Las políticas públicas de López Obrador: un Frankenstein sin cabeza

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El siglo XX vio la confrontación entre dos sistemas de producción, confrontación que se traduce, a su vez, en un debate teórico: capitalismo y socialismo. Para Marx, el capitalismo es un modo de producción basado en la regeneración constante del capital a partir del alargamiento del trabajo excedente. El capital incrementa la productividad del trabajo, acortando el tiempo de trabajo necesario para el pago de la subsistencia del trabajador, con lo cual incrementa la plusvalía, que es lo mismo que la ganancia. Esta insistencia de regeneración por parte del capital provoca la precarización cada vez mayor del trabajo asalariado y la concentración de la riqueza por parte del capital.

Para la corriente liberal, el socialismo implica la centralización de los medios de producción por parte del Estado. Ya no es el mercado el que asigna los recursos productivos, sino un planificador central, quien decide cuánto, de qué manera y en qué medida producir. La centralización de toma de decisiones en el ámbito económico conlleva a la intervención creciente del gobierno en la esfera individual. Asimismo, dado que no existe un sistema de precios, debido a la inexistencia de la propiedad privada y, por ende, a la supresión de todo intercambio, el planificador central no es capaz de conocer las preferencias de consumo de cada uno de los individuos. Ante ello, el socialismo es más ineficiente que el capitalismo.

En la posguerra, se buscó una tercera vía que evitara las distorsiones del mercado y que no desembocara en un totalitarismo: el Estado de bienestar. Este modelo se basaba en la intervención del Estado en actividades económicas primordiales para la sociedad, pero que el mercado no podía proveer -salud, seguridad social, educación, etc. 

En México, los gobiernos posrevolucionarios se adjudicaron el objetivo de impulsar el desarrollo. Ante la falta de una burguesía nacional, el Estado se convirtió en el rector del proceso de industrialización a través de su intervención en distintos rubros de la economía.

La centralización de la economía normalmente va de la mano de la concentración de poder político. Durante esos años, México estuvo bajo un régimen semi-autoritario y corporativo, en el cual toda decisión cruzaba por el Poder Ejecutivo.

Las irresponsables políticas monetaria, fiscal y cambiaria de los gobiernos de Echeverría y López Portillo, aunado a choques macroeconómicos exógenos, llevaron a la economía a una crisis de endeudamiento, que terminó en la declaración de moratoria en 1982. 

Ante tasas de inflación de tres dígitos y un alto endeudamiento, el gobierno tuvo que reestructurar sus políticas económicas: disminución del déficit fiscal, control de la inflación, privatización de empresas paraestatales y apertura económica, entre otras. Como en otras latitudes del mundo, México comenzó su proceso de liberalización económica, colocando a las exportaciones y a la inversión extranjera como los ejes del crecimiento económico.

El modelo de apertura económica y desregulación del mercado continua actualmente, incluso con la llegada de López Obrador al poder. No parece haber indicador alguno que haga pensar que los pilares del llamado neoliberalismo vayan a transformarse. Al contrario, en algunos puntos, López Obrador es aun más conservador que los gobiernos anteriores.

Los neoliberales ortodoxos, como Milton Friedman, aplaudirían las transferencias monetarias a las madres de familia para pagar servicios de guarderías. Según la teoría económica en boga, dichas transferencias no distorsionan el equilibrio del mercado, con lo cual no hay pérdida de eficiencia en la asignación de recursos. 

El otro punto, por el cual sería aplaudido, es el programa de austeridad emprendido como eje central de su gobierno. Los postulados del neoliberalismo indican que el gobierno debe de mantener sanas sus finanzas públicas, abstenerse de fomentar el gasto social y la inversión pública, los cuales deben de recaer en la iniciativa privada. 

Sin embargo, en un contexto de incertidumbre, en el cual se desincentiva la inversión y la confianza del consumidor se desacelera, la estrepitosa caída del gasto presiona aún más al crecimiento económico. 

El gasto público para el primer trimestre es preocupante, no porque sobrepase el gasto programable en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), sino por el subejercicio que existe en casi todas las ramas. Inclusive en los ramos prioritarios en la política pública del gobierno -Trabajo y Previsión Social y Bienestar- el gasto observado ha sido menor al gasto programable -79.8% y 15.7%, respectivamente. Se debe tener en cuenta que la STPS, la cual integra al programa social Jóvenes Construyendo el Futuro, vio su presupuesto aumentarse en más de 800% respecto al PEF del 2018 en términos reales.  

