El Cuatrimestre más violento del País y el reto de la Seguridad desde lo Local

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En días pasados el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP) publicó los datos sobre el estado actual que guarda la seguridad pública en nuestro país, los cuales arrojaron datos preocupantes, que obliga al Estado mexicano a reforzar la estrategia de seguridad, pues claramente ésta no ha venido reflejando los resultados esperados. 

Según el semáforo delictivo, los primeros cuatro meses de lo que va del 2019 han sido los más violentos en la historia desde que se mide la violencia en México. Comparándolo únicamente con el año inmediato anterior, en el rubro de los homicidios dolosos, en 2018, de enero a abril se registraron 8,983 casos; este año 2019, de igual forma de enero a abril, se registraron 9,549 casos; es decir, se incrementó la violencia un 6.3%. De seguir esta tendencia 2019 va a ser el año mas violento en la historia de nuestro país. 

Si bien es cierto que se heredó al nuevo gobierno una descomposición fuerte de las instituciones encargadas de impartir justicia, una nueva estrategia tarda en permear, mas aún si se pretende que el centro de esta estrategia sea la Guardia Nacional, pues una institución – y mas si de seguridad pública se trata – le toma mucho tiempo madurar, y la realidad los esta alcanzando, pues en lo que va de este sexenio (Diciembre 2018 a Abril 2019) se han registrado 12,024 homicidios dolosos; lamentable.

Entiendo que un punto importante para este gobierno será – además de la regulación de las drogas – el tema de la inteligencia financiera desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), es decir, seguir la ruta del dinero para desde ese frente descomponer a las células delictivas que operan a lo largo y ancho del país al margen de la ley, pero existen otros problemas estructurales que el gobierno actual no entiende, o no quiere entender, que esto va escalando a la alza; militarizar el país debió ser temporal – llevamos mas de 15 años con ese problema – en lo que se limpian las policías estatales y municipales, lo cual fue muy necesario en su momento, pero nunca permanente, y ciertamente, el Presidente tiene un oído mas atento al diagnóstico que le dan los Generales que al que pudieran darle sus asesores civiles.

Si me preguntan a mí, soy fiel convencido de que la seguridad se ataca de abajo hacia arriba, de lo local hacia lo nacional, empezando por limpiar la corrupción, sustentado en que hay ejemplos locales que en algún momento sus estrategias han funcionado muy bien,  – Mérida, Puebla, San Pedro Garza García, Cd Juárez – las estadísticas hablan por si solas; ejemplos que nos mandan un mensaje muy claro:

La Seguridad Pública señor Presidente, no se debe generalizar, no se ataca de igual forma en Guerrero, Chiapas ó Michoacán, que en Nuevo León, Coahuila ó Tamaulipas, se necesitan estrategias focalizadas, claras, con objetivos contundentes y una estrecha colaboración con los gobiernos subnacionales, pero esto a raíz de un amplio análisis de las condiciones y particularidades sociales, políticas, económicas y criminales de cada estado – ¿cuál es la situación económica de ese estado en particular?, ¿Cuánta gente vive en pobreza?, ¿Qué grupos delictivos operan?, ¿Cuáles son los delitos mas recurrentes?, ¿La ubicación geográfica del estado es tentativa para delinquir?, ¿Quién gobierna y cómo es su relación con la Federación?, ¿Cuánto se le invierte a la Seguridad?, ¿Cuál es la situación actual de las instituciones locales que imparten justicia?, etc -. Ojo aquí, no significa que se debe hacer un análisis por cada uno de los 2500 municipios, si no que se deben identificar regiones – esto lo vienen haciendo bien, el país fue dividido en 270 regiones -, tendencias, mapeo de delitos, etc, que conforme a la marcha la estrategia se vaya moldeando, con eso, podremos evitar los derroches de presupuesto que claramente, no van de acuerdo con los resultados. Un gobernante que se llena de soberbia al decir que conoce perfectamente al país, debería saber esto.

