La palabra del año

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Cada año, el portal Dictionary.com selecciona una palabra y la bautiza como “la palabra del año”, buscando encontrar un vocablo que encierre lo que el este tiempo ha significado en general para la humanidad. La elección de este año ha causado algo de polémica por tratarse de un concepto que no es netamente palpable y, por el contrario, apela a algo mucho más profundo en su significado. Para el portal, la palabra del año es “existencial”.

Con poco temor a equivocarme, estoy seguro de que hay muchos que asocian esta palabra con otra que, podríamos decir, describe mejor la situación actual de la humanidad: crisis. Si tomamos en cuenta que las palabras de años anteriores han sido “desinformación”, “cómplice” y “xenofobia”, al lado de éstas, “existencial” no parece continuar con el patrón de las anteriores, pero si agregamos el factor “crisis”, entonces hace todo el sentido del mundo.

¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos? Tres preguntas que son parte de la base del existencialismo y cuyas respuestas siempre han sido una incógnita para la humanidad, por lo que, si en ellas surgen dudas o cambios, es normal que todo lo que está a su alrededor tambaleé. Basta con observar los últimos dos grandes temas de la agenda mediática internacional para rectificar esta posición: las movilizaciones tanto por la protección del medio ambiente como por la causa feminista.

Este año, hablar de cambio climático es pensar en Greta Thunberg y en Fridays for Future, pero también en el incendio en el Amazonas y en la salida de EEUU del Acuerdo de París. La importancia de la protección del medio ambiente ya se encuentra instalada en la mayoría de las discusiones de las administraciones locales y varios frutos se pueden observar. Por ejemplo, es cada vez más común que en nuestros espacios de trabajo y estudio las personas se preocupen más por estos temas y, si bien es algo muy primario, la clave está en que es algo que ya no vemos como un capricho, sino como una preocupación real.

Otro de los importantes cambios existenciales que ha tenido la humanidad es el enfoque sobre el feminismo y la violencia de género. Mudar de movimientos como “He for She”; duramente criticado en sus inicios por indirectamente fomentar el estereotipo de que los hombres deben de estar para las mujeres, a iniciativas centradas en temas mucho más puntuales y urgentes como “Time’s Up” o la consigna equal pay promovida desde el ámbito artístico fueron clave para visibilizar la necesidad de tratar ambos temas.

Naturalmente, y lo que se convirtió en estos últimos días (me atrevería a decir, con la ignorancia por delante) en la reivindicación más importante de los últimos tiempos en materia de género es el performance colectivo “Un violador en tu camino”. La potencia de su mensaje y la propia atmósfera que lo rodea cada vez que aparece en una manifestación lo convierten sin dudas en un claro desafío al statu quo; un desafío a lo existencial y un cuestionamiento crítico sobre los peligros que viven las mujeres por el simple hecho de serlo.

Profundos cuestionamientos vienen cuando tenemos una crisis existencial y 2019, la antesala de una nueva década, así lo fue. ¿Qué sigue para nosotros? Habrá que vivirlo para saberlo.

Evo Morales: entre el poder y el fuego

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El caso boliviano, sin lugar a duda, está claramente trazado en el estilo latinoamericano. Procesos democráticos con opacidad y fallidos, ideologías opuestas se disputan el poder y, como si en verdad fuera una solución proporcional, el ejército interviene y declara un estado de excepción para, por la fuerza, desbloquear la afrenta política.

Es posible que hace unas semanas muchos ignoraran por completo la actualidad política del país. Y es perfectamente normal: cuando un país tiene más de una década siendo gobernado de una única forma, se asume que lo que sucede es parte del statu quo. Justo por eso mismo hoy día no se puede entender una Bolivia sin Evo. Y ese es precisamente el origen del problema.

Cuando un único individuo se convierte en el referente del poder político de un país, la garantía de que ello no se convierta en un régimen autoritario radica en la fortaleza del andamiaje institucional y en los contrapesos naturales al líder. Es decir, mientras exista un congreso que ponga un techo al poder del mandatario o haya carta magna cuyos mecanismos de modificación sean complejos (como es en el caso mexicano), entonces la oposición aún tiene posibilidades de acceder al poder y revertir la situación.

