Paradojas democráticas en la 4T

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“No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, fueron (y son) los tres mandamientos que ilustran la narrativa del movimiento liderado por el ahora Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Como parte central de este movimiento encumbrado en el partido político Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), se ha mencionado de manera incansable que su valor agregado no es exclusivamente su ideología política de izquierda, sino que representan la mejor visión y prácticas de lo público, y en ese sentido, son punto de quiebre con las viejas prácticas antidemocráticas que denunciaron en el pasado. Si bien, existen diferentes sucesos que son sujeto de análisis respecto a la congruencia de lo señalado, denunciado y construido respecto al ejercicio de gobierno, en días recientes fuimos testigos de un hecho que resulta ser un grave atropello a una sana convivencia democrática, y sin duda alguna, es un suceso que prende las alarmas respecto a las posiciones institucionales y el respeto al Estado de Derecho que tiene MORENA y el Presidente López Obrador. 

El lunes pasado, el Congreso de Baja California aprobó gracias a 21 diputados que votaron a favor, una modificación al artículo octavo transitorio de la Constitución Local, para ampliar el ejercicio de gobierno del actual Gobernador Constitucional, Jaime Bonilla, de un periodo de 2 a 5 años, como se había establecido en una modificación en materia electoral, para homologar las elecciones locales con las generales. El argumento principal de los impulsores de esta modificación en favor del gobernador en turno, es que al ampliar el plazo de ejercicio se gastaría menos debido al gasto al alto gasto que se destina en la organización y actividad durante los comicios. Sin embargo, es innegable como este hecho resulta un atentado contra los principios básicos de nuestra Constitución y es un precedente peligroso en las entidades federativas y sus respectivos congresos locales, que pretendan modificaciones de esta naturaleza. Norberto Bobbio escribió en 1985 que es fundamental es una democracia “que los poderes públicos sean regulados por normas generales (leyes fundamentales o constitucionales) y deben ser ejercidos en el ámbito de las leyes que los regulan”, a ello, se le denomina Estado de Derecho, y la reforma aprobada en el Congreso de Baja California es completamente lo contrario, y es en general, un intento de acomodo jurídico del poder. Tenemos que recalcar que las denuncias expresadas en contra de la reforma aprobada en dicho estado, no es parte de la dialéctica política, que es aquello que ideológicamente contrapone a los partidos políticos (competencia política), sino que es una denuncia generalizada debido a la peligrosidad democrática que representa. Lo anterior lo podemos ver con pronunciamientos hechos por Cuauhtémoc Cárdenas, líder de izquierda y fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien en redes sociales mencionó que “El Congreso de Baja California ha decidido vulnerar el orden republicano y democrático”, o lo pronunciado por el también líder de izquierda y Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y miembro del partido MORENA, Porfirio Muñoz Ledo, el cual mencionó que ante dicha reforma local, el Congreso Federal analiza la posibilidad de desaparecer los poderes en esa entidad y deshabilitar al gobernador Bonilla. Como podemos ver, la denuncia e indignación en la clase política es de tal magnitud, que incluso se ve dentro del mismo partido político del gobernador Bonilla. 

El filósofo Norberto Bobbio en su libro Liberalismo y Democracia,  acuñe el término “Tiranía de la Mayoría”, cuando una predominancia política pretende implantar y perpetuar sus intereses, y esto se refleja cuando una mayoría ya sea un partido político o una postura o un gran sector poblacional, realiza ejercicios tiránicos cuando usa ese poder aritmético y numérico para acomodar todo a su favor, y en dicho término de Bobbio, tiene origen en lo mencionado por el pensador Alexis de Tocqueville, respecto a las mayorías: “la omnipresencia en sí misma es una cosa mala y peligrosa, cuando veo el derecho y la facultad de hacer todo a cualquier potencia, llámese pueblo, rey, democracia o aristocracia, sea que se ejerza en una monarquía o en una república, yo afirmo que allí está el germen de la tiranía. Sin duda, todos estamos a la expectativa de un desenlace que pueda darle certeza a la frágil y naciente democracia mexicana, y sobretodo, que esta nueva mayoría no se pervierta en su ejercicio. Recuerden: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.

