¿Green card para TikTok?

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Vetar TikTok en Estados Unidos, la aplicación que en el primer trimestre de este atípico año fue la más exitosa con más de 315 millones de descargas, es una decisión que no se toma todos los días. El presidente, que se juega la reelección en escasos tres meses (y que los encuestadores cada vez lo dejan de poner como favorito), toma una jugada muy arriesgada y vuelve a imponer su poder político para buscar su propio interés personal.

El mercado de Internet ha sido de tradicional dominio estadounidense, pero siempre ha existido una rivalidad con otros servicios que, casualmente, son de origen chino. La carrera por las tecnologías se disputa entre estos dos países y el veto a TikTok no sería extraño si se toma en cuenta el caso de Huawei.

Compañías estadounidenses son las prácticamente conforman el statu quo del mundo del Internet: Alphabet Inc. (Google y YouTube) Facebook Inc. (Facebook, Instagram, WhatsApp), Amazon, Twitter, Netflix; la manera en que interactuamos, lo que compramos y lo que vemos está controlado por empresas que se sujetan a la ley de Estados Unidos. Y de repente, aparece ByteDance con TIkTok desde China y roba un espacio importante a los gigantes norteamericanos, argumentando que se pone en peligro la seguridad nacional, pues la información obtenida quedaría en manos del gobierno chino y ello supone un riesgo.

Es verdad que los tiktokers no se han portado muy bien con Trump. El penoso episodio vivido en Oklahoma no dejó para nada contento a los republicanos, y mucho menos que después tuvieran que cancelar mítines en New Hampshire por miedo a que se repitiera. Además, el público base de esta aplicación siguen siendo los jóvenes, nicho tradicional de los demócratas, pero donde también hay un grupo importante de simpatizantes de la alt-right que los estrategas están sabiendo identificar.

Al más puro estilo clásico, Trump tiene una guerra en dos frentes. Por un lado, el de mantener el monopolio en Internet e impedir que China se suba como competidor a la tecnología, y por el otro, la contienda electoral. En la primera de ellas tiene total injerencia y no por nada Microsoft es quien lanzó una oferta a ByteDance. De aceptarse, TikTok cambiaría de nacionalidad y podría estar sujeta a la regulación de EEUU, por tanto, a los intereses de Trump. 

Aunque las negociaciones entre ByteDance y Microsoft continúan para que TikTok ya tenga su green card, por lo pronto ayer se lanzó la primer ofensiva con Instagram Reels o “el TikTok de Instagram”. El mensaje es claro para los chinos: si no te nos unes y nos dejas usarte como queramos, entonces ya tienes un gigante contra quién competir. Por lo pronto, el plazo de 45 días está corriendo y seguramente buscarán extenderlo al máximo antes de tomar cualquier decisión.

¿Habrá quien piense que esto aquí no pasa? ¿O será pura casualidad que en redes ya siempre nos salen ciertas personalidades que aspiran a la gubernatura de Nuevo León, por ejemplo? Cuando bajas una aplicación y no te cuesta ni un peso utilizarla, por si aún no lo sabías, el producto eres tú.

Viaje redondo: el avión está de vuelta

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Comprado durante la gestión de Felipe Calderón y usado por Enrique Peña Nieto, ayer por la tarde pisó nuevamente suelo mexicano el Boing 787 más famoso: el José María Morelos y Pavón; el “avión presidencial”, ese que no lo tiene ni Obama y que tampoco lo tiene (ni lo quiso) el amigo Trump.

De acuerdo con el presidente, el avión está de vuelta pues ya hay un comprador interesado. La oferta de 120 millones de pesos (poco más de la mitad de lo que costó) incluso ya está medianamente blindada por un anticipo. Aseguró que las negociaciones van por muy buen camino y que se están terminando revisar detalles técnicos para concretizar la venta. Se habla de que, incluso si se cayera la venta, existen dos ofertas más.

