#HojaDeRuta: “Oponerse con razón”

Comparte este artículo:

Era bien sabido que vendrían reformas a la ley orgánica previas al inicio del nuevo gobierno federal. Es lógico que una nueva administración busque cambiar la arquitectura institucional del aparato federal para que este se adecúe al plan de gobierno que se ejecutará. De hecho esto suele suceder cada sexenio.

Si bien es natural que la oposición polemice con la naturaleza de estos cambios, no deja de sorprender el encuadre político que se ha buscado darle en este caso: el de prevenir una dictadura. 

Los legisladores de Acción Nacional tomaron la tribuna previo a la aprobación de estas reformas, sosteniendo una manta que rezaba “No a la Dictadura Obradorista”, acompañada de una imagen del presidente electo con uniforme militar y una bandera venezolana de fondo, obviamente referenciando al ex mandatario de ese país, Hugo Chávez.

Como táctica, la comparación de AMLO con Chávez dio excelentes dividendos al PAN, pues desde 2006 buscó hacer un símil entre ambos personajes bajo un discurso del miedo, en aquella infame campaña del “Peligro para México”, a pesar de que las supuestas similitudes no resistían el escrutinio. 

En el proceso electoral de 2018 se buscó nuevamente generar una liga similar, que no funcionó ante un electorado lleno de hartazgo y enojo hacia las opciones tradicionales y las agudas problemáticas del país, desde la corrupción hasta la violencia.

Como cualquier tema público, la creación de la figura de los delegados federales y cualquier otra decisión que tome la administración de AMLO -y cualquier otra, para ese propósito- es debatible. Sin embargo, afirmar que estas reformas están llevando al país hacia una dictadura es un exceso que carece de responsabilidad institucional hacia la República.

Para dimensionar los cambios que están ocurriendo, por ejemplo, con la nueva Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, habrá que recordar que en 2012, al entrar la administración del Presidente Peña Nieto, también se hicieron reformas a la Ley Orgánica que desaparecieron la Secretaría de Seguridad Pública y crearon la Comisión Nacional de Seguridad dentro de la Secretaría de Gobernación. Esta dependencia quedó como responsable tanto de la política interior como del aparato de seguridad no militar del Estado Mexicano, es decir, reunió en un solo ente la operación política y la seguridad pública.

En aquél momento se criticó de diversos sectores la maniobra, pero no se habló de una dictadura. Cabe también traer a la memoria pública el exposé que publicó el New York Times en junio de 2017, cuando dio a conocer que el Estado Mexicano, a través del software Pegasus (en el que habría gastado alrededor de 80 millones de dólares), estaba espiando a activistas de Derechos Humanos y periodistas, cuando se suponía que esa herramienta solo debería ser utilizada para investigar a criminales y terroristas. Esa sí que era una práctica propia de una dictadura: espiar a quienes un régimen considera enemigos políticos.

La oposición tiene derecho de ejercer crítica y presión política como mejor le parezca, dentro del marco de la ley, pero también de un marco ético: el de no desinformar ni tergiversar la realidad, pues vivimos una época donde los hechos comprobables son cada vez más frágiles, mientras se fortalecen percepciones políticas basadas en la desinformación y la discordia.

Una dictadura implica la desaparición de garantías, censura a la prensa, represión ante la disidencia, la utilización del aparato estatal para amedrentar e incluso asesinar. Significa la destrucción de las instituciones democráticas y el imperio de la ley. 

La tragedia es que, aunque no de forma generalizada, estas atrocidades han venido ocurriendo durante los últimos años en México: se violan Derechos Humanos; se asesinan periodistas; se espía a activistas; se realizan ejecuciones extrajudiciales; se cometen actos de corrupción y fraude de forma sistemática; se pisotea la ley.

Personajes como Bolsonaro en Brasil, Duterte en Filipinas y el mismo Trump significan una regresión hacia fantasmas del pasado que creímos expiados en el siglo XX, pero retornan de las sombras de donde se escondían. Hoy México tiene el reto compartido desde el nuevo gobierno federal, las autoridades a todos los niveles, la oposición, la prensa y la sociedad en su conjunto, de conducir la vida democrática dentro de la institucionalidad.

