El T-MEC sigue siendo un dolor de cabeza para México

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– Desde Estados Unidos aumentan las presiones para que México cumpla con las condiciones plasmadas en el tratado comercial

– Se espera que esta semana se discutan y aprueben las leyes secundarias de la reforma laboral 

Si alguien creía que con la firma del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, se daría por cerrado el capítulo tan escabroso del T-MEC, estaba equivocado. 

En los últimos días han recrudecido las declaraciones desde el vecino país del norte, para amenazar a México que EEUU no votará el T-MEC hasta que nuestro país cambie sus leyes laborales. 

Nancy Pelosi, la Presidenta de la Cámara de Representantes y una de las políticas más influyentes en Estados Unidos, ha señalado que tienen que ver que México apruebe la legislación, pero también que tenga los factores establecidos que garantizarán su implementación y demostrarán algunos compromisos con sinceridad, porque es un gran problema cómo se trata a los trabajadores en el país. 

Es interesante como desde la unión americana nos instan a mejorar las condiciones sindicales, cuando son uno de los países que menos las cumple. 

Dejando de lado el sentimentalismo patriótico, lo que Estados Unidos exige no es algo negativo para el trabajador mexicano. Democracia sindical es un precepto que debe imperar y que lamentablemente se da muy poco en los sindicatos de los trabajadores en el país. 

Sin embargo, tampoco podemos dejar de lado que lo que realmente se está imponiendo desde norteamérica, es una agenda electoral. Ni los demócratas quieren un triunfo de Trump, ni el mandatario americano quiere un triunfo de los demócratas.

Así es que, incluso con la aprobación de las reformas secundarias, estamos con un riesgo mayúsculo de no tener una ratificación por parte del Congreso Estadounidense, sobre todo si los tiempos apremian y llega la época electoral en el vecino país.

Hay que estar atentos, porque puede venir lo peor. 

#ElNidoDelGavilán: “Always sunny in Foxilandia”

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Desde el advenimiento de la marea de Morena y lo que eso implique, el matrimonio PRI-PAN y la oposición en general siguen de capa caída. Incoherencias, incapacidad de generar liderazgo y muchos, muchos ridículos. En otra gran demostración de superación personal, en los pasados días, el ex presidente Fox afirmó que un comando armado habría irrumpido en su propiedad en Guanajuato… al final, era un grupo de escoltas que iba a una boda a un espacio contiguo a su propiedad…

La carrera de Fox como todos sabemos, pasó de ser un folklórico opositor de la derecha del Bajío a ser el primer presidente de la oposición. A partir de la segunda parte de su sexenio todo se vino abajo. Empezó a lanzarle flores y besos al PRI y a sus narcogobernadores, apoyó el desafuero contra AMLO, se enganchó en crisis diplomáticas con Cuba y Venezuela, metió su cuchara para maquinar el triunfo de Calderón y quedó como el traidor a la democracia que es y será.

Es muy triste lo que le ha pasado a Vicente en los últimos años, atrapado en Foxilandia, una realidad alterna a la vida donde él favorece a candidatos del PRI y del PAN al mismo tiempo, donde hace el ridículo en medios en Estados Unidos y se pretende miembro del “Contrapeso” de Javier Corral aka “Ternuritas”.

Se ha peleado con su partido, con ex colaboradores, se autohumillado en TV nacional y vive en la irracionalidad al twittear cualquier tontería, llamar mandilón a Andrés Manuel (sí, tal como lo lee) o andar en boxers a la Hugh Hefner en Las Vegas.

En estos días, presuntos habitantes de Foxilandia empezaron a vociferar contra unas fotografías publicadas en redes sociales de jóvenes que recibieron becas y demás apoyos del Bienestar del Gobierno Federal. 

Si bien, habrá que evaluar esa política pública de apoyos en efectivo a distintos grupos, es increíble escuchar en pleno 2019 ese nivel de clasismo y racismo contra los jóvenes al asumir que las gastarán en cualquier cosa y principalmente decir que no las merecen “porque es regalar dinero”. Estos ciudadanos son de los que piensan que darles dinero a los grandes empresarios es “fomento industrial” pero a las clases populares es “populismo”. Los que infantilizan a la gente y gozan del status quo de la desigualdad. Lo más importante: Aplauden medidas de grupos de derecha porque creen pertenecer a ella.

Ahora resulta que tanto Fox como Calderón solicitaron seguridad privada porque tienen “temores fundados” ante el lindo país que nos dejaron… y que niegan sistemáticamente. 

