#ContraPortada: “Imaginando los cálculos del presidente”

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Con apenas medio año en la presidencia, no hay semana que los posicionamientos y acciones de AMLO no desaten pasiones, a menudo contrarias entre querientes y malquerientes. A esto habría que sumar la sui generis forma de conducir la comunicación del Estado Mexicano. Podría decirse que la estrategia de comunicación es la propia sensibilidad del presidente ¿Se gobierna el país diariamente desde “la mañanera”?

Resulta complejo dilucidar la manera en que se construyen y toman las grandes decisiones públicas, existiendo una evidente tensión entre la política y la técnica, siendo esta última satanizada por ser identificada con regímenes anteriores tildados de “neoliberales”. 

La estridente salida de Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda -una de las carteras más importantes del aparato federal- precisamente desnudó esa tensión entre tomar decisiones “basadas en evidencia” y las que obedecen al criterio político. 

En este punto es importante salir del maniqueísmo. No todo técnico es “tecnócrata”, en el sentido peyorativo del término, ni la técnica por sí misma resuelve los problemas públicos sin solidez ideológica en el proyecto y el arte del liderazgo político. Balance entre ambas dimensiones es el escenario ideal, para citar a Max Weber: “la política se hace con la cabeza, no con otras partes del cuerpo, ni con el alma”.

¿Qué cálculos políticos está realizando el presidente para tomar sus decisiones? Imposible conocer su fuero interno, pero su discurso y acciones podrían ofrecer alguna guía:

Cálculo 1: La base es sólida y crecerá. AMLO está consciente del poder detrás de una narrativa antagónica. No es casualidad que el término “fifís” se haya vuelto parte del léxico político nacional y que se haga referencia a los “adversarios” y “conservadores”. La rivalidad unifica, pero conlleva sus riesgos. Si por 3 presidenciales en fila se logró más del 30% de la votación nacional, con el control del aparato federal y cada vez más posiciones políticas en los estados, ese número podría crecer.

Cálculo 2: Que griten arriba si los beneficios se sienten abajo. AMLO ha repetido por casi dos décadas, hasta la saciedad, que “por el bien de todos primero los pobres”. Hay una clara estrategia de recortar gasto en prácticamente todos los rubros, para liberarlo en dos vías: programas sociales e inversión en PEMEX. Probablemente el presidente confía en que los percentiles más bajos no solo mejorarán su capacidad adquisitiva, sino que se identificarán con su gobierno. Eso está por verse, pero hay que recordar que como segmento, los principales votantes de AMLO en 2018 no fueron los más pobres, sino personas jóvenes con estudios universitarios e ingresos de medios a altos, un grupo que fácilmente puede migrar a otras opciones políticas de ser decepcionado.

Cálculo 3: Ante una oposición débil, es momento de copar. Ya pasó más de un año de la histórica elección presidencial (el margen de victoria más amplio en la era de la alternancia) y la oposición no logra recomponerse. Ni impulsando una agenda convincente que no sea oponerse al presidente, ni renovando liderazgos. Si Morena tiene la oportunidad de tomar más terreno, lo hará (aunque también lo amenazan tensiones intestinas). 

Cálculo 4: La presidencia no es la de antes, pero vuelve al centro. AMLO ha insistido que su presidencia significa un cambio de régimen, donde uno de los elementos principales es la separación del poder político del poder económico, condición que debería darse en toda democracia real. Solo así pueden explicarse decisiones como la cancelación del NAIM cuando ya había conseguido todo a su favor (polémica, exhibición de posible corrupción, voluntad de la IP de hacerse cargo), que parecen ser primordialmente políticas. Pero al presidente se le puede pasar la mano con gestos como el recorte a los deportistas, y al mismo tiempo, la compra de dos estadios por un billón de pesos para impulsar clínicas de beisbol. No hay manera de poder encuadrar esas decisiones más que como mera voluntad presidencial. Y eso puede acabar por desgastarle ante el respetable.

Por lo pronto, la aprobación del presidente se mantiene alta, y si bien el desempeño económico es magro, el país no se ha ido por el abismo como pronosticaron los heraldos negros. AMLO ni va tan bien como se imagina, ni tan mal como quisieran sus detractores. El punto es que hay al menos un 20% de electorado flotante que votó por él en 2018, pero no hay ninguna garantía de que se quede con Morena. 