Más valdría concentrarse en fortalecer nuestra frágil democracia para evitar la polarización, que andar azuzando y sembrando la sedición sin fundamentos. Puede estarse de acuerdo o no con la agenda del Presidente electo, pero no existe ningún elemento objetivo para afirmar que se está avanzando hacia un régimen totalitario.

Vivimos un momento complejo, donde las polarizaciones pueden agudizarse y mutar en extremismos. Lo mejor que puede hacer la oposición es precisamente serlo, de manera crítica, responsable y con la dureza que considere necesaria, pero dentro de un marco democrático, es decir, con hechos y dentro de la ley.

gilberto@altiusconsultores.com

Venezuela y su rentabilidad electoral

Comparte este artículo:

Hace no muchos años Venezuela era un país próspero, que mostraba resultados interesantes en cuanto al crecimiento económico, reduciendo la pobreza, acabando con el analfabetismo, creando universidades, ampliando los programas de vivienda y salud e invirtiendo como nunca antes en tecnología. Vaya, que a pesar de las críticas, se convirtió en un modelo que otros países sudamericanos esperaban emular, con sus propias particularidades.

Sin embargo, dos sucesos fueron determinantes para que todo eso cambiara, uno con impacto político, otro con impacto económico. En el primer caso, la muerte del presidente Hugo Chávez, permitió que la oposición resurgiera con dientes afilados frente a un liderazgo en principio débil de Nicolás Maduro. En el segundo caso, la caída del precio del petróleo entre 2013 y 2014, supuso una enorme pérdida de ingresos para sostener el modelo, ello, aunado a lo poco atractivo de invertir en el país era la receta para el caos social que ya estaba en marcha. 

Ahora, los medios nos presentan casi a diario situaciones extremas donde la realidad supera a la ficción. Enfrentamientos continuos entre ciudadanos y policías, enormes filas para conseguir alimento, mercados vacíos, precios estratosféricos, represión, desnutrición, y un largo etcétera.

Se ha convertido en el ejemplo del “desastre” y es utilizado en hispanoamérica durante los procesos electorales (o incluso propaganda perpetua) como un argumento fuerte contra todo movimiento o partido de izquierda que pretenda llegar al poder, aún que este no se acerque en lo económico o ideológico al proyecto de Chávez, ni al contexto ni características de Venezuela. 

Ejemplos sobran, en México, al candidato presidencial Andres Manuel López Obrador, vienen adjudicándole una amistad nunca comprobada con Hugo Chávez desde su primera candidatura en 2006, advirtiendo del peligro que representa el proyecto del tabasqueño. 

En el actual proceso electoral de Colombia también acusan frecuentemente a Gustavo Petro del Movimiento Progresistas y Sergio Fajardo, independiente, de tener cercanía con el régimen de Nicolás Maduro. En Ecuador, al actual presidente Lenin Moreno, de Alianza País, lo acusaban de chavista bolivariano. Lo mismo a Pepe Mujica y Tabaré Vásquez, ambos mandatarios uruguayos, aunque los doce años del Frente Amplio han demostrado resultados positivos de una izquierda diferente a la venezolana. También en España, al partido Podemos, encabezado por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, lo han tratado de ligar constantemente al país sudamericano para desacreditarlo.

En Chile, me tocó vivir las elecciones presidenciales de diciembre del año pasado y el famoso ‘Chilezuela’ fue una losa muy pesada para el candidato oficial Alejandro Guillier de la Nueva Mayoría, lo que llevó a Sebastián Piñera a ganar la presidencia por segunda ocasión. 

Así pues, en una especie de soft power invertido, mientras Venezuela no se reponga de la crisis en la que se ha sumergido, su trágico ejemplo seguirá teniendo impacto internacional, utilizándose como advertencia del apocalipsis y evitando que las opciones de izquierda o centroizquierda lleguen al poder. 

