#ContraPortada: “Los Nuevos Líderes en el Mundo: Jóvenes Menores de 40 Toman el Poder”

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Se está derrumbando el mito en el que los puestos de poder y la política solo se ocupan después de muchos años acumulados. La experiencia ya no solo es sinónimo de edad sino del atrevimiento de acumular caminos y hacerlo desde temprano.

Grandes jóvenes están ocupando los puestos en los que se toman decisiones por el mundo. Lo hacen de una manera fresca, dinámica y no tienen miedo de probar nuevos sistemas y procesos que permitan detonar el desarrollo que no han logrado anteriormente sus países.

El fenómeno aunque reciente, ha tomado una fuerza muy sólida. Desde nombramientos por designación hasta ganar elecciones bajo el respaldo de la mayoría de los votos de sus ciudadanos.

Los jóvenes vienen de una generación atrevida, que le ven solución a los problemas y que no tienen miedo de retar al status quo. Son los que creen que hay mejores formas de detonar la economía y que “lo que siempre se ha hecho” tiene grandes oportunidades de mejorar y evolucionar. Además, los jóvenes suelen ser más sencillos, cercanos y francos; no han pasado el proceso burocrático que te distancia, te sumerge y te asfixia en un ego que es difícil de dejar.

En Francia Emannuel Macron logró llegar al poder a los 39 años, con el respaldo decisivo de la mayoría y proveniente de un partido prácticamente nuevo. Los que lo conocen dicen que su mayor virtud es “saber escuchar y aprender”, se sabe poderoso pero entiende que el poder más que un derecho es una responsabilidad que exige constante preparación y un debate continuo de ideas.

En Irlanda llegó un nuevo Taoiseah (presidente) que a sus 38 años y habiéndose declarado gay abiertamente, ha logrado sacar a su país de la crisis económica y se ha encaminado a ser uno de los países con mayor crecimiento en Europa.

En Nueva Zelanda decidieron tener a una mujer comandando el gobierno, Jacinda Ardern de 37 años ha enfrentado la inmigración con convicción, uno de los problemas de mayor repercusión en su país.

Justin Trudeau es quizá la figura más fresca y seguida en la política internacional. Con una gestión amigable, justa y para muchos “encantadora” ha logrado robarse los reflectores como primer ministro, puesto que tomó a los 43 años.

Sin duda, la juventud en el mundo se ha encargado de tomar las riendas del desarrollo de sus naciones. No pidieron permiso porque sienten que les pertenece, se sienten y se saben capaces.

En América Latina esto no ha pasado, los jóvenes siguen siendo rezagados a puestos de menor responsabilidad. Entre las numerosas razones está el límite de edad que exigen los procesos electorales de nuestros países, el llamado “compadrazgo” que distribuye el poder en grupos pequeños con el control total de los partidos políticos y el desinterés que lo anterior ha causado en una juventud que no cree en la política y que no tiene el deseo de participar en ella.

En México los jóvenes representamos poco más del 25% de la población y no ocupamos ni el 10% de los cargos de mayor toma de decisión en el país.

Las tendencias mundiales siempre nos alcanzan, ¿cuándo nos alcanzará ésta? Mientras que nos llega, hay que dar pasos al frente. Hay que dignificar la política, acercarnos a ella y convencernos de que es el medio para lograr el futuro que nos imaginamos, ese mismo futuro que no creemos que los políticos de ahora puedan causar.

Los jóvenes mexicanos menores de 40 toman el poder, ya imagino éste titular en los próximos años, estamos trabajando para provocarlo.

#ContraPortada: “La Gran Esperanza”

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Oficialmente ha comenzado el proceso electoral del 2018. Muchos le han perdido el interés a las elecciones y su repercusión directa en la calidad de vida de los ciudadanos los próximos 3 a 6 años. La han perdido porque creen que todo está tan amañado que la única cambiante está en el nombre del nuevo diputado, alcalde, gobernador o presidente; pero que representan la misma clase política de la que ya están hartos.

