Hacia la recta final: Trump

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Hoy se debería haber celebrado el segundo de tres debates presidenciales de cara a las elecciones de Estados Unidos, pero tras el anuncio de que el presidente contrajo COVID-19 y que se negara tanto a hacerlo de manera virtual como a presentar pruebas que avalaran su estado de salud, como sabemos, esta pelea únicamente tendrá dos episodios antes de su batalla final en las urnas.

Estos últimos días han sido muy llamativos en términos de la comunicación del presidente. Es verdad que Trump siempre ha manejado un estilo provocador, altanero e impulsivo, pero los tweets, los videos y las declaraciones sobre su tratamiento rayan sido incluso en lo exagerado para lo que nos tiene acostumbrados

Desde presentarse al más puro estilo Avenger llegando en helicóptero y haciendo un saludo militar o bien ofreciendo tratamientos gratuitos y sin costo a todo el país, el equipo de comunicación de Trump está haciendo algo que semánticamente suena imposible: quieren que el presidente vuelva a ser un outsider. 

Hay una máxima en política que, aunque no le guste, también aplica para Trump: todo partido o político en el gobierno sufre desgaste una vez toca poder. La tarea titánica de los asesores es esconder los 1634 días que hoy lleva el presidente en el cargo y revivir el espíritu de 2016.

Hay varios indicios de lo anterior, pero uno que quizá pasa desapercibido es el regreso del eslogan Make America Great Again en lugar del olvidado Keep America Great que se había planteado tiempo atrás. El primero recuerda al triunfo de 2016 y el segundo hubiera sido un excelente eslogan si la gestión hubiera sido medianamente positiva o si no estuviera experimentando algún tipo de escándalo. Y justo aquí está la clave.

Otro ejemplo es buscar revivir la actitud de self-made businessman que había medianamente abandonado al tomar una actitud más de gestión a lo largo de la campaña. Basta con recordar que hace algunos meses uno de los primeros videos de la campaña hablaban sobre datos de gobierno y avances en la administración; video donde nuestro presidente hizo, por decirlo así, un “cameo”.

Presentarse como un hombre fuerte ha sido la línea luego de la evidente imagen de dificultad respiratoria de hace unas semanas y ha dado para todo tipo de ideas, incluso la de que el día de su regreso a la Casa Blanca, ante las cámaras, Trump abriera su camisa y debajo llevara una camiseta con el emblema de Superman. Afortunadamente fue desechada.

Trump y su equipo quieren evitar a toda costa que se le asocie con la palabra “continuidad”, pero el detalle es que no hay un rumbo claro. Están dejando que Trump hable fuerte, que sea imprudente, que provoque y que moleste y parece ser que la cosa no pinta para que el presidente siga cuatro años más. ¿Será que al interior del partido están dejándolo que Trump se hunda en su propio fango? 

¿La mejor democracia del mundo?

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Las portadas de los periódicos de todo el mundo comparten una opinión similar sobre el primer encuentro entre los candidatos Joe Biden y Donald Trump: ha sido el peor debate de la historia. Tan malo fue que lo califican de “broma”, “desastre”, “humillante” y hasta “mierda”. Una emisión que podría ser preferible dejar en el olvido, pero que pone en evidencia una verdad incómoda sobre la transfiguración que ha vivido la política.

¿Qué pasó para que los políticos dejaran de proponer planes de gobierno y ahora se dediquen a insultarse los unos a los otros? ¿En qué momento dejaron de importar las ideas de fondo y se pensó que era una buena idea que, en lugar de tener apoyos, los candidatos sólo fueran “populares”?

Quizá la respuesta es que esta situación es producto de una paradoja. Por un lado, existe una sociedad que está harta de los políticos, de la política y que pidió nuevas formas y a outsiders con la esperanza que se cumplieran sus necesidades, pero que ante los malos resultados que estos puedan dar, se sienten desencantados porque la alternativa entonces es lo que ya se tenía antes.