Actualmente no veo algún incentivo que desde el gobierno federal se le este dando a los estados y municipios para el desarrollo de sus policías, no le están apostando a mediano y largo plazo, mientras tanto siguen optando entre lo malo y lo peor.. operativos militares (Guardia Nacional) y/o pactar con grupos delictivos. En fin, al término de su primer año de gobierno podremos evaluar si su estrategia de seguridad va por la dirección correcta, o es una suma de ocurrencias.

La espiral de la violencia en México

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– El país lleva años en una crisis de violencia e inseguridad y no existen indicios de que las cosas mejoren

– En el primer trimestre del año se registraron 8,493 homicidios dolosos en todo México, un aumento del 9.60% respecto al mismo periodo de 2018

La violencia no para. En un hecho despiadado, 13 personas fueron asesinadas durante un festejo en Minatitlán. Entre las víctimas se encontraba una estudiante de nutrición, un entrenador de béisbol y su pequeño hijo de un año. 

Sin duda es un evento trágico y que conmocionó al país, dada la saña con la que los sicarios perpetraron el acto. Pero lamentablemente no es un hecho novedoso en nuestro país. 

Desde que el gobierno de Felipe Calderón inició una fallida guerra contra las drogas a finales de 2006, han sido asesinadas 250,000 personas en diferentes actos de barbarie. Además, más de 40,000 personas están desaparecidas.

2018 se convirtió en el año más sangriento desde que se tiene registro con 33,518 asesinatos, pero 2019 está encaminado a superar estas cifras de criminalidad. Tan solo en tres meses se han contabilizado 8,943 homicidios dolosos. Guanajuato es el estado más sangriento, ya que contabiliza 947 asesinatos. Seguido está el Estado de México con 769, y Jalisco con 720. 

El presidente López Obrador se acaba de comprometer a disminuir los niveles de violencia en 6 meses. Su fórmula se basará en 3 acciones concretas: 

  1. Eliminar la base social juvenil de la delincuencia organizada. 
  2. Los programas de apoyo y bienestar. 
  3. La formación de la Guardia Nacional.

En primer lugar, la Guardia Nacional, si se quiere implementar de manera correcta, requerirá un periodo considerable de tiempo entre los ajustes de organización y la operación en su totalidad. 

Por otro lado, la eliminación de la base social juvenil y los resultados de los programas de apoyo y bienestar no son factores cortoplacistas. Ambos requieren tiempo y poner un plazo de 6 meses solamente generará errores logísticos y de operación de quienes toman las decisiones (los secretarios de seguridad y defensa) y quienes las operan (los nuevos miembros de la guardia nacional). 

Llevamos casi 13 años de violencia ininterrumpida, por una guerra que no tenía sustento y que no se debió comenzar. Tal vez por ahora se compre el discurso del nuevo gobierno de que las administraciones pasadas dejaron un cochinero, pero pronto, más temprano que tarde, la población mexicana empezará a contar los muertos de AMLO y exigir resultados en una problemática que va más allá de buenas intenciones o de acciones aisladas de gobierno. 

Los orígenes de la violencia en México

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¿Cómo llegamos a alcanzar el nivel de violencia que se vive hoy en día en el país? ¿En qué momento despertamos y nos percatamos de que México vive uno de sus peores momentos en su historia reciente?

A doce años del comienzo de la guerra contra el crimen organizado, comenzada por Calderón y continuada por Peña Nieto, el enfrentamiento militar ha tomado más de doscientas mil muertes y ha provocado la desaparición de más de treinta cinco mil personas. 

El fenómeno del crimen organizado no es un resultado espontáneo en la historia de México, sino que expresa el resultado de una multiplicidad de causas. Entre ellas, la eterna corrupción mexicana y su correlato en la impunidad. 

El crimen organizado no se puede entender a partir de la declaratoria de guerra de Felipe Calderón. Su pasado se remonta a principios de la década de los ochenta con la concentración del poder y la centralización administrativa en el cártel de Guadalajara. 

Éste representa la primera gran organización delictiva dedicada a la producción y distribución de mariguana. Su capacidad de articular múltiples plazas del noroeste del país para vender un producto proveniente de un solo plantío fue trascendental. Con ello, lograron controlar la producción y, por ende, el precio de su valor a nivel nacional e internacional.

