Cambio de Paradigma

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Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo.
Albert Einstein
 

Es natural cuestionar lo desconocido, indagar en lo que no estamos acostumbrados, e incluso demeritarlo; ello radica en la costumbre y en la tradición de haber visto las cosas de la misma manera por décadas. 

Los cambios administrativos que se avecinan están en boca de todos. Los jerarcas de este país no conciben que las cosas se pueden hacer de manera distinta. La opinión pública, que ha demostrado velar por intereses particulares y ser aparato del Estado, no quiere entender que se acabó un modelo. La actual tesitura ha tocado fibras importantes y ha puesto en la agenda debates como la estrategia de seguridad pública y la continuidad de los altos salarios de funcionarios de primer nivel. La realidad es que el grueso de la población vive sumido en la inseguridad y con un ápice de esas cantidades estratosféricas. 

En la vida como en la política, la congruencia es un arma poderosa que avala futuras acciones. Las condiciones a los que nos llevaron pasadas administraciones y pasados paradigmas, fueron la principal causa para que AMLO obtuviera el bono democrático. Sin duda, predicar con el ejemplo es la estrategia pedagógica más acertada y acorde a las condiciones sociales y políticas que vive el país. 

Algunos tachan de intolerantes al electorado que favoreció al presidente electo, aseveran que el motor de cambio fue el odio y la intolerancia. Otros pensamos totalmente lo opuesto; la esperanza, el hartazgo y un proyecto cobijado por personas capaces, hicieron que el pasado 1 de Julio se lograra una victoria histórica; por primera vez la izquierda mexicana ganó la presidencia de la República y hoy tiene la oportunidad de seguir forjando nuevos derroteros. 

Los problemas apenas empiezan para un proyecto que ha marcado diferencia desde las campañas. La capacidad del futuro presidente y de su equipo se pondrán a prueba día con día frente a las olas de críticas que seguirán llegando. Finalmente, la voluntad es fundamental para encausar un programa de trabajo, que si se combina con buenos diagnósticos y con personas capaces se pueden lograr muchas cosas. El futuro nos dirá si nos equivocamos o no, sin embargo, ya hay un gran mensaje en todo esto; hemos ganado en materia institucional e histórica, y las señales previas a la toma de posesión vaticinan aires favorables para los mexicanos.

#HojaDeRuta: “5 lecciones de la elección”

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La elección presidencial donde resultó ganador Andrés Manuel López Obrador fue histórica: obtuvo la votación más amplia en porcentaje desde 1982, ganó todos los estados a excepción de Guanajuato y tendrá mayoría legislativa por primera vez desde 1994, además de que será el debut de una opción de izquierda al frente del país.

La contundente victoria de AMLO, que además provocó un crecimiento exponencial de Morena, sacudió al sistema político mexicano y abre una nueva etapa histórica e institucional en México. Además de haber rebasado el umbral del 50%, un dato ilustra la dimensión del resultado: en las tres elecciones presidenciales anteriores, la diferencia entre ganador y segundo lugar había sido de 6 puntos (2000), 0.5 puntos (2006) y 6 puntos nuevamente en 2012. AMLO superó a Anaya por 30 puntos. 

En la agencia que dirijo hemos realizado un análisis de lo ocurrido el primero de julio, buscando arrojar luz sobre los factores que generaron el resultado y consecuencias de este, mismo que hemos estado compartiendo con clientes, líderes de opinión y grupos de interés.

