Crisis Política venezolana

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Las democracias más jóvenes son las que se ven amenazadas más frecuentemente por crisis internas y/o por intervencionismo de naciones más establecidas y poderosas. En el caso de Venezuela (Juan Guaido, líder de la oposición, se proclama presidente interino ante la supuesta violación a la democracia mediante su mandato), desde la última ola de protestas (Finales de enero), el actual presidente Nicolás Maduro ha visto su posición como líder de Venezuela tambalearse. 

Desde que el líder de la oposición, Juan Guaido, se declaró el presidente interino del Estado Venezolano, diferentes naciones de la comunidad internacional han optado por tomar diferentes posiciones ante dicha crisis política. Países como Canadá, Brasil, Francia, España, Reino Unido, Perú y, con mayor fuerza, Estados Unidos han elegido apoyar a Guaido en su posición de presidente interino de Venezuela -hasta que se realicen votaciones democráticas-. 

Otras naciones, incluyendo a México, han optado por una solución que incluya un proceso de mediación internacional. Entre los países que apoyan esta iniciativa se encuentra Rusia, China y Uruguay. 

Reporteros detenidos 

Jorge Ramos, reportero con ciudadanía estadounidense y de origen mexicano, fue detenido con su equipo por alrededor de 2 horas, al estar realizando una entrevista al líder oficial de Venezuela Nicolás Maduro. Esto sucedió, según Ramos, debido a que al dirigente venezolano no le gustaran las preguntas que se le estaban haciendo. 

Como respuesta a esto, el canciller mexicano Marcelo Ebrard, respondió vía Twitter con lo siguiente “El Gobierno de México ha manifestado al de la República Bolivariana de Venezuela su preocupación y protesta por lo ocurrido en el Palacio de Miraflores hoy a Jorge Ramos y su equipo. Peniley Ramirez de Univisión nos acaba de comunicar que han sido liberados.”. Si bien, muchos podrían pensar que esta fue una respuesta necesariamente sutil por parte de la cancillería mexicana, realmente estamos hablando de un Jefe de Estado que está privando de su libertad por dos horas a un grupo de reporteros, lo cual -a mi punto de ver- debería de merecer una respuesta mucho más energética y fuerte hacia el gobierno venezolano. 

La nueva administración de AMLO está optando por una política exterior que dé opciones terceras a las crisis internacionales a través de la mediación. Algo que es común con la Doctrina Estrada como idea central en la política exterior mexicana. Sin embargo, en un mundo globalizado, interconectado y anárquico, es imposible pretender que un país logrará algún tipo de liderazgo regional ni internacional siguiendo este tipo de doctrina. La historia mexicana no ayuda para que México se quiera convertir en una Suiza de América Latina, México cuenta con una historia y geopolítica tan importantes que no se pueden ignorar; estando a lado de Estados Unidos, formando parte de América del Norte geográfica y económicamente, y parte de América Latina cultural y políticamente. 

Los altos y bajos de lo que va en la Presidencia de AMLO

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“La Cuarta transformación” acaba de comenzar desde el primer día del mes pasado. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó protesta frente a funcionarios públicos mexicanos, la prensa mexicana e inclusive frente a jefes de Estado de diferentes naciones. 

Una de las razones principales, por las cuales, la mayoría de los votantes emitieron sufragio a favor de AMLO fue por propuestas que se volvieron populares, debido a que incluyen muchas de las inconformidades reclamadas por la mayoría de los mexicanos. Andrés Manuel, al menos en las últimas elecciones presidenciales de 2018, supo escuchar las inconformidades del mexicano promedio, lo cual llevó a su victoria en dichas elecciones (entre otras cosas). 

Andrés Manuel se presentó, en esta coyuntura específica, como el candidato ideal para castigar a los partidos tradicionales, hizo ver a la mayoría en él a un candidato fuera del “sistema” política mexicano -aunque no es el caso-. Llamado por muchos “un populista”, AMLO hizo promesas con la sociedad mexicana que probablemente no sean tan fáciles de cumplir. 

Propuestas relacionadas a la ayuda a los sectores más vulnerables de la sociedad mexicana, acabar con la violencia y acabar con la corrupción, son algunas de las propuestas más importantes que AMLO hizo durante su campaña. El problema con las propuestas de AMLO no es el fin de estas, no hay ningún problema con querer ayudar a los sectores más vulnerables de la sociedad, ni de soñar con un gobierno mexicano cada vez menos corrupto, no. 