Para ello, tuvieron que formarse de un sistema de protección proveniente desde fuerzas municipales y estatales, incluyendo gobernadores, hasta entidades de seguridad federal como es el caso de la Dirección Federal de Seguridad (DFS); entidad desconcentrada de la Secretaría de Gobernación. La colusión a favor del crimen organizado permeaba en altos niveles del poder político, todos viéndose beneficiados del lucrativo negocio de las drogas. 

El cártel de Guadalajara, liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo, fue capaz de erradicar la vieja usanza de las peleas por las plazas entre pandillas y generar un nuevo sistema organizativo de la producción y comercialización de la mariguana. Con aquel nace el crimen organizado mexicano como lo conocemos actualmente; un negocio sumamente complejo y diversificado que opera como una empresa multinacional y se rige por el mismo apotegma: la maximización de las ganancias. 

Félix Gallardo logró en México lo que “Lucky” Luciano hizo en Estados Unidos en la década de los cincuenta: establecer un sindicato del crimen organizado. Luciano pudo unificar a la mafia estadounidense de ascendencia italiana bajo un mismo régimen. Éste es el padre de la mafia moderna americana, aquella que se distancia de la mafia siciliana, en la cual existían constantes enfrentamientos entre los capos por el acaparamiento del mercado ilegal de las drogas y la extorsión. 

Bajo este sistema, en el cual existía una distribución relativamente equitativa de las zonas de influencia de cada familia, y en el cual la figura del capo di tutti capi despareció para conformarse en una Junta de Gobierno presidida por los líderes de cada una de las familias, el índice de violencia disminuyó considerablemente en la ciudad de Nueva York. Luciano asentó un paradigma en la historia del crimen: el empresario-criminal. 

Por ello, la nueva serie Narcos, producida por Netflix, es una gran aproximación del nacimiento del crimen organizado y el origen de la problemática que generó y que vivimos actualmente. A diferencia de las “narco-novelas”, que exaltan la figura de los narcotraficantes y promueven una cultura de veneración y admiración por estos, Narcos muestra una acervo periodístico y bibliográfico fidedigno. Expresa una realidad, o más bien las causas de nuestra realidad, de forma honesta, sin mostrar a los capos como los antihéroes de la historia: figuras que nos generan admiración o compasión. 

La trama de la primera temporada gira alrededor del secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA Camarena, quien se enfrenta al corrupto sistema de justicia de México y a los intereses de los grandes políticos involucrados.

La serie es una gran muestra descriptiva y crítica del origen del crimen organizado en México. Es necesario conocer las causas del grave problema al cual nos enfrentamos hoy en día. Ante la caída del cártel de Guadalajara, éste se fragmentó en dos grandes cárteles: el de Sinaloa y el de Tijuana. Los Félix Arellano se enfrentaron al “Güero” Palma y al “Chapo” Guzmán. 

Poco a poco otros reivindicarían su parte en el gran negocio lucrativo de la droga; la lucha por las plazas nuevamente comenzaría. Y años después la violencia sería catapultada por la declaración de guerra de Calderón, decisión que nos arrastraría a la desgracia y la desintegración social que vivimos hoy y la cual no parece cesar. 

Aumentan durante el mes de septiembre los homicidios dolosos

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La violencia en México no cede. Luego de que en agosto se registrara un ligero descenso en los homicidios, en septiembre la cifra volvió a elevarse y con ello el número de personas asesinadas ya es de más de 25 mil en lo que va del año. Se trata de un incremento de más el 85 por ciento en los asesinatos en México, en un lapso de tres años.

Las estadísticas actualizadas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) revelan que septiembre dejó un saldo de dos mil 894 víctimas de homicidio, a los que se suman 71 mujeres víctimas de feminicidio. El total es de 2 mil 965 personas asesinadas.

El saldo de septiembre refleja un ligero repunte respecto a agosto, en donde el balance fue de 2 mil 933 personas que perdieron la vida violentamente. Esto pese a que septiembre tuvo incluso un día menos respecto al mes anterior.

