La importancia de llamarse Nuevo León: Clara Luz y Morena

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Después de los disturbios provocados previo a la reunión con Mario Delgado este pasado fin de semana, finalmente salió la foto que muy seguramente será utilizada en campaña por muchos de los adversarios de Clara Luz Flores: ella, a un costado del líder nacional de Morena, y de fondo una foto del presidente López Obrador. Si es bien sabido que en nuestro estado hay un fuerte sentimiento anti AMLO, ¿cuál es el sentido de asumir un costo político tan grande?

Seguramente existen muchas razones y habrá algunas de las que ni siquiera tenemos un cálculo, pero por supuesto que existe una estrategia. Morena, a nivel nacional, tiene muy claro cuál es el perfil de candidatos que busca para su partido: acerca a individuos con liderazgo de corte carismático o a personas que estén dispuestas a abandonar su anterior militancia, hace que asuman una retórica de revanchismo contra el sistema y busca que así se formen vínculos con la ciudadanía y sobre todo con quienes viven en situación de vulnerabilidad (tristemente, la mayoría en nuestro país).

Y aquí es donde aparece Clara Luz y los objetivos se juntan. Hay que recordar que, a principios de este año, la alcaldesa informó que se separaba de las filas del PRI porque ya no se sentía en comunión con las formas del partido. En la práctica, seguramente se trató de una historia como la vivida por El Bronco en 2015: supo que la candidatura para gobernador estaba reservada para alguien más (Ivonne Álvarez en aquél entonces y ahora Adrián de la Garza) y por ello decidió abandonar el barco.

La gubernatura de Nuevo León es un trofeo que los morenistas están dispuestos a arrebatarle a los partidos políticos tradicionales y están viendo que hay posibilidad de hacerlo. Es una de las piezas más importantes en el ajedrez del norte y cuentan con que, una vez que se gane en Nuevo León, el resto de las entidades podrían ceder ante esta influencia. Pero, ¿no le basta a Morena con tener el centro y sur del país completamente a su favor? Quizá sí, pero al actual líder, no.

Mario Delgado necesita dos cosas (no necesariamente en este orden): arrasar en 2021 y legitimar su liderazgo. Él sabe que hay una parte de la militancia que no lo quiere, otra que la mira con escepticismo y otra que lo apoya. Buscando ampliar su red de influencia, y seguramente calculando que Tatiana Clouthier no puede ser el único vehículo para hacerlo, es por lo que queda claro que se le da el apoyo a la escobedense. 

La decisión de respaldar a Clara Luz forma parte de esta lógica, pues tanto el perfil de su actual municipio como el de ella misma son congruentes con la estrategia. Además, Clara Luz sabe que por la vía independiente la contienda no sería tan fácil como con el apoyo de un partido, sobre todo en términos de estructura, recursos públicos e impedimentos futuros en la legislatura al no contar con apoyos directos en el Congreso del estado.

¿Y los demás? El PRI se enfrentará a su propio fantasma de hace seis años, MC la tiene cuesta arriba tras la caída de Samuel por propia mano y el PAN sigue buscando el rumbo que desde hace rato ya tiene perdido. ¿Futura gobernadora o igualando el terreno de juego en negativo? Habrá que ver. 

Pecando de inocentes: AMLO, Biden y EEUU

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La relación entre México y Estados Unidos es clave. Me inclino a pensar que es más clave para nosotros que para ellos, pero eso no implica que no lo sea. Las aguas están muy agitadas del otro lado del Río Bravo y de este lado también comienzan a moverse, y en ambos casos se trata de movimientos por temas electorales, lo que tiene a todos con las sensibilidades al por mayor y los nervios de punta. 

El presidente López Obrador se ha negado a reconocer la victoria del demócrata Biden y apela al principio de no intervención de la Doctrina Estrada; el mismo al que se ha recurrido en ocasiones anteriores cuando la postura del gobierno mexicano suele ser contraria a la predominante en el contexto internacional, por ejemplo, cuando nuestro país se negó a las invasiones en el medio oriente a principios de los 2000.

La negativa ha sido gasolina para críticas de la oposición, poniendo en duda la cualidad de estadista del presidente y recordándole cómo sí abrió las puertas del país al expresidente Evo Morales cuando fue exiliado de su país; todo ello en medio del clima electoral que hace que cualquier crítica sea magnificada sin importar si viene desde la derecha, desde la izquierda, desde el oficialismo o desde la oposición.