El problema de dichas promesas es su falta de cuerpo y medios para llegar a ellas. Tomando como ejemplo su combate a la corrupción, AMLO critica a la “mafia del poder” por ser un grupo élite de la política mexicana que se caracteriza por ser corrupto. La crítica hacia los partidos tradicionales y hacia los funcionarios públicos de alto nivel, son compartidos por la mayor parte de la población mexicana, todos queremos que la corrupción dentro del sistema político mexicano se extinga. Sin embargo, AMLO no ha presentado un plan detallado para la lucha contra la corrupción en las instituciones mexicanas. 

“La corrupción se combatirá por medio de mi ejemplo…”, afirmaba AMLO durante los debates presidenciales de las elecciones pasadas. Las instituciones nacionales son entes políticos a los cuales se les debe de prestar mucha atención al momento de querer realizar un cambio a nivel macro en el sistema político de cualquier país democrático. Por lo anterior, no dudo que el equipo del nuevo gobierno cuente con funcionarios honestos, pero considero que es muy ingenuo pensar que la corrupción se limpiará -al menos en un país como el nuestro- con tan solo ver el ejemplo del presidente. 

Antes de que el nuevo gobierno entrará en funciones, Andrés Manuel ya estaba orquestando consultas “populares” sobre temas como el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el tren Maya, entre otros. 

A como lo veo, hay 2 problemas fundamentales con la realización de dichas consultas populares. El primero es la compresión limitada de los temas en cuestión por parte de los participantes en la consulta. Y no es extraño que la mayor parte de la ciudadanía no entienda por completo temas tan técnicos como el NAICM o el tren Maya, al contrario, es para eso que funciona la democracia representativa. Y no lo digo como crítica a los ciudadanos, sino al equipo de Andrés Manuel, en ningún momento se informó -de manera objetiva- a los ciudadanos antes de que emitieran su voto. 

El segundo problema con dichas consultas es la falta de representatividad. Con alrededor de 1 millón de personas habiendo votado en la consulta, la decisión -según equipo del gobierno entrante y las organizaciones colaboradoras- fue a favor de cancelar el NAIM de Texcoco. Las consultas no son legalmente vinculantes, sin embargo, fueron suficientemente populares para legitimar las acciones del gobierno entrante. 

Con mayoría en el congreso, AMLO -y Morena- cuenta[n] con poder suficiente para pasar políticas públicas de gran importancia para el país. Morena posee un poder político que deberá de ser equilibrado por parte de los partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD) -en el congreso-, y por la Suprema Corte de Justicia (dependiendo del caso). 

Sin embargo, no todo ha sido negativo en lo que va del nuevo sexenio. El nuevo gobierno ha demostrado más transparencia -o al menos así lo han hecho sentir- que gobiernos pasados. Temas como el del desabasto de la gasolina (el cual es material para próximas columnas), el robo de esta (llamado huachicoleo por muchos), entre otros, han sido abordados por parte del mismo Andrés Manuel durante sus conferencias de prensa matutinas. 

Si bien no propongo que todo lo relacionado al nuevo gobierno de AMLO esté incorrecto, es importante recordar que, como ciudadanos, es nuestro deber no caer en fanatismos, ni mezclar la fé ciega con la política. Aún y cuando hayamos votado -o no- por Morena en las pasadas elecciones, es necesario estar vigilantes hacia las propuestas de ley y los movimientos políticos por parte del nuevo gobierno. 

Brasil: ¿Ejemplo de acción ciudadana o control ciudadano?

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Desde el pasado 12 de mayo del presente año, Dilma Rousseff –presidenta de Brasil desde el 2011- había sido suspendida por presuntos movimientos de presupuesto del gobierno federal. Esto en la coyuntura de un proceso de investigación –conocido como Lava Jato, o taller de lavado en español- contra políticos que estaban relacionados a conflictos de intereses y actos de corrupción. Proceso del cual la Policía Federal de Brasil estaba encargada.

Finalmente, el juicio de Rousseff terminó dictaminando que, si bien otros presidentes anteriores ya habían hecho lo que ella sin recibir ninguna acusación, era culpable por el movimiento de fondos presupuestados para ciertos programas federales. Después de dicho dictamen, el senado votó a favor de remover a Rousseff de la presidencia de Brasil, dejando a Michel Temer –su vicepresidente- como el presidente interino hasta el 2018.

