El pueblo invencible

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Se respiraba en el ambiente un miedo a que la historia se repitiera. El huracán Wilma, en octubre de 2005, marcó un antes y un después en la historia de Cancún, y de la zona norte de Quintana Roo. Yo personalmente no lo viví, pero sí la mayoría de mis amigos y toda mi familia. La devastación, el caos y la incertidumbre que ese desastre natural trajo es algo que esta gente no quiere volver a vivir jamás. 

La semana pasada, por momentos, el miedo volvió. Delta, que avanzaba directamente hacia nuestras costas, comenzaba a tomar forma de depresión tropical. Al cabo de unas horas, ya era denominada tormenta tropical. Su trayectoria seguía fija. Seguía agarrando fuerza, ahora ya era huracán categoría 1. A nuestras costas llegan tormentas tropicales continuamente, es algo que hasta cierto punto ya tenemos controlado. Pero esta vez pintaba para ser diferente. 

Huracán categoría 2. Las alertas estaban aumentando. El Gobernador ya había ordenado habilitar refugios y se daba a la tarea de informar a la población. Delta no dejaba de fortalecerse. Ni cuenta nos dimos cuando fue categoría 3, porque en cuestión de 20 minutos aumentó a categoría 4, que ya es considerado como un fenómeno potencialmente devastador. El impacto era inminente, y fue ahí donde después de 15 años la gente de Quintana Roo volvió a sentir ese miedo. 

Supermercados al tope de su capacidad. Filas de dos horas en las gasolineras. Madera para cubrir ventanas, agotada en cuestión de minutos. Varios conocidos optaron por irse de la zona. Pegaría en la madrugada, y debíamos estar listos para recibirlo.

Por algún motivo que no podría especificar porque mis conocimientos de meteorología son nulos, el huracán mientras más se acercaba a la costa de Quintana Roo, bajaba de velocidad. Originalmente esperábamos que pegara entre 11 pm del martes y 1 am del miércoles, pero en realidad tocó tierra cerca del amanecer. También perdió fuerza: bajó a categoría 3 en la tarde-noche del martes, y al momento del impacto con tierra, cerca de Punta Maroma, ya era categoría 2.

Delta nos golpeó por varias horas. Vientos fuertes desprendieron árboles del piso, derribaron una cantidad considerable de postes de electricidad y algunos otros daños que, si bien son notables, la situación pudo haber sido mucho peor. Mucho viento pero poca lluvia, lo que hizo que al salir el sol nos encontráramos con una ciudad diferente, bloqueada, apagada, pero sin inundaciones, por lo que los trabajos de recuperación fueron rápidos.

Hasta el momento de escribir esto siguen los trabajos de recuperación de espacios y vialidades, limpieza de escombros y restablecimiento de los servicios básicos. Ha sido de reconocer la labor constante del Gobernador de Quintana Roo y de los alcaldes de los municipios afectados. El Presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó desplegar 5 mil elementos de la Marina y la Guardia Nacional para agilizar la recuperación de espacios, y han sido de gran ayuda. 

Sin embargo, el verdadero agradecimiento tiene que ir para la ciudadanía. Gente de Solidaridad, Isla Mujeres, Puerto Morelos, Cozumel, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas que no se dejó vencer. En el instante en el que salió el sol las y los quintanarroenses salieron en brigadas a ayudar en lo que se pudiera. Les veías limpiando camellones, levantando árboles, donando víveres para aquellos más afectados, trabajando por salir rápidamente de este problema que sin duda no nos ganó. 

Hay regiones aún sin luz. Hay zonas que aún necesitan mucha ayuda. Hay todavía trabajo por hacer, pero es admirable lo que Quintana Roo y su gente logró. La cultura de la preparación, de estar listos al momento del impacto, de extenderle una mano a quien lo necesite y sobretodo de unirse ante la adversidad es lo que hace a Quintana Roo un pueblo invencible. Estamos saliendo de pie y de frente, como lo hemos hecho siempre. 

Un orgullo ser quintanarroense. 

Meteoro ilumina el cielo en Monterrey; reportan caída cerca de Ciudad Victoria, Tamaulipas

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El cielo del área metropolitana de Monterrey se iluminó la noche de este martes por unos segundos.

Alrededor de las 22:00 horas en redes sociales se reportó el paso de un supuesto meteorito, que fue captado tanto por personas como por cámaras de seguridad.