Justo esto es lo que le está viviendo el electorado estadounidense. Vio en Trump la respuesta a una necesidad de “ya no más políticos”, pero ignoró el hecho de que el empresario, una vez dentro del Despacho Oval, ya no iba a ser más “un empresario” y se institucionaría. Ahora que los malos resultados de la gestión de la pandemia son palpables, con un poco de tristeza o nostalgia voltean a ver a los políticos tradicionales y esto hace que haya que plantearse una disyuntiva nociva: o quedarse con los que vinieron “desde fuera” pero que no dieron resultados, o volver al modelo de antes que tampoco cumplía. En pocas palabras, elegir el menos peor.

Es cierto que un candidato que conecta bien con la sociedad y se comunica en un lenguaje sencillo suele conseguir más apoyos, pero ésta es tan sólo una estrategia de tantas y en ningún momento agota todas las instancias. La llamada “mejor democracia del mundo” está viviendo su peor periodo de desgaste en lo que va de la historia moderna y es evidente que llega muy débil a estos tiempos de incertidumbre. Los estadounidenses están pagando el precio de diluir tanto la retórica política y de decidir su voto de la misma manera en la que lo harían si tuvieran que decidir entre comprar un producto u otro o entre ver una película u otra.

Si se sigue creyendo que un político sólo por ser popular está capacitado para ganar una elección, entonces esta situación continuará, porque cuando lleguen al gobierno y no sepan hacer el trabajo y su única salida sea pedir a los asesores soluciones para mantener el índice de aprobación, las cosas terminarán tan mal que nos llevarán al mismo punto de partida. 

Lo que están sintiendo los estadounidenses después de ver a un Trump autoritario, imprudente e indecente, y a un Biden sumiso, con poco temple y que no soporta la tensión, está muy bien representado por un video de The Daily Show narrado por Steve Buscemi. Para mí, el título del video es lo que justificará el triunfo demócrata dentro de unas semanas: “Joe Biden: acceptable under the circumstances“.

Así se siente el poder

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Finalizada (parcialmente) la novela del avión presidencial, ahora los esfuerzos del presidente por continuar con su protagonismo se vuelcan sobre la consulta para el juicio a expresidentes; tema que muchos expertos han comentado que tiene tintes anticonstitucionales, que seguramente será archivado y que a todas luces se trata de un show mediático más.

Lejos queda aquel Andrés Manuel que hablaba de amnistía, de que no habría persecuciones políticas y que con la nueva etapa de transformación del país había que dejar de lado los viejos agravios. Hoy, el presidente hace uso de su autoridad para ir directamente contra sus predecesores en vista de que la estrategia de hacerlo a través de la vía ciudadana no tuvo el éxito esperado.

Quienes aún se siguen sorprendiendo de que el presidente se tome este tipo de atribuciones seguramente no tienen presente que este tipo de prácticas eran habituales cuando el partido en el poder contaba con el respaldo de ambas cámaras en el Legislativo. ¿O cómo habrá hecho el PRI para invalidar candidaturas de opositores en 1976 y avalar que López Portillo se presentara como candidato único a la presidencia?

Hay que recordar que la relación entre los ahora principales partidos de oposición (PAN y PRI), a pesar de que en papel siempre ha sido de adversarios, también ha tenido episodios de aparente complicidad. Ejemplo de esto fue el respaldo panista en favor de la quema de los paquetes electorales de la controvertida elección presidencial de 1988. Azules y tricolores saben que, si sumaran esfuerzos, matemáticamente podrían competirle de tú a tú a los morenistas, pero también saben que de hacerlo revivirían el discurso del “PRIAN”, dándole la razón a Andrés Manuel.

Del recurso interpuesto por el presidente existen dos vertientes y en ambas las tiene de ganar. Si la consulta fuera declarada constitucional, podría decirse que su discusión en las Cámaras sería un mero trámite para que fuera aprobada y, de realizarse, está muy claro que el éxito sería rotundo. Lo interesante viene en caso de que el documento sea desechado.