Las campañas políticas están repletas de desprestigio, despilfarro de recursos y un sinfín de promesas que parecen más utópicas que reales. Candidatos que cada vez demuestran menor capacidad intelectual y mayor exageración discursiva.

Parece que ya todos sabemos de qué se trata el juego y nadie quiere jugar, pero definitivamente es esencial que se metan al campo para tratar de darle un rumbo distinto al marcador final.

Soy de los que siempre han estado convencidos que en los escenarios más oscuros siempre aparece una nueva esperanza y, regularmente, aparece de donde menos la esperamos. La gran esperanza surgió de una gran catástrofe: el sismo del 19 de Septiembre.

Entre tanto caos los jóvenes mexicanos salieron a las calles a tomar las riendas y ocupar el liderazgo que todos aseguraban que ésta generación no tenía. Una generación que era etiquetada como pérdida, líquida y sin mayor trascendencia en el país.

La gran esperanza es ésta generación rebelde, pero no de esa rebeldía que solo sale a protestar, más bien de una rebeldía con rumbo, llena de propuestas y repleta de acción. Que encontraron en la tecnología a su principal aliado y la fuente más cercana de información y visibilización de sus grandes esfuerzos.

Es una época disruptiva, donde no hablamos de cambio como siempre lo hemos hecho, ya no es ese cambio vacío que veía en la política al enemigo y en la empresa al aliado. Nos hemos dado cuenta-al fin- que el país tiene el capital humano para ser ejemplo a nivel mundial y que eso, definitivamente, nos ocupa a todos.

La gran esperanza somos todos; los jóvenes, los adultos mayores, los políticos, los empresarios y la sociedad. Somos los azules, los rojos, los morados y los que no tenemos color. Somos los de izquierda y los de derecha, los conservadores y los que retan al status quo.

La gran esperanza nos ocupa a todos y ya empezamos a entenderlo así.

#ContraPortada: “Crónica de un Fracaso Anunciado”

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Hace un año era impensable pensar, que después de la opaca y en algunos puntos negativa gestión de Enrique Peña Nieto, el PRI tuviera la mínima oportunidad de retener la presidencia de México. Vaya, era de locos imaginar que el escenario político que pintaba oscuro y lleno de escandalosas noticias entre sus gobernadores corruptos, asesinatos, enriquecimiento ilícito y un sinfín de actos de corrupción que salieron a la luz, aun así se le acomodara previo a las elecciones del 2018.

Pero en la política mexicana todo puede pasar, con tintes de telenovela hoy el PRI vive uno de sus mejores momentos gracias, una vez más, a sus propios adversarios.

Tal parece que la ola de independientes que amenaza con buscar la silla presidencial ha dinamitado el escenario político y pone en peligro las posibilidades de los protagonistas y principales candidatos a ocupar la presidencia de México.

Jaime Rodríguez Calderón anunció su intención por contender en la elección presidencial de manera definitiva. Una decisión con pésimo timing en donde no goza de su mayor nivel de popularidad, tan es así que diversas encuestadoras como la del periódico Reforma, llega a dar cifras hasta del 71% de desaprobación de los neoloneses para con la decisión del Bronco. Me incluyo, no ha saldado las cuentas ni mucho menos ha cumplido las expectativas que nos generó en el Estado, difícilmente le alcanzará para ser al menos tercera fuerza. Y bueno, sin duda será un aliado del PRI en la división del voto antisistema que, anteriormente, era solamente ocupado por Andrés Manuel López Obrador.

Armando Ríos Piter también anunció oficialmente su candidatura independiente, cree tener las mismas posibilidades de repetir la hazaña de Macrón en Francia, le gusta esa comparación. La realidad es que, a pesar de ser un político capaz, los reflectores no le alcanzan para lograr repetir el caso francés, sin embargo su papel pudiera ser clave en la colocación de temas de prioritarios para el país.

