tenemos cine, arte, música, pinturas, etc… Y creo que los deportes son más importantes que los anteriores porque provocan diferentes cosas. La música, el arte, te genera satisfacción y luego, tal vez, te aburre. El deporte es un drama, no hay dos iguales, por lo que no pierdes interés. Es ese nivel de drama o suspenso lo que lo hace tan especial.

3.- En la misma línea, a veces la pasión dentro de los deportes nos sobrepasa… Se sale de nuestras manos. El fútbol no ha sido lucrativo toda su historia como para tener tal impacto, hablando un poco de su lugar de origen, entiendo que inclusive en una ocasión la exprimer ministro Margaret Tatcher en Inglaterra, consideró prohibir el fútbol por los hooligans. Muchos pensaron que la industria iba en picada, pero desde entonces sólo se ha visto crecer hasta ser inmensamente lucrativa. ¿Qué nos puede decir sobre eso?

Se dice que las cosas primero pasan en América, esto incluido; de hecho, el “fútbol comercial” inició en los Estados Unidos. Ahí se televisó por primera vez, y se realizaron contratos millonarios.

Previamente se negaba a que las televisoras se involucraran mucho ya que se temía que, con la llegada de la televisión, la gente dejara de ir a los estadios.

Este es un desentendimiento fundamental, porque de hecho, poner el fútbol en la TV solo significa promoción gratis. Entonces la gente lo verá más, no menos. Fue hasta los 80’s con los italianos, que se dieron cuenta que el negocio estaba en la televisión, con la llegada de Maradona precisamente.

Hoy en día la manera de consumir deporte o este entretenimiento es completamente diferente a como yo lo hacía, ya lo ves en las redes sociales, no solo en la TV. Y ni siquiera ven el juego completo.

¿Cómo cambiará eso el modelo de negocios? Esa es la pregunta fundamental. No digo que vaya a colapsar, pero entramos hoy en día en una nueva fase.

4.- Desde su punto de vista, ¿el fútbol es más que un negocio o es que es solamente otra industria lucrativa?, es decir, ¿tiene una responsabilidad social?

Esto es súper interesante, verás, la manera en que ha evolucionado el fútbol en Europa, es que anteriormente cada club representaba una comunidad,  creo que esto ocurre en Sudamérica y a veces en México. En ese sentido, sí es más que una industria, sin embargo, en el resto de América eso no sucede. No existe ese sentimiento de pertenencia, se puede ver eso en el fútbol americano, por ejemplo; siempre me ha parecido increíble una cosa ahí, en el Superbowl, cuando queda campeón un equipo, el que recibe el trofeo ¡es el dueño! Si eso lo hicieras en Europa, en Latinoamerica, ¡te lincharían! ¡Se los das a los jugadores! Así es como piensan los americanos. En ese sentido, la respuesta es depende, en Estados Unidos, evidentemente es sólo un negocio. Aunque se están tratando de involucrar en otra forma de pensamiento.

5.- Me gustaría hablar ahora del fútbol femenil. ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta esta parte del deporte? ¿Cómo hacemos para que sea más popular? Que mejore.

Te diré algo, el fútbol femenil fue suprimido durante años por los dirigentes y la gente de poder, la FIFA. Lo que vemos hoy es un resultado de por lo menos 100 años de supresión en el fútbol femenil, no podían participar. Necesitamos reparar este daño, necesitamos hacer transferencias del fútbol masculino al femenino, darles a las mujeres la posición en la industria que habrían tenido si no se les hubiera prohibido. Eso es importante reconocer, pero no nos engañemos, eso no pasará.

No obstante, está creciendo. Llenan estadios. Y seguirán creciendo. La segunda cosa que vemos, es que, también esta versión del fútbol les da una oportunidad a países que no son buenos o no han tenido los resultados esperados con su versión varonil, ahí ves a los Estados Unidos o China.

Finalmente quiero hacer una dinámica. Dígame lo primero que se le venga a la mente:

1.- ¿El mercado de fichajes en el fútbol está sobrevalorado?

