#HojaDeRuta: “Del miedo a la furia”

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“La emoción más antigua y fuerte de la humanidad es el miedo. Y el más antiguo y fuerte tipo de miedo es el miedo a lo desconocido” -H.P. Lovecraft

La velocidad de la información, el peso del presente y la desconexión del pasado público parecen conjugarse para hacernos olvidar que México es un intento de democracia. Un intento que, además, tiene relativamente poco tiempo de serlo.

Tras el estruendo de la revolución mexicana, y un periodo de inestabilidad, el sistema político moderno se fundó con base en el principio de aceptar el autoritarismo a cambio de garantizar la estabilidad, siempre bajo un manto de democracia simulada.

Algo muy extraño sucedió: una suerte de autogamia donde el propio sistema dio a luz al partido que habría de garantizar su permanencia. Carne de mi carne, vida de mi vida. Una simbiosis política que logró mantener el poder por casi siete décadas.

Tan único fue el caso mexicano que mereció una categoría propia en el análisis de Giovani Sartori: la del partido hegemónico, es decir, aquél sistema político donde había diversos partidos, pero solo uno tenía el control, y por tanto, la posibilidad real de ganar elecciones y gobernar.

En el 2000 quizá había más miedo en México a la posibilidad del cambio político que al famoso Y2K o error del milenio que supuestamente provocaría una falla masiva en todo lo eléctrico y digital, enviándonos de golpe a la edad de piedra.

Sin embargo, la alternancia ocurrió, y con ella, la decepción. Aquél México que inició el siglo XXI con la esperanza de volverse una democracia verdadera, alcanzar la justicia y avanzar hacia el desarrollo, enfrenta menos de dos décadas después un desaliento prácticamente en todos los frentes: las garras de la pobreza aprisionan a la mitad de la población; la corrupción goza de cabal salud (México ocupa el lugar 135 de 180 países medidos en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional); la desigualdad crece mientras el salario pierde poder adquisitivo (el peor de América Latina, de acuerdo a la OIT) y, por si fuera poco, una crisis de violencia que ha dejado cientos de miles de muertes y quebranto social.

En entrevista reciente para el diario El País, la historiadora Soledad Loaeza resumió lo que parece ser el espíritu de los tiempos que corren en el país: “En México tenemos más rabia que susto”, y abunda: “Sin instituciones no hay gobierno que funcione, ni de izquierda ni de derecha. Estamos muy fragmentados y en esa fragmentación no hay posibilidad de entenderse”.

El momentum internacional ha probado la confiabilidad de la vieja herramienta del miedo: el Brexit en Reino Unido; Trump en Estados Unidos; LePen en Francia (que afortunadamente no ganó). Sin embargo, en el caso mexicano el miedo viene jugando un rol central desde hace más de una década. La campaña de “El peligro para México” implementada en 2006 fue exitosa en términos de comunicación política, pero sembró odio y discordia, elementos que nunca son sanos para la democracia.

Pero el tiempo pasó, y no perdona. Ante el correr de los calendarios, la mayoría de las ideas, obras y cosas o se desvanecen o se consolidan. Se olvidan o se vuelven clásicos. La emoción del miedo parece estar siendo sustituida por otra igual o más potente: la rabia. Una rabia generada por la diaria crueldad de una realidad que no mejora.

Hoy el miedo a lo desconocido parece verse superado por las ganas de castigo a las opciones tradicionales y la voluntad de tomar una ruta inexplorada. En la más reciente encuesta de Grupo Reforma hay hallazgos que sorprenden además de la ventaja de más de veinte puntos que registra AMLO, en particular, se pregunta qué candidato es un peligro para México, y en este rubro, el principal “peligro” identificado es el candidato del PRI.

Aunque la tendencia electoral está dibujada con claridad, un país que ha transitado del miedo a la rabia en medio de la precariedad institucional, corrupción desatada y crisis de violencia se encontrará en un momento delicado política y socialmente. De consolidarse la tendencia, la rabia de una población que, en lo general está ausente de lo público, tendrá que volverse una energía de reconciliación, reencuentro, recomposición. El miedo y la rabia movilizan, pero no construyen. Ahí estará el reto del futuro inmediato.