Como aclaración, es importante destacar que la situación de Morales se trataba de un caso de golpe de Estado y, sí, quizá hay una afinidad ideológica o de pensamiento, pero que AMLO no reconozca aún la victoria de Biden realmente no es tan grave como se ha manejado; sobre todo porque el proceso en el país vecino (estricto sentido) no ha concluido, aunque la verdad es que la congratulación no llega en buena parte porque en la mente de nuestro presidente habita el fantasma del 2006.

Visto desde una perspectiva estrictamente legal, el presidente hace bien en su proceder, pues no se adelanta a los hechos y maneja la diplomacia de una manera cauta. Pero justo aquí está el asunto: es verdad que el derecho internacional es de cuidarse, pero en este ámbito los gestos y las formas son muy importantes, y no reconocer a Biden incluso cuando ya una amplia mayoría de los protagonistas del ámbito internacional lo han hecho; y tomando en cuenta que compartimos una de las fronteras más grandes del mundo, por supuesto que es normal que genere controversia.

Hay que recordar que independientemente de si Biden gana desde ya o se va a la corte, Trump sigue siendo el presidente de Estados Unidos hasta el 20 de enero, lo que significa que las decisiones que tome aún podrían afectar a nuestro país. No hay que olvidar que Trump es una persona de impulsos y ya una vez amagó fuertemente con subirnos los aranceles de un día para otro, medida que si bien es muy poco probable que tome en los próximos días (pues, la verdad, en estos momentos somos su menor preocupación), no quita que haya otras similares que se le puedan ocurrir de repente.

No hay que pecar de inocentes, pero tampoco hay que meterse en camisa de once varas así de a gratis y por nomás. A veces hay que ser un poco más condescendientes y, sinceramente, nada de malo tiene festejar el fin de la etapa más oscura de la democracia contemporánea del (todavía) país más poderoso del mundo. 

La politización del pacto fiscal

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Tradicionalmente los estados del norte del país siempre se han sentido desconectados del resto de la República. El centralismo político y las decisiones tomadas desde la CDMX siempre se han visto con recelo en el norte del país, pues incluso en el modelo anterior (cuando se contaba con el Distrito Federal), había quienes afirmaban que directamente el dinero de la actividad industrial norteña se destinaba a subsidiar tanto a las dependencias de gobierno como al propio costo de vida de los capitalinos.

El propio PAN, o al menos lo fue así en Nuevo León, es un partido político que en sus orígenes se conformaba de empresarios y todas aquellas figuras que sentían que el gobierno federal les tenía en abandono y que, por ende, lo que fuera que se dictase desde la capital del país no era visto con buenos ojos.

No es casualidad que en vísperas de la elección más grande de nuestra historia y con un cambio drástico en el liderazgo y la forma de hacer política en nuestro país, los partidos de oposición busquen aprovechar la ventaja numérica momentánea que tienen para intentar contrarrestar el peso del presidente a nivel nacional. Los gobernadores están surgiendo como verdaderos representantes de la oposición, algo que desde el interior de los partidos no se ha conseguido, aunque seguramente lo es también con miras a 2024.

Enrique Alfaro y Javier Corral (MC y PAN, respectivamente) son las voces que más resonancia han tenido en esta discusión y tampoco es casualidad. Ambos líderes representan una apuesta ideológica contraria a Morena y son dos perfiles fuertes al interior de su partido, particularmente el primero, pues gracias a Alfaro MC tiene una cuota de votos importante en Guadalajara y en Jalisco que les vale para garantizar un peso importante en lo nacional.

A pesar de que El Bronco también ha querido formar parte de esta discusión (aceptando el desafío del presidente y amagando con hacer una consulta popular sobre el tema), el hecho de que él es un gobernador saliente lo hace ver como una amenaza menor para el presidente; incluso también recordando que en la elección de 2018 en la que ambos se enfrentaron, AMLO obtuvo diez veces más apoyos que él. Volver a despertar el sentimiento de rechazo hacia el sur del país a través de un tema como el Pacto Fiscal, más que ser un motivo de orgullo para nosotros en el norte, debería ser un tema preocupante.

