Tres años antes

Comparte este artículo:

Comenzamos esta semana con otro de los videos de Ricardo Anaya, de alta producción, hablándole a México. Esta vez anuncia que rechazará ser diputado federal plurinominal por el Partido Acción Nacional para recorrer todo el país, empezando con mil municipios, escuchando a la gente de cara a la elección presidencial de 2024.

A poco más de tres años, ya tenemos al primer destapado.

Su plan de caminar por México, sus montañas y sus valles, recuerda un poco a la estrategia que usó Andrés Manuel López Obrador durante varios años para ganarse la simpatía de la gente. Fácilmente se puede confundir por ambición de poder, aunque el ex candidato presidencial lo anuncia como una fuerte necesidad de un verdadero cambio.

En la Cámara de Diputados, es probable que Anaya hubiera encabezado al Grupo Parlamentario del PAN o alguna comisión notable, pues es conocido que es una de las voces más fuertes en contra del actual gobierno de la 4T, incluso desde antes de las campañas de 2018. Famoso por los argumentos que presentaba en los debates presidenciales y las confrontaciones que tenía con López Obrador, Ricardo ha ido ganando terreno desde su reaparición pública hace meses después de dedicarse a su familia por dos años.

Es de suponerse que si eligió este camino es porque el apoyo a su candidatura existe, más aún por la notable ausencia de líderes en Acción Nacional. Este partido, que en algún momento fue el más fuerte de México, sufre de una crisis interna derivada de la triste gestión de Marko Cortés, de la ruptura de antiguos líderes y de la falta de perfiles fuertes que den la cara por la oposición mexicana.

Ahora, esta estrategia de Anaya Cortés deja ver claramente que, si bien si es posible que tenga genuino interés por el bienestar de México, es un personaje muy ambicioso. 

¿Recuerdan cuando en 2018 se impuso como candidato de su partido y como consecuencia Margarita Zavala renunció y con eso el PAN se fragmentó? Eso fue por la ambición de Ricardo. Consiguió una considerable cantidad de votos y se posicionó como un importante opositor, pero también se le recuerda por dañar a un partido con tal de poner su proyecto personal por encima de todo lo demás.

Anunciar una intención presidencial con tres años de adelanto no es nuevo, pero ya conocemos bien qué características tienen aquellos personajes que lo hacen. 

Tiene mucho tiempo para ganarse la confianza de las y los mexicanos. Pero también, en un instante sus aspiraciones prematuras se pueden venir abajo. Habrá que estar pendientes de su recorrido y quienes desde ahora suenan para ocupar Palacio Nacional el siguiente sexenio.

¿Qué opinas al respecto?

En un día se define todo

Comparte este artículo:

Empieza el 2021 y lo recibiremos platicando de las elecciones al Senado que se llevan a cabo hoy mismo, 5 de enero, en Georgia, Estados Unidos.

 Verás, estas votaciones son de suma importancia porque el resultado de hoy definirá en buena parte la presidencia de Joe Biden. ¿Por qué? Te platico.

En Noviembre pasado, como recordarás, se llevaron a cabo las elecciones generales en Estados Unidos. Además de muchísimos cargos locales, los ciudadanos eligieron a su próximo presidente y a sus representantes, y algunos estados también votaron por senadores. 

Los resultados ya los conocemos: Joe Biden es el presidente electo, y los demócratas mantuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes. Sólo falta determinar la composición del Senado en su totalidad.

Hasta el momento, el Partido Republicano tiene 50 senadores, y los demócratas 48. 98 lugares de 100, siendo los 2 restantes los que se disputan hoy. Si el partido de Donald Trump gana al menos uno de los dos lugares, mantienen su mayoría, y con eso, la capacidad de bloquear gran parte de la ambiciosa agenda que enseña Joe Biden. 

Con 51 o 52 votos es más que suficiente para que leyes o resoluciones importantes, como las de protección al medio ambiente o las de ayuda económica durante la pandemia, no pasen del piso del Senado y sean congeladas.

Si los demócratas ganan ambas carreras mañana, el Senado terminará en un 50-50. Según sus leyes, en caso de empate, el voto definitivo lo tendría la Vicepresidenta Kamala Harris, demócrata. Es por lo que en papel, el partido azul tendrá mayoría en todo el brazo legislativo del gobierno estadounidense.

Son dos carreras muy diferentes. 