#EspacioPúblico: “Minutos que salvan vidas”

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10 de la mañana, jueves, avenida Lázaro Cárdenas. Recorro en mi auto la avenida desde su inicio en el municipio de San Pedro Garza García hasta su incorporación con la Avenida Eugenio Garza Sada en el municipio de Monterrey para después tomar un corto tramo de la carretera nacional.

Me traslado solo. Es buen momento para realizar un ejercicio de mindfulness: observación consciente de los límites de velocidad.

El ejercicio consiste en tomar el carril central y sin tener distractores como radio o llamadas telefónicas, tratar de mantener  una velocidad constante de 70 kilómetros por hora, la máxima marcada en las señales de tránsito, y observar lo que sucede.

Resultado: Fui rebasado por ambos lados por prácticamente todos los autos que circulaban alrededor, algunos de ellos a una velocidad altísima marcándome su prisa con las luces. Mantener la velocidad marcada fue difícil. Quitaba el pie del acelerador al ver que la velocidad empezaba a superar el límite y el auto tardaba mucho en reducirla. Las características de la calle propiciaban la velocidad. Empecé a sentir estrés al por ser el automovilista distinto que simplemente va a una velocidad constante sin buscar rebasar a los demás. A pesar de seguir las indicaciones de tránsito, no era bien recibido entre los que se sentían afectados por mi manera de usar la calle. 

Al llegar a mi destino descansé de la tensión vial y me di cuenta de cosas que veo a diario como algo cotidiano y que deben ser tratadas con mayor rigor.  

No es coincidencia que Lázaro Cárdenas y Garza Sada sean de las avenidas con más colisiones viales en la ciudad.  Las características de calle y el exceso de velocidad son una combinación que lo propicia. Y no son las únicas calles en la ciudad con estas características, somos una ciudad que más que avenidas tiene autopistas. 

Ahora veo con más claridad algunas razones por las que somos Estado líder en estadística vial. De acuerdo a estudios del INEGI somos el estado con mayor número de choques, y por mucho. Se necesitan sumar las cifras de los siguientes 4 estados para igualar lo que sucede en Nuevo León. Un nada honroso liderazgo.

Mi recorrido fue de aproximadamente 20 kilómetros y el tiempo que hice a la velocidad permitida fue de 17 minutos. Si lo hubiera realizado a 100 kilómetros por hora lo hubiera hecho en 12. Muchos de los autos que me rebasaron superaban esa velocidad.

¿Qué significan 5 minutos a exceso de velocidad? 

Esos minutos incrementan exponencialmente las probabilidades de fallecer en una colisión o causarle la muerte a alguien más. De acuerdo a estudios realizados en el Reino Unido la probabilidad de sobrevivir en un choque a una velocidad de 100 kilómetros por hora es solo del 2 por ciento. A 70  kilómetros es del 20 por ciento.

Hacer este ejercicio de observación plena me dejó con aprendizajes importantes que podría resumir en tres puntos que tienen que ver con nuestra cultura: No hay conciencia  de las consecuencias del exceso de velocidad, no hay respeto por el reglamento de tránsito y no se respeta  a quienes si lo cumplen.  Pero también me deja un cuarto punto que tiene que ver con la infraestructura: contamos con avenidas pensadas como carreteras que propician velocidad sin las características de seguridad que requiere la movilidad de una zona urbana.

Quizás no podamos resolver todo lo necesario para que las avenidas de la ciudad sean más seguras pero si podemos empezar por lo más básico que es respetar los límites de velocidad y eso mucho tiene que ver con nuestra administración del tiempo. 

Una cosa es vivir de prisa y otra manejar con prisa. Es mejor tomar tiempo para llegar temprano. El estrés de llegar tarde tiene consecuencias. Por cada minuto que se busque llegar más temprano se corren riesgos exponenciales de sencillamente no llegar.

Más de lo Mismo

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Después de una lamentable época manchada por la inseguridad, corrupción e impunidad en Nuevo León y en todo el país, misma que fue coincidente con el debut de la nueva generación de priistas en los gobiernos estatales de Chihuahua, Veracruz, Quintana Roo, Nuevo León, etc., así como una estrategia fallida del gobierno federal de Felipe Calderón, la ciudadanía llegó a niveles de desconfianza y hartazgo, sin precedentes, hacia las instituciones públicas, partidos políticos, legisladores y la clase política en general.