Margarita Zavala es la última pieza del juego político, anunciará su renuncia al PAN y con ello su virtual candidatura por la vía independiente. La lucha interna con Ricardo Anaya -acusado por ella de tener secuestrado al partido- la ha desgastado tanto que no ve posibilidades de ser la ungida albiazul. Será una candidata fuerte que se lleva consigo varios muchos votos de panistas, arrastrará un porcentaje de los indecisos y tendrá la relevancia suficiente para evitar que el Frente Ciudadano por México tenga reales posibilidades de competirle a Andrés Manuel y al PRI. Si no soy yo, que no sea ninguno de los otros dos, el PAN tiene al enemigo en casa.

La crónica de un fracaso anunciado por relevar al PRI y lograr la alternancia en la presidencia. Cuando el barco tricolor parece más hundido que el Titanic, siempre habrá un enemigo amigo dispuesto a tenderles la mano para salir a flote. El PRI siempre podrá contar con sus adversarios.

#ContraPortada: “El Verdadero Sismo”

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El 19 de Septiembre México conmocionó, un sismo de 7.1 sacudió a la capital del país. En cuestión de minutos el caos, la tragedia, el llanto y el conteo de muertos se apoderaba de los principales espacios de la prensa nacional e internacional. El mismo día que aquel 1985 donde cientos de familias mexicanas lo habían perdido todo, un dejavú de terror.

Lo que vendría después, es simplemente indescriptible. Millones de mexicanos reaccionaron; pero no solo con llanto y tristeza, salieron a las calles a quitar escombros, regalar comida, ayudar en las vialidades y a levantar un país que minutos antes se estaba derrumbando.

¿De dónde salieron tantos héroes? ¿Cómo es que se coordinaron tan bien? Cientos de miles de donaciones inundaban las redes sociales de esperanza, miles de fotos de jóvenes mexicanos que decidieron enfrentar la catástrofe en las calles, tendiendo la mano a quienes lo habían perdido todo. Horas y horas trabajando, sin dormir y sin comer pero con una gran convicción de salvar y encontrar vidas entre los escombros.

México, como hace mucho no pasaba, era admirado a un grito casi unánime por el mundo. ¿Dónde está la apatía que Krauze mencionaba para los millennials? ¿No que estábamos dormidos?

El sismo que vino a arrasar con edificios, a cobrar cientos de vidas y a generar una profunda tristeza nacional, jamás se esperó encontrar a un país que es cada vez más fuerte cuando se encuentra en el hoyo. Jamás nadie espero que nos uniéramos como nunca antes, sin importar clase social ni económica, raza, sexo o ideologías; lo único que compartíamos y lo más grande era el profundo amor por México.

El diario español “El País” tituló sus portadas de ésta forma: “Los jóvenes mexicanos toman el liderazgo tras el terremoto”. Y así fue, de forma contundente los jóvenes decidimos levantar a México. Hoy todos los que nos llamaron apáticos, dormidos, la generación “líquida” o la época pérdida tendrán que tragarse sus palabras.

México obtuvo del sismo catastrófico, una lección mucho más importante: la unión. Hoy nos dimos cuenta que la sociedad organizada y participativa es capaz de hacer de México una potencia mundial.

Los jóvenes mexicanos estamos listos para tomar las riendas de éste país, ya lo demostramos en la peor crisis de los últimos 30 años. ¿Qué es lo que sigue? Hacerlo por los próximos 20 años y posicionar a éste país como lo que debe ser, una potencia mundial.

Grande México, un sismo que llegó a hundirte, otra vez, te hizo mucho más fuerte.

#ContraPortada: “¿De qué tamaño es el hoyo?”

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México es un país donde el manejo de crisis debería ser perfecto, hemos vivido tantas de ellas que la experiencia adquirida debería ser profunda. Casi tan profunda como el fondo de los problemas que vivimos semana tras semana, tal parece que la capacidad de asombro ante la incertidumbre y el caos ya no es una característica nuestra.