Es verdad que es impactante saber que por cada peso que “se va a México” nos regresan 28 centavos y que no es posible que otras entidades que viven del turismo (una de las principales actividades económicas del país) tradicionalmente hayan recibido muchos más recursos que en entidades donde la productividad es mayor, pero más que pensar en que si nos dan más o menos o nos quitan más o menos, es importante pensar en la politización de la problemática.

Ya salieron los gobernadores de Veracruz, Puebla, Baja California y la jefa de gobierno de la CDMX, todos morenistas, a respaldar al presidente. Queda claro que el conflicto es netamente político y que el presidente deberá prestar atención para no permitir que ni los panistas ni los emecistas se adueñen de esta bandera, pues vaya que a Morena le podría traer muchos dolores de cabeza en el futuro.

Hacia la recta final: Trump

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Hoy se debería haber celebrado el segundo de tres debates presidenciales de cara a las elecciones de Estados Unidos, pero tras el anuncio de que el presidente contrajo COVID-19 y que se negara tanto a hacerlo de manera virtual como a presentar pruebas que avalaran su estado de salud, como sabemos, esta pelea únicamente tendrá dos episodios antes de su batalla final en las urnas.

Estos últimos días han sido muy llamativos en términos de la comunicación del presidente. Es verdad que Trump siempre ha manejado un estilo provocador, altanero e impulsivo, pero los tweets, los videos y las declaraciones sobre su tratamiento rayan sido incluso en lo exagerado para lo que nos tiene acostumbrados

Desde presentarse al más puro estilo Avenger llegando en helicóptero y haciendo un saludo militar o bien ofreciendo tratamientos gratuitos y sin costo a todo el país, el equipo de comunicación de Trump está haciendo algo que semánticamente suena imposible: quieren que el presidente vuelva a ser un outsider. 

Hay una máxima en política que, aunque no le guste, también aplica para Trump: todo partido o político en el gobierno sufre desgaste una vez toca poder. La tarea titánica de los asesores es esconder los 1634 días que hoy lleva el presidente en el cargo y revivir el espíritu de 2016.

Hay varios indicios de lo anterior, pero uno que quizá pasa desapercibido es el regreso del eslogan Make America Great Again en lugar del olvidado Keep America Great que se había planteado tiempo atrás. El primero recuerda al triunfo de 2016 y el segundo hubiera sido un excelente eslogan si la gestión hubiera sido medianamente positiva o si no estuviera experimentando algún tipo de escándalo. Y justo aquí está la clave.

Otro ejemplo es buscar revivir la actitud de self-made businessman que había medianamente abandonado al tomar una actitud más de gestión a lo largo de la campaña. Basta con recordar que hace algunos meses uno de los primeros videos de la campaña hablaban sobre datos de gobierno y avances en la administración; video donde nuestro presidente hizo, por decirlo así, un “cameo”.

Presentarse como un hombre fuerte ha sido la línea luego de la evidente imagen de dificultad respiratoria de hace unas semanas y ha dado para todo tipo de ideas, incluso la de que el día de su regreso a la Casa Blanca, ante las cámaras, Trump abriera su camisa y debajo llevara una camiseta con el emblema de Superman. Afortunadamente fue desechada.

Trump y su equipo quieren evitar a toda costa que se le asocie con la palabra “continuidad”, pero el detalle es que no hay un rumbo claro. Están dejando que Trump hable fuerte, que sea imprudente, que provoque y que moleste y parece ser que la cosa no pinta para que el presidente siga cuatro años más. ¿Será que al interior del partido están dejándolo que Trump se hunda en su propio fango? 

¿La mejor democracia del mundo?

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Las portadas de los periódicos de todo el mundo comparten una opinión similar sobre el primer encuentro entre los candidatos Joe Biden y Donald Trump: ha sido el peor debate de la historia. Tan malo fue que lo califican de “broma”, “desastre”, “humillante” y hasta “mierda”. Una emisión que podría ser preferible dejar en el olvido, pero que pone en evidencia una verdad incómoda sobre la transfiguración que ha vivido la política.

¿Qué pasó para que los políticos dejaran de proponer planes de gobierno y ahora se dediquen a insultarse los unos a los otros? ¿En qué momento dejaron de importar las ideas de fondo y se pensó que era una buena idea que, en lugar de tener apoyos, los candidatos sólo fueran “populares”?

