#HojaDeRuta: “Los costos de la democracia mexicana”

Un claro síntoma del estado de la democracia mexicana es que el primer tema que surge al respecto suele ser el dinero: el que se le da a los partidos, el que financia la organización de las elecciones, el que pasa por debajo del agua, el dinero negro que amenaza, el dinero que compra voluntades.

Que la democracia mexicana es onerosa, no hay quien lo niegue. De acuerdo a un estudio reciente de México Evalúa, el costo de las elecciones en México es dieciocho veces mayor al promedio de América Latina. Apenas hace algunos meses atestiguamos el oleaje de dinero en la elección de gobernador del Estado de México, donde el tope de campaña fue equivalente al 86% del tope de gasto de campaña establecido para las presidenciales de 2012. Cada candidato a la gubernatura pudo gastar hasta 4.7 millones de pesos al día.

Sin embargo (o a pesar de) tanto dinero, nos encontramos en una lamentable paradoja: tenemos elecciones carísimas que de todos modos acaban siendo cuestionadas. Esto lleva necesariamente a uno de los problemas raíz: el desencanto y decepción sobre la democracia que existe en México. Latinobarómetro, que mide desde hace poco más de 20 años las opiniones y actitudes en la región respecto a la democracia, en 2016 registró un promedio de 54% de apoyo a la democracia en la población de la región. México se encuentra por debajo del promedio, registrando 48%.

Una segunda variable es qué tan satisfecha se encuentra la gente con la democracia, cifra que ha venido a la baja: apenas el 34% de los latinoamericanos se sienten satisfechos con este sistema de gobierno. Nuestro país tiene una larga historia simulando la democracia, y una muy corta practicándola. ¿Por qué fuimos capaces de organizar y respetar la elección presidencial que dio paso a la alternancia en el 2000, y en las últimas dos hemos tenido avalanchas de irregularidades e impugnaciones?

Hay que echar mano del instrumento de la memoria pública: el IFE (hoy INE) se crea en 1990 tras la polémica caída del sistema en 1988. No solo se trataba de una reacción del oficialismo ante la cuestionada legitimidad del triunfo de Salinas de Gortari, sino de sacar la organización de las elecciones del aparato presidencial, pues hasta entonces dependían de la Secretaría de Gobernación. Después vendrán las reformas electorales de 1996-97 que darán al IFE el carácter ciudadano, expresado en la composición de su consejo, que logrará no solo conducir al país con éxito en la alternancia del 2000, sino poner al Instituto como una de las instituciones públicas que mayor confianza inspiraban en México. Pareciera que aquello es historia antigua, pero realmente ha pasado poco tiempo. Entre otros factores, el Instituto perdió credibilidad ante la clara partidización del Consejo General, que fue borrando la esencia ciudadana que le dio fortaleza en el crepúsculo del Siglo XX.

La indignación ciudadana ante un sistema electoral caro y poco confiable es más que entendible, sin embargo, habrá que tener cuidado en tomar la puerta falsa del financiamiento privado, pues se presta a diversos problemas, desde la presencia del dinero negro hasta el financiamiento de candidatos para empujar agendas particulares de grupos de interés. El dinero público tiene la principal característica de que puede y debe ser vigilado, por tanto el debate debería centrarse en cuánto y por qué es justo y adecuado financiar a los partidos y operación electoral, no en “privatizar” el proceso que, por definición, es el más público de todos: el elegir quienes nos gobiernan.

(P.D. Este espacio estará fuera del aire por algunos días a partir del 7 de septiembre, pero volverá pronto para atormentar a las buenas conciencias) 

#EspacioWiki: El Fin de la infancia

La semana pasada se discutió la iniciativa #SinVotoNoHayDinero en la comisión de puntos constitucionales y terminó por ser condenada a la congeladora por el cinismo del PAN, PRI, Verde y Nueva Alianza.

Sin embargo, que hayan terminado por simplemente no aparecer en la sesión es un acto de congruencia. Le han dado la espalda a la ciudadanía en todos los sentidos y en todos los foros. Se importan ellos y sus intereses y el ciudadano es menos que una cifra, es parte de una masa que se negocia y se traduce en votos.




Frente a ese sistema que borra nuestras narrativas y nos reduce a bípedos que votan, surgieron voces que eligieron defender ese sistema. Hubo quien señaló que la iniciativa de #SinVotoNoHayDinero debilitaría la democracia porque “estaría contraponiendo el ahorro a la consolidación democrática”.

Esta falsa dicotomía es un claro ejemplo de cómo los encargados de orientar un debate constructivo en torno a los dilemas de nuestra democracia, terminan por crear argumentos falaces en aras de hacerse los “listillos”.

La iniciativa no planteaba “votar y garantizarle un ingreso a los partidos, o no votar y ahorrar” como señalaron Greta Ríos y Aline Zunzunegui en Letras Libres; por el contrario, buscaba generar mecanismos para que el ciudadano pudiera fungir como un verdadero actor de incidencia en el sistema de partidos.