De ese documento comparto un extracto en la forma de cinco grandes lecciones que deja la elección presidencial de 2018:

  • La victoria de AMLO fue, principalmente, la combinación de dos factores: el enojo hacia las opciones tradicionales por su falta de resultados en seguridad, economía y combate a la corrupción, junto a la tenacidad de López Obrador de sobrevivir y sobreponerse a sus dos derrotas previas, para convertirse en el momento clave en la única opción de cambio. Fue capaz de mantener su base en su totalidad y convencer a votantes molestos e indecisos.
  • Fue una elección de muchos brincos, donde el suelo siempre estuvo parejo. De acuerdo a los ejercicios de poll of polls o agregados de encuestas que hicieron Oraculus y El País, la tendencia siempre fue la misma: un solo puntero que iba creciendo, con dos perseguidores lejanos peleando por el segundo lugar. A pesar del ruido y polémica que rodearon al proceso, en los hechos fue una elección sin sorpresas.
  • AMLO tendrá una fuerza política inusitada proveniente de tres factores: primero, la legitimidad que le brinda su margen de triunfo que se distribuyó por todo el país. Segundo, que ese triunfo fue construido prácticamente por todos los segmentos de la sociedad en términos de edad, estudios e ingresos, resaltando el hecho de que las personas con escolaridad de universidad o más (65%) y de ingresos altos (64%), fueron quienes más le votaron, de acuerdo a la encuesta de salida de Parametría. Tercero, su partido tendrá la mayoría simple en ambas cámaras federales y en 19 de los 32 congresos locales.
  • La gravedad de la derrota sufrida tanto por el PAN como por el PRI obligará a tensiones y reacomodos al interior de ambas fuerzas políticas. Ricardo Anaya obtuvo la votación más baja para un candidato panista desde 1988, mientras que José Antonio Meade no logró ganar ni una sola de las 300 secciones electorales del país. Anaya resquebrajó al blanquiazul en el proceso de adjudicarse la candidatura, lo que ha dejado como resultado que al menos haya cinco grupos en pugna por el control del partido: el del propio Anaya; el calderonismo; el nuevo frente de gobernadores panistas (GOAN); el grupo Puebla de Moreno Valle y los conservadores. El PRI estrenó líder en la figura de Claudia Ruiz Massieu, quien ha dejado entrever que contempla la posibilidad de un cambio de identidad del partido, en un momento donde el PRI requiere, más que una cirugía estética, una ética.
  • El dinero y estructuras no pueden contra un fenómeno sociopolítico. No se puede comprar la realidad: un país sumido en una crisis de violencia (el sexenio de EPN ya superó al de Calderón en homicidios dolosos); que no crece en términos reales desde hace 25 años; donde los casos de corrupción e impunidad se apilan y donde la movilidad social para los más pobres es tan baja, la existencia de un enojo generalizado resulta una obviedad. Por suerte, los agravios se expresaron a través de las urnas, porque las condiciones para un arrebato social hace tiempo que están dadas.

En la próxima entrega compartiremos algunos puntos del análisis desde la perspectiva de Nuevo León.

2018: la nueva realidad política

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Después de las elecciones del pasado domingo 1 de julio, Nuevo León y México enfrenta una nueva realidad política a la que no nos habíamos enfrentado. Por décadas en Nuevo León solamente tuvimos representantes de los partidos de siempre PRI y PAN, a nivel estatal y federal. El resultado de estas últimas elecciones arrojó en el Congreso local 12 distritos para el PAN, 11 para la coalición Juntos Haremos Historia, 2 para el PRI y 1 para Movimiento Ciudadano, esto nos pone desde luego, en una nueva dinámica en la vida política del estado. 

Por años la ciudadanía confió y votó a los partidos de siempre, y esa opción perduraba por tiempo, sin importar los candidatos los partidos ganaban las elecciones. Tenemos muchos ejemplos de ello, Apodaca y Escobedo bastiones priistas, San Nicolás y Santa Catarina bastiones panistas, Guadalupe de 1994 al 2003 del PAN, luego del 2003 al 2018 PRI sin alternancias. En San Pedro Garza García el PAN ha gobernado hasta 2018 por más de 30 años. La nueva realidad política nos dice que cada vez menos la ciudadanía confía en los partidos políticos por el hecho de serlo, y ahora el candidato tiene mucha más relevancia para la toma de la decisión. 