La retórica de austeridad ha llevado también a la eliminación de intermediarios. Por ejemplo, no se cuestionan las prácticas de corrupción en la distribución de medicamentos en el sexenio anterior, sin embargo, el gobierno federal no tiene la capacidad para distribuirlos a los distintos hospitales públicos a largo del país. 

López Obrador ha tomado lo peor del modelo neoliberal -asfixia fiscal y transferencias monetarias-, y desechado sus aspectos más valiosos: el cálculo económico y la confianza en las estadísticas. El primero le mostraría la inviabilidad de la refinería de Dos Bocas y las segundas le advertirían que la economía del país no va “requetebién”. 

AMLO y los milenials

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Las manifestaciones del domingo no fueron muy nutridas y muchos de los observadores destacan que la edad promedia de los que fueron a marchar era de un segmento poblacional más cercano de la tercera edad que de los milenials. Es bastante entendible. 

Los nacidos después de 1960 no pueden tener recuerdos de los desastres de Echeverría y de López Portillo. No tienen la percepción de las catástrofes a venir por los descontroles originados por políticas sociales en las cuales las consecuencias son devaluaciones de la moneda e inflaciones galopantes. No recuerdan cuando se impuso la necesidad de recortar tres ceros a la moneda para hacerla manejable. No recuerdan que a principios de los noventas, todos éramos  millonarios, pero en centavos… 

Pero sí deberían ser más sensibles a una política económica enfocada al rescate de una empresa que ya está fuera del futuro económico y energético del país. Rescatar a Pemex es aferrarse a un modelo económico y energético en vía de desaparición, fuera de las prioridades ecológicas que mueven al planeta y es desperdiciar las oportunidades de promover nuevas fuentes de energía limpia más alineadas con las necesidades de sobrevivencia del planeta. 

Dedicar los ahorros resultantes de la austeridad a pagar la deuda de Pemex, es cómo pagar las deudas del abuelo moribundo en lugar de transformar su patrimonio en proyectos futuros enfocados a una mayor prosperidad y una mayor visión del futuro. 

La eliminación de los desequilibrios sociales y de la inequidad en el reparto de la riqueza no vendrá de quitar a los que más tienen para regalarlo a los que menos tienen. La solución se originará en la creación de más y mejores empleos en las industrias del futuro y en una mejor educación proporcionada por maestros capaces, motivados y motivadores. ¿Estaremos en el camino correcto?  

#Kleroterion: “¿Por qué 100 días?”

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En estos días hemos escuchado en todos los medios informativos, periódicos y redes sociales, el trabajo realizado por el Presidente de la República el Lic. Andrés Manuel  López Obrador durante sus primeros 100 días de gobierno.

Asimismo, en el transcurso de los sexenios de la mayoría de los que ostentan un cargo público en todos los rincones del país, hacen referencia a estos 100 días, elogiando o exponiendo el trabajo que se ha realizado, demostrado a su vez, que en poco más de tres meses, los objetivos o promesas de campaña se van consolidando.

Pero, ¿por qué debe ser a los 100 días, y no a los 50, 99 o algún otro lapso de tiempo? Estoy convencido que todos hemos escuchado este término, sin embargo, muy pocos saben el porqué, y a continuación lo expongo.

El periodo de los “Cien Días”, Cent-Jours en francés, o también conocido como la Campaña de Waterloo, tienen su antecedente del 20 de marzo de 1815, cuando Napoleón regresaba a Francia, es específico a París, después de su exilio en la Isla de Elba, hasta el 28 de junio de 1815, fecha de la segunda restauración Borbónica de Luis XVIII como rey de Francia.

Pero, ¿a qué se refiere?, Napoleón, como se mencionó, fue desterrado a la Isla de Elba, el 11 de abril de 1814, lo anterior, derivado del Tratado de Fontainebleau firmado por Austria, Prusia, Gran Bretaña y Rusia, donde se estableció que Bonaparte debía vivir en exilio; posteriormente logró fugarse retomando el poder absoluto durante Cien Días, los últimos de Bonaparte en el mando. Dice la bibliografía, que este acto atemorizó a gran parte de Europa, por lo que las naciones formaron una nueva coalición para intentar derrocarlo, con miras a que fuera la última vez, el encargado de dicha acción fue Arthur Wellesley, mejor conocido como el Duque de Wellington, quien con todo el poder Europeo que estaba en contra de Bonaparte, culminó en la batalla de Waterloo en 1815.

