#EspacioWiki: Volver a creer

La crisis política global que se manifestó en 2016 y que continúa causando estragos ha devuelto las palabras a la arena política. Las estadísticas y demás “datos duros” se muestran incapaces de frenar los discursos incendiarios que la mayor parte de los analistas ha catalogado llanamente como populistas.

Esta clasificación ramplona es peligrosa porque erradica del campo político la labor de construir esperanza. Ignora que el que quizá el incentivo más importante para trabajar por lo público y organizarse es la existencia de un sueño compartido.




No es que se defienda el populismo, tragarse historias de buenos contra malos cercenan a la sociedad y la inmovilizan porque terminan por atacar un principio democrático esencial: la pluralidad. El reto entonces bajo el desencanto imperante es, en primera instancia, volver a alertar a la sociedad para que se vuelque a participar, pero hacerlo no movida por la venganza o el revanchismo, sino por la convicción de que es necesario ver hacia el futuro.

La entrada de las candidaturas independientes trajo consigo una posibilidad de futuro, pero su integración a la ecuación electoral vino acompañado de un discurso al que hay que aproximarse con cautela y es el de partidos vs pueblo.

El problema con esta simplificación del momento que estamos viviendo en nuestra democracia es que pareciera que con sacar a los partidos de la jugada se resuelven todos los problemas públicos, se erradica la corrupción, se vuelve a creer en la política. Es en ese sentido que lo que representó la victoria de Kumamoto en Jalisco, y lo que sigue representando Wikipolítica, es más valioso: es una invitación a la unidad en tiempos de rabia.

El malestar en la democracia es sistémico y resolverlo exige que los ciudadanos rompamos el muro divisorio que tanto políticos y ciudadanos hemos construido entre nosotros. Los primeros para proteger sus intereses personales, los segundos por asco y desilusión hacia las acciones de los primeros.

Por eso es importante ver con detenimiento la campaña de Kumamoto y el discurso que han erigido los nodos de Wikipolítica en la promoción de #SinVotoNoHayDinero.

No se buscó quitarle el poder a los políticos, sino devolver espacios a la ciudadanía que siempre debieron ser de ellos; no se pretende a través de la propuesta de ley castigar a los partidos políticos quitándoles dinero, sino brindar mecanismos para que la desilusión pueda canalizarse a través de la democracia para así volverla más efectiva, más cercana a las personas y más alejadas de los vicios que hoy la lastiman.

Volver a pensar la política desde las personas tiene que ver forzosamente con atrevernos a reconocernos como ciudadanía y organizarnos para crear las nuevas instituciones con las que reemplazaremos las que hoy se encuentran podridas y endebles.

El colapso de un modelo de gobernanza que se basa en los unos–que sólo pagan impuestos– y los otros –que los gastan como se les viene en gana– está agotado. Llegó el momento de hacer una política del “nosotros”, de ofrecer una visión de lo público en la que quepamos todos y, más aún, nadie se quede sin participar.

Nuevamente estamos encarrilándonos frente a unas elecciones presidenciales y la particularidad histórica de éstas no puede limitarse a la aparición de un posible candidato independiente. El reto es más grande y el llamado histórico es más fuerte: debemos recuperar la esperanza y tomarla con nuestras manos, debemos atrevernos a pensar la política como algo que nos pertenece a todos y que por lo mismo no puede seguir siendo responsabilidad de “alguien”, sino de todos y cada uno de nosotros.




Sólo en la suma de esfuerzos, sólo desde lo cotidiano, sólo pensando que el verdadero poder radica en las personas y en su capacidad para encontrarse y actuar en consecuencia hallaremos una salida. Únicamente unidos y sin soltarnos de un sueño común seremos capaces de volver a creer en el futuro.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

#EspacioWiki: La política “A la Wiki”

Dicen por ahí que la ignorancia es la madre de todos los males. Bueno, con licencia creativa les escribo: la costumbre es la madre de todos los males y todos los “bienes” públicos.

Las actitudes individuales que con el tiempo se van enquistando como comportamientos inamovibles, terminan por marcar nuestra relación con la política y lo público.