Quizá la respuesta es que esta situación es producto de una paradoja. Por un lado, existe una sociedad que está harta de los políticos, de la política y que pidió nuevas formas y a outsiders con la esperanza que se cumplieran sus necesidades, pero que ante los malos resultados que estos puedan dar, se sienten desencantados porque la alternativa entonces es lo que ya se tenía antes.

Justo esto es lo que le está viviendo el electorado estadounidense. Vio en Trump la respuesta a una necesidad de “ya no más políticos”, pero ignoró el hecho de que el empresario, una vez dentro del Despacho Oval, ya no iba a ser más “un empresario” y se institucionaría. Ahora que los malos resultados de la gestión de la pandemia son palpables, con un poco de tristeza o nostalgia voltean a ver a los políticos tradicionales y esto hace que haya que plantearse una disyuntiva nociva: o quedarse con los que vinieron “desde fuera” pero que no dieron resultados, o volver al modelo de antes que tampoco cumplía. En pocas palabras, elegir el menos peor.

Es cierto que un candidato que conecta bien con la sociedad y se comunica en un lenguaje sencillo suele conseguir más apoyos, pero ésta es tan sólo una estrategia de tantas y en ningún momento agota todas las instancias. La llamada “mejor democracia del mundo” está viviendo su peor periodo de desgaste en lo que va de la historia moderna y es evidente que llega muy débil a estos tiempos de incertidumbre. Los estadounidenses están pagando el precio de diluir tanto la retórica política y de decidir su voto de la misma manera en la que lo harían si tuvieran que decidir entre comprar un producto u otro o entre ver una película u otra.

Si se sigue creyendo que un político sólo por ser popular está capacitado para ganar una elección, entonces esta situación continuará, porque cuando lleguen al gobierno y no sepan hacer el trabajo y su única salida sea pedir a los asesores soluciones para mantener el índice de aprobación, las cosas terminarán tan mal que nos llevarán al mismo punto de partida. 

Lo que están sintiendo los estadounidenses después de ver a un Trump autoritario, imprudente e indecente, y a un Biden sumiso, con poco temple y que no soporta la tensión, está muy bien representado por un video de The Daily Show narrado por Steve Buscemi. Para mí, el título del video es lo que justificará el triunfo demócrata dentro de unas semanas: “Joe Biden: acceptable under the circumstances“.

Así se siente el poder

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Finalizada (parcialmente) la novela del avión presidencial, ahora los esfuerzos del presidente por continuar con su protagonismo se vuelcan sobre la consulta para el juicio a expresidentes; tema que muchos expertos han comentado que tiene tintes anticonstitucionales, que seguramente será archivado y que a todas luces se trata de un show mediático más.

Lejos queda aquel Andrés Manuel que hablaba de amnistía, de que no habría persecuciones políticas y que con la nueva etapa de transformación del país había que dejar de lado los viejos agravios. Hoy, el presidente hace uso de su autoridad para ir directamente contra sus predecesores en vista de que la estrategia de hacerlo a través de la vía ciudadana no tuvo el éxito esperado.

Quienes aún se siguen sorprendiendo de que el presidente se tome este tipo de atribuciones seguramente no tienen presente que este tipo de prácticas eran habituales cuando el partido en el poder contaba con el respaldo de ambas cámaras en el Legislativo. ¿O cómo habrá hecho el PRI para invalidar candidaturas de opositores en 1976 y avalar que López Portillo se presentara como candidato único a la presidencia?

Hay que recordar que la relación entre los ahora principales partidos de oposición (PAN y PRI), a pesar de que en papel siempre ha sido de adversarios, también ha tenido episodios de aparente complicidad. Ejemplo de esto fue el respaldo panista en favor de la quema de los paquetes electorales de la controvertida elección presidencial de 1988. Azules y tricolores saben que, si sumaran esfuerzos, matemáticamente podrían competirle de tú a tú a los morenistas, pero también saben que de hacerlo revivirían el discurso del “PRIAN”, dándole la razón a Andrés Manuel.

Del recurso interpuesto por el presidente existen dos vertientes y en ambas las tiene de ganar. Si la consulta fuera declarada constitucional, podría decirse que su discusión en las Cámaras sería un mero trámite para que fuera aprobada y, de realizarse, está muy claro que el éxito sería rotundo. Lo interesante viene en caso de que el documento sea desechado.