NAICM: Un cómic para AMLO

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Imagina que después de tantos años, por fin logras asistir a la universidad al conseguir una beca académica, una de transporte y otra para comprar tus útiles escolares. Parece que todo marcha bien y ahora podrás salir de la situación económica en la que creciste en donde tus padres o tutores no pudieron darte una buena calidad de vida ni estudios universitarios. De pronto, llega un nuevo rector a tu universidad y decide que ya no tendrás tu beca porque dice que no la necesitas, además de que la obtuviste por medios sospechosos. ¿Qué pasaría contigo? ¿A dónde ser irían todos tus esfuerzos? Pues eso mismo le pasaría a México si AMLO llegará a la presidencia y tomará la decisión de cancelar los trabajos del NAICM.

La continuidad del NAICM es un tema que no debería discutirse si se cancela o no por parte de los candidatos a la presidencia en México, pero sí debería de estar en su agenda para fortalecerlo con inversiones y auditorías que ayuden a evitar prácticas de corrupción. AMLO y quienes lo quieren pausar, tuvieron en su momento el derecho como ciudadanos y servidores públicos de interponer toda acción legal para garantizar mayor transparencia de la que hoy se tiene para el proyecto.

El NACIM es para México, el proyecto más grande que ha tenido en su historia y está permitiendo desde ya, la creación de más de 50 mil empleos y grandes oportunidades de crecimiento técnico-profesional para las personas y empresas mexicanas que están participando en el proyecto. Cancelarlo, además de eliminar los beneficios que ya está ofreciendo a los mexicanos, sería sepultar los más de 450 mil puestos de trabajos que existirán una vez que entre en operación, perder los más de 120 mil millones de pesos de inversión y sobre costos generados por multas debido a la cancelación de contratos.

Cancelar el NACIM, no solo representaría perder lo que ya se invirtió. Cancelar el NACIM significaría para México seguir rezagando la eficiencia operativa y financiera de las aerolíneas que operan en el país por retrasos de vuelos, sumándole las perdidas que ya tienen millones de mexicanos y extranjeros que entran y salen del país debido a estas deficiencias. México ocupa hoy en día el lugar número 55 de infraestructura aeroportuaria y 57 de competitividad en el mundo, debido a que el actual AICM cuenta solo con dos pistas en operación no simultánea que reducen la calidad del servicio.

AMLO menciona que él no puede ser tolerante con la corrupción y que él considera que la construcción del aeropuerto es corrupción, y estoy de acuerdo con lo de no ser tolerante, pero si alguien que pretende ser presidente hace acusaciones debido a percepciones, ideologías o discrepancias con otros políticos, ¿qué podemos esperar de su gestión presidencial? Tal parece ser que AMLO está más empeñado en darle la contra a los gobiernos actuales y anteriores, que en ver por el crecimiento del país y sus ciudadanos. No defiendo a EPN, ni a Fox ni a Calderón, pero este es un proyecto que sobre pasa ideologías políticas y que es una necesidad real para el país.

Es cierto que el NACIM ha presentado irregularidades, pero también es cierto que es el proyecto con mayor transparencia que México ha tenido en su historia, incluso, es más transparente que cualquier proyecto que se haya gestado durante los gobiernos de AMLO. Recordemos que el NACIM de concluirse, será el primer aeropuerto del mundo en obtener la Certificación LEED Nivel Platino versión 4, que es la certificación para construcciones sustentables de mayor reconocimiento a nivel internacional, ya que te obliga a cumplir primero con todas las normativas locales, y después, a cumplir con los códigos de construcción y calidad más exigentes del mundo, además de llevar un proceso de auditoría bastante minucioso.

Insisto, el NAICM es un tema que no debería de discutirse si se cancela o no ahora que está en proceso de construcción, y la propuesta de AMLO para el aeropuerto en Santa Lucía es igual a la forma en la que presentó “lo que piensa”: un cómic.

Responsabilidad Médica

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En días pasados un amigo médico modificó su foto de perfil, decidió agregar la leyenda: “yo no estudié para matar, yo estudié para ayudar”. Pregunté al respecto y conforme avanzó la charla mis inquietudes me llevaron a un mundo legal que supongo es prácticamente desconocido para la mayoría de los profesionales de la salud.

Dicho mensaje fue parte de la reacción solidaria que tuvo la comunidad médica ante la detención de un colega por presunto homicidio doloso de quien fuera su paciente. Si bien la resolución de este conflicto será competencia de las distintas partes involucradas, utilizo este espacio para hacer notar mi hallazgo: la falta de certeza jurídica con la que cuentan para su ejercicio profesional los prestadores de servicios de salud (y lo escribo así para incluir a profesionistas de disciplinas afines que pudieran resultar con implicaciones similares, psicología y nutrición, por ejemplo).

