Nada cuesta ser solidario

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Cuando un tema que apela a la ira acapara la totalidad de la discusión en todos los canales de información, las probabilidades de que se sustituya por otro en el corto plazo son mínimas. El tema tendría que encontrar una salida por si propio cauce o bien ser opacado por otro aún más complejo. Tristemente, de la indignación y confusión por el avión presidencial, el país habla de feminicidios.

Un país donde mueren once mujeres cada día difícilmente es un país feliz. Un país en el que existe un miedo latente por saber si en cualquier momento un agresor podría intentar hacer de las suyas gracias a que está solapado por la impunidad, no es un país feliz. Un México manchado de sangre, por el motivo que sea, no puede ser un país feliz.

Es fácil lanzar críticas al aire sin ningún tipo de objetivo más que generar conversación. Es muy sencillo indignarse desde el teléfono, en redes sociales o sentir frustración y luego olvidarse cuando algo interrumpe nuestra reflexión. Lo que verdaderamente resulta complicado es hacer denuncia: el altísimo índice de impunidad no motiva en lo más mínimo en preocuparse. Dejarse llevar por la presión social y callar cuando en un grupo uno tiene una opinión diferente ya es la regla. Vergüenza.

Una sociedad educada en el machismo no puede cambiar de un día para otro, pero lo que siempre se puede hacer es, al menos, comenzar el cambio. Ayudar a nuestras madres, amigas, primas, hermanas; a todas las mujeres que están en nuestro entorno, realmente no cuesta nada. Si cooperamos entre todos y nos detenemos un momento ante una situación de riesgo e intervenimos, ahí está haciéndose el cambio.

Uno podrá no sentirse identificado con los grupos de mujeres que pintan las paredes de Palacio Nacional o con las que hicieron lo mismo en el Ángel de la Independiente (hace algunos meses), pero lo que no se puede negar es que el conflicto existe y hasta que no haya una solución que al menos disminuya significativamente el número de feminicidios en México, el tema seguirá en la agenda. Los símbolos son importantes y ahora cubiertos de pintura reflejan que la historia de nuestro país está cambiando y el relato ya no es compatible con la actualidad. Reflejan que quienes nos deberían representar están se preocupan más por el pasado que por el presente.

Intentar opacar una situación de tal coyuntura pidiendo “creatividad” en las formas de hacer protesta (como apuntó Polevnsky), más que contribuir al diálogo, enfurece e indigna. La ira es como la olla de presión: si se reprime, explota. Empatía, cordura y congruencia. Rendición de cuentas, alternativas y acción.

Ayudar es sencillo. Nada cuesta ser solidario

El gran ganador: Trump

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Las elecciones 2020 por la presidencia de Estados Unidos, aunque todavía están a meses de distancia, se sienten más cerca que nunca. El arranque del lunes, con los dos caucus en Iowa, marca el inicio de una nueva etapa en la contienda; un inicio donde el caballo ganador salió, o al menos eso se percibe, con más ventaja de la esperada.

Al momento de la redacción de este artículo, el escrutinio del caucus Demócrata continúa en un 71% y tiene, en una especie de empate técnico, a Buttigieg (26.8%) y Sanders (25.2%), dejando a Warren (18.4%) en tercer puesto y con un doloroso resultado para Biden (15.4%); un resultado que contrasta mucho con lo vivido en el último debate demócrata, donde Warren y Sanders acapararon los reflectores pero terminaron por desgastarse entre ellos.

En cambio, en el patio de enfrente y sin salirse de la línea, los Republicanos están seguros de que Trump es el candidato: el 97.1% fue para Trump y el restante dividido entre Bill Weld y Joe Walsh; las últimas dos candidaturas entendidas netamente en clave protocolaria sin ningún tipo de propósito más allá de justificar las dinámicas de voto.