¿Será hora de retar esas costumbres? ¿Habrá forma de irlas modificando para que nos lleven hacia mejores resultados?

Desde Wikipolítica Nuevo León pensamos que sí y nos planteamos nuevas formas de organizarnos; es decir, nuevas formas de hacer política y participar en las decisiones gubernamentales y legislativas.

 

Del “yo quiero” al “nosotros queremos”

Hacer política no se trata de lo que cada individuo quiere para sí. Hacer política se trata de un grupo de individuos que deciden buscar puntos de común acuerdo que generen beneficios totales mayores de los beneficios que pudieran generarse individualmente.

Entender este como el primer cambio de hábito es indispensable. De esta forma, conseguimos ver más allá de la basura que se acumula en la banqueta de nuestra casa o la luminaria fundida en nuestra calle. Comenzamos a ver entonces los problemas compartidos, como que quizá el servicio de recolección de basura es deficiente en esa colonia o que las luminarias de tres cuadras están también en malas condiciones.

Al cambiar este hábito de nuestra comprensión de lo público, empezamos a reconocer al otro como ser humano con los mismos derechos y persona con las mismas complicaciones que uno mismo.

Para lograrlo, debemos comenzar a hablar cara a cara y exponer nuestras opiniones con el objetivo de llegar a acuerdos, no de imponer una visión sobre otra.




Además, esto implica un primer voto de confianza. Se espera que uno sea franco y consecuente con los acuerdos alcanzados. Si no somos capaces de generar esas relaciones de confianza entre nosotros, será muy difícil lograr incidir en decisiones administrativas y legislativas.

El encontrar disposición para este primer paso en un grupo amplio de personas ya es un gran avance por sí mismo.

 

Del “líder único” a los “liderazgos fluidos”

Estamos acostumbrados a que la política necesita de liderazgos fuertes que consigan mantener a ese primer grupo de personas del que hablamos cohesionados y que logre imponer consenso. Estos liderazgos son prácticos, pero al final, terminan por debilitar al grupo en su conjunto porque dependen de una persona para conseguir sus objetivos.

La política a la wiki elige otra estrategia. Suponen un interés real de todos los miembros por colaborar con sus capacidades particulares y su tiempo.

El nuevo hábito busca generar liderazgos fluidos, los cuales son temporales y por “proyecto”. Los líderes levantan la mano o son propuestos para dirigir un proyecto con base en su capacidad y su disponibilidad de tiempo. De esta forma, los que conocen más el tema por estudios o experiencia y los que cuentan con más tiempo para invertir en coordinar ese grupo de trabajo, se convierten en líderes.

Importante destacar que estos liderazgos no suponen permanencia ni lealtad sin posibilidad de crítica. Cada responsable de proyecto es apoyado por un equipo de trabajo que puede ser tan crítico como debe serlo para asegurar el éxito del proyecto.

Este marco de nuevas actitudes también supone que cada miembro del equipo involucrado en el proyecto tiene una participación activa y cumple un rol de apoyo para el liderazgo temporal. De esta forma no se castiga la crítica, al contrario, se premia la iniciativa de cada uno de los miembros, inclusive si implica cuestionar al líder.

Sin embargo, esta forma de organizarse y hacer política cuenta con mayor capacidad para adaptarse en el tiempo. No importa si el líder actual se debe ausentar porque su disponibilidad de tiempo se modificó, cosa muy común en el trabajo de incidencia pública. Como cada miembro del proyecto está activamente involucrado y no se castiga la crítica, habrá alguien más que pueda tomar el rol de liderazgo para mantener el proyecto en marcha.

 

Del “el gobierno no sirve” al “tomemos el control”

La última costumbre que ha hecho estragos en nuestras poblaciones y con nuestra cultura política es la sentencia irremediablemente repetida “el gobierno no sirve”. Esta cuenta con variaciones como “todos son unos corruptos” y “lo público es de mala calidad”.