“Alguien más acaba de ver un cometa/meteorito pasar por el cielo de MTY? Confirmen”, fue una de las publicaciones que se pudo ver en redes sociales.

Pablo Lonnie Pacheco Railey, miembro de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa, lugar que ya cerró sus puertas, explicó en entrevista para el periódico El Norte, que de acuerdo con lo captado por diferentes cámaras se trató de un bólido, un fenómeno inusual en el Estado.

Un meteorito ocurre sólo cuando el objeto cae en la tierra, dijo.

“Cuando vemos nosotros un fenómeno luminoso, una rayita que cruza el cielo, le llamamos meteoro. Solamente si algo llega a la superficie de la tierra le llamamos meteorito, pero cuando el meteoro es muy brillante, más brillante que todas las estrellas del cielo, y evidentemente este lo fue, le llaman bólido”, señaló.

El también director de astrónomos.org dijo que un bólido se destruye en el aire a una altura de entre 80 y 150 kilómetros de la tierra y es capaz de verse a 150 kilómetros a la redonda.

Tras los hechos reportados en Nuevo León, habitantes del poblado Lázaro Cárdenas, ejido cercano a Ciudad Victoria, Tamaulipas, reportaron la caída de un meteorito, el cual incendió matorrales y arbustos muy cercanos a su domicilio.

Los hechos ocurrieron a las 23:00 horas y hasta el lugar llegaron elementos de Protección Civil y Bomberos del municipio para atender el llamado de los habitantes que quedaron sorprendido ante este fenómeno de la naturaleza.

(Con información de Grupo Reforma y Milenio)

¿Politización de la justicia o judicialización de la política?

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Desde tiempos inmemorables, en nuestro país se ha afirmado que existe una politización de la justicia, por este término referencia a un viejo vicio en el sistema político mexicano que consiste en utilizar los aparatos del Estado para señalar, perseguir o sentenciar atendiendo a incentivos meramente político-partidistas sin importar los fines de la justicia y el derecho, y son sólo para construir narrativas ad hoc a la situación política del momento. Desde Cárdenas, Salinas, Peña Nieto a López Obrador, en distintos episodios históricos y ante periodos complejos y plagados de corrupción, los sucesores de diversos ámbitos ideológicos, han utilizado los efec tos naturales de políticas un asunto para aumentar legitimidad pública y mediática, que no resuelve el fondo del asunto. Esto contraviene la constitución y tratados internacionales en la materia, ya que el ánimo es una rentabilidad en lugar de la búsqueda de la justicia sustantiva. 

Armando Regil Velasco escribió en el 2015: “México es un país de muchas leyes y poco estado de derecho”, y esto viene a colación ante la constante selectividad de la rendición de cuentas. El caso Lozoya es ejemplo de esto, a pesar de las reformas que generaron el Sistema Nacional Anticorrupción así como diversas modificaciones jurídicas e institucionales para su operación, esto ha tenido pocos resultados. En este asunto de gran trascendencia nacional, al estar ante un innegable caso de corrupción de la empresa Odebrecht y su influencia en reformas que la habrían beneficiado,  somos testigos de cómo las redes sociales, los medios de comunicación y el debate público, se han convertido en el lugar donde se están señalando involucrados, construyendo presuntas teorías del casos, desahogando pruebas y dictando sentencias. 

Filtraciones de documentos, filtraciones de videos de exfuncionarios recibiendo fajos de miles de pesos en efectivo y hasta de familiares del mismo presidente Andrés Manuel, demuestra cómo esta oportunidad de llevar ante la justicia a individuos y redes de corrupción del más alto nivel, está siendo desperdiciada por la Administración Federal actual y la Fiscalía General de la República, tal y como escribieron los profesores Juan Jesús Garza Onofre y Javier Martín Reyes “las filtración no busca una exitosa judicialización del caso, sino su mera politización”. 

Es fundamental que un gobierno que aspira a ser democrático, pueda tener en cuenta la importancia de encauzar asuntos cómo el caso Lozoya ante las instituciones de procuración e impartición de justicia, ya que la argumentación para llegar a una determinación judicial (sentencia, autos, etc) requieren de una formación lógica basada en evidencia y construcción fáctica, cuestión distinta a una índole política que responde a intereses específicos. Como bien escribió Francesc de Carreras en el diario español El País: “[…]Politizar la Justicia no significa que los políticos sean juzgados por incumplir las leyes sino que los jueces, en el ejercicio de su cargo, tomen decisiones que son propias de los políticos, de los representantes del pueblo, vulnerando así un principio clave del Estado de derecho, el de la independencia judicial, según el cual la función judicial consiste únicamente en aplicar la ley y sólo así puede justificarse que el poder de los jueces es democrático” (2017). 

