Talón de Aquiles: Paz en Colombia: ¿Colombia en Paz? De la Guerra Verdadera Hacia Una Paz Fragmentada

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Los tambores de guerra han callado. En la calle, líderes sociales afirman que la paz es inminente. Y sin embargo, queda todavía tela por cortar: el rol de las Fuerzas Militares en el post-conflicto no fue discutido durante este proceso de paz, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) sigue activo, y no queda claro si el Estado colombiano entrará a generar legitimidad a aquellas zonas hasta hoy controladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia–Ejército del Pueblo (FARC-EP). En esta segunda entrega del “Talón de Aquiles” dedicado al proceso de paz en Colombia, exploro el concepto de “paz fragmentada”, y completo el sobrevuelo de los procesos de paz en ese país.

Una paz fragmentada: procesos de paz en Colombia (segunda parte)

El régimen político colombiano entró en un nuevo periodo en 1991 con la aprobación de la nueva constitución que sustituye la de 1886. El nuevo orden formalizó la eliminación de los rezagos institucionales del Frente Nacional y permitió la incorporación al sistema político del M-19, del Ejército Popular de Liberación (EPL), del Movimiento Armado Quintín Lamé (MAQL) y de la Corriente Renovación Socialista (CRS).




El proceso es considerado como “exitoso”, a pesar de que el nuevo marco democrático y pluralista colombiano no impidió la continuación del conflicto armado. El ELN siguió activo y las FARC-EP experimentaron un crecimiento como nunca antes visto.

Además, aunque la historia oficial indica que el EPL se desmovilizó en 1991, 20% de sus efectivos se negó a hacerlo.

En 2013 todavía existían remanentes activos (cerca de 200 combatientes) en Catatumbo (Norte de Santander). Y también se expandieron los paramilitares quienes, de la mano de su líder, Carlos Castaño, fundaron en 1997 las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Algunos acercamientos, en Caracas (Venezuela) y Tlaxcala (México), tuvieron lugar en 1992 y 1993. Sin embargo, son dos los procesos de paz que se desarrollaron en los quince años posteriores a 1991. El primero, con las FARC-EP, fue liderado por el Presidente Pastrana (1998-2002) y fue acompañado por gobiernos de diversos países, organizaciones internacionales, y miembros de la sociedad civil.

El mismo, que fue considerado durante años como la última oportunidad de las FARC-EP para salir de la guerra, terminó en un rotundo fracaso. En febrero de 2002, luego de casi cuatro años de diálogos caracterizados por sabotajes (por parte de las FARC-EP, el ELN, y paramilitares), de desconfianzas del Ejército (ante la desmilitarización de una zona para adelantar las conversaciones), de presiones de Washington (que ya pensaba en un “Plan Colombia”), el Presidente dio por concluido el proceso.

La gota que derramó el vaso fue el secuestro por parte de las FARC del senador Jorge Géchem. Queda deslegitimado así el diálogo, como de hecho lo demuestra la popularidad alcanzada por la mano dura defendida por Álvaro Uribe en la campaña electoral de 2002. El segundo proceso de paz, desarrollado durante el primer periodo presidencial de Uribe (2002-2006), permitió la desmovilización de cerca de 30,000 efectivos de las AUC. El proceso generó severas dudas, pero fue acompañado por la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Durante este tiempo, se vivió en Colombia, en el mejor de los casos, una “paz fragmentada”, es decir un contexto en donde se logró desarmar, desmovilizar, y reinsertar (DDR) varios de los actores armados mientras que otros se reforzaron y continuaron con el conflicto armado. A decir verdad, la tal “paz fragmentada” es en realidad un eufemismo, pues no hay paz cuando actores armados siguen usando la violencia para avanzar sus objetivos políticos.

Un proceso serio

Se sabe que el gobierno de Álvaro Uribe, por medio del Comisionado de Paz, Frank Pearl, buscó negociar clandestinamente con las FARC en condiciones similares a las actuales (sin cese al fuego y creando zonas de distensión). Sin embargo, es en 2011 que el Presidente Juan Manuel Santos (2010-2018) anuncia a las FARC-EP su intención de retomar los acercamientos, lo cual desemboca en dos reuniones exploratorias, secretas, que tienen lugar en Cuba.

