López Obrador: entre el populismo y el neoliberalismo

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En una publicación previa, señalé la dificultad que representa posicionar al gobierno de López Obrador dentro del espectro político e ideológico. Si bien todavía encontramos inconsistencias, existen más elementos para aproximarnos a una delimitación más clara. 

A estas alturas se debe rechazar en términos reales la posición de izquierda del gobierno actual, si bien en términos discursivos se mantiene. Por otro lado, es fácil colocar a López Obrador en el saco de los populismos, ahí donde, según la oposición, encajan posiciones ideológicas diametralmente distintas: desde el chavismo, pasando por Evo y los Kirchner, hasta Trump y Bolsonaro. 

Concuerdo con los escritos acerca de este tema, como el reciente libro Me the People de Nadia Urbinati, acerca de los peligros del populismo. Es cierto que, a diferencia de movimientos exógenos de los golpes de estado de la ultraderecha, el populismo es un fenómeno que surge al interior de la democracia; es un fenómeno embrionario que se alimenta y crece en la dinámica democrática, un agente patógeno que comienza a carcomer las instituciones democráticas desde el interior. 

Si bien el término populismo, así como el del neoliberalismo -categorías simplistas que no aportan mucho al análisis-, se toma en sentido peyorativo, existen versiones de éste, como en todo, que conllevan a resultados positivos. El populismo político de Lázaro Cárdenas generó las bases para la consolidación de un Estado corporativo, nacionalista y desarrollista que permitió el comienzo del capitalismo mexicano. Si bien, durante los setenta años de priismo, el partido hegemónico pudo cambiar de piel según el contexto y la personalidad de los presidentes en turno, su discurso fue claramente populista: es la personificación institucionalizada de la Revolución mexicana, esa gran lucha popular sedienta de reivindicaciones sociales. 

Los dirigentes del Partido siempre se asumieron como la expresión histórica y simbólica de las reivindicaciones del pueblo mexicano, pues como señaló Octavio Paz, “Ellos [dirigentes] son el pasado, el presente y el futuro de México. El PRI no es un partido mayoritario: es la Unanimidad. El presidente no sólo es la autoridad política máxima: es la encarnación de la historia mexicana, el Poder como sustancia mágica transmitida desde el primer tlatoani a través de virreyes y presidentes”.

Ahora, en la década de los ochenta, ante la liberalización económica, las presiones políticas externas e internas y la creciente movilización de la sociedad civil, los gobiernos comenzaron a emprender el proceso de democratización del país. Si bien los resultados no fueron los esperados, sí hubo un avance en la construcción de instituciones que generaran un contrapeso y delimitaran la institución del Ejecutivo.

No sólo se fortalecieron los otros dos poderes y se buscó la descentralización del poder político, dotando, como lo señala la Constitución, a los estados y municipios de autonomía, sino que se crearon organismos de naturaleza técnica que suplieron al gobierno en actividades de gran importancia.

Estos contrapesos e instituciones siguieron extendiéndose durante los dos sexenios panistas y durante el retorno del PRI; sin embargo, con la llegada de López Obrador pareciera que comienza a haber un retroceso. La figura del presidente vuelve a ser enaltecida como a mediados del siglo pasado, pero ahora carece de un fuerte y extenso cuerpo burocrático a través del cual exprese su grandeza. 

Ahí es donde encontramos las inconsistencias de fondo de López Obrador: será el presidente por sí solo, a través de su honestidad y virtud, quien transformará al régimen y lo hará desmembrando la entumecida burocracia. 

Retumba el discurso de Luis Echeverría acerca de la distribución del ingreso a través del desarrollo compartido, pero se encuentra ausente la maquinaria burocrática y técnica para lograr dicho cometido. López Obrador busca impulsar el crecimiento, pero carece, como sí lo tenía Echeverría, un aparato productivo estatal. El periodo neoliberal desmanteló la capacidad productiva del Estado y redujo su margen de liderar el crecimiento. Ante ello, López Obrador no tiene más opciones que recurrir al capital privado.