Hoy por hoy, nuestro código penal federal incluye una figura de responsabilidad profesional. Esta contempla a la Ley General de Salud y al abandono médico; sin embargo, su alcance resulta limitado, o incluso insuficiente, al no reflejar la naturaleza de lo que implica la prestación de un servicio de salud. De hecho, basta decir que no existe siquiera tipificación alguna para el concepto de negligencia médica. No obstante, me enfocaré en dos puntos que considero relevantes dado el detonante.

Primero, no exhibe que en salud la vinculación es de medios y no de resultados; la obligación es prestar los cuidados requeridos con la mejor calidad posible, pero no así la recuperación del usuario. Segundo, no considera la propia inevitabilidad del riesgo en este tipo de ejercicio profesional. De manera individual y colectiva cada que vez que optamos por recibir servicios en salud aceptamos dicho riesgo, el cual, hoy en día y en contraste con otros, carece de un marco normativo. Por ejemplo, todos asumimos un riesgo al utilizar el parque automotor (y su letalidad la conocemos bien), y ante eso, el Estado se ha ocupado de limitarlo de diversas maneras: reglamentos de vialidad y tránsito, semáforos, patrullas, oficiales, etc.

Ahora, de manera comparable y en pleno reconocimiento de la existencia de la mala práctica en salud, dicha falta de certeza jurídica también genera incertidumbre para los usuarios de estos servicios. A expensas de las motivaciones particulares, queda a discreción del presunto afectado si opta por un proceso penal (que atañe exclusivamente a la persona acusada), por uno civil (por quien puede responder alguna otra entidad en términos de daños y perjuicios) o por uno administrativo (correspondiente a la institución pública que respalda al profesional de la salud). Aunado a ello, incentivos como el financiero pudieran definir el camino a seguir. Mientras que de inicio un proceso penal no representa ningún costo para el demandante, uno civil sí lo hace (peritos, abogados, etc.). Asimismo, la gran diversidad de instituciones ante las cuales se puede acudir por una inconformidad (más de diez y que incluye comisiones de arbitraje médico, de derechos humanos, procuradurías, etc.) son también indicio de la falta de claridad y simplicidad a las que dan pie las condiciones actuales.

Así, y sin dejar al margen la responsabilidad moral que se espera y motiva el trabajo de todo prestador de servicios en salud, y que con justa razón el gremio médico exige se considere, me sumo a la causa de mi amigo y demás profesionales de la salud. No obstante, lo hago con un fin ulterior, que se genere el marco legal correspondiente para que se dé certeza jurídica a los procesos de resolución de conflictos originados en la prestación de servicios en salud. Recordemos, pues, que sin importar la trinchera, eventualmente todos hemos sido, somos o seremos usuarios de un servicio de salud.

La Mentalidad del Mexicano

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¿Cuántas veces hemos escuchado que México es un país rico en recursos naturales y con un enorme potencial? Pero que por culpa de intereses extranjeros y de una denigrante clase política, es que el país no avanza y tenemos más de 60 millones de pobres en nuestra nación. Desde pequeños nos enseñan en las escuelas una narrativa como de película, somos un país víctima, víctima de los españoles que nos conquistaron, nos impusieron cultura, religión, entre otras cosas cuya mezcla dio origen a nuestra sociedad actual. Víctima de los Estados Unidos que nos quitaron más del 55% de nuestro territorio después de una fatídica e injusta guerra, víctima de los franceses y demás poderes extranjeros que durante todo el siglo XIX se dedicaron a saquear y entrometerse en el desarrollo democrático y económico de nuestro país. Víctima de un personaje como Porfirio Díaz que nos venden como dictador a quién le achacan la pobreza y desigualdad que imperaba en el país a inicios de siglo XX.

Yo soy un convencido que no somos víctimas ni debemos de sentir que lo somos. Somos un país que se ha levantado frente a las más grandes adversidades y que hoy somos la 14va economía a nivel mundial por tamaño del PIB, somos un país líder en exportaciones de diversos productos agrícolas y tecnológicos como pantallas y el cuarto productor a nivel mundial de automotores. Lamentablemente somos un país con muchísima desigualdad, también somos el último lugar en calidad educativa de los países de la OCDE y de los países que menos impuestos efectivos recaudan en proporción de esta misma organización.

