Le pide Anaya a AMLO tranquilizarse

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El candidato presidencial de la coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya, pidió su contrincante, Andrés Manuel López Obrador, tranquilizarse ya que lo nota enojado desde después del debate.

“Que se tranquilice, desde que terminó el debate se fue muy enojado por lo visto sigue muy enojado y está muy claro porque no quiere debatir, porque teme volver a ser exhibido en sus contradicciones y en sus engaños… Es uno síntoma de su enojo, está muy enojado desde que terminó el debate, vieron la actitud con la que se fue y no se le ha pasado el coraje”, dijo el panista durante su conferencia mañanera.

Por otro lado, Anaya llamo a la civilidad después de las protestas de trabajadores sindicalizados en contra de López Obrador y la petición de Jaime Rodríguez Calderón “el Bronco” de cortar la mano a los delincuentes.

“Hago un llamado a que nos conduzcamos con civilidad, a que esta campaña transcurra de manera pacífica y sea una campaña donde podamos privilegiar las propuestas y el contraste de las ideas, no los adjetivos violentos y no las expresiones públicas violentas… Yo a él lo respeto en lo personal, hay propuestas que nos e comparten y es una propuesta que no comparto”, aseguró el ex dirigente nacional del PAN.

(Con información de Noticias MVS)

Los indecisos

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A 66 días de las elecciones presidenciales, las piezas del juego aún están por definirse, y la certeza de un claro ganador no está nada definida, si bien es cierto que las encuestas muestran un claro primer lugar, a manos de Andrés Manuel López Obrador, existe un gran sector poblacional que aún no determina su decisión por el candidato que elegirá. Y este sector no es cualquier cosa, estamos hablando de un porcentaje de indecisos que ronda entre el 25-30% de la población con capacidad de voto, es decir, uno de cada tres sufragios no tiene la certeza electoral de a quien serán emitidos. Pero por si esa proporción no lo es suficientemente clara, veámoslo con mayor exactitud.

Para las elecciones del próximo primero de julio, el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene registradas, en su Lista Nominal, a 89,434,997 personas con capacidad de voto. En promedio, para las elecciones presidenciales en México participa el 61.9% de la Lista Nominal, por lo que el número se reduce a 55,330,542 personas participando activamente en los comicios. 

Resultando al final en un total de 16,599,163 personas que votarán, pero aún no saben en quien depositar su confianza a través de su voto. Más personas que las que actualmente viven en el Estado de México, entidad federativa con mayor cantidad de habitantes, acorde al INEGI, en su última encuesta intercensal de 2015, donde se registraron a 16.2 millones de habitantes. 

O lo que es lo mismo, existe para estas elecciones presidenciales tantos indecisos como la cantidad de gente que vive en los siguientes estados juntos: Colima, Baja California Sur, Campeche, Nayarit, Tlaxcala, Aguascalientes, Quintana Roo, Zacatecas, Durango, Morelos, Querétaro y Yucatán. Sumando un total, entre todos los estados, de 16.96 millones de habitantes.

Así que podríamos decir que, de la cantidad de indecisos que tenemos para este año, existe la misma cantidad de ciudadanos viviendo en 12 estados juntos. Una cifra nada despreciable y que todos los candidatos presidenciales deberían considerar.

Sin embargo, a días de haber finalizado el primer debate presidencial, la certidumbre electoral no se clarifica con las presentaciones de los candidatos, cada vez parece más difícil precisar quién será el ganador de tanto voto indefinido e incierto, o las estrategias de cada contendiente por persuadir al electorado. La moneda aún está en el aire y todavía quedan dos meses de campaña, dos debates presidenciales más y una cantidad inmensurable de ataques y desprestigios entre los candidatos para lograr acaparar la mayor cantidad de indecisos, pero, sobre todo, colocarse como la principal preferencia electoral y, consecuentemente, ser el próximo presidente de México. 66 días se dicen fácil, pero en estas elecciones todo, absolutamente todo, puede ocurrir con tantas personas aún sin una decisión tomada.

