Dos servicios, un camino: el taxi

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La vialidad de cualquier ciudad es un tema de importancia. Independientemente de si uno vive en la ciudad o va de paso, ubicarse puede convertirse en todo un dilema. La solución rápida sería que alguien nos lleve, nos olvidemos un rato del estrés y lleguemos a nuestro destino sin ningún tipo de apuro. Hasta hace unos años, los taxis eran la opción preferida de la gente que, desembolsando una cantidad mayor, buscaban viajar de manera más cómoda y rápida hacia su destino. Pero, como todo, al haber una oportunidad hubo varios que se apuntaron para aprovecharla.

El bloqueo que duró poco más de nueve horas en la CDMX es el mismo tipo de bloqueos que se produce en todas partes del mundo cuando de la regulación de las plataformas digitales de trata. La historia es la misma: los taxistas ven en las aplicaciones tipo Uber y Cabify un competidor desleal que les roba la clientela y afecta directamente a su trabajo, mientras que los usuarios ven con buenos ojos que las plataformas se escudan en que ellos ofrecen un servicio de mayor calidad y que satisface más necesidades que las del taxista común.

Y los contraargumentos son los mismos: los taxistas dicen que las plataformas deberían ser reguladas para competir al parejo que ellos y en respuesta obtienen un “hay que buscar la coexistencia entre ambos servicios”, con lo que las plataformas buscan evitar a toda costa gravámenes que supondrían un ajuste en sus precios y por ende pérdidas en términos de clientela.

Las soluciones propuestas también suelen ser las mismas: para los taxistas, ajustes en su modernización y cumplimiento de demandas en regular a las plataformas, lo que permite a éstas continuar con esa “coexistencia” y mantenerse activas en el mercado, pero que les obligan a focalizar su ventaja comparativa en temas de seguridad y comodidad al momento de viajar, algo que es un verdadero reto.

Y justo así fue lo que se acordó desde la Subsecretaría de Gobernación: los taxistas contarán con una aplicación que será desarrollada por el Estado y que estaría disponible a finales de este mismo año. De esta amera, el tema de la inmediatez en el servicio quedaría cubierto, pero falta esperar cuáles son las otras características que contemplaría. Por el poco plazo que hay para desarrollarla, algo me dice que no estará tan completa, pero es preferible dejarse sorprender.

¿Y así de fácil? Pues pareciera ser que sí, pero ¿no será que se está queriendo tapar el sol con un dedo? Hay otros temas pendientes y que son vitales para hacer un buen pronóstico de hasta qué punto la nueva app y los incrementos en tarifas de las plataformas (porque diría que es prácticamente un hecho que sucederá) pueden equilibrar la balanza en favor de los taxistas. ¿Qué va a pasar con los taxímetros? ¿Cómo se calcularán las tarifas? Si no bajo la app ¿entonces mi viaje en taxi va a ser igual que siempre? Si sí, ¿entonces cuál es la diferencia? Estas y más son algunas de las preguntas que quedan pendientes de resolver.

Al final, la uberización del taxi terminará siendo la respuesta, pero algo me dice que las tradiciones no se van a perder del todo. “No, joven, ‘ora sí que nomás lo que me marca aquí en la aplicación. Mire. Yo no tengo cómo moverle”

¿Cómo se atreven?: Greta Thunberg

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Mucho se ha comentado esta semana sobre la intervención de Greta Thunberg en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas. Justo después de su discurso, las críticas se acentuaron y los elogios se vieron diluidos entre tanto cuestionamiento. ¿A qué se debe este cambio?

La activista Greta Thunberg cuenta con una serie de premios y reconocimientos de entre los cuales figura incluso un doctorado honoris causa. Thunberg, que comenzó sus protestas en favor de la acción contra el cambio climático hace un año frente a su escuela, se volvió todavía más famosa al aceptar la invitación de las Naciones Unidas para participar en la Cumbre de 2019, realizando un viaje transatlántico en velero y que tardó dos semanas. 

A su llegada en EEUU fue recibida con mucho cariño y ha atendido a los medios de comunicación en múltiples ocasiones e incluso fue a un talkshow al más puro estilo de las celebridades. En sus intervenciones siempre anteponía la causa y agradecía a todos los participantes. En la protesta global del pasado viernes 20 de septiembre, Thunberg se planteó no hablar en público y trató de pasar desapercibida, lo que obviamente resultó imposible. 