Estas viejas y tan arraigadas prácticas de evitar una verdadera búsqueda de la justicia ante casos que involucren políticos mexicanos, nos permite reflexionar sobre la necesidad de transitar a una nueva forma de concebir la justicia ante este tipo de casos. Esto es muy importante para establecer precedentes y detectar flagelos en las instituciones públicas para garantizar una no repetición de hechos de corrupción, pero es igual de relevante exigir desde la sociedad que estos asuntos no se queden en la “justicia mediática” que erosionan los argumentos y la esperanza de construir una verdadera democracia y estado de derecho. 

Tras balacera destinen a tres en San Pedro

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Un operativo por parte de agentes ministeriales de la Fiscalía General del Estado terminó ayer en una persecución a balazos en la que fueron detenidos tres hombres armados, esto en el municipio de San Pedro.

En la incorporación de Lázaro Cárdenas a Gómez Morín, agentes ministeriales chocaron su patrulla tipo pick up contra la parte trasera de un auto Nissan Marche en el que viajaban los supuestos delincuentes, esto con el fin de evitar su huida.

La colisión alcanzó a una conductora de un vehículo Swift y a su acompañante, quienes fueron impactados por el March. Ambos sufrieron lesiones leves y fueron atendidos por Protección Civil de San Pedro.

Los hechos se registraron alrededor de las 11 horas de este domingo y causó la movilización de decenas de policías ministeriales, municipales y estatales, además de personal de la Guardia Nacional.

En el auto March fueron encontrados un fusil y una pistola.

En un video que circuló en redes sociales se puede ver que agentes ministeriales mantienen sometido boca abajo a uno de los sospechosos, quien trata de huir a pie.

Fuentes de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) confirmaron que los detenidos son considerados como sospechosos en una investigación que realiza un grupo de homicidios.

Los sospechosos fueron detectados cuando ingresaron a San Pedro, por Lázaro Cárdenas, y fueron seguidos.

Al verse sorprendidos, el sospechoso que conducía aclaró para evadir a los ministeriales y se desató la persecución, en la que por lo menos se realizaron dos disparos.

(Con información de Grupo Reforma)

Dos Bocas ¿Qué es lo peor que puede pasar?

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La Refinería de Dos Bocas, Tabasco, ha sido planteada por el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador desde su campaña, como un proyecto necesario para el desarrollo y la preservación de la seguridad energética del país.

En este sentido, poco se ha dicho por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Secretaría de Energía (SENER) y Petróleos Mexicanos (PEMEX) respecto al posible impacto ambiental durante la construcción de la obra y sus actividades posteriores, misma situación que ha generado incertidumbre entre distintos sectores de la sociedad con relación a la viabilidad ambiental del proyecto. 

Si bien, ya han sido señalados los diversos inconvenientes económicos, financieros y de diseño que pudiesen generarse a partir de la construcción de dicha obra, por parte de especialistas, poco se ha hablado de consecuencias ambientales concretas. Pero ¿qué antecedentes existen para poder tener una idea de los posibles efectos ambientales de una refinería de petróleo en México?

En 1933, la compañía “El Águila”, puso en operaciones una de las primeras refinerías de petróleo del país, ubicada en Azcapotzalco, al poniente de la Ciudad de México. Tras la expropiación petrolera de 1938, decretada por el general y entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas del Rio, la refinería fue nacionalizada y tomó por nombre “18 de marzo”. 

La refinería operó poco menos de 60 años, produciendo principalmente gasolina, diésel, gas y algunos otros derivados y llegó a ser una de las plantas más importantes a nivel nacional, con una gran actividad que se vio reflejada en el incremento de su producción y  tamaño a lo largo del tiempo. Finalmente en 1991, esta refinería cerró sus puertas como una de las medidas para evitar la contaminación atmosférica de la Ciudad de México.

Sin embargo, la actividad durante más de medio siglo de esta planta de refinación, aún deja sentir sus efectos en la zona, independientemente del cese de emisiones atmosféricas, sus actividades provocaron un impacto importante en el suelo, debido a fugas de petróleo crudo y presencia de metales pesados, llegando  a reportarse contaminación en el acuífero de la ciudad (García & Fernández-Villagómez, 2014).