No, de hecho está subvaluado. Los jugadores deberían de costar más dado su aporte a los clubes y la cantidad de dinero que se mueve en esa industria. Es inmensa.

2.- ¿La fortaleza o no de una economía impacta sobre su desempeño en los deportes?

Desde mi punto de vista sí. Aunque no necesariamente.

3.- ¿Es la corrupción el peor enemigo del fútbol?

Claro, es el peor enemigo. Lo triste es que la corrupción no está matando al juego, es que la corrupción subsiste precisamente porque la gente no deja de interesarse. Ese es el problema.

4.- ¿Aumentar la Copa del Mundo a 48 países es la peor decisión que ha tomado la FIFA? Verdadero o Falso.

Verdadero. Por la estructura del juego, creará mucha corrupción. Es ilógico. Se presta a eso, a que los equipos se coludan. Y ha pasado antes. Esto pasó en el mundial de España, en la fase de grupos. Austria y Alemania jugaban, y si empataban los dos ambos pasaban la fase de grupos a octavos de final. Lo que hicieron es jugar a la pelota, nunca se llegaron por los 90 minutos. Fue un caso súper famoso. ¡Es ilógico!

5.- Verdadero o falso. India, Japón, Estados Unidos o Irán ganarán la Copa del Mundo antes que México.

Falso, México ganará primero.

6.- ¿Messi o Cristiano?

Messi

7.- ¿El fútbol hará de este mundo uno mejor?

No, no creo.

El fútbol no nos va a salvar

Posterior a la entrevista seguí platicando con el profesor para profundizar esa pregunta. Y no, el fútbol no nos va a salvar; no es la solución a nuestros males como sociedad y mucho menos como país. Fuera de ser un deporte apasionante, de acuerdo a la enriquecedora charla que tuve con el profesor Szymanski, un experto en el tema, el deporte profesional como tal no deja de ser una rama más de las industrias que producen riqueza en nuestro país desde diferentes ámbitos. Y no tiene per se una responsabilidad social.

Sí, claro, podemos colocar más parques, más áreas verdes o inclusive, más rectángulos de cal en nuestros barrios para que todos los pequeños persigan el deporte en lugar de las drogas o la violencia que sin lugar a dudas subsiste como una realidad triste en nuestro país. No obstante, un proyecto social y el fútbol profesional, por lo menos en México, es un punto y aparte gigantesco. Que si bien, no se entiende el fútbol sin el barrio, el barrio sí se entiende sin el fútbol. Eso es lo que nos dicen los datos hoy en día.

La necesaria evolución del fútbol

Sigue sin hacer sentido, lo sé, pero es que la realidad de lo que provoca el fútbol en la sociedad es más reciente de lo que creemos. El impacto real más reciente que sucedió en México fue hace apenas un par de años, en el 2016 para ser más exactos.

Sí, estamos hablando de un deporte profesional que en nuestro país lleva más de 70 años (1943 fue su fundación oficial) y fue hace apenas 4 años que tuvo un cambio radical que pudo haber logrado algo en la sociedad mexicana: Estamos hablando de la liga femenil, que por lo menos hoy en día sigue reflejando otra de las tristes realidades de nuestro país, siendo que no se puede comparar ni por los pelos el salario, las prestaciones y las condiciones que percibe y cuenta un jugador de la categoría masculina con la femenina.

Resulta en ocasiones hasta ridículo lo que representa este deporte a nivel mundial, sobretodo en una cuestión de lo que ha trascendido; tan solo comentar que el número de afiliados a la FIFA (211 países) es, incluso, mayor que los miembros de la ONU (193) esto a pesar de que “oficialmente” solo hay 194 países, pero bueno, esa es otra historia.

Más increíble aún, antes de la llegada de las dos Guerras Mundiales, la FIFA ya tendría presencia mundial, siendo que se fundó un 21 de mayo de 1904 en Rue Saint-Honoré, Francia; quién iba a decir que llegó la paz antes en el deporte que en las calles, siendo que la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no fue hasta el 24 de octubre de 1945 en la ciudad de San Francisco, California; habiendo pasado ya, por cierto, Dos Guerras Mundiales.