En el caso específico de las carpetas de investigación abiertas por el delito de homicidio doloso (sin contar feminicidios), septiembre de 2018 es el segundo mes con la cifra más alta de incidencia delictiva de la historia: en total dos mil 542 carpetas iniciadas. Solo superado por julio de este mismo año que registró 2 mil 604.

El balance oficial de víctimas de feminicidio y homicidio en lo que va de 2018, transcurridos nueve meses del año, asciende a 25 mil 394 personas. Estos números confirman un incremento en la violencia que no ha podido frenarse en la segunda parte del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto.

Los datos oficiales son claros. En 2015 la cifra de asesinatos de enero a septiembre era de 13 mil 700 víctimas; para 2016 crecía 17 mil 40, y en 2017 (año que ya era récord en violencia) el balance hasta septiembre era de 21 mil 460 víctimas.

Esto es un incremento superior al 85 por ciento de homicidios y feminicidios en tres años, y un alza del 18 por ciento tan solo en comparación con 2017 que, hasta ahora, había sido el año más violento de las últimas dos décadas.

En promedio, este año son asesinadas en México cuatro personas cada hora, o lo que es lo mismo, más de 94 hombres y mujeres que pierden la vida de forma violenta todos los días.

Los estados con la mayor tasa de homicidios dolosos en lo que va del año son Colima, con 58.84 casos por cada cien mil habitantes; Baja California con una tasa de 56.67 casos; Guerrero con 46.70; Chihuahua con 37.39, y Guanajuato con 32.49.

En el caso de feminicidios los estados con mayor incidencia de enero a septiembre de este año son Guerrero, con una tasa de 2.30 víctimas por cada cien mil mujeres; Nuevo León con una tasa de 2.18; Zacatecas con 2.17; Sinaloa con 2.13, y Chihuahua con una tasa de 2.11 casos por cada cien mil mujeres.

#HojaDeRuta: “Una epidemia de violencia”

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Como chispa sobre la yesca, la furia se propaga: ¿cómo es posible que aquí, en la ciudad desarrollada y orgullosa, sea asesinada sin piedad una niña de ocho años? Hierve la sangre, pero como el agua para café, la ebullición cesa cuando se apaga la llama. El vapor se disipa, el coraje deja de burbujear. Todo volverá a la normalidad cuando el calor se haya ido.

Pero ¿qué es la normalidad hoy? Durante los días negros de 2010-2011, cuando ningún abanico bastaba para domar el calor, dormíamos a ventanas abiertas para robarle al aire nocturno un poco de alivio. A lo lejos, cuando menos un par de veces por semana, se escuchaban los estruendos. A los truenos que anunciaban las lluvias de mayo hubo que sumar los que anunciaban las lluvias de plomo.

En este país son asesinadas siete mujeres diarias. Siete. Entre la rutina del despertador, trabajo, cena y serie de Netflix, cayeron más muertas. “Se me fue rapidísimo la semana”, decimos a veces. En ese tiempo, se nos fueron 49 mexicanas cuya vida fue extinguida por el hecho de ser mujeres.

2017 registró 29 mil asesinatos en el país. Más que cualquier otro año en la historia reciente. Tratando de anclarnos a la sensatez, resulta adecuado decir que México vive una epidemia de violencia. Consideré con cuidado la palabra y sus dos significados oficiales: 1. Enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas. 2. Mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada. La definición encaja.

Al enorme riesgo que implica normalizar la violencia, habría que aunar otro: la justificación para ejercer aún más violencia. Si el hombre es el lobo del hombre (y evidentemente, de la mujer), entonces la respuesta está en la ferocidad: el más brutal habrá de ganar la partida. Así se ha justificado pisotear los derechos humanos “en nombre” de la seguridad. Así se escuchan y leen voces que entienden la justicia como un acto de venganza: “Hay que lincharlo”, “es un animal”, “deberíamos matarlo”, “no merece vivir”, “que lo torturen primero”.

¿Y muerto el perro se acabó la rabia? Por más cuerpos que cubren al país, la rabia no hace más que crecer.

