Primer debate presidencial de EE. UU. 2020: Una proyección de la crisis actual en la clase política estadounidense

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El análisis de un debate presidencial debería de tener un enfoque especial en la sustancia del debate y en la calidad de los argumentos expuestos por ambos candidatos, pero este no es el caso. Estados Unidos es la potencia indudable en la coyuntura internacional actual, lo cual hace que este debate sea de suma importancia, no solo para los ciudadanos de dicho país. A lo anterior, tenemos que añadir también la situación económica, social y sanitaria actual derivada de la pandemia por el Covid-19. 

Sin embargo, en este caso, la situación es distinta. Aún y cuando EEUU se encuentra en el centro mediático de la Pandemia por Covid-19, no fue suficiente para que los candidatos orientaran sus exposiciones a que el público llegara a conocer el mensaje, proyecto o incluso ideología de cada uno. Entre interrupciones, gritos, moderador desesperado y falta de preparación; el mensaje no logró transmitirse al elector. 

Las reacciones del electorado hacia el debate presidencial no pueden entenderse de otra manera más que de las dos siguientes. La primera, el electorado decepcionado al no encontrar lo que buscaban en el debate, personas que buscaban en el debate las razones ideológicas o de proyección que los ayudaran a tomar una decisión simplemente quedaron vacíos al final del debate. Por otro lado, la segunda reacción pertenece a aquellos que -independientemente del lado político en el que se encuentren- ya tienen su decisión bien tomada, y el debate solo despertó sus pasiones a favor o en contra de alguno de los candidatos. 

Ambos candidatos tuvieron una parte de la culpa del por qué el debate fue tan poco enriquecedor. Por un lado, el presidente Donald Trump mostró desde el inicio que no iba a dejar que su contrincante hablara sin interrupciones. A pesar de que a Trump se le vio más preparado en sus respuestas, fueron pocas las respuestas que dejó contestar sin interrupción a su contraparte.  Las interrupciones por parte del actual presidente llegaron a tanto que el moderador tuvo que intervenir en varias ocasiones e incluso alzar el volumen de voz. 

Más que una estrategia por parte de la campaña de Trump, el esfuerzo a interrumpir en variadas ocasiones es una muestra del carácter del actual presidente. Esto se puede inferir al comparar su actuar -idéntico- al momento de debatir en contra de Hilary Clinton en 2016, aún y teniendo una coyuntura, contrincante y temas distintos. Trump, tal como lo hizo en las elecciones pasadas, apostó en el debate al despertar emociones en el elector. Si bien, esto ayudó a la campaña de Trump en 2016, la situación actual es muy distinta, lo cual podría cambiar el resultado de la elección en esta ocasión. 

Por otro lado, en mi opinión, el ex vicepresidente Joe Biden, fue quien perdió el debate. Biden no perdió solamente por dejarse mostrar como el niño débil acosado del salón, también fue por su falta de preparación. Biden se quedaba callado cada vez que Trump lo interrumpía, bajaba la mirada, y dejaba hablar a su contrincante. Es cierto que dicho actuar es el correcto para un debate -presidencial-, sin embargo, el elector no siempre responde al deber ser. Es decir, un elector común que vea el debate podría pensar que Joe Biden es débil, y no tiene la capacidad para enfrentar a Trump o algún otro adversario, aunque no sea así en la realidad. 

Pero, dejando a un lado, por un momento, las repetidas interrupciones por parte de Trump, Biden mostró muy poca preparación en sus respuestas, a preguntas que eran de esperarse en este primer debate. Temas como las protestas en contra de instituciones de policía, racismo, impuestos, cambio climático y el mismo Covid-19, eran preguntas que definitivamente se preguntarían en el debate, a las cuales Biden se reducía a responder contrastando “lo mal que Trump lo estaba haciendo” en dichos temas. Biden tuvo muy pocas oportunidades, debido a tanto grito e interrupción, pero cuando sí tuvo la posibilidad de explicar sus planes de una manera clara que pudiera atraer electorado, simplemente no lo hizo. 