Por otro lado, es recurrente la crítica a los periodos denominados neoliberales, sin embargo, el gobierno actual no ha transformado en ningún sentido los pilares de este modelo económico y social. El TLCAN, emblema principal del sexenio de Salinas y del neoliberalismo mexicano, no ha sido eliminado; por el contrario, López Obrador les ha implorado a los demócratas que agilicen la aprobación del T-MEC. 

¿Dónde encontramos las comparaciones para este gobierno? En cuanto a lo económico, encontramos similitudes -responsabilidad fiscal (asfixia diría yo), estabilidad macroeconómica y apertura económica- con los gobiernos neoliberales. En este sentido, las nuevas “partidas secretas” para financiar los programas sociales con fines políticos nos hace recordar el uso de la maquinaria electoral de Salinas. López Obrador recurre nuevamente al clientilismo para extender el dominio de Morena en las elecciones intermedias de 2021. En cuanto a la centralización del poder político en manos del Ejecutivo, mediante la destrucción de las instituciones democráticas, hace pensar en el autoritarismo del PRI de segunda mitad del siglo pasado. 

Las contradicciones son reveladoras: discursivamente anti-neoliberal pero sin transformar el modelo neoliberal y estadista siendo anti-estatista y sin un aparato productivo estatal que sustituya al capital privado. AMLO se empieza a acorralar en materia económica y cada vez le quedan menos argumentos para solventar sus intrínsecas contradicciones. 

La frágil democracia mexicana

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Nos encontramos en un punto de inflexión histórico, hasta hace algunos años las democracias se encontraban en un claro aumento a nivel global, pero la falta de resultados económicos y sociales llevó a que muchas votaran por alternativas de organización política, o simplemente se fueran por líderes carismáticos y autoritarios. 

Para entender qué es una democracia hay que irnos a la base de su creación. Primeramente tenemos que entender que el gobierno, así como la economía, los derechos humanos, el comercio internacional, son constructos sociales. Estas son estructuras e ideas que los humanos inventamos para identificarnos, relacionarnos y vivir en sociedad. No hay ninguna otra especie en este mundo que tenga bancos, ética, congresos, bonos, etc. 

El principal constructo social que promueve la cohesión social, política y económica de un grupo de personas es el Estado, algo que se entiende como esa idea de lo que es México en su gobierno, con su moneda, con su diversidad social, leyes, etc. El Estado está basado en el monopolio de la fuerza, la ética social, el Estado de Derecho, la soberanía del pueblo o la misma razón.

El Estado para funcionar requiere de un gobierno, que son las instituciones que administran la división político-administrativa de un país. O sea son las secretarías, organismos, institutos que administran nuestro México. Los gobiernos a su vez cuentan con ideologías políticas y económicas que utilizan para cumplir sus objetivos. Es por esto que existen los socialistas, capitalistas, progresistas, etc. que a su vez actúan mediante políticas públicas y leyes que reflejan esos ideales. 

Las ideologías se deben ver en un eje económico, que es quién administra los factores de producción (tierra, trabajo y capital) si individuos o el gobierno, y un eje político, que se basa en la capacidad de autorregulación humana y la necesidad de intervención del gobierno en la cohesión social. Hay centenas de tipos de gobierno que combinan sus ideologías, China es un gobierno autoritario con un amplio control de los derechos políticos y sociales, pero con una economía fuertemente capitalista. Alemania tiene una ideología de amplio reconocimiento de derechos políticos y sociales así como una economía mixta entre capitalista para el sector empresarial e industrial y socialista para el sector de salud, transporte, educación, entre otros. No es correcto pintar a China como comunista ni a Alemania como capitalista, el trasfondo es mucho mayor.

Lo que vivimos en México es que el PRI controlaba la totalidad del Estado Mexicano, dependiendo del presidente se marcaba la línea ideológica. Desde gobiernos prácticamente autoritarios y conservadores con Díaz Ordaz, el socialismo de Lázaro Cárdenas, hasta el neoliberalismo de Salinas y Zedillo.

Es por esto que hemos construido un México donde lo importante ha sido la forma y no el fondo. En papel tenemos una protección muy amplia de derechos, herramientas de defensa como el amparo y el reconocimiento de minorías, todo gracias a la mezcla ideológica de nuestro gobierno. Pero ese México sólo existe en papel y para quienes tienen dinero para contratar los abogados adecuados. Para el resto existe otro México, uno que no tiene ideología y todo se basa en el poder político y económico, uno en el que el PRI aún mantiene el poder, y uno en el que el pluralismo partidista ha llevado al borde del descontrol.