La historia del Impeachment de la presidente de Brasil tiene dos –al menos- diferentes historias de las razones por la cual se querría remover a la presidenta de su cargo.

La primera es pensando en que la ciudadanía realmente estaba cansada de la corrupción, y que tanto Michel Temer –actual presidente de Brasil y ex vice presidente- como Eduardo Cunha –ex presidente de la cámara de diputados y uno de los principales líderes a favor del impeachment de Rousseff- hayan creído que Rousseff había perdido credibilidad en el gobierno brasileño.

Por otro lado, podemos también tomar en cuenta el hecho de que hubo una ruptura entre el PT –el partido de Rousseff- y el PMDB –partido de Temer y Cunha-, y que Temer terminó en conflicto con Rousseff por su falta de acción en la vice presidencia. Tomando en cuenta estos factores, se podría incluso pensar en que la destitución de Rousseff –ayudada por la coyuntura del lava jato- fue preparada por Cunha y Temer debido a la ruptura que su partido –el PMDB– tuvo con el PT.

Debido a las acusaciones de Temer y Cunha hacia Rousseff, muchos de los brasileños ven en la ex presidenta a una mujer corrupta que solo quería beneficios propios. Sin embargo, el error cometido por Rousseff –que también había sido cometido por los 2 presidentes anteriores- fue uno en el que menos se podría apreciar un conflicto de interés, a diferencia de muchos otros casos descubiertos por el lava jato.

Algunos dicen que el PMDB preparó el impeachment por cuestiones de poder e intereses, y que han logrado manipular a las personas que salieron a manifestarse en contra de Rousseff. Otros señalan que el caso fue justo y que Rousseff merecía la salida de la presidencia.

En fin, un caso con lados muy marcados y que ha marcado divisiones fuertes en la sociedad brasileña.

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Visitas a México y su impacto en la campaña electoral

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La semana pasada el candidato Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, hizo una visita privada a la Ciudad de México. Si bien, la visita fue presentada como una visita privada de un candidato –a la presidencia- a un mandatario de un país, la importancia que se le dio a esta visita fue mayor que a una visita privada con algún otro personaje, tomando en cuenta detalles protocolarios como el recibimiento a Trump por parte de políticos mexicanos.

El Presidente de México ha recibido, por medio de las redes sociales, mucha crítica por parte de la ciudadanía, debido a la –según ellos- errónea decisión de dicho mandatario. En respuesta a ello, el Presidente ha mencionado repetidas veces que la invitación para venir a México fue enviada a ambos candidatos estadounidenses (Donald Trump y Hillary Clinton).

Según un artículo del New York Times, Hillary Clinton ha dicho que tendría que “posponer” la visita a México, y que no le sería posible visitar México antes de las elecciones en Estados Unidos. Esto debido a que la candidata demócrata tendría que enfocarse más a la contienda por la presidencia.

Pero, ¿quién gana y quién pierde con el parcial rechazo de la candidata demócrata a una visita a México antes de las elecciones presidenciales?

Por un lado, tenemos un resultado negativo para Enrique Peña Nieto, una falla para el plan de dialogar con ambos candidatos. Después de tan desastroso encuentro que tuvo EPN con Trump, para el Presidente mexicano sería benéfico si pudiese persuadir a la candidata de venir a México.

Esto se debe a que una visita de Clinton podría ser un medio para que EPN mostrara –de manera sutil e implícita para guardar la neutralidad de su gobierno con las elecciones de otro país- su apoyo a la campaña de dicha candidata. Dicho apoyo sería una manera de limpiar –un poco- la imagen del presidente con los mexicanos en México, e incluso los que viven en Estados Unidos.

Por el lado de Clinton, una visita a México también sería benéfica para su campaña. Esto sería porque en su visita la candidata podría reafirmar su apoyo a los mexicanos en general, y esto podría reafirmar también los votos por parte de dicha población en Estados Unidos.

Por tanto, la visita de la candidata a México sería un gran apoyo para ambos, EPN y su misma campaña.
La decisión fue ya enviada, Clinton no vendrá –al menos por ahora- a México, y tanto EPN como Clinton tendrán que lidiar con las consecuencias de dicha decisión.