Arranque de las pre-campañas en Estados Unidos

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Ante el caos del establecimiento de la democracia en el naciente Estados Unidos, el pensador y padre del republicanismo liberal, Alexis de Tocqueville, escribió en 1835 Democracy in America y menciona una paradoja fundamental de la democracia, vista desde una igualdad de condiciones, y cómo ante ello es tan compatible la tiranía como con la libertad. Lo anterior, ilustra la complejidad de las visiones y proyectos políticos que pueden llegar a contraponerse uno de otro o ser abismalmente distintos y aún con ese antagonismo, convivir en la misma democracia, donde Tocqueville vislumbró inestabilidad a partir de dicha paradoja. Esto viene a colación, ante el arranque que se dio la semana pasada de las precampañas por la Presidencia de los Estados Unidos; entre los competidores podemos ver desde el Partido Republicano a Donald Trump como candidato único y quien busca la reelección, y del otro lado está el Partido Demócrata, en el cual se encuentran hasta 25 candidatos, como el ex vicepresidente Joe Biden ( puntero en las encuestas), la senadora Kamala Harris, Elizabeth Warren, Bernie Sanders, el alcalde Pete Buttigieg, entre otros. 

Después del debate de precandidatos demócratas transmitido en televisión nacional la semana pasada, encuestas cómo la realizada por CNN arrojan una alta probabilidad de reelección de Donald Trump. Desde la contraparte, las encuestas arrojan a Biden, cómo primer lugar, y le siguen Warren, Sanders y Kamala Harris. Sin embargo, ante la coyuntura sui géneris en el sistema político estadunidense, surgen diversas preguntas fundamentales: ¿quién puede ser el candidato que pueda ganarle a Donald Trump?, ¿Ante el escenario actual, cual es la estrategia que debería seguir el partido demócrata para poder ganar la elección? y ¿el partido demócrata aprendió de la derrota anterior? 

Como primera lectura podemos ver que, del lado republicano, Donald Trump posee toda la estructura de poder al ser el líder del partido y ser el actual Presidente. Ello ha generado dos fenómenos particulares: Trump no tiene competidor dentro de su partido (lo cual es raro en una campaña de relección), y por lo consiguiente, ha llevado a su partido totalmente a un espectro ideológico de extrema derecha (como resultado de lo primero).  Desde el partido demócrata vemos completamente lo contrario, al existir 25 precandidatos y es una manifestación de la falta de un liderazgo real dentro del partido, lo cual ha generado una disputa y fractura interna natural de un proceso electoral interno, y también es resultado del no entendimiento de las fallas anteriores y la reformulación de una estrategia nacional, lo cual sí tiene su contrincante. También, existe la otra interrogante sobre a donde irá (hablando desde una perspectiva ideológica) el partido demócrata ante la narrativa de Trump. Y es que uno de los errores de la campaña pasada de Hilary Clinton, fue permanecer demasiado al centro y no atraer a las llamadas “minorías raciales” como son los latinos, afroamericanos, LGBTTTIQ, entre otros, quienes son sectores fuertemente organizados, pero como reflejan datos del Centro de Investigaciones Pew, tuvieron una baja participación electoral; lo anterior, se debió a la falta de atracción de las minorías por un candidato demócrata y el disgusto ante la narrativa del entonces candidato Trump. Ante esto, la izquierda debe decidir si se irá a la extrema izquierda o permanecerá en el centro. Ello resulta fundamental, ya que el establecer fuertemente la postura ideológica sin incentivar al enorme sector de los votantes del centro, aumentan las posibilidades del partido demócrata de ganar la elección. La izquierda (Partido Demócrata) debe entender bien a su rival en aras de poder ganarle. En las pasadas elecciones intermedias, el partido demócrata obtuvo la mayoría al tener 234 representantes en la Cámara, pero perdió la mayoría en el Senado al tener sólo 47 senadores a diferencia de los 53 senadores republicanos. Una de las principales fallas de la izquierda ha sido su ausencia de organización y la construcción de una narrativa que puede ser oposición ante el Presidente Trump, sin duda, las elecciones del 2020 serán un parteaguas en la historia de la política mundial y demostrarán al mundo que las cosas pueden ser distintas. Como escribió Alexis de Tocqueville: “cuando el pasado ya no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad”. 