El Gobierno y las FARC-EP elaboraron una agenda para establecer los parámetros que regirían encuentros posteriores. El Gobierno nombró entonces a Frank Pearl, Sergio Jaramillo, Humberto de la Calle, y a Enrique Santos en su delegación; más adelante, se sumó Luis Carlos Villegas, Jorge Enrique Mora y Óscar Naranjo.

Las FARC designaron a Iván Márquez, Mauricio Jaramillo, Marcos Calarcá, Rodrigo Granda, y Andrés París. Luego, se designó a Cuba y a Noruega como países garantes y se solicitó a Venezuela y Chile fungir como facilitadores. Entre febrero y agosto de 2012 se organizaron diez sesiones preparatorias y en septiembre, el Presidente Santos dio a conocer a la luz pública estos intercambios.

La agenda de negociación se articuló alrededor de cinco puntos: política de desarrollo agrario integral; participación política; fin del conflicto; solución al problema de las drogas ilícitas; y determinar quienes son víctimas del conflicto armado. El primer acuerdo parcial, el de la política de tierras y desarrollo agrario, se logró seis meses después de iniciado el proceso, el 26 de mayo de 2013.

Se discutieron problemas como el acceso y uso de la tierra, la formalización de títulos de propiedad, la protección de reservas, el diseño de programas de desarrollo (infraestructura, salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza) con un enfoque territorial.

El segundo acuerdo, que versa sobre la participación política de las FARC-EP en el post-conflicto, llegó luego de 16 rondas de negociaciones, el 6 de noviembre de 2013. Se trata, entre otros, de garantías de protección para los exguerrilleros que deseen vincularse a la política.

El 16 de mayo de 2014 se alcanzó un acuerdo en el tema del narcotráfico y cultivos ilícitos. Entre los puntos debatidos se encuentran el desminado, la entrega de rutas, estrategias para bajar el consumo de drogas, la implementación del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso ilícito, y la suspensión de las fumigaciones con glisofato.

El 23 de septiembre de 2015, como parte del punto relacionado al “fin del conflicto”, se acordó crear un sistema de justicia transicional con una jurisdicción especial de paz que investiga, juzga, y sanciona delitos relacionados al conflicto armado. El objetivo es que haya verdad, justicia, y reparación a las victimas, es decir, que no haya impunidad. El 23 de junio de 2016 se firmó el acuerdo sobre el cese al fuego bilateral y definitivo.

Poco se sabe sobre el proceso en sí, lo cual no es extraño. Las negociaciones de paz que han sido exitosas en otras partes del mundo han contado con una estrategia de relaciones públicas que limita la circulación de la información. O sea, contrariamente a otros procesos colombianos, en esta ocasión no se hizo un “espectáculo público”.

El proceso ha sido serio, ha sido apoyado por partidos políticos colombianos de (casi) todo el espectro ideológico, entre ellos el Polo Democrático Alternativo, Marcha Patriótica, y otros movimientos progresistas, el Partido Liberal, el Verde, campesinos, estudiantes, indígenas, empresarios, y líderes religiosos.

Solo el “uribismo” (corriente política a favor del expresidente Álvaro Uribe) y algunos sectores afines al partido conservador se han manifestado en contra, aduciendo que no se puede negociar si no se solicita como prerrequisito un cese al fuego y que el Marco Jurídico para la Paz podría eximir a guerrilleros acusados de crímenes de lesa humanidad de sus responsabilidades.

Pero dichos grupos se encuentran aislados, no solo a nivel nacional sino también internacional: 47 países (incluyendo los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) han manifestado su apoyo al proceso de paz. Del mismo modo, entidades como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Unión Europea, y organizaciones como Human Rights Watch, ven con buenos ojos las negociaciones.

La firma del acuerdo no solo es un punto de llegada; también es un punto de partida

Para varios observadores, la “verdadera Guerra” de las FARC-EP inició en 1982 cuando, durante su séptima conferencia, el grupo guerrillero se planteó convertirse en un ejército popular. Durante los siguientes veinticinco años, las FARC-EP crecieron exponencialmente.

