FMI considera que se necesita un plan “creíble” para Pemex

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La petrolera estatal mexicana Pemex, la principal empresa de México, fuertemente endeudada, necesita un plan “creíble” para calmar a los mercados, dijo el viernes un alto funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El subdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Krishna Srinivasan, dijo que “a corto plazo, el gobierno ha brindado cierto apoyo” a Pemex, pero advirtió esto solo puede dejar tranquilos a los mercados “por poco tiempo”.

“Se necesita tener una estrategia, un plan de negocios que esté bien diseñado y sea creíble, y que haga que Pemex vuelva a estar en una posición más sólida y tranquilizar a los mercados”, dijo Srinivasan a periodistas durante las reuniones de primavera del Banco Mundial (BM) y el FMI, que se desarrollan esta semana en Washington.

Más temprano, el secretario de Hacienda de México, Carlos Urzúa, anunció que el gobierno de Andrés López Obrador prevé hacer una quita de deuda a Pemex de unos 100 mil millones de pesos (unos 5 mil 300 millones de dólares) con recursos del llamado Fondo de Estabilización, una operación que necesitará aprobación del Congreso.

Esta ayuda, que sería por una única vez, permitiría a Pemex no tener que acudir al mercado en busca de financiación, explicó Urzúa en una conferencia en el Diálogo Interamericano, un centro de reflexión en Washington.

“Somos conscientes de que a corto plazo Pemex necesita ayuda y vamos a proporcionársela”, agregó, tras afirmar que el gobierno federal abusó de Pemex por demasiado tiempo con una sobrecarga de impuestos.

“Hemos ordeñado la vaca hasta que casi muere”, afirmó.

Pemex, que tiene una deuda de más de 100 mil millones de dólares y ha visto un declive en su producción, es una preocupación del gobierno de López Obrador, quien ha anunciado un plan para rescatarla aunque este no convence a las calificadoras.

El mes pasado, Standard & Poor’s degradó a negativa la perspectiva de la deuda de Pemex, señalando que “el plan financiero para restaurar los fundamentos crediticios de la petrolera es insuficiente”.

Pemex, que monopolizó la industria petrolera mexicana por más de 70 años hasta que la reforma energética de 2013 abrió el sector a inversores privados, sigue siendo productor, pero sobre todo importador, de casi todos los combustibles que se consumen en México.

En su último informe de previsiones económicas revelado el martes, el FMI revisó a la baja el crecimiento para México en 2019, a 1.6% luego de un incremento del PIB de 2% en 2018.

(Fuente: El Mañanero Diario)

#ElTalónDeAquiles: “Maduro inmaduro”

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Afirma el conocido animador de televisión peruano, Jaime Bayly, que Nicolás Maduro, lejos de ser un dictador de verdad, de los que da miedo, es un payaso: sus excursiones lingüísticas Shakespearianas, los pajarillos que lo sobrevuelan, y los “Back from the future”, son algunos ejemplos de sus excentricidades. Hoy, el régimen da sus últimos aleteos en un triste aislamiento. La situación va más allá de la tradicional oposición de derecha, la cual sigue denunciando la intención de cubanizar Venezuela (como si Cuba hubiera vivido la hiperinflación y Fidel Castro hubiese sido el hazmerreir de amigos y enemigos). No. En Venezuela, la realidad superó al peor de los temores. 

El aislamiento de Caracas es triste porque incluye, de manera clara y evidente, críticas de izquierda, que ven impotentes cómo las oportunidades de cambio y de justicia se fueron por la cloaca discursiva. Es decir, a los opositores tradicionales del chavismo, como lo son la derecha colombiana (hoy en la presidencia, de la mano de Iván Duque), y opositores menos tradicionales (como el recientemente electo Jair Bolsonaro, en Brasil), se les une líderes de centro-izquierda, como Alvarado (Costa Rica) y Trudeau (Canadá). Además, el heteróclito Grupo de Lima, compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, y Santa Lucía, intenta desde 2017, a pesar de Caracas, encontrar una salida pacífica a la crisis. En fin, democracias europeas como Francia y España decidieron recientemente no seguir siendo indiferentes ante la parodia revolucionaria. El gobierno de Maduro sigue siendo reconocido por Bolivia, China, Cuba, Turquía, y otros tantos, pero ya no es reconocido por muchos otros.