Aunque la realidad es que el horizonte no apunta en una dirección esperanzadora para el deporte y su rol en la sociedad, hay giros repentinos como el surgimiento de la liga femenil o el sentimiento de pertenencia a un club lo que pueden ocasionar que en realidad, el fútbol si sea más que un negocio, más que un deporte, que ha dado chispazos en ocasiones de ello, y me gusta pensar que es momento de aferrarnos a esos momentos y a esos principios, tal vez así, pateemos finalmente al mismo lado del campo.

¿Estudiamos para trabajar o para saber?

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Para nadie es secreto que el mercado laboral esta cambiando a pasos agigantados tanto en México como en todo el mundo. Estos cambios se reflejan tanto por los empleos creados por las nuevas industrias de la Revolución Digital (para muchos la Tercera Revolución industrial) como por la automatización en los procesos de producción en múltiples industrias de la manufactura y otras de servicio que reducen la cantidad de trabajadores involucrados en los procesos productivos de las empresas, generando desempleo en algunos casos y oportunidades de empleo para los que trabajen en industrias relacionadas con la automatización de estos procesos.

En México la educación superior tanto pública como privada tiene una amplia oferta de carreras profesionales y técnicas, pero muchos de los planes de estudio tienen más de 20 años sin actualizarse o se actualizan seguido pero no responden a las necesidades actuales del mercado. Entender esta realidad es importante inclusive para poder hablar de temas políticos, tomemos como ejemplo la pérdida de empleos en la industria de la manufactura en Estados Unidos, muchos pensarían que una causa importante son las fábricas que han trasladado su producción a México pero la realidad es que 7 de cada 10 empleos que ha perdido EU en los últimos 15 años en la manufactura han sido por la automatización de los procesos y no por la ida de las empresas a México.

Un estudio de SAP and Qualtrid publicado en el World Economic Forum señala que en el sudeste asiático es donde los estudiantes califican de menor manera si sus universidades los están preparando para el mercado laboral común 61% de encuestados que contestaron que consideran que la preparación es excelente o buena. Le siguen el Medio Oriente, Europa, Norteamérica y América Latina y el Caribe con números inferiores al 40% en promedio. En general lo que señala el reporte es que los estudiantes no sienten que sus universidades los estén preparando para los trabajos que tendrán que enfrentar hoy o en un futuro y también consideran que la educación superior sigue siendo un privilegio.

Las universidades como los propios estudiantes debemos replantearnos nuestro rol en el sistema educativo, más allá de los planes de estudio y programas de internacionalización debemos explorar y aprender sobre las industrias del presente y futuro que podrían darle a México una ventaja en comparación con otros países de Latinoamérica. Más allá de memorizar cosas y aprender técnicas que rara vez vamos a usar debemos entrarle a temas como la inteligencia artificial, las redes sociales, las energías limpias, la automatización de los procesos de producción, entre otros. 

#ElTalónDeAquiles: “México es salvaje”

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Se cumplen este mes dos años de mi salida de México, tiempo durante el cual he tenido la oportunidad de digerir y ordenar una rica experiencia de seis años. Hace unos días, pude compartir con amistades en CDMX durante una escala. Fue el instante de hacer las paces.

La última vez que estuve en México fue en diciembre de 2018, cuando regresé a Cholula a arreglar los últimos detalles relacionados con mi salida de ese país, en febrero de ese mismo año. En aquel momento, la empresa de alquiler de autos me ofreció en internet, como siempre, un modelo de carro que no estaba disponible al momento de llegar a recogerlo. Y como siempre, me facturaron el precio más alto. De regreso de Cholula, quedé atrapado en un embotellamiento en la carretera Puebla-CDMX que me hizo perder el vuelo. Como de costumbre, nadie dio explicaciones. Fue entonces que resonó de nuevo, con o sin razón, en mi mente, aquel: “pásele güerito y que la virgencita lo acompañe, porque si te vi, ni me acuerdo”. Cierto, cuando entregué el carro me hicieron “el favor” de no cobrarme el atraso (a cambio de llenar bien la encuesta de satisfacción al cliente). Sin embargo, cuando se confirmó la pérdida de mi vuelo, en el mostrador se me indicó que, después de comprar un nuevo boleto, debía llamar al servicio al cliente para restituir el peso no utilizado en el pasaje perdido. El rembolso nunca aconteció. El episodio me recordó aquella vieja historia de la tarjeta de crédito que me pidió datos personales tres veces, los cuales fueron perdidos una y otra vez por el servicio de mensajería. Claro, la compañía puso en entredicho la veracidad de mi versión. 

