Reto

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Cuenta una historia que durante la Segunda Guerra Mundial hubo una reunión de generales de alto nivel, dónde uno de ellos comenzó su discurso diciendo sobre la tragedia de tener a miles de soldados muriendo de hambre. Comenzó a enumerar las cifras de muerte y finalizó diciendo que lo mejor era rendirse… En ese momento, el general de mas alto rango lo interrumpió para decir: “Si un solo hombre muere de hambre, eso es una tragedia. Si mueren miles, eso solo es una estadística”

Este sábado pasado durante un mitin, el presidente electo Andrés Manuel dijo: “Se va acabar la corrupción, a esos incrédulos los reto para que pronto me digan si hay o no, corrupción en el gobierno”

Que bueno que lanzo un reto presidente, quizá sumándose a los populares “challenges” de las redes sociales. Pero, desde mi punto de vista el reto no debe de ser para la ciudadanía, ni para los “incrédulos” como usted lo menciona.

El reto principal, debe de ser para los funcionarios que formarán parte de su gabinete, el reto de cero corrupción, es para ellos. 

Si nosotros somos los incrédulos, es porque ya hemos escuchado tantas veces lo mismo, que cada vez que llega alguien nuevo diciéndolo, no le creemos y sabemos que es muy poco probable que suceda.

Sin duda la corrupción en el ámbito publico es un problema que nos ha golpeado como sociedad. Pero siendo realistas, la responsabilidad no solo será de usted como primer mandatario de la nación. También como sociedad, tenemos nuestra responsabilidad. Debemos de cambiar y son esas pequeñas acciones las que realmente van a transformar nuestro entorno. Tenemos que evitar a toda costa la micro corrupción, en lo individual, en nuestras familias, desde el niño que copia una tarea, hasta la “mordida” ante cualquier infracción y lo más importante es enseñarle a nuestros hijos que ser honesto, si nos hace avanzar, que el ser honesto, si reditúa y que solo así podremos mejorar nuestra sociedad.

No es lanzar un reto a los ciudadanos presidente, es que las condiciones sociales en nuestro país cambien, para que la primer solución ante cualquier situación, no sea la corrupción.

Decía el escritor Francés Marcel Proust: “Aunque nada cambie, si yo cambio…todo cambia” y quizá esto es lo que más necesita nuestro país hoy en día, que cada uno, en lo individual, cambiemos.  

Y si aplicamos en este momento la frase que dijo el general quedaría de la siguiente manera “Si en nuestro país hay un solo acto de corrupción, eso es una tragedia. Si hay miles, eso es solo una estadística”

Se vale debatir…

#HojaDeRuta: “El que se va y el que llega”

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¿Cómo pasó la administración de EPN de ser una locomotora del reformismo a tener el presidente más repudiado en la historia contemporánea del país? ¿La narrativa de la Cuarta Transformación funcionará como un vehículo inspirador durante todo el gobierno de AMLO?

En el marco de la Cuarta Semana de la Comunicación, llevada a cabo en la Facultad de la disciplina de la UANL, tuve oportunidad de moderar un diálogo sobre la comunicación política de dos gobiernos federales: el que se va, comandado por EPN; y el que está por llegar, encabezado por AMLO.

Participaron Víctor Martínez, Director de Noticieros de Multimedios; Alejandra del Toro, ex candidata a Diputada Local y consultora en comunicación, y Luis Mendoza, también consultor en comunicación y articulista.

A continuación, algunos de los puntos que destaco de la charla:

– El sexenio de EPN tuvo un inicio a todo vapor basado en la narrativa reformista, para después derrumbarse por completo. Inició con el Pacto por México como gran gesto simbólico-político, logrando destrabar dos sexenios de letargo legislativo y buscando un relato de “salvamento” del país desde la prensa internacional. Se tomó la decisión estratégica de sacar la seguridad del centro de la comunicación, después de un sexenio de “guerra” como fue el de Calderón. El encanto duró poco. Los puntos de inflexión fueron la infame “casa blanca” y la masacre de Ayotzinapa, así como la pila de casos de corrupción de gobernadores de extracción priista.

– La narrativa del reformismo no era cautivadora ni emocionante, y la reacción a las crisis fue terrible. Angélica Rivera dando la cara para explicar la “casa blanca”; la “verdad histórica” y el “ya me cansé” de Jesús Murillo Karam en el Caso Ayotzinapa, así como la falta de condena y acción contundente ante la corrupción de los gobernadores, fueron factores que consolidaron la percepción de la administración peñista como corrupta.