Ninguno de los candidatos logró exponer algún proyecto o idea clara -relevante- sobre los temas que más importan al electorado estadounidense. Al contrario, el debate pudo incluso causar más confusión en el espectador. Este primer debate presidencial del 2020 ha demostrado que la política de Estados Unidos ha ido en declive en las últimas décadas, en términos de calidad sustancial en las propuestas de los candidatos. No queda más que esperar que ambos candidatos respeten más las reglas y se preparen más para los próximos debates. 

El regreso del incómodo

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En la política mexicana siempre hay de qué hablar. Siempre hay algún tema nuevo que comentar, o sorpresas inesperadas para platicar. Esta ocasión no es diferente. Hoy toca hablar sobre el regreso de Ricardo Anaya a la escena pública y lo que significa para México.

En las últimas semanas, hemos visto al excandidato presidencial muy activo en redes sociales, cosa que no se veía desde hace ya más de dos años. Nos anuncia la publicación de su nuevo libro, que es meramente una excusa para lanzar una ambiciosa campaña mediática en contra de las acciones del Presidente de México. Creo que a estas alturas las intenciones de Ricardo ya son más que evidentes, pero veamos:

Nadie puede negar que la victoria de López Obrador en las elecciones de 2018 fue contundente, y que ningún otro candidato tenía una real oportunidad de salir vencedor. Al terminar esa jornada, el excandidato de la coalición Por México al Frente, desapareció de la escena pública. Uno que otro tuit con su familia de vez en cuando, pero nada que anunciara su regreso. Hasta ahora.

Regresó para hacerle frente de manera directa al presidente. Lo acusa de megalómano, de modificar la historia a su beneficio, y de conducir al país a una crisis sin precedentes. No anuncia sus planes personales, pero sí que regresa de lleno. Y tengan por seguro que lo veremos en las elecciones del 2021.

Todo parece indicar que Anaya no se va a tomar la molestia de ser candidato o hacer campaña. No le interesa gobernar su estado, o ganar algún distrito. Lo acomodarán hasta arriba de las listas plurinominales del PAN a la Cámara de Diputados, para tener un lugar prácticamente asegurado. Desde ahí, le asignarán la coordinación de su bancada o le buscarán la presidencia de alguna comisión importante desde la cual pueda ser muy incómodo para López Obrador.

Si Morena pierde mayoría en el congreso, esta supuesta ruta de Anaya significará aún más. Desde su puesto como líder importante en San Lázaro tendrá 3 años para gestionar su nueva campaña a la Presidencia de la República, o bien alistar a alguien más. 

Anaya tiene un gran punto a favor, y un gran punto en contra. Su punto a favor es que es evidentemente uno de los más grandes opositores del Presidente. Lo confrontó sin miedo, lo acusa sin rodeos, y, según sus palabras, ofrece propuestas de solución a los desastres de la actual administración. Si mueve sus fichas inteligentemente, recuperará terreno frente a un AMLO con una fuerza absoluta en ambas cámaras. 

Su punto negativo, sin embargo, es que regresa a tratar de unificar un partido que él mismo rompió. Recordemos que su candidatura la disputó con Margarita Zavala y que ella terminó por renunciar al PAN, acusando actitudes autoritarias de Anaya, entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional.

Esperemos su regreso no sea por pura ambición personal. Si Ricardo Anaya quiere ganarse de nuevo algo de confianza de la gente, debe construir, no dividir, coincidir con aquellos que se oponen a López Obrador, y entendiendo que no todo gira alrededor de él. Si consigue el poder que espera tener, que sea buen líder y le proporcione espacio a mujeres y hombres capaces. Esperemos que todos estos videos y su campaña en redes sociales realmente sean por el bien de México, como él dice, y no solamente una estrategia para reposicionar su imagen.

Y tú, ¿Qué piensas?

“Primero los pobres” y el Capitalismo Social

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En su “Agenda Ciudadana” publicada este domingo en el periódico El Universal bajo el título esperanzador de “Cómo entendernos”, el historiador Lorenzo Meyer nos deja sin respuestas a una pregunta que lanza en forma, por demás imprudente, ya que resulta que no tiene respuesta ni alternativas de solución que ofrecer. 