La reciente difusión de un supuesto video de Javier Duarte explicando las negociaciones para su captura con un fin meramente mediático y político, y no de justicia, muestra el nivel de corrupción y descomposición con la que se ha operado las cuestiones políticas en el país, lo que nos hace preguntarnos cuáles serán las consecuencias de lo mismo. La ciudadanía votó en 2018 para que las cosas cambiaran y para que se haga justicia. El aplastante triunfo de la cuarta transformación en las elecciones federales del año pasado donde, además del gobierno federal, obtuvieron mayorías en las Cámaras del Senado y Diputados, así como en muchos gobiernos y congresos locales, no fue producto de la casualidad, sino, una conjugación de hartazgo hacia lo que se había tenido.

En Nuevo León, luego del gobierno inepto y corrupto de Rodrigo Medina, en 2015 gran parte de la clase política agrupada en grupos de estructuras políticas tradicionales, así como un gran sector de la ciudadanía cansada de la corrupción y los partidos políticos motivaron a una alternancia, sin precedentes en el estado y en el país, llevando al gobierno estatal a un candidato independiente.

Sin embargo, esta nueva realidad democrática en el estado, ¿qué avances o retrocesos nos ha dejado? Hemos visto; desde recién estrenado el gobierno, un escándalo de corrupción con el “cobijagate”, sobresueldos a la suegra y demás allegados al gobernador, y por si faltara más quien fuera Fiscal Anticorrupción, encargado de combatir la corrupción en Nuevo León acusado de un supuesto desfalco millonario. Aunado a todo esto, en el estado no se realiza ninguna obra importante de beneficio a la ciudadanía, y por el contrario vemos la incapacidad de concluir la línea 3 del metro, o de resolver los graves problemas de seguridad, movilidad, o la calidad del aire, por decir algunos. 

Después de un logro democrático histórico en Nuevo León, al analizar el actuar y las acciones del gobierno del estado, podemos concluir que se ha quedado muy por debajo de las expectativas de la ciudadanía. Esto nos obliga a hacer una reflexión a profundidad sobre cómo los ciudadanos elegimos a los candidatos que resultan electos en los procesos electorales y cómo sus decisiones afectan nuestro día a día. Nos obliga a preguntarnos si queremos más de lo mismo o algo realmente nuevo en política: llevando sólo a los mejores candidatos a representarnos, que sean incorruptibles y que tengan la preparación para ponerse al servicio de la ciudadanía. 

AMLO y la nueva legitimidad democrática

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La opción política que representa Andrés Manuel López Obrador (AMLO) goza de una legitimidad electoral indiscutible. AMLO fue electo Presidente de la República con el 53.19 por ciento de los votos expresados en las urnas el 1º de julio del año pasado; y, además, algo que no sucedía en México en casi una generación, su partido, MORENA, obtuvo el 51.40 por ciento de los asientos en la Cámara de Diputados y el 46.09 por ciento en el Senado de la República, lo que le ha asegurado una cómoda relación con el Poder Legislativo.

Las dificultades del gobierno amloísta no están en su origen legitimado democráticamente en las elecciones. Los problemas comienzan cuando su gobierno se vincula con una nueva legitimidad democrática cuyo sustento se encuentra en tres pilares: la imparcialidad de los órganos del Estado; la reflexividad de visiones críticas acerca del bien común; y, por último, la proximidad que reconoce diversas singularidades. El gobierno del Presidente se mueve cómodamente en la tercera dimensión legitimadora, pero muy pobremente en las dos primeras. A continuación explico este punto de vista. El marco teórico de esta colaboración se sustenta en Pierre Rosanvallon y su obra La legitimidad democrática: Imparcialidad, reflexividad y proximidad (Paidós 2010).

Rosanvallon parte de la premisa consistente en que si bien las elecciones continúan siendo el fundamento de la vida democrática, hay “la necesidad de volver a fundar la legitimidad de los regímenes democráticos.” (109). Los fundamentos de la nueva legitimidad están, justamente en la imparcialidad, la reflexividad y la proximidad.

El primer sustento de la nueva legitimidad democrática, la imparcialidad, se encuentra en la implantación de “instituciones independientes encargadas de tareas de control o de regulación antes confiadas a las Administraciones <<comunes>>“. (113). Se trata de agencias reguladoras y de órganos autónomos, incluso constitucionales. En todo caso, su legitimidad deriva de sus procedimientos de decisión, de la deliberación racional que promueven, de la inamovilidad de sus miembros, de su colegialidad, de su autonomía presupuestaria.