Una sociedad pobre, desigual e injusta que genera desesperados y psicópatas, resuelve que la mejor manera de lidiar con el criminal es la vejación, y ultimadamente, su aniquilación, sin cuestionar las circunstancias que le orillaron a la criminalidad, a la alteración patológica de su conducta social.

¿En qué momento nos hemos detenido a pensar no solo qué hacer con la violencia, sino qué ha hecho la violencia con nosotros? ¿Quiénes somos después de niñas y niños asesinados, otros niños disparando a sus compañeros de clase, mujeres quemadas y apuñaladas, estudiantes acribillados, cuerpos colgados de puentes, cuerpos que ardieron vivos? No somos los mismos, no podríamos serlo.

Martin Luther King decía que “la violencia como vía para lograr justicia racial es tanto impráctica como inmoral. No soy ajeno al hecho de que la violencia a menudo produce resultados momentáneos. Frecuentemente, naciones han ganado su independencia en batalla. Pero a pesar de victorias temporales, la violencia nunca trae consigo paz permanente”.

Vista desde el aire, la violencia se puede disfrazarse de orden e involuntario arte abstracto. Jorge Taboada, arquitecto mexicano, comenzó a retratar fraccionamientos de interés social en sobrevuelos. Las imágenes revelaban una simetría impactante, de pronto parecen una composición digna de Escher o Mondrian. Dibujan una estética casi surreal, una belleza involuntaria.

Pero a ras del suelo la realidad estruja: pequeñísimas casas de 30 metros cuadrados donde se aprietan familias enteras. Caldos de cultivo para más violencia: hacinamiento, calor, lejanía. Una de estas cápsulas fue cateada ayer en búsqueda del presunto asesino de Ana Lizbeth. Era mujer, era niña, era pobre. Todas las piedras del mundo sobre su espalda. 

Los estudios de movilidad social del Centro Espinosa Yglesias son contundentes: en este país, si naciste pobre, lo más probable es que así te mueras. El abominable crimen de Ana Lizbeth no puede quedar impune, pero ella no será la última niña a la que se le apaga la vida si esta epidemia continúa, si no se atacan las causas que la generan, desde una economía que funciona para un puñado de privilegiados y no para las mayorías, hasta las violencias machistas que destruyen.

Sartre escribió que la violencia, sin importar la forma en que se manifieste, es un fracaso. Hasta ahora, en este país y en esta ciudad, el fracaso ha sido rotundo.

#HojaDeRuta: “Carne y plomo”

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Ayer pasé frente a una carnicería donde ejecutaron a un hombre. Un cajón de estacionamiento sitiado por cintas amarillas rompía su simétrica monotonía con una mancha de sangre: patrón irrepetible, vida encharcada en el concreto. Personajes en trajes blancos que colocaban conos amarillos donde aterrizaron casquillos completaban la escena entre patrullas y mirones. En el restaurant de enfrente, seis señoras bien vestidas charlan sin prisa, y me pregunto: ¿Escucharon los estruendos? ¿Truena el cielo o truena el suelo? ¿Hay alguna diferencia? Joven, más café, por favor.

A unas horas de los disparos, me llegó un meme ofreciendo un chaleco anti-balas en la compra de dos kilos de bistec. Los mexicanos siempre nos hemos reído de la muerte, pero esto es diferente. La barca nacional parece estar tan aguas adentro del río de las almas que estamos ya en pleno naufragio.

Solo en un país donde más de 230,000 personas han sido asesinadas en los últimos once años podría explicarse la irrelevancia de la muerte. Para dimensionar la tragedia humanitaria que México ha normalizado, basta una comparación: el funesto régimen militar de Pinochet en Chile, asesinó y desapareció a poco más de 3,000 personas en 17 años (El País, 2011).

El asesinato de los estudiantes de cine de Guadalajara, ultimados con una brutalidad inconcebible, habría puesto de cabeza a prácticamente cualquier país civilizado. Un solo caso de esta naturaleza debería ser suficiente para derrumbar por completo la credibilidad de un gobierno. Debería ser suficiente para determinar el rumbo de una elección. No parece ser en caso. En México también la capacidad de indignación se va disolviendo en ácido.