Para los Demócratas, lo que representaba un nuevo aire y la conexión con su espíritu y raíz más democratizadora se convierte en parte de la pesadilla del recorrido. Los fallos con la aplicación, la demora en los resultados oficiales (y los extraoficiales que algunos sacaron) y las dudas sobre si el método es mejor, seguramente son ya parte del argumentario de los del GOP para que el presidente lo utilice en uno de sus próximos tuits. “Si ni siquiera son capaces de organizar un caucus, ¿cómo podemos esperar que lideren nuestro bello país?”

Es cierto que hay que esperar a que sucedan el resto de los encuentros y que puede que tan sólo se trate de un tropiezo, pero lo que es innegable es que el daño mediático ya está hecho. La percepción de desorganización hacia el interior del Partido Demócrata contrasta fuertemente con la solidez de los Republicanos que, para poner un poco más las cosas en perspectiva, claramente la tienen mucho más fácil: es Trump, o nadie. La falta de claridad entre la decantación por un único candidato y el desgaste en los hasta ahora siete debates internos contrasta con una figura que se convierte cada vez más en una barrera impenetrable; en alguien capaz de sobrevivir hasta a un impeachment sin apenas tambalearse.

Eso sí, el golpe certero en el State of the Union de Pelosi mantiene a flote a los Demócratas. La frialdad de romper el discurso del presidente justo en el momento en que termina el acto es sin lugar a duda un elemento comunicativo muy poderoso, tanto que prácticamente se llevó las portadas a nivel mundial. Seguramente desde la retórica republicana se pondrá énfasis en los momentos en los que, tanto azules como rojos, aplaudieron al presidente.

El reloj de arena ya se volteó y la carrera se intensifica cada vez más. Cada detalle, cada palabra y cada error se vuelven más decisivos. Esta semana, el gran ganador es Trump. “Divide y vencerás”, dicen por ahí.

La última oportunidad: Evo Morales

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Este fin de semana el expresidente Evo Morales, actualmente con asilo político en Argentina, anunció que su partido político, el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), finalmente cuenta ya con un binomio de cara a las elecciones del próximo mes de mayo: se trata del exministro de Economía Luis Arce (para presidente) y el exministro de asuntos exteriores, David Choquehuanca (para la vicepresidencia).

Para quienes no los conocen, Arce estuvo en su cargo desde 2006 y prácticamente hasta el la reciente salida del expresidente. Durante los primeros años, y por encargo de Morales, estuvo altamente involucrado en las empresas estatizadas desde el gobierno y a él se le atribuye el “milagro boliviano”: desde 2006 y hasta la fecha, la economía boliviana ha crecido ha ido siempre en crecimiento y tan sólo en 2015 tuvo un pequeño revés en términos de PIB per cápita. Por su parte, Choquehuanca acompañó desde 2006 y hasta 2017 y fue Secretario General de la ALBA, organismo internacional de entre cuyos miembros destacan Cuba, Nicaragua y Venezuela; países con fuerte sentimiento antiimperialista y con gobiernos de izquierda originarios de la revolución.

Otros nombres como el de Andrónico Rodríguez, considerado como el hijo político de Morales, también fueron propuestos por grupos al interior del partido. A pesar de su cercanía con el expresidente, no fue tomado en cuenta. En cambio, tanto Arce como Choquehuanca fueron de los miembros que más tiempo permanecieron dentro de los distintos gabinetes de Evo.

La clave de su designación podría tener una triple vertiente. En primer lugar, y la más sencilla, por la cercanía con Morales. Después de que el mandatario ocupó la presidencia por más de una década -y tomando en cuenta la manera en la que se produjo su salida- el designar a este binomio podría, hasta cierto punto, garantizarle condiciones para su regreso al país.