AMLO parece no reconocer en este tipo de instituciones del estado mexicano una forma de legitimidad democrática por imparcialidad. El más reciente conflicto fue el tema del ex titular del CONEVAL, el cual de conformidad con el artículo 26 de la Constitución Federal es un órgano autónomo con la importantísima función de medir la pobreza en México y de evaluar los programas de la política de desarrollo social. 

Con todo y la legitimidad electoral del Presidente, y con todos los problemas que pudiese tener en cuanto a resultados institucionales o su costo presupuestal, ¿en verdad podríamos entender nuestra imperfecta democracia sin instituciones como el IFE-INE-OPLES? Si los órganos autónomos fueron creados precisamente para acotar funciones que originalmente correspondían al Ejecutivo (Salazar Ugarte), ¿podría la democracia mexicana absorber el riesgo de debilitar o eliminar este tipo de autoridades?

El segundo sustento de la nueva legitimidad democrática es la reflexividad. Para ello se precisan de instituciones como las cortes constitucionales (191). Este tipo de legitimidad es muy importante para la democracia porque explicita una forma de representación de índole funcional o moral que resulta ser “estructuralmente diferente de la expresión inmediata de las opiniones o de los intereses que procura expresar la representación electoral” (196), y, además, porque aumenta “indirectamente el poder ciudadano sobre las instituciones.” (193).

La posición beligerante hacia el Poder Judicial de la Federación con respecto a las suspensiones en amparos relacionados con uno de sus proyectos clave, esto es, el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, es una expresión del poco respeto que tiene AMLO hacia la legitimidad democrática basada en la reflexividad, en el “saludable freno” de los jueces, en la “vigilancia activa” del poder judicial sobre los poderes, particularmente sobre el Ejecutivo, en la riqueza de la deliberación política que implica la argumentación jurídica.

Finalmente, la nueva legitimidad democrática tiene un tercer basamento: La proximidad. Lo cual significa contar con “presencia, atención, empatía, compasión…” Implica también hacer oír y tomar en consideración la voz del público y, sobre todo, “una atención a la particularidad de cada situación.” (234). Este tipo de legitimidad democrática debe asegurar que cada cual ha sido escuchado, que su problema es reconocido y que, de alguna manera, cuenta. (252). Ahora, desde este punto de vista, “el representante ideal es (…) el que piensa, habla y vive como sus mandantes.” (253). Por ello, desde este tercer fundamento legitimador, “representar significa (…) dar (…) un lenguaje articulado a lo que vive cotidianamente la gente, y constituirla, por eso mismo, plenamente en su condición de ciudadana.” (258-9). En suma, esto configura una política de la presencia cuyo objetivo principal “no es ya organizar un vínculo de obligaciones entre gobernados y gobernantes, sino manifestar que estos últimos comprenden lo que viven los primeros.” (268).

La forma de hablar del Presidente (…magínense, me canso ganso); su manera de vestir; su decisión de no contar con el Estado Mayor Presidencial o de prescindir del avión presidencial para viajar en líneas comerciales; sus conferencias mañaneras; sus frases (no puede haber gobierno rico con pueblo pobre); sus constantes viajes por el país y su política de no salir de él para atender conferencias u compromisos internacionales; son, sin duda, los mejores ejemplos de que AMLO, además de sus votos, solo reconoce como forma de legitimidad democrática la proximidad.

Ojalá, por el bien de todas y todos, el Presidente logre reconocer también la importancia de la imparcialidad y de la reflexividad como expresiones de la legitimidad democrática en México. No obstante, las señales no son positivas, antes bien todo parece encaminarse hacia una nueva consulta electoral legitimadora a la mitad de su gestión.

#ElNidoDelGavilán: “¿Dónde está la izquierda de Nuevo León?”

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Con poco más de 1 año del triunfo del lopezobradorismo y su llegada a Palacio Nacional, la izquierda sigue en un letargo profundo en nuestro estado, sin apuntalar candidatos para la gubernatura y sin un rumbo fijo en los partidos que se autonombran como parte de ella.

De inicio, en la derecha, el PAN y MC ya empiezan a trabajar distintos perfiles, con Samuel García como el candidato más popular. En el PRI, aun guardan calma, todo es incierto, como esperando un milagro o un golpe de suerte.