El próximo lunes el presidente ofrecerá una conferencia de prensa donde hablará (una vez más) de los lujos de la aeronave y, quizá, detalles sobre esta posible venta definitiva. Pero si él mismo dijo que no había problema con que fuera entregado en México o en EEUU, entonces ¿por qué traerlo de vuelta al país?

La pregunta puede tener tantas respuestas como uno pueda imaginar. Hay que recordar que mantener el avión en EEUU ha costado ya decenas de millones de pesos entre inspecciones, mantenimiento, vigilancia y resguardo. Tenerlo al hangar presidencial y que su custodia la realice ejército no es precisamente gratis, pero al menos (se presume) que el gasto es menor. Y si siempre fue así, ¿por qué se fue en primer lugar? ¿Por qué traerlo de vuelta hasta ahora?

El avión dejó de ser un bien desde hace mucho y se convirtió en un símbolo. El presidente fue el principal artífice de ello y lo sigue utilizando como tal. Para la contienda de 2018, el avión le fue muy útil como mecanismo para dar congruencia a su relato de austeridad y lo acercó a la gente, algo que nuestro mandatario prioriza sobre cualquier otra cosa. Y si la fórmula funcionó, ¿por qué cambiarla?

Hay quien sostiene que el retorno del avión es una cortina de humo para tapar la mala situación en la que se encuentra nuestro país por la pandemia (más de 40 mil muertes) o contrarrestar el escándalo de los diputados morenistas y petistas luego de que Porfirio Muñoz Ledo los llamara “golpistas” por intentar boicotear la elección de los nuevos consejeros del INE. Quizá el efecto colateral pueda ser este, pero hay que recordar que si Morena tiene la fuerza electoral que tiene es gracias a su líder.

Si AMLO recupera los niveles de aprobación de hace un año, garantiza que la maquinaria volverá a dar resultados tan amplios como en 2018. Qué mejor oportunidad para hacerlo cuando se está a un año de que la mitad del país se renueve y, una vez más, crecer políticamente en tiempos de elecciones.

Si el avión es el símbolo del derroche de las administraciones anteriores y su salida del país marcó “el inicio del fin de la corrupción”, ¿entonces su sobrevuelo y su regreso son un augurio de que algo más está por venir? Habrá que esperar.

Cuando las cosas se hacen bien: AMLO en EEUU

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No hay día que a López Obrador no se le critique por su forma de comunicar. Acostumbrados a su ritmo pausado en las mañaneras y por el uso de expresiones coloquiales (a veces displicentes), el discurso de ayer en el marco de su visita a Estados Unidos fue, en todo sentido de la palabra, extraordinario.

El discurso del presidente logró empatar lo barroco de la diplomacia mexicana con su relato de austeridad y nostalgia por la historia. Fue elocuente, incisivo y convincente. Envió un mensaje de equidistancia de fuerzas entre ambos países y puso en baluarte los activos de México para el fortalecimiento de la economía de la región. En pocas palabras, un acierto.

Es verdad que hubo un momento de condescendencia y adulación a Trump y a su administración que sonaron fuera de lugar, pero AMLO también supo manejar la tribuna y el espacio donde se encontraba. Por supuesto que es exagerado decir que México ha recibido comprensión y respeto por parte de Trump y que ha sido gentil con nuestro país, pero la firme sentencia de que “hay agravios que no se olvidan” resonó con fuerza.

Más allá del clásico juego de honores y de buenos deseos propios de la diplomacia, nuestro país sale fortalecido en tiempos convulsos y de mucha incertidumbre. Mucha buena vecindad, mucha amistad, mucha fraternidad, pero eso sí, cada quién viendo por lo suyo. Para uno, la reunión era crucial porque necesita frenar la estrepitosa caída del PIB y atraer inversión extranjera. Para el otro, una oportunidad de comunicar gestión y grandes triunfos con los que intenta recuperar su posición en las encuestas, pues se juega el puesto en poco tiempo.

Es verdad que son contadas las ocasiones en las que el presidente se ha involucrado en asuntos de política exterior y por ello su actitud en este encuentro sorprende aún más. El López Obrador de ayer es, sin temor a equivocarme, la mejor versión de él que hemos visto hasta ahora, y este discurso es quizá el mejor que el presidente haya dado, y vaya que le gusta hablar y escucharse a sí mismo.