Remontando a Humboldt y a Daniel Cosío Villegas, llega a la conclusión que “el reajuste de las relaciones sociales mexicanas debió hacerse hace tiempo, pero no hubo la voluntad de emprender tamaña empresa”. Evoca la nueva filosofía del gobierno electo democráticamente en 2018, basada en el nuevo paradigma “primero, los pobres”. 

Lorenzo Meyer omite mencionar que la política económica y presupuestal del nuevo régimen se basa en este lema, pero que no toma en cuenta la estructura socio económica existente, ni las relaciones de fuerza entre gobierno y sociedad productiva. Lorenzo Meyer deja sin solución su pregunta de “Cómo entendernos” que no sabemos si es una propuesta o una pregunta abierta que quisiéramos ver contestada en otras colaboraciones. 

No cuestiona si la afirmación “Primero, los pobres” es realista o simplemente un grito populista para ganar votos fáciles. No cuestiona si se puede construir una nueva sociedad sobre la premisa de primero los pobres, y si esto permitirá generar los recursos necesarios para sostener la base del nuevo régimen. Primero los pobres, implica recursos, para regalar cómo lo presupone el nuevo gobierno, o cómo debería ser, para generar las condiciones que permitan crear empleos y nuevas fuentes de riqueza, cómo lo dictan los cánones de una economía sana y prospera. 

La historia que Lorenzo Meyer debería haber puesto en el escenario es la del capitalismo social desarrollado en Monterrey durante el siglo XX, y brutalmente interrumpida por el asesinato de Eugenio Garza Sada en 1973, camino que de haberse prolongado hubiera cambiado la vida social de México, y hubiera amortiguado los efectos demoledores del neoliberalismo de los últimos 35 años. 

Lorenzo Meyer no tiene respuesta que ofrecer a su planteamiento de “Cómo entendernos” porque no se atreve a explorar la alternativa del capitalismo social que están volviendo a poner en el escenario en círculos empresariales y sociales regiomontanos. 

Ojalá tenga a bien explorar este camino que permitirá el bienestar que tanto ofrece un presidente que desborda de discursos, pero que con todo y los genios de la cuarta transformación, carece de propuestas para lograr sus propósitos, más generosos que sustentados en un realismo pragmático.

Afección por la ilegalidad

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Hoy, estamos a punto de que concluya septiembre, un mes que sin lugar a dudas es sumamente relevante para la vida pública del País. Incluso, ha sido catalogado como el “mes patrio“, pues celebramos el Día de los Niños Héroes, el Grito de Dolores y el Día de la Independencia de México; por lo cual estimo que se trata del mes de nuestra identidad nacional.

Además, es relevante por que a más tardar el 8 de septiembre, el Ejecutivo Federal en cumplimiento a lo señalado por el artículo 74 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, debe hacer llegar a la Cámara de Diputados el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, mismo que será aprobado a más tardar el 15 de noviembre siguiente y que esencialmente tiene como objetivo el ordenamiento del gasto público, esto es, señalar las erogaciones que realizará la Federación durante el año siguiente, incluyendo dentro de las mismas las participaciones que a cada Entidad Federativa corresponden.

Cabe mencionar, que el rubro de participaciones a las entidades federativas, desde el comienzo del mandato como Presidente de la República de Andrés Manuel López Obrador, ha sido año tras año cuestionado, principalmente por los simpatizantes de la “Alianza Federalista” que se inconforman y lo califican de injusto.

No obstante, dicho calificativo (que no es más que un disparate de pazguatos), se da pues erróneamente pretenden realizar un juicio de valor (subjetivo) sobre facultades regladas y no discrecionales.

Esto, pues el procedimiento de asignación de participaciones previsto en la Ley de Coordinación Fiscal, establece una facultad reglada para la Administración Pública Federal, es decir, señala de manera concreta la conducta determinada que la autoridad federal debe seguir, siendo en el caso que nos ocupa, la asignación del 20% a las entidades federativas de la recaudación federal participable, atendiendo a las fórmulas previstas en el ordenamiento de mérito.