#ElTalónDeAquiles: “Parteaguas electorales”

Comparte este artículo:

Durante años, se han analizado las olas de cambio político que dibujaron y redibujaron América Latina. Al populismo de primera parte del siglo XX, el de Perón (Argentina) y Vargas (Brasil), siguieron líderes autoritaros: Pinochet (Chile), Stroessner (Paraguay), y Videla (Argentina), entre otros. La década 1980, sin embargo, trajo cambios. Por un lado, una ola de democratización barrió la región. Por el otro, la izquierda radical, sobre todo la centroamericana, se organizó en frentes guerrilleros. Ambos bandos prometieron justicia y bienestar, pero ambos quedaron debiendo. En el primer caso, el neoliberalismo, que nos habrá tal vez sacado de la crisis económica, disipó los beneficios que eventualmente podían resultar del nuevo marco democrático. De hecho, la centro-izquierda de Duarte (El Salvador), Alwyin, Frei, y Lagos (Chile), terminó siendo también victima del neoliberalismo, confundiénsose con la centro-derecha de Menem (Argentina), Arias, Calderón, Figueres, Rodríguez, Pacheco, y Chinchilla (Costa Rica), y Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, y Peña-Nieto. En el segundo caso, mucha de la izquierda radical impulsó luego el llamado “socialismo del siglo XXI”, que llevó al poder a Chavez (Venezuela), Morales (Bolivia), Correa (Ecuador), los Kishner (Argentina), Lula (Brasil), Lugo (Paraguay) y Zelaya (Honduras), pero cuyos resultados en materia de calidad de vida de las poblaciones, siguen siendo, con la plausible excepción de Brasil y de Ecuador, debatibles.

Estudiar el cambio en el mapa político latinoamericano que acontece en 2018 amputado de este marco histórico es incapacitante pues sin él, es imposible identificar las diferencias entre las elecciones en donde hay procesos de inercia, de aquellas con potencial de convertirse en parteaguas. Por ejemplo, fuimos testigos en abril de la asención al poder de Miguel Díaz Canel en Cuba. Es refrescante ver, por primera vez desde 1959, a un no-Castro al frente de la isla. Pero más allá del simbolismo, el nuevo presidente ha multiplicado sus declaraciones a favor del sistema de partido único. Además, Raúl Castro sigue siendo jefe del Partido Comunista. También en abril, en Paraguay, el Partido Colorado, bajo el liderazgo de Mario Abdo (hijo del exsecretario privado de Stroessner), triunfó sobre la alianza de centroizquierda GANAR (Gran Alianza Nacional Renovada) de Efraín Alegre. Abdo se declaró contra el matrimonio homosexual y el aborto. Hoy, en Brasil, Lula está en la cárcel, y Jair Bolsonaro, un exmilitar, homofóbico, favorable a la tortura, puede ganar. ¿Y qué decir de las elecciones en Venezuela? En este caso, quien vaticine el triunfo opositor, demuestra las virtudes y excesos de la imaginación. 

Ahora, otros procesos electorales, que también acontecen actualmente en la región, sí tienen potencial de inyectar nuevas formas de hacer política. En Costa Rica, el oficialismo consolidó una ruptura casi milagrosa con el bipartidismo tradicional. Con una minoría parlamentaria y un sistema multipartidista que no termina de consolidarse, el nuevo presidente debió formar un gabinete multipartidista llamado a generar gobernabilidad. El cambio es vulnerable, pero prometedor. En Colombia, de los resultados de la elección de mayo depende el futuro del proceso de paz, el cual está a medias en la tarea de acabar con un conflicto armado que duró más de medio siglo, y que a duras penas avanza con el Ejército de Liberacion Nacional (ELN). Le toca a Gustavo Petro, exmilitante del M-19 y líder de la coalición “Colombia Humana”, la misión de derrotar a Ivan Duque, candidato uribista, quien dirige la alianza “Gran consulta por Colombia”, y que defiende esa forma de ver y de hacer la política que eternizó el conflicto en ese país por décadas. El legado de Juan Manuel Santos es frágil. En fin, México está poniendo término al gobierno de Enrique Peña Nieto. Si el candidato de la “Coalición Juntos haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), logra llegar a Los Pinos, existe potencial, por lo menos más que si llega Anaya (PAN) o Maede (PRI), de que suceda algo diferente a lo que ha sido la historia de ese país desde 1982. De lo contrario, para bien o para mal, será más de lo mismo. 

