#HojaDeRuta: “Trump: ¿inmune al escándalo?”

Comparte este artículo:

Al norte de la frontera la presión se acrecienta para la Casa Blanca de Donald Trump. En unas cuantas semanas, el libro “Fire and Fury” se ha vuelto la comidilla política en aquél país; se dio un rompimiento total con Stephen Bannon, quien fuera el artífice de la estrategia de ultraderecha que cimentó la victoria del magnate; el propio Bannon se ha visto obligado a declarar en la investigación sobre la intromisión rusa en las elecciones norteamericanas; el general John Kelly, Jefe de Gabinete de la Casa Blanca y la única figura que ha puesto un poco de orden al aparente manicomio que significa la administración de Trump, acaba de reconocer que México no pagará por el muro fronterizo, agregando que hay posibilidades de que los jóvenes “dreamers” indocumentados permanezcan en EEUU.

En medio del vendaval, un nuevo escándalo aparece: la relación extramarital de Donald con la actriz porno Stormy Daniels durante 2006. El silencio de la actriz habría sido comprado por los abogados de Trump por la friolera de 130,000 dólares.

Un análisis del caso en el Washington Post tiene como encabezado: “La nota de Stormy Daniels es un recordatorio de la inmunidad de Trump ante los escándalos tradicionales”. Ahí se afirma que al menos seis medios (sí, seis) conocían de la relación extra-marital de Trump con la estrella de filmes para adultos desde la campaña presidencial, y ninguno decidió publicarla.

Algunos porque Daniels no estaba dispuesta a salir en público, otros porque no pudieron confirmar la existencia del “Non-disclosure agreement” que le prohibía a la actriz declaraciones públicas. Pero Slate tuvo una razón más pragmática: en las semanas finales de la campaña Trump enfrentaba múltiples acusaciones de abuso sexual, y creyeron que la nota se perdería.

Para los estándares norteamericanos, es casi absurdo el razonamiento, pues los escándalos de índole moral -y particularmente, los maritales- suelen ser de tal impacto que dañan gravemente o incluso aniquilan la carrera de políticos.

Esta “inmunidad” de Trump a los escándalos ha sido una de las principales características de su inusual vida política. Un cambio tan abrupto de estándares obliga al análisis: ¿Se redefinieron los límites de lo permisible? ¿Es Trump, su estilo y lo que representa lo que los está redefiniendo? ¿Aplica solo para su figura o será un fenómeno cada vez más común?

Hace algunas semanas, Carlos Maza propuso en su videocolumna de Vox una explicación: la ventana de Overton. También llamada “La ventana discursiva”, es una teoría de ciencia política que busca explicar el rango de ideas que son toleradas en el discurso público.

La ventana define los grados de aceptación pública de las ideas como: política pública; popular; sensible; aceptable; radical e impensable. En este sentido, la estrategia política en términos discursivos indica que si el discurso público empieza a poblarse con ideas radicales e impensables, la ventana de lo que consideramos “normal” comienza a desplazarse.

Por ejemplo, quizá México no pague por el muro, pero la aberrante idea de su construcción ya se ha repetido hasta el cansancio, de manera que su realización dejó de ser una locura y se ve cada vez más como algo creíble y probable. Lo mismo podría decirse del comportamiento nefasto y sexista de Trump: se conduce con tal desfachatez soportado en la idea de la supremacía racial y el privilegio económico, que su presunción de abusar de mujeres y largo historial de misoginia hagan que un affair con una actriz porno no derrumbe su presidencia, cuando podría haber sido equivalente al caso Lewinsky.

Es innegable que la ventana discursiva se ha desplazado hasta extremos preocupantes, pero esto no significa que Trump sea inmune a todo, ni que pueda mantener un ritmo de escándalo tras escándalo político durante toda su gestión.

“Una cosa es hacer campaña y otra es gobernar. Es muy difícil”, declaró John Kelly en una entrevista reciente, reconociendo tácitamente que aunque su presidente siga en campaña, el desgaste de cada error, desvergüenza y alboroto que sucede alrededor de Trump tienen su costo. Al cabo del tiempo, la gota de agua agujera la piedra. Veremos.

“Deja de decirle a la prensa que no pagarás por el muro”, Trump a Peña

Comparte este artículo:

El Washington Post ha revelado esta mañana la conversación que sostuvieron los mandatarios de Estados Unidos y México, Donald Trump y Enrique Peña Nieto, respectivamente, el pasado 27 de enero, siete días después de que Trump tomará protesta como Presidente de Unión Americana.