Lo que sucede en Georgia es que si ningún candidato obtiene la mayoría de votos, se tiene que disputar una segunda vuelta, o runoff, como ellos le llaman. En la primera carrera, el senador David Perdue (R) enfrentó a Jon Ossoff (D). El republicano le ganó al demócrata por casi dos puntos, pero no alcanzó la mayoría, finalizando con 49.7% de los votos, y por eso es que vuelven a enfrentarse ahora.

La otra carrera es más extraña. La senadora Kelly Loeffler (R) no llegó a Washington ganando una elección. Fue designada por el gobernador del estado tras el retiro de su antecesor. En esta elección en particular no hay primarias, por lo que todos los candidatos sin importar el partido son colocados en la boleta de la elección general. De todos estos, que son más de una decena, cinco sobresalieron en las encuestas, pero Raphael Warnock (D) fue el que más votos obtuvo, el 32.9% de las preferencias. Al seguirle la senadora Loeffler, con 25.9%, ambos avanzan al runoff, mismo que se vota hoy.

Es por esto que la elección en Georgia, estado donde se encuentra Atlanta, es de gran importancia. ¿Podrán los republicanos mantener el control del Senado y así ser oposición de Biden? ¿O los demócratas obtendrán mayoría en ambas cámaras y así podrán completar su agenda?

Quedamos pendientes. Que tengan un excelente inicio de año.

El nuevo tema de conversación

Comparte este artículo:

Ha sido un año difícil y cansado. Sé que a ti, como a mí, ya te cansa escuchar del COVID-19 por todas partes. Es el único tema en los noticieros, te aparece cada dos publicaciones en redes sociales, y en la mesa con la familia todas las conversaciones terminan en lo mismo: la pandemia.

Así nos la hemos llevado ya un año completo, y es evidente que el tema seguirá presente en los meses posteriores. Sin embargo, 2021 abordará al COVID desde la esperanza y no desde el miedo, frustración y angustia.

Y es que lo que tanto esperábamos desde el inicio de esta crisis por fin llegó. Las vacunas comenzarán a ser parte fundamental de nuestras conversaciones de la vida diaria. 

Estas vacunas, tanto de Pfizer como Moderna y otros laboratorios, son enormes logros de la comunidad científica, mujeres y hombres dedicados completamente al desarrollo de una solución al gigante problema que enfrenta la humanidad. Es de admirar su incansable labor y sus efectivos resultados.

Aquí en México, el gobierno federal ya firmó contratos para adquirir 198 millones de vacunas de Pfizer, AstraZeneca y CanSino, según datos de Animal Político.

La indicación es comenzar esta misma semana con la vacunación a personal médico, inicialmente en la Ciudad de México y Coahuila. A lo largo del 2021 se inmunizará a la gran mayoría de los sectores de la población, siendo primeros los que más riesgo corren de enfermar de gravedad.

En papel todo suena ordenado y eficaz. En el campo, la situación es diferente. La logística para distribuir casi 200 millones de vacunas debe ser perfecta para cumplir con las metas establecidas. Esperemos que el gobierno realice su labor de manera correcta y se tome a esta jornada de vacunación como la más grande prioridad. No estamos para que sea tema político o sea utilizado con fines electorales. La vida de las y los mexicanos está en juego.

Países como Estados Unidos y el Reino Unido, que registran números alarmantes de contagiados, ya han iniciado con una extensa labor de inoculación a su personal médico. Comenzando con Pfizer y Moderna, las demás vacunas se irán sumando a la solución colectiva de esta pandemia.

Se ve la luz al final del túnel. Mantengamos la esperanza de que el trabajo de la comunidad médica y la comunidad científica ha valido la pena, y más temprano que tarde saldremos de esta.

¿Qué opinas?

Quiero aprovechar este espacio para agradecerte a ti, que me leíste durante el 2020, por dedicarle unos minutos de tu semana a mis columnas. Agradecimiento especial a quienes me dieron la oportunidad de colaborar en Altavoz y a quienes me dan constante retroalimentación.

A todas y todos les deseo una Felices Fiestas llenas de amor, salud, paz y alegría.

Nos leemos en 2021.