Por toda la mezcla histórica, socioeconómica y cultural que ha influenciado la formación del mexicano podemos ver que hay una gran diversidad de ideas y pensamientos pero en general hay factores en común. Los mexicanos somos hospitalarios y gente trabajadora, somos un pueblo que se une en los peores momentos tanto en las crisis económicas como en los desastres naturales. El problema es que a vista de muchos no somos un pueblo que nos unamos en las buenas, no coincido mucho con la idea que en México sufrimos todos del síndrome del cangrejo donde el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano, donde la reacción natural de una persona al ver que a otra le va bien es intentar bajarla y recelar su éxito sin importar si es familiar, amigo o compañero.

Varios aspectos negativos de esta supuesta mentalidad lo vemos reflejado en el ámbito político. En la función pública como en cualquier otra área hay gente mala y hay gente buena, pero a veces muchas personas tachan al político de ratero y farsante con un juicio de opinión sumario, sin darle oportunidad de defenderse, por celo o falta de identificación. Hay casos de personas que eran ricas antes de entrar a la política por sus actividades en el sector privado y que al entrar, nada más por estar ahí, ya son tachados como corruptos y que todo lo que tienen es producto de robos. Aunque si bien hay muchos casos de personas sin liderazgo y con nula sensibilidad social que llegan a los cargos públicos a hacer negocios, también es cierto que muchas veces somos los propios ciudadanos quienes contribuimos a la generación de los problemas de la comunidad pero no a su solución, tirando la basura en la calle, buscando eludir o pagar menos impuestos, pasándose la luz roja, copiándose en los exámenes, etc.

Los problemas de la sociedad también los debemos resolver juntos y mientras no logremos corregir el elemento de nuestra mentalidad de linchamiento y convertirla en un frente crítico como responsable, es que veremos cambios reales en nuestra sociedad y en nuestra clase política, que al final es un reflejo de la misma y cuyo ascenso al poder esta determinado por la racionalidad de los votantes para elegir a la mejor opción.

#Kleroterion: “La lucha por la Dignidad”

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En estos días hemos conocido las declaraciones de la reunión que sostuvo el Presidente Enrique Peña Nieto con el Vicepresidente de los Estados Unidos Mike Pence previo a la Cumbre de las Américas en Lima.

Me pareció de mucha importancia que el Presidente Peña destacara la necesidad de la “relación bilateral” y “respeto mutuo” en la relación de México y Estados Unidos, así como acelerar los trabajos de la renegociación del TLCAN.

Recordemos que durante marzo y abril, el presidente norteamericano criticó el recorrido de la tan mencionada “caravana de migrantes”, provenientes en su mayoría de Honduras y que se dirigían a su país, entre sus declaraciones mencionó que ésta tendría que ser contenida por los mexicanos, pero sobre todo advirtió que cancelaría las negociaciones del TLCAN si el gobierno mexicano no detenía a los centroamericanos.

En respuesta el presidente de México emitió un mensaje en cadena nacional donde respondió al mandatario que si tales declaraciones emanan de una frustración por asuntos de políticas internas de su país, o de su congreso, éste debe dirigirse a ellos y no a los mexicanos.

Remembró las palabras de un importantísimo Presidente de los Estados Unidos de América diciendo que “No tendremos miedo a negociar, pero nunca vamos a negociar con miedo” y que no permitiría que la retórica negativa defina sus acciones, posteriormente citó las declaraciones de los candidatos a la Presidencia de la República, haciendo énfasis que los candidatos apuestan por la unidad pese a sus diferencias políticas.

En mi apreciación estuvo muy bien la actuación del presidente de la República con su mensaje a los mexicanos, probablemente el mejor que ha dado desde que asumió la presidencia el Presidente de Norteamérica, señalando que la dignidad de los mexicanos no está sujeta a negociaciones.

Sin embargo también habría que valorar a los políticos y a los presidenciales, incluyendo al propio presidente, que todavía tiene poder para hacerlo, es correcto que se peleen por la dignidad de las personas en el extranjero por este asunto, pero también es cierto que desde México se debe pelear por la verdadera dignidad de los mexicanos.