Apenas en estos últimos 20 años hemos probado lo que realmente significa ser una democracia. Ya hay una diversidad de partidos en el poder, el problema es la falta de instituciones democráticas fuertes que ayuden a madurar paralelamente a los votantes y a los partidos con el gobierno. Es por esto que contamos con gobiernos estatales que rechazan abiertamente el Estado de Derecho con la Ley Bonilla, la defensa a los derechos políticos con la Ley Garrote, la administración fiscal responsable con la deuda de Coahuila y la protección a sus minorías en el Congreso de NL. Ellos hablan a través del poder y no de valores democráticos como la honestidad, solidaridad, responsabilidad, pluralismo, libertad, justicia social, tolerancia, igualdad, respeto, bien común y la legalidad.

La democracia la construimos todos mediante instituciones fuertes, el INE, la CNDH, el CONEVAL, la CRE, la CNH, BANXICO, el IFETEL, la COFECE, la FGR, todas son de reciente creación. Si queremos que México siga siendo una democracia es necesario defenderlas. En una democracia no cabe el gobierno de uno, un presidente es humano y jamás será la respuesta. En cambio, las instituciones que son democráticas no están sesgadas, no discriminan y sobretodo promueven la justicia y equidad social. Pero es necesario seguir separando a estas instituciones del poder político para que lo regulen, por el bien común. 

La continuidad-ruptura y el simbolismo: un balance en materia política de los primeros nueve meses del gobierno de López Obrador

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Actualmente, no existe en México mejor político que Andrés Manuel López Obrador. Si entendemos lo político según Maquiavelo -la capacidad de obtener y conservar el poder-, el presidente, en ese sentido, se debe comparar con Carlos Salinas de Gortari. 

Continuando un balance de los primeros nueve meses de su gobierno -anteriormente lo hicimos en la dimensión económica-, en términos políticos hay mucho que decir al respecto. 

López Obrador es el presidente de las formas y los símbolos. Desde antes de asumir la Presidencia, el originario del estado de Tabasco ha transformado los modos del quehacer político. Sin duda existen grandes similitudes con los gobiernos priistas del siglo pasado -la centralización del poder, el culto a la personalidad del presidente, la retórica populista, etc.-; sin embargo, también encontramos elementos diametralmente opuestos a los gobiernos anteriores. 

La astucia política del presidente le ha permitido combinar aspectos del pasado con otros que lo presentan como un nuevo sujeto transformador. Con ello, el proceso del gobierno de López Obrador es uno de continuidad-ruptura. Comencemos con las continuidades. 

La continuidad más relevante, que le permite renovar incesantemente su legitimidad, es de carácter histórico. Al igual que el PNR se colocó como legítimo heredero de la Revolución mexicana -al institucionalizarla, la contuvo-, AMLO se coloca como el desenlace natural, lógico y teleológico de la historia mexicana. No por nada la cuarta transformación solamente se equipara a la Independencia, la Reforma y la Revolución. El presidente busca reconstruir la historia para posicionarse como el resultado evolutivo y, por lo tanto, necesario del acontecer mexicano. 

Otro elemento de continuidad es el de la base social. La consolidación del Estado moderno mexicano fue, en parte, gracias a la base social que lo constituye. Con el PRM, Lázaro Cárdenas logró integrar las distintas fuerzas sociales al partido, desde el cual se canalizaban las disputas, colocando a la institución del Presidente por arriba de ellas.

López Obrador no ha perdido este elemento, sabedor del apoyo popular que ha adquirido a lo largo de su carrera política. Tal es el caso que no ha roto con la CNTE, incluso cuando algunos integrantes de Morena lo han exigido. Asimismo, ha incluido nuevos actores sociales en su base de apoyo. El programa social de Jóvenes Construyendo el Futuro, no es más que un intento clientelar para atraer en seis años a los jóvenes beneficiarios a las urnas para apoyar al candidato que seguramente designará. 