#ElNidoDelGavilán: “Cianuro para todos”

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Los lugares comunes del análisis del debate han sido: “Ganó Anaya”, “hay que mochar manos”, “AMLO se vio lento”, “Meade no levanta”. La tonalidad del debate fue la esperada, ataques a Andrés Manuel y la esperada oratoria de Ricardo Anaya.

Sin embargo, hay que salirnos un poco y reflexionar sobre el trasfondo de las posturas y del contexto de los candidatos.

Lo de “mochar mano” me parece que es una de las mejores propuestas en términos de publicidad que se ha hecho en un debate en México. Es una propuesta lo suficientemente irracional, suicida, bárbara y contundente para un personaje que apela al costumbrismo, la irreverencia y el desparpajo. Obviamente, Jaime Rodríguez no piensa siquiera en la posibilidad de ejecutar dicha ley. El cumplió y se le recordará a nivel nacional por esa frase. Ganó la notoriedad que no había tenido.

Es un país donde hay regiones que tienen un grado de barbarie peor que Afganistán en pleno régimen talibán ese tipo de propuestas descabelladas hacen eco en algunos grupos. Ya en Acapulco dejaron a un decapitado con una referencia al Bronco. 

Mientras Meade y Anaya apelan a un público de clase media aspiracional con frases técnicas y programas bien estructurados. La nota la han hecho las ideas y el humor de AMLO y ahora la frase de Jaime.

Es en cierta forma lamentable tener un nivel de propuestas tan débil y un electorado tan decepcionado de todo y todos que la clase política vive ridiculizando constantemente. 

Dadas estas condiciones de falta de credibilidad, inseguridad, ausencia de estado de derecho y escándalos de corrupción, el electorado se radicaliza y candidatos pueden apelar a la irracionalidad para ganar.

En Monterrey, Patricio Zambrano, con una plataforma ausente y de simple oposición obtuvo un 20% en la elección pasada a la alcaldía.

Si El Bronco capitaliza el momentum actual, puede subir un 3-5% que obviamente no lo hará ganar, pero si entraría a ese bloque de la población descontenta y profundamente desinteresada en el proceso electoral.

Cuestionaban diversos analistas a nivel nacional el que este tipo de propuestas suban preferencias de voto, sin embargo, es bastante corto de miras asumir que el electorado nacional es homogéneo, de clase media con estudios por encima de educación superior y citadina sin entender el contexto cultural de cada región, así como el capital cultural con el que cuenta cada ciudadano. 

Lo dicho, dicho está.

Reclama Meade departamentos a AMLO

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El candidato presidencial por la coalición “Todos Por México”, José Antonio Meade, se dijo listo para recibir los dos departamentos que son presuntamente propiedad de su contrincante, Andrés Manuel López Obrador.

En conferencia de prensa, Meade, se declaró listo para recibir la donación de los dos departamentos a nombre de López Obrador. Cabe recordar, que durante el debate del domingo, AMLO le contestó a Meade que si encontraba los departamentos, se los regalaba.

El candidato el PRI, dijo que no piensa quedarse con los departamentos, sino al contrario donarlos a dos familias que hayan sido víctimas de los sismos en septiembre del 2017.

“Yo quisiera decir de entrada que no los aceptaré de regalo, pero que estoy en la mejor disposición de donarlos a dos familias víctimas de los sismos en septiembre pasado”, dijo el ex secretario de Hacienda en conferencia de prensa.

Durante el debate del pasado domingo, el candidato de la coalición “Todos Por México”, acuso al tres veces candidato presidencial, de ser dueño de dos departamentos, los mismo que no se encontraban mencionados en su declaración 3de3. El tabasqueño respondió diciendo “si los encuentras te los regalo”. Cabe señalar, que uno de los departamentos que era propiedad de la esposa de AMLO, Beatriz Gutíerrez Mueller, y fue vendido a Julio Scherer. Mientras que un segundo departamento, fue puesto a nombre de uno de los hijos de AMLO en el 2005, aunque el candidato presidencial sigue apareciendo como propietario de los departamento 301 y 302 en la calle Odontología 57.