Morena NL es una organización sin pies ni cabeza, Judith Díaz pesa poco, no hay liderazgos municipales ni en el Congreso. El único que dio la nota fue el lunático de Juan Carlos Leal (expulsado de Morena, ahora con el PES) con su campaña de discriminación contra la comunidad LGBT y de género.

No se ve trabajo de estructura, ni cuadros juveniles, se han apoyado de algunas organizaciones magisteriales y en gran parte, de mercenarios de otros partidos, que vieron en Morena, la posibilidad de lograr ascensos políticos.

Nuevo León necesita de una izquierda sólida, al menos, de una opción de izquierda real. Necesita ofrecer una salida de desarrollo alterna a lo que ha ofrecido el PRI y el PAN o el Bronco.

El PT, opción histórica de la izquierda en el estado, ha quedado corta en todos y cada uno de los temas de la agenda progresista. Como ejemplo, sus votos en contra del matrimonio igualitario y a favor de los tarifazos.

A lo largo de su historia, Nuevo León ha tenido movimientos de izquierda que jamás se han podido traducir en triunfos electorales, incluso pocos han llegado a las urnas. Ya sea por disputas internas, diferencias ideológicas, sabotajes de la derecha o simplemente ineptitud, la izquierda regiomontana tiene muchos retos de cara al 2021. Los únicos en la lista actual serían Pato Zambrano (PT) y Tatiana Clouthier (MORENA) o la tapada desde Gobernación, Clara Luz Flores, los cuales no representan -en ningún sentido- a la izquierda. Así de mal estamos.

Lo dicho, dicho está.

¡Peligros a la vista!

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Morena es una amenaza para el estado de derecho, o lo poco que queda de él. Un estado de derecho ya debilitado por sexenios de dudoso respeto al orden constitucional y por violaciones continuas a las leyes para no mencionar el desprecio permanente a la ética y a la moral pública. 

Lo ocurrido en días recientes en Baja California y en el Congreso federal son atropellos groseros a las leyes y al sentido común republicano. Preocupa igual dichos atropellos que los silencios del presidente de la República, al cual no le parece disgustar lo que sucede sin que intervenga a pesar de su incontinencia verbal, repetida diariamente en Palacio Nacional a las siete de la mañana. 

Dignos de respeto son los gritos de alarma de la todavía diputada morenista Tatiana Clouthier. Pero no serán suficientes si no logra reunir consensos legislativos más consistentes que unos cuantos votos en abstención que pasan desapercibidos frente al tsunami de aprobaciones de lo ilegal por un rebaño ciego y obediente, además de ignorante e inculto. 

En Baja California, se desvirtuó el voto popular, en el Congreso federal, se hacen leyes que ponen en peligro el derecho de propiedad privada por concepto de discrepancias políticas. Parece que regresamos a los tiempos del Terror en la Francia de fines del siglo XVIII, cuando una Asamblea Nacional jacobina disponía de vidas y de bienes de forma rabiosa. 

¿Alguien todavía le creerá al discurso “democrático” de un presidente al cual bastó de 8 meses para desvirtuar totalmente el bono popular recibido en las urnas hace un año? 

La Sociedad Civil debe reaccionar con energía para no permitir las descalificaciones continuas de instituciones cómo el Coneval, que junto con los desfiguros legislativos reflejan una degradación acelerada de la vida política mexicana. 

Sin hablar del seudo gobernador de Nuevo León que tiene más de un año violando la Constitución estatal al no ratificar el Contralor del Estado y que ahora demuestra su prepotencia de déspota al esconder las evidencias de su nepotismo vergonzoso. 

Yucatán y los inicios de la Izquierda

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El siglo XX fue un episodio importante para la izquierda en el sureste, y en específico para Yucatán. Es durante este periodo histórico, donde se unificaron las distintas expresiones sociales y partidistas para conformar un frente único, lo que resultó en la creciente ola de generación de partidos de izquierda en todo el país, tanto a nivel local como nacional. Los congresos socialistas, obreros y feministas, son ejemplo del tinte progresista de la época, y la consecuente serie de movimientos sociales y políticos con un génesis en temas preponderantemente de izquierda política, que ayudaron a consolidar el proyecto de nación.

