Llueve sobre mojado: Elecciones a dirección de FACDYC

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Hoy es un día triste para la vida democrática de la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL; ante los diversos intentos por parte de estudiantes para lograr un proceso más transparente, más participativo y orientado hacia el desarrollo de una cultura cívica, la respuesta institucional es invariablemente, una negativa a fomentar lo mencionado.

Sea con la propuesta de crear la figura de observador electoral (presente en la legislación electoral local y federal), o bien con la iniciativa a crear un debate entre candidatos a dirección con el fin de informar al alumnado (caso que fue aprobado, pero ignorado por tres de los cuatro candidatos, los cuales no se presentaron), un número de estudiantes utilizan todo recurso disponible a su alcance con tal de lograr una democracia real.

Y es que, tristemente, en la institución de la que han surgido importantes figuras públicas, se ha engendrado un ambiente similar al de las elecciones locales y federales a las que estamos acostumbrados; una propaganda excesiva de los candidatos (que solo sirve para producir contaminación visual), una falta de atención por parte de los candidatos hacia la construcción de diálogos distintos al molde tradicional (debate, por ejemplo), así como un evidente incumplimiento de la mesa directiva en cuanto a mantenerse imparciales en periodo de elecciones (pues apoyaron abiertamente a un candidato a dirección), muestran los mismos vicios (o incluso peores) que hoy someten a nuestra democracia.

Resulta triste la concepción de estos escenarios, en una facultad en la que se enseña derecho, en la que ante todo, debe imperar la justicia y los valores democráticos, los cuales hoy se puede ver, han quedado mancillados por la politiquería y la falta de respeto a los mismos votantes y a la voluntad de la mayoría (en el caso del apoyo incondicional y evidente de la mesa directiva hacia la candidata, María Antonia de la O Cavazos).

 




Ahora bien, al observar los distintos ejes que han sido rechazados, tanto por tres de los cuatro los candidatos (en el caso del debate), como por las instituciones, entendiéndose por estas la mesa directiva y la Honorable Comisión de Vigilancia Electoral, es necesario preguntarse: ¿Qué es lo que falta a los sujetos e instituciones que se han mostrado, con sus acciones, en contra de una progresividad democrática?

Lo primero que habría de mencionar, es la concepción de una cultura democrática, y lo que esta implica. Al comprender y comprometerse a llevar verdaderamente el estandarte de la democracia por parte de las instituciones, y de los aspirantes a cargos de representación (dirección de la facultad, en este caso), los ejercicios de debate, junto a otros de similar naturaleza, deberían ser alentados, y no al contrario.

Asimismo, al comprender la importancia de alentar la cultura democrática junto a los valores que esta conlleva, la voluntad por parte de las instituciones de mantenerse imparciales habría de llevarlos a que, en lugar de inclinarse hacia un individuo en particular, fomenten el voto y la participación estudiantil.

 




Igualmente, a través de dicha voluntad de mantener un ambiente realmente democrático en las votaciones, los grupos que se constituyen al momento de convocarse elecciones, en este caso la Comisión de Vigilancia Electoral, habrían de legislar a favor de la iniciativa del estudiantado, para crear figuras como la de Observador Electoral, y no incurrir en excusas de no poseer facultades para ello (Cuando en realidad el Reglamento Universitario no les da facultad alguna).

Con un compromiso real por incentivar unas elecciones democráticas, transparentes e incentivadoras de la participación más allá del voto, es que la Facultad de Derecho y Criminología podría dar a las elecciones locales y federales, un verdadero ejemplo de apego a lo que es justo y ético, y no del circo y la parcialidad que hoy da.

Lamentablemente, hoy es un día triste para aquellos alumnos que deseaban una democracia real. Esperamos que las próximas elecciones pueda darse un escenario diferente, donde imperen los valores y no la falta de voluntad, la cartera de los candidatos y la parcialidad total de los órganos de representación estudiantil.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Votó el Enojo

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Una vez más fuimos testigos de que las urnas fueron visitadas por votantes disgustados con la clase política tradicional y deseosos de ver un cambio radical en el status quo del gobierno. Sucedió con El Bronco, el Brexit y ahora con Donald Trump por nombrar sólo tres ejemplos. En lo personal creo que dos grandes temas se desprenden de estos hechos.