En este supuesto, si bien únicamente pasaría a ser archivado (como bien apuntó Ricardo Monreal), esto no significa que Andrés Manuel haya perdido. Si la consulta no se lleva a cabo, entonces pedirá a los mexicanos que ellos sean los jueces en el otro mecanismo de consulta que tienen todas las democracias del mundo: las elecciones.

Aunque “el juicio” no sería directamente contra los expresidentes, sí sería contra los partidos que los llevaron al poder. La jugada de Andrés Manuel es emular la estrategia de 2018: desincentivar el voto conservador y aumentar la participación general. Un ejemplo muy claro es el caso de Tabasco y Guanajuato. Mientras que en Tabasco hubo un 71% de participación y un 80% de voto en favor de AMLO, en Guanajuato la participación fue del 53% con un 40% de votos en favor de Ricardo Anaya.

Así se siente el poder en este país. Hay poder político y hay poder moral. ¿O a poco creen que eso de decir un viva por “el amor al prójimo” no es una forma de ejercerlo?

El presidente no es el gobierno

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Escuchar el discurso con motivo del Segundo Informe de Gobierno del presidente fue extraño. El presidente abrió y cerró fuerte con el tema de la corrupción (como era de esperarse), pasó por los temas de la austeridad, los efectos y futuras soluciones para la pandemia; habló sobre los apoyos a comunidades indígenas, jóvenes y campesinos, la economía y la seguridad. En esencia, cubrió todo, pero había algo que no cuadraba.

¿Y por qué? Porque el enfoque con el que se abordaron los temas siguió siendo desde la óptica triunfalista del proyecto de nación de AMLO y porque se sigue priorizando el abordaje de los temas desde una postura que le favorece, pero que no es necesariamente la realidad que viven los mexicanos. En pocas palabras, porque choca escuchar que el presidente dice que todo va bien cuando, si miramos a nuestro alrededor, vemos que la cosa no va así. Y si las cosas no van bien, ¿por qué su popularidad se mantiene por encima del 50%? Aquí está el tema.

La respuesta es que hay dos elementos que juegan en esta historia: uno es Andrés Manuel y otro es el gobierno. Por ejemplo, cuando lo oímos decir que el gobierno no será recordado por corrupto, lo que verdaderamente se intenta hacer es asociar su la historia personal del presidente con la manera en que él dirige la administración. Andrés Manuel sabe que los mexicanos estamos acostumbrados a pensar que el presidente es quien tiene la última palabra en todo, pero si esto fuera así, ¿dónde quedarían los gobernadores, legisladores, jueces, tribunales y otras autoridades locales?

La popularidad que tenga o no el presidente no debería ser indicativo del desempeño de la administración, pero tendemos a creer que es así. Si bien la loza que ahora carga Morena producto de los videoescándalos protagonizados por David León y Pío López Obrador es grande, la realidad es que una cosa es lo que haga o dejen de hacer los morenistas y otra lo que él haga directamente.

Por supuesto que sería ingenuo suponer que los “apoyos en efectivo” sólo fueron una acción estratégica en exclusiva para la campaña de 2015 y que no se repitió en 2018, pero como dicen por ahí, “alienación que gana, repite”. Eso sí, mientras no haya evidencia de que esto también tuvo lugar en campaña presidencial y que él participara directamente, todo queda en el terreno de las sospechas.

El presidente podrá asegurar que México cuenta con el mejor gobierno en tiempos tan malos como los que estamos viviendo y que ya no hay funcionarios corruptos como García Luna, pero hasta que el relato no sea congruente entre ambas partes (persona y gobierno), de poco le sirve afirmarlo. Pretender que con base de imposiciones discursivas las cosas a nivel administrativo serán diferentes es casi como creer que uno se puede ganar la lotería sin comprar boletos.

Por cierto, ¿ya compraron su cachito para la rifa/no rifa del avión/no avión? No cabe duda que la congruencia es una virtud.

La carrera por el 2021

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La línea de arranque está definida. El INE anunció que el 7 de septiembre comienza de manera oficial el periodo de precampañas y los partidos ya están listos para la competencia. El botín: quince gubernaturas (con sus respectivas alcaldías y diputaciones locales) y los 500 curules de la Cámara de Diputados.