La seguridad y la corrupción son los temas centrales de la campaña presidencial, porque aún en la época de las fake news, la realidad es demasiado terca como para borrarla a clicks o pantallazos. La realidad estalla en el estacionamiento de cualquier carnicería.

Debería ser una obviedad hasta absurda de mencionar que la estrategia basada en el uso de la fuerza debe cambiar. Debería ser una idiotez pensar que la criminalidad está separada de la mitad del país viviendo en pobreza, del salario que pierde poder adquisitivo y compra menos leche, de los abismos de desigualdad que se estiran y nos separan.

Esta noche, mientras la carretera se aquieta y se escucha el mecer de los follajes, se quitarán las cintas amarillas, se levantarán los metales que fueron lanzas, se lavará la sangre del pavimento. Va a amanecer, y de nuevo se llenará de tráfico y gentes, seguirá el hambre y ardiendo los carbones de los asadores como arden los calcinados incontables. Seguirán las cosas aparentemente igual. Disculpe, joven: ¿A cuánto tiene el kilo de Rib-Eye? 

2017 el año más violento en la historia y podría ser peor a como van las cosas

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El mes de octubre de esta año rompió el récord de homicidios, siendo 2 mil 371 las carpetas de investigación que se abrieron por el delito de homicidio doloso, según reporto el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Cabe destacar que el récord pasado había sido de junio de este año, con 2 mil 238 asesinatos intencionales.

Durante los primeros 10 meses del 2017, el número de homicidios doloso ya superan por 23.6% la cifra que se registro en el mismo periodo de tiempo en el 2016.

La SESNSP advirtió que si se mantiene el promedio mensual actual de 2 mil 87 homicidios dolosos, el 2017 podría ser el año más violento en la historia moderna de México, siendo el récord pasado del 2011, cuando 22 mil 855 personas fueron asesinadas.

Por otro lado, otros delitos de alto impacto también se incrementaron, tal es el caso de los supuestos, que subieron un 4.8% en los primeros 10 meses del 2017 en comparación con el 2016.

También el robo de vehículo sin violencia subió un 7% a comparación del 2016 y el mismo delito pero con violencia, subió un impresionante 40.9% en los 10 meses que van del año.

Asegura “Bronco” que carreteras son seguras, inseguridad es percepción dice

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Durante un evento en el Cuartel de la Octava Zona Militar, donde se destruyeron 2 mil 261 armas, los gobernadores de Tamaulipas, Francisco Cabeza de Vaca y de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón “el Bronco”, afirmaron que inseguridad en carreteras tamaulipecas son una cuestión de percepción y no una realidad.

“Un día vinieron los de El Norte o no se quien ¿no hay vigilancia en la carretera? Caray, yo acabo de pasar y me encontré tres patrullas del Ejército, dos de la Polícia Federal y como siete de Fuerza Civil y otras de Fuerza Tamaulipas. Solo que sea mi percepción”, aseguro el mandatario de Nuevo León.

“El Bronco” también dijo que miles de regiomontanos transitan las carreteras de Tamaulipas para llegar a Mcallen, Laredo, La Pesca y Tampico, sin que estos sufran incidentes como lo son robos o persecuciones. Aseguro que los medios de comunicación son los que magnifican los problemas y no destacan lo bueno.

“Hay un solo caso que ustedes también magnifican, pero hay miles de personas que vienen de Monterrey rumbo a McAllen y no les ha pasado nada, la carretera está llena, los hoteles están llenos, la Isla del Padre está llena”, dijo el nuevoleones.

Las declaraciones Rodríguez Calderón se dan después de que el periódico El Norte diera a conocer el caso de dos familias regiomontanos que fueron acosadas por sujetos armados en la carretera a Reynosa, donde incluso a una de ellas le dispararon.

(Con información de El Norte)

Junio rompe récord como el mes más violento en los últimos 20 años.

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El nivel de violencia en el país se agudiza. Durante junio de este año se superó por primera ocasión en los últimos 20 años la barrera de los 2,200 homicidios mensuales, revelan las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Publica.