– EPN desperdició la mejor oportunidad de recuperación de capital político e imagen: en lugar de enfrentar a Donald Trump, le ayudó. En el marco de la campaña presidencial norteamericana en 2016, el gobierno federal mexicano tomó la aún hoy inexplicable decisión de invitar a Donald Trump al país, dándole tratamiento de Jefe de Estado. Esto fue percibido no solo como una humillación al presidente, sino a las y los mexicanos. Aunque se trató de justificar la medida una vez que triunfó el magnate norteamericano, el repudio popular al acto y la actitud fue generalizado.

– La estrategia de comunicación de EPN en la segunda mitad del sexenio fue un mea culpa que no funcionó. Dos frases ejemplifican lo anterior: la oficial, que fue “lo bueno cuenta, y cuenta mucho”; y una de las que marcó el sexenio, dicha de forma espontánea, casi un pensamiento en voz alta con los dientes apretados: “Ya sé que no aplauden”. Un gobierno que realizó, más que una petición, un ruego a la ciudadanía de no ver solamente los errores, sino reconocerle algunos aciertos. Nunca sucedió.

– AMLO capitalizó haber sido el principal vocero de la lucha contra la corrupción ante una realidad que le dio la razón. La oposición en general cobró caro los errores al peñismo. El repudio ciudadano tuvo su expresión climática en el contundente resultado del primero de julio. Habrá que agregar que uno de los pocos aciertos de EPN en el cierre del sexenio vino de una inacción: se mantuvo al margen de la elección presidencial y reconoció rápidamente el triunfo, dando lugar una transición tersa que contrastó contra los conflictos y polémicas que se vivieron en 2006 y 2012.

– La narrativa de la cuarta transformación encabezada por AMLO cobró sentido en un país molesto y deseoso de cambio. El equiparar la nueva administración federal con los principales momentos de cambio histórico en el país tiene heroísmo y emoción, pero habrá de contrastarse contra la realidad y desgaste de gobernar a partir del próximo diciembre.

También se discutieron temas como la conversión de EPN en un meme, AMLO como una máquina de generación de notas, el papel de las redes y la transformación de los medios en un contexto de desconfianza. Un gran espacio para un enorme tema.

gilberto@altiusconsultores.com

La desigualdad nuestra de cada día

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Vivimos en la decimoquinta economía del mundo y tenemos al hombre más rico de América Latina, pero la mitad de nosotros vive en la pobreza.

Les voy a platicar la historia de María Basilio y Matilde Arriba. Ambas nacieron el 4 de abril de 1970. María nació en una comunidad rural mixe de Oaxaca, donde no había escuela. Su padre pensaba que no era necesario que estudiara, sino que realizara las actividades propias de su sexo: las de casa y cuidado. María es analfabeta, se casó con un trabajador de la construcción y tiene cuatro hijos que no terminaron la preparatoria. Se mudó a la Ciudad de México en 1985, es una empleada ejemplar y dedicada. Tiene 20 años realizando 10 horas de trabajo doméstico con un sueldo de 300 pesos diarios, no tiene seguro médico y no tendrá derecho a recibir una pensión.  

Matilde nació en Ensenada, Baja California. Sus padres, un médico y una enfermera siempre enfatizaron la importancia del estudio y la motivaron a aprender inglés. Matilde estudió derecho en la universidad estatal, se casó con un abogado y tiene dos hijas que se educaron en escuelas bilingües. Trabaja en el Poder Judicial de la Federación desde hace más de 20 años y percibe un salario de 1500 pesos diarios con todas las prestaciones de ley, además de un seguro de gastos médicos mayores. 

María y Matilde son mexicanas y tienen los mismos derechos de acuerdo con la Constitución: a la educación, al trabajo digno, a la protección social en salud, entre otros. Sin embargo, el azar favoreció a Matilde desde su nacimiento y las brechas entre ellas se han ensanchado a lo largo de sus vidas. Esta comparación revela la profunda desigualdad de oportunidades que presenciamos en México todos los días. (Informe Desigualdades 2018 de El Colmex). 