Si hasta ahora había sabido mantener su imagen distanciada de las críticas, ¿por qué pareciera ser como si hubiera más gente que cuestiona su legitimidad como activista? Por un descuido en su comunicación y una negligencia de los medios.

Al inicio de su discurso, alude a situaciones netamente personales que contrasta con todo lo que venía haciendo. Y peor aún: tuvo la mala fortuna de que este fuera el clip que los medios decidieron hacer viral. “No debería estar aquí. Debería estar en la escuela al otro lado del océano […] (los políticos) se robaron mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías”.

Mi generación (millennials) y los centennials creemos en el activismo. Creemos en las causas justas y en que nuestras acciones tienen un impacto multiplicador, lo cual es muy positivo, por supuesto, pero también nos gusta la gratificación y el reconocimiento.

Algunos de los movimientos sociales y revoluciones más importantes del siglo XX tuvieron a un único líder a la cabeza: Gandhi, Martin Luther King, Fidel Castro. Desde la imagen del líder se desprendía todo el movimiento. Al líder no se le cuestionaba nada, se le mitificaba y sólo se le seguía. Todo esto suena muy “viejo” y la modernidad y el siglo XXI no son así. ¿Quién es la líder del movimiento #MeToo? ¿Quién lidera la defensa de los derechos de la comunidad LGBT? ¿Y qué hay de los derechos de los animales y el veganismo? Todo colectivos, todo grupos; ninguno con liderazgos unipersonales.

Quienes (muy pobremente, cabe recalcar) critican a Thunberg, lo hacen aludiendo a que tiene privilegios por ser una chica blanca, originaria de un país desarrollado e hija de artistas bohemios. Intentan minimizar sus logros mostrando una imagen de ella en un tren comiendo alimentos empacados en plástico o llamándola “un producto del ecocapitalismo y las corporaciones” que “amenaza la diversidad e invisibiliza las acciones de los verdaderos activistas”.

¿Y si nos olvidamos de lo personal y regresamos a lo verdaderamente importante? La lucha contra el cambio climático es un tema que gracias a ella se instalando en las agendas de los partidos políticos a nivel mundial. Qué más da si es sueca, japonesa o mexicana. Qué más da si tiene 16, 30 o 50 años. Yo prefiero verla como alguien que inspira a millones, que mueve la consciencia del mundo y que demuestra que el activismo transversal.

“La gente está sufriendo. La gente está muriendo. Ecosistemas completos están colapsando. Estamos al comienzo de una extinción masiva y de lo único que pueden hablar es del dinero y cuentos de hadas de eterno crecimiento económico. ¡Cómo se atreven!”. Esto es lo que hay que escuchar.

Joder con votar: cuatro años, cuatro elecciones

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Cuando pensamos en elecciones, hay varios temas que seguramente a todos se nos vienen a la cabeza: candidatos, partidos, debates; mítines, spots, encuestas; publicidad, regalitos y promesas vacías. Pensamos en que hay que ir a votar: levantarse temprano, hacer fila, ir a tachar la boleta y después regresamos y ya. Ya hicimos nuestro trabajo. Pues ahora imagínate que tuvieras que pasar por esto todos los años. Si lo primero que pensaste es “qué flojera”, te informo que esto es más o menos lo que le ha tocado vivir a los españoles en los últimos tiempos.

Hace unos días, el presidente en funciones del gobierno, Pedro Sánchez, anunció que se convocará (nuevamente) a elecciones el día 10 de noviembre. ¿Y por qué? Porque no hubo manera en la que las fuerzas políticas se pusieran de acuerdo para formar gobierno. Cabe mencionar que, en un sistema parlamentario como España, votas por un partido y después entre ellos -en reuniones aparte o por WhatsApp, por qué no- se ponen de acuerdo y eligen al presidente. Es decir, no sabes quién será el presidente hasta tiempo después de los comicios.

¿Y cómo llegaron hasta este punto? Te lo cuento rapidito. En 2015 no se pudo formar gobierno dada la fragmentación política causada, entre otros temas, por la crisis económica. Las negociaciones no prosperaron y en 2016 se convocó a elecciones. Dos años después, el congreso decidió destituir al presidente y llegó el actual. Meses después, incapaz de conseguir apoyos para que se aprobara el presupuesto, Sánchez tuvo que adelantar las elecciones para este mes de abril. De estas elecciones no salieron acuerdos y ahora en noviembre, pues ni modo, otra vez a votar, porque si no, pues no hay gobierno. Y el ciclo puede estar así todo el tiempo que sea necesario.