La nueva constitución de Bolivia de 2009 validó el reconocimiento de los derechos indígenas, los servicios básicos universales para la población y la nueva gestión territorial nacional en uno de los países más desiguales de América Latina, pero también avaló el mecanismo para que Evo contendiera nuevamente por la presidencia en dos ocasiones. Esta estrategia no es nueva. Permitió a Castro en 1976 mantenerse en el poder y fue una de las principales garantías con las que contaba el ecuatoriano Rafael Correa tras la aprobación de una nueva constitución en 2008.

Bolivia está en riesgo. Hoy los militares están exentos de cualquier responsabilidad penal gracias a un decreto del gobierno que, en la práctica, podría justificar asesinatos en nombre de la estabilidad institucional. Bolivia tiene una presidenta que hace años se refirió a las tradiciones indígenas como “ritos satánicos” y que, a su entrada en el gobierno, lo único que pudo hacer es levantar una Biblia al más puro estilo de los conquistadores del siglo XVI.

Se puede estar en desacuerdo con los bolivarianos y su modelo político-económico. Se puede estar en contra de los conservadores y su visión del mundo. Se puede disentir en general de los políticos, pero no se puede negar que en Bolivia hubo un golpe de Estado. Cuando el Estado utiliza su propia fuerza para quitarse la cabeza, no hay manera de decir que aquello no es un golpe de Estado. Le pese a quien le pese.

El poder para los dirigentes como el fuego del refrán: ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

De vuelta al inicio: la inseguridad y AMLO

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En menos de un año de la toma de protesta del presidente, hay cosas que han cambiado y otras que no. Lo que ha cambado, por ejemplo, es que la agenda se dicta todos los días de 7:00am a 9:00am. Ahora, algunos de los ministros clave duran meses y que, cuando Estados Unidos quiere, nos manda llamar directo a Washington para negociar que no nos aumenten los aranceles. Pero hay un tema que parecía que había cambiado, pero no: la inseguridad.

La percepción de inseguridad en el país sigue creciendo y eventos como los de hace unas semanas en Culiacán o el más reciente atentado contra miembros de la familia LeBarón, le ponen la tarea más difícil al presidente para intentar encontrar un argumento que le dé salida o buscar entre sus “otros datos” y resolver el tema desde Palacio Nacional. Mal le salió el tiro a Andrés Manuel cuando dijo que, en aras de proteger la vida y la seguridad de la gente, liberaba a Ovidio Guzmán, pues al poco tiempo le aparecieron, por ejemplo, narcomantas en Monterrey.

La cuestión es que estos son los hechos que trascienden en la prensa nacional (e incluso en la internacional), pero que se sumen a la larga lista de páginas y páginas de periódicos de nota roja que diariamente publican incidentes como estos; portadas que nos recuerdan que, una vez más, la relativa calma y los tiempos de paz que se vivieron hace unos años desgraciadamente se acercan a su fin.

Hay que recordar que desde principios de año los síntomas se veían venir. ¿Hace cuánto fue que Jorge Ramos confrontó al presidente en una de sus mañaneras y le demostró que ambos tenían los mismos datos? Esos números demostraban que el número de homicidios era superior si se comparaba con los inicios de otras administraciones. Hoy más que nunca recordamos con nostalgia que el lema contra la inseguridad era “abrazos, no balazos” y vemos como la estrategia de seguridad se tradujo en la creación de una Guardia Nacional, cuyo actual mando inmediato es de corte militar.

Habrá quien piense (y espero sea producto de la desesperación) que el presidente debería aceptar el apoyo que ofrece Donald Trump desde la Casa Blanca, pero esto sólo confirmaría que se está volviendo al principio. ¿Les suena la operación “Rápido y Furioso”? La intención era la cooperación entre el gobierno de México y EEUU para frenar al crimen organizado en el país y el resultado fue que se empeoró la situación. No es un secreto que el armamento que utilizan los grandes carteles de la droga es de origen estadounidense y que esto fue producto de la negligencia de ambas administraciones.