En segunda instancia, por las áreas en las que anteriormente operaban. Un país como Bolivia que es altamente dependiente de sus recursos naturales (más del 80% de las reservas mundiales de litio se encuentran en territorio boliviano) y con un gasto público “alto” (debido a la nacionalización de empresas y servicios), requiere de un buen administrador. Además, y de manera tradicional, una de las áreas que siempre es prioritaria para un gobierno es la relación que tiene con sus similares. El reconocimiento de las soberanías entre estados siempre es una prioridad. Si no, que les pregunten a los escoceses, los québecois, los catalanes o a Guaidó y Maduro.

Y, finalmente, por la necesidad de una apuesta moderada en tiempos convulsos. Si bien el objetivo de Morales es que su partido se mantenga en el poder, sabe que existe un riesgo de que no sea así. Por lo cual, y en caso de que la derecha se mantuviera en el gobierno (y da muestras de ello al Jeanine Áñez haber ampliado su mandato recientemente), la única alternativa que tendría el MAS sería negociar con el nuevo gobierno y así buscar la manera de, desde la oposición, mantenerse relativamente vigente y no perder todo su poder político, particularmente Arce, quien es conocido por ser de un ala menos radical dentro del partido.

El panorama para el más MAS es complicado de cara a la cita electoral de mayo y se enfrenta a una prueba importante. Es la última oportunidad para Morales de conservar algo de poder. “El hombre propone y Dios dispone”, o más bien “Evo propone y Jeanine dispone” porque, así como hay mecanismos en contra de Morales, ¿por qué no pensar que también podrían ser activados en contra de Arce y Choquehuanca? Habrá que esperar.

La COP25: más política que acuerdos

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Terminó la COP25 y Greta ya está en su casa. El mundo protestó en favor de la lucha contra el cambio climático y los líderes políticos sólo acordaron que lanzar iniciativas “más ambiciosas” para revertir los efectos causados por la emisión de gases de efecto invernadero. Millones salieron a las calles, pero los gobiernos de Estados Unidos, China, India y Brasil (que son algunos de los más contaminantes del mundo), se rehusaron a diseñar nuevas estrategias para revertir la crisis climática. Y ahora, ¿qué sigue?

Utilizada más bien como mecanismo de promoción política que como un foro para llegar acuerdos, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático dejó mucho que desear. Es cierto que es complicado determinar en qué medida fueron las ediciones anteriores más o menos exitosas, pero lo que es imposible de negar es que la expectativa en torno a esta 25° edición difícilmente puede equipararse con la de las anteriores.

La atmósfera estaba preparada y la esperanza en que los cambios sucedieran estaba ahí, pero parece ser que sólo se quedó en el eslogan “Es tiempo de actuar”. La meta de conseguir un acuerdo para transitar más rápido hacia un mercado orientado en el desarrollo sostenible o que al menos cien países asumieran compromisos cruciales para reducir sus emisiones, desafortunadamente no pudo materializarse. Los objetivos se van a ir acumulando junto con los otros compromisos que vienen del Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París.

La frustración en las declaraciones de la propia presidenta de la cumbre, la chilena Carolina Schmidt, confirman lo que todo mundo piensa de la cumbre: “no estamos satisfechos con el resultado”. Todo indica que la enorme distancia entre los intereses cortoplacistas de los gobiernos en turno y las demandas de la gente sigue existiendo. A juzgar por los compromisos adquiridos, la voluntad de un cambio verdadero y las acciones para hacerlo posible siguen transitando por caminos muy distintos.

Triste es ver cómo el rédito político que se quiere obtener con este tipo de eventos es lo que termina por primar. Basta con el ejemplo del propio Martínez-Almeida, el alcalde de la ciudad de Madrid, quien meses atrás respondió en televisión a una niña que él, en lugar de destinar recursos para proteger el Amazonas, preferiría destinarlo a la reconstrucción de la Catedral de Notre Dame por tratarse de un símbolo de Europa. O peor aún, cuando salió a defender el proyecto de zona de baja emisión “Madrid Central” que, en campaña, aseguró eliminaría una vez fuera nombrado alcalde.