Me refiero a la dignidad de las madres de familia que día con día se quedan preocupadas por saber si sus familiares van a regresar a casa, por la dignidad de los policías, que en muchas ocasiones tienen que comprar con su dinero las balas de sus armas reglamentarias para poder cumplir con sus funciones.

O por la dignidad de los obreros,  que no tienen para completar la comida en su casa, por los salarios injustos, así como por los muchos ciudadanos que a veces no pueden ni con el pago de los servicios básicos, así como la dignidad de los jóvenes que no encuentran empleo o que a veces tienen que ser contratados para labores distintas a sus estudios y en peores casos, se involucran en trabajos no lícitos por la necesidad de salir adelante.

En fin, me parece que nuestra clase política se puede poner de acuerdo, siendo totalmente crítica de lo que sucede en la actualidad, estoy seguro que al hablar de dignidad implicaría que ellos hubieran hecho algo por mejorar estos pequeños ejemplos de cómo se falta a la dignidad de tantas y tantos mexicanos.

Para los candidatos y la clase política es un buen momento para reflexionar acerca de la verdadera dignidad de los mexicanos, estamos en época electoral, por lo que escuchamos las repetidas soluciones a las problemáticas nacionales que curiosamente nunca han desparecido.

Por lo anterior concluyo que para hablar de dignidad y criticar es importante que también nuestros gobernantes y políticos dejen de ver “la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio”.

#PulsoUrbano: “De baches, banquetas destruidas y luminarias rotas”

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Tres son los síntomas escritos en este título que reflejan si hay o no hay gobiernos competentes en las Ciudades. La razón es sencilla. Las evidencias físicas de infraestructura no mienten.

Es difícil que aceptemos que todo está bien cuando esos detalles que hacen la diferencia entre una ciudad con calidad de vida para sus habitantes y otra que no, son la mejor muestra de que no es posible que así sea si los elementos básicos de las calles están en tales condiciones.

¿Por qué importan esas evidencias? porque la calle es la célula del espacio público. Es ahí en donde hacemos la mayoría de los tránsitos que no son de la vida privada. Por ahí pasamos, comemos, convivimos, nos detenemos a descansar, vamos hacia el trabajo o la casa… Vaya, las condiciones de salud, seguridad, servicios públicos de las calles importan en tanto ahí hacemos también la vida.

Por eso indigna tanto que no se pueda atender si quiera esos “detalles” que se vuelven relevantes una vez que ocurren “accidentes” derivados de una banqueta rota, por ejemplo. O, nosotras como mujeres cuando pasamos en espacios poco iluminados donde sabemos que algo podría suceder por cada luminaria que no funciona.

Entonces, de ahí que haya grupos sociales que defienden su pedazo de infraestructura a “muerte”. Producto de la ineficiencia, son las luchas más absurdas en pleno siglo XXI, pero existen… Los de las banquetas, los que tapan baches, los que reportan luminarias rotas. Y, así.

Debemos, Gobierno y ciudadanía, entender que poco podemos avanzar en el diseño de futuro de una ciudad a menos que se resuelvan estos mínimos de los que ni siquiera deberíamos estar preocupados. Porque los temas importantes de una urbe no son ni las banquetas (que de hecho ese concepto está por desaparecer) ni las luminarias ni los baches. Los problemas de las ciudades en el mundo hoy son discusiones muchos más profundas sobre energía, pobreza y exclusión social, contaminación del agua y aire, nuevas tecnologías, entre otros.

Ese es el debate al que debemos avanzar, una vez que gobierno y ciudadanía asumamos con responsabilidad el futuro que ya nos alcanzó y rebasó porque lo mínimo en infraestructura no es lo óptimo ni lo seguro.

#HojaDeRuta: “Espectacular de elecciones”

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“Todo cambia, todo se transforma: todo sigue igual” -Monsiváis

Una sola cosa es segura en las elecciones presidenciales mexicanas: el espectáculo está garantizado. Usted o se ríe, o se sorprende, o se sulfura, o se descorazona, peligro y se desmaya, pero impasible no se queda. En este país las elecciones lo estremecen o le devolvemos su dinero (es un decir, naturalmente, ese ya está gastándose). Si no podemos confiar en la democracia, cuando menos matemos el aburrimiento, parece ser la consigna.