Cuando creímos haber tocado fondo con la matanza de Tlatelolco, cuando pensamos que “la caída del sistema” era el último ridículo que viviríamos, cuando el narcotráfico estrechó lazos cercanos al gobierno, cuando aparecieron las famosas “casas blancas” de la primera dama y el Secretario de Hacienda, cuando desaparecieron a los 43, cuando Javier Duarte empobreció y ridiculizó a Veracruz, cuando Trump nos escupió en la cara y lo recibimos en casa y recientemente cuando Odebrecht sobornó a nuestra clase política.

La lista es larga e interminable, el hoyo parece tener una profundidad sin límite, no se vislumbra un tope y no se sabe a ciencia cierta de qué tamaño es el hoyo. México es ese país del que todos nos podemos sentir orgullosos, aunque muchos prefieren hacerlo exclusivamente en éste mes; pero también del que todos en alguna ocasión hemos sentido vergüenza.

En México uno cree que toca fondo, se indigna, reflexiona y continúa con su vida al día siguiente. Siempre hay un nuevo hoyo, siempre caemos un poco más en la profundidad de las situaciones más oscuras y de escándalo.

Si en algo coincidiremos todos los mexicanos en alguna ocasión, es que México se encuentra en un hoyo, grande, profundo y oscuro. Un hoyo que se ha construido a modo, a conveniencia de acrecentar la pobreza de los más pobres en paralelo con enriquecer a los ya de por sí más poderosos. Un hoyo donde el acusado y su acusante comen en la misma mesa, pertenecen a la misma institución y, en algunos casos, hasta guardan nexos familiares lejanos.

¿De qué tamaño es el hoyo? Soy de los que creen que todo es cuantificable con sus ligeras excepciones, contarlo nos permite mantener el control de la evolución de un país o el retroceso del mismo, nos permite planear si es que tenemos intención de hacerlo. Pero ¿quién cuenta la profundidad del hoyo mexicano?

Muchos grandes intelectuales han decidido separarnos geopolíticamente, hablan de México como un caso extraño, sin posibilidad de clasificación ni cuantificación. Hablan de los sistemas latinoamericanos, de los occidentales, analizan los orientales y permiten la distinción de casi cada rincón en el mundo. Nadie se atreve a analizar México, es un caso raro, extraño, tanto que ni los mexicanos lo entienden.

¿De qué tamaño es el hoyo? La profundidad quizá sea cercana a la del mar.

#ContraPortada: “Una Luz al Final del Túnel: El Sistema Nacional Anticorrupción”

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La corrupción es el problema más grande que tiene México, según la percepción de los ciudadanos. El INEGI afirma que en el país se realiza un acto de corrupción cada 3.5 segundos, vaya rapidez.

A pesar de haber aumentado el presupuesto asignado para combatir la corrupción en el país, la realidad es que año con año ocupamos los primeros puestos del ‘corruptómetro’ en comparación con otros países de la OCDE.

Sí, es la época donde Javier Duarte se ríe de las autoridades mexicanas mientras desfalcó a Veracruz y lo convirtió en un cementerio de periodistas. Sí, es la época donde Rodrigo Medina hundió las finanzas de Nuevo León y se pasea por el mundo sin un gramo de preocupación. Sí, es la época de las casas blancas, de los yates de los junior de la política, la época donde la riqueza se muestra en redes sociales sin importar el origen donde provenga.

Hay una relación directa entre los resultados que se obtienen en la prueba PISA sobre matemáticas, lectura y ciencias entre los países con las peores calificaciones en la percepción de corrupción. En ambas, México ocupa las peores calificaciones.

Entre el 2014 y 2016 aumentó un 94% el presupuesto asignado al combate a la corrupción para las instituciones públicas, mientras el INE pierde estrepitosamente su credibilidad con las acusaciones de fraude en las elecciones de Coahuila y el Estado de México.

Lo cierto es que como nunca antes hemos integrado esfuerzos de diversos elementos sociales que, luego de un hartazgo profundo y de una conciencia cada vez más activa, que ahora se traduce en un cúmulo de exigencias capaces de articular el Sistema Nacional Anticorrupción.