Aunque el nivel de compromiso de la ciudadanía del mundo sea mucho mayor, la realidad es que poco será posible si a nivel institucional no existen compromisos firmes en cuanto al tema. Casos como la eliminación de las bolsas de plástico desechables en la CDMX a partir del próximo año, o bien la prohibición del uso del popote plástico en Nuevo León también en 2020 son la esperanza que tenemos para que, al menos en el plano local, cuando menos sí haya algún tipo de cambio.

No hay “planeta B”. Así de sencillo.

La palabra del año

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Cada año, el portal Dictionary.com selecciona una palabra y la bautiza como “la palabra del año”, buscando encontrar un vocablo que encierre lo que el este tiempo ha significado en general para la humanidad. La elección de este año ha causado algo de polémica por tratarse de un concepto que no es netamente palpable y, por el contrario, apela a algo mucho más profundo en su significado. Para el portal, la palabra del año es “existencial”.

Con poco temor a equivocarme, estoy seguro de que hay muchos que asocian esta palabra con otra que, podríamos decir, describe mejor la situación actual de la humanidad: crisis. Si tomamos en cuenta que las palabras de años anteriores han sido “desinformación”, “cómplice” y “xenofobia”, al lado de éstas, “existencial” no parece continuar con el patrón de las anteriores, pero si agregamos el factor “crisis”, entonces hace todo el sentido del mundo.

¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos? Tres preguntas que son parte de la base del existencialismo y cuyas respuestas siempre han sido una incógnita para la humanidad, por lo que, si en ellas surgen dudas o cambios, es normal que todo lo que está a su alrededor tambaleé. Basta con observar los últimos dos grandes temas de la agenda mediática internacional para rectificar esta posición: las movilizaciones tanto por la protección del medio ambiente como por la causa feminista.

Este año, hablar de cambio climático es pensar en Greta Thunberg y en Fridays for Future, pero también en el incendio en el Amazonas y en la salida de EEUU del Acuerdo de París. La importancia de la protección del medio ambiente ya se encuentra instalada en la mayoría de las discusiones de las administraciones locales y varios frutos se pueden observar. Por ejemplo, es cada vez más común que en nuestros espacios de trabajo y estudio las personas se preocupen más por estos temas y, si bien es algo muy primario, la clave está en que es algo que ya no vemos como un capricho, sino como una preocupación real.

Otro de los importantes cambios existenciales que ha tenido la humanidad es el enfoque sobre el feminismo y la violencia de género. Mudar de movimientos como “He for She”; duramente criticado en sus inicios por indirectamente fomentar el estereotipo de que los hombres deben de estar para las mujeres, a iniciativas centradas en temas mucho más puntuales y urgentes como “Time’s Up” o la consigna equal pay promovida desde el ámbito artístico fueron clave para visibilizar la necesidad de tratar ambos temas.

Naturalmente, y lo que se convirtió en estos últimos días (me atrevería a decir, con la ignorancia por delante) en la reivindicación más importante de los últimos tiempos en materia de género es el performance colectivo “Un violador en tu camino”. La potencia de su mensaje y la propia atmósfera que lo rodea cada vez que aparece en una manifestación lo convierten sin dudas en un claro desafío al statu quo; un desafío a lo existencial y un cuestionamiento crítico sobre los peligros que viven las mujeres por el simple hecho de serlo.

Profundos cuestionamientos vienen cuando tenemos una crisis existencial y 2019, la antesala de una nueva década, así lo fue. ¿Qué sigue para nosotros? Habrá que vivirlo para saberlo.

Evo Morales: entre el poder y el fuego

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El caso boliviano, sin lugar a duda, está claramente trazado en el estilo latinoamericano. Procesos democráticos con opacidad y fallidos, ideologías opuestas se disputan el poder y, como si en verdad fuera una solución proporcional, el ejército interviene y declara un estado de excepción para, por la fuerza, desbloquear la afrenta política.