Apuntes del primer debate presidencial

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¿Quién ganó? Ricardo Anaya

¿Quién perdió? José Antonio Meade

¿Qué pasó con AMLO? Salió tablas

¿Y los independientes? Mejor suerte para la próxima

Y se llegó el primero de los tres debates de la campaña presidencial. La noche del domingo pudimos apreciar un ejercicio que pocas veces se ve en México: un verdadero intercambio de ideas. Bien por el INE que dejó a un lado el típico formato acartonado y dio paso a una dinámica más entretenida donde los moderadores pudieron hacer preguntas a las candidaturas y los candidatos y la candidata, tuvieron la oportunidad de contrastarse.

Sin duda, Ricardo Anaya es el ganador del debate. No debería sorprender, su capacidad de oratoria quedó demostrada la noche de las elecciones estatales de 2016, cuando tundió y exhibió a un político con amplia experiencia como Manlio Fabio Beltrones. El candidato del Frente se vio preparado, con exactitud de tiempos y con dos o tres ganchos al hígado de sus contendientes. Quizá su único aspecto negativo es que por momentos se veía como el niño aplicado del salón que le cae mal a todos porque cree saber todas las respuestas.

El gran perdedor se llama José Antonio Meade. El candidato del PRI tenía la gran oportunidad de repuntar algo su perdida campaña, pero no lo logró. Sus tecnicismos y frases rebuscadas aplicaban bien para una clase de doctorado, pero poco permeaban en un debate nacional. Meade se mostró como un buen maestro, pero sin duda un mal candidato. Tuvo destellos, cuando supo confrontar a Andrés Manuel y tiró el dardo de la recogedora, o cuando comparó a Ricardo Anaya con Roberto Borge. Pero fuera de eso, la loza de cargar con un partido y un presidente desprestigiado, le impidieron a Meade poder resaltar. Parece que el barco de la presidencia ya zarpó y él se quedó sin subirse.

López Obrador salió tablas porque jugó a la segura. Como el puntero de las encuestas y con una ventaja de doble dígito, salió a repetir su narrativa de campaña. Mostró poca preparación con los tiempos y las temáticas. Dejó ir la oportunidad de dar cátedra de los temas que probablemente domine más, como lo son la corrupción e impunidad. Probablemente su mayor triunfo haya sido que lo rasparon pero no lo suficiente para que su ventaja decaiga. Veremos cuál será su estrategia con miras a los siguientes debates.

Margarita Zavala imprecisa, trabada, con entusiasmo pero sin carisma. Sin duda fue de lo más gris en el debate y no tanto por su falta de elocuencia o de dinamismo, sino porque no fue tomada en cuenta por nadie. Veremos qué tanto mueve sus tendencias, pero la realidad es que no fue su mejor noche.

Jaime Rodríguez en el plan que ya le conocemos, arrebatado, hablador, confrontador, con puntadas del nivel de “mocharle la mano a los funcionarios corruptos”. Así el nivel de su candidatura. Hablaba de sus cartas para ser presidente tomando en cuenta sus logros en Nuevo León, pero si uno revisa los números, la situación en el estado es hoy peor que la de hace 3 años cuando ganó la gubernatura. Pero bueno, su forma de hablar le trajo algunos reflectores y sin duda el apoyo de uno que otro despistado. 

Así las cosas en el primer debate. Considero que los números no cambiarán tanto, pero sin duda servirá para consolidar las tendencias: un AMLO sólido en el primer lugar, un Anaya que se planta en el segundo; un Meade que cada vez se ve más perdido y unos independientes que luchan pero no figuran.

¿Debate o ataque?