Un Sistema Nacional Anticorrupción que es aún demasiado perfectible, pero que nos genera una luz, aunque todavía opaca, al final del túnel. Una luz que hemos creado sociedad, IP, gobiernos con voluntad o por necesidad y un inevitable ajuste a las exigencias ciudadanas por derrumbar, piedra por piedra, el monstruo de mil cabezas llamado corrupción.

#ContraPortada: “Ricardo Anaya: El Caballo “azul” de la Silla Presidencial”

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Desde que tomó funciones como presidente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya tenía una cosa muy clara: quiere ser presidente de la república.

A pesar de no arrancar como el candidato natural para abanderar la oferta azul, ni mucho menos inmiscuirse en polémicas entre los presidenciables, hoy, a paso lento pero seguro, parecer ser el mejor librado de sus competidores al interior del PAN.

Y es que la campaña en caída constante de Margarita Zavala parece estar muy lejana de las preferencias al interior del partido, y al exterior, no termina por generar el arrastre que le gustaría. Además, el no haber sido electa nunca por el voto y confianza de los ciudadanos, pareciera ser una loza que la mantiene alejada de la simpatía de la gente en las calles.

Mientras, Rafael Moreno Valle, sigue sumando a su causa, abonando a un candidato fuerte, dispuesto a ir con las alianzas que vislumbra el Frente Amplio Opositor. Deja una gestión en Puebla que se vislumbra en desarrollo e infraestructura, su destacada preparación académica y su colmillo político le posicionan como otra opción fuerte para ocupar la candidatura presidencial panista.

Pero Anaya es un caso especial, refrescó al Partido Acción Nacional y por si fuera poco, los resultados le han acompañado. Hoy el PAN posee el mayor número de gubernaturas que ha logrado en su historia, pugnaron por la elección de Coahuila y al parecer la ganará, mientras en Nayarit su triunfo fue impecable. Aunado a los resultados que lo avalan, cada que aparece en televisión nacional aprovecha la oportunidad para dejar claro que es un político joven, pero que la juventud para nada está peleada con la capacidad y el coraje para llevar las riendas de un país. Sus debates con Beltrones y Ochoa le han valido ganarse la preferencia al interior de su partido y la atención al exterior, los constantes ataques que le han referido  por su vida privada y específicamente por su riqueza, le han hecho lo que el viento a Juárez.

Ricardo Anaya logró triunfar ante la exigencia de Margarita Zavala por definir, cuanto antes, a un candidato presidencial panista, cuestión que evidentemente no le beneficiaba en tiempos. Ha resistido embates de sus contrincantes que le acusan de ser juez y parte en el proceso de designación y además hoy encabeza las negociaciones por el Frente Amplio Opositor, mismo que podría ser la plataforma que termine por catapultarlo como el presidenciable elegido por la corriente azul.

La paciencia y su visión de estratega le han bastado para ‘batear’ a las figuras de Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle. Su capacidad y una pizca de suerte le han ayudado a obtener los resultados que lo respaldan como dirigente nacional.

Caballo que alcanza siempre gana y a poco menos de un año para la contienda presidencial, las encuestas ya le favorecen al político joven que llegó al PAN para quedarse.

Como diría un’ ilustre’ y cínico político, Ricardo Anaya ha logrado “paciencia, prudencia, verbal contingencia. Dominio de ciencia. ¿Presencia o ausencia? según conveniencia.

#ContraPortada: La Generación que lo cambió todo

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Durante las últimas décadas nos hemos acostumbrado a llamar a los jóvenes como “la última oportunidad de cambiarlo todo” o “el futuro del mundo”, la realidad para muchos dista mucho de lo que han esperado de nosotros.

Recientemente, uno de los pensadores de los que más respeto les guardo, se refirió a mi generación como “los grandes ausentes”, aunque hacía referencia a la ausencia en el escenario político, no dejó de causarme “shock” que nos vean como una generación más que fracasó en el intento de cambiarlo todo.