Es posible que hace unas semanas muchos ignoraran por completo la actualidad política del país. Y es perfectamente normal: cuando un país tiene más de una década siendo gobernado de una única forma, se asume que lo que sucede es parte del statu quo. Justo por eso mismo hoy día no se puede entender una Bolivia sin Evo. Y ese es precisamente el origen del problema.

Cuando un único individuo se convierte en el referente del poder político de un país, la garantía de que ello no se convierta en un régimen autoritario radica en la fortaleza del andamiaje institucional y en los contrapesos naturales al líder. Es decir, mientras exista un congreso que ponga un techo al poder del mandatario o haya carta magna cuyos mecanismos de modificación sean complejos (como es en el caso mexicano), entonces la oposición aún tiene posibilidades de acceder al poder y revertir la situación.

La nueva constitución de Bolivia de 2009 validó el reconocimiento de los derechos indígenas, los servicios básicos universales para la población y la nueva gestión territorial nacional en uno de los países más desiguales de América Latina, pero también avaló el mecanismo para que Evo contendiera nuevamente por la presidencia en dos ocasiones. Esta estrategia no es nueva. Permitió a Castro en 1976 mantenerse en el poder y fue una de las principales garantías con las que contaba el ecuatoriano Rafael Correa tras la aprobación de una nueva constitución en 2008.

Bolivia está en riesgo. Hoy los militares están exentos de cualquier responsabilidad penal gracias a un decreto del gobierno que, en la práctica, podría justificar asesinatos en nombre de la estabilidad institucional. Bolivia tiene una presidenta que hace años se refirió a las tradiciones indígenas como “ritos satánicos” y que, a su entrada en el gobierno, lo único que pudo hacer es levantar una Biblia al más puro estilo de los conquistadores del siglo XVI.

Se puede estar en desacuerdo con los bolivarianos y su modelo político-económico. Se puede estar en contra de los conservadores y su visión del mundo. Se puede disentir en general de los políticos, pero no se puede negar que en Bolivia hubo un golpe de Estado. Cuando el Estado utiliza su propia fuerza para quitarse la cabeza, no hay manera de decir que aquello no es un golpe de Estado. Le pese a quien le pese.

El poder para los dirigentes como el fuego del refrán: ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

De vuelta al inicio: la inseguridad y AMLO

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En menos de un año de la toma de protesta del presidente, hay cosas que han cambiado y otras que no. Lo que ha cambado, por ejemplo, es que la agenda se dicta todos los días de 7:00am a 9:00am. Ahora, algunos de los ministros clave duran meses y que, cuando Estados Unidos quiere, nos manda llamar directo a Washington para negociar que no nos aumenten los aranceles. Pero hay un tema que parecía que había cambiado, pero no: la inseguridad.

La percepción de inseguridad en el país sigue creciendo y eventos como los de hace unas semanas en Culiacán o el más reciente atentado contra miembros de la familia LeBarón, le ponen la tarea más difícil al presidente para intentar encontrar un argumento que le dé salida o buscar entre sus “otros datos” y resolver el tema desde Palacio Nacional. Mal le salió el tiro a Andrés Manuel cuando dijo que, en aras de proteger la vida y la seguridad de la gente, liberaba a Ovidio Guzmán, pues al poco tiempo le aparecieron, por ejemplo, narcomantas en Monterrey.

La cuestión es que estos son los hechos que trascienden en la prensa nacional (e incluso en la internacional), pero que se sumen a la larga lista de páginas y páginas de periódicos de nota roja que diariamente publican incidentes como estos; portadas que nos recuerdan que, una vez más, la relativa calma y los tiempos de paz que se vivieron hace unos años desgraciadamente se acercan a su fin.