Cabe mencionar que como datos curiosos, al desterrar a Napoleón, se  le exilió como Soberano de Elba y se le mantuvo el título de emperador, aparte le dieron un estipendio de dos millones de francos, además de que previamente sufrió un intento de asesinato y quiso suicidarse pero no lo logró; ya después de su derrota el Waterloo, fue nuevamente exiliado pero a la Isla de Santa Elena donde estuvo hasta su muerte en el 5 de mayo de 1821.

¿Cómo ven, les quedó claro?, va de nuevo pero más explicado, Napoleón fue exiliado y durante 11 meses observó lo que sucedía en Francia, además de ver que la situación europea era peligrosa, tanto que las demandas del zar de Rusia,  Alejandro I, había puesto al borde de la guerra a las potencias en el Congreso de Viena, fue entonces que Bonaparte se entera por sus espías, que los monárquicos de París y Viena, querían deportarlo a las Azores (grupo de islas) y si era posible, asesinarlo, por lo que con toda la astucia que se caracterizaba en Napoleón, aprovechó un descuido de la guardia y se embarcó con aproximadamente 600 hombres, desembarcando cerca de Antibes, localidad francesa; posteriormente su tropa fue creciendo hasta llegar a convertirse nuevamente en ejército, fue así como entró a la capital francesa, donde Luis XVIII escapaba de manera inmediata. Entonces comenzaban los mencionados últimos Cien Días de Bonaparte en el poder, tendiendo en cuenta que su posición política era débil, todas sus actuaciones debían ser por las armas, por lo que Francia y Europa se tomaron muy en serio esto, es así que Napoleón se lanzó al ataque, donde sucumbe de manera definitiva en la batalla de Waterloo. Ahora bien, la expresión Cien Días, se usó por primera vez por el prefecto de París, el Conde de Chabrol, en su discurso de bienvenida a Luis XVIII.

Por otra parte, quedando claro el primer antecedente de este lapso de tiempo, la utilización inmediata de este término, se refiere al siguiente siglo con el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt en 1933, en medio de una gran crisis económica, donde el plazo fue una muestra de colaboración y anuencia del Congreso ante la Gran Depresión. Hoy en día no es de una manera tan extrema como la de ese entonces, pero tiene sentido cuando un presidente entrante tiene la popularidad máxima en este período, además de tener más margen de desempeño en el Congreso, por lo que muchas personas lo manejan como la luna de miel de los gobiernos entrantes.

Un dato interesante, es que en los cien días en 1933 en Estados Unidos, el congreso aprobó 15 leyes que aportaron de manera positiva a esta nación, dando trabajo a miles de desempleados y tranquilizando o haciendo llevadero el pánico bancario que existía, fundando los cimientos del llamado New Deal. Pero en estricto sentido, los verdaderos cien días se dieron entre el 9 de marzo y el 16 de junio de 1933, durante la sesión extraordinaria del Congreso, teniendo en cuenta que Roosevelt llevaba 5 días de presidente, cuando empezó la cuenta.

Es así que el nuevo presidente al recibir a la Nación en medio del caos total, con las bolsas de valores cerradas, los bancos quebrados, con una pérdida de un tercio de la riqueza, con el país apunto del colapso, muchas personas recomendaron que tomara decisiones dictatoriales, a tal grado que su propia esposa le recomendaba que no era mala idea ser un dictador, pero un dictador benévolo; él en cambio, nunca optó por medidas extremas, se apoyó en el congreso empujando reformas y buscado el apoyo de los americanos. Se cuenta también que en ese lapso, tuvo pláticas solicitando a sus amigos que no sacaran todo el dinero de los bancos y que confiaran en las medidas que estaba tomando para superar la crisis, y así fue, logró superarla, y por supuesto, en ese período una infinidad de periodistas le hacían comparaciones con Napoleón Bonaparte.