A todas luces, una reunión exitosa que demostró que el servicio diplomático de nuestro país está muy bien preparado. Su comunicación fue más allá de las palabras: el viaje en vuelo comercial, las visitas a los monumentos de Juárez y Lincoln (con sus respectivas coronas de flores), y hasta el uso de una corbata conmemorativa con los diseños de todas las águilas que alguna vez han estado en el escudo nacional, son pequeños detalles que aportan congruencia y terminan por redondear la visita.

Este López Obrador es el que muchos quieren y el que otros temen, pues seguramente habrá un repunte en las encuestas de aprobación. Las cosas se pueden hacer bien, sólo hace falta que se lo propongan.

Pandemia económica

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Alcanzados los dos millones de contagiados a nivel mundial, los servicios de salud a nivel mundial se ven rebasados por el desafío que supone contener la fuerza de la pandemia. Aquellos que se decían estar más preparados entierran a sus cuerpos en fosas comunes de la misma forma que aquellos que menos tienen.

Sin afán de ser más optimista de la cuenta, considero congruente pensar que la pandemia terminará y que llegará el día en que podremos retomar nuestras actividades, salir a las calles y continuar con nuestras vidas, lo que no significa bajo ninguna base que “volveremos a la normalidad”. Los pronósticos hechos para dentro de los próximos meses y años tendrán que ajustarse y, desafortunadamente, los primeros en hacerlo son los de materia económica.

El BID da a conocer que para América Latina, la crisis supondrá una contracción de hasta un 5.5% del PIB en 2020, algo de dimensiones históricas y perfectamente comparable con eventos como la Gran Depresión. Ecuador (dolarizado) y México son los que aumentan el promedio (contracción por encima del 6% en ambos casos), seguidos de Argentina (con su propia crisis a nivel interno desde hace años) y Brasil (economía más grande de Latinoamérica).

Llamada “la región más desigual del mundo”, América Latina debe prestar especial atención a su propio futuro económico, pues los efectos post-crisis no tendrán precedente. Si bien la Gran Recesión tuvo un impacto global, los estragos de ésta se concentraron en los países desarrollados (Estados Unidos y Europa) y en menor medida en nuestra región. Inclusive en algunos casos se vivió sin efectos tangibles. A diferencia de entonces, las consecuencias económicas de la actual pandemia sí tendrán injerencia directa en nuestros países, pues la poca infraestructura y la debilidad institucional están siendo puestas a prueba y el escenario no es el más alentador.

La crisis sanitaria está consumiendo al continente y, detrás de los esfuerzos de los gobiernos, se está creando una bola de nieve. En Panamá, donde no existe una banca central, la única salida de la crisis consiste en endeudamiento. El gobierno ha tenido que pedir préstamos al FMI, BID, Banco Mundial y otros organismos internacionales, además de utilizar en casi un 80% sus reservas de ahorros para hacer frente a la crisis y ni siquiera han alcanzado el pico de contagios. Otro importante caso es el de El Salvador donde, a pesar de que comunicativamente Bukele transmite confianza y seguridad con su firmeza y las famosas medidas sociales, es el primero del mundo que podría recibir un préstamo de $400 millones de le los $50,000 millones ofertados por el FMI como “préstamos de emergencia”.

Hay que recordar que ya hace unos meses en Ecuador y Argentina se vivieron intensas protestas por el mal manejo de las administraciones en turno para ajustar sus líneas de crédito con el FMI. En el caso argentino, los compromisos contraídos estaban calculados para ser pagaderos de aquí a los próximos cien años. Colombia recientemente anunció que renovará su línea de crédito de 11,000 millones de dólares y el gobierno de Duque, que también se enfrentó a movilizaciones en la llamada “Primavera Latinoamericana”, poco a poco cava su propia tumba.