El Informe Desigualdades 2018 de el Colegio de México desnuda una realidad que todos conocemos: somos un país de desigualdades. El hecho es que quien nace pobre está destinado a morir pobre y a que tus hijos y sus hijos corran con la misma suerte. Por el otro lado, si naciste rico, tú y tus descendientes vivirán y morirán en la riqueza. 

67% de los funcionarios y directivos como Matilde tiene prestaciones laborales amplias en salud, vivienda, maternidad y ahorro para el retiro; en contraste, sólo 40% de los trabajadores en servicios personales, que incluye al trabajo del hogar, cuenta con prestaciones.

El Global Wealth Report 2014 de Credit Suisse (2014), por ejemplo, señala que el 10% más rico de México concentra el 64.4% del total de la riqueza del país. Durante los últimos 30 años ha habido un crecimiento paulatino de la participación del capital en el ingreso nacional, al tiempo que ha habido una consecuente disminución de la participación del factor trabajo (Oxfam). 

Un dato para exhibir la desigualdad que impera en el país: mientras que nuestro país es la décimo quinta economía del mundo y tiene al hombre más rico de América Latina, la mitad de la población vive en pobreza por ingresos (Revista Nexos, 2018).

Somos desiguales, lo hemos sido desde hace décadas y no se ve un camino en el que en los próximos 15 o 20 años las cosas cambien. El nuevo gobierno dice que por el bien de todos, primero los pobres. Veremos si esa frase se vuelve realidad y se hace algo no solamente para combatir la pobreza, sino para disminuir la brecha desigual que nos separa como mexicanos. Esa brecha que aquí en Monterrey se puede apreciar al cruzar la avenida Lázaro Cárdenas.

#EspacioPúblico: “¿De quién es la banqueta?”

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Tu Banqueta, mi banqueta, su banqueta. Parece un ejercicio de adjetivos posesivos que no llega al plural.

¿De quién es la banqueta en esta ciudad?

Hace unos días realicé un ejercicio para comprender a quién le corresponde la responsabilidad de mantener en buenas condiciones el espacio público en diferentes versiones.

Realicé dos reportes a través del CIC (Centro de Integración Ciudadana), organismo del cual tengo una extraordinaria opinión como vínculo entre ciudadanía y gobierno.

El primero de mis reportes fue un bache en una calle secundaria del centro de Monterrey y el segundo una banqueta en pésimas condiciones frente a una casa aparentemente abandonada también en el centro de Monterrey.

Del primero recibí un agradecimiento por el reporte, un número de ticket para dar seguimiento y la canalización de la petición al departamento de servicios públicos de la ciudad.

Del segundo recibí un simple “Buenas tardes Eduardo, el dueño del predio es quien debe encargarse del mantenimiento de la banqueta”. En ese momento me imaginé tocando la puerta de cada casa, negocio u oficina cuando me topara con una banqueta en mal estado; en tres cuadras me convertiría en el loco de las banquetas al que la gente no le quiere abrir la puerta.

Es preocupante descubrir que el trato que se le da al espacio público en esta ciudad es abismalmente distinto, en especial cuando te das cuenta que la atención a privilegios está por encima de la aplicación de derechos.  

De acuerdo al reglamento homologado de tránsito del área metropolitana de Monterrey, calles, avenidas y baquetas entran en la misma categoría de vía pública y están destinadas al libre tránsito de personas y vehículos. 

En la práctica, los baches, que son la principal queja de sólo un sector de la población con el poder adquisitivo para tener un auto, son atendidos con especial atención por tener una repercusión mediática importante. Con los años se ha logrado que el privilegio de moverse en auto se trate como un derecho y se destinen todos los recursos al mantenimiento de calles, muchas veces, de manera deficiente.

Las banquetas, que son el derecho más simple de movilidad de toda la población, son ignoradas y se deslinda la responsabilidad sobre su estado a miles de privados que bajo ninguna guía, supervisión o sanción, las han atendido con el carácter de espacio público y si las han convertido en extensión de sus predios, las han transformado en rampas de acceso privado, las decoran con materiales inadecuados o simplemente las han dejado en el olvido por años. ¿Se puede dejar en manos de privados el espacio público? Ya vemos que se hace y ya vemos también los resultados. 