Fue entonces que por medio de Roosevelt, se daba comienzo nuevamente a los cien días, pero ahora con una manera de presión al congreso y para ganarse a todos y cada uno de los ciudadanos, ofreciendo un plazo corto y efectivo de actuación. Por ejemplo, las primeras leyes que se aprobaron en este período en 1933, fueron la que dio el control del sistema bancario al presidente: acabar con el patrón oro, obras públicas para construir carreteras, subsidios para los granjeros, se creó la primera regulación financiera, así como tasas al alcohol, entre otras. Cabe mencionar que todas estas iniciativas las aprobó el Congreso, curiosamente con muy poquito debate, por lo que sin duda, el plazo “ordenado”, cobró sus frutos, además de que el presidente tuvo empatía hasta por los grupos conservadores y por supuesto, entre los republicanos.

Ahora bien, para México existen indicios que fue Luis Echeverría Álvarez quien siguió con esta tradición de hacer el balance de los 100 primeros días de gobierno, lo anterior, con la finalidad de hacer diferencia con mandatos anteriores, por lo que a partir del comienzo de ese tiempo, se vislumbraría el plan o proyecto político desarrollado durante le sexenio o mandato.

Entonces, después de escuchar lo que significan los 100 días, podemos entender lo importantes que pueden ser hoy en día para cualquier gobernante, ya que sólo así podemos entrelazar en primera instancia, la percepción de la ciudadanía de que al comienzo de un mandato debe existir un cambio y que estas mismas propuestas de inicio pueden ser hasta más importantes que el propio Plan Nacional de Desarrollo.

Es entonces que al retomar los primeros cien días de Gobierno de Echeverría, estoy convencido que de alguna manera su frase “Arriba y Adelante”, tiene que ver con la de Roosevetl, “Actuar y actuar ahora”, o si nos vamos a la actualidad, tal vez la propia frase del Presidente Andrés Manuel, “Juntos haremos historia”, tienen su antecedente en los llamados cien días, por lo que como lo hizo el presidente americano, todas las frases de cualquier gobernante en la actualidad son una muestra del antes y el después, por lo que esta tradición política significa los compromisos inmediatos que postula el gobernante y por supuesto para la ciudadanía; es una muestra de lo que se puede esperar durante todo el cargo, manteniendo o reforzando sus propuestas de campaña, pero que en otros casos sólo demuestran que eran mentiras, asimismo, para los opositores o los que no comulgan con su proyecto, estos días también sirven para atraerlos o simplemente demostrar que su trabajo se realiza de manera satisfactoria para toda la población y en muchos casos, poder cambiar su percepción.

Concluyo diciendo que gracias a estos “Cien Días”, podemos construir la apreciación adecuada que debemos tener ante nuestros gobernantes, siendo ésta, la primera muestra para saber qué tan efectivo será todo el sexenio y en su caso, lo que dará legitimidad y respaldo al propio gobernante, demostrando si el gobierno que inicia tiene la capacidad suficiente para poder lograr un mandato eficaz, comprometido y sobre todo con la palabra postrada durante su campaña, pero entonces de aquí en adelante, vamos a saber con claridad y con toda la historia, lo que significan los 100 días.

Crecimiento económico o estabilidad macroeconómica

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López Obrador, quien tomará posesión el próximo sábado, ha establecido que su gobierno respetará la estabilidad macroeconómica. Esa no es una promesa menor si revisamos los acontecimientos de la crisis de la deuda de 1982, la crisis de 1987 y el “error de diciembre” de 1994. Aquí nos concentraremos en la primera, la cual sumió al país en una de las peores crisis de su historia reciente. 

Cuando Luis Echeverría asciende a la Presidencia en 1970, el gobierno se enfrenta a dos problemas centrales: la pérdida de legitimidad política por los sucesos de 1968 y a un recesión económica. 

El autoritarismo mostrado en la represión estudiantil representaba el agotamiento del sistema político. Asimismo, la recesión económica de 1971 expresaba el fin del periodo denominado “desarrollo estabilizador”. Periodo en el cual la economía presentó un crecimiento sostenido y una estabilidad macroeconómica, es decir, bajos niveles de déficit y deuda, así como una inflación controlada. 

Sin embargo, los aspectos negativos del modelo de sustitución de importaciones iban agudizándose a medida que terminaba la década de los sesenta: cuellos de botella en la producción, baja productividad y, por ende, baja competitividad, una burguesía conformista y la dependencia estructural de bienes de capital externos. 

Con ello, Echeverría buscó recuperar la legitimidad política a través de un inusitado gasto público dirigido a sectores poco productivos. El entonces presidente pensaba que el “desarrollo estabilizador” había provocado una mayor desigualdad, por lo cual su proyecto, denominado “desarrollo compartido”, debía concentrarse en la redistribución del ingreso nacional. 