Es muy fácil hacer críticas contra el gobierno, lo reconozco. Es fácil escribir estas líneas e intentar desahogarse ante la situación de incertidumbre que se vive en el país y que tiene a las familias viviendo con miedo. Más que hacer reclamos, ahora más que nunca deseo que las cosas le salgan bien al presidente. Si su estrategia de seguridad le llegara a funcionar igual de bien que su logro de convertir a un partido recién fundado en la fuerza hegemónica de un país, entonces puede que haya algo de esperanza. 

Las calles serán siempre nuestras: protestas 2019

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Hoy en día se sigue recordando el año ’68 en todo el mundo. Los estudiantes salieron a las calles y se adueñaron de todo tipo de espacios, tanto que los medios de comunicación no pudieron hacer nada para silenciarlos. Los reclamos en contra del sistema y el reconocimiento de los derechos fundamentales fueron las banderas que encabezaron las protestas en aquél entonces y, aunque no de la misma manera o con la misma intención, podría decirse que la ola de protestas que existe en la actualidad tiene que ver un poco con ambas cosas: reclamos al sistema y protección de derechos fundamentales.

Puerto Rico, Haití, Ecuador, Chile, Venezuela, Bolivia, Honduras; Líbano, Siria, Cataluña, Hong Kong; todos unidos por los episodios de protestas. El mundo hoy vive en la inmediatez y en la época de la información. Con convocatorias hechas por Twitter, Telegram, WhatsApp o aplicaciones (como la de Tsunami Democràtic en el conflicto catalán), es mucho más difícil que las versiones que salen del gobierno o de la prensa sean asumidas como verdades absolutas y probablemente por ello los movimientos actuales logran penetrar más rápido en la sociedad, algo que supone una enorme ventaja en favor de los manifestantes de ahora en comparación con sus similares ’68.

Normalmente los estudiantes universitarios son los que suelen participar más activamente en una protesta, esto porque se piensa que son los que ya sea por cuestiones ideológicas o nivel de politización son más afines a manifestarse contra aquello que les genera rechazo. Sin embargo, ahora también existe un importante número de preuniversitarios que se suman a las convocatorias. Un ejemplo muy claro tuvo lugar en las manifestaciones de Hong Kong, donde el ausentismo en colegios a nivel secundaria llegó a ser tema en las noticias, lo que pone en entredicho que los manifestantes siempre tienen una carga política importante.

Como todo, es normal que existan grupos que aprovechen los disturbios para vandalizar y después esconderse entre la gente. También habrá quienes verdaderamente salgan con la intención de causar daño, es cierto, pero siempre son los menos. Todo aquél que cometa una agresión, traiga uniforme o no, debe ser tratado por igual y condenado conforme a lo que corresponda. Una agresión nunca podrá ser pretexto para alegar la defensa de un derecho ni mucho menos como parte de un reclamo.

Sea por un legítimo reclamo, por curiosidad, por moda o por el simple hecho de vivir la euforia que se respira ahí, lo cierto es que cada vez se va perdiendo el estigma y salir a la calle y pedir al gobierno que se ciña a hacer su tarea está cada vez menos estigmatizado. Si no, ahí está el video de los manifestantes libaneses que cantan el Baby Shark al niño que le dijo a su mamá que estaba asustado, o si no, ahí están también las jornadas de protesta por la mañana en Puerto Rico que se hacían con clases de baile y de yoga en medio de la calle.

“Las calles serán siempre nuestras”, dicen los manifestantes independentistas mientras marchan por las avenidas de Barcelona. ¿Será que alguna vez fueron de alguien más? No lo creo y qué bueno que no. 

Dos servicios, un camino: el taxi

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La vialidad de cualquier ciudad es un tema de importancia. Independientemente de si uno vive en la ciudad o va de paso, ubicarse puede convertirse en todo un dilema. La solución rápida sería que alguien nos lleve, nos olvidemos un rato del estrés y lleguemos a nuestro destino sin ningún tipo de apuro. Hasta hace unos años, los taxis eran la opción preferida de la gente que, desembolsando una cantidad mayor, buscaban viajar de manera más cómoda y rápida hacia su destino. Pero, como todo, al haber una oportunidad hubo varios que se apuntaron para aprovecharla.