La burla hecha alianza electoral

Comparte este artículo:

La narrativa que Andrés Manuel López Obrador construyó desde hace ya muchos años, esa de la existencia de la mafia del poder, del ya famoso “PRIAN” o “PRIANRD” parecía simplemente una estrategia para dividir, un ataque sin fundamentos lógicos con el cuál el Presidente ganó mucha popularidad. Parecía nada más que un apodo a sus adversarios, algo que no podía ser tangible. Pero no. Cuesta trabajo aceptarlo, pero López Obrador, en este caso, siempre tuvo la razón. 

Cuando escribo siempre busco la imparcialidad y dar mi punto de vista desde lo objetivo, pero esta vez me cuesta trabajo esconder la ya inmensa vergüenza que me invade como ciudadano al ver en lo que se ha convertido la política mexicana.

Hace un par de meses, en un conversatorio al que fui invitado, se me preguntó sobre la posibilidad de ver realmente una alianza PRI-PAN buscando el voto en 2021. Expresé que me parecía ilógico por ambas partes. De lado del PAN, sería traicionar sus ideales (los que les quedan) al meterse a la casa del partido rival de siempre – el PAN existe directamente como oposición dura al PRI corrupto y dictador del siglo XX. Aliarse con ellos argumentando que es con el fin de salvar a México, es simplemente abandonar una política de ideales, y arropar una política de búsqueda de poder.

Por el lado del PRI, es un poco la misma historia. De ellos ya sabíamos la ambición de poder, pero aceptar una alianza pública con Acción Nacional, su contrario de toda la vida, es dejar atrás a sus militantes y a su estructura, para únicamente fortalecer el discurso del presidente. Del PRD no es sorpresa; el que alguna vez fue referente de la izquierda mexicana está a meses de desaparecer como partido político nacional, y una alianza sólo les causará más daño y división.

Eso que expresé en aquel conversatorio, al parecer está completamente equivocado.

No se vayan con la finta de que el 17% de preferencias que tiene el PAN y el 16% de preferencias que tiene el PRI van a hacer la suma perfecta. Muchas personas que jamás apoyarían al PRI son precisamente panistas, y viceversa. Esta coalición electoral que respalda al pasado no tiene al futuro de México como finalidad y objetivo.

Si bien es verdad que Morena está siendo una decepción, fallando en la mayoría de sus promesas y únicamente obedeciendo las instrucciones del Presidente, lo único que causa esta alianza opositora es fortalecer al partido oficialista.

Una elección debe dejar de ser sobre votar por el menos peor. Sabemos que panistas y priístas ya le fallaron a México en repetidas ocasiones. Por eso mismo, se le dio la oportunidad a Morena, misma que desaprovecharon y fallaron catastróficamente. Por donde se vea, ambos bandos han traicionado la confianza de la gente. 

Juntos Haremos Historia y PRIANRD, por igual, buscan solamente la victoria efímera y el poder absoluto. En sus planes no está el progreso de la nación y el bienestar de la gente que tanto necesita a un buen gobierno. Eso lo dejaron a un lado.

Nuestro futuro va más allá de elegir al que menos daño le haga a México. Depende de todas y todos construir las alternativas viables en las que dejemos las prácticas del pasado en donde deben de estar, y miremos fijamente hacia el futuro con paso firme. 

Existe, sin duda, la alternativa para ver a un México mejor. A un México justo, incluyente, limpio, estable, en progreso y en paz. Y definitivamente esa alternativa no empieza ni por quienes ahorita nos gobiernan, ni por quienes buscan regresar bajo las siglas que ya son una burla nacional: PRI, PAN y PRD.

Tomemos cada detalle en cuenta, y votemos pensando México y en nuestra gente.

Nuestra participación en donde merecemos estar

Comparte este artículo:

Siempre he pensado que el dicho “hagan política, porque si no la hacen, alguien más la hará y probablemente en contra de ustedes” es algo que todas y todos debemos de llevar muy presente. Aunque ya he hablado de esto en anteriores ocasiones, me parece que la conversación sobre “hacer política” ha recuperado fuerzas por la cercanía del proceso electoral que se avecina.

Seré claro: ya es hora de las y los jóvenes. Y no, no es pelea generacional y no buscamos acaparar todos los reflectores para nosotros. Buscamos ser escuchados: tener los espacios que nos corresponden para tener voz y tener voto en las decisiones de la vida pública de nuestras ciudades y nuestros estados.

Y esto es porque la juventud trae agenda distinta a las viejas generaciones, misma que es fundamental para el progreso de México y para la preservación de nuestro medio ambiente. El debate entre ciudadanas y ciudadanos jóvenes sería sumamente enriquecedor para la sociedad, y de esos mismos debates estoy convencido que saldrían muchas respuestas para nuestros problemas. 