El inicio del siglo XX, con los gobiernos de Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto en Yucatán, fueron imperativos y sustanciales para entender el actual comportamiento público de muchas instituciones jurídicas y el intento de una estrategia social para la clase trabajadora y los pueblos originarios. Desde una perspectiva del positivismo jurídico, las reformas respecto a la tenencia de tierras, los derechos civiles y políticos, la inclusión del pueblo maya en las decisiones de gobierno y una serie de comportamientos institucionales, son ejemplo directo de la profunda presencia de la izquierda en los aparatos de gobierno y como corriente preponderante en el ámbito político de la época. De igual manera, medios de comunicación como la Revista Tierra y el periódico La Voz de la Revolución, también ejemplifican la presencia de liderazgos específicos de izquierda en los diferentes ámbitos del acontecer social.

El ímpetu reformista de la época nos hace afirmar que el temprano siglo XX yucateco es donde se nace, consolida y se hace efectivo el liderazgo de la izquierda política en Yucatán. Ante la revisión somera del pasado, surge la pregunta: ¿qué sucedió con la izquierda en Yucatán y en todo el país con el contexto actual de un gobierno autodenominado de izquierda?

Los personajes y movimientos socialistas se fueron poco a poco a la clandestinidad de lo político. Si bien no podemos afirmar que se quedaron al margen de lo público, ya que surgieron pequeños episodios y personajes que mantuvieron un fuego vivo, aún sigue, aunque podemos decir que está muriendo. La presencia de partidos políticos afines a la izquierda, como el PRD o Morena, no necesariamente se han traducido en la instauración de un proyecto socialdemócrata o social. La bandera los derechos sociales y los derechos del pueblo maya, así como el feminismo, la igualdad de derechos o temas sociales en general, ha sido tomada por la superficialidad de la clase política actual.

La izquierda nacional y yucateca se ha refugiado no en la acción política. Al contrario, se han apaciguado y hemos visto resurgir la crítica al liberalismo desde un aspecto conservador. La socialdemocracia en México y Yucatán vive sólo en la mente de aquellos que la simpatizan, y vive lejana del actuar político de los liderazgos contemporáneos. Diferentes hechos tanto a nivel local aquí en Yucatán, como en el actuar nacional nos generar preocupación porque si analizamos la Cuarta Transformación, y removemos los programas sociales, fuera del discurso, no existe un verdadero compromiso con las exigencias (actuales e históricas) de la izquierda. El panorama nacional y local actual, si bien a nivel federal es completamente distante, en nuestra entidad todo parece indicar que la izquierda seguirá dormida en el poder. La izquierda no está durmiendo en Palacio Nacional.

La Cancillería de Ebrard

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El piso 22 de Relaciones Exteriores se encuentra más activo que en otras épocas. Ante el poco interés que el Presidente Andres Manuel le ha dado a los asuntos internacionales, Marcelo Ebrard se ha convertido en una especie de Primer Ministro, la cara visible del gobierno mexicano en el exterior, asistiendo a los eventos internacionales más importantes como el G20, las Cumbres de Alianza del Pacífico, entre otros. 

Empujando la agenda de México en las mesas de negociaciones, tomando liderazgo a nivel sub Contintente, a tal grado que recientemente los países latinoamericanos han aprobado la candidatura de nuestro país para formar parte del próximo período 2020-2021 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el más importante de dicho organismo (Si no es que el único relevante?) encargado expresamente de la paz mundial.

Algunos decían que Relaciones Exteriores en este sexenio no sería un reflector, precisamente por el idealismo tan profundo de AMLO en la política social dentro del país y que los asuntos internacionales se veían relegados a segundo plano. Pero Ebrard ha sabido darle brillo, producto precisamente de ese rol al que se ha visto ‘obligado’ a tomar y en buena medida a la próxima campaña presidencial en los Estados Unidos que lo ha puesto a trabajar intensamente.

Y es que la amenaza de los aranceles y el tema migratorio (partes del discurso electoral de Trump) son al momento los temas más importantes con las que el Canciller ha tenido que lidiar.  No es para menos, lo primero puede trabar las buenas relaciones comerciales que han dinamizado al norte del país, así como retrasar o complicar la ratificación del T-MEC en los legislativos, lo segundo, un tema humanitario que tiene impactos económicos, sociales, culturales y por supuesto, políticos. 

Recién el fin de semana pasado, Mike Pompeo, Secretario de Estado norteamericano se reunió con Ebrard para dar cuenta de los resultados a los que el gobierno mexicano se había comprometido, una reducción de más del 40% en el flujo migratorio a territorio estadounidense, a fin de no recibir las sanciones que señalaba Trump. 