¿Y por qué no se pueden poner de acuerdo? No hace falta ser un experto ni mucho menos para hacer una valoración rápida de lo que pasa: el poder por el poder. Todos quieren un pedazo del pastel. Un pastel que, a diferencia de lo que pasa en nuestro país, sí o sí se tiene que repartir. Decidir quiénes se quedarían con los puestos de poder fue lo que terminó enemistando a las dos fuerzas de izquierda (PSOE y Podemos) y por eso no hay gobierno. En México esto no pasa. Estamos acostumbrados a que el que gana, gana todo. No importa si gana con un 38% (EPN) o un 53% (AMLO): si ganas, no tienes que andar negociando nada con los otros.

Pero ¿qué será mejor: saber que igual y por el que yo vote no va a ganar o votar y esperar a ver si se acuerdan de que voté por ellos para que hagan gobierno y no para que se estén peleando por los puestos?

En España hay frustración, desencanto y coraje. Los españoles están cansados. La gente está harta de los políticos y de la política. Quieren que las cosas salgan de una vez y quieren olvidarse y volver a sus vidas normales. Quieren que los dejen vivir y por eso ven estas nuevas elecciones más como una carga que como un momento coyuntural en la vida política de su país. “Hostia, joder con votar, tío”

Capaz que esto no acaba aquí y el año que viene vuelve a haber elecciones. Como dicen por ahí, no hay quinto malo. La historia de nunca acabar… O a lo mejor y sí, quién sabe. Ya veremos.

“Fuchi” con la inseguridad

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Siempre que hay campañas políticas se habla de tres temas: educación y las condiciones que se necesitan para mejorarla, el tema de la salud y la garantía de acceso a las personas tanto a centros de atención como a medicamentos, y el trabajo: lo que todos necesitamos para ganarnos la vida. En América Latina hay uno más que es imprescindible en esta lista: la seguridad.

En nuestro país, el combate a la inseguridad fue un tema que se volvió altamente controvertido desde la estrategia calderonista para acabar con el crimen organizado al sacar al ejército a las calles. Durante el gobierno de EPN hubo una especie de parón con el tema, pero los delitos de orden común incrementaron y episodios como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o el asesinato de los estudiantes del Tec tuvieron lugar. Ahora, la 4T lanza su apuesta para acabar con el problema: pedirle a los criminales, así nomás, que por favor ya dejen de delinquir.

“Ya bájenle”, “Pórtense bien”, “Fuchi, guácala. Al carajo la delincuencia”, dice el presidente. Lo dice en pleno Tamaulipas, donde según datos del INEGI, el 86.4% de la población considera que su estado es inseguro. En pleno Tamaulipas, donde hay fines de semana que en menos de 48 horas se registran más de treinta asesinatos. En pleno Tamaulipas (lo repito por si no queda claro), un estado clave para el comercio con Estados Unidos, destino a donde se van más del 70% de nuestros productos de exportación.

Combatir la inseguridad requiere de muchísimos esfuerzos, de una combinación de estrategias y de la atención a los orígenes que la causan. Como lo he comentado en anteriores ocasiones en este espacio, la inseguridad tiene varias vertientes. La falta de oportunidades y la pobreza de capacidades son la gasolina del crimen organizado, del pandillerismo y de los delitos del orden común. Entiendo que el presidente tenga mucha credibilidad a nivel nacional, pero es importante recordar que su popularidad no es que sea particularmente alta en los estados del norte.

La solución moral simplista a la que apela el presidente muy seguramente está calculada (o al menos espero que sea así) con el objetivo de distanciar su figura de la Guardia Nacional, que es la que se encargará de todo el “trabajo sucio”. Utilizar expresiones populares le garantiza aumentar su popularidad, pero también dota de armas a sus rivales que ya están desde ahorita preparando sus discursos utilizando estas frases.

Vaticino que los llamamientos morales del presidente para apaciguar a los criminales de ninguna manera serán efectivos, como muy seguramente cualquiera podría suponer. A la gente le importa que a él le importe la inseguridad. A la gente le importa que el presidente se preocupe (y ocupe) de los tantos problemas que viven millones de mexicanos como para que cada día por la mañana nomás diga que la oposición está moralmente derrotada. Hay una manera muy sencilla de ganarse el apoyo de los ciudadanos: cumpliendo promesas. Es una lástima que la inseguridad sea un tema prioritario de la agenda nacional y por ello no debe ser tratado como una nimiedad más.

Señores criminales, ya oyeron: que dicen sus mamás que por favor ya se metan, que porque ya es tarde y que eso de andar en la calle todo el día no está bien.