Situación, por la que en este caso no es atinado pretender otorgar un alcance subjetivo al concepto de justicia, pues se insiste, estamos en presencia de facultades regladas, no discrecionales que pudieren variar al arbitrio y capricho de la administración.

Así, el alcance de lo justo e injusto, tratándose de facultades regladas, como lo son la asignación de participaciones a las entidades federativas, debe realizarse a través de un juicio de validez, es decir, ¿si es válido o no conforme a la ley, asignar a las entidades federativas una cantidad menor a lo que recaudan por concepto de impuestos federales?.

La respuesta a la interrogante del párrafo anterior, es: sí; pues el artículo 2do de la Ley de Coordinación Fiscal esencialmente señala que el fondo general de participaciones se constituirá con el 20% de la recaudación federal participable, de ahí, que a todas las entidades federativas se les devuelva en principio menos recursos de los que recaudan por concepto de impuestos federales.

Situación, por la que es inconsecuente considerar injusto que se les devuelvan menos recursos de lo que recaudan a las entidades federativas, en tanto, la asignación de participaciones se trata simplemente de la aplicación de las fórmulas contenidas en la Ley de Coordinación Fiscal, en donde no tienen cabida la arbitrariedad o razonamientos subjetivos.

Cabe aclarar, que lo anterior no quiere decir que únicamente el 20% sea invertido en las entidades como erróneamente lo pretenden hacer ver quienes simpatizan con la “Alianza Federalista”, pues ese 80% que conserva la Federación se trata de recursos utilizados para la creación y mantenimiento de tribunales, hospitales, escuelas, IMSS, ISSSTE, INFONAVIT, carreteras, seguridad pública, puentes internacionales y puertos; ejemplificado regionalmente en la rehabilitación de la refinería en Madero, la creación de la línea 3 del tren ligero en Jalisco, la presa libertad en Nuevo León, etc. Prácticamente inversión en todo el País.

Finalmente, quien insista en calificar de injusta la aplicación de las fórmulas contenidas en la ley, únicamente evidencia su afección por la ilegalidad.

La guerra del agua

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En el año de 1944, se celebró un Tratado de Aguas entre los Estados Unidos y México. En este, se pretendía puntualizar el aprovechamiento relativo a los cuerpos de agua que comparten ambas naciones. Como era de esperarse, al paso de los años, el hecho de no adecuar un tratado una vez mas ha traído consigo notables consecuencias y por ende, puntos controvertidos. A medida que se incrementan las diferencias y las afectaciones a los productores no cesan, en Chihuahua se está viviendo lo que en otras décadas pudiera haber sonado surrealista. Hoy en día una realidad: una guerra por el agua. 

El acuerdo previamente mencionado, detallaba que México debería entregar año tras año un total de 432 millones de metros cúbicos de agua y mientras tanto, Estados Unidos lo correspondiente a 1,850 millones. Sin embargo, en fechas recientes se declaró que México había acumulado una deuda por 426 millones de metros cúbicos. Cabe destacar, que como término final después de 5 años de prórroga, para el cumplimiento de esta obligación se fijó el próximo 24 de octubre.  Acercándose la fecha y en una situación bastante complicada, pese a que se ha sugerido en innumerables ocasiones renegociar el tratado ya que este carece de actualización alguna, esta idea ha sido rechazada por la actual Administración Pública Federal. 

Por su parte, los productores afectados por esta decisión se han visto en la forzosa necesidad de incurrir en múltiples movilizaciones a propósito de ser escuchados. Desgraciadamente, el pasado 8 de septiembre, esto llevó a un incidente en el cual una mujer perdió la vida y múltiples civiles se vieron afectados por parte de la Guardia Nacional. Los campesinos denunciaban que sus cosechas se verían afectadas por el consecuente desabastecimiento de agua y por lo tanto, el siguiente ciclo estaría en riesgo. En el marco de una pandemia, estos sucesos no son para nada alentadores. 