En este supuesto, si bien únicamente pasaría a ser archivado (como bien apuntó Ricardo Monreal), esto no significa que Andrés Manuel haya perdido. Si la consulta no se lleva a cabo, entonces pedirá a los mexicanos que ellos sean los jueces en el otro mecanismo de consulta que tienen todas las democracias del mundo: las elecciones.

Aunque “el juicio” no sería directamente contra los expresidentes, sí sería contra los partidos que los llevaron al poder. La jugada de Andrés Manuel es emular la estrategia de 2018: desincentivar el voto conservador y aumentar la participación general. Un ejemplo muy claro es el caso de Tabasco y Guanajuato. Mientras que en Tabasco hubo un 71% de participación y un 80% de voto en favor de AMLO, en Guanajuato la participación fue del 53% con un 40% de votos en favor de Ricardo Anaya.

Así se siente el poder en este país. Hay poder político y hay poder moral. ¿O a poco creen que eso de decir un viva por “el amor al prójimo” no es una forma de ejercerlo?

El presidente no es el gobierno

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Escuchar el discurso con motivo del Segundo Informe de Gobierno del presidente fue extraño. El presidente abrió y cerró fuerte con el tema de la corrupción (como era de esperarse), pasó por los temas de la austeridad, los efectos y futuras soluciones para la pandemia; habló sobre los apoyos a comunidades indígenas, jóvenes y campesinos, la economía y la seguridad. En esencia, cubrió todo, pero había algo que no cuadraba.

¿Y por qué? Porque el enfoque con el que se abordaron los temas siguió siendo desde la óptica triunfalista del proyecto de nación de AMLO y porque se sigue priorizando el abordaje de los temas desde una postura que le favorece, pero que no es necesariamente la realidad que viven los mexicanos. En pocas palabras, porque choca escuchar que el presidente dice que todo va bien cuando, si miramos a nuestro alrededor, vemos que la cosa no va así. Y si las cosas no van bien, ¿por qué su popularidad se mantiene por encima del 50%? Aquí está el tema.

La respuesta es que hay dos elementos que juegan en esta historia: uno es Andrés Manuel y otro es el gobierno. Por ejemplo, cuando lo oímos decir que el gobierno no será recordado por corrupto, lo que verdaderamente se intenta hacer es asociar su la historia personal del presidente con la manera en que él dirige la administración. Andrés Manuel sabe que los mexicanos estamos acostumbrados a pensar que el presidente es quien tiene la última palabra en todo, pero si esto fuera así, ¿dónde quedarían los gobernadores, legisladores, jueces, tribunales y otras autoridades locales?

La popularidad que tenga o no el presidente no debería ser indicativo del desempeño de la administración, pero tendemos a creer que es así. Si bien la loza que ahora carga Morena producto de los videoescándalos protagonizados por David León y Pío López Obrador es grande, la realidad es que una cosa es lo que haga o dejen de hacer los morenistas y otra lo que él haga directamente.

Por supuesto que sería ingenuo suponer que los “apoyos en efectivo” sólo fueron una acción estratégica en exclusiva para la campaña de 2015 y que no se repitió en 2018, pero como dicen por ahí, “alienación que gana, repite”. Eso sí, mientras no haya evidencia de que esto también tuvo lugar en campaña presidencial y que él participara directamente, todo queda en el terreno de las sospechas.

El presidente podrá asegurar que México cuenta con el mejor gobierno en tiempos tan malos como los que estamos viviendo y que ya no hay funcionarios corruptos como García Luna, pero hasta que el relato no sea congruente entre ambas partes (persona y gobierno), de poco le sirve afirmarlo. Pretender que con base de imposiciones discursivas las cosas a nivel administrativo serán diferentes es casi como creer que uno se puede ganar la lotería sin comprar boletos.