Durante el mes pasado se registraron 2 mil 234 homicidios dolosos en el país, con lo que junio desplazo a mayo de este año como el mes mas violento del que se tenga registro.

Al actualizar las cifras de homicidios dolosos, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública indica que se han abierto 12,155 carpetas de investigación durante los primeros seis meses de este año, cifra que supera a las 9300 carpetas que se abrieron en el mismo periodo de 2016.

Al desglosar los datos por estado, se puede observar que Guerrero, con 1,161 casos, y el Estado de México, con 1,026, son las únicas entidades con más de mil homicidios en lo que va del año, mientras que Baja California se coloca en el tercer puesto con 922 carpetas de investigación por el delito de homicidio doloso abiertas en los primeros seis meses de 2017.

Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública establecen que Colima, con 42.12, y Guerrero, con 32.19, se ubican en los primeros lugares en la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes.

El secuestro es otro de los delitos que presenta un repunte, ya que se abrieron 108 carpetas de investigación durante junio pasado, cifra superior a todos los meses anteriores de este año.

El robo de vehículo con violencia también registra un incremento. En junio pasado, se abrieron 5,370 carpetas de investigación, la cifra más alta en lo que va de 2017.

¿DÓNDE QUEDÓ EL “MEXICAN MOMENT”?

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Al inicio de la gestión del actual presidente de México, era “inminente” la llegada de una época mexicana repleta de gloria económica, mejores condiciones sociales y un paquete de reformas estructurales que transformarían al país.

Hoy, a cuatro años, el ‘mexican moment’ se ha pulverizado.

Y, como siempre, los ciudadanos- que de ciudadanos solo tienen el nombre- han decidido cargarle la totalidad de la culpa a Enrique Peña Nieto y su gabinete. Y seguramente tienen parte de razón, las reformas han entregado pocos o nulos resultados, la economía ha sufrido un fuerte golpe y la violencia no para.

Pero ¿quiénes son los otros culpables de la desaparición del mexican moment? Los más de 120 millones de mexicanos que habitamos un país necesitado de nuevos y mejores líderes sociales. No nos hemos detenido a pensar que le estamos entregando al país a los peores ciudadanos; esos que ven a sus papás darle mordida al tránsito, que se metan a la fila del banco, los que te ven comprando cerveza en depósitos clandestinos, pasarte un semáforo en rojo o quejarte todos los días de “tener que trabajar”, como si todos tuvieran ese privilegio.

Sin embargo, hoy más que nunca estoy convencido de la calidad de líderes jóvenes con los que contamos y las redes sociales nos han permitido conectarlos poco a poco para trabajar en conjunto. Hoy la mujer se refleja en “lady matemáticas” y no en las actrices de telenovelas, los jóvenes apuestan por emprender e innovar y no les da miedo enfrentarse a retos. ¿Qué más podemos perder?

El mexican moment no se ha ido solo porque un grupo de analistas haya dictado que la volatilidad económica, la caída del petróleo, el bajo desempeño de la reforma fiscal o el poco impulso del gobierno a la innovación sepulten las esperanzas de un país tan grande como sus ciudadanos lo crean.




Ya no nos quejamos del empleo o de la mano de obra más barata de la OCDE, ahora emprendemos y generamos nuestros propios empleos. Las mujeres autodenominadas “chingonas” que pretendían ser la mejor versión de cenicienta y que las mantuvieran sin ningún esfuerzo han quedado atrás y en su lugar estamos rodeados de una generación de mujeres talentosas que se preparan para dirigir el rumbo de México.

Hoy más que nunca, veo la posibilidad de cambiar la conversación y encumbrar un verdadero “momento mexicano”, los Mario Molina y Alejandro Gónzalez Iñarritu nos han dejado claro que el límite no es más que una barrera mental que nosotros nos ponemos.

Estamos siendo testigos de un grupo de rebeldes y aventureros descarados que no le temen al riesgo y que disfrutan la adrenalina del todo por el nada. Que venga el momento mexicano, porque como buenos mexicanos lo queremos ahora y lo queremos a nuestra manera.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”