El Presidente López Obrador, declaró la mañana del 25 de septiembre que estos movimientos eran de carácter oportunista y que se encontraban fundados en intenciones de opositores corruptos. Lo anterior, no dejando de señalar cómo delincuentes a los respectivos líderes del movimiento. Sin embargo, los agricultores recalcaron que su intención es dialogar, a fin de poder contar con el agua necesaria para seguir trabajando el campo. Después de todo, ellos únicamente quieren tener la certeza de qué podrán salir adelante y que efectivamente, sus inquietudes serán resueltas. La falta de empatía por parte de la Federación es evidente. 

Mas allá de cumplir con una simple obligación, estamos ante una decisión que pone en riesgo el sustento de miles de campesinos y por ende la estabilidad económica de sus mismos hogares. Por otra parte, esto puede dañar el ecosistema que les rodea. Las aguas de la nación nos conciernen a todos, en estos momentos, antes de que se pretenda cumplir con una obligación es necesario pensar en la responsabilidad que hay por parte de Gobierno Federal hacia los productores que año tras año contribuyen con sus ingresos. 

A fin de poder resolver esta problemática el diálogo por parte de la Administración Pública Federal con expertos en la materia y ciudadanos afectados será crucial. No hay forma de poder dar respuesta a esta problemática sin que se tengan por contempladas las opiniones de los productores que tanto han aportado a nuestra nación. Si es necesario renegociar, esas son las facultades para las cuales deberían estar preparadas nuestras autoridades. Poniendo por delante las necesidades del pueblo mexicano y después las de otros países. Ahora más que nunca, debemos luchar porque a los mexicanos se les escuche y no a que se les repriman o quiten recursos.

La principal arma del Presidente

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Durante los dos años de Gobierno del Presidente López Obrador han ocurrido diversos choques contra algunos actores de la oposición política, empresarios, organizaciones de la sociedad civil o incluso contra algunos medios de comunicación. Varios de estos sucesos quedaron como anécdotas y otros más han permanecido por lo menos en el debate público por la forma en que el Presidente se expresa y actúa contra algunos de estos personajes que reiteradamente él etiqueta como “neoliberales enojados por la pérdida de privilegios”.

En estos conflictos o coyunturas especificas donde se le salen las cosas de control y se le nota incomodo al Presidente, no es casualidad que siempre aparece como su principal arma de ataque, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), misma que ha sido utilizada como herramienta de presión política para intimidar a adversarios o ciudadanos manifestantes que hacen valer su derecho a la libertad de expresión y que pretenden ser voces legítimas que aspiran a convertirse en un contrapeso al Gobierno Federal. Aquí dos breves ejemplos:

Primero, el caso del agua en Chihuahua, donde evidentemente hay un tema técnico, pero también político, y es que la UIF sorpresivamente decidió que era el momento oportuno para investigar a todos los involucrados en el conflicto (servidores públicos y ciudadanos) y determinó que en el pasado algunos han presentado irregularidades financieras por lo que procedió a congelar las cuentas de quienes -casualmente- son quienes se están manifestando en las calles por el rechazo a la extracción del agua de la presa La Boquilla.

Las cuentas congeladas fueron las del alcalde del municipio de Delicias, Eliseo Compeán, el ex Gobernador, José Reyes Baeza (Presuntamente involucrado en “La Estafa Maestra”) y al menos 50 cuentas bancarias de ciudadanos, productores y agricultores. Si bien es cierto, algunos actores políticos locales han intentado politizar el tema y capitalizarlo rumbo a las elecciones del próximo año, es seriamente alarmante la actitud que ha tomado el titular de la UIF Santiago Nieto, quien utiliza la información del gobierno y sus recursos para disuadir protestas sociales, seguramente por instrucción del inquilino de Palacio Nacional.

