Carta a Fidel

Adiós Fidel. Te vas abucheado y aplaudido por muchos. Seguido, alabado, odiado y perseguido.

La muerte de alguien como tú hace que los actos hechos en vida sean juzgados con benevolencia por muchos, pero América Latina tiene memoria. No olvidaremos el imperialismo que llevo a la ruina y pobreza absoluta en Cuba, tampoco olvidaremos el famoso “Comes y te vas” del expresidente Fox y mucho menos olvidaremos su dependencia completa ante la Unión Soviética y la ausencia de democracia en el país cubano. Pobreza, inseguridad, desempleo y futuro político incierto.

Toda tu vida dividiste opiniones del público, hoy me pregunto cuál sería tu opinión mirando hacia atrás, ¿habría remordimiento?, ¿estarías orgulloso? ¿satisfecho de lo logrado? Nunca lo sabremos

¿Qué se pondera más en la balanza? ¿Salud sobre bienestar? ¿Educación sobre poder adquisitivo? Ni muy muy, ni tan tan.

Lo que si es cierto, es que hoy se puede llegar a un acuerdo entre quienes te aman y quienes te odian. Para bien o para mal, fuiste un referente de la izquierda a nivel mundial y quizás uno de los líderes más importantes del siglo XX. Marcaste época e intentaste a tu manera, defender la soberanía de los cubanos.

 




Nos dejas al odiado Nicolás Maduro, el hijo no deseado de una relación estrecha con Venezuela. Y por supuesto que aquí en México nos quedamos con Andrés Manuel López Obrador, otro hijo abandonado que en sus sueños más profundos desea ser reconocido como tú, olvidando que su temperamento ante la derrota y la doble moral no le ayudan a cumplir sus deseos maquiavélicos.

 




Decías que no morirías hasta ver a Estados Unidos de América derrotado y probablemente lo cumpliste, con Donald Trump como presidente electo esa posibilidad no es ajena a la realidad.

Vienen nuevos tiempos para Cuba. Internacionalización, apertura económica, globalización y democracia. Con tu muerte se rompe la burbuja del tiempo, después de 55 años se cierra el ciclo de Fidel Castro.

Y así te decimos adiós Fidel, con tus victorias y errores te vas. Y allá donde estés descansa en paz, hazlo mientras Cuba por fin florece.

Si no nos vemos, pues nos escribimos.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Congreso CEEAD de Educación Jurídica 2016

¿Cómo dejar de tener esperanza en la consolidación del Estado de Derecho en México y en América Latina cuando hay tantas personas e instituciones interesadas por la enseñanza y el aprendizaje del derecho?

La semana pasada, el Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho (CEEAD) llevó a cabo en Monterrey el Congreso de Educación Jurídica 2016. En él participaron el CIDE, la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el ITAM, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Autónoma de Coahuila, la UANL, la UDEM, la IBERO Ciudad de México, la Universidad Metropolitana de Monterrey y la U-ERRE.

La sola reunión de Instituciones Educativas públicas y privadas en un ambiente colaborativo es de por sí un triunfo del equipo que lidera Luis Fernando Pérez Hurtado. Un aspecto positivo más del Congreso fue la participación de profesoras y profesores de Derecho de todo el país, así como de países como Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos de América y Francia. La organización y los formatos para el trabajo en equipo resultaron también muy bien pensados y óptimamente ejecutados.

La semana pasada, el Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho (CEEAD) llevó a cabo en Monterrey el Congreso de Educación Jurídica 2016.

No obstante, lo fundamental resultaron las temáticas expuestas y discutidas durante los cuatro días que duró el Congreso. Las áreas temáticas fueron tan importantes como modelos e innovaciones curriculares para la licenciatura, desarrollo de competencias docentes, el impacto de la tecnología en la educación jurídica, así como ética jurídica y responsabilidad profesional. Si bien todas las mesas y foros dejaron una huella esperanzadora en las personas que participamos en el Congreso, es la ética jurídica y la responsabilidad profesional el tema que mejor cristaliza, creo, la función de las escuelas de Derecho, de sus docentes y, sobre todo, de los abogados y las abogadas que se forman en ellas.

A riesgo de simplificar, intento sintetizar la teoría del profesor argentino Martin Böhmer (UBA/UDESA):

Los abogados y las abogadas cumplen una función política en el sistema de justicia de los Estados Constitucionales Democráticos de Derecho. Esto es así, porque son eslabón indispensable para llegar a los esquemas de impartición de justicia y, en ese sentido, su preparación técnica y su estructura ética hace posible que se conviertan en traductores e igualadores. Traducen para sus clientes sus derechos y posibilidades de triunfo, pero también traducen para los juzgadores las pretensiones de las partes. Para representar y defender correcta y éticamente a sus clientes, abogadas y abogados deben ser iguales entre sí. Todo lo cual permite que jueces y juezas tomen la mejor decisión posible, bajo los argumentos más razonables.

Los abogados y las abogadas cumplen una función política en el sistema de justicia de los Estados Constitucionales Democráticos de Derecho. Esto es así, porque son eslabón indispensable para llegar a los esquemas de impartición de justicia y, en ese sentido, su preparación técnica y su estructura ética hace posible que se conviertan en traductores e igualadores.

Como puede apreciarse, esta función no solamente requiere entrenamiento técnico, sino también estructura ética y responsabilidad profesional. En este sentido, las escuelas de Derecho, independientemente de su mercado y de su tamaño, deben contribuir a la formación de juristas con preparación, pero conscientes de su papel en una democracia constitucional.

El riesgo de no asumir individual y colectivamente estas responsabilidades es la deslegitimación de la justicia, la desconfianza y, en el extremo, la “justicia” por propia mano. En México sabemos de esto. En efecto, en nivel de confianza, los jueces mexicanos están reprobados (ENCUP 2012); además, entre 1988 y 2014 ha habido en nuestro país 366 linchamientos (http://www.elcotidianoenlinea.com.mx/pdf/18706.pdf).

En resumen, la abogacía no es una profesión liberal. Tiene una función esencial en las Democracias Constitucionales. Por tanto, las escuelas de Derecho cuentan también con una responsabilidad mayúscula: Hacer posible un entrenamiento técnico igual para todo estudiante de Derecho, independientemente del poder económico o político, y corresponsabilizarse del comportamiento ético y profesional de sus egresados, a fin de que puedan ser fieles traductores e igualadores de sus clientes, es decir, para que en verdad sean agentes democráticos de pacificación social.

Esto, y muchos temás más, discutimos y aprendimos en el Congreso CEEAD de Educación Jurídica 2016.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”