Pero también ascendieron los paramilitares, el narcotráfico se convirtió en una problemática transversal (que afectó a todos los actores en conflicto, incluyendo al Estado), y la población se cansó de hablar de paz. Hacia 2008, luego de la desmovilización de las AUC, de la muerte del líder fundador de las FARC, Manuel Marulanda “Tirofijo”, de la captura de varios miembros del Estado Mayor Central, y de la persistente imagen que borraba la diferencia entre guerrilleros y narcotraficantes ante la opinión pública nacional e internacional, quedó claro que los “mejores tiempos” de las FARC-EP habían quedado atrás. La negociación se convirtió en una necesidad.

El proceso de paz actual excluye al ELN, y por ello es difícil argumentar que tiene la posibilidad de generar una “paz integral”. A pesar de ello, este intento es inédito al menos a dos niveles. Primero, el congreso aprobó el “Acto Legislativo para la Paz”, que permite que se incorporen rápidamente los acuerdos al régimen legal y constitucional, posibilitando que el Congreso simplemente apruebe o repruebe las reformas que presente el Presidente.

Segundo, se prevé un mecanismo de refrendación, el cual se hará por medio de un plebiscito que debe tener lugar antes que acabe el año 2016. El umbral aprobatorio se ha establecido al 13% (4,5 millones de votos).

Este es el siguiente round de los luchadores por la paz: asegurarse que los acuerdos de paz definitivos sean apoyados por la población. La batalla no está ganada, como lo demostró Guatemala en 1999, cuando se perdió el referéndum que validaba muchas de las reformas pactadas por los acuerdos de paz de 1996.

En Colombia, si bien la mayoría manifiesta actualmente que votará a favor de los acuerdos, debe recordarse que la popularidad de Santos está por los suelos – se sitúa actualmente en el 25% – y que la mayoría se ha manifestado en contra del proceso de paz. Los colombianos prefieren hoy aprobar un “mal acuerdo” a que continúe una “buena guerra” que, desde hace tiempo se sabe, nadie era capaz de ganar.

Cali (Colombia) y Ciudad de México (México), Julio y agosto de 2016

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Se queja y luego lo hace

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El que anda bipolar es el diputado Samuel García, coordinador de la bancada ciudadana, quien anda muy quitado de la pena vacacionando en Washington cuando hace apenas cinco días se quejaba de la diputada independiente, Karina Barrón, por no estar presente en el Congreso.

Y es que al diputado parecía afectarle mucho que la diputada se tomara vacaciones después de su embarazo, lanzando una campaña en redes y acusándola de que su ausencia impedía que las cuentas públicas fueran revisadas en la Comisión de Hacienda.

Parece ser que tanto resentimiento por la salida de Jorge Blanco de Movimiento Ciudadano le ha desarrollado ataques de ira, quien más que enfocarse en hacer su trabajo, está buscando maneras desesperadas de recuperar el lugar que su bancada tenía antes de la salida del ahora independiente.

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Orlando, ¿caso aislado, terrorismo, o control de armas?

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Islamofobia, homofobia, control de armas, todos son temas que se vieron presentes el pasado domingo 12 de junio. Día en el que un joven de 29 años entró a The Pulse, un club de noche gay, y abrió fuego dejando 50 muertos y 53 heridos (incluyendo 4 víctimas mexicanas). El tiroteo de Orlando es el que, hasta el día de hoy, se reporta como el ataque masivo más letal en la historia de Estados Unidos. Hasta este fin de semana, el tiroteo con mayor casualidades había sido Virginia Tech en 2007 con 33 muertos.

Omar Mateen, el perpetrador que murió también durante el ataque cuando se enfrentó a la policía, en un post de facebook declaró su lealtad al grupo terrorista ISIS y al líder Bakr al-Baghdadi (Lee, 2016). Este hecho pronto dio pie a declaraciones sobre si se debe colocar una prohibición de entrada a musulmanes al país. De inmediato virando la conversación hacia el aspecto religioso del ataque. Sin embargo, muchos otros debaten que esto último no es el quid del conflicto. ¿Qué originó entonces el ataque?