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Una elección presidencial diferente a las demás

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Durante la semana pasada se llevó a cabo la Convención del partido demócrata en Filadelfia, Estados Unidos. Durante dicho evento Hillary Clinton fue oficialmente nominada para ser la candidata del Partido Demócrata para las próximas elecciones presidenciales. Incluso su ex rival de las elecciones primarias, Bernie Sanders, apoyó a Clinton invitando a sus seguidores a votar por “la mejor elección”, la cual sería Clinton según este.

Uno de los más notables oradores de la noche fue el actual Presidente de los Estados Unidos Barack Obama. Su discurso se enfocaba principalmente en legitimar a Hillary Clinton como la candidata mejor preparada, así como enlistar las razones por las cuales él pensaba eso.

Por otro lado, después de que Trump hiciera –más- comentarios controversiales sobre Rusia, Crimea y de familias de musulmanes, recientemente el Presidente Barack Obama ha vuelto a hablar sobre las próximas elecciones. Pero esta vez hablando de una manera más drástica; aclamando que Donald Trump era “unfit” (no apto, o incapaz) para ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

Por otro lado, también hay personas que han criticado el pasado de Hillary Clinton; el ataque en Bengasi, sus emails perdidos, y el hecho de que su esposo sea un expresidente, han sido algunas de las críticas que la candidata presidencial ha recibido.

Esto podría parecer una elección normal de Estados Unidos, e inclusive una elección presidencial común en cualquier país con Democracia presidencial en el mundo, una simple guerra entre candidatos. La guerra entre los candidatos contendiendo: una guerra sucia entre ellos, sus familias y vida íntima siendo atacada, y sus pasadas decisiones siendo criticadas por su oponente.




Si bien la guerra entre estos dos actuales candidatos podría tener ciertas similitudes entre guerras de elecciones pasadas, hay factores importantes que hacen a esta elección ser la excepción. Las ideas y problemas que están en juego en esta elección han sido expuestas de una manera muy diferente a cómo se habrían expuesto en años pasados.

Donald Trump llamando violadores y asesinos a todos los inmigrantes mexicanos –y latinos-, tomando parte en conflictos internacionales con Rusia en relación a Crimea y Ucrania, descalificando a minorías como las de los chinos y musulmanes, intenciones de negar la admisión a refugiados de países “terroristas” (calificados así por el mismo Trump), son sólo algunos de los asuntos que han sido tratados y nombrados por Trump de una manera atroz y sin miedo alguno a las repercusiones que sus paabras podrían causar.

Ver a un candidato que habla sobre estos temas, y los presenta con tanta soberbia, orgullo y odio es una cosa, pero ver a un presidente de un país tan importante como lo es Estados Unidos ya es una situación totalmente diferente.

Lamentablemente esta es una de esas elecciones en las cuales lo importante no es votar por el “candidato ideal”, sino votar por el candidato menos destructivo y menos malo. Ambos candidatos ya han sido nombrados por sus respectivos partidos como los candidatos oficiales a la presidencia, esto ya está hecho.

El quejarse porque ningún candidato llena las expectativas que los votantes quisieran ya no es lo primordial, pero no permitir que el candidato más destructivo llegue a ser presidente sí.

Más que una actitud mediocre y pesimista creo que es una de eficiencia y de inteligencia para que lo mejor –o sea, lo menos malo- pase en los Estados Unidos. Sólo queda ver qué reacción y decisión tomarán los votantes estadounidenses en las próximas elecciones.

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EPN, ¿pasivo al defender a los mexicanos o preparándose para Trump?

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El pasado 22 de julio el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, recibió al presidente Enrique Peña Nieto. Esta fue la última vez que Obama se reunió con el mandatario mexicano debido a las próximas elecciones en los Estados Unidos.

Temas como el nuevo TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), el intento de golpe de Estado en Turquía, y claro, las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos, fueron algunos de los temas que se trataron en la reunión de los presidentes de México y de Estados Unidos.

Durante su discurso, el Presidente de México Enrique Peña Nieto abordó el tema de las próximas elecciones en noviembre de este año en los Estados Unidos. Muchos mexicanos –vía sus comentarios en redes sociales- esperaban que Peña Nieto tomara una postura en contra de Donald Trump, debido a los comentarios racistas que ha hecho durante toda su campaña hacia los mexicanos. Sin embargo, la postura del Presidente de México fue de apoyo y respeto a ambos candidatos en sus campañas y en sus posibles términos presidenciales.