Desorden legislativo

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El anuncio del ahora expresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo sinceramente sorprendió a propios y extraños. El legislador, cuya experiencia y trayectoria son parte de la historia política contemporánea y reciente del país, hoy es vitoreado por muchos debido a la decisión tomada, pues contribuye a respetar los procesos pactados para darle alternancia a la dirección de la Cámara. Este episodio se junta con el reciente encontronazo entre Monreal y Batres en el senado, lo que es prueba fehaciente de una anunciada fragmentación en Morena.

La historia en Diputados es sencilla: Morena intentó dar un revés para forzar a la cámara a ajustar las directrices y mantener a Muñoz Ledo como líder, pero con lo que no contaban los morenistas es que el legislador optara por hacer lo correcto: dejar el cargo y permitir que una nueva votación se lleve a cabo. Dado lo anterior, Xavier Azuara ya no puede presentarse por el cargo, por lo que los panistas ahora optaron por proponer a la legisladora Laura Rojas, diputada por el Edomex y cercana al dirigente nacional, Marko Cortés. Hasta aquí, “todo bien”.

En el Senado, las cosas fueron un tanto diferentes. Los enfrentamientos entre Martí Batres y Ricardo Monreal se convirtieron en una lucha de egos: mientras que uno quiso mantenerse al frente del Senado con el propósito de prepararse para su candidatura en 2024 a la jefatura de gobierno de la CDMX, el otro -haciendo de sus recursos de oratoria y del argot legislativo- frenó a su compañero, dejando claro que él también se prepara para su candidatura en 2024, pero no por la CDMX, sino por “la grande”.El choque de estos pilares del andamiaje institucional morenista es síntoma podría explicarse en el antecedente político de ambos personajes: acostumbrados a que dentro del PRD siempre existieron las “tribus”, es lógico que esta práctica subsista. A tanto llegó el problema que hasta el TEPJF tuvo que salir a apagar fuegos y seguramente la negativa de Batres a volver a competir proviene de un jalón de orejas por parte de Yeidckol Polevnsky, o por qué no, desde más arriba.

Si bien cada caso es diferente, hay dos elementos importantes en común: el intento de mantenerse en el poder a través de mecanismos y triquiñuelas legales (como si el descubrimiento de la “Ley Bonilla” no fuera suficiente) y que el propio partido se ve obligado a rectificar por presiones que vienen desde dentro. Pero si se observan ambos casos en conjunto, por más que Batres y Muñoz Ledo hayan rectificado -el primero a regañadientes y el segundo por honor propio- queda claro que dentro del Legislativo pareciera ser que acontece una lucha “del poder por el poder”, algo que en repetidas ocasiones el presidente niega exista en la 4T.

Que el PES se quede al frente del Senado tiene poco o nada de relevante, salvo el indicativo de que el órgano legislativo no es presidido por Morena. En cambio, que el PAN dirija la Cámara de Diputados sí que tiene una connotación distinta. De manera indirecta, el nombramiento de Rojas pone a Acción Nacional como líder de la oposición; oposición, sí, muy diversa y que ideológicamente no embona y por tanto es muy extraña, pero que da argumentos a los panistas para decir que, al menos ellos, no están “moralmente derrotados”.

¿Qué se necesita para resolver este desorden legislativo? Si la respuesta es “apretar”, dudo que lo hagan: ya tiene AMLO suficientes periodistas encima llamándole “autoritario” como para tener que optar por esta estrategia. ¿Y si mejor nos traemos a John Bercow, portavoz de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, a que todo el tiempo les esté llamando al orden como lo hace allá? Quien sabe, capaz que así sí se cuadran.

La Ley Bonilla (y algo más)

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Baja California, además de tener una posición geopolítica de sumo interés para el país, siempre ha sido una especie de laboratorio de la política nacional. Fue el primer estado no gobernado por el PRI en toda la historia y ahora, gracias a la decisión del congreso local (cuya composición es mayormente de legisladores sin partido), se convirtió de manera oficial en la primera entidad cuyo edil gobernará por un periodo mayor del que había sido electo. Para entender este asunto, es indispensable analizar un par de cosas primero.