Los demócratas progresistas nunca perdonaremos a la nomenclatura petro-chavista el haber fracasado en su intento por cambiar el destino de su país. Habrían podido desmontar el corporatismo creado por el Pacto de Punto Fijo, invertir en el futuro creando un sistema educativo competitivo, y poner la renta petrolera al servicio de la diversificación económica. Pero no. En vez de lanzar la revolución más radical que siempre ha requerido América Latina, la democracia, sustituyeron a los viejos receptores de las dádivas petroleras por nuevos actores. Ya no son los ricachones de los partidos políticos tradicionales los que se aprovechan del sistema, sino los nuevos líderes, prontamente corrompidos, del Partido Socialista Venezolano. Y en vez de educar y desarrollar, se fortaleció el clientelismo, fomentando así la dependencia económica de las clases sociales menos favorecidas a un sistema que no da herramientas para sobrevivir. Entonces, en vez de hacer germinar la democracia, se transformó el autoritarismo: se pasó de un corporatismo de centro-derecha a un confuso gobierno despojado de toda agenda izquierdista. Por su obstinada resistencia al cambio, el grupo fiel a Maduro es hoy más reaccionario que progresista. 

La última vez que escribí sobre Venezuela señalaba que la situación seguía degradándose en una certera descomposición de la revolución bolivariana. En mayo de 2017, se cumplían varias semanas de movilización social que había producido decenas de muertos. El gobierno argumentaba que la principal amenaza era la contrarrevolución (golpista) de derecha. Desde ese entonces, poco cambió pero todo empeoró: Maduro fue reelecto en un proceso electoral muy cuestionado a nivel nacional e internacional. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se autoproclamó presidente legítimo del país. Mientras tanto, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) pronostica que la economía venezolana se contraerá el 10 % en 2019 mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una astronómica hiperinflación de 10,000,000%.

Maduro es inmaduro. Se aferra al poder y asegura que no hay crisis humanitaria en su país. Cree que todavía puede gobernar. Es posible que el dirigente bolivariano no tenga la sofisticación de líderes autoritarios como Vladimir Putin, y sí, es posible que sea un payaso. Pero sus excentricidades ya no hacen gracia y su testarudez es peligrosa, no solo para Venezuela, sino para toda la región latinoamericana. La invitación es clara: salir del poder ahora que todavía puede hacerlo. 

Fernando A. Chinchilla

Winnipeg (Canadá), febrero de 2019

FMI recorta pronóstico de crecimiento para México a 2.1% en 2019

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo su previsión de crecimiento de la economía mexicana a 2.1% desde el 2.5% para el presente año, ante una caída de la inversión privada.

No sólo eso, el organismo internacional encabezado por Christine Lagarde también disminuyó su pronóstico de crecimiento para el 2020 al ubicarlo en 2.2%, luego de que en su reporte anterior previó un Producto Interno Bruto (PIB) en 2.7%.

De acuerdo con su reporte Perspectivas de la Economía Mundial, el FMI explicó que las economías de mercados emergentes y en desarrollo como México han sido puestas a prueba por las difíciles condiciones externas de los últimos meses, en medio de tensiones comerciales, mayores tasas de interés en Estados Unidos, apreciación del dólar, salidas de capitales y precios del petróleo volátiles.

En dicho entorno, el FMI recomendó que “para abordar la pesada carga de la deuda privada y los descalces de monedas y vencimientos en los balances en algunas economías será necesario reforzar los marcos macroprudenciales”.

El organismo también consideró necesario que la política fiscal debe garantizar que los coeficientes de endeudamiento sigan siendo sostenibles cuando las condiciones financieras externas sean más complicadas.

“Focalizar mejor los subsidios y racionalizar los gastos ordinarios puede ayudar a preservar el gasto de capital necesario para estimular el crecimiento potencial y el gasto social que se requiere para mejorar la inclusión”, acotó.

El Fondo Monetario Internacional señaló que aún existe incertidumbre derivada de los procesos internos de ratificación en el caso del T-MEC, firmado entre Estados Unidos, México y Canadá.

“Por lo tanto, el comercio, la inversión y el producto a escala mundial siguen estando amenazados por la incertidumbre de las políticas y otras tensiones comerciales actuales. De no resolverse las diferencias y de materializarse el consiguiente aumento de las barreras arancelarias, aumentarían los costos de los bienes intermedios y de capital importados y los precios de los bienes finales para los consumidores“, advirtió el reporte.