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En tiempo electoral, es imposible no enterarse de lo que sucede. Las redes sociales, emisoras de radio y televisión, los periódicos y la publicidad en cada esquina nos recuerdan constantemente la proximidad de las elecciones presidenciales del 2018. El domingo 22 de abril se sostuvo el primer debate de los presidenciables, pero ¿realmente se le puede llamar debate?

Pienso que la nueva dinámica del Instituto Nacional Electoral estuvo bien planteada; hubo más interacción entre los candidatos y los moderadores fueron puntuales con los tiempos designados. En teoría, el debate es para que los candidatos puedan contrastar sus ideas y propuestas y también puedan transmitir estas propuestas a la ciudadanía. Ciertamente hubo confrontación, pero en cuanto a estrategias de apoyo a grupos vulnerables, combate a la corrupción, violencia e impunidad dejaron mucho que desear. 

Jaime Rodríguez “El Bronco” empezó victimizándose, culpando al sistema y al gobierno federal por los problemas de Nuevo León. También dijo que el problema son los partidos políticos y que un presidente independiente es el primer paso para combatir la corrupción.

Andrés Manuel López Obrador enfocó su discurso en torno a la pobreza, y menciona que va a realizar sus propuestas con ayuda de consultas y foros en los que hasta el Papa Francisco va a participar.

José Antonio Meade estuvo un tanto ausente, pudo haber tenido una presencia más fuerte. Se limitó a contestar mínimamente, fue de los candidatos que tuvo propuestas precisas como un código penal único y agencias especializadas de investigación.

Ricardo Anaya fundamentó sus argumentos con evidencias estadísticas y documentales, que para muchos lo convirtió en el ganador del debate. Propuso duplicar y profesionalizar la policía, invertir en inteligencia para ‘desmantelar y no descabezar’ los grupos del narcotráfico.

Margarita Zavala también propuso fortalecer la policía e invertir en tecnología, pero fuera de eso su discurso se basó en combatir la violencia con valores y en apoyar a las mujeres en todos los ámbitos.

Dejando de lado las pocas propuestas planteadas, el debate se convirtió en un espectáculo con todo y alfombra roja. Los ataques entre candidatos prevalecieron sobre la idea principal del debate: informar a los ciudadanos de los ideales y planes políticos que los aspirantes tienen en mente al llegar a la Silla presidencial. Quedaron muchas preguntas al aire que se pudieron haber respondido con un simple sí o no, y temas inconclusos o perdidos porque los candidatos seguían atacándose entre sí. Muchos de los “argumentos” parecían sacados directos de sus spots televisivos y en general hubo evasión al detallar las propuestas.

Pienso que se perdió la esencia del debate y espero que el próximo 20 de mayo se puedan tomar medidas para que los presidenciables realmente contesten lo que se les pide sin rodeos.

Anaya asegura que AMLO quedó exhibido tras debate

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El candidato a la Presidencia de México de la coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya, aseguró que tras el debate de anoche, su contrincante, Andrés Manuel López Obrador, quedo exhibido como una persona llena de contradicciones y carente de respuestas.

“Estoy muy contento de que la mayoría de los sondeos nos dan por ganadores del debate del día de ayer. Creo que quedó muy claro que esta es una elección de dos, que nuestra coalición es la única que puede derrotar, que le puede ganar a la coalición de Andrés Manuel López Obrador”, dijo en su conferencia de prensa “mañanera” Anaya.

Por otro lado, aseguró que el tarasque quedo exhibido como un político que no tiene respuestas, y que tiene un pasado lleno de contradicciones. Además, agregó, tiene ideas antiguas y que no funcionaron en su momento.

El panista también afirmó que hoy mas que nunca estaba claro que la elección estaba entre López Obrador y el, descartando de esta manera al tercer lugar José Antonio Meade.

#ContraPortada: “La Pejefobia”

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Andrés Manuel López Obrador encabeza todas las encuestas desde todos los medios posibles, nadie puede negar que es el político más conocido en México y el preferido para ganar las elecciones presidenciales del 2018.