Promover la participación por la participación es un despropósito: ¿de qué servirá aumentar el número de sufragios si se da por un aumento de acarreados?, ¿qué sentido tiene seguir protegiendo en aras de “fortalecer la democracia” un sistema claramente desigual si en el entretiempo más y más ciudadanos se convencen de que su voto no cambia nada?

Woldenberg externa que le atemoriza que el abstencionismo pueda usarse como mecanismo de revanchismo político.

“Puede convertirse en un bumerang que desate la más que sencilla y tonta retórica antipolítica: aquella que llamará a no votar, proclamando que con ello, esas figuras “horribles” que son los partidos, recibirán menos dinero.” escribió el exconsejero del IFE para grupo Reforma.




Como si no fuera un hecho tonto y antipolítico seguir solapando un sistema que falla, porque es controlado por partidos sin ideología y sin más programa que el que le dictan los cerrados grupos de poder que los controlan. El riesgo para la democracia hoy por hoy no es que la gente votara teniendo como misión castigar a los partidos, el riesgo real es que la gente deje igual de acudir a las urnas porque no ven ningún sentido en hacerlo.

“¿Qué sigue para #SinVotoNoHayDinero? Muy fácil: Unir causas, caminar al lado de otra persona y ahora, más que nunca, no dejar de construir codo con codo. Sigue ganar el futuro.” escribió Pedro Kumamoto, principal promotor de la iniciativa.

En efecto, sigue ganar el futuro y eso nos obliga a subir el nivel de la discusión. Requiere asumir que proteger lo construido no es necesariamente un acto responsable y que no es verdad que más vale malo conocido que bueno por conocer. Exige pensar en la ciudadanía como una suma de personas que en sus historias son capaces de verse en los otros y actuar en consecuencia.

Urge a abandonar la soberbia y ver a la ciudadanía como lo que es y no como una masa que actúa basada en berrinches esporádicos.

Vendrán más discusiones con el tiempo y seguirán habiendo analistas “listillos” y políticos cínicos que perviertan sus argumentos.

La experiencia de la semana pasada nos debe llevar a todos a repensar el activismo, a abrir espacios de diálogo que eleven el debate y que muestren que como ciudadanos hemos asumido el fin de la infancia y que, aunque le cueste trabajo creerlo al círculo rojo, sabemos qué queremos para el futuro y estamos dispuestos a conseguirlo.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Surge Penny Money




En la actualidad en México vivimos una situación de desigualdad social y mayor violencia en sectores vulnerables, son los principales factores por las que aumenta el índice de migración hacia Estados Unidos, buscando una mejor calidad de vida.

En su estancia en el país vecino, carecen de un seguro de vida, servicios de salud física y mental (pasan por situaciones difíciles que afectan su estado emocional por motivos de desintegración familiar, abusos de autoridades y discriminación). Cuando logran adaptarse a su entorno y a un empleo, comienzan a ser proveedores de sus familias residentes en México.

Como dato, el flujo de remesas representa la segunda fuente de ingresos provenientes del extranjero, superando la Inversión Extranjera Directa (IED) y situándose sólo detrás de las exportaciones petroleras.

En el primer semestre de este año tuvimos un alza anual de 8.9%. Analizando la fuente económica que representan, no me cuadra al ver a sus familias pasando por situaciones extremas de pobreza en el país.

El envío de remesas ha resultado ser un negocio rentable para FAMSA, COPPEL, ELEKTRA y LA RED DE LA GENTE. Cobran por cada envío de remesa una comisión de 23 a 45 pesos (Sin importar el monto).

En nuestro país no se tiene una regulación de una tarifa promedio por cobro de comisión en envíos. Cuando un migrante puede ganar 10 dólares al día por más de 8 horas de trabajo.




Como Presidenta del Proyecto Mexicano Migrante Nuevo León estuve en la presentación oficial de la TARJETA PENNY MONEY, una iniciativa del empresario Ing. Alejandro del Valle, Director de HBC Internacional, acompañado por Reggie Gray, Presidente de la Cámara de Comercio Intercontinental en Houston, Adrian García, ex Sheriff del Condado de Harris, Mario Ventura, Presidente de Proyecto Mexicano Migrante y Oscar Rodríguez, Cónsul de México en Houston.

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Estuvo también presente Gonzalo Guizar, Presidente de la Comisión de Asuntos Migratorios, para conocer y evaluar la iniciativa, el proyecto representa una oportunidad de fortalecer y apoyar a los mexicanos en el exterior.

PENNY MONEY es la única tarjeta que puede obtenerse en Estados Unidos con la credencial del IFE y comprobante de domicilio, emitida por el Metropolitan Commercial Bank.

Ofrece servicios que cubren las principales necesidades del migrante y sus familias; seguro de vida, seguro de Repatriación de restos a México, Seguro de gastos funerarios, envío de remesas SIN COSTO, 135 mil puntos de recarga en Estados Unidos y depósito directo de nómina sin costo.

En los consulados mexicanos en Texas se encuentran centros de información del PROGRAMA MIGRANTE SEGURO.

Este proyecto MIGRANTE SEGURO es pionero en dejar de ver al fenómeno migrante como un problema binacional, si no como una oportunidad de trabajar en políticas públicas en beneficio de las economías familiares.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”