Esto no puede seguir así. No podemos estar hablando del trabajo de planeación que se hace en Monterrey para crear una ciudad más compacta, de repoblar el centro de la ciudad y de desarrollos orientados al transporte si no hay claridad sobre tener condiciones óptimas de movilidad peatonal, con responsables, regulaciones, manuales y sanciones. 

No podemos seguir pensando de manera aislada en la movilidad. Peatones, ciclistas, usuarios de transporte público y privado, requieren tener los espacios adecuados para moverse de forma multimodal. Se necesita cambiar la distribución de recursos para la inversión en el espacio público de acuerdo a la jerarquía de movilidad que marca la ley, es decir, dando prioridad a los usuarios más vulnerables y estos son peatones y personas con discapacidad.

A la banqueta no lo podemos seguir dando adjetivos posesivos en singular porque no es tuya ni es mía; es nuestra.  Tan nuestra como cualquier otro espacio público y merece tener reglamentos, presupuestos, manuales de construcción y de accesibilidad que la ejecuten, respeten y mantengan.

La banqueta es de todos, aunque hoy es de nadie. 

Kleroterion: “Las dos caras del Bullying”

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El regreso a clases puede ser el mejor día del año para la mayoría de los niños, sin embargo, para quienes son víctimas del acoso escolar o bullying se puede convertir en el día que tornará a gris el salón de clases.

El bullying es el maltrato físico y/o psicológico que recibe un niño por parte de otro u de otros que se comportan con él de manera cruel con el único objetivo de someterlo y asustarlo, y por mala suerte, sucede cuando nos encontramos en las etapas de mayor vulnerabilidad, como lo son la niñez y la adolescencia. Además… Los efectos de este maltrato contra el infante provoca daños severos en el autoestima y el valor propio, o en términos más concretos, este pierde el aprecio o consideración de sí mismo a través de burlas, amenazas, agresiones físicas y aislamiento sistemático, por mencionar algunos.

Tal cual ficha de dominó, los efectos que tiene el bullying sobre el individuo son terribles para su desarrollo, ya que el niño crece con con la mentalidad de que todo aquel juicio que hagan sobre su persona será cierto aún y cuando sea falso, acarreando en el futuro problemas de depresión, inseguridad o en algunos casos, puede crecer con sentimientos de agresividad y rencor social, y lo peor del caso es que este no se acaba hasta que la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas intervienen directamente.

Del otro lado de la moneda, la persona que ejerce el acoso escolar sobre otra generalmente viene acarreando desde casa problemas o tensiones que lo orillan a pensar que la mejor manera de resolver los problemas es a través de los golpes o la violencia física o verbal.

Aunque pensemos que las diferencias entre el infante que bullea y el bulleado son totalmente lógicas, podemos encontrar que el agresor pasa por un conjunto de situaciones -como la violencia familiar-, que terminan lacerando su derecho a vivir en condiciones de bienestar y a un sano desarrollo integral, y el de desenvolverse en un ambiente sano y sustentable.

La situación de maltrato del niño por parte de los padres contribuye a deteriorar la interacción familiar y el comportamiento del niño en otros entornos, por ejemplo la disminución de la posibilidad de establecer relaciones positivas y la repetición crónica que agrava la situación.

Cuando los niños están expuestos a la violencia familiar solo aprenden a ver el mundo como si solo existieran dos papeles: agresor y agredido. Y a través de este ambiente entienden que la violencia es la única manera de resolver los problemas y asimilan que violentar es la solución para no convertirse en víctimas.

Como sociedad tenemos múltiples tareas, y la principal es la de entender y dejar de propagar la idea de que el acoso o el bullying es parte de la formación del carácter de la persona que le hará obtener la resistencia necesaria para vivir la vida. Debemos comprender que si el infante convive en un ambiente de violencia en casa o atraviesa por la ausencia de sus padres por cuestiones de trabajo, vida o salud, se pueden convertir en personas con depresión o en el mejor de los casos, el efecto puede ser como un trampolín hacia el éxito si este posee la resiliencia suficiente para afrontar los problemas que atraviesa. No dejemos a la suerte el desarrollo y el futuro emocional de nuestros niños. Porque aunque pensemos que el bullying en otros tiempos nos haya permitido formarnos como personas de bien, también recordemos que no todos tenemos la misma capacidad o madurez de comprender las diferentes situaciones de la vida.