Hoy, América Latina se debate entre regresar al pasado o aventurarse en el siglo XXI. No hay más olas: la región se parte en trayectorias diversas. El regreso al pasado, o la defensa de lo existente, es propuesto en algunos países con fuerza, sin complejos. Y en aquellos casos en donde progreso hay, el mismo es endeble, no solo porque la derecha es experta en recordar las catástrofes de la izquierda radical y en matizar los éxitos de la izquierda democrática, sino también porque a pocos les gusta salirse de su zona de confort. Y sin embargo, la aspiración por justicia social, el desencanto con élites políticas poco creativas, a menudo corruptas, e insensiblemente tecnocráticas, nutren un voto que penaliza más de lo mismo ante un pasado en el cual todos quedaron debiendo. 

La lucha ya no es hoy ni entre izquierda y derecha, ni entre populismo y tecnocracia, sino entre conservadurismo y progresismo. Conservador es quien objeta el cambio, sea este de izquierda o de derecha; progresista es quien cree que el cambio tiene el potencial de ser positivo, sobre todo cuando las recetas probadas y reprobadas del pasado, han dado suficientes muestras de no satisfacer las expectativas sociales. Y entonces yo me pregunto: ¿Si insatisfacción hay, cómo esperar resultados diferentes eligiendo siempre a los mismos?

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), mayo de 2018

#ContraPortada: “La Pejefobia”

Comparte este artículo:

Andrés Manuel López Obrador encabeza todas las encuestas desde todos los medios posibles, nadie puede negar que es el político más conocido en México y el preferido para ganar las elecciones presidenciales del 2018.

Existe una “Pejefobia” irracional basada más en supuestos que en hechos; dispuesta a polarizar cada una de sus declaraciones y a atacarlo bajo el ingenuo concepto de que convertirá a México en Venezuela como Chávez o en Cuba como Fidel Castro, vaya tontería.

La pejefobia radica en:

  1. Tildarlo de loco: Durante muchos años a AMLO se le ha acusado de estar “loco”, de proponer ideas imposibles y de tomar una postura extremista. Mientras nuestros presidentes iniciaron una guerra contra el narco, tuvieron los escándalos más grandes de corrupción como las casas blancas y cientos de miles de muertos bajo sus mandatos. ¿Quiénes son los locos?
  1. AMLO convertirá a México en Venezuela: En reiteradas ocasiones se relaciona al líder de MORENA con el difunto Chávez y con el régimen de Venezuela; también los creadores de esta relación se han pronunciado diciendo que no es más que una estrategia publicitaria para desacreditarlo. Lo cierto es que los contextos políticos y sociales de ambos países con radicalmente opuestos y que la figura del Senado en México jamás le permitiría a AMLO llegar a ser ni cerca el dictador que sí fue Chávez.
  1. Es un peligro para México: Esta ha sido quizá le enfermedad más efectiva que alimenta la pejefobia. La han llenado de frases como ‘si votas por Obrador perderás tu empleo’, que ‘se nacionalizará absolutamente todo en México’, que ‘se limitará el acceso a la salud’ y que ‘el caos de inseguridad en México será incontrolable’. La realidad es que los números lo respaldan, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal su papel fue tildado de destacado, tan es así que la fundación City Mayors le entregó el reconocimiento al segundo mejor alcale del mundo por su trabajo en la Ciudad de México. ¿Nos quedamos con frases o con hechos?

Lo cierto es que, a pesar de sus desaciertos y declaraciones desafortunadas, el líder de la izquierda en México goza de un equipo destacado que lo acompañan en su gabinete, de una coordinadora nacional que ha sobresalido por su habilidad e inteligencia y de nuevas regiones que en años anteriores jamás lo apoyarían pero que hoy están decidiendo inclinarse a su proyecto de nación. Acabemos con la Pejefobia y mejor tengámosle fobia a la corrupción, cinismo e inseguridad en la que nos han dejado los últimos presidentes.

Tras advertencia de AMLO, Fox asegura que depende su pensión para vivir y que no se la pueden quitar.

Comparte este artículo:

El ex Presidente Vicente Fox Quesada aseguró este viernes que a él nadie le va a quitar la pensión vitalicia que recibe por poco más de 200 mil pesos al mes, porque, aseguró, de eso vive.