Con todo y las medidas implementadas por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) para tratar el sitio, este sigue siendo considerado  un foco de contaminación en la zona poniente del Valle de México, pese a la disminución en la concentración de algunos contaminantes, convirtiéndose en un pasivo ambiental, ya que representa una fuente constante de exposición a sustancias con efectos nocivos para la salud humana (García & Fernández-Villagómez, 2014).

Si bien, las medidas implementadas por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) tratar el sitio, ha logrado disminuir. 

Si bien caso representa un extremo y se entiende por el contexto en el que se construyó la Refinería 18 de marzo (ahora Parque Bicentenario),  existen experiencias positivas en cuanto al manejo amigable con el medio ambiente de procesos de refinación, como el caso de la Refinería de Cartagena en Colombia, que ha logrado, mediante tecnología de última generación, manejar sus residuos, emisiones atmosféricas y descargas con un impacto menor al medio ambiente (Informe 2018).

Con todo y los beneficios evidentes que la Refinería de dos Bocas traerá para los estados del sur y en paralelo a la voluntad política de combate a la corrupción que se ha dejado ver por parte del presidente de la república, experiencias como el Paso Exprés de la carretera México-Cuernavaca y la Línea 12 del Metro, son algunos de los fantasmas asociados a la corrupción y a la implementación fallida de proyectos de gran magnitud, no dejan de provocar inquietud por está mega obra.

Esperemos que el Gobierno Federal escuche a los especialistas y que el beneficio económico y desarrollo derivados de este proyecto, principalmente en el sur del país, no se vean reflejados en la degradación del ambiente en la zona, teniendo como experiencia el caso de la Refinería 18 de marzo, que a más de 25 años de su cierre, aun deja sentir sus efectos sobre la población de Azcapotzalco.

Maestros bloquean vías del tren en Michoacán

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Maestros miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) han bloqueado las vías del tren en el municipio de Lázaro Cárdenas, con la intención de exigir el pago de bonos (que asciende a 300 millones de pesos). Este cierre ferroviario se encuentra en la tenencia de Guacamayas, y al hacer esto están impidiendo que transite mercancía del puerto de Lázaro Cárdenas al centro del país. Para exigirle al gobernador Silvano Aureoles Conejo que pague las deudas al magisterio, poco después de las siete de la mañana, alrededor de 100 maestros comenzaron el bloqueo de las vías. Mientras, Carlos Enríquez Barajas, el presidente de la Asociación de Industriales del Estado de Michoacán, dio a conocer que por sexta semana consecutiva ocurrieron bloqueos en el estado.

Por esto mismo, Enríquez Barajas solicitó intervención gubernamental para liberar vías ferroviarias, antes de que éstas causen aún más pérdidas de índole económico. “Más adelante, el líder empresarial subrayó que los maestros que mantienen el bloqueo son identificados como de la sección D-II-185 de la CNTE. Recordó que en el inicio de este año, los maestros cerraron las vías del tren en siete municipios de Michoacán durante 30 días, generando pérdidas.”

(Con información de Milenio)

López Obrador: entre el populismo y el neoliberalismo

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En una publicación previa, señalé la dificultad que representa posicionar al gobierno de López Obrador dentro del espectro político e ideológico. Si bien todavía encontramos inconsistencias, existen más elementos para aproximarnos a una delimitación más clara. 

A estas alturas se debe rechazar en términos reales la posición de izquierda del gobierno actual, si bien en términos discursivos se mantiene. Por otro lado, es fácil colocar a López Obrador en el saco de los populismos, ahí donde, según la oposición, encajan posiciones ideológicas diametralmente distintas: desde el chavismo, pasando por Evo y los Kirchner, hasta Trump y Bolsonaro. 

Concuerdo con los escritos acerca de este tema, como el reciente libro Me the People de Nadia Urbinati, acerca de los peligros del populismo. Es cierto que, a diferencia de movimientos exógenos de los golpes de estado de la ultraderecha, el populismo es un fenómeno que surge al interior de la democracia; es un fenómeno embrionario que se alimenta y crece en la dinámica democrática, un agente patógeno que comienza a carcomer las instituciones democráticas desde el interior. 

Si bien el término populismo, así como el del neoliberalismo -categorías simplistas que no aportan mucho al análisis-, se toma en sentido peyorativo, existen versiones de éste, como en todo, que conllevan a resultados positivos. El populismo político de Lázaro Cárdenas generó las bases para la consolidación de un Estado corporativo, nacionalista y desarrollista que permitió el comienzo del capitalismo mexicano. Si bien, durante los setenta años de priismo, el partido hegemónico pudo cambiar de piel según el contexto y la personalidad de los presidentes en turno, su discurso fue claramente populista: es la personificación institucionalizada de la Revolución mexicana, esa gran lucha popular sedienta de reivindicaciones sociales. 

