Los gringos destapan a las autoridades mexicanas

El domingo por la noche nos fuimos a dormir sabiendo que el ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, había sido detenido en Italia, por autoridades de ese mismo país. La versión original que dio la Procuraduría General de la República, fue que autoridades mexicanas habían colaborado con sus contrapartes italianas, con el fin de detener al ex mandatario tamaulipeco, acusado de lavado de dinero y narcotráfico.

Durante el transcurso del día de ayer esta versión dada por la PGR se ha ido desmintiendo en varios medios internacionales, y ahora se habla de una tensión diplomática entre Estados Unidos y México, dado que ambos buscan la extradición de Yarrington a su país.

Según las autoridades de la Homeland Security de los Estados Unidos, las autoridades mexicanas poco o nada tuvieron que ver con la detención del ex gobernador de Tamaulipas. Al contrario, fuentes oficiales de Estados Unidos han hablado sobre el tiempo que llevan rastreando a Yarrington, mismo que acusan en el vecino país del norte de ser operador de una empresa criminal, lavado de dinero y narcotráfico.

Han dado a conocer que fueron ellos, en colaboración con las autoridades italianas los que lograron la detención de Yarrington. Esto contradice, directamente lo dicho por la PGR en su comunicado del domingo por la noche donde textualmente declaraba lo siguiente:

“La Procuraduría General de la República informa que el día de hoy, gracias a la colaboración de la Subprocuraduría Jurídica y de Asuntos Internacionales, la Agencia de Investigación Criminal, así como las autoridades del gobierno de Italia, se logró la ubicación y detención del señor TOMÁS JESÚS YÁRRINGTON RUVALCABA, en Italia.”

Ayer durante la mañana Altavoz MX y otros medios de comunicación, dimos a conocer un video donde se ve el momento exacto cuando detienen a Tomás Yarrington, que en ese momento se encontraba acompañado por otra persona de nacionalidad polaca.




Si uno ve el video con detenimiento, en una parte sale un agente del Homeland Security en específico de la Immigration and Customs Enforcement (ICE), quedando así demostrado que Estados Unidos incluso envió agentes para tratar con las autoridades italianas y lograr la detención.

Lo último que se ha estado comentando, es que al igual que con el caso Humberto Moreira, cuando fue detenido en España, donde la Embajada de México en Madrid se volcó totalmente a liberar al ex gobernador de Coahuila, lo mismo está sucediendo en el caso de Yarrington. La Embajada de México en Roma, pelea a capa y espada que el ex mandatario de Tamaulipas sea extraditado a México y no Estados Unidos. ¿Cuál es el futuro de Yarrington?

Probablemente sea en una prisión en los Estados Unidos, en específico en Texas, entidad donde se ha girado la orden de aprehensión en su contra. Aunque, Yarrington es de nacionalidad mexicana, el país que más delitos le impute, es el que lleva la preferencia en la extradición, es decir en este caso Estados Unidos, que le imputa cuatro, entre ellos narcotráfico y lavado de dinero.

Pero de esta historia, lo que es hartamente interesante, es el proceder de las autoridades mexicanas. El domingo se colgaron la medallita de haber sido ellos los que lograron la detención de Tomás Yarrington, para luego ser penosamente desmentidos por parte de las autoridades estadounidenses. Mientras tanto, hasta el día de hoy las autoridades mexicanas pelean la extradición del ex mandatario, lo que huele a que es con el fin de que este interponga un famoso amparo, y salga en unas cuantas horas libre y vuelva a escapar.

No olvidemos que todo este teatro viene también en plena época electoral y en el momento en el cual el PRI está en peligro de perder el Estado de México, lo joya de la corona, Nayarit y Coahuila. Por lo tanto, no nos debe de sorprender que esta administración haya tratado de colgarse la medalla de combatir la corrupción.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

La máscara de la ficción

Justo frente a la cama, en una esquina de su alcoba, se yergue un librero de caoba. Por las mañanas, cuando el alba filtra las tenues partículas de luz a través de la débil cortina que protege a la ventana, observa iluminados unas maravillas en cada uno de sus anaqueles.