Por un lado, el ala conservadora estadounidense declara que este caso fue un hecho aislado, y que tiene su origen en el radicalismo y extremismo musulmán. Argumento que solo ha ayudado a propagar islamofobia a través de los medios. No obstante, Omar Mateen era un ciudadano estadounidense de nacimiento. Dentro de la misma facción conservadora, hubo una declaración de un pastor evangélico que mencionó que lo único que lamentaba del accidente era que no hubiera habido más casualidades.

Manifestación que demuestra la homofobia que muchas secciones religiosas siguen demostrando y profesando.

Por un lado, el ala conservadora estadounidense declara que este caso fue un hecho aislado, y que tiene su origen en el radicalismo y extremismo musulmán. Argumento que solo ha ayudado a propagar islamofobia a través de los medios. No obstante, Omar Mateen era un ciudadano estadounidense de nacimiento.

Existe otro argumento, el cual desde mi percepción tiene más lógica. Este es el mediocre, si esque llega a eso, control de armas en Estados Unidos. Solo para poner un contexto en números, el día en que se llevó a cabo el tiroteo en Orlando fue el 164 del año, y ese tiroteo fue el número 176 en lo que lleva el 2016 (Mass Shooting Tracker, 2016). Tomemos un momento para asimilar esto. Hasta el día 12 de junio han ocurrido 1.07 tiroteos al día, y la cifra sigue en aumento. ¿Es entonces el tiroteo en Orlando un caso que se deba aislar al extremismo musulmán, o la homofobia?

El razonamiento detrás del derecho a la portación legal de armas, está dentro de la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Empero, ¿es esta la mejor situación? sobre todo es algo que nos debemos preguntar cuando hay estados como Florida -donde sucedió el ataque- donde las regulaciones son casi inexistentes. En Florida no hay requerimientos estrictos ni se piden permisos para poder vender armas. El ejemplo está en Mateen, quien compró dos armas, con las que cometió el ataque, de manera legal unos días antes de del tiroteo. Y la situación de Florida es la misma que de muchos otros estados del país. Solo en siete estados, incluyendo Washington, se prohíbe algún tipo de arma de asalto.

Solo para poner un contexto en números, el día en que se llevó a cabo el tiroteo en Orlando fue el 164 del año, y ese tiroteo fue el número 176 en lo que lleva el 2016 (Mass Shooting Tracker, 2016).

Aunque la situación no siempre fue así. En 1994 se estableció una prohibición a nivel federal de armas de asalto, que expiró en 2004. Ley que el Congreso de EE.UU. no ha intentado reinstalar. Y de acuerdo al FBI hubo un incremento a partir de este año en los tiroteos masivos (Blair y Schweit, 2014). Teniendo algunos de los incidentes más grandes después del 2004: Virgina Tech, Fort Hood, el cine en Colorado, San Bernardino y ahora el tiroteo en Orlando.

Y mientras hay personas que aseguran que el tiroteo en The Pulse, es la gota que derramó el vaso y que será el punto de inflexión en cuanto a las legislaciones sobre el control de armas hay más de uno que considera esto un difícil desenlace. El resto del mundo espera con la respiración retenida y esperanzas para un mayor control sobre este tipo de incidentes donde quienes más pierden son los civiles.

● Blair, J.P., & Schweit, K.W. (2014). A Study of Active Shooter Incidents, 2000 – 2013. Texas State University and Federal Bureau of Investigation, U.S. Department of Justice, Washington D.C. 2014.

● Lee, R. (15 de junio de 2016). Malcolm Gladwell on America’s “contagious” mass shooting problem. CBS News. Recuperado el 15 de junio de 2016 desde: http://www.cbsnews.com/news/malcolm-gladwell-on-orlando-massacre-mass-shooting-new-podcast/

● Pastor defends controversial sermon after Orlando mass shooting. (15 de junio de 2016). ABC13 News. Recuperado el 15 de junio de 2016 desde: http://abc13.com/society/pastor-defends-controversial-orlando-shooting-sermon/1386405/