Si las administraciones no tienen el rigor suficiente para organizarse y hacer eficientes tanto los recursos con los que cuentan como los adicionales que están solicitando, el estrés de la población por vivir en cuarentena seguramente será el peor de los males de aquí a los siguientes años.

Comunicación, COVID y América Latina

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En todo el mundo, los líderes políticos han tenido que prepararse para comunicar en estos tiempos de crisis y algunos han tenido más éxito que otros. Mensajes emblemáticos como los de Macron y Trudeau han hecho eco a nivel mundial, pero no todos han tenido la misma suerte, como lo es el caso de Boris Johnson o el de Donald Trump. En América Latina, los líderes también se enfrentan al reto. Dentro de todos los casos, podría decirse que existen tres que son muy paradigmáticos: Bukele, AMLO y Bolsonaro.

Bukele, el outsider que vino a romper la política de El Savador, fue tendencia en redes por el video donde anuncia las de suspensión de pagos de servicios básicos. Es importante notar que lo hace mirando a mirando a cámara y asumiendo de manera contundente el rol de la autoridad. En un país que en 2015 se situaba entre el top 10 a nivel mundial en la escala de mayor impunidad, se entiende perfectamente que discursos donde un hombre amaga con él personalmente encarcelar a cualquiera que toque los recursos, se aplaudan.

Aunque el video es un éxito comunicativo y la estrategia del miedo siempre es muy útil, al presidente no le interesa que su imagen a nivel mundial sea la de un dictador. ¿Cómo contrarrestarla? Sencillo: haciendo uso de su faceta como joven y suavizando su imagen a través de una entrevista vía Instagram Live con Residente, el artista emblema del antiimperialismo y voz en contra del neocolonialismo estadounidense.

Continuando con los casos, ahora viene le turno de México. En este caso, lo que acontece es la mala implementación de una buena estrategia. En tiempos de crisis siempre es recomendable que los expertos sean quienes comuniquen, pues se entiende que la legitimidad de la información que presentan viene desde el ámbito científico (y no hay nada más preciso que eso). La mala implementación está, para mala fortuna del propio presidente, en él mismo.

Primero, al intentar minimizar los potenciales efectos de la crisis. Ante un escenario global de alerta, las declaraciones que iban en dirección contraria a esta instrucción trascendieron más que nunca: México era visto como el único país que tomaba a la ligera la crisis (a pesar de que los hay otros peores, como más delante abordaré).

En segunda instancia, porque AMLO es político sobreexpuesto, con gusto por los reflectores y que siempre echa mano de su liderazgo carismático para responder ante cuestionamientos. Después de llevar meses consecutivos siendo el protagonista de las portadas, estaba claro que buscaría mantenerse como el protagonista. Esto fue evidente el día que, ante un juicio directo que Obrador, la contestación del ahora afamado epidemiólogo López-Gatell fue un nervioso “más o menos”; respuesta nociva en tiempos de crisis.

No obstante, una vez la crisis se agravó, fue curioso ver que el discurso cambió, pero el principal portavoz de este mensaje no fue el presidente, sino el Subsecretario. Esto, aunque el tiempo se encargará de determinarlo, seguramente le traerá buenos réditos a largo plazo a la 4T. Pasamos del “síganse abrazando” al decreto de alerta durante todo abril. Bien por corregir la plana.

Finalmente se encuentra el modelo “Bolsonaro”: renuente, agresivo, combativo, incrédulo y egocéntrico. Los medios brasileños no paran de hacerle críticas. Su figura encarna al populismo de derecha en América Latina. Mientras el conteo no sea significativo, lo más seguro es que se mantenga así.De aumentar, muy seguramente la actitud del presidente tendrá que virar tal como sucedió en EEUU con Trump donde, lejos de admitir que hubo un mal manejo de la crisis, buscará que el culpable sea alguien ajeno al pueblo brasileño.

No debería descartarse que se replicara la frase del estilo del “virus chino” acuñada por Trump para referirse al “coronavirus”. Además, este mal manejo tampoco es nuevo en él: basta con recordar la mala gestión durante la crisis del Amazonas para entender que muy difícilmente cambiará el método.