Antes -a nivel nacional- los ciclos electorales estaban desfazados y ahora la elección de los nuevos gobernantes se acomodó de tal manera que cada tres años coincidan ya sea con las elecciones presidenciales o con las elecciones intermedias, esto segundo siendo el actual caso de Nuevo León, por poner un ejemplo. Para el INE, esto representa un alivio tanto en términos administrativos como estructurales, pues esta medida mantiene los puntos álgidos cada tres años, pero ya sin los esfuerzos extras que suponían elecciones, por ejemplo, un año después de las presidenciales (como en el caso de Baja California). Incluso, si nos emocionamos un poquito, la medida permite la adecuada profesionalización y capacitación del personal del Instituto y eventualmente podría permitirles concentrarse en temas relacionados con la investigación y actualización del sistema en general para hacerlo cada vez más eficiente.

No obstante, la llamada “Ley Bonilla” tiene sus trucos. En Baja California, en lugar de promover que su mandato durara los cinco años que actualmente va a durar -claro, después de que prácticamente se están brincando la Constitución- inicialmente se planteó que fuera por dos años. ¿Que por qué dos años? Porque hay intermedias en 2021 y, dependiendo de cómo nos la venda el presidente (ya sea como consulta, referéndum, votación, plebiscito, encuesta o rifa), cabe la posibilidad de tener una boleta más en la intermedia. “Entre más elecciones puedan coincidir, mejor para Morena”: esa era la consigna. Pero claro, si un candidato se queda por tan sólo dos años, entonces “hay muy poco tiempo para hacer que las cosas cambien”, ¿verdad? Pues, señor Bonilla, le recuerdo que los diputados están tres años en el Congreso y sin derecho a periodos inmediatos, tal como a usted le tocó, así que no hay excusas.

En varias ocasiones lo he comentado tanto en este espacio y me repito: este tipo de jugadas siguen siendo parte de la fase experimental en la que se encuentra Morena para probar cuánto crédito tienen con la gente. No hay mejor indicador para saber si un partido seguirá en el poder que el número de personas que le siguen aprobando. Los treinta millones bastan y sobran para continuar con la racha de triunfos en el país; y a eso hay que sumarle que las participaciones en elecciones locales apenas rozan el 30% del padrón.

De esta no se salieron tan bien librados como con el tema del aeropuerto, o el del combate al huachicol, o la refinería, o el Tren Maya, está claro. Ya no sólo la opinión pública y las redes están en contra de la medida, sino que personalidades como Ricardo Monreal o el propio Andrés Manuel han tenido que desmarcarse del acontecimiento, a diferencia de Yeidckol Polevnsky, quien defiende a capa y espada la ampliación del mandato. Eso sí, dentro de todo este embrollo que pareciera desgastar a Morena, la movida le está abriendo horizontes donde hay margen de crecimiento. En concreto, la relación de Tatiana Clouthier con Morena y su distanciamiento estratégico son claves para la construcción del relato de cara a 2021, pues es bien sabido que la plataforma de Obrador, en general, no es del agrado de los neoleoneses.

“Sí, Morena me da su apoyo, pero yo no me dejo mangonear por los intereses de ningún partido político como tantas veces ya quedó demostrado”. ¿A poco no les suena?

“Si no te gusta, te puedes ir”: Trump

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Niños, mujeres y hombres que llevan semanas en jaulas, sin colchones para dormir, sin agua, sin poder siquiera sentarse en el suelo para descansar ni poder lavarse los dientes. Encerrados, soportando los maltratos y el hambre, esperando a ser enviados de regreso a sus países y con la incertidumbre de que dejan a familiares desamparados o en situación de dificultad. Ni las denuncias, ni las fotos, ni la carta redactada por Joshua Dawsey, quien viajó con Mike Pence (vicepresidente de EEUU) al centro de detención en McAllen -sí, en McAllen- son suficientes para moderar el discurso respecto a la migración del presidente Donald Trump.

Tras la celebración de la tercera edición del “Made in America” Product Showcase en la Casa Blanca -evento para impulsar la producción de bienes 100% manufacturados en el país- el presidente lanzó varias declaraciones en contra de congresistas demócratas aludiendo a que, si el país no les gusta, pues que se vayan. ¿Un error del presidente? Según la óptica con la que se vea: para aquellos del ala progresista, las declaraciones representan el supremacismo blanco en su máxima expresión. En cambio, para quienes forman parte del grupo más conservador de EEUU, el reclamo hecho por el presidente es claro y congruente con lo que desean para el país.