El resultado: Prueba pasada por Ebrard y compañía, no solo se llegó a dicho porcentaje, si no que Ebrard logró separar el tema comercial del migratorio, se dice, en la reunión no se dijo ni pío de los aranceles. Se descartó la posibilidad de convertirnos en ‘tercer país seguro’ y además Washington se ha comprometido a reducir el tráfico de armas con operativos en su frontera sur. 

El Canciller mexicano también puso sobre la mesa el tema del Chapo, en concreto, el destino de su fortuna, se acordó que esta se dividirá para ambos países. Curioso, pues mientras un país pone el consumo y las armas, el otro la producción y los muertos. 

Un último aplauso a Marcelo, por fin un alto funcionario hablo del daño a la imagen, la cultura y la sociedad mexicana que producen las Narcoseries. Bravo. 

Dato: Salvador García Soto ventiló que Ebrard suena para la Secretaria de Gobernación, se dice que la poca capacidad operativa de Sánchez Cordero ha puesto a AMLO a pensar en un sustituto para finales de año. De ser así, ¿Será que Ebrard dejará el brillo internacional por la operación política nacional?, ¿Cuál será la mejor posición para la sucesión?… estará pensando. 

La Ley Bonilla (y algo más)

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Baja California, además de tener una posición geopolítica de sumo interés para el país, siempre ha sido una especie de laboratorio de la política nacional. Fue el primer estado no gobernado por el PRI en toda la historia y ahora, gracias a la decisión del congreso local (cuya composición es mayormente de legisladores sin partido), se convirtió de manera oficial en la primera entidad cuyo edil gobernará por un periodo mayor del que había sido electo. Para entender este asunto, es indispensable analizar un par de cosas primero.

Antes -a nivel nacional- los ciclos electorales estaban desfazados y ahora la elección de los nuevos gobernantes se acomodó de tal manera que cada tres años coincidan ya sea con las elecciones presidenciales o con las elecciones intermedias, esto segundo siendo el actual caso de Nuevo León, por poner un ejemplo. Para el INE, esto representa un alivio tanto en términos administrativos como estructurales, pues esta medida mantiene los puntos álgidos cada tres años, pero ya sin los esfuerzos extras que suponían elecciones, por ejemplo, un año después de las presidenciales (como en el caso de Baja California). Incluso, si nos emocionamos un poquito, la medida permite la adecuada profesionalización y capacitación del personal del Instituto y eventualmente podría permitirles concentrarse en temas relacionados con la investigación y actualización del sistema en general para hacerlo cada vez más eficiente.

No obstante, la llamada “Ley Bonilla” tiene sus trucos. En Baja California, en lugar de promover que su mandato durara los cinco años que actualmente va a durar -claro, después de que prácticamente se están brincando la Constitución- inicialmente se planteó que fuera por dos años. ¿Que por qué dos años? Porque hay intermedias en 2021 y, dependiendo de cómo nos la venda el presidente (ya sea como consulta, referéndum, votación, plebiscito, encuesta o rifa), cabe la posibilidad de tener una boleta más en la intermedia. “Entre más elecciones puedan coincidir, mejor para Morena”: esa era la consigna. Pero claro, si un candidato se queda por tan sólo dos años, entonces “hay muy poco tiempo para hacer que las cosas cambien”, ¿verdad? Pues, señor Bonilla, le recuerdo que los diputados están tres años en el Congreso y sin derecho a periodos inmediatos, tal como a usted le tocó, así que no hay excusas.

En varias ocasiones lo he comentado tanto en este espacio y me repito: este tipo de jugadas siguen siendo parte de la fase experimental en la que se encuentra Morena para probar cuánto crédito tienen con la gente. No hay mejor indicador para saber si un partido seguirá en el poder que el número de personas que le siguen aprobando. Los treinta millones bastan y sobran para continuar con la racha de triunfos en el país; y a eso hay que sumarle que las participaciones en elecciones locales apenas rozan el 30% del padrón.