El primero es que la democracia quizá no funciona, siendo un sistema fallido que permite que gente sin conocimientos y movilizados por el sentimiento y no por la razón lleven al poder hasta al más incompetente.

 




Segundo, que la gente en todo el mundo está harta de sus gobernantes, que en algunos casos representan la corrupción del poder y el dinero y el abuso de funciones, en todos los niveles y en diferentes alcances.

Atribuyamos la culpa a los millenials, a los rebeldes, a los insurrectos. No importa, los ciudadanos están exigiendo un cambio a los gobernantes y su manera de gobernar. Tal vez es que el sistema de gobernanza debe renovarse y escuchar más de cerca las necesidades de un electorado cada vez más involucrado en las decisiones del sector público y sobre todo cada vez más críticos, con conocimiento o desde la ignorancia, de los resultados de dichas decisiones.

Sin importar si es Nuevo León, la Unión Europea o el país más poderoso del mundo, los gobernados mandan un mensaje que diverge del tradicionalismo y el conservadurismo, al cual sería necio no hacer caso. Como en los negocios, no importa qué tan bueno es el producto sino qué tanto lo compra la gente, de esta forma, más allá de estar de acuerdo con los votantes o de darles la razón, la clase política debe hacer caso a lo que la gente demanda.

También es prudente resaltar que comúnmente el ciudadano pide a sus gobernantes la probidad y virtud que él mismo no tiene. Como ciudadanos exigimos que los funcionarios públicos sean cuasi perfectos cuando nosotros mismos somos partícipes de la corrupción al dar mordida a un policía; del abuso cuando construimos una casa sin uso de suelo; de evasión cuando hacemos lo imposible por no pagar nuestros impuestos; y un sin número de casos más donde somos muy buenos para exigir pero malos para cumplir con nuestras obligaciones.

Toda proporción guardada y bajo el contexto adecuado, pero todos somos partes de la decadencia o avance de nuestro entorno.

Lo he mencionado antes y lo reafirmo ahora, la clase política debe reinventarse, los servidores públicos debemos prestar mayor atención a la coyuntura actual y transformar la forma de ejercer el gobierno de un municipio, de un estado y sobre todo de un país.

El futuro del orden mundial dependerá de la capacidad de entrelazamiento de gobierno, sector privado y ciudadanos; de la cercanía de las necesidades de la gente y de las posibilidades de los gobiernos; y de la participación del empresario en la infraestructura pública.

 




Todo esto tomando como premisa que el crecimiento y desarrollo económicos son la directriz del estado de derecho y la principal variable del bienestar social. Sin embargo, tal vez lo anterior puede ser logrado con un sistema electoral distinto a la democracia. Como ejemplo, a pesar de que muchos resultarán ofendidos, el crecimiento económico de México en la época de Porfirio Díaz fue inaudita.

La modernización social y de infraestructura lograda en su mandato hizo que nuestro país se transformará de una nación rural a una con ciudades industriales con servicios públicos y trabajo para todos.

La democracia permite que un gobernante llegue al poder con tan sólo 30% de los votos del electorado, tal y como sucedió en 2012 con el triunfo de Enrique Peña Nieto, cuya aprobación es cada vez menor. Si bien en 2015 las elecciones de Nuevo León dieron el triunfo a Jaime Rodríguez con 50% de los votos, a un año de su paralizada gobernanza la gente se empieza a dar cuenta, afortunadamente, de la inmensa incompetencia de su administración.

Ahora con Donald Trump como Presidente, no sólo Estados Unidos, sino el mundo entero está a la espera de sus acciones y de los efectos que su victoria traerá. El futuro inmediato de la economía y política mundiales depende, para bien y para mal, de lo que suceda en el país americano. ¿Le damos al President Trump el beneficio de la duda?

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Trump ganó, ¿ahora qué sigue?

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Ganó. Aquel excéntrico, misógino, egomaníaco, xenófobo e impredecible hombre de negocios que al inicio concebíamos como la más imposible opción para ocupar la candidatura republicana a la presidencia, es hoy el ejecutivo de los Estados Unidos.

Subestimado por sus contrincantes precandidatos del partido político con el símbolo del elefante, favorecido por los sentimientos racistas que sobreviven en nuestros días e igualmente tomando ventaja del descontento de diversos jóvenes que veían a Bernie Sanders como su candidato ideal, Trump explotó (consciente o inconscientemente) estos factores.