Una cuarta parte de la población de México es joven, pero nuestra representación en donde se toman las decisiones es mínima. Buscamos, en estados como Quintana Roo, que la juventud tenga al menos el 25% de los espacios en los cabildos, acercándose a la realidad en cuanto a la cantidad de población joven. Básicamente una representación justa.

A lo largo de este camino buscando que escuchen nuestras voces, me he encontrado con que algunos institutos políticos se niegan rotundamente a este tipo de propuestas. Es una lástima porque esto no es tema partidista ni de quién gana con la iniciativa. Se trata de hacer lo correcto y poder conformar mejores ayuntamientos y mejores legislaturas.

Estos mismos institutos políticos tienen incluso grandes organizaciones juveniles, mismas que son traicionadas por sus dirigencias. ¿De qué sirve que formes cuadros y les destines recursos si a la hora de darles voz, en lugar de eso les das la espalda?

Yo desde acá te pido que si me lees y militas o simpatizas con algún instituto político, te asegures de que van a darte la voz que mereces, y que no se escudarán en excusas viejas y desgastadas para mantener sus influencias con los mismos de siempre, dándole la espalda a nuestra generación.

Y si me lees y no militas o no sabes por dónde empezar a participar, mantén presente el entrarle a un lugar donde te den voz y no te usen de relleno o te inviten únicamente a repartir folletos y ondear banderas. Mereces, y merecemos, que nos den las herramientas para construir una mejor sociedad. Merecemos formar parte de la toma de decisiones y merecemos ser tomados en cuenta.

Recordemos que la política es la manera más efectiva de mejorar nuestras comunidades. Si bien la política se hace en el día a día y desde las calles, tenemos que participar y hacernos notar en los ayuntamientos y los congresos. Estoy convencido que la juventud puede ser esa chispa para una verdadera evolución en México.

La semana electoral en Estados Unidos

Comparte este artículo:

El mundo miraba atento cómo se desenvolvían los conteos en Estados Unidos desde el martes hasta el sábado. Si bien a mediados del miércoles ya podíamos empezar a visualizar a un claro ganador, la incertidumbre permanecía en quienes seguían de cerca el proceso.

A las 11 de la mañana del sábado, se terminó de gestar lo ya inevitable: Joseph R. Biden era declarado ganador de la elección, convirtiéndose en presidente electo. A pesar de que el Presidente Trump no ha concedido la elección, argumentando un inexistente fraude, una gran cantidad de líderes del mundo ya han llamado a extenderle sus felicitaciones al presidente electo y a la vicepresidente electa Kamala Harris. Entre esos líderes se encuentran Emmanuel Macron, Justin Trudeau, Pedro Sánchez, por mencionar algunos.

Algunos de mis pensamientos respecto a esta semana histórica son los siguientes.

Joe Biden no llega a salvar a Estados Unidos o al mundo. Estamos viendo a un país profundamente dividido y lastimado. Trump, aún perdiendo, acumuló más de 70 millones de votos, siendo ejemplo claro de la polarización que su administración dejó.

Biden ganó de la mano de un discurso de unidad. Fue el candidato que prometió restaurar el espíritu de Estados Unidos, y de regresarle su decencia. Bajo este juramento a sus ciudadanos, deberá actuar para conciliar, para reunificar. Las divisiones no podrían ser mucho más profundas.

Los movimientos sociales y la pandemia moldearon la política de Estados Unidos. Los ciudadanos votaron por el Partido Demócrata buscando que se haga justicia y que se ponga en marcha algún plan concreto para controlar el aumento de casos en el país, que ya es de más de cien mil positivos diarios. 

La salida de Trump le hace bien al mundo. Justo esta semana Estados Unidos salía del Acuerdo de París, mismo al que Biden y Harris prometieron regresar al inicio de su administración. La cooperación de esta superpotencia es esencial para poder avanzar considerablemente en temas de protección ambiental. Es importante para todo el mundo contar con Estados Unidos en este tipo de esfuerzos.

También es un paso rumbo a gobiernos más diversos. Biden ha prometido construir el gabinete más diverso de la historia, para que se asemeje a la realidad social del país que gobernará. Además, Kamala Harris será la primera mujer, la primera persona de color y la primera descendiente de la India en ser vicepresidente de Estados Unidos.