Hay que recordar que desde principios de año los síntomas se veían venir. ¿Hace cuánto fue que Jorge Ramos confrontó al presidente en una de sus mañaneras y le demostró que ambos tenían los mismos datos? Esos números demostraban que el número de homicidios era superior si se comparaba con los inicios de otras administraciones. Hoy más que nunca recordamos con nostalgia que el lema contra la inseguridad era “abrazos, no balazos” y vemos como la estrategia de seguridad se tradujo en la creación de una Guardia Nacional, cuyo actual mando inmediato es de corte militar.

Habrá quien piense (y espero sea producto de la desesperación) que el presidente debería aceptar el apoyo que ofrece Donald Trump desde la Casa Blanca, pero esto sólo confirmaría que se está volviendo al principio. ¿Les suena la operación “Rápido y Furioso”? La intención era la cooperación entre el gobierno de México y EEUU para frenar al crimen organizado en el país y el resultado fue que se empeoró la situación. No es un secreto que el armamento que utilizan los grandes carteles de la droga es de origen estadounidense y que esto fue producto de la negligencia de ambas administraciones.

Es muy fácil hacer críticas contra el gobierno, lo reconozco. Es fácil escribir estas líneas e intentar desahogarse ante la situación de incertidumbre que se vive en el país y que tiene a las familias viviendo con miedo. Más que hacer reclamos, ahora más que nunca deseo que las cosas le salgan bien al presidente. Si su estrategia de seguridad le llegara a funcionar igual de bien que su logro de convertir a un partido recién fundado en la fuerza hegemónica de un país, entonces puede que haya algo de esperanza. 

Las calles serán siempre nuestras: protestas 2019

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Hoy en día se sigue recordando el año ’68 en todo el mundo. Los estudiantes salieron a las calles y se adueñaron de todo tipo de espacios, tanto que los medios de comunicación no pudieron hacer nada para silenciarlos. Los reclamos en contra del sistema y el reconocimiento de los derechos fundamentales fueron las banderas que encabezaron las protestas en aquél entonces y, aunque no de la misma manera o con la misma intención, podría decirse que la ola de protestas que existe en la actualidad tiene que ver un poco con ambas cosas: reclamos al sistema y protección de derechos fundamentales.

Puerto Rico, Haití, Ecuador, Chile, Venezuela, Bolivia, Honduras; Líbano, Siria, Cataluña, Hong Kong; todos unidos por los episodios de protestas. El mundo hoy vive en la inmediatez y en la época de la información. Con convocatorias hechas por Twitter, Telegram, WhatsApp o aplicaciones (como la de Tsunami Democràtic en el conflicto catalán), es mucho más difícil que las versiones que salen del gobierno o de la prensa sean asumidas como verdades absolutas y probablemente por ello los movimientos actuales logran penetrar más rápido en la sociedad, algo que supone una enorme ventaja en favor de los manifestantes de ahora en comparación con sus similares ’68.

Normalmente los estudiantes universitarios son los que suelen participar más activamente en una protesta, esto porque se piensa que son los que ya sea por cuestiones ideológicas o nivel de politización son más afines a manifestarse contra aquello que les genera rechazo. Sin embargo, ahora también existe un importante número de preuniversitarios que se suman a las convocatorias. Un ejemplo muy claro tuvo lugar en las manifestaciones de Hong Kong, donde el ausentismo en colegios a nivel secundaria llegó a ser tema en las noticias, lo que pone en entredicho que los manifestantes siempre tienen una carga política importante.

Como todo, es normal que existan grupos que aprovechen los disturbios para vandalizar y después esconderse entre la gente. También habrá quienes verdaderamente salgan con la intención de causar daño, es cierto, pero siempre son los menos. Todo aquél que cometa una agresión, traiga uniforme o no, debe ser tratado por igual y condenado conforme a lo que corresponda. Una agresión nunca podrá ser pretexto para alegar la defensa de un derecho ni mucho menos como parte de un reclamo.