Aparte de estos impactos directos, abundó, la mayor incertidumbre en torno a las políticas comerciales y las preocupaciones por una intensificación del conflicto y las represalias perjudicarían la inversión empresarial, perturbarían las cadenas de abastecimiento y frenarían el crecimiento de la productividad.

Crecimiento económico o estabilidad macroeconómica

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López Obrador, quien tomará posesión el próximo sábado, ha establecido que su gobierno respetará la estabilidad macroeconómica. Esa no es una promesa menor si revisamos los acontecimientos de la crisis de la deuda de 1982, la crisis de 1987 y el “error de diciembre” de 1994. Aquí nos concentraremos en la primera, la cual sumió al país en una de las peores crisis de su historia reciente. 

Cuando Luis Echeverría asciende a la Presidencia en 1970, el gobierno se enfrenta a dos problemas centrales: la pérdida de legitimidad política por los sucesos de 1968 y a un recesión económica. 

El autoritarismo mostrado en la represión estudiantil representaba el agotamiento del sistema político. Asimismo, la recesión económica de 1971 expresaba el fin del periodo denominado “desarrollo estabilizador”. Periodo en el cual la economía presentó un crecimiento sostenido y una estabilidad macroeconómica, es decir, bajos niveles de déficit y deuda, así como una inflación controlada. 

Sin embargo, los aspectos negativos del modelo de sustitución de importaciones iban agudizándose a medida que terminaba la década de los sesenta: cuellos de botella en la producción, baja productividad y, por ende, baja competitividad, una burguesía conformista y la dependencia estructural de bienes de capital externos. 

Con ello, Echeverría buscó recuperar la legitimidad política a través de un inusitado gasto público dirigido a sectores poco productivos. El entonces presidente pensaba que el “desarrollo estabilizador” había provocado una mayor desigualdad, por lo cual su proyecto, denominado “desarrollo compartido”, debía concentrarse en la redistribución del ingreso nacional. 

Bajo este populismo económico, el aparato burocrático se expandió de forma desmedida, el déficit aumentó y el financiamiento tuvo que hacerse a través de la emisión de dinero por parte del Banco de México y de endeudamiento externo. 

Con la devaluación de 1976, la lucha contra la iniciativa privada y el acuerdo de estabilización pactado con el Fondo Monetario Internacional parecía que el gobierno había aprendido la lección. Sin embargo, ante el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo en 1977, la dirección de la política económica no sólo continuó por la misma senda, sino que se intensificó. Entre 1977 y 1981, el PIB creció a una tasa promedio anual de 7.8%.

López Portillo buscó redirigir los excedentes provocados por la bonanza petrolera a otros sectores como el campo; sin embargo, los ingresos generados por las exportaciones del petróleo eran usados fundamentalmente para cubrir los gastos de PEMEX. 

Por lo tanto, el gobierno buscó financiarse a partir de deuda externa. En esa época, ante la confianza que generaba el hallazgo de petróleo, existía gran disponibilidad de préstamos para el país. Deuda que era pagada a partir del aumento de riqueza gracias al crudo. De esa manera, lo que hacían los bancos internacionales era simplemente reciclar los petrodólares.

Aunque la inflación había crecido en menor medida que la producción, el tipo de cambio fijo provocó el aumento de la demanda de bienes importados con lo cual el peso se encontraba sobrevalorado y presionaba a la balanza de pagos. Para cubrir el déficit en la balanza de cuenta corriente, el gobierno aumentó su deuda externa, con lo cual la tendencia se reforzaba. 

Ante la caída del precio internacional del petróleo en 1981, la expectativa devaluatoria presionó aún más al tipo de cambio. Al ver que las reservas internacionales del Banco de México se agotaban, el gobierno no tuvo otra opción más que hacer flotar el peso. Sin embargo, el peso se encontraba aún sobrevalorado y, aunado a ello, debido al encarecimiento de las importaciones, López Portillo aumentó los salarios, con lo cual se dispararon los precios. 

Ante la desconfianza de los mercados y con la necesidad de financiar el déficit, el gobierno buscó financiarse a partir del aumento de la masa monetaria en circulación, lo que generó un mayor aumento de los precios. 