Existe una “Pejefobia” irracional basada más en supuestos que en hechos; dispuesta a polarizar cada una de sus declaraciones y a atacarlo bajo el ingenuo concepto de que convertirá a México en Venezuela como Chávez o en Cuba como Fidel Castro, vaya tontería.

La pejefobia radica en:

  1. Tildarlo de loco: Durante muchos años a AMLO se le ha acusado de estar “loco”, de proponer ideas imposibles y de tomar una postura extremista. Mientras nuestros presidentes iniciaron una guerra contra el narco, tuvieron los escándalos más grandes de corrupción como las casas blancas y cientos de miles de muertos bajo sus mandatos. ¿Quiénes son los locos?
  1. AMLO convertirá a México en Venezuela: En reiteradas ocasiones se relaciona al líder de MORENA con el difunto Chávez y con el régimen de Venezuela; también los creadores de esta relación se han pronunciado diciendo que no es más que una estrategia publicitaria para desacreditarlo. Lo cierto es que los contextos políticos y sociales de ambos países con radicalmente opuestos y que la figura del Senado en México jamás le permitiría a AMLO llegar a ser ni cerca el dictador que sí fue Chávez.
  1. Es un peligro para México: Esta ha sido quizá le enfermedad más efectiva que alimenta la pejefobia. La han llenado de frases como ‘si votas por Obrador perderás tu empleo’, que ‘se nacionalizará absolutamente todo en México’, que ‘se limitará el acceso a la salud’ y que ‘el caos de inseguridad en México será incontrolable’. La realidad es que los números lo respaldan, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal su papel fue tildado de destacado, tan es así que la fundación City Mayors le entregó el reconocimiento al segundo mejor alcale del mundo por su trabajo en la Ciudad de México. ¿Nos quedamos con frases o con hechos?

Lo cierto es que, a pesar de sus desaciertos y declaraciones desafortunadas, el líder de la izquierda en México goza de un equipo destacado que lo acompañan en su gabinete, de una coordinadora nacional que ha sobresalido por su habilidad e inteligencia y de nuevas regiones que en años anteriores jamás lo apoyarían pero que hoy están decidiendo inclinarse a su proyecto de nación. Acabemos con la Pejefobia y mejor tengámosle fobia a la corrupción, cinismo e inseguridad en la que nos han dejado los últimos presidentes.

#HojaDeRuta: “Del miedo a la furia”

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“La emoción más antigua y fuerte de la humanidad es el miedo. Y el más antiguo y fuerte tipo de miedo es el miedo a lo desconocido” -H.P. Lovecraft

La velocidad de la información, el peso del presente y la desconexión del pasado público parecen conjugarse para hacernos olvidar que México es un intento de democracia. Un intento que, además, tiene relativamente poco tiempo de serlo.

Tras el estruendo de la revolución mexicana, y un periodo de inestabilidad, el sistema político moderno se fundó con base en el principio de aceptar el autoritarismo a cambio de garantizar la estabilidad, siempre bajo un manto de democracia simulada.

Algo muy extraño sucedió: una suerte de autogamia donde el propio sistema dio a luz al partido que habría de garantizar su permanencia. Carne de mi carne, vida de mi vida. Una simbiosis política que logró mantener el poder por casi siete décadas.

Tan único fue el caso mexicano que mereció una categoría propia en el análisis de Giovani Sartori: la del partido hegemónico, es decir, aquél sistema político donde había diversos partidos, pero solo uno tenía el control, y por tanto, la posibilidad real de ganar elecciones y gobernar.

En el 2000 quizá había más miedo en México a la posibilidad del cambio político que al famoso Y2K o error del milenio que supuestamente provocaría una falla masiva en todo lo eléctrico y digital, enviándonos de golpe a la edad de piedra.