Después de estos últimos años donde el abuso, corrupción e impunidad de la clase política ha prevalecido y la mayoría de las veces sin tener consecuencias, la política en general se ha hundido en el descrédito y desconfianza de la ciudadanía, y con mucha razón. Esta elección gran parte de la ciudadanía optó por una opción que ponga fin a los abusos de los políticos corruptos de siempre, y en gran medida, ese hartazgo lo capitalizó la coalición Juntos Haremos Historia. Eso es la democracia, se gana y se pierde, pero lo importante es, donde la ciudadanía decida que estén los políticos que sean una oposición responsable, que no estén en contra de todo solo porque son de otro partido, si no, que señalen lo que esté mal y propongan soluciones, porque Nuevo León es un estado plural, donde es importante considerar todas las voces para asumir esta nueva etapa. Que esta nueva realidad política sirva para mejorar a Nuevo León y a México, porque ser oposición es amar a México. 

Pérdida del Registro de los Partidos Políticos

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La oleada del partido Morena el pasado 1ero de Julio ya está cobrando factura y vaya que bastante caro para los actores políticos, mientras que partidos políticos como el PRI y el PAN obtuvieron resultados bastante magros si se les compara con otras elecciones y que para ambos en razón de la elección presidencial pudieran ser calificadas como las peores para ambos partidos, otros partidos que son llamados satélite de los tres principales que fueron los que postularon a los candidatos partidistas de la carrera presidencial.

Sin embargo las candidaturas en coalición, no fueron benéficas para todos y menos para los partidos pequeños ya que algunos de acuerdo a información del propio INE (Instituto Nacional Electoral) y de los cómputos distritales, no tuvieron el mínimo establecido por la legislación electoral del 3% de los sufragios emitidos de las elecciones para diputados y senadores en los 300 distritos y en las entidades federativas, así como en la carrera presidencial.

Hay que recordar que existen 9 partidos políticos nacionales y que estos se juntaron para la elección presidencial y en algunas ocasiones para las otras elecciones a nivel local (gobernador, ayuntamientos y diputados) y federal (senadores y diputados) en 3 coaliciones como son la encabezada por Morena (Juntos Haremos Historia) que lo acompañaban el Partido Encuentro Social (PES), y el Partido del Trabajo (PT), que al menos en el caso de Nuevo León y la Ciudad de México se dio una alianza total en la que los 3 institutos políticos compartían tanto candidatos locales y federales, en otras palabras aparecía 3 veces en la boleta el mismo candidato en las antes mencionadas agrupaciones.

El Frente por México con Acción Nacional a la cabeza, junto a los partidos políticos que se describen de izquierda como son Movimiento Ciudadano  y el Partido de la Revolución Democrática, en el caso de Nuevo León, la alianza no prosperó y cada partido propuso a sus candidatos, caso similar a la alianza Todos por México, del Partido Revolucionario Institucional, Nueva Alianza y el Partido Verde que no compartieron candidatos tanto a nivel local como a nivel federal.

El costo de las alianzas que tenía como propósito la supervivencia y todo lo que esto genera ha puesto ya en aprietos a 5 de los 9 partidos políticos nacionales que son: el Partido Encuentro Social (PES), Partido Nueva Alianza (Panal), Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC) y la hasta hace poco principal impulsora de la ideología de izquierda en México y que hasta hace 6 años impulsó la carrera de AMLO, el PRD.

Y que costo (o beneficio para los ciudadanos) tiene el que estos institutos pierdan su registro, el perder cientos de millones de pesos que se destinan para el gasto de los partidos políticos, el dispendio en medios de comunicación (spots en radio y televisión), el reparto de curules en el Congreso Federal, esto para mí es algo bueno ya que serían menos los integrantes del sistema democrático que se tuvieran que mantener año tras año y con cargo directo al erario.

El ciudadano habló e inclusive dentro de su enojo manifestó que ya no quiere seguir manteniendo a partidos pequeños y que sirven para alianzas electoreras o ya en gobierno.