Tanto madres y padres de familia, maestros, alumnos y cualquier persona que tenga contacto con el acoso escolar, tenemos la obligación de prestarle atención a los niños. Fomentemos un ambiente de aceptación, amor y seguridad, porque si nuestros hijos se sienten protegidos en casa, entenderán que el hogar siempre será el lugar al que pueden recurrir a pesar de lo que diga el mundo. Porque pase lo que pase, nosotros siempre los vamos a querer.

Pongamos más atención, pongamos más cariño, más comprehensión, porque de no hacerlo, le estaremos dejando a la sociedad el destino de nuestros hijos.

El futuro puede ser mejor si todos participamos en el presente.

Teléfonos de atención en Nuevo León:

Departamento de Psicología del CIC

Teléfonos de emergencia 24 horas:

8378 0000

Dirección de Salud Mental y Adicciones de la Secretaría de Salud

8345 4326

Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario

8348 0585 y 8348 0586

SAPTEL (Con atención a todo México)
Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono

(55) 5259 8121

Decía mi abuelo…

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Decía mi abuelo que “lo más sagrado que tiene un hombre es su palabra.”

Lo conocí poco, pero me cuentan que era una persona de carácter fuerte, de convicciones férreas y con sus prioridades bien definidas, la primera de ellas, la familia.

Hoy en día, es difícil encontrar a esos hombres de “antes”, aquellos a quiénes no les hacía falta la firma de un papel para cumplir las cosas, sino la palabra misma.

Actualmente, vivimos una crisis de credibilidad en la política mexicana, vemos a candidatos que prometen cosas, muchas de ellas firmadas ante notario público, y aún así, no las cumplen.

A nivel nacional, fuimos testigos de una campaña de contrastes; lo que es, contra lo que debiera ser, frases cortas que cumplían objetivos meramente electorales, la mayoría de ellas sin viabilidad económica o política. Hoy, a unos meses después del 1 de julio las cosas son diferentes, aquellas propuestas revolucionarias y de transformación -ya se nos está avisando-, no se podrán cumplir porque lo que se dijo, no es tan sencillo.

Quizá, la clase política ha encontrado en las propuestas una opción para “encantar” a sus electores y utilizarlos a su gusto ó quizá nosotros como ciudadanos, no hemos sido capaces de exigir que las promesas se cumplan. O tal vez, debemos de revalorar nuestra palabra ya que esto nos fortalecía como sociedad.

Mi abuelo fue maestro rural y me cuentan que caminaba largas distancias para llegar a dar clases, no le importaba nada más que cumplir.

Él decía: “la responsabilidad, es la responsabilidad.”

Se vale debatir…

AMLO y las dadivas

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En forma discreta pero muy visible, AMLO sigue su recorrido por la República, visitando sistemáticamente a todos y cada uno de los 32 gobernadores, siempre en presencia de su futuro delegado personal en el estado visitado, muchas veces, un candidato derrotado en las pasadas elecciones del 1º de julio. 

El mensaje que transmite el futuro presidente es transparente pero no por esto aceptable. Su mensaje es una amenaza para el federalismo, y una advertencia acerca del futuro reparto de las prebendas que la política asistencialista que se avecina estará sembrando en todo el país.  El presidente electo informa a sus anfitriones que los fondos para repartir serán vigilados por su delegado especial, no dejando lugar a que los gobiernos estatales los puedan dispersar ni menos desviar a través de empresas fantasmas, de las que tanto le gustaban a Rosario Robles y a Enrique Peña Nieto. 

AMLO cree realmente que regalando dadivas a los más amolados rescatará el país de la pobreza extrema. Esperamos que no tarde seis años antes de darse cuenta que con esto, solamente sigue contribuyendo a hacer de México un pueblo dependiente e irresponsable. Luis Echeverría lo intentó hace 45 años y lo que logró fue un país de limosneros que solamente aprendieron a tender la mano y no a ofrecer trabajo responsable. 

La construcción de un nuevo orden social y económico no puede depender de dadivas. Las dadivas incrementan la irresponsabilidad de quienes las reciben. El nuevo orden social y económico debe respaldarse en la formalización de la economía, en un sistema fiscal que permita la incorporación de todos y al mismo tiempo la fiscalización justa y equitativa de los grandes contribuyentes que ya no pueden seguir escondiendo su responsabilidad tras una consolidación fiscal amañada, criminal y que constituye un engaño y un fraude fatal para el país. 