Con esta victoria, no solo se ve cercano un retroceso en lo referente a la lucha social por la igualdad de las minorías étnicas que integran EUA, sino también un posible desmantelamiento de la seguridad social lograda por el presidente anterior.

Ahora bien, pasando a uno de los temas más preocupantes, cabe preguntarse ¿qué será de México, ahora que el hombre que prácticamente nos culpaba de todos los males y que juraba construir un muro pagado por la nación mexicana, es ahora “el hombre más poderoso”?

 




Pues bien, considero que dadas las circunstancias, nuestra zona de confort se ha terminado, y por lo mismo, tenemos dos opciones: o nos emancipamos (de una vez por todas) de los Estados Unidos y comenzamos a ver nuevos horizontes junto a otros países (como nuestra gente de Latinoamérica), o bien, doblamos rodilla y dejamos que el cuasi fascista que ya habita en la Casa Blanca, imponga sus lineamientos respecto a la inmigración y al TLCAN , y nos deje en un mayor desahucio del que hoy se encuentra gran parte del país.

No hay duda del paso que significa optar por la primera opción, la cual desde mi punto de vista, representa un coraje similar al que tuvieron las personas que lucharon la revolución; representa esa actitud temeraria que todos los mexicanos guardamos en nuestro interior, que si bien, la hemos olvidado en algunas ocasiones, esta siempre prevalecerá para hacernos plantar cara a las situaciones más adversas.

 




Sé que, por otra parte, los negocios y el comercio son parte fundamental para el desarrollo económico del país, sin embargo ¿quién dijo que EUA es la única nación con la cual se puede comerciar? Hay que abrir los ojos: hay muchísimos más países con los cuales se pueden entablar relaciones comerciales, solo es cuestión de tener la iniciativa suficiente, tanto del gobierno como de la sociedad, para comenzar con dicho cambio. Ya no nos puede ser posible continuar en la posición que estuvimos durante tantos años, pues de continuar en ella y con el ahora electo presidente, terminaríamos por perder la soberanía de manera total.

Finalmente, pienso que donde impere la iniciativa, el coraje, el razonamiento y el amor hacia la nación, no debería de haber una probabilidad grande de caer, a diferencia de quedarnos en el posicionamiento, que nos da por sentada, la caída del país.

Por lo tanto, no veamos este escenario como una derrota, sino como la más grande oportunidad que hemos tenido: la de emanciparnos, y reclamar de una vez por todas nuestra herencia como pueblo latinoamericano que somos, junto a nuestros demás países vecinos que integran una de las regiones con mayor riqueza del mundo.

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Y a todo esto, ¿cuál es nuestra responsabilidad?

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Ya se han dicho muchas cosas en contra del nuevo Presidente electo de los Estados Unidos de América, nuestro némesis, nuestro enemigo público y no sé qué otra sarta de insultos, apodos e imágenes se le han adjudicado.

El tema que no se ha tocado es nuestra responsabilidad ante el fallo que dio la ciudadanía estadounidense legitimando a Donald Trump como su presidente, es cierto que el señor recitaba un discurso de odio y racismo cada vez que podía, pero hoy más que nunca es nuestro momento, nuestro momento de repuntar nuestra economía, de buscar el hacer las cosas de calidad, el momento de conocer a México desde dentro, sabernos capaces y hacer una diferencia.

Confiemos en nosotros, dejemos nuestra baja autoestima como país a un lado y hagamos las cosas como las sabemos hacer, con amor, pasión, coraje y resistencia, nos caracterizamos por ser un país que no se echa para atrás, enfrentamos los problemas y salimos de ellos como podemos, las crisis económicas por las que hemos pasado hablan por nosotros.

Somos orgullosos mexicanos y eso no lo hemos entendido del todo bien, somos un país libre y soberano, es verdad que nuestra economía depende mucho de EUA, pero a decir verdad tampoco somos una colonia de este país, pienso que lo ocurrido este 8 de noviembre, es el perfecto catalizador para impulsar nuestras finanzas a lugares donde jamás ha llegado, dejar los pensamientos derrotistas a un lado, y volver a empezar, volver a creer en nosotros, volver a tener ese orgullo que tanto nos representa.