¿Cuál es mi argumento? En México lo que sucede siempre es culpa del cliente, del ciudadano, nunca de las autoridades o de las empresas. Ya sea por estrategia de mercadeo (ofrecer lo que no se tiene), por falta de planificación (“no sabíamos que sucedería”), por costumbres (“yo te ayudo si tu me ayudas”) o por falta de formación (el empleado simplemente no sabe), en ese país el común de los mortales es siempre el perdedor. Y para defenderse, hay que hacer uso de la creatividad (mentir, exagerar, extrapolar), para manipular la realidad como arma de protección de arbitrariedades. El comportamiento es socialmente contraproducente, no solo porque atenúa el capital social, si no además porque, para protegerse de tanta tergiversación, el “sistema” optó por solicitar un papeleo excesivo e irracional para obligar al ciudadano, que debería ser considerado inocente (hasta que se demuestre lo contrario) a mostrar que no es culpable, y que, por lo tanto, es acreedor del servicio solicitado. 

México es salvaje porque, aunque a nivel legal, las normas garantizan derechos a todos y todas, en la realidad es la ley del más fuerte la que prevalece. Ni menciono los derechos laborales de empleados a los que se les asegura que se les renovará contratos, pero que al final, sin explicación y en una total falta de transparencia, son sujetos al tratamiento contrario por autoridades que, además, declaran públicamente estar preocupados por la impunidad estructural que acontece en el país. Los ejemplos son infinitos, aplicables a cada instante, a nivel micro y macrosocial. Escuché hace apenas un par de días a una trabajadora confiar a un colega que no recibió pago doble por su trabajo el 25 de diciembre y el 1 de enero, aunque las autoridades citen la Ley Federal del Trabajo para confirmar el pago doble de los días de descanso obligatorio. “Pues ni modo, así son las cosas”, concluyó la empleada en cuestión, quien tampoco planeaba quejarse. ¿Para qué?

Lo que antes me frustraba lo veo ahora con ojos de observador externo. No argumento que México sea “más salvaje” que otros países y, por supuesto, con el tiempo, considero la arbitrariedad tan solo como un rasgo más de un país complejo, que también tiene muchas cualidades. De hecho, mi escala reciente en CDMX me dio la oportunidad de caminar por la Zona Rosa, lo que me recordó lo extraordinariamente agradable que puede ser esa bella ciudad. Pero, como decía un apreciado colega de antaño, desde un punto de vista cultural, una de las características más sobresalientes del México contemporáneo – y también uno de los principales obstáculos al desarrollo – es la “simulación”. Se trata aquí de un tema muy interesante, el cual, sin embargo, dada su importancia, es preferible abordar en algún otro momento. Sin duda lo haré.  

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), 10 de febrero de 2019

AMLO en campaña

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AMLO sigue incansablemente con su doble tarea semanal, presidente de lunes a viernes, candidato de fin de semana, desconociendo presidencialmente todos las consecuencias electorales de los llamados actos anticipados de campaña. 

Hace veinte años que recorre el país hasta en sus rincones más remotos y olvidados. Ahora, con los recursos que le facilita su calidad presidencial, recurre a movilizaciones populares de apoyo (también de a pollo si le damos crédito a los videos que se difunden a fuera de estas reuniones) y de predicación perseverante. La predicación consiste a repetir que se combate la corrupción, aún si más del 70% de las licitaciones federales son dirigidas y no concursadas. 

Solamente que ya no es la multitud que acude para apoyarlo sino él que reúne a multitud para reafirmarle su apoyo a través de los programas sociales. Parece tener éxito, si se juzga por el tamaño de las multitudes reunidas. Sigue también, con estos actos, su labor de división del país, a través de las manifestaciones de hostilidad (¡espontánea!) a las autoridades locales que se encarga luego de aplacar, en buen padre de familia que genera la división para predicar la unión. 