Finalmente, ante la respuesta positiva de AMLO para brindarle seguridad, Fox pasó de llamarle, “Lopitos” a “Señor Presidente”. Así las cosas, desde Foxilandia. 

Lo dicho, dicho está.

La delgada línea de pixeles

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La primera entrega de cualquier columna habría de responder a la pregunta básica: ¿Para qué? ¿Cuál es su razón de existir? ¿Qué va a aportar a la conversación? Porque en principio, aunque las columnas a veces pequen de monologar, forman parte inevitablemente de una conversación y representan una opinión. La advertencia, en algún lugar de la página: las opiniones expresadas en esta columna no son responsabilidad de este medio informativo. En lugar de valerse de un estilo periodístico sobrio y mesurado, la columna bombardea de voces únicas y ruidosas a quienes la leen -y al leerla pasan a formar parte de La Conversación. En mayúsculas porque es La Única Conversación Real, La Única Conversación Que Vale La Pena, La Única Conversación En La Que Se Discute Entre Gente Seria Y Pensante.

Era -y es- absolutamente necesario que La Conversación terminara o mutara, que el elitismo de todo tipo y la Torre de Babel se derrumbaran, pero ahora sigue contemplar la nueva conversación. Ésta llegó, y sigue llegando, con la democratización (parcial) de la información, con las redes sociales, con las pláticas del water cooler que se convirtieron en temas virales y todo lo demás que conllevó a la accesibilidad universal de los blogs y los posts. La auténtica discusión pública se hizo aparentemente posible para todos, emulando al ágora en su edición posmoderna y millenial. Si el punto de las columnas era formar parte de La Conversación, comentar sobre el estado del país y el mundo, generar discusión a través de opiniones informadas, ¿cuál es su papel hoy? ¿aún vale la pena hacer una columna? ¿No sería casi igual de provechoso en su aporte tomar screenshots de conversaciones en Twitter entre personas públicas y entes semi-anónimos? ¿No se habrá perdido o al menos “ennichado” a la columna tradicional a un rincón, a una cámara de ecos que se irán volviendo cada vez más pequeños ante el avance del enjambre del online?

Tal vez esa es la frontera que queda, si es que tiene sentido llamarle frontera: la delgada línea de pixeles entre la opinión informada y el culto a la opinión basada en las emociones, entre el argumento construido -aparentemente- sobre bases sólidas, y los comentarios impulsivos y los ataque ad hominem, y entre la prerrogativa de lo viral y la rapidez de publicación y la comprobación de información y el cuidado minucioso de los detalles. En fin, entre una columna en un medio establecido, con sus filtros y estándares y una publicación de Facebook de un perfil público. Creo que es cada vez más claro que la forma de hacer las cosas, de compartir información y de formar opiniones está cambiando. 

Quizá la razón de ser de esta columna tendrá que ver con eso, explorar cómo las ideas en el apogeo de las redes sociales pasan de media docena de cuentas de Twitter a un movimiento de repercusiones internacionales, como bolas de nieve, de guijarros a bolas gigantes que persiguen al Indiana Jones en turno, a menudo claramente con la razón esgrimida en mano, y el enojo en la otra.

Quizá la columna vaya cambiando con el tiempo.

No estoy seguro de haber resuelto el Por Qué del todo, pero eso será parte de cada reflexión semanal. Mi promesa solemne al lector y compañero de conversación, es que mi preocupación máxima siempre será la autocrítica y la búsqueda de algo cercano a la verdad, que nos elude tanto en estos días. Y el único compromiso que me interesa de ustedes es que participen, lean, discutan, contesten, critiquen.

Hasta la próxima.

La Ultraderecha de Regreso

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Definitivamente la derecha en el poder no es novedad para la historia ni para la política. Lo hemos visto, múltiples veces detrás de un podio, ejerciendo su poder ejecutivo. El más memorable sin duda, se puede decir que ocurrio a mediados del siglo XX, con un icónico bigote en medio del labio y un inolvidable odio por los judíos.

A pesar de que este movimiento se disminuye drásticamente a principios del siglo XXI, recientemente ha tomado más fuerza. Con la elección del ahora presidente Donald J. Trump, el movimiento de la derecha alternativa ha resurgido.

Pero, ¿qué es la alternativa derecha (alt-right)? Este es un movimiento caracterizado por ser el extremo de la derecha. Una ideología no fija que solo se enfoca en promulgar el odio a las minorías, a los inmigrantes, a los discapacitados, y a todo aquello que no se conforme por heterosexual, saludable, nacionalista, hombre, blanco, y cisgénero. Es una justificación para el odio del mundo, y con las elecciones estadounidenses del 2016, este chiste de ideología impulsada por el odio, ha vuelto a resurgir y más fuerte que nunca.