 




No culpemos a los habitantes de EUA, de nuestra situación, en eso de repartir culpas ya somos expertos, hagamos lo que nos toca, tomemos nuestra responsabilidad, no la esquivemos, no la pasemos por alto, hay muchos estadounidenses que creyeron que Donald era lo mejor para su país y es imperativo respetar su decisión, esto no quiere decir que yo esté de acuerdo con ellos, pero practicar la tolerancia es un arte y pues al final del día el respeto genera paz.

Es necesario dejar de ser creadores compulsivos de memes, de bromas contra nosotros mismos y mejor utilicemos esa creatividad en pro de México, en pro de descubrir nuevas cosas, de tener un mejor sistema de educación, de repeler la contaminación etcétera, estamos ahogados en cientos de problemas, para estar siempre al pendiente de otros lugares geográficos.

Ningún muro nos va a separar de eso estoy seguro, no caigamos en drama innecesario, nosotros mismos muchas veces nos vemos reflejados en este discurso de odio dirigido a nuestros hermanos del sur, vamos a hacer lo imposible para cambiar como nación, en este momento de la vida, esta nueva historia nos ha obsequiado está oportunidad inmejorable, salgamos a ganar esta batalla, pongamos nuestro total esfuerzo como cuando vemos a la selección mexicana en un mundial, hay demasiados compatriotas talentosos esperando ser descubiertos y tengamos un poco de fe en ellos para comerse el mundo, no descansemos hasta poder encontrar esa inspiración necesaria para salir a trascender como mexicanos en este mundo.

 




Espero y confío que este 2018 estemos tan al pendiente, informados, involucrados y opinando de nuestra elección presidencial, como lo hicimos con la de EUA, seamos congruentes y preocupémonos siempre por mejorar este hermoso país que me llena de orgullo, nuestro México lindo y querido.

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¿No, qué no, Bronco?

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Tras la lamentable victoria de Donald J. Trump en las elecciones de los Estados Unidos, el oportunismo político de varios de los posibles presidenciables en el 2018, no se hizo esperar.

Andrés Manuel López Obrador y Margarita Zavala, de MORENA y el PAN, respectivamente hicieron videos y declaraciones, donde hablan de la fortaleza, independencia y soberanía de México. Mientras tanto, Jaime Rodríguez Calderón, gobernador de Nuevo León, no pudo esperar para demostrar sus verdaderas intenciones hacia el 2018.

 




Yo estuve presente en el “Show de las Verdades”, cuando Jaime dijo que, aunque los rumores decían otra cosa, él se quedaría todo el sexenio en Nuevo León. Que tiene la misión de mejorar las cosas en el estado, y claro meter a los corruptos de la administración pasada.

La realidad es otra, y una vez más “El Bronco” les miente a los ciudadanos nuevoleoneses, y su tweet de ayer no pudo dejar más en claro cuáles son sus intenciones, Jaime va para el 2018 y ayer fue un momento de “oportunísimo político”.

Desde hace unos meses varias fuentes me han revelado que las intenciones de Jaime son claras, meta o no meta a Rodrigo Medina a la cárcel, mejoren o no mejoren las condiciones del estado, el gobernador se va a ir por la Presidencia en el 2018. En otras palabras, “el Bronco” se volverá en otro chapulín político. Su ambición por el poder y sus humos de grandeza, son más importantes que los problemas del Estado.

Estas mismas fuentes me han dicho también que grupos de “ciudadanos” a favor del gobernador de Nuevo León, han buscado precios de espacios de publicidad en el vecino estado de Tamaulipas. Específicamente buscan publicitar la campaña al 2018 de Jaime en las ciudades de Nuevo Laredo, Matamoros, Ciudad Victoria y Tampico. Claro, la publicidad sería maquillada, puesto que no sería directamente su equipo de campaña el que pagaría por los anuncios, sino estos grupos a favor de su apuesta a la Presidencia, que son supuestamente independientes al mandatario.

También se ha hablado mucho, que detrás de la candidatura de Jaime está el empresario Fernando Maíz. En los pasillos políticos se habla de que Maíz ha reunido en varias ocasiones al gabinete de “El Bronco”, en su casa.

Y ha hecho la pregunta puntual de “¿quién está con Jaime en el 2018?”, específicamente al empresario y actual Secretario de Desarrollo Económico y Trabajo, Fernando Turner, pues recordemos que en el 2012 apoyo a AMLO en su apuesta a la Presidencia.