La expropiación de la banca en 1982 y el control generalizado de cambios para detener la fuga de dólares solamente empeoraron la desconfianza y agudizaron la crisis. Ante ello, el entonces Secretario de Hacienda, Jesús Silva-Herzog, declaraba impagable la deuda externa y México se hundía en una severa crisis.

A más de treinta años de ese suceso, México ha aprendido su lección. La autonomía del Banco de México, organismo encargado de velar por la estabilidad de precios y mantener el poder adquisitivo de la divisa nacional, evita que el gobierno siga financiándose a través de la impresión de billetes. Por ello, la designación de Gerado Esquivel y Jonathan Heath como subgobernadores del Banco genera confianza. 

Nadie niega la necesidad de la economía mexicana de aumentar las tasas de crecimiento. Para comenzar a revertir la pobreza, la economía debe de crecer por lo menos al 5 % anual, pero ello no implica descuidar la estabilidad macroeconómica.

Como diría Rodrigo Gómez, Director del Banco de México de 1952 a 1970, en ningún momento se debe sacrificar la estabilidad de los precios en aras de un mayor crecimiento económico. 

En Chiapas AMLO dice que el FMI ha solapado corrupción en México

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Durante su gira en Chiapas, el precandidato de Morena a la Presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, afirmó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha solapado la corrupción en México.

Al criticar que la gasolina sea más cara en México que en Guatemala, país que preciso no tiene petróleo, afirmo que esto de debía ala corrupción que el mismo FMI ha solapado por muchos años, por lo que se iba tener que aplicar una estrategia propia.

Dentro de las promesas que hizo en Tuxtla Chico, Chiapas, estuvo la de quitar las pensiones “millonarias” a los expresidentes, dar becas de 2 mil 400 pesos mensuales a jóvenes, y además aumentar la pensión de los adultos mayores al doble.

Por ultimo, aseguro que se iban a revisar y si era necesario, cancelar todas las reformas estructurales del gobierno de Peña, ya que no han funcionado.

“Vamos a revisar las reformas estructurales porque no han funcionado, entre ellas la reforma fiscal, de educación, del trabajo, energética, tampoco se va a privatizar la seguridad social”, dijo el tabasqueño.

 

ELECCIONES 2016: LA ONU

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Han sido casi diez años ya desde que el surcoreano Ban Ki-moon fue electo como Secretario General de las Naciones Unidas, convirtiéndose en el sucesor de Kofi Annan y quien fue reelecto de manera unánime para mantenerse en su puesto durante un segundo periodo a finales del 2011. Para el 1° de enero de 2017, las Naciones Unidas elegirán a su nuevo mandamás y, como si fuera elección presidencial en México, ya de a poco van saliendo los nombres y algunas manos temerosas se van alzando. La diferencia: las mujeres están haciendo cada vez más ruido.

Me permito dar una breve semblanza de lo que son las Naciones Unidas en opinión de un servidor. Creada en 1945 con motivo del fin de la Segunda Guerra Mundial y con la intención de dar continuidad a la idea de Woodrow Wilson y la ‘Liga de Naciones’; y con el objetivo de establecer buenas relaciones diplomáticas y de paz a nivel internacional, la ONU –podría decirse– es el máximo órgano redentor a nivel global que existe. Funciona en base a secretarías (como ‘departamentos’) y cada una de ellas se especializa en un tema. Claro está, la Secretaría General es la más importante de todas, pues coordina al resto.

Sin embargo, dentro de las Naciones Unidas existen muchas cláusulas, convenios, métodos, y otras prácticas que hoy podrían considerarse como fuera de tiempo. Por ejemplo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una de las secretarías más importantes del organismo, sigue contando con la presencia del ‘veto’ por parte de las delegaciones de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, China y Rusia, por lo que si llegara a haber alguna decisión que tomar (como la de elegir al nuevo Secretario General, por ejemplo), basta con que alguno de estos cinco den su voto en contra para que el proceso se deseche por completo. Haciendo un acercamiento a estos cinco miembros, podemos darnos cuenta de que todos son parte de las fuerzas que resultaron victoriosas tras la SGM.

Para el 1° de enero de 2017, las Naciones Unidas elegirán a su nuevo mandamás y, como si fuera elección presidencial en México, ya de a poco van saliendo los nombres y algunas manos temerosas se van alzando. La diferencia: las mujeres están haciendo cada vez más ruido.