Su distanciamiento con el empresariado le ha costado caro y lo ha obligado a recapacitar. A diferencia de mediados del siglo pasado, el Estado ya no tiene la capacidad productiva ni financiera para condicionar a la iniciativa privada y liderar los proyectos económicos. El caso de los gasoductos es una muestra pragmática y de reflexión del presidente: sabe que no podrá cumplir su promesa de crecimiento sin estos actores. 

Por último, la continuidad de que el presidente sea cabeza de partido es evidente. No hay duda de que AMLO controla Morena desde la Presidencia. Y no podríamos esperar menos, el presidente es el fundador de Morena, gracias a él este partido tiene mayoría en el Congreso y en más de la mitad de las legislaturas locales. Morena representa la extensión del poder del presidente. 

En cuanto a las rupturas, mencionaré una que en realidad es el escenario en el cual otras acontecen: la ruptura simbólica. El presidente internalizó e hizo palpable el hartazgo social ante la corrupción y la impunidad. Ante su capacidad para explotarlo, su retórica ha estado anclada, en todo momento, a combatir ambos males.

El simbolismo en su quehacer político es abrumador: apertura de los Pinos como acercamiento al pueblo y de éste con el poder; la disminución de su sueldo para reafirmar sus acciones por compromiso, no por interés; la cancelación del aeropuerto en Texcoco como su posición de siervo del pueblo; la construcción de la refinería en Dos Bocas como confirmación del papel nuevamente del Estado para impulsar el crecimiento económico; la práctica reiterada en cada “mañanera” de informar al pueblo sobre las acciones y los resultados de su gobierno. 

López Obrador ha transformado las formas del quehacer político, reivindicando el acercamiento con el pueblo y distanciándose de la indiferencia de los presidentes anteriores frente a los más desprotegidos. El apoyo social que tiene AMLO es abrumador, tal que muchas de sus propuestas, que carecen de todo rigor técnico, han sido justificadas y defendidas. 

Empero, a lo largo de su sexenio, el elemento simbólico puede desgastarse ante la falta de resultados concretos. Si bien el PRI reafirmaba su legitimidad a través de su retórica historicista, también lo hacía a partir del crecimiento económico. El discurso no es suficiente para preservar la legitimidad de un presidente.

López Obrador y un nuevo sujeto histórico

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Cuando Plutarco Elías Calles creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), colocó las bases para la institucionalización del poder. El tiempo de los caudillos, quienes ascendían al poder a través de “balazos”, se había terminado, y comenzaba así el tiempo de las instituciones. 

Sin embargo, el tiempo de las instituciones heredó bastante del tiempo de los caudillos, herencia integrada en el fenómeno conocido como presidencialismo. Los artículos 27º constitucional, sobre la propiedad original de la nación, y 123º, sobre las relaciones laborales, otorgaban al Poder Ejecutivo una amplia capacidad de acción. El presidente se convertía así en el mediador de todas las disputas entre los grupos y clases sociales. Fungía como arbitro al colocarse por encima de las confrontaciones y determinar su solución.

Junto a la institucionalización del poder político se dio su centralización y la supresión de poderes locales, el ostracismo de la élite terrateniente y eclesiástica del poder y la reivindicación del control y dirección de la educación por parte del Estado. Todo esto con el objetivo de generar un Estado interventor que fungiera como el rector del desarrollo del sistema capitalista a través de la industrialización del país. 

La centralización del poder político requería necesariamente construir una ideología que generara legitimidad en el nuevo régimen. Ante ello, la familia revolucionaria buscó colocarse como último enclave en la sucesión histórica mexicana. Desde el pueblo originario de los aztecas, pasando por la Independencia y la Guerra de Reforma, y ascendiendo con la Revolución mexicana, el nuevo régimen se justificaba como legítimo heredero de todo este proceso histórico. 

No por nada, se buscó reivindicar el origen precolombino a través de la producción de elementos pictóricas que generaran orgullo de nuestro pasado anterior a la llegada de los españoles. Asimismo, a través de la educación se logró imponer un tipo de historia acorde a los intereses del Partido Revolucionario. 