 




Ayer en la mañana al ver el tweet del gobernador, creí que se trataba de una broma de Broncowave o que tal vez habían hackeado la cuenta de Twitter del gobernador, pero no es así, al contrario, por fin pude comprobar lo que se viene rumorando desde el inició de esta administración, Jaime Rodríguez Calderón, esta inflado y piensa que puede ganar la Presidencia en el 2018.

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Washington y la hipocresía

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Ayer, aconteció la elección más importante del mundo. El resultado todos ya lo conocemos y más allá de quien ganó, lo importante es ver la enorme hipocresía de la sociedad mexicana y su clase política.

La hipocresía radica en la manera en que se ha abordado el tema. La clase política y la prensa encontraron en Donald Trump al enemigo perfecto. Clinton de ser cuestionada por todos lados, pasó a ser una heroína y pro-mexicana que hasta Vicente Fernandez salió a apoyarla en una acción sin precedentes.

Recuerdo ver al hombre gris de Moreno Valle hablando de lo orgulloso que él está de los migrantes poblanos que en Nueva Jersey constituyen un grupo importante. Es triste ver como se asume el tema porque el problema migratorio es algo que no se puede ver de una manera defensiva y reaccionaria.

En otras palabras, el tema migratorio es un problema tan nuestro que no hemos podido resolver. Culpar a Trump y ponerlo como villano es una salida fácil cuando nuestros políticos y gobiernos tienen décadas favoreciendo la improductividad y no haciendo nada por esos mexicanos que se van.

 




La sociedad civil justifica y aplaude a los mojados como héroes, cuando son víctimas de un país fallido. Cuando veo a Moreno Valle aplaudirle a los poblanos que se fueron me da a entender que no va a hacer nada para que regresen y encuentren empleo en su tierra natal.

Ni Clinton ni Trump van a salvar a México y una Reforma Migratoria sería un gran resultado, pero no una solución. Mientras México siga siendo una avenida ancha donde cualquier entra, cruza y hace lo que quiere no vamos a tener una buena reputación ante el gobierno de Washington.

La retórica de Trump será racista y tendrá muchísimos defectos pero escuchar senadores y diputados rasgándose las vestiduras cuando el desaguisado y el desmadre que tenemos es en gran parte culpa de ellos mismos.

Es inmoral justificar y apoyar la inmigración ilegal y eso es lo que nuestros políticos publicitan. Todo mojado se va por una necesidad terrible, lo que se fueron por gusto son otros. Se dice que Trump regresaría a todos los ilegales… pero la pregunta es ¿por qué se fueron? La respuesta está en nuestras instituciones mediocres, 0 seguridad económica, personal, social, política y jurídica.

 




No podemos esperar que todo se resuelva en Washington… pero nuestra sociedad se va a la fácil y es mejor reventar a Trump o Clinton… En Los Pinos está la figura de la decadencia nacional. Más presión al gobierno y menos prensa a Trump, así veremos quien le hace más daño a los mexicanos…

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LOS JUEGOS DEL HAMBRE EN ESTADOS UNIDOS

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Hoy se define una de las contiendas más feroces y frontales en las elecciones de Estados Unidos, quizá también la que más pareja se ha mantenido en la percepción del voto. ¿La razón? Ninguno ha logrado construir un proyecto que satisfaga las exigencias de los poco más de 58 millones de indecisos.

Como analista, me resulta necesario realizar un estudio objetivo sobre el posible resultado que se concrete al final del día, pero como nunca antes, me es imposible nombrar a un ganador ante el punto porcentual que ubica- sin gran claridad- a Donald Trump en la delantera. Les comparto los 3 “distritos” que deberán conquistar para ganar la elección:

1. Las minorías

Las minorías han definido el rumbo de los debates y spots en los que han participado ambos candidatos. Por un lado, Trump decidió iniciar su discurso rumbo a la presidencia atacando a la minoría con mayor representación en Estados Unidos: los latinos.

Por el otro, Hillary ha navegado entre mesura y apoyo intenso al mismo sector de la población. Lo interesante es que California (55), Texas (38), Florida (29) y Nueva York (29) son los Estados con mayor presencia de minorías dando un total de 151 electores y a su vez los que más aportan a la contienda, de ahí que la relevancia de éste sector sea por demás trascendental. Además, Illinois, el Estado con gran presencia de latinos, aporta otros 20 electores.