Pero, sin afán de perder el punto, lo relevante es que la inquietud porque la mujer sea quien asuma el cargo para la(s) próxima(s) gestión(es)… y las candidatas ya están listas. Algunas de ellas son Irina Bokova (Directora General de la UNESCO), Vesna Pusic (ex Ministra de Relaciones Exteriores de Croacia), Natalia Gherman (ex Ministra de Relaciones Exteriores de Moldavia) y Natalia Clark (administradora del PNUD). La iniciativa ha sido impulsada por diversas naciones, pero sobre todo por la delegación Colombiana, quienes además de esto buscan también que se dé un giro al país de origen del Secretario y se consideren países de Europa del Este para ser elegidos.

Desafortunadamente, y así como previsto al inicio de este espacio, los y las candidatas tendrán que hacerle ojitos a las cinco potencias permanentes del CS, pues son ellas las que tienen el poder, de alguna forma, de quitar y poner a quien les venga en gana.

Sin el afán de sonar misógino, ¿Será acaso que la agenda de las Naciones Unidas está ad hoc para que por primera vez una mujer se convierta en Secretaria General? Recordemos que, aunque en el discurso siempre se maneja la cuestión de la paridad y la neutralidad, en la práctica nos seguimos encontrando con situaciones como estas hasta en el plano internacional, pues sólo pocas mujeres ocupan cargos de alta coyuntura, como Christine Lagarde, Directora del Fondo Monetario Internacional.

Considero importante –y muy a pesar de que la ONU ha quedado mal con el tema de los levantamientos en el Medio Oriente– que nos debemos abocar a conocer con detalle el proceso por el que tendrán que pasar los candidatos, pues aunque no participemos directamente en él, sí sufriremos las consecuencias de estar o no dentro de los primeros temas de la agenda. Desafortunadamente, y así como previsto al inicio de este espacio, los y las candidatas tendrán que hacerle ojitos a las cinco potencias permanentes del CS, pues son ellas las que tienen el poder, de alguna forma, de quitar y poner a quien les venga en gana.

Me pregunto qué pasaría Alicia Bárcena (secretaria ejecutiva de la Cepal) quedara como Secretaria General. ¡Ah, no! Se me olvidaba que nuestro principio de “no intervención” no nos deja participar en tanta cosa…

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

PRIVATIZACIÓN INEVITABLE

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“Sólo MORENA luchará contra la privatización de PEMEX”, ha pregonado Andrés Manuel López Obrador desde que inició su precampaña (anticipada, por cierto) a las elecciones de 2018 y ha promovido la idea de que el presidente Enrique Peña Nieto es un traidor a la patria por querer privatizar PEMEX con su reforma energética. Pero, ¿Realmente fue idea de Peña Nieto?

La privatización de PEMEX ciertamente no es un tema que surgió en el presente sexenio. Si bien es un tema que acaba de cobrar relevancia (ya que es una buena consigna de campaña), surgió con la presidencia de Carlos Salinas de Gortari y se concretó con la de Ernesto Zedillo Ponce de León.

La administración de Salinas de Gortari se caracterizó por su carácter neoliberal y antirrevolucionario, además del sometimiento intencional a la voluntad del Fondo Monetario Internacional y, por ende, a los dictados del gobierno estadounidense (que tiene un gran control sobre este organismo al contar con poder veto)[1]. Característico de los gobiernos neoliberales, se priorizó en México el enriquecimiento de los ricos a costa del empobrecimiento de los pobres, es decir, los ricos se hicieron más ricos y los pobres se hicieron más pobres. A su vez, la clase media trabajadora sufrió un gran golpe por parte de la globalización: la apertura a la inversión que se tradujo en desmantelamiento de la industria nacional en favor de la producción extranjera. Todo esto provocó una grave crisis económica que comenzó a finales de su sexenio y a principios del de Zedillo Ponce de León en 1994, quien se vio forzado a devaluar el peso.

La privatización de PEMEX ciertamente no es un tema que surgió en el presente sexenio. Si bien es un tema que acaba de cobrar relevancia (ya que es una buena consigna de campaña), surgió con la presidencia de Carlos Salinas de Gortari y se concretó con la de Ernesto Zedillo Ponce de León.