Los dirigentes del Partido siempre se asumieron como la expresión histórica y simbólica de las reivindicaciones del pueblo mexicano, pues como señaló Octavio Paz, “Ellos [dirigentes] son el pasado, el presente y el futuro de México. El PRI no es un partido mayoritario: es la Unanimidad. El presidente no sólo es la autoridad política máxima: es la encarnación de la historia mexicana, el Poder como sustancia mágica transmitida desde el primer tlatoani a través de virreyes y presidentes”.

Ahora, en la década de los ochenta, ante la liberalización económica, las presiones políticas externas e internas y la creciente movilización de la sociedad civil, los gobiernos comenzaron a emprender el proceso de democratización del país. Si bien los resultados no fueron los esperados, sí hubo un avance en la construcción de instituciones que generaran un contrapeso y delimitaran la institución del Ejecutivo.

No sólo se fortalecieron los otros dos poderes y se buscó la descentralización del poder político, dotando, como lo señala la Constitución, a los estados y municipios de autonomía, sino que se crearon organismos de naturaleza técnica que suplieron al gobierno en actividades de gran importancia.

Estos contrapesos e instituciones siguieron extendiéndose durante los dos sexenios panistas y durante el retorno del PRI; sin embargo, con la llegada de López Obrador pareciera que comienza a haber un retroceso. La figura del presidente vuelve a ser enaltecida como a mediados del siglo pasado, pero ahora carece de un fuerte y extenso cuerpo burocrático a través del cual exprese su grandeza. 

Ahí es donde encontramos las inconsistencias de fondo de López Obrador: será el presidente por sí solo, a través de su honestidad y virtud, quien transformará al régimen y lo hará desmembrando la entumecida burocracia. 

Retumba el discurso de Luis Echeverría acerca de la distribución del ingreso a través del desarrollo compartido, pero se encuentra ausente la maquinaria burocrática y técnica para lograr dicho cometido. López Obrador busca impulsar el crecimiento, pero carece, como sí lo tenía Echeverría, un aparato productivo estatal. El periodo neoliberal desmanteló la capacidad productiva del Estado y redujo su margen de liderar el crecimiento. Ante ello, López Obrador no tiene más opciones que recurrir al capital privado.

Por otro lado, es recurrente la crítica a los periodos denominados neoliberales, sin embargo, el gobierno actual no ha transformado en ningún sentido los pilares de este modelo económico y social. El TLCAN, emblema principal del sexenio de Salinas y del neoliberalismo mexicano, no ha sido eliminado; por el contrario, López Obrador les ha implorado a los demócratas que agilicen la aprobación del T-MEC. 

¿Dónde encontramos las comparaciones para este gobierno? En cuanto a lo económico, encontramos similitudes -responsabilidad fiscal (asfixia diría yo), estabilidad macroeconómica y apertura económica- con los gobiernos neoliberales. En este sentido, las nuevas “partidas secretas” para financiar los programas sociales con fines políticos nos hace recordar el uso de la maquinaria electoral de Salinas. López Obrador recurre nuevamente al clientilismo para extender el dominio de Morena en las elecciones intermedias de 2021. En cuanto a la centralización del poder político en manos del Ejecutivo, mediante la destrucción de las instituciones democráticas, hace pensar en el autoritarismo del PRI de segunda mitad del siglo pasado. 

Las contradicciones son reveladoras: discursivamente anti-neoliberal pero sin transformar el modelo neoliberal y estadista siendo anti-estatista y sin un aparato productivo estatal que sustituya al capital privado. AMLO se empieza a acorralar en materia económica y cada vez le quedan menos argumentos para solventar sus intrínsecas contradicciones. 

La frágil democracia mexicana

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Nos encontramos en un punto de inflexión histórico, hasta hace algunos años las democracias se encontraban en un claro aumento a nivel global, pero la falta de resultados económicos y sociales llevó a que muchas votaran por alternativas de organización política, o simplemente se fueran por líderes carismáticos y autoritarios. 