Si AMLO logra esto, cambiará un México injusto y lleno de desigualdad por un México progresista y capaz de ocupar el lugar que le corresponde dentro de las grandes economías  del planeta. Si no lo logra, solamente prolongará un sociedad desbalanceada, susceptible de reventar con cualquier provocación social.     

La necesidad de ‘Ubuntu’

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El desarrollo sostenible es un tema ha tomado mayor importancia con el paso del tiempo al ver que cada vez es peor la contaminación y problemas ambientales que surgen. El concepto se refiere al uso de los recursos del presente para satisfacer nuestras necesidades, sin condicionar el uso de éstos mismos para las futuras generaciones. Y aunque suene cliché, es un tema que no deberíamos esperar a que el gobierno resuelva, sino que es necesario que cada persona empiece por cambiar su estilo de vida. 

En África tienen una ética ambiental que podría ser comparada en cuánto a raíces y religión. Desde la antigüedad la naturaleza es divina porque era el regalo que se esperaba a partir de los sacrificios a los dioses. Sin embargo, en África esta perspectiva de la naturaleza sigue presente (sin los sacrificios), y crearon el término: ubuntu (en lenguaje Nguni). Ubuntu no puede ser traducido literalmente, pero significa pertenecer a una comunidad y tener el deber de cuidarse los unos a los otros y, por lo tanto, a la naturaleza física. Porque si se cuida el ambiente, traerá mejor calidad de vida a todos. 

Este término tan culturalmente intrínseco es algo que todo el mundo debería conocer y practicar. En general, debido a la importancia que se le da a ser sociedades modernas y altas en tecnología, hay una industrialización sin responsabilidad ecológica y sobreexplotación de recursos naturales que hace que nosotros mismos olvidemos el cuidado del entorno. En México, según el INEGI, en el 2016 se gastó 0.7% del PIB para realizar acciones a favor del medio ambiente, no obstante, la degradación de éste y el agotamiento de recursos costó el equivalente al 4.6% del PIB; es decir, fue casi 7 veces más el daño. 

A pesar de que México está en el ranking de los 5 países más biodiversos del mundo, nosotros los mexicanos, no le damos ese valor a la naturaleza y nos dan igual los temas de basura, transporte verde, energía renovable, etc. Sí puede que haya empezado una campaña para dejar los popotes, pero ¿cuándo van a empezar las campañas para la eliminación de bolsas de plástico? ¿o empezar a usar termos en lugar de comprar una botella de agua cada día? ¿Por qué nos tendríamos que esperar a que los diputados y senadores legislen sobre regulaciones para minimizar la contaminación si son acciones que bien podríamos hacer costumbre desde ahorita? 

Como bien dice el proverbio: “Sólo después que el último árbol sea cortado, el último río haya sido envenenado y el último pez haya sido atrapado, nos daremos cuenta que no podemos comer el dinero.” Nos hace falta más ubuntu, más sentido de pertenencia y respeto por la naturaleza por el simple hecho de que es lo que nos mantiene. Apreciar y cuidar el medio ambiente es también apreciarnos y cuidarnos a nosotros mismos. 

Hasta que la dignidad se haga costumbre

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Se publicó la nota: 127 cadáveres recorrían las calles de Jalisco en un tráiler refrigerado. Una nota que hace una década posiblemente nos hubiera conmocionado, pareciera que hoy no estremeció ni indignó a nadie.

Escurridiza, sutil y rápidamente, la violencia en nuestro país llegó para normalizarse. Día con día, los titulares de los periódicos nos reportan las notas más crudas y los datos más altos. Los niveles de violencia en México han alcanzado máximos históricos, y con ellos nuestros niveles de indiferencia. En México, la violencia, el ultraje y la ignominia ya no nos sorprende, no nos molesta, no nos indigna y no nos toca, hasta que nos toca a nosotros. 

Estas últimas semanas han estado plagadas de noticias aberrantes. La cifra se repitió en noticieros de televisión y radio, y se compartió en portales de medios digitales: “127 cadáveres. 127 cuerpos trasladados en un tráiler”. Como si se reportaran las cifras del ganado que se transporta al rastro, los desaparecidos, los torturados, y las personas que han perdido la vida poco a poco han ido perdiendo su carácter de humano y se han cosificado, datos duros del daño colateral que implica vivir en México. 