2.Los indecisos

El poco más de 18% de indecisos en Estados Unidos, con una representación poblacional de más de 58 millones de estadounidenses, juega un rol clave en la carga de la balanza. Para ello tengo dos vertientes que conforman este sector de electores:

 




A) Los indecisos tenderían a inclinarse por las ideas nacionalistas de Trump, pero no estarían dispuestos a expresarlas antes de la votación, razón por la que éste porcentaje se inclinaría en favor del magnate neoyorquino.

B) El porcentaje se inclinará por las personas que decidan salir a votar, es decir, la balanza será en favor de uno u otro dependiendo de qué sectores salgan a votar. Si salen a votar los latinos ganará Hillary Clinton, si salen a votar zonas rurales se inclinará en favor de Trump.

3.Factor Obama

A pesar de la indiscutible popularidad de Barack Obama y a la fascinación que causa su esposa Michelle cada que aparece en público, la realidad es que los Obama dejan la Casa Blanca con un nivel de aprobación muy por debajo de las expectativas creadas alrededor de su reelección.

Sin embargo, han sido utilizados constantemente en los mensajes que Hillary Clinton emite en su campaña. ¿El motivo principal? Barack Obama obtuvo la reelección ganando los Estados que mayor cantidad de electores tenían en el país.

Al decidir no deslindarse del factor Obama, Hillary se arriesga a que el presidente más popular del mundo tenga un voto decisivo en las elecciones de hoy, habrá que esperar para saber si fue un arma con la que mató o con la que fue sepultada.

Sin duda alguna estamos presenciando un choque de titanes, por un lado, la posibilidad de tener a la primera presidenta en la historia de la nación más poderosa del mundo y por el otro, a un showman que fue capaz de transitar del loco que se llenaba la boca de disparates, al candidato con serias posibilidades de ganar y construir una nueva posición global para Estados Unidos.

 




 

¿A quién deberíamos preferir en México? A ninguno y al que sea. Aún no tenemos- y no sé si algún día sucederá- la influencia suficiente para definir las elecciones del país vecino, lo que sí tenemos es la obligación total de asumir el trabajo que nos toca para hacer de México un país que año tras año dependa cada vez menos de Estados Unidos y cada vez más de sí mismo.

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Dimes y Diretes: “Escuela Rodrigo Medina”

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Con Adrián de la Garza, la frase “de tal palo, tal astilla” aplica a la perfección. Al puro estilo Rodrigo “Golden Boy” Medina, Adriansito se está limpiando las manos por la licitación de sesenta motociclestas, que extrañamente un proveedor ya tenía listas y preparadas para venderlas al municipio de Monterrey.

La verdad sea dicha, nunca me ha causado mucha confianza Adrián, sobre todo porque viene de la administración de Rorro Medina y bueno más que la verdad es su padrino político. Adrián fue parte de todo un plan maquiavélico, que le salió mal al PRI en Nuevo León.

El plan era claro, cubrir a su ex patrón, junto con Ivonne Álvarez, si llegaba está a ser gobernadora y claro seguir desfalcando al estado a manos llenas. Obviamente, y cómo ya sabemos la historia fue de otra manera, y hoy Adrián se encuentra solamente protegido por su partido.




Es sorprendente que a pesar de todos los escándalos de corrupción que se han dado a conocer recientemente (Medina, los Duarte, Borge), todavía haya gobernantes del PRI haciendo tratos en lo oscurito y haciendo licitaciones ficticias. Lo peor de todo es que una vez que son atrapados en el acto, lo que deciden hacer es cancelar toda la licitación y no pedir disculpas o tratar de explicar lo que sucedió.

Al contrario, Adriánsito se limpio las manos diciendo que Grupo Coyote, había adquirido las motocicletas antes de la licitación y que eso era a costo del proveedor y ellos no tenían nada que ver.

Lo curioso del caso es que, las sesenta motos que adquirió Grupo Coyote, cumplen con exactitud a las especificaciones de la licitación. ¿Apoco este grupo la hace de adivinos? ¡Claro que no! Al contrario, Adrián anda tratando de taparle el ojo al macho, cuando en realidad tiene todas las manos llenas de masa.