Por fin, dejaremos de escuchar que el Presidente de nuestro principal aliado nos insulte constantemente en público. Si bien Andrés Manuel López Obrador no ha felicitado al ganador, esperamos que se pueda establecer una relación de cordialidad, cooperación y respeto.

Definitivamente no existe fraude, y te explicaré por qué.

En primera, los demócratas han invitado a sus simpatizantes a votar por correo durante meses, para minimizar el riesgo de contagio y poder agilizar su proceso de participación ciudadana. Por el otro lado, los republicanos siempre prefirieron votar el día de la elección, sin hacer uso de la opción por correo.

El conteo de los votos se hace de diferentes formas según cada estado. Por ejemplo, en Florida se contaron primero los votos por correo, razón por la cual Biden tuvo ventajas de cientos de miles de votos en ciertos puntos. Después se contaron los votos presenciales, con los que Donald Trump volteó la tendencia y se llevó los 29 votos electorales del estado.

En Pennsylvania, que fue el centro de atención de la elección, se contaron primero los votos presenciales y posteriormente los votos por correo, porque así lo decidió el Congreso de ese estado, de mayoría republicana. Por eso es que Joe Biden lentamente revirtió una desventaja de trescientos mil votos para ganar. Básicamente, al Partido Republicano le salió contraproducente la medida. 

Después, podemos recordar que en el recuento solicitado en Wisconsin en 2016, sólo hubo una variación de aproximadamente 130 votos más para Trump. Cosa que claramente no es suficiente para revertir desventajas como las que ya tiene. Si no hay pruebas sólidas e irrefutables de fraude, las cortes no podrán hacer nada por él. (Spoiler: no hay ninguna prueba concreta aún.)

Y por último: los demócratas no están teniendo un gran desempeño en las urnas. A pesar de ganar la presidencia, no lograron recuperar el Senado, que en el mejor de los casos acabará 50-50, y además perdieron muchos asientos en la Casa de Representantes. El gobierno a partir de 2021 estará aún más dividido que ahora.

Joe sabe que es un presidente de transición. Llegaría a la siguiente contienda con 81 años, por lo que se espera que sólo cumpla un término, en principio. Sin embargo, puede ser suficiente para establecer las bases de un proceso largo de unificación, de progreso y de estabilidad que, consecuentemente, impactará en México y en el mundo. 

Siete días

Comparte este artículo:

Algo curioso de la política estadounidense, es que las campañas a la presidencia duran demasiado. El presidente que busca reelección está básicamente 3 años y medio en campaña, y cualquier otro candidato debe recorrer en promedio un año y medio, desde que anuncia sus intenciones de competir, hasta el día de la elección general.

Y ya sólo faltan 7 días. De hoy en una semana estaremos siendo bombardeados (aún más) de información referente a lo que suceda en las urnas del vecino del norte. Los antecedentes no se los tengo que contar, porque ustedes ya los saben. Donald Trump y Michael Pence defienden sus cargos contra Joseph Biden y Kamala Harris. Hay quienes creen que Trump y Pence ganarán de nuevo sin mayores problemas, aunque los números indiquen lo contrario. Repasemos:

El modelo estadístico FiveThirtyEight (que es en el que yo personalmente más confío) le da un 87% de probabilidad de victoria a Joe Biden. Le da ventaja en estados clave con Pennsylvania, Florida y Carolina del Norte, así como empate técnico en Iowa y Georgia. También le da ventaja a los demócratas para mantener la Casa de Representantes y recuperar el control del Senado. Realmente todos los medios confiables (en serio, todos) le dan ventaja a Biden. Algunos más que otros pero el exvicepresidente aventaja en todos.

Otro modelo que reviso todos los días es el de The Economist. Este le da a Joe Biden un 96% de probabilidad de ganar el Colegio Electoral, y un 99.5% de probabilidad de ganar el voto popular. 

Cabe recordar que en Estados Unidos no te sirve de nada ganar el voto popular si no se gana el Colegio Electoral. 

Este sistema reparte “electores” entre todos los estados de la Unión, según el número de representantes que se tengan ante el Congreso. Por ejemplo, si Alabama tiene 7 representantes y 2 senadores, le corresponden 9 votos electorales. Y así con todos los demás. La cantidad de representantes se determina a través del censo que el gobierno realiza cada década, para asegurar que los estados tengan representaciones que se ajusten a la cantidad de gente que vive en esos estados. 