El convencimiento en esta última actitud parece unánime e inamovible. Sin embargo, hay un par de cosas para dejar claras. Si el gobierno no sirve, ¿nunca ha servido?, ¿nunca servirá? O mejor preguntarnos, ¿hay algo en lo que el gobierno sí sirva?

Para poder pensar bien en esto, hay que superar esa imagen de EL GOBIERNO como si fuese una hidra de mil cabezas o un Leviatán destructor. Cuando digamos gobierno, hay que saber de qué estamos hablando.

¿Será del ayuntamiento de un municipio? ¿Quizá de una secretaría de gobierno estatal? ¿Podría ser de una empresa pública, como Metrorrey, o un servicio concesionado a particulares, como rutas urbanas en Monterrey? ¿Tal vez una Comisión del Congreso Local?

Más allá de identificar el área gubernamental, legislativa o de impartición de justicia que no está funcionando, habrá que acercar mucho más la lupa y averiguar quién evita que las cosas funcionen. Justo es esta la revelación necesaria, saber que detrás de cada “el gobierno no sirve” hay un “Nombre y Apellido tal está haciendo mal su trabajo”.




Habrá muchas cosas más que aprender del funcionamiento del gobierno para conseguir apretar los botones indicados y llevar con éxito cualquier proyecto de incidencia pública desde las organizaciones comunitarias.

Sin embargo, el entender que la actividad gubernamental se organiza en instituciones específicas y que éstas son operadas por personas con nombre, apellido, capacidades e intereses personales, es un gran primer paso.

Hay algo curioso con los espacios de poder y toma de decisión. Dicen que nunca están vacíos. Alguien se levanta de la silla y en ese mismo instante, alguien más la ocupa. Hay que estar bien atentos porque si hay alguien que desde gobierno no esté haciendo su chamba, ahí es en donde metemos el pie en la puerta y conseguimos mayor capacidad de tomar el control.

Al final de cuentas, los únicos que podemos decidir si el gobierno hace bien su trabajo somos los ciudadanos que seguimos de cerca los logros y fracasos de su gestión en cada una de sus dependencias e instituciones.

Los mismos ciudadanos que buscamos organizarnos a través de liderazgos fluidos que nos den la oportunidad de adaptarnos y sostener un proyecto por suficiente tiempo para concretarlo con éxito. También, los mismos ciudadanos que sabemos que el nosotros queremos tiene mucha más capacidad de modificar la realidad que el yo quiero.




Estos son solo tres de quizá decenas de costumbres que podemos identificar e ir modificando de forma colectiva. Puedes estar de acuerdo o no con ellos, de cualquier forma, las costumbres “a la wiki” dejan abierto el tema a discusión para pensar en colectivo.

En lo que creo sí podemos estar de acuerdo es que preferible lograr que la costumbre nos dé más bienes que males. ¿O no?

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

 

Estructura vial sin cultura social

Un año más tarde de haber realizado la solicitud de la instalación de una estructura de protección vial cerca de mi casa, recibí una llamada de seguimiento.

Había solicitado al departamento de tránsito de mi municipio la instalación de unas boyas para evitar que autos se estacionaran en una ochava y evitar los frecuentes hechos de tránsito que suceden por falta de visibilidad.




Esto no sería necesario si los automovilistas cumplieran las prohibiciones que marca el reglamento de tránsito, pero la realidad es que ni se cumple el reglamento ni hay personal suficiente para supervisar su cumplimiento y ejercer sanciones.

Después de una corta llamada en la que se evaluó como malo el servicio solicitado ya que pasó un año sin tener respuesta y terminó como una llamada de contenido promocional del mandatario municipal, pensé en hacer de nuevo el reporte pero no fue necesario.

Un día más tarde teníamos las boyas instaladas en el conflictivo cruce vial.  Tarde, pero al final se agradece la intención por solucionar las inquietudes de los ciudadanos pese a las deficiencias en temas de operación y aplicación de recursos.

Esto parecía un final feliz pero no lo fue.

Un día más tarde de ser instaladas teníamos de nuevo un auto estacionado en el espacio prohibido pero ahora sobre las boyas.