 En mi opinión pienso que con 3 o 4 partidos políticos son más que suficientes para que el elector tenga la oportunidad de elegir a sus representantes populares, aunado a los candidatos independientes, ya que hay algunos que son vistos más que como opciones democráticas, negocios de particulares. Esto a la postre brindaría ahorros a las finanzas públicas y como propuesta ciudadana se debiera inclusive de aumentar el umbral mínimo de votación para conservación del registro de un 3% a un 5 % o 10% de votos en cualquiera de las elecciones, ya que esto se vería a manera de evaluación de los partidos políticos y si el electorado se siente atraído a la oferta política que representan determinados partidos.

Habrá que esperar a la decisión del Consejo General del INE y la interpretación  que pudieran realizar, tanto el árbitro electoral como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación respecto a que se debe de tomar en cuenta y algunas pequeñas lagunas como la diferencia entre votación válida o la votación emitida (la primera incluye votos nulos y abstencionismo y la segunda no incluye los votos nulos).

#ContraPortada: “Los Asesinos del PRI”

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El 1 de Julio del 2018 será una fecha de pesadilla para todos los que conforman el Partido Revolucionario Institucional, el capítulo más negro en la historia de este instituto político se consumó con la rotunda derrota de su candidato a la presidencia José Antonio Meade y la llegada de Andrés Manuel López Obrador a su cita con el destino.

Los priistas perdieron en todos lados, incluso en Atlacomulco, su bastión más grande del país y cuna del presidente Enrique Peña Nieto. Lo perdieron todo, en el Congreso Federal se convirtieron en tercera fuerza, solo ganaron 15 de 300 distritos.

¿Y en el Senado? Solo ganaron 1 escaño por mayoría, leíste bien, solo un escaño para el PRI que ganó en Yucatán.

Se acabaron 80 años de priismo en Chilpancingo, tierra del dirigente nacional René Juárez. En Hidalgo la casa de Osorio Chong. A eso hay que sumarle las derrotas en Monterrey, Matamoros, Saltillo, Ciudad Victoria y Mazatlán. El PRI fue ultimado a miles de balazos en las urnas.

Es incontable, una derrota que pisa la osadía. El castigo a un gobierno que no pudo -o no quiso- entender a millones de mexicanos que vivieron un verdadero viacrucis en su último sexenio.

Los asesinos son visibles en el día como en la noche, tienen nombre y apellido. 10 gobernadores cínicos y despiadados: dos Duarte, Borge, dos Moreira, Medina y Yarrington para arrancar la lista.

El sexenio de mayor sangre en la historia de México, 90 homicidios en promedio al día, maldita sea, 90 hermanos asesinados al día. Un presidente que gobernó junto a la corrupción, convivió con ella y tuvo un romance extenso durante el sexenio: Casa Blanca y Odebrecht son los clavos principales de la tumba.

El coraje de los mexicanos reflejado en la desaparición de 43 de los nuestros, cuatro años y ni una sola respuesta.

El PRI ha sido herido de muerte, la factura que cobra la democracia no tiene retorno ni evasivas. El PRI está en la lona y han sido los mexicanos los que, a conciencia, le han propinado un severo coma. 

El dinosaurio se levanta, se reinventa y recobra síntomas de vida. Pero por un tiempo, ese dinosaurio no es bienvenido, no en un México que ya no aguanta un soplo más de silencios prolongados y de eternas preguntas sin la mínima intención de encontrar respuestas.

La sociedad civil como contrapeso

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Crece el temor que al nuevo gobierno de AMLO le falten contrapesos, ya que además de poder ostentar un 53% del voto expresado, su partido y la coalición que encabeza tendrá mayoría tanto en la Cámara de Diputados cómo en el Senado de la República. Los datos no mienten pero deben ser relativizados. El 53% de los 63% de mexicanos que fueron a votar, representa el 33.33% de la población electoral. Uno de cada tres mexicanos en capacidad de ir a votar apoyó a AMLO. Es mucho, pero ¿quién tomará en cuenta los dos mexicanos (de cada tres) en capacidad de votar que no apoyaron a AMLO? Sea por desacuerdo, sea por indiferencia. Por esto se escuchó razonable el discurso humilde del candidato ganador en la noche electoral. Que no se olvidé que uno de cada tres manifestó abiertamente su apoyó. No es para menospreciar a los dos que no lo hicieron. 