De esta no se salieron tan bien librados como con el tema del aeropuerto, o el del combate al huachicol, o la refinería, o el Tren Maya, está claro. Ya no sólo la opinión pública y las redes están en contra de la medida, sino que personalidades como Ricardo Monreal o el propio Andrés Manuel han tenido que desmarcarse del acontecimiento, a diferencia de Yeidckol Polevnsky, quien defiende a capa y espada la ampliación del mandato. Eso sí, dentro de todo este embrollo que pareciera desgastar a Morena, la movida le está abriendo horizontes donde hay margen de crecimiento. En concreto, la relación de Tatiana Clouthier con Morena y su distanciamiento estratégico son claves para la construcción del relato de cara a 2021, pues es bien sabido que la plataforma de Obrador, en general, no es del agrado de los neoleoneses.

“Sí, Morena me da su apoyo, pero yo no me dejo mangonear por los intereses de ningún partido político como tantas veces ya quedó demostrado”. ¿A poco no les suena?

Réplica a Salvador Alva, presidente del Tecnológico de Monterrey

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Creer que la pobreza se soluciona creando más riqueza es legitimar la desigualdad y desconocer la realidad histórica de nuestro país.

Este martes 23 de julio grupo Reforma publicó una columna de Salvador Alva, Presidente del Tecnológico de Monterrey. El escrito denominado “Creando riqueza y bienestar” me llamó mucho la atención por la forma en la que parece legitimar la desigualdad en México. A través de este texto doy réplica puntual a lo escrito por el directivo. 

Para Salvador Alva la pobreza siempre ha existido, y lo que inventamos recientemente es cómo crear riqueza, “y eso nos ha llevado a una reducción dramática de la pobreza: sólo creando riqueza se crea bienestar y se reduce la pobreza”.

Si esto fuera cierto, estimado Salvador, México no sería uno de los 20 países con más millonarios, y a la vez uno de los 15 países con el mayor número de pobres (Animal Político, 2017).

Como lo señala Carlos Brown en la revista Nexos, México es un país en el que  “los grandes edificios en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, los autos de lujo de San Pedro Garza García en Nuevo León, o las grandes casas porfirianas del Paseo de Montejo en Mérida resulta terriblemente contrastante con el México que se vive en Ecatepec, en el Estado de México, o en Tahdziú, Yucatán; este último considerado el municipio más pobre en América Latina”. 

En una idea que me parece por demás inconsistente, el presidente del Tec hace un comparativo de la disminución de la riqueza a nivel global desde ¡1500! Sí, desde la época de los aztecas, antes incluso de la conquista de México. 

Argumentando que en el mundo la pobreza se ha reducido drásticamente en los últimos treinta años, “la población en pobreza extrema… se redujo de mil 900 millones de personas a 650 millones”, Alva lo adjudica a que se abrieron los espacios a la libertad, al esfuerzo individual, la meritocracia, etcétera. 

Remata haciendo énfasis en que los países exitosos disminuyendo la pobreza han tenido una fórmula de ser iguales ante la ley de tener una igualdad de oportunidades. 

Me parece que el artículo de Alva cae en la falacia de la meritocracia, en la que es el esfuerzo individual y las ganas de salir adelante los que definen tu avance en la vida.  Apostarle al desarrollo por méritos es apostarle al desarrollo desigual, simplemente porque tienen más méritos los que nacen con oportunidades que los que no.

Repito mucho este dato pero en México el 99.7% de las personas que nacen en situación de pobreza, van a crecer y morir siendo pobres. Mismo caso de los que nacen con riqueza. 

No es cuestión de generar más riqueza, como lo menciona Alva, es cuestión de disminuir la brecha de desigualdad, de lograr una distribución de la riqueza más equitativa. Y no, no me refiero a hacer pobres a los ricos y ricos a los pobres, sino de ver y actuar de una manera justa, tanto en los puestos de trabajo como en las oportunidades que se les otorgan a todos y cada uno de los mexicanos. 

En una reseña publicada en el Colmex, del libro de Gonzalo Saraví Juventudes fragmentadas. Socialización, clase y cultura en la construcción de la desigualdad, se señala que “el modelo educativo profundiza la desigualdad, ya que depende de las condiciones sociales favorables o perjudiciales de la familia del estudiante”.

Como exalumno del Tecnológico de Monterrey, me es preocupante que una de sus máximas autoridades, refleje en un escrito lo que parece ser el adoctrinamiento al que caen muchas instituciones educativas y que Gonzalo Saraví expone: reproducir paralelamente la desigualdad a partir de la socialización y la legitimación de los discursos de la riqueza, la desigualdad y la visión que tienen a raíz del privilegio.