Esto es lo que intenta hacer López Obrador: configurar la historia para colocarse como legítimo heredero del devenir mexicano. Para el presidente actual, la historia se divide en cuatro grandes transformaciones: la Independencia, la Guerra de Reforma, la Revolución y su victoria electoral. Y de forma negativa, todas estas transformaciones son la antítesis de cuatro fenómenos: el periodo colonial, el imperio de Maximiliano, el Porfiriato y la etapa neoliberal. No es por lo tanto coincidencia que AMLO admire a personajes como Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. 

Benito Juárez enfrentó a los conservadores en la guerra de los Tres Años (1958-1961) y al imperio de Maximiliano de Habsburgo para liderar el periodo conocido como la Restauración. Como argumentó Emilio Rabasa en La constitución y la dictadura, la Constitución de 1857 permitió a Juárez convertirse en dictador al obtener facultades extraordinarias que permitieron prologar su estancia en el poder. López Obrador, si bien no apunta a una prolongación de su mandato, si ha comenzado a ejercer facultades que no le competen. 

Por su parte, Madero se enfrentó a la dictadura de más de treinta años de Porfirio Díaz. Si bien la de Madero fue en el ámbito político de la no relección, López Obrador compara esta oposición con la suya frente al periodo neoliberal de más de treinta años. 

En el caso de Lázaro Cárdenas, la admiración de López Obrador radica en la capacidad del primero en establecer las bases para un Estado corporativo, nacionalista e interventor: corporativo en el sentido de que el poder político está legitimado por una base social caracterizada por el estrecho vínculo entre el presidente y los líderes sindicales de obreros y campesinos; nacionalista en el sentido de priorizar la creación de un burguesía nacional y anteponer los intereses nacionales frente a los extranjeros; y desarrollista en el sentido de que el gobierno generara los medios para intentar colocar a la economía nacional en el camino del desarrollo.

Con ello, López Obrador busca colocarse como un nuevo parteaguas en la historia mexicana, al ser el legítimo sucesor de la Revolución y opositor del periodo neoliberal. Busca colocar al Estado nuevamente en el centro de la acción económica -por ejemplo, hacer de PEMEX nuevamente la empresa productiva del país que lidere el crecimiento. 

Para ello, buscará rehacer la historia, enalteciendo su figura como sujeto transformador y vilipendiando el periodo de liberalización económica. Esta monumental empresa de depuración ideológica ya ha comenzado en el ámbito de las letras, la ciencia y el arte. Se busca redefinir estos campos para que estén acordes al proyecto de la 4T. Resoplan los juicios de inquisición ideológica al denostar la opinión ajena, en tanto que aquel que no apoye el movimiento hercúleo se encuentra del lado equivocado de la Historia.   

#EspacioPúblico: “Minutos que salvan vidas”

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10 de la mañana, jueves, avenida Lázaro Cárdenas. Recorro en mi auto la avenida desde su inicio en el municipio de San Pedro Garza García hasta su incorporación con la Avenida Eugenio Garza Sada en el municipio de Monterrey para después tomar un corto tramo de la carretera nacional.

Me traslado solo. Es buen momento para realizar un ejercicio de mindfulness: observación consciente de los límites de velocidad.

El ejercicio consiste en tomar el carril central y sin tener distractores como radio o llamadas telefónicas, tratar de mantener  una velocidad constante de 70 kilómetros por hora, la máxima marcada en las señales de tránsito, y observar lo que sucede.

Resultado: Fui rebasado por ambos lados por prácticamente todos los autos que circulaban alrededor, algunos de ellos a una velocidad altísima marcándome su prisa con las luces. Mantener la velocidad marcada fue difícil. Quitaba el pie del acelerador al ver que la velocidad empezaba a superar el límite y el auto tardaba mucho en reducirla. Las características de la calle propiciaban la velocidad. Empecé a sentir estrés al por ser el automovilista distinto que simplemente va a una velocidad constante sin buscar rebasar a los demás. A pesar de seguir las indicaciones de tránsito, no era bien recibido entre los que se sentían afectados por mi manera de usar la calle. 

Al llegar a mi destino descansé de la tensión vial y me di cuenta de cosas que veo a diario como algo cotidiano y que deben ser tratadas con mayor rigor.  