Estadísticas reflejan que desde que asumió al poder ejecutivo, el crimen impulsado por el odio ha rápidamente a crecido. Desde el 2016, un reportaje por el FBI reveló que para el 2017, el crimen de odio en EUA tuvo un alarmante 17% de crecimiento de incidentes.

No solo esto esta causando inflamaciones de odio de manera nacional, sino que se expandió la popularidad de la alternativa derecha a nivel internacional. Las elecciones del 2018 en Brasil, reflejaron una historia muy similar a las de Estados Unidos. Pues el candidato Jair Bolsonaro, ascendió al poder con un porcentaje de 55.7% de la preferencia electoral y una campaña presidencial basada en odio, discriminación y discursos de opresión hacia minorías. Abiertamente expresando ideas machistas, homofóbicas, transfobicas, racistas, entre muchas más opiniones controversiales.

¿Y qué tiene de malo, si son más que solo sus comentarios? Pues sí, es malo. Porque esas ideas se terminan convirtiendo en discursos que abiertamente invitan a la normalización del odio. De tolar lo intolerante. El tener este tipo de pensamientos en el poder ejecutivo de un país, solo permite el acceso a que la opresión sistemática que existe en contra de las minorías, se note más. Y, peor aún, se acepte.

El populismo que ésta ha ganado este chiste de ideología solo es un reflejo que verdaderamente no hemos aprendido nada como sociedad, acerca de lo que pasa cuando ciegamente separamos palabras, de promesas, de partidos y de candidatos. De como, hay infinitos paralelos entre el exterminar judíos, y el presidente de los Estados Unidos, de Brasil y de hasta Rusia.

La historia se está repitiendo, los discursos de odio propagan los medios, las minorías son asesinadas constantemente, hay agresiones sistemáticas que despojan de derechos humanos a civiles inocentes, y no hemos aprendido nada desde la última vez que 6 millones de personas murieron por tener a una ultraderecha en el poder.

La inconsistencia de López Obrador en su crítica al neoliberalismo

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El modelo neoliberal representó una ofensiva contrarrevolucionaria por parte del ala conservadora internacional. Este programa político, económico y social levantó la antorcha de la libertad económica y convirtió al mercado en una verdad metafísica como el mejor mecanismo para la asignación eficiente de los recursos escasos. 

En el campo de la teoría económica, el marco conceptual keynesiano -sustento teórico al llamado Estado de Bienestar- fue criticado por un renovado paradigma neoclásico: un cuerpo de teorías, conceptos y postulados que veían en el intervencionismo económico el gran mal de los problemas sociales. Como dijo Ronald Reagan -el presidente neoliberal, junto a Margaret Thatcher, por antonomasia-, el gobierno no es la solución, sino el problema. 

Ante la insuficiencia conceptual del modelo keynesiano, incapaz de explicar algunos fenómenos económicos como la estanflación, las crisis económicas de los años setenta y el desmoronamiento de los países socialistas, el Estado de Bienestar parecía destinado a desaparecer. 

A partir de la crisis de la deuda de 1982, los países latinoamericanos implementaron el modelo neoliberal; ello con excepción de Chile, el cual a partir del golpe de estado de Pinochet en 1973 al régimen populista de Salvador Allende llevó a cabo políticas de corte neoliberal.

En México, la crisis de la deuda generó un cambio en la élite del poder político, una cohorte relativamente homogénea que compartía una misma visión de la que deberían ser las políticas económicas: reducción de los impuestos, solvencia fiscal, apertura comercial, libre movilidad de la inversión extranjera, desregulación del mercado laboral y privatización de las empresas paraestatales. Con ello, los economistas sentenciaban a un Estado omnicomprensivo, rector del proyecto de industrialización dictaminado en la Constitución y se volcaban a los beneficios del mercado y la libre empresa. Que no sea el Estado -paternal y omnipotente- quien emprenda el camino hacia el desarrollo, sino la función empresarial y el libre juego del mercado. 

Esta transición en el modelo económico es el que critica fuertemente López Obrador. Como bien señala Silva Herzog (Reforma 08/04/19), el presidente ve en el neoliberalismo el origen de todos los males de México. Su retórica se centra cotidianamente en las graves consecuencias que han traído las políticas económicas neoliberales, sin percatarse que en su programa político y económico no propone ninguna transformación a las bases que definen al mismo neoliberalismo. 