Un año para su instalación y un día para perderle el respeto.

¿En qué estamos fallando? 

Definitivamente en la cultura que tenemos por lo público. 

Es preocupante ver como la ciudad se encuentra en muy malas condiciones pero es más preocupante ver que una gran parte de la culpa está en una ciudadanía que evade su responsabilidad.

Invasión del espacio público para beneficio privado, calles inundadas por tener drenajes tapados por basura,  hechos de tránsito con víctimas mortales por exceso de velocidad, depredación  del patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad para beneficios privados realizando forzados procesos de gentrificación, negar responsabilidad de la contaminación por el excesivo uso del automóvil son solo algunos ejemplos .  Todo esto se podría evitar si antepusiéramos el bien común sobre el beneficio individual y privado .




Pedimos a diario mejorar las condiciones de la ciudad.  ¿ Y cuando modificamos nuestra forma de mantenerla?

Mientras eso no suceda, cualquier estructura que se construya si no hay cultura para respetarla y mantenerla, en poco tiempo se convertirá en basura y de nuevo nos estaremos quejando porque no hay quien se haga responsable y solucione el problema. Un círculo vicioso que se debe romper.

La ciudad que queremos depende más de nuestras acciones que de nuestras exigencias. 

 

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Dimes y Diretes: “México: La Corrupción Nos Empino”

Hoy por hoy México está en una posición difícil e incómoda con los Estados Unidos. Aunque podemos culpar que lo que actualmente sucede es culpa de los gringos por dejar que Donald “Pelos de Elote” Trump ganará la elección, la realidad es que México está en la posición que esta, por culpa de tantos años de malos gobiernos.




El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) representó en su momento una oportunidad de crecimiento económico para nuestro país, así como también lo fue el petróleo o “la gallina de los huevos de oro” como lo dijo recientemente el Presidente Enrique “Henry Monster” Peña Nieto.

Es cierto, el TLCAN le daba más ventajas a Estados Unidos, considerando el tamaño de economía que tiene, pero también fue el momento para que el gobierno mexicano se pusiera las pilas y apoyará a las pequeñas y medianas empresas a salir adelante y competir con las empresas estadounidenses, sucedió todo lo contario.

Hace unos días un reconocido comunicador mexicano decía que cómo no queríamos que los estadounidenses nos vieran como corruptos y ladrones, si nuestros políticos era lo que representaban, y en eso tiene razón. La verdad es que el sistema político quebrado que tiene México lo ha llevado a la posición en la que hoy esta.




Si en lugar de desviar dinero para beneficio propio, lo hubieran utilizado en verdad para mejorar la situación económica de nuestro país, otra historia sería.

La corrupción ha carcomido por completo las bases de nuestro país, créanlo o no, México en este momento no tiene una verdadera ruta de escapatoria en la renegociación del TLCAN. La gran parte de la inversión extranjera directa (IED) en nuestro país se debe a nuestra cercanía con los Estados Unidos, al TLC que tenemos con ellos, sin ese tratado millones de trabajos se perderán.

Hacer nuevas relaciones comerciales como lo propone Peña Nieto, no es una solución a corto plazo, es una solución a mediana y hasta largo plazo. En pocas palabras los gringos nos agarraron en curva.

La visión de nuestros políticos tampoco fue a largo plazo. Su enfoque en los últimos años y en especial después de la firma del TLCAN, fue atraer capital golondrina, es decir inversión que hoy está aquí y mañana puede que no este. Esto en lugar de fortalecer el mercado interno, estimulándolo. Ahora, esta falta de visión nos costará caro muy caro.

Pero bueno, sigamos votando por gobernantes que poco les importa la ciudadanía y el bien del país, y que solo les importa sus bolsillos y sus intereses.

¡Ahí Se Leen!

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El uso indebido de los recursos públicos, un problema de la región

Campaña #RecursosTransparentes

Aquello que es considerado como un recurso público no varía demasiado de país en país y, generalmente, es entendido como todo aquel patrimonio que permite al Estado funcionar.