No es coincidencia que Lázaro Cárdenas y Garza Sada sean de las avenidas con más colisiones viales en la ciudad.  Las características de calle y el exceso de velocidad son una combinación que lo propicia. Y no son las únicas calles en la ciudad con estas características, somos una ciudad que más que avenidas tiene autopistas. 

Ahora veo con más claridad algunas razones por las que somos Estado líder en estadística vial. De acuerdo a estudios del INEGI somos el estado con mayor número de choques, y por mucho. Se necesitan sumar las cifras de los siguientes 4 estados para igualar lo que sucede en Nuevo León. Un nada honroso liderazgo.

Mi recorrido fue de aproximadamente 20 kilómetros y el tiempo que hice a la velocidad permitida fue de 17 minutos. Si lo hubiera realizado a 100 kilómetros por hora lo hubiera hecho en 12. Muchos de los autos que me rebasaron superaban esa velocidad.

¿Qué significan 5 minutos a exceso de velocidad? 

Esos minutos incrementan exponencialmente las probabilidades de fallecer en una colisión o causarle la muerte a alguien más. De acuerdo a estudios realizados en el Reino Unido la probabilidad de sobrevivir en un choque a una velocidad de 100 kilómetros por hora es solo del 2 por ciento. A 70  kilómetros es del 20 por ciento.

Hacer este ejercicio de observación plena me dejó con aprendizajes importantes que podría resumir en tres puntos que tienen que ver con nuestra cultura: No hay conciencia  de las consecuencias del exceso de velocidad, no hay respeto por el reglamento de tránsito y no se respeta  a quienes si lo cumplen.  Pero también me deja un cuarto punto que tiene que ver con la infraestructura: contamos con avenidas pensadas como carreteras que propician velocidad sin las características de seguridad que requiere la movilidad de una zona urbana.

Quizás no podamos resolver todo lo necesario para que las avenidas de la ciudad sean más seguras pero si podemos empezar por lo más básico que es respetar los límites de velocidad y eso mucho tiene que ver con nuestra administración del tiempo. 

Una cosa es vivir de prisa y otra manejar con prisa. Es mejor tomar tiempo para llegar temprano. El estrés de llegar tarde tiene consecuencias. Por cada minuto que se busque llegar más temprano se corren riesgos exponenciales de sencillamente no llegar.

Mike Pence asistirá a reunión con delegación mexicana

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La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) informó que en la reunión es este miércoles con la delegación mexicana asistiría el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

La reunión será para negociar los aranceles que Donald Trump pretende imponer a México.

Además de Pence, también acudirán el Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, y Kevin McAleenan, secretario interino de Seguridad Nacional.

El encuentro se llevará a cabo a las 14:30 horas del centro de México en la Casa Blanca, en Washington, D.C.

Por la delegación mexicana asistirán el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; la Secretaria de Economía, Graciela Márquez; el Secretario de Agricultura, Víctor Villalobos; el Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa; el Subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, y el coordinador de asesores de Presidencia, Lázaro Cárdenas.

De igual manera, el canciller Ebrard informo el día ayer que también estará en Washington el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar, y un representante de las Fuerzas Armadas.

Vuelven a incendiar autos en San Pedro, ahora con bomba molotov

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El municipio de San Pedro Garza García fue nuevamente blanco del vandalismo y la delincuencia organizada este jueves. En esta ocasión con fue una tentado con bomba molotov contra un lote de vehículos nuevos que dejó al menos 5 automóviles calcinados y uno con daños.

De acuerdo a los reportes, el artefacto fue arrojado en el lote de la agencia Hyundai, entre Av. Lázaro Cárdenas y Av. Ricardo Margáin, a las 20:40 horas.

Autoridades que se dieron cita en el lugar, encontraron junto a uno de los autos siniestrados, restos de la bomba molotov.

Tras los hechos, en la radio de la Policía municipal se dijo que buscaban como sospechosos a dos hombres que al iniciar el fuego corrieron rumbo a Lázaro Cárdenas, lugar donde, según testigos, abordaron una camioneta pick up, en la que se presumo que huyeron los sospechosos, aunque la versión no ha sido confirmada.