La declaración del panista se da a días de que el líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, anunciara que de ganar las elecciones en 2018, retirará la pensión vitalicia a los ex mandatarios.

Además, el ex mandatario sostuvo que el populismo de López Obrador al del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su antecesor, Hugo Chávez, y que en 10 años podría destrozar una nación como paso en Venezuela.

El ex Presidente de México, quien en el 2000 interrumpió el mandato histórico del Partido Revolucionario Institucional (PRI), visitó Guanajuato capital para presentar una ponencia ante jóvenes, como parte de las actividades de la Semana de la Juventud, que organiza el gobierno municipal.

Ahí, Fox habló sobre las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México y Estados Unidos y resaltó que de no llegar a un acuerdo pondría en jaque a México, “nos va como en feria por un buen rato”.

Sin embargo, aseguró que México ha llevado bien los acuerdos para lograr un TLC mejor del que se tiene hoy, pero con la primicia de que beneficie a ambas partes, no que solo un país lleve la ventaja.

Dijo que una negociación equivocada como la que pretende el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, muchas cosas se ven amenazadas, por eso México ha decido aliarse con Canadá y empresas que están en desacuerdo con Trump para sacar un buen acuerdo.

¡Lo cumple! Nicolás Maduro instala la Asamblea Constituyente

Comparte este artículo:

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de Venezuela se instaló este viernes en un salón del Palacio Federal Legislativo aledaño al hemiciclo en que tiene su sede el Parlamento en el centro de Caracas.

Tras las controvertidas elecciones del pasado domingo las cuales fueron desconocidas por la oposición, por gobiernos internacionales y por la comunidad misma, el día de hoy se instaló la ANC con 545 miembros los cuales se reunieron para dar inicio a sus labores.

La ex canciller Delcy Rodríguez será la encargada de presidir el organismo, un supra poder que tiene como función redactar una nueva Constitución para el país.

Rodríguez afirmó que el objetivo de la ANC no es cambiar la Constitución de 1999 sino “apartar del camino todos los obstáculos que han impedido su materialización”.

Con la Constituyente, los retratos de Simón Bolívar y de Hugo Chávez regresaron al Palacio Federal Legislativo, donde presidirán las sesiones en el Salón Elíptico, donde se guarda el Acta de Independencia y están representados los próceres del país y las batallas históricas de la independencia.

“La ANC estará regida de forma provisional por el mismo reglamento de funcionamiento que utilizó la Constituyente electa en 1999“, afirmó Soto Rojas.

Antes de la elección de la Directiva, Cabello leyó el artículo 349 de la Constitución venezolana en la que se establece que los poderes constituidos no podrán oponerse a las decisiones de la ANC, afirmando que esta tendrá poderes plenipotenciarios.

Tras la instalación, la presidenta de la ANC, Delcy Rodríguez, lanzó duras acusaciones en contra de la oposición. “Ellos son violadores masivos de los derechos humanos”, dijo.

“A esa derecha le decimos que si no toma el camino democrático y de la acción política se impondrá la justicia. El pueblo de Venezuela no va a entregar su destino a una minoría violenta”, afirmó.

La primera sesión de trabajo de la ANC está prevista para hoy sábado a las 10 de la mañana.

Venezuela: La última gran dictadura de América

Comparte este artículo:

Después de la muerte de los ex mandatarios militares Hugo Chávez (2013) y Fidel Castro (2016) gobernantes de Venezuela y Cuba, respectivamente, se creó una ligera idea internacional de que las dictaduras en América Latina llegarían a su fin, los últimos dos dictadores que habían perdurado en el inicio del siglo XXI finalizaban sus gestiones de la única forma en como habían planeado terminarla, a través de su muerte. Grandes revolucionarios que lucharon por la libración y democratización de sus países pero que sucumbieron ante el poder y la demagogia llevando su administración a gobiernos dictatoriales que han durado muchos años trayendo consigo crisis sociales, económicas y geopolíticas, por lo que los hizo los patitos negros de la región latinoamericana.