Para entender qué es una democracia hay que irnos a la base de su creación. Primeramente tenemos que entender que el gobierno, así como la economía, los derechos humanos, el comercio internacional, son constructos sociales. Estas son estructuras e ideas que los humanos inventamos para identificarnos, relacionarnos y vivir en sociedad. No hay ninguna otra especie en este mundo que tenga bancos, ética, congresos, bonos, etc. 

El principal constructo social que promueve la cohesión social, política y económica de un grupo de personas es el Estado, algo que se entiende como esa idea de lo que es México en su gobierno, con su moneda, con su diversidad social, leyes, etc. El Estado está basado en el monopolio de la fuerza, la ética social, el Estado de Derecho, la soberanía del pueblo o la misma razón.

El Estado para funcionar requiere de un gobierno, que son las instituciones que administran la división político-administrativa de un país. O sea son las secretarías, organismos, institutos que administran nuestro México. Los gobiernos a su vez cuentan con ideologías políticas y económicas que utilizan para cumplir sus objetivos. Es por esto que existen los socialistas, capitalistas, progresistas, etc. que a su vez actúan mediante políticas públicas y leyes que reflejan esos ideales. 

Las ideologías se deben ver en un eje económico, que es quién administra los factores de producción (tierra, trabajo y capital) si individuos o el gobierno, y un eje político, que se basa en la capacidad de autorregulación humana y la necesidad de intervención del gobierno en la cohesión social. Hay centenas de tipos de gobierno que combinan sus ideologías, China es un gobierno autoritario con un amplio control de los derechos políticos y sociales, pero con una economía fuertemente capitalista. Alemania tiene una ideología de amplio reconocimiento de derechos políticos y sociales así como una economía mixta entre capitalista para el sector empresarial e industrial y socialista para el sector de salud, transporte, educación, entre otros. No es correcto pintar a China como comunista ni a Alemania como capitalista, el trasfondo es mucho mayor.

Lo que vivimos en México es que el PRI controlaba la totalidad del Estado Mexicano, dependiendo del presidente se marcaba la línea ideológica. Desde gobiernos prácticamente autoritarios y conservadores con Díaz Ordaz, el socialismo de Lázaro Cárdenas, hasta el neoliberalismo de Salinas y Zedillo.

Es por esto que hemos construido un México donde lo importante ha sido la forma y no el fondo. En papel tenemos una protección muy amplia de derechos, herramientas de defensa como el amparo y el reconocimiento de minorías, todo gracias a la mezcla ideológica de nuestro gobierno. Pero ese México sólo existe en papel y para quienes tienen dinero para contratar los abogados adecuados. Para el resto existe otro México, uno que no tiene ideología y todo se basa en el poder político y económico, uno en el que el PRI aún mantiene el poder, y uno en el que el pluralismo partidista ha llevado al borde del descontrol.

Apenas en estos últimos 20 años hemos probado lo que realmente significa ser una democracia. Ya hay una diversidad de partidos en el poder, el problema es la falta de instituciones democráticas fuertes que ayuden a madurar paralelamente a los votantes y a los partidos con el gobierno. Es por esto que contamos con gobiernos estatales que rechazan abiertamente el Estado de Derecho con la Ley Bonilla, la defensa a los derechos políticos con la Ley Garrote, la administración fiscal responsable con la deuda de Coahuila y la protección a sus minorías en el Congreso de NL. Ellos hablan a través del poder y no de valores democráticos como la honestidad, solidaridad, responsabilidad, pluralismo, libertad, justicia social, tolerancia, igualdad, respeto, bien común y la legalidad.

La democracia la construimos todos mediante instituciones fuertes, el INE, la CNDH, el CONEVAL, la CRE, la CNH, BANXICO, el IFETEL, la COFECE, la FGR, todas son de reciente creación. Si queremos que México siga siendo una democracia es necesario defenderlas. En una democracia no cabe el gobierno de uno, un presidente es humano y jamás será la respuesta. En cambio, las instituciones que son democráticas no están sesgadas, no discriminan y sobretodo promueven la justicia y equidad social. Pero es necesario seguir separando a estas instituciones del poder político para que lo regulen, por el bien común. 

La continuidad-ruptura y el simbolismo: un balance en materia política de los primeros nueve meses del gobierno de López Obrador

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Actualmente, no existe en México mejor político que Andrés Manuel López Obrador. Si entendemos lo político según Maquiavelo -la capacidad de obtener y conservar el poder-, el presidente, en ese sentido, se debe comparar con Carlos Salinas de Gortari. 

Continuando un balance de los primeros nueve meses de su gobierno -anteriormente lo hicimos en la dimensión económica-, en términos políticos hay mucho que decir al respecto. 