Frecuentemente escucho a personas mayores referirse a nosotros como “la juventud pérdida”, haciendo eco en la era digital donde, dicen, hemos quedado atrapados en la apatía, el conformismo y en un mundo virtual que se encuentra muy lejos de la realidad laboral y social a la que nos enfrentamos. Nos han tildado de “zombies tecnológicos” o “ciudadanos de Facebook” sin el menor grado de trascendencia en el rodar del mundo al que pertenecemos.

Es evidente que no concuerdo-en la mayor parte- con los argumentos presentados por los protagonistas antes mencionados, definitivamente estamos viendo a dos o tres Méxicos, muy distintos y radicalmente opuestos.

Yo veo a la generación que lo cambiará todo, la que a pasos gigantes ya lo está haciendo. Esa generación que lucha por la libertad y la no discriminación, que pugna por la equidad de género y los derechos de la diversidad, mientras generaciones anteriores menospreciaban a las mujeres y querían-literalmente- linchar a personas por su preferencia sexual.

Veo a una generación que no le dio miedo probar nuevos esquemas laborales, que exige flexibilidad y que pretende darle sentido a cada una de las actividades que realiza en su vida. Aplaudo a la generación atrevida a la que pertenezco, que sí ejerce presión en su escenario más usado como lo son las redes sociales, pero que no tiene empacho en salir a las calles a exigir y tomar lo que creemos que es nuestro.

Krauze habla de jóvenes dormidos, que viven una vida de excesos cargados a la American Express de sus papás, de una generación desechable que tira todo a la borda, de jóvenes que no se sienten capaces de tomar un rol protagónico en la transformación de sus países. Seguro que existen jóvenes como los que menciona Krauze, seguro que también en su generación existieron.

Pero yo quiero dedicar mi pluma a escribir sobre los millones de jóvenes en el mundo que estamos conectando soluciones a problemas que la generación de Krauze y anteriores han creado. Al cambio climático que nos dejan, a gobiernos autoritarios que ellos eligieron, a esquemas laborales que jamás funcionaron pero que siguieron por esa apatía de la que ahora nos acusan.

Siempre será muy fácil señalar a los jóvenes como la esperanza del cambio, también es muy fácil nombrarlos culpables cuando las cosas no van bien.

Pero yo jamás me he creído el cuento de que los jóvenes somos los únicos responsables de la transformación del mundo, más bien creo que es un trabajo en equipo de generaciones anteriores que cometieron grandes errores pero que de ellos adquirieron experiencia junto al dinamismo y locura que representamos los jóvenes millennials y de la generación Z.

Diría Steve Jobs que los puntos solo se conectan hacía atrás, por eso sin temor a equivocarme, estoy convencido de que ésta generación- cuando esos puntos se conecten 50 años atrás- será nombrada como la generación que lo cambió todo.

#ContraPortada: México Necesita Menos Jóvenes Políticos

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No, no me mal entienda. México necesita que muchos más jóvenes se involucren, preocupen y participen en política y en todo asunto que trate de país. Lo que jamás ha funcionado son los jóvenes políticos, esos que visten de traje y corbata, que absorben las mañas de los políticos de siempre y que aspiran llegar a puestos de poder para repetir- ridículamente- lo que históricamente no ha funcionado.

México necesita menos jóvenes políticos, de verdad. Menos jóvenes dispuestos a tragarse sus valores e ideas con tal de agradar al jefe inmediato o al padrino político. Menos jóvenes capaces de prostituir sus ideas a cambio de una candidatura o un puesto de poder en el gobierno.

Necesitamos menos saludos de “mi estimado”, “mi líder” o cuestiones que hablan de un institucionalismo añejo, débil y de tono militar. Vaya, necesitamos menos zombies adoctrinados y muchos más jóvenes críticos y preparados.

Los jóvenes hemos sido- en voz de Enrique Krauze– los grandes ausentes de la política mexicana. Estamos dejando pasar una oportunidad única e inigualable, la estamos cambiando por pertenecer a eso que tanto criticamos y nos hacía hervir la sangre.