Independientemente de la aritmética electoral fría, y más allá de la composición de las cámaras, más allá de los pleitos internos y externos de una partidocracia que quisiéramos ver hundirse, no podemos olvidar que el único y verdadero contrapeso que existirá siempre es la sociedad civil constituida por los ciudadanos que no se identifican con ideologías partidistas pero que no por esto abdican su derecho a opinar y a ser escuchados. Una sociedad civil que ha forzado a la partidocracia a diseñar y aprobar la Ley 3de3, que ha forzado el sistema político corrupto a estructurar un Sistema Nacional Anticorrupción, una sociedad civil que no se quedará callada frente al rechazo del nuevo régimen de crear un sistema de procuración de justicia autónomo e independiente del poder político. 

El nuevo presidente llega al poder soportado por una ola anticorrupción, pero de entrada se reserva el derecho de definir cómo combatir la corrupción. ¿No habrá falta de congruencia entre el discurso y los actos? ¿Será el Gran Tlatoani el único con los criterios correctos para combatir la corrupción? ¿No será la sociedad civil, la que sufre en sus bolsillos los efectos de esta corrupción, la mejor colocada para definir quienes deben combatir a la corrupción? 

Desde Montesquieu, en el siglo XVIII, se dibujó una concepción de la sociedad moderna a través de la separación de poderes. ¿El nuevo modelo político mexicano, nacido de un proceso electoral indiscutible, no reconocerá esta concepción de la sociedad política equilibrada? ¿Seguiremos aplicando los principios que combatía Montesquieu de “L’État c’est moi”? 

Por lo menos, muchos de los dos mexicanos (de cada tres) que no votaron por AMLO tienen esperanzas que la modernización política derrumbará los viejos principios del poder absoluto. Las “benditas redes sociales” que fueron parte importante de la llegada del nuevo régimen, podrían formar parte del juego del contrapeso necesario.   

El día primero de julio

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“En democracia no hay victorias permanentes ni derrotas para siempre”, es una frase que dijo Felipe Calderón hace 6 años al anunciar que el Presidente electo de esas elecciones  (2012) había sido el Presidente  Enrique Peña Nieto, se concretaba una transición de albiazules a tricolores. 

Lo que presenciamos el domingo fue una elección histórica por el grado de participación que hubo, los puestos de elección popular que estuvieron en juego, el voto de los jóvenes y el gasto millonario que se generó por la desconfianza que se tiene en nuestro sistema electoral , un sistema joven que tiene menos de 25 años.

La sorpresa fue el impresionante y arrasador triunfo de Andrés Manuel López Obrador quién confieso no fue mi candidato ni mi elección personal tanto para la Presidencia ni su partido para otro puesto de elección popular.

Retomando la frase de Felipe Calderón creo que AMLO alcanzó la mayoría absoluta y está a pocos escaños de senadores y diputados para tener 2/3 partes del Congreso a su favor, conquistó 19 legislaturas estatales, ayuntamientos y gubernaturas como la de Morelos y Veracruz así como la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, el primer Congreso de la CDMX y la mayoría de las alcaldías de esta entidad. Se dio el llamado voto parejo que pregonaba en “spots AMLO” y que tenía dos funciones el llamado voto de castigo a la clase política emanada del PRI y el ser una fuerza de cambio para dotar a López Obrador de autonomía y legitimidad.

No es un secreto a voces que me considero una persona con ideología política conservadora y que muchas de sus propuestas me parecen irresponsables y sin un sentido económico y político, empezando por los programas sociales.