El bloqueo que duró poco más de nueve horas en la CDMX es el mismo tipo de bloqueos que se produce en todas partes del mundo cuando de la regulación de las plataformas digitales de trata. La historia es la misma: los taxistas ven en las aplicaciones tipo Uber y Cabify un competidor desleal que les roba la clientela y afecta directamente a su trabajo, mientras que los usuarios ven con buenos ojos que las plataformas se escudan en que ellos ofrecen un servicio de mayor calidad y que satisface más necesidades que las del taxista común.

Y los contraargumentos son los mismos: los taxistas dicen que las plataformas deberían ser reguladas para competir al parejo que ellos y en respuesta obtienen un “hay que buscar la coexistencia entre ambos servicios”, con lo que las plataformas buscan evitar a toda costa gravámenes que supondrían un ajuste en sus precios y por ende pérdidas en términos de clientela.

Las soluciones propuestas también suelen ser las mismas: para los taxistas, ajustes en su modernización y cumplimiento de demandas en regular a las plataformas, lo que permite a éstas continuar con esa “coexistencia” y mantenerse activas en el mercado, pero que les obligan a focalizar su ventaja comparativa en temas de seguridad y comodidad al momento de viajar, algo que es un verdadero reto.

Y justo así fue lo que se acordó desde la Subsecretaría de Gobernación: los taxistas contarán con una aplicación que será desarrollada por el Estado y que estaría disponible a finales de este mismo año. De esta amera, el tema de la inmediatez en el servicio quedaría cubierto, pero falta esperar cuáles son las otras características que contemplaría. Por el poco plazo que hay para desarrollarla, algo me dice que no estará tan completa, pero es preferible dejarse sorprender.

¿Y así de fácil? Pues pareciera ser que sí, pero ¿no será que se está queriendo tapar el sol con un dedo? Hay otros temas pendientes y que son vitales para hacer un buen pronóstico de hasta qué punto la nueva app y los incrementos en tarifas de las plataformas (porque diría que es prácticamente un hecho que sucederá) pueden equilibrar la balanza en favor de los taxistas. ¿Qué va a pasar con los taxímetros? ¿Cómo se calcularán las tarifas? Si no bajo la app ¿entonces mi viaje en taxi va a ser igual que siempre? Si sí, ¿entonces cuál es la diferencia? Estas y más son algunas de las preguntas que quedan pendientes de resolver.

Al final, la uberización del taxi terminará siendo la respuesta, pero algo me dice que las tradiciones no se van a perder del todo. “No, joven, ‘ora sí que nomás lo que me marca aquí en la aplicación. Mire. Yo no tengo cómo moverle”

¿Cómo se atreven?: Greta Thunberg

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Mucho se ha comentado esta semana sobre la intervención de Greta Thunberg en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas. Justo después de su discurso, las críticas se acentuaron y los elogios se vieron diluidos entre tanto cuestionamiento. ¿A qué se debe este cambio?

La activista Greta Thunberg cuenta con una serie de premios y reconocimientos de entre los cuales figura incluso un doctorado honoris causa. Thunberg, que comenzó sus protestas en favor de la acción contra el cambio climático hace un año frente a su escuela, se volvió todavía más famosa al aceptar la invitación de las Naciones Unidas para participar en la Cumbre de 2019, realizando un viaje transatlántico en velero y que tardó dos semanas. 

A su llegada en EEUU fue recibida con mucho cariño y ha atendido a los medios de comunicación en múltiples ocasiones e incluso fue a un talkshow al más puro estilo de las celebridades. En sus intervenciones siempre anteponía la causa y agradecía a todos los participantes. En la protesta global del pasado viernes 20 de septiembre, Thunberg se planteó no hablar en público y trató de pasar desapercibida, lo que obviamente resultó imposible. 

Si hasta ahora había sabido mantener su imagen distanciada de las críticas, ¿por qué pareciera ser como si hubiera más gente que cuestiona su legitimidad como activista? Por un descuido en su comunicación y una negligencia de los medios.