Pero no es un tráiler y no son 127, son más de 200 mil personas que han perdido la vida en los últimos 12 años, más 30 mil personas desaparecidas, personas que un día no pudieron regresar a casa, y que muy probablemente sus familias siguen esperando. Personas que hoy encontramos hacinadas, abandonadas en fosas donde se sepultan sin nombre, sin historia, sin recuerdos, sin la oportunidad si quiera de que sus familias los despidan debidamente. El país entero se ha convertido en un cementerio, en una fosa clandestina donde incluso las autoridades incurren en prácticas propias de la delincuencia organizada, un pacto no escrito que dice “yo los mato y tú sepultas”. Un pacto no escrito que alcanza a la sociedad misma, “yo los mato, tú sepultas y tú te callas”.

La descomposición del tejido social de nuestro país no es producto únicamente de los crímenes de estado y de la inmoralidad de la violencia del crimen organizado, sino de nuestra propia indiferencia. Digo esto con decepción por la falta de denuncia y movilización en redes por los cuerpos encontrados en los tráilers, por las imágenes de gente caminando sobre ellos, por el conocimiento de las autoridades del contexto, la situación y los hechos,  por las notas de recientes descubrimientos de fosas clandestinas que pasan por las redes con el mismo silencio sepulcral en el que yacen cada uno de esos cuerpos en tráilers, en fosas, en ácido, y posiblemente en sitios donde la decencia de la imaginación no nos permita vislumbrar. 

Digo esto con decepción por la falta de denuncia y movilización en las mismas redes donde se enciende como pólvora un video “cómico” del Presidente cuya administración ha permitido cada una de esas atrocidades. En las mismas redes donde se critica hasta el cansancio errores ortográficos, de gramática y sintaxis de funcionarios y figuras públicas. En las mismas redes donde se juzga sin cesar y sin piedad la más mínima y ligera equivocación. 

Como mexicanos, nos encontramos en un contexto sociopolítico de coyuntura que puede generar un punto de inflexión en el rumbo del país, pero es momento de redefinir nuestras prioridades como sociedad y como México unido, porque no puede indignarnos y movilizarnos más la ignorancia, que el asesinato y la desaparición de cientos de niños, mujeres y hombres. 

Y si algún día se pierde de vista el motivo de la indignación, recordemos: “127 cadáveres. 127 cuerpos trasladados en un tráiler”. Una frase que no puede repetirse suficientes veces para expresar el horror que debería despertar, y que debería repetirse, como dijera Estela Hernández, “hasta que la dignidad se haga costumbre”. 

Bono Demográfico: Última Oportunidad

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Según datos del INEGI, México es un país de jóvenes, donde la edad promedio es de 27 años. Esta realidad social nos permite actualmente tener una gran oferta en mano de obra disponible, siendo el 7mo país con más egresados en carreras técnicas e ingenierías listos para trabajar en las distintas industrias que han florecido en nuestro país gracias a la inversión extranjera y las nuevas tecnologías. 

Este bono demográfico no lo volveremos a ver de manera natural en el futuro de México, actualmente crecemos aproximadamente 1.2% al año en población muy distinto a lo que teníamos en los 70s con poco más del 3% anual antes que se decidieran implementar los primeros programas de planeación familiar “Familia Chica Vive Mejor”. La ventaja del bono demográfico es que empuja a un crecimiento natural del PIB por la cantidad adicional de gente consumiendo y trabajando convirtiéndose población económicamente activa. 

Curiosamente el crecimiento económico de México en los últimos 20 años ha rondado alrededor del 2%, no muy alejado del crecimiento demográfico, pero no debemos fijarnos tanto en la medida de crecimiento del PIB, sino en distintos indicadores de desigualdad, poder adquisitivo y calidad de vida relacionados con cuestiones más complejas como el tipo de cambio, la inflación y cuestiones externas. 

Lo que si es cierto, es que no hemos sabido aprovechar este bono demográfico, es bueno que se generen empleos gracias a la inversión extranjera, pero debemos buscar que nuestra generación tenga incentivos para emprender e innovar para desarrollar la industria mexicana, diversificar el comercio y no ser un número más en la estadística, porque no podremos ser mano de obra barata para siempre si aspiramos a convertirnos en un país plenamente desarrollado, con salarios y condiciones de vida dignas.