Cuando Alexandria Ocasio-Cortez, una de las aludidas por los comentarios de Trump, dice que el presidente las insulta con el único objetivo de distraer, tiene toda la razón: lo que él está tratando de hacer es tocar las fibras más profundas de los nacionalistas blancos, de aquellos que viven fuera de las grandes ciudades y que son sus principales votantes. No hace falta más que mirar el mapa por distrito de las elecciones de 2016 para darse cuenta de que, con excepción de las metrópolis, el resto del país se pintó completamente de rojo, especialmente en entidades asociadas con la cultura rural y conservadora que defiende los valores más tradicionales del país.

La obsesión del presidente con el tema de los orígenes es el reflejo del racismo endémico de los Estados Unidos. Es común que un ciudadano estadounidense opte por primero identificarse a sí mismo según el estado al que pertenece, o bien mencione su origen étnico o el de sus familiares. Es común ver en programas de televisión y cine discusiones al respecto: no importa que los personajes hayan nacido en el país y tampoco importa la cantidad o el tipo de logros que tengan. Lo importante -y lo que siempre sale a relucir- es el origen de los antepasados y cómo esto puede distinguir a priori las cualidades de unos respecto a las de los otros.

“Juro solemnemente que apoyaré y defenderé la constitución de los Estados Unidos de todos los enemigos, extranjeros o domésticos […] y que obedeceré las órdenes del presidente y de mis oficiales superiores”, declaran todos los que se enlistan en las fuerzas armadas. Para Trump, el enemigo es el migrante; el migrante que cosecha los alimentos, el que trabaja en las maquiladoras y el que se encarga de que muchos de los servicios del país funcionen. Ve como potenciales enemigos a los migrantes que se asentaron en el país porque, según sus palabras, ellos son la puerta de entrada a drogas, crimen y violadores, como alguna vez lo dijo de nosotros los mexicanos. El enemigo es aquél que duda de su autoridad como presidente y que desafía el statu quo.

No importa si el migrante toma un arma y representa los intereses de una nación que se niega a reconocerle como hijo suyo. Lo que importa -tal como lo dijo el presidente- es que sepa que, si no es feliz, se puede ir. Que sepa que está bien si nunca vuelve y que nadie lo va a extrañar

Concuerdo con Ocasio: “usted tiene una mente racista en su cabeza y un corazón racista en su pecho”, señor Trump.

El claroscuro europeo: la derecha

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El resurgimiento de la derecha y el retorno de los partidos de extrema derecha a la palestra sigue extendiéndose por Europa. En Grecia, el pasado fin de semana, Nueva Democracia, logró quitar del cargo al progresista Alexis Tsipras y hacerse del gobierno, lo que para el país podría supone tener una relación mucho más cómoda con el FMI, el Eurogrupo o la Alemania de Merkel. Sin embargo, tener como líder al conservador Kyriakos Mitsotakis implica tener un ministro cuyos familiares y allegados son famosos porque han vivido de la política por muchos años y siempre están rodeados de empresarios.

La confianza que dieron los europeos a las formaciones de izquierda parece ser que no cumplieron con las expectativas, pues poco a poco el electorado acude cada vez más a las urnas para castigarlos o de plano no van a votar. Sí, hay casos donde la izquierda sigue liderando el gobierno (España) y otros donde la alternativa al neofascismo apenas se impone (Francia), pero eso no quita que haya otros donde la presencia de partidos de derecha sea endémica (Alemania, Países Bajos, Polonia).

¿Por qué los europeos están regresando a las formaciones de derecha y quitan el voto de confianza a la izquierda? Porque encuentran en los conservadores y nacionalistas la esperanza de volver “al modelo de antes”; el deseo de vivir como en tiempo previo a la crisis y sentir como si no hubiera pasado nada. En términos económicos (que es por lo que realmente se mueven muchos asuntos políticos), tradicionalmente se asocia a la derecha con crecimiento. Pero claro, lo importante es leer las letras chiquitas y darse cuenta de que la macroeconomía no significa que la riqueza siga siendo acumulada entre algunos. De hecho, es completamente al revés.

Aunque en el horizonte se ve una época de vacas (muy) flacas para la izquierda, hay tres temas que, de ser utilizados de manera estratégica, pueden mantenerla vigente y quitar el foco del tropiezo en la gestión de la crisis: la reivindicación de los derechos de la mujer, el movimiento LGBT y la preocupación por el cambio climático. Los tres son cada vez más visibles y, por más obvio que parezca, la afinidad entre los seguidores de estos movimientos y las formaciones de izquierda tiene un origen en particular: todos ellos han compartido la trinchera ir en contra del statu quo y, por ende, se encuentran muy alejados de las formaciones políticas que defienden los valores tradicionales. ¿Les parecería congruente que, por ejemplo, el PAN aquí en México hablara de impuestos al carbón o al uso de combustibles fósiles? Pongo este ejemplo porque del tema de la familia, la mujer y la diversidad sexual no hace falta hablar para establecer mi punto.