López Obrador es el presidente de las formas y los símbolos. Desde antes de asumir la Presidencia, el originario del estado de Tabasco ha transformado los modos del quehacer político. Sin duda existen grandes similitudes con los gobiernos priistas del siglo pasado -la centralización del poder, el culto a la personalidad del presidente, la retórica populista, etc.-; sin embargo, también encontramos elementos diametralmente opuestos a los gobiernos anteriores. 

La astucia política del presidente le ha permitido combinar aspectos del pasado con otros que lo presentan como un nuevo sujeto transformador. Con ello, el proceso del gobierno de López Obrador es uno de continuidad-ruptura. Comencemos con las continuidades. 

La continuidad más relevante, que le permite renovar incesantemente su legitimidad, es de carácter histórico. Al igual que el PNR se colocó como legítimo heredero de la Revolución mexicana -al institucionalizarla, la contuvo-, AMLO se coloca como el desenlace natural, lógico y teleológico de la historia mexicana. No por nada la cuarta transformación solamente se equipara a la Independencia, la Reforma y la Revolución. El presidente busca reconstruir la historia para posicionarse como el resultado evolutivo y, por lo tanto, necesario del acontecer mexicano. 

Otro elemento de continuidad es el de la base social. La consolidación del Estado moderno mexicano fue, en parte, gracias a la base social que lo constituye. Con el PRM, Lázaro Cárdenas logró integrar las distintas fuerzas sociales al partido, desde el cual se canalizaban las disputas, colocando a la institución del Presidente por arriba de ellas.

López Obrador no ha perdido este elemento, sabedor del apoyo popular que ha adquirido a lo largo de su carrera política. Tal es el caso que no ha roto con la CNTE, incluso cuando algunos integrantes de Morena lo han exigido. Asimismo, ha incluido nuevos actores sociales en su base de apoyo. El programa social de Jóvenes Construyendo el Futuro, no es más que un intento clientelar para atraer en seis años a los jóvenes beneficiarios a las urnas para apoyar al candidato que seguramente designará. 

Su distanciamiento con el empresariado le ha costado caro y lo ha obligado a recapacitar. A diferencia de mediados del siglo pasado, el Estado ya no tiene la capacidad productiva ni financiera para condicionar a la iniciativa privada y liderar los proyectos económicos. El caso de los gasoductos es una muestra pragmática y de reflexión del presidente: sabe que no podrá cumplir su promesa de crecimiento sin estos actores. 

Por último, la continuidad de que el presidente sea cabeza de partido es evidente. No hay duda de que AMLO controla Morena desde la Presidencia. Y no podríamos esperar menos, el presidente es el fundador de Morena, gracias a él este partido tiene mayoría en el Congreso y en más de la mitad de las legislaturas locales. Morena representa la extensión del poder del presidente. 

En cuanto a las rupturas, mencionaré una que en realidad es el escenario en el cual otras acontecen: la ruptura simbólica. El presidente internalizó e hizo palpable el hartazgo social ante la corrupción y la impunidad. Ante su capacidad para explotarlo, su retórica ha estado anclada, en todo momento, a combatir ambos males.

El simbolismo en su quehacer político es abrumador: apertura de los Pinos como acercamiento al pueblo y de éste con el poder; la disminución de su sueldo para reafirmar sus acciones por compromiso, no por interés; la cancelación del aeropuerto en Texcoco como su posición de siervo del pueblo; la construcción de la refinería en Dos Bocas como confirmación del papel nuevamente del Estado para impulsar el crecimiento económico; la práctica reiterada en cada “mañanera” de informar al pueblo sobre las acciones y los resultados de su gobierno. 

López Obrador ha transformado las formas del quehacer político, reivindicando el acercamiento con el pueblo y distanciándose de la indiferencia de los presidentes anteriores frente a los más desprotegidos. El apoyo social que tiene AMLO es abrumador, tal que muchas de sus propuestas, que carecen de todo rigor técnico, han sido justificadas y defendidas. 

Empero, a lo largo de su sexenio, el elemento simbólico puede desgastarse ante la falta de resultados concretos. Si bien el PRI reafirmaba su legitimidad a través de su retórica historicista, también lo hacía a partir del crecimiento económico. El discurso no es suficiente para preservar la legitimidad de un presidente.

