Otro #LordAmparos : Pedro Morales acusado de quebrantar el Issseteleón llega a Palacio amparado

El ex director de Isssteleón, Pedro Morales Somohano, se presento amparado en el Palacio de Justicia, pues es acusado de estar relacionado con un quebranto  contra el Instituto  por 359 millones de pesos.

El ex funcionario no quiso hablar de dicha acusación  n su contra al salir del área de gestión judicial. Morales Somohano fue acompañado de su abogado Gabriel García. Después el mismo indicó que  que acudió por una orden de un juez de distrito  a realizar un trámite  por una suspensión concedida en un juicio de amparo.

Su asistencia fue para poner fecha  para presentarse a una audiencia  de imputación por la orden que existe en su contra de aprehensión por los delitos de peculado, daño al patrimonio del Estado y ejercicio indebido  de funciones.

“Acudí nada más  a cumplir con una obligación  que nos impuso el Poder Judicial Federal, como siempre a  presentarnos y a dar la cara” aseguró el ex funcionario.

Eduardo Bailey, que también fue acusado por los mismos hechos,  después de ser detenido por una orden de aprehensión se fugó en bata de un hospital en Durango. También fue amparado.

 

 

 

El empoderamiento ciudadano como la mejor solución

“Todos roban”

“Los honestos se extinguieron”

“Los políticos son todos corruptos”

“El poder corrompe”

“Ningún honesto puede ganar elecciones”

Estos pensamientos están más arraigados de lo que pensamos en la ciudadanía latinoamericana. Ahora, la pregunta es, ¿la corrupción ha absorbido a la política y por ello hay un descreimiento generalizado o, por el hecho de que se ha arraigado una desvalorización de la política en general esta se ha podido ir alejando de cualquier regla ética o moral?

Jamás hay que olvidar que para que las instituciones democráticas funcionen como deben el ojo controlador de los ciudadanos no debe dar respiro, porque es cuando se mira para un costado que quienes tienen la obligación de gobernar en pos del bienestar común se sienten cómodos para actuar de forma indebida.

Si quienes depositan la confianza en un candidato sólo recuerdan que su participación en la vida democrática es necesaria cada cuatro años, luego no tienen derecho moral a reclamar o quejarse cuando dicho funcionario abandona su puesto con varios millones en su maletín y un desastre irreparable en su cartera.

Siguiendo con las frases populares podríamos recordar la famosa “La culpa no es del chancho sino del que lo alimenta”. ¿Por qué motivo se cree que aquel rostro que aparece sonriente en una boleta o en un spot propaganda será un ser angelado y honesto que se desvelará por las noches alimentando a los desnutridos y abrigando a los sin hogar?

Tal vez sería algo que nos podría responder un psicólogo o un sociólogo, tal vez responde a la misma necesidad que ha tenido la humanidad desde tiempos inmemoriales de adorar a Dioses perfectos capaces de recompensar o castigar a su antojo. Sobre todo, Dioses a los cuales se les pueda reclamar cuando las cosas tomen un curso diferente al esperado, a modo de deshacerse por completo de la responsabilidad propia.

En definitiva, no puede exigirse lo que uno no está dispuesto a dar, casi como en una relación amorosa. Difícilmente un funcionario se ocupe de lo que le preocupa a un ciudadano común si este no se involucra ni se informa esforzándose por comprender una lógica de poder en la que cada vez hay menos lugar para los desentendidos.

La clásica división entre el ámbito privado y el público ya queda obsoleta, hoy en día ya no pueden pensarse estas relaciones pendulares sin considerar el lugar, cada vez más influyente, de la ciudadanía y los medios masivos de comunicación. Estamos ante una ciudadanía que se empodera y exige, esta parece ser la única y la forma más efectiva para enderezar las instituciones democráticas de América Latina.

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