 




Ya saben, a ver si en el 2018 quieren seguir teniendo a un discípulo de Rorro Medina en el Palacio de Cristal, solo ustedes como ciudadanos tienen el poder de sacarlo a patadas.

¡Ahí Se Leen!

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¿La muerte nos da risa? A recordar a los muertos, sin olvidar a los vivos

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Recientemente celebramos en nuestro país una gran tradición, el Día de muertos, festividad que forma parte de nuestra cultura mexicana. Desde chicos aprendimos a hacer altares de muerto, nos enseñaron que en ellos deben estar presentes distintas ofrendas siendo las mas destacadas las velas, flores, así como los alimentos, bebidas y objetos de uso cotidiano y favoritos del difunto.

¿Y los vivos? ¿Cuántas veces durante el año procuramos convivir con los seres que más amamos? ¿Cuántas veces compartimos los alimentos y bebidas favoritas de nuestras personas favoritas? ¿Durante nuestro día, qué tanto tiempo le dedicamos a las personas que mas apreciamos? Parece que aveces olvidamos lo importante que son estos detalles y que lo único que tenemos seguro es la muerte.

Platicando recientemente con un amigo, comentábamos de las sorpresivas muertes de algunos seres queridos en común, coincidimos en que fueron hechos sumamente inesperados que provocaron la reflexión inmediata sobre la calidad y cantidad de tiempo que pasamos con las personas que mas queremos.

Aveces la rutina diaria no nos permite darnos cuenta de que el tiempo pasa y pasa rápido, de que debemos de aprovechar las oportunidades que la vida nos brinda de coincidir con distintas personas que van dejando una lección en su camino.

 




Elsa Malvido Miranda, investigadora del Instituto Nacional de Antropología Histórica (INAH) quien es especialista en el estudio de la muerte ha manifestado en diversas ocasiones que los mexicanos tememos a la muerte por que no hay regreso de ella y representa el olvido y el fin.

Por otro lado, el Gabinete de Comunicación Estratégica reveló que 70 de cada 100 mexicanos le temen a la muerte por varias razones, destacando entre ellas el dejar a sus seres queridos.

 




 

El mensaje del presente artículo de opinión lo hemos visto repetidamente en libros, novelas, películas, canciones, poemas y pláticas impartidas por coaches de vida sin embargo creo que necesitamos recordarlo seguido y tener presente lo siguiente:

1. Todos nos vamos a morir.

2. No sabemos cuando será nuestro último día.

3. Disfruta y vive la vida como si fuera el último día, compártela con quien mas ames, recuerda a todos lo
mucho que los estimas y lo agradecido que estás con ellos.

4. Si quieres dejar un legado o ser recordado al morir, comienza ya a actuar, día a día esfuérzate por
acumular experiencias que te describan como la persona que quieres.

5. ¡Vive!

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Muerte (Oda a la vida)

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Citlali había perdido por completo la noción del tiempo. Ensimismada, contemplaba la belleza del manto de la noche. Las estrellas alineadas en perfecta simetría parecían reflejar la hermosa cara de su difunto esposo, Akatzin.

En su ensimismamiento, se había olvidado de su labor. Sabía que pronto estaría con él. Ansiaba el momento de su retorno. Una lágrima hizo crepitar la llama de unas de las velas que había colocado sobre la fría piedra. Limpió su mejilla con el antebrazo, y volvió en sí.

Miró el resplandor mágico del palacio de Axayácatl situado a kilómetros de ahí. Continuó preparando las ofrendas para Tezcatlipoca y Mictlantecuhtli: mantas de lana recién cortada, tres corazones de infantes, dos mechones de cabello de virgen, flores de cempasúchil, y copal. El aroma de la vela comenzó a hacer efecto. Su existencia y el sueño comulgaban a la perfección. Un trance quimérico, gracias al dios de las tinieblas. Pronto uniría su corazón (nuevamente) con otro ajeno. Pronto gracias a la Muerte, viviría de nuevo.

El humano es el único ser que presagia su muerte. Las conjeturas racionales lo llevan a situarse constantemente ante el cese inevitable e infinito. Aunque inverosímil, es precisamente a partir de ahí que construye su destino.

Proyectando la penumbra de la Muerte sobre sus acciones, es que consigue darle vida y sentido a su existencia. Esa finitud, al final, es lo que nutre los colores magníficos de su obra.