Sea lo que sea, lo más importante es entender que cuando la gente está expectante de lo que el líder va a decir, el mensaje debe transmitir seguridad, confianza y esperanza.

El confinamiento desde Barcelona

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El 28 de enero se detectó el primer caso de coronavirus en Barcelona. Se trataba de alguien que fue con síntomas al Hospital Clínic, que está a unos 15 minutos caminando desde mi trabajo. Todo mundo lo minimizamos y bromeábamos al respecto.

La gente se quejaba de las personas que salían con tapabocas y provocaban la histeria colectiva. En el Mercadona (principal cadena de supermercados) se empezaban a hacer las primeras compras de pánico. En redes, muchos videos y fotos de gente con carritos llenos. Todos los comentarios iban en dos líneas: o riéndose de lo que veían, o pidiendo que por favor sólo se comprara lo necesario.

Yo voy al súper los sábados por la mañana. Este último sábado coincidió con que fue el día después de la declaración de la alerta nacional. Había mucha gente haciendo fila, desesperada y peleándose por las cosas. Efectivamente, ya no había papel de baño. Ya no había pasta, casi no había arroz y las panaderías estaban a reventar. Los cajeros no se daban abasto y nos pedían, con poco éxito, que mantuviéramos la distancia los unos de los otros.

Al momento de redactar este texto, se registran más de 13 mil casos en todo el país y un total 623 fallecimientos (según datos del periódico La Vanguardia a 18 marzo). La basta mayoría de los casos se registra en la Comunidad de Madrid y, en segundo lugar, en donde vivo: Catalunya. Eso sí, la diferencia es muy grande: mientras que allá hay más de 5600 casos confirmados y casi 400 muertos, acá hay menos de 2000 infectados y 41 muertes (según los datos de El País a 18 marzo)

Las calles están prácticamente vacías y todos los restaurantes y bares están cerrados. Sigue habiendo servicios básicos: hay autobuses, hay metro y los supermercados están abiertos, pero con restricción de aforo. Algunas personas aprovechan para sacar a pasear a sus perros. Yo sólo salgo a tirar la basura y a comprar algo cuando me hace falta. Me levanto todos los días en la mañana y hago home office, porque soy de los que tienen la oportunidad y los medios para hacerlo.

La última vez que fui a la oficina fue como de película. En el camino se veían muchos agentes de los mossos (policía catalana) y algunos de la Policía Nacional. Éramos muy poca gente en la calle y preferíamos ir lo más separados posible. Si alguien estornudaba o tosía, rápido volteábamos para tratar de ver quién había sido. “Somos la Policía Nacional. Por favor, regresen a sus casas. Es por su salud. Muchas gracias”, me tocó escuchar desde el altavoz de una patrulla. Afortunadamente no nos multaron.

La situación de alerta es crítica y es real. Afortunadamente, el ánimo no decae. Hoy desde la sala de mi casa pude escuchar a unos vecinos alegrándonos la mañana con un poco de música. Todas las noches en punto de las 8:00pm se oyen los aplausos, las palabras de ánimo y de agradecimiento para todo el personal de salud y de seguridad que sigue en la calle. En ese momento cuando los vecinos sacamos la cabeza por la ventana y nos vemos desde nuestras casas, de verdad se respira mucha alegría. Se siente mucho entusiasmo y hay un espíritu de solidaridad en el ambiente.

En México la cosa apenas comienza. Cuento mi experiencia para que mis familiares y amigos se cuiden. Pidan a las autoridades que tomen las medidas necesarias para frenar el esparcimiento del virus y, sobre todo, respetémoslas. Que la historia no se repita. Por favor, #QuedateEnCasa

Biden y Sanders: hacia la recta final

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La jornada de antier con el Super Tuesday representa un parteaguas en la evolución de la carrera interna de los demócrata. Biden y Sanders fueron los grandes ganadores, mientras que Warren y Bloomberg (ya fuera de la contienda), los perdedores. El Partido Demócrata se reconfigura y dos candidatos despuntan frente al resto.