Volviendo al tema, ya sé lo que estás pensando. “Pero es que Hillary Clinton igual aventajaba a Donald Trump y mira como terminó todo”. Y sí, tienes razón. Y de hecho aún con esta desventaja Trump tiene reales posibilidades de ganar, pero te voy a contar por qué esta vez es diferente.

Primero, el promedio de ventaja que Hillary tenía sobre Trump en las encuestas era de 3 o 4 puntos, es decir, dentro del margen de error que las casas encuestadoras advierten. Al día de hoy, Joe Biden tiene 9 puntos de ventaja sobre Trump, en ocasiones sacando hasta doble dígito. Esto ya esta fuera del margen de cualquier error estadístico.

Segundo, en 2016 Hillary era quien recibía las críticas de la situación en la que se encontraba Estados Unidos, porque era la candidata del partido en el poder. Este año, el responsable es Donald Trump, y su aprobación no goza de números que lo puedan hacer sentir tranquilo respecto a su reelección.

Tercero, desde el año pasado los expertos del tema comentaban que mientras la economía estuviera bien, Trump ganaría sin problema. Con la llegada de la pandemia, la economía estadounidense colapsó. Si bien el virus no es culpa de Trump, quedó a deber con su respuesta y su última carta fuerte se desvaneció.

Cuarto, la situación social en Estados Unidos es delicada. La injusticia racial y otros grandes problemas impulsan a aquellos que normalmente no votan, a participar. De hecho, la cantidad de gente que está votando con anticipación es 10 veces mayor a la de 2016.

En pocas palabras, es muy, muy probable que 2021 comience con un nuevo inquilino en la Casa Blanca. Pero tampoco es imposible que Trump gane. Por ejemplo, por más mal que se vea en los números, sólo le bastaría ganar Florida, Pennsylvania y Wisconsin (además de todos los estados en los que mantiene ventaja) para así voltear la tendencia y quedarse con la presidencia. Difícil, sí, imposible, para nada.

Es muy interesante observar cómo se maneja la política estadounidense. No hace falta mencionar las implicaciones que los resultados del 3 de noviembre tendrán para nuestro país. Te invito a mantenerte al tanto, y si tienes alguna pregunta, no dudes en mandarme mensaje. 

El pueblo invencible

Comparte este artículo:

Se respiraba en el ambiente un miedo a que la historia se repitiera. El huracán Wilma, en octubre de 2005, marcó un antes y un después en la historia de Cancún, y de la zona norte de Quintana Roo. Yo personalmente no lo viví, pero sí la mayoría de mis amigos y toda mi familia. La devastación, el caos y la incertidumbre que ese desastre natural trajo es algo que esta gente no quiere volver a vivir jamás. 

La semana pasada, por momentos, el miedo volvió. Delta, que avanzaba directamente hacia nuestras costas, comenzaba a tomar forma de depresión tropical. Al cabo de unas horas, ya era denominada tormenta tropical. Su trayectoria seguía fija. Seguía agarrando fuerza, ahora ya era huracán categoría 1. A nuestras costas llegan tormentas tropicales continuamente, es algo que hasta cierto punto ya tenemos controlado. Pero esta vez pintaba para ser diferente. 

Huracán categoría 2. Las alertas estaban aumentando. El Gobernador ya había ordenado habilitar refugios y se daba a la tarea de informar a la población. Delta no dejaba de fortalecerse. Ni cuenta nos dimos cuando fue categoría 3, porque en cuestión de 20 minutos aumentó a categoría 4, que ya es considerado como un fenómeno potencialmente devastador. El impacto era inminente, y fue ahí donde después de 15 años la gente de Quintana Roo volvió a sentir ese miedo. 

Supermercados al tope de su capacidad. Filas de dos horas en las gasolineras. Madera para cubrir ventanas, agotada en cuestión de minutos. Varios conocidos optaron por irse de la zona. Pegaría en la madrugada, y debíamos estar listos para recibirlo.

Por algún motivo que no podría especificar porque mis conocimientos de meteorología son nulos, el huracán mientras más se acercaba a la costa de Quintana Roo, bajaba de velocidad. Originalmente esperábamos que pegara entre 11 pm del martes y 1 am del miércoles, pero en realidad tocó tierra cerca del amanecer. También perdió fuerza: bajó a categoría 3 en la tarde-noche del martes, y al momento del impacto con tierra, cerca de Punta Maroma, ya era categoría 2.