El término neoliberalismo ha sido tan “manoseado” por la izquierda en sus críticas como por la derecha en sus alabanzas. Actualmente, el término adquiere una dimensión peyorativa y es utilizado, como lo hace López Obrador, para denostar a los economistas que llevaron a cabo el proyecto. Tal es el grado de ignorancia del presidente que le ha adjudicado a una universidad (ITAM) como el semillero de economistas neoliberales responsables de la situación actual del país. Mira al ITAM como una entidad monolítica en pensamiento, desconociendo la diversidad de pensamiento que existe entre sus docentes y estudiantes, y reduciéndolo a una herramienta discrecional de la burguesía nacional.

Es importante señalar que el objetivo de renovación del liberalismo occidental de finales del siglo decimonónico no representó un programa homogéneo, sino el encuentro de distintas visiones de lo que el liberalismo debería ser. Actualmente, estamos lejos del denominado laisser-faire del siglo XIX, el cual proponía un Estado mínimo y la anarquía del mercado. Por el contrario, el modelo neoliberal actual se aleja del propuesto por Hayek y Friedman, y se acerca al ordoliberalismo de Rüstow y Röpke, quienes proponían que el Estado debía generar los cauces jurídicos e institucionales (políticos y de mercado) a través de los cuales pudiera discurrir el juego del mercado. 

Por otro lado, la retórica de López Obrador es contradictoria con los programas que ha implementado. Silva Herzog es capaz de verlo claramente: López Obrador posee una visión antiestatista, no una de tipo economicista promovida por los neoliberales, sino moralista. Las críticas al Estado se centran en su ineficiencia y deterioro debido a la corrupción, por lo cual propone eliminar a la incompetente burocracia y destinar la ayuda filantrópica directamente a los beneficiados.

El programa de transferencias para el cuidado de los niños es una propuesta enteramente neoliberal. Los hacedores de las políticas neoliberales sabían que la ayuda del Estado a las clases más desprotegidas era necesario, pero no proponían un aumento en el impuesto a la renta, sino transferencias de suma fija, las cuales no distorsionan el equilibrio óptimo que genera el mercado. 

López Obrador busca lo mismo que los neoliberales ultraconservadores querían: reducir al Estado en un mínimo indispensable o simplemente a una dimensión simbólica. Puede ser que incluso López Obrador lleve este objetivo a niveles extremos. Eso parece indicar su desprecio por los marcos institucionales y la certeza jurídica. Así, el presidencialismo lopezobradorista se aleja del cardenista, el cual reconocía la importancia de la construcción de instituciones.

¿Comienza AMLO a desvariar?

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¿Será AMLO el Tlatoani que esperaba ansiosamente el “pueblo bueno y sabio”? ¿O será uno más de los portavoces del Foro de Sao Paulo creado bajo la inspiración de Fidel Castro para concretizar un socialismo a la  cubana en América Latina? 

¿Por qué será que la carta que dicen que envió al rey de España para exigirle compensaciones históricas por la Conquista, está inspirada en un discurso de Nicolás Maduro del 12 de octubre de 2017? ¿Por qué será que quiere exigir del papa Francisco una declaración de arrepentimiento a nombre de la Iglesia Católica por hechos de los siglos XVI y XVII, bajo el pretexto que el papa Francisco ya ofreció disculpas a los indígenas en Bolivia, después de haberlo invitado a ser el juez misericordioso de las miserias mexicanas? 

¿Estará el presidente de los mexicanos buscando la prosperidad y la modernización del país o será más importante para él regresar a los tiempos pre conquista en los cuales los aztecas explotaban a los tlaxcaltecas y ellos a su vez a los mixtecos, zapotecos y puede ser que a los totonacas? 

El presidente de México está desvariando. Quizás sea el producto anticipado de la cuarta transformación. En todo caso, quizás sería bueno anticipar la revocación de mandato al año 2020. ¿Les parece el mes de junio?  ¿Ayudará el INE?  

Atisbos de justicia laboral

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En la mesa política, hay siempre una gran cantidad de platos calientes. En los últimos días, éstos han tenido que ver con el #MeToo, con las amenazas de Donald Trump de cerrar la frontera, con las (lamentables) ternas de la CRE y, con la reforma educativa, entre otros. Así, con la diversidad y multitud de temas que se presentan en la mesa, me parece pertinente traer al frente un tema que, si acaso, ha pasado como un ligero entremés, a pesar de la vital relevancia que representa. 

El pasado primero de abril, en el marco conmemorativo del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, arrancó el Programa Piloto para incorporar a las Trabajadoras del Hogar al Régimen Obligatorio del Seguro Social. Este programa, derivado de una sentencia de la SCJN que determina la incorporación obligatoria de las trabajadoras domésticas al régimen de seguridad social, tendrá una duración de 18 meses y se concentrará en nueve estados de la república, mismos que concentran el 59% del trabajo doméstico, entre los que se encuentran: el Estado de México, la Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco. 