Sin embargo como mexicano, espero que el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y este triunfo contundente, pueda satisfacer las expectativas de todo un pueblo que está habido de resolver temas pendientes que deja esta administración cómo lo es la creciente deuda, el enorme gasto corriente, la relación con Trump, las negociaciones con Canadá y Estados Unidos referente al TLCAN, por mencionar algunas.

AMLO se convierte en el Presidente electo con la mayor cantidad de votos en el siglo XXI con más del 53% de la votación, ello conlleva a una gran responsabilidad a no defraudar al elector que con esperanza y ánimo fue a votar, muchos pensaron (yo incluido) que el nuevo gobierno traería incertidumbre a los mercados, fugas de capitales, una mala relación con la iniciativa privada.

Otro agradecimiento que debemos de hacer es a las personas que hicieron posible la elección como los funcionarios de casilla que dedicaron buena parte de su tiempo a la preparación de la jornada electoral, a los representantes de partidos, observadores electorales nacionales e internacionales, autoridades electorales que brindaron ese día unas elecciones tranquilas y ordenadas.

Respecto a las casillas especiales esta es una facilidad que se otorga a los viajeros que están en tránsito, pero no es pretexto para que un trámite gratuito y sencillo como lo es la expedición de la credencial para votar (y ,que dicho sea de paso, para muchos se considera como  la tarjeta nacional de identidad) la obligación de todos es al mes de haber realizado un cambio de residencia (estudios, empleo, mudanza, etc.) se tiene que actualizar la credencial con nuestros datos es ahí donde empieza nuestra labor cívica ya que se contaban con las suficientes boletas en cada una de las casillas para los ciudadanos ahí inscritos. La autoridad electoral avisó por muchos medios de comunicación como redes sociales, prensa escrita, radio y televisión sobre las fechas en que era el límite para realizar cambios en nuestra información.

La autoridad electoral no puede por mandato de ley tener más de 750 boletas en una casilla especial. ¡Votemos y cambiemos nuestro domicilio en donde nos corresponde!

Ya para terminar le deseo el mayor de los éxitos a nuestro presidente electo, el licenciado Andrés Manuel López Obrador porque si el tiene una buena administración a nosotros de igual forma nos irá bien, el será el que dirija este país por 6 años y es nuestro deber cívico apoyarlo (y exigirle cuando así lo amerité la situación) para que el país vaya en buen camino.

Tenemos nuevo presidente: ¿ahora qué?

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Nuestro país acaba de vivir unas elecciones históricas y no solamente porque por primera vez tendremos un presidente de izquierda, sino por todo lo que antecedió a los resultados de este 1ro de julio. Debemos aplaudir la gran participación ciudadana que hubo en estas elecciones; debemos aplaudir el mensaje que dieron los oponentes de Andrés Manual López Obrador tras las primeros resultados; y sobre todo, debemos aplaudir que los casos aislados que se presentaron en las diferentes casillas del país no mancharon nuestra democracia.

Estas elecciones han dejado un inmenso aprendizaje al resto de los partidos políticos que por mucho, fueron minoría en los distintos puestos en los que contendieron. De ahora en adelante, cualquier partido político o candidato independiente que pretenda convertirse en funcionario público, deberá ser cauteloso y cuidar los intereses de la nación, porque la nación ya lo demanda, porque como sociedad, tenemos una herramienta valiosa como lo son las redes sociales que, queramos o no, siempre se enfocarán en comunicar los actos de corrupción, los actos de impunidad, los actos que tanto nos hacen daño a la nación. A pesar de las famosas “fakenews”, ya tenemos también grandes organizaciones y medios de comunicación que se encargan de desmentirlas, como lo es Altavoz MX y Verificado MX.

Debemos ser claros y objetivos, Andrés Manuel y Morena no ganaron por tener las mejores propuestas para el país; no ganaron por tener a un equipo de candidatos capaces y experimentados para liderar el país; el claro ejemplo es el caso del gobernador electo para el Estado de Morelos. Si usted me dice que Cuauhtémoc Blanco es el mejor candidato para gobernar un estado, repítaselo siete veces en voz alta, y vuelva a pensarlo. Y no es porque sea un ex-futbolista y el mismo caso es con los actores y actrices que también contendieron o ganaron algún puesto público, sino porque no han demostrado con hechos que les interesa el bienestar social capacitándose y rodeándose de expertos en políticas públicas.