Al tratarse de acervo común, sería esperable que los funcionarios públicos efectuaran rendiciones de cuentas periódicas sobre el uso de dichos recursos y que esta información sea accesible a la ciudadanía.




Sin embargo, esto se da en raras ocasiones llevando a un desconocimiento total de cómo son usados los recursos públicos por los gobernantes.

De la misma manera, la ciudadanía, al encontrarse con poca información y casos recurrentes de corrupción, pierde el interés de involucrarse en la vida democrática. Este panorama es típico de las democracias latinoamericanas donde predomina un debilitamiento de la línea que separa el interés personal o partidario del interés público, tanto entre funcionarios como para la sociedad.

Estas son prácticas que afectan a toda la comunidad, vulneran derechos, debilitan a las instituciones y limitan la vida democrática. Y este debilitamiento se expresa claramente, en la extensión de diversas modalidades de uso indebido de recursos públicos.

Estos modos van, desde un funcionario que se apropia de algún recurso público para enriquecerse a sí mismo o a su partido político, pasando por la utilización de recursos públicos de manera irresponsable, irregular o sin justificación, hasta un funcionario que, si bien dirige el uso de los recursos públicos para la prosecución de fines públicos, en la comunicación de estos actos toma fuertes connotaciones partidistas. Cuando esto sucede se altera la competencia electoral, se violan las leyes, se incurre en hechos de corrupción y se atenta contra la ética pública.

Por esto, afirmamos que el uso del patrimonio del Estado para fines contrarios a los públicos debe ser desnaturalizado, denunciado y sancionado.

Para que esto sea posible, la ciudadanía debe tomar conciencia del problema, involucrarse, exigir la erradicación de estos comportamientos y demandar el funcionamiento íntegro y ético de las instituciones democráticas.

Es por este motivo que desde diversas organizaciones de la sociedad civil latinoamericana se ha decidido lanzar la campaña “Recursos Transparentes”, que tiene por objeto sensibilizar a la ciudadanía para que pueda reconocer y denunciar estos usos indebidos de recursos públicos pero, además, que pueda involucrarse cada día un poco más en el control de las instituciones democráticas. Aquí puede consultarse el video de la campaña.




La presente iniciativa se está llevando a cabo en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela a través de Poder Ciudadano, Fundación Construir, Fundación Ciudadanía y Desarrollo y Transparencia Venezuela.

Para leer más sobre la iniciativa “Recursos Transparentes” puede consultarse aquí el documento de posicionamiento.

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Ahora sí: de la protesta a la propuesta

Una vez asumida la corresponsabilidad que NOS TOCA, necesitamos participar en ejercicios de ciudadanía que oxigenen la democracia en nuestro estado y país.

Ya sea desde una organización de la sociedad civil, un colectivo o una marcha pacífica, el alzar la voz muestra a quien ejerce el poder que hay quien vigila sus acciones y se inquieta cuando el panorama pareciera no ir por buen rumbo.

Hemos enfrentado momentos similares en el pasado, lo que más allá de dañarnos nos fortaleció y debemos retomar esas lecciones hoy.

Ante lo recién sucedido en nuestra ciudad, considero hemos olvidado que para resolver los grandes retos de hoy en día se requiere estar JUNTOS: Empresarios y académicos, el ímpetu de los jóvenes y la sabiduría de los mayores; ciudadanía y gobernantes.




Es imperante el construir puentes de diálogo, empatía y colaboración, más allá de fomentar la violencia, generar disturbios y romper la ley con la excusa de estar inconformes con las políticas gubernamentales.

Si se opta por el choque, al voltear la vista atrás, no encontraremos la apertura que se requiere y no demostraremos la capacidad ciudadana de entablar diálogos de altura con su autoridad.

Abracemos los retos y no dejemos a nadie fuera en el proceso. Reflexionemos qué acciones hemos hecho y dejado de hacer que nos han llevado al país que hoy estamos viviendo.

Nuevo León es resultado de generaciones de ciudadanos que con empeño buscaron propiciar un mejor lugar para vivir.