El arranque del programa viene a constituirse, sin duda, como un logro significativo de la actual administración. Su creación, no solo tiene relevancia legal, sino también simbólica, puesto que viene a abrir el camino para resarcir el daño que por años se ha infligido en uno de los sectores más discriminados de la sociedad. Los datos lo ponen de manifiesto, más de un tercio de las trabajadoras domésticas recibe menos de un salario mínimo por el trabajo laborado, y solo una de cada diez cuentan con algún tipo de prestación, aunque, en una sociedad que no concibe su labor como un empleo o un trabajo “real”, la cifra posiblemente no sorprenda. 

De este modo, el siguiente gran obstáculo que enfrentará este programa, será la transición cultural hacia la construcción de un colectivo imaginario en el que las trabajadoras domésticas sean reconocidas como tal, es decir, como trabajadoras, y se disocie su concepción discriminatoria de “sirvienta”. Esta concepción actual, más allá de presentarse como una fuente de humillación verbal y de perpetuación de ciudadanos de segunda categoría, en la práctica, es realmente consistente con un esquema de servidumbre, entendido éste como un esquema en el que existe un amo y un siervo. 

La perpetuación de este esquema de servidumbre ha sido posible no solo por el componente clasista y machista de nuestra sociedad – partiendo de la noción de que las labores del hogar son una obligación de las mujeres, mismas a quienes históricamente se ha remunerado en mucho menor medida que los hombres – sino por el marco jurídico que rige a este sector, y la falta de acción gubernamental. Combinados estos dos factores, hemos tenido un marco jurídico que permite que las trabajadoras laboren por hasta 12 horas diarias, y sin la existencia de un salario mínimo definido. A este respecto, destaca que la obligatoriedad de fijar dicho salario se estableció en la Ley Federal del Trabajo desde 1977, hoy, cuarenta años después todavía no existe. Afortunadamente, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos ha decidido emprender su parte, y llevará a cabo el primer foro consultivo para fijar dicho salario, el próximo 25 de abril.  

A pesar de que el camino por recorrer es largo (legal y socialmente), el emprendimiento del programa piloto se presenta como una oportunidad de brindarle a este sector de la población la justicia laboral que por décadas se les ha negado, de dignificar su labor, y de contribuir a la reducción de la desigualdad. De este modo, en un país que se ha caracterizado por la inactividad y la indiferencia gubernamental, no permitamos que la falta del cambio recaiga ahora en la sociedad, y en nuestros erróneos y discriminatorios constructos sociales. 

*Link al sitio donde se describen los pasos para inscribir a las trabajadoras domésticas al régimen de seguridad social: http://www.imss.gob.mx/personas-trabajadoras-hogar

#HojaDeRuta: “Volver a creer en el periodismo”

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Qué cosa tan frágil es la confianza hoy en día. Lo ha sido siempre, pero ante el asedio de la desinformación y la falta de criterio para discernir incluso lo que se creían verdades sólidas, la situación es particularmente delicada.

Cada año, la agenda estadounidense Edelman publica el “Barómetro de la Confianza”, donde mide este factor en lo que llama las “instituciones principales”: gobiernos, empresas, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil.

Para la medición de 2019 se realizaron más de 30,000 encuestas en 27 países, incluido México. A continuación comentaré algunos de los hallazgos que encuentro de mayor relevancia para reflexionar sobre la confianza (o la falta de ella) y las implicaciones que tiene para el debate y comunicación públicos.

En primera instancia -y quizá lo más destacable, en mi opinión- es que la ciudadanía a nivel global está mostrando una tendencia a consumir más noticias, es decir, tiene mayor interés por informarse. 

El reporte divide a los encuestados en tres categorías respecto al consumo de noticias: los desenganchados, que consumen noticias menos de una vez por semana; los consumidores, que lo hacen una vez o más por semana y finalmente los amplificadores, que son las personas que consumen noticias más de una vez por semana y las publican varias veces al mes en sus redes sociales.

Los consumidores se incrementaron 8% respecto al año pasado, pero lo que más sorprende es que los amplificadores mostraron un notable crecimiento de 14%, es decir, muchas más personas se están involucrando con las noticias y publicándolas en sus redes, denotando mayor interés en la agenda pública y en abrir conversaciones.

A lo anterior se suma un factor más: el principal crecimiento en la categoría de amplificadores se dio en las mujeres, que en población abierta aumentaron en 13% y en el público informado un 23% respecto a la medición publicada en 2018.