Pero ¿es posible que las formaciones políticas puedan hacer suyas estas causas? A pesar de que siempre han existido partidos animalistas o verdes (no, el que tenemos en México no cuenta, de verdad), las otras dos causas mencionadas no suelen estar encasilladas en una única formación política. Un ejemplo podría ser el del partido progresista español “Podemos”. El más que guiño de hacerse con el electorado feminista en las pasadas elecciones -renombrando a su partido como “Unidas Podemos”- no es que le haya salido bien que digamos: el voto de la izquierda se concentró en el socialismo español (PSOE) y están prácticamente fuera de los cargos importantes del gobierno.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”, decía Antonio Gramsci, filósofo marxista, cuando hablaba sobre los cambios y la crisis. Y sí, los viejos monstruos de la intolerancia y la represión están resurgiendo, pero quienes son los primeros en combatirlos no pudieron ganar la batalla y ven en sus raíces el único refugio a los problemas. Vaya, en español, “más vale malo conocido que bueno por conocer”. ¿Será? Ojalá que no.

El taxi vs Uber: ¿cuánto cuesta resolver el problema?

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La cacería de brujas que comenzó en estos días contra los choferes de Uber, Didi y Cabify en Monterrey ha puesto a gran parte de la ciudadanía en contra del gobierno del estado. La premisa es que los conductores de las plataformas no siguen los mismos parámetros que los taxistas convencionales ni pagan la misma cantidad de impuestos por prestar un servicio que -en esencia- es básicamente el mismo y, por lo tanto, los pone en el terreno de la ilegalidad. ¿Es esto del todo cierto? ¿Cuál es el verdadero problema?

Por un lado, se encuentran los taxistas; los de toda la vida. En el mejor de los casos, un taxista tiene que hacer una inversión inicial de varios cientos de miles de pesos para comprar un carro y las placas de taxi que, por cierto, a estas alturas las dos cosas cuestan casi lo mismo. Podría decirse que en total se necesitan unos $300,000 para empezar, dependiendo del año y modelo del vehículo. Los problemas vienen cuando los conductores no pueden invertir dicha cantidad y trabajan para alguien más; alguien que puede pagar y que, cual señor o señora que tienen una casita aparte, lo que quieren es “vivir de sus rentas”. Es decir, el negocio está en tener taxis rentarlos. En Monterrey, un chofer paga unos $400 o $450 diarios al dueño del taxi.

El taxi “verde” tuvo el monopolio durante mucho tiempo y logró sobrevivir a pesar de las circunstancias: la inseguridad (tanto por parte de conductores como de usuarios), las bases y taxis “pirata”, el pésimo servicio, los taxímetros alterados. Los taxis “de base” o “de sitio” (los blancos, pues) luego fueron la alternativa: los pedías por teléfono y hasta los podías agendar para que te recogieran en un día y hora específicos; todo ello a cambio de pagar más. ¿Y cuál fue el problema? Pues que, por ejemplo, algunos de los “taxis ejecutivos” cobraban según tarifas sin sentido y a veces con un criterio completamente subjetivo: dependiendo la hora, el lugar, el destino e incluso dependiendo del cliente, cobraban lo que querían. ¿Cuánto vale una carrera al aeropuerto? Lo que el chofer o la compañía quieran (te veo a ti, Totsa).

Luego está Uber, la tecnología; el que abrió la brecha para los demás. Hay una tarifa fija (o no), que garantiza la seguridad de los pasajeros (o no), en la que los pagos se realizan a través de transferencias para evitar robos (o no) y que permite al usuario en todo momento saber la ruta que el conductor seguirá (o no). Uber le arrebató el negocio a los taxis sencillamente porque su servicio es de mayor calidad (o no), aunque ello implique un costo adicional (¿o no?). ¿Has oído hablar de la tarifa dinámica? ¿Te acuerdas del caso de María Fernanda Castilla y Cabify? ¿Qué pasa si mi conductor no trae cambio? ¿Y si no cancela el viaje, aunque ya me haya bajado? ¿O si se va por una ruta por la que yo no le dije? Estoy plenamente consciente de que la proporción es mucho menor (afortunadamente), pero una cosa no quita la otra.