Aunque muchos podrían sentirse abandonados y podrían culpar a Peña Nieto de otro error en su presidencia, el paso que ha dado al dar su “apoyo” a ambos candidatos va más allá de abandonar a los mexicanos.

La candidatura de Donald Trump para presidente de los Estados Unidos es una realidad, y aunque cualquier presidente se declarara en contra de su candidatura, esta no se detendría. Por otro lado, es verdad que las relaciones comerciales entre Estados Unidos y México son de suma importancia para ambos gobiernos y que, sin importar quien gane las elecciones en Estados Unidos, tendrán que encontrar un fin común.

Por otro lado, esto no significa que el presidente ceda ante cualquier otro mandatario y que tenga que aceptar cada uno de sus deseos a la hora de acordar tratados. Sin embargo, sí es importante saber que al ser el presidente es de suma importancia tener cuidado con las palabras para futuras relaciones.

Enrique Peña Nieto sigue siendo criticado por su pasividad al hablar sobre Donald Trump y no “defender” a los mexicanos, sin embargo, podría ser que sólo está tratando de calmar las aguas y de prepararse a una posible presidencia de Trump.

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Tiempos de Cambio y un Nuevo Secretario General de la ONU

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El intento de golpe de Estado en Turquía, el posible cambio político/social radical de Estados Unidos con Donald Trump, los ataques recientes en Niza y el próximo nombramiento del nuevo Secretario General de las Naciones Unidas, son algunos de los eventos que están haciendo historia y de los cuales hemos sido parte.

Aunque podrían parecer eventos que no tienen relación alguna en la actualidad, realmente podrían ser vistas como piezas de un todo; un sistema internacional cambiante y con nuevas narrativas. La religión, grupos étnicos, derechos civiles, democracia y nuevas formas de liderar son los temas actuales que más importancia han recibido.

Lo cual me hace recordar algunas de las ideas de Samuel Huntington, en su obra “El choque de las civilizaciones”. Las cuales afirman que los próximos conflictos internacionales serán conflictos con bases étnicas, religiosas, y de ideologías; es decir de relación con identidades político/sociales individuales y de Estados enteros.

Si bien, se puede sugerir que es el caso en nuestros días, tampoco podemos tratar de predecir que todos los cambios que están pasando en el mundo tendrán efectos negativos en dado momento. Es decir, el hecho de que estemos presenciando un número de –posibles- cambios importantes en el sistema internacional no sugiere –exclusivamente- un impacto negativo en las sociedades del mundo.

En esta ocasión, me gustaría articular más sobre el cambio de Secretario General de la ONU, un poco del proceso de elección, y un poco de lo que supone este nuevo cambio al sistema internacional.

El cambio de Secretario General de las Naciones Unidas, próximamente al final del segundo semestre de este año, ha sido –en mi parecer- el suceso, de los mencionados arriba, que menos atención ha recibido. Y si bien, el Secretario General de la ONU no pretende tener un rol tan importante como lo es el del Consejo de Seguridad, este puesto sí podría proponer un cambio de agenda política y atención de la ONU. Cambio climático, migración, derechos civiles y humanos, conflictos en Medio Oriente y hambruna, son algunas de las principales problemáticas que podrían ser promovidas por el próximo Secretario General.

El Consejo de Seguridad se encarga de “recomendar” a unos de los -12, en este caso- candidatos, para que después la Asamblea General ratifique la recomendación y nombre al nuevo Secretario General. Este proceso ha sido muy criticado por la manera en la que se propone a ser un proceso muy cerrado y no tan democrático. Sin embargo, este año la ONU ha decidido realizar un debate en el cual se dé a conocer a cada candidato públicamente.

Aunque lo anterior no supone que el proceso de elección de Secretario General sea más democrático o abierto a votación fuera del Consejo de Seguridad, sí se podría argumentar que es un comienzo a una apertura más pública en dicho proceso.

Todos estos cambios, sumados a nuevas generaciones –milenials- y nuevas maneras de pensar y hacer las cosas, prometen hacer grandes cambios en el mundo a futuro. Sin embargo, hoy en día podemos sólo imaginar dichos cambios e impactos de los eventos que vemos hoy en día, y esperar que sean tan benéficos para nuestras futuras sociedades como sea posible.

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