Respecto a las fuentes confiables de información, dos empatan en el primer lugar: en el promedio global el 65% de las personas encuestadas confían en los medios tradicionales y en motores de búsqueda como Google. Los medios digitales registran un 55% de confianza, mientras que los medios institucionales (páginas web oficiales, por ejemplo) tienen un 49%. El último lugar de confianza como fuente informativa son las redes sociales, con 43%.

Resulta una buena noticia que los medios tradicionales van recuperando algo de confianza del público, sin embargo, a nivel global siguen siendo la institución más desprestigiada. Pero esto cambia en el caso mexicano.

En nuestro país, el gobierno es la institución en la que menos se confía, con apenas 34%, incluso registrando un aumento de seis puntos en esta edición. De ahí le siguen los medios con 53%. Las empresas son quienes encabezan el listado de confianza a nivel nacional, consiguiendo un 71%. Cabe destacar que México es uno de los cinco países donde más se confía en las empresas.

El instrumento cuenta con más información de relevancia, por ejemplo, que el 73% de los encuestados le preocupa el uso de las noticias falsas como un arma, y un 76% quisiera ver a los líderes empresariales involucrarse más en problemáticas sociales como el cuidado del medio ambiente, la paga igualitaria entre hombres y mujeres y el combate al acoso sexual.

A mi juicio, una de las principales conclusiones que pueden desprenderse del estudio es que la crisis de las noticias falsas y la incertidumbre generada por ellas en las redes sociales, están generando un mayor interés del público de consumir noticias de los medios tradicionales o de buscar información de manera personal a través de motores de búsqueda, probablemente realizando una comparación de fuentes.

Lo anterior significa una buena nueva, pues marca una tendencia por regresar a la certidumbre y por recuperar la idea de la recolección, manejo y publicación profesional de la información, validada por periodistas profesionales y casas de prestigio. Se abre entonces una oportunidad de oro para el periodismo, que implicará retos que van desde la ética en el ejercicio hasta la adaptación a nuevos modelos de negocio. 

Recuperar la confianza del público será complejo, pero es posible. Una prensa sana y profesional en su ejercicio es aliento puro para la democracia, en particular, en contextos como el nuestro donde el autoritarismo echó por largo tiempo raíces. Contribuyamos para que así sea.

#ElTalónDeAquiles: “La soledad”

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En enero de 2018, Inglaterra nombró su primera ministra contra la soledad. Se reconoció así, tal vez por vez primera, la importancia de este tema en los tiempos modernos. Cifras indican que, en los países occidentales desarrollados, una de cada tres personas se siente habitual o frecuentemente, sola. En 2019, 28 % de los hogares canadienses están ocupados por una sola persona, una situación que nada tiene de excepcional. En España, por ejemplo, no solo el porcentaje es similar – 25,2% en 2016 – sino que además en 2017 una de cada diez personas dijo sentirse sola “con mucha frecuencia”. En Europa, en promedio 32,2% de la población está en dicha situación. Inglaterra no es el único país en reconocer el problema. Dinamarca creó un programa nacional para concientizar al público sobre las consecuencias de la soledad crónica. Se trata de un problema de salud pública que algunos no dudan en catalogar, no sin generar polémica, de epidemia. 

Claro, vivir solo no implica sufrir de soledad. Muchos escogen sanamente dicho estado, pues el mismo puede ser sinónimo de libertad e independencia. Además, un sentimiento transitorio u ocasional de soledad puede ser benéfico. La primera vez que viví solo tenía 23 años. Esa experiencia fue, en mi caso, como en la mayoría, muy formadora: gracias a ella me erigí como alguien autosuficiente, responsable, capaz de organizar mi vida eficazmente según mis intereses personales. Sin embargo, hay estudios que muestran que cuando es crónica, la soledad puede causar estrés, ansiedad, depresión, cardiopatías, cáncer, diabetes, suicidio, e incluso puede reducir la esperanza de vida de forma equivalente a fumar 15 cigarrillos diarios. En mi caso, la soledad actual no es necesariamente el producto de una decisión, sino el resultante, tal vez aleatorio, de una acumulación de hechos de vida. 