Reitero, y no se confunda amigo lector. No estoy escribiendo que López Obrador no tenía las mejores propuestas, estoy diciendo que no ganó por ese motivo: ganó por el hartazgo social y porque existieron actos que nos enojaron como nación. A nivel personal, tengo que admitir que las propuestas del señor Andrés Manuel no eran para mi la mejor opción, pero también tengo que admitir que quienes han tenido grandes propuestas para el país y han ganado la presidencia (de la forma en que usted lo conciba), nos han mentido, robado, violentado y masacrado como nación. Aquí entra mi esperanza para que realmente las cosas mejoren, porque haya quien haya ganado, estoy convencido que nuestro país es fregón por su gente.

Ya ganó Andrés Manuel y ¿ahora qué? Esta es nuestra oportunidad como nación de demostrar que la corrupción, la mafia del poder y los actos de impunidad se acabaran si nosotros trabajamos para que las cosas sucedan. Tenemos que ser críticos y la verdad es que nuestro país también está colapsado por aquellas pequeñas prácticas que día a día nos afectan, pero que las vemos como si no afectaran a nadie: pasarse semáforos rojos, dar la mordida al tránsito, comprar piratería (en todas su formas), ver partidos de fútbol en internet de manera ilegal, descargar contenido sin permisos de autoría, y podemos seguir con la lista inmensa aunque usted lo lea como un tema trillado.

Hoy ganó el hartazgo y lo aplaudo, y estoy seguro que las próximas elecciones ganará el hartazgo razonado, con visión, con pensamiento crítico y sistémico. Amigos lectores: hagan caso omiso de quienes catalogan de ignorantes a quienes votaron por Andrés Manuel y Morena. Amigos opositores: no desperdicien su tiempo insultando a quienes estaban hartos de los políticos. Es momento de transformar nuestro país. Seamos partícipes de la política; no solo en las elecciones, sino en todo momento. Formemos parte de las buenas propuestas y toma de decisiones de nuestro nuevo presidente y su equipo de trabajo; y también seamos opositores de aquellas propuestas que nos perjudicarán como nación, porque México somos todos los que nos quedamos, los que llegaron, los que se fueron y los que regresarán.

Ayer sacamos el cobre

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Así, sin más. Lo que para muchos ayer fue una victoria sin precedentes, para otro tanto fue una derrota absoluta. Muchos se sorprendieron y se preguntaron: ¿cómo es que se dice que ganó la democracia, si yo no me siento representado? Y este es el problema. Lo bonito que consideramos el proceso democrático cuando los resultados son los que yo quería. Democracia cuando queda el candidato que yo quería, y si no, no me interesa.

Me sorprendió profundamente la reacción de muchas personas el día de ayer. Sobre todo, porque considero que no fue una sorpresa. Cualquiera que hubiera seguido hasta superficialmente las campañas electorales, sabía de la tendencia innegable que favoreció -por mucho- durante todo el proceso a López Obrador.

Por lo tanto, fueron meses que tuvimos para meditar, para prepararnos si es que no coincidíamos con los ideales o las formas del candidato, que tenía una clara mayoría en la preferencia electoral. Hubo tiempo y, sin embargo, muchos, aferrados a un cambio drástico en la intención de voto que fuera a revertir el inminente resultado, se enteraron del desenlace y maldijeron a todos aquellos que votaron de esa manera. 