No cabe duda que AMLO sabe dónde genera la mayor cantidad de votos a su favor y la preparación de la segunda fase del sexenio se realiza lejos de los centros urbanos o más bien dándole la espalda al segmento de la población que se obstina en buscar el bienestar a través de su trabajo y de la generación de riqueza. 

La profundización de la estrategia electoral del presidente ni siquiera requiere la participación de Morena, un partido dividido e incapaz de reconstruir una unidad que las individualidades se encargan consistentemente en desbaratar. Pero, los otros partidos tampoco se dan por enterados de la ventaja enorme que está acumulando el presidente y siguen con sus juegos destructivos y aferrados a no perder sus privilegios monetarios que parece ser lo único que les interesa. 

En 9 meses empezarán las campañas para renovar los congresos federal y locales y el presidente es el único que hace la tarea. Cuando los otros despertarán, será tarde, si es que despiertan a tiempo. Ahora no podrán alegar ignorancia. Cada fin de semana, les arrancan unos cuantos votos, con todo y sonrisa florida, sombreros exóticos y bastón de mando.    

La carrera por los Estados Unidos

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Theodore Roosevelt una vez afirmó: “Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia”. El espíritu de Roosevelt era decirle a la sociedad que la defensa de la democracia es cotidiana, no es sólo con el ejercicio del voto durante las contiendas electorales,  sino con los personajes que se desarrollan en ella, las instituciones encargadas de protegerla y una ciudadanía activa dispuesta a defender las instituciones que dan contrapeso al poder. El vigésimo sexto presidente estadunidense previó lo que sucede actualmente en su país y fuimos ciegos; todos pensaron que el simple hecho de elegir a un presidente afroamericano, el racismo se terminaría; muchos afirmaron que una jueza latina en la Corte Suprema acabaría la xenofobía y el odio a los migrantes; muchos afirmaron que la sentencia del máximo tribunal norteamericano legalizando el matrimonio igualitario generaría un fin al odio a la comunidad LGBT. En tiempos de una sociedad dividida y polarizada, el lado progresista y liberal tiene mucho que aprender del pasado y visualizar el futuro, no sólo para el lado izquierdo, sino para todos. 

Estados Unidos acaba de ser testigo de un cumulo de situaciones que tendrán un impacto en las elecciones por la presidencia y en tablero político, desde el esperado resultado del juicio político contra Donald Trump donde fue absuelto por el Senado; el discurso del Estado de la Unión y la líder de la minoría rompiendo el discurso del presidente en televisión nacional, hasta el debate de candidatos demócratas en New Hampshire y el desastre o caos en las primarias de Iowa, estamos viendo que las cosas no se ven bien para los contrincantes del Trump. 

El primer reto que enfrentan los demócratas frente a los republicanos es la unión y consolidación de una narrativa alterna. Los republicanos han conformado un sólido bloque partidista en apoyo a Trump para su reelección, en contrario, los demócratas continuan con una clara división por quién encabezará la candidatura por la presidencia. Por un lado, vemos que Biden, Sanders, Warren y Buttigieg mantienen una confrontación directa que en nada abona a consolidar un proyecto que pueda dar frente a un presidente con altas probabilidades de reelección. Un debate de fondo es el espectro ideológico que pueda incentivar el voto de latinos, afroamericanos, indecisos y centros; el partido demócrata se encuentra en una encrucijada del camino que debe de tomar, y ante un personaje como Trump, mantenerse demasiado en el centro puede ser una estrategia fallida. Sin embargo, la izquierda norteamericana sabe que irse demasiado a la izquierda tampoco es beneficioso para ser competitivos electoralmente. 

Algo que tampoco beneficia a los demócratas, es el resultado de las primarias en Iowa, ya que el retraso en la emisión de resultados donde van con una pequeña diferencia entre Sanders y Buttigieg por el primer lugar,  ha generado incertidumbre y un aire de conflicto interno agravado, mismo que ha capitalizado a Trump y los hace ver como incapaces para gobernar. 