Agentes ministeriales que investigan el caso buscaban anoche imágenes de cámaras de seguridad de negocios aledaños y del C4, para tratar de ubicar el momento del incendio y de la huida de los responsables.

Los hechos son similares a los sucedidos el pasado 29 enero, seis vehículos fueron incendiados de manera intencional en las colonias Fuentes del Valle y Valle del Norte, en esa ocasión se usaron bidones con gasolina.

Lo sucedido este jueves se unen a una lista de actos violentos en uno de los municipios más seguros de México. El fin e semana pasado se reportaron varios robos en supermercados y plazas comerciales, dejando como saldo a un joven de 24 años de edad, asesinado al resistirse a un asalto en Plaza Tanarah. El miércoles cuatro vehículos fueron cristaleados en la plaza comercial Campestre, en Av. Vasconcelos.

¡Por fin! CNTE retira bloqueos ferroviarios en Michoacán

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La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) acordó en asamblea esta madrugada comenzar con la liberación de vías férreas en Michoacán, después de mantener el planto por 17 días.

El acuerdo fue alcanzado tras 17 horas de sesión de representantes de las 22 secciones de la CNTE en la entidad y luego de que ayer los docentes comenzaran a cobrar sus pagos de salarios y bonos del mes de enero.

Fue ayer por la tarde cuando el Gobierno de Michoacán comenzó a liberar los recursos para el pago de adeudos con maestros con clave estatal.

Lo bloqueos que fueron retirados a partir de las 9 de la mañana de hoy son los de siete vías férreas: Pátzcuaro, La Piedad, Nueva Italia, Caltzontzin, Maravatío, Yurécuaro, Lázaro Cárdenas.

Sin embargo, se votó por continuar con manifestaciones hasta que se cumpla la totalidad de las demandas contenidas en un pliego petitorio de 29 puntos, pero sin obstruir el libre tránsito.

 

AMLO y el posible retorno del presidencialismo mexicano

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La victoria de López Obrador del pasado 1 de julio puede representar un retorno al presidencialismo de mediados del siglo pasado. Con una mayoría absoluta en el Congreso, mayoría en diecinueve congresos locales y jefe supremo de un potencial partido hegemónico, el devenir nacional puede quedar a merced de la voluntad del virtual presidente. Si a ello, le sumamos el respaldo social manifestado en la euforia electoral y el apoyo “condicional” de la clase empresarial, después de haber sido acérrimos críticos a lo largo de su campaña, los contrapesos parecen diluirse del juego político. 

Según Arnaldo Córdova, en su magnifica obra La formación del poder político en México, fue en el mandato de Lázaro Cárdenas que se logró afianzar el fenómeno político y social llamado presidencialismo. La Revolución mexicana permitió la institucionalización del poder político a partir de una serie de medidas tomadas por el nuevo grupo en el poder: la profesionalización del ejército, el reconocimiento de los conflictos sociales mediados por el Ejecutivo, la cooptación o eliminación de las fuerzas disidentes y una amplia legitimación como consecuencia de la inclusión de las masas en la nueva estructura del poder. 

El proceso de la formación del poder político comienza desde la promulgación de la Constitución de 1917. En ella, se establecieron los preceptos legales para la eliminación del caudillismo -fenómeno característico de la época porfiriana, en el cual Díaz era el caudillo mayor- y el ascenso del presidencialismo. La del 17′ era una constitución que dotaba al Poder Ejecutivo de grandes facultades, especialmente las expresadas en los artículos 27º y 123º- la concepción originaria de la propiedad y las relaciones obrero-patronales, respectivamente. 

De esa manera, el Ejecutivo obtiene dos atribuciones que le permiten sobreponerse por arriba de cualquier fuerza social, nacional e internacional: la capacidad de expropiar los recursos en manos de empresas trasnacionales y la de ser árbitro entre conflictos sociales.

Para Fernando Castañeda, “el único poder que puede darle sentido, es un poder igualmente inconmensurable cuyo único fundamento es su autoridad misma: el arbitrio”.