Por cierto, ¿ya compraron su cachito para la rifa/no rifa del avión/no avión? No cabe duda que la congruencia es una virtud.

La carrera por el 2021

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La línea de arranque está definida. El INE anunció que el 7 de septiembre comienza de manera oficial el periodo de precampañas y los partidos ya están listos para la competencia. El botín: quince gubernaturas (con sus respectivas alcaldías y diputaciones locales) y los 500 curules de la Cámara de Diputados.

Al igual que en 2018, la pregunta no es si Morena ganará o no la elección, sino cómo y qué de lo que está en juego. Aunque es temprano para tener certezas, todo indica que los morenistas se van a servir con la cuchara grande el año que viene. Hay ya quienes se aventuran a afirmar que los de Andrés Manuel se llevarán todas las gubernaturas y que es un hecho se refrendará la mayoría en la Cámara de Diputados, pero no todo está ganado.

La cercanía con la 4T y la imagen del presidente no son necesariamente garantía de triunfo en 2021. Es verdad que los de Morena parece ser que tienen el camino ablandado gracias a AMLO, pero hay que recordar que en el terreno de lo local hay muchas otras variables que definen la opinión pública.

Uno de los casos más emblemáticos es Nuevo León. Aunque en las presidenciales la mayoría votó por Andrés Manuel, Ricardo Anaya se quedó muy cerca de pintar el estado de azul, por lo que la cercanía que la candidata (porque ya sabemos que será una mujer) tenga o no con el presidente será muy importante para el resultado.

Algo similar podría ocurrir en Baja California, pues el desgaste que sufrió la marca Morena gracias a la controvertida “Ley Bonilla” muy seguramente cobrará renta. Hay que recordar que el presidente muy hábilmente se deslindó del caso al delegar toda la responsabilidad a la directiva local y que envió a Olga Sánchez Cordero a recibir los golpes.

Las elecciones 2021, las más grandes (y posiblemente las más caras) de la historia del país, no pueden pensarse sólo en términos de aprobación o no a Andrés Manuel. Mientras la oposición siga atacando la imagen del mandatario, poco podrá hacer para frenar la avanzada morenista en el territorio nacional. Sí, desde Palacio Nacional se buscará influir en la campaña, pero finalmente la decisión será pensada en clave local, y para ello, habrá que pensar en local: gestión y candidaturas cercanas a la gente.

¿Y cómo van lograr eso? Porque se viene una intensa campaña digital. Redes sociales, medios digitales, videoconferencias, cadenas de mensajes; los candidatos tendrán que llegar a nuestras casas y el canal más directo que tienen para hacerlo es a través de nuestros teléfonos. Si el COVID no dispone otra cosa, la clave pasará por dominar el espacio digital. Atrás quedaron los grandes actos de campaña, los mítines y la típica foto del candidato subido en una tarima, hablándole a la gente y esperando los aplausos.

Sí, desde Palacio Nacional habrá influencia en la campaña, pero que no se nos olvide que la decisión final la tomamos nosotros. ¿Quiénes estarán más preparados? Muy pronto lo sabremos. Será cuestión de abrir Instagram para darnos cuenta.

¿Green card para TikTok?

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Vetar TikTok en Estados Unidos, la aplicación que en el primer trimestre de este atípico año fue la más exitosa con más de 315 millones de descargas, es una decisión que no se toma todos los días. El presidente, que se juega la reelección en escasos tres meses (y que los encuestadores cada vez lo dejan de poner como favorito), toma una jugada muy arriesgada y vuelve a imponer su poder político para buscar su propio interés personal.

El mercado de Internet ha sido de tradicional dominio estadounidense, pero siempre ha existido una rivalidad con otros servicios que, casualmente, son de origen chino. La carrera por las tecnologías se disputa entre estos dos países y el veto a TikTok no sería extraño si se toma en cuenta el caso de Huawei.