Esto no es un llamado a  una revolución contra el PRI, ni contra el PAN ni contra ningún partido. Es más, creo en el sistema de partidos en México. Esto es un llamado a dejar de “adoctrinarnos” si me permiten el término, los partidos y la política hoy están muy lejos de sus ideologías, los jóvenes no podemos servir como ejercito de procesos fallidos, inútiles e ineficientes.

Al país le urgen jóvenes rebeldes, pero no de los que toman las calles e incendian camiones; necesitamos jóvenes preparados, decididos, críticos dentro y fuera de la partidocracia. Necesitamos jóvenes participativos, que el ardor que provocan nuestros gobernantes se traduzca en involucrarnos en las causas.

Nos urgen muchos más jóvenes apartidistas, que busquen el beneficio del país entendiendo que mediante su avance las oportunidades crecerán diametralmente para todos. También necesitamos jóvenes dentro de los partidos, que los reformen, que hablen y debatan en busca de mejorar sus prácticas.

Es nuestro momento, jóvenes mexicanos. Nuestro momento de organizarnos y dejar de vivir al día. Dejar de cargar a nuestras tarjetas una vida de excesos e irresponsabilidad, dejar de querer tirar todo a la basura y creer que todo es desechable. En cambio comenzar a construir, ladrillo por ladrillo, lo que muy pronto será nuestra casa de acero que nada destruya, o nuestra casa de cartón que cualquier político y gobernante pueda pisotear. Ya no queremos más jóvenes políticos, no han hecho nada.

#ContraPortada: “México: El País en donde hacer las Cosas Bien es más Peligroso que ser un Criminal a Sueldo

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Hace algunos días leía con frustración que en México del año 2000 al presente 2017 han asesinado a más de 105 periodistas y que, además, han castigado a menos del 10% de sus asesinos. Que los feminicidios ocurren al menos 5 veces al día en el país. Que al fin hemos logrado un nuevo record en México, el de más homicidios de los últimos 10 años.

Hace un mes durante mi lapso de vacaciones en Baja California Sur asesinaron al periodista Max Rodríguez apenas a unos kilómetros del hotel donde me hospedaba, también en este mes asesinaron a una madre que buscaba con desesperación justicia para su hija que le fue arrebatada a manos de delincuentes, delincuentes que se fugaron de nuestro “magnífico” sistema carcelario para callar a balazos a ésta mujer.

¿Nos estamos acostumbrando a la muerte? Ya parece rutina el leer los principales diarios de México y encontrar al menos una historia de homicidio, de muerte por drogas, de ajuste de cuentas o de riñas campales entre bandas rivales.

Ya no nos conmociona el niño de Nuevo León que a sangre fría disparó contra su maestra y sus compañeros para después suicidarse en una secundaria causando la muerte de todos los desafortunados semanas después.

En México decir la verdad y hacer las cosas bien se paga con sangre, buscar justicia por cuenta propia es un boleto de ida a la tumba, no tranzar y no corromperse es señal de que difícilmente avanzaremos a la velocidad que otros lo hacen a base de billetes y favores.

¿Por qué hacer las cosas bien es más peligroso que ser un criminal a sueldo? La respuesta es muy sencilla. Ser criminal es pertenecer a una clase de poder casi mesiánico que te permite decidir quién vive y quién no, quién avanza y quién se queda.

Las cuantiosas sumas de dinero que manejan los criminales aunado a la corrupción a la que se prestan cientos de funcionarios, les entrega el poder total para hacer y deshacer a su conveniencia. Para comprar a la justicia que debería perseguirlos o, si no acceden, para callarlos a balazos en manos de matones que encontraron en la delincuencia la forma de salir de la pobreza y la falta de oportunidades.

Ya basta de pensar que un presidente vendrá a salvarnos mágicamente de la miseria de país en la que nos han envuelto, ocupémonos nosotros mismos de hacer comunidad, de crear nuestras propias oportunidades y de actuar en colectivo. Que si nos callan, tengan que callarnos a todos y, si nos matan, tengan que hacernos la guerra a todos primero. Involucrémonos ya en las soluciones de esta peste social.

¡YA BASTA, MÉXICO!