Al inicio de su discurso, alude a situaciones netamente personales que contrasta con todo lo que venía haciendo. Y peor aún: tuvo la mala fortuna de que este fuera el clip que los medios decidieron hacer viral. “No debería estar aquí. Debería estar en la escuela al otro lado del océano […] (los políticos) se robaron mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías”.

Mi generación (millennials) y los centennials creemos en el activismo. Creemos en las causas justas y en que nuestras acciones tienen un impacto multiplicador, lo cual es muy positivo, por supuesto, pero también nos gusta la gratificación y el reconocimiento.

Algunos de los movimientos sociales y revoluciones más importantes del siglo XX tuvieron a un único líder a la cabeza: Gandhi, Martin Luther King, Fidel Castro. Desde la imagen del líder se desprendía todo el movimiento. Al líder no se le cuestionaba nada, se le mitificaba y sólo se le seguía. Todo esto suena muy “viejo” y la modernidad y el siglo XXI no son así. ¿Quién es la líder del movimiento #MeToo? ¿Quién lidera la defensa de los derechos de la comunidad LGBT? ¿Y qué hay de los derechos de los animales y el veganismo? Todo colectivos, todo grupos; ninguno con liderazgos unipersonales.

Quienes (muy pobremente, cabe recalcar) critican a Thunberg, lo hacen aludiendo a que tiene privilegios por ser una chica blanca, originaria de un país desarrollado e hija de artistas bohemios. Intentan minimizar sus logros mostrando una imagen de ella en un tren comiendo alimentos empacados en plástico o llamándola “un producto del ecocapitalismo y las corporaciones” que “amenaza la diversidad e invisibiliza las acciones de los verdaderos activistas”.

¿Y si nos olvidamos de lo personal y regresamos a lo verdaderamente importante? La lucha contra el cambio climático es un tema que gracias a ella se instalando en las agendas de los partidos políticos a nivel mundial. Qué más da si es sueca, japonesa o mexicana. Qué más da si tiene 16, 30 o 50 años. Yo prefiero verla como alguien que inspira a millones, que mueve la consciencia del mundo y que demuestra que el activismo transversal.

“La gente está sufriendo. La gente está muriendo. Ecosistemas completos están colapsando. Estamos al comienzo de una extinción masiva y de lo único que pueden hablar es del dinero y cuentos de hadas de eterno crecimiento económico. ¡Cómo se atreven!”. Esto es lo que hay que escuchar.

Joder con votar: cuatro años, cuatro elecciones

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Cuando pensamos en elecciones, hay varios temas que seguramente a todos se nos vienen a la cabeza: candidatos, partidos, debates; mítines, spots, encuestas; publicidad, regalitos y promesas vacías. Pensamos en que hay que ir a votar: levantarse temprano, hacer fila, ir a tachar la boleta y después regresamos y ya. Ya hicimos nuestro trabajo. Pues ahora imagínate que tuvieras que pasar por esto todos los años. Si lo primero que pensaste es “qué flojera”, te informo que esto es más o menos lo que le ha tocado vivir a los españoles en los últimos tiempos.

Hace unos días, el presidente en funciones del gobierno, Pedro Sánchez, anunció que se convocará (nuevamente) a elecciones el día 10 de noviembre. ¿Y por qué? Porque no hubo manera en la que las fuerzas políticas se pusieran de acuerdo para formar gobierno. Cabe mencionar que, en un sistema parlamentario como España, votas por un partido y después entre ellos -en reuniones aparte o por WhatsApp, por qué no- se ponen de acuerdo y eligen al presidente. Es decir, no sabes quién será el presidente hasta tiempo después de los comicios.

¿Y cómo llegaron hasta este punto? Te lo cuento rapidito. En 2015 no se pudo formar gobierno dada la fragmentación política causada, entre otros temas, por la crisis económica. Las negociaciones no prosperaron y en 2016 se convocó a elecciones. Dos años después, el congreso decidió destituir al presidente y llegó el actual. Meses después, incapaz de conseguir apoyos para que se aprobara el presupuesto, Sánchez tuvo que adelantar las elecciones para este mes de abril. De estas elecciones no salieron acuerdos y ahora en noviembre, pues ni modo, otra vez a votar, porque si no, pues no hay gobierno. Y el ciclo puede estar así todo el tiempo que sea necesario.