Compañías estadounidenses son las prácticamente conforman el statu quo del mundo del Internet: Alphabet Inc. (Google y YouTube) Facebook Inc. (Facebook, Instagram, WhatsApp), Amazon, Twitter, Netflix; la manera en que interactuamos, lo que compramos y lo que vemos está controlado por empresas que se sujetan a la ley de Estados Unidos. Y de repente, aparece ByteDance con TIkTok desde China y roba un espacio importante a los gigantes norteamericanos, argumentando que se pone en peligro la seguridad nacional, pues la información obtenida quedaría en manos del gobierno chino y ello supone un riesgo.

Es verdad que los tiktokers no se han portado muy bien con Trump. El penoso episodio vivido en Oklahoma no dejó para nada contento a los republicanos, y mucho menos que después tuvieran que cancelar mítines en New Hampshire por miedo a que se repitiera. Además, el público base de esta aplicación siguen siendo los jóvenes, nicho tradicional de los demócratas, pero donde también hay un grupo importante de simpatizantes de la alt-right que los estrategas están sabiendo identificar.

Al más puro estilo clásico, Trump tiene una guerra en dos frentes. Por un lado, el de mantener el monopolio en Internet e impedir que China se suba como competidor a la tecnología, y por el otro, la contienda electoral. En la primera de ellas tiene total injerencia y no por nada Microsoft es quien lanzó una oferta a ByteDance. De aceptarse, TikTok cambiaría de nacionalidad y podría estar sujeta a la regulación de EEUU, por tanto, a los intereses de Trump. 

Aunque las negociaciones entre ByteDance y Microsoft continúan para que TikTok ya tenga su green card, por lo pronto ayer se lanzó la primer ofensiva con Instagram Reels o “el TikTok de Instagram”. El mensaje es claro para los chinos: si no te nos unes y nos dejas usarte como queramos, entonces ya tienes un gigante contra quién competir. Por lo pronto, el plazo de 45 días está corriendo y seguramente buscarán extenderlo al máximo antes de tomar cualquier decisión.

¿Habrá quien piense que esto aquí no pasa? ¿O será pura casualidad que en redes ya siempre nos salen ciertas personalidades que aspiran a la gubernatura de Nuevo León, por ejemplo? Cuando bajas una aplicación y no te cuesta ni un peso utilizarla, por si aún no lo sabías, el producto eres tú.

Viaje redondo: el avión está de vuelta

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Comprado durante la gestión de Felipe Calderón y usado por Enrique Peña Nieto, ayer por la tarde pisó nuevamente suelo mexicano el Boing 787 más famoso: el José María Morelos y Pavón; el “avión presidencial”, ese que no lo tiene ni Obama y que tampoco lo tiene (ni lo quiso) el amigo Trump.

De acuerdo con el presidente, el avión está de vuelta pues ya hay un comprador interesado. La oferta de 120 millones de pesos (poco más de la mitad de lo que costó) incluso ya está medianamente blindada por un anticipo. Aseguró que las negociaciones van por muy buen camino y que se están terminando revisar detalles técnicos para concretizar la venta. Se habla de que, incluso si se cayera la venta, existen dos ofertas más.

El próximo lunes el presidente ofrecerá una conferencia de prensa donde hablará (una vez más) de los lujos de la aeronave y, quizá, detalles sobre esta posible venta definitiva. Pero si él mismo dijo que no había problema con que fuera entregado en México o en EEUU, entonces ¿por qué traerlo de vuelta al país?

La pregunta puede tener tantas respuestas como uno pueda imaginar. Hay que recordar que mantener el avión en EEUU ha costado ya decenas de millones de pesos entre inspecciones, mantenimiento, vigilancia y resguardo. Tenerlo al hangar presidencial y que su custodia la realice ejército no es precisamente gratis, pero al menos (se presume) que el gasto es menor. Y si siempre fue así, ¿por qué se fue en primer lugar? ¿Por qué traerlo de vuelta hasta ahora?