Ayer sacamos el cobre. Muchos tacharon de ignorantes, incultos, flojos y vendidos al 53% del país (o a más). En redes sociales, se le llamó indios al centro y sur del país. Como si ser indio fuera un insulto; como si en el norte del país no existiera población indígena, como si los indígenas fueran una masa homogénea que no pudo razonar su voto y por lo tanto se lo concedió a Morena. Se hicieron bromas de un Nuevo León que se independizaría (o incluso anexaría a EUA). Memes de un México del Norte y México del Sur. ¿Qué nos lleva a esto? ¿Por qué resulta tan fácil reaccionar con insultos, maldiciones, y desprecio hacia todo aquel que no piense igual que yo?

 Es imposible no darse cuenta del factor clasista y racista en estos insultos. En zonas urbanas, sobre todo en el Norte del país, prevalece esta percepción en la clase media de que los que votan por la izquierda, son aquellos que tienden la mano al gobierno para que les mantenga y les regale comida o trabajo. Por lo tanto, en una cultura orientada al trabajo y a la competencia económica, muchos se auto-otorgaron el permiso de sentirse superiores. Superiores por ser del Norte, superiores por ser de ascendencia europea, superiores por ser urbanos, por haber tenido acceso a educación, por haber nacido con privilegios y tener un medio cómodo de vida. Superiores por haber votado por la derecha. 

Y creo que, en momentos como este, es cuando te das cuenta de qué tan dividida está nuestra sociedad. Doscientos años después, como si nos hubiéramos quedado estancados ahí, divididos no por preferencias políticas, pero por clase y por raza. La reacción de intolerancia que vimos ayer no es exclusiva para el debate político. Al contrario, es un síntoma superficial del problema muy grave que tenemos y que no queremos aceptar.

Nos falta muchísima cultura democrática. Nos falta aceptar la derrota. Ser buenos perdedores si la mayoría no eligió al candidato que uno quería. Y, sobre todo, respetar a aquellos que no piensan como yo. La democracia se trata de eso: aceptar que hay muchos que no comulgan con mis ideales, pero puedo tener un diálogo sano y constructivo, porque tenemos una meta en común: el bienestar de México.

Ayer los contendientes fueron un ejemplo claro de democracia y cultura cívica. Aceptar que las tendencias no te favorecen, agradecer por la competencia respetuosa y desear éxito al candidato electo por la mayoría. Me llevo un buen sabor de boca, pero me hubiera gustado ver un poco más de esta civilidad durante todo el proceso. Al final, la democracia se trata de esto: de celebrar las diferencias en diálogos amistosos y constructivos.

Felipe de Jesús Cantú se perfila como ganador en Monterrey

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Sin proclamarse ganador aún, Felipe de Jesús Cantú señaló que los resultados lo posicionan dos puntos arriba y que las actas contabilizadas por su equipo le dan una ventaja irreversible.
“El conteo del PREP ha seguido su marcha, marcando una tendencia muy buena a nuestro favor, pero también con una captura mucho mayor de parte nuestra”, dijo el candidato del PAN a la Alcaldía de Monterrey en la sede municipal del partido.
“Un 95 por ciento de actas en nuestro cómputo nos dan una tendencia que consideramos irreversible. Estamos seguros que esto va a cambiar”.
Cantú afirmó que ante lo cerrado de la contienda, esperará a los resultados oficiales para proclamarse ganador.
“Como resultado del conteo de ayer, nosotros, responsablemente, hemos mantenido la prudencia esperando el avance de la Comisión Estatal Electoral.
“No hay una declaración de triunfo, hay una tendencia que consideramos irreversible y de esta manera lo que nosotros queremos hacer es un reconocimiento a la ciudadanía”.
Hasta el momento, con un avance del 94 por ciento del PREP, Felipe se mantiene a la cabeza con un 29.65 por ciento contra el 27.97 del candidato del PRI.
De obtener la Alcaldía, el albiazul indicó que iniciará un cambio importante para la Ciudad.
“Monterrey tendrá, con nosotros, un Gobierno muy eficiente con una Ciudad limpia, ordenada y segura”, mencionó.
“Estamos muy contentos, muy emocionados y muy conscientes de la responsabilidad que nos ha transferido la ciudadanía. Vamos a cumplir con esta misión que nos han encomendado”.