Apenas si van a cumplirse un par de semanas y ya tenemos candidatos acusados de lavado de dinero, páginas y carteles de campaña sucia que misteriosamente aparecen en la red y en las calles, muertos que firmaron por candidatos independientes en homenaje a la época de oro de la simulación electoral, ladrones de nuestro yo digital que operan desde Facebook, lluvias de memes, candidatos descartados y resucitados al tercer día por la autoridad electoral, Trump escupiendo fuego y soldados contra nuestra frontera.

Vivimos en el país de no pasa nada en términos de consecuencias, y sin embargo, tanto pasa que nuestra capacidad de asombro llega a límites insospechados, incluso contra nuestra propia voluntad. Cada que pensamos que como mexicanos ya nada puede sorprendernos, nuestro realismo tragicómico-mágico nos demuestra lo contrario.

Decía Monsiváis que como todos creemos en las décadas, al pasado no le queda más remedio que dividirse en diez. Pues bien, hace varias décadas que se habla de la espectacularización de la política para referirse al fenómeno surgido en Estados Unidos que básicamente parte de la imagen, el performance y el manejo del mensaje para tocar las fibras precisas del respetable.

En la sociedad del espectáculo, como diría Guy Debord, lo que importa no es lo que se tiene o lo que se es, sino lo que se percibe y lo que se aparenta ser. La política inherentemente tiene elementos teatrales, histriónicos. Existe tal cosa como la persona pública, esa versión de un individuo que se presenta a la colectividad.

La lógica no ha cambiado aunque se refinen técnicas y tecnologías. Aún estamos buscando en quien confiar, aún estamos buscando en qué y en quién creer. Aún deseamos ser entretenidos. Lo esperamos, incluso. En un país obsesionado con la sucesión presidencial, no podía ser de otra manera. Es quizá la migaja sabrosa que nos queda: “esto se va a poner bueno”.

Si también de dolor se canta cuando llorar no se puede, cómo no nos vamos a divertir. José Agustín captó parte de esa esencia al nombrar en el concepto de “Tragicomedia Mexicana”. 

Como pueblo, nunca dejaremos de reírnos de nuestra desgracia ni de bailar de cachetito con la muerte. Así somos. Pero eso no significa que estemos dispuestos a sentarnos en el hormiguero hasta ser beatificados ¿la diferencia? Dos cosas: el sentido crítico y la voluntad de participación. 

La política o se mueve, o no es. Tenemos que mover nuestros hábiles deditos digitales para buscar información fidedigna. Tenemos que mover la mente para preguntarnos si un planteamiento tiene sentido o apesta a fake news. Tenemos que mover los ojos leer sobre quiénes son las personas y qué nos están proponiendo. Tenemos que mover la boca y sacar la voz rompiendo aquella vieja máxima de que en la mesa mexicana ni de política ni de religión.

Le voy a contar un secretito: disentir no es de mal gusto, ni debatir de mala educación. Sin diálogo no hay democracia posible. Y finalmente, tenemos que mover el cuerpecito hacia las casillas el primero de julio ¿Qué el sistema tiene muchas partes podridas? Ni cómo negarlo. Pero a puro coraje interno y agitando con furia la cuchara del café no se va a arreglar. Hay que moverse.

Y si de plano la angustia le invade, recuerde que la suprema corte dio otro paso hacia legalizar la mota recreativa para cuando a la realidad se le pase la mano.

Comunicación Social: Ley de Publicidad

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Esta semana se aprobó con el apoyo de las bancadas del PRI, PVEM y PANAL en la Cámara de Diputados la controversial ley de publicidad oficial también apodada por los activistas como “Ley Chayote”. En resumen, lo que busca esta nueva normatividad es poner orden a los tres niveles de gobierno, en sus 3 poderes y a los órganos autónomos en sus gastos de comunicación social para que se cometan menos abusos con gastos en ese rubro. La ley establece que toda comunicación social debe cumplir con varios criterios de eficacia, economía, veracidad, transparencia y honradez. Se obliga a las instituciones a elaborar un programa anual de comunicación social, el cual debe incluir medios de comunicación que estén incluidos en el Padrón Nacional de Medios de Comunicación que también se crea con el mismo fin de tener un mayor control.