Que la desesperación no nos lleve a pisotear la historia sino a encontrar un momento de reflexión que nos permita seguir generando las Transformaciones que quedarán marcadas en la memoria colectiva.

Somos muchos los buenos y podemos, con determinación, mejorar nuestro México.
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La libre expresión en Internet también es un derecho humano

Tras los desafortunados incidentes registrados en la Macroplaza el día 5 de enero por un reducido número de encapuchados – que entre otras cosas, desacreditaron la protesta social de más de 30.000 ciudadanos de Nuevo León – el Gobernador Jaime Rodríguez señaló en declaraciones oficiales que iba a vigilar y a dar con quienes en redes sociales inciten a la violencia y el daño al patrimonio público del estado.




En ese sentido, Redesquintopoder es categórico al repudiar este tipo de actos vandálicos que nada tienen que ver con la movilización social y la manifestación de la ciudadanía de forma pacífica.

Asimismo, Redesquintopoder valora el papel que tuvieron las Redes Sociales para documentar y difundir la protesta, ya que miles de ciudadanos transmitieron en vivo las marchas que reunieron a un número importante de nuevoleoneses ante el gasolinazo y otras medidas del Gobierno Estatal y Federal.

Por lo demás, Redesquintopoder considera pertinente señalar que las declaraciones del Gobernador merecen ser analizadas objetivamente. Así las cosas, reconocemos que existen personas que aprovechan el anonimato y la viralidad de las redes sociales para hacer “apología a la protesta violenta”. Sin embargo, estas personas no son más que una parte mínima de la población de Nuevo León. Por contraste, la mayoría de la ciudadanía no celebra ni aplaude este tipo de invitaciones a la violencia ni mucho menos participa de ella.




No obstante, el Gobernador del Estado pretende establecer un Estado de Vigilancia sobre el uso de las Redes Sociales, como si toda la ciudadanía aprobara este tipo de prácticas reprochables.

Esto tiene una serie de efectos negativos que contravienen el derecho humano a la libertad de expresión en Internet establecido por la ONU, así como los Art. 6 y 7 de la Constitución Política de los Estados Mexicanos y los Art. 6 y 7 De la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Nuevo León.

Bajo la justificación de implementar un Estado de Vigilancia, como lo desea el Gobernador Jaime Rodríguez, se puede coartar la libertad de expresión y manifestación de ideas de toda la ciudadanía. ¿Quiénes conformaran ese cuerpo de vigilancia? ¿Cuáles serán los límites de este cuerpo de vigilancia? ¿Cómo se determinará qué usuarios hacen apología a la protesta violenta y alteración del orden público?

Estos y otros interrogantes se desprenden de las declaraciones del Gobernador durante la rueda prensa realizada en Palacio de gobierno este viernes 6 de enero de 2017.

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De empresario a empresario

Imaginen el día en el que el empresariado de nuestro estado despierte con la incógnita: ¿en qué puedo participar hoy para mejorar Nuevo León?

¿Será posible el sólo hacernos esta pregunta? … ¿o a nosotros no nos toca?

¿Será hoy el momento en que podamos dedicar un poco de nuestro tiempo por el bien común? O seguiremos escuchando el “a mí no me toca”.

¿Será el tiempo de hacer una auto evaluación de mi compromiso con la comunidad? ¿O a mí, no me toca?

¿Será momento de asistir a una reunión de una causa de la sociedad civil organizada, buscando entender y participar mejor la nueva dinámica que se está viviendo en Nuevo León? … ¿o a mí no me toca?

¿Será oportuno que le pregunte a mi alcalde, diputado o cualquier funcionario público si hay algo en que pueda participar para mejorar mi colonia, mi municipio e incluso mi Estado? … ¿o a mí no me toca?

Una comunidad sale adelante con la participación de todos, no solo con opiniones.

La ciudad requiere tu participación en acciones concretas y que, desde tu trinchera, te aventures a tomar una parte de la responsabilidad para la co-creación de soluciones de vanguardia a los grandes retos que enfrentamos.