El avión dejó de ser un bien desde hace mucho y se convirtió en un símbolo. El presidente fue el principal artífice de ello y lo sigue utilizando como tal. Para la contienda de 2018, el avión le fue muy útil como mecanismo para dar congruencia a su relato de austeridad y lo acercó a la gente, algo que nuestro mandatario prioriza sobre cualquier otra cosa. Y si la fórmula funcionó, ¿por qué cambiarla?

Hay quien sostiene que el retorno del avión es una cortina de humo para tapar la mala situación en la que se encuentra nuestro país por la pandemia (más de 40 mil muertes) o contrarrestar el escándalo de los diputados morenistas y petistas luego de que Porfirio Muñoz Ledo los llamara “golpistas” por intentar boicotear la elección de los nuevos consejeros del INE. Quizá el efecto colateral pueda ser este, pero hay que recordar que si Morena tiene la fuerza electoral que tiene es gracias a su líder.

Si AMLO recupera los niveles de aprobación de hace un año, garantiza que la maquinaria volverá a dar resultados tan amplios como en 2018. Qué mejor oportunidad para hacerlo cuando se está a un año de que la mitad del país se renueve y, una vez más, crecer políticamente en tiempos de elecciones.

Si el avión es el símbolo del derroche de las administraciones anteriores y su salida del país marcó “el inicio del fin de la corrupción”, ¿entonces su sobrevuelo y su regreso son un augurio de que algo más está por venir? Habrá que esperar.

Cuando las cosas se hacen bien: AMLO en EEUU

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No hay día que a López Obrador no se le critique por su forma de comunicar. Acostumbrados a su ritmo pausado en las mañaneras y por el uso de expresiones coloquiales (a veces displicentes), el discurso de ayer en el marco de su visita a Estados Unidos fue, en todo sentido de la palabra, extraordinario.

El discurso del presidente logró empatar lo barroco de la diplomacia mexicana con su relato de austeridad y nostalgia por la historia. Fue elocuente, incisivo y convincente. Envió un mensaje de equidistancia de fuerzas entre ambos países y puso en baluarte los activos de México para el fortalecimiento de la economía de la región. En pocas palabras, un acierto.

Es verdad que hubo un momento de condescendencia y adulación a Trump y a su administración que sonaron fuera de lugar, pero AMLO también supo manejar la tribuna y el espacio donde se encontraba. Por supuesto que es exagerado decir que México ha recibido comprensión y respeto por parte de Trump y que ha sido gentil con nuestro país, pero la firme sentencia de que “hay agravios que no se olvidan” resonó con fuerza.

Más allá del clásico juego de honores y de buenos deseos propios de la diplomacia, nuestro país sale fortalecido en tiempos convulsos y de mucha incertidumbre. Mucha buena vecindad, mucha amistad, mucha fraternidad, pero eso sí, cada quién viendo por lo suyo. Para uno, la reunión era crucial porque necesita frenar la estrepitosa caída del PIB y atraer inversión extranjera. Para el otro, una oportunidad de comunicar gestión y grandes triunfos con los que intenta recuperar su posición en las encuestas, pues se juega el puesto en poco tiempo.

Es verdad que son contadas las ocasiones en las que el presidente se ha involucrado en asuntos de política exterior y por ello su actitud en este encuentro sorprende aún más. El López Obrador de ayer es, sin temor a equivocarme, la mejor versión de él que hemos visto hasta ahora, y este discurso es quizá el mejor que el presidente haya dado, y vaya que le gusta hablar y escucharse a sí mismo.

A todas luces, una reunión exitosa que demostró que el servicio diplomático de nuestro país está muy bien preparado. Su comunicación fue más allá de las palabras: el viaje en vuelo comercial, las visitas a los monumentos de Juárez y Lincoln (con sus respectivas coronas de flores), y hasta el uso de una corbata conmemorativa con los diseños de todas las águilas que alguna vez han estado en el escudo nacional, son pequeños detalles que aportan congruencia y terminan por redondear la visita.