Sea por un legítimo reclamo, por curiosidad, por moda o por el simple hecho de vivir la euforia que se respira ahí, lo cierto es que cada vez se va perdiendo el estigma y salir a la calle y pedir al gobierno que se ciña a hacer su tarea está cada vez menos estigmatizado. Si no, ahí está el video de los manifestantes libaneses que cantan el Baby Shark al niño que le dijo a su mamá que estaba asustado, o si no, ahí están también las jornadas de protesta por la mañana en Puerto Rico que se hacían con clases de baile y de yoga en medio de la calle.

“Las calles serán siempre nuestras”, dicen los manifestantes independentistas mientras marchan por las avenidas de Barcelona. ¿Será que alguna vez fueron de alguien más? No lo creo y qué bueno que no. 

Dos servicios, un camino: el taxi

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La vialidad de cualquier ciudad es un tema de importancia. Independientemente de si uno vive en la ciudad o va de paso, ubicarse puede convertirse en todo un dilema. La solución rápida sería que alguien nos lleve, nos olvidemos un rato del estrés y lleguemos a nuestro destino sin ningún tipo de apuro. Hasta hace unos años, los taxis eran la opción preferida de la gente que, desembolsando una cantidad mayor, buscaban viajar de manera más cómoda y rápida hacia su destino. Pero, como todo, al haber una oportunidad hubo varios que se apuntaron para aprovecharla.

El bloqueo que duró poco más de nueve horas en la CDMX es el mismo tipo de bloqueos que se produce en todas partes del mundo cuando de la regulación de las plataformas digitales de trata. La historia es la misma: los taxistas ven en las aplicaciones tipo Uber y Cabify un competidor desleal que les roba la clientela y afecta directamente a su trabajo, mientras que los usuarios ven con buenos ojos que las plataformas se escudan en que ellos ofrecen un servicio de mayor calidad y que satisface más necesidades que las del taxista común.

Y los contraargumentos son los mismos: los taxistas dicen que las plataformas deberían ser reguladas para competir al parejo que ellos y en respuesta obtienen un “hay que buscar la coexistencia entre ambos servicios”, con lo que las plataformas buscan evitar a toda costa gravámenes que supondrían un ajuste en sus precios y por ende pérdidas en términos de clientela.

Las soluciones propuestas también suelen ser las mismas: para los taxistas, ajustes en su modernización y cumplimiento de demandas en regular a las plataformas, lo que permite a éstas continuar con esa “coexistencia” y mantenerse activas en el mercado, pero que les obligan a focalizar su ventaja comparativa en temas de seguridad y comodidad al momento de viajar, algo que es un verdadero reto.

Y justo así fue lo que se acordó desde la Subsecretaría de Gobernación: los taxistas contarán con una aplicación que será desarrollada por el Estado y que estaría disponible a finales de este mismo año. De esta amera, el tema de la inmediatez en el servicio quedaría cubierto, pero falta esperar cuáles son las otras características que contemplaría. Por el poco plazo que hay para desarrollarla, algo me dice que no estará tan completa, pero es preferible dejarse sorprender.

¿Y así de fácil? Pues pareciera ser que sí, pero ¿no será que se está queriendo tapar el sol con un dedo? Hay otros temas pendientes y que son vitales para hacer un buen pronóstico de hasta qué punto la nueva app y los incrementos en tarifas de las plataformas (porque diría que es prácticamente un hecho que sucederá) pueden equilibrar la balanza en favor de los taxistas. ¿Qué va a pasar con los taxímetros? ¿Cómo se calcularán las tarifas? Si no bajo la app ¿entonces mi viaje en taxi va a ser igual que siempre? Si sí, ¿entonces cuál es la diferencia? Estas y más son algunas de las preguntas que quedan pendientes de resolver.