Cientos de asociaciones civiles y organizaciones de activistas ciudadanos se expresaron en contra de la polémica ley, al argumentar que no resuelve de tajo el problema ya que no establece topes ni en cantidad, ni en porcentaje en los gastos de comunicación social que en muchos casos son exagerados y representan un “boquete” para las finanzas de la nación y de muchos estados y municipios. La ley no define tampoco criterios de que tipo de espacios se pueden o no contratar ni limita la aparición de funcionarios públicos, no mete el gasto de comunicación social dentro de los informes anuales de labores ni promueve la diversidad y el pluralismo de medios, al contrario lo centraliza en la SEGOB presentando un posible riesgo para medios que no sean afines a ciertos grupos.

Para nadie es secreto que la libertad de expresión en nuestro país ha ido evolucionando de manera acelerada, en las últimas décadas con el surgimiento de la competencia política y la maduración de la democracia en nuestro país, pero también ha traído consigo retos como el hecho que México es el primer o segundo país (sin guerra, dependiendo del año) con más periodistas asesinados en el ejercicio de su profesión. No está de más la frase que los medios de comunicación representan un cuarto poder, su influencia es tal que pueden construir o destruir reputaciones e influir elecciones a su criterio o al criterio del mejor postor. Al final aunque si bien los medios son un negocio por la publicidad, también debería existir (y muchos medios lo tienen, tampoco hay que generalizar) un sentido de responsabilidad en el ejercicio del periodismo en nuestro país.

Yo no creo que sea justo calificar a esta ley como mala o como buena, soy un convencido que debemos reconocer que representa un primer paso hacía un mayor control en el gasto gubernamental en publicidad (sin entrometerse en el ejercicio periodístico), pero aún falta mucho por hacer para evitar los abusos por parte de ciertos gobernantes que en 3 o 6 años quieren hacerse más famosos que Luis Miguel, por decirlo de manera coloquial. Vigilar el gasto de publicidad no solamente en gobiernos sino también en campañas es muy importante, cuantos candidatos no hay que se quejan de que si no pagan a tal o tal medio no salen en ningún lado, en ese caso los medios están en su derecho de cobrar por publicidad pero tampoco hacer un cobro excesivo, que inclusive por debajo del agua pudiese ser hasta mayor que el propio tope de gastos del candidato.

Infraestructura en México; más allá de la política

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México se encuentra a tiempo para revertir los problemas que están afrontando sus ciudadanos, y tanto gobierno federal como gobiernos locales, tienen en sus manos la oportunidad de lograrlo. Ya no asombra que cada año, los registros meteorológicos y estudios ambientales registran eventos con récords máximos y mínimos de temperatura, altos niveles de contaminación en la atmósfera, eventos climatológicos que nunca se habían presentado en diferentes regiones del país, sequías, inundaciones, entre otros que están afectando a la economía los mexicanos.

Aunque pocas, gobiernos e iniciativa privada han presentado proyectos de infraestructura de carácter sustentable que si bien, son principalmente para obtener algún tipo de distintivo o reconocimiento personal, estas se están sumando para afrontar algunos de los problemas ambientales, sociales y económicos que atañen al país. A pesar de las constantes críticas hacia quienes lideran este tipo de proyectos, debemos recordar que en México sigue existiendo la necesidad de construir carreteras, puentes, presas, aeropuertos, redes para el abastecimiento de recursos energéticos, y sobre todo, ofrecer transporte público de calidad para sus ciudadanos.

Es cierto que la nueva forma de construir infraestructura en el mundo tiene requerimientos que los gobiernos mexicanos no han sabido traducir en acciones factibles y suficientes, pero vale la pena preguntarse en este año electoral: ¿qué vamos a hacer con los proyectos que están en marcha? ¿cómo podemos garantizar que los nuevos proyectos de infraestructura se adecúen a las necesidades de nuestro país? ¿qué tendrían que incluir los planes de infraestructura y desarrollo de cada región?

Si bien, el gobierno de México ha fungido durante décadas como “donante” de la infraestructura para que inversionistas nacionales y extranjeros puedan desarrollar sus proyectos en el país, también es cierto que el gobierno no puede cubrir por sí mismo todas las necesidades que existen y absorber todas las actividades de planeación, desarrollo y financiamiento, menos si las personas que están al frente de las tomas de decisiones no tienen el conocimiento técnico ni la capacidad para implementar este tipo de proyectos.