Desde la segunda guerra mundial, solo tres presidentes de Estados Unidos han sido derrotados para la reelección: Gerald Ford, Jimmy Carter y George H. W. Bush, y como escribe John Cassidy en  The New Yorker, “dichos personajes tenían un elemento en común: la economía era percibida o estaba en crisis”, este escenario no se configura completamente en la actual con Trump, que si bien existe evidencia de una inminente complicación económica para Estados Unidos, aún no se sienten los efectos como en la Gran Depresión o en el 2008. 

Sí los demócratas quieren ser verdaderamente competitivos, deben aprender de los errores del pasado, entender que la política actual no se gana con lo simbólico sino con lo real, y desde esta reflexión, poder unirse para enfrentar a un adversario sumamente poderoso, impulsado por la intolerancia y con una estrategia de comunicación basada en el enojo, deberán demostrar una narrativa esencial de la política en Estados Unidos y en palabras de Abraham Lincoln: “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la tierra”.

El gran ganador: Trump

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Las elecciones 2020 por la presidencia de Estados Unidos, aunque todavía están a meses de distancia, se sienten más cerca que nunca. El arranque del lunes, con los dos caucus en Iowa, marca el inicio de una nueva etapa en la contienda; un inicio donde el caballo ganador salió, o al menos eso se percibe, con más ventaja de la esperada.

Al momento de la redacción de este artículo, el escrutinio del caucus Demócrata continúa en un 71% y tiene, en una especie de empate técnico, a Buttigieg (26.8%) y Sanders (25.2%), dejando a Warren (18.4%) en tercer puesto y con un doloroso resultado para Biden (15.4%); un resultado que contrasta mucho con lo vivido en el último debate demócrata, donde Warren y Sanders acapararon los reflectores pero terminaron por desgastarse entre ellos.

En cambio, en el patio de enfrente y sin salirse de la línea, los Republicanos están seguros de que Trump es el candidato: el 97.1% fue para Trump y el restante dividido entre Bill Weld y Joe Walsh; las últimas dos candidaturas entendidas netamente en clave protocolaria sin ningún tipo de propósito más allá de justificar las dinámicas de voto.

Para los Demócratas, lo que representaba un nuevo aire y la conexión con su espíritu y raíz más democratizadora se convierte en parte de la pesadilla del recorrido. Los fallos con la aplicación, la demora en los resultados oficiales (y los extraoficiales que algunos sacaron) y las dudas sobre si el método es mejor, seguramente son ya parte del argumentario de los del GOP para que el presidente lo utilice en uno de sus próximos tuits. “Si ni siquiera son capaces de organizar un caucus, ¿cómo podemos esperar que lideren nuestro bello país?”

Es cierto que hay que esperar a que sucedan el resto de los encuentros y que puede que tan sólo se trate de un tropiezo, pero lo que es innegable es que el daño mediático ya está hecho. La percepción de desorganización hacia el interior del Partido Demócrata contrasta fuertemente con la solidez de los Republicanos que, para poner un poco más las cosas en perspectiva, claramente la tienen mucho más fácil: es Trump, o nadie. La falta de claridad entre la decantación por un único candidato y el desgaste en los hasta ahora siete debates internos contrasta con una figura que se convierte cada vez más en una barrera impenetrable; en alguien capaz de sobrevivir hasta a un impeachment sin apenas tambalearse.

Eso sí, el golpe certero en el State of the Union de Pelosi mantiene a flote a los Demócratas. La frialdad de romper el discurso del presidente justo en el momento en que termina el acto es sin lugar a duda un elemento comunicativo muy poderoso, tanto que prácticamente se llevó las portadas a nivel mundial. Seguramente desde la retórica republicana se pondrá énfasis en los momentos en los que, tanto azules como rojos, aplaudieron al presidente.

El reloj de arena ya se volteó y la carrera se intensifica cada vez más. Cada detalle, cada palabra y cada error se vuelven más decisivos. Esta semana, el gran ganador es Trump. “Divide y vencerás”, dicen por ahí.