Segundo, el regreso de Ricardo Anaya a la vida pública del país. Es un hecho de que en política, ante la ausencia de una voz sólida en la oposición, los espacios naturalmente deben ser llenados; a esto, sumémosle la negativa del INE de otorgarle el registro a México Libre como partido político y el golpe que esto significa para Felipe Calderón. En ese contexto, es legítimo que el ex candidato Presidencial en 2018 aproveche la coyuntura y levante la mano para ser esa voz. Lo cual por cierto, le viene bien a nuestra incipiente democracia escasa de contrapesos.

Y como era de esperarse, la UIF, a la voz de su titular Santiago Nieto, casualmente apenas unas horas después del anuncio de Ricardo Anaya, confirmó que lo investigan por la denuncia de hechos que presentó Emilio Lozoya, en la cual se le acusa de haber recibido sobornos en el marco de la aprobación de la Reforma Energética. Un síntoma más que nos hace presumir que desde Palacio Nacional, -al más puro estilo del priismo de Grupo Atlacomulco- se ordena el uso político de las instituciones para intimidar, pues independientemente de si la Fiscalía resuelve si es culpable o no, a Ricardo ya le dieron su bienvenida al más puro estilo de la autoproclamada 4ta Transformación.

El uso faccioso de la Unidad de Inteligencia Financiera contra quienes piensan distinto al Presidente o le estorban para el cumplimiento de sus objetivos -imposible no recordar el presidencialismo exacerbado del siglo XX- es sumamente preocupante para cualquier demócrata, y la actitud que esta asumiendo el Presidente es propia de un líder profundamente autoritario, que no tolera la protesta y mucho menos la crítica, por más constructiva que esta sea. Al final, creo que no son tan diferentes como decían ser.. 

El debate enriquece la mente, se vale discrepar. 

#Kleroterion: “Gastamos más de lo que podíamos recaudar de impuestos”

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Hace unos días llegó a mi whatsapp el video de una intervención de Godfrey Bloom, político britanico que fue diputado del Parlamento Europeo durante la crisis del 2008 y los años posteriores a ella.

En esa intervención Bloom denuncia que los países estaban quebrados porque sus “ignorantes políticos”, así lo dice, gastan más de lo que recaudan en impuestos. Y para hacer frente a ese déficit piden y piden y piden deuda.

El británico señala incluso que los políticos de esos países quebrados llegan a gastar más de lo que probablemente podrían aumentar en impuestos y que para colmo en la mayoría de las ocasiones ese dinero gastado se gasta de mala manera.

Bloom considera inmoral que si bien son los políticos los que de manera irresponsable endeudan a los países, sean al final los contribuyentes ordinarios los que tengamos que pagar por ello.

La intervención que se proyecta en el video ocurrió hace alrededor de una década, pero no cabe duda que la reflexión y la crítica que hace no sólo es atemporal sino que está hoy más vigente que nunca sobre todo en México.

Durante años, quizás décadas, sexenio tras sexenio, los políticos que estuvieron al mando de manera sistemática gastaron más de lo que el gobierno ingresaba o podía ingresar en impuestos.  

Hasta hace algunos años  digamos que ese déficit lo “campechaneaban”. Compensaban una parte con los ingresos petroleros y la otra restante con deuda.

Pero a medida que los ingresos petroleros bajaron o para decirlo de una manera más precisa, a medida de que Pemex dejó de representarnos ingresos como país y empezó a representar pérdidas, el gobierno se vio en la necesidad de pedir cada vez más deuda y paulatinamente empezó a subir los impuestos.

Lo peor es que, coincidiendo con el diagnóstico lapidario de Godfrey Bloom, en su mayoría esa deuda que se pidió se invirtió de mala manera.

Lamentablemente y aunque coincida con Bloom en que es inmoral que los ciudadanos comunes que pagamos impuestos tengamos que pagar por los errores y la irresponsabilidad de quienes nos endeudaron, la realidad es que no hay forma en que dejemos de hacerlo.  

Hoy 10 años después de esa intervención del político britanico el mundo vuelve a enfrentar otra crisis, y no cualquier crisis sino la más grande de la que se tenga registro en un siglo.