Sólo así, juntos, podremos llevar a mejor rumbo nuestro estado, con distintas visiones, distintas perspectivas y distintas capacidades.

Busquemos lograr lo que juntos los expertos y ciudadanos deliberaron al participar voluntariamente por miles de horas en un Plan Estratégico para Nuevo León, mismo que servirá de ruta para las acciones de sociedad y gobierno durante los siguientes 15 años.

Nunca será suficiente el trabajo de un equipo de servidores públicos, quienes reciben juicio, escrutinio y crítica pública diariamente. Muchas veces como víctimas de la desinformación, en otras ocasiones por malas intenciones de intereses particulares.

Me queda claro que, no son perfectos, pero… ¿estás dispuesto a ayudarlos o prefieres sumarte a quienes los señalan y atribuir a su labor los males de la entidad?

¿Estás dispuesto a participar o incluso a tomar su lugar? O seguirás optando por la comodidad y el privilegio de ser solo un empresario exitoso y reconocido.

Date lo oportunidad de ser un ciudadano de tiempo completo… ¿O A TI, NO TE TOCA?

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La maldad entre nosotros

El tema de la inseguridad para nada es nuevo en nuestro país y la crisis social es producto de esta. Sin embargo, la opinión pública siempre mira con distancia el tema como si fuera algo externo.

He aquí, el problema central del conflicto, los sicarios, los asesinos y toda clase de personaje dentro del crimen organizado fue nacido y criado dentro de nuestra sociedad.

La sociedad mexicana sigue sin afrontar el costo social de tener estos hombres y mujeres que por alguna razón han tomado el camino del narco.

El crimen organizado vive y se recrea dentro de nuestra sociedad sin que se reconozca como tal. En el caso particular de Monterrey y de tantas ciudades, el tema se aborda con reservas, los medios de comunicación temen al tema.

Ejemplos como llamarles “malitos” y no llamarles por su nombre, ya sea Zetas o Cartel del Golfo y la terrible insensibilidad cuando en la televisión se habla de ejecutados como si fueran un número más.

 




La sociedad mexicana cree y quiere seguir pensando que los sicarios son extranjeros o extraterrestres, no quiere asumir que el sicario de mañana es quizás el pequeño vecino, el hijo del compadre o nuestro propio hijo.

En el libro En la niebla de la guerra del Dr. Andreas Schedler se explica cómo la ciudadanía enfrenta al crimen organizado y como lo vive. En el texto se muestran datos de la Encuesta Nacional de Violencia Organizada que reflejan de manera muy viva la percepción ciudadana de esto que comento.

Los tres actores fundamentales del problema que son los asesinos, las víctimas y el Estado son vistos con distancia, reserva y hasta desdén. No hay solidaridad ciudadana porque el Estado se percibe como corrupto, como un agente de actos criminales que no nos ayuda ni nos ayudará y como cómplice directo de la “maldad”.

De igual modo, al asesino se le condena sin matiz, se le acusa incluso sin probar el o los homicidios a imputar y el mismo miedo al tema hace que la investigación no perdure haciendo que muchos homicidios más pudiesen quedarse sin aclarar o que células del crimen continúen operando.

 




De esta manera, el ciudadano está atrapado por el Estado y los criminales viviendo una incertidumbre y una agonía sin saber que pasará.

Las victimas también sufren de esta indiferencia al ser acusados de formar parte del mundo criminal. La condena implícita ahí está, alimentando más a la indiferencia que a la solidaridad social. El tristísimo “Estaban metidos” o “En algo andaban” ejemplifica ese desdén.

El Dr Schedler sostiene que esta indiferencia se refleja en el bajo apoyo social a las manifestaciones de las víctimas. En Monterrey, es clara y contundente dicha indiferencia y se ve en el poco aforo que han tenido las marchas del tema de Ayotzinapa o los miles de desaparecidos en el Estado.

La sociedad sigue esperando que alguien resuelva al crimen, sin fijarse que el enemigo está en casa. La angustia de vivir con la zozobra de esperar que no te toque.

Lo dicho, dicho está.

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