López Obrador y un nuevo sujeto histórico

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Cuando Plutarco Elías Calles creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), colocó las bases para la institucionalización del poder. El tiempo de los caudillos, quienes ascendían al poder a través de “balazos”, se había terminado, y comenzaba así el tiempo de las instituciones. 

Sin embargo, el tiempo de las instituciones heredó bastante del tiempo de los caudillos, herencia integrada en el fenómeno conocido como presidencialismo. Los artículos 27º constitucional, sobre la propiedad original de la nación, y 123º, sobre las relaciones laborales, otorgaban al Poder Ejecutivo una amplia capacidad de acción. El presidente se convertía así en el mediador de todas las disputas entre los grupos y clases sociales. Fungía como arbitro al colocarse por encima de las confrontaciones y determinar su solución.

Junto a la institucionalización del poder político se dio su centralización y la supresión de poderes locales, el ostracismo de la élite terrateniente y eclesiástica del poder y la reivindicación del control y dirección de la educación por parte del Estado. Todo esto con el objetivo de generar un Estado interventor que fungiera como el rector del desarrollo del sistema capitalista a través de la industrialización del país. 

La centralización del poder político requería necesariamente construir una ideología que generara legitimidad en el nuevo régimen. Ante ello, la familia revolucionaria buscó colocarse como último enclave en la sucesión histórica mexicana. Desde el pueblo originario de los aztecas, pasando por la Independencia y la Guerra de Reforma, y ascendiendo con la Revolución mexicana, el nuevo régimen se justificaba como legítimo heredero de todo este proceso histórico. 

No por nada, se buscó reivindicar el origen precolombino a través de la producción de elementos pictóricas que generaran orgullo de nuestro pasado anterior a la llegada de los españoles. Asimismo, a través de la educación se logró imponer un tipo de historia acorde a los intereses del Partido Revolucionario. 

Esto es lo que intenta hacer López Obrador: configurar la historia para colocarse como legítimo heredero del devenir mexicano. Para el presidente actual, la historia se divide en cuatro grandes transformaciones: la Independencia, la Guerra de Reforma, la Revolución y su victoria electoral. Y de forma negativa, todas estas transformaciones son la antítesis de cuatro fenómenos: el periodo colonial, el imperio de Maximiliano, el Porfiriato y la etapa neoliberal. No es por lo tanto coincidencia que AMLO admire a personajes como Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. 

Benito Juárez enfrentó a los conservadores en la guerra de los Tres Años (1958-1961) y al imperio de Maximiliano de Habsburgo para liderar el periodo conocido como la Restauración. Como argumentó Emilio Rabasa en La constitución y la dictadura, la Constitución de 1857 permitió a Juárez convertirse en dictador al obtener facultades extraordinarias que permitieron prologar su estancia en el poder. López Obrador, si bien no apunta a una prolongación de su mandato, si ha comenzado a ejercer facultades que no le competen. 

Por su parte, Madero se enfrentó a la dictadura de más de treinta años de Porfirio Díaz. Si bien la de Madero fue en el ámbito político de la no relección, López Obrador compara esta oposición con la suya frente al periodo neoliberal de más de treinta años. 

En el caso de Lázaro Cárdenas, la admiración de López Obrador radica en la capacidad del primero en establecer las bases para un Estado corporativo, nacionalista e interventor: corporativo en el sentido de que el poder político está legitimado por una base social caracterizada por el estrecho vínculo entre el presidente y los líderes sindicales de obreros y campesinos; nacionalista en el sentido de priorizar la creación de un burguesía nacional y anteponer los intereses nacionales frente a los extranjeros; y desarrollista en el sentido de que el gobierno generara los medios para intentar colocar a la economía nacional en el camino del desarrollo.

Con ello, López Obrador busca colocarse como un nuevo parteaguas en la historia mexicana, al ser el legítimo sucesor de la Revolución y opositor del periodo neoliberal. Busca colocar al Estado nuevamente en el centro de la acción económica -por ejemplo, hacer de PEMEX nuevamente la empresa productiva del país que lidere el crecimiento. 

Para ello, buscará rehacer la historia, enalteciendo su figura como sujeto transformador y vilipendiando el periodo de liberalización económica. Esta monumental empresa de depuración ideológica ya ha comenzado en el ámbito de las letras, la ciencia y el arte. Se busca redefinir estos campos para que estén acordes al proyecto de la 4T. Resoplan los juicios de inquisición ideológica al denostar la opinión ajena, en tanto que aquel que no apoye el movimiento hercúleo se encuentra del lado equivocado de la Historia.