Delta nos golpeó por varias horas. Vientos fuertes desprendieron árboles del piso, derribaron una cantidad considerable de postes de electricidad y algunos otros daños que, si bien son notables, la situación pudo haber sido mucho peor. Mucho viento pero poca lluvia, lo que hizo que al salir el sol nos encontráramos con una ciudad diferente, bloqueada, apagada, pero sin inundaciones, por lo que los trabajos de recuperación fueron rápidos.

Hasta el momento de escribir esto siguen los trabajos de recuperación de espacios y vialidades, limpieza de escombros y restablecimiento de los servicios básicos. Ha sido de reconocer la labor constante del Gobernador de Quintana Roo y de los alcaldes de los municipios afectados. El Presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó desplegar 5 mil elementos de la Marina y la Guardia Nacional para agilizar la recuperación de espacios, y han sido de gran ayuda. 

Sin embargo, el verdadero agradecimiento tiene que ir para la ciudadanía. Gente de Solidaridad, Isla Mujeres, Puerto Morelos, Cozumel, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas que no se dejó vencer. En el instante en el que salió el sol las y los quintanarroenses salieron en brigadas a ayudar en lo que se pudiera. Les veías limpiando camellones, levantando árboles, donando víveres para aquellos más afectados, trabajando por salir rápidamente de este problema que sin duda no nos ganó. 

Hay regiones aún sin luz. Hay zonas que aún necesitan mucha ayuda. Hay todavía trabajo por hacer, pero es admirable lo que Quintana Roo y su gente logró. La cultura de la preparación, de estar listos al momento del impacto, de extenderle una mano a quien lo necesite y sobretodo de unirse ante la adversidad es lo que hace a Quintana Roo un pueblo invencible. Estamos saliendo de pie y de frente, como lo hemos hecho siempre. 

Un orgullo ser quintanarroense. 

El regreso del incómodo

Comparte este artículo:

En la política mexicana siempre hay de qué hablar. Siempre hay algún tema nuevo que comentar, o sorpresas inesperadas para platicar. Esta ocasión no es diferente. Hoy toca hablar sobre el regreso de Ricardo Anaya a la escena pública y lo que significa para México.

En las últimas semanas, hemos visto al excandidato presidencial muy activo en redes sociales, cosa que no se veía desde hace ya más de dos años. Nos anuncia la publicación de su nuevo libro, que es meramente una excusa para lanzar una ambiciosa campaña mediática en contra de las acciones del Presidente de México. Creo que a estas alturas las intenciones de Ricardo ya son más que evidentes, pero veamos:

Nadie puede negar que la victoria de López Obrador en las elecciones de 2018 fue contundente, y que ningún otro candidato tenía una real oportunidad de salir vencedor. Al terminar esa jornada, el excandidato de la coalición Por México al Frente, desapareció de la escena pública. Uno que otro tuit con su familia de vez en cuando, pero nada que anunciara su regreso. Hasta ahora.

Regresó para hacerle frente de manera directa al presidente. Lo acusa de megalómano, de modificar la historia a su beneficio, y de conducir al país a una crisis sin precedentes. No anuncia sus planes personales, pero sí que regresa de lleno. Y tengan por seguro que lo veremos en las elecciones del 2021.

Todo parece indicar que Anaya no se va a tomar la molestia de ser candidato o hacer campaña. No le interesa gobernar su estado, o ganar algún distrito. Lo acomodarán hasta arriba de las listas plurinominales del PAN a la Cámara de Diputados, para tener un lugar prácticamente asegurado. Desde ahí, le asignarán la coordinación de su bancada o le buscarán la presidencia de alguna comisión importante desde la cual pueda ser muy incómodo para López Obrador.

Si Morena pierde mayoría en el congreso, esta supuesta ruta de Anaya significará aún más. Desde su puesto como líder importante en San Lázaro tendrá 3 años para gestionar su nueva campaña a la Presidencia de la República, o bien alistar a alguien más. 

Anaya tiene un gran punto a favor, y un gran punto en contra. Su punto a favor es que es evidentemente uno de los más grandes opositores del Presidente. Lo confrontó sin miedo, lo acusa sin rodeos, y, según sus palabras, ofrece propuestas de solución a los desastres de la actual administración. Si mueve sus fichas inteligentemente, recuperará terreno frente a un AMLO con una fuerza absoluta en ambas cámaras. 

