¿Debate o ataque?

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En tiempo electoral, es imposible no enterarse de lo que sucede. Las redes sociales, emisoras de radio y televisión, los periódicos y la publicidad en cada esquina nos recuerdan constantemente la proximidad de las elecciones presidenciales del 2018. El domingo 22 de abril se sostuvo el primer debate de los presidenciables, pero ¿realmente se le puede llamar debate?

Pienso que la nueva dinámica del Instituto Nacional Electoral estuvo bien planteada; hubo más interacción entre los candidatos y los moderadores fueron puntuales con los tiempos designados. En teoría, el debate es para que los candidatos puedan contrastar sus ideas y propuestas y también puedan transmitir estas propuestas a la ciudadanía. Ciertamente hubo confrontación, pero en cuanto a estrategias de apoyo a grupos vulnerables, combate a la corrupción, violencia e impunidad dejaron mucho que desear. 

Jaime Rodríguez “El Bronco” empezó victimizándose, culpando al sistema y al gobierno federal por los problemas de Nuevo León. También dijo que el problema son los partidos políticos y que un presidente independiente es el primer paso para combatir la corrupción.

Andrés Manuel López Obrador enfocó su discurso en torno a la pobreza, y menciona que va a realizar sus propuestas con ayuda de consultas y foros en los que hasta el Papa Francisco va a participar.

José Antonio Meade estuvo un tanto ausente, pudo haber tenido una presencia más fuerte. Se limitó a contestar mínimamente, fue de los candidatos que tuvo propuestas precisas como un código penal único y agencias especializadas de investigación.

Ricardo Anaya fundamentó sus argumentos con evidencias estadísticas y documentales, que para muchos lo convirtió en el ganador del debate. Propuso duplicar y profesionalizar la policía, invertir en inteligencia para ‘desmantelar y no descabezar’ los grupos del narcotráfico.

Margarita Zavala también propuso fortalecer la policía e invertir en tecnología, pero fuera de eso su discurso se basó en combatir la violencia con valores y en apoyar a las mujeres en todos los ámbitos.

Dejando de lado las pocas propuestas planteadas, el debate se convirtió en un espectáculo con todo y alfombra roja. Los ataques entre candidatos prevalecieron sobre la idea principal del debate: informar a los ciudadanos de los ideales y planes políticos que los aspirantes tienen en mente al llegar a la Silla presidencial. Quedaron muchas preguntas al aire que se pudieron haber respondido con un simple sí o no, y temas inconclusos o perdidos porque los candidatos seguían atacándose entre sí. Muchos de los “argumentos” parecían sacados directos de sus spots televisivos y en general hubo evasión al detallar las propuestas.

Pienso que se perdió la esencia del debate y espero que el próximo 20 de mayo se puedan tomar medidas para que los presidenciables realmente contesten lo que se les pide sin rodeos.

¿Del estrellato a la política?

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No es nuevo ver a celebridades querer contender por algún puesto de elección popular y no es una situación que ocurre  sólo en México. Entonces, ¿por qué hay tanta crítica hacia los famosos locales que se postulan a cargos políticos?

Primeramente cabe recalcar que estas personas nunca habían tenido alguna cercanía con la política. Ciertamente, ser conductor de un programa de televisión no es el tipo de experiencia que la gente busca en algún candidato. Si la persona no tiene algún interés previo por la política no hay otra manera de justificar su candidatura más que con un “quiero empezar a servir”. Y no es que este argumento esté mal, pero muchas de las veces en la pantalla chica se veía una actitud contradictoria, una actitud de arrogancia y burla hacia la gente.

En segundo lugar, parece como si los partidos políticos tuvieran la prioridad de postular a gente conocida en lugar de gente mejor preparada para el cargo. No podemos negar que en general los diputados tienen mala fama de no ser aptos para su puesto, y añadir el factor que la persona ganó solo por ser alguien famoso no ayuda a elevar esta imagen. Esto también demuestra que los partidos políticos se esmeran en llegarle solo a las clases sociales bajas, atrayéndolos con celebridades que ellos reconozcan fácilmente y los lleve a votar por ellos. 

Se siente como un golpe bajo a nuestra dignidad, pues los mexicanos aún con nuestros defectos de poca participación dentro de la política merecemos algo mejor que conductores de shows y actores y actrices. A final de cuentas podrían terminar siendo servidores públicos y para esto no solo deben de tener ganas de servir, sino mínimos conocimientos de las leyes y el funcionamiento del gobierno.

Nuestro Rol dentro de la Gobernanza

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La gobernanza es un concepto que todos deberíamos conocer; no porque abre un nuevo campo teórico en la ciencia política o porque el uso de esta palabra te hace sonar más elocuente, sino porque nosotros como sociedad jugamos un papel clave dentro de este término.

Últimamente se habla de corrupción, violaciones de derechos humanos, degeneración del medio ambiente, entre otros temas, y todo esto lo atribuimos a un solo actor: el gobierno. Pero la verdad es que no todo puede recaer en el gobierno; sería fatal vivir en un lugar donde todo es controlado y ordenado por la administración pública. Esto nos lleva al concepto de gobernanza, que es la interacción entre el gobierno y actores no gubernamentales como empresas, sociedad civil, organismos nacionales e internacionales, etc. La gobernanza trasciende la idea de que solo el Estado puede y debe manejar la política del país.

La integración de estos actores es vital para la solución de los problemas que enfrenta México. La situación en nuestro país es que hay una sociedad civil débil, mientras que le dejamos las decisiones a otros grupos de interés.

No podemos exigir un gobierno sin corrupción si nosotros no somos íntegros en nuestras acciones. No podemos exigir el cumplimiento de los derechos humanos si nosotros somos los que seguimos fomentando prácticas machistas, racistas o xenófobas. No podemos quejarnos de la calidad ambiental si nosotros somos los que no reducimos la cantidad de basura y no alentamos el reciclaje. Si bien dice el dicho que tenemos el gobierno que nos merecemos, entonces buena parte del trabajo en el país recae en la sociedad. Nosotros tenemos el deber de actuar como ciudadanos responsables. Sí, el gobierno es el que legisla, crea las políticas públicas y administra los recursos de la nación, pero queda en nosotros exigir y participar para que haya un debido cumplimiento de la ley y una buena gobernanza en México.