Al igual que en 2018, la pregunta no es si Morena ganará o no la elección, sino cómo y qué de lo que está en juego. Aunque es temprano para tener certezas, todo indica que los morenistas se van a servir con la cuchara grande el año que viene. Hay ya quienes se aventuran a afirmar que los de Andrés Manuel se llevarán todas las gubernaturas y que es un hecho se refrendará la mayoría en la Cámara de Diputados, pero no todo está ganado.

La cercanía con la 4T y la imagen del presidente no son necesariamente garantía de triunfo en 2021. Es verdad que los de Morena parece ser que tienen el camino ablandado gracias a AMLO, pero hay que recordar que en el terreno de lo local hay muchas otras variables que definen la opinión pública.

Uno de los casos más emblemáticos es Nuevo León. Aunque en las presidenciales la mayoría votó por Andrés Manuel, Ricardo Anaya se quedó muy cerca de pintar el estado de azul, por lo que la cercanía que la candidata (porque ya sabemos que será una mujer) tenga o no con el presidente será muy importante para el resultado.

Algo similar podría ocurrir en Baja California, pues el desgaste que sufrió la marca Morena gracias a la controvertida “Ley Bonilla” muy seguramente cobrará renta. Hay que recordar que el presidente muy hábilmente se deslindó del caso al delegar toda la responsabilidad a la directiva local y que envió a Olga Sánchez Cordero a recibir los golpes.

Las elecciones 2021, las más grandes (y posiblemente las más caras) de la historia del país, no pueden pensarse sólo en términos de aprobación o no a Andrés Manuel. Mientras la oposición siga atacando la imagen del mandatario, poco podrá hacer para frenar la avanzada morenista en el territorio nacional. Sí, desde Palacio Nacional se buscará influir en la campaña, pero finalmente la decisión será pensada en clave local, y para ello, habrá que pensar en local: gestión y candidaturas cercanas a la gente.

¿Y cómo van lograr eso? Porque se viene una intensa campaña digital. Redes sociales, medios digitales, videoconferencias, cadenas de mensajes; los candidatos tendrán que llegar a nuestras casas y el canal más directo que tienen para hacerlo es a través de nuestros teléfonos. Si el COVID no dispone otra cosa, la clave pasará por dominar el espacio digital. Atrás quedaron los grandes actos de campaña, los mítines y la típica foto del candidato subido en una tarima, hablándole a la gente y esperando los aplausos.

Sí, desde Palacio Nacional habrá influencia en la campaña, pero que no se nos olvide que la decisión final la tomamos nosotros. ¿Quiénes estarán más preparados? Muy pronto lo sabremos. Será cuestión de abrir Instagram para darnos cuenta.

¿Green card para TikTok?

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Vetar TikTok en Estados Unidos, la aplicación que en el primer trimestre de este atípico año fue la más exitosa con más de 315 millones de descargas, es una decisión que no se toma todos los días. El presidente, que se juega la reelección en escasos tres meses (y que los encuestadores cada vez lo dejan de poner como favorito), toma una jugada muy arriesgada y vuelve a imponer su poder político para buscar su propio interés personal.

El mercado de Internet ha sido de tradicional dominio estadounidense, pero siempre ha existido una rivalidad con otros servicios que, casualmente, son de origen chino. La carrera por las tecnologías se disputa entre estos dos países y el veto a TikTok no sería extraño si se toma en cuenta el caso de Huawei.

Compañías estadounidenses son las prácticamente conforman el statu quo del mundo del Internet: Alphabet Inc. (Google y YouTube) Facebook Inc. (Facebook, Instagram, WhatsApp), Amazon, Twitter, Netflix; la manera en que interactuamos, lo que compramos y lo que vemos está controlado por empresas que se sujetan a la ley de Estados Unidos. Y de repente, aparece ByteDance con TIkTok desde China y roba un espacio importante a los gigantes norteamericanos, argumentando que se pone en peligro la seguridad nacional, pues la información obtenida quedaría en manos del gobierno chino y ello supone un riesgo.

Es verdad que los tiktokers no se han portado muy bien con Trump. El penoso episodio vivido en Oklahoma no dejó para nada contento a los republicanos, y mucho menos que después tuvieran que cancelar mítines en New Hampshire por miedo a que se repitiera. Además, el público base de esta aplicación siguen siendo los jóvenes, nicho tradicional de los demócratas, pero donde también hay un grupo importante de simpatizantes de la alt-right que los estrategas están sabiendo identificar.