Ahora bien: ¿Qué hace que un sentimiento de soledad sea positivo o negativo? Al respecto, varias son las explicaciones que se pueden avanzar. Es posible afirmar que el debilitamiento de los vínculos colectivos de cohesión social (sindicatos, asociaciones civiles, comunales, etc.), un fenómeno que afecta más a los países desarrollados que a los del sur global, explica una individualización extrema que exacerba la precariedad social. Se puede también argüir que las redes sociales, en vez de crear comunidades, profundizan divisiones. Hoy, se puede tener cientos o miles de “amigos”, y ser simultáneamente incapaz de sintonizarse con alguien. Tampoco es raro ver jóvenes pasar fines de semana solos, inmersos en las redes sociales, o invirtiendo horas eternas en aplicaciones de encuentros fortuitos. El porcentaje de adolescentes estadounidenses que dice sentirse solo pasó de 26% en 2011 a 39% en 2017. En fin, hay grupos con mayor riesgo de sufrir aislamiento. Pensionados que pierden su pareja y cuyos hijos viven lejos, pueden experimentar mayor dificultad a lidiar con la soledad. En términos generales, los migrantes, las personas de la tercera edad, la comunidad LGBTQ, y las personas con algún tipo de discapacidad, entre otros, son grupos más vulnerables. 

Hace mucho tiempo decidí que la soledad no me impediría vivir una vida plena. Estoy seguro de que ser feliz es una decisión. Decidí entonces viajar adonde quisiera, cuando quisiera, ir al cine o al restaurante, pues concluí que la soledad no es excusa para alimentar la ignorancia. Pero, después de todo ese esfuerzo, cierto es que la plenitud parece más fácil alcanzar cuando se comparte. Poco importa la calidad de las amistades o la solidez de los lazos familiares, la soledad puede golpear un sábado por la noche, cuando no hay plan social, cuando se regresa de viaje sin que haya bienvenida, cuando la enfermedad no es compensada por atenciones especiales, cuando la bancarrota es posible si se pierde el empleo, o cuando se entra y se sale del hospital sin que nadie lo sepa. Y por ello es que hoy, doctores recetan horas de voluntariado, cursos de yoga, asistir a exposiciones, y otros, a aquellos que sufren de soledad. En un mundo de extremo individualismo en donde la esperanza de vida no deja de aumentar, es momento de comenzar a derribar muros para conversar sobre temas universales que nos pueden afectar a todos. Porque parece que se envejece como se vive, y si se vive solo, es probable que se envejezca solo.

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), abril de 2019

#EspacioPúblico: “Peatones seguros en una ciudad de autos”

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Desde hace cerca de seis años, la organización a la que represento se ha dedicado al tema de movilidad peatonal. En un inicio se enfocó al tema más recurrente que encuentra un peatón en la ciudad: autos estacionados sobre el espacio público dedicado al peatón. Pero pronto nos dimos cuenta que el problema era mayor.

Con el tiempo hemos expandiendo nuestra participación hasta formar parte de consejos consultivos ciudadanos, como miembros de la plataforma de evaluación “Alcalde, ¿Cómo Vamos?, sugerir reformas a reglamentos municipales, apoyar en proyectos distritales y académicos y hoy aquí participando en este foro exponiendo nuestra perspectiva de cómo se vive hoy esta ciudad y poder ayudar en el proceso de este proyecto de ley.

Ser peatón en una ciudad como Monterrey es un reto que muchos realizan cada día, pero que también es una situación que muchos se niegan a ver. Una ciudad que por años ha dado preferencia a todo aquello relacionado con el automóvil privado difícilmente voltea a ver las necesidades de peatones , no entiende que la infraestructura es para cualquier usuario de la calle, que la ciudad mueve personas y no está hecha únicamente ( aunque así lo parezca) para trasladar autos.

En esta ciudad se aplauden los proyectos que privilegien la velocidad, el flujo continuo de autos y pone en duda la efectividad de proyectos que favorezcan a peatones y ciclistas y con mayor razón si eso implica quitar carriles, cajones de estacionamiento o incluir semáforos.

Peatones a diario caminan por banquetas en malas o muy malas condiciones, cruzan calles sin pasos peatonales claramente marcados, esperan el transporte público en lugares riesgos y en ocasiones bajan del transporte en segunda o hasta tercera fila de una avenida para después esquivar autos que invaden banquetas, espacios para personas con discapacidad, esquinas y rampas.

Ayer me quedé tarde leyendo el documento de la Ley General de seguridad vial con el que hoy estamos trabajando. Lo considero valioso por ser una ley enfocada a salvar vidas, quisiera compartir algunas de las experiencia que hemos tenido en estos años y que de alguna manera, espero, sean vistas para enriquecer el proyecto.

Algunas cifras nos ayudan a visualizarlas las condiciones de seguridad para el peatón. Siendo concretos, de acuerda a la última encuesta “Así vamos 2018”, realizada por la plataforma “Alcalde, ¿Cómo vamos?”, en la ciudad de Monterrey alrededor del 85% de los encuestados consideró que las banquetas se encuentran dañadas y con obstáculos y solo un 35 % percibe cruces peatonales adecuados para los traslados a pie.