Entendiendo que dentro del partido hay dos claras posturas (una más hacia la izquierda y la otra más moderada), para Sanders la carrera había sido relativamente más sencilla: un discurso disruptivo, una candidatura diferente y un buen arranque tanto en las encuestas como en los debates. No hace mucho Sanders obtuvo resultados que lo catapultaron por encima del resto y se veía que despuntaba lo suficiente en comparación con el resto.

Para él, Warren representa la única amenaza en el espacio donde compite. La senadora había demostrado que podía mantenerse vigente explorando el tema del enfoque de género, pero desafortunadamente los resultados no la acompañaron. Cualquier candidato o candidata que quede en tercer puesto en uno de sus propios bastiones se enfrenta a una derrota segura.

Más que pensar en un regreso, en los medios y en las redes la pregunta más bien es cuándo finalmente abandonará la contienda. Sin lugar a dudas será una baja muy sensible, pues no solo define el resto del camino para Sanders, sino que significa que una vez más la ilusión de que una mujer pueda presidir los Estados Unidos se queda en el tintero.

En el ala moderada, la pluralidad de candidaturas parecía que nublaba las posibilidades de Biden. Aunque hoy resulta muy fácil decir que él siempre fue favorito, hay que recordar que Buttigieg fue el gran ganador en Iowa y que Biden tuvo un fuerte tropiezo tanto al inicio como en varios debates. Su candidatura no ha sido tan fluida como esperaba, pero gracias a la retirada del propio Pete y los recientes apoyos expresos de Klobuchar y Bloomberg (acumulando un gasto de más de $400 millones en tan solo unos meses), el camino le queda más sencillo y es, virtualmente, el único que aglutina el voto moderado.

“Comeback grandpa” (Biden) parece ser que tiene grandes posibilidades de conseguir el resultado final. Aunque todavía estamos a medio camino, el hecho de llevar la delantera y recuperarse después de un revés le da un impulso que da pie a que siga cosechando buenos resultados. Sanders sigue haciéndole frente y, una vez más, el ala moderada y la izquierda demócrata se miden para, como hace cuatro años, luchar contra Donald Trump. En aquél entonces, Biden poco podía hacer para abollarle el camino y Sanders, quien finalmente perdió ante Hillary, ahora busca una revancha directa contra el actual presidente.

Ahora que hay dos claros favoritos, la campaña dará un respiro y se concentrará en el verdadero rival. En lugar de desgastarse y quererse diferenciar entre ellos, los mensajes ahora tienen claves distintas. “La política tradicional vs. la política moderna” (Sanders) y “Sólo un verdadero demócrata sacará a Trump de la Casa Blanca” (Biden) son las claves de lo que viene.

La moneda está en el aire, pero ya viene de bajada. Cara o cruz. Biden o Sanders

Nada cuesta ser solidario

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Cuando un tema que apela a la ira acapara la totalidad de la discusión en todos los canales de información, las probabilidades de que se sustituya por otro en el corto plazo son mínimas. El tema tendría que encontrar una salida por si propio cauce o bien ser opacado por otro aún más complejo. Tristemente, de la indignación y confusión por el avión presidencial, el país habla de feminicidios.

Un país donde mueren once mujeres cada día difícilmente es un país feliz. Un país en el que existe un miedo latente por saber si en cualquier momento un agresor podría intentar hacer de las suyas gracias a que está solapado por la impunidad, no es un país feliz. Un México manchado de sangre, por el motivo que sea, no puede ser un país feliz.

Es fácil lanzar críticas al aire sin ningún tipo de objetivo más que generar conversación. Es muy sencillo indignarse desde el teléfono, en redes sociales o sentir frustración y luego olvidarse cuando algo interrumpe nuestra reflexión. Lo que verdaderamente resulta complicado es hacer denuncia: el altísimo índice de impunidad no motiva en lo más mínimo en preocuparse. Dejarse llevar por la presión social y callar cuando en un grupo uno tiene una opinión diferente ya es la regla. Vergüenza.