¿Y por qué no se pueden poner de acuerdo? No hace falta ser un experto ni mucho menos para hacer una valoración rápida de lo que pasa: el poder por el poder. Todos quieren un pedazo del pastel. Un pastel que, a diferencia de lo que pasa en nuestro país, sí o sí se tiene que repartir. Decidir quiénes se quedarían con los puestos de poder fue lo que terminó enemistando a las dos fuerzas de izquierda (PSOE y Podemos) y por eso no hay gobierno. En México esto no pasa. Estamos acostumbrados a que el que gana, gana todo. No importa si gana con un 38% (EPN) o un 53% (AMLO): si ganas, no tienes que andar negociando nada con los otros.

Pero ¿qué será mejor: saber que igual y por el que yo vote no va a ganar o votar y esperar a ver si se acuerdan de que voté por ellos para que hagan gobierno y no para que se estén peleando por los puestos?

En España hay frustración, desencanto y coraje. Los españoles están cansados. La gente está harta de los políticos y de la política. Quieren que las cosas salgan de una vez y quieren olvidarse y volver a sus vidas normales. Quieren que los dejen vivir y por eso ven estas nuevas elecciones más como una carga que como un momento coyuntural en la vida política de su país. “Hostia, joder con votar, tío”

Capaz que esto no acaba aquí y el año que viene vuelve a haber elecciones. Como dicen por ahí, no hay quinto malo. La historia de nunca acabar… O a lo mejor y sí, quién sabe. Ya veremos.

“Fuchi” con la inseguridad

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Siempre que hay campañas políticas se habla de tres temas: educación y las condiciones que se necesitan para mejorarla, el tema de la salud y la garantía de acceso a las personas tanto a centros de atención como a medicamentos, y el trabajo: lo que todos necesitamos para ganarnos la vida. En América Latina hay uno más que es imprescindible en esta lista: la seguridad.

En nuestro país, el combate a la inseguridad fue un tema que se volvió altamente controvertido desde la estrategia calderonista para acabar con el crimen organizado al sacar al ejército a las calles. Durante el gobierno de EPN hubo una especie de parón con el tema, pero los delitos de orden común incrementaron y episodios como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o el asesinato de los estudiantes del Tec tuvieron lugar. Ahora, la 4T lanza su apuesta para acabar con el problema: pedirle a los criminales, así nomás, que por favor ya dejen de delinquir.

“Ya bájenle”, “Pórtense bien”, “Fuchi, guácala. Al carajo la delincuencia”, dice el presidente. Lo dice en pleno Tamaulipas, donde según datos del INEGI, el 86.4% de la población considera que su estado es inseguro. En pleno Tamaulipas, donde hay fines de semana que en menos de 48 horas se registran más de treinta asesinatos. En pleno Tamaulipas (lo repito por si no queda claro), un estado clave para el comercio con Estados Unidos, destino a donde se van más del 70% de nuestros productos de exportación.

Combatir la inseguridad requiere de muchísimos esfuerzos, de una combinación de estrategias y de la atención a los orígenes que la causan. Como lo he comentado en anteriores ocasiones en este espacio, la inseguridad tiene varias vertientes. La falta de oportunidades y la pobreza de capacidades son la gasolina del crimen organizado, del pandillerismo y de los delitos del orden común. Entiendo que el presidente tenga mucha credibilidad a nivel nacional, pero es importante recordar que su popularidad no es que sea particularmente alta en los estados del norte.

La solución moral simplista a la que apela el presidente muy seguramente está calculada (o al menos espero que sea así) con el objetivo de distanciar su figura de la Guardia Nacional, que es la que se encargará de todo el “trabajo sucio”. Utilizar expresiones populares le garantiza aumentar su popularidad, pero también dota de armas a sus rivales que ya están desde ahorita preparando sus discursos utilizando estas frases.