● Steiner, M. (2016). The Federal Assault Weapons Ban. Criminal Defense Lawyer. Recuperado el 15 de junio de 2016 desde: http://www.criminaldefenselawyer.com/resources/the-federal-assault-weapons-ban.htm

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La política exterior de Donald Trump

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Después del súper martes donde los candidatos, Donald Trump y Hilary Clinton, se perfilan para ser los dos que contiendan por la presidencia estadounidense, empiezan a surgir preguntas clave, siendo una de ellas, cómo sería la política exterior de este país si el excéntrico candidato republicano ganara las elecciones. En los diversos discursos y declaraciones que Trump ha realizado hasta este momento ha quedado evidente que desconoce mucho sobre el tema y que muchas de sus opiniones hacen eco a su ya conocida demagogia. Sin embargo, es necesario comenzar a analizar las implicaciones que tendría la victoria de este personaje, que significaría ser el presidente del país más influyente a nivel internacional.

Una de las regiones, que por lo menos en los últimos 15 años ha sido tema central de la política exterior de Estados Unidos, ha sido el Medio Oriente, el cual se ha visto convulsionado en este siglo por nuevas intervenciones extranjeras y por diversas revoluciones locales, mejor conocidas como Primavera Árabe. Es en este contexto, donde se deben de revisar las consecuencias que podría traer consigo que Donald Trump se volviera el comandante en jefe de Estados Unidos.

Una de las primeras acciones que Trump ha manifestado de manera explícita es prohibir la migración de cualquier musulmán a Estados Unidos, hasta que los legisladores de este país sepan cómo garantizar que los migrantes no sean terroristas o pongan en peligro la seguridad de la población estadounidense.

Es evidente, que este tipo de acciones sólo fomentarían más la xenofobia que ha ido incrementando cada vez más por los diversos ataques terroristas en occidente y marginaría todavía más a la población musulmana, aumentando el número de adeptos para grupos terroristas como el Estado Islámico y Al-Qaeda.

Otro de los temas que ha mencionado este candidato, son las intervenciones militares que se han hecho en esta región en los últimos años. En su opinión considera que todas ellas han llevado a la inestabilidad de la zona y a la bancarrota de los países que han decidido intervenir; poniendo como ejemplo la intervención de la Unión Soviética en Afganistán a pesar de que la última invasión a este país ha sido por parte de Estados Unidos. A su vez ha admitido que la injerencia de Washington en Libia e Irak ha sido un desastre, señalando los grandes gastos económicos que han traído consigo estas acciones. Incluso ha admitido que esta región estaría mucho más estable con Saddam Hussein y Muamar Gadafi, quienes fueron destituidos y asesinados con ayuda del gobierno estadounidense. Esta última declaración rompe con el paradigma del excepcionalismo estadounidense, donde la democracia es un valor que se antepone ante cualquier otro, y demuestra un alto pragmatismo por parte de Trump.

Mientras tanto en el caso específico de Siria, el candidato republicano, ha puesto entredicho el apoyo que hasta ahorita han recibido los rebeldes por parte del gobierno de Barack Obama. De acuerdo a la entrevista que se le hizo en NBC News, Washington está gastando millones de dólares en apoyo a gente desconocida, que incluso podrían ser peor que Bashar al-Asad. Por otra parte, considera que Rusia debe de hacer lo necesario para lidiar con el Estado Islámico y así quitarle esa responsabilidad al gobierno estadounidense.

Por último otro de los temas claves para Estados Unidos en la región, es el conflicto Palestina-Israel, en el cual Trump se ha declarado neutral, siendo esto un cambio radical a la posición tradicional de la Casa Blanca a favor de Israel.

Esto vuelve a romper otro de los paradigmas de la política exterior estadounidense, la cual siempre ha mantenido como aliado clave en la región a Jerusalén. Una de las razones por las cuales se cree que exista esta “neutralidad”, es por la rivalidad en los negocios que existe entre el candidato republicano y el empresario judío, Sheldon Adelson. No obstante, esto sigue demostrando el poco conocimiento que Trump tiene sobre el conflicto y que sus declaraciones corresponden más a su propio interés y pasiones que al beneficio y estabilidad de uno de los Estados hegemónicos nivel global.

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