Al Filo de la Democracia

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“Temo que nuestra democracia haya sido al final del día, un sueño efímero”. Esas fueron las palabras que menciona Petra Costa en su documental “Al Filo de la democracia”. En dicha crónica, Costa plasma el auge y caída de la izquierda en el poder en Brasil, así como el surgimiento gradual pero contundente del Partido Social Liberal (PSL) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), los cuales tienen una ideología política de centro-derecha. Petra Costa, nos muestra una mirada muy particular del caso “Lava Jato” (Lavado de Autos), el cual consistió en una investigación de una red de corrupción en diferentes instituciones públicas brasileñas, y el motivo con el cual detienen, arrestan y cumple una condena actual el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva, desdibujándolo de igual manera de las elecciones del 2018. También, se proporciona un análisis del Juicio Político y la Destitución de la Ex Presidenta Dilma Rousseff en 2017. La tesis principal de la documentalista es explicar el presente revisando el pasado, y denunciar la polarización, el abuso del poder y maniqueo de toda la clase política del país. Resulta revelador, como el buen proyecto de nación propuesto por el Partido de los Trabajadores (PT) se distorsiona a través del tiempo y las alianzas con el PSL y el MDB que van socavando dicha oportunidad histórica de la izquierda en transformar el sistema político de fondo. 

Si bien, la situación brasileña puede parecernos sui géneris, el desarrollo de este fenómeno es un futuro probable en nuestro país. Son innegable los matices que tienen el arresto de Lula y la destitución de Dilma, sin embargo, los errores en sus gestiones son notorios. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, quién se autodenomina de izquierda, podemos afirmar que su presidencia es la primera vez que dicha ideología llega al poder en épocas recientes. Al igual que el gobierno de izquierda brasileño, la nueva administración mexicana tiene como narrativa central el desarrollo social de los sectores marginados, un combate a la corrupción e impunidad, y una (desmedida y mal calculada en términos de eficiencia administrativa) austeridad. El Presidente Andrés Manuel y el partido político Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), quienes recientemente en las pasadas elecciones que se llevaron a cabo en 6 entidades federativas, lograron posicionarse como la primera fuerza política del país. 

Sin la construcción de una oposición fuerte o al menos que pueda realizar eficientemente el trabajo de contrapeso, MORENA y Andrés Manuel establecen y manejan la agenda pública nacional. Sin afán de marcar esto como un fenómeno positivo o negativo, la realidad es que, debido a la mayoría legislativa, la enorme presencia de alcaldes y diversos gobernadores, así como la Presidencia de la República, esta transición tiene una oportunidad única para lograr configurar el sistema político, no sólo de manera simbólica (como hasta el momento ha sido) sino fácticamente utilizar el momento para iniciar y consolidar un proyecto de nación que logre distanciarse de la viejas prácticas antidemocráticas y contrarias a un estado de derecho e institucional. El Académico e intelectual Daniel Cosío Villegas, escribió en 1982 en su obra “El Sistema Político Mexicano”, que uno de los graves problemas de PRI de esa época, era que “el partido había acabado por perder todo ropaje ideológico, quedando en descarnada una maquinaria chupa votos”, y eso podemos verlo en diversas entidades federativas, dónde MORENA optó por el pragmatismo político y sumó a sus filas a militantes conocidos de otros partidos en aras de obtener electorado y posiciones importantes. Sin embargo, tal y como escribió Don Cosío Villegas, ese pragmatismo puede acabar por desdibujar el posicionamiento ideológico de izquierda del actual Regeneración Nacional. 

Si optamos por un análisis comparado, tenemos indicios de errores comunes entre la izquierda brasileña y la mexicana. En todo caso, si la izquierda que actualmente ostenta el poder político en México, no entiende, comprende y enmienda los errores que sus homólogos cometieron tanto en Estados Unidos, como en Brasil, Argentina, Chile, Francia, entre otros, puede ser que vivamos el mismo desenlace. Uno de los desaciertos constante de los sectores progresistas, son “las ocasiones perdidas y el tiempo desperdiciado en la sucesión de las generaciones” (Pipitone, 2015), entendiendo esto como la falta de capacidad de formar cuadros políticos capaces de la autocrítica y darle continuidad de los proyectos o visiones ideológicas. Durante la importante “transición” democrática del año 2000, uno de los equívocos más relevantes fue el hecho de ser “inhábiles para construir consensos sociales y reglas institucionales para un nuevo rumbo del país” (Pipitone, 2017).  Si no ponemos atención al presente, la historia podría repetirse, afectando de esta manera el futuro que soñamos como nación. El resurgimiento de la extrema derecha en diversos países, fue justamente por la incapacidad de la izquierda en consolidarse como una solución real para las problemáticas actuales, y sin duda, México daría marcha atrás si no logra construir una narrativa diferente para todos.