Juntos se consolidaron bajo una misma ideología, llamada el socialismo del siglo XXI, de idiosincrasia antiimperialista y populista pero disfrazada de una democracia autónoma y libre, nada más alejado de la realidad. A lo largo de los años vimos cómo estos líderes “democráticos” manipularon las leyes a sus conveniencias, participaron en elecciones fraudulentas y totalmente arregladas, provocaron crisis económicas al interior de sus países, rompieron relaciones comerciales con el resto del mundo e hicieron a un lado los derechos humanos de sus conciudadanos haciéndolos pasar hambre, escases y vivir en condiciones atroces.

Pero la historia dictatorial de la región no se extinguió a la par del fallecimiento de estos dos revolucionarios, al llegar la conclusión de sus mandatos, cual sistema monárquico, designaron a su sucesor, al siguiente en la fila, aquel súbdito fiel y apegado a su ideal que continuaría con el trabajo que ellos habían comenzado, permitiendo la continuidad del régimen. Nicolás Maduro en Venezuela y Raúl Castro en Cuba, la dictadura cambiaba de rostro, pero las condiciones a las que se encontraban sometidos los venezolanos y los cubanos continuarían su curso.

La clave de su perpetuidad  de estas dictaduras se centró en dos acciones principales, elecciones ficticias, es decir, fraudes electorales y elecciones arregladas donde se fomenta la participación ciudadana, pero los resultados obtenidos sean según lo planificado y la segunda, la alteración de las constituciones políticas y manipulando la legislación a su antojo para la creación de leyes que conforman hoy todo un sistema institucional de violación de las libertades y derechos fundamentales en esos países.

Esta última es la que ha puesto en marcha el gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela comenzó el proceso para cambiar su sistema legislativo, para cambiar aquella constitución bolivariana que el mismo H. Chávez instauró en 1999 como símbolo de la nueva República de Venezuela. El alumno superó al maestro. Y tras 18 años de chavismo, Maduro comienza una nueva etapa, una nueva constitución y una nueva forma de pasar a la historia alejándose de la sombra de su antecesor.

El madurismo se alza como la nueva dictadura de Latinoamérica, producto directo de todo aquello por lo que Chávez alguna vez lucho décadas atrás. Comienza la dictadura de Maduro con un borrón y cuenta. Y empoderándolo más que a cualquier otro dictador en la historia de Venezuela. Veremos cuáles serán las consecuencias de tales decisiones y el destino que le depara a los venezolanos que son los que más sentirán las secuelas de esta dictadura que se levanta.

Periodista Venezolano acusa a Embajadora de su país de Participar en Evento de Morena

Comparte este artículo:

En entrevista con Noticias MVS con Luis Cárdenas, el periodista venezolano, Juan Carlos Aguirre, acuso a la embajadora de Venezuela en nuestro país, Maria de Lourdes Urbaneja, de participar en eventos públicos del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Durante la entrevista con el periodista mexicano, Aguirre dijo que la embajadora venezolana era una representante del chavismo haciendo política, puesto que participaba en un evento para buscar influir en la opinión pública.

El periodista venezolano comento que vio a Lourdes Urbaneja en un evento en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también participo la Secretaria General de Morena, Yeidckol Polvensky, misma que culpo a la oposición de lo que sucede en Venezuela y contaba con el apoyo de la embajadora venezolana.

Por último, Aguirre aclaro que hay venezolanos luchando por la libertad de Venezuela y aclaro que el discurso populista de hace 18 años que llevo a Hugo Chávez al poder, era completamente distinto al de algunos candidatos en México.

Con información de Noticias MVS.

Dimes y Diretes: “¿Autoritarismo, extorsión, o simple presión?”

Comparte este artículo:

Este fin de semana en dos ocasiones el pre pre pre pre candidato a la Presidencia de México por Morena, Andrés Manuel López Obrador “el Peje, condición a los partidos de izquierda, PRD, PT y Movimiento Ciudadano, a unirse a su movimiento, pues de no hacerlo son parte de la mafia del poder.




El problema del discurso, no es solicitar que los partidos de izquierda se unan a Morena rumbo al 2018, tampoco que la condición para unirse es que los candidatos en Nayarit, Coahuila, Veracruz y el Estado de México, declinen por los candidatos y candidatas de Morena, sino el tono autoritario que tiene el discurso.