Ese es el contexto que enfrentamos hoy como país en medio de la peor crisis económica mundial de la que se tenga recuerdo. Endeudados de manera irresponsable por gobiernos anteriores, con poco o quizás sin margen de maniobra para pedir prestado más dinero sin que tengamos que subir de manera estrepitosa los impuestos.

#ElNidoDelGavilán: “FRENA en su laberinto”

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En estos días hemos tenido protestas de FRENA en diversas partes de la República, especialmente en la Ciudad de México. Sobre la avenida Paseo de la Reforma y la avenida Juárez en las inmediaciones de la Alameda Central se hicieron famosas las tiendas de campaña (muchas de ellas vacías) instaladas por miembros de este grupo.

El líder visible es Gilberto Lozano, sin embargo, hay más corrientes dentro de este movimiento difuso y nebuloso. Si bien, coinciden en el rechazo a Andrés Manuel como político y persona, el movimiento es simplista, reduccionista, clasista y aparte fantasioso. En su lógica, AMLO es el responsable de “llevar al país al colapso” y “al comunismo”. Lugares comunes e ideas muy generales aderezan su discurso como: “México unido” y “México con valores”.

Aunque todxs o casi todxs comulgan abiertamente con ideologías de derecha, no defienden prebendas o intereses de los grupos oligárquicos, pero tampoco a las minorías o grupos vulnerables. FRENA no representa a los grandes capitales (ellos tienen un diálogo directo con el presidente) ni a los grupos sociales marginados que calman por justicia. FRENA lucha contra un monstruo amorfo que ven dentro de su propio laberinto mental.

Por ejemplo, el ideario que tienen de AMLO es extraño, lo pintan como en realidad no es (ni cerca, ni siquiera 1 de las siguientes características): Comunista, pro-LGBT, radical, abortista y represor de la propiedad privada.

FRENA se ha destacado por tener manifestantes con arengas ridículas, especialmente de adultos mayores o acarreados que no entienden completamente de qué trata la protesta. Famosos por sus protestas en carros de reciente modelo y traer empleados para que les carguen anuncios, se ha vuelvo un grupo que conecta poco con el ciudadano común. 

El problema de FRENA, además de sus diatribas torpes, como la tontería de Lozano llamando “soviética” a Claudia Sheinbaum, es que es un contingente de gente que no sabe de protestas, es tibio, lento y sin arraigo. Por eso, el PAN, PRI y México Libre, posibles destinatarios de los votos de estas personas, las han abordado con distancia. Calderón mandó un tweet apoyando, pero se limitó a eso solamente.

Personajes como Lozano y otros que le acompañan no solo no tienen las mejores intenciones o ideas, son un movimiento efímero (Desde el nombre) que encarna el clasismo y el absurdo llevado a un extremo. Demás está decir que el movimiento durará por un tiempo más con consignas y arengas que harán poco eco en la vida pública nacional. 

La politización y movilización de los ciudadanos enriquece el contraste de ideas. Eso si, las tiendas de campañas vacías y las protestas desde carros no han hecho ni hacen revolución.

Lo dicho, dicho está.

¿Candidatos?

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En la Avenida Juárez de la CDMX, Frena y Gilberto Lozano decidieron enfrentar el reto de resistencia callejera, a invitación expresa del presidente que pretenden derrocar. Las semanas venideras dirán si la estrategia de usar las mismas herramientas de protesta que usó AMLO en el año 2006 (sin lograr más que estorbar a los capitalinos durante más de cuatro semanas) es la adecuada o lo llevará a unas comparaciones peligrosas y desfavorables, por la disparidad entre los recursos del entonces candidato derrotado y de las tropas más exiguas de Frena. 

Mientras tanto, en Monterrey, se sigue jugando batallas sordas por las candidaturas a la gubernatura del Estado de Nuevo León. ¿Existe realmente una competencia entre Clara Luz y Tatiana por la candidatura de Morena? ¿Puede estar Clara Luz jugando en dos mesas de póker simultáneamente, apostando también en otra jugada del PAN? ¿Habría compatibilidad entre Abel Guerra y sus intereses múltiples y los múltiples intereses de las cúpulas panistas? 