En el primer anaquel (si se observa de arriba hacia abajo), ve el temor en las murallas de Roma ante Aníbal; y sus elefantes embistiendo a las legiones malditas de Escipión en un continente desconocido. Atestigua el sufrimiento del último Gran Maestre de la Orden del Temple, envuelto en fuego, mientras lanza la maldición que terminó con toda la estirpe del rey de Francia.

Se vuelve cómplice del hidalgo de la Mancha en la lucha entre lo real y lo ideal (esto en una fantástica edición que se acompaña por un volumen complementario; como si no fuesen suficientes las letras románticas que preceden a la lengua cervantina), al enfrentarse a gigantes, ladrones, y enamorarse sin ser correspondido.

Si continua deslizando la mirada, visita aquel pueblo donde los muertos ambulan; donde la tierra es alimento y llueven flores; ahí donde los pergaminos vuelan y se vive –en ciertas ocasiones– más de cien años. Conoce de la osadía de Miguel Strogoff y su travesía por Rusia. Revive la rebeldía de los perros, el asesinato del Esclavo, y la hazaña de un Jaguar en el Colegio Militar Leoncio Prado. Percibe el olor que despiden los libros de la Biblioteca de Babel, el terror de los espejos, y el anacoluto del Tiempo en el Aleph.

Conoce la ingeniosa mente de Guillermo de Baskerville, quien resolvió el terrible crimen en una abadía, pero incendió, en el proceso, una biblioteca entera y la Poética de Aristóteles.

Escucha los ladrillos cayendo sobre lo que sería la girola de la Basílica de Santa María del Mar; muchos de ellos colocados –por cierto– por quien trabajó en la Barcelona del Siglo XIV como palafrenero, estibador, soldado y cambista. Observa a una Reina Duende atormentar a una princesa en el Palacio de Texcoco por las magias de un corazón de jade. Es testigo de la venganza de sangre que derivó de un asedio a una fortaleza solitaria en el médano de Malta.

Acto seguido, levanta esa débil cortina y mira a través de la ventana (no sin antes abrirla para permitir que la frescura y el aroma del rocío permee cada esquina de la habitación) otras tantas maravillas.

Observa la tierra del ombligo de la luna teñida escarlata, donde entre cerros, los crisantemos florecen en vano. La profecía del vuelo del ave que no aterrizó parece haberse cumplido, piensa.

Se percata de lo poco afable que resulta el olvido en la política. Observa una ciudadanía que atraviesa los mundanos pantanos de la indiferencia. Activistas que eligen bandos, portan armas, pero cavan trincheras y en zozobra se esconden. Maestros que exigen, recriminan, azotan; jamás educan.

Escucha voces del pasado a través del eco de cuarenta y tres estudiantes. Nota como la violencia aún permea la ósea del mejicano: ciudades donde no habitan las mujeres; gobiernos que enmudecen la voz de la democracia; pueblos que se alejan de la civilización.

Paisanos que huyen de sus raíces indígenas, y que abrazan el seno materno de culturas extranjeras. Nota un despotismo en la clase política que gobierna distanciado del ciudadano y de la ley; aquel cinismo que diluye el epígrafe de su muerte anunciada.

Entiende que no existen los pobres, sino estadísticas, y que la esclavitud se ha domesticado.

Todo aquello (disculpe el oxímoron) es una realidad quimérica. Son efímeros segundos donde la máscara de la ficción le muestra lo inverosímil que puede mostrarse la realidad, o dicho de otro modo, lo verosímil que resultan ciertas ficciones.

Quizá por ello, a aquel mexicano que observa semejantes maravillas, cada mañana le resulte su país más increíble que las ficciones de su librero…

Se ha convencido: entre los anaqueles de un librero cualquiera, se descubre al espíritu humano, y de tal azar, el de toda una nación. Solo ahí, podrá entonces el espíritu nacional, encontrar sosiego.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”