Una sociedad educada en el machismo no puede cambiar de un día para otro, pero lo que siempre se puede hacer es, al menos, comenzar el cambio. Ayudar a nuestras madres, amigas, primas, hermanas; a todas las mujeres que están en nuestro entorno, realmente no cuesta nada. Si cooperamos entre todos y nos detenemos un momento ante una situación de riesgo e intervenimos, ahí está haciéndose el cambio.

Uno podrá no sentirse identificado con los grupos de mujeres que pintan las paredes de Palacio Nacional o con las que hicieron lo mismo en el Ángel de la Independiente (hace algunos meses), pero lo que no se puede negar es que el conflicto existe y hasta que no haya una solución que al menos disminuya significativamente el número de feminicidios en México, el tema seguirá en la agenda. Los símbolos son importantes y ahora cubiertos de pintura reflejan que la historia de nuestro país está cambiando y el relato ya no es compatible con la actualidad. Reflejan que quienes nos deberían representar están se preocupan más por el pasado que por el presente.

Intentar opacar una situación de tal coyuntura pidiendo “creatividad” en las formas de hacer protesta (como apuntó Polevnsky), más que contribuir al diálogo, enfurece e indigna. La ira es como la olla de presión: si se reprime, explota. Empatía, cordura y congruencia. Rendición de cuentas, alternativas y acción.

Ayudar es sencillo. Nada cuesta ser solidario

El gran ganador: Trump

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Las elecciones 2020 por la presidencia de Estados Unidos, aunque todavía están a meses de distancia, se sienten más cerca que nunca. El arranque del lunes, con los dos caucus en Iowa, marca el inicio de una nueva etapa en la contienda; un inicio donde el caballo ganador salió, o al menos eso se percibe, con más ventaja de la esperada.

Al momento de la redacción de este artículo, el escrutinio del caucus Demócrata continúa en un 71% y tiene, en una especie de empate técnico, a Buttigieg (26.8%) y Sanders (25.2%), dejando a Warren (18.4%) en tercer puesto y con un doloroso resultado para Biden (15.4%); un resultado que contrasta mucho con lo vivido en el último debate demócrata, donde Warren y Sanders acapararon los reflectores pero terminaron por desgastarse entre ellos.

En cambio, en el patio de enfrente y sin salirse de la línea, los Republicanos están seguros de que Trump es el candidato: el 97.1% fue para Trump y el restante dividido entre Bill Weld y Joe Walsh; las últimas dos candidaturas entendidas netamente en clave protocolaria sin ningún tipo de propósito más allá de justificar las dinámicas de voto.

Para los Demócratas, lo que representaba un nuevo aire y la conexión con su espíritu y raíz más democratizadora se convierte en parte de la pesadilla del recorrido. Los fallos con la aplicación, la demora en los resultados oficiales (y los extraoficiales que algunos sacaron) y las dudas sobre si el método es mejor, seguramente son ya parte del argumentario de los del GOP para que el presidente lo utilice en uno de sus próximos tuits. “Si ni siquiera son capaces de organizar un caucus, ¿cómo podemos esperar que lideren nuestro bello país?”

Es cierto que hay que esperar a que sucedan el resto de los encuentros y que puede que tan sólo se trate de un tropiezo, pero lo que es innegable es que el daño mediático ya está hecho. La percepción de desorganización hacia el interior del Partido Demócrata contrasta fuertemente con la solidez de los Republicanos que, para poner un poco más las cosas en perspectiva, claramente la tienen mucho más fácil: es Trump, o nadie. La falta de claridad entre la decantación por un único candidato y el desgaste en los hasta ahora siete debates internos contrasta con una figura que se convierte cada vez más en una barrera impenetrable; en alguien capaz de sobrevivir hasta a un impeachment sin apenas tambalearse.