Este López Obrador es el que muchos quieren y el que otros temen, pues seguramente habrá un repunte en las encuestas de aprobación. Las cosas se pueden hacer bien, sólo hace falta que se lo propongan.

Pandemia económica

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Alcanzados los dos millones de contagiados a nivel mundial, los servicios de salud a nivel mundial se ven rebasados por el desafío que supone contener la fuerza de la pandemia. Aquellos que se decían estar más preparados entierran a sus cuerpos en fosas comunes de la misma forma que aquellos que menos tienen.

Sin afán de ser más optimista de la cuenta, considero congruente pensar que la pandemia terminará y que llegará el día en que podremos retomar nuestras actividades, salir a las calles y continuar con nuestras vidas, lo que no significa bajo ninguna base que “volveremos a la normalidad”. Los pronósticos hechos para dentro de los próximos meses y años tendrán que ajustarse y, desafortunadamente, los primeros en hacerlo son los de materia económica.

El BID da a conocer que para América Latina, la crisis supondrá una contracción de hasta un 5.5% del PIB en 2020, algo de dimensiones históricas y perfectamente comparable con eventos como la Gran Depresión. Ecuador (dolarizado) y México son los que aumentan el promedio (contracción por encima del 6% en ambos casos), seguidos de Argentina (con su propia crisis a nivel interno desde hace años) y Brasil (economía más grande de Latinoamérica).

Llamada “la región más desigual del mundo”, América Latina debe prestar especial atención a su propio futuro económico, pues los efectos post-crisis no tendrán precedente. Si bien la Gran Recesión tuvo un impacto global, los estragos de ésta se concentraron en los países desarrollados (Estados Unidos y Europa) y en menor medida en nuestra región. Inclusive en algunos casos se vivió sin efectos tangibles. A diferencia de entonces, las consecuencias económicas de la actual pandemia sí tendrán injerencia directa en nuestros países, pues la poca infraestructura y la debilidad institucional están siendo puestas a prueba y el escenario no es el más alentador.

La crisis sanitaria está consumiendo al continente y, detrás de los esfuerzos de los gobiernos, se está creando una bola de nieve. En Panamá, donde no existe una banca central, la única salida de la crisis consiste en endeudamiento. El gobierno ha tenido que pedir préstamos al FMI, BID, Banco Mundial y otros organismos internacionales, además de utilizar en casi un 80% sus reservas de ahorros para hacer frente a la crisis y ni siquiera han alcanzado el pico de contagios. Otro importante caso es el de El Salvador donde, a pesar de que comunicativamente Bukele transmite confianza y seguridad con su firmeza y las famosas medidas sociales, es el primero del mundo que podría recibir un préstamo de $400 millones de le los $50,000 millones ofertados por el FMI como “préstamos de emergencia”.

Hay que recordar que ya hace unos meses en Ecuador y Argentina se vivieron intensas protestas por el mal manejo de las administraciones en turno para ajustar sus líneas de crédito con el FMI. En el caso argentino, los compromisos contraídos estaban calculados para ser pagaderos de aquí a los próximos cien años. Colombia recientemente anunció que renovará su línea de crédito de 11,000 millones de dólares y el gobierno de Duque, que también se enfrentó a movilizaciones en la llamada “Primavera Latinoamericana”, poco a poco cava su propia tumba.

Si las administraciones no tienen el rigor suficiente para organizarse y hacer eficientes tanto los recursos con los que cuentan como los adicionales que están solicitando, el estrés de la población por vivir en cuarentena seguramente será el peor de los males de aquí a los siguientes años.