Bajo este populismo económico, el aparato burocrático se expandió de forma desmedida, el déficit aumentó y el financiamiento tuvo que hacerse a través de la emisión de dinero por parte del Banco de México y de endeudamiento externo. 

Con la devaluación de 1976, la lucha contra la iniciativa privada y el acuerdo de estabilización pactado con el Fondo Monetario Internacional parecía que el gobierno había aprendido la lección. Sin embargo, ante el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo en 1977, la dirección de la política económica no sólo continuó por la misma senda, sino que se intensificó. Entre 1977 y 1981, el PIB creció a una tasa promedio anual de 7.8%.

López Portillo buscó redirigir los excedentes provocados por la bonanza petrolera a otros sectores como el campo; sin embargo, los ingresos generados por las exportaciones del petróleo eran usados fundamentalmente para cubrir los gastos de PEMEX. 

Por lo tanto, el gobierno buscó financiarse a partir de deuda externa. En esa época, ante la confianza que generaba el hallazgo de petróleo, existía gran disponibilidad de préstamos para el país. Deuda que era pagada a partir del aumento de riqueza gracias al crudo. De esa manera, lo que hacían los bancos internacionales era simplemente reciclar los petrodólares.

Aunque la inflación había crecido en menor medida que la producción, el tipo de cambio fijo provocó el aumento de la demanda de bienes importados con lo cual el peso se encontraba sobrevalorado y presionaba a la balanza de pagos. Para cubrir el déficit en la balanza de cuenta corriente, el gobierno aumentó su deuda externa, con lo cual la tendencia se reforzaba. 

Ante la caída del precio internacional del petróleo en 1981, la expectativa devaluatoria presionó aún más al tipo de cambio. Al ver que las reservas internacionales del Banco de México se agotaban, el gobierno no tuvo otra opción más que hacer flotar el peso. Sin embargo, el peso se encontraba aún sobrevalorado y, aunado a ello, debido al encarecimiento de las importaciones, López Portillo aumentó los salarios, con lo cual se dispararon los precios. 

Ante la desconfianza de los mercados y con la necesidad de financiar el déficit, el gobierno buscó financiarse a partir del aumento de la masa monetaria en circulación, lo que generó un mayor aumento de los precios. 

La expropiación de la banca en 1982 y el control generalizado de cambios para detener la fuga de dólares solamente empeoraron la desconfianza y agudizaron la crisis. Ante ello, el entonces Secretario de Hacienda, Jesús Silva-Herzog, declaraba impagable la deuda externa y México se hundía en una severa crisis.

A más de treinta años de ese suceso, México ha aprendido su lección. La autonomía del Banco de México, organismo encargado de velar por la estabilidad de precios y mantener el poder adquisitivo de la divisa nacional, evita que el gobierno siga financiándose a través de la impresión de billetes. Por ello, la designación de Gerado Esquivel y Jonathan Heath como subgobernadores del Banco genera confianza. 

Nadie niega la necesidad de la economía mexicana de aumentar las tasas de crecimiento. Para comenzar a revertir la pobreza, la economía debe de crecer por lo menos al 5 % anual, pero ello no implica descuidar la estabilidad macroeconómica.

Como diría Rodrigo Gómez, Director del Banco de México de 1952 a 1970, en ningún momento se debe sacrificar la estabilidad de los precios en aras de un mayor crecimiento económico. 

Piden reabrir Fiscalía para 68 y caso contra Echeverría

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Miembros del Comité del 68, pidieron a Andrés Manuel López Obrador, reabrir la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), con el objetivo de que indague y castigue a los responsables de la matanza de estudiantes en Tlatelolco hace 50 años.

Víctor Guerra, líder del Comité del 68, señaló que al desaparecer el FEMOSPP durante le sexenio de Felipe Calderón, se vinieron abajo y quedaron sin efectos 54 indagatorias.

“Es importante decir, a través de las sentencias del Quinto Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito, se estableció que lo ocurrido aquí hace 50 años fue un genocidio. sin embargo, a la fecha, no hay un solo genocida en la cárcel, un solo genocida que haya sido castigado por la matanza de estudiantes, de nuestros compañeros, en 68, en este lugar”, dijo Guerra.