¿Y entonces? ¿Por qué preferimos Uber? Fácil: porque en México desconfiamos de todo aquello que es propiedad del gobierno. ¿Y por qué? Porque nos suena a corrupción, malos manejos, pésima calidad y mal servicio. ¿Por qué pagamos seguros de gastos médicos mayores? Para no ir al IMSS. ¿Por qué pagamos cable o servicios de streaming? Porque no hay nada bueno en la tele abierta (y menos en los canales del gobierno). La gente espera que la administración funcione como un buen intermediario y no como el propietario, pero esto es otro problema.

En Monterrey estamos tan acostumbrados a pagar de más por todo que si alguien nos dijera que con una cantidad se resuelve el tema de Uber, ya estaríamos juntando. Pero bueno, mejor no doy ideas.

Un G20 sin ganso, pero con canciller

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Desde hace unas semanas el presidente de México había anunciado su negativa a asistir a la reunión del G-20 donde se reunirán las naciones -en términos económicos- más poderosas del mundo, lo que constituye un escaparate lo suficientemente importante como para demandar la presencia de los mandatarios de cada uno de ellos. Por nuestra parte, asistirá Marcelo Ebrard, nuestro Secretario de Relaciones Exteriores y quien es de todas las confianzas de Andrés Manuel.

La importancia de la reunión que comienza el día de hoy en Osaka recae, en primera instancia, en los asistentes que la reúnen: ser parte del G20 implica que somos una economía lo suficientemente potente como para competir con aquellos países que, muy malamente, llamamos “del primer mundo”. Este tipo de reuniones refrenda la confiabilidad de nuestro país para con el resto de los miembros de la comunidad internacional y nos constituye como una nación atractiva para la inversión, si no pregúntenle a Rusia cómo le fue -en términos de credibilidad- después de que lo expulsaron del G8. En términos macro, la cumbre es una oportunidad más para conseguir acuerdos de inversión a y cooperación económica a nivel gobierno.

Que nuestro presidente no vaya tiene implicaciones políticas que, de ser malinterpretadas, podrían cobrarnos facturas muy importantes en el futuro, sobre todo en lo que tiene que ver con la exploración de nuevos mercados, sobre todo si tomamos en cuenta que nuestro vecino del norte ya encontró la manera de movilizar a nuestra Guardia Nacional desde su país y hacer que las comitivas tengan que desplazarse de emergencia hasta Washington. Además, representar una amenaza al statu quo del orden internacional y, por ende, generar incertidumbre respecto a la actitud de nuestro país conforme a los compromisos adquiridos en dicha reunión.

No obstante -y como bien lo dijo el presidente- nuestro país para nada va mal representado, pues nuestro canciller goza de mucho prestigio a nivel internacional pues fue el presidente de la Red Global para Ciudades Más Seguras de ONU-Habitat, cargo que asumió luego de ser Jefe de Gobierno de la CDMX y al cual renunció en 2014 para volver a la política de nuestro país. De hecho, parte de la regularización de la relación con EEUU tras la crisis del intento de subida de impuestos de Trump fue gracias a la comitiva encabezada por el propio Ebrard.

Pero también, como dicen por ahí, “piensa mal y acertarás”. La negativa de Andrés Manuel, por qué no, puede tener otro tipo de connotación. Más allá de su postura de decir que “a esas reuniones no hace falta ir” porque los temas de pobreza y desigualdad se resuelven de manera interna (lo cual, hasta cierto punto, es perfectamente válido), podría tratarse de un tema evitar desgaste político al estar con otros líderes.

AMLO, de manera personal, no está a gusto cerca de otro tipo de líderes políticos. De hecho, con el único con quien ha tenido acercamientos en alguna ocasión fue con Pedro Sánchez, el presidente de gobierno de España, y todo ello en vías de buscar la disculpa de la corona para el año 2021 que le otorgaría un crédito político inagotable. El otro fue Nicolás Maduro, quien estuvo presente en la semana de su toma de protesta y de quien, después de las fuertes críticas por no haber apoyado el levantamiento encabezado por Juan Guaidó, ya no habla más. De ahí en fuera, los contactos de nuestro presidente con otros líderes del mundo se han limitado a comunicados o cartas enviadas desde la oficina del gobierno.

Así, el G-20 se quedó sin ganso, pero con canciller. De todas formas, hizo muy bien en mandar a Ebrard (acompañado de Urzúa) a la reunión: total, al canciller le viene estupendo para irse familiarizando de cara a la campaña de 2024… ¡Perdón! ¿Lo dije muy fuerte? ¿O nomás lo pensé?