Comunicación, COVID y América Latina

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En todo el mundo, los líderes políticos han tenido que prepararse para comunicar en estos tiempos de crisis y algunos han tenido más éxito que otros. Mensajes emblemáticos como los de Macron y Trudeau han hecho eco a nivel mundial, pero no todos han tenido la misma suerte, como lo es el caso de Boris Johnson o el de Donald Trump. En América Latina, los líderes también se enfrentan al reto. Dentro de todos los casos, podría decirse que existen tres que son muy paradigmáticos: Bukele, AMLO y Bolsonaro.

Bukele, el outsider que vino a romper la política de El Savador, fue tendencia en redes por el video donde anuncia las de suspensión de pagos de servicios básicos. Es importante notar que lo hace mirando a mirando a cámara y asumiendo de manera contundente el rol de la autoridad. En un país que en 2015 se situaba entre el top 10 a nivel mundial en la escala de mayor impunidad, se entiende perfectamente que discursos donde un hombre amaga con él personalmente encarcelar a cualquiera que toque los recursos, se aplaudan.

Aunque el video es un éxito comunicativo y la estrategia del miedo siempre es muy útil, al presidente no le interesa que su imagen a nivel mundial sea la de un dictador. ¿Cómo contrarrestarla? Sencillo: haciendo uso de su faceta como joven y suavizando su imagen a través de una entrevista vía Instagram Live con Residente, el artista emblema del antiimperialismo y voz en contra del neocolonialismo estadounidense.

Continuando con los casos, ahora viene le turno de México. En este caso, lo que acontece es la mala implementación de una buena estrategia. En tiempos de crisis siempre es recomendable que los expertos sean quienes comuniquen, pues se entiende que la legitimidad de la información que presentan viene desde el ámbito científico (y no hay nada más preciso que eso). La mala implementación está, para mala fortuna del propio presidente, en él mismo.

Primero, al intentar minimizar los potenciales efectos de la crisis. Ante un escenario global de alerta, las declaraciones que iban en dirección contraria a esta instrucción trascendieron más que nunca: México era visto como el único país que tomaba a la ligera la crisis (a pesar de que los hay otros peores, como más delante abordaré).

En segunda instancia, porque AMLO es político sobreexpuesto, con gusto por los reflectores y que siempre echa mano de su liderazgo carismático para responder ante cuestionamientos. Después de llevar meses consecutivos siendo el protagonista de las portadas, estaba claro que buscaría mantenerse como el protagonista. Esto fue evidente el día que, ante un juicio directo que Obrador, la contestación del ahora afamado epidemiólogo López-Gatell fue un nervioso “más o menos”; respuesta nociva en tiempos de crisis.

No obstante, una vez la crisis se agravó, fue curioso ver que el discurso cambió, pero el principal portavoz de este mensaje no fue el presidente, sino el Subsecretario. Esto, aunque el tiempo se encargará de determinarlo, seguramente le traerá buenos réditos a largo plazo a la 4T. Pasamos del “síganse abrazando” al decreto de alerta durante todo abril. Bien por corregir la plana.

Finalmente se encuentra el modelo “Bolsonaro”: renuente, agresivo, combativo, incrédulo y egocéntrico. Los medios brasileños no paran de hacerle críticas. Su figura encarna al populismo de derecha en América Latina. Mientras el conteo no sea significativo, lo más seguro es que se mantenga así.De aumentar, muy seguramente la actitud del presidente tendrá que virar tal como sucedió en EEUU con Trump donde, lejos de admitir que hubo un mal manejo de la crisis, buscará que el culpable sea alguien ajeno al pueblo brasileño.

No debería descartarse que se replicara la frase del estilo del “virus chino” acuñada por Trump para referirse al “coronavirus”. Además, este mal manejo tampoco es nuevo en él: basta con recordar la mala gestión durante la crisis del Amazonas para entender que muy difícilmente cambiará el método.

Sea lo que sea, lo más importante es entender que cuando la gente está expectante de lo que el líder va a decir, el mensaje debe transmitir seguridad, confianza y esperanza.