“Por eso le pedimos, licenciado López Obrador, que por favor considere la restitución de esta Fiscalía, que fue cortada cuando tenía 54 investigaciones previas para consignar y que fue desaparecida por Calderón en el último día de su mandato, y que impidió que la Fiscalía continuara en el proceso de seguir los procedimientos para sancionar a los responsable de la matanza”, agregó.

Por su parte, López Obrador, prometió que el próximo subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, haría el tramité a la petición.

“Se va a analizar este planteamiento, lo va a ver Alejandro Encinas, porque no queremos abrir fiscalías para todo, lo que queremos es que haya justicia, no crear aparatos que muchas veces sólo sirven para simular que va a haber justicia y al final de cuentas no se hace nada”, dijo el presidente electo.

Peña Nieto, Presidente de caricatura

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En los últimos días hemos visto como la incendiaria ofensiva contra la imagen y figura de Enrique Peña Nieto se ha incrementado. Ya no se ha atacado la figura del Presidente solamente, se ha atacado la figura de Enrique mismo, como persona y hasta como estudiante.

Aquí mismo en Altavoz, un colaborador citaba un chiste que hacían de Adolfo Ruiz Cortines burlándose de su edad, también mencionó que a Díaz Ordaz se le mofaban por feo y a Echeverría por “pendejo” en palabras de Diaz Ordaz.

Más allá de saber si los ataques tienen justificación y sin afán de defender el oficialismo al puro estilo chayotero de Ricardo Alemán, Peña Nieto viene haciendo una sucesión de malas movidas que ya lo hacen ver y caer en un ridículo.

Hacerle renunciar es el deseo de muchos y más allá de las terribles consecuencias económicas que nos traería, el problema en general radica en lo mal manejado que tiene su agenda personal, su figura, su envestidura, nadie lo respeta, ni su propio partido y no estoy proponiendo que se regrese a las viejas épocas donde un presidente actuaba como tlatoani azteca, pero sí sienta un precedente de que la figura de “Presidente de la República” está para cualquier “guey” y ese “guey” es motivo y objeto de cualquier clase de pitorreo sin ton ni son.

Si bien será siempre discutible la manera en que Enrique llegó a Los Pinos, su matrimonio telenovelero y la N cantidad de escándalos, la figura del “Líder de la Nación” está en una crisis inédita.

En lo personal siempre he sido un escéptico del potencial de las redes sociales para generar impactos en la política mexicana que vayan más allá de un “Lord [Inserte personaje]” o que hagan renunciar a gente como Alvarado de Tv UNAM. Sin embargo, las redes sociales si influyen en la opinión pública más y más y en esto en votos.

La actual crisis peñanietista va a permear más allá del 2018 y quien quiera el puesto presidencial tiene que estar consciente del enorme escrutinio del que será objeto y de la burla, la injuria y la ridiculización.

Los asesores también influyen aquí, no se ve un hilo de cordura en Los Pinos, ¿tanto se le teme a Trump que se le quiso suavizar?, ¿Qué fue ese chiste de informe con “jóvenes”?, ¿Qué afán de defender a gente tan torpe como Alfredo Castillo?

Las iniciativas más progresistas y radicales en la historia de la Patria de los últimos 50 años que realizó Peña Nieto como la abierta discusión de la legalización de la mariguana y el matrimonio igualitario han recibido rechiflas hasta desde el mismo PRI.

Muchos dirán que la figura de patetismo que tiene Enrique a nivel nacional y a nivel internacional es por su propia culpa; sin embargo, aunque así lo fuese, ¿que podemos aprender de esto?.

Por aprendizajes yo pondría en la palestra el que los partidos buscaran perfiles menos fotogénicos y más acordes a las ideologías propias del partido aparte de que las candidaturas presidenciales fueran menos objeto de dedazos y más de debates internos.

Fox ha quedado pintado como mandilón y torpe, Calderón como un borracho y beligerante, Salinas como el mayor enemigo de la sociedad después de Satanás, Echeverría como un asesino recluido en su propia casa, López Portillo terminó senil, robado y apodado el “perro”. Al menos Zedillo guarda cierta imagen.

La imagen del Presidente debe ser criticada y cuestionada pero nunca burlada por lo que representa, antes debemos evaluar mejor a los candidatos al votar y al elegir representantes, cuestionarlos desde antes y así evitarnos esta clase de bochornos. Piense por un momento, Enrique Peña fue elegido en las urnas por miles de mexicanos como usted o como yo y es la imagen de México ante el mundo.