Sin embargo, la alternancia ocurrió, y con ella, la decepción. Aquél México que inició el siglo XXI con la esperanza de volverse una democracia verdadera, alcanzar la justicia y avanzar hacia el desarrollo, enfrenta menos de dos décadas después un desaliento prácticamente en todos los frentes: las garras de la pobreza aprisionan a la mitad de la población; la corrupción goza de cabal salud (México ocupa el lugar 135 de 180 países medidos en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional); la desigualdad crece mientras el salario pierde poder adquisitivo (el peor de América Latina, de acuerdo a la OIT) y, por si fuera poco, una crisis de violencia que ha dejado cientos de miles de muertes y quebranto social.

En entrevista reciente para el diario El País, la historiadora Soledad Loaeza resumió lo que parece ser el espíritu de los tiempos que corren en el país: “En México tenemos más rabia que susto”, y abunda: “Sin instituciones no hay gobierno que funcione, ni de izquierda ni de derecha. Estamos muy fragmentados y en esa fragmentación no hay posibilidad de entenderse”.

El momentum internacional ha probado la confiabilidad de la vieja herramienta del miedo: el Brexit en Reino Unido; Trump en Estados Unidos; LePen en Francia (que afortunadamente no ganó). Sin embargo, en el caso mexicano el miedo viene jugando un rol central desde hace más de una década. La campaña de “El peligro para México” implementada en 2006 fue exitosa en términos de comunicación política, pero sembró odio y discordia, elementos que nunca son sanos para la democracia.

Pero el tiempo pasó, y no perdona. Ante el correr de los calendarios, la mayoría de las ideas, obras y cosas o se desvanecen o se consolidan. Se olvidan o se vuelven clásicos. La emoción del miedo parece estar siendo sustituida por otra igual o más potente: la rabia. Una rabia generada por la diaria crueldad de una realidad que no mejora.

Hoy el miedo a lo desconocido parece verse superado por las ganas de castigo a las opciones tradicionales y la voluntad de tomar una ruta inexplorada. En la más reciente encuesta de Grupo Reforma hay hallazgos que sorprenden además de la ventaja de más de veinte puntos que registra AMLO, en particular, se pregunta qué candidato es un peligro para México, y en este rubro, el principal “peligro” identificado es el candidato del PRI.

Aunque la tendencia electoral está dibujada con claridad, un país que ha transitado del miedo a la rabia en medio de la precariedad institucional, corrupción desatada y crisis de violencia se encontrará en un momento delicado política y socialmente. De consolidarse la tendencia, la rabia de una población que, en lo general está ausente de lo público, tendrá que volverse una energía de reconciliación, reencuentro, recomposición. El miedo y la rabia movilizan, pero no construyen. Ahí estará el reto del futuro inmediato.

“No quieren revisar contratos del NAICM”: AMLO

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Después de que Consejo Coordinador Empresarial (CCE) cancelara la mesa técnica para revisar la viabilidad del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), el candidato a la Presidencia de México por la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, lamentó la decisión de lo empresarios, quienes aseguró, no quieren que se revisen los contratos.

“No quieren que se revisen los contratos, hay que ver quiénes están interesados, quiénes son los contratistas. Ya sabemos que es Slim, él salió a defender su parte, tengo entendido que son cinco”, dijo el candidato después de un evento en Navojoa.

López Obrador, también dijo que era muy seguro que el Presidente del CCE, Juan Pablo Castañón, esta sometido a fuertes presiones por parte de la mafia del poder y que esa fue otra razón para cancelar el diálogo.

“No olviden que los que dirigen estos organismos tienen jefes arriba, entonces seguramente Castañón está muy presionado”, señaló el tabasqueño.

Además, dijo que la CEE nunca tuvo contacto con el directo, sino al contrario solamente estuvieron en pláticas con su asesor, Alfonso Romo.

AMLO descarto que haya una ruptura y se dijo abierto al diálogo y lograr que se lleve a cabo la mesa técnica con los empresarios.