¿A qué se debe este breve antecedente histórico? Como consta en las fichas del Fondo Monetario Internacional [2] , en febrero de 1995 el entonces presidente Zedillo concretó las negociaciones de un préstamo por parte de Estados Unidos de 20 mil millones de dólares y otro por parte del FMI de 18 mil millones de dólares para “rescatar” a México.

Por supuesto que este “rescate” no fue gratis. Si bien es razonable y perfectamente válido que el FMI imponga condiciones económicas (intereses, por ejemplo) a los países a los que presta dinero, no es aceptable que imponga condiciones políticas [3].

Y precisamente el precio político de ese “rescate” fue, entre otras condiciones [4], la privatización de PEMEX (condiciones que fueron impuestas yendo acorde a las propuestas del Banco Mundial [5] en materia de petróleo e iniciativa privada) [6] .

Así es como, desde 1995, México está obligado internacionalmente con el FMI a privatizar PEMEX. Por eso el gobierno, en los últimos sexenios, ha realizado diversas medidas internamente para eventualmente concretar la privatización (que seguramente no pasará más de un sexenio más en que se concrete).

Pero la verdad es que no hay mucho que se pueda hacer para evitar la privatización de PEMEX. Ya es algo inevitable (y esto sí no es culpa de Peña Nieto, como muchas cosas sí lo son).

Ahora bien, ¿Podría México incumplir con esa obligación impuesta por el FMI por ir en contra de los principios de la Nación? Sí podría. ¿Conviene hacerlo? No considero que convenga: incumplir la obligación provocaría que el FMI ya no vuelva a prestarle a México (por lo menos hasta que éste cumpla). Y a como va nuestra economía, parece que necesitaremos pronto de uno.

Según el Dr. Stiglitz en su libro El malestar de la globalización, los gobiernos de los países subdesarrollados se encuentran atrapados entre las demandas y condiciones del FMI con todas sus consecuencias sociales y políticas internas, y las crecientes protestas y alborotos populares provocados por éstas… así, de repente enfrentan disturbios sociales que al llegar a cierto grado colocan a estos gobiernos entre la exigencia del FMI y las protestas [7].

Ésto que menciona Stiglitz es precisamente lo que vivimos en México desde que la reforma energética era un proyecto de ley hasta el día de hoy (aunque el problema se gestó veinte años antes y en ese entonces nadie dijo nada). Pero la verdad es que no hay mucho que se pueda hacer para evitar la privatización de PEMEX. Ya es algo inevitable (y esto sí no es culpa de Peña Nieto, como muchas cosas sí lo son).

[1] El poder de veto de Estados Unidos en el FMI no consta en papel; pero para aprobar todas las grandes resoluciones, de acuerdo a las reglas del FMI, se necesita el 85% de los votos y Estados Unidos tiene el 17% de los votos. Esto le otorga un poder de veto sin necesidad de aliarse con nadie más. Y es el único país que lo tiene.
[2] Ver ficha emitida por el FMI, aquí: http://www.imf.org/external/np/sec/pr/1995/pr9510.htm
[3] Como lo ha reiterado el Premio Nobel de Economía 2001 y ex jefe de economía del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, el FMI impone condiciones a los países que presta de carácter político, como renuncia a medidas proteccionistas para lograr una apertura rápida de sus economías a la inversión extranjera. En caso de México, la privatización de PEMEX contribuye a los intereses del FMI, manipulado por Estados Unidos que nunca ha ocultado sus deseos de que el gobierno mexicano privatice PEMEX.
[4] Se les impusieron cinco medidas que diseñó el BM a cambio del préstamo: permitir contratos de riesgo, permitir inversión extranjera en petroquímica, dividir a PEMEX en empresas separadas con distintas competencias, permitir la competencia interna e internacional frente a PEMEX y, finalmente, privatizar PEMEX.
[5] De acuerdo al programa “Oil and prosperity: Reforming México’s petroleum monopoly”, publicado en 1992 por el Banco Mundial e impulsado también por el FMI.
[6] Saxe Fernández, John. Fox y el desmantelamiento de PEMEX. Vnezuela, Revista Nueva Sociedad, 2005.
[7] Stiglitz, Joseph. El malestar en la globalización. Madrid, Editorial Taurus, 2002.

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