Su punto negativo, sin embargo, es que regresa a tratar de unificar un partido que él mismo rompió. Recordemos que su candidatura la disputó con Margarita Zavala y que ella terminó por renunciar al PAN, acusando actitudes autoritarias de Anaya, entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional.

Esperemos su regreso no sea por pura ambición personal. Si Ricardo Anaya quiere ganarse de nuevo algo de confianza de la gente, debe construir, no dividir, coincidir con aquellos que se oponen a López Obrador, y entendiendo que no todo gira alrededor de él. Si consigue el poder que espera tener, que sea buen líder y le proporcione espacio a mujeres y hombres capaces. Esperemos que todos estos videos y su campaña en redes sociales realmente sean por el bien de México, como él dice, y no solamente una estrategia para reposicionar su imagen.

Y tú, ¿Qué piensas?

La importancia del 6 de junio

Comparte este artículo:

Seguramente ya a estas alturas escuchas día tras día algo relacionado a las elecciones del 2021. Yo ya te platiqué sobre la magnitud de este proceso y la cantidad de cargos que se están en juego. Pero hay cosas que normalmente a primera vista no se notan, y que vale la pena resaltar, con la finalidad de que en nueve meses el voto de la ciudadanía sea informado y responsable.

Antes que nada, la importancia que se le debe de dar al proceso de renovación de la Cámara de Diputados. En primera, se juega la mayoría que mantiene la alianza de la Cuarta Transformación, que de perderla dificultaría que muchos de los proyectos del Presidente avancen. Los partidos de oposición (PAN, PRI, PRD, MC y posiblemente México Libre) buscan diversificar el voto para romper con el altísimo número de diputadas y diputados que la 4T mantiene, con la finalidad de restarles poder legislativo. 

Al Artículo 84 Constitucional, que habla sobre los escenarios en caso de la falta del Presidente, se le añadió lo siguiente el 20 de diciembre de 2019:

“En caso de haberse revocado el mandato del Presidente de la República, asumirá provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo quien ocupe la presidencia del Congreso; dentro de los treinta días siguientes, el Congreso nombrará a quien concluirá el período constitucional.”

La revocación de mandato, según lo estipulado, se llevará a cabo en 2022. Si López Obrador es revocado de su sexenio, y la oposición en ese entonces ocupara la mayoría en la Cámara de Diputados, existe la posibilidad de que asuma el Ejecutivo Federal un político ajeno a MORENA, según lo establece la Constitución. De ahí la razón por la cual la 4T no se puede permitir perder.

También el presidente y los partidos ya iniciaron sus movimientos de cara al siguiente año:

Sabemos que la campaña de firmas para “enjuiciar a los expresidentes” es grilla electoral, pues en este país se puede enjuiciar si hay suficientes pruebas sólidas en su contra, no hace falta una encuesta. Todo este tema es para medir la popularidad del Presidente, nada más. También la rifa del avión.

El partido del gobierno, MORENA, se encuentra en un proceso interno para elegir a sus dirigentes, aquellos que guíen al partido a mantener y aumentar su presencia en toda la República. Las divisiones internas se tienen que resolver para evitar una ruptura profunda que termine por significar su derrota electoral, apenas tres años después de ascender a la cima.

PRI y PAN, por su parte, lanzan campañas de desprestigio en contra del gobierno federal por el pésimo manejo de la pandemia, de la seguridad y de las finanzas, para posicionarse como opciones capaces de gobernar y legislar a partir de 2021. Ambos partidos se mantienen punteros en algunos distritos y municipios donde MORENA no ha podido establecerse del todo.

Movimiento Ciudadano este mes ha anunciado que competirá sólo en las elecciones en todos los niveles, y se establecen como una oposición ordenada y cercana a la gente, lo que descarta una alianza con el PAN o el PRD, y que les abre las puertas a aumentar su presencia en San Lázaro y buscar ganar algunas gubernaturas.

México Libre sigue luchando contra corriente para consolidarse como partido político. El PVEM reafirma su alianza (sin sentido) con el bloque de la Cuarta Transformación.

Consideren, estimados lectores, que de lo que suceda el 6 de junio de 2021 se establecerá el rumbo de la nación por al menos los siguientes tres años. Tenemos aún mucho tiempo para informarnos, involucrarnos de así quererlo, y votar responsablemente.

¿Qué opinas?