Los partidos y sus designaciones; cuando la democracia no ayuda

En todo proceso electoral hay 2 fases de extrema importancia para obtener un resultado exitoso: la designación de los candidatos y la campaña electoral.

Son etapas cruciales que si no se manejan con extremo cuidado y calculo partidista pueden descarrilar hasta la mas optimista de las encuestas ; pueden incluso destruir el mejor escenario y predicción.

La democracia parece ser una exigencia social para hacer valer la voluntad popular, sin embargo, al interior de los partidos parece ser contraproducente democratizar el proceso de selección de los candidatos.  Cuando se hace de esta forma, tradicionalmente se realizan contiendas internas donde los pre candidatos miden sus fuerzas, bases y estructuras, casi siempre desgastándose todos en el proceso de obtener la candidatura.

¿Como hacer campaña sin atacar al oponente?, ¿Cómo no dañar al partido si cualquier acusación queda dentro de la organización politica?.

Hagamos memoria: El PRI en el año 2006  busco realizar un proceso interno donde se dividió el partido en diversas facciones y quien fuera designado candidato -Roberto Madrazo- fue atacado despues por un grupo dentro del PRI que formo el famoso TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo). Atrás se buscaban dejar las designaciones directas o el famoso ” dedazo”,  pero deteriora a todo el partido lanzar contiendas internas, en especial hacia el exterior.

En el PAN tambien se vivió un proceso interno que dejo como ganador al ahora ex presidente Felipe Calderón, quien obtuvo el triunfo en el Tribunal Electoral con una ventaja de tan solo 0.56% de los votos contabilizados. A pesar de haber ganado, no podemos ignorar el hecho de que la presidencia la tenia el PAN y como candidato oficialista debió de haber tenido un mejor desempeño, posiblemente frenado por no ser el candidato del presidente, que era Santiago Creel y fue desplazado en un proceso interno.

Algunos aprenden de los errores y otros no, como el PAN, quienes estan enfrascados en un  proceso interno que no tiene un buen augurio, pues mientras Moreno Valle se fortalece, Margarita Zavala amenaza con la vía independiente, escenario que inevitablemente causara una fractura en el PAN.

El PRI rápidamente aprendió de su error en 2006 y enmendó su pecado en 2012 y parece ser que tambien en 2018, buscando generar un candidato por consenso y designación.

MORENA, aunque tiene candidato, se esta emproblemando, pues realizo una encuesta bastante sospechosa de la cual no se revelaron los resultados y se procesó en la oficina personal del presidente de MORENA, Andrés Manuel Lopez Obrador. Se manejo que la “secrecia” era con fines democráticos, pero Ricardo Monreal, quien habia encabezado la mayoria de las encuestas, sorpresivamente resulto derrotado por una Claudia Sheinbaum un poco mas limpia de escándalos pero huele a dedazo.

Jugar a la democracia y acabar con una designación camuflada puede resultar muy peligroso para MORENA, en especia porque si Monreal decide participar por el PAN-PRD puede arrebatarle la capital a su -todavia-líder.

La lección es clara: el antidemocratico “dedazo” rinde mas frutos electorales que la democracia interna, no lo digo yo, lo dice la historia reciente y no muy reciente.

#HojadeRuta: La república de la sospecha




En corredores y a calle abierta; en las bocinas de los teléfonos y cada letra digital e impresa; entre las mesas y el tintinear de tazas, están los murmullos. “Renunció porque según quería dedicarse a x, pero realmente quiere y”; “se le ve demacrado, dicen que está enfermo y por eso mintieron del motivo de su operación”; “ya sabían dónde estaba. Lo agarraron ahorita porque vienen elecciones y porque ya negoció que no toquen a los suyos”.

Corría septiembre de 2004 cuando el entonces titular de la SEGOB, Santiago Creel, hizo su contribución más duradera a la política nacional al invitar a “dejar atrás la cultura del sospechosismo”. Aunque la academia se ha resistido a abrir los brazos del diccionario al peculiar término, la realidad es que a las y los mexicanos nos hizo perfecto sentido su existencia.

Si la cultura se define como el conjunto de modos de vida y costumbres, por supuesto que en este país existe tal cosa como la cultura del sospechosismo. Quizá sea un sinónimo informal de “desconfianza”, pero que conlleva una carga política muy particular: la idea de que en lo público no puede creerse.

Las traiciones políticas son tan viejas como las dagas que los senadores le clavaron a Julio César, pero en México la cosa va más allá: en un país donde el 70% de la gente dice que no se puede confiar en los demás, la desconfianza se ha vuelto parte del sistema. Y ese es un problema grave.

Ya en otras ocasiones hemos mencionado que el maestro Zygmunt Bauman definió la actual crisis global de la democracia como “el colapso de la confianza”. Desde luego que si existe tal nivel de suspicacia entre nosotros es porque no éramos ariscos, nos volvieron. Años de tradición oral, decepción ante la impunidad y amargas experiencias en carne propia, nos han curtido a ser recelosos. Pero aquí viene lo interesante: la desconfianza debería llevar al cuestionamiento, la reflexión y finalmente, al sentido crítico.

Sucede que el efecto es contrario: hoy, de acuerdo al barómetro de confianza de Edelman, que mide a 28 países (incluido México) confiamos más en “una persona como usted” que en oficiales de gobierno, directores de empresas y representantes de organizaciones civiles. Y ahí tenemos una dificultad seria: si nos creemos lo que dice mi amigo(a) de la primaria que no veo hace 20 años pero que me encontré en Facebook y le doy share a su noticia que relata como el líder norcoreano Kim Jong-un detonó 30 bombas nucleares y se ha declarado nuevo emperador del universo.

La duda, decía Borges, es uno de los nombres de la inteligencia. Y lo es, siempre y cuando esa duda no se quede en mero sospechosismo, pues dudar de todo pero creerse a pies juntillas las oleadas de “fake news” nos pone en el peor de lo mundos: el de los que no saben que no saben, y eso, paradójicamente, no lo sospechan.




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