Vaticino que los llamamientos morales del presidente para apaciguar a los criminales de ninguna manera serán efectivos, como muy seguramente cualquiera podría suponer. A la gente le importa que a él le importe la inseguridad. A la gente le importa que el presidente se preocupe (y ocupe) de los tantos problemas que viven millones de mexicanos como para que cada día por la mañana nomás diga que la oposición está moralmente derrotada. Hay una manera muy sencilla de ganarse el apoyo de los ciudadanos: cumpliendo promesas. Es una lástima que la inseguridad sea un tema prioritario de la agenda nacional y por ello no debe ser tratado como una nimiedad más.

Señores criminales, ya oyeron: que dicen sus mamás que por favor ya se metan, que porque ya es tarde y que eso de andar en la calle todo el día no está bien.

Desorden legislativo

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El anuncio del ahora expresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo sinceramente sorprendió a propios y extraños. El legislador, cuya experiencia y trayectoria son parte de la historia política contemporánea y reciente del país, hoy es vitoreado por muchos debido a la decisión tomada, pues contribuye a respetar los procesos pactados para darle alternancia a la dirección de la Cámara. Este episodio se junta con el reciente encontronazo entre Monreal y Batres en el senado, lo que es prueba fehaciente de una anunciada fragmentación en Morena.

La historia en Diputados es sencilla: Morena intentó dar un revés para forzar a la cámara a ajustar las directrices y mantener a Muñoz Ledo como líder, pero con lo que no contaban los morenistas es que el legislador optara por hacer lo correcto: dejar el cargo y permitir que una nueva votación se lleve a cabo. Dado lo anterior, Xavier Azuara ya no puede presentarse por el cargo, por lo que los panistas ahora optaron por proponer a la legisladora Laura Rojas, diputada por el Edomex y cercana al dirigente nacional, Marko Cortés. Hasta aquí, “todo bien”.

En el Senado, las cosas fueron un tanto diferentes. Los enfrentamientos entre Martí Batres y Ricardo Monreal se convirtieron en una lucha de egos: mientras que uno quiso mantenerse al frente del Senado con el propósito de prepararse para su candidatura en 2024 a la jefatura de gobierno de la CDMX, el otro -haciendo de sus recursos de oratoria y del argot legislativo- frenó a su compañero, dejando claro que él también se prepara para su candidatura en 2024, pero no por la CDMX, sino por “la grande”.El choque de estos pilares del andamiaje institucional morenista es síntoma podría explicarse en el antecedente político de ambos personajes: acostumbrados a que dentro del PRD siempre existieron las “tribus”, es lógico que esta práctica subsista. A tanto llegó el problema que hasta el TEPJF tuvo que salir a apagar fuegos y seguramente la negativa de Batres a volver a competir proviene de un jalón de orejas por parte de Yeidckol Polevnsky, o por qué no, desde más arriba.

Si bien cada caso es diferente, hay dos elementos importantes en común: el intento de mantenerse en el poder a través de mecanismos y triquiñuelas legales (como si el descubrimiento de la “Ley Bonilla” no fuera suficiente) y que el propio partido se ve obligado a rectificar por presiones que vienen desde dentro. Pero si se observan ambos casos en conjunto, por más que Batres y Muñoz Ledo hayan rectificado -el primero a regañadientes y el segundo por honor propio- queda claro que dentro del Legislativo pareciera ser que acontece una lucha “del poder por el poder”, algo que en repetidas ocasiones el presidente niega exista en la 4T.

Que el PES se quede al frente del Senado tiene poco o nada de relevante, salvo el indicativo de que el órgano legislativo no es presidido por Morena. En cambio, que el PAN dirija la Cámara de Diputados sí que tiene una connotación distinta. De manera indirecta, el nombramiento de Rojas pone a Acción Nacional como líder de la oposición; oposición, sí, muy diversa y que ideológicamente no embona y por tanto es muy extraña, pero que da argumentos a los panistas para decir que, al menos ellos, no están “moralmente derrotados”.