Al más puro estilo clásico, Trump tiene una guerra en dos frentes. Por un lado, el de mantener el monopolio en Internet e impedir que China se suba como competidor a la tecnología, y por el otro, la contienda electoral. En la primera de ellas tiene total injerencia y no por nada Microsoft es quien lanzó una oferta a ByteDance. De aceptarse, TikTok cambiaría de nacionalidad y podría estar sujeta a la regulación de EEUU, por tanto, a los intereses de Trump. 

Aunque las negociaciones entre ByteDance y Microsoft continúan para que TikTok ya tenga su green card, por lo pronto ayer se lanzó la primer ofensiva con Instagram Reels o “el TikTok de Instagram”. El mensaje es claro para los chinos: si no te nos unes y nos dejas usarte como queramos, entonces ya tienes un gigante contra quién competir. Por lo pronto, el plazo de 45 días está corriendo y seguramente buscarán extenderlo al máximo antes de tomar cualquier decisión.

¿Habrá quien piense que esto aquí no pasa? ¿O será pura casualidad que en redes ya siempre nos salen ciertas personalidades que aspiran a la gubernatura de Nuevo León, por ejemplo? Cuando bajas una aplicación y no te cuesta ni un peso utilizarla, por si aún no lo sabías, el producto eres tú.

Viaje redondo: el avión está de vuelta

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Comprado durante la gestión de Felipe Calderón y usado por Enrique Peña Nieto, ayer por la tarde pisó nuevamente suelo mexicano el Boing 787 más famoso: el José María Morelos y Pavón; el “avión presidencial”, ese que no lo tiene ni Obama y que tampoco lo tiene (ni lo quiso) el amigo Trump.

De acuerdo con el presidente, el avión está de vuelta pues ya hay un comprador interesado. La oferta de 120 millones de pesos (poco más de la mitad de lo que costó) incluso ya está medianamente blindada por un anticipo. Aseguró que las negociaciones van por muy buen camino y que se están terminando revisar detalles técnicos para concretizar la venta. Se habla de que, incluso si se cayera la venta, existen dos ofertas más.

El próximo lunes el presidente ofrecerá una conferencia de prensa donde hablará (una vez más) de los lujos de la aeronave y, quizá, detalles sobre esta posible venta definitiva. Pero si él mismo dijo que no había problema con que fuera entregado en México o en EEUU, entonces ¿por qué traerlo de vuelta al país?

La pregunta puede tener tantas respuestas como uno pueda imaginar. Hay que recordar que mantener el avión en EEUU ha costado ya decenas de millones de pesos entre inspecciones, mantenimiento, vigilancia y resguardo. Tenerlo al hangar presidencial y que su custodia la realice ejército no es precisamente gratis, pero al menos (se presume) que el gasto es menor. Y si siempre fue así, ¿por qué se fue en primer lugar? ¿Por qué traerlo de vuelta hasta ahora?

El avión dejó de ser un bien desde hace mucho y se convirtió en un símbolo. El presidente fue el principal artífice de ello y lo sigue utilizando como tal. Para la contienda de 2018, el avión le fue muy útil como mecanismo para dar congruencia a su relato de austeridad y lo acercó a la gente, algo que nuestro mandatario prioriza sobre cualquier otra cosa. Y si la fórmula funcionó, ¿por qué cambiarla?

Hay quien sostiene que el retorno del avión es una cortina de humo para tapar la mala situación en la que se encuentra nuestro país por la pandemia (más de 40 mil muertes) o contrarrestar el escándalo de los diputados morenistas y petistas luego de que Porfirio Muñoz Ledo los llamara “golpistas” por intentar boicotear la elección de los nuevos consejeros del INE. Quizá el efecto colateral pueda ser este, pero hay que recordar que si Morena tiene la fuerza electoral que tiene es gracias a su líder.

Si AMLO recupera los niveles de aprobación de hace un año, garantiza que la maquinaria volverá a dar resultados tan amplios como en 2018. Qué mejor oportunidad para hacerlo cuando se está a un año de que la mitad del país se renueve y, una vez más, crecer políticamente en tiempos de elecciones.

Si el avión es el símbolo del derroche de las administraciones anteriores y su salida del país marcó “el inicio del fin de la corrupción”, ¿entonces su sobrevuelo y su regreso son un augurio de que algo más está por venir? Habrá que esperar.