 




Pudiera parecer una paradoja que sólo a través de la Muerte y de nuestra finitud consigamos vivir, mas no lo es. Sólo en esa yuxtaposición cósmica donde el fin es comienzo, el humano encuentra sosiego. Ahí el sabor a la insulsa existencia. Pero como una complicada regla de una gramática arcaica, no es fácil yuxtaponer vida y muerte.

Constantemente el terror secuestra la cordura de muchos, quienes en zozobra, deciden ignorar de la ecuación lingüística a la Muerte, convirtiendo su vida en un verdadero dédalo. Como un sintagma sin núcleo, poco sentido tienen sus vidas.

En ocasiones, decidimos huirle a la Muerte. La ignoramos. Levantamos letanías religiosas para olvidarnos de ella. Y ciertas veces, se pierde el propio sentido de la vida. Al percibir a la Muerte como un mero fin; un suceso natural en la incorporación del Todo, perdemos el sentido de muestra existencia.

Pero lo que hace a la Muerte aterradora, es que la desconocemos por completo. (Y acaso por ello le huimos: porque existe la posibilidad de que sea un simple fin). No la conocemos; luce ajena, y es imposible descifrarla. Levantamos murallas y erguimos fortalezas inexpugnables para protegernos contra ella; como una nación en pugna.

Esas murallas las levantamos instintivamente: desde que adquirimos el uso de la razón, el éxito del hombre estriba en el conocimiento. Tal es la naturaleza del hombre. Así nos hemos descrito como seres curiosos. En efecto, el deseo de saber, es natural en la humanidad.

 




 

Pero nuestro ego nos ha obligado a convertirnos en seres a los que les resulta una necesidad (o necedad) descifrar el mundo. Sentimos una atracción hacía el saber; de conocer; de sobreponer nuestra voluntad sobre cualquier otra cosa.

Encima de la propia naturaleza, en ocasiones. Creemos que la belleza del saber nos librará de los estigmas de la mortalidad. Enfrentamos así cualquier incógnita y todo fenómeno. Somos seres racionales después de todo.

Otras civilizaciones, al observar el terror profesado hacía la Muerte, optarían por un adjetivo diverso para describirnos. Con toda razón. Hemos domado a las estrellas; visitado a los astros; y transmutado el hierro.

Inclusive, hemos adoptado a la flora y aniquilado la fauna; domesticado a los océanos; sepultado montañas; creado colosos entre las nubes; y aún más, hemos contemplado el abismo de la historia; y ante la Muerte, hemos decidido ignorar tales sucesos. (Como si las leyes naturales y divinas que con tanto esmero hemos descubierto no nos aplicasen. Labores propias de los dioses, desde luego.) Esas civilizaciones ajenas llamarían cobardía vanidosa al hecho. ¿No optamos por preferirnos eternos?

¿Qué hacer ante tal miedo? ¿Cómo yuxtaponer aquellos sustantivos que son comienzo y fin? La respuesta, al parecer, la encontró una civilización en el Valle del Anáhuac, conversando con sus astros.

Los habitantes de aquél valle pregonaban la visita de la oscuridad. Disfrutaban así, una vez al año, el paseo de sus dioses, junto con los muertos (pero no olvidados).

¿Qué hacer entonces ante el terror de la Muerte? No queda más que emular el acto de Tenochtitlán: agradecer a la Muerte, y enfrentarla como un comienzo.

En noviembre, los efímeros segundos de aquél paseo en el gran valle, lucen en cada esquina, aún en la complejidad del México moderno.

 




La piel del mexicano se eriza ante la Muerte porque sabe que no es el fin; que la única manera de perecer, es a través del olvido. Por ello se pinta de colores el Ombligo de la Luna: el mexicano sabe que los Muertos, viven. En sus recuerdos.

En sus corazones. (Tantos sacrificios no han sido en vano.) Saben, por arte de las estrellas –según lo han revelado–, que sólo a través de aquél suceso inevitable, se dota a la vida de sentido. Acaso por ello, el pueblo mexicano, cada noviembre, danza con la muerte.

Morir es, al final, hundirse en sentimiento. Acariciarse por la melancolía de una travesía que se antojaba eterna.

Remembrar lo mundano y añorar las lágrimas. Abrazar un lucero desconocido, disfrazado de dogma.

Porque la Muerte, es una oda a la vida.

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