¿Qué se necesita para resolver este desorden legislativo? Si la respuesta es “apretar”, dudo que lo hagan: ya tiene AMLO suficientes periodistas encima llamándole “autoritario” como para tener que optar por esta estrategia. ¿Y si mejor nos traemos a John Bercow, portavoz de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, a que todo el tiempo les esté llamando al orden como lo hace allá? Quien sabe, capaz que así sí se cuadran.

La Ley Bonilla (y algo más)

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Baja California, además de tener una posición geopolítica de sumo interés para el país, siempre ha sido una especie de laboratorio de la política nacional. Fue el primer estado no gobernado por el PRI en toda la historia y ahora, gracias a la decisión del congreso local (cuya composición es mayormente de legisladores sin partido), se convirtió de manera oficial en la primera entidad cuyo edil gobernará por un periodo mayor del que había sido electo. Para entender este asunto, es indispensable analizar un par de cosas primero.

Antes -a nivel nacional- los ciclos electorales estaban desfazados y ahora la elección de los nuevos gobernantes se acomodó de tal manera que cada tres años coincidan ya sea con las elecciones presidenciales o con las elecciones intermedias, esto segundo siendo el actual caso de Nuevo León, por poner un ejemplo. Para el INE, esto representa un alivio tanto en términos administrativos como estructurales, pues esta medida mantiene los puntos álgidos cada tres años, pero ya sin los esfuerzos extras que suponían elecciones, por ejemplo, un año después de las presidenciales (como en el caso de Baja California). Incluso, si nos emocionamos un poquito, la medida permite la adecuada profesionalización y capacitación del personal del Instituto y eventualmente podría permitirles concentrarse en temas relacionados con la investigación y actualización del sistema en general para hacerlo cada vez más eficiente.

No obstante, la llamada “Ley Bonilla” tiene sus trucos. En Baja California, en lugar de promover que su mandato durara los cinco años que actualmente va a durar -claro, después de que prácticamente se están brincando la Constitución- inicialmente se planteó que fuera por dos años. ¿Que por qué dos años? Porque hay intermedias en 2021 y, dependiendo de cómo nos la venda el presidente (ya sea como consulta, referéndum, votación, plebiscito, encuesta o rifa), cabe la posibilidad de tener una boleta más en la intermedia. “Entre más elecciones puedan coincidir, mejor para Morena”: esa era la consigna. Pero claro, si un candidato se queda por tan sólo dos años, entonces “hay muy poco tiempo para hacer que las cosas cambien”, ¿verdad? Pues, señor Bonilla, le recuerdo que los diputados están tres años en el Congreso y sin derecho a periodos inmediatos, tal como a usted le tocó, así que no hay excusas.

En varias ocasiones lo he comentado tanto en este espacio y me repito: este tipo de jugadas siguen siendo parte de la fase experimental en la que se encuentra Morena para probar cuánto crédito tienen con la gente. No hay mejor indicador para saber si un partido seguirá en el poder que el número de personas que le siguen aprobando. Los treinta millones bastan y sobran para continuar con la racha de triunfos en el país; y a eso hay que sumarle que las participaciones en elecciones locales apenas rozan el 30% del padrón.

De esta no se salieron tan bien librados como con el tema del aeropuerto, o el del combate al huachicol, o la refinería, o el Tren Maya, está claro. Ya no sólo la opinión pública y las redes están en contra de la medida, sino que personalidades como Ricardo Monreal o el propio Andrés Manuel han tenido que desmarcarse del acontecimiento, a diferencia de Yeidckol Polevnsky, quien defiende a capa y espada la ampliación del mandato. Eso sí, dentro de todo este embrollo que pareciera desgastar a Morena, la movida le está abriendo horizontes donde hay margen de crecimiento. En concreto, la relación de Tatiana Clouthier con Morena y su distanciamiento estratégico son claves para la construcción del relato de cara a 2021, pues es bien sabido que la plataforma de Obrador, en general, no es del agrado de los neoleoneses.

“Sí, Morena me da su apoyo, pero yo no me dejo mangonear por los intereses de ningún partido político como tantas veces ya quedó demostrado”. ¿A poco no les suena?