La Taquería

Peña Nieto: el presidente que le quedó grande ser mexicano

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Ya han pasado poco más de cuatro años desde aquel día donde los mexicanos, fueron testigos del regreso del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia, por medio de Enrique Peña Nieto. En medio de un considerable escepticismo ciudadano, y de un desencanto hacia la oposición, que se había incorporado al sobreestimado “Pacto por México”, comenzaron (para EPN) y volvieron a iniciar (para el PRI en su conjunto) los días dentro de Los Pinos; dejando a un lado los errores en sus discursos, los cuales se referían a información que todo servidor público decente debería saber, la presidencia de Peña inició con el pie izquierdo: fomentando una reforma energética que desmantela los logros de Cárdenas por mantener nuestros recursos dentro de la esfera soberana.

Igualmente, continuando una reforma educativa, la cual, requiere de forma urgente modificaciones para convertirse en algo más que una iniciativa de reforma al sistema laboral de los profesores pertenecientes a escuelas públicas; las políticas regresivas de recaudación, como el aumento desproporcional del IVA, constituyen un argumento más para afirmar la política decadente que desde un inicio manejaba el aún ejecutivo.

Ahora bien, encima de la mala gestión inicial, resulta imposible no tocar el tema de los escándalos del presidente y compañía (familia y su gabinete) si se desea hablar de este sexenio por concluir (afortunadamente); la casa blanca de su cónyuge, Angélica Rivera, y el cínico video donde ella trata de justificarla, el avión presidencial, el reciente descubrimiento del plagio a su tesis profesional, las nada creíbles disculpas presidenciales respecto a la casa blanca, la “otra casa blanca”, de su secretario de hacienda Luis Videgaray, los departamentos de su esposa, y más recientemente la invitación a Trump. Todo esto es lo que sucede cuando se elige a un candidato de papel.

En cada uno de estos escándalos, las justificaciones rodeaban de incredulidad a la mayoría de la sociedad: que Videgaray había adquirido sus millonarias propiedades vendiendo obras artísticas que se negaba a mostrar, que si el avión presidencial valuado en millones no podía cancelarse porque resultaría en un mayor gasto, que si Angélica Rivera mencionaba que se habían metido con su familia con el reportaje de su inmueble.

En fin, todo un espectáculo de excusas que ni siquiera ellos se creían llegó a nosotros durante estos años, en los que algunos verdaderamente deseábamos que el escándalo del momento fuera el ultimo, en razón de rescatar la poca dignidad que le quedaba a México en el ámbito internacional.

Hoy, tras haberse suscitado nuevos escándalos, como el plagio de Peña Nieto (el cual se atreve a afirmar descaradamente que se trata de un error metodológico), y como la invitación al candidato republicano, Donald Trump (la cual se consagra como la burla suprema del presidente hacia la nación entera), no solo queda claro (hasta al más fiel militante del PRI), la nula capacidad intelectual, ética y direccional de Peña, sino también nos revela que este personaje, además de quedarle muy grande la investidura de jefe de estado, le queda mucho más grande la de mexicano; pues un mexicano, por más poca capacidad que tenga en los distintos campos, no va a poner de rodillas a su país como lo hizo con Trump recientemente; un mexicano no mancilla de esa manera la bandera y el orgullo de su nación con estos actos tan deplorables que presenciamos en este sexenio por terminar.
Peña, no solo ha sido el presidente que no merecemos ni necesitamos, sino que también ha sido la persona que no merece tener el honor de decirse mexicano.

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