Desafortunadamente, hoy tenemos proyectos de gran importancia para la economía de México con retrasos, sobre costos y daños tras su inauguración como lo son: el Tren México-Toluca que en su último reporte presentó un incremento del 27% en su inversión requerida; la Línea 3 del Metro de Monterrey que vio congelado sus recursos en 2012 por actos de corrupción durante el gobierno de Rodrigo Medina y que ahora por fin se pudieron liberar durante el gobierno de Jaime Rodríguez, y; la carretera Cuernavaca-Acapulco que ha sido cerrada constantemente por los famosos “socavones”.

Afortunadamente, y aunque con ciertas irregularidades, en México también se están construyendo proyectos bajo normativas y certificaciones de gran exigencia a nivel internacional como: el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México que está en proceso de Certificación LEED, la certificación más exigente del mundo para construcciones sustentables y los Hospitales del IMSS en la ciudad de Nogales y en la ciudad de Querétaro, que también están en proceso de certificación.

Esto definitivamente representa un avance importante para la infraestructura en México. Tener una visión global de construcción y estrategias dirigidas hacia una más sustentable que aporte a su economía, sociedad y ecosistemas, son una oportunidad que debe comenzar a replicarse en todos su proyectos y que permitirán revertir los problemas que ahora nos acontecen.

#Kleroterino: “El voto y el pensamiento mediocre”

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Durante al menos los últimos dos procesos de elecciones federales en México, hemos notado la aplicación de la teoría del voto útil.

Esta teoría consiste en que al tenerle fobia, desagrado o desconfianza al candidato o candidata que está como puntero en las encuestas, votas por el segundo, algunas personas lo manejan como “voto estratégico” o “voto en contra de”, considerando que con este evitarían que gane determinado candidato.

Con esta dinámica se ha logrado en repetidas ocasiones que lleguen a los puestos de elección popular, candidatos que no eran los mejores, sino aquellos que consideraron que evitarían que tus miedos y fobias se cumplan y que sus propuestas no satisfacen necesariamente las insuficiencias de los ciudadanos.

Sin embargo, la utilización de este voto a excepción de un verdadero razonamiento, desgraciadamente se vuele mediocre y por consiguiente daña al país y a la cultura democrática, ya que cuando se está ejerciendo el encargo, el ciudadano se queja y  postula que votó por el menos malo.

Durante los años hemos escuchado a los ciudadanos expresar que les gustaba tal o cual candidato, sin embargo manifiestan que no votaron por éste porque prefieren asegurar y no desperdiciar su voto.

La reflexión aquí sería considerar si realmente tu derecho y ejercicio del voto fue utilizado de manera correcta, así como recapacitar si la colectividad no hubiera pensado con esa dinámica, cuál hubiera sido resultado.

Es de vital importancia  entender que el voto es uno de los derechos más importantes del ciudadano, con una historia de lucha, democracia y perseverancia en México, por lo que se vuelve un aspecto de seriedad fundamental en el elector.

Dentro de mi analogía, este sistema de voto lo puedo ejemplificar con una familia con dos hijos, cuando entre los dos uno es más responsable que el otro, es trabajador, honrado y estudioso, siempre se sintieron orgullosos de él, pero el otro hijo es irresponsable, flojo, vicioso y problemático, pero en su testamento o su última voluntad le dejan todo al hijo malo, el motivo, es que el hijo bueno tiene todas las herramientas para sobrevivir ya que siempre demostró su capacidad para lograr todo lo que se proponía, entonces su deber como padre es proteger al débil.

Si como sociedad seguimos pensando en que al momento del voto útil protegemos al más débil, votando por el segundo lugar aunque no sea tu primera opción, lo único que estamos haciendo es alimentar una sociedad mediocre.

Si desde el lado familiar nuestros hijos ven desde pequeños  que no importa lo desordenados o desobligados que sean, lo importante es el paternalismo  que van a tener sus padres al momento de estar y en su caso, como es el tema, al momento de votar.

Necesitamos como sociedad reconocer las candidaturas, que aunque sean testimoniales representan liderazgos éticos y positivos para la colectividad, pero sobre todo tenemos la obligación de conocerlas a fondo, para así poder fortalecerlas. 

El día que los mejores  ganen las elecciones estando en cualquier partido, ese día México se convertirá en la potencia mundial que aspiramos, se tendría al Presidente y a los legisladores más capaces y preparados para el cargo, pero sobre  todo ese día tendremos como sociedad el respeto y la importancia del voto.

No permitamos que nuestro voto se defina por miedos, fobias o nuestros temores.
Votemos por el mejor y punto, sea quien sea.