Esta extorsión, por qué no hay otra manera de llamarlo, viene en un momento en el cual varias encuestas colocan a Delfina “Gatitos” Gómez y a Alfredo “Ken” Del Mazo, muy parejos en el Edomex, mientras que Juan Zepeda del PRD creció casi 10% en algunas encuestas, colocándolo como un candidato clave, para declinar a favor de alguno de los punteros. ¿Será que AMLO siente pasos y no quiere que se le vaya la joya de la corona priista?




Lo que sí le puedo decir estimado lector, y habrá uno que otro que se me sienta, es que los discursos de López Obrador del fin de semana, nos hace recordar al AMLO del 2006, mismo que fue en su momento comparado con Hugo Chávez de Venezuela e hicieron que fuera nombrado un peligro para México. Claramente, López Obrador se empieza a desligar de esa facción más conservadora y reservada de su partido político, y esto puede ser por el hecho que va puntero en las encuestas.

Pero recordemos lo que dijo hace unas semanas el colaborador de Altavoz, César Ulloa, algo con lo que coinciden muchos otros politólogos, “AMLO es su propio peor enemigo”, y parece que así será, si el dirigente nacional de Morena decide seguir con estos discursos autoritarios, podríamos verlo desinflarse y perder todo en el 2018.

¡Ahí Se Leen!

______________________________

– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

Todos quieren con Andrés Manuel

Comparte este artículo:

La disputa electoral rumbo a la presidencia de México en el 2018 parece tomar sus mejores panoramas. Por un lado se encuentra un Andrés Manuel López Obrador renovado, mediador y dispuesto a cambiar todo aquello que crítico pero que terminó por sepultar sus aspiraciones en contiendas pasadas. Por el otro lado, su competencia parece aún no definir rumbo.

Las pretensiones del Partido Revolucionario Institucional siguen estando muy lejanas de refrendar a su partido en la silla presidencial, luego de una pésima gestión de Enrique Peña Nieto y una contundente derrota en Estados clave para su militancia. Su rol se muestra secundario y podría funcionar más como una moneda de cambio que como un serio aspirante a competir.

Mientras que el Partido Acción Nacional– quien en teoría es el candidato natural a ocupar la silla presidencial- no ha logrado definir su figura estandarte para las elecciones presidenciales. En una esquina se encuentra Rafael Moreno Valle que representa un desarrollo en infraestructura muy notable para Puebla, acompañado de una incansable promoción en las diversas plataformas que no le ha logrado negar la ley, aun cuando se encuentra claramente en actos anticipados de campaña. Mientras que la lucha de Margarita Zavala y Felipe Calderón por obtener la preferencia al interior de su partido parece compleja y así lo muestra su caída en la preferencia electoral de diversas casas encuestadoras.




Militantes y funcionarios de diversos partidos, empresarios, apáticos del sistema político e incluso algunos ciudadanos están despejando de su mente la etapa del “peligro para México” al grado de expresar abiertamente su afinidad con el proyecto de nación que AMLO propone para México, dirigido- ahora sí- por un grupo de empresarios con gran peso en diversas industrias del país.

¿Cuál es el principal obstáculo de Andrés Manuel para ser presidente de México? La respuesta es muy sencilla: él mismo.

Durante los siguientes 15 meses será objeto de un sinfín de bombardeos publicitarios negativos, de una ola de descalificaciones y de adjetivos que alimenten la posibilidad de que su gobierno sea un martirio casi similar al de Hugo Chávez, Fidel Castro e incluso al de Nicolás Maduro, cuestiones que solemos achacar a candidatos de la izquierda mexicana aun cuando las proporciones y el contexto estén muy alejados de dichas comparaciones.

Hoy todos quieren con Andrés Manuel, es casi el yerno que todos los suegros quieren y su camino a la presidencia parece estar remarcado en líneas blancas en un camino recto. La forma de conducir y enfrentar al Andrés Manuel explosivo y radical- mismo que no creo que haya desaparecido- definirá si se convierte o no en el futuro presidente de México.

Todos quieren con Andrés Manuel, pero ¿Andrés Manuel sabrá lidiar con su ego radical y explosivo? He ahí la clave.




______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”