De acuerdo al Informe sobre la Seguridad vial 2017, la gran mayoría de los hechos de tránsito que involucran fallecidos en el estado, más del 90 %, se dan en el área metropolitana de Monterrey. Pero el caso específico de la ciudad de Monterrey es alarmante ya que cerca del 56% de las personas fallecidas en hechos de tránsito fueron Peatones. Y por otro lado la mayor parte de los egresos hospitalarios son generados por ocupantes de medios motorizados, especulando un poco, los peatones ni siquiera llegan al hospital.

La seguridad para el peatón, en la actualidad, es una carrera de obstáculos muchas veces ocultos, en la que muchos participan para llegar a sus casas, trabajos o escuelas y algunos no llegan a la meta.

La seguridad vial es un tema prioritario si queremos que esta ciudad cambie en su estilo de vida y realmente se vean acciones acordes a la jerarquía de movilidad que hoy ya está por escrito en manuales y reglamentos pero poco llevada a la práctica.

Un tema que veo de gran importancia en la ley es la parte de la gestión de infraestructura, en específico la municipal. Muchos de los temas que la ley marca ya se tratan en reglamentos locales o se manejan en los discursos de ejecución de obras.

Calles completas, accesibilidad, jerarquía de movilidad, ciclovías, escala humana no es algo nuevo.

Pero que se conozcan los temas no quiere decir que se ejecuten correctamente.

La falta de estándares de calidad al ejecutar obras públicas, falta de empatía con los usuarios, presión por finalizar una obra y recursos limitados que siguen siendo aplicados con prioridad al enfoque automovilista da como resultado obras que en lugar de favorecer la seguridad la pueden dejar peor.

Una rampa de accesibilidad mal aplicada, falta de señalética en calles, incorrecta aplicación de colores en los cruces de una ciclovía, la mala ubicación de una parada de transporte o la falta de mantenimiento físico y la impunidad en el cumplimiento del reglamento de tránsito en una calle peatonal son algunos ejemplos de lo que al realizarse inadecuadamente, en lugar de ayudar a salvar vidas las pueden poner en riesgo. Estas cosas suceden, lo hemos visto en muchas ocasiones, siempre buscamos la forma de hacer las observaciones a quienes las realizan, sin embargo al señalar las fallas es común escuchar justificaciones como: “es con lo que contamos”, “lo sabemos pero no teníamos material”, “había que salir en los tiempos marcados” ó “Ya después se corregirá” (cosa que rara vez sucede) .

Este me parece el reto más importante de esta ley. Que al llegar a la gestión de infraestructura por parte de los municipios se cuente con los candados necesarios para que estándares de calidad se cumplan y se logren los objetivos de generar infraestructura segura a los usuarios del espacio público y de no ser cumplidos , se ejerzan sanciones.

Y lo anterior no lo cerraría únicamente al trabajo de obra pública municipal. Hay también un reto importante para los departamentos de Desarrollo Urbano con la construcción privada, que olvida integrar a sus proyectos el espacio público marcando diferencias entre lo que está al interior de un predio, cómo si los usuarios de la obra jamás usaran el exterior, especialmente en zonas preexistentes, en las que se promueven proyectos que generen mayor número de peatones cómo son los proyectos para El Centro de Monterrey.

Así es esta ciudad, así la hemos construido y en nosotros está también cambiarla. No será sencillo pero lo que vale la pena rara vez es fácil.

Hoy somos un estado, y en específico “Un área metropolitana”, con un alto número de hechos viales en los que se pierden vidas a pesar de contar con infraestructura, reglamentos y programas de prevención. 

Mi conclusión es que no hay ley que por sí sola salve vidas. Para que se salven vidas se requiere de una ley clara y precisa y ésta lleva buen camino, procesos auditables que ayuden a que la ejecución de la ley no pierda en el camino el espíritu para el cual fue hecha, reglamentos en los que quepa la certeza que sus usuarios han entendido y serán verdaderamente cumplidos y de ser necesario se sancione debidamente, pero sobretodo se necesita de ciudadanas y ciudadanos conscientes que al seguir reglas de convivencia en las calles se convierten en agentes de seguridad . Las vidas no se salvan por escrito, se salvan con actos.

Texto Presentado por Eduardo Quintanilla, representante de la Organización La banqueta se respeta en el Foro Regional de la Ley General de Seguridad Vial realizado en Monterrey el 4 de Marzo de 2019.