Eso sí, el golpe certero en el State of the Union de Pelosi mantiene a flote a los Demócratas. La frialdad de romper el discurso del presidente justo en el momento en que termina el acto es sin lugar a duda un elemento comunicativo muy poderoso, tanto que prácticamente se llevó las portadas a nivel mundial. Seguramente desde la retórica republicana se pondrá énfasis en los momentos en los que, tanto azules como rojos, aplaudieron al presidente.

El reloj de arena ya se volteó y la carrera se intensifica cada vez más. Cada detalle, cada palabra y cada error se vuelven más decisivos. Esta semana, el gran ganador es Trump. “Divide y vencerás”, dicen por ahí.

La última oportunidad: Evo Morales

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Este fin de semana el expresidente Evo Morales, actualmente con asilo político en Argentina, anunció que su partido político, el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), finalmente cuenta ya con un binomio de cara a las elecciones del próximo mes de mayo: se trata del exministro de Economía Luis Arce (para presidente) y el exministro de asuntos exteriores, David Choquehuanca (para la vicepresidencia).

Para quienes no los conocen, Arce estuvo en su cargo desde 2006 y prácticamente hasta el la reciente salida del expresidente. Durante los primeros años, y por encargo de Morales, estuvo altamente involucrado en las empresas estatizadas desde el gobierno y a él se le atribuye el “milagro boliviano”: desde 2006 y hasta la fecha, la economía boliviana ha crecido ha ido siempre en crecimiento y tan sólo en 2015 tuvo un pequeño revés en términos de PIB per cápita. Por su parte, Choquehuanca acompañó desde 2006 y hasta 2017 y fue Secretario General de la ALBA, organismo internacional de entre cuyos miembros destacan Cuba, Nicaragua y Venezuela; países con fuerte sentimiento antiimperialista y con gobiernos de izquierda originarios de la revolución.

Otros nombres como el de Andrónico Rodríguez, considerado como el hijo político de Morales, también fueron propuestos por grupos al interior del partido. A pesar de su cercanía con el expresidente, no fue tomado en cuenta. En cambio, tanto Arce como Choquehuanca fueron de los miembros que más tiempo permanecieron dentro de los distintos gabinetes de Evo.

La clave de su designación podría tener una triple vertiente. En primer lugar, y la más sencilla, por la cercanía con Morales. Después de que el mandatario ocupó la presidencia por más de una década -y tomando en cuenta la manera en la que se produjo su salida- el designar a este binomio podría, hasta cierto punto, garantizarle condiciones para su regreso al país.

En segunda instancia, por las áreas en las que anteriormente operaban. Un país como Bolivia que es altamente dependiente de sus recursos naturales (más del 80% de las reservas mundiales de litio se encuentran en territorio boliviano) y con un gasto público “alto” (debido a la nacionalización de empresas y servicios), requiere de un buen administrador. Además, y de manera tradicional, una de las áreas que siempre es prioritaria para un gobierno es la relación que tiene con sus similares. El reconocimiento de las soberanías entre estados siempre es una prioridad. Si no, que les pregunten a los escoceses, los québecois, los catalanes o a Guaidó y Maduro.

Y, finalmente, por la necesidad de una apuesta moderada en tiempos convulsos. Si bien el objetivo de Morales es que su partido se mantenga en el poder, sabe que existe un riesgo de que no sea así. Por lo cual, y en caso de que la derecha se mantuviera en el gobierno (y da muestras de ello al Jeanine Áñez haber ampliado su mandato recientemente), la única alternativa que tendría el MAS sería negociar con el nuevo gobierno y así buscar la manera de, desde la oposición, mantenerse relativamente vigente y no perder todo su poder político, particularmente Arce, quien es conocido por ser de un ala menos radical dentro del partido.

El panorama para el más MAS es complicado de cara a la cita electoral de mayo y se enfrenta a una prueba importante. Es la última oportunidad para Morales de conservar algo de poder. “El hombre propone y Dios dispone”, o más bien “Evo propone y Jeanine dispone” porque, así como hay mecanismos en contra de Morales, ¿por qué no pensar que también podrían ser activados en contra de Arce y Choquehuanca? Habrá que esperar.