Entre los temas que abordaron, estuvo el muro fronterizo que el mandatario estadounidense ha prometido construir entre los dos países, y que supuestamente México pagará. Ante el tema del pago del mismo, Trump presionó a Peña Nieto para que no siguiera declarando públicamente que su país no iba a pagar por el muro.

“Si tu vas a decir que México no va a pagar por el muro, entonces yo ya no me quiero juntar con ustedes, porque yo no puedo vivir con eso”, dijo el mandatario estadounidense durante la llamada.

Trump insistió, que si eran cuestionados sobre el pago del muro, ambos respondieran que era algo que se seguía negociando y que eventualmente sería algo que se iría disipando y que eso estaba muy bien.

Ante la insistencia de Trump de que Peña dejará de hablar públicamente del muro, el presidente de México le comento que entendía perfectamente que era un tema sensible para el en Estados Unidos, pero que Trump debía de entender que para México el tema iba más allá de una situación económica, sino que era, “un tema relacionado con la dignidad de México y va hacia el orgullo nacional de mi país.”

Ambos mandatarios acordaron dejar de hablar sobre el tema públicamente, Trump aseguro que si era cuestionado sobre el muro, el contestaría que era un tema que se estaba negociando. 

La última vez que Donald Trump fue cuestionado sobre el muro, fue durante la reunión bilateral que sostuvo con Peña Nieto. El mandatario estadounidense fue cuestionado sobre si México pagaría el muro fronterizo, a lo que contesto, “absolutamente”.

Hoja de Ruta: “La democracia muere en la oscuridad”

Comparte este artículo:




La democracia muere en la oscuridad” es el eslogan que recién estrenó el Washington Post y que ahora aparece debajo de su nombre en sus ediciones digital e impresa. Esto vino a mi atención hace unos días por un artículo publicado en Vanity Fair titulado “El oscuro nuevo lema del Washington Post es pura genialidad de branding”.

James Warren, periodista autor del mencionado artículo, argumenta que la frase podría verse como una prédica arrogante para la autoestima de la industria en un momento de incertidumbre, ataques y desinformación, salvo por un pequeño detalle: funciona. “Pudiera ser una pincelada maestra cuando se trata de branding. Una frase directa y breve que captura el propósito”.

Obviamente se trata de la democracia… pone la vara muy alta para el periódico, especialmente en un mundo cada vez más lleno de engaños y comentarios que se hacen pasar por “reporteo”. Lo interesante es que la frase no solo busca vender, o mejor dicho, busca vender de la mejor forma posible: haciendo clara y atractiva su promesa central, que en este caso es la búsqueda de la verdad. Aunque es preciso darle un apellido para que cobre sentido: la verdad pública, aquella que todos tenemos derecho a conocer y que debemos conocer como un deber cívico.

Echar luz sobre la verdad es la esencia misma del periodismo, pero una verdad que debe tener propósitos claros: acotar al poder, denunciar su abuso y formar criterio en el público. Cuando eso sucede el periodismo contribuye no solo a salvaguardar la democracia, sino a llenarla de contenido.

La contundente frase “La democracia muere en la oscuridad” no solo resalta la razón del ser del oficio, sino que recuerda un principio fundamental: las libertades políticas, los derechos humanos, la democracia misma nunca son regalados, y una vez que se tienen, deben fortalecerse y nunca darse por sentados. Con mayor razón en un país como el nuestro donde las cosas existen a medias o por pedazos, donde a veces la simulación impera y en entre las sombras de la trastienda sigue reinando la mezquindad.




Hoy, que el azote de los populismos nacionalistas de la derecha avanzan en distintas partes del globo; hoy que Steve Bannon, el principal asesor de Trump considera que los medios “deberían mantener la boca cerrada” y son “el partido de oposición”; hoy que en Nuevo León se recomienda fumigar a los periodistas (medida reservada para plagas y pestes); hoy que la desinformación impera y tiene mayor credibilidad el vecino o el compañero de trabajo que un vocero oficial, la verdad pública es uno de los mayores remedios contra el avance del autoritarismo.

En estos tiempos de nubarrones, habrá que mantener muy cerca del pecho las palabras de Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad
______________________________

– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”