¿Estará el PAN abriendo también varias jugadas dejando abierta la posibilidad de una alianza con Movimiento Ciudadana, a pesar de las decisiones de los dirigentes nacionales de este partido de ir solos a la batalla electoral? ¿La Alianza local, PAN y Movimiento Ciudadano estaría condicionada a que el candidato sea Luis Donaldo Colosio, a exclusión total del senador Samuel García, lo que explica tantas afirmaciones reiteradas del senador que Luis Donaldo va por la alcaldía de Monterrey, para apartarlo de su camino a la candidatura por MC? 

Tantas dudas e interrogantes solamente demuestran que en este momento, la política no es de ideas ni de partidos, sino de candidatos , de sus personalidades y de la imagen que proyectan en la opinión pública. No se pelea por una visión política ni por una visión del desarrollo del Estado de Nuevo León, se pelea por intereses de grupos, pero tristemente, principalmente intereses económicos. 

El Estado es considerado un botín. Lo que está en discusión es la mejor combinación de personas para defender intereses muy particulares. La víctima de este proceso deformado será el propio estado de Nuevo León. Ya sufrió mucho con un sexenio de un aprendiz de gobernador de tiempo parcial, y dos sexenios de saqueo priista. 

Urge un proyecto serio y candidatos preparados para administrar el Estado y dejar a un lado los juegos fatales de la partidocracia. 

Daños colaterales del COVID: millones de mexicanos con enfermedades graves han dejado de recibir atención médica

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Esta columna es parte del análisis Altius Consultores para orientar en la toma de decisiones. Consulta este y otros temas haciendo clic en https://bit.ly/Reporte19 

Animal Político señala que al menos un millón 500 mil personas con distintos padecimientos como cáncer, hipertensión o diabetes no tuvieron atención hospitalaria y de urgencias en México, sobre todo a partir de abril, cuando comenzó la pandemia por coronavirus en el país. 

Hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil.

Algunos de los factores que señalan expertos para dar una explicación a este fenómeno son: 

  1. Las personas no acuden a hospitales por miedo a contagiarse. 
  2. La dificultad de encontrar algún hospital si el que les corresponde sólo se enfoca en atención a COVID.
  3. La decisión del Consejo Nacional de Salud de reconvertir hospitales para dedicarse solo a la atención de pacientes contagiados por COVID.

Los datos preliminares de la Secretaría de Salud muestran que en el primer semestre de 2020 se registraron 748 mil 52 personas hospitalizadas en las unidades médicas públicas de 26 estados del país.

Hay una reducción del 30% en comparación con el mismo periodo del año pasado, en el que se registraron 1 millón 67 mil 426 hospitalizaciones. Un ejemplo de esta reducción es que mientras de enero a marzo la cifra de hospitalizados por complicaciones de diabetes se mantuvo arriba de 4 mil personas, de forma similar a 2019, en abril las hospitalizaciones se redujeron a 2 mil 500.

El doctor e investigador Alejandro Macías, quien lideró la estrategia contra la pandemia de influenza en 2009 en México, señaló que la caída en la atención y hospitalización de diversos padecimientos también ocurrió con la crisis del virus H1N1, resultado de deficiencias sistémicas del sistema de salud.

Independientemente de que no exista una estimación de cuántas muertes se están dando por la falta de atención médica, México tardará al menos 2 años para poder recuperar solo las cirugías que se han retrasado. 

Si bien la decisión de reconvertir hospitales para dar atención al COVID fue una medida necesaria para evitar el colapso en la atención de la pandemia, los daños colaterales de esta situación deben identificarse y atenderse.

El sector va a requerir una fuerte inyección de recursos para salir adelante, lo que implicará una de las variables más importantes en la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2021.

La analista Viri Ríos señala que el gasto en salud en México es de 5,5 puntos del PIB, menor al gasto de Honduras, El Salvador y Zimbabue. “El gasto no solo es extremadamente bajo, sino que de acuerdo a los estudios del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), ha caído significativamente en los últimos diez años”. 

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, un país como México debería al menos gastar el doble de lo que gasta actualmente en salud.