Al final, la uberización del taxi terminará siendo la respuesta, pero algo me dice que las tradiciones no se van a perder del todo. “No, joven, ‘ora sí que nomás lo que me marca aquí en la aplicación. Mire. Yo no tengo cómo moverle”

¿Cómo se atreven?: Greta Thunberg

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Mucho se ha comentado esta semana sobre la intervención de Greta Thunberg en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas. Justo después de su discurso, las críticas se acentuaron y los elogios se vieron diluidos entre tanto cuestionamiento. ¿A qué se debe este cambio?

La activista Greta Thunberg cuenta con una serie de premios y reconocimientos de entre los cuales figura incluso un doctorado honoris causa. Thunberg, que comenzó sus protestas en favor de la acción contra el cambio climático hace un año frente a su escuela, se volvió todavía más famosa al aceptar la invitación de las Naciones Unidas para participar en la Cumbre de 2019, realizando un viaje transatlántico en velero y que tardó dos semanas. 

A su llegada en EEUU fue recibida con mucho cariño y ha atendido a los medios de comunicación en múltiples ocasiones e incluso fue a un talkshow al más puro estilo de las celebridades. En sus intervenciones siempre anteponía la causa y agradecía a todos los participantes. En la protesta global del pasado viernes 20 de septiembre, Thunberg se planteó no hablar en público y trató de pasar desapercibida, lo que obviamente resultó imposible. 

Si hasta ahora había sabido mantener su imagen distanciada de las críticas, ¿por qué pareciera ser como si hubiera más gente que cuestiona su legitimidad como activista? Por un descuido en su comunicación y una negligencia de los medios.

Al inicio de su discurso, alude a situaciones netamente personales que contrasta con todo lo que venía haciendo. Y peor aún: tuvo la mala fortuna de que este fuera el clip que los medios decidieron hacer viral. “No debería estar aquí. Debería estar en la escuela al otro lado del océano […] (los políticos) se robaron mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías”.

Mi generación (millennials) y los centennials creemos en el activismo. Creemos en las causas justas y en que nuestras acciones tienen un impacto multiplicador, lo cual es muy positivo, por supuesto, pero también nos gusta la gratificación y el reconocimiento.

Algunos de los movimientos sociales y revoluciones más importantes del siglo XX tuvieron a un único líder a la cabeza: Gandhi, Martin Luther King, Fidel Castro. Desde la imagen del líder se desprendía todo el movimiento. Al líder no se le cuestionaba nada, se le mitificaba y sólo se le seguía. Todo esto suena muy “viejo” y la modernidad y el siglo XXI no son así. ¿Quién es la líder del movimiento #MeToo? ¿Quién lidera la defensa de los derechos de la comunidad LGBT? ¿Y qué hay de los derechos de los animales y el veganismo? Todo colectivos, todo grupos; ninguno con liderazgos unipersonales.

Quienes (muy pobremente, cabe recalcar) critican a Thunberg, lo hacen aludiendo a que tiene privilegios por ser una chica blanca, originaria de un país desarrollado e hija de artistas bohemios. Intentan minimizar sus logros mostrando una imagen de ella en un tren comiendo alimentos empacados en plástico o llamándola “un producto del ecocapitalismo y las corporaciones” que “amenaza la diversidad e invisibiliza las acciones de los verdaderos activistas”.

¿Y si nos olvidamos de lo personal y regresamos a lo verdaderamente importante? La lucha contra el cambio climático es un tema que gracias a ella se instalando en las agendas de los partidos políticos a nivel mundial. Qué más da si es sueca, japonesa o mexicana. Qué más da si tiene 16, 30 o 50 años. Yo prefiero verla como alguien que inspira a millones, que mueve la consciencia del mundo y que demuestra que el activismo transversal.

“La gente está sufriendo. La gente está muriendo. Ecosistemas completos están colapsando. Estamos al comienzo de una extinción masiva y de lo único que pueden hablar es del dinero y cuentos de hadas de eterno crecimiento económico. ¡Cómo se atreven!”. Esto es lo que hay que escuchar.