Al diablo con las instituciones

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Llama mucho la atención la participación de conocidos políticos de todos partidos en la consulta, carente de fundamento legal, que organizó AMLO a través de Morena. 

Tenemos ahí una respuesta a la indefinición relativa a la situación del país frente al estado de derecho. En lugar de justificar su no participación por la falta de legalidad de la consulta, políticos tan destacados como José Antonio Meade y muchos otros (muchos a nivel local), se prestaron a expresar su voto, explicando porque la propuesta Texcoco les parecía la mejor solución, o para justificar la opción Santa Lucía. 

En México, el estado de derecho es todavía una noción bastante floja y cualquier aventado al estilo de AMLO, por más presidente electo que sea,  lo puede violar sin la menor dificultad. Urge que los que saben de derecho y de leyes pongan por delante la defensa de una situación que respalda la Ley. Cuando un presidente electo se permite violar la Ley, con toda conciencia de la violación, invitando a una Consulta que no obedece a las normas constitucionales, el país entero debería levantarse y cuestionar los actos ilegales sometidos a su consideración. 

¿A nombre de qué principio se justificó ir a contestar una pregunta que estaba fuera de lo que dicta la Constitución del País? El millón de ciudadanos desprevenidos que acudieron a las (falsas) urnas puestas por Morena y sus afiliados fuera de contexto, cayeron en una trampa que les tendió un (todavía no) nuevo régimen que pretende gobernar en base a seudo consultas, sin fundamentos legales. México, que ya estaba batallando con el estado de derecho distorsionado por la partidocracia, está cayendo en una ausencia de estado de derecho al estilo AMLO. 

Nos esperan seis años de gobierno dictados por el tlatoani tabasqueño. No esperemos respeto a la Constitución. Su juramento del primero de diciembre será probablemente la mentira más grande de su vida. Y ni hablar del gobierno saliente que por cobardía, se quedó callado, cuando no cómplice, de esta farsa institucional. ¿Así será el próximo sexenio? ¿Una farsa basada en la famosa expresión “al diablo con las instituciones”? Más vale que nos preparemos.