Bajo la estructura de poder, edificada en los gobiernos posrevolucionarios, el sistema político mexicano promueve la concentración del poder en manos del Ejecutivo. Diego Valadés en una conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales argumentó que es incorrecto decir que el Presidente de México es la cabeza del Poder Ejecutivo; por el contrario, el Presidente es el Poder Ejecutivo. El artículo 80º establece que “se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo….”.

Las reformas electorales en la segunda mitad del siglo pasado, el incipiente sistema de partidos bajo el juego político del PRI, PAN y PRD, la alternancia presidencial, la adquisición de facultades por parte de estados y municipios y el nuevo protagonismo del Poder Judicial, sobre todo de la SCJN, fueron elementos que representaban un proceso de descentralización del poder. Asimismo, las propuestas de una Fiscalía Anticorrupción autónoma y un gobierno de coalición (distinto a una coalición electoral) promovían el fortalecimiento de las instituciones.

Enrique Krauze apunta a que el caudillismo del siglo decimonónico ha retornado en forma de populismo en los últimos años. En mi opinión el populismo político no es el problema, así como Cárdenas, AMLO puede incluir a las masas en la estructura del poder y efectuar una política dirigida a las urgencias sociales; algunas reformas sociales son necesarias en la coyuntura nacional. 

Empero, lo que sí es preocupante, en primer lugar, es el retroceso de las instituciones y el ascenso de las figuras políticas; para él la corrupción no será eliminada a partir de las instituciones, sino de su mera persona: si el presidente es honesto, la corrupción se desvanecerá. 

En segundo lugar, la anulación del pluralismo político y la erradicación de contrapesos -la élite política se está reconfigurando y todos quieren una parte del pastel-, ni siquiera por parte de la clase empresarial, es igualmente preocupante. 

El presidencialismo de la época de Cárdenas fue degenerado hacia un autoritarismo que tuvo su punto más álgido con Díaz Ordaz. Sin embargo, actualmente la sociedad civil es más fuerte y más participativa, y existen múltiples medios de comunicación independientes. Por ello, se debe exigir a AMLO lo prometido y generar un contrapeso a su amplio poder: la participación política no acabó el 2 de julio.

Dimes y Diretes: “EPN desconoce al PRI”

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Cada que tiene oportunidad el presidente de todos, Enrique “Henry Monster” Peña Nieto, hace referencia sobre los peligros del “populismo” para México y claro para el sistema neoliberal que tiene nuestro país. No hay otra forma de ver esto más que por el lado de que, el mismo Peña Nieto, esta desconociendo a su partido y junto con ello la historia del mismo.

El presidente del copete de oro parece no conocer la historia del partido del que forma parte desde hace muchos años. El PRI, originalmente conocido como Partido de la Revolución Mexicana y antes de esto como el Partido Nacional Revolucionario, es y fueron partidos populistas.

Uno no debe de olvidar que fue el mismo PRM con Lázaro Cárdenas, el que expropio el petróleo mexicano, una acción 100% populista y socialista. Este mismo partido, el PRM, estuvo formado por diferentes sindicatos mineros, campesinos, profesionales, industriales, artesanos y comerciantes.




Tampoco olvidemos que incluso hoy en día el PRI, tiene una de las maquinarias sindicalistas más importantes a nivel nacional. La CTM, CROC, CNC, Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y el Sindicato Mexicano de Electricistas, son gremios creados por el mismo PRI y que claro representan mucho de su voto duro en época electoral.

Peña Nieto sigue insistiendo en hablar de populismo y sus peligros, cuando el partido al que pertenece lleva ejerciendo políticas populistas desde hace 88 años. El PRI no es un partido liberal, es un partido que en su momento fue creado para atender las necesidades del pueblo, después de la Revolución Mexicana. Incluso, me arriesgo a decir, que el PRI tiende a escoger candidatos “populacheros” puesto que está en su naturaleza hacerlo.

Tratar de satanizar el populismo, que ha ejercido por años el PNR, PRM y ahora PRI, para dañar la imagen de Andrés Manuel López Obrador “el Peje, no funciona, no va a funcionar, no va a lograr su objetivo.

¿Qué acaso nuestros personajes políticos creen que la frase “es un peligro para México” sigue funcionando?

¡Ahí Se Leen!




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”