Pregúntese ¿Qué pensarán de nosotros en el extranjero?

Lo dicho, dicho está.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El tonto

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Una noche, el presidente Adolfo Ruíz Cortines conducía a alta velocidad y fue detenido por un oficial de tránsito. Al ser obligado a descender de su vehículo, gritó indignado: “Óigame, al presidente no se le para en la calle” a lo que la primera dama, aún adentro del auto, agregó: “Tampoco en la cama”.

El anterior es uno de tantos chistes que se hicieron sobre Don Adolfo, la mayoría de ellos relacionados con su supuesta edad avanzada (asumió la presidencia pocos días antes de cumplir 63 años).

Sintetizar la gestión o incluso la persona del presidente con base en acontecimientos, características físicas o declaraciones desafortunadas, ha sido una tradición tan grande en nuestro país, al grado en que se dice que alguna vez Gustavo Díaz Ordaz, casi resignado llegó a decir: “A mí me hacían chistes por feo pero a Luis Echeverría se los hacen por pendejo”.

Enrique Peña Nieto se creó él sólo su imagen de tonto desde el día en que, siendo candidato presidencial, no pudo mencionar ni siquiera los títulos de los tres libros que marcaron su vida; en palabras de Carlos Fuentes, la respuesta de Peña fue “una demostración pública de ignorancia”, además de evidenciar una nula capacidad de improvisación.

Desde aquel diciembre de 2011 y tal vez maldecido por haber sufrido el desliz en tiempos de redes sociales, Peña Nieto ha sido retratado hasta el día de hoy como un idiota. Cada error de dicción que comete o imprecisión terminológica, han contribuido a la hoguera de su escarnio.

A contrarrestar esta imagen no han ayudado ni su gestión presidencial ni sus estrategias mediáticas, decidiendo utilizar falsos usuarios de twitter (los llamados “peñabots”) o apareciendo en la portada de la revista “Rolling Stone México” en el año 2014, junto a la frase: “¿Tonto? Ni tanto”, misma que constituye una deprimente aceptación de que es visto como tal y un desesperado e infructuoso intento por cambiar esta percepción.

Los chistes son incontables y se repiten hasta el tedio y la pérdida total de gracia; incluso los sosos y simplones chistes de Ninel Conde se han “plagiado” y adaptado a versión Peña Nieto.

Aquellos auditorios que carecen de interés político y padecen pereza intelectual, no han formado su postura respecto al presidente con base en las reformas polémicas, los escándalos de corrupción o en la inexistente evolución en materias de economía y seguridad sino en títulos de noticias, memes y videos compilatorios de sus errores y, por supuesto, en ese microcosmos no puede caber ninguno de sus aciertos, es más, siquiera mencionar la posibilidad de que éstos existen genera enojo y la inmediata sospecha de que quien lo sugiere es un vendido; el tiro seguro es llamarle imbécil y una vergüenza.

Y en ese contexto, el plagio del que hoy se le acusa cobra mayor relevancia por poner en entredicho, otra vez, su capacidad intelectual que por la falta ética que éste implicaría, en caso de ser cierto el señalamiento. Dicho plagio bien podría ser explicado desde el descuido, tanto suyo como del asesor de tesis así como en la ausencia de rigor académico, en una deficiente formación investigativa y por supuesto, en una conducta anti-ética.

En su defensa, habrá quienes señalen que dicha práctica lamentablemente es generalizada o podrían criticar el cinismo de autores señalados en el pasado por el mismo acto que hoy se escandalizan y condenan al presidente. Quizá también insistirán en una posible animadversión personal de Carmen Aristegui hacia él o incluso criticarán la expectativa que la periodista creó respecto a la noticia del plagio.

Sin embargo, ninguno de esos argumentos ni mucho menos la declaración de Aurelio Nuño, Secretario de Educación, señalando que “hay asuntos más importantes” logran ocultar que, sin importar la veracidad de la acusación, la noticia ha contribuido a esa imagen de torpe e ignorante que Peña lleva padeciendo durante casi un lustro.

La ridiculización y la sátira han acompañado a la política a lo largo de casi toda la historia del México independiente, con mayor o menor grado de censura; desde las caricaturas del siglo del siglo XIX en periódicos como “El Ahuizote” (recabadas brillantemente por Rafael Barajas en su libro “El País del Ahuizote”), los chistes de “Cuatezón” sobre Álvaro Obregón, los comediantes de carpa como “Palillo” (apresado múltiples veces), hasta llegar a tiempos más recientes con las parodias televisivas o teatrales y por supuesto, los actuales memes.

Esto último me parece relevante ya que Peña Nieto ha sido el primer presidente cuya gestión inició y terminará siendo vigilada y comentada por las redes sociales, una época en la que el chiste no depende de un comediante o caricaturista sino que fácilmente puede ser creada por ti o por mí, algo que sin duda constituye una realidad muy distinta a la de sus antecesores y a la que no se pudo ni supo adaptar; un caso de obligado análisis para los asesores de campañas y marketing político en el futuro.

El plagio más que decepcionar o indignar, para muchos es un motivo más para cuestionar la capacidad intelectual del mandatario y seguirle ridiculizando, tal vez un golpe casi mortal a su ya tan lastimada imagen.

Peña asumió la presidencia siendo visto como un tonto y todo parece indicar que no le queda tiempo ya para dejar la presidencia sin ese estigma.

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Nosotros mexicanos…

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En México se vive alrededor de la impunidad, donde la aplicación de las leyes solo es para unos, haciendo a un lado el estado derecho, por el cual los abogados deben de realizar bien su tarea, para ejercer la democracia. Sabemos que el país cuenta con un sin fin de problemas y debilidades políticas, sociales, económicas, entre muchas otras, pero por otro lado se necesita resaltar sus fortalezas y que estas son mucho mas grandes, pero no se han dado a conocer o simplemente están echas a un lado.

Como mexicanos, debemos darnos el lujo y privilegio de aspirar a un mejor país, destacando sus bondades, su cultura, esencia y educación. Nos encontramos en un México donde sus instituciones van degradándose y junto con la sociedad mexicana poco a poco también. Estamos sobre un México donde el ejecutivo no dialoga, comunica, debate, platica o habla con el legislativo, y eso que nos encontramos en un país civilizado. Se vive un choque entre los tres poderes del país y junto con ellos se llevan de encuentro a la sociedad, como anteriormente mencioné.

Estamos sobre un México donde el ejecutivo no dialoga, comunica, debate, platica o habla con el legislativo, y eso que nos encontramos en un país civilizado. Se vive un choque entre los tres poderes del país y junto con ellos se llevan de encuentro a la sociedad, como anteriormente mencioné.

Un partido político no debe decidir sobre sus propios intereses ni por los representantes de su mismo partido, porque es ahí donde falla el país. La busca del bien común, va mas allá de los colores o principios de un partido político, sino con el apoyo de distintas perspectivas, con el cual se puede llegar a una mejor solución. Venimos de un presidencialismo exagerado, y como mejor ejemplo pongo a: Luis Echeverría. Él como presidente, era el líder real del partido, teniendo una gran influencia sobre el personal político, hasta decía que la economía se mandaba desde Los Pinos.

Sin embargo, surgió una nueva generación libre de ataduras, atreviéndose a modificar el “establishment” del país, y como consecuencia viene la alternancia en el año 2000. Vivimos en una generación que ya no se cree lo que se dice en una televisión abierta, debido a las influencias políticas que han caído sobre ella. Por otro lado, se necesita una sociedad mas proactiva, generando mas democracia en el país, defendiendo los valores que aún esta todavía tiene y conserva.

Vivimos en una generación que ya no se cree lo que se dice en una televisión abierta, debido a las influencias políticas que han caído sobre ella. Por otro lado, se necesita una sociedad mas proactiva, generando mas democracia en el país, defendiendo los valores que aún esta todavía tiene y conserva.

El gobierno no se debe de considerar como un negocio de político, sino como una instancia de servicio a una nación. El debilitamiento de las instituciones es una de las razones de donde surgen los problemas, sin embargo se pueden hacer mejores las cosas. Además, me atrevo a decir que el gobierno mexicano se encuentra un con déficit de capacidad de atender a las necesidades de su propia población, generando así inestabilidad en la misma.

Por último, contamos con una sociedad abierta y viva, que quiere más democracia en el país, que sea escuchado, que proclama sus derechos. Y con una juventud mexicana que sale de la comodidad para salir a